Un hero en mi vida by OldCoolbreeze

VIEWS: 98 PAGES: 3

More Info
									John Martínez                                                                      8/4/10

Español para Habladores de La Herencia

Sra. P. Piper

                                       Un héroe en mi vida



       Un hombre, ya en sus años cuando lo conocí era mi abuelito. Era chaparrito, como 5’8‖

de altura con barba de dos días. Se llamaba Daniel Galvez yo le amaba mucho. No era de mi

sangre pero yo pasaba mucho tiempo con él y él me contaba muchas cosas de la vida del pasado,

la vida de hoy y del futuro. Él había trabajado como ranchero, en el servicio militar de los

Estados Unidos y pastor de ovejas por mucho de su vida después de la Segunda Guerra Mundial,

cuando perdió todo su terreno en Nuevo México por culpa de los impuestos del gobierno.


       Al principio, de infante, me acostumbraba ir a la casa de él. Él hacía muchas cosas

conmigo. Me explicaba de las vicisitudes de la vida y el escrutinio que necesitaba para llegar al

liderazgo. Hablaba de los remedios naturales. Lo escuchaba con mucho interés cuando me

hablaba de la milicia popular. Él creía que sin ellos un cristiano no podía avanzar y perseverar.

Me dijo que sin ellos una persona se podría desistir. Me decía que los políticos disputaron todas

los puntos de vista de los trabajadores. Se reía de mí y conmigo con cariño cuando yo no

entendía, si fuera una palabra o un concepto de nuestra cultura. Se ponía un poco nervioso

cuando me hablaba del capitalismo, y la democracia. Se ponía especialmente nervioso cuando

me explicó de la dictadura y qué difícil era el pluralismo con toda la propaganda. Me dijo que

aquí había muchos refugiados de otros países.


           Cuando yo hacía bien me abrasaba o me decía algo que me hacía sentir féliz. No le

gustaba la violencia y me decía que debería denunciar a los que no mostraban la ética. Me decía
 de los agresores que mostraban la negligencia y mostraban incidencias que los desencadenaran.

Él pensaba que el parentesco era responsable por la predisposición. Dijo que él pensaba que era

 genética. Decía que las leyes les producín la repercusión. Platicaba del estrato, la carencia, la

abundancia, menosprecia, alabanza, condescender y enpesnave. Me dijo que habían pocos ricos

   y muchos trabajadores o casi pobres. Le gustaba hacer cosas de cuero y de madera con su

     navaja. Le gustaba estar afuera y hacer cosas con sus manos. Me gustaba estar con él.

  Específicamente, me acuerdo de su fidelidad en su fé religiosa. El padre de Mamá se murió

 cuando ella tenía diez años, pero mi abuelita se casó con él como dos o tres años después. De

todos modos, él tenía un gran amor por la familia de otro hombre, y sueños del futuro para todos.


       Rezaba cinco veces al día, y tenía sus escrituras en la bolsa – un Nuevo Testamento que

se lo dieron en el servicio militar, pero él no sabía leer. ¡Lo había memorizado! Me explicó, que

sus comañeros pastores y los estudiantes de la universidad que el dueño les daba trabajo durante

el invierno le habían leído y platicado de muchas cosas. Se hacía el signo de la cruz al pasar por

la iglesia o al pensar algo supersticioso. Cargaba su Rosario y lo decía antes de acostarse.

Amanecía y decía:


       — ―Buenos días les dé Dios.


       Les decía a los nietos.


       Cuando los nietos le contestaban con nada más que


        —Buenos días,


       entonces él les respondía:


        —Buenos días dice el Diablo para no mencionar el nombre de Dios.
       Siempre visitaba a la familia o iba a misa cuando lo invitaban a salir. Hacía cosas para

ellos y les pedía cosas como tortillas o piñones. Le gustaba su sombrero ―Stetson‖ y la plática.

Muchas veces me parecía que estaba satisfecho en estar ahí – el resolano. Hacía cosas con la

familia, y más que nada se reía mucho. Siempre me acuerdo del dicho que me enseñó:


        —Al dar respeto a los derechos de otros se encuentra la paz. Siempre me hablaba de la

comunicación. Me conmovía profundamente el panorama de saber la comunicación no verbal.

Se parecía muy féliz, sin la riqueza de la educación. ¡De todos modos yo lo veía a él como rico!


       Él tenía miedo de la tecnología. Recuerdo que el teléfono sonó y él se cayó al piso. No

tenía coche pero caminaba a todos los lugares cercas. Cuando se iba con la familia a otro lugar

se subía en el coche. No conocía muy bien el mundo y tenía miedo de todo, pero nos daba

consejos sobre el escuchar, aprender y tener experiencias en el mundo que está cambiando. Nos

decía que no tuviéramos miedo del cambio, porque el cambio ocurre con cada respiración.


       Él influyó a mi más que cualquier otra persona en mi vida. Lo extraño mucho. Hoy en

día yo me atrevo a querer ser como él. La cosa más importante que me enseño era la pregunta:


—Y qué haría usted si El Señor hablara con usted directamente a su cara y le dijera:

—Ordeno que usted sea feliz en el mundo, mientras usted viva. ¿Qué haría

  Usted?
Es difícil con tantos cambios, pero hago la lucha de todos modos. Yo conocía a mi abuelito aquí

en la tierra, y para mí, él es mi ángel guardián en los cielos.

								
To top