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Capítulo 4 by liuhongmei

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									                                           Capítulo 4
                                La efectividad debe aprenderse
Todo trabajador del conocimiento debe ser efectivo, ser eficiente. Las personas muy inteligentes son
comunes entre esta clase de trabajadores, pero no existe una correlación directa entre efectividad e
inteligencia, muchos son sorprendentemente ineficaces, su intuición no es suficiente a no ser que se trabaje
duro y de forma sistemática, en cambio existen trafagones altamente efectivos que avanzan a paso de
tortuga.

POR QUÉ NECESITAMOS EFECTIVIDAD
El trabajo manual sólo requiere eficiencia, por lo que puede ser calibrado según la calidad y la cantidad;
antiguamente predominaba en las organizaciones. Entonces se requería muy poca efectividad, y los de la
cumbre ordenaban, al ser éstos una fracción mínima de los trabajadores por lo que se daba por supuesto su
efectividad (no se podía comparar).
La gente poseedora de conocimientos trabaja en empresas donde es efectiva al contribuir con algo en las
organizaciones. El trabajo cerebral es efectivo cuando se aplica a lo verdadero, y no puede ser medido
según las pautas del trabajo manual. No puede ser supervisado minuciosamente, sólo cabe ayudarle, y debe
autodirigirse por si mismo a la ejecución y contribución, o sea hacia la efectividad. En verdad nunca
sabremos en que piensa el trabajador cerebral, mientras que el pensar contribuye a su labor específica.
La motivación del trabajador cerebral depende de su efectividad, de lo que es capaz de realizar; no produce
nada que sea efectivo en sí mismo, por si misma su producción es inútil, alguien debe apropiarse de ellos y
convertirlos en propios para que se tornen reales.

¿QUIÉN ES UN EJECUTIVO?
Todo trabajador del conocimiento es un ejecutivo si lo que aporta gravita en el funcionamiento y resultados
de la organización, debe adoptar decisiones, no sólo dedicarse a cumplir órdenes y mantendrá su control
sobre metas, pautas y contribuciones. El manejar personas no está relacionado con ser ejecutivo. La
autoridad del conocimiento es tan legítima como la de la posición. Para ello el trabajador del conocimiento
planifica, organiza, evalúa y motiva por limitada que sea su esfera.

REALIDADES EJECUTIVAS
A menos que el trabajador se esfuerce por ser efectivo, las realidades de la situación lo arrastraran a la
futilidad. Debe afrontar cuatro realidades que escapan a su control que lo empujan hacia la no ejecución y
la esterilidad:
1. El tiempo del trabajador del conocimiento pertenece a los demás, cualquiera puede interferir en su
   tiempo y todos lo hacen. Y poco puede hacer por evitarolo.
2. El ejecutivo está obligado a seguir “operando”. Los eventos por si mismos no les aclaran cuales son
   importantes y cuales son meras distracciones, ni siquiera constituyen un síntoma. Si su conducta se
   basa en éstos perderá su tiempo. El ejecutivo debe poseer su criterio, aunque éste no emane de los
   sucesos.
3. La integración del ejecutivo en la organización le impele a la inoperancia. La organización se se apropia
   de los conocimientos y los transforma en recurso, motivación y visión de otros trabajadores. Cada uno
   debe ser capaz de utilizar lo que otros producen. Las personas que gravitan en la efectividad de un
   ejecutivo no se hallan bajo su control directo. Si el ejecutivo no se acerca a ellas y se hace efectivo a
   través de ellas, no será eficiente.
4. El ejecutivo se halla dentro de una organización, la cual es su más inmediata realidad, por lo que ve un
   exterior distorsionado, no capta lo que ocurre en el exterior, sin embargo los resultados se producen
   fuera de la empresa.
Dentro de toda organización sólo hay esfuerzos y costos, cuanto menos deba esforzarse para obtener
resultados, mejor cumplirá su cometido. Cuanto menos gente ocupe y más insignificante sea su actividad
interior tanto más se aproximará a la perfección. Cuanto más grande y próspera tenderá a absorber la
curiosidad, las energías y habilidades del ejecutivo excluyéndolo de sus verdaderas tareas y privarlo de
eficacia.
El ordenador todavía lo agrava más, ya que sólo manipula datos cuantitativos, pues los hechos exteriores
raramente aparecen y si lo hacen es demasiado tarde., ya que éstos son de índole cualitativa y por lo tanto
no mesurables, marcan los cambios, no las tendencias que son las que señalan el éxito o el fracaso. En
cambio el hombre no es lógico si no perceptivo (su fuerza). La gran masa de información que proporciona,
puede impedir ver la realidad, ordenadoritis aguda.
Estas cuatro realidades no pueden ser modificadas son cuatro condiciones básicas de la existencia del
ejecutivo.

LA PROMESA DE EFECTIVIDAD
Mediante el aumento de efectividad podremos aumentar el rendimiento, ejecución y satisfacción del
trabajador del conocimiento, por lo que podríamos utilizar gente más idónea y con más conocimientos
(superhombres). Al final habremos de administrar nuestras empresas con hombres tal como son.
La experiencia indica que el hombre más abundante es el incompetente universal, que como mucho tiene
una capacidad, por lo que deberemos aprender a estructurar nuestras empresas.
Los eruditos tienden a especializarse en pequeños sectores. Por loo tanto tenemos que aprender a utilizar
mejor a las personas que sean competentes en diferentes áreas.

¿PUEDE APRENDERSE LA EFECTIVIDAD?
Si la eficiencia fuera un don, estaríamos en un aprieto, sólo en una ínfima minoría es un don innato. Así
surgen varios interrogantes: ¿en qué consiste?, ¿qué debemos aprender?, ¿de qué naturaleza es dicho
aprendizaje?, ¿es una práctica que se adquiere repitiendo una y otra vez ciertos conceptos básicos?....
Un consultor no tiene más autoridad que las de sus conocimientos. El más eficiente de los consultores será
ineficaz dependiendo del personal interno de la empresa cliente.
Tampoco existe una personalidad tipo eficiente, todas son válidas, pero tienen un punto en común, es la
habilidad para conseguir que se hagan las cosas. O sea las personas eficientes difieren entre si de forma
notable. Todas tienen en común la práctica, la efectividad es un hábito que debe repetirse hasta la
extenuación. Por muy inteligente, diestro o imaginativo que se sea si no hay práctica se es ineficaz.

								
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