Socialismo del Siglo XXI o Fascismo Tropical?

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Socialismo del Siglo XXI o Fascismo Tropical? Powered By Docstoc
					Primera Ponencia en el Foro ―Socialismo del Siglo XXI‖
Unión Nacional Americana
Managua, 26 de mayo de 2011




       ¿Socialismo del Siglo XXI o Fascismo Tropical?

                                         Por Félix Maradiaga1

A Manera de Introducción: ¿El dueto Chávez-Ortega; más que simple
solidaridad ideológica?

Mucho se ha hablado sobre la verdadera definición del denominado ―Socialismo del
Siglo XXI‖2 impulsado por el Presidente de Venezuela Hugo Chávez, autonombrado
caudillo de una supuesta revolución bolivariana que aspira a sentar bases en
América Latina. Si en algún momento hubo quienes no tomaron en serio los delirios
expansionistas de Hugo Chávez, basta con dar un rápido vistazo a las relaciones de
poder entre Venezuela con Bolivia, Ecuador, Nicaragua y, hasta hace poco,
Honduras.

A lo largo de este foro tendremos la oportunidad de escuchar exposiciones muy
informativas que, esperamos, nos ayuden a desenmarañar las bases ideológicas del
proyecto autoritario y expansionista de Hugo Chávez. Como es ampliamente
conocido, el subsidio de la ―solidaridad‖ petrolera de Chávez a Nicaragua—que
entre enero de 2007 y el primer semestre de esta año se acerca a por lo menos 1900
millones de dólares al margen del presupuesto—es esencial en su proyecto
injerencista en Centroamérica.

En lo que corresponde a mi exposición, me concentraré en explorar la naturaleza
excesivamente personalista, familiar y autoritaria del régimen del presidente Daniel
Ortega, en Nicaragua. En los próximos minutos, espero poder demostrar que el
modelo ―Orteguista‖ tiene sorprendentes similitudes con experimentos tiránicos del
pasado latinoamericano inspirados por aspectos del fascismo. Como veremos, el
avance del Orteguismo es posible gracias al auspicio de Chávez a un proyecto
político personalista y familiar que es diferente a otros modelos de izquierda en el
continente.

Al respecto, es necesario acotar una diferencia importante entre estilo de relación de
Venezuela con Cuba—con cuyo régimen dictatorial Chávez sostiene tórrido
―affair‖—y las relaciones de Chávez con la familia Ortega Murillo. En el primer
caso, Chávez anuncia de forma pública y reiterada que el modelo de la Revolución
Cubana es su inspiración. En Nicaragua, en contraste, con cada una de sus visitas es
recibido cual jefe de un partido político en gira de campaña por uno de sus
municipios por el dócil y solicito alcalde. Dicho de otra forma, cuando Chávez llega
a Cuba, su actitud es la de un peregrino visitando su tierra santa; pero cuando visita

1
  Politólogo profesor universitario. Director-Fundador del Instituto de Liderazgo de la Sociedad Civil
(Nicaragua). Master en Administración Pública de Harvard University y ‗‖fellow‖ de Yale University.
2
  Como explicaré posteriormente, el término utilizado por el presidente de Venezuela Hugo Chávez, no es
equivalente al concepto propuesto por ideólogos como A.V. Buzgalin y Heinz Dieterich Steffan.


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Nicaragua, es la de un inversionista supervisando sus negocios. Esta diferencia es
esencial, en el sentido de que Ortega es parte del proyecto de poder de Chávez,
donde los intereses económicos pesan tanto o más que los ideológicos.

Es cierto que en realidad Chávez aspira a ser el heredero de Castro en América
Latina a pesar de carecer de muchas de las habilidades que han permitido que el
anciano jefe del Partido Comunista Cubano mantenga, hoy a través de su hermano,
un férreo control de la isla. Sin embargo, a carencia de una propuesta ideológica
coherente y de otras cualidades necesarias para inspirar y movilizar, Chávez cuenta
con reservas certificadas de petróleo a su disposición que hoy ascienden a más de
153 mil millones de barriles.

Con extraordinaria habilidad y descaro, Chávez ha comprendido que en el caso de
una situación interna en Venezuela que le lleva a dejar la presidencia, se le hace
esencial contar con una base financiera y política fuera del territorio Venezolano.
Ecuador y Bolivia son países demasiados grandes como para poder caer bajo el
control absoluto e Chávez; y además de contar con sus propios caudillos sus otras
fuentes de ingreso permiten que el poder político estatal no sea financiado
exclusivamente con fondos de PDVSA. Por otra parte, Honduras y Nicaragua,
ambas economías muy pequeñas, eran para Chávez proyectos viables para anclar
una alternativa en Centroamérica. Al colapsarle la opción de Honduras por eventos
por todos conocidos, Nicaragua queda como su opción natural.

En febrero de este año, la revista estadounidense The Economist, publicó que desde
el 2005 el gobierno de Chávez ha almacenado alrededor de $ 39 mil millones en un
fondo separado, no auditado, llamado Fonden.3 Nadie sabe donde esta ese dinero. Y
aunque una parte ha sido probablemente ahorrada hay fuertes sospechas de que este
dinero está siendo atesorado por Chávez para prepararse para el año 2012.

Esta información es importante, porque nos permite explicar las razones por las
cuales Chávez se beneficia enormemente de que su socio en Nicaragua tenga un
proyecto político altamente personalista, antes que institucional. Es por ello que el
destino de los recursos Venezolanos es para fortalecer principalmente el
conglomerado Ortega-Murillo. Ni un solo centavo de estos recursos es canalizado a
través del presupuesto general de la república.4 De esa forma se evita el ―riesgo‖ de
que los fondos que vienen a nuestro país, puedan eventualmente ser manejados bajo
los controles del Estado. Esta operación gansteril, obliga a que la base ideológica de
las relaciones entre el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y el Frente
Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) pase a un segundo plano, al priorizar el
subsidio directo a un proyecto familiar más que una relación entre partidos.




3
  Oil leak: Could one of the world’s top petroleum producers really go bankrupt? The Economist,
publicado el 11 de febrero de 2011.
4
  Esta situación es violatoria de la Ley nicaragüense y, en consecuencia, hace que la ―ayuda venezolana‖
jurídicamente no se constituya en deuda soberana del Estado de Nicaragua.


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¿Qué pasa entonces con la base ideológica y programática del llamado
Socialismo del Siglo XXI?

En primer lugar, es importante remarcar que el Chavismo tiene muchas carencias
conceptuales, y que (al igual que Orteguismo), han logrado sostenerse gracias a una
enorme masa de seguidores con escasa o nula comprensión del verdadero
significado del socialismo.

Al hablar de las carencias del Chavismo me refiero principalmente a la ausencia de
un proyecto político coherente que sea capaz de sostenerse por su propio peso y no
por el clientelismo petrolero. Dicho de otra forma, el término ―Socialismo del Siglo
XXI‖ es un emblema más que un programa, o es a lo sumo, una arenga política
anticapitalista ya que carece de un proyecto ideológico y estratégico en el sentido
más estricto de su acepción. Por proyecto ideológico me refiero a la ―estructura
conceptual de referencia que provee de criterios para la elección y la decisión en
virtud de los cuales la mayoría de actividades de una comunidad organizada es
gobernada‖. 5

Este supuesto ―Socialismo del Siglo XXI‖ no está sustentado ni en programas
partidarios de largo plazo ni en un conjunto articulado de políticas públicas
producidas por un aparato colectivo de poder. En el caso de Nicaragua, la base de
este proyecto mal llamado socialista, son las decisiones centralizadas y altamente
personalistas de Daniel Ortega. Ello explica la obsesión de la pareja Ortega Murillo
por despojar al FSLN de los liderazgos históricos del partido y reemplazarlos por
cuados intermedios cuyas principales credenciales seas su lealtad ciega y
disciplinada subordinación.

En consecuencia, lo que indudablemente existe en Venezuela es un proyecto
Chavista de la misma forma en que en Nicaragua el sandinismo oficialista se
convirtió en Orteguismo. Habrá quienes argumentarían que tanto el Orteguismo
como el Chavismo, no por ser proyectos personalistas autoritarios de concentración
del poder dejan de ser proyectos ideológicos en el sentido en que representan a un
sistema y cuentan con un programa de acción. Si tal referencia fuese válida, cabria
preguntarse entonces si otros fenómeno sociales y políticos como el caudillismo y el
clientelismo también podrían ser tipificados como ideologías. ¡Por supuesto que no!

Tanto el caudillismo como el clientelismo son fenómenos de poder sustentados por
mecanismos informales y difusos en la relación ―principal-agente‖ en donde la
interacción entre los actores del sistema es guiada por factores como la baja
autoestima de los acaudillados, el intercambio de favores o la concesión de
prestaciones. Para ilustrar mejor el ejemplo es adecuado aclarar que lo anterior no
anula el hecho de que los acaudillados o los clientes no tengan, como grupos o como
individuos, un punto de vista particular sobre la realidad, aspecto básico de toda
ideología. No obstante, ambos fenómenos carecen de las bases intelectuales y
conceptuales que movilicen la acción política estratégica y de largo plazo,
quedándose en expresiones de una relación transaccional cortoplacista.
5
    Ver Martin Serliger o los trabajos de Sternhell (1976).



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En este sentido, es Socialismo del Siglo XXI—en la acepción en que ha sido
propuesta por ideólogos como A.V. Buzgalin y Heinz Dieterich Steffan—no es otra
cosa más que un replanteamiento casi repetitivo de las mismas ideas anticapitalistas
propuestas por Noam Chomsky y otros. Sin embargo, es innegable que es dicho
concepto sí implica la articulación de una propuesta más o menos coherente de un
sistema de creencias que intentan explicar la realidad sobre la base de las premisas
básicas de Karl Marx, incorporando los aprendizajes experiencias e socialistas del
pasado. Adicionalmente, el concepto original del de ―Socialismo del Siglo XXI‖
también implica una reacción ante el poder hegemónico estadounidense y hacia otras
expresiones hegemónicas del poder como los monopolios y oligopolios
transnacionales.

La acepción ―Socialismo del Siglo XXI‖ usada por Steffan, Buzgalin y otros no es
equivalente al modelo autoritario que se vive hoy en Nicaragua. Un modelo que
además de ser personalista y familiar, se financia a través de un conglomerado
económico y financiero llamado Albanisa, aparato de triangulación del dinero que
Chávez envía a Ortega. La falta de transparencia de este fondo privado hace
imposible determinar con precisión qué porcentajes de este dinero se usa para
financiar obras públicas y cuanto se destina a enriquecer a la familia Ortega y sus
allegados. El hecho de Albanisa exista para fortalecer consorcios y empresas
privadas—lo que en trabajos anteriores he denominado ―Oligarquía Orteguista‖6—y
no para fortalecer la capacidad del Estado de dar respuesta a las necesidades básicas
de la población, le restan credenciales socialistas al proyecto Orteguista. Quizás por
esta y otras razones ligadas a la represión política del régimen, una parte importante
de la comunidad internacional de intelectuales de izquierda—como Noam Chomsky
y Salman Rushdie—que en los años ochenta respaldó al FSLN, en Junio de 2008
firmaron una carta pública condenando a Ortega. 7

En los casos concretos de Chávez y Ortega en Venezuela y Nicaragua,
respectivamente, efectivamente se asoman algunos rasgos de la propuesta socialista,
específicamente en lo referido al discurso de lucha de clases, el férreo
antinorteamericanismo, el desdén por la propiedad privada y el impulso colectivista.
No obstante, estos rasgos quedan opacados ante un proyecto más bien de culto a la
personalidad que si bien no es del todo ajeno a la tradición socialista, al combinarse
con otros aspectos adquiere una forma totalmente diferente.




6
  Para una explicación del concepto de ―Oligarquía Orteguista‖ recomiendo leer la entrevista del mismo
nombre publicada en El País por Carlos Salinas Maldonado, el 26 de Agosto de 2009, disponible en
internet en este enlace:
http://www.elpais.com/articulo/internacional/oligarquia/orteguista/elpepuint/20090826elpepuint_3/Tes
7
  “Intellectuals condemn authoritarian Ortega” por Rory Carroll. Edición del periódico The Guardian,
del 24 de Junio de 2008.


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¿Si el Chavismo y el Orteguismo no es Socialismo del Siglo XXI, entonces qué
es?

Mi tesis es que el proyecto Chavista—al igual que el Orteguismo—es en realidad
una versión tropicalizada del fascismo. Me explico.

Recordemos que el fascismo clásico desapareció con la derrota de los países del eje
al concluir la segunda guerra mundial, sobreviviendo algunas décadas más en el caso
del franquismo en España. Pero de igual forma que otras expresiones políticas
desarrolladas en Europa llegaron a América de manera tardía y transformada, el
fascismo también se vivió en América Latina bajo formas autóctonas. Tal fue el caso
de las dictaduras de Perón en Argentina y Somoza en Nicaragua que también
adoptaron algunas características del fascismo. Este tipo de dictaduras tropicales hoy
aparecen nuevamente en las persona de Chávez en Venezuela y de Ortega en
Nicaragua.

En las opiniones de autores como Joan Antón, Joan Joseph Vallbé y E. Gentile, el
fascismo es una expresión de dominación política totalitaria y revolucionaria
guiadas por el objetivo central de subordinar y transformar la sociedad a través de la
captura del Estado y el monopolio del poder desde un régimen de Estado-partido.
Para ello, se aspira a un sistema político de partido único—o al menos hegemónico
en el sentido en que lo define Giovani Sartori— guiado por un caudillo carismático
que se atribuye la virtud de interpretar y encarnar casi metafísicamente las
aspiraciones y la voluntad del pueblo.

El caudillo, además, concentra para sí todo el poder del partido y define su acción
política desde la perspectiva de una ―revolución permanente contra enemigos
exteriores e interiores.‖ Además, Antón agrega ―se trata pues de una revolución
política, cultural y espiritual‖ donde es imprescindible hacer pacto para alcanzar el
poder con las fuerzas conservadoras. Este pacto marca los límites de la revolución
fascista y el paso del ―fascismo-movimiento al fascismo-régimen‖.

Asimismo, ―el fascismo aborrece la democracia liberal porque ésta favorece la
cantidad respecto a la calidad…en tanto que concibe a la masa de la población como
un ente incapaz de gobernarse‖. En este sentido, el fascismo comparte una
característica importante con otras expresiones de extrema derecha, como son el
descrédito al sistema de democracia representativa y por ende al sistema políticos
pluripartidistas al considerarlos expresiones de grupos de poder contrarios a los
intereses del pueblo.

En consecuencia, el discurso político fascista hace constante referencia a la
necesidad de una nueva democracia, ―democracia verdadera‖ o ―democracia pura‖,
le llamó Mussolini. La teoría de Democracia directa ofrece una sorprendente
similitud a los argumentos de la sustitución de la clase política por el hombre
común, esgrimidos por los fascistas europeos. ¡Basta de ya partidos! ha dicho
Chávez recientemente. Y Ortega, en su peregrinaje a Cuba el año pasado, abogó
abiertamente por el partido único.


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Las similitudes no se detienen ahí, la concepción geopolítica del fascismo es
fundamentalmente de antagonismo y conspiración, en tanto el caudillo tipifica de
complot internacional cualquier crítica que venga de otras instituciones o personas
basadas en el exterior. En consecuencia, la disidencia interna y la oposición, desde a
óptica fascista debe ser necesariamente expresiones subversivas financiadas por el
enemigo externo. Por ello, la oposición es definida como anti-nacionalista o
―vende-patria‖ en tanto el régimen político fascista cree ser la plataforma sobre la
que debe sustentarse la nacionalidad misma.

La idea del enemigo externo o de los ―vende patrias‖ es fundamental para la
masificación del fascismo como un movimiento nacionalista que identifica a chivos
expiatorios que, desde la propaganda oficial, son los culpables por los sufrimientos
de las mayorías. Para ello, el discurso político fascista toma de la historia, de los
mitos y de la tradición, las fuentes de sus argumentos contra el enemigo interno.
Esta idea está ligada a la figura paternalista del caudillo como salvador de supuestas
mayorías de oprimidos o explotados, por culpa de minorías nacionales y elitistas
vinculadas a un poder foráneo.

Al igual que sucedió con el franquismo en España—cuyo expresión política era
marcadamente rural y clerical—el fascismo tropical de Ortega requiere de símbolos
religiosos y culturales como vehículos de su mensaje a amplios sectores de la
población. Estos sectores ven de forma consciente o inconscientemente en estos
símbolos religiosos, los códigos culturales que sustentan su identidad nacional. Si
bien la versión tropicalizada que vemos en Nicaragua se mantiene fiel a su discurso
de lucha de clases, en la práctica este mensaje tiene una significado retórico más que
práctico en el sentido en que las concesiones a los grupos de poder no solo se
mantienen, sino que se incrementan.

Otro elemento a considerar, es el uso de la violencia y la intimidación, no solo
contra el ―enemigo interno‖ sino contra cualquier expresión de oposición. Una de las
bases fundamentales de esta violencia política radica en el desprecio de este tipo de
regímenes por la legalidad y el Estado de Derecho. La organización y promoción de
grupos juveniles violentos y fanatizados es casi una característica genérica de este
tipo de regímenes.

Como si los parecidos fueran pocos, Ortega impulsó la idea de las ―Camisas Azules‖
–grupos de fanáticos violentos y para militarizados—de la misma formas que Hitler
creó las camisas pardas o Mussolini las camisas negras. Quizás dándose cuenta de
este símil, luego se sustituyeron por las camisas de amor y paz, sin que ello haya
sustituido sus mentes y sus corazones. Cualquier similitud con nuestra realidad, no
es pura coincidencia.




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A manera de conclusión: ¿Cuál es el antídoto para el Orteguismo?

Antes de concluir, quisiera enfatizar que si en estricto sentido el fascismo es un
totalitarismo basado en el Estado, los rasgos que antes he explicado confirman que
el proyecto personalista de Ortega y financiado por Chávez, se empieza a parecer
más a los regímenes dictatoriales pro fascistas que tanto han hecho sangrar a
América Latina en el pasado.

Es cierto que estas nuevas formas de autoritarismo y totalitarismo, adornadas con
clichés como el rostro del Che o del General Sandino, ya no visten uniformes
militares. Eso no los hace menos peligrosos. En las próximas ponencias, mis
colegas de esta mesa seguramente darán más luces de que lo es ese ―arroz con
mango‖8 que se auto llama socialismo del Siglo XXI.

Por mi parte, insisto en recordar que el único antídoto a esos experimentos
autoritarios es la democracia en su sentido más amplio y moderno. Me refiero a la
democracia no sólo como sistema político sino como estilo de vida y de interacción
humana basada en la libertad y la no violencia. Cualquier especulación o
insinuación de que el Orteguismo puede ser vencido con golpes de Estado,
involucramiento de los militares o réplica de procesos como los vividos en el
hermano pueblo de Honduras, está fuera de lugar. Los problemas de la democracia,
sólo pueden ser resueltos con mayor entrega, pasión y convicción por la libertad.

Muchas gracias.

Managua, 26 de mayo de 2011.




8
    Frase coloquial nicaragüense para ilustrar una mezcla incompatible de cosas.


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DOCUMENT INFO
Description: Ponencia de Felix Maradiaga en el Foro “Socialismo del Siglo XXI”, organizado por la "Uni�n Nacional Americana" (UNA) en Managua (26 de mayo de 2011). En esta exposici�n, el Profesor Felix Maradiaga (MPA, Harvard University y Yale World Fellow de Yale University) explora las bases ideol�gicas y la naturaleza excesivamente personalista, familiar y autoritaria del r�gimen del presidente Daniel Ortega, en Nicaragua. El expositor argumenta que el modelo “Orteguista” tiene sorprendentes similitudes con "experimentos tir�nicos del pasado latinoamericano inspirados por aspectos del fascismo." Agrega que "el avance del Orteguismo es posible gracias al auspicio de Ch�vez a un proyecto pol�tico personalista y familiar que es diferente a otros modelos de izquierda en el continente."