Cómo instalar by kala22

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									                              Cómo instalar...
                     Instalación de una tarjeta de sonido

Empezamos descargando la electricidad estática que tengamos tocando cualquier
superficie metálica que esté en contacto con tierra. Extraemos la carcasa de
nuestro ordenador para dejar a la vista todas las ranuras (slots) libres disponibles.
Elegiremos el slot en el que pondremos la tarjeta de sonido. Lo más lógico es que
sea de tipo PCI, elegimos una que se encuentre suficientemente ventilada y
alejada de la tarjeta gráfica, ya que desprende mucho calor. Quitamos la chapa de
protección de la ranura e insertamos con cuidado la tarjeta respetando la muesca
del bus PCI y la fijamos a la carcasa apretando los tornillos.

Una vez fijada la tarjeta hemos de conectar la toma de audio que viene desde la
unidad de CD-ROM y que nos permitirá disfrutar de la música que ofrecen los CD
de audio desde nuestra tarjeta de sonido. El cable necesario suele suministrarse
con la tarjeta de sonido o la unidad de CD. Caso de no tenerlo, hemos de
comprarlo, pues tiene un coste reducido. Para conectarlo, basta con introducirlo en
la postura correcta, respetando la pestaña y presionando suavemente hasta
comprobar que se coloca en su lugar. En la tarjeta de sonido podemos identificar
este conector con la marca CD Audio y junto a él encontramos otros para la
descodificadora DVD, tarjeta de TV, etc. En la unidad de CD encontramos este
conector junto a la interfaz IDE, al lado opuesto a la toma de corriente. Tras
conectarlo cerramos la carcasa y conectamos nuestro PC, sin olvidar que falta
instalar los altavoces.

Para instalar los altavoces sólo tenemos que conectar la toma de audio tipo
minijack a la salida de audio de nuestra tarjeta de sonido, poniendo especial
atención de no confundirnos con la de micrófono ni la de entrada de línea, ya que
de lo contrario no oiríamos nada. Los altavoces requieren de alimentación externa
para el amplificador, por lo que no podemos olvidarnos de conectarlos para hacer
funcionar correctamente todo el conjunto. El punto clave de la correcta instalación
de unos altavoces es su ubicación final. No es aconsejable situarlos demasiado
cerca del monitor y han de colocarse lo más alejados para que el estéreo sea
apreciable.

Al encender nuestro equipo, y cargar Windows, si la tarjeta es Plug & Play será
identificada por el sistema y nos solicitará los drivers e incluso el CD-ROM del
sistema operativo. Después instalaremos el software que viene incluido con
nuestra tarjeta para aprovechar al máximo todas las utilidades y posibilidades que
nos ofrece el fabricante.



                      Instalación de una tarjeta de TV      
En primer lugar, revisaremos todos los cables y componentes incluidos en nuestra
caja para asegurarnos que no falta nada. Seguidamente, abrimos el equipo
retirando los correspondientes tornillos y buscamos un slot PCI libre donde colocar
nuestra tarjeta de TV. Previamente hemos de descargar nuestra electricidad
estática. Insertamos nuestra tarjeta de TV en posición vertical con el bus PCI y la
fijamos con su tornillo.

Luego conectamos el loop interno o externo que nos permite escuchar el sonido
de nuestra televisión. Todas las tarjetas de TV cuentan con una salida de audio
accesible externamente o internamente que hemos de conectar a la entrada de
línea de nuestra tarjeta de audio. En caso de no tener una tarjeta de audio,
podemos conectar unos altavoces directamente a esta salida.

Lo más cómodo sería disponer de una conexión interna, aunque no tengas la
tarjeta de sonido para poder conectarla. En el caso de la conexión externa no
habrá ningún problema, bastará puentear la salida de audio de nuestra tarjeta de
TV con la entrada de la línea de la tarjeta de audio. Seguidamente, conectamos la
antena receptora y, si nuestro modelo incluye mando a distancia, enchufaremos el
receptor de infrarrojos y lo situamos en un lugar visible.

Ya está lista para funcionar nuestra tarjeta de TV. Arrancamos el sistema
operativo e instalamos los drivers en el caso de que Windows no detecte la nueva
tarjeta, tras lo que instalamos el software suministrado por el fabricante y
configuramos los canales mediante el uso de la función AutoScan.

Entre los problemas más habituales que nos pueden surgir están los fallos con el
residente que controla el mando a distancia. Este error se produce por los
recursos asignados por determinadas placas base y no se suele deber a un fallo
de la propia tarjeta. Otro de los problemas se refiere al tipo de sistema empleado
para visualizar la imagen en la pantalla: si no tenéis un equipo muy potente no
debéis utilizar la opción Primary Surface Overlay.

                     Instalación de una tarjeta gráfica     

Abrimos la carcasa de nuestro ordenador, descargamos nuestra electricidad
estática y, si vamos a realizar un cambio o actualización de nuestra tarjeta gráfica,
retiramos ésta para comenzar la instalación. Hemos de identificar el lugar donde
vamos a colocar nuestra tarjeta. El puerto AGP se encuentra situado antes de los
buses PCI e ISA, junto al microprocesador y los conectores de los puertos de las
placas ATX. Suele ser de color marrón, frente a los PCI (blanco) o los ISA (negro).
Además de identificar el lugar donde vamos a ponerla, hemos de verificar que la
caja tenga una ranura libre donde poder atornillarla, y comprobar que no existen
cables o elementos que impidan una correcta colocación o ventilación de ésta, tras
lo cual instalaremos nuestra tarjeta.

Cogemos nuestra tarjeta y la insertamos con cuidado y en posición vertical sobre
el bus AGP o PCI. Hemos de colocarla correctamente, ya que en caso contrario
podríamos tardar un tiempo en encontrar un posible problema si nuestro
ordenador no arrancase. Y es que si las tarjetas PCI son bastante permisivas a la
hora de pincharlas, el puerto AGP exige una perfecta inserción de todas sus
conexiones.

Tras tener la tarjeta correctamente colocada la fijaremos a nuestra carcasa
mediante los tornillos correspondientes, que han de ser los adecuados para no
estropear la rosca de la caja y fijar bien la tarjeta, evitando así que se mueva o
descoloque al enchufar el monitor o trasladar el equipo. Ahora sólo tendremos que
enchufar el ordenador a la corriente, el monitor, el teclado y el ratón para
comprobar que el proceso ha salido bien.

Llegados a este punto nuestro ordenador puede o no funcionar. Si el equipo
arranca normalmente es porque la instalación ha sido satisfactoria, pero si el
ordenador se enciende y nuestro monitor no presenta nada en pantalla es que
hay algún problema. Si nuestro PC emite una serie de pitidos cortos y seguidos
nuestra placa base nos estará avisando que el test de la tarjeta gráfica no se ha
superado, bien porque ésta esté estropeada y falle o bien porque sea incompatible
o que no esté bien conectada.

Para descartar la última posibilidad habrá que extraer y volver a pinchar la tarjeta.
Si continúa sin funcionar lo mejor será probar la tarjeta en otro ordenador para
comprobar si ocurre lo mismo y poder reclamar su devolución o cambio por otra en
buen estado a la tienda donde la adquirimos.

Si nuestro ordenador se ha encendido correctamente hemos de configurar nuestro
sistema operativo para que reconozca y emplee de manera óptima la nueva
controladora gráfica. Si tenemos Windows 95/98, la primera vez que arranquemos
se nos presentará un cuadro de diálogo en pantalla indicando que se ha localizado
un nuevo hardware. Pueden ocurrir dos cosas en este punto: La primera es que el
propio Windows reconozca el chip de la tarjeta gráfica, tras lo cual se nos pedirá
que insertemos el CD-ROM de instalación. La segunda posibilidad (si es una
tarjeta de reciente aparición) es que no la reconozca, por lo que tendremos que
insertar el disco con los drivers que el fabricante nos ha proporcionado con la
tarjeta.

Una vez instalados todos los drivers sólo nos quedará ajustar la resolución y
profundidad de color adaptados a nuestro trabajo cotidiano. No olvidemos ajustar
también la frecuencia de refresco de nuestro monitor. No es recomendable
trabajar con frecuencias por debajo de los 75 Hz. Aunque casi todas las tarjetas
gráficas de hoy en día soportan esta frecuencia de refresco puede que nuestro
monitor no lo soporte, por lo que nos ajustaremos al parámetro conveniente.

                    Instalar una tarjeta aceleradora 3D      

Si queremos sacar partido de todas las prestaciones que nos ofrecen los juegos
de última generación en gráficos 3D es posible que nos interese instalar una
tarjeta aceleradora 3D. Esta tarjeta, como las Voodoo fabricadas por 3Dfx, se
instalan en uno de los buses PCI realizando un puente entre las tarjetas gráficas y
el monitor. Incluso es posible disponer de más de una colocándola en serie. Para
su instalación pondremos la tarjeta en un slot PCI libre, conectaremos el cable que
va desde la tarjeta gráfica hasta la aceleradora y, a continuación, conectaremos el
monitor a su correspondiente salida en la aceleradora 3D. Ahora sólo nos queda
instalar los drivers para Windows y comenzar a disfrutar a tope de las prestaciones
que nos ofrecen estas tarjetas gráficas.

                   Instalación de una disquetera, disco duro
                       y unidad de CD-ROM o DVD 

En primer lugar, hemos de identificar todos los elementos de que disponemos y
configurarlos correctamente en caso de que sea necesario. En los discos duros
será necesario ajustar la posición “maestro” o “esclavo” mediante el uso de los
jumpers con que cuenta el disco. Por defecto, de fábrica los discos se entregan
configurados como “maestro”. Por lo que si el disco que vamos a montar va a ser
secundario, hemos de cambiar el jumper correspondiente y colocarlo en la
posición de “esclavo”.

Cuando se trata de unidades de CD-ROM o DVD la cosa no cambia mucho. Si
nuestra unidad se va a situar en el mismo canal IDE que nuestro disco duro, el
cual actuará como “maestro”, tendremos que ajustar el jumper correspondiente y
colocarlo en la posición de “esclavo”. Sin embargo, siempre que podamos y
contemos con un cable IDE extra, lo ideal será colocar la unidad en el segundo
canal IDE. Esto nos permitirá acelerar los accesos y optimizar la velocidad de
transferencia, al no tener que compartir el canal con otro dispositivo.

Después colocaremos las unidades en su ubicación final y las fijaremos a la
carcasa para impedir que se muevan accidentalmente. Si se trata de unidades que
han de salir al exterior, como disqueteras o lectores de CD-ROM o DVD, hemos
de seleccionar la bahía sobre la que vamos a instalarlas. Las cajas modernas
suelen tener un par de bahías de 3,5 pulgadas y otras dos o tres de 5,25
pulgadas. La colocación es cuestión de gustos. Aún así, hemos de prestar
atención a un par de puntos: en el caso de las unidades de 3,5 pulgadas lo ideal
será colocarlas suficientemente separadas del disco duro para permitir una
correcta circulación de aire que evite sobrecalentamientos. En el caso de las
unidades de 5,25 pulgadas hemos de tener presente que el cable IDE sea lo
suficientemente largo y que la unidad sea fácilmente accesible desde el lugar
donde la coloquemos finalmente.

Para insertar las unidades en la bahía elegida hemos de retirar las tapas de
plástico que las cubren y que se colocan a presión. Es posible que nos
encontremos con que la carcasa cuenta con otra tapa metálica que cubre la bahía.
Si es éste el caso, la retiraremos igualmente y procederemos a colocar la unidad,
con especial cuidado de hacerla coincidir con la vertical de la caja, para que el
aspecto y ajuste sean perfectos. Acto seguido, colocamos los tornillos correctos.
La disquetera y unidades CD-ROM o DVD emplean tornillos cortos y de rosca fina.
Los cortos, pero de rosca gorda, son para el disco duro. Este último se colocará en
una bahía interna de 3,5 pulgadas de la caja.

Una vez colocadas, fijadas y atornilladas procedemos a conectar los cables de
datos. Ante todo hemos de respetar la regla básica de que el cable rayado (rojo o
señalado al efecto), ha de coincidir con el pin 1, la marca, flecha o muesca con
que cuente tanto la unidad como la conexión de nuestra placa base. Desde que
se extendió definitivamente el uso de conectores con muescas de conexión ya no
es posible equivocarse, algo que ocurría antes con mucha frecuencia. Aún así, en
caso de error no hemos de preocuparnos, pues no se produciría daños a ningún
componente, tan sólo hará que nuestro sistema no arranque. Esto en el caso de
unidades IDE, aunque en las disqueteras es ligeramente distinto. Identificaremos
el error si al conectar la corriente la luz de la disquetera se mantiene fija y no
produce sonido alguno.

Conectaremos el cable IDE a nuestro disco duro y placa base, empleando para
ello los enchufes que más convengan. También podemos conectar a este mismo
cable la unidad de CD-ROM o DVD, aunque, tal y como dijimos anteriormente, no
es lo más recomendable. Lo que sí será obligatorio es conectar nuestro disco duro
configurado como “maestro” al canal primario de la interfaz IDE. Igualmente
conectaremos el cable de nuestra disquetera, para el cual sí nos veremos
obligados a seguir una serie de reglas. Uno de los extremos contará con un
conector independiente, éste es el que hemos de conectar a nuestra salida de la
placa base. El otro dispondrá de otro conector de alta densidad medianamente
pegado a otros, como el empleado para las disqueteras de 5,25 pulgadas o para
una posible unidad B de nuestro sistema. El que conectaremos a nuestra
disquetera será el que se encuentre justo en el extremo.

Tras conectar los cables del bus de datos sólo falta conectar la corriente a
nuestras unidades para que estén listas para funcionar. Para las disqueteras
contamos con unos pequeños conectores que han de entrar con la muesca
mirando para abajo. Aún así, veréis cómo no es posible insertarlo en sentido
inverso, por lo que no habrá problema. Lo que sí es posible y bastante común es
que coloquemos el conector desplazado lateralmente, de tal manera que se
produzca un corto. Por eso prestaremos una atención especial a la colocación de
este conector, sobre todo si es un lugar de difícil acceso. En el caso del resto de
las unidades, como discos duros o lectores ópticos, emplearemos los otros
conectores, algo más grandes y mucho más seguros. Estos conectores sólo se
acoplan en una posición gracias a los rebajes practicados en su parte superior.
Veremos que será difícil equivocarnos al conectar uno de estos enchufes, siempre
y cuando tengamos sumo cuidado.

Hecho esto, encenderemos nuestro ordenador y configuraremos las distintas
unidades para que funcionen correctamente. Entramos en la BIOS y configuramos
la disquetera y el disco duro. Dependiendo de la BIOS, las distintas opciones
pueden encontrarse en un lugar u otro, pero normalmente localizaremos la opción
que nos permita autodetectar nuestro disco duro. Una vez reconocido por nuestra
placa base, hemos de proceder a arrancar el equipo con un disco de arranque,
con el que cual vamos a crear la partición, le formateamos y quedará listo para
grabar datos.

Para hacer la partición se suele utilizar el programa FDISK. Con él crearemos una
partición primaria o extendida, dependiendo de si nuestro disco duro es “maestro”
o “esclavo”, con el tamaño que deseemos. Hemos de tener en cuenta que si
empleamos un sistema de archivos con FAT16 sólo podremos crear particiones de
2,1 Gb cada una. Si empleamos FAT32, NTFS o cualquier otro sistema de ficheros
avanzado esta limitación no tendrá que preocuparnos. Tras crear la partición y
reiniciar la máquina formatearemos la nueva partición, con lo que quedará
dispuesta para poder instalar el sistema operativo o para recoger nuestros
ficheros.

                        Instalación de una red local     

Comenzamos por identificar todo el material que será necesario para llevar a cabo
el montaje. El tipo de red que vamos a realizar será RJ-45, lo que significa que
necesitaremos tarjetas de red con este tipo de salida, una por cada equipo que
vayamos a conectar en la red. Además, hemos de comprar un hub o concentrador
al que conectar todos los equipos.

El apartado de los cables adquiere una gran importancia. Si vamos a conectar
gran cantidad de equipos en la red y vamos a necesitar muchos cables o la
longitud de éstos va a ser considerable, lo más barato será que nosotros mismos
fijemos los conectores al cable y los cortemos a medida.

Pero si no es éste el caso, lo más sencillo y menos complicado será comprar los
cables ya montados y con medidas estándar que podemos encontrar en cualquier
tienda de informática. No debemos olvidar que en el caso de querer construir
nuestros propios cables hemos de comprar conectores y las herramientas
necesarias para poder fijarlos al cable.

La primera cuestión a tener en cuenta será decidir el lugar exacto donde vamos a
colocar todos los equipos que vamos a conectar en red, así como el lugar donde
colocaremos el concentrador de red. Con estos lugares prefijados comprobaremos
que la longitud de los cables es la adecuada, si es que los hemos comprado ya
montados. En caso contrario, verificaremos que contamos con suficientes metros
de cable y conectores para cubrir toda la instalación.

Ningún cable puede superar la longitud de 100 metros; es más, con medidas
cercanas a ese límite y elementos de red de mediana o baja calidad (tarjetas y
concentrador), los errores de transmisión se multiplican, ralentizando el acceso de
ese equipo a la red.
En cuanto a la colocación del concentrador, su ubicación está más marcada por la
estética y por la accesibilidad de todos los cables a él que por factores técnicos.
Éste puede estar enchufado todo el día, por lo que no será necesario
desconectarlo y conectarlo, tan sólo puede que sea necesario reiniciarlo en caso
de que ocurran errores de red muy puntuales.

Sin embargo, sí hemos de prestar especial atención al cable, ya que hemos de
colocarlo en canaletas, rodapiés u otros elementos que nos permitan ocultarlo y
alejarlo de peligros, tirones o tropiezos. No es recomendable hacerlo pasar por
canalizaciones eléctricas que podrían causar interferencias y fallos de
transmisión.

También es importarte agruparlos para hacerlos llegar de forma ordenada hasta el
lugar en el que se sitúa el concentrador y, por supuesto, cuidado con las grapas o
clavos que usemos, si es que los empleamos para fijarlos, ya que uno de estos
elementos mal colocados puede ocasionar un fallo en el cable.

A la hora de enchufar cada uno de los puestos de red a nuestro concentrador, que
contará con un determinado número de puertos que puede ir desde 4 ó 5 hasta
los 32 de los más grandes, podremos elegir cualquiera de ellos para conectar
cada equipo. Lo ideal sería seguir el orden lógico de colocación de los PCs desde
el uno en adelante. Aunque debido a que nos resultará muy complicado identificar
el cable de cada PC cuando tengamos un número considerable de puestos, no
será algo a lo que debamos dedicarle mucho tiempo.

A modo de comprobación, observaremos cómo se enciende en el concentrador la
luz correspondiente a cada puerto según conectemos cada uno de los equipos,
siempre y cuando éstos se encuentren encendidos.

Ahora detallamos el montaje de los cables en el caso de que nos decidamos a
construirlos a medida. Así pues, en caso de que hayamos decidido comprarlos ya
construidos iremos al siguiente paso. Si los vamos a construir nosotros mismos
hemos de tener especial cuidado para que el montaje sea correcto, ya que en
caso contrario tendremos fallos de difícil detección.

Para fijar un conector al cable cortaremos un par de centímetros la funda externa
protectora y dejaremos al aire los ocho cables de color. Nos encontraremos con
los pares de colores azul, blanco-azul, marrón, blanco-marrón, verde, blanco-
verde, naranja y blanco-naranja. El orden o secuencia en que los coloquemos es
indiferente a efectos de funcionamiento, siempre que lo hagamos igual en todos
los cables que fijemos.

Para unirlos definitivamente al conector, los ordenaremos y colocaremos en
posición horizontal con los dedos y los introducimos con cuidado por la parte de
atrás del conector, desplazando cada cable por su correspondiente carril dentro de
éste. Empujaremos los cables hasta el fondo del todo para, a continuación, sin
dejar de sujetar el conjunto cable-conector, introducirlo en la herramienta de fijar y
apretar fuertemente ésta para unirlos definitivamente.

Por lo general, nadie fija su primer cable a la primera correctamente, por ello
hemos de tener paciencia, hacer unas cuentas pruebas y gastar unos cuantos
conectores en ello. Una vez hecho el cable, volveremos a verificar la correcta
colocación de los pares de cable en el orden que hayamos elegido.

Una vez instalados los cables y colocado el concentrador, continuaremos con la
instalación de la tarjeta de red en todos los ordenadores. Para ello seguiremos el
procedimiento habitual de abrir el equipo, colocar la tarjeta, fijarla con el tornillo
correspondiente y cerrar el ordenador de nuevo.

Esta es la parte más sencilla de la instalación, ya que acto seguido hemos de
configurar nuestro sistema operativo para que funcione correctamente en red. Lo
más normal es que nuestra tarjeta sea de tipo Plug & Play, en cuyo caso la
instalación será extremadamente sencilla bajo Windows 95/98.

Tras el arranque del sistema, si nuestra tarjeta es PnP debería ser detectada
inmediatamente por Windows, solicitando los drives correspondientes. Utilizando
los discos incluidos con nuestra tarjeta de red procederemos a llevar a cabo todo
el proceso de instalación. Una vez que este primer proceso se ha llevado a cabo
correctamente, lo más probable es que nuestro equipo necesite reiniciarse,
solicitándonos un nombre de usuario y su contraseña antes de terminar la fase de
arranque del sistema.

Si no deseamos introducir ninguna contraseña dejaremos la casilla en blanco. A
partir de este momento, cada vez que entremos en el sistema nos aparecerá esta
ventana. En caso de pulsar el botón Cancelar habremos entrado en Windows,
aunque sin posibilidad de acceder al entorno de red.

El siguiente paso será comprobar los protocolos de red instalados, así como
asignar un nombre de usuario y grupo de trabajo. Para ello iremos a las
Propiedades del entorno de red, bien haciendo clic con el botón derecho del ratón
sobre el icono de "Entorno de red" situado en el Escritorio y seleccionando la
opción de "Propiedades" o bien acudimos al Panel de Control de Windows y
abrimos el icono "Red".

Una vez allí, verificaremos que se encuentran instalados, como mínimo, los
siguientes componentes de red: cliente para redes de Microsoft, el nombre de
nuestro adaptador de red y el protocolo TCP/IP para nuestro adaptador de red. En
caso de no tener instalado el cliente para redes Microsoft, pulsaremos el botón
"Agregar" y tras seleccionar "Cliente" buscaremos en el fabricante Microsoft el
cliente de red requerido. Si lo que no tenemos instalado es el controlador TCP/IP
iremos al botón "Agregar" y seleccionamos "Protocolo". También aquí buscaremos
dentro del fabricante MIcrosoft el protocolo que necesitamos.
Si queremos que nuestro equipo sea accesible por otros usuarios, confirmaremos
esta decisión en el botón "Compartir archivo e impresoras" situado debajo de
"Agregar". Nada más pulsarlo, nos aparecerá un pequeño cuadro en el que
podremos seleccionar si vamos a desear compartir archivos, impresoras o ambas
cosas. Si sólo vamos a necesitar la red para acceder a los archivos o impresoras
de otro ordenador y el resto de clientes nunca accederán al nuestro, no será
necesario que activemos ninguna de estas dos opciones.

El paso siguiente consistirá en asignar un nombre que identifique a nuestro
ordenador en la red y un grupo de trabajo. Para ello, siguiendo en la ventana de
Propiedades de red en la que nos encontrábamos, acudiremos a la pestaña
superior de "Identificación". Una vez allí, en el cuadro "Nombre de PC"
escribiremos el nombre con el que vamos a identificar a nuestro PC en la red,
teniendo en cuenta que no debe ser un nombre largo y que no podemos repetir
ninguno. Lo más habitual es poner el nombre en función a la persona que lo
maneja o al departamento al que pertenece.

En el cuadro "Grupo de trabajo" escribimos el nombre del grupo en que
colocaremos a ese perfil. La redes bajo Windows se consideran de trabajo en
grupo y por ello pueden organizarse diferentes grupos de trabajo para poder
organizar de una manera lógica grandes redes informáticas. Si esta circunstancia
no va a ser necesaria en nuestra red, porque vamos a colocar unos pocos
equipos, asignaremos a todos los PCs el mismo grupo de trabajo, que puede ser
el nombre de la empresa o cualquier otro.

Ya sólo nos quedará aceptar todos los cambios. Seguramente se nos solicite el
CD-ROM de instalación de Windows, tras lo que nuestro PC necesitará reiniciarse
para tomar en cuenta los cambios realizados.

En determinadas redes informáticas puede ser necesario asignar a cada equipo
una dirección IP propia, debido a la existencia de un router u otro elemento
específico. En principio, las pequeñas redes bajo Windows van asignando
números IP a sus ordenadores según se van conectando éstos sin que los
usuarios deban preocuparse por ello, así que, si no vamos a necesitar que cada
ordenador cuente con una identificación propia, pasaremos directamente al
siguiente paso.

Asignar a cada equipo una dirección IP particular nos permite llevar un mejor
control y gestión de todos los equipos, aparte de resultar mucho más sencillo de
identificar cada equipo en caso de que surjan problemas. Lo primero será asignar
el rango de direcciones sobre los que vamos a trabajar, que para redes
informáticas privadas suelen ser el 192.168.0.x, pero se puede usar cualquier otro,
éste es el estándar que emplearemos y que nos ahorrará problemas futuros. Así,
comenzando con el 1 asignaremos sucesivamente distintas direcciones IP para
cada equipo, identificándolos como 192.168.0.1, 192.168.0.2... Después hemos de
configurar cada equipo con su correspondiente IP. Para hacer esto abrimos las
"Propiedades de red" y seleccionamos del cuadro "Componentes de red" el
protocolo TCP/IP asignado a nuestra controladora de red. Acto seguido pulsamos
el botón "Propiedades". En la ventana que nos aparece seleccionamos la pestaña
de "Dirección IP", donde seleccionamos la IP elegida. Escogemos la opción
"Especificar una dirección IP" y rellenamos los cuadros de "Dirección IP" con el
número elegido para ese equipo en particular, indicando como "Máscara de
subred" 255.255.255.0 para todos los equipos. Tras esto, pulsaremos el botón
"Aceptar" y reiniciamos nuestra máquina para que los cambios surtan efecto.

Si no ha habido ningún problema, los equipos ya deberían estar funcionando en
red. Es decir, podríamos entrar en "Entorno de red" del Escritorio y ver los
ordenadores que están conectados. Sin embargo, la experiencia demuestra que
prácticamente ninguna red funciona a la primera, lo más normal es que al principio
no veamos al resto de los equipos configurados. Es normal en principio que no
existan fallos a nivel de configuración o cableado mientras el concentrador
identifica y reconoce a todos los sistemas conectados. Por ello, lo más
recomendable es no desconectar nunca el hub. Uno de los métodos más rápidos
para encontrar un equipo en red cuando "no le vemos" es ir al menú de Inicio,
entrar en el apartado Buscar y seleccionar PC. En la ventana que aparece
podremos escribir el nombre del equipo que deseamos encontrar en la red. Lo
más probable es que lo halle, en cuyo caso no tendremos más que hacer doble
clic sobre él para acceder a todos los recursos que tenga compartidos. Asimismo,
sobre el Entorno de red del Explorador de Windows, podremos hacer clic con el
botón derecho y escoger la opción Explorar. Esto actualizará la red actual y
reconocerá nuevos equipos encontrados.

Una vez tengamos todos los equipos conectados sólo nos quedará compartir los
recursos de cada máquina a la que queramos acceder. Si deseamos compartir
ficheros, directorios o unidades de almacenamiento, haremos clic sobre él/ella con
el botón derecho y seleccionaremos la opción "Compartir". En la ventana
asignaremos el nombre con el que aparecerá identificado el recurso en la red, si el
acceso va a ser total o de sólo lectura e incluso establecer contraseñas de acceso.

Si queremos compartir una impresora, la instalamos correctamente y pulsamos
con el botón derecho sobre ella para seleccionar la opción de "Compartir". Ahora
podremos visualizar estos recursos compartidos desde cualquier otro equipo
conectado a la red.

Para acceder a los recursos de almacenamiento, ya sean archivos, carpetas o
unidades, lo haremos directamente desde el icono "Entorno de red" del Escritorio.
Localizaremos el equipo al que queremos acceder, desplegamos sus recursos y
trabajamos normalmente. Si se trata de sistemas de archivos y tenemos los
permisos adecuados, podremos leer, escribir, borrar o crear todo tipo de carpetas
y archivos que necesitemos.

Para evitar tareas tediosas al acceder a los recursos de otro ordenador, podremos
crear lo que se llama una "Unidad de red", una especie de unidad virtual que en
realidad accede a la máquina remota. Para crear ésta, pulsamos con el botón
derecho sobre el recurso de la máquina a la que vayamos a acceder y elegimos la
opción "Conectar a unidad de red". En el cuadro que nos aparecerá podremos
seleccionar la letra de unidad que le asignaremos y si deseamos que esta nueva
unidad esté presente la próxima vez que arranquemos el ordenador.

Para acceder a las impresoras compartidas en red abrimos la carpeta
"Impresoras" y seleccionamos "Agregar impresora". Cuando nos pregunte si se
trata de una impresora en red o local, elegimos "En red" para buscarla
seguidamente pulsando el botón "Examinar" de la siguiente ventana. También nos
ofrecerá la opción de capturar el puerto LPT1 por si vamos a necesitar imprimir
bajo MS-DOS. El resto del proceso de instalación será el habitual en la instalación
de este tipo de periférico.

                       Instalación de una placa base      

Para comenzar, desempaquetamos la placa e identificamos todos los cables
incluidos, manuales y soportes. Los tornillos que necesitamos vendrán incluidos
con la caja que hemos adquirido, pero si vamos a realizar una
actualización/reparación no nos quedará otro remedio que aprovechar todos los
tornillos que ya tenemos, por lo que hemos de prestar atención para no extraviar
ninguno de ellos.

Si vamos a actualizar/reparar, desmontamos cuidadosamente la placa antigua y
sacamos todos los componentes (tarjetas, memoria, micro) que vamos a utilizar
después. Especial atención hay que prestar a la hora de extraer la memoria,
porque ya sea SIMM o DIMM se encuentra fijada por unas pestañas exteriores
fácilmente manipulables sólo si se tiene un poco de cuidado y paciencia.

El micro, si se monta sobre un Socket 7 ó 370 se extraerá levantando una
pequeña palanca situada en el extremo del zócalo, mientras que si se monta sobre
Slot 1 hemos de desplazar unas patillas situadas en la parte superior del micro o el
carril sobre el que se acopla. Lo que sí se nos incluye junto con la placa son los
cables necesarios para la conexión de discos duros, unidades de CD-ROM y
disqueteras. Revisaremos que también se encuentra el manual, el cual nos
permitirá configurar todos los parámetros necesarios de la misma.

Revisados todos los componentes, comenzamos por instalar el procesador, el
ventilador, la memoria y dejamos a punto la configuración de la placa base. Para
ello cogemos el micro y lo pinchamos sobre la placa. Si se trata de un procesador
de la familia Pentium II-III, el cual va montado sobre un Slot 1, hemos de acoplarle
previamente el ventilador, que suele fijarse mediante un complicado sistema con el
que necesitamos un poco de paciencia. Su correcta sujeción es fundamental, ya
que la vida de nuestro procesador dependerá de él. Si se trata de un micro para
Slot 1 tan sólo debemos insertar el cartucho sobre el zócalo alargado y presionar
ligeramente. Si nos fijamos, se observa una pequeña muesca que impide
conectarlo de forma incorrecta, por ello si no entrase fácilmente será necesario
revisar que dicha marca coincide con la del procesador.
Si el micro es de tipo Socket 7 ó 370 tenemos que identificar los recortes que
tienen ambos tipos en las esquinas (una los de Socket 7 y dos los Celeron para
Socket 370) y que marcan la correcta colocación del procesador sobre el zócalo.
Hay que tener especial cuidado de no torcer ni doblar ninguna de las delicadas
patillas del procesador, ya que es un problema que no nos cubrirá la garantía, y en
caso de que se doblen requieren de una maña extrema para volver a darles la
forma correcta.

Levantamos la pequeña palanca situada en un lateral del zócalo, insertamos el
micro de la manera correcta y después bajamos la palanca con cuidado y firmeza,
ya que notaremos que opone algo de resistencia. Luego no tendremos más que
fijar el ventilador, que en este tipo de zócalos se instala aprovechando dos
muescas que están en la parte lateral del mismo y a las que acoplaremos la chapa
de fijación.

Después pinchamos la memoria y configuramos la placa para continuar la
instalación sobre la carcasa de nuestro ordenador. Hemos de estar seguros de
que la memoria que vamos a montar sobre nuestra placa sea la correcta. Si
nuestro bus funciona a 100 Mhz (algo que afecta a los Pentium III y a algunos
Pentium II o AMD K6-2/III) tenemos que instalar memoria de tipo PC100,
preparada para funcionar con esa velocidad. El módulo será, generalmente, de
tipo DIMM con 168 contactos. El tipo de memoria utilizada anteriormente, la SIMM
de 72 contactos, prácticamente ya no se vende y aunque nuestra placa
incorporase zócalos para dicha memoria no sería recomendable su utilización por
el alto precio y escasas prestaciones. Además, este último tipo de memoria
requiere su colocación en pares iguales para funcionar correctamente, cosa que
no ocurre con los DIMM, que se pueden colocar individualmente.

Para colocar los módulos de memoria DIMM tendremos que fijarnos en las dos
muescas que éstos poseen en su parte inferior y las haremos coincidir con las que
encontramos sobre la bahía de la placa. Una vez orientado correctamente,
insertamos el módulo en posición vertical, con firmeza pero con precaución; si no
entra, no hay que insistir, lo mejor será revisar las muescas. Además, veremos
cómo según lo insertamos las patillas laterales se cierran, atrapando al módulo por
los laterales. Si necesitamos extraer el módulo sólo habrá que oprimir las patillas
laterales hacia abajo para que sea expulsado de su lugar.

Ahora sólo nos quedará configurar correctamente la velocidad del micro y otros
pequeños detalles para empezar a instalar la placa sobre nuestra carcasa. Para
configurar correctamente la velocidad del micro existen dos posibilidades: que los
factores de bus y multiplicador se configuren mediante jumpers o algún
microswitch o bien que esta configuración sea de tipo jumperless, es decir, se
configure por software desde la propia BIOS del equipo.

Lo primero será identificar los jumpers o microswitches que nos permiten
configurar los distintos factores. Para ello consultaremos el manual y buscaremos
descripciones de algo parecido a bus clock o clock ratio.
Configuraremos la velocidad del bus, que podrá ser de 66, 75, 83 ó 100, por citar
las más comunes. El segundo es un factor del tipo 3x, 3,5x, 4x, etc., que será el
que nos marque la velocidad final del micro. Por ejemplo: para un Celeron a 400
Mhz, será necesario seleccionar una velocidad de bus de 66 Mhz y un
multiplicador de 6x (66x6=396 Mhz). Si por el contrario se trata de un Pentium II a
400 Mhz, nuestra elección será un bus a 100 Mhz y un multiplicador de 4x
(100x4=400 Mhz). Cada una de la familias de procesadores lleva su propia
velocidad de bus. A pesar de esto, no os preocupéis, un incorrecto ajuste de la
velodad del micro sólo hará que nuestro equipo no se ponga en marcha sin
ocasionar ningún daño y en el peor de los casos haremos que el microprocesador
arranque forzado. Por ello, para ajustar los valores jugamos con las posiciones de
los jumpers cerrado/abierto o los switch on/off, tal y como nos indique el manual
de la placa.

Los usuarios de la plataforma Socket 7 deberán configurar el voltaje del micro a
instalar. Los K6-2/III funcionan a 2,2 voltios, los Winchip a 3,5 voltios, etc., así que
sólo habrá que buscar esta configuración y ajustarla. Esto es muy importante, ya
que el uso continuado del micro a un voltaje incorrecto puede "freírle" literalmente
o producir un mal funcionamiento. Y por último, sólo nos quedará enchufar el
ventilador a la toma cpu fan que incluyen habitualmente las placas base junto al
lugar donde se sitúa el procesador.

El siguiente paso será instalar la placa base sobre la carcasa de nuestro equipo.
Abrimos la carcasa retirando los tornillos que sujetan la tapa metálica. Aquí
podemos encontrarnos con dos tipos de cajas distintas: las de toda la vida, que se
retira quitando los tornillos traseros y extrayéndola de manera vertical de una sola
pieza. La otra posibilidad son las nuevas cajas ATX, en las que para quitar los
tornillos será necesario retirar el frontal de la caja, que se encuentra sujetado por
unas grapas que entran a presión, tras lo cual veremos cómo tenemos dos tapas
metálicas, una para cada lado de la caja. Una vez retirada la carcasa habrá que
hacerse con la chapa metálica sobre la que se instala la placa, que también se
retira gracias a una serie de tornillos que la sujetan por los extremos.

Con la chapa fuera bastará fijar los tornillos de cabeza hexagonal o el sistema
proporcionado por nuestra caja para sujetar la placa, fijándonos en la posición de
los agujeros de que dispone la placa para su instalación. Una vez colocados los
sistemas de sujeción sobre la chapa metálica, situamos la placa sobre ellos con
los conectores mirando hacia la parte externa de la caja y haciendo coincidir los
agujeros de montaje para poder colocar todos los tornillos necesarios. Si
disponemos de arandelas de cartón es preferible colocarlas para evitar el contacto
entre partes metálicas.

Una vez colocada la placa sobre la chapa de la carcasa la montamos con especial
cuidado. Si es formato ATX, situamos y seleccionamos la tapa metálica que
colocamos en la parte trasera para ajustar los conectores ATX a la carcasa. Entre
todas las chapas proporcionadas con la caja elegimos aquella que más se ajuste
al número y posición de nuestros conectores y puertos. Una vez colocada,
procedemos a montar el conjunto chapa-placa base que previamente hemos
ensamblado, cerciorándonos de que quede perfectamente ajustada y que los
conectores y puertos de la placa ATX encajen con la tapa de la parte trasera.

Si la caja es de tipo AT la mitad de las instrucciones sobran, ya que sólo hemos de
montar la placa sobre la caja. Los puertos de estas placas se colocan al estilo de
las tarjetas en las bahías de expansión libres y se enchufan directamente a la
placa en sus correspondientes conexiones, haciendo coincidir el "pin 1" con el
cable resaltado.

En este paso también conectamos la fuente de alimentación. Si tratamos con una
fuente ATX, sólo se podrá enchufar en una postura, mientras que si se trata de
una fuente AT la cosa cambia radicalmente. En este tipo de fuentes se usa un
conector doble que puede llevar a cierta confusión a la hora de enchufarlo. Es
importante prestarle atención, ya que si no lo colocamos en la postura correcta
puede producir un cortocircuito y estropear la placa. La posición correcta siempre
es con los dos cables negros de cada conector juntos, mirando hacia el centro de
la conexión. Ya sólo nos quedaría volver a colocar los tornillos que sujetan el
soporte de la placa base a la caja y dejarla fijada a la carcasa.

Después sólo tenemos que conectar los cables del disco duro y el CD-ROM, así
como la disquetera o cualquier otro dispositivo de almacenamiento interno que
tengamos. También hemos de conectar los cables de los indicadores luminosos
(leds) de la carcasa y el altavoz. Para la conexión y puesta en marcha de nuestros
discos duros, unidades de CD-ROM y sistemas de almacenamiento acudir a los
tipos de instalación descritos anteriormente.

Respecto a los leds de la placa, hemos de seguir las instrucciones del manual,
que nos indicará la posición correcta del botón de reset, el altavoz, la luz del disco
duro, la luz que indica la puesta en marcha de la placa y, si se trata de modelos
con conexiones ATX, el llamado power switch, que nos servirá para encender y
apagar el equipo.

Generalmente, los conectores que encontramos dentro de las cajas llevan
grabados en blanco el uso de cada cable, en cuyo caso será tan sencillo como
unir cada uno con sus correspondencias sobre la placa. En caso contrario,
debemos seguir cada cable hasta el frontal para averiguar a qué función hacen
referencia. Un punto importante es la postura de conexión. Generalmente se nos
indica la posición del polo positivo para la conexión de los leds, aunque no
siempre es así. La solución será tan simple como probar: si el led funciona lo
dejamos tal cual, en caso contrario, lo colocaremos en la posición inversa. Esto no
afecta al reset ni al power switch, que no precisan de una postura concreta.

El siguiente paso para completar la instalación será enchufar nuestras tarjetas
sobre los buses de conexión AGP y/o PCI y fijarlas a sus correspondientes
soportes gracias a un tornillo. Para la colocación de la tarjeta de vídeo AGP sólo
tendremos una posibilidad, teniendo especial cuidado de insertarla correctamente,
ya que aunque oponga algo de resistencia hemos de pincharla hasta el final si
queremos que nuestro equipo funcione bien.

La cosa cambia al tratarse de tarjetas PCI, las cuales sería recomendable colocar
de forma que entre ellas quede una ventilación adecuada. Si llevamos esto a cabo
estamos contribuyendo a impedir un excesivo calentamiento del equipo. Y, claro
está, cuanto más alejadas de la tarjeta gráfica, mejor, ya que éstas, sobre todo los
últimos modelos, alcanzan unas temperaturas muy elevadas. Para proceder a la
correcta instalación de la tarjeta de vídeo, módem o tarjeta de sonido no tenéis
más que acudir a los tipos de instalación descritos anteriormente.

Sólo nos queda enchufar el cable de la alimentación a la fuente de la caja y
procedemos a realizar la primera prueba de sistema. También conectamos el
monitor y el teclado, con lo que nos bastará para verificar que, por lo menos, el
sistema arranca. Revisamos todos los pasos, comprobamos que todo ha sido bien
conectado, que los cables de alimentación se han colocado correctamente, que el
ventilador está en su sitio, etc. Con el monitor encendido llega el momento de
pulsar el botón de power. Si todo ha salido bien, nuestro equipo presentará la
clásica pantalla de inicio de la BIOS, que realizará el típico test de memoria. Esto
será una buena señal, ya que ahora sólo nos quedará configurar correctamente la
BIOS y comenzar a trabajar con el equipo. La otra posibilidad es que esto no haya
ocurrido, que tras pulsar el botón de encendido la pantalla siga en negro y no pase
nada. Lo primero es identificar el fallo, para lo cual observaremos si el ordenador
emite pitidos o no. Si los emite, revisaremos la conexión de la tarjeta de vídeo y la
memoria. Si no los emite, y siempre que la fuente se ponga en marcha, debemos
revisar la correcta colocación de los cables IDE y que el micro se encuentre bien
pinchado y configurado. Si la fuente no se pusiera en marcha, hemos de revisar la
correcta colocación del conector de fuente de alimentación: que los conectores de
corriente no hayan sido conectados al revés produciendo algún cortocircuito, que
el cable de corriente eléctrica se encuentre bien enchufado y, por último, que el
conector del power switch se encuentra correctamente colocado. Si tras estas
comprobaciones no se soluciona el problema, puede que alguno de los
componentes empleados esté defectuoso, por lo que lo mejor será probarlos por
separado en cualquier otro ordenador y así verificar el correcto funcionamiento de
todos ellos.

Para acabar sólo nos queda volver a cerrar la caja según el sistema empleado, en
cada caso a la hora de abrirlo. Hemos de tener cuidado de no pillar ningún cable
con la chapa metálica y de que todos los cables quedan correctamente colocados.
Esto es especialmente importante, no ya sólo a nivel estético, para lo que no
estaría de más sujetar los grupos de cables con bridas plásticas, sino que es
fundamental para evitar que éstos rocen con el ventilador, se deformen o
estropeen o simplemente se enreden entre sí. Por ello, el toque de verdadero
profesional sería fijarlos tal y como decíamos antes, con bridas de sujeción que
encontraremos en cualquier centro comercial.

								
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