valores de biodiversidad by richardqt

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									Valores de Biodiversidad
La biota y los ecosistemas representan una forma de riqueza, la riqueza biológica, que sostiene a la vida humana y a las actividades económicas. Esta abundancia de especies es la biodiversidad de la Tierra. La humanidad comenzó a gastar la riqueza biológica hace muchos siglos. Nuestros primeros antepasados estaban integrados a los ecosistemas naturales como cazadores-recolectores. Su sobrevivencia dependía de que aprendieran las costumbres de los otros animales e identificaran las plantas comestibles. Hace unos 10.000 años, los seres humanos comenzaron a elegir ciertas especies de fauna y flora de la biota y a propagarlas, y el mundo natural nunca volvió a ser el mismo. Con el tiempo, el crecimiento demográfico y el desarrollo de las civilizaciones convirtieron áreas extensas de bosques, sabanas y planicies en campos y pastizales. Entre tanto, muchas especies fueron explotadas hasta la extinción y otras desaparecieron junto con su hábitat. Ya hemos menguado nuestro capital biológico y desconocemos cuáles serán las consecuencias. A fines del siglo XIX surgió la conciencia de que las especies no deben ser cazadas hasta extinguirlas. ¿Pero por qué? ¿Estaban los primeros conservacionistas preocupados de que no quedaran piezas para los cazadores ni árboles que cortar? El problema, entonces y ahora, es determinar que las especies tienen algún valor que hace esencial preservarlas. Si encontramos su valor, será mucho más fácil justificar las acciones que debamos emprender para conservarlas. Los filósofos que se han ocupado del tema dicen que hay que atender a dos clases de valores: el valor intrinseco y el utilitario. 1. Valor intrínseco Es el que asignamos a algo por sí mismo, es decir, que su posesión no tiene que ser de provecho para nosotros. ¿Cómo sabemos que algo tiene valor intrínseco? Se trata de una pregunta filosófica, que se reduce a una cuestión de razonamiento moral. De hecho, al estudiar el problema de la pérdida de especies, muchos argumentan que ninguna sobre la tierra, salvo el Homo sapiens, tiene un valor intrínseco. La utilidad o el valor utilitario de muchas especies silvestres es evidente. Pero, ¿qué hay de las especies que no tienen un valor manifiesto para nadie, y de las que son raras o difíciles de ver? Algunos observadores creen que la mejor estrategia para preservar todas las especies es subrayar su valor intrínseco, en lugar de valores utilitarios económicos o ecológicos desconocidos o inciertos. Así, debemos aceptar que la extinción de una especie es una pérdida irreparable de algo valioso. Muchos observadores que consideran que todos los seres vivos tienen el derecho básico a la existencia, aseguran que los humanos no tienen derecho alguno a acabar con especies que han perdurado miles o millones de años y que representan un conjunto único de características biológicas. Argumentan que una existencia prolongada incluye el derecho a continuarla, que todos los seres animados tienen un valor y que el de ninguno (por ejemplo, el del hombre) es superior al de otros. Ahora bien, este argumento tiene algunas dificultades, como la defensa de los agentes patógenos y los parásitos. Algunas doctrinas morales encuentran la base de los valores intrínsecos en la religión. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento Dios expresa su preocupación por las especies cuando las crea. Los estudiosos judíos y cristianos aseveran que al declarar que su creación era buena y darle su bendición, Dios manifiesta que todos los seres poseen un valor intrínseco y merecen consideraciones morales. El Corán proclama que el ambiente es creación de Alá y que hay que protegerlo porque alaba al creador. Esta

preocupación ética por las especies silvestres se encuentra en la base de muchas corrientes religiosas y representa una fuerza poderosa para conservar la biodiversidad. Así, vemos que aún en el caso de las especies que no tienen una utilidad demostrable para los seres humanos, hay argumentos en el sentido de que tienen el derecho a existir. Sólo por excepción (como los parásitos y microorganismos patógenos) es posible decir que hay un justificativo moral para empujar a otra especie a la extinción. 2. Valor utilitario Es el valor de las especies o individuos cuya existencia o uso beneficia a otros. Por lo general, este valor es antropocéntrico, es decir, los beneficiarios suelen ser los humanos. Es obvio que muchas especies vegetales y animales tienen un valor utilitario para nosotros y que nos inclinamos a conservarlas para seguir disfrutando de lo que obtenemos de ellas. 2.1. Valor económico Los ecosistemas, las especies y la información genética tienen un valor económico actual y potencial enorme. Actividades de toda clase, como la agricultura, la silvicultura, la ganadería, la acuicultura y la etnobotánica y farmacología, dependen de la existencia de la biodiversidad. Tintes, fibras, alimentos, medicinas y variedades silvestres de especies cultivadas son apenas una parte del valor económico actual de la biodiversidad. Recordemos que en la naturaleza las especies están sujetas a los rigores de la selección natural; sólo los más aptos sobreviven. En consecuencia, las poblaciones silvestres poseen muchos rasgos de resistencia a los parásitos, la competencia, la tolerancia a condiciones adversas y otras formas de vigor. Sin embargo, las poblaciones que han crecido durante muchas generaciones en las condiciones “consentidas” que implican las actividades humanas, tienden a perder esos rasgos porque la selección artificial es en el sentido de la producción, y no de la resistencia y del vigor. Así, en la cruza de especies para obtener la producción máxima, se elimina casi toda la variación genética, por lo que estas casi no tienen capacidad de adaptarse a otras condiciones: si el clima cambia, la especie disminuye su producción y no se adaptará a la nueva situación porque le falta el fondo genético para variar. La biota es considerada como un banco en el que están depositados los fondos genéticos de todas las especies. Entre tanto preservemos la biota, podremos tomar lo que necesitemos. Así, con frecuencia se le llama banco genético. Agotar el banco sólo acabará con nuestro futuro. 2.2.Valor comercial Las actividades recreativas o estéticas fomentan el comercio: tiendas de artículos deportivos, servicios para turistas y viajeros, etc. El ecoturismo, representa la principal fuente de ingresos en muchos países en desarrollo. Conforme aumente el tiempo de ocio de la gente, se gastará más dinero en recreaciones. Puesto que un porcentaje de estas cantidades se dedicará a actividades relacionadas con el entorno, cualquier degradación lesiona intereses económicos. Abundan los ejemplos de empresas que fracasan porque, digamos, un lago o una playa se contamina y dejan de servir para pescar o nadar.

2.3.Valor recreativo y estético El estrés se ha convertido en la enfermedad de moda. La sociedad de consumo, la libre competencia y el deseo por alcanzar la “calidad total” han vuelto a las personas muy trabajadoras. Diez y más horas diarias son dedicadas al trabajo bajo presión, y quienes lo realizan esperan ansiosos las vacaciones o los fines de semana para descongestionarse del mundanal ruido. ¿Qué pasaría si no hubiera biodiversidad, si no hubiera parques y mares para contemplar y divertirnos? Seguramente nuestro paso por el mundo sería mucho más triste. Todas las personas tenemos la necesidad de un contacto íntimo con la naturaleza pues nos relaja e inspira. Las especies de los ecosistemas naturales forman la base de muchas actividades recreativas y estéticas: pesca y caza deportiva, excursionismo, campismo, alpinismo, observación de aves, safaris, buceo, ecoaventuras, etc. Los intereses van desde el mero disfrute estético al estudio científico serio. Casi todos nuestros conocimientos y nuestra comprensión de la evolución y la ecología proceden del estudio de las especies silvestres y de los ecosistemas donde viven. Los valores recreativos y estéticos constituyen una fuente muy importante de apoyo para el mantenimiento de las especies silvestres. Muchas personas practican estas actividades, que representan una enorme empresa económica. Es muy probable que el apoyo más generalizado a favor de preservar las especies silvestres y su hábitat provenga del placer estético y recreativo que obtiene de ellos la gente. 2.4.Valor cientifico La biodiversidad tiene un valor ilimitado para la ciencia, pues esta ha inspirado muchos deseos e inventos. Volar, una sensación tan anhelada, fue una idea que se le ocurrió a alguien cuando observaba un ave. Las máquinas voladoras como el helicóptero o los ultra ligeros son imitaciones de la diversidad de modalidades de volar que existen hace miles de años en diferentes especies. Los fenómenos biofísicos, la teoría de la evolución, el estudio de la vida extraterrestre y muchos otros campos del conocimiento e ideas han descubierto en la diversidad biológica las explicaciones para el cosmos. Por ejemplo, los bioplanetólogos –que son quienes investigan la vida en otros planetas– han observado que sobre la Tierra hay organismos capaces de vivir sin oxígeno, y eso ha dado mayor credibilidad a sus hipótesis. Pero el estudio de la diversidad de ecosistemas, especies y genes no solo significa saber por saber. En la naturaleza, los científicos descubren diariamente nuevas medicinas, alimentos, fibras y otros productos insospechados. Desde la tecnología hasta la antropología, todos los saberes conviven con la biodiversidad y la aprovechan para generar más conocimiento. La biodiversidad es una caja de sorpresas que contiene las soluciones a muchos problemas actuales y futuros. Conocerla científicamente es la mejor forma de aproximarnos a su manejo sustentable. 2.5.Valor ecológico La vida en la Tierra está sustentada por complejas interacciones que durante más de cuatro mil millones de años han formado el ambiente que conocemos. Los ecosistemas son un componente esencial en esas interacciones pues cumplen importantes papeles en procesos globales fundamentales para la vida, como la estabilidad climática, la regulación de la composición de las capas atmosféricas, los ciclos del agua y de los nutrientes, el control de la erosión, entre otros.

Los seres humanos obtenemos nuestra energía a través de procesos bioquímicos que necesitan oxígeno. Respiramos un aire que contiene moléculas de oxígeno que comenzaron a ser liberadas en la atmósfera hace millones de años por organismos fotosintéticos que forman parte de la biodiversidad. Si estas plantas y algas no hubieran evolucionado y perdurado a lo largo del tiempo, seguramente no existiríamos. Pero el oxígeno no es lo único importante. Necesitamos además otras moléculas que están diseminadas en la diversidad de especies. Así, en la miel o en la papa están los carbohidratos, mientras en los animales muchas proteínas. A estas moléculas se suman las vitaminas y los minerales, partes esenciales de nuestros cuerpos, que también obtenemos de la biodiversidad. El valor ecológico de la biodiversidad tiene que ver con las funciones reguladoras de los procesos ecológicos. La conservación de la naturaleza es importante pues de ello depende que en el futuro haya agua, aire y suelos fértiles... ¿cuál es el precio de esto? 2.6. Valor cultural El valor cultural de la biodiversidad lo constituyen los conocimientos, las innovaciones y las prácticas de todas las personas del mundo. Son los saberes, las tecnologías tradicionales y modernas, las actividades agrícolas, el conocimiento de brujos y curanderas, los idiomas y dialectos, y muchas otras manifestaciones culturales asociadas con la naturaleza que no tienen precio cuantificable y que han sido esenciales para el devenir de la humanidad. 3. Monetizando la Biodiversidad Monetizar el valor de la biodiversidad es dar al valor instrumental términos monetarios, aunque en ciertos casos, tambien el valor intrínseco puede ser monetizado para ciertos objetivos de conservación. Algunas especies amenazadas tiene un precio de mercado: los elefantes por su marfil, los rinocerontes por su cuerno, algunas ballenas por su carne, los tigres por sus huesos, etc. En algunos casos, como el de la ballena azul, su valor monetiario es la unica razon por la cul estan amenzadas. En otros casos, como el tigre y el gorila de montaña, la destrucción de su habitat es su mayor amenaza. Segun la teoría económica moderna, lo que se necesita para transformar los precios de mercado de una especie a una herramienta para la conservación es aplicarle una condición conocida como "comunes" y conferir derechos para una matanza selectiva. Por ejemplo, una especie que tiene un precio en mercado puede sufrir una sobreexplotación cuando los derechos de propiedad no estan bien establecidos. Esto nos lleva al concepto de "Tragedia de los comunes" (Hardin 1986). La misma establece que si un recurso, ya sea de propiedad privada como pública, posee derechos de propiedad claros y establecidos, entonces el recurso podra ser conservado, porque el dueño no querra matar a su "gallina de los huevos de oro". Cabe destacar que, la idea de conservar económicamente especies amenazadas explotándolos de forma sustentable puede funcionar en especies con una alta tasa reproductiva y de crecimiento, como los ungulados, pero puede no ser indicada para especies con tasas reproductivas y de crecimiento lento. Asimismo, puede desginarse a la biodiversidad un "precio de opción" definida por "el precio que la gente estaria dispuesta a pagar para garantizar una opción de uso futuro". El mercado confiere también un valor recreativo y estetico a la biodiversidad. . Por ejemplo, la gente paga un precio para entrar a los parques nacionales. Esta entrada

expresa aunque sea, un pequeño valor de la biodiversidad en términos monetarios. Además es común, que el verdadero valor monetario del valor recreativo y estético este subestimado, por ello, se emplea "La valuación de contención". Aquí, las personas son encuestadas y se les pregunta cuanto estaría dispuesto a pagar por tener la oportunidad de experimentar cierta experiecia, por ejemplo, ver yaguarete en el Parque Nacional Río Negro; y esto es utilizado para calcuar el valor de recreativo y estético. 4. Bibliografía Groom, J.M., G.M. Meffe & C.R. Carroll. 2006. Principles of Conservation Biology. Sinauer Associates, Inc. Publishers. Massachusetts, U.S.A. 779 pp.


								
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