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									                          Ceremonia de graduación 2005-2
                  Discurso a cargo del graduando Jorge Alvarado


Definitivamente es complicado tratar de dirigirse a un grupo de personas con las que
se han compartido cinco años de vida. Yo también he paseado por esta universidad, al
igual que ustedes, a lo largo de los pasillos, salones, escaleras, en la cafetería, en el
centro de información o en alguna banca. Durante cinco años hemos crecido, no solo
como profesionales, sino por sobre todo, como seres humanos. Dudo que alguien
pueda olvidar el momento de su ingreso a la universidad, o el nerviosismo de la
primera clase, aunque no recuerden ni lo que se dijo en ella. Tampoco creo que
alguien pueda olvidar a “ese” profesor que lo jaló por primera vez, o la frustración del
12.49 en algún examen decisivo. Pero todas esas cosas, las buenas y malas, han ido
formándonos, moldeándonos en lo que somos hoy. Hace cinco años, entramos a la
universidad con el anhelo de ser profesionales algún día. Nuestras familias hablaban
sobre nosotros como “los futuros profesionales”. Cuando ingresamos, fue un logro
para nosotros, y un orgullo para ellos. Hoy podría estarse repitiendo esa sensación.
Estoy casi seguro de que así es. Sin embargo algo ha cambiado. El orgullo se
confunde con la nostalgia de “terminar” una etapa de nuestras vidas. Al mismo tiempo,
deben estar sintiendo como yo, el nerviosismo de estar a punto de empezar algo
completamente distinto. Yo les pido que alcen la mirada y vean a su alrededor. Porque
el día de hoy, el futuro se hace presente en el rostro de cada una de esas personas
vestidas de toga y birrete que tienen a su alrededor. Hoy damos el último paso de una
carrera que ha durado años. No somos los mismos cachimbos que entramos el primer
día de clases atropellándonos por la puerta. Hemos madurado, hemos crecido.


No se puede dar un discurso de este tipo sin agradecer a algunos, de manera
especial. Creo hablar en nombre de todos los graduandos de esta promoción cuando
digo que sin nuestras respectivas familias y el apoyo que nos han brindado, no
hubiéramos llegado muy lejos en esta carrera de la vida. Ellos también deben haber
sufrido los cansancios de nuestras amanecidas (no necesariamente por el estudio,
sino porque normalmente no hacíamos más que bulla mientras ellos querían dormir).
Ellos estuvieron ahí cuando ingresamos y están aquí hoy también. Sólo Dios sabe qué
tan grande es la deuda que tenemos con ellos. De manera personal, aunque también
sé que no soy el único que piensa así, espero que lo que hemos hecho hasta ahora
los haga sentirse orgullosos. Este momento debe ser solo el primero de muchos en los
que poco a poco se vaya pagando todo lo que con esfuerzo, dedicación y sobre todo,
con amor, nos han entregado.


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Y junto a nuestras familias, hay personas a las que no podemos dejar de mencionar, y
son nuestros profesores. Porque es justo agradecer su paciencia (mucha o poca, ya
cada uno sabe cuánta) y su perseverancia para enseñarnos 40 veces lo que significa
una Transformación de LaPlace, o dictarnos por centésima vez la definición de las P
del Marketing.          Ellos nos deben varias arrugas nuevas, varias canas, o incluso,
algunos nos deben agradecer el ahorro en shampoo ahora que ya no tienen pelo por
nuestra culpa. Y nosotros les debemos una formación integral, una formación de la
que podemos sentirnos orgullosos. Porque es difícil, a veces, poder dirigirse a un
profesor como a un amigo, y sin embargo, aquí, junto a los compañeros de aula,
podíamos contar con nuestros profesores para compartir siempre. Lo mismo podemos
enorgullecernos de ser capaces de decir que somos de los pocos que hemos tenido la
oportunidad de tener las puertas de nuestros directores de carrera abiertas de par en
par para lo que necesitáramos, aún cuando fuera solo para desahogarnos. Tal vez lo
que estoy diciendo parezca algo sin importancia, pero yo puedo decir que esa
cercanía entre alumnos y profesores ha hecho que este paso por la universidad haya
sido un poco más placentera de lo que pudo haber sido si sólo hubiésemos tenido
clases tras clases. Y sí, es cierto, pueden haber habido discrepancias o problemas con
alguno de ellos, no siempre estábamos de acuerdo con sus métodos, pero por algo
estaban ellos parados delante y nosotros sentados. Ellos han dado lo mejor de sí
mismos y nos lo han entregado a nosotros. Hoy les retribuimos de esta manera:
graduándonos. Es nuestra manera de decirles que su esfuerzo, sus ganas, y sus
eventuales problemas del hígado no han sido por gusto, y aunque lo que voy a decir
tal vez le quite el sueño a alguno de ellos, nosotros somos el producto de su esfuerzo.


No puede evitarse, como dije hace un momento, sentir algo de nostalgia. Atrás quedan
muchos recuerdos, recuerdos que nos acompañarán por el resto de nuestras vidas.
Algunos han encontrado entre los salones de clases el amor, otros se han ganado el
respeto de sus compañeros, pero definitivamente todos y cada uno de nosotros ha
dejado   huella,   no   solo   en   la   universidad,   sino   también   en   los   demás.
Mirando hacia atrás, algunos recordarán la Semana Universitaria, y ya bien les dará
“roche” o empezarán a reírse recordando (todo dependerá de lo que hayan hecho
durante esos días). Muchos recuerdan las pichangas en la canchita o las ganas con
las que se esperaba el fin de finales para irse a celebrar. Creo que todos recordamos
las colas para conseguir una computadora en el quinto piso del pabellón “B”, y en el
caso de algunos, será también difícil olvidar las amanecidas de domingo para hacer un
trabajo final. Lo mismo sucedía con las amanecidas para estudiar para los parciales, y


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las ojeras con las que nos teníamos que presentar a los exámenes al día siguiente. A
lo que voy es que hay recuerdos en cada esquina de este campus, recuerdos buenos,
algunos no tanto, pero recuerdos que forman parte de nuestras vidas ahora. Este
campus, aún con sus remodelaciones y sus actuales cinco pabellones de aulas pero
que sabemos pronto serán siete, forma y formará siempre parte de nuestras vidas.


Al empezar la universidad, todo cachimbo sueña con el día en que llegará su
graduación, y esa visión es normalmente la de un futuro relativamente lejano. Sin
embargo, el futuro con el que soñamos en aquel comienzo, hoy se hace presente y
puedo decir con esperanza, que por delante tenemos un futuro aún más prometedor.
En la universidad nos han forjado como ingenieros, como abogados, administradores,
arquitectos, periodistas y publicitas; pero hay algo mucho más útil. Podría decirse que
la universidad, tácitamente, nos ha dado dos carreras paralelas a cada uno de
nosotros. Hay un mundo ahí afuera que está esperando por nosotros y levanta
infinidad de puertas a nuestro paso. Esta universidad nos ha provisto no solo de las
herramientas profesionales para destacar como lo que sea que hayamos decidido ser,
como digo, ingenieros, arquitectos, etc., sino que además, nos ha formado, digámoslo
así, como expertos cerrajeros capaces de abrirnos paso por la vida abriendo incluso la
puerta más difícil o más trancada.     El poder para hacer que lo que soñemos, está
en nuestras manos, gracias a las herramientas que se nos han dado a lo largo de este
tiempo en la universidad.


Hoy, dentro de unas horas, nos habremos graduado, la universidad habrá quedado
atrás y todos podremos ponernos a pensar sobre lo que han significado estos años, y
a reflexionar sobre lo que nos espera a partir de este día. Sabemos que el camino
puede ser duro a partir de ahora, y de hecho, lo va a ser. Pero podemos confiar en que
la preparación que hemos recibido será la base de nuestros éxitos como profesionales
y como seres humanos.


Finalmente, solo resta felicitar a cada uno de ustedes, por haber llegado a la meta. Lo
conseguimos, hoy nos graduamos. Ya lo dije, el mundo nos espera, así que ánimo.
Ánimo, y a lucharla como hasta ahora, a dar todo lo que esté en nuestras manos y a
demostrar que somos de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, de la UPC.
Ahora ya todo depende únicamente de nosotros.


Gracias




                                                                                     3

								
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