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desafios ambientales de la arquitectura

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					Caracterización de los cambios de usos y coberturas de suelos causados por la expansión urbana de Santiago, análisis estadístico de sus factores explicativos e inferencias ambientales.

Hugo Romero 12, Melandra Molina 13, Claudio Moscoso 13, Pablo Sarricolea 13 y Pamela Smith 13 1 Laboratorio de Medio Ambiente y Territorio, Departamento de Geografía de la Universidad de Chile 2 Centro EULA de Ciencias Ambientales de la Universidad de Concepción 3 Escuela de Geografía de la Universidad de Chile1

1. Introducción La Ciudad de Santiago es la capital política, demográfica, cultural y económica de Chile. Como en la mayoría de los países latinoamericanos, la ciudad capital concentra el poder político y la adopción de decisiones centralizadas sobre el destino de las regiones y lugares de la totalidad de Chile. Demográficamente, concentra el 43% de la población total del país y culturalmente, es la sede de las principales universidades, centro de investigación y desarrollo y think tanquers, así como el principal nodo de la globalización a escala nacional. Económicamente, elabora aproximadamente el 50% del Producto Interno Bruto. Si bien el crecimiento espacial ha acompañado la historia de las ciudades, las formas y ritmos que adquieren, reflejan profundas causalidades socio-económicas, culturales y ambientales (Azócar et al., 2005). Así, la ciudad compacta, de altas densidades residenciales y de un centro histórico único que proveía de bienes y servicios a la totalidad de la población, fue gradualmente reemplazada por la ciudad polarizada y fragmentada, donde los usos del suelo ocuparon áreas exclusivas, los sectores sociales se diferenciaron espacialmente y las áreas de servicios fueron sirviendo nichos de mercado cada vez más heterogéneos y variados (Borsdolf, 2004). Las últimas décadas han sido testigo del predominio de los mecanismos de mercado en la asignación de los usos y funciones de los territorios y con ello de su ocupación de acuerdo a los niveles de ingreso de la demanda (Azócar et al., 2005; Henríquez et al., 2005). La ciudad compacta permitía el desarrollo de las áreas rurales y agrícolas, mantenía los usos urbanos dentro de límites rígidos e insuperables (a lo menos en teoría) y por ello, privilegiaba los viajes y desplazamientos de corta distancia, restringía el uso de los medios de transporte masivo y su contaminación ambiental se concentraba espacialmente en torno a las fuentes fijas: la de las aguas en los sitios de vertidos a los cuerpos de agua de los residuos urbanos e industriales; la de los suelos en las áreas donde dichas aguas eran empleadas en regadío y la del aire, alrededor de las industrias.
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Esta investigación ha sido financiada por el Proyecto Fondecyt 1050423. Capítulo del libro “Reconfiguración Metropolitana y Movilidad Espacial en Santiago”, Carlos de Mattos y Rodrigo Hidalgo (Eds.), Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales e Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile (en prensas).

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La contaminación atmosférica se concentraba también en el centro de la ciudad como consecuencia de la convergencia diaria de los vehículos. En el caso de la ciudad difusa, junto a la expansión y dispersión de las áreas residenciales, comerciales e industriales, se ha producido igualmente una distribución más generalizada de las fuentes y consecuencias de la contaminación ambiental y la degradación de los recursos naturales. Por otra parte, el suelo, las aguas, el aire, la biodiversidad, las arterias de comunicación y circulación y la construcción de la ciudad han sido privatizados y comodificados (Romero y Vásquez, 2006), es decir, transformados en bienes y servicios privados y transables que se compran y venden en el mercado reflejando sus precios las leyes de oferta y demanda. El medio ambiente en su conjunto ha llegado a ser una comodity más y el valor que se le otorga, a estar incorporado en el precio de venta final de los proyectos inmobiliarios. Ayudados por el auge de los sistemas de transporte privado y el desarrollo de las telecomunicaciones, los imaginarios colectivos de quienes reciben altos ingresos han preferido crecientemente vivir en áreas de bajas densidades habitacionales, en medio de paisajes cada vez más rurales y debiendo ser atendidos por centros abastecedores de bienes y servicios cada vez más exclusivos, segregados geográficamente y diferenciados socialmente (Henríquez et al., 2006). Por el contrario, los sectores de menores ingresos, han debido localizarse sobre las áreas centrales deterioradas que han sido abandonadas por los estratos más altos, en áreas periféricas de menor valor del suelo debido a su lejanía y estado ambiental degradado y en terrenos adquiridos por las empresas públicas y privadas justamente en función de su menor valor económico. Se ha desarrollado así un intenso proceso de segregación socio-espacial, que ha usado a la distancia física como representación geográfica de la distancia social, de tal forma que los sectores más ricos y más pobres de cada ciudad se han tendido a localizar en las antípodas, aumentando ilimitadamente los recorridos diarios de sus habitantes entre los lugares de residencia, trabajo y servicios y disminuyendo apreciablemente las posibilidades de contacto, complementariedad y conocimiento entre ellos. La observación de los rasgos morfológicos y estructuras espaciales de las áreas residenciales (Azócar et al., 2005) y de las áreas verdes (Romero et al, 2003 a y b) permite considerar que las áreas socialmente segregadas corresponden también a áreas ambientalmente segregadas, puesto que, en general, los sectores más acomodados de la ciudad se localizan en las áreas de mejor calidad ambiental (áreas de mayor concentración y circulación de los flujos de aire, agua, sedimentos y biodiversidad; mayor seguridad ante los desastres naturales y desde luego, mejor equipamiento social y dotación para brindar seguridad a sus residentes. Las áreas donde reside la mayoría de la población de ingresos medios y bajos, se localizan en los sectores que concentran la contaminación del aire, agua, suelos, las plantas de acumulación y tratamiento de los residuos sólidos y líquidos, las mayores tasas de delincuencia y una marcada ausencia de equipamiento urbano y áreas verdes, lo que permite definirlas como “desiertos” ambientales urbanos. Se trata también entonces, de una segregación “socio-ambiental”, que termina trasladando injustamente las externalidades ambientales negativas desde los sectores ricos donde se producen, a las áreas más pobres de la ciudad, acentuando las diferencias en la calidad ambiental en que viven unos y otros (Azócar et al., 2005; Henríquez et al., 2006, Romero y Vásquez, 2006). La expansión física de las ciudades en forma casi incontrolada, que ha caracterizado el crecimiento geográfico de las ciudades y metrópolis difusas, ha tenido profundas

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repercusiones ambientales y sobre su sustentabilidad. Enormes superficies de suelos de alta capacidad agrícola o cubiertos por remanentes de bosques naturales, humedales y lechos de ríos y quebradas, han sido urbanizadas, perturbando severamente los flujos naturales de energía, materia y momento (movimiento) al interior de las cuencas donde se localizan las ciudades chilenas. Todo ello ha repercutido en la pérdida de servicios ambientales y en el aparecimiento de islas de calor, humedad y ventilación al interior y en el borde de las ciudades, una creciente contaminación de las aguas, aire y suelos, una degradación de los recursos naturales y una mayor vulnerabilidad frente a las inundaciones y desastres naturales (Romero, 2004). Como a ello se debe adicionar el aumento de la segregación socio-espacial y socio-ambiental, es posible concluir que se está en presencia de un proceso que puede ser considerado como no sustentable, en la medida que no permite alcanzar simultáneamente el crecimiento económico a todos sus habitantes, conformar economías de aglomeración, fortalecer los tejidos y la vitalidad social, permitir la participación democrática en la toma de decisiones, brindar justicia social, proteger la integridad ecológica y la biodiversidad y asegurar la vivencia de la “experiencia natural” a sus habitantes (Buttimer, 2001). Para avanzar en la dirección de incluir la planificación y gestión ambiental en la planificación urbana de las ciudades, se hace necesario conocer los efectos ambientales que ha tenido la urbanización reciente, con el propósito de evitar repetir los errores que han llevado a las lamentables situaciones actuales. Dentro de los cambios más significativos que acompañan el reemplazo de las cubiertas naturales por usos del suelo urbanos se encuentran los cambios en los balances de energía, por los cuales las áreas urbanas desarrollan islas y archipiélagos de calor que sustituyen las áreas frías cubiertas por cuerpos de agua, suelos con alto contenido de humedad, campos cultivados o bosques y matorrales naturales. El aparecimiento de las islas de calor no sólo significa un aumento del disconfort térmico al interior de la ciudad, sino que además se generan áreas cálidas que atraen las masa de aire contaminadas, así como se contribuye a originar nuevos contaminantes, como el ozono troposférico, de dañinos efectos sobre la salud. Por otro lado, la sustitución de las áreas naturales y vegetadas por áreas urbanizadas implica disminuir la evaporación y la evapotranspiración y con ello desecar la atmósfera de las ciudades en varios porcentajes inferiores respecto a las áreas rurales. La construcción de edificios, por otra parte, aumenta los “efectos de rugosidad” que frenan el viento y perturban su distribución antes, sobre y después de que los flujos de aire arriban a la ciudad. La pérdida de áreas verdes significa que las funciones de reciclaje y limpieza del aire por parte de los follajes, por ejemplo, se ven limitadas, lo cual deriva en un aumento de la contaminación atmosférica. El sellamiento de los suelos por calles pavimentadas, techos, parqueaderos y centros comerciales, por su parte, disminuye absolutamente la infiltración de las aguas lluvias en el suelo y facilita consecuentemente su escurrimiento superficial. De esta manera, áreas de recarga natural de los acuíferos son reemplazadas por áreas de descarga, lo que disminuye la existencia de reservas hídricas para enfrentar las estaciones y años secos y con ello para asegurar la disponibilidad de agua para enfrentar las demandas crecientes de sus habitantes y de sus actividades en épocas de sequía. El aumento de la impermeabilización de los suelos facilita la ocurrencia de inundaciones, las que tienden a suceder con menos cantidad de aguas lluvia y en forma más rápida, aumentando la vulnerabilidad ante los aluviones y remoción en masa de los

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sedimentos en las áreas de pendientes inclinadas y en sus franjas de contacto con las tierras planas. Por último, las investigaciones más recientes indican que en la medida que se controla la contaminación de las aguas causadas por fuentes puntuales mediante la instalación de plantas de tratamiento, aumenta la incidencia de las fuentes no puntuales, entre las cuales destaca el lavado de las calles por parte de las primeras lluvias, que arrastra hacia los cuerpos de agua substancias contaminantes acumuladas durante la estación seca, tales como restos de pinturas, carrocerias y neumáticos, grasas, combustibles y aceites desechados por la circulación vehicular. Respecto a los patrones espaciales del crecimiento urbano, se han realizado en el país y el extranjero, análisis estadísticos multivariados destinados a identificar y ponderar el peso que adquieren variables explicativas georeferenciadas (espacializadas en un sistema de coordenadas comunes que permite su ingreso, análisis, modelación y despliegue en sistemas de información geográfica). Sudhira et al. (2004), exploraron la relación probable del porcentaje de áreas construidas (variable dependiente) con los factores causales de la expansión urbana (población, densidades alfa y beta de población, distancia a los caminos y a los centros urbanos), mediante la aplicación de análisis de regresión lineales, cuadráticos, exponenciales y logarítmicos. Mientras el análisis de regresión lineal reveló que la distribución de la población tiene una influencia significativa en el crecimiento de las áreas urbanas, el análisis de regresión cuadrática para el segundo orden indicó que la densidad de población beta y la distancia al centro alcanzaban un rol considerable en el fenómeno de expansión geográfica de las ciudades. Era evidente que las áreas construidas declinaban con el aumento de la distancia a los centros urbanos manifestando claras curvas de decaimiento-distancia. El análisis de regresión logarítmica señaló que la densidad alfa de la población ha influido en el fenómeno de expansión. Los valores positivos del exponente infieren que el área construida aumenta exponencialmente con el aumento de densidad. Para evaluar el efecto acumulativo de los efectos causales del crecimiento urbano, los autores ejecutaron un Análisis de Regresión Múltiple Paso a Paso, asumiendo que la interrelación entre variables es lineal. La mejor ecuación obtenida indicó que la expansión del área construida dependía en forma directa de la distribución y densidad de la población urbana, y en forma inversa de la distancia a las ciudades que conformaban el área metropolitana.

2. Resultados 2.1. Crecimiento Urbano La figura 1 presenta el crecimiento espacial de la ciudad de Santiago registrado entre 1975 y 2004, a través del procesamiento digital de imágenes satelitales Landsat, de tipo multiespectral para el primero de dichos años y Thematic Mapper para los años siguientes, corroborados por fotografías aéreas. La figura 2 da cuenta de las superficies asociadas al crecimiento urbano. Tal como se aprecia el crecimiento espacial fue más bien modesto y localizado en los bordes de la ciudad entre 1975 y 1989 y se aceleró significativamente entre este último año y 1998. Algunas áreas segregadas de

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crecimiento urbano se comenzaron a advertir a lo largo de las principales vías de comunicación. Entre 1989 y 1998 se produjo una gran expansión física de la ciudad, que sobrepasó las 13.000 Hás y significó que las áreas construidas aumentaran de 38.958 a 52.330 Hás, registrando una tasa promedio de crecimiento anual cercana a las 1.300 Hás., orientadas en todas las direcciones, pero especialmente hacia las quebradas y cuencas superiores de los ríos que drenan el piedemonte andino en el sector oriental; hacia el poniente de la ciudad, a través de la ocupación de los bordes de calles y avenidas principales, y hacia el surponiente y sur mediante el relleno de áreas previamente ocupadas por campos de cultivo y cubiertas naturales. Entre 1998 y 2004, el área construida aumentó en 10.803 Hás, y la tasa anual se incrementó a aproximadamente 1.400 Hás/año. Se frenó el crecimiento hacia la cordillera andina debido a la inexistencia de áreas con aptitud urbana, pero se concentró en las comunas periféricas ubicadas al norte y sur de la ciudad.

Crecimiento del espacio construído de Santiago, periodo 1975 - 2004

Simbología

1975 1989 1998 2004

Fuen te : Proye cto FO ND ECYT N º 1 050 423

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24 Kilómetros

Figura 1. Crecimiento espacial de la superficie construida de Santiago entre 1975 y 2004.

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Figura 2. Crecimiento de la superficie urbana del Gran Santiago entre 1975 y 2004

2.2. Cambios en los usos y coberturas de los suelos La figura 3 permite observar que los cambios más importantes en los usos y coberturas de los suelos observados entre 1975 y 1989, correspondieron a la instalación de áreas residenciales de baja densidad que sustituyeron campos cultivados en los sectores Nor y Surponiente y que reemplazaron coberturas vegetadas densas en los sectores Nor y Suroriente, sobre el piedemonte andino. Igualmente, áreas residenciales de alta densidad se localizaron en forma temprana en el sector Surponiente (Maipú) y Sur (La Pintana), anticipando lo que sería la sustitución masiva de áreas cultivadas por este tipo de viviendas, que son ocupadas por los sectores sociales medios y bajos. El crecimiento espacial de la ciudad, todavía localizado especialmente al interior de los límites urbanos, permite la subsistencia de ciudades satelitales independientes, como Puente Alto y San Bernardo, y la presencia de intrusiones rurales entre las áreas urbanizadas. Entre 1989 y 1998 la expansión de las áreas residenciales de baja densidad, de propiedad de los sectores de ingresos medios altos y altos va a ocupar gran parte de los terrenos urbanizables del piedemonte andino, mientras que las áreas residenciales de alta densidad, que localizan a los sectores de ingresos medios y bajos, van a conseguir conurbar a la ciudad de Santiago con ciudades satelitales como Puente Alto y San Bernardo, inaugurando la etapa de la ciudad-región, como consecuencia directa de la flexibilización de los límites urbanos, desarrollo de los sistemas de transporte privados y públicos y representación del aumento de las distancias sociales por aumento de las distancias físicas, tal como lo demuestra la localización de sectores sociales opuestos en los extremos Nororiente y Surponiente de la ciudad. Entre 1998 y 2004, como se ha indicado, tuvo lugar una de las mayores tasas de crecimiento espacial de Santiago, dirigida por la localización de áreas residenciales de baja densidad en forma casi generalizada sobre el piedemonte andino, destacando las comunas de Lo Barnechea y Las Condes, en el Nororiente de la ciudad, y las comunas de Peñalolén y La Florida en el Suroriente de la misma. Un área adicional corresponde al corredor de reciente urbanización localizado a lo largo de la carretera que une a Santiago con Melipilla por el extremo Surponiente. El carácter exclusivo de los condominios ocupados por sectores sociales de ingresos medios altos y altos se manifiesta en la homogeneidad de los diseños urbanos, no observándose la presencia de

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residencias de alta densidad. Una mezcla mayor entre viviendas de densidades variadas se observa en los sectores Norte y Sur de la ciudad, correspondientes a las comunas de Quilicura-Colina y Puente Alto-La Pintana, respectivamente. Los grandes conjuntos homogéneos de viviendas de alta densidad se localizan preferentemente en el sector Surponiente de la ciudad, correspondiente a la comuna de Maipú. A la localización de espacios esencialmente homogéneos desde el punto de vista sociallo que representa la consolidación de la fragmentación urbana y la segregación socioespacial y socio-ambiental de sus habitantes-, habría que agregar el surgimiento de nuevos núcleos de localización industrial que se advierten con nitidez desde 1989 en torno a la Carretera Panamericana Norte y en los alrededores del Aeropuerto Internacional de Santiago, que expresan especialmente el interés por ocupar áreas de alta accesibilidad que vinculan, a través de autopistas cada vez más modernas y sofisticadas, los centros de consumo con los nodos de exportación e importación de bienes y servicios. También cabría agregar el incentivo a las localizaciones industriales periféricas en el Norte de la ciudad, que significó la errónea creencia de que las plantas instaladas en los barrios industriales del sur de Santiago eran las que aportaban mayor contaminación atmosférica al centro de la ciudad, en circunstancias que dada la isla de calor urbana y las brisas de periferia a centro, los contaminantes industriales fluyen desde todas las direcciones y se desplazan al interior de la cuenca aérea lentamente como “sopa de lentejas”. Otro incentivo consistió en congelar el parque industrial localizado al interior de la ciudad, en esta caso al interior del Anillo de Circunvalación Américo Vespucio, medida que fue abolida seis años después por no disponer de antecedentes concluyentes que sustentaran su mantención.

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Figura 3. Cambios en los usos y coberturas de los suelos asociados al crecimiento urbano de Santiago entre 1975 y 2004

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Una mención aparte merece el comienzo de la urbanización de los extensos humedales localizados al norte de la ciudad de Santiago y que habían sido hasta 2004 excluidos de este tipo de ocupación, aunque ya se encontraban severamente afectados por la perturbación y contaminación de los cursos de agua que les sirven de fuente de alimentación. Los humedales son hechos principales de la ecología y medio ambiente de las cuencas en la medida que regulan los regímenes hídricos y filtran las aguas, además de brindar hábitats a diversas especies biológicas. Lamentablemente la urbanización de los humedales, que lleva asociado su desaparecimiento, se está haciendo una práctica común en las ciudades chilenas, cuyo crecimiento carece hasta ahora de una real evaluación ambiental.

2.3. Sustitución de las áreas de cultivos Anteriores trabajos han destacado la importancia económica, ecológica, hídrica, ambiental y cultural que representan los terrenos cultivados que rodeaban y rodean aún a la ciudad de Santiago (Santibáñez, 1996; Romero et al., 2003; Romero, 2004). Debido a que la ciudad ha ocupado una extensa llanura aluvial, los sedimentos provenientes de las montañas que rodean la cuenca han aportado materiales finos que conforman suelos de alta capacidad de uso agrícola, caracterizados por su escasa pendiente, gran profundidad, adecuada permeabilidad y suficiente materia orgánica. Muchos de ellos pertenecen a las clases de capacidad potencial I y II, que son equivalentes a los suelos de mejor calidad a escala mundial. Dadas las características físicas de estos suelos, sus funciones agrícolas deben ser complementadas con los servicios ambientales que ofertan, entre los cuales destacan su capacidad de infiltración de las aguas de lluvia y recarga de los acuíferos, almacenaje de agua, capacidad de vaporación, enfriamiento y humidificación de la atmósfera y del ambiente, además de servir de hábitat a numerosos microorganismos biológicos. La figura 4 demuestra que las superficies ocupadas por cultivos que rodeaban la ciudad, se han reducido desde cerca de 74.600 Hás., a menos de la mitad entre 1975 y 2004 y que ello ha ocurrido especialmente entre 1998 y este último año, cuando se sustituyeron cerca de 34.400 Hás. en gran medida debido a la urbanización de alta densidad que cubrió el 56% de las tierras agrícolas. Mientras la sustitución de suelos con cultivos por este tipo de viviendas había sido muy reducida en los años anteriores –siendo superada por la ocupación de viviendas de baja densidad-, el enorme cambio de los años recientes demuestra cómo la expansión de la ciudad ha consistido en ofertar suelos agrícolas especialmente a los sectores de ingresos medios y bajos y que ello se ha ejecutado sin considerar las externalidades ambientales negativas, que se han traducido entre otras consecuencias, en importantes inundaciones y concentraciones de contaminantes en muchos de estos sectores.

2.4.Sustitución de áreas cubiertas con vegetación densa por parte de la urbanización Las superficies ocupadas por vegetación con coberturas densas son las que alcanzan los más altos valores ecológicos y ambientales en cualquier paisaje, pero especialmente en los de tipo semiárido, como los que corresponden a los que sirven de sitio natural a la ciudad de Santiago. La figura 5 demuestra que la superficie ocupada por coberturas

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vegetales densas que rodeaban la ciudad en 1975 se ha reducido de 20.000 Há. a sólo 8.049 Há. en el año 2004. Mientras en 1989 el 23% de las tierras cubiertas por vegetación densa fueron destinadas a viviendas de baja densidad, en 1998 y en 2004 tal porcentaje aumentó a 38 y 42%, respectivamente. Las áreas residenciales de alta densidad –que corresponden a los estratos con ingresos medios y bajos, como se ha indicado anteriormente- no ocuparon estas áreas. Son las áreas residenciales de los estratos poblacionales de ingresos medios altos y altos los que han esencialmente sustituido las áreas vegetadas de mayor densidad, provocando significativas pérdidas en los servicios y funciones ecológicas y ambientales que prestan este tipo de coberturas naturales a las cuencas fluviales y a las ciudades en ellas localizadas. Este hecho viene a corroborar lo que se ha indicado con anterioridad en Romero y Vásquez (2006), en el sentido de que la comodificación de los territorios y paisajes destinados a la urbanización, ha generado una profunda injusticia ambiental, cuyos beneficios son apropiados por los sectores de mayores ingresos, mientras que las externalidades negativas son asumidas por los sectores más modestos de los habitantes de las ciudades.

2.5.Sustitución de las áreas cubiertas por vegetación dispersa por parte de la urbanización. La vegetación de cobertura dispersa es típica de las formaciones de llanura y laderas que caracterizan los paisajes mediterráneos y semiáridos del centro de Chile. Se trata especialmente de matorrales que si bien no pueden igualar la importancia de las formaciones vegetales densas, cumplen aún importantes servicios ambientales, especialmente en la protección de los suelos contra la erosión y en la facilitación de la infiltración de las aguas lluvias y recarga de los acuíferos (Romero y Vásquez, 2005). La figura 6 señala que este tipo de coberturas ha pasado de cerca de 54.000 Há. en 1975, a aproximadamente 40.000 Há. en el año 2004. Mientras la urbanización de baja densidad sólo ha cambiado las coberturas ocupadas por este tipo de paisaje en 2-3%, sólo en el año 2004, un 8% de su superficie fue cubierta por viviendas de alta densidad. Este último hecho podría anticipar su creciente sustitución por parte de los sectores de ingresos medios y bajos que encuentran en estos terrenos marginales, las mayores posibilidades de urbanización. La conservación, restauración y mejoramiento de este tipo de cubiertas naturales es de gran importancia, tanto porque son el resultados de degradaciones significativas asociadas al sobrepastoreo y la extracción de leña, como por el rol ambiental que desarrollan en términos del control de la impermeabilización, especialmente cuando se encuentran sobre terrenos inclinados.

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Figura 4. Cambios en los usos y coberturas de los suelos que han sustituido los terrenos cultivados en Santiago entre 1975 y 2004

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Figura 5. Cambios en los usos y coberturas de los suelos que han sustituido los terrenos cubiertos por vegetación densa en Santiago entre 1975 y 2004

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Figura 6. Cambios en los usos y coberturas de los suelos que han sustituido la vegetación densa en Santiago entre 1975 y 2004

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2.6. Los factores del crecimiento urbano de Santiago La figura 7 presenta los mapas de las variables seleccionadas como explicativas de la distribución de las áreas construidas de la Ciudad de Santiago. Dichas áreas son clasificadas espacialmente como cuadrículas, según el porcentaje de área construida que contengan. La densidad de población es asignada a las cuadrículas anteriormente definidas, como un atributo que se obtiene de entrecruzar esta variable con la grilla regular de los mapas mediante un procedimiento conocido como Filtro Kerner. Este método asigna la densidad de población por celda, promediando las cifras que registran la totalidad de las cuadrículas que rodean a la seleccionada, con lo cual se evita la arbitrariedad y se reconocen las tendencias superficiales de distribución de los atributos espaciales. Las distancias euclidianas a los centros de las ciudades de Santiago, San Bernardo, Puente Alto y al límite urbano registrado en 1975 y finalmente a los ejes viales, corresponden a medidas de distancia física en términos lineales.

Figura 7. Representaciones cartográficas de las variables espaciales seleccionadas como factores explicativos de la distribución de las áreas urbanas construidas en Santiago de Chile.

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La tabla 1 presenta la sucesión de ecuaciones de regresión múltiple que van dando cuenta paulatinamente del aporte de los factores geográficos a la explicación de la distribución de los porcentajes de superficie construida para el conjunto de las unidades en que se dividió el área urbanizada de la ciudad de Santiago. El procedimiento estadístico adiciona parsimoniosamente una nueva variable explicativa y procede a estimar su incidencia en reducir el Error Estándar Estimado, medida de ajuste de la bondad de predecir la superficie construida a partir de las variables espaciales seleccionadas. Las variables explicativas son ordenadas jerárquicamente de acuerdo a su importancia en reducir el Error Estándar. En la tabla se observa que la distribución de la densidad de población es la variable explicativa de mayor relevancia, lo que significa que el proceso de crecimiento del área urbana ocurre en el borde de las áreas más densamente pobladas. Al adicionar la distancia a la ciudad de San Bernardo a la ecuación de regresión, se observa un ligero aumento de los coeficientes R y R2. Ambas variables juntas explicarían el 76,6% de la distribución de las superficies construidas. Cuando se agrega, a continuación, la distancia al centro de la ciudad de Santiago, se produce un mejoramiento de 0,017% en la capacidad de estimar el crecimiento de las áreas urbanas. Las últimas cuatro variables, correspondientes a los modelos 4-7, prácticamente no modifican substancialmente el nivel de explicación alcanzado con las primeras tres variables consideradas.

Tabla 1. Coeficientes de Regresión Paso a Paso entre el porcentaje de áreas urbanizada por unidad de superficie (píxel) y las variables explicativas La tabla 2 presenta el modelo 7 o de mejor ajuste estadístico. De acuerdo a este modelo, la distribución espacial de las áreas construidas se relaciona en primer lugar en forma directa con la distribución de la densidad de población; en igual dirección pero de manera débil con la distancia al centro de la vecina ciudad de San Bernardo. Por el contrario, el área construida aumenta a medida que se aleja del centro de la ciudad de Santiago (inversión de las curvas de decaimiento-distancia o desplazamiento de las isocronas críticas), del centro de la ciudad satelital de Puente Alto, del eje de los principales ejes viales y del límite del área construida que alcanzaba la ciudad en 1975.

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Tabla 2. Variables y coeficientes de regresión de las variables explicativas incluidas en le modelo de mejor ajuste para la distribución de las superficies construidas en la ciudad de Santiago

Por último, la figura 8 presenta en primer lugar la distribución observada de los porcentajes de las áreas construidas y la distribución estimada mediante la aplicación de la ecuación de mejor ajuste, agregando, en segundo lugar, la expresión gráfica de la relación que existe entre los valores observados y los valores estimados. Tal como se aprecia en ambas representaciones, los valores observados se aproximan significativamente a los estimados, lo que indicaría que se trata de una ecuación de regresión, cuyos coeficientes asignados a las variables explicativas, dan efectivamente cuenta de la realidad en un alto grado. Sin embargo, la linealidad entre el comportamiento de ambas variables se rompe cuando se alcanza aproximadamente el 30% de porcentaje urbanizado, lo que estaría indicando que las áreas construidas de densidades más altas –que corresponden a los sectores de ingresos medios y bajosresponden a otros factores explicativos, además de los considerados en este análisis..

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Figura 8. Representaciones cartográficas de los porcentajes de superficies urbanizadas en Santiago de Chile reales y estimada por un modelo de regresión. En la parte inferior se observa un gráfico de regresión entre ambos resultados.

3. Conclusiones La expansión urbana de la ciudad de Santiago ha adquirido durante los últimos años una gran velocidad y comprometido a enormes superficies que previamente estaban cubiertas por cultivos y por vegetación abundante y dispersa. Mientras ello ha implicado importantes pérdidas de los servicios y funciones ambientales de los paisajes que conforman la cuenca en que se asienta la ciudad, se reconoce como una de las causas más relevantes a la privatización de los recursos y a la comodificación o incorporación al mercado de objetos transables, a componentes ambientales tales como la calidad del aire, agua y suelos, los terrenos urbanizables, las visiones panorámicas y las áreas de conservación de la biodiversidad.

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Los cambios en los usos y coberturas de los suelos corresponden especialmente a la sustitución de terrenos de cultivo y cubiertos por vegetación escasa, por parte de la urbanización de densidades altas, correspondientes a los sectores poblacionales de ingresos medios y bajos. Por el contrario, las áreas de vegetación natural abundante, y por ello de mayores servicios y funciones ambientales y ecológicas, tienden a ser ocupadas por la urbanización de baja densidad correspondiente a los sectores de ingresos más altos. Mientras las urbanizaciones de baja y alta densidad han ocupado en forma homogénea extensas zonas de la periferia de la ciudad, demostrando con ello la incidencia de le segregación socio-espacial y socio-ambiental, algunas áreas han mantenido su carácter de mezcla social y mayor heterogeneidad paisajística, lo que debiera significar el cumplimiento de mejores funciones de integración socio-económica y ambientales. Las características espaciales de los cambios en los usos y coberturas de los suelos deben contribuir a estimar e inferir los efectos ambientales directamente asociados al tipo y diseño de las urbanizaciones, tales como la generación de islas de calor, humedad y ventilación, que es objeto de un trabajo adicional al presente. El conocimiento de los efectos ambientales de la urbanización, debería ser incorporado en el establecimiento de normas y formas de urbanización que aseguraran la sustentabilidad ambiental de las ciudades y metrópolis chilenas. Respecto a los patrones de crecimiento de las superficies urbanizadas, se trata esencialmente de la acreción de nuevas áreas urbanas de alta densidad, destinadas a acoger a los sectores de ingresos medios y bajos, localizándolos sobre los terrenos de cultivos agrícolas que se encuentran sobre los bordes periféricos de la ciudad. La densidad de la población es la variable que mayormente contribuye a explicar las áreas de crecimiento de la ciudad de Santiago, mientras que otros factores considerados, como las distancias a los centros urbanos y a las vías de comunicación sólo aportan escasamente a predecir las áreas de expansión. La suma de los factores geográficos seleccionados, ponderando su importancia según su aporte a la explicación de las variaciones en las superficies construidas, contribuye en gran medida a poder estimar el crecimiento espacial de la ciudad, especialmente en lo que respecta a las superficies con porcentajes de urbanización menores al 30%. Sobre dicho porcentaje, es decir con más altas densidades construidas, correspondientes a la urbanización de los sectores poblacionales de ingresos medios y bajos, se deben adicionar otras variables explicativas que seguramente, como lo ha indicado la literatura internacional, se vinculan más con la identificación y clasificación de los espacios sociales, como cabría esperar en una ciudad como Santiago, altamente segregada social y ambientalmente.

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Referencias bibliográficas Azócar, G.; Romero, H., Sanhueza, R., Vega, C., Aguayo, M. and Muñoz, M (2005) Urbanization patterns and their impacts on social restructuring of urban space in Chilean mid-cities: The case of los Angeles, Central Chile. Land Use Policy (in press). Borsdorf, A. (2003). "Cómo modelar el desarrollo y la dinámica de la ciudad latinoamericana." Revista Eure 29(86): 37-49. Buttimer, A. (2001), "Sustainable Development: Issues of Scale and Appropriateness" pp 7-31. En "Sustainable Landscapes and Lifeways: Scale and Appropriateness ". Cork University Press, Ireland, 2001. Henríquez, C., Azócar, G. and Romero, H. (2005), Monitoring and modeling the urban growth of two mid-sized Chilean cities. Habitat International (in press). Henríquez, C., Romero, H. y Azócar, G. (2005) Spatial simulation of environmental impacts of urban sprawl and of the upper income social groups. Environment and Urbanization, Londres (en prensas). Romero, H. (2004), Crecimiento Espacial de Santiago entre 1989 y 2003 y la Pérdida de Servicios Ambientales. Hacer Ciudad, Editor Patricio Tupper, Centro Chileno de Urbanismo, Santiago: 179-201. Romero, H., F. Ordenes y A. Vásquez (2003), Ordenamiento Territorial y Desarrollo Sustentable a Escala Regional, ciudad de Santiago y Ciudades Intermedias en Chile. In Desafíos de la Biodiversidad en Chile, Eugenio Figueroa y Javier Simonetti, Editores, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, pp. 167-207. Romero, H. y Vásquez, A. (2005), Evaluación Ambiental de las Cuencas Urbanas del Piedemonte Andino de Santiago de Chile, Revista EURE de Estudios Urbanos Regionales, Pontificia Universidad Católica de Chile, Vol.XXXI, Nº94, Diciembre 2005: 97-118. Romero; H. y Vásquez, A. (2006). La Comodificación de los Territorios Urbanizables y la Degradación Ambiental en Santiago de Chile. Retos y Perspectivas Urbanas, Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile (en prensas)

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