¿A dónde entró Jesús después de ascender al cielo desde el monte de los Olivos?
Un comentario sobre Hebreos 9:12
NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 10 de Hebreos CBA T7.483. "En la Biblia repetidas veces se hace referencia al gran plan que Dios ideó para la salvación de los seres humanos, plan que tiene como centro y fundamento ¿El sacrificio de nuestro Señor en el Calvario y su ministerio en el cielo por nosotros. Cuando Dios llamó a un pueblo escogido como suyo, una de sus primeras revelaciones a ese pueblo fue acerca del plan de salvación. Dios instruyó a Moisés 483 para que le construyera un santuario a fin de poder habitar "en medio de ellos" (ver com. Exo. 25: 8). Ese santuario estaba dividido en dos compartimientos (ver com. Exo. 26: 31-37), en cada uno de los cuales se colocaron ciertos muebles muy importantes. En el primer compartimiento estaban la mesa de los panes de la proposición, el candelero de siete brazos y el altar del incienso; cada día se celebraban allí determinados servicios. En el segundo compartimiento estaba el arca del pacto, y en ese lugar se celebraba sólo un servicio en el día cumbre del ciclo anual: el día de la expiación. En relación con los servicios que se celebraban en ambos compartimientos, se ofrecían sacrificios de animales y se derramaba su sangre (ver t. I, pp. 710-723). Este santuario fue hecho de acuerdo con un "modelo" que le fue mostrado a Moisés "en el monte" (Exo. 25: 40; ver com. Exo. 25: 9; Hech. 7: 44). En el cielo se halla el original, del cual el santuario terrenal era una "sombra" (ver com. Heb. 8: 5; 9: 23). El apóstol Juan, a quien le fueron reveladas repetidas vislumbres proféticas del cielo, dice que "fue abierto en el cielo el templo del tabernáculo del testimonio" (ver com. Apoc. 15: 5). En ese templo vio en visión celestial el "arca" (cap. 11: 19), y también el altar del incienso (ver com. cap. 8: 3). Pablo, el autor de Hebreos, habla de nuestro "sumo sacerdote" en el cielo (Heb. 3: 1; 9: 24), quien se sacrificó "una vez para siempre" y derramó su sangre en favor de los pecadores que se arrepientan (ver com. cap. 9: 24-26; 10: 12).
Por éstos y otros pasajes que podrían citarse es evidente que el santuario terrenal con sus dos compartimientos y su ciclo de servicios, es una "sombra" o bosquejo de la obra de Cristo por los pecadores en el Calvario y en el cielo. Es muy probable que podamos hablar con más seguridad acerca de los servicios del santuario que de cualquier otro aspecto de lo que Dios ha hecho para relacionarse con el hombre, porque allí se presenta delante de nosotros, tan fielmente como pueden hacerlo los símbolos del santuario terrenal, el gran original que se halla en el ciclo. Por lo que nos enseña el santuario terrenal podemos deducir ciertas conclusiones acerca del celestial. El ministerio terrenal no podía comenzar hasta que el sacerdote no hubiera ofrecido un sacrificio; Cristo comenzó su obra como nuestro sumo sacerdote en el santuario celestial después de ofrendarse a sí mismo. El santuario terrenal tenía dos fases o etapas que se llevaban a cabo en sus dos compartimientos o divisiones; el celestial tiene también esas dos etapas. El servicio del santuario terrenal se desarrollaba en su primera etapa y compartimiento hasta que llegaba el día más solemne de todos: el día de expiación. El servicio del santuario celestial estuvo vinculado con la primera etapa hasta ese día, ya cerca del fin de la historia de la tierra, cuando nuestro gran sumo sacerdote entró en la segunda fase o etapa de su ministerio sacerdotal. La profecía de Dan. 8: 14 (ver comentario respectivo) y la de Dan. 9: 25, nos muestran que Cristo comenzó esa segunda fase en 1844. Sin embargo, como se ha hecho notar en el comentario de Exo. 25: 9, es vano especular en cuanto a las dimensiones, la apariencia exacta, o la disposición precisa del santuario celestial, pues "ningún edificio terrenal podría representar la grandeza y la gloria del templo celestial" (PP 371). El hombre es la "imagen de Dios" (Gén. 1: 27), y sin embargo sólo Cristo es "la misma imagen de su sustancia" (Heb. 1: 3). El santuario terrenal fue hecho conforme al modelo celestial; era, pues, una vívida representación de los diferentes aspectos del ministerio de Cristo en favor del hombre caído (PP 371). Podemos hablar correctamente del "lugar santo" y del "lugar santísimo" del santuario celestial, pues al hacerlo usamos el lenguaje y los símbolos del santuario terrenal (Exo. 26: 33-34) para entender, de la mejor manera posible, la verdad concerniente al santuario celestial. Pero al basarnos en lo que conocemos del terrenal, no debemos permitir que ningún tipo de perplejidad en la comprensión del santuario celestial opaque en nuestra mente las grandes verdades enseñadas por esa "sombra"
terrenal, una de las cuales es que el ministerio de Cristo en nuestro favor se lleva a cabo en dos fases o en "dos grandes divisiones", empleando las palabras de Elena G. de White (PP 371). Esta verdad es vital para la debida comprensión de la obra de nuestro gran sumo sacerdote. Para un estudio más completo de este tema, pueden leerse los comentarios de los textos citados. La Epístola a los Hebreos trata de la obra de Cristo como nuestro sumo sacerdote. En ciertos casos, por ejemplo el cap. 9, Pablo habla de dos compartimientos del tabernáculo terrenal y le da cierta aplicación al ministerio 484 de Cristo en el cielo. Por lo tanto, este libro veces ha sido el centro de una discusión teológica en cuanto a la interpretación de las palabras de Pablo acerca de dicho tema, particularmente en cuanto a si enseña que hay dos compartimientos en el santuario celestial, o "dos grandes divisiones" del ministerio sacerdotal de Cristo. Este Comentario sostiene firmemente que el ministerio celestial de Cristo se lleva a cabo en "dos grandes divisiones", o empleando el simbolismo de las Escrituras, en el "lugar santo" y después en el "lugar santísimo" del santuario celestial (ver especialmente com. Exo. 25: 9; Dan. 8: 14); pero considera que no ha de buscarse en el libro de Hebreos una presentación definitiva de este asunto. Los primeros cristianos de origen judío estaban muy perplejos con el problema de si debían participar o no en los servicios realizados en el santuario terrenal, que ellos y sus antepasados habían considerado durante mil quinientos años como centro y fundamento de la verdadera vida religiosa (ver t. VI, pp. 32-35), Pablo procura mostrar por medio de una serie de paralelos y de contrastes, que ya no debían consagrar su lealtad y dedicación al santuario terrenal porque Dios ya había establecido aquello de lo cual lo terrenal no era sino una "sombra" (ver la Introducción a Hebreos, pp. 404-407), donde hay una amplia lista de esos paralelos). Por ejemplo, el autor de Hebreos habla del sacerdote inmortal del cielo, comparado con los sacerdotes mortales de la tierra (ver com. Heb. 7: 23-24, 28), del sacrificio incomparable de Cristo en contraste con el sacrificio de animales (ver com. cap. 9: 11-14, 23-26; 10: 11- 14); y llega a la grandiosa conclusión de que ahora hay un "tanto mejor ministerio" (ver com. cap. 8: 6) al alcance de los hijos de Dios. Ya no necesitamos recurrir más a sacerdotes terrenales para presentar ante Dios nuestras súplicas en busca de perdón. Nosotros podemos ahora ir directa y confiadamente al trono de la gracia en virtud de nuestro gran sumo sacerdote celestial (ver com. cap. 4: 14-16; 10:
19-22). Pablo tenía que establecer esta verdad fundamental de la inmensa superioridad del santuario celestial, para persuadir a los cristianos de origen judío a apartar para siempre su atención de los sacerdotes y del santuario terrenal para fijarla en el gran Sacerdote y en el santuario celestial. Pablo concentra sobre esta verdad su apasionado tema acerca del santuario. Este Comentario sostiene que si las declaraciones de Pablo en Hebreos se comparan con otros pasajes bíblicos que tratan más ampliamente con las "dos grandes divisiones" del servicio del santuario, aparece nítidamente un cuadro bíblico muy completo en cuanto a la naturaleza y a la preeminencia del ministerio de Cristo por nosotros como sumo sacerdote." Tomado de: NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 10 de Hebreos CBA T7.483.
Cuando leemos Hebreos 9:12 en la Reina Valera de 1960 se lee: "(Heb 9:12) y no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de su propia sangre, entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, habiendo obtenido redención eterna." Énfasis suplido. Si esto fuese así tendríamos varios problemas: Se cree que NS Jesús ascendió al cielo en el año 31, pero si el texto de Pablo fuese de esa manera, Jesús hubiese pasado al lugar santísimo del santuario. De esa manera el 22 de Oct. de 1844 quedaría sin validez. Eso no daría razón de ser a nuestra iglesia, ya que el mensaje de la hora del juicio está basado precisamente en el paso de Jesús del lugar santo al santísimo. Entraremos a ver otras traducciones de la Biblia para ver como los traductores han traducido ese texto. Comenzamos con una de las mejores traducciones que conozco, la King James Version o KJV. Heb 9:12 Neither by the blood of goats and calves, but by his own blood he entered in once into the holy place,39 having obtained eternal redemption for us." holy place es la expresión para lugar santo. Versión Reina Valera de 1909 (RV1909) Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, mas por su propia sangre, entró una sola vez en el santuario, habiendo obtenido eterna redención.
Versión Sagradas Escrituras: (SSE) y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre entró una sola vez en el Santuario diseñado para eterna redención. Versión Biblia de Jerusalén (1976) "12 Y penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna." La concordancia de Strong, presenta este texto así en la palabra santuario: "Strong G39 hagion hag'-ee-on Neuter of G40; a sacred thing (that is, spot): - holiest (of all), holy place, sanctuary." Traduacción: hagion hag'-ee-on neutro de G40; una cosa sagrada - más santo, lugar santo, santuario. Strong G40 hagios hag'-ee-os From hagos (an awful thing) compare G53, [H2282]; sacred (physically pure, morally blameless or religious, ceremonially consecrated): - (most) holy (one, thing), saint. Traduacción:De hagos (una cosa horrible) compare G52 [H2282]; sagrado (fisicamente puro, moralmente sin culpa o religioso, ceremonialmente consagrado):- (mas) santo (una, cosa), santo. CBA T 7 Pag. 469. en Heb. 9: 12 El Lugar Santísimo. "El Lugar Santísimo. Gr. ta hágia, "lo santo", "los lugares santos", "el santuario". Mejor es la traducción "santuario" (BJ, BC, NC, RVA). Ver Nota Adicional del cap. 8. El códice porfiriano (siglo IX) dice ta hágia ton hagíon, "santo de los santos", pero la evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto ta hágia. Después de que Cristo hubo ofrecido "su propia sangre" en el Calvario y ascendido al cielo, entró "dentro del velo" (ver com. cap. 6: 19; cf. Nota Adicional del cap. 10)." Vemos entonces que el "problema" queda arreglado. El texto puede leerse con toda confianza "santo" en lugar de santísimo. Hace algunos años cuando iniciaba en estos caminos, me encontraba dando un estudio sobre el santuario a un amigo y di con este texto. Gracias a Dios mi amigo no preguntó al respcto, pero en mi mente, sonó una campana: "¿Cómo es esto?". Por supuesto comenzó la investigación al respecto y he querido compartirla con Ustedes. Comentarios de EGW en Heb 9:12 :
Conflicto de los Siglos 473; "Y pondrá Aarón entrambas manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, y todas sus transgresiones, a causa de todos sus pecados, cargándolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y le enviará al desierto por mano de un hombre idóneo. Y el macho cabrío llevará sobre sí las iniquidades de ellos a tierra inhabitada." (Levítico 16: 21, 22, V.M.) El macho cabrío emisario no volvía al real de Israel, y el hombre que lo había llevado afuera debía lavarse y lavar sus vestidos con agua antes de volver al campamento. Toda la ceremonia estaba destinada a inculcar a los israelitas una idea de la santidad de Dios y de su odio al pecado; y además hacerles ver que no podían ponerse en contacto con el pecado sin contaminarse. Se requería de todos que afligiesen sus almas mientras se celebraba el servicio de expiación. Toda ocupación debía dejarse a un lado, y toda la congregación de Israel debía pasar el día en solemne humillación ante Dios, con oración, ayuno y examen profundo del corazón. El servicio típico enseña importantes verdades respecto a la expiación. Se aceptaba un substituto en lugar del pecador; pero la sangre de la víctima no borraba el pecado. Sólo proveía un medio para transferirlo al santuario. Con la ofrenda de sangre, el pecador reconocía la autoridad de la ley, confesaba su culpa, y expresaba su deseo de ser perdonado mediante la fe en un Redentor por venir; pero no estaba aún enteramente libre de la condenación de la ley. El día de la expiación, el sumo sacerdote, después de haber tomado una víctima ofrecida por la congregación, iba al lugar santísimo con la sangre de dicha víctima y rociaba con ella el propiciatorio, encima mismo de la ley, para dar satisfacción a sus exigencias. Luego, en calidad de mediador, tomaba los pecados sobre sí y los llevaba fuera del santuario. Poniendo sus manos sobre la cabeza del segundo macho cabrío, confesaba sobre él todos esos pecados, transfiriéndolos 473 así figurativamente de él al macho cabr" DTG 705 "Cuando los labios de Cristo exhalaron el fuerte clamor: "Consumado es," los sacerdotes estaban oficiando en el templo. 705 Era la hora del sacrificio vespertino. Habían traído para matarlo el cordero que representaba a Cristo. Ataviado con vestiduras significativas y hermosas, el sacerdote estaba con cuchillo levantado, como Abrahán a punto de matar a su hijo. Con intenso interés, el pueblo estaba mirando. Pero la tierra tembló y se agitó; porque el Señor mismo se acercaba. Con ruido desgarrador, el velo interior del templo fue rasgado de arriba abajo por una mano invisible, que dejó expuesto a la mirada de la multitud un lugar que fuera una vez llenado por la presencia de Dios. En este lugar, había morado la shekinah . Allí Dios había manifestado su gloria sobre el propiciatorio. Nadie sino el sumo sacerdote había alzado jamás el velo que separaba este departamento del resto del templo. Allí entra una vez al año para hacer expiación por los pecados del pueblo. Pero he aquí, este velo se había desgarrado en dos. Ya no era más sagrado el lugar santísimo del santuario terrenal. Todo era terror y confusión. El sacerdote estaba por matar la víctima;
pero el cuchillo cayó de su mano enervada y el cordero escapó. El símbolo había encontrado en la muerte del Hijo de Dios la realidad que prefiguraba. El gran sacrificio había sido hecho. Estaba abierto el camino que llevaba al santísimo. Había sido preparado para todos un camino nuevo y viviente. Ya no necesitaría la humanidad pecaminosa y entristecida esperar la salida del sumo sacerdote. Desde entonces, el Salvador iba a oficiar como sacerdote y abogado en el cielo de los cielos. Era como si una voz viva hubiese dicho a los adoradores: Ahora terminan todos los sacrificios y ofrendas por el pecado. El Hijo de Dios ha venido conforme a su Palabra: "Heme aquí (en la cabecera del libro está escrito de mí) para que haga, oh Dios, tu voluntad." "Por su propia sangre [él entra] una sola vez en el santuario, habiendo obtenido eterna redención."* Hebreos 10: 7; 9: 12." 1JT 485 "Así también Cristo, con su propia justicia inmaculada, después 485 de derramar su preciosa sangre entra en el lugar santo a purificar el santuario. Y allí la corriente carmesí inicia el servicio de reconciliación entre Dios y el hombre. Algunos pueden considerar el sacrificio de la vaquillona como una ceremonia sin significado; pero se ejecutaba de acuerdo con la orden de Dios, y encierra un profundo significado que no ha perdido su aplicación en nuestro tiempo. El sacerdote usaba cedro e hisopo, lo sumergía en el agua de la purificación, y con ello rociaba lo inmundo. Esto simbolizaba la sangre de Cristo derramada para limpiarnos de las impurezas morales. Las repetidas aspersiones ilustran el carácter cabal de la obra que debe realizarse en favor del pecador arrepentido. Todo lo que éste tiene debe ser consagrado. No sólo debe purificar su propia alma, sino que debe esforzarse porque su familia, sus arreglos domésticos, su propiedad y todo lo que le pertenece, quede consagrado a Dios. Después de rociar con hisopo la tienda, sobre la puerta de aquellos que habían sido purificados se escribía: "No soy mío, Señor; soy tuyo." Así debe ser con los que profesan ser purificados por la sangre de Cristo. Dios no es menos exigente ahora que en tiempos antiguos. En su oración, el salmista se refiere a esta ceremonia simbólica cuando dice: "Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve." "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mi." "Vuélveme el gozo de tu salud; y el espíritu libre me sustente." (Sal. 51: 7,10,12.) La sangre de Cristo es eficaz, pero necesita ser aplicada continuamente. No sólo quiere Dios que sus siervos empleen para su gloria los recursos que les ha confiado, sino que desea que se consagren ellos mismos a su causa. Hermanos míos, si os habéis vuelto egoístas y estáis privando al Señor de aquello que debierais dar alegremente para su servicio, entonces necesitáis que se os aplique cabalmente la sangre de la aspersión, para consagramos vosotros y todos vuestros bienes a Dios."