fisiologia y cambio global

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					Fisiología vegetal y cambio global, una perspectiva mediterránea
F. Valladares1,2
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Instituto de Recursos Naturales. CCMA. CSIC. Serrano 115. E-28006 Madrid; 2 Departamento de Biología y Geología, Escuela Superior de Ciencias Experimentales y Tecnológicas, Universidad Rey Juan Carlos, c/ Tulipán s/n, 28933 Madrid

El clima cambia y a nadie con una perspectiva geológica o al menos histórica debería sorprender, ya que el planeta nunca ha permanecido con el mismo clima más allá de unos pocos años. Lo que nos preocupa ahora es la tasa y el sentido de este cambio climático. A pesar del creciente interés científico, social y económico del cambio climático, éste no es ni el único ni necesariamente el más importante motor de cambio de los ecosistemas. De hecho, los efectos del cambio climático son en general menores y se perciben más tarde que los derivados de la fragmentación del hábitat o de la contaminación. No obstante, existe unanimidad en el hecho de que el cambio climático va siendo progresivamente mas importante en un número creciente de regiones y ecosistemas. El cambio climático ha afectado a los ecosistemas terrestres europeos principalmente en relación a la fenología (ritmos estacionales de los ciclos vitales de las especies) y a la distribución de las especies animales y vegetales. Numerosas especies vegetales han adelantado la producción de hojas, flores y frutos, y un buen número de insectos han sido observados en fechas más tempranas. El calentamiento global ha incrementado en 10 dias la duración promedio de la estación de crecimiento en los últimas cuatro décadas del siglo XX. En apoyo de esta tendencia, la medida del verdor de los ecosistemas mediante imagines de satélite (una estimación comprobada de la productividad vegetal) ha incrementado en un 12% durante este periodo. No obstante, este incremento en la duración de la estación de crecimiento no implica un incremento real del crecimiento y productividad en los ecosistemas mediterráneos, ya que el calentamiento va aparejado de una menor disponibilidad de agua. Muchas especies endémicas de alta montaña se encuentran amenazadas por la migración altitudinal de arbustos y especies más competitivas propias de zonas bajas y por el hecho de que las temperaturas previstas para las próximas décadas están fuera de sus márgenes de tolerancia. En la última década del siglo XX la biosfera terrestre de Europa ha sido un sumidero neto de carbono, compensando en parte las emisiones antropogénicas de CO 2 y contribuyendo a la atenuación del cambio climático. Este balance positivo en la captura de carbono, que se ha mantenido durante los últimos 20 años, es improbable que se mantenga mucho tiempo mas ya que el incremento de temperatura reducirá la capacidad de secuestro de CO2 de los ecosistemas europeos. Esta captura de carbono es particularmente modesta y se ve particularmente amenazada en los ecosistemas mediterráneos para los cuales se espera además un mayor impacto del cambio climático y de otros tres motores de cambio global importantes (cambios de uso, degradación y sobreexplotación de recursos). Nuestro conocimiento sobre la fisiología de las plantas mediterráneas es aun imperfecto para establecer su capacidad de responder a estos cambios ambientales como lo demuestra el hecho de que mientras estudios de laboratorio señalan un incremento de la eficiencia del uso del agua con la sequía, lo contrario se observa a gran escala en condiciones naturales para el caso de los encinares. Sabemos que las distintas especies mediterráneas no responderán al cambio global de igual forma, aunque aún no sabemos ni todos los detalles ni los mecanismos implicados. Pero con este conocimiento ya podemos anticipar cambios en las interacciones entre especies; y la ecofisiología va desentrañando procesos que pueden cambiar el signo de estas interacciones (e.g. de facilitación a competencia y viceversa) en escenarios futuros de cambio global. Tras décadas de cierto abandono por el despegue de las aproximaciones a escalas contrastadas (“de la molécula al ecosistema”), la ecofisiología recobra su papel protagonista en la interpretación de las respuestas ecológicas y evolutivas de los organismos. La ecofisiología es ahora una pieza clave para añadir realismo a los modelos de cambios geográficos potenciales de la distribución de las especies en respuesta al clima (“envelope models”). Y lo es también para entender la respuesta vegetal al cruce de factores distintos no solo abióticos (agua, luz, nutrientes, temperatura) sino bióticos (herbívoros, comensales, parásitos, dispersores, polinizadores). La clave radica ahora en integrar las respuestas vegetales a todos estos factores que coexisten y que interaccionan. La ecofisiología tiene también la clave para entender la respuesta vegetal ante eventos climáticos extremos (olas de frío o calor) que afectan a ecosistemas degradados y fragmentados. Abordaremos aquí la contribución de los estudios ecofisiológicos a la comprensión de los efectos del cambio global y de la capacidad de los sistemas naturales para adaptarse y evolucionar ante este rápido y complejo cambio ambiental. Y lo abordaremos desde una perspectiva mediterránea, no sólo por ser lo que nos ocupa, sino también lo que nos preocupa ya que el cambio global afectará mas a las especies del entorno mediterráneo. Además, la perspectiva mediterránea se justifica por ser una de las que encierra más incertidumbres y por tanto mas desafíos científicos.


				
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