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El hijo del papa del Ahuizote No. 1

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El hijo del papa del Ahuizote No. 1 Powered By Docstoc
					Oseopoética I




    Grabado de José Guadalupe Posada.
El hijo del papá del Ahuizote                     Estridentópolis, La Vieja. Viernes, 18 de marzo de 2011.


                        I                                 producir severos, incontables, múltiples espasmos
                                                          esporádicos que recorran toda tu esqueletura,

H     abían pasado varios días ya y hasta las
      moscas habían perdido el interés por ellos;
en el recuerdo se habían quedado los gusanos, la
                                                          haciéndola cimbrarse en sus cimientos al punto
                                                          crítico de sentir que tu columna vertebral se
                                                          volvería tan sólo polvo con toda esta osteología
putrefacción de las partes blandas y las larvas que       verbal que resonando percibes en tu oído.
habían eclosionado, dejándolos yertos sobre la
tierra; ni lo marchito habitaba en ellos por                                                   Ser Aramís
considerarlos inútiles y sólo de vez en cuando el                               IV
viento gélido se les posaba para acariciarlos más
que la muerte, ahora tan lejana. Otros con más
suerte adornaban paredes y retablos en lugares
antiguos con historias que contar; pero no ellos.
                                                          Y     como dice la canción "en los puritos
                                                               huesos"… había una vez… erase que se
                                                          era… un montón de carne (lo cual está penado en
La suerte negada de sus glorias no logradas los           estas fechas a menos q sea blanca) que no
abandonó a la intemperie de la tierra seca, en la         encontraba su felicidad, se sentía desplazada,
cañada olvidada, en el paso de nadie que camina           ignoraba, aborrecida y putrefacta porque nadie la
invisible en un páramo muerto; el tiempo con su           degustaba… y… caminando por el bosque un
paso áspero los cubrió de tierra y esperaron en           huesito se encontró se miraron los ojitos y la
ella la anulación. Un buen día el vendaval lavó           química brotó… se olieron el uno al otro y se
sus culpas y brotaron nuevas flores de los huesos.        dieron tanto amor, que ahora no se separan y
                                                          adornan con sabor la vida y muerte de todos lo
                                      Froy-Balam          que devoramos sin pudor…
                        II                                                                     Lore García

D    esde la lejana montaña vi bajar con afanosa
     prisa un duende que corría con vehemente
                                                                                 V
postura. Me situaba bajo el verde valle y sin
impedimento alguno lo vi bajar con su carne
desprendida. Vi bajar al duende que llevaba entre
                                                          E    spalda baja, bodega de ósculos obscuros
                                                                De dos en dos, de beso en beso, mis manos
                                                                y mi boca se perfilaban en aquel
sus manos un curioso artículo. No tenía vida pero         noctámbulo camino tapizado de hebras
tampoco supe si alguna vez lo tuvo, la idea               intermitentes, llenas de ayes, gemidos, pujidos y
principal es que alguna vez fue mío. Alguna vez           espasmos entre cortados.
se lo entregue pero había olvidado la carta de
recibido. Eran los restos mortales de lo que                    Al descender a rapel [y tropel] por la
alguna vez ame. Eran yertos y pálidos huesos que          endemoniada carretera de carne femenina hice un
de hecho alguna vez tuvieron vida entre mis               alto con freno de mano [y de paso de motor].
propias manos, era mi vida misma la que yacía                   El coxis diamantado y edulcorado me
entre las arrugadas y pestilentes manos del               esperaba como esperas el último camión a las
duende. Era yo misma.                                     diez de la noche en una ciudad mayormente
                               La estrella púrpura        católica…
                                                                Libando el armónico elixir del sudor a
                       III                                media noche, el coxis se postraba y se inclinaba

R    eminiscencias tónicas tonales africanas,
     resuenan en tus costillas al evocarlas mis
dedos con ligeros golpes superficiales, las paseo
                                                          de vez en vez, de vez en vez…
                                                                Mis esqueléticas manos presionaban
                                                          aquella porción ósea del cuerpo ardiente a esas
cual piano a la mera usanza de Mozart. No soy             horas de nuestras vidas.
prodigio pero en el conocimiento de tu
corpografía me proclamo virtuoso, al punto de                  Coxis: recipiente de jugos y placeres
reconocer que clavando mis colmillos                      bacanales.
cándidamente en tu clavícula puedo provocar,                                   Roberto Carlos Elvira Ávila

                                                      1
El hijo del papá del Ahuizote                      Estridentópolis, La Vieja. Viernes, 18 de marzo de 2011.


                        VI                                  ser corazón de miel, caramelo-ch’ulel de ambar?
                                                            No hagan muina, pues ¡qué séntidos son! ya
Quizá seacercana, son losesbastones de lade la
 muerte
           inexplicable,    un síntoma
                                          vida
                                                            llegará su día: altar, ofrenda y flor.

obligada por existir. Bastones calcificados,                                                             t’sujul
certeza de pómulos, roce duro con la mejilla, con                                   IX
los labios. Es verte y perderme en el cómo has
nacido, ¡la prueba está! Me imagino el índice
merodeando las esquinas, orillas duras y
vivificantes. Podría pasar las horas en el arte de la
                                                            T    odos esos reflujos comienzan en mí.
                                                                   Mostradme la inserción de la tierra, la
                                                                   bisagra de mi espíritu, el atroz nacimiento
cariciería. Existe una especie de satisfacción              de mis uñas. Un bloque, un inmenso bloque
saberte parecido en tu lecho de muerte, estamos             artificial me separa de mi mentira. Y ese bloque
tan cercanos, más tú con tu columna perdida y               tiene el color que cada uno quiere.
hallada por mis manos. Me eres tan compatible al
cuerpo, tan exquisito a la mirada, te puedo tocar           El mundo deja allí su baba como el mar sobre las
al enfocarte, sí, excitas perversamente.                    rocas y como yo con los reflujos del amor.
                                        Rosuka Pop          Perros, habéis terminado de hacer rodar vuestros
                                                            guijarros sobre mi alma. Yo. Yo. Dad vuelta la
                       VII                                  página de los escombros. También yo espero el
                                                            pedregullo celeste y la playa sin márgenes. Es
F   rente al espejo se miraba cada detalle de su
    cuerpo, de piel transparente por la falta de
luz. Miraba con obscenidad los sitios más
                                                            necesario que ese fuego comience en mí. Ese
                                                            fuego y esas lenguas y las cavernas de mi
                                                            gestación. Que los bloques de hielo retornen a
pudorosos donde la carne dejaba pasar la luz
                                                            encallar bajo mis dientes. Tengo el cráneo espeso,
hacia el interior. Los huesos eran su parte más
                                                            pero el alma lisa, un corazón de materia
sensible y erógena. El sexo, el pudor, la
                                                            encallada. Carezco de meteoros, carezco de
depravación eran nada frente a sus huesos.
                                                            fuelles ardientes. Busco en mi garganta nombres,
Huesos de todos tamaños, huesos de colores.
                                                            y algo como la pestaña vibrátil de las cosas. El
      La pelvis era rojo carmín. Erótica y                  olor de la nada, un tufo de absurdo, el estiércol de
encendida hasta el tuétano. El tórax verde donde            la muerte total. El humor ligero y rarefacto.
le nacían besos verdes de una extraña                       También yo no espero sino al viento. Que se
fluorescencia. Las clavículas color púrpura y el            llame amor o miseria casi no logrará hacerme
omóplato turquesa destilaban la pasión de antaño            encallar sino en una playa de osamentas.
y el cráneo fucsia destilaba un pensamiento
                                                                                              Antonin Artaud
macabro. Fémur, tibia, peroné, rótula, tarso y
                                                                               «L’Art et la mort» [fragmento]
metatarso; carpo y metacarpo… y el resto de los
                                                                              (Traducción de Aldo Pellegrini)
otros cientos de huesos se torneaban en un
continuum de fractales multicolores. Su huesos                                                            ___
eran lo más vivo de su piel de cuija.                                                    Powered by Talita Fuu
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                       ***                                               NADA… TODO
               Interlocuciones                              C    uando Concepción de todos los Santos
                                                                 murió, se dio cuenta de su malograda
                                                            existencia. Despertó sola, completa y tristemente
                       VIII                                 sola, con su mejor vestido, las perlas de su

H    uesos, ¡ay, huesitos mios! ¡ah, como bien
     friegan! ¿por qué chingaos no se vuelven
piloncillo, pa' sentir cálido corazón? ¿por qué no
                                                            infancia marchitas sobre su cuello, su larga
                                                            cabellera de cascada vuelta una grieta de erosión
                                                            sobre su espalda y tragada por la tierra.

                                                        2
El hijo del papá del Ahuizote                      Estridentópolis, La Vieja. Viernes, 18 de marzo de 2011.

       Confundida, salió a dar un paseo por las            tanto te envidiaban las muchachas del pueblo y
residencias de la nueva colonia. Mientras                  toda la eternidad por delante.
caminaba se le caía la quijada, se le dislocaron las             ¡Mateo! —gritó de alegría Concepción—,
costillas, se le enredaron los tendones y el mismo         eres tú, el mismo Mateo que besó mi mejilla un
sexo comenzó a pudrirse; qué cosa más horrible             día de Abril después de misa, Mateo. ¿Es que
incluso para un muerto.                                    estás vuelto un árbol?, ¿por qué… Mateo?
      Buscó por todas partes, debajo de las                      A la espera le suceden las raíces y después
piedras, en la capilla, en las ramas de los árboles,       de haberse plantado, un amor sin fruto no sabe
en las monedas de los atardeceres, en el aliento de        dónde ir, aquí he esperado siempre, por ti,
la luna… pero no hubo Dios, diablo, cielo o                cumpliendo mi promesa cabalmente, sabiendo
purgatorio a dónde dirigirse.
                                                           que llegarías algún día, tan bonita como te
      Le dio pavor. Por primera vez era libre.             recuerdo.
Podía andar, hacer o dejar de hacer y nadie, ni                 Mateo —dijo la mujer— ahora sólo soy un
siquiera su madre la condenaría. Pero tan inútil           desperdicio de vitalidad, ¿cómo puedes decir eso?
era aquella mujer, que en su circunstancia, sin un
mandato divino, no sabía ni a donde mover los                    Toca el recuerdo de los senos, el lugar que
dedos.                                                     quedó de tus pezones, terrones dulces que jamás
                                                           endulzaron labios ni manos, acaricia el espacio
      Vagó por días, buscó sus venas, cepilló su           donde tus muslos se convertían en la frontera del
poco cabello, raspó la lluvia, pero Dios no                gemido no pronunciado en tierras vírgenes de
llegaba.                                                   jardín de rosas escarchadas, donde nunca germinó
      Se sentó bajo un árbol a esperar y así,              la primavera, hazlo mujer y sabrás cuan sabia es
esperando, con el ocio a cuestas y el lagrimal             la naturaleza.
reseco, pensó que quizá ni el mismo Dios se                      Y los años pasaron y a Concepción le
había enterado de su muerte, o que se trataba de           brotaba la sonrisa y los pechos la endulzaban
una absurda prueba de fe.                                  como adolescente y los muslos le sembraban
      Las noches le siguieron cayendo en los               jacarandas, las manos a veces, salían al paso de
omóplatos y ella permaneció sentada bajo el árbol          las manos de Mateo y él la miraba sorprendido y
alegando que quizá era un castigo de la virgen o           alegre, mientras sus ramas caían y las raíces se le
algún santo y era su obligación esperar y seguir           desprendían del suelo.
esperando. Pero los meses transcurrieron sin señal
                                                                Una noche bailaron.
de Dios y demonios menos.
                                                                 Cuando ambos se acoplaron al contorno de
      La única libertad que había ostentado en             sus nuevos cuerpos, con los grillos del campo en
vida fue la de someterse por voluntad a las reglas         coro, Mateo miró fijamente a Concepción y la
impetrantes de una moral divina calcinante hasta           besó profundo.
lo que mucho llaman alma.
                                                              — Ven…
       Tanto había presumido de casta, que a los
treinta ya le había tocado cargar una joroba más                 Dos almas doloridas por causas distintas,
pesada que el mundo del Atlas y ahora, sin                 heridas de vida y muerte, de amor y de amargura.
joroba, cargaba un nombre más pesado y más                 El corazón que no tenían les brilló la esencia
deforme; —Mi nombre es orgullosamente                      formando una luz blanca, más pura que la
¡Concepción de Todos los Santos!… —rió— ¡A                 neblina.
la puta madre!, Dios no existe, si estuvo, hace un            — Hazlo —suplicó ella a su compañero—,
tiempo que bien crucificado estuvo, ahora ni un                 sepulta tu espera entre mis caderas y
sexo cálido me queda para entregarme a la                       volemos juntos, hazlo mientras baila el
naturaleza.                                                     otoño con las hojas en los caminos que
     Pero te quedan los ojos y las manos y la                   crujen y se ponen castaños como tus ojos,
columna y la sonrisa de de luna menguante que                   hazlo para que mi nombre deje de ser mi

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El hijo del papá del Ahuizote                   Estridentópolis, La Vieja. Viernes, 18 de marzo de 2011.

       nombre y se convierta en el de tus labios,             Si vivir es ir muriendo poco a poco, ahora,
       besémonos Mateo, sin Dioses ni                   eran por primera vez libres de todo, libres en esa
       demonios, solos a la espera de esa nada          magnífica nada, dispuestos para toda la eternidad
       tan maravillosa que encierra el todo, y si       a eso… a morir su muerte.
       acaso Dios existe, que no perdone lo que                                                 Mario Rovel
       no tiene que ser perdonado, que ninguna
       maldad puede encerrar la naturaleza, que                                                          ___
       sabia y pura, nos entrega el uno al otro…                               Powered by Laura Smooth.
     Y cuando él por fin sepultó su espera entre
su nombre, lo entendieron…
                                                                          Alfred Rethel, Der tod als würger.




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Se terminó de digitalizar el viernes, 18 de marzo de 2011
              en Estridentópolis, La vieja.
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