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Como crear empleo en España (Manuel Lacarte)

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Como crear empleo en España (Manuel Lacarte) Powered By Docstoc
					                                   PERO, ¿CÓMO CREAR EMPLEO EN ESPAÑA?                              17 Noviembre 2010



                                   El planteamiento

Manuel Lacarte                     Muy bien, ¿Y qué haría Vd. para crear empleo en España? Esta es la gran
es economista y consultor de
                                   pregunta, la más relevante en estos momentos. En general habría que decir que
empresas                           es preciso que la actividad económica crezca. Vaya receta. Eso es como decir
manuel.lacarte@iese.net
                                   “haréis el bien y no haréis el mal”.

                                 No nos sirve. Concretemos más. ¿Cómo crecer? y ¿Cómo hacerlo con el vigor
                                 suficiente y de forma sostenida para que se cree empleo? La respuesta va a
                                 requerir más concreción, pero es preciso bajar de las nubes y no solo responder
               sino actuar con urgencia y coraje pues la situación socioeconómica de nuestro país es
               extraordinariamente crítica.

               Nuestra situación

               La situación es catastrófica porque España tiene un 20% de su población activa parada. Y de estos,
               más de 1,2 millones ya no obtienen ingreso alguno. Los propios datos oficiales arrojan cifras
               terroríficas que dicen que en nuestro orgulloso estado del bienestar el 20% de las familias están por
               debajo del umbral de la pobreza. Esto significa que regiones ricas, como Madrid o Cataluña, soportan
               porcentajes de pobreza preocupantes y otras, como Extremadura o Canarias, presentan un
               panorama de sufrimiento e indignidad que solo puede calificarse ya de alarmante. Nuestro país,
               hasta hace muy poco orgullosa octava potencia mundial, asiste desde hace meses a un aumento
               exponencial de los llamados hurtos de subsistencia, es decir de bienes y alimentos de primera
               necesidad. Las basuras de los supermercados de nuestras ciudades atraen todas las noches, como si
               fuesen un ejército de moscas, a multitud de personas en una frenética y patética búsqueda de su
               sustento diario y el de sus hijos. Los comedores de cáritas, y otros de beneficencia, no dan abasto
               desde hace mucho tiempo desbordados por personas foráneas y españolas derrotadas por la
               vergüenza que les produce su situación. Los desahucios de viviendas se amontonan en los juzgados
               alcanzando cifras record históricas y si no se ejecutan más es por la limitación de medios en la
               administración de justicia.

               ¿Es esta una sociedad propia de un orgulloso país desarrollado?

               Mientras tanto, en los últimos tres años se han destruido medio millón de empresas y se han dado
               de baja un cuarto de millón de trabajadores autónomos, aunque las cifras varían según busquemos
               los datos en el Ministerio de Trabajo o en el Instituto Nacional de Estadística. En fin, la destrucción de
               tejido productivo ha sido terrorífica. Ahora tendremos que recuperar este tejido productivo, lo que
               no será fácil ni rápido. A mí me parece una de las cuestiones más complejas a abordar para recuperar
               socioeconómicamente este país, si no la más compleja.

               Por si todo esto fuese poco, también es muy difícil conseguir crédito. Es difícil para el Estado porque
               las expectativas de ingresos públicos y la gestión del gasto público del Gobierno ya han perdido toda
               la credibilidad ante los inversores internacionales. La financiación pública nos resulta el doble cara
               que a Alemania. Y es muy difícil para el sector privado, empresas y familias, porque el sistema
               financiero español está fallando en su principal función -servir de canal de transmisión entre los
               “ahorradores últimos” y los “inversores últimos”-. Muchas empresas y particulares no encuentran
               financiación bancaria, ni barata ni cara. La cuestión merece otro artículo monográfico pero quisiera
               señalar que, en mi opinión, es legítimo, e incluso es obligado, que el sistema financiero adopte
medidas preventivas ante el riesgo de impago. Lo que no tiene explicación, de ningún modo, es que
las administraciones públicas generen situaciones de impago – 35.000 millones en mora a
proveedores de las administraciones locales a día de hoy- Este hecho introduce tal ruido en el
sistema crediticio que desdibuja todo análisis y, lo que es peor, supone la generación de un cáncer
que entrará indefectiblemente en metástasis, como así ha sido, ante la primera señal de debilidad de
liquidez en la economía.

Pretender, además, forzar a la banca a dar crédito saltándose sus criterios de riesgo es una locura. El
incentivo que tiene la banca para dar crédito es la necesidad de generar negocio, nada más ni nada
menos. No hay incentivo más potente que ese. Y en este momento la necesidad de generar negocio
para la banca empieza a ser asfixiante, de modo que si no repunta el crédito es porque, o bien no hay
demanda o bien porque la que hay es tóxica. Lo que hace falta es que la economía real se regenere
con urgencia de forma que se demande crédito bancario y que la banca esté dispuesta a concederlo.
Desde luego, en nada ayuda que la banca tenga que colocar su liquidez -por el artículo 33- en las
emisiones de deuda pública que no logra colocar el Tesoro, eso sí, con elevado coste y,
consecuentemente, buena rentabilidad para nuestra banca. Esto último ha sido lo que ha
enmascarado la situación de la banca española pues no solo ha detraído la liquidez de la economía
productiva hacia el sector público y su voracidad derrochadora sino que ha proporcionado a la banca
un cómodo flujo de ingresos sin riesgo sin entrar a cumplir con su principal función, lo cual es
difícilmente justificable ante la sociedad.

No negaré que es posible remontar la situación, pero en estos momentos no se ve uno solo de los
signos de que estemos tomando el camino adecuado, con la única excepción de las medidas de
contención del gasto impuestas por nuestros acreedores internacionales que, por cierto, para
concretarlas han metido el bisturí de forma bastante chapucera. ¿La reforma laboral? Un bodrio. ¿La
reforma de las Cajas de Ahorros? Un parche de incierto resultado y con debilidades muy relevantes.



¿Qué nos ha sucedido?

Es cierto que el mundo ha sufrido una crisis financiera global, y nos ha afectado, claro. También es
verdad que en España ha soportado, además, su crisis inmobiliaria, lo que ha agravado la situación,
pero tampoco es un caso único mundial pues otros países como Irlanda, Inglaterra o los propios
Estados Unidos de América han sufrido crisis inmobiliarias terribles. Pero ya se ve que tiene que
haber más factores que expliquen que la situación de destrucción de empleo en España haya sido
muy superior a todos los países de su entorno.

En efecto, ya sabemos que debemos lamentar una continua pérdida de competitividad desde hace
años. España lleva años perdiendo puestos en competitividad mundial, tal y como pone de
manifiesto el Informe de Competitividad Global 2010-2011, elaborado por el Foro Económico
Mundial (FEM), en el que España vuelve a caer nueve puestos con respecto al año pasado y se coloca
en el número 42º.

Este informe es un indicador de competitividad que tiene en cuenta un buen número de variables,
tanto cuantitativas como cualitativas, y que, elaborado con los mismos criterios para todos los países,
da una buena idea de la posición relativa de cada cual. Por tanto, esta pérdida de competitividad
puede interpretarse como el resultado de muchos de los males de la economía y la sociedad
española. En efecto, el secuestro de recursos financieros, humanos y de espíritu competitivo que
lleva a cabo el sector público a favor de una clase política entregada a su propia conveniencia, la
distorsión de nuestra función de producción por los altísimos costes de energía, mucho más que por
los altos costes de manos de obra, la ya considerable sensación de inseguridad jurídica, el
fraccionamiento de mercado producido por el fenómeno del abuso en el desarrollo del Estado de las
Autonomías, la caída del nivel general de cualificación académica y técnica de buena parte de
nuestros jóvenes, y ya no tan jóvenes, fruto de un sistema educativo fracasado y algunas otras
carencias, en las que no pretendo incidir en este momento, sitúan a nuestro país en una rampa
descendente en lo socio económico respecto del resto de países, nos guste reconocerlo o no.

De modo que la primera cuestión que debemos grabarnos a fuego todos los españoles es que en
algún momento, y pronto, tenemos que empezar a correr más que el resto. Hay que recuperar
posiciones. Y no va a ser fácil porque los demás no se paran. Al contrario, los demás cada vez corren
más. Estamos hablando de esfuerzo. Y esto no significa sudar más. Esto significa fundamentalmente
coraje para afrontar reformas, para hablar claro, para enfrentarse a los hechos y llamar a las cosas
por su nombre y también, por qué no, trabajar más.



La credibilidad es la clave

Trataré de exponer el Circulo Vicioso en el que está nuestra economía:

Estamos atascados y no parece que esto vaya a mejorar. No se mueve la rueda de la recuperación
económica porque el consumo interior está muy débil con casi 5 millones de parados que no tienen
capacidad de consumo, las exportaciones no tienen vigor porque somos poco competitivos, y no hay
posibilidad de devaluar la moneda, tampoco el gasto público tiene gran recorrido pues el 40% del
presupuesto se lo comen las prestaciones del desempleo y los intereses de la deuda, y la capacidad
de endeudamiento es muy limitada, lo que además ha estrangulado también la inversión pública. La
inversión privada está bajo cero ante este panorama y además encuentra dificultades para conseguir
financiación bancaria adicional en los proyectos, de modo que el círculo vicioso se cierra
perfectamente.

La condición necesaria para que la rueda de la economía vuelva a girar es que hay que recuperar la
credibilidad. Es preciso que crean en nuestra economía los mercados financieros pero también los
inversores industriales extranjeros y españoles. En estos momentos no hay quien invierta un euro en
nada en este país, de hecho nuestras grandes empresas están invirtiendo fuera, por la cuenta que les
trae. Pero es que también es preciso recuperar la credibilidad de los propios consumidores, los que
tienen capacidad de gasto y los desempleados. Todo esto debe comenzar a girar. Y todo debe
comenzar a girar a partir del liderazgo que asuma un equipo de gobierno futuro pues nadie espera
del gobierno actual que ponga en marcha ninguna iniciativa relevante desde el punto de vista
económico.

Estamos en una situación, digamos, muy primaria. Debemos atender a lo simple. La maquinaria debe
comenzar a mover. Hablar en este momento de diseñar desde un despacho el cambio de modelo
productivo hacia sectores de supervalorañadido y supertecnología es, simplemente ciencia ficción y
no se lo cree nadie. Mientras tanto, nuestros mejores jóvenes titulados han empezado a emigrar en
masa.

¿Y cómo se adquiere credibilidad? Pues como siempre. En primer lugar tomando decisiones de forma
cualificada, procurando no dar la espalda a la realidad y evitando la improvisación con las cuestiones
complejas y de gran calado. En segundo lugar haciendo lo que has dicho que harías y no todo lo
contrario.
Actuar con coraje

Es de amplio consenso entre los expertos dentro y fuera de nuestras fronteras que para actuar sobre
este desastre hay que intervenir en:

    1. El 60% del Gasto Público que todavía queda “libre” tras pagar desempleo e intereses, valga la
       expresión
    2. Las reformas necesarias para mejorar de forma real la competitividad de nuestra economía

Pero afirmar esto no parece aportar nada nuevo. Entonces, ¿Qué es lo que falta? Pues falta, ni más ni
menos, coraje. Para hacer esto, hay que hacerlo de forma rápida, eficaz y creíble, es decir, por poner
un ejemplo, justo al revés de lo que se ha hecho recientemente con la llamada reforma laboral.
Habrá perjudicados, pero debe ponerse por encima de todo el bien común. Es preciso que, quien
ejerza el liderazgo en cada línea de acción, actúe como un estadista y no como un repartidor de
conveniencias ni como un tahúr en una partida electoral. Solo así podemos pensar que los agentes
económicos pueden volver a otorgar credibilidad a nuestra economía.

En lo referente al Gasto, en una situación como la actual se requiere una intervención mucho más
dura, todo lo contrario que en la inversión pública en la que yo sería partidario de relajar los recortes
pues su efecto multiplicador es mucho más favorable para la economía y, por tanto para el empleo.

En fin, si no es ahora el momento de sacar la tijera, no sé cuándo lo será. Opino que debe ponerse en
marcha de inmediato una Oficina Presupuestaria similar a la que dirigió el profesor Barea con amplio
poder ejecutivo sobre toda la Administración y con una filosofía de Presupuesto en base cero, es
decir, planteándose ¿Qué pasaría si no se incurriera en este gasto? Y si la respuesta es “nada”,
entonces, sin más, se suprime. De ese modo se tiene que repasar cada asesor, cada subvención,
cada partida de gasto. Esto mismo debe extenderse a la Administración autonómica pues la
Constitución faculta al Estado a controlar la prestación de las competencias transferidas y los
recursos dedicados a tal fin. En los casos de los partidos políticos, los sindicatos y la patronal, no veo
razón alguna para no reducir al 50% la totalidad de sus percepciones en 2011, de modo transitorio,
para pasar a una fórmula como la de la Iglesia en 2012. La propuesta reciente del PP al respecto se
queda, en mi opinión, muy corta. Me estoy refiriendo a lo que se debe hacer de inmediato,
independientemente del Presupuesto (PGE) aprobado en vigor. Desde luego no es incumplir la Ley
obtener ahorros sobre el Presupuesto en vigor. Las reformas de calado deberán instrumentarse
también pero hay que recortar con pulso firme desde el primer día. Recordemos que andamos faltos
de credibilidad. Además, considero que solamente una extrema dureza en el recorte del gasto
permitirá operar reduciendo los impuestos sobre el trabajo, es decir la parte empresarial de la
cotización a la seguridad social, que debe reducirse en lo posible cuanto antes. Afirmo lo mismo
sobre el Impuesto de sociedades y el IRPF.

Hay que acabar también con las fundaciones, corporaciones, institutos y demás empresas satélites
de la administración autonómica. Aunque la información sobre esto es ciertamente opaca, se habla
de que, por ejemplo, solo en Andalucía existen 350 de estas empresas, aunque en sus presupuestos
públicos solo aparecen 19, y en España pueden llegar a 3.800. Ni que decir tiene que casi todas ellas
son pozos sin fondo de consumir dinero y excelentes lugares para colocar cargos bien pensionados.
El coste anual para las arcas públicas de estas figuras empresariales es algo de difícil acceso
informativo pero, sin duda, asciende a muchos miles de millones de euros. Debe dedicarse con
urgencia un equipo profesional e independiente a analizar una a una y comenzar a practicar la cirugía
con criterio económico. En el caso concreto de las televisiones autonómicas, costosas hasta el
disparate, el plan podría consistir en congelar las subvenciones el primer año y suprimir la publicidad
pública en dichos medios. La televisión que sea capaz de colocarse en ese plazo a manos privadas
perfecto. La que no, que se cierre dejando de ser un coste para el contribuyente.

Pero para todo esto, hay que coger la constitución en la mano y ejercer el control del estado sobre
las Comunidades Autónomas. El Gobierno actual ya sabemos que ni hablar del asunto, pero ¿y los
gobiernos futuros? ¿Plantearán esta batalla, no solo ante los nacionalistas sino, ante sus propios
partidos gobernando en las diversas autonomías?

En cuanto a las reformas estructurales, que generalmente deben ser plasmadas en ley, por la
relevancia de las mismas es conveniente buscar el consenso de cuantos más mejor. Es conveniente
pero la situación actual no nos deja demasiado tiempo. Los demás también tienen obligación de
trabajar con diligencia para buscar el consenso. No hay que confundirse, lo que ha sucedido, por
ejemplo, durante más de dos años con la reforma laboral ha sido, en mi opinión, una gravísima
dejación de funciones del Gobierno.

Las reformas estructurales se han venido dejando de lado demasiado tiempo. Se han dejado sin
abordar aún por gobiernos que gozaban de mayoría parlamentaria. Ha faltado, sin duda, coraje y
ahora paga la factura la ciudadanía.

Aprendamos del pasado y exijamos a nuestros gobernantes que se aborden las reformas que nuestra
sociedad necesita sin más dilación. Es preciso reformar la Constitución para replantearse una
estructura del Estado viable, abordar una reforma laboral de verdad, una reforma de los Sistemas
Educativo, Judicial, financiero y del mercado energético así como modificar de una vez la Ley
electoral.



Dos acciones comando

Hay que hacer cirugía inmediata en el cáncer de los impagos generados por la Administración y por
algunas empresas. Por tanto es urgente:

Primero, proceder a la liquidación inmediata de la deuda en mora con proveedores de las
Administraciones diversas y modificar la Ley para que sea imposible pagar a más de 60 días en
cualquier transacción mercantil independientemente de los pactos entre las partes, contemplando
un procedimiento de denuncia, sanción y ejecución extraordinariamente ágil.

Segundo, Emitir un ¨Préstamo Patriótico”, como viene explicando hace ya tiempo el profesor
Tamames, con la correspondiente amnistía fiscal para repatriar y aflorar los fondos “B” en favor de
nuestra economía. Se debe hablar de un mínimo de 50.000 millones de euros con lo que se cubrirían
los 35.000 millones necesarios para el apartado anterior y con el resto se podría articular un fondo
con el ICO que fuera adquiriendo titulización inmobiliaria a la banca contra concesión de volumen de
nuevo crédito concedido a pymes y autónomos, como forma de incentivar esto último.

No me extenderé en la justificación de este instrumento -por su componente de amnistía fiscal-
pues, en primer lugar ya se ha hecho en otros países, incluido España y, por otra parte, ya hay
multitud de profesionales del derecho y la economía que argumentan perfectamente su bondad. En
cuanto el rechazo que suscita entre las filas del PP, yo creo que deberían reflexionar sobre ello de
nuevo y, habida cuenta de lo oportuno y necesario que es para el país, hacer suyo el proyecto y
apoyarlo sin reservas, incluso anticiparse en la propuesta, aunque sea la actual Administración quien
lo ponga en marcha, tratando de compartir, en lo posible el rédito político de una medida acertada.
Un pronóstico

Toda esta receta se puede poner en marcha en mayor o menor grado. Desde un grado casi cero,
como sucede en la actualidad, hasta un grado total, si se aplicase a rajatabla.

Claro que sería de ilusos pensar que un gobernante, procedente de la clase política, iba aplicar a pies
juntillas algo así. Pero es preciso, en mi opinión, que se comience a actuar en esta línea y pronto.

Si un grupo político, aspirante al Gobierno, hiciese público un programa, un compromiso, de medidas
desde hoy mismo en la línea de lo expuesto, con visión de estado y sacrificando parte de los
intereses de partido, podríamos pensar en que los agentes económicos atenderían ese mensaje de
forma favorable, sobre todo si se es concreto y claro en lo referente a la actuación con las
Autonomías. Y si ese grupo político tuviese la envergadura política necesaria y posibilidades
razonables de llegar al Gobierno, entonces podríamos pensar en que concitaría apoyos y generaría ya
un germen de credibilidad y de expectativas suficientes para que, quizá, la rueda de la recuperación
económica en España comenzase a mover.

La cuestión es ¿Hasta donde será capaz de comprometerse quien pretenda aspirar a ser futuro
Gobierno? ¿Qué puede esperar la sociedad civil de la clase política?

				
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Description: articulo sobre economia española y empleo de Noviembre de 2010