La verdad by cuiliqing

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									                    Conversión y vocación
                             ENRIQUE GONZÁLEZ FERNÁNDEZ




A
           propósito de Manuel García Morente,    distintas     conversiones,     sus     vocaciones
           Leticia Escardó —directora de esta     intelectual, filosófica, de traductor, de profesor,
           revista— me invita a escribir un       de decano de su Facultad, de escritor o
artículo con el título que antecede. ¿Cómo        pedagogo; sus vocaciones matrimonial, de
puede explicarse el fenómeno de tantos            padre de familia o de sacerdote católico.
intelectuales que de pronto ven la luz, se
convierten, descubren una vocación? Ante todo     Utilizando los conceptos descubiertos por Julián
sería preciso reconocer que cada persona tiene    Marías, podría decirse que cualquier vocación
varias vocaciones determinadas, gracias a cuyo    es una llamada a seguir una trayectoria de entre
seguimiento alcanza su autenticidad y plenitud.   las múltiples en que se proyecta la persona. A
La conversión consistiría en escuchar lúcida y    medida que avanza la vida, ésta se va haciendo
gozosamente una vocación, sea cual fuere, y       más compleja. Las vocaciones a seguir
seguirla. En la vida, entonces, se producen       trayectorias pertenecen a la vida desde que
diversas conversiones que hacen iluminar las      empieza a funcionar como tal; su extremada
correspondientes vocaciones. Y así Morente,       simplicidad en la niñez se debe a la angostura
por ejemplo, descubriría sucesivamente, en        del horizonte vital: en los primeros años hay
varias trayectorias, pero están tan juntas que      integradas en el proyecto vital, que todas se
parecen confundirse. Cuando se llega a la           ayudan y potencian mutuamente. Es inhumano,
adolescencia empiezan a distinguirse y se           antipersonal e inmoral exclusivizar en un
entrelazan: pueden ir formando intrincados          hombre una única vocación, excluyente de las
nudos que aumentan el dramatismo que siempre        demás porque la vida se desarrolla en muy
acompaña a la vida. La persona, que se siente       distintas trayectorias, todas entrelazadas. Una
llamada o vocada, elige seguir esas trayectorias    trayectoria, por fuerte que sea, no debe
o no, serles fiel o infiel, es decir: realizarse    sacrificar o destruir a las demás trayectorias,
auténticamente o desertar de ellas, con las         que son estrictamente personales, sin las cuales
cuales se siente tan identificada.                  la persona queda mutilada, amputada, y por
                                                    tanto desequilibrada, psíquicamente tarada. La
En Introducción a la Filosofía, Marías señala       trayectoria más fuerte es ayudada por las otras
que “normalmente, la vocación consiste en que       trayectorias de la persona, y viceversa. Es
nos sentimos llamados a una figura de vida          necesario descubrir, impulsar, promover o
determinada, que nos da voces y nos provoca a       salvar todas las trayectorias de cada persona.
realizarla”. En su reciente libro Persona, el
mismo Marías escribe que toda persona “no           Dentro de la vida religiosa se ha tendido a
elige su proyecto personal o vocación, sino que     exclusivizar una única vocación —por ejemplo,
se siente llamada a él, pero elige seguirlo o no,   la de sacerdote—, haciéndola excluyente de las
serle fiel o infiel, es decir, realizarse con       demás vocaciones que tiene la persona, cuya
autenticidad o desertar de ese proyecto con el      vida se desarrolla en pluralidad de trayectorias.
cual se siente identificada”.                       La obligación de que, por ejemplo, un sacerdote
                                                    rompa con sus demás vocaciones compatibles,
Convertirse en una vocación, elegir seguirla,       sacrifique sus otras trayectorias, empobrece, de-
no significa renuncia a nada personal o             bilita, puede amargar y hasta neurotizar la
sacrificar a la persona entera, como tantas         misma vocación sacerdotal, que queda a la
veces se ha dicho, sino descubrir lo propio o       intemperie, lo cual constituye el origen de no
auténtico y serle fiel. El seguimiento de una       pocos problemas. A Marías le repugnan los
vocación no implica romper con las demás            sacrificios humanos por motivos religiosos, que
vocaciones de la persona, sino llevarlas a su       destrozan personas, cualidades personales,
plenitud, ya que una vocación seguida               vocaciones y trayectorias tan marcadamente
confiere más fuerza y sentido a las demás           propias que es inhumano prescindir de ellas.
vocaciones. Por eso Marías —que quiso que           Para comprender la ahogada vida del sacerdote
su amigo García Morente bendijera su                García Morente habría que darse cuenta de
matrimonio— escribe que “la incorporación           cómo se lo obligó a sacrificar sus demás
activa de Morente al catolicismo no significó       vocaciones y trayectorias. Esta obligación fue
en su trayectoria filosófica una ruptura, sino      para él una alteración, un trágico
una plenitud” (Filosofía española actual:           empobrecimiento, una mortal desgracia. A este
Unamuno, Ortega, Morente, Zubiri).                  respecto, Julián Marías es el autor de muy
                                                    interesantes páginas sobre el sacrificio de
Habría que percatarse de que en la vida se          Morente (incluidas en Nuevos ensayos de
producen múltiples conversiones a sus               filosofía; tomo VIII de Obras).
correspondientes vocaciones. Evidentemente en
cada persona surge alguna vocación que es más
fuerte que las demás, pero tanto estas últimas                           ***
como aquélla se encuentran tan unidas, tan
Para que la persona encuentre su plenitud, es        es el tiempo en que el hombre se elige a sí
preciso que esté abierta siempre a la conversión,    mismo, no lo que es sino quién es, en que
o mejor dicho a las distintas conversiones, cuya     inventa y decide quién quiere ser… La persona
intensidad dependerá de la fuerza de las             no es nunca una realidad dada, sino que se está
trayectorias    que       aquéllas     descubren.    haciendo, argumental y por ello parcialmente
Normalmente las conversiones no se imponen           irreal, con una inseguridad que sólo se supera
de manera automática y exterior a la persona,        cuando existe una carga suficiente de
sino que deben trabajarse, buscarse, hacerse.        autenticidad” (Persona).
En terminología orteguiana, el hombre debe
humanizar su circunstancia, y esto sólo puede        Cuando la vida se hace desde uno mismo,
hacerse derramando luz sobre ella, única             cuando el hombre es fiel a esas voces que lo
manera posible de orientarse en la vida. Ortega      llaman a seguir trayectorias determinadas y que
escribe que “el hombre tiene una misión de           por eso reciben el nombre de vocaciones, es
claridad”. Según Marías, esto implica que la         vida auténtica. Pero cuando el hombre se
claridad no es algo que vaya dado                    abandona a lo recibido, cuando es infiel a sus
automáticamente con el hombre, como una              íntimas y originales vocaciones y trayectorias,
mera facultad o dote, sino que es misión, algo       falsea su vida y la hace inauténtica.
que el hombre tiene que hacer, en suma,
quehacer.                                            Convertirse es entrar en sí mismo,
                                                     ensimismarse. “Conócete a tí mismo” era la
Rasgo característico de nuestra época es la          frase esculpida en la puerta del Tempo de Apolo
desorientación. El deber moral consiste en el        en Delfos. Renunciar a la conversión es
intento a fondo de saber a qué atenerse, en          desconocerse, alterarse, apartarse de la
convertirse para orientarse. En su Tratado de lo     autenticidad, alejarse de sí mismo. El hombre
mejor, Julián Marías escribe que “la moralidad       alterado es aquel que no escucha las vocaciones
de la vida consiste en lograr la máxima              ni sigue sus trayectorias. Si San Agustín escribe
intensidad”. Se puede corregir la vida, iniciar, a   “entra dentro de ti mismo, porque en el hombre
cualquier altura o nivel, “una torsión hacia lo      interior reside la verdad”, entonces el hombre
mejor”: quizá sea ésta la mejor definición de la     ensimismado encuentra la verdad, descubre sus
conversión. Marías nos invita a aprovechar las       vocaciones y elige seguir fielmente las
posibilidades de la vida, a no reducirla —por        correspondientes trayectorias. Según Ortega
formas de inmoralidad: debilidad biográfica,         “cada hombre tiene una misión de verdad”, y
cobardía, no atreverse, soberbia, envidia, falta     define ésta como “coincidencia del hombre
de amor— a un nivel inferior al posible. La falta    consigo mismo”. Entonces la verdad es una
de aprovechamiento, la vita minima, es para          cuestión de amor propio, de autenticidad, de ser
Marías “una de las formas más graves de              fiel a sí mismo. Esa autenticidad, que se
inmoralidad”. La moral consiste “en la               adquiere ensimismándose, es planificación,
intensificación y perfección de la condición         enriquecimiento, autoposesión.
propia”; la inmoralidad, en la falta de
entusiasmo y generosidad por ser mejor.              La conversión es una experiencia radical, que
                                                     determina y afecta a la raíz de la vida (por eso
El hombre es alguien nunca acabado, siempre          es radical). Marías atribuye a las experiencias
haciéndose, en camino. A lo largo de su vida, la     radicales tal importancia que ve en ellas el
persona humana se hace a sí misma; el hombre         verdadero principio de individuación, lo que
es quien, una vez creado y puesto en la vida, se     hace que una vida sea esta y no otra. “La misma
hace a sí propio. Según Marías, “la vida mortal      experiencia, cuando se produce, va acompañada
de la impresión de que afecta al quién que es
cada uno: algo estrictamente individual, no sólo
en el sentido de ser propio, sino de que es a mí a
quien acontece la experiencia, de tal manera que
desde entonces, y a causa de ella, soy otro. Esto
es lo decisivo: a raíz de esta experiencia me
siento modificado en mi realidad; no es
simplemente que me ha pasado algo, sino que
ha quedado en mí, como algo que me
constituye, que está desde ahora incorporado a
mi persona, y va a condicionar el resto de lo que
iré viviendo”. Hay algunos momentos en que
“el hombre toma posesión de sí mismo y
descubre quién verdaderamente es. Entiéndase
bien, quién pretende ser, quién aspira a ser, y a
última hora quién decide ser” (Mapa del mundo
personal).

Por eso Dios no nos ha colocado directamente
en el Paraíso, porque seríamos otra cosa, como
escribe Marías al final de su Antropología
metafísica. Esta vida es la elección de la otra. Y
la otra será la realización de ésta: allí seremos
de verdad y para siempre lo que hemos querido
ser aquí, lo que hemos elegido con nuestras
conversiones, con la escucha de nuestras
vocaciones y el seguimiento fiel de sus
correspondientes trayectorias.

								
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