La Sagrada Familia Jesús_ María y José by zhangyun

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									               La Sagrada Familia: Jesús, María y José
                                 B
MONICIÓN DE ENTRADA
Con toda alegría, propia del tiempo navideño, os deseamos nuestra más cordial
bienvenida. El jueves pasado celebramos el Gran Día: la Natividad del Señor. Y hoy
volvemos al templo para agasajar a los principales protagonistas de aquellas horas: a
Jesús, María y José: la Sagrada Familia. Y también queremos que la asamblea semanal
de hermanos que se quieren, en esta ocasión, sea como un canto fuerte y vibrante al
amor en la familia. Vivimos tiempos difíciles y de esa dificultad no se libra, tampoco, la
familia. Oremos con fe y entusiasmo a la Sagrada Familia de Nazaret para que impulse
la vida cristiana en todas las familias del mundo

MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS
1.- En la primera lectura vamos a leer un texto del Libro del Eclesiástico. El autor sabio
del Antiguo Testamento nos da enseñanzas firmes para que nuestras familias funcionen
en el amor y en la esperanza.
S.- El Salmo 127 es un canto constante de bendición del hombre justo al Señor Dios.
Pero a su vez esa bendición vuelve hacia los fieles convertida en apoyo de Dios al
camino de quienes en Él confían. Y ese entrelazamiento de Dios con quienes se
entregan a Él constituye esa doble corriente de amor y de ternura. Es la enseñanza que
hoy a nosotros debe traernos el salmo que vamos a proclamar.
2.- San Pablo en la segunda lectura, sacada de la Carta a los Colosenses, nos da el
esquema de vida que hará que todo lo deseable para nosotros sea realidad: ―que vuestra
vida la presida la misericordia, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión, el
perdón… y así la paz de Dios habitará en vuestros corazones.
3.- El Evangelio de San Lucas nos va a referir la presentación del Niño Jesús en el
Templo. Y en el prodigioso relato de Lucas escucharemos las profecías de Simeón y de
Ana sobre el futuro del Niño. La oración de Simeón, el ―Nunc Dimitis‖ es uno de los
grandes himnos litúrgicos del pueblo de Dios. Lo que anuncian las profecías es cuestión
de familia. es la vida de Jesús, y de María, y de José.

PRIMERA LECTURA
LECTURA DEL LIBRO DEL ECLESIÁSTICO 3, 2-6. 12-14
Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre
sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre
acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será
escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor
lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas;
aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre
no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
SALMO 127
R.- DICHOSOS LOS QUE TEMEN AL SEÑOR Y SIGUEN SUS CAMINOS.
 Dichoso el que teme al Señor, y sigue sus caminos. R.- Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R.- Tu mujer, como parra fecunda, en medio de tu casa; tus
hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa. R. - Ésta es la bendición del
hombreque teme al Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad
de Jerusalén todos los días de tu vida. R.-

SEGUNDA LECTURA
LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS COLOSENSES
3,12-21
Hermanos:
Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y amado, sea vuestro uniforme la
misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión.
Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El
Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor,
que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en
vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo.
Y celebrad la Acción de Gracias: la palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su
riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a
Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo
que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a
Dios Padre por medio de él.
Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor.
Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a
vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros
hijos, no sea que pierdan los ánimos.
Palabra de Dios

ALELUYA Col 3, 15. 16
Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; la palabra de Cristo habite
entre vosotros en toda su riqueza.

EVANGELIO
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 2, 22-40
Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo
llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor. (De acuerdo con lo escrito en la ley del
Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor"), y para entregar la
oblación, como dice la ley del Señor: "un par de tórtolas o dos pichones.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso,
que aguardaba el Consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido
un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.
Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres
para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios
diciendo:
-- Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos
han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para
alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los
bendijo, diciendo a María, su madre:
-- Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una
bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada
te traspasará el alma.
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer
muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los
ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y
oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a
todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a
su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría;
y la gracia de Dios lo acompañaba.
Palabra del Señor

HOMILÍAS
1.- ¡BENDICE NUESTRAS FAMILIAS!
Por Javier Leoz
¡Algo santo y bueno tiene la familia cuando, el Señor, quiso nacer en una de ellas!
1.- *Bendigamos a Dios por esta gran institución en la que, siendo pequeños, recibimos
el calor, el amor y el cuidado de nuestros padres.
*Bendigamos a Dios por esta iglesia doméstica, donde aprendimos los grandes valores
de la vida
*Bendigamos a Dios por esta comunidad de fe, la familia, en la que nuestros padres nos
han enseñado que, el cielo, es el hogar definitivo; que existe un Padre que nos ama con
locura; un Hijo que murió por salvarnos y un Espíritu que nos anima y nos empuja para
ser buenos cristianos.
*Bendigamos a Dios porque, a pesar de los avatares que está padeciendo, tarde o
temprano –la familia- volverá a ser el alma, la recuperación, el futuro y la salud de
nuestra sociedad. Porque, en la resistencia activa, es donde viene el triunfo de la verdad
sobre la mentira.
*Bendigamos a Dios, en este día de la Sagrada Familia, porque en Belén se nos
descubre que, la familia, es perdón, amor, comprensión, crecimiento, gratuidad y ganas
de salir al encuentro de los demás.
2.- Celebrar, en el marco de la Navidad, el día de la Sagrada Familia, es dejar que
espontáneamente surja un canto de agradecimiento al Señor por aquellos que hemos
tenido la suerte y la alegría de nacer y crecer en una familia.
Estamos viviendo un mar de confusión en muchos aspectos. Por ello mismo, la familia,
tal y como una inmensa mayoría la entendemos, siempre será aquel lugar donde
responsablemente nacen y crecen los hijos bajo la autoridad, responsabilidad,
compromiso y cercanía de los padres.
-No faltarán complicaciones: pero la fe saldrá a su encuentro
-Surgirán momentos de incomprensión: el perdón se hará gran aliado y buen bálsamo
para las heridas
-Brotarán instantes de incertidumbre y hasta múltiples crisis: pero el viento de la
constancia, de la caridad y de la prudencia, logrará que se disipen los nubarrones que
impiden ver el sol.
-Bendigamos a Dios, de todo corazón, por la familia. En ella nos situamos ante el
mundo. Sin ella, el mundo, las ideologías, la sociedad, nos roban nuestra intimidad y
hasta nuestra personalidad.
3.- El Señor, en Belén, nació con un sello indiscutible: IMPRONTA DEL DIOS VIVO.
No podemos consentir que, nada ni nadie, usurpe lo que es genuino y derecho de toda
familia: educar según los sentimientos y pensamiento de los padres.
José y María, para Jesús, quisieron y buscaron lo mejor. Avisados en sueños de las
intenciones de Herodes, dieron con un lugar seguro para que, Jesús, pudiera un día
cumplir su misión.
4.- También nosotros, miles y miles de familias, somos avisados por el ángel del Señor
para que seamos responsables en el cuidado de la educación de los hijos; para que no
caigamos bajo las garras de los ―nuevos Herodes‖ que intentan construir y manipular
marionetas, donde existen conciencias y personas.
Que la Sagrada Familia nos haga ser fuertes, valientes y decididos. Que este año, a
punto de expirar, sea para nosotros una llamada a tomar conciencia del papel que hemos
de jugar todos por recuperar, fortalecer y dar más vigor a nuestras familias en el
conjunto de la sociedad.
5.- Una familia; Jesús, José y María, han logrado cambiar la fisonomía, el corazón, la
cultura y el pensamiento de millones de personas y de decenas de países. Que nuestras
familias, con una buena salud espiritual, sean también una aportación a la paz y a la
energía general de nuestra sociedad. Dios nos acompaña en ese cometido. ¡Feliz
Navidad en familia!

2.- TANTAS FAMILIAS HERIDAS
Por José María Maruri, SJ
1.- El bondadoso Juan XXIII el día mismo que cumplía sus cincuenta años de edad
escribió en una carta ente párrafo a sus padres:
―Queridos padres: no quiero acabar este día, primero de mi quincuagésimo aniversario,
sin una palabra especial para vosotros a quienes debo la vida. Desde que salí de casa he
leído muchos libros y aprendido muchas cosas que vosotros no podíais enseñarme. Pero
lo poco que aprendí de vosotros en casa es ahora lo más precioso e importante, que
sostiene y de vida y calor a las demás cosas aprendidas después de tantos y tantos años
de estudio y enseñanza‖.
--Y el Padre Martín Descalzo, que cita estas palabras las hace suyas y dice de sí mismo:
―Las verdades decisivas, las raíces permanentes, lo que hace que hoy yo pueda mirar la
vida con serenidad y alegría lo debo a mi madre y a mi padre‖.
--Y en una época en que los hijos se rebelan contra los padres se sienten
incomprendidos por ellos, se pregunta a si mismo si el Papa Juan XXIII y él mismo no
serán bichos raros
Pues yo me uno a esos dos bichos raros para formar el tercero si no hay más, porque
alguna vez os he dicho que lo que ví y oí a mis padres, personas de poquísima
instrucción humana y religiosa es lo que mantiene mi corazón cálido y con energía para
enfrentarme con alegría a las dificultades de mi vida, que no han sido pocas. En
ambiente de Belén si los dos bichos raros anteriores se contentan con ser el buey y la
mula yo me contentaré con ser el burro, que alguno habría por allí.
2.- En una sociedad en que hay tantas familias heridas por divorcios y separaciones, por
la total incomprensión entre padres e hijos, la Iglesia sigue poniendo ante nuestros ojos
a la Sagrada Familia como modelo, y es una solemne estupidez decir que ninguna
familia, como se ha dicho, pede ser modelo ya que cada familia es diferente, como cada
hombre es diferente y tenemos como modelo al Señor Jesús.
Y es que reconocer la desgraciada situación de la familia actual no debe impedir que
sigamos tratando de crear familias en que los hijos, aunque seamos bichos raros,
bendigan a sus padres, les recuerden con inmenso cariño, se consideren siempre en
deuda con ellos, y reconozcan que lo mejor que llevan dentro se lo deben a esos dos
seres benditos que les dieron la vida.
Con esto no nos olvidamos de tantos hogares rotos, pero creo debemos proclamar que si
es importante escayolar huesos rotos o desencajados, lo es más procurar que no haya
esas rotura.
3.- Yo quiero creer que el Señor Jesús mantenía en su corazón sentimientos muy
parecidos a los de estos tres bichos raros, porque como hombre aprendió de José y
María viendo y oyendo de ellos, por eso nos dice el evangelio que el niño crecía en
sabiduría, aprendía y sin duda de los más cercanos.
4.- De ellos aprendió su mirada optimista de las cosas, por eso dirá que la semilla se
desarrolla sola mientras el labrador duerme y que aquello que parecía no llegar nunca al
fin brota en una maravillosa espiga. Aprendió de María el saber ver siempre lo bueno
que hay escondido en cada persona, y así lo supo ver en la pecadora de Magdala, en la
adúltera, en Zaqueo.
5.- El cariño que recibió de niño le hizo ser cariñoso con los niños a las que apretaba
contra su corazón y bendecía. La austeridad que fue la tónica de su familia le hizo saber
prescindir de todo y dormir sobre un duro cable en la barca. Aquella dedicación a todos,
vista día a día en sus padres, lo hizo después que fuera connatural en El no tener tiempo
ni para comer.
Creo que un Jesús así se une a nosotros, los bichos raros, para bendecir a su padre a su
madre, que supieron crear un ambiente en que tanto aprendió El.

3.- UN ANCIANO POSEÍDO DE ASOMBRO
Por Gustavo Vélez, mxy
―Cuando llegó el tiempo de la purificación de María, llevaron a Jesús a Jerusalén, para
presentarlo al Señor de acuerdo con lo que está escrito en la ley. Vivía entonces en
Jerusalén un hombre llamado Simeón‖. San Lucas, Cáp. 2.
1.- El asombro no siempre equivale a una perplejidad incómoda. También encierra un
contenido de alegría y una gran dosis de esperanza. San Lucas nos presenta a un
anciano, invadido por el asombro ante un Dios que se ha hecho hombre. Esto ocurrió
cuando María y José fueron con el Niño a Jerusalén. Ella, para el rito de la purificación.
El Niño, para ser rescatado, según las tradiciones judías.
Entre los hebreos, una visión pesimista del sexo consideraba el parto, no un pecado,
pero sí una impureza legal que impedía pisar el templo. De allí el rito para purificar a las
madres, cuarenta días después del alumbramiento. En cambio la ceremonia del rescate
se originó cuando Israel fue libertado del Faraón. Todos los primogénitos egipcios
habían muerto en la décima plaga. Entonces los primeros nacidos en las familias judías
serían propiedad del Señor y debían ser rescatados mediante una ofrenda que, en
tiempos de Jesús, consistía en cinco siclos de plata.
2.- Y sucedió que, mientras María y José con el Niño avanzaban por los atrios del
templo, un anciano llamado Simeón se acercó a la madre y como si la conociese desde
antes, tomó el Niño en sus brazos y recitó un salmo de gozo, reconociendo en él al
Mesías. El texto de san Lucas no copia exactamente lo pronunciado por el viejo. Pero sí
corresponde al asombro de Simeón, a quien el evangelista presenta como un anciano
bueno, que ―aguardaba la consolación de Israel‖. Comprendemos entonces que la fe, en
sus inicios, despierta nuestra capacidad asombro, ante las ―cosas grandes y
maravillosas‖ que el Señor realiza entre nosotros.
3.- Cuando en nuestros hogares se entiende que no todo es mecánico, o electrónico. Que
Dios continúa moviendo las ruedas invisibles de un mundo superior, a veces intangible,
entonces nos abismamos ante el misterio del amor y de la vida. Sentimos que una fuerza
superior nos eleva más allá, a otro nivel, donde afloran, se conjugan y proyectan los
valores del Evangelio. Todo esto lo intuyó aquel anciano frente a la primera Sagrada
Familia. Porque también lo son las nuestras, si en ellas descubrimos la presencia de
Jesús de Nazaret.
―Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz‖. Con esta plegaria se jubila aquel
que, durante muchos años, había esperado la ―consolación de Israel‖. Es decir, ese
cambio que entonces se iniciaba para la humanidad, con la llegada del Mesías. Por esto
Simeón define a Cristo como ―luz para todas las naciones‖.
--Tienes los ojos tristes, dijo el niño a su abuelo.
--No digas que son tristes, respondió el viejo, mis ojos más bien son usados.
--¿Qué me quieres decir?
-- Que están opacos, y sólo brillan cuando brotan las lágrimas. Pero escucha: Ojos
usados son aquellos que han podido borrar todas las amarguras y las pasadas culpas.
Que, al mirar tantas cosas inútiles, supieron desecharlas. Son los ojos que no guardan
rencor. Que saben asombrarse ante las maravillas que hace Dios diariamente. Son los
ojos que contagian comprensión y entusiasmo.

4.- LA FAMILIA, NUESTRO MEJOR TESORO
Por José María Martín OSA
1.- El amor y el respeto a los padres. En esta fiesta de la Sagrada Familia, la Iglesia nos
invita a contemplar la vida doméstica de Jesús, María y José. Dios hecho hombre quiso
nacer, vivir y ser educado en una familia. La familia es el primer ámbito educativo y de
integración en la sociedad. El «Dios con nosotros» quiso también vivir la experiencia de
la vida familiar. La primera lectura, del Eclesiástico, es un bello comentario al cuarto
mandamiento: «honrarás a tu padre y a tu madre». Dios bendice al que honra a sus
padres, y escucha sus oraciones. El libro del Eclesiástico nos dice cómo Dios bendice al
que honra y respeta a su padre y a su madre. Sin este respeto no es posible la educación.
Con la autoridad que Dios les ha confiado, los padres deben asumir su grave
responsabilidad educativa. A veces deberán contradecir los caprichos de sus hijos para
que aprendan el sacrificio, la renuncia, el dominio propio, el respeto. Sin valores como
estos, la convivencia familiar y social se deteriora gravemente. En cambio, como dice el
Salmo, quien teme al Señor será bendecido con la prosperidad.
2.- Las virtudes domésticas. San Pablo habla de las virtudes domésticas y de la unión en
el amor que deben caracterizar la vida de la familia cristiana: misericordia, bondad,
humildad, dulzura, comprensión. El amor mutuo es el que debe presidir todas las
relaciones familiares. Nos habla también de la oración de la familia, invitándonos a
cantar a Dios, darle gracias de corazón con salmos y cantos. San Pablo retoma el tema
del cuarto mandamiento, «honrarás a tu padre y a tu madre», como fundamento de las
relaciones familiares: ―Maridos, amad a vuestras mujeres… Hijos, obedeced a vuestros
padres en todo». De este amor y respeto mutuo brotan las bellas relaciones que san
Pablo enumera: la humildad, la comprensión, la dulzura, el perdón.
3.- Anticipo de la misión de Jesús. En el Evangelio de narra la Presentación del Niño
Jesús en el Templo de Jerusalén. El interés del relato no está ni en el rescate del Hijo
Primogénito ni en el rito de purificación de María, sino en la Plegaria-Himno y en las
Palabras Proféticas del Anciano Simeón y también las palabras elogiosas de la Profetisa
Ana. El anciano Simeón, iluminado por el Espíritu Santo, reconoce en el Niño Jesús al
"Mesías del Señor", al "Salvador", "Gloria de Israel" y "Luz, para iluminar a todas las
naciones". Al narrar los episodios en tomo a la Infancia de Jesús a San Lucas le interesa
sobre todo anticiparnos lo que iremos comprobando a lo largo del relato evangélico: lo
que el Señor hará, y le pasará, en su Ministerio Mesiánico. Las palabras proféticas de
Simeón sobre el Niño Jesús recuerdan aquellas otras del Señor: "No he venido a traer
paz, sino división". La actividad mesiánica de Jesús, marcada por el signo de la Cruz,
afectará a María su madre: "A ti una espada te traspasará el alma".
4.- Es difícil, más que nunca la educación de los hijos, pero hay que predicar con el
ejemplo. A veces se les da todo, sin darse cuenta de lo que implica. Ante todo, los
padres son los primeros educadores de sus hijos y deben ir con el ejemplo por delante.
Reflexionemos detenidamente sobre lo que dice esta ―Carta de un hijo a todos los
padres del mundo‖.
--No me gritesTe respeto menos cuando lo haces. Y me enseñas a gritar a mí también y
yo no quiero hacerlo. -- Trátame con amabilidad y cordialidad igual que a tus
amigosQue seamos familia, no significa que no podamos ser amigos. --Si hago algo
malo, no me preguntes por qué lo hiceA veces, ni yo mismo lo sé. --No digas mentiras
delante de mí, ni me pidas que las diga por ti (aunque sea para sacarte de un apuro).
Haces que pierda la fe en lo que dices y me siento mal.
-- Cuando te equivoques en algo, admíteloMejorará mi opinión de ti y me enseñarás a
admitir también mis errores. No me compares con nadie, especialmente con mis
hermanos-- Si me haces parecer mejor que los demás, alguien va a sufrir (y si me haces
parecer peor, seré yo quién sufra). Déjame valerme por mí mismo-- Si tú lo haces todo
por mí, yo no podré aprender. No me des siempre órdenesSi en vez de ordenarme hacer
algo, me lo pidieras, lo haría más rápido y más a gusto. --No cambies de opinión tan a
menudo sobre lo que debo hacerDecide y mantén esa posición. -- Cumple las promesas,
buenas o malasSi me prometes un premio, dámelo, pero también si es un castigo. --
Trata de comprenderme y ayudarmeCuando te cuente un problema no me digas: "eso no
tiene importancia..." porque para mí sí la tiene. -- No me digas que haga algo que tú no
haces
Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no me lo digas. Pero nunca haré lo
que tú digas y no hagas.
-- No me des todo lo que te pidoA veces, sólo pido para ver cuánto puedo recibir. --
Quiéreme y dímeloA mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo

5.- VIDA SENCILLA Y HUMILDE, MARAVILLOSA COMO NINGUNA OTRA
Por Antonio García-Moreno
1.- LA DIGNIDAD EXCELSA DE LOS PADRES.- "Dios hace al padre más respetable
que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre la prole" (Qo 3, 3) Hay un orden
natural que el Creador ha establecido desde el principio y que debe durar hasta el final
El padre merece el respeto y la veneración de los hijos. Estos, al fin y al cabo, le deben
la vida, que es lo más grande y hermoso que el hombre ha recibido. Además, a nuestros
padres debemos de ordinario lo que somos. Ellos nos iniciaron en el camino que hemos
recorrido y se sacrificaron -a veces de forma heroica- para sacarnos adelante. Se
desvelaron sin tregua cuando fue necesario, se preocuparon por nuestro bien, sufrieron y
lloraron por nuestro mal.
Por todo eso son merecedores de nuestra gratitud, de todos los sacrificios que sean
precisos para atenderles y cuidarlos. Con ello no haremos sino cumplir con nuestro
deber, pagar una deuda pendiente, saldar una cuenta antigua e ineludible. Además de ser
un deber de estricta justicia, Dios ha querido que sea también la mejor manifestación de
una auténtica caridad. Por eso el Señor valora y paga con creces cuanto hagamos por
nuestros padres. Si no amamos con obras a los nuestros, difícilmente podremos amar,
según Dios, a los demás.
"Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas." (Qo 3,
14) La exhortación del texto inspirado adquiere tonos de gran ternura. Así nos hace
comprender lo importante que es cuanto dice. Nos explica que nuestros padres son, en
cierto modo, los representantes de Dios, los instrumentos de que él se ha valido para
traernos a la existencia. De ahí que ofender a un padre es ofender, de forma singular, al
mismo Dios de quien, según San Pablo, procede toda paternidad.
Hay que ser constantes en el cumplimiento de este entrañable precepto. Sin embargo,
hay momentos en los que su obligatoriedad adquiere una fuerza particular. Así nos lo
enseña el autor inspirado cuando nos recomienda que nunca abandonemos a nuestros
padres, que seamos siempre indulgentes y comprensivos con ellos, también, y sobre
todo, cuando los años los han rendido. Ese período senil en que se vuelven como niños,
exigentes y raros quizá, intemperantes e impacientes, desequilibrados acaso por el paso
de los días y el peso de las penas.
Son momentos difíciles en los que nuestra paciencia se pondrá a prueba de mil maneras;
tiempo demasiado largo quizá en el que demostrar nuestra gratitud de hijos buenos. Ahí
nos espera Dios de modo único, nos da una ocasión irrepetible de practicar su divina ley
de amor. Si cumplimos con nuestra obligación, estemos seguros de que Dios nos lo
tendrá muy en cuenta a la hora del juicio.
2.- QUE DIOS TE BENDIGA.- "Dichoso el que teme al Señor..." (Sal 127, 1) Parece
contradictorio que haya dicha cuando hay temor, parece imposible que coexistan la
felicidad y el miedo. Y digo parece, porque Dios no puede afirmar una cosa tan absurda,
y mucho menos tratar de engañarnos con una frase que, si se toma como parece a
primera vista, es contraria en sí misma. Lo que ocurre es que las palabras hay que
entenderlas, atendiendo ante todo a lo que se quiere decir, y no contentándose con lo
que parece decir.
"Dichoso el que teme al Señor": El que tema al Señor guardará sus mandamientos,
andará por los caminos señalados por la sabiduría divina. Por eso precisamente será
muy dichoso... Nadie como Dios conoce lo que es bueno, nadie como él sabe lo que nos
beneficia, y nadie como él puede concedernos lo que necesitamos para alcanzar esa
dicha, que todos y cada uno anhelamos desde lo más íntimo de nuestro corazón.
"Comerás del fruto de tu trabajo, serás dichoso, te irá bien" (Sal 127, 2) Es lógico que
sea así. Y también es justo que ocurra de ese modo. Si somos fieles a Dios, si buscamos
agradarle en todo, si cumplimos con esmero su voluntad santísima, entonces el Señor
nos mira con un especial cariño, se siente inclinado amorosamente hacia nosotros. Es lo
mismo que ocurre con un padre respecto de los hijos que se portan bien. El cariño crece
cuando es correspondido, y los beneficios y favores se multiplican cuando quien los
recibe es agradecido.
Así, pues, para quienes cumplen con fidelidad los planes de Dios desciende la bendición
del salmo responsorial de la Misa de hoy: "Comerás del fruto de tu trabajo, serás
dichoso, te irá bien. Tu mujer como parra fecunda, en medio de tu casa; tus hijos como
renuevos de olivo alrededor de tu mesa. Esta es la bendición del hombre que teme al
Señor. Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos
los días de tu vida".
3.- ELLOS SON FAMILIA.- "Hermanos: Como pueblo elegido de Dios, pueblo sacro y
amado" (Col 3, 12) La Santa Madre Iglesia tiene en su liturgia una dominica dedicada a
la familia. Todos los años por estas fechas habla de esta realidad tan entrañable y tan
humana que es la familia. Ese grupo de seres que viven juntos los acontecimientos más
importantes de la vida: el nacimiento, la niñez, la adolescencia, la juventud, la madurez,
la ancianidad, la muerte, la esperanza en la Resurrección... Estos días son
eminentemente familiares, días para estar juntos, para convivir más cerca que nunca.
San Pablo nos recuerda que somos el pueblo elegido por Dios, que somos hijos suyos y
que por tanto hemos de comportarnos como tales. De modo especial en nuestra vida de
hogar, en donde pasamos la mayor parte de nuestra existencia. En casa, nuestra actitud
habitual ha de ser de misericordia entrañable, de bondad, de humildad, de dulzura y de
comprensión. El Apóstol nos sigue diciendo que el Señor nos ha perdonado y que, por
consiguiente, también hemos de hacer lo mismo cada uno de nosotros. Y por encima de
todo y siempre el amor, que es el ceñidor de la paz consumada... Familia en paz,
bendición de Dios que la Iglesia pide y desea para todos los hombres. Y es que si
vivimos en un ambiente familiar en el que reine la paz y la alegría de Dios, todas
nuestras dificultades están superadas.
"Y sed agradecidos: La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza...‖
(Col 3,16) Hay unos miembros de la familia que merecen una atención particular.
Dentro de esta institución natural y humana -repito, humana-, esas personas a las que
me refiero tienen una categoría especialísima. En realidad ellos son los que hicieron
posible esa familia. Me refiero a los ancianos, a esos hombres gastados por la vida,
heridos sin remedio por el tiempo. Esas mujeres cansadas, con el peso implacable de los
años sobre sus espaldas.
Ancianos que saben de luchas y de lágrimas, de trabajos y de sacrificios, de hondas
ingratitudes y de olvidos imperdonables. Ellos se lo merecen todo, ellos han de ser los
primeros, mucho antes que los hijos. Y esto por un deber de estricta justicia. Ellos, sean
como sean o hayan sido como hayan sido, ellos nos han dado lo mejor que tenemos: ¡la
vida!... Dios ha querido que el primer mandamiento de los siete dedicados al prójimo
sea precisamente el referente a los padres. Por eso, no amar a los padres es un grave
pecado, y si son ancianos un gravísimo pecado.
4.- PONER A DIOS EN EL CENTRO.- "Cuando llegó el tiempo de la purificación de
María..." (Lc 2, 22) Dentro del tiempo de Navidad celebra la liturgia la fiesta de la
Sagrada Familia. Con ello intenta la Iglesia que los creyentes, y todos los hombres,
fijemos la mirada en ese hogar de Nazaret, donde se desarrolló la vida sencilla y
humilde, maravillosa como ninguna otra, de Jesús, María y José, la Trinidad en la tierra
como la llamaron los clásicos de la literatura ascética.
Contemplación de la honradez de José, de la entrega amorosa de María, de la docilidad
alegre de aquel Niño que es el mismo Dios. Mirar y aprender, comparar su vida con la
nuestra. Repasar, a la luz diáfana y cálida de Nazaret, los rincones sucios y oscuros que
se hayan ido formando con el paso del tiempo en nuestra propia familia. Seamos
sinceros y reconozcamos que hay quizá serios descalabros, que pueden hundirnos en el
marasmo que nos circunda. Posiblemente esto es lo primero que hemos de detectar, que
la sociedad se nos pudre lentamente y que esa putrefacción ataca de forma particular a
la familia, cimiento sólido de la vida humana.
La principal lección que hemos de aprender en este día, para ponerla para ponerla en
práctica como remedio eficaz: Es preciso poner a Dios en el centro de nuestros hogares,
hacer norma suprema el cumplimiento esmerado de la voluntad divina. Nos dice el
Evangelio que "cuando llegó el tiempo de la purificación de María, según la ley de
Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén, para presentarlo al Señor...". Un detalle, como
otros muchos, que ponen de relieve la profunda religiosidad de aquellas dos almas
gemelas, la de María y la de José. Poner a Dios en el centro y cumplir, por encima de
todo egoísmo y estrechez de miras, sus mandamientos. Es cierto que en ocasiones será
costoso, pero no tanto como sufrir las consecuencias de nuestras pasiones y afán de
comodidad.
"El niño iba creciendo y robusteciéndose y se llenaba de sabiduría, y la gracia de Dios
lo acompañaba". Pues lo mismo que ocurría en el hogar de Nazaret, ocurrirá en los
nuestros. Habrá paz y alegría, la dicha que siempre brota donde hay amor que sabe de
renuncias y de comprensión. La unión indisoluble del matrimonio, elevado a
sacramento por Jesucristo, se reforzará con el paso de los años. Y el ejemplo de unos
padres que saben amar, sin desalientos ni veleidades, forjará a los hijos, capaces de
realizar algo grande en la vida.

6.- Y POR ENCIMA DE TODO ESTO, EL AMOR.
Por Gabriel González del Estal
La frase es de la carta de San Pablo a los fieles de Colosas, a los Colosenses, una
comunidad cristiana del Asia Menor que tenía bastantes problemas de convivencia. El
texto que hoy leemos es de una hondura humana y teológica grande. Hoy, fiesta de la
Sagrada Familia, podemos aconsejar esta lectura a todas las familias cristianas,
principalmente a las familias que estén viviendo momentos difíciles en su diario
convivir. Del diario convivir de la Sagrada Familia, la de José, María y Jesús, sabemos
muy poco. Si nos atenemos a los pocos datos que nos dan los evangelios, podemos
deducir que no fue un convivir fácil y rutinario: José tiene motivos suficientes para
sospechar de la fidelidad de su prometida, antes de empezar a vivir juntos; el niño nace
en un viaje accidentado y lleno de sobresaltos; al poco tiempo de nacer el niño, el
matrimonio tiene que salir huyendo de su país, porque el rey quiere matar al niño;
cuando el niño se hace ya mayorcito, decide por su cuenta quedarse en el templo,
dejando a sus padres angustiados y anhelantes; emprende después una vida de
predicador itinerante, enfrentándose a las autoridades civiles y religiosas, sin escuchar
los consejos de prudencia que le dan sus familiares; es perseguido y muere ajusticiado
en una cruz, como un criminal vulgar. Así transcurre la vida de Jesús, antes de la
resurrección. Una familia que ha tenido que vivir así, entre tanta angustia y sobresalto,
¿puede haber sido una familia santa y feliz? Sólo con una condición: que el amor haya
sido el vínculo y ceñidor de la unidad familiar. Por esto, he querido yo resaltar esta frase
de San Pablo, aplicada a la fiesta de hoy. Como creemos que la familia de Jesús fue una
familia santa y feliz, tenemos que concluir que fue una familia llena de amor. Sólo por
amor decidió José no denunciar a su prometida; sólo por amor soportó María el dolor
que le causó la espada que le atravesó el alma; sólo por amor aceptó Jesús ser bandera
discutida, cordero inmolado, luz de las naciones y gloria de su pueblo, Israel. Amor a
Dios, que se tradujo en obediencia, confianza y entrega, y amor al prójimo que les hizo,
a los tres, vivir siempre más preocupados por los demás que por sí mismos.
Vivir hoy en familia tampoco es nada fácil. Ni para los abuelos, ni para los padres, ni
para los hijos. No vamos a describir aquí las características de la familia actual, porque
es algo que conocemos todos por experiencia propia o ajena. La familia actual es una
familia plural en creencias y costumbres. Esta pluralidad dentro de la familia hace difícil
y hasta imposible la buena convivencia familiar, si no tenemos en cuenta los consejos
que San Pablo nos da en esta carta a los Colosenses. Sí, el uniforme de la familia debe
ser la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión, el
perdón y por encima de todo esto, el amor como ceñidor de la unidad consumada.
¡Claro!, podemos pensar, con este uniforme familiar se pueden atravesar valles, ríos y
montañas sin ahogarse, ni romperse. Pero, ¿qué familia es capaz de vivir, un día sí y
otro también, con este uniforme? Pues este es el reto y el mensaje que nos propone hoy
esta fiesta de la Sagrada Familia. Sabemos que es muy difícil, pero vamos a intentarlo.
Y para esto, vamos a pedirle a José, a María y a Jesús que nos ayuden a crecer
continuamente en sabiduría y que la gracia de Dios nos acompañe siempre.
7.- LAS “SAGRADAS FAMILIAS” DE LA VIDA COTIDIANA
Por Ángel Gómez Escorial
1.- Es frecuente ver a muchas ―sagradas familias‖ en el devenir cotidiano de cada día.
Una pareja joven, muy joven, con un bebé entre los brazos espera en el aeropuerto a
tomar su avión. Otra parecida ha entrado con prisa en el supermercado… El arte, que no
la Sagrada Escritura, nos ha querido presentar a San José como un anciano venerable. Y
no debió ser así. Lo que leemos en el Evangelio, la confidencia del ángel y otros
detalles, tales como el inicio de la inmediata huida a Egipto, nos hace pensar en un
joven y fuerte. Pudiera ser que José de Nazaret muriera pronto, pero eso no quiere decir
que fuera viejo. La edad media de las personas en tiempos de Jesús era muy corta, de
una treintena de años. Por eso la idea de un José venerable y anciano, no nos parece
lógica. Sería un joven que eligió a una chica un poco más joven que él para hacerla su
esposa. Eso es lo más lógico. Por eso me enternecen especialmente esas parejas jóvenes
que con un niño pequeño se mueven por ahí.
2.- Y por todo ello, la liturgia que es muy sabia, nos lleva el domingo que sigue a la
Navidad a una fiesta dedicada a la Sagrada Familia. No cabe la menor duda, aunque
resulte una obviedad, que una pareja comienza a ser familia cuando tiene su primer hijo.
Hasta entonces pues es eso: una pareja joven que proyecta crear una familia. Toda la
historia de la Navidad es un sin fin coincidencias, de bellas circunstancias que nos van
contando, precisamente, una historia familiar. José, de la estirpe de David, tiene que ir a
Belén, lugar de origen del gran Rey de Israel, para cumplimentar las condiciones de un
censo. Y le viene a María el tiempo de dar a luz. Se cumpliría la profecía según la cual
el Mesías habría que nacer en Belén de Judá. Pero la envidia de un reyezuelo –y sus
deseos asesinos de mantenerse en el trono—hace que tome una cruel decisión: eliminar
a unos bebés inocentes e indefensos. La familia de Nazaret avisada por un ángel marcha
al exilio. En estos tiempos hay muchas familias que emigran por necesidades
económicas, pero hay muchas otras que lo hacen porque peligra su vida en un ambiente
políticamente hostil. Y así esa idea de una familia joven viajando, transmitiendo una
cierta imagen de apuro o de desamparo pues nos lleva el recuerdo de la Sagrada
Familia.
2.- En este ciclo B leemos el evangelio de San Lucas que relata la presentación del Niño
en el Templo de Jerusalén. Era el rescate que Dios ―pedía‖ respecto a los primogénitos.
Tras ofrecer al primer hijo a Dios, pues se le ―recuperaba‖ mediante la entrega de un
donativo, que en caso de los pobres no era muy gravoso. Pero lo importante de esa
primera presencia del Niño Jesús en el templo, sería la profecía de Simón, hombre justo
que esperaba ver algún día al Mesías, al liberador de Israel. Y así fue. El Espíritu Santo
le hizo reconocer al Niño. También, la anciana Ana profetiza sobre el Niño. Y ellos,
María y José, la joven familia –igual que otras muchas que nosotros habremos visto—se
quedan asombrados de lo que de dice de su Hijo.
3.- Es cierto que muchas madres y no pocos padres cuando contemplan a su hijo, o a su
hija, todavía muy pequeños, piensan en que podrá ser en el futuro este niño o esta niña.
No admiten la ―regularidad‖ de que vaya a ser uno más, piensan y esperan que se
distinga y que pueda llegar lejos en la vida. Por eso tuvo que, entre sorprender y asustar,
las profecías que sobre Jesús se hacían en la entrada al Templo. Y es interesante hacer
notar, también, que tras la ceremonia religiosa de presentación y rescate los tres, la
Sagrada Familia, se volvieron a Nazaret, donde el Niño crecía, lleno de sabiduría y
gracia. Hay que reconocer que los evangelios nos dan pocos datos de la infancia de
Jesús, de la vida cotidiana de la Sagrada Familia. Por eso al principio de la era cristiana
se escribieron tantas historias –los apócrifos—sobre ese tiempo, que, desde luego, son
increíbles, ingenuas, y la mayor parte muy bellas. La imaginación popular deseaba
rellenar el vacío de conocimientos del devenir de esa familia joven de Nazaret. Es
lógico, aunque no sea ―canónico‖.
4.- Tanto la primera, como la segunda lectura son comunes en los tres ciclos litúrgicos.
Y la primera es del Libro del Eclesiástico donde –como acabamos de escuchar—se
habla de la familia y de la relación entre el padre, y la madre y los hijos. Es un buen
consejo ese de respetar a padre y madre. El gran defecto de la familia de hoy es que no
se acepta esa relación, no de superioridad, sino de mayor sabiduría que, por supuesto y
en general, habrá de tener un padre y una madre, respecto a sus hijos. Y eso llega, sobre
todo, porque hay más experiencia, aunque sólo sea eso. San Pablo en la Carta a los
colosenses dice sobre todo que la familia hay que vivirla en el Señor. Y eso es construir
un vínculo familiar basado en el Espíritu de Cristo. Cuando San Agustín, el Santo
Obispo de Hipona, creó su entorno, su regla de amigos, su orden en común para vivirla
como una familia. Vivir la familia en el Espíritu de Cristo es una inspiración
irrenunciable y válida para familias unidas por el vínculo de la sangre y para familias
basadas en una identidad de criterios religiosos respecto a la vida en común, pero
siempre con sentido de la familia. Meditemos y contemplemos hoy a la Sagrada Familia
de Nazaret, ejemplo para nosotros los cristianos y para todo el género humano. Sean
cristianos, o no.

ESCUCHANDO A LOS QUE PARECEN CHOCHEAR
Por Pedrojosé Ynaraja
1.- Yo no sé, mis queridos jóvenes lectores, si por donde vosotros vivís, hay palomas y
tórtolas. Que conste que me estoy refiriendo a las palomas libres, salvajes, torcaces. No
a las que abundan en muchas ciudades, simpáticas de inicio, molestas en muchos casos.
Las tórtolas son extraordinariamente simpáticas. Por mi entorno acostumbran a pasar el
verano, después parten a tierras más cálidas. No siempre ocurre así, este año no se han
ido. Hace muy pocos días me encontré por el camino, posada en el suelo, una pareja.
Frené, como siempre hago, y las miré. Se fueron, sin que ningún San José se las llevase,
perdieron la oportunidad de convertirse en ofrenda al Señor. Por mi parte admiré su
elegancia y alabé a Dios por ella. Su aparición no fue inútil.
2.- Os voy a contar porque me alegra el evangelio de la presente fiesta. El trayecto que
la menuda familita hizo, también lo he recorrido yo. Fue en una época en que las
circunstancias políticas lo permitían. Salimos un domingo por la mañana e hicimos a pie
los 11 kilómetros que nos separaban de Belén. Reconozco que no resultaba demasiado
evocador, ya que caminamos por una carretera que en nada se parecía al camino que
ellos hicieron. He vuelto en diversas ocasiones. Acompañado de peregrinos fervorosos o
envuelto en gente pobre, sospechosos para las autoridades militares, por el hecho de no
ser de su misma raza. Tal vez fue entonces, yendo sólo en autobús público, sin que
nadie se fijara en mí, dada mi condición de turista extranjero, cuando me sentí más
identificado con el relato. Mi condición personal en nada era semejante a la de la
parejita amada. Pero mi soledad, el sentir que lo que estaba viviendo a nadie le
emocionaba, por grande que fuera el misterio revivido, me compenetraba con la Sagrada
Familia.
3.- Me aparto ahora de recuerdos personales y comento el texto. No hay que olvidar la
situación personal de Santa María. Durante los cuarenta días pasados desde que nació el
Niño, había sufrido las correspondientes fiebres pauperales y la no menos molesta
depresión. Sufrir estos trastornos una mujer joven y santa, no la libraba de la
incomodidad de la Fe. Sí, Fe es riqueza, pero, como afirman los teólogos, esta virtud es
esencialmente oscura. Y María, mujer de Fe entre las que haya, no era una excepción.
Días repletos de emoción, de cambio de vida respecto a lo que había estado haciendo en
Nazaret. Un niño supone una gran dedicación personal. Desde la caricia, al darle de
mamar. Desde observar incipientes miradas e imaginarias sonrisa, hasta cambiar la ropa
y lavarla. Preparar la comida, moler el grano, hornearlo, no olvidar el agua…
4.- Y mientras tanto vivir la extraordinaria situación de poseer aquel Chiquillo, que era
aparentemente como los otros, realmente, presencia del misterio de Dios. La situación
se hacía sostenible porque era un matrimonio fiel. Fiel a las tradiciones del pueblo, que
le aseguraba la fidelidad de Dios para con ellos. La casita de Belén era el sagrario más
admirable que uno pueda imaginar. Cualquier sagrario es el belén más real que uno
pueda visitar. La fidelidad les llevó, a la semana después de haber nacido, a buscar a la
persona diestra y escogida que le circuncidara, como marcaba la Ley. La fidelidad,
ahora que habían pasado los días correspondientes, les encaminaba al Templo.
Las llevarían consigo o las compraron en Jerusalén, pienso en las tórtolas o los
pichones. Nada importa, entraron en el atrio con sus animalitos. María se sentía
protagonista de lo dicho a Moisés y estaba dispuesta a ofrecerle a Dios su hijo. No se
olvidaba, nunca se olvidaba de Nazaret y de lo que allí escuchó. José emocionado,
acompañaba. El rito fue simple, podían irse si querían.
5.- Pero no, alguien les salió al paso. Por entonces, tiempos de fracaso político y
nacional, habían surgido gentes piadosas, que no renunciaban a la esperanza. Uno de
estos, de avanzada edad, se les acercó. Sus ojos cansados fueron capaces de ver en
profundidad y hacia el futuro. Empezó por dar gracias a Dios. Era un hombre generoso.
Aceptó con sencillez la suerte que se le había concedido y que le acompañaría a la
tumba. Miró a la mujercita y no ocultó sus pensamientos. La gente vieja no teme quedar
mal, prefiere por encima de todo ser sincera. Aquella criatura que llevaba en brazos…
María entonces se acordó de lo que Gabriel le había dicho en Nazaret. Sí, sería
importante y grande. Hombre de conflictos y ella mujer de dolores, continuó diciendo…
De esto último nadie le había advertido. María lo escucho pensativa, lo guardó en lo
más íntimo de su corazón, como siempre hacía.
Si les sorprendió la intervención del vejete, mucho más chocante fue el encuentro con la
parlanchina Ana, viuda, profetisa y apóstol ¡anda ya! ¡Para que luego digan que a las
mujeres se les niega protagonismo!
Se volvieron aquel día a casa emocionados. Felices por haber sido fieles al mandato de
Dios hecho a Moisés. Satisfactoriamente fatigados. Intrigados por lo que habían oído.
Se habían de nuevo topado con el misterio. Privilegiada familia era, incómoda su
situación, pero aventurada, sin duda, y con felices prospectivas.
6.- Si alguna vez habéis pensado, mis queridos jóvenes lectores, que la Sagrada Familia
había sido una familia aburrida, os habréis dado cuenta hoy de que nada de eso eran. Y
lo que vendría después. La vuestra, en la que vivís, ¿se parece a la de Belén? La vuestra,
la que proyectáis, la que soñáis ¿tiene algo que ver con la que descansa en casa, después
del viaje? O ¿tal vez estáis pensando en que vale la pena dedicar vuestra existencia a
ayudar a que tantos matrimonios que carecen de medios materiales y espirituales,
gracias a vuestro esfuerzo, puedan vivir como José; María?
¿Quien de vosotros es capaz de imitar a Simeón o a Ana? ¿Quién se decide?
¿Estáis dispuestos a escuchar a ancianos, que como Simeón o Ana, fruto de su vida
espiritualmente rica, y de su Fe en Dios, os puedan revelar aquello que orientará vuestro
futuro?
(La Santa Madre Iglesia, nos encarga que, en la oración del final del día, repitamos las
palabras de Simeón: ahora, experimentada la bondad de Dios en la jornada que se acaba,
ahora podemos dormirnos satisfechos…) (Oración de completas)
La oración de los fieles
Padre en este domingo tan especial, para la familia, te presentamos las necesidades de
esta gran familia que es la Iglesia. Repetimos:
R.- PADRE, ATIENDE LA SÚPLICA DE TUS HIJOS.
1. – Por el Papa, representante de Cristo en el mundo para que continúe sin desfallecer
en su paternal cuidado por todos los hombres y así lleguemos a descubrir a Dios Padre
de todos.
OREMOS
2. – Por presidentes de las naciones, para que legislen siempre a favor de las familias y
atiendan sus dificultades.
OREMOS
3.- Por los enfermos y sus familiares para que sepan ver en el dolor la gracia de Dios y
así alivie y sane sus dolencias.
OREMOS
4. – Por los padres de familia, para que Dios les ilumine en la preciosa labor de la
educación de sus hijos.
OREMOS
5. – Por los niños y los jóvenes para que atiendan siempre la voz consejera y amorosa
de sus padres.
OREMOS
6. – Por los abuelos para que sean portadores en las familias de la fe que ellos
recibieron.
OREMOS
7. – Para que esta sociedad descubra la falacia que se esconde tras el aborto y ponga
todas sus fuerzas en combatirlo ayudando a las necesidades de aquellas madres en
dificultades.
OREMOS

Padre de la gran familia humana, haz que el Amor que nos nació en el pesebre inunde
cada hogar en particular y también la tierra entera. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro
Señor.
Amen.

Lectura de Postcomunión
 VER A DIOS
 Ver a Dios en la criatura, ver a Dios hecho mortal, ver en humano portalla celestial
hermosura.¡Gran merced y gran venturaa quien verlo mereció!¿Quién lo viera fuera yo
Ver llorar a la alegría, ver tan pobre a la riqueza,ver tan baja a la grandezay ver que
Dios lo quería.¡Gran merced fue aquel díala que el hombre recibió!¡Quién lo viera fuera
yo! Poner paz en tanta guerra,calor donde hay tanto frío,ser de todos lo que es
mío,plantar un cielo en la tierra.¡Qué misión de escalofríola que Dios nos confió!¡Quién
lo hiciera y fuera yo!Amen.(Diurnal. Himno de Laudes)


Exhortación de despedida
Apretémonos hoy muy especialmente con nuestros familiares, que el calor de nuestra
familia llegue a lo más profundo de nuestro ser. Pero no olvidemos que todos los
hombres y mujeres del mundo somos una familia, porque somos hermanos, como Jesús
nos dijo. Pero apretémonos también a la Familia de Nazaret: a Jesús, María y José. Ellos
son nuestros amigos y nuestro ideal.
Plegarias
ANTÍFONA DE ENTRADA Is 2,16
Los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el
pesebre

ACTO PENITENCIAL
El Señor Jesús, a quien recibimos hecho Niño en Belén, nos invita siempre a la paz y a
la reconciliación y muy especialmente en este Tiempo de Navidad. Usando su misma
generosidad nosotros nos reconocemos pecadores.
Señor, Tú que resucitaste para salvarnos, Señor ten piedad
Señor ten piedad
Señor, Tú que nos envías a tu Espíritu para que actuemos en paz y con amor,
Cristo ten piedad.
Señor, Tú que vienes al mundo a hacerlo más justo y solidario,
Señor ten piedad.

ORACIÓN COLECTA
Dios Padre nuestro, que has propuesto la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo a
los ojos de tu pueblo; concédenos, te rogamos, que, imitando sus virtudes domésticas y
su amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo
Por Nuestro Señor Jesucristo

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Al ofrecer, Señor, este sacrificio de expiación, te suplicamos, por intercesión de la
Virgen, Madre de Dios, y de San José, que guardes nuestras familias en tu gracia y en tu
paz verdadera.
Por Jesucristo Nuestro Señor

PLEGARIA EUCARÍSTICA

El Señor esté con vosotros
Levantemos el corazón
Demos gracias al Señor nuestro Dios
Padre Nuestro, eres digno de toda alabanza. Cuando miramos el mundo y su historia
Descubrimos tu presencia y tu Espíritu, sobre todo en este Tiempo de Navidad, cuando
tu Hijo querido ha nacido entre los hombres. Y se ha hecho como uno de nosotros para
salvarnos Tú eres, Dios Padre, el gran Pastor del universo has trazado el sendero de los
astros; luces inmensas que caminan por los espacios formando el incontable rebaño de
las estrellas. Tú eres quien abre la puerta del aprisco de los vientos, que, unas veces, se
desatan huracanados y, otras, acarician los trigos suavemente. Tuyas son las estaciones
que obedecen tu llamada Como ovejas que aman a su Pastor. La misma fuerza de
amorque alimentas en cada uno de nosotros, y en todos los pueblos, es un poema de
amor que te ofrecemos, Padre de todos los hombres y mujeres, con este canto de
alabanza SANTO, SANTO, SANTO

ANTÍFONA DE COMUNIÓN Bar 3.38
Dios apareció en el mundo y vivió entre los hombres
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Padre Nuestro, que nos amas y nos perdonas, concede a cuantos han renovado con estos
divinos sacramentos, imitar fielmente los ejemplos de la Sagrada Familia, para que,
después de las pruebas de esta vida, podamos gozar en el cielo de tu eterna compañía
Por Jesucristo Nuestro Señor

Lecturas dominicales en inglés francés y alemán
INGLÉS ENGLISH
Reading I Sir 3:2-6, 12-14
God sets a father in honor over his children; a mother's authority he confirms over her
sons. Whoever honors his father atones for sins, and preserves himself from them.
When he prays, he is heard; he stores up riches who reveres his mother. Whoever
honors his father is gladdened by children, and, when he prays, is heard. Whoever
reveres his father will live a long life; he who obeys his father brings comfort to his
mother.
My son, take care of your father when he is old; grieve him not as long as he lives. Even
if his mind fail, be considerate of him; revile him not all the days of his life; kindness to
a father will not be forgotten, firmly planted against the debt of your sins --a house
raised in justice to you.

Responsorial Psalm Ps 128:1-2, 3, 4-5
R. Blessed are those who fear the Lord and walk in his ways.
 Blessed is everyone who fears the LORD,who walks in his ways!For you shall eat the
fruit of your handiwork;blessed shall you be, and favored.R. Blessed are those who fear
the Lord and walk in his ways. Your wife shall be like a fruitful vinein the recesses of
your home;your children like olive plantsaround your table.R. Blessed are those who
fear the Lord and walk in his ways. Behold, thus is the man blessedwho fears the
LORD.The LORD bless you from Zion:may you see the prosperity of Jerusalemall the
days of your life.R. Blessed are those who fear the Lord and walk in his ways.

Reading II Col 3:12-21
Brothers and sisters:
Put on, as God's chosen ones, holy and beloved, heartfelt compassion, kindness,
humility, gentleness, and patience, bearing with one another and forgiving one another,
if one has a grievance against another; as the Lord has forgiven you, so must you also
do. And over all these put on love, that is, the bond of perfection.
And let the peace of Christ control your hearts, the peace into which you were also
called in one body. And be thankful.
Let the word of Christ dwell in you richly, as in all wisdom you teach and admonish one
another, singing psalms, hymns, and spiritual songs with gratitude in your hearts to
God. And whatever you do, in word or in deed,
do everything in the name of the Lord Jesus, giving thanks to God the Father through
him. Wives, be subordinate to your husbands, as is proper in the Lord.
Husbands, love your wives, and avoid any bitterness toward them. Children, obey your
parents in everything, for this is pleasing to the Lord. Fathers, do not provoke your
children, so they may not become discouraged.
Gospel Lk 2:22, 39-40
When the days were completed for their purification according to the law of Moses,
they took him up to Jerusalem to present him to the Lord.
When they had fulfilled all the prescriptions of the law of the Lord, they returned to
Galilee, to their own town of Nazareth. The child grew and became strong, filled with
wisdom; and the favor of God was upon him.

FRANCÉS- FRANÇAIS
Première lecture
Ben Sirac (Ecclésiastique) Chapitre 3, 3-7. 14-17a.
Le Seigneur glorifie le père dans ses enfants, il renforce l'autorité de la mère sur ses fils.
Celui qui honore son père obtient le pardon de ses fautes, celui qui glorifie sa mère est
comme celui qui amasse un trésor. Celui qui honore son père aura de la joie dans ses
enfants, au jour de sa prière il sera exaucé. Celui qui glorifie son père verra de longs
jours, celui qui obéit au Seigneur donne du réconfort à sa mère.
Mon fils, soutiens ton père dans sa vieillesse, ne le chagrine pas pendant sa vie. Même
si son esprit l'abandonne, sois indulgent, ne le méprise pas, toi qui es en pleine force.
Car ta miséricorde envers ton père ne sera pas oubliée, et elle relèvera ta maison si elle
est ruinée par le péché.

Psaume 127 (128) 1-2. 3. 4-5.
R. Heureux qui craint le Seigneur et marche selon ses voies !
 Heureux qui craint le Seigneuret marche selon ses voies ! Tu te nourriras du travail de
tes mains :Heureux es-tu ! A toi, le bonheur ! R. Ta femme sera dans ta maison comme
une vigne généreuse, et tes fils, autour de la table, comme des plants d'olivier. R. Voilà
comment sera béni l'homme qui craint le Seigneur. De Sion, que le Seigneur te bénisse
!Tu verras le bonheur de Jérusalem tous les jours de ta vie. R.

Deuxième lecture
Lettre aux Colossiens Chapitre 3, 12-21.
Puisque vous avez été choisis par Dieu, que vous êtes ses fidèles et ses bien-aimés,
revêtez votre coeur de tendresse et de bonté, d'humilité, de douceur, de patience.
Supportez-vous mutuellement, et pardonnez si vous avez des reproches à vous faire.
Agissez comme le Seigneur : il vous a pardonné, faites de même. Par-dessus tout cela,
qu'il y ait l'amour : c'est lui qui fait l'unité dans la perfection. Et que, dans vos coeurs,
règne la paix du Christ à laquelle vous avez été appelés pour former en lui un seul corps.
Vivez dans l'action de grâce. Que la parole du Christ habite en vous dans toute sa
richesse ; instruisez-vous et reprenez-vous les uns les autres avec une vraie sagesse ; par
des psaumes, des hymnes et de libres louanges, chantez à Dieu, dans vos coeurs, votre
reconnaissance. Et tout ce que vous dites, tout ce que vous faites, que ce soit toujours au
nom du Seigneur Jésus Christ, en offrant par lui votre action de grâce à Dieu le Père.
Vous les femmes, soyez soumises à votre mari ; dans le Seigneur, c'est ce qui convient.
Et vous les hommes, aimez votre femme, ne soyez pas désagréables avec elle. Vous les
enfants, en toutes choses écoutez vos parents ; dans le Seigneur, c'est cela qui est beau.
Et vous les parents, n'exaspérez pas vos enfants ; vous risqueriez de les décourager.

Evangile Lc 2, 22, 39-40
Quand arriva le jour fixé par la loi de Moïse pour la purification, les parents de Jésus le
portèrent à Jérusalem pour le présenter au Seigneur, selon ce qui est écrit dans la Loi.
Lorsqu'ils eurent accompli tout ce que prescrivait la loi du Seigneur, ils retournèrent en
Galilée, dans leur ville de Nazareth. L'enfant grandissait et se fortifiait, tout rempli de
sagesse, et la grâce de Dieu était sur lui.

ALEMÁN DEUTSCHE
1. LesungSir 3, 2-6.12-14
Lesung aus dem Buch Jesus Sirach
Denn der Herr hat den Kindern befohlen, ihren Vater zu ehren, und die Söhne
verpflichtet, das Recht ihrer Mutter zu achten.
Wer den Vater ehrt, erlangt Verzeihung der Sünden, und wer seine Mutter achtet,
gleicht einem Menschen, der Schätze sammelt.
Wer den Vater ehrt, wird Freude haben an den eigenen Kindern, und wenn er betet, wird
er Erhörung finden.
Wer den Vater achtet, wird lange leben, und wer seiner Mutter Ehre erweist, der erweist
sie dem Herrn.
Mein Sohn, wenn dein Vater alt ist, nimm dich seiner an, und betrübe ihn nicht, solange
er lebt.
Wenn sein Verstand abnimmt, sieh es ihm nach, und beschäme ihn nicht in deiner
Vollkraft!
Denn die Liebe zum Vater wird nicht vergessen, sie wird als Sühne für deine Sünden
eingetragen.

AntwortpsalmPs 128 (127), 1-2.3.4-5
R.- Selig die Menschen, die Gottes Wege gehen!
 Wohl dem Mann, der den Herrn fürchtet und ehrt und der auf seinen Wegen geht!Was
deine Hände erwarben, kannst du genießen;wohl dir, es wird dir gut ergehen. - (R) Wie
ein fruchtbarer Weinstock ist deine Fraudrinnen in deinem Haus.Wie junge Ölbäume
sind deine Kinderrings um deinen Tisch. - (R) So wird der Mann gesegnet,der den
Herrn fürchtet und ehrt.Es segne dich der Herr vom Zion her.Du sollst dein Leben lang
das Glück Jerusalems schauen. – (R)

2. LesungKol 3, 12-21
Lesung aus dem Brief des Apostels Paulus an die Kolosser
Brüder!
Ihr seid von Gott geliebt, seid seine auserwählten Heiligen. Darum bekleidet euch mit
aufrichtigem Erbarmen, mit Güte, Demut, Milde, Geduld!
Ertragt euch gegenseitig, und vergebt einander, wenn einer dem andern etwas
vorzuwerfen hat. Wie der Herr euch vergeben hat, so vergebt auch ihr!
Vor allem aber liebt einander, denn die Liebe ist das Band, das alles zusammenhält und
vollkommen macht.
In eurem Herzen herrsche der Friede Christi; dazu seid ihr berufen als Glieder des einen
Leibes. Seid dankbar!
Das Wort Christi wohne mit seinem ganzen Reichtum bei euch. Belehrt und ermahnt
einander in aller Weisheit! Singt Gott in eurem Herzen Psalmen, Hymnen und Lieder,
wie sie der Geist eingibt, denn ihr seid in Gottes Gnade.
Alles, was ihr in Worten und Werken tut, geschehe im Namen Jesu, des Herrn. Durch
ihn dankt Gott, dem Vater!
Ihr Frauen, ordnet euch euren Männern unter, wie es sich im Herrn geziemt.
Ihr Männer, liebt eure Frauen, und seid nicht aufgebracht gegen sie!
Ihr Kinder, gehorcht euren Eltern in allem; denn so ist es gut und recht im Herrn.
Ihr Väter, schüchtert eure Kinder nicht ein, damit sie nicht mutlos werden.

Evangelium Lk 2, 22.39-40
Aus dem heiligen Evangelium nach Lukas
Es kam für die Eltern Jesu der Tag der vom Gesetz des Mose vorgeschriebenen
Reinigung. Sie brachten das Kind nach Jerusalem hinauf, um es dem Herrn zu weihen.
Als seine Eltern alles getan hatten, was das Gesetz des Herrn vorschreibt, kehrten sie
nach Galiläa in ihre Stadt Nazaret zurück.
Das Kind wuchs heran und wurde kräftig; Gott erfüllte es mit Weisheit, und seine
Gnade ruhte auf ihm.

								
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