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					PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
                                                           Presentación




                        “El seminario…, antes que ser un lugar o un espacio material,
                        debe ser un ambiente espiritual, un itinerario de vida, una
                        atmósfera que favorezca y asegure un proceso formativo, de
                        manera que el que ha sido llamado por Dios al sacerdocio pueda
                        llegar a ser, con el sacramento del Orden, una imagen viva de
                        Jesucristo Cabeza, Esposo y Pastor de la Iglesia”
                                                                                            1
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PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
                                                           Presentación




El presente documento es el fruto de un intenso proceso vivido por el Seminario
Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII a partir del año 2000, cuando, con ocasión
de la celebración del Gran Jubileo de los 2000 años del nacimiento de nuestro
Salvador, la Arquidiócesis de Barranquilla inició un nuevo camino de evangelización.

Desde el primer momento se vio con claridad que el Seminario no podía permanecer
ajeno a los caminos de la nueva evangelización por los que la Arquidiócesis había
empezado a caminar resueltamente y, para alcanzar esa necesaria integración, se
empezaron a dar lo pasos pertinentes para que el Seminario fuera asumido –como lo
fue a partir de febrero de 2001- por la comunidad arquidiocesana en las personas de
algunos de sus presbíteros.

A partir de ese momento, con la participación directa del Arzobispo, Monseñor Rubén
Salazar Gómez, y más adelante con la colaboración estrecha del obispo auxiliar,
Monseñor Luis Antonio Nova Rocha, con la ayuda del presbiterio y de los mismos
seminaristas, el equipo de los formadores ha trabajo intensamente en la concreción de
la estructura del proceso formativo, de sus objetivos, sus medios, su metodología. Es
una búsqueda que todavía no ha terminado. Sin embargo, en este documento se
plasman ya las líneas esenciales que guiarán la labor formativa por muchos años hacia
el futuro.

En la concreción de este proyecto formativo la doctrina de la Iglesia –como fue
presentada especialmente por el siervo de Dios Juan Pablo II- ha sido el faro
conductor.

El documento contiene los tres pilares de esta formación: el Proyecto de la Misión
Arquidiocesana de Nueva Evangelización, el Proyecto Formativo del Seminario y el
Proyecto Personal de Vida. Unos anexos acaban de dar la visión completa.

La Virgen María, Madre de Cristo Sacerdote, san José, patrono de la Arquidiócesis, y el
Beato Juan XXIII, patrono del Seminario, intercedan para que este proyecto formativo
sea un instrumento válido en la tarea de formar a quienes el Señor llama para
configurarlos consigo por medio del sacramento del Orden como Pastor, Esposo y
Cabeza de la Iglesia.




                                                                                     2
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
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EL PROYECTO DE                 LA     MISIÓN       ARQUIDIOCESANA   DE   NUEVA
EVANGELIZACIÓN


EL PROYECTO FORMATIVO DEL SEMINARIO REGIONAL “JUAN XXIII”

INTRODUCCIÓN GENERAL

       1.   LA FORMACIÓN SACERDOTAL

              1.1.   LAS DIMENSIONES DE LA FORMACIÓN SACERDOTAL

                     1.1.1.   LA DIMENSIÓN HUMANA
                     1.1.2.   LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL
                     1.1.3.   LA DIMENSIÓN INTELECTUAL
                     1.1.4.   LA DIMENSIÓN PASTORAL

              1.2.   PRINCIPIOS BÁSICOS DE LA FORMACIÓN

                     1.2.1.     LA VOCACIÓN ES INICIATIVA DIVINA
                     1.2.2.     LA LIBERTAD EN LA RESPUESTA A DIOS
                     1.2.3.     LA INTEGRALIDAD DE LA FORMACIÓN
                     1.2.4.     EL MINISTERIO SACERDOTAL COMO SERVICIO A LA
                                IGLESIA Y DESDE ELLA AL MUNDO
                     1.2.5.     EL MINISTERIO SACERDOTAL EN EL AQUÍ Y EL AHORA

              1.3.   LOS PROTAGONISTAS DE LA FORMACIÓN

       2. VISIÓN HISTÓRICA DE LA FORMACIÓN SACERDOTAL

              2.1. UNA MIRADA A LA HISTORIA DE LOS SEMINARIOS
              2.2. LOS SEMINARIOS DESDE EL CONCILIO VATICANO II
              2.3. LA HISTORIA DEL SEMINARIO DE BARRANQUILLA


EL PROYECTO MISMO

              1. LAS ETAPAS DEL PROCESO

                                                                                3
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
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              2. LOS MEDIOS FUNDAMENTALES

                     2.1.  EL   PLAN   GLOBAL  ARQUIDIOCESANO        DE   NUEVA
                     EVANGELIZACIÓN
                     2.2. EL PROYECTO FORMATIVO DEL SEMINARIO
                     2.3. EL PROYECTO PERSONAL DE VIDA


              3. LA METODOLOGÍA PROSPECTIVA

              4. LA ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN


       LA ETAPA PREVIA

                     1. SENTIDO GLOBAL DE LA ETAPA PREVIA

                          DESCRIPCIÓN GENERAL
                          OBJETIVO GENERAL
                          OBJETIVOS ESPECÍFICOS
                          INDICADORES DE LOGRO

                     2. LAS FASES DE LA ETAPA PREVIA

                          EL SEMINARIO MENOR PARROQUIAL

                              DESCRIPCIÓN GENERAL
                              OBJETIVO GENERAL
                              OBJETIVOS ESPECÍFICOS
                              INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
                              MEDIOS
                              METODOLOGÍA

                          EL AÑO PROPEDÉUTICO

                              DESCRIPCIÓN GENERAL
                              OBJETIVO GENERAL
                              OBJETIVOS ESPECÍFICOS
                              INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
                              MEDIOS
                              METODOLOGÍA

              LA PRIMERA ETAPA


                                                                                 4
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
                                                                     Contenido


                     1. SENTIDO GLOBAL DE LA PRIMERA ETAPA

                          DESCRIPCIÓN GENERAL
                          OBJETIVO GENERAL
                          OBJETIVOS ESPECÍFICOS
                          INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
                          MEDIOS

                   2. LAS FASES DE LA PRIMERA ETAPA

                          PRIMER AÑO DE FILOSOFÍA

                              DESCRIPCIÓN GENERAL
                              OBJETIVO GENERAL
                              OBJETIVOS ESPECÍFICOS
                              INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
                              METODOLOGÍA

                          SEGUNDO AÑO DE FILOSOFÍA

                              DESCRIPCIÓN GENERAL
                              OBJETIVO GENERAL
                              OBJETIVOS ESPECÍFICOS
                              INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
                              METODOLOGÍA

                          TERCER AÑO DE FILOSOFÍA

                              DESCRIPCIÓN GENERAL
                              OBJETIVO GENERAL
                              OBJETIVOS ESPECÍFICOS
                              INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
                              METODOLOGÍA

              LA SEGUNDA ETAPA

                   1. SENTIDO GLOBAL DE LA SEGUNDA ETAPA

                        DESCRIPCIÓN GENERAL
                        OBJETIVO GENERAL
                        OBJETIVOS ESPECÍFICOS
                        INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
                        MEDIOS

                   2.   LAS FASES DE LA SEGUNDA ETAPA

                                                                            5
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
                                                                     Contenido



                          PRIMERO Y SEGUNDO AÑOS DE TEOLOGÍA

                              DESCRIPCIÓN GENERAL
                              OBJETIVO GENERAL
                              OBJETIVOS ESPECÍFICOS
                              INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
                              METODOLOGÍA

                          TERCER AÑO DE TEOLOGÍA

                              DESCRIPCIÓN GENERAL
                              OBJETIVO GENERAL
                              OBJETIVOS ESPECÍFICOS
                              INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
                               METODOLOGÍA

                          CUARTO AÑO DE TEOLOGÍA

                              DESCRIPCIÓN GENERAL
                              OBJETIVO GENERAL
                              OBJETIVOS ESPECÍFICOS
                              INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
                              METODOLOGÍA


EL PROYECTO PERSONAL DE VIDA


ANEXOS

   1.   DIRECTORIO DE LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL
   2.   MANUAL DE CONVIVENCIA
   3.   DIRECTORIO DE LA VIDA ESPIRITUAL
   4.   REGLAMENTO ACADÉMICO
   5.   DIRECTORIO DE PASTORAL
   6.   PASTORAL DE LAS FAMILIAS
   7.   DIRECTORIO ADMINISTRATIVO




                                                                            6
“Formarse para el sacerdocio es aprender a dar una respuesta
personal a la pregunta fundamental de Cristo: “¿Me amas?” (Jn
21,15). Para el futuro sacerdote la respuesta no puede ser sino
el don total de su vida. Se trata pues de encarnar ese espíritu en
las condiciones sociales, psicológicas, políticas y culturales del
mundo actual, tan variadas y complejas.”                         7
                                            Juan Pablo II, PDV No. 42
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
                                                   Misión Arquidiocesana de Nueva Evangelización




Después de haber elaborado un Plan Global Básico de Nueva Evangelización -análisis
de la situación pastoral de la Arquidiócesis y de la sociedad circundante, bosquejo del
ideal de Iglesia según el Vaticano II, toma de conciencia de los obstáculos y
potencialidades en la realidad actual y esbozo de un itinerario de evangelización a
largo plazo- el presbiterio de la Arquidiócesis de Barranquilla, en octubre de 1999,
tomó la decisión de declarar a la Arquidiócesis “en estado de misión” y, para concretar
este propósito, realizar LA MISIÓN ARQUIDIOCESANA DE NUEVA EVANGELIZACIÓN,
tomando como punto de partida la celebración del Gran Jubileo del año 2000.

Esta misión, como puesta en marcha del Plan Global Básico, se concibe como una
experiencia de Iglesia „comunión, participación y misión‟. La misión como experiencia
de Iglesia se vive progresivamente en toda la Arquidiócesis y en todos los niveles en
que ella se expresa. Y, por lo tanto, busca que todos los fieles tengan esta experiencia
en cuanto

   están llamados a vivir en comunidad como familia, como pequeño grupo (asamblea
    familiar), como sector parroquial, como célula pastoral, como unidad pastoral,
    como decanato, como vicaría territorial y como Arquidiócesis en el contexto de la
    Iglesia Universal,
   y, al mismo tiempo, como grupo humano que tiene su propio puesto al interior de
    la sociedad (niños, jóvenes, empresarios, políticos, líderes cívicos, conductores,
    etc.).

La misión, por tanto, quiere ser una experiencia de Iglesia, comunión,
participación y misión, mediante un proceso de conversión. Por lo mismo será un
proceso de evangelización, vivido y compartido, más que predicado. En definitiva
quiere ser la experiencia progresiva de un modo de ser y de sentirse Iglesia.

1. OBJETIVO Y NATURALEZA DE LA MISIÓN
La Arquidiócesis de Barranquilla, como Pueblo de Dios en sus diversas articulaciones
(familias, núcleos, sectores, células pastorales, unidades pastorales, decanatos;
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
                                               Misión Arquidiocesana de Nueva Evangelización (PDR/E)


agentes de evangelización; movimientos eclesiales; y las diversas categorías de
cristianos comprometidos en la sociedad), con el apoyo de los servicios pastorales,
realiza un proceso de misión a largo plazo como experiencia de Iglesia local, que tiene
como punto de partida la celebración del Gran Jubileo del año 2000, en coherencia con
los valores fundamentales del mismo y en torno a la visión de Iglesia: comunión,
participación y misión.

Este enfoque de la misión arquidiocesana quedó fortalecido por las palabras del Papa
Juan Pablo II el 1 de marzo 2001 al clero y los párrocos de Roma:

“La misión permanente es el objetivo hacia el cual debemos tender con todas
nuestras energías,
     una misión centrada en Cristo, nuestro único Salvador,
     realizada por todo el Pueblo de Dios,
     sostenida por la comunión de todos los componentes del Pueblo de Dios,
     dirigida a cada una de las personas, familias y ambientes,
     con el testimonio de cristianos adultos en la fe
     que sepan, por medio de su propio trabajo, las propias principios y el estilo de
        vida, incidir en la mentalidad y la cultura de toda la ciudad.”

1.1. ECLESIOLOGÍA DE LA MISIÓN

La misión está inspirada y basada totalmente en la ECLESIOLOGÍA del Concilio
Vaticano II:

      La Iglesia es el pueblo de Dios que vive, por medio de Jesús, en comunión con
       Dios y en comunión fraterna (Constitución Dogmática del Concilio Vaticano II
       sobre la Iglesia Lumen Gentium, capítulos I-II)
      La Iglesia es el pueblo de Dios que ofrece a todos sus miembros una auténtica
       participación en su vida y en su tarea (LG III-IV y VI)
      La Iglesia es el pueblo de Dios que ha recibido del Señor la misión de llevar el
       Evangelio de salvación a todas las naciones (Constitución Pastoral del Concilio
       Vaticano II sobre la Iglesia y el mundo Gaudium et Spes).
      La Iglesia es el pueblo de Dios que vive en camino permanente de santidad
       (LG V y VII-VIII).

        Por lo tanto, la misión es profundamente EVANGELIZADORA: convoca a todos a
vivir la fraternidad, por medio de la proclamación de la palabra y la celebración de los
sacramentos, para un compromiso de vida personal y comunitaria que transforme el
mundo con la fuerza y la luz del Evangelio.

Para esto:
    Tiene como eje central una auténtica espiritualidad de comunión.




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                                               Misión Arquidiocesana de Nueva Evangelización (PDR/E)


      Insiste en la encarnación de los valores y los rasgos característicos de la Iglesia
       de los primeros tiempos: Palabra de Dios - Oración común -Fracción del pan -
       Caridad (Hechos 2, 42-47; 4, 32-35).
      Sitúa a la liturgia eucarística en el centro de la vida del cristiano y de las
       comunidades cristianas.
      Propicia una nueva imagen de pastor como Cristo el Buen Pastor y en el
       contexto de la eclesiología de comunión del Vaticano II.
      Propicia un proceso permanente de conversión en todos los agentes y
       miembros de la Iglesia.

En síntesis, se busca el ideal de Iglesia, enmarcado en el magisterio eclesiástico, y que
ha de alcanzarse dentro de un proceso lento, progresivo y global:

Una Iglesia en comunión expresada en:

      Espacios de integración de las diversidades en los que participan todos los
       bautizados como pueblo, como pequeñas comunidades, como familias.
      Espacios en los que se manifiestan las originalidades según los dones, los
       carismas y servicios de cada uno: como personas cristianas; como grupos que
       cumplen una función específica al interior de la sociedad; como asociaciones,
       movimientos e instituciones apostólicas, como movimiento ecuménico, etc.

Una Iglesia en participación orgánica, manifestada en múltiples estructuras de
servicio eclesial, ejercido en corresponsabilidad y subsidiariedad: Estructuras de
comunicación, de diálogo, de elaboración de propuestas, de toma de decisiones, de
conducción, de actuación orgánica, de implementación, etc.

Una Iglesia en misión, consciente de ser sacramento de salvación para el mundo, en
cuanto está llamada a dar frutos para el mundo en que vive y se esfuerza por
responder permanentemente a los diversos retos de la evangelización integral.

Teniendo en cuenta, por lo tanto, estas características, la Iglesia que peregrina en
Barranquilla tendrá que ser así:
    Signo visible de la salvación entendida como presencia del Reino de Dios entre
      los seres humanos;
    signo e instrumento de unidad que integre orgánicamente las legítimas
      diversidades;
    comunión de amor de las personas con Dios y de las personas entre sí y con la
      naturaleza;
    llamada a una permanente conversión por caminos de misericordia y
      reconciliación y a una constante renovación y actualización para responder a los
      cambios de la historia;
    consciente de su condición de peregrina en el mundo y llamada a la eternidad;
    consciente de su vocación permanente a ser santa;


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      alimentándose siempre de la Palabra de Dios          para ser evangelizada y
       evangelizadora;
      orante y que celebra los sacramentos unidos a la vida;
      con un amor preferencial por los pobres, luchando por la justicia y la paz,
       comprometida en la defensa de la vida humana;
      con espíritu misionero dentro y fuera de la diócesis, con sentido ecuménico y
       con capacidad de diálogo con la sociedad;
      organizada en comunidades que viven relaciones fraternas y justas, vivas y
       participativas, que conocen y defienden tanto sus derechos como sus
       responsabilidades;
      con conciencia de ser pueblo de Dios, que camina con la presencia salvadora de
       Dios.

La misión es, por lo tanto, la puesta en marcha de un plan global, orgánico y
planificado de evangelización integral y comunitaria, que involucra a todos los
miembros de la Arquidiócesis –Obispo, presbíteros, religiosos(as) y laicos– en un
proceso de estrecha comunión y participación con sentido misionero.

1.2. DESARROLLO DEL ITINERARIO DE LA MISIÓN

      Etapa previa

Es el punto de partida del itinerario, la decisión de "ponerse en camino", de salir de
una situación e ir hacia otra. Y se parte porque la situación presente aparece como
cargada de dificultades y de aspiraciones no cumplidas.

Esta etapa previa consiste en la toma de conciencia de la necesidad del cambio, de
salir de la condición de dispersión e ineficacia, descubierta en el análisis previo de la
realidad, para iniciar el camino de la renovación que lleve a la Iglesia que Dios quiere
y el mundo necesita.

Esta etapa se realizó en tres años, desde octubre de 1999 hasta junio de 2002. En ella
se pusieron las bases fundamentales para todo el recorrido del itinerario con la
creación de las estructuras fundamentales de comunión y participación.

      Primera etapa o de convocación

El objetivo de esta etapa es la sensibilización del conjunto de los bautizados a los
valores humano-cristianos que les permitan optar por una experiencia significativa de
comunidad. Lo que se pretende es que el pueblo supere la indiferencia, sienta la
necesidad de abrirse a Cristo que lo llama a una conversión inicial y descubra la
comunidad como el camino para su propia realización.

Este itinerario se desarrolla en tres fases, de tres años cada una: la sensibilización al
encuentro-reconciliación (primera fase), a la fraternidad (segunda fase) y a la Iglesia

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como comunión de personas creyentes en Cristo (tercera fase). Hacia el tercer
trimestre del tercer año se celebra un acontecimiento conclusivo, la semana de la
fraternidad, al que se convocan todos los bautizados.

      Segunda etapa o de crecimiento

El dinamismo de esta etapa se apoya sobre tres pilares, las tres fases del proceso
evangelizador: el redescubrimiento de la Biblia como Palabra de Dios (primea fase), el
redescubrimiento de la fe como actitud de vida (segunda fase) y el redescubrimiento
de Cristo y su misterio (tercera fase). El acontecimiento conclusivo de esta etapa es el
sínodo diocesano en el que el pueblo de Dios, con su Obispo, confronta algunos
aspectos particularmente importantes de la vida de la Iglesia local con Cristo y su
mensaje para discernir lo que Cristo le pide.

Como proceso evangelizador, el de esta etapa es un proceso de conversión-renovación
que afecta a toda la realidad de la Iglesia local, que entra decididamente en un
proceso de crecimiento, de afianzamiento de la sensibilización vivida en la primera
etapa. La comunidad diocesana continúa la conversión que corresponde a la
espiritualidad comunitaria. Superada la novedad inicial y purificados los grupos de
familias, se entra en una etapa en la que el pueblo se encuentra cada vez más frente a
Cristo y a la necesidad de definirse ante Él.

      Tercera etapa o de compromiso

El objetivo de esta etapa es que el Pueblo de Dios, como comunidad creyente en
Cristo, alcance su madurez y se dé un estilo de vida, de acción y de organización
coherentes con la fe que profesan. El dinamismo de esta etapa se centra en tres
núcleos, correspondientes a las tres fases: el redescubrimiento y definición de la
Iglesia como comunidad ministerial y apostólica. Esta etapa concluye con el congreso
eucarístico en el que la comunidad se define como la Iglesia local y se da expresión
propia en un proyecto comunitario.

En realidad, al término del camino de evangelización, se pueden distinguir tres tipos
de católicos: los que han hecho el camino en forma superficial o epidérmica pero que
reconocen ésta como "su" Iglesia, sintonizan con ella y quisieran responder a lo que
reconocen que es voluntad de Dios, pero, por su condición de vida y su debilidad, no
logran realizar; los que se adhieren a cuanto la Iglesia propone pero no logran asumir
compromisos específicos estables a favor de la comunidad; y los que se comprometen
en y por la vida de la comunidad eclesial.

Los grupos familiares han desembocado, como fruto de la experiencia y de la
profundización de la fe, en auténticas comunidades eclesiales de base y han sido
reconocidos como tales después de años de camino evangelizador. Se termina con un
nuevo Plan Global.


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1.3. METODOLOGÍA PROSPECTIVA

El Plan básico arquidiocesano de nueva evangelización –que se concreta en la misión
arquidiocesana- está elaborado siguiendo la metodología prospectiva como
instrumento organizador del desarrollo del proceso.

Prospectiva quiere decir que es una metodología que se plantea, antes que nada, un
futuro ideal, posible y deseable. En el caso de este proyecto, con la mente, mediante
un acto previsor y anticipador del futuro, se ha construido el modelo ideal de la
Iglesia particular a partir de la eclesiología del Vaticano II y, luego, se ha encauzado
hacia la realización de ese ideal toda la acción ministerial y pastoral de la diócesis.

A partir de ese planteamiento inicial que ha hecho posible poner en marcha la misión,
la Arquidiócesis ha iniciado el proceso de ahondar cada vez más en cada uno de los
pasos metodológicos para lograr que el ritmo de la misión sea cada vez más
apropiado. Como fruto de ese proceso se elabora el Plan global arquidiocesano de
nueva evangelización que sirve de derrotero del trabajo evangelizador.

Esto implica recorrer de forma permanente un camino que tiene 4 pasos o modelos
fundamentales:

      Elaboración del MODELO DE SITUACIÓN de la diócesis (análisis de la realidad).
       Se trata de conocer lo mejor posible la situación de la Arquidiócesis de
       Barranquilla y la realidad de la respuesta pastoral que ésta da a los retos que le
       plantea esa situación.

Este modelo de situación se obtiene a partir del análisis de la realidad o situación en
que nos encontramos; realidad del mundo que rodea a la Iglesia (contorno) y
realidad de la propia vida y trabajo pastoral de la diócesis (entorno).

Si para construir un edificio es necesario conocer el área de que se dispone y realizar
el análisis de suelo, también para iniciar el proceso diocesano de nueva evangelización
se necesita hacer un análisis detenido de la realidad, tratando de ir más allá de los
fenómenos para descubrir el sentido profundo de lo que se vive.

Exigencias y actitudes:

       Es un paso en el que deben participar todos,
       con ojos de fe,
       sintiendo la situación como propia,
       compartiendo juntos los anhelos y esperanzas,
       amando esa realidad como el terreno que Dios nos confió,
       con la certeza de que Dios sigue actuando entre nosotros,
       con la esperanza firme de que la situación puede cambiar,

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       en una actitud permanente de oración y reflexión.

      Estructuración del MODELO IDEAL de Iglesia para la diócesis, con base en la
       eclesiología del Vaticano II (Lumen gentium y Gaudium et spes). Se trata de
       bosquejar cuál es la imagen de la Arquidiócesis en cada uno de sus
       componentes, en el contexto de la Iglesia universal como ha sido planteada en
       el Concilio Vaticano II.

En la construcción de un edificio es necesario primero individuar con claridad qué tipo
de construcción se quiere levantar realizando unos planos arquitectónicos que precisen
todos los detalles, de la misma manera en el proceso de nueva evangelización se
necesita plasmar con toda claridad el perfil concreto de la diócesis que entre todos
queremos construir.

Exigencias y actitudes:

       Aquí también todos tienen que trabajar juntos porque se trata de construir la
       comunidad eclesial a la que se pertenece.
       Para ello es necesario empaparse de la eclesiología del Vaticano II y de los
       últimos documentos de la Iglesia,
       y buscar entre todos los rasgos concretos que debe tener la Arquidiócesis,
       discerniendo juntos la voluntad de Dios,
       asumiéndola con entusiasmo,
       con la certeza de que Dios mismo se encargará de realizarla.


      Formulación del MODELO DE DIAGNÓSTICO pastoral de la diócesis. Al comparar
       la situación que se vive con el ideal que se busca, se descubren cuáles son las
       potencialidades y las dificultades especiales para encarar la consecución del
       ideal.

Este modelo nace de la comparación del modelo de situación con el modelo ideal.
Muestra las debilidades y fortalezas, los obstáculos y potencialidades para alcanzar el
ideal. Es un paso especialmente importante, porque permite tomar conciencia de los
problemas fundamentales que hay que afrontar y, al mismo tiempo, de las grandes
riquezas que se poseen para emprender juntos la construcción de la Arquidiócesis de
Barranquilla que Dios quiere y que la sociedad atlanticense necesita.

Para la construcción del edificio que se quiere hay que hacer un balance de las
ventajas y desventajas que ofrece el terreno sobre el que se va a edificar. De la misma
manera, para el proceso de evangelización es necesario valorar la situación actual para
poder discernir lo positivo y lo negativo y ver qué repercusiones tendrán en la
construcción de la Iglesia que Dios quiere y el mundo necesita.

Exigencias y actitudes:

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       Con profunda humildad reconocer las falencias
       y con profunda acción de gracias reconocer las maravillas que Dios ha actuado
       en la comunidad
       sabiendo que es Dios el que capacita a la comunidad para emprender la tarea de
       construir la Iglesia que Él quiere
       ya que los fieles son sus instrumentos en la obra de salvación.
       Es un momento privilegiado para la esperanza y la confianza plena en el Señor,
       quien conduce la historia.

      Diseño estratégico del MODELO OPERATIVO para la diócesis. Cómo tienen que
       caminar los miembros de la Arquidiócesis para llegar a ser la Iglesia ideal.

Es el recorrido que se debe hacer para convertir la realidad actual en el ideal que se
desea. Como el recorrido es largo, naturalmente hay etapas y fases y pasos por medio
de los cuales, el conjunto del Pueblo de Dios se va acercando a la meta propuesta, al
IDEAL.

En la construcción, se trata de la organización del trabajo que hay que hacer,
marcando con cuidado el orden de las acciones. La evangelización es también un
proceso que debe ser organizado detalladamente para que el pueblo pueda caminar
juntos hasta alcanzar el ideal que se propone.

Exigencias y actitudes:
      Ser conscientes de que se trata de un proceso a largo plazo
      para el cual se requiere una gran paciencia.
      Aceptarlo y asumirlo, porque es la manera concreta de hacer viable el querer de
      Dios,
      y es signo de unidad y operatividad entre los agentes de pastoral.
      Exige libertad interior para desprenderse de los caprichos o experiencias
      y una profunda ascesis para hacer propia la disciplina de la programación.


1.4. LA ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN

Todo el proceso de evangelización está animado por una fuerza transformadora: la
espiritualidad de comunión, que se basa en la vivencia de la comunión que lleva a la
construcción de la Iglesia como comunidad de comunidades.

―Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo‖ (Levítico 19,2)
―Sean santos en todo su comportamiento como es santo el que los ha llamado, pues
está escrito: sean santos porque yo soy santo‖ (I Pedro 1,15-16)
―Todos en la Iglesia, ya pertenezcan a la jerarquía, ya sean dirigidos por ella, son
llamados a la santidad‖ (LG 39)
―Espiritualidad es un estilo o forma de vivir según las exigencias cristianas, la cual es
la vida de Cristo y en el Espíritu, que se acepta por la fe, se expresa por el amor, y en

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esperanza es conducida a la vida dentro de la comunidad eclesial‖. (Juan Pablo II, La
Iglesia en América No. 29)

La relación que hay entre la planta y los frutos es semejante a la relación que hay
entre la espiritualidad de comunión y la santidad. Sin la planta no hay frutos, sin la
espiritualidad de comunión no hay santidad.

Sólo con esta fuerza, con esta dinámica, camina el proceso de nueva evangelización.
Por eso, la espiritualidad de comunión es el alma del plan. ―Hace falta promover una
espiritualidad de comunión. Sin este camino espiritual, los instrumentos externos de
comunión se convertirían en medios sin alma, en máscaras de comunión‖ (Juan Pablo
II, Novo millennio ineunte No. 43).

La espiritualidad de comunión es una manera de ser, de pensar y de actuar de la
persona, del grupo y del conjunto de la comunidad o pueblo de Dios, resultante del
encuentro con Dios y la comunidad, encuentro que ocurre en Cristo. Esta nueva
manera de ser, pensar y actuar da sentido a la vida y se pone al servicio del plan de
salvación, concretado aquí y ahora en el plan global de nueva evangelización. La
espiritualidad viene a ser como el aire que se respira, como el fuego que calienta.

La espiritualidad de comunión se caracteriza porque postula y pone en acción una
serie de valores sin los cuales la misma comunión sería imposible. Tales valores son:

      La esperanza, basada en la certeza de que Dios continúa actuando en la
       historia llevando a cabo, por medio de Cristo y del Espíritu, su plan de salvación.
       Esta esperanza engendra el anhelo permanente de realizar el plan de Dios,
       acatando plenamente su voluntad.
      La reconciliación comunitaria, que en la vida de la Iglesia se expresa como
       conversión interior y como renovación externa.
      El diálogo, entendido como la comunicación entre personas, grupos e
       instituciones, y como el intercambio entre dones, carismas y ministerios.
      El discernimiento comunitario o sea la búsqueda conjunta del querer de
       Dios, descubierto en los signos de los tiempos a la luz de la Palabra.
      La comunicación de bienes, signo de solidaridad fraterna y eclesial, y
       expresión visible de la misma espiritualidad comunitaria.
      La Palabra, la Eucaristía y la oración que son a la vez culminación de la
       espiritualidad comunitaria y fuentes que la nutren y sostienen.

Exigencias y actitudes:

      Tomar conciencia de que a lo largo de la Biblia encontramos un plan de Dios
       para el conjunto de su pueblo; y que en este plan el individuo cuenta, en
       cuanto es parte de ese Pueblo y está al servicio del mismo.
      Entender y asumir la espiritualidad comunitaria, como un poner en práctica
       las líneas fundamentales del Concilio Vaticano II

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      Pasar de un devocionismo, con frecuencia interesado, a un descubrir el querer
       de Dios y convertirlo en norma de vida.


2. CRITERIOS DE LA MISIÓN
Son como lámparas que iluminan el camino para llegar en forma segura al puerto
deseado.

2.1. CON RELACIÓN A LA ACCIÓN

Toda acción debe ser evangelizadora. Es decir, que lleve a la aceptación del
designio salvador de Dios en Cristo y que se inscriba en un proceso permanente,
sistemático, orgánico, único pero diferenciado de evangelización. ―Vayan por todo el
mundo a proclamar el Evangelio a toda creatura‖ (Mc 15,15) ―La tarea fundamental a
la que Jesús envía a sus discípulos es el anuncio de la buena Nueva, es decir, la
evangelización‖ (Juan Pablo II, La Iglesia en América, 66)

2.2. CON RELACIÓN A LOS DESTINATARIOS

La evangelización debe llegar a todos. Es decir, se debe convocar a todos en
forma global, sistemática y progresiva. ―Vayan a hacer discípulos a todos los pueblos‖
(Mt 28,18). ―Quien en su evangelización excluya a un solo hombre de su amor no
posee el amor de Cristo; por eso la acción apostólica debe abarcar a todos los
hombres, destinados a ser hijos de Dios‖ (Puebla 205).

2.3. CON RELACIÓN AL SUJETO EVANGELIZADOR

Todos los bautizados deben ser evangelizadores. Es decir, todos los bautizados
están llamados a ser evangelizados y a evangelizar. ―Vayan también ustedes a
trabajar en la viña‖ (Mt 20,6). ―El sujeto de la nueva evangelización es toda la
comunidad eclesial‖ (Santo Domingo 25). ―Los fieles laicos, precisamente por ser
miembros de la Iglesia, tienen la vocación y la misión de ser anunciadores del
Evangelio‖ (Juan Pablo II en “Los fieles laicos” 33).

2.4. CON RELACIÓN AL MÉTODO

El método será la confrontación entre el Evangelio y la vida, para suscitar un
proceso de conversión en el evangelizado especialmente por medio del testimonio del
evangelizador. Es decir, que la evangelización que convence es la que se hace con el
testimonio de la propia vida y que evangelizar, más que transmitir conocimientos,
debe ser un llevar a la revisión de la vida a la luz del Evangelio, a un proceso de
conversión permanente tanto personal como comunitaria. ―Si yo no realizo obras
iguales a las de mi Padre, no me crean; pero si las realizo, acepten el testimonio de
las mismas aunque no quieran creer en mí‖ (Jn 10, 37-38). ―El testimonio de vida

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cristiana es la primera e insustituible forma de Evangelización, como lo hizo presente
vigorosamente Jesús y lo enseñaron también los apóstoles‖ (Santo Domingo 33).‖La
nueva evangelización exige la conversión de toda la Iglesia‖ (Santo Domingo 29).

2.5. CON RELACIÓN A LOS MEDIOS

Las estructuras que hacen posible la evangelización deben ser dialogales,
participativas y orgánicas. Es decir, que el Pueblo de Dios debe organizarse para
vivir la comunión y poder participar activamente en la vida de la comunidad eclesial y
esa organización debe estar apoyada en equipos de trabajo que animen la comunión y
la participación. ―El nuevo siglo debe comprometernos más que nunca a valorar y
desarrollar aquellos ámbitos e instrumentos que, según las grandes directrices del
Concilio Vaticano II, sirven para asegurar y garantizar la comunión‖ (Juan Pablo II, Al
comenzar el nuevo milenio, No. 44)


3. LOS NIVELES DE LA EVANGELIZACIÓN
Para alcanzar ese ideal de Iglesia, la evangelización debe abarcar todas las
dimensiones o niveles que la hacen integral. Estos niveles son:

3.1.   LA PASTORAL COMUNITARIA

Es la acción evangelizadora que se dirige a todos los bautizados de la Iglesia Católica y
a todos los hombres de buena voluntad en cuanto son parte de un pueblo, o están
llamados a conformar un pueblo, que como conjunto está llamado a la santidad y
busca la integración de todas las diversidades humanas y eclesiales en la unidad.

Se desarrolla en tres SUBNIVELES:

3.1.1. LA PASTORAL DE MULTITUDES: Es la acción evangelizadora que se dirige a
todos, como porción del Pueblo de Dios o llamados a él, en orden a un camino
conjunto de evangelización permanente de la cultura del pueblo y de su religiosidad
popular en sus manifestaciones multitudinarias.

3.1.2. LA PASTORAL DE PEQUEÑAS COMUNIDADES: Es la acción evangelizadora
que se dirige a todo el Pueblo de Dios en orden a la convocación, promoción y
funcionamiento de „pequeñas comunidades‟ de dimensiones humanas, grupos de
familias, que, a lo largo de un proceso lento y progresivo, se convertirán en CEB.

3.1.3. LA PASTORAL FAMILIAR: Es la acción evangelizadora que pretende llegar a
todas las familias en términos de animación y formación espiritual de las parejas y de
las familias mismas en cuanto llamadas a la santidad comunitaria y en respuesta a los
problemas específicos de las parejas o de la misma familia.


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3.2.   LA PASTORAL ESPECIALIZADA

Es la acción evangelizadora que se dirige a todos los bautizados pero no ya en su
conjunto sino agrupados por categorías de personas que, en cuanto cumplen una
función en la sociedad, deben interpretar en la fe su situación específica y deben dar
testimonio de la misma en su ambiente para ponerse al servicio del crecimiento de la
comunidad.

Este nivel fundamental incluye un conjunto de SUBNIVELES específicos en la diócesis
según la realidad y el ideal que se persiga. Estos subniveles pueden ser:


3.2.1. LA PASTORAL DE NIÑOS Y JÓVENES

       LA PASTORAL INFANTIL: Se dirige a todos los niños como grupo social
       (independientemente de cuanto se hace por ellos en la catequesis) para
       ayudarles a vivir su fe al servicio del crecimiento de la comunidad. Se crea el
       Movimiento Infantil Arquidiocesano.
       LA PASTORAL JUVENIL Y VOCACIONAL: Se dirige a todos los jóvenes de la
       arquidiócesis como grupo social para ayudarles en su discernimiento vocacional
       dentro de la Iglesia y de la sociedad. Se configura el Movimiento Juvenil
       Arquidiocesano y el Seminario Menor Parroquial.

3.2.2. LA PASTORAL EDUCATIVA

       LA PASTORAL DE LOS DOCENTES: Se dirige a todos profesores de colegios,
       tanto privados como oficiales, tanto católicos como no confesionalmente
       católicos, para ayudarles a comprender el testimonio específico de su fe en este
       campo.
       LA PASTORAL DE LOS ESTUDIANTES: Se dirige a todos los alumnos de los
       colegios estatales o particulares, católicos o no.
       LA PASTORAL DE LOS UNIVERSITARIOS: Se dirige a todos los alumnos
       universitarios tanto estatales como privados, católicos o no.

3.2.3. LA PASTORAL DE LOS CONSTRUCTORES DE LA SOCIEDAD

Es la pastoral que busca llegar a todas las personas que, en una forma u otra,
contribuyen con su trabajo a la construcción de la sociedad.

3.2.3.1. PASTORAL DE LOS COMUNICADORES Y ARTISTAS

3.2.3.2. PASTORAL DEL TRABAJO

             PASTORAL DE LOS OBREROS
             PASTORAL DE LOS CAMPESINOS

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             PASTORAL DE LOS PESCADORES
             PASTORAL DE LOS EMPRESARIOS E INDUSTRIALES
             PASTORAL DE LOS COMERCIANTES
             PASTORAL DE LOS TENDEROS
             PASTORAL DE LOS TRANSPORTADORES

3.2.3.3. PASTORAL DE LA POLÍTICA

             PASTORAL      DE   LOS   PROFESIONALES DE LA JUSTICIA
             PASTORAL      DE   LOS   POLÍTICOS
             PASTORAL      DE   LOS   LÍDERES CÍVICOS
             PASTORAL      DE   LOS   EMPLEADOS PÚBLICOS

3.2.3.4. PASTORAL DE LAS ORGANIZACIONES SOCIALES
       Busca llegar a todas aquellas organizaciones tanto no gubernamentales (ONG)
       como estatales que están contribuyendo a la organización de la sociedad y a
       subvenir a las principales dificultades de los ciudadanos.

3.2.3.5. PASTORAL DE LOS ADULTOS MAYORES


3.3.   SERVICIOS PASTORALES

Este tercer nivel engloba todas las acciones que la Iglesia ofrece como “servicios
pastorales”, es decir, los servicios de catequesis, liturgia y promoción humana,
espiritualidad de comunión, misiones, ecumenismo, en armonía con el camino de fe de
todo el Pueblo de Dios.

Este nivel comprende los siguientes SUBNIVELES:

3.3.1. PASTORAL CATEQUÉTICA

       PASTORAL BÍBLICA: Busca la difusión, comprensión y asimilación de la
       Palabra de Dios en todo el pueblo católico.

       CATEQUESIS DE NIÑOS Y ADOLESCENTES: Es la catequesis que se ofrece
       en las parroquias, no en las escuelas, y que, hasta ahora se ha reducido a la
       preparación de los sacramentos de la Penitencia, la Comunión y la
       Confirmación. Se debe buscar la creación de una catequesis global, progresiva
       y sistemática de iniciación cristiana que comience hacia los 5 años y termine
       hacia el final de la enseñanza media con el sacramento de la Confirmación.

       CATEQUESIS DE LOS ADULTOS:
       Es la catequesis que marca, por una parte, el camino catecumenal de aquellos
       adultos que quieren ingresar a la Iglesia católica por medio de los sacramentos

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       de la iniciación cristiana; y, por otra parte, ofrece a los adultos la preparación
       adecuada para la celebración de los sacramentos de los que son protagonistas.
       Se trata de la preparación de los padres para el bautismo de sus hijos; de la
       preparación de las parejas para el matrimonio; de la preparación para la unción
       de los enfermos.
       Contempla, además, ofrecer a todos los adultos, a partir de la recepción del
       sacramento de la confirmación, la posibilidad de vivir un proceso de
       permanente crecimiento en la fe.

       CATEQUESIS ESPECIALIZADA: Busca llegar a aquellos grupos de personas
       que merecen una catequesis especial como sordomudos, enfermos terminales,
       etc.

       LA PASTORAL DE LA E.R.E. (Enseñanza Religiosa Escolar): Trata de orientar y
       apoyar la educación de la Religión tanto en los colegios privados como en los del
       estado y capacitar a los docentes en este campo.

       LA PASTORAL DE LOS COLEGIOS CATÓLICOS: Es la acción pastoral de las
       instituciones educativas católicas en cuanto éstas deben ser un espacio de
       vivencia y de comunidad de fe. Como católicas deben ser evangelizadoras y
       coordinadas pastoralmente por el Obispo.


3.3.2. PASTORAL LITÚRGICA

       CELEBRACIONES DOMINICALES Y FESTIVAS: Es la acción evangelizadora
       orientada a la celebración decorosa, participativa y festiva de la liturgia.

       ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN EN EL NIVEL POPULAR: Es la acción
       encaminada a evangelizar toda la piedad popular en coherencia con la
       espiritualidad de la Iglesia para crear una verdadera espiritualidad comunitaria.

       PASTORAL DEL CANTO Y DEL ARTE SAGRADOS

3.3.4. PASTORAL DE LA PROMOCIÓN HUMANA (PASTORAL SOCIAL): Es la
acción pastoral dirigida a la evangelización de todas las relaciones sociales.

       PASTORAL DE LA SOLIDARIDAD CRISTIANA: Expresa la solidaridad con
       todos los pobres y marginados: analfabetas, pobres de solemnidad, enfermos,
       migrantes, etc. Asume, además, todos los procesos de acompañamiento a la
       promoción integral de los grupos menos favorecidos.

       PASTORAL DE LA JUSTICIA Y LA PAZ: Es la evangelización de todas las
       realidades sociales por medio de la formación de la conciencia de la comunidad


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         cristiana (pueblo y dirigentes a todos los niveles) sobre los derechos humanos,
         sobre los fundamentos esenciales de una sociedad, etc.

         PASTORAL DE LA MOVILIDAD HUMANA: Busca atender especialmente a
         todas las personas que se desplazan por una u otra razón (migrantes, turistas,
         peregrinos, etc.)

         PASTORAL CARCELARIA: Se preocupa de todos los privados de la libertad.

         PASTORAL DE LA SALUD

              PASTORAL DE LOS PROFESIONALES DE LA SALUD
              PASTORAL DE ATENCIÓN A LOS ENFERMOS
              PASTORAL DE LA ECOLOGÍA Y LA SANIDAD

3.3.5.      PASTORAL DE LA ESPIRITUALIDAD COMUNITARIA

3.3.6.      ECUMENISMO Y MISIONES



3.4. PASTORAL MINISTERIAL

Es la acción pastoral que mira a la formación doctrinal, espiritual, pastoral y
metodológica, inicial y permanente, de los animadores de la evangelización.
Se trata de la formación general, común a todos los servicios, aunque en subniveles
diversos.

3.4.1. FORMACIÓN ESPIRITUAL, DOCTRINAL Y PASTORAL DE TODOS LOS
ANIMADORES DE LA EVANGELIZACIÓN EN SU CONJUNTO

3.4.2. CENTROS DE ESTUDIOS TEOLÓGICOS PARA LAICOS

3.4.3. FORMACIÓN INICIAL Y PERMANENTE DE LOS DIÁCONOS

3.4.4. FORMACIÓN INICIAL Y PERMANENTE DE LOS PRESBÍTEROS

3.4.5. ACCIÓN PASTORAL DE LOS RELIGIOSOS



3.5. ESTRUCTURAS




                                                                                                   22
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Es la acción encaminada a la creación y funcionamiento de las estructuras de
comunicación, participación y corresponsabilidad de todo el Pueblo de Dios en la vida y
misión de la Iglesia.

3.5.1. ESTRUCTURAS DE APOYO

       MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL: Busca la creación de los medios de
       comunicación social propios que sean necesarios, la optimización de los
       existentes y la presencia de la Iglesia en su tarea evangelizadora en los medios
       masivos de comunicación.

       ECONOMÍA: Busca la elaboración de un plan de economía solidaria en el nivel
       diocesano que permita la auténtica comunicación cristiana de bienes.

3.5.2. ORGANISMOS DE PROPUESTAS

       CONSEJOS PASTORALES: Tanto en el nivel de la Arquidiócesis como de las
       células pastorales para elaborar las propuestas necesarias en la implementación
       del plan de pastoral.

       EDAP (Equipo Diocesano para la Animación Pastoral), EUAP (Equipo de
       la Unidad pastoral para la Animación Pastoral) Y ECAP (Equipo de la
       Célula Pastoral para la Animación Pastoral)

3.5.3. ORGANISMOS DE DECISIÓN

       CONSEJO PRESBITERAL

       COLEGIO DE CONSULTORES

3.5.4. ORGANISMOS DE CONDUCCIÓN Y COORDINACIÓN

       CONSEJO EPISCOPAL: Está integrado por los vicarios episcopales para ayudar
       al Obispo en la toma permanente de decisiones para la buena marcha de la
       diócesis.

       CONSEJO DE VICARIOS TERRITORIALES Y DECANOS: Para buscar la
       conducción permanente de la evangelización en todos sus niveles.

3.5.5. ORGANISMOS DE IMPLEMENTACIÓN

       DELEGACIONES ARQUIDIOCESANAS: El delegado de la Arquidiócesis, en
       estrecha colaboración con la comisión arquidiocesana, busca orientar, coordinar
       y apoyar la acción pastoral en el subnivel de evangelización correspondiente.


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       Análogamente se nombran los delegados de cada célula pastoral y los
       delegados de cada sector de la célula.

       COMISIONES ARQUIDIOCESANAS: Conformadas por presbíteros, religiosos y
       laicos, buscan llevar a la realización el plan de pastoral en cada uno de los
       niveles y subniveles de la evangelización. Análogamente se conforman los
       comités en cada célula pastoral y los equipos en cada sector de la célula.

3.5.6. ORGANISMOS DE ACTUACIÓN ORGÁNICA

       PARROQUIAS

       DECANATOS

       VICARÍAS TERRITORIALES


4. LAS ESTRUCTURAS PASTORALES EN EL NIVEL DE LA UNIDAD PASTORAL,
LA CÉLULA PASTORAL, LOS SECTORES Y LOS NÚCLEOS.

4.1. LA UNIDAD PASTORAL Y LA CÉLULA PASTORAL

4.1.1. LA UNIDAD Y LA CÉLULA: se denomina “unidad pastoral” a un territorio,
equivalente jurídicamente a una parroquia, conformado por tantas “células pastorales”
(parroquias, cuasiparroquias o centros de evangelización según su grado de
crecimiento) cuantas sean necesarias.
Cada célula pastoral debe tener establecidos adecuadamente los límites y determinado
su grado en el proceso (o parroquia, o cuasiparroquia, o centro de evangelización). El
párroco de la unidad pastoral acompaña el proceso de organización pastoral y de
acción evangelizadora en cada una de las células, de tal manera que se conformen y
organicen como una verdadera parroquia, ya formada o en proceso de formación. La
célula debe ser una comunidad, y, por lo tanto, debe tener un número cercano a los
8.000 habitantes.

4.1.2. LOS EQUIPOS DE LA UNIDAD Y DE LA CÉLULA PASTORAL

4.1.2.1. El ECAP (Equipo de la Célula para la Animación Pastoral) es un equipo
(entre 7 y 12) personas, representativos de la comunidad que, convocadas por el
párroco, se compromete a animar el dinamismo evangelizador del conjunto de la
célula pastoral. El ECAP tiene un coordinador, y un secretario.

4.1.2.2. EL EUAP (Equipo de la Unidad para la Animación Pastoral) es el equipo
conformado por los coordinadores y los secretarios de cada uno de los ECAP que
conforman la unidad pastoral que, bajo la dirección, animación, coordinación y apoyo


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del párroco, promueve el dinamismo evangelizador de la unidad pastoral confiada al
párroco.

4.1.2.3. LOS COMITÉS DE LA CÉLULA PASTORAL

El comité de la célula para cada uno de los subniveles de la evangelización es un
equipo (entre 3 y 5 personas) que –bajo la coordinación del ECAP y de la respectiva
comisión arquidiocesana- anima, orienta, coordina y apoya la evangelización de todos
los bautizados o personas de buena voluntad en la célula correspondiente.

4.2. EL SECTOR Y SUS EQUIPOS

4.2.1. EL SECTOR

El sector es un territorio perfectamente delimitado dentro de la célula pastoral que
tiene un número aproximado de 1.000 habitantes y cuya configuración responde, en lo
posible, a divisiones naturales (avenidas, arroyos, parques, barrios, conglomerados de
edificios...).

Con la creación de los sectores de una parroquia se busca la descentralización de la
pastoral, ya que éste debe ser el espacio normal para la realización de las actividades
de la evangelización en cada uno de los subniveles.

4.2.2. LOS EQUIPOS

4.2.2.1. EL EQUIPO DE COORDINACIÓN SECTORIAL (ECOS)

Es un grupo de personas (de 3 a 5) que conforman un equipo, bajo la coordinación del
ECAP, para la organización de la evangelización en el sector y asegurar que la acción
evangelizadora de la célula pastoral llegue a todos los bautizados y a todas las
personas de buena voluntad y ofrece a éstas la posibilidad real de participar en la vida
y en la misión de la Iglesia.

4.2.2.2. LA RED DE MENSAJEROS

El mensajero –en la medida de lo posible siempre unido con otro para formar una
pareja- es el encargado de entrar en contacto personal, permanente y sistemático con
cada una de las familias que se le han encomendado. Es, por lo tanto, el animador
pastoral más importante en la tarea de establecer vínculos de comunión y
participación entre cada una de las familias y la unidad pastoral.

Se habla de red de mensajeros porque debe conformarse una verdadera red que cubra
todas y cada una de las familias de la célula pastoral. A cada pareja de mensajeros se
le encarga un número de cerca de 10, máximo 15 familias, para que sea posible el
intercambio personal con las familias. El ideal es la presencia de una pareja de

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mensajeros en cada una de las cuadras del sector. De esta manera, la red de
mensajeros es como el sistema nervioso del cuerpo humano: mediante una verdadera
red de nervios, el cerebro y todas las partes del cuerpo se comunican mandando y
recibiendo mensajes que hacen posible el funcionamiento de todo el organismo.

4.2.2.3. LOS SUBCOMITÉS DE LOS SECTORES PARA CADA UNO DE LOS
SUBNIVELES DE LA EVANGELIZACIÓN

Así como en el nivel arquidiocesano debe organizarse una comisión arquidiocesana
para cada uno de los niveles y subniveles de la evangelización, y como en el nivel de
cada una de las células pastorales debe organizarse un comité de la célula para
cada uno de los subniveles de la evangelización, así también en cada sector debe
organizarse un subcomité del sector para cada uno de subniveles de la
evangelización y, por lo tanto, tiene en el sector las mismas funciones que tiene el
comité de la célula en el subnivel de la evangelización que le corresponde.

4.3. EL NÚCLEO Y LAS ASAMBLEAS FAMILIARES

El núcleo es un territorio delimitado dentro del sector en el cual se organiza una
asamblea familiar. Ésta es la reunión de varias familias que se congregan para
escuchar la Palabra de Dios y crecer en la fe, la esperanza y el amor, con una
proyección básica hacia la transformación de la realidad de los vecindarios.

4.4. LA FAMILIA

La familia es la estructura básica fundamental de toda la organización pastoral y, por
lo tanto, es el punto de partida de todo el proceso de evangelización.

A ella se dirige la CARTA A LAS FAMILIAS que mensualmente escribe el Arzobispo para
invitarlas a reunirse semanalmente para iluminar con el evangelio del domingo la vida
de las relaciones intrafamiliares e invitarlas a participar en la asamblea familiar
semanal para que descubran la manera concreta de avanzar hacia una verdadera
unión en el vecindario.

Para que esto sea posible, el trabajo de la RED DE MENSAJEROS tiene una especial
importancia. Éstos deben estar en un continuo contacto con la familia para conocerlos,
animarlos, motivarlos, llevarles las iniciativas de la parroquia y recibir de ellos las
indicaciones necesarias para que el proceso diocesano de renovación y evangelización
pueda seguir avanzando.




                                                                                                   26
“Jesús, después de haberlos llamados y antes de enviarlos, es más,
para poder mandarlos a predicar, les pide un „tiempo‟ de formación,
destinado a desarrollar una relación de comunión y amistad profundas
con Él. Dedica a ellos una catequesis más intensa que al resto de la
gente y quiere que sean testigos de su oración silenciosa al Padre. En
su solicitud por las vocaciones sacerdotales la Iglesia de todos los
tiempos se inspira en el ejemplo de Cristo.” Juan Pablo II, PDV No. 42
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                                                           Introducción General




1. LA FORMACIÓN SACERDOTAL
La vocación sacerdotal es un don absolutamente gratuito que Dios Padre concede a
algunos miembros de la Iglesia, para que -configurados con su Hijo Jesucristo por la
acción del Espíritu Santo- sirvan en y desde la Iglesia a la salvación del mundo. Así se
continúa en el tiempo y en el espacio la acción de Cristo, como nos la narra el
evangelista Marcos: “Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él.
Instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de
expulsar los demonios” (Mc 3,13-15).

El descubrimiento y el cultivo de este don han sido encomendados por Cristo a la
Iglesia, la cual, asistida por el Espíritu Santo, ha extraído de su vida y misión una larga
experiencia que le ha permitido plasmar con claridad creciente el proceso que deben
seguir aquellos que, llamados por el Señor, responden generosamente a su invitación.
Esto es lo que conocemos como formación sacerdotal que no es sólo una obra humana
sino esencialmente una obra de Dios. “Formarse para el sacerdocio es aprender a dar
una respuesta personal a la pregunta fundamental de Cristo: „¿me amas?‟ Y la
respuesta no puede ser sino el don total de su vida… es vivir en el seguimiento de
Cristo, es dejarse educar por él para el servicio del Padre y de los hombres, bajo la
acción del Espíritu Santo. Más aún es dejarse configurar con Cristo, buen Pastor.”1

La formación sacerdotal implica para el que ha sido llamado ponerse libre y
generosamente en las manos de Dios, para que Cristo con la acción del Espíritu Santo
plasme en el candidato su ser y su misión, ya que la Iglesia ha visto conveniente
“promover al sacerdocio sólo aquellos hombres en los cuales descubre el auténtico
llamado divino y sólo después de haber sido debidamente preparados.”2

Igualmente considera oportuno por la naturaleza misma del sacramento que, incluso
después de haber sido agregado al numero de los servidores de Dios, el presbítero
continúe renovando el don de la gracia recibida.

De esta manera, gracias a la permanente apertura de la Iglesia a la iluminación del
Espíritu, se ha visto conveniente hablar de dos momentos formativos:


1
    PDV No 42
2
    Cfr. Ibíd.

                                                                                         28
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                                                            Introducción General

         la formación inicial que se recibe antes de la recepción del Orden sagrado y
          que se realiza en un itinerario de vida, en una atmósfera espiritual que favorece
          y asegura que el que ha sido llamado por Dios al sacerdocio pueda llegar a ser,
          con el sacramento del Orden, una imagen viva de Jesucristo cabeza, esposo y
          pastor de la Iglesia3.

         la formación permanente que se inicia con la recepción del Orden y se
          prolonga durante toda la existencia sacerdotal, ya que toda gracia de Dios es un
          don y una tarea; don porque nada hace el hombre para merecerla y tarea
          porque, una vez recibida, debe cuidarla y protegerla.

1. LAS DIMENSIONES DE LA FORMACIÓN

La formación sacerdotal integra en el candidato al Orden sagrado el desarrollo de
cuatro dimensiones, las cuales ayudan a hacer realidad la respuesta personal a la
llamada del Señor:

         La    dimensión   humana
         La    dimensión   espiritual
         La    dimensión   intelectual
         La    dimensión   pastoral

El crecimiento integral en estas dimensiones permite que este proceso de formación
sea como un movimiento progresivo, armónico y dinámico hacía la madurez de la
persona en el campo humano, cristiano y ministerial.

1.1. LA DIMENSIÓN HUMANA

Esta dimensión hace referencia a todas aquellas características, cualidades y
perfecciones que le son propias al hombre por el hecho de ser persona.

De esta dimensión de la formación sacerdotal el papa Juan Pablo II afirma en la
exhortación apostólica postsinodal Pastores Dabo Vobis: “Sin una adecuada formación
humana toda la formación sacerdotal estaría privada de su fundamento necesario… El
presbítero, llamado a ser imagen viva de Jesucristo Cabeza y Pastor de la Iglesia, debe
reflejar en sí mismo, en la medida de lo posible, aquella perfección humana que brilla
en el Hijo de Dios hecho hombre y que se transparenta con singular eficacia en sus
actitudes hacia los demás… Para que su ministerio sea humanamente lo más creíble y
aceptable, es necesario que el sacerdote plasme su personalidad humana de tal
manera que sirva de puente y no de obstáculo a los demás en el encuentro con
Jesucristo redentor del hombre.”4



3
    PDV No 35
4
    PDV No 72

                                                                                         29
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                                                              Introducción General

El Santo Padre aclaró, en los números 43 y 44 de esa exhortación, los elementos que
la constituyen:

          La búsqueda de una creciente maduración humana y realización de sí mismo;
          el cultivo de todas aquellas virtudes indispensables para el buen desempeño de
           su ministerio: “el amor a la verdad, la lealtad, el respeto por la persona, el
           sentido de la justicia, la fidelidad a la palabra dada, la verdadera compasión, la
           coherencia y, en particular el equilibrio de juicio y de comportamiento”5;
          la adquisición de una auténtica capacidad de relacionarse con los demás que le
           permita crear relaciones estables y maduras con todas las personas que el
           Señor le encomienda y pueda llegar a ser un verdadero instrumento de
           comunión en un mundo de personas aisladas;
          el crecimiento en una auténtica madurez afectiva, fruto de una constante
           educación al amor como donación de sí mismo y que compromete a la persona
           en todos los niveles de su personalidad;
          la aceptación plena de su propia sexualidad, como consecuencia de una
           adecuada concepción de esta realidad, que lo lleve al aprecio y a la práctica de
           la castidad;
          la comprensión y asunción del “celibato que es el ofrecer, con la gracia del
           espíritu y con la respuesta libre de la propia voluntad, la totalidad de su amor y
           de su solicitud a Jesucristo y a la Iglesia.” 6;
          la formación clara y sólida para la libertad como obediencia convencida y cordial
           a la verdad del propio ser como „don sincero de sí mismo‟, que incluye el
           dominio de sí mismo, la victoria sobre el egoísmo y una apertura cada vez más
           generosa a los demás;
          la educación de la conciencia moral, por la cual se habitúa a escuchar la voz de
           Dios que le habla a su corazón y se adhiere a su voluntad con amor y firmeza de
           voluntad.

1.2. LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL

Esta dimensión, como la describe Juan Pablo II en la citada exhortación apostólica
postsinodal, corresponde a la vida espiritual “entendida como relación y comunión con
Dios…” que “es obra del Espíritu y empeña a la persona en su totalidad; introduce en
la comunión profunda con Jesucristo, buen Pastor; conduce a una sumisión de toda la
vida al Espíritu, en una actitud filial respecto al Padre y en una adhesión confiada a la
Iglesia. Ella se arraiga en la experiencia de la cruz para poder llevar, en comunión
profunda, a la plenitud del misterio pascual… Para todo presbítero la formación
espiritual constituye el centro vital que unifica y vivifica su ser sacerdote y su ejercer
el sacerdocio.” 7

Los elementos que el Papa subraya en Pastores dabo vobis (números 45 al 50) son:

5
    Cfr. Ibíd. No 43
6
    Ibíd.
7
    PDV No 45

                                                                                           30
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                                                              Introducción General

         el trato asiduo y familiar con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu Santo:
          la comunión íntima con la Trinidad debe abarcar el ser y el actuar del futuro
          presbítero;
         la íntima comunión con Jesús que debe orientarse por la permanente búsqueda
          del Señor ya que es inagotable el misterio de la imitación y participación en la
          vida de Cristo: a Cristo se le encuentra en la meditación fiel de la Palabra de
          Dios, la participación activa en los sagrados misterios de la Iglesia, y el servicio
          de la caridad a los más pequeños; sólo así podrán experimentar la radical
          novedad del “misterio” que encierra el acontecimiento salvador en Cristo Jesús y
          comunicarlo a los demás en su futuro ministerio;
         la lectura meditada y orante de la Palabra de Dios (lectio divina);
         la respuesta a la Palabra de Dios que es la oración, como encuentro vivo y
          personal con el Padre por medio del Hijo en el Espíritu;
         la educación al significado humano y al valor religioso del silencio;
         la educación litúrgica, en el sentido de una inserción vital en el misterio pascual
          de Jesucristo muerto y resucitado, presente y operante en los sacramentos de la
          Iglesia;
         la vivencia diaria de la Eucaristía como culmen y fuente de la vida de la Iglesia y
          de la vida personal;
         la educación a la virtud de la penitencia que encuentra su plenitud en el
          sacramento de la Reconciliación y que conduce a la ascesis, a la disciplina
          interior, al espíritu de sacrificio y de renuncia, a la aceptación de la cruz;
         la educación permanente en la “caridad pastoral” del Señor ya que “el sacerdote
          es el hombre de la caridad y está llamado a educar a los demás en la imitación
          de Cristo y en el mandamiento nuevo del amor fraterno”;
         la preparación del futuro sacerdote “para conocer, estimar, amar y vivir el
          celibato en su verdadera naturaleza y en su verdadera finalidad y, por tanto, en
          sus motivaciones evangélicas, espirituales y pastorales”; como “un valor
          profundamente ligado con la sagrada Ordenación que configura a Jesucristo
          buen Pastor y Esposo de la Iglesia y, por lo tanto, como la opción de un amor
          más grande e indiviso a Cristo y a su Iglesia”;
         la educación a la obediencia, a la castidad y a la pobreza, en la perspectiva de la
          caridad pastoral, para la vivencia auténtica del celibato;
         la práctica del acompañamiento espiritual por parte de un director.

1.3. LA DIMENSIÓN INTELECTUAL

En las palabras de Juan Pablo II, esta dimensión “es una exigencia insustituible de la
inteligencia con la que el hombre, participando de la inteligencia divina, trata de
conseguir una sabiduría que, a su vez, se abre y avanza al conocimiento de Dios y a
su adhesión… y encuentra su justificación específica en la naturaleza misma del
ministerio ordenado y manifiesta su urgencia actual ante el reto de la nueva
evangelización… Para que pueda ser pastoralmente eficaz, la formación intelectual
debe integrarse en un camino espiritual marcado por la experiencia personal de Dios.”8
8
    PDV No. 51

                                                                                            31
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Esta dimensión tiene los siguientes elementos, según los números 51 al 56 de la
exhortación apostólica postsinodal Pastores dabo vobis:

         la dedicación al estudio, ya que por medio de él el futuro sacerdote se adhiere a
          la Palabra de Dios, crece en su vida espiritual y se dispone a realizar su
          ministerio pastoral;
         la veneración amorosa a la verdad, la cual lleva a reconocer que ésta no es
          creada ni medida por el hombre, sino que es dada al hombre como don por la
          Verdad suprema que es Dios;
         el estudio de la filosofía, que lleva a un conocimiento y una interpretación más
          profunda de la persona, de su libertad, de sus relaciones con el mundo y con
          Dios;
         el estudio de la teología, “la cual proviene de la fe y trata de conducir a la fe”:
          “Los dos aspectos, la fe y la reflexión madura, están profundamente
          relacionados entre sí”;
         la maduración de la fe que –como punto de partida y de llegada de la teología-
          opera una relación personal del creyente con Jesucristo en la Iglesia;
         una “visión completa de las verdades reveladas por Dios en Jesucristo y de la
          experiencia de fe en la Iglesia” y, por lo tanto, una síntesis profunda de las
          aportaciones de las diversas disciplinas;
         la particular atención a las consecuencias fundamentales y permanentes de la
          relación fe–razón con el desarrollo de una verdadera teología fundamental;
         la atención a las relaciones entre el Magisterio y las discusiones teológicas, para
          llegar a distinguir la doctrina común de la Iglesia de las opiniones de los
          teólogos y de las tendencias pasajeras;
         la búsqueda de la “relación entre el rigor científico de la teología y su aplicación
          pastoral” y, por lo tanto, la asimilación de la naturaleza pastoral de la teología
          para la evangelización de la cultura;
         la atención permanente a la situación cultural y social del mundo de hoy para
          poder iluminarlo con la luz de la fe;
         el estudio atento de la complejidad de los tiempos para que sea capaz de
          “afrontar con competencia, claridad y profundidad los interrogantes vitales del
          hombre de hoy, a los que sólo el Evangelio de Jesús da la plena y definitiva
          respuesta”.

1.4. LA DIMENSIÓN PASTORAL

En palabras del Papa Juan Pablo II, “toda la formación de los candidatos al sacerdocio
está orientada a prepararlos de una manera específica para comunicar la caridad de
Cristo, buen Pastor. Por tanto, esta formación, en sus diversos aspectos, debe tener
un carácter esencialmente pastoral… La finalidad pastoral asegura a la formación
humana, espiritual e intelectual algunos contenidos y características concretos, a la
vez que unifica y determina toda la formación de los futuros sacerdotes.”9
9
    PDV No. 57

                                                                                            32
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Esta dimensión tiene los siguientes elementos en Pastores dabo vobis (números 57-
59):

      la preparación para el ministerio de la Palabra con el fin de comprender cada
       vez mejor la palabra revelada por Dios, poseerla en la meditación y expresarla
       con la palabra y la conducta;
      la preparación para el ministerio de culto y de la santificación con el fin de que,
       orando y celebrando las sagradas funciones litúrgicas, ejerza la obra de la
       salvación por medio del sacrificio eucarístico y los sacramentos;
      la preparación para el ministerio de pastor con el fin de que sepa representar
       delante de los hombres a Cristo, que “no vino a ser servido sino a servir y a dar
       su vida en rescate por muchos” (Mc 10,45);
      la reflexión madura y la aplicación práctica; por eso es necesario el estudio de la
       teología pastoral –como una verdadera disciplina teológica, que busca la
       reflexión teológica sobre la Iglesia en su vida diaria, con la fuerza del Espíritu,
       por medio de la historia- que ilumine la aplicación práctica mediante algunos
       servicios pastorales que los candidatos al sacerdocio deben realizar de manera
       progresiva y siempre en armonía con las demás tareas formativas;
      la comunión cada vez más profunda con la caridad pastoral de Jesús, la cual, ha
       sido el principio y fuerza de su acción salvífica;
      “una verdadera y propia iniciación a la sensibilidad del pastor”, a la comunión
       con los mismos sentimientos y actitudes de Cristo, buen Pastor, para “asumir de
       manera consciente y madura sus responsabilidades, valorar los problemas y
       establecer las prioridades y los medios de solución, fundados siempre en claras
       motivaciones de fe” y en el discernimiento evangélico sobre la situación
       sociocultural y eclesial, en cuyo ámbito se desarrolla la acción pastoral;
      la inserción en la tradición pastoral viva de su Iglesia particular;
      la apertura del horizonte de la mente y del corazón a la dimensión misionera de
       la vida eclesial;
      la colaboración con los presbíteros y los laicos en el trabajo pastoral;
      la especial atención a la parroquia en la elección de los lugares y servicios
       adecuados para la experiencia pastoral;
      el testimonio de la caridad de Cristo por los hombres especialmente por los más
       pobres, como los enfermos, los migrantes, los excluidos y el conocimiento de las
       obras sociales que los pueden atender;
      la vivencia de la “autoridad” pastoral como “servicio” a la comunidad;
      la conciencia de la Iglesia “misterio” y, por lo tanto, de la acción pastoral como
       obra gratuita del Espíritu para la cual el ministro es “un siervo inútil” (Lc 17,10);
      la vivencia de la Iglesia “comunión” que hará de la acción pastoral una
       expresión de la colaboración de todos los agentes, en el reconocimiento y
       respeto de la diversidad de carismas y servicios, especialmente de los laicos;
      la experiencia de la Iglesia “misión” que le permite descubrir la dimensión
       misionera inherente a toda actividad pastoral.



                                                                                          33
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2. LOS PRINCIPIOS DE LA FORMACIÓN SACERDOTAL

2.1. LA VOCACIÓN COMO INICIATIVA DE DIOS

“La intervención libre y gratuita de Dios que llama es absolutamente prioritaria,
anterior y decisiva. Es suya la iniciativa de llamar”.10 Por este motivo, la formación del
seminario está dirigida a suscitar una profunda conciencia de la absoluta iniciativa de
Dios en la historia de aquel que es llamado y que debe expresarse en respeto y
cuidado profundos por la vocación personal y la de los demás. El seminario es, por lo
tanto, el espacio formativo donde la vocación encuentra su lugar para ser descubierta
con claridad y para fortalecerse de manera acorde a sus mismas exigencias.

“La vocación es un don de la gracia divina y no un derecho del hombre, de forma que
nunca se puede considerar la vida sacerdotal como una promoción simplemente
humana, ni la misión del ministro como un simple proyecto personal”11. Estas palabras
del Papa en el número antes citado de la Pastores dabo vobis guían la formación del
seminario para que los futuros ministros comprendan el ministerio sacerdotal como un
don gratuito que implica una respuesta de generosidad absoluta y los aleje de una
comprensión humana que les haga percibir el ministerio como una profesión más de la
cual ganar el sustento, posición social o cualquier tipo de provecho personal.

2.2. LA LIBERTAD HUMANA COMO CONDICIÓN DE LA ENTREGA SINCERA A
DIOS

Pablo VI dijo: “No puede haber vocaciones si no son libres, es decir, si no son ofrendas
espontáneas de sí mismo, conscientes, generosas y totales”12.

Por esta razón se considera en el proceso formativo como signo distintivo de auténtica
vocación la respuesta como entrega personal sincera y abierta al Dios que llama, sin
ningún tipo de presiones o condicionamientos externos e internos.

En este sentido, la formación buscará la libertad de todos los condicionamientos
sociales y culturales que puedan presentar una concepción tergiversada de la
naturaleza del ministerio y la consecución de una auténtica libertad interior que le
permita al alumno hacer una opción consciente, clara, libre en la respuesta al Señor
que llama.

2.3. LA INTEGRALIDAD DE LA FORMACIÓN




10
     Pastores Dabo Vobis No 36.
11
     Ibíd.
12
      Pablo VI, Mensaje para la V Jornada mundial por las vocaciones sacerdotales (19 de abril de 1968)

                                                                                                          34
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El ser humano, llamado por Dios para entrar en una comunión especial de servicio al
interior de la Iglesia, es una persona, con todo lo que conforma e identifica su ser con
respecto a los otros.
Por esta razón, en el proceso formativo no se hará énfasis de manera exclusiva en una
sola dimensión de la formación en detrimento de las otras, ya que el presbítero no es
sólo un hombre intelectualmente capaz; o un hombre de cualidades humanas
excepcionales; o un hombre espiritual que viva en una relación tan profunda con Dios
que el mundo le sea accidental; o un hombre práctico, gran emprendedor, que donde
quiera que vaya, deje huellas de su presencia por las múltiples obras que realiza; sino
que es el buen pastor que, configurado con Cristo, se entregue todo por el servicio de
los hermanos sin reservarse nada para sí.

El candidato al sacerdocio debe formarse para llegar a ser un hombre que con sus
cualidades humanas, sea capaz de acercar a sus hermanos a la vivencia del misterio
divino; que por su oración y comunión con Dios pueda mostrar a los demás el camino
de la experiencia espiritual; un hombre que por su conocimiento de Dios confirme en
la fe a sus hermanos y les comunique con certeza la verdad revelada en Cristo; y un
hombre que en cuanto haga deje transparentar a Cristo, el único buen Pastor.

De la formación no se esperan hombres a medias, buenos para ciertas cosas, pero con
visibles carencias en otras, sino un hombre que integre en armonía creciente la
madurez humana, la experiencia espiritual, la profundidad doctrinal y la caridad del
buen pastor.

2.4. EL MINISTERIO SACERDOTAL PARA EL SERVICIO DE LA IGLESIA Y,
DESDE ELLA, DEL MUNDO

“El sacerdote, en cuanto representa a Cristo Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, se
sitúa no sólo en la Iglesia sino también al frente de la Iglesia… El ministerio del
presbítero está totalmente al servicio de la Iglesia.”13

Uno de los ejes fundamentales de la formación para el sacerdocio es, por lo tanto, la
asunción plena de la dimensión eclesial del sacerdocio. Durante el proceso de
maduración de la opción vocacional, el candidato debe expresar los signos propios del
amor por la misión de la Iglesia y en particular manifestar el compromiso personal en
el quehacer pastoral de la Iglesia particular, como un medio de alcanzar una
vinculación no sólo canónica a la Iglesia particular, sino una vinculación afectiva y de
mutua preocupación por sus necesidades y retos pastorales14.

Por otra parte, el candidato al sacerdocio debe asumir la realidad de la Iglesia como
“sacramento de salvación, es decir, signo e instrumento de la unión íntima con Dios y
de la unidad de todo el género humano.”15

13
     PDV No. 16
14
      Cf. Concilio Vaticano II, Decreto “Optatam Totius” No 9
15
     Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática sobre la Iglesia, “Lumen Gentium” No. 1

                                                                                                      35
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Por eso, la formación lo hará cada vez más consciente de la situación actual y de las
implicaciones de la presencia evangelizadora de la Iglesia en el mundo y hará posible
que el candidato haga suyos como la Iglesia “los gozos y las esperanzas, las tristezas
y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de
cuantos sufren.”16


2.5. EL MINISTERIO SACERDOTAL EN EL AQUÍ Y EL AHORA

“El sacerdote del mañana no menos que el de hoy deberá asemejarse a Cristo cuando
vivía en la tierra. Jesús reflejó en sí mismo el rostro definitivo del presbítero” 17, por
eso la vocación sacerdotal continuará siendo la llamada a vivir el único y permanente
sacerdocio de Cristo.

Pero ciertamente la vida y el ministerio del sacerdote deben adaptarse a cada época y
a cada ambiente de vida sin traicionar su sentido original. De esta manera cada
seminarista debe amar y respetar profundamente los ambientes culturales de donde
procede y a los que será enviado y a la vez debe expresar por medio de la creatividad
pastoral formas de acercamiento y de evangelización de los hombres, sea cual sea su
condición de vida18.


3. LOS PROTAGONISTAS DE LA FORMACIÓN19
           El Espíritu Santo: Es el protagonista por antonomasia. Es él quien da la luz y
            la fuerza en el discernimiento y en el camino vocacional, de tal manera que no
            hay auténtica labor formativa para el sacerdocio sin el influjo del Espíritu
            Santo.

           La comunidad eclesial: “Es la Iglesia como tal el sujeto comunitario que
            tiene la gracia y la responsabilidad de acompañar a cuantos el Señor llama a
            ser sus ministros en el sacerdocio.”20 Todos sus miembros –cada uno según su
            puesto propio de servicio- debe participar en el acompañamiento de formación
            del futuro sacerdote.

             De manera especial, las parroquias –tanto la de origen como aquéllas en las
             que tendrá su práctica pastoral- aportan elementos indispensables para una
             vivencia de la Iglesia como comunidad evangelizada y evangelizadora en la
             que el presbítero es el gran animador de la vida comunitaria.



16
     Concilio Vaticano II, Constitución pastoral “Gaudium et Spes” No. 1
17
      PDV No. 43
18
     Concilio Vaticano II, Decreto “Ad Gentes” No 16
19
     Cf. PDV Nos. 65-69
20
     Ibíd. No. 65

                                                                                                  36
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       El obispo: En la vida eclesial es el primer representante de Cristo, cabeza y
        pastor de una Iglesia particular, por esta razón su presencia en la vida del
        seminario garantiza la inserción en la Iglesia particular y la finalidad pastoral
        que constituye lo específico de toda la formación.

       El presbiterio: Los presbíteros por su tarea propia dentro de la Iglesia
        particular están invitados, con su palabra y con su ejemplo, a promover en los
        jóvenes candidatos el deseo de una vida de entrega con gozo y fecundidad al
        ministerio sacerdotal. Su testimonio es decisivo para plasmar la personalidad
        pastoral del candidato.

       El seminario: El seminario es una comunidad espiritual en camino y, por sus
        características, es una comunidad que en sus diversas expresiones debe estar
        dedicada de forma permanente y exclusiva a la formación de los futuros
        candidatos al presbiterado. Como comunidad tiene una estructura visible que
        se articula de manera ordenada a la luz del fin que persigue.
         Al frente del Seminario está el equipo de formadores, coordinado por el rector,
         y conformado por el padre espiritual, los directores de grupo, el director de la
         pastoral y el director académico. Cada uno, desde su competencia específica,
         y todos como equipo animan el proceso formativo.

       Los profesores y párrocos: Al equipo de formadores del Seminario se unen
        como responsables de la formación tanto los catedráticos como los párrocos
        en cuyas parroquias se realizan las prácticas pastorales. Cada uno de ellos
        aporta su contribución específica a la formación integral de los candidatos.

       La familia: Como ambiente donde el candidato ha crecido, la familia debe
        convertirse en el espacio más propicio para que el futuro presbítero asimile,
        desde la fe, la comprensión de las implicaciones de su futuro ministerio.


       El candidato: Es protagonista necesario e insustituible de su formación. Éste
        debe acoger la acción formativa del Espíritu Santo y abrirse a las mediaciones
        humanas de las que el Espíritu se sirve para llevar a cabo su acción formadora;
        tiene, además, la oportunidad de colaborar en la gestión educativa por la
        participación anual en la planeación, revisión y evaluación de la marcha del
        seminario, por la creación de equipos de trabajo comunitario, por el concepto
        que puede emitir de manera responsable sobre sus compañeros.




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                 HISTORIA DE LA FORMACIÓN SACERDOTAL

1. UNA MIRADA HISTÓRICA A LOS SEMINARIOS HASTA EL CONCILIO
VATICANO II21

Así como los apóstoles se formaron junto a Jesús y conviviendo con él (Mc 3,14), en
los primeros siglos de la Iglesia los discípulos de los apóstoles se formaron también
junto a ellos, primero como discípulos, y luego como colaboradores y responsables de
la obra evangelizadora (cartas pastorales).

No conocemos con exactitud, sin embargo, el proceso seguido en los siglos segundo o
tercero sino sólo algunos casos independientes y métodos diferentes. Normalmente
la formación intelectual de los presbíteros era la propia de los laicos cultos y, una vez
que se reconocía la vocación o el obispo lo llamaba explícita y nominalmente, se
iniciaba la formación pastoral que se realizaba en el trabajo con el Obispo quien,
además, se encargaba completar la formación general del futuro sacerdote.

A partir de fines del siglo II hasta el siglo IV, se observa cierto intento para
institucionalizar esta formación, para centralizarla y organizarla.   El Obispo,
responsable general, delega su responsabilidad directa a un “doctor” o, más a
menudo, a un diacono -más tarde al archidiácono- encargado de la enseñanza,
estipulando que nadie podía ordenar sin su consenso.

En el siglo IV, san Agustín crea lo que se llamará “monasterio de clérigos en la casa
del Obispo” y este modelo (el Obispo que forma a sus propios sacerdotes en su casa y
en el marco de una vida comunitaria) quedará como un ideal para imitar hasta el
Concilio de Trento.

Éste estableció como obligatorio, en su célebre decreto XVIII de la sección XXIII (15-
07-1563) el "colegio clerical" –del que ya se hablaba en los primeros concilios
toledanos y con antecedentes en los Colegios Capránica y Germánico de san Ignacio
(ambos en Roma) y sobre todo en los Seminarios del Cardenal Pole en sus decretos de
la reforma en Inglaterra- para todos los obispos en sus diócesis, con el fin de que allí

21
  Esta sección está tomada de la intervención del P. Silvio Cajiao s.j. en la videoconferencia del 28 de abril de 2004
organizada por la Congregación para el Clero. Tomada de Zenit, 2004-05-08.

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se formaran los sacerdotes dedicados a la cura de almas. El establecimiento de los
seminarios en las diversas diócesis se acogió con entusiasmo por unos ya en el mismo
siglo XVI, pero sólo en los siglos XIX y XX se difundió definitivamente en toda la
Iglesia.

En el contexto italiano conviene recordar a S. Carlos Borromeo que al año siguiente de
la clausura de Trento (1564) estableció cuatro seminarios en sus diócesis y dictó las
«Institutiones ad universum Seminarii regimen pertinentes« que no han sido
superadas en algunos de sus aspectos. Como contenidos de los cursos indicaba los de
Gramática, Retórica, Filosofía y Teología y entre los cargos del seminario colocaba los
de rector, mayordomo, prefecto de estudios, profesores, prefectos de disciplina y
director espiritual, aspectos que se introdujeron en el Código de 1917 en el canon
1358 y que en el actual Código de 1983 están recogidos por el canon 237 § 1 del título
III “De los ministros sagrados o clérigos” de la primera parte del Libro II "Del Pueblo
de Dios". Dentro de este contexto italiano sobresale posteriormente la figura de San
Alfonso María de Ligorio.

En el contexto español conviene recordar a San Juan de Ávila que junto con el
Arzobispo Guerrero propendieron por la aplicación de las normas conciliares sobre los
seminarios. Inocencio XIII dio un impulso fundamental a los Seminarios en España con
su constitución apostólica «Apostolici ministerii» del 23 de mayo de 1723, gracias a la
cual llegaron a fundarse más de 30 seminarios en esta nación en ese siglo.

En el contexto francés las figuras de San Vicente de Paúl y M. Olier son señeras. En
Alemania fue Bartolomé Holtzhauser quien consiguió de Inocencio XI las letras
apostólicas «Sacrosancti Apostolatus» que aprobaba las Constituciones de los
Seminarios que rigen los Barbanitas.

A partir del siglo XVIII el fomento de los seminarios encontró una particular resonancia
en los pontificados de Benedicto XIII con su «Creditae nobis» (09.05.1725), que sería
una nueva promulgación del decreto XVIII de Trento, del sabio canonista Benedicto
XIV con su «Ubi primun» (03.12.1740) y de Pío VI con «Inscrutabile» (25.12.1775).

Preocupados por la formación del clero para los territorios misionales, los papas León
XIII, san Pío X, Benedicto XV y sobre todo Pío XI recurrirán a la creación de los
seminarios provinciales bien organizados y constituidos con suficientes profesores y
recursos.    Se debe a Benedicto XV la fundación de la Sagrada Congregación de
Seminarios y Universidades por el motu proprio de 4 de noviembre de 1915. Esta
Congregación estableció en 1924 un decreto, «Quo uberiore», por el cual todos los
seminarios han de enviar una relación trienal de las situación de los mismos dando
respuesta a un detallado cuestionario siempre con la intención de mejorar su calidad.

2. LA FORMACIÓN EN LOS SEMINARIOS MAYORES DESDE EL VATICANO II

La creciente preocupación de la Iglesia se ve reflejada en la multitud de documentos

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que se han promulgado después de los decretos conciliares del Vaticano II
«Presbyterorum Ordinis» y, más particularmente sobre la formación sacerdotal,
«Optatam totius».

Con la «Ratio fundamentalis institutionis sacerdotalis» de la Congregación para la
Educación Católica, presentada a los Padres del Sínodo Episcopal en octubre de 1967
por el entonces Prefecto Cardenal Gabriel María Garrone, se dio una normatividad
orgánica a la formación en los seminarios.

No ha habido elemento de la formación seminarística que no haya sido profundizado
por un documento posterior de esta congregación: la formación espiritual (Carta
Circular del 06.01.1980); la formación de la afectividad y el celibato sacerdotal
(11.04.1974) y orientaciones educativas sobre el amor humano (01.11.1983); los
estudios filosóficos y teológicos (la enseñanza de la filosofía en los seminarios,
20.01.1972, la formación teológica de los futuros sacerdotes: 22.02.1976, la
Constitución Apostólica «Sapientia Christiana» del 29.04.1979), el ecumenismo
(16.04.1970); el elemento jurídico-canónico (02.04,1975); la liturgia (03.06.1979); el
estudio de los Padres de la Iglesia (30.12.1989); la Doctrina Social de la Iglesia
(30.11.1988); la utilización de los medios de comunicación social (19.03.1986); la
pastoral de la movilidad humana (25.01.1986); la formación en los seminarios en
territorio de misión y para la misión (25.04.1987). Las Conferencias Episcopales de
los diferentes países han realizado, por su parte, las correspondientes adaptaciones de
esta normatividad para sus propios territorios.

3. EL SEMINARIO DE BARRANQUILLA: SU HISTORIA, SU VIDA Y SU MISIÓN
AL INTERIOR DE LA IGLESIA

La Arquidiócesis de Barranquilla comprende la totalidad del Departamento del
Atlántico. El territorio de la actual Arquidiócesis de Barranquilla perteneció desde 1534
por Breve de Clemente VII a la Diócesis de Cartagena de Indias, jurisdicción
eclesiástica que León XIII elevó a la dignidad de arquidiócesis en 1900. La bula de
erección de la Diócesis de Barranquilla del 7 de julio de 1932 está firmada por Pío XI
quien además nombra al entonces Arzobispo de Cartagena Mons. Pedro Adán Brioschi,
administrador apostólico de la nueva diócesis hasta el nombramiento del primer
obispo. El 19 de marzo 1933 Mons. Brioschi toma posesión de la sede y nombra como
su delegado a Mons. Carlos Valiente22.


3.1. Mons. LUIS CALIXTO LEYVA CHARRY
El 21 de noviembre de 1933 Pío XI nombra como primer obispo de Barranquilla al
sacerdote huilense Luis Calixto Leyva Charry quien fue ordenado obispo el 8 de Abril
de 1934 en la Catedral de Bogotá y tomó posesión de la diócesis el 12 de Mayo de

22
   Sobre la historia de la Arquidiócesis de Barranquilla, pueden consultarse la obra del presbítero Jorge Becerra
Jiménez: Historia de la Arquidiócesis de Barranquilla, Colección bibliográfica Banco de la República, Bogotá 1993. y la
Monografía de la Arquidiócesis publicada en el año 1982.

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1934. Su labor pastoral en la nueva diócesis fue muy corta, pues a los cuatro años y
medio de su posesión se enfermó, y en búsqueda de mejoría se trasladó a Medellín,
donde murió el 16 de mayo de 1939. La Santa Sede nombró entonces como
administrador apostólico “sede vacante” a Mons. Joaquín García Benítez, obispo de
Santa Marta, quien dirigió los destinos de la diócesis hasta 1942.

Durante la administración de Monseñor García Benítez –gracias al diligente apoyo de
su vicario general Mons. Luís Pérez Hernández, futuro primer obispo de Cúcuta- se
crea “El Seminario diocesano San Luis Beltrán” según decreto número 16 del 2 de
enero de 1940. Se les encomienda la dirección del seminario a los sacerdotes
diocesanos.

3.2. Mons. JULIO CAYCEDO TÉLLEZ

El 26 de junio de 1942 es nombrado como segundo Obispo de Barranquilla Mons. Julio
Caycedo Téllez. Durante su pastoreo, el seminario es encomendado a los padres
salesianos.

En el mes de marzo de 1948 Mons. Caycedo Téllez es trasladado a la Diócesis de Cali.

3.3. Mons. JESÚS ANTONIO CASTRO BECERRA

Mons. Jesús Antonio Castro Becerra fue nombrado como tercer obispo de Barranquilla
el 19 de agosto de 1948 y, como sus predecesores, cuidó especialmente del seminario.
Dictó personalmente las clases de Doctrina Social de la Iglesia. Tuvo la satisfacción de
ordenar un grupo numeroso de sacerdotes con los cuales se enriqueció el presbiterio
barranquillero. La dirección de la Diócesis por parte de Mons. Castro Becerra se
prolongó hasta el 18 de diciembre de 1952 cuando fue nombrado primer obispo de
Palmira.

3.4. Mons. FRANCISCO GALLEGO PÉREZ

A Mons. Castro Becerra le sucede Mons. Francisco Gallego Pérez, como cuarto obispo,
el 3 de febrero de 1953. Con su sentido práctico proveyó a la dotación económica del
plantel con campañas pro-seminario y la creación de becas perpetuas.

Mons. Gallego Pérez dirigió la Iglesia de Barranquilla hasta el 5 de febrero de 1959,
cuando es trasladado a Cali.

3.5. Mons. GERMÁN VILLA GAVIRIA

El papa Juan XXIII nombra a Monseñor Germán Villa Gaviria como quinto obispo de
Barranquilla, quien toma posesión el 19 de marzo del mismo año. Durante su servicio
pastoral, la diócesis fue elevada a sede metropolitana por Pablo VI el 25 de abril de



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1969, con las diócesis sufragáneas de Santa Marta y Valledupar. Mons. Villa Gaviria
fue nombrado como primer arzobispo metropolitano.

Después de un acucioso estudio, las provincias eclesiásticas de Cartagena y
Barranquilla se proponen la creación de un seminario regional que ofrezca la formación
para todos los seminaristas de la Costa Caribe y se elige como sede a Barranquilla.
Nace así en 1966 el “Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII” que es
encomendado a los padres eudistas. El Seminario San Luis Beltrán continúa como
seminario menor para la Arquidiócesis de Barranquilla.

3.6. Mons. FÉLIX MARÍA TORRES PARRA

A Mons. Germán Villa Gaviria, por voluntad de Pablo VI, sucede en el gobierno
eclesiástico Mons. Félix María Torres Parra el 11 de julio de 1987.

En 1988 el Vicariato Apostólico de la Guajira es erigido en diócesis sufragánea de
Barranquilla.

Durante este período nace el Seminario Provincial de Cartagena y las diócesis de
Valledupar y Santa Marta crean sus propios seminarios.


3.7. Mons. RUBÉN SALAZAR GÓMEZ

El 18 de marzo de 1999 el papa Juan Pablo II nombra como tercer arzobispo de
Barranquilla a Mons. Rubén Salazar Gómez, quien se posesiona el 15 de mayo de ese
mismo año. Después de un profundo estudio de la situación pastoral, se inicia en la
Arquidiócesis un proceso a largo plazo de nueva evangelización en el cual se van
integrando poco a poco todas las instituciones de la Arquidiócesis. Y dentro de ellas, el
Seminario Mayor.

En una reunión en junio de 1999, los obispos de la región de la Costa Atlántica
reconocen que de hecho el seminario ha dejado de ser regional para convertirse en el
Seminario Mayor de la Arquidiócesis de Barranquilla.

A partir del año 2001, Mons. Salazar Gómez confía el “Seminario Mayor de la
Arquidiócesis de Barranquilla Beato Juan XXIII” a un equipo de sacerdotes diocesanos,
del cual el arzobispo fue el coordinador como rector hasta finales del año 2004,
cuando fue nombrado el actual rector, Pbro. David de la Hoz. A partir de ese
momento, se ha iniciado un proceso de renovación del seminario para que responda
de verdad a los retos de la nueva evangelización.




                                                                                       42
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
                                                    Descripción General




El proyecto formativo del Seminario Mayor de Barranquilla “Beato Juan XXIII” se ha
organizado en tres etapas bien diferenciadas, cuya finalidad es marcar el período
formativo en sus fases constitutivas, en perfecta dependencia la una de la otra, como
un verdadero proceso durante el cual el candidato al Orden sagrado crece en todas las
dimensiones para llegar a ser un presbítero que responda al modelo de Iglesia que
Dios quiere y el Atlántico necesita.


1. LAS ETAPAS DEL PROYECTO FORMATIVO
Las etapas y sus fases son las siguientes:

      etapa previa o etapa de discernimiento: a esta etapa corresponde la
       preparación inmediata de quienes van a ingresar al Seminario Mayor; es una
       etapa de acompañamiento, cuya finalidad es discernir los elementos básicos de
       una posible llamada del Señor.

       Esta etapa se divide en dos fases que son:

       primera fase: el seminario menor parroquial, vivido por los alumnos a partir
       de noveno grado en sus propias parroquias y que culmina con los círculos
       vocacionales durante el año inmediatamente anterior al ingreso al Seminario.

       segunda fase: el año propedéutico, como culminación de la preparación para
       la formación presbiteral propiamente tal.

      primera etapa o etapa de decisión: Esta etapa abarca todo el ciclo filosófico
       y le corresponde al alumno la tarea de confrontar, a la luz de la fe, su propia
       realidad personal con el modelo del presbítero que Dios quiere, para que el
       alumno, después de un cuidadoso diagnóstico, pueda discernir con claridad el
       llamamiento del Señor y optar con decisión por continuar su proceso formativo
       como candidato al sacramento del Orden.

       Esta etapa se divide en tres fases que corresponden a los tres años del ciclo
       filosófico:

       primera fase o primero de filosofía, dedicado especialmente al análisis de la
       realidad tanto personal como eclesial y social;


                                                                                    43
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                                                     Descripción General


       segunda fase o segundo de filosofía, dedicado especialmente al análisis del
       ideal de presbítero que Dios quiere para la Iglesia que peregrina en
       Barranquilla;

       tercera fase o tercero de filosofía o año pastoral –que se vive en una
       parroquia, prolongación del seminario- dedicado especialmente al diagnóstico de
       la realidad para llegar a una opción por el ministerio.

      segunda etapa o etapa de compromiso: Esta etapa está constituida por el
       ciclo teológico y le corresponde al alumno la tarea de diseñar el proceso de
       crecimiento en la opción presbiteral y la capacitación para el compromiso con la
       Iglesia arquidiocesana.

       Esta etapa se divide en tres fases que se realizan en los cuatro años de teología:

       primera fase: el primero y segundo de teología, dedicados especialmente a
       la configuración existencial del alumno con Jesucristo, Cabeza, Esposo y Pastor
       de la Iglesia;

       segunda fase: el tercero de teología, dedicado especialmente a asimilar las
       implicaciones eclesiales de la configuración ministerial con el Señor;

       tercera fase: el cuarto de teología, que se vive en una parroquia prolongación
       del seminario, dedicado especialmente a asumir las implicaciones sociales del
       ministerio.

   Las diferentes etapas del proceso se pueden visualizar en los siguientes gráficos:




                                                                                        44
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                                                             Descripción General




                                                   PRIMER AÑO DE FILOSOFÍA
                                                           dentro del seminario



                                                   SEGUNDO AÑO DE FILOSOFÍA
                                                           dentro del seminario


                                                   TERCER AÑO DE FILOSOFÍA
                                                    En una parroquia-casa de formación




                    GRÁFICO No 1: Etapa previa y primera etapa




    PRIMERO Y SEGUNDO DE
          TEOLOGÍA
  CONFIGURACIÓN EXISTENCIAL CON                       CUARTO AÑO DE TEOLOGÍA
           JESUCRISTO
            dentro del seminario                      AÑO DE INSERCIÓN PLENA EN LA
                                                            VIDA DIOCESANA
                                                           IMPLICACIONES SOCIALES
     TERCERO DE TEOLOGÍA                                       DEL MINISTERIO
      IMPLICACIONES ECLESIALES
           DEL MINISTERIO
            dentro del seminario

                             GRÁFICO No 2: Segunda etapa



                                                                                         45
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Cada una de estas etapas encuentra su identidad fundamental y su inserción en el
proceso a la luz del objetivo mismo de toda la formación del seminario Mayor de
Barranquilla “Beato Juan XXIII”: formar un presbítero a imagen de Cristo Cabeza,
Pastor y Esposo de la Iglesia para el pueblo que peregrina en Barranquilla.


2. LOS MEDIOS FUNDAMENTALES DEL PROCESO

2.1. EL PROYECTO DE LA MISIÓN ARQUIDIOCESANA DE NUEVA
EVANGELIZACIÓN, EL PROYECTO FORMATIVO DEL SEMINARIO Y EL
PROYECTO PERSONAL DE VIDA

En este proceso hay tres medios fundamentales:

      el proyecto de la misión arquidiocesana de nueva evangelización que ha
       sido asumido por la Arquidiócesis de Barranquilla, basándose en el proyecto
       diocesano de renovación y evangelización (PDR/E), seguido en Colombia
       por un grupo considerable de jurisdicciones eclesiásticas. De allí nacen los
       énfasis de cada una de las fases en cada una de las etapas del proceso
       formativo. La decisión de poner el proyecto de la misión como la base de la
       formación hacia el presbiterado encuentra su justificación en que el Seminario
       tiene como tarea la formación de presbíteros profundamente anclados en la
       pastoral de la Arquidiócesis y, además, los jóvenes que ingresan al seminario
       son ya el resultado del proceso pastoral que se vive en ella y, por lo tanto,
       encuentran en el seminario la prolongación de su experiencia personal de
       inserción en la vida de la Iglesia y las directrices fundamentales para su
       formación como futuros presbíteros de esa Iglesia particular;

      el proyecto formativo del seminario que le permite al joven enmarcar su
       proyecto personal de vida dentro del proyecto comunitario para poder vivir año
       tras año su formación sacerdotal como un verdadero proceso en el que los
       logros parciales se van integrando en los objetivos de las fases y de las etapas y
       le permiten un crecimiento armónico en profunda sintonía con la comunidad
       arquidiocesana y la comunidad del seminario;

      el proyecto personal de vida que desde el año propedéutico hasta el final del
       proceso permite al joven proyectar y organizar su vida, para que sea consciente
       de la necesidad del crecimiento permanente con un punto de referencia claro
       desde el cual pueda examinar su proceso y reorganizar su esfuerzo en el camino
       y que le sirve de base para que, más adelante en su trabajo como presbítero,
       tenga siempre su proyecto personal de vida como medio de crecimiento
       permanente dentro del proceso de crecimiento de la Arquidiócesis.



                                                                                       46
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2.2. LA METODOLOGÍA PROSPECTIVA

Estas tres herramientas de discernimiento y de formación vocacionales se articulan
bajo la luz de la metodología prospectiva, que consiste en situarse mentalmente en
el futuro por medio de un acto de anticipación, pero no en cualquier futuro meramente
posible, sino en el futuro deseable, para, desde esa ubicación, reflexionar sobre el
presente, actuando sobre él, de tal modo que se pueda ordenar y acelerar el proceso
de cambio y conducirlo hacia ese futuro al que se aspira. La metodología se desarrolla
en cinco pasos:

      planteo inicial (planteo del problema o punto de partida): Es el paso del
       acercamiento a la realidad. Ver lo que hay, lo que se tiene y las insatisfacciones
       que se suscitan. Es el proceso vivido en el Seminario menor parroquial y en el
       Año propedéutico.

      modelo de situación: A partir del primer acercamiento a la realidad, se analiza
       el presente tanto en sus condicionamientos externos (contorno) como en los
       internos (entorno). Se analiza el pasado (visión retrospectiva) para saber cómo
       ha evolucionado el problema y se prevé el futuro (pronóstico). Es el proceso
       vivido en el primer año del ciclo filosófico.

      modelo ideal: Permite expresar el conjunto de las aspiraciones hacia un futuro
       mejor y contiene los elementos que configuran o perfilan el ideal que se quiere
       alcanzar. Es el proceso vivido en el segundo año del ciclo filosófico.

      modelo de diagnóstico: Es el resultado de la confrontación entre el ideal y la
       situación para concretar la problemática. Es la interpretación y valoración, a la
       luz del modelo ideal, de la realidad descrita en el modelo de situación, en vistas
       a poner en evidencia cuanto de esa realidad “tiende” al ideal y cuanto se
       “opone” a él. Es el proceso vivido en el tercer año del ciclo filosófico. De allí
       nace en el candidato la decisión de ponerse en marcha hacia el ideal entrevisto
       con una clara opción por el ministerio sacerdotal.

      modelo operativo: Presenta el “proceso” (camino de acción) que se realiza
       para ir transformado la situación presente en el ideal deseado o anhelado. Es el
       proceso vivido en el ciclo teológico en sus diferentes fases.


2.3. LA ESPIRITUALIDAD DE COMUNIÓN

Este trabajo formativo tiene en su base la espiritualidad de comunión, en
obediencia a la exhortación de Juan Pablo II en la carta apostólica “Novo Millennio
Ineunte”: “Hace falta promover una espiritualidad de comunión, proponiéndola como

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principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano, donde
se educan los ministros del altar, las personas consagradas y los agentes pastorales,
donde se construyen las familias y las comunidades.”23

El Papa insiste en este documento en el No 45. “Los espacios de comunión han de ser
cultivados y ampliados día a día, a todos los niveles, en el entramado de la vida de
cada Iglesia. En ella, la comunión ha de ser patente en las relaciones entre Obispos,
presbíteros y diáconos, entre Pastores y todo el Pueblo de Dios, entre clero y
religiosos, entre asociaciones y movimientos eclesiales”.

Por esta razón esta espiritualidad inspira todo el trabajo de formación sacerdotal, ya
que es toda la Iglesia, a la que Dios entrega el regalo sagrado de la vocación, la
responsable del cultivo de las vocaciones, y la beneficiaria de esta gracia.

Toda la formación está por lo tanto dirigida a crear presbíteros que vivan
intensamente su comunión con la Iglesia universal, con su Iglesia particular y con
todas las personas que las forman. En un mundo donde el aislamiento es buscado
como una meta para garantizar la felicidad de las personas, el presbítero debe ser el
creador de comunión y, por lo tanto, de comunidades en las que se pueda vivir el
amor que el Señor nos da por medio de su Espíritu.




23
     JUAN PABLO II, Carta Apostólica Novo Millennio Ineunte, No. 43

                                                                                            48
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                    SENTIDO GLOBAL DE LA ETAPA PREVIA

1.  DESCRIPCIÓN GENERAL DE LA ETAPA PREVIA (SEMINARIO MENOR
PARROQUIAL Y AÑO PROPEDÉUTICO)

La Arquidiócesis de Barranquilla asume con decisión la afirmación de la exhortación
apostólica postsinodal de Juan Pablo II Pastores dabo vobis:       “Donde no se dé la
posibilidad de tener el Seminario menor - necesario y muy útil en muchas regiones- es
preciso crear otras „instituciones‟, como podrían ser los grupos vocacionales para
adolescentes y jóvenes. Aunque no sean permanentes, estos grupos podrán ofrecer en
un ambiente comunitario una guía sistemática para el análisis y el crecimiento
vocacional. Incluso viviendo en familia y frecuentando la comunidad cristiana que les
ayude en su camino formativo, estos muchachos y estos jóvenes no deben ser dejados
solos. Ellos tienen necesidad de un grupo particular o de una comunidad de referencia
en la que apoyarse para seguir el itinerario vocacional concreto que el don del Espíritu
Santo ha comenzado en ellos”.24

Por esta razón, se ha creado una etapa previa al Seminario Mayor que comprende dos
fases: el seminario menor parroquial y el año propedéutico, cuyo objetivo es
acompañar a los jóvenes en el proceso de discernimiento vocacional integrándolos a
un ambiente comunitario y espiritual que sirve de referencia básica para aprender a
discernir, con la ayuda de la Iglesia y en obediencia a ella, la autenticidad del llamado.


2. OBJETIVO GENERAL DE LA ETAPA PREVIA

Al finalizar la etapa previa el alumno, acompañado en su proceso de discernimiento
vocacional por su párroco, los delegados de pastoral vocacional y los formadores del
seminario, alcanza una conciencia más clara de su realidad personal y de los
condicionamientos históricos que la determinan; se adhiere más profundamente a
Jesucristo en la Iglesia por medio de una profundización en la experiencia de fe; y


24
     Cfr. PDV. 63

                                                                                        49
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logra una primera certeza de la autenticidad del llamamiento que ha recibido del
Señor.

3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS

Al finalizar la etapa previa, el alumno

      ha iniciado un proceso de conocimiento de sí mismo y de la vocación sacerdotal
       que le permite hacer un primer discernimiento vocacional;
      ha conocido más profundamente al Señor y a su Iglesia y ha hecho una opción
       inicial por ofrecerse para su servicio;
      ha puesto las bases en las diferentes dimensiones para iniciar un serio proceso
       de formación sacerdotal.

4. INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES

DIMENSIÓN HUMANA

El alumno

      ha elaborado y aplicado el proyecto personal de vida para hacerse responsable
       de su formación;
      ha iniciado el análisis de su propia vida y descubierto los condicionamientos que
       la determinan;
      conoce y desarrolla sus cualidades, y a la vez descubre y trabaja por superar
       sus deficiencias;
      ha tomado conciencia de sus sentimientos y de su vida afectiva;
      ha superado los miedos a la comunicación y expresa con sinceridad sus
       sentimientos y emociones;
      ha progresado significativamente en la capacidad de escucha y aceptación del
       otro;
      se ha integrado más íntimamente a su familia y la ha asociado a su proceso de
       discernimiento vocacional;
      ha progresado en su capacidad de tomar decisiones libres y de ser consecuente
       con las decisiones tomadas;
      ha avanzado en el reconocimiento de la autoridad y de su valor en el proceso de
       crecimiento;
      ha crecido en el sentido del orden y de la organización;
      se ha hecho consciente de sus capacidades y límites para vivir en comunidad;
      ha aprendido a desarrollar capacidades de trabajo, destrezas y habilidades para
       las tareas domésticas;
      ha desarrollado un sentido de colaboración y participación en la vida familiar y
       parroquial.




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DIMENSIÓN ESPIRITUAL

          ha conocido las metodologías de la oración personal y comunitaria;
          ha aprendido a descubrir la presencia y acción de Dios en su vida y en el trabajo
           de cada día;
          se ha iniciado en el misterio de Cristo y ha crecido en su adhesión de fe;
          se ha descubierto como miembro de la Iglesia y como partícipe de la gracia que
           Dios por medio de ella derrama sobre los hombres;
          se ha acercado a la Palabra de Dios, utilizándola como instrumento para su
           oración y profundización del misterio de Cristo y de su Iglesia;
          ha crecido en la participación fructosa y activa en los sacramentos y
           desarrollado su conciencia bautismal como fundamento de su vida cristiana;
          ha iniciado el proceso de acompañamiento espiritual;
          ha aprendido a valorar el silencio y lo aprovecha para su encuentro y relación
           personal con Dios y con los demás;
          ha profundizado en el sentido espiritual del celibato sacerdotal y lo pide al Señor
           en su oración;
          ha crecido en la piedad mariana e imita las virtudes de María;
          conoce la oración oficial de la Iglesia (la Liturgia de las Horas) y realiza un
           primer acercamiento a ella en la oración;
          ha aprendido a vivir los retiros espirituales y a sacar el provecho necesario para
           su discernimiento vocacional.

DIMENSIÓN INTELECTUAL

           ha logrado una nivelación académica que le permita un sano criterio de juicio
            que garantice amor por la verdad y adhesión sincera a ella;
           ha alcanzado una nivelación académica adecuada que le permite mejorar la
            comprensión de lectura, la capacidad de síntesis, la capacidad de redacción
            literaria (incluida ortografía) y expresión oral;
           conoce las dimensiones de la formación sacerdotal y distingue con claridad las
            etapas y las fases del proceso formativo;
           conoce elementos básicos de catequesis y liturgia, de manejo y comprensión
            de la Biblia y tiene una visión global sobre la historia de la salvación en relación
            con la historia en general;
           ha realizado una nivelación con el grupo en las áreas de informática;
           ha aprendido a estudiar solo y en grupo y se ha iniciado en la investigación;
           ha participado en los talleres de formación y asimilado el sentido de los temas
            tratados para su proceso de discernimiento;
           ha realizado y desarrollado con eficiencia y eficacia los compromisos
            académicos que se desprenden del momento formativo que vive;
           ha participado en las asambleas familiares donde vive su familia;
           ejercita la capacidad de raciocinio y de análisis y reconoce sus limitaciones
            intelectuales.


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DIMENSIÓN PASTORAL

       se ha acercado a la vida de la Arquidiócesis por medio de la lectura y del
        compartir familiar del periódico diocesano;
       ha realizado satisfactoriamente todos los módulos correspondientes a la ESPAC
        (Escuela parroquial de catequistas);
       ha logrado un conocimiento básico del Plan global arquidiocesano de nueva
        evangelización;
       ha participado en algunas experiencias de misión en algunas unidades
        pastorales;
       ha realizado una visita de conocimiento general de algunas unidades pastorales
        tanto de la ciudad como de algunos municipios del departamento;
       conoce la actividad pastoral que se realiza en su unidad pastoral de origen y se
        ha integrado a ella;
       manifiesta sensibilidad básica por los problemas sociales;
       muestra disponibilidad y responsabilidad en las actividades de formación
        pastoral.




           LAS FASES DE LA ETAPA PREVIA
PRIMERA FASE: EL SEMINARIO MENOR PARROQUIAL

El Seminario Menor Parroquial es una institución de la Arquidiócesis de
Barranquilla que ofrece a los jóvenes que manifiestan algún interés por el sacerdocio
un proceso de discernimiento vocacional y de formación integral sin sacarlos de su
propio ambiente.


1. DESCRIPCIÓN GENERAL
a) El Seminario Menor Parroquial se comprende como una verdadera institución, con
una organización definida, con un proyecto de formación y con elementos que
favorecen la conciencia de pertenencia a la Iglesia local. Durante esta primera fase de
la etapa previa se busca –por medio de experiencias parroquiales, vicariales y
diocesanas- ofrecer a los jóvenes elementos para su crecimiento humano y espiritual,
ayudarles a dar razón de su fe e iniciarlos en el apostolado, de manera que asuman su
compromiso bautismal configurándose con Cristo y tengan los elementos suficientes
para tomar una inicial decisión vocacional consciente y libre.




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b) El proceso de discernimiento y formación que ofrece el Seminario Menor Parroquial
culmina en los círculos vocacionales. En ellos, los jóvenes, después de haber tenido
un acompañamiento inicial en sus parroquias, se preparan para vivir la experiencia del
año propedéutico o segunda fase de esta etapa previa, con reuniones semanales,
coordinadas por un presbítero delegado vocacional en cada una de las vicarías
territoriales en las cuales está organizada pastoralmente la Arquidiócesis, y con la
participación en dos convivencias de varios días por semestre.

c) Para lograr este objetivo, el Seminario Menor Parroquial da una importancia
particular y ofrece elementos de ayuda:

           a la familia para que, como Iglesia doméstica, acompañe a los hijos que
            sienten el deseo de seguir más de cerca de Cristo ya que ella participa de modo
            propio en la misión educativa de la Iglesia;

           a la escuela para que, en continuidad y sintonía con la labor de la familia,
            pueda desarrollar su identidad de “comunidad educativa” con una propuesta
            cultural capaz de infundir “en el alma de los muchachos y de los jóvenes el
            deseo de cumplir la voluntad de Dios en el estado de vida más idóneo a cada
            uno, sin excluir nunca la vocación al ministerio sacerdotal”»25

           a la parroquia para que, como realización local más inmediata del misterio de
            la Iglesia, se viva en su interior este proceso inicial de discernimiento y
            formación vocacionales.

d) Al Seminario Menor Parroquial pueden pertenecer todos aquellos jóvenes de la
Arquidiócesis de Barranquilla que, respaldados por su párroco y habiendo cursado al
menos el octavo grado, se sienten inclinados a la vida sacerdotal y se matriculan en la
institución con el propósito de clarificar, mediante un proceso más o menos largo de
discernimiento y formación, sus inquietudes. Estos jóvenes no poseen aún certeza de
ser llamados, por eso será normal encontrar entre los alumnos, “quienes tienden
abiertamente al sacerdocio, quienes lo admiten como posible, quienes, finalmente, se
manifiestan vacilantes y dudosos con relación a su vocación, pero están bien dotados y
no eliminan toda esperanza de poder llegar al sacerdocio”26.

e) La duración del proceso del Seminario Menor Parroquial depende del momento en el
que se manifiesta en el niño o el joven la inquietud vocacional. Lo ideal es que el joven
participe desde noveno grado; sin embargo, se le exige por lo menos un año de
participación en los círculos vocacionales.

f) Los responsables del Seminario Menor Parroquial son:



25
     . PDV 41.
26
       CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Normas básicas...13.

                                                                                         53
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         el Arzobispo, quien está llamado a animar, en primera persona, las vocaciones
          presbiterales y confirmar con su autoridad apostólica los carismas y vocaciones
          en la Iglesia27;

         el rector, quien es al mismo tiempo el delegado de la pastoral vocacional
          nombrado por el Arzobispo, quien actúa como coordinador de la comunidad
          educativa del Seminario menor parroquial;

         los delegados vicariales de pastoral vocacional, a quienes compete
          organizar, en coordinación con el rector, los encuentros que se realizan en los
          niveles de decanatos y vicarías territoriales y dirigir los círculos vocacionales del
          año inmediatamente anterior al propedéutico;

         el párroco, quien es el formador más cercano de los seminaristas menores,
          debe conformar el comité parroquial para las reuniones parroquiales periódicas;
          conocer la vida familiar, escolar, laboral, eclesial del seminarista menor y rendir
          los informes pertinentes al rector.

f) El servicio que presta el equipo de formadores se realiza en varios niveles:

         el nivel de la parroquia cuando los jóvenes miembros de la institución se
          reúnen semanalmente bajo la guía del párroco o de su delegado para recibir
          animación y formación;

         los niveles del decanato y de la vicaría cuando los alumnos de la institución
          que pertenecen a un mismo decanato o a una misma vicaría se reúnen, bajo la
          guía del delegado vicarial y del rector, para profundizar los contenidos que se
          han ido desarrollando;

         el nivel diocesano, cuando en los retiros, misiones y convivencias se reúne la
          comunidad en pleno para compartir su fe y su vida.


2. OBJETIVO GENERAL
Al finalizar la primera fase de la etapa previa o Seminario Menor Parroquial el joven ha
alcanzado los elementos de juicio y las disposiciones de ánimo necesarias para hacer
una inicial opción vocacional al interior de la Iglesia y ha crecido en su inserción
apostólica a la vida de su parroquia.

3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Al finalizar la primera fase de la etapa previa o Seminario Menor Parroquial, el joven

27
     PDV 41.

                                                                                             54
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      ha descubierto la variedad de vocaciones al interior de la comunidad cristiana y
       comprendido el papel de la Iglesia –y en especial del Obispo- en el proceso de
       discernimiento vocacional;
      ha conocido el trabajo parroquial y la naturaleza y necesidad del ministerio
       sacerdotal y de los demás servicios ministeriales en el proceso de
       evangelización;
      ha fortalecido su fe en Cristo y en la Iglesia con una vivencia más profunda de
       los sacramentos;
      han hecho una opción inicial por seguir adelante en el proceso de discernimiento
       vocacional.

4. INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
DIMENSIÓN HUMANA

El alumno
     ha asumido con disponibilidad su compromiso con las actividades propias de la
       formación y del acompañamiento;
     ha descubierto sus cualidades y capacidades para ponerlas al servicio de Dios en
       la Iglesia y en la sociedad;
     ha crecido en la capacidad de aceptar y asumir constructivamente las
       correcciones que se le hacen;
     ha descubierto la vocación de todo ser humano al amor, como servicio a sus
       hermanos;
     ha desarrollado su capacidad de cercanía y confianza con los miembros de la
       comunidad parroquial, en especial con el párroco;
     ha comprendido la importancia de la escuela y ha dado su aporte al buen
       funcionamiento de su comunidad educativa;
     se ha integrado más a fondo en la vida de su familia y ha dado su aporte en la
       vivencia del amor familiar.

DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      ha crecido en el conocimiento y amor a Jesucristo y empezado a seguirlo y
       servirlo en su vida de todos los días;
      vive una experiencia inicial de la Iglesia como cuerpo de Cristo y ha descubierto
       su misión evangelizadora;
      se ha iniciado en la vida de oración tanto personal, como en la familia y en la
       comunidad parroquial;
      ha descubierto el lugar central de la Palabra de Dios en su vida personal y
       comunitaria;
      celebra y vive los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia, como
       instrumentos necesarios de crecimiento espiritual.



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DIMENSIÓN INTELECTUAL

      muestra buenas disposiciones para el aprendizaje y se esfuerza por aprovechar
       su tiempo de estudio tanto en la escuela como en la casa;
      ha aprendido a leer bien y ha fortalecido su capacidad de lectura;
      conoce la vida y misión de Jesús y de sus discípulos por medio de la lectura y
       meditación de la Palabra de Dios;
      conoce la naturaleza y la misión de la Iglesia;
      ha concluido satisfactoriamente el nivel de la enseñanza media y ha obtenido un
       buen puntaje en el examen del ICFES.

DIMENSIÓN PASTORAL

      conoce los elementos básicos de la misión arquidiocesana y de la organización
       pastoral de la Arquidiócesis e identifica sus agentes;
      conoce el desarrollo de la misión arquidiocesana en su parroquia y se integra a
       este proceso;
      ha aprendido a utilizar los subsidios que provienen de los diferentes equipos de
       pastoral, especialmente los de la pastoral juvenil y vocacional;
      participa y colabora consciente y frecuentemente en la vida litúrgica de la
       parroquia;
      participa en las asambleas familiares junto con su familia.


5. MEDIOS
DIMENSIÓN HUMANA

      La familia, como espacio básico de la formación, empieza a ser involucrada de
       manera consciente en el proceso de discernimiento vocacional;
      la escuela, a la cual sigue perteneciendo el alumno, recibe algunos elementos
       formativos para poder ayudar más claramente en el proceso de discernimiento y
       formación;
      la parroquia es la primera responsable de todo el proceso, con el párroco a la
       cabeza y el comité de pastoral vocacional;
      el seminario mayor, como punto de referencia permanente, y ámbito en el cual
       se desarrollan las convivencias;
      los encuentros, parroquiales, vicariales, diocesanos en lo que se vive la
       experiencia comunitaria de formación;
      el deporte y actividades recreativas;
      los talleres de conocimiento personal;
      el inicio del acompañamiento psicológico.




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DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      La vida litúrgica de la parroquia;
      la práctica sacramental, a la cual va siendo introducido como medios
       fundamentales para el discernimiento y la formación;
      la iniciación a la oración personal y comunitaria;
      la experiencia de retiros espirituales;
      la devoción mariana;
      la lectura espiritual.

DIMENSIÓN INTELECTUAL

      El estudio personal;
      el desarrollo del pénsum académico en su escuela;
      la Biblia y los documentos del magisterio de la Iglesia;
      la lectura de la prensa y noticias;
      los video–foros.

DIMENSIÓN PASTORAL

      El conocimiento del Plan global arquidiocesano de nueva evangelización en el
       nivel parroquial;
      las estructuras y los agentes de la parroquia;
      la participación en algunas semanas de misión;
      la vinculación a las semanas juveniles y vocacionales en el nivel diocesano.


6. METODOLOGÍA DEL SEMINARIO MENOR PARROQUIAL

CAMPAÑA VOCACIONAL PERMANENTE

La Delegación de Pastoral Vocacional, apoyada por la Comisión Arquidiocesana de
Pastoral Vocacional, realiza durante todo el año una campaña de divulgación y
promoción vocacional general y del Seminario Menor Parroquial en particular en los
diferentes ambientes de la Arquidiócesis.

Este proceso de sensibilización tiene lugar por medio de la publicidad (afiches, folletos
promocionales, avisos parroquiales, visitas a los colegios, actividades con los
movimientos juveniles, promoción radial, televisiva e impresa), donde se dé a conocer
el verdadero sentido de la vocación al presbiterado dentro de la vocación general al
amor, y además en qué consiste el Seminario Menor Parroquial, quiénes están
llamados a participar, el cronograma de las actividades, los sitios de encuentro y los
responsables del Seminario Menor Parroquial.


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En especial durante las semanas vocaciones y juveniles los comités parroquiales
de pastoral vocacional organizan estrategias para que la sensibilización y promoción
llegue a las instituciones educativas (visita a los directivos, afiches promocionales,
intervenciones ante los estudiantes especialmente de los grados 8º) y a todos los
jóvenes, universitarios, profesionales o trabajadores, susceptibles de ser llamados por
el Señor al ministerio presbiteral.


6.1. METODOLOGÍA DEL SEMINARIO MENOR EN LAS PARROQUIAS (9 Y
10 GRADOS)


CONFORMACIÓN DEL SEMINARIO MENOR PARROQUIAL

El Párroco, como primer responsable, organiza con la colaboración del comité
parroquial de pastoral vocacional el Equipo Responsable del Seminario Menor
Parroquial, conformado por un coordinador y el número de personas suficientes para
implementar todas las actividades del Seminario Menor Parroquial a lo largo del año.

MATRÍCULAS

De acuerdo al cronograma de la Arquidiócesis, el Equipo Responsable del Seminario
Menor Parroquial procede, en cada una de las unidades pastorales, a las inscripciones
correspondientes, teniendo en cuenta lo siguiente:

       La inscripción es gratis.
       Se utiliza una hoja de inscripción propia del Seminario Menor Parroquial (anexo
        1) que debe ser llenada con todos los datos del candidato.
       El inscrito debe presentar 2 fotografías, una para la hoja de inscripción y otra
        para la escarapela.
       En el momento de la inscripción se entrega la hoja que contiene los
        compromisos de los miembros del Seminario Menor Parroquial y se los cita para
        la primera reunión en día, hora y lugar determinados.

APERTURA

La apertura del Seminario Menor tiene lugar en la misma fecha para toda la
Arquidiócesis en cada una de las unidades pastorales, en el contexto de una de las
eucaristías del domingo (anexo 3) preferiblemente donde haya mayor asistencia de
adolescentes y jóvenes. En este día se anuncia el inicio del Seminario Menor
Parroquial, las personas que conforman el equipo responsable y se hace tomar
conciencia a la comunidad de la importancia que tiene esta experiencia en la unidad
pastoral y en la arquidiócesis. Después de la eucaristía de apertura se realiza el primer
encuentro con los adolescentes y jóvenes inscritos para darles la bienvenida,
presentarles a los responsables de esta experiencia en la unidad pastoral, iniciar las

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dinámicas de conocimiento interpersonal, escuchar sus expectativas y explicarles la
metodología que se va a seguir.

El sábado siguiente a la apertura parroquial, se hace la apertura en el nivel
arquidiocesano del Seminario Menor Parroquial, tanto en su modalidad parroquial
como en su modalidad vicarial de círculos vocacionales, con la celebración de una
solemne eucaristía (anexo 3) en la catedral metropolitana presidida por el señor
Arzobispo. A ella están convocados todos los miembros del presbiterio, en especial el
rector y el equipo de formadores del Seminario Mayor, el rector del Seminario Menor
Parroquial y los delegados vicariales de pastoral vocacional y los capellanes de los
colegios arquidiocesanos; la comisión arquidiocesana de pastoral vocacional, los
comités parroquiales de pastoral vocacional de la Arquidiócesis, los equipos
responsables de los seminarios menores; los alumnos del Seminario Mayor, los
jóvenes inscritos en los círculos vocacionales de cada vicaría y los jóvenes inscritos en
los seminarios menores parroquiales de las unidades pastorales; los estudiantes de los
colegios arquidiocesanos; los benefactores del seminario mayor, personas de la
sociedad civil que estén trabajando con población juvenil y la prensa. Esta
convocatoria se realiza por medio de cartas de invitación, publicidad radial, impresa y
televisiva.

DESARROLLO DEL PROCESO

Según el cronograma organizado, en una primera reunión se explica a fondo el sentido
del Seminario Menor Parroquial siguiendo la guía de la Arquidiócesis (anexo 4).

Se continúa luego en cada una de las unidades pastorales el proceso semanal de
formación siguiendo la “Guía de encuentros del Seminario Menor Parroquial” (anexo
5), donde se encuentra el itinerario de formación, que tiene como pilares las cuatro
dimensiones de la formación presbiteral: humana, espiritual, en la fe y pastoral. Cada
una de estas dimensiones tiene como propio uno de los encuentros semanales al mes,
aunque se busca que la formación sea siempre integral.

Dimensión humana

Una de las cuatro reuniones semanales se dedica especialmente a la formación
humano-comunitaria. Sin embargo, durante el semestre se fortalece con los
encuentros por decanatos, por vicarías territoriales y en el nivel arquidiocesano. Se
trata de integraciones, convivencias, caminatas, encuentros deportivos.

Se tiene el encuentro por decanato (anexo 6) dos veces al semestre en un lugar que
genere la espontaneidad, la integración y la socialización entre los adolescentes y
jóvenes (coliseo, parque, cancha deportiva, centro recreacional, entre otros) que están
viviendo esta importante experiencia en el Seminario Menor Parroquial.




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Se realiza en el año un encuentro vicarial que tiene como punto de encuentro las
inmediaciones de la parroquia donde se realiza el círculo vocacional u otro lugar
apropiado, para favorecer la integración con los jóvenes que están realizando el círculo
vocacional como preparación inmediata a iniciar el año de propedéutico.

El encuentro anual en el nivel arquidiocesano se realiza en el Seminario Mayor Juan
XXIII para que los alumnos del Seminario Menor Parroquial conozcan las instalaciones
donde se forman los futuros presbíteros, se intercambie con los formadores del
Seminario y con los seminaristas.

Dimensión espiritual

En uno de los encuentros semanales que tienen lugar durante el mes se ofrece
especialmente la formación espiritual, fortalecida por la formación litúrgica.

En la semana anterior a la Semana Santa se organiza una celebración penitencial en la
que comprendan más profundamente el sentido del sacramento de la reconciliación y
se preparen así a la celebración solemne de la Pascua del Señor.

Para fortalecer la formación espiritual se ofrece a los alumnos algunas lecturas
espirituales, como vidas de santos, introducciones a la Biblia, a la vida espiritual, etc.

Dimensión de formación en la fe

En uno de los encuentros semanales que tienen lugar durante el mes, los integrantes
del Seminario Menor Parroquial, profundizan en el conocimiento de su vida cristiana
católica por medio de los talleres que en la guía se proponen (anexo 9).

Dentro de la formación cristiana se organizan algunos videoforos que permitan
intercambiar opiniones acerca de algunos aspectos fundamentales de la fe. Se les guía
también, poco a poco, a una lectura de la realidad a la luz de la fe.

Dimensión pastoral

En el encuentro que corresponda a la formación pastoral, se busca por medio de
talleres (anexo 10), que los adolescentes y jóvenes participantes crezcan en el sentido
evangelizador y misionero que como bautizados tienen, en el conocimiento del Plan
Global Arquidiocesano de Nueva Evangelización, y, así, puedan integrarse más
plenamente en la vida pastoral de su parroquia.

LA FAMILIA

Durante todo el proceso de formación de los alumnos del Seminario Menor Parroquial,
se tiene especial cuidado de un contacto permanente con las familias (especialmente


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papás y hermanos) de los alumnos, por medio de visitas a sus casas y de diálogos
para conocer cada vez mejor el ambiente dentro del cual crece el alumno.

Se hace con los familiares de los alumnos un primer encuentro al inicio del Seminario
Menor Parroquial donde se les expone el sentido de la experiencia que van a vivir sus
familiares y se les invita a tomar parte activa en la experiencia misma viviendo
también ellos un proceso de crecimiento en la fe y de compromiso en las actividades
de la parroquia.

Dos veces por semestre se organizan encuentros de las familias por decanato para que
se conozcan, se integren y se les ofrezca una formación integral.

LA ESCUELA

Como apoyo al trabajo del Seminario Menor Parroquial y a los círculos vocacionales
para universitarios y dentro de la pastoral educativa, las comisiones de pastoral
vocacional y de pastoral educativa, programan estrategias para sensibilizar a las
instituciones (directivos y estudiantes), a vivir los valores cristianos y a promover los
espacios de discernimiento vocacional, por medio de visitas a las instituciones,
acuerdos de tareas conjuntas con las secretarias de educación distrital y
departamental y otras actividades.

LA PARROQUIA

El párroco, como primer responsable del Seminario Menor Parroquial, sensibiliza a los
agentes de pastoral y a la comunidad en general para que acojan, apoyen y
acompañen en todo momento a los alumnos del Seminario Menor Parroquial y de los
círculos vocaciones para universitarios, y así éstos logren una integración cada vez
más profunda dentro de la comunidad parroquial.

El EUAP y los ECAP brindan espacio a estos jóvenes en la acción pastoral que se está
llevando a cabo en la unidad pastoral (trabajo en los sectores, participación en los
comités, participación en el grupo de acólitos, entre otros servicios que se vea
conveniente que puedan participar activamente, ayudándoles en el trabajo en equipo).


6.2. METODOLOGÍA DE LOS                     CÍRCULOS    VOCACIONALES          EN    LAS
VICARÍAS TERRITORIALES


NATURALEZA DE LOS CÍRCULOS VOCACIONALES

Como último año del Seminario Menor Parroquial se han organizado los círculos
vocaciones que tienen como sede cada una de vicarías territoriales en que está
dispuesta la Arquidiócesis, presididos por el Rector del Seminario Menor Parroquial y

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delegado arquidiocesano para la pastoral vocacional, y dirigidos por cada uno de los
delegados vicariales de esta pastoral.

Los destinatarios de los círculos vocaciones son, en principio, los jóvenes que han
realizado los dos años de seminario menor parroquial en su propia parroquia. Sin
embargo, mientras se logra la consolidación del este proceso, los círculos vocacionales
recogen por ahora a todos aquellos jóvenes que muestren deseos de ser presbíteros
como un signo probable de la vocación a la que el Señor los llama.

Se están empezando a organizar círculos vocacionales especiales para jóvenes
universitarios u otras personas que sobrepasen la posibilidad del Seminario Menor
Parroquial.


REQUISITOS DE ADMISIÓN

Para participar en los círculos vocacionales el joven interesado debe llenar unos
requisitos mínimos:

   1.  ser presentado por medio de una carta de su párroco;
   2.  no ser demasiado joven ni demasiado entrado en años;
   3.  estar vinculado a la acción pastoral de su unidad pastoral;
   4.  gozar de buena fama en su ambiente y presentar el certificado del DAS;
   5.  provenir de una familia estable;
   6.  haber definido su sexualidad y no poseer problemas de anormalidad sexual;
   7.  ser equilibrado en sus relaciones interpersonales; no presentar problemas
       psicológicos graves ni problemas psiquiátricos;
   8. no tener defectos físicos que le impidan o dificulten gravemente el futuro
       ejercicio del ministerio
   9. estar cursando 11º o haberlo culminado con un resultado aceptable en las
       pruebas del ICFES; y, si ha terminado el bachillerato con anterioridad, haber
       utilizado bien el tiempo trascurrido ya sea en el estudio o en el trabajo;
   10. no tener ni haber tenido adicción a las drogas o al alcohol.


MATRÍCULA

Para participar en los círculos vocacionales el aspirante se matricula en la fecha
indicada por el cronograma arquidiocesano llenando una ficha vocacional (anexo 12).
En el momento de la matrícula el delegado vocacional vicarial constata, en la medida
de lo posible, que el candidato cumpla los requisitos exigidos y le da las instrucciones
acerca del proceso que se va a desarrollar durante el año.




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APERTURA

La apertura de los círculos vocaciones se realiza el domingo convenido por el
organigrama de la pastoral vocacional de la Arquidiócesis en cada una de las
parroquias sedes de los círculos con una eucaristía presidida por el delegado
vocacional vicarial. A continuación se realiza la primera reunión en donde se socializan
las motivaciones de los integrantes y se concretan los compromisos a lo largo del año.

El sábado siguiente se realiza la apertura en el nivel arquidiocesano de los círculos
vocacionales junto con el nivel parroquial del Seminario Menor con solemne eucaristía
presidida por el Arzobispo, como ya se describió previamente.


DESARROLLO DEL PROCESO

El proceso se desarrolla por medio de reuniones semanales en cada una de las sedes
vicariales. Se prevé en el año a partir de las cuatro dimensiones de la formación, la
siguiente metodología para el discernimiento claro del llamado que Cristo les está
haciendo a estos jóvenes:


Dimensión humana

Se dan elementos fundamentales de la formación humana en los encuentros
semanales del círculo vocacional, por medio del compartir la amistad, las experiencias,
y el conocimiento interpersonal.

Se realizan encuentros deportivos (fútbol, voleibol, basketbol, juegos de mesa, etc.)
entre los mismos integrantes del círculo vocacional y entre los círculos vocacionales de
la Arquidiócesis de Barranquilla.

Al inicio del año el psicólogo del Seminario les realiza un test psicológico. El resultado
que analiza y entrega al delegado arquidiocesano de la pastoral vocacional y éste, a su
vez, se reúne con los delegados vicariales para que conozcan los resultados de los
jóvenes que están en sus círculos vocacionales.

Se organizan en el año dos convivencias de varios días para los integrantes de los
círculos vocacionales que tienen lugar en el Seminario Mayor Juan XXIII, con la
participación del delegado arquidiocesano y rector del Seminario Menor, de los
delegados vicariales y de los formadores del Seminario Mayor, para ofrecer a los
jóvenes una más fuerte experiencia de Dios, para lograr un mayor conocimiento de
ellos y para lograr su selección con vistas al año propedéutico.




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El aspirante realiza en la primera convivencia su autobiografía, siguiendo una guía
(anexo 13). Esta autobiografía es leída por cada uno de los delegados vicariales de
pastoral vocacional, posteriormente a la convivencia, para tener un conocimiento
amplio del aspirante.

Durante el año se realizan las visitas a las familias de los aspirantes.

Dimensión espiritual

Al inicio del año se les ofrece un retiro kerigmático de dos días, para robustecer su
experiencia del amor de Dios manifestado en Jesucristo e invitarlos a un seguimiento
más perfecto del Señor que los llama al amor. Durante el retiro se los invita a una
reconciliación profunda con Dios y los demás por medio del sacramento de la
penitencia.

Al comenzar cada encuentro semanal se desarrolla en media hora la lectio divina con
un texto previamente escogido, que guarda relación con la temática o el
acontecimiento que se esté viviendo.

En la semana vocacional del primer semestre, se realiza una peregrinación con todos
los jóvenes del Seminario Menor Parroquial a uno de los templos de la arquidiócesis,
rezando el santo rosario y que culmina con la celebración de la Eucaristía,
concelebrada por el Rector y los delegados vicariales, en la que participan también los
miembros de la comisión arquidiocesana de pastoral vocacional,             los comités
parroquiales de pastoral vocacional y los responsables parroquiales del Seminario
Menor.


Dimensión intelectual

Los delegados vicariales de pastoral vocacional facilitan lecturas a los aspirantes sobre
diversos temas para que luego los presenten en exposiciones pedagógicas a sus
compañeros o por medio de mesas redondas den razón de lo leído. Empiezan a
conocer los documentos del Vaticano II y de las Conferencias Generales del
Episcopado Latinoamericano.

Se les ofrecen videoforos y talleres para que ganen en capacidad de comprensión y de
expresión.

Dimensión pastoral

El delegado vocacional programa encuentros en unidades pastorales para que los
integrantes de los círculos vocacionales puedan conocer la realidad pastoral de la
Arquidiócesis de Barranquilla.


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En la semana vocacional los aspirantes se vinculan a la eucaristía de apertura en cada
una de su unidades pastorales, a la visita a las instituciones de la parroquia,
especialmente en los grados 8º, 9º,10º y 11º para dar a conocer su experiencia y
hacer la invitación a otros jóvenes a optar por la vida sacerdotal, a vincularse al
Seminario Menor Parroquial y a la vida de la parroquia.

En los tiempos fuertes (Semana Nanta, Navidad), se vinculan de lleno a la misión que
se desarrolla en la unidad pastoral: por medio de las celebraciones litúrgicas, actos de
piedad, visita a los enfermos, visita a veredas, sectores, etc


6.3. SELECCIÓN PARA EL AÑO PROPEDÉUTICO

El ingreso al año propedéutico está supeditado a un proceso de selección en el que
intervienen:

      los delegados de pastoral vocacional quienes presentan un informe de los
       signos vocacionales descubiertos en el tiempo del acompañamiento en los
       círculos vocacionales y piden el parecer favorable de los párrocos de las
       unidades pastorales a las que pertenecen los jóvenes;

      los formadores del seminario quienes como equipo, por medio de entrevistas
       personales con cada uno de los jóvenes durante las convivencias realizadas
       durante el período de los círculos vocacionales, logran un conocimiento inicial
       sobre la idoneidad de los candidatos;

      el psicólogo del seminario quien –además de las visitas previas a las familias
       de los candidatos ha practicado algunas pruebas de personalidad e inteligencia a
       cada uno de ellos- aporta un juicio inicial sobre la idoneidad del joven;

      los seminaristas quienes, después de una presentación de los candidatos,
       expresan su opinión si los han conocido previamente.

Para la selección definitiva se tienen en cuenta los siguientes requisitos mínimos:

      el aspirante debe haber realizado el proceso de acompañamiento vocacional de
       por lo menos un año en su vicaría;
      debe estar vinculado a la vida eclesial en su unidad pastoral y, por lo tanto,
       debe ser presentado por su párroco;
      debe tener una orientación afectivo-sexual sana;
      debe gozar de buena salud física y psíquica, para poder desarrollar las
       exigencias propias de la formación;
      si viene de otras experiencias vocacionales, se solicitará y se tendrá en cuenta
       lo expresado en el informe confidencial.


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6.4. CONCLUSIÓN DE LA PRIMERA FASE DE LA ETAPA PREVIA O SEMINARIO
MENOR PARROQUIAL


A los candidatos que han sido admitidos para iniciar el año propedéutico o segunda
fase de la etapa previa el Arzobispo les escribe una carta comunicándoles la decisión e
invitándolos a participar de una manera más plena en la celebración de la Navidad en
su propia parroquia. A los párrocos, cuyos candidatos han sido admitidos, el Arzobispo
escribe también una carta invitándolos a acoger a sus futuros seminaristas y a
continuar considerándose como formadores de estos futuros presbíteros.

Siguiendo estos pasos, parece posible lograr una adecuada preselección de los
candidatos al año propedéutico con el cual culminará la etapa previa en la preparación
de los candidatos al presbiterado de la Arquidiócesis de Barranquilla.




SEGUNDA FASE                                   DE LA ETAPA PREVIA: EL AÑO
PROPEDÉUTICO

El año propedéutico se considera como el tiempo formativo que corona el proceso de
la etapa previa. En esta fase se continúa el proceso de discernimiento vocacional
iniciado en el Seminario Menor Parroquial, especialmente en los círculos vocacionales,
para complementarlo con otras herramientas que ayudan al joven a un conocimiento
de su realidad personal, confrontándola desde la vida de fe, para descubrir la voluntad
de Dios sobre su vida y, si es el caso, iniciar la primera etapa de la formación
sacerdotal.

1. DESCRIPCIÓN GENERAL
a) Este año “tiene por objetivo proponer a los candidatos al presbiterado un tiempo
que les permita vivir una intensa experiencia de fe y oración, una iniciación en el
misterio de Cristo y de la Iglesia, una iniciación en los compromisos presbiterales, una
nivelación académica y un acompañamiento personal y grupal orientado a completar el
discernimiento vocacional inicial.”28

b) Este período, según la Congregación para la Educación Católica, tiene unas formas
prácticas de implementación que ya han dejado fruto en muchos países y que son
actualmente reconocidas como formas válidas29:


28
     Ratio Fundamentalis No 61-62. PDV No 62.
29
     Congregación para la Educación Católica, Documento Informativo. El Período Propedéutico.

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El primer tipo de experiencia es el que se denomina período propedéutico
autónomo: Esta forma consiste en concebir el año propedéutico como un año distinto
e independiente del ciclo filosófico, que se entiende más como un período de
discernimiento vocacional, de maduración en la vida espiritual y comunitaria, y
también como una eventual recuperación de la preparación cultural en vista de la
filosofía y la teología.

La segunda manera de implementar el año propedéutico es la que se conoce como
período propedéutico integrado en el seminario mayor.                   En este tipo de
propedéutico el esfuerzo se orienta a realizar la combinación de una iniciación y
profundización de la fe con la iniciación de algunos estudios filosóficos y humanísticos,
antes de iniciar la teología.

La tercera forma es la que se llama período propedéutico unido a la pastoral
vocacional. Éste se considera como un tiempo de orientación espiritual y vocacional
de los candidatos al seminario, en esta forma más que complementar el nivel
académico y doctrinal, se centra en la ayuda para la vida espiritual y en el
discernimiento vocacional.

La Arquidiócesis de Barranquilla ha asumido como forma práctica de realización del
año propedéutico una integración de los diferentes tipos de la experiencia para que el
año propedéutico sea, al mismo tiempo, un período autónomo con respecto a los
ciclos de formación filosófica y teológica como un momento intenso de discernimiento
vocacional y de formación, con el propósito que el joven se ubique frente al llamado
del Señor; pero integrado al seminario mayor, con el fin de que la experiencia, que
se vive al interior de la misma casa, se enriquezca con el ambiente comunitario de los
que están viviendo ya la formación sacerdotal y sea también la culminación del
proceso vivido en la pastoral comunitaria.

c) La experiencia ha indicado que –a pesar de los esfuerzos realizados durante el
proceso vivido en el seminario menor parroquial y en especial en los círculos
vocacionales- los jóvenes llegan al seminario con profundos vacíos en los niveles
humano y cristiano. Por esta razón, el año propedéutico busca hacer al joven
consciente de su realidad personal y de la realidad de donde proviene para que,
interpretando sus signos y dinamismos con la luz de la fe y con la gracia de Dios,
crezca y madure en la opción por Cristo y se afiance en su pertenencia a la Iglesia con
el fin de discernir con claridad su propia vocación.

De lo anterior se ha deducido que la experiencia del año propedéutico debe tener dos
énfasis claros y definidos que se complementan y apoyan como base para la formación
posterior y que se constituyen en dos momentos según los semestres académicos:

      Conciencia personal y comunitaria de la propia vida y de la dimensión social de
       la misma (primer semestre);


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      experiencia personal y comunitaria de la fe comunicada por la Iglesia (segundo
       semestre).

Por esto, durante el primer semestre del año propedéutico el trabajo se orienta a
acompañar a los jóvenes en el descubrimiento consciente y claro de los criterios y
principios de valoración del mundo en el que viven, para que sean capaces de
confrontarlos con el Evangelio. En este contexto, se busca que los jóvenes lleguen a
un verdadero conocimiento de sí mismos, reflexionando sobre su propia historia
personal, descubriendo en ella todo lo que favorece el proceso de formación y todo lo
que la dificulta, de tal manera que estén más dispuestos y equipados para realizar el
proceso de discernimiento vocacional. Con estas herramientas los jóvenes realizan la
elaboración básica de un proyecto personal de vida, que no sólo integra los dos
procesos anteriores sino que los interpreta desde sus causas y efectos de tal manera
que oriente la vida y la formación del seminarista hacía un proceso permanente de
crecimiento y de identificación con la voluntad de Dios sobre su existencia.

En el segundo semestre, después de alcanzar un conocimiento lo más acertado posible
de su realidad personal, los alumnos descubren el sentido profundo de su bautismo
para que lleguen a una adhesión sincera a Jesucristo, analicen críticamente los medios
con los cuales fomentan su vida de fe y, descubriendo la misión de los bautizados en
la Iglesia, vislumbren la particularidad de la vocación al ministerio sacerdotal como
una vocación específica dentro de la vocación bautismal general a la santidad.


2. OBJETIVO GENERAL
Al finalizar la experiencia del año propedéutico el alumno ha alcanzado una conciencia
más clara de su realidad personal y de los condicionamientos históricos que la
determinan; se ha adherido más profundamente a Jesucristo y a su Iglesia por medio
de una profundización en los contenidos de fe y una práctica comunitaria del
Evangelio; y está en condiciones de hacer una decisión inicial de optar por el
seguimiento de Cristo en una vocación eclesial especifica.

       Meta del primer semestre: Al finalizar el primer semestre del año
       propedéutico el alumno es consciente de que su formación tiene una base
       humana que debe ser profundizada en su origen, evolución y dinamismo; se ha
       acercado a la comprensión de los valores y principios que orientan la vida social
       de los hombres y ha descubierto cómo inciden en su propia vida; y ha dado
       pasos significativos en su crecimiento humano para poder hacer un
       discernimiento claro y responsable de la voluntad de Dios sobre su vida.




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          Meta del segundo semestre: Al finalizar el segundo semestre del año
         propedéutico el alumno es consciente de la necesidad de una seria y real
         adhesión a Jesucristo en el proceso de discernimiento vocacional; ha descubierto
         que la Iglesia es el ambiente necesario para crecer y madurar en el proyecto de
         Dios sobre la vida personal y ha crecido en su vinculación a la comunidad
         eclesial; y ha dado los primeros pasos fundamentales en esa adhesión de fe al
         Señor.

3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Al finalizar la experiencia del año propedéutico, el alumno:

         tiene un conocimiento claro y crítico de su propia realidad personal y del
          medio de donde viene y en donde desarrolla su vida;
         ha crecido en la experiencia del misterio de Cristo y de la Iglesia y en la
          comprensión de los compromisos presbiterales;
         ha alcanzado un mayor compromiso y una entrega generosa a la Iglesia para
          vivir su proceso de respuesta al llamado del Señor;
         está decidido a continuar el proceso de discernimiento de su vocación y por lo
          mismo a iniciar la formación en el seminario mayor.

4. INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
DIMENSIÓN HUMANA

El alumno
      ha alcanzado un conocimiento inicial de sí mismo suficiente para comprender y
       aceptar sus capacidades para potenciarlas y sus limitaciones para superarlas;
      ha logrado la certeza moral sobre su orientación sexual sana y un conocimiento
       claro de su realidad afectiva;
      ha progresado en el silencio interior, el control de las propias decisiones, la
       pacificación interior, la capacidad de escucha y aceptación del otro;
      sabe decir la propia palabra, ha superado los miedos de la comunicación, es
       sincero y leal en lo que dice y se compromete con lo dicho;
      ha desarrollado su capacidad de tomar decisiones libremente y ser consecuente
       con las decisiones tomadas;
      ha avanzado en sensibilidad frente a las diversas experiencias humanas y en el
       servicio a los demás;
      se ha hecho consciente de sus capacidades y límites para vivir en comunidad,
       ha superado sus asperezas y desarrollado un sentido de colaboración y
       participación;
      ha aprendido a utilizar bien el tiempo, a trabajar en equipo, a ser
       autosuficiente en las cosas personales y a desarrollar capacidad de trabajo y
       habilidades para las tareas domésticas.


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DIMENSIÓN ESPIRITUAL

       sabe asumir en la fe los límites propios y ajenos, la realidad de la situación
        actual y los condicionamientos de su propia historia;
       se ha familiarizado con diversas formas de oración y de discernimiento
        personal y comunitario, que lo llevan a un mayor conocimiento de Jesús y de la
        Iglesia;
       conoce el tema de la vocación en la Biblia y en sus principales personajes con
        el fin de comprender mejor su propia vocación;
       ha aprendido a descubrir la presencia y acción de Dios en su vida y en el
        trabajo de cada día;
       ha avanzado en su experiencia de participación en los sacramentos y
        desarrollado su conciencia bautismal como fundamento de su vida cristiana;
       ha dado su adhesión de fe al Señor y busca conocerlo y servirlo;
       ha experimentado a la Iglesia como su madre en la fe y se ha integrado más
        plenamente a ella;
       ha hecho de la devoción mariana un medio privilegiado para crecer en el amor
        a Dios y a los demás;
       ha descubierto el silencio como condición indispensable para crecer en la
        oración;
       ha iniciado el proceso de acompañamiento espiritual.

DIMENSIÓN INTELECTUAL

       Ha logrado una nivelación adecuada que le permita la comprensión de lectura,
        la realización de síntesis, de redacción literaria (incluida ortografía) y de
        expresión oral;
       ha alcanzado una nivelación académica que le ofrece criterios de juicio sobre la
        base del amor por la verdad y la adhesión sincera a ella.
       conoce los elementos básicos de catequesis y liturgia, de manejo y
        comprensión de la Biblia y tiene una visión global de la historia de la salvación
        en relación con la historia en general;
       ha realizado una nivelación con el grupo en el área de informática;
       ha crecido en la capacidad de raciocinio y de análisis.

DIMENSIÓN PASTORAL

       ha realizado satisfactoriamente todos los módulos de la ESPAC (escuela
        parroquial de catequistas);
       ha obtenido una visión global inicial del Plan global arquidiocesano de nueva
        evangelización;
       ha tenido experiencias compartidas con los hermanos mayores de misión en
        algunas unidades pastorales;
       ha realizado visitas de conocimiento general de algunas unidades pastorales
        tanto de la ciudad como de algunos municipios del Departamento del Atlántico;

                                                                                       70
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           conoce la actividad pastoral que se realiza en su unidad pastoral de origen y se
            ha integrado a ella en las vacaciones.

5. MEDIOS
DIMENSIÓN HUMANA

          La familia que, a la vez que recibe una cierta formación con los encuentros
           semestrales, debe convertirse en uno de los ambientes que ayuden al alumno a
           asimilar la formación recibida;
          la parroquia de origen;
          la comunidad del seminario mayor como ambiente de integración;
          el equipo de formadores del seminario, especialmente el director de grupo y el
           director espiritual;
          el proyecto formativo del seminario que le permite conocer y asumir el proceso
           de formación y le da las pautas fundamentales de crecimiento;
          el proyecto personal de vida, elaborado básicamente a lo largo del año
           propedéutico;
          el deporte, las actividades recreativas y la realización de actividades
           domésticas;
          los talleres de formación humana y cristiana;
          las charlas y talleres especiales sobre la afectividad;
          el acompañamiento psicológico.


   DIMENSIÓN ESPIRITUAL

          La oración personal y la oración comunitaria;
          La vida litúrgica del seminario mayor y las celebraciones litúrgicas propias del
           grupo de vida;
          las clases de espiritualidad y liturgia;
          la práctica sacramental en la cual se inicia con mayor conciencia:
          la dirección espiritual, a la cual se le prepara durante el primer semestre y que
           inicia en el segundo;
          la iniciación en la lectio divina;
          el acercamiento a la Liturgia de las horas;
          la experiencia de retiros espirituales mensuales y de dos semanas de los retiros
           ignacianos;
          la devoción mariana;
          La lectura espiritual.

DIMENSIÓN INTELECTUAL

          El pénsum académico;
          el estudio personal;

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      la Biblia y los documentos del Magisterio de la Iglesia, especialmente
       latinoamericano;
      el desarrollo de los módulos de la escuela parroquial de catequesis (ESPAC).
      la clase de introducción a la catequesis, metodología catequética y magisterio
       eclesial.
      La biblioteca, la sala de Internet, y la sala de informática del seminario mayor;
      la prensa y los noticieros;
      los video – foros
      los talleres de conocimiento personal;
      la creación y diseño de carteleras y mensajes.

DIMENSIÓN PASTORAL

      El   Plan global arquidiocesano de nueva evangelización;
      la   planeación y el desarrollo del plan en el nivel diocesano;
      la   organización pastoral del seminario mayor;
      el   acercamiento a la escuela parroquial de catequesis (ESPAC);
      la   participación y el acompañamiento en algunas semanas de misión;
      la   vinculación a las semanas juveniles y vocacionales en el nivel diocesano;
      el   trabajo en equipo.

6. METODOLOGÍA
El proceso de discernimiento de los jóvenes del año propedéutico está estructurado
en dos semestres.


En ellos han de adquirir las herramientas necesarias para hacer un discernimiento claro de
la voluntad de Dios a partir de una lectura crítica y consciente de la realidad de la cual
proceden y de su realidad personal. Para ello se sigue un proceso formativo desarrollado
por fases y distinguido en cada una de las dimensiones (humana, espiritual, intelectual y
pastoral) que se desarrolla durante todos los días de la semana (de lunes a viernes se
realizan actividades comunitarias), pero con énfasis en los fines de semana, tiempo en
que los jóvenes del año propedéutico permanecen en el Seminario, para dedicarse de
lleno a su formación personal.

La principal herramienta para un recto discernimiento de la voluntad de Dios es EL
PROYECTO PERSONAL DE VIDA. Por ello se privilegia la capacitación de los jóvenes
para que puedan ir adiestrándose en la elaboración de su proyecto personal de vida
(como se describe en el Proyecto Formativo del Seminario). Esto se hace los fines de
semana: primero reciben la instrucción del formador en el trabajo concreto que
realizarán, y luego lo aplican a su situación concreta mediante el desarrollo de los talleres
propuestos.

El proceso se desarrolla de la siguiente manera:

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DIMENSIÓN HUMANA

      Para favorecer el proceso de madurez personal, potenciando la autoestima y el
       sano desarrollo afectivo, se ofrecen diferentes medios: en el ámbito académico la
       clase de “educación afectiva” y en el fin de semana algunos talleres que buscan
       potenciar el autoconocimiento y la madurez personal.
      Mediante la técnica del video-foro se ayuda a los jóvenes a adquirir una identidad
       personal que les permita expresar sus opiniones en público y valorar los puntos de
       vista de los demás. Esto se realiza durante los fines de semana (las película
       seleccionada para tal fin son escogidas previamente por el director de grupo).
      Cuando un estudiante expresa una opinión que compromete a otra persona, se le
       invita a acercarse al otro para hacerle la debida corrección fraterna. En los casos en
       que se tengan puntos de vista divergentes sobre algún problema que afecte a la
       comunidad, se encara a los involucrados para que planteen, ante el director de
       grupo, los diferentes puntos de vista y así se logre discernir la verdad de los
       acontecimientos. Esto no excluye la permanente corrección fraterna como un deber
       cristiano.
      A nivel de la organización del grupo de vida, los seminaristas asumen
       responsabilidades diversas y se comprometen a velar por el buen funcionamiento
       del área o servicio a su cargo, igualmente se responsabilizan de hacer cumplir a sus
       compañeros con las actividades encomendadas.
      Cada seminarista ha de ser consciente de que el Seminario Mayor es su casa; por
       tanto, ha de tener mucho cuidado en mantener aseada y en buen estado su
       habitación personal; así mismo, ha de realizar con responsabilidad el servicio del
       aseo comunitario en el lugar que le sea asignado. Los lunes y jueves, se integran
       al horario de aseo de la comunidad y, los sábados, después del almuerzo, se realiza
       un acto de amor a la casa, que busca, mediante el aseo y el mantenimiento de
       alguna parte de la casa, expresar el amor por su casa de formación y afianzar el
       sentido de pertenecía. Este trabajo se realiza generalmente en equipo, para
       favorecer la capacidad de trabajar con los demás, de realizar trabajos
       mancomunados expresando sus propias iniciativas para su realización y apoyando
       los puntos de vista de los demás.
      El director de grupo propicia, para las tardes del domingo, un espacio de
       evaluación, donde cada uno de los jóvenes expone las diversas experiencias que
       han vivido durante la semana, los aspectos positivos y los aspectos por mejorar
       que han analizado en cuanto a su ritmo de vida y al trato con sus compañeros y
       formadores.
      Además del cronograma general y del horario establecido por el Seminario, cada
       uno de los jóvenes -tal como lo contempla el proyecto personal de vida- ha de
       tener su cronograma personal de actividades y su horario personal, a fin de que
       sea más responsable en el manejo de su tiempo personal y cumplido en el horario
       de actividades comunitarias.




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      Además de los espacios designados para el deporte en el horario general, los
       jóvenes del año propedéutico realizan un tipo de deporte específico los domingos
       por la mañana, antes de asistir a la Eucaristía Dominical.
      Los jóvenes de año propedéutico realizan todos los sábados la asamblea familiar
       según el proceso evangelizador de la misión arquidiocesana.



   DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      El espacio más propicio para el proceso de discernimiento personal es la oración,
       por ello se ofrece a los alumnos de propedéutico la oportunidad de conocer y
       practicar los diferentes métodos de oración aprobados por la Iglesia.
      Como primer paso se les ofrece la posibilidad de apreciar el silencio y de vivirlo
       progresivamente por medio de ejercicios que facilitan la concentración exterior e
       interior.
      Se hace especial énfasis en el aprendizaje del método de la Lectio Divina,
       empleando para ello el texto del Evangelio que la liturgia de la Iglesia ofrece para
       ese día. Este ejercicio se realiza por el resto del primer semestre, con él se busca
       ir introduciendo a los jóvenes en el discernimiento de la voluntad de Dios tanto
       para su vida personal como al entorno comunitario y la realidad social en que viven
       aprendiendo así a leer la presencia de Dios en todos los ámbitos de la vida del
       hombre.
      Durante el primer semestre, además del ejercicio de la lectio divina, los jóvenes se
       inician en la oración de la Liturgia de las Horas (laudes, vísperas y completas),
       inicialmente orientada por el director, pero progresivamente dirigida por los
       jóvenes del grupo, de modo que vayan adquiriendo mayor destreza en la prelación
       y práctica de la oración oficial de la Iglesia. La Liturgia de las Horas les permitirá ir
       afianzando su amor por la Iglesia, intercediendo permanentemente por la Iglesia
       universal, por el Papa, por la Iglesia particular, por el Obispo y por todos aquellos
       que de algún modo se encuentren vinculados y comprometidos con ella.
      Todos los días se tiene la posibilidad de participar en la celebración de la Eucaristía,
       espacio que ofrece a los jóvenes la posibilidad de participar activamente tanto en la
       preparación como en la participación del misterio de la redención. Los jóvenes
       participan de la celebración de la Eucaristía con toda la comunidad del seminario
       los lunes y los jueves; los miércoles con su grupo diocesano y los martes, viernes,
       sábados y domingos a nivel del grupo de vida. De esta forma se va adquiriendo un
       mayor gusto por la celebración diaria de la Eucaristía, colocando en presencia del
       Señor las actividades del día cuando la celebración se desarrolla en las mañanas, y
       dar gracias por las actividades realizadas, los días en que se celebra la Eucaristía
       por las tardes. El Seminario prevé un tiempo prudencial para la celebración digna y
       decorosa de la celebración eucarística, de modo que se puedan vivir y disfrutar
       cada uno de los momentos de la celebración, y descubrir en la integralidad de la
       misma el gran misterio de la Redención.


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      Los jóvenes del año propedéutico pueden acercarse a cualquiera de los sacerdotes
       del equipo de formadores para la práctica del sacramento de la reconciliación. Se
       insiste en la periodicidad de esta práctica sacramental, aprovechando la frecuencia
       mensual de las jornadas de ejercicios espirituales; sin embargo, pueden acercarse
       a los sacerdotes del equipo de formadores para la práctica del sacramento cuando,
       en ocasiones diversas de las jornadas de ejercicios espirituales, lo requieran.
      Durante cada semestre se tiene la posibilidad de realizar los ejercicios espirituales
       durante un tiempo prolongado, a saber: durante el primer semestre con ocasión de
       la preparación para vivir la cuaresma y la pascua. Estas jornadas inician el domingo
       anterior al miércoles de ceniza y terminan con la celebración del miércoles de
       ceniza (estos ejercicios espirituales se celebran de forma comunitaria). Al inicio del
       segundo semestre se vive la experiencia de los ejercicios espirituales de san
       Ignacio, durante una semana. Durante los demás meses del año se tiene la
       posibilidad de la práctica de una jornada de ejercicios espirituales una vez al mes,
       los cuales se desarrollan por grupos de vida, de acuerdo a los énfasis formativos
       propios de cada nivel; en el caso del propedéutico el énfasis se hace en los
       sacramentos de Iniciación cristiana; a no ser que por razones circunstanciales se
       elija un tema específico de reflexión.
      Luego de realizar los ejercicios espirituales de San Ignacio, los jóvenes eligen su
       director espiritual y programan con él el ritmo de las sesiones de la dirección
       espiritual, de modo que se vaya revisando y ajustando el proyecto personal de vida
       en el diálogo con el mismo. Se insiste en la necesidad de apertura y sinceridad con
       el director espiritual, a fin de que las sesiones sean los más fructíferas posibles en
       el proceso de discernimiento de la voluntad de Dios sobre la propia vida y el
       análisis del entorno.
      Además de las diversas celebraciones realizadas en el seminario, los jóvenes del
       propedéutico, tienen la posibilidad de participar, junto con los demás compañeros
       del Seminario, de los actos religiosos en la Catedral, cuando éstos revistan carácter
       arquidiocesano.
      Durante la Semana Santa, además de los ejercicios espirituales de “Discipulado”,
       los jóvenes tienen la posibilidad de participar de los actos litúrgicos en la Catedral y
       prestar los servicio litúrgicos durante las diferentes celebraciones de la misma,
       presididas por el señor Arzobispo, afianzando con ello el sentimiento de pertenencia
       y afecto por la Iglesia madre.
      Los lunes, de manera comunitaria, y los viernes en el grupo de vida se practica el
       rezo del Santo Rosario, en él, los jóvenes van interiorizando los misterios de la vida
       de Jesús en compañía de la Virgen María, descubriendo en ella el camino seguro
       para llegar a Jesús.




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DIMENSIÓN INTELECTUAL

      Las asignaturas que debe cursar el joven en año propedéutico son, ante todo, de
       nivelación académica y de introducción a la espiritualidad, la Biblia y la experiencia
       eclesial. Durante este año se estudia una introducción a la Sagrada Escritura, a la
       liturgia de la Iglesia, a la catequesis, a la espiritualidad y al misterio de la Iglesia.
       Igualmente, se hace una nivelación en las áreas de castellano y lectura-escritura,
       en música y canto, en informática, en urbanidad y relaciones humanas y
       metodología de la investigación, las cuales servirán de base para la formación
       académica del ciclo de filosofía.
      Se propician durante este año los talleres de metodología de estudio, de modo que
       los jóvenes vayan asumiendo un método apropiado para aprovechar, lo mejor
       posible, el tiempo dedicado a su estudio personal.
      Se procura un espacio de práctica de caligrafía a fin de ir perfilando un tipo de letra
       legible, apropiado para un presbítero de la Iglesia. Asimismo se desarrollan
       ejercicios de redacción y sintaxis, aprovechando los acontecimientos de mayor
       interés en marco eclesial y de los acontecimientos de carácter nacional e
       internacional de mayor relevancia.
      Los fines de semana se realizan “cine-foros”, espacios donde se aprende a apreciar
       de manera crítica, algunos filmes, seleccionados previamente por el director de
       grupo. Este ejercicio ayuda además a madurar en la facultad de expresar las ideas
       oralmente en público.
      También se propician talleres de lectura, para fomentar el amor y el hábito por la
       lectura: generar un espíritu de lectura e investigación.


   DIMENSIÓN PASTORAL

      Iniciando el primer semestre, los jóvenes, tienen la oportunidad de participar en el
       retiro kerigmático, propuesto por la ESPAC y, con ello, se inician en el proceso de
       formación propio de esta escuela, a fin de ir adquiriendo algunos elementos que le
       serán de gran ayuda en su posterior práctica pastoral.
      A diferencia de sus compañeros seminaristas, los jóvenes del año propedéutico no
       asisten los fines de semana a realizar una práctica de apostolado sino que, como lo
       recomienda el momento formativo que viven, permanecen en el seminario para
       potenciar su formación a nivel interno, antes de ser lanzados a asumir
       responsabilidades pastorales en una unidad pastoral determinada.
      La elaboración de su proyecto personal de vida y el estudio del proyecto formativo
       del seminario, hará que los jóvenes se vayan familiarizando progresivamente con el
       proyecto pastoral de la Arquidiócesis (PDR/E). De igual forma, se inculca la
       necesidad de involucrarse con los procesos de pastoral de sus unidades pastorales
       de origen en las oportunidades en que puedan asistir a sus casas.




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                                                      Etapa Previa


      Durante la semana vocacional y de misiones (tanto en el primer semestre como en
       el segundo), así como en los tiempos de las novenas de Navidad, los jóvenes del
       año propedéutico tienen la posibilidad de participar de experiencias fuertes de
       misión, haciendo equipo con los compañeros de los otros niveles formativos, tanto
       de filosofía como de teología, siguiendo las indicaciones del formador responsable
       de la dimensión pastoral del seminario.
      Como ejercicio complementario de la asignatura de Introducción al Misterio de la
       Iglesia, se prevé un recorrido por las diferentes unidades pastorales de la
       Arquidiócesis de Barranquilla. A fin de que el recorrido sea lo más formativo
       posible, se dedica un día para cada una de las vicarías, de modo que orientados por
       los respectivos párrocos logren una idea clara de la situación pastoral de cada
       unidad pastoral. Estas visitas permiten tener una visualización general de la
       Arquidiócesis de Barranquilla.
      Se prevé una visita a la Curia Arzobispal, de modo que los jóvenes logren un
       primer encuentro con este ente del proceso de evangelización y su importancia en
       el proceso de evangelización a nivel administrativo de la Arquidiócesis. De igual
       forma se busca la posibilidad de acercamiento a otros espacios de pastoral; por
       ejemplo: la Fundación San Carlos Borromeo, los asilos, la cárcel, la “Zona
       Cachacal”, los hospitales, de modo que tengan una idea también de las situaciones
       límites en las que hay que hacer presencia evangélica como Iglesia.




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                                                     Primera etapa: Ciclo filosófico




                          DESCRIPCIÓN GENERAL

a) El ciclo de filosofía busca ofrecer a los alumnos las herramientas necesarias para
hacer una opción definitiva por el ministerio sacerdotal, a partir de un conocimiento lo
más completo posible de sí mismos, de la Iglesia arquidiocesana y de la sociedad en
que se vive.

b) Se desarrolla en tres fases, cada una de ellas vivida en un año académico:

      la primera y la segunda fase, equivalentes al primero y al segundo años de
       filosofía se realizan en las instalaciones del Seminario mayor, siguiendo la
       metodología de la vida comunitaria, avanzando en la preparación académica,
       vinculados a actividades pastorales en los fines de semana. Durante el primer
       año, el énfasis en todos los aspectos de la formación está en el análisis de la
       realidad tanto personal, como comunitaria (Iglesia y mundo), y durante el
       segundo año el énfasis está en el descubrimiento del ideal del sacerdote, de la
       Iglesia y del mundo;

      la tercera fase, equivalente al tercer año de filosofía, los alumnos, en grupos de
       tres o cuatro por parroquia, la viven de manera permanente en unidades
       pastorales escogidas para tal fin, manteniendo su vinculación al seminario
       mayor, por medio de la asistencia a clase algunos días de la semana y la
       participación en los retiros espirituales tanto semestrales como mensuales, para
       que, bajo la guía del párroco como primer formador, y con la ayuda de la
       comunidad parroquial, logren hacer una confrontación entre el análisis de la
       realidad realizado en el primer año y el ideal entrevisto en el segundo año para
       llegar a un diagnóstico que les permita descubrir en sí mismos sus
       potencialidades y sus obstáculos con vistas al ideal de sacerdote y, al mismo
       tiempo, las potencialidades y obstáculos de la Iglesia arquidiocesana en la
       búsqueda del ideal de Iglesia que Dios quiere para la creación de una sociedad
       más justa y solidaria. De esta manera están capacitados para hacer una opción
       definitiva en relación con el ministerio sacerdotal.


                                                                                       78
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
                                                    Primera etapa: Ciclo filosófico

c) En este proceso adquieren toda su importancia los medios fundamentales para la
formación:

      El proyecto personal de vida –que ha sido elaborado de manera general durante
       el año propedéutico en el contexto del proyecto formativo del seminario y
       teniendo en cuenta el plan de nueva evangelización de la Arquidiócesis- debe
       ahora ajustarse enriqueciéndose con un conocimiento más profundo de la
       realidad tanto personal como de la Iglesia y del mundo (primer año), con una
       percepción más clara del ideal de sacerdote, de la Iglesia y del mundo (segundo
       año), y con la capacidad crítica de análisis de esa realidad a partir del
       diagnóstico realizado para descubrir las potencialidades y obstáculos, tanto
       personales como comunitarios en la consecución del ideal (tercer año);
      El proyecto formativo del Seminario Mayor de Barranquilla que ofrece al alumno
       la posibilidad de enmarcar su proyecto personal de vida dentro del proceso
       formativo, de tal manera que los indicadores de logro en cada una de las fases
       permitan al alumno una evaluación clara de su crecimiento personal dentro de la
       comunidad del seminario;
      El Plan global arquidiocesano de nueva evangelización que ofrece al alumno las
       luces necesarias con el fin de hacer el análisis pertinente de la realidad de la
       Iglesia y del mundo para que pueda situarse en ella y comprender mejor su
       propia realidad (primer año), le muestra el ideal hacia el cual la Iglesia
       arquidiocesana marcha en su tarea de evangelizar el mundo (segundo año) y le
       da las bases críticas para hacer un verdadero diagnóstico de la realidad,
       considerada ahora como conjunto de potencialidades y obstáculos tanto
       personales como comunitarios para la consecución del ideal.

d) Al finalizar este proceso, el alumno podrá tener los elementos de juicio necesarios
para hacer una opción definitiva en relación con el ministerio sacerdotal, de tal manera
que su decisión de continuar la formación en el ciclo teológico es la decisión de
convertirse de manera definitiva en candidato para el sacramento del orden.

Por su parte, los formadores –a partir de los informes de todas las personas
involucradas en el proceso de formación vivido por el alumno- podrán también hacer el
juicio cierto y decisivo sobre la idoneidad del alumno, de tal manera que el obispo
pueda proceder a admitirlo o no, como candidato al sacramento del orden con el rito
correspondiente.


1. OBJETIVO GENERAL
Al finalizar el ciclo filosófico el alumno, por medio de un proceso de discernimiento de
su propia realidad frente al llamado del Señor, ha hecho una opción vocacional madura
y responsable por el ministerio sacerdotal o por otra forma de servicio dentro de la
Iglesia.



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2. OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Al finalizar el ciclo filosófico el alumno

      conoce críticamente y asume en su proceso de crecimiento su propia realidad;
      conoce la realidad de la Arquidiócesis con sus luces y sus sombras y ha crecido
       en su amor por la vida de su Iglesia particular;
      conoce la realidad del mundo en que se desarrolla su historia personal y la
       acción pastoral de la Iglesia, y ha aprendido a discernir las implicaciones que
       esto tiene para su vida personal y para la vida de la Iglesia a la que pertenece;
      comprende y asume el ideal humano, espiritual, intelectual y pastoral al que
       debe empezar a tender para llegar a ser un sacerdote según el corazón de
       Cristo;
      visualiza y asume el ideal de Iglesia a la que se dirige la acción pastoral de la
       Arquidiócesis;
      conoce y asume las características fundamentales de la civilización del amor que
       la Iglesia está llamada a ayudar a construir;
      discierne con claridad sus propias potencialidades y sus dificultades en el
       camino de crecimiento personal;
      comprende las oportunidades y los obstáculos que debe enfrentar la Iglesia
       arquidiocesana para llegar a plasmar el ideal que se propone;
      ha estudiado y comprendido las riquezas y miserias del mundo circundante con
       miras a la construcción de un mundo mejor;
      y, a partir de todos estos elementos, puede hacer una opción madura, libre, y
       responsable por el ministerio sacerdotal o por otro servicio al interior de la
       Iglesia y de la sociedad.


3. INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
4.1. DIMENSIÓN HUMANA

      El alumno ha asumido su historia personal y familiar, aceptando los diferentes
       acontecimientos como experiencias que le permiten el crecimiento personal;
      ha adquirido los elementos necesarios para realizar una mirada de síntesis de su
       propia vida y para valorar objetivamente el momento histórico que vive;
      ha llegado a un recto conocimiento de sí mismo y a una correcta valoración de
       sus propias capacidades;
      ha aprendido, por medio de la revisión y actualización del proyecto personal de
       vida, a crecer en forma sistemática y permanente;
      se ha integrado con mayor asertividad a la vida de su familia y la ha integrado
       en su proceso formativo;
      se caracteriza por el amor a la verdad, la lealtad, el respeto por la persona, la
       justicia, la fidelidad a la palabra dada, el equilibrio de juicio;



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      se adapta a los diferentes ambientes, acepta las personas y las situaciones y se
       involucra positivamente en la realidad que lo rodea;
      está en capacidad de establecer relaciones de amistad sinceras y auténticas;
      ha crecido en los buenos modales y el buen trato con los compañeros y con
       todas las personas;
      ha asumido la vida del seminario con responsabilidad en las diferentes
       actividades que se realizan;
      ha sido un elemento positivo en el crecimiento de la comunidad tanto del
       seminario como de las parroquias donde ha trabajado;
      comprende la autoridad en la Iglesia como servicio y se dispone a obedecer
       como contribución a la búsqueda del bien común;
      acepta y pone en práctica las correcciones de sus superiores, profesores y
       compañeros;
      ha logrado organizar con eficiencia el tiempo y las actividades tanto dentro como
       fuera del seminario;
      ha descubierto el valor del silencio como herramienta indispensable para el
       crecimiento personal;
      ha crecido en la libertad con base en el dominio de sí mismo, en la derrota del
       egoísmo, en la apertura a los demás;
      ha fortalecido su afectividad con el incremento de su capacidad de apertura a los
       demás y la concreción del amor en el servicio desinteresado, especialmente a
       los más pobres y necesitados;
      ha fortalecido la comunión con el obispo, el presbiterio y la comunidad educativa
       del seminario;
      ha crecido en una efectiva colaboración y trabajo en equipo con los demás;
      es capaz de tomar decisiones y de asumirlas con responsabilidad, después de un
       discernimiento sincero y objetivo de la realidad.
      es transparente en el manejo del dinero y responsable en la administración de
       los bienes que se le confían; demuestra así capacidad de gestión;
      asume con alegría y creatividad las carencias y limitaciones a causa de la falta
       de recursos;
      se siente corresponsable frente a la realidad de la Iglesia que peregrina en
       Barranquilla;
      muestra claras actitudes que indican su recta intención frente a la vida
       ministerial.

4.2. DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      El alumno ha adquirido una gran sensibilidad frente a la realidad personal y social
       que le permite observar toda la historia como historia de salvación;
      ha aprendido a analizar los diferentes episodios de la vida como medios para
       identificar la voluntad de Dios en su propia vida;
      ha hecho una opción definitiva por Dios que se concreta en una permanente
       renuncia al pecado y en acercarse Dios y a los hermanos;
      ha crecido como discípulo de Cristo a partir de la docilidad a la acción del Espíritu
       Santo;

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      ha hecho de la oración parte fundamental de su vida y le dedica el tiempo
       necesario tanto en comunidad como privadamente;
      ha practicado diferentes métodos de oración y reconoce la importancia
       privilegiada de la lectio divina personal y comunitaria;
      aprovecha los diferentes ejercicios espirituales, como momentos fuertes de
       crecimiento personal y comunitario;
      ha descubierto la necesidad del acompañamiento espiritual y lo frecuenta para
       lograr un verdadero crecimiento;
      vive el sacramento de la Eucaristía como culmen y fuente de su vida de relación
       con Dios y con los hermanos;
      ha descubierto el sentido de la Penitencia y se acerca periódicamente al
       sacramento de la reconciliación como necesario instrumento para un proceso de
       conversión permanente;
      ha ahondado en el sentido del examen particular, a partir de su proyecto
       personal de vida, para un discernimiento de su vida a la luz del designio
       salvador de Dios;
      ha crecido en la capacidad de silencio tanto interior como exterior;
      ha descubierto la íntima relación entre el ministerio sacerdotal y el celibato y lo
       vive ya en una entrega incondicional al servicio de Dios en los hermanos;
      acepta y vive la pobreza como expresión concreta del amor a los demás;
      practica la caridad auténtica con todas las personas, especialmente con los más
       pobres y desprotegidos;
      ha descubierto la dimensión pastoral de la obediencia y la vive como inserción en
       la Iglesia como cuerpo de Cristo;
      ha asumido la espiritualidad de comunión como el ambiente de su vida;
      ha alcanzado una sólida coherencia entre fe y vida;
      se siente capaz de asumir, con la gracia del Señor, las obligaciones propias del
       ministerio sacerdotal y está dispuesto a optar por él.

4.3. DIMENSIÓN INTELECTUAL

      El alumno ha desarrollado la capacidad necesaria para la investigación científica;
       ha desarrollado el hábito del estudio y ha organizado un programa de formación
       intelectual permanente;
      ha adquirido herramientas para identificar la verdad, a partir de un análisis
       crítico de las doctrinas y realidades;
      posee herramientas filosóficas válidas para conocer y analizar la realidad del
       mundo circundante y los medios para transformarla;
      está en capacidad de dar razón de las diferentes corrientes de pensamiento
       presentes en la historia de la humanidad y de analizarlas críticamente;
      ha adquirido una formación sólida en los diferentes aspectos del conocimiento y
       ha alcanzado un pensamiento propio, crítico, analítico y sistemático;
      ha alcanzado un conocimiento fundado y coherente de la verdad acerca del
       hombre, del mundo y de Dios, y se ha preparado competentemente para el
       diálogo con el mundo de hoy;


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      ha alcanzado un conocimiento más profundo de sí mismo, de su libertad y de
       sus relaciones con el mundo y con Dios;
      es capaz de confrontar la formación recibida, su propia persona y su opción
       vocacional con la realidad circundante;
      se inicia el conocimiento de la revelación de Dios mediante el estudio de la
       Sagrada Escritura y ha integrado en su vida la relación entre fe y razón,
       enriqueciendo y completando la una con la otra.

4.4. DIMENSIÓN PASTORAL

      El alumno tiene un conocimiento básico de la metodología prospectiva y del
       PDR/E, como base del plan global arquidiocesano de nueva evangelización;
      ha adquirido un conocimiento del plan global arquidiocesano de nueva
       evangelización y lo ha asumido como guía permanente de su trabajo pastoral;
      conoce el sentido y ha experimentado la utilidad de las estructuras pastorales
       tanto en el nivel de la Arquidiócesis como de las unidades pastorales;
      ha abierto la mente y el corazón a la dimensión misionera de toda actividad
       pastoral en la Iglesia;
      se ha ejercitado en algunas formas iniciales de colaboración en el trabajo
       pastoral con los presbíteros, los religiosos y los laicos;
      ha asumido la actividad pastoral con sentido auténtico de servicio, de tal
       manera que todo cuanto realice esté inflamado por el sentimiento de caridad
       pastoral;
      crece en el discernimiento de las situaciones socio culturales y eclesiales como
       retos a la acción evangelizadora de la Iglesia;
      comprende la necesidad y adquiere la destreza para programar toda acción
       pastoral, a fin de evitar la dispersión y la ineficacia;
      cumple con responsabilidad, entusiasmo y entrega las asignaciones pastorales;
      se integra con libertad con todos los agentes de pastoral, sin distingo de género,
       edad, condición social;
      vive la experiencia pastoral como un estímulo en su preparación al ministerio
       presbiteral.

4. MEDIOS POR DIMENSIONES
5.1. DIMENSIÓN HUMANA

      La vida comunitaria;
      las actividades lúdicas: deporte, fiestas, integraciones, etc.;
      la participación en los diferentes equipos de animación de cada una de las
       dimensiones, para la organización de actividades específicas en el seminario;
      las reuniones generales por grupos de vida (cada uno de los cursos se
       constituye en un grupo de vida) con la coordinación de un formador como
       director de grupo;
      los encuentros personales, de grupo y de toda la comunidad con los obispos;
      las participación en las festividades de la Arquidiócesis;

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      el trato con los sacerdotes en diferentes actividades y en la experiencia pastoral;
      los encuentros familiares en el seminario;
      las visitas domiciliarias a las familias por parte de los formadores;
      la asesoría psicológica;
      la educación específica en la afectividad y en la sexualidad,
      los talleres especiales sobre buenas maneras, relaciones personales, etc.
      El proyecto personal de vida reajustado durante este período y trabajado: en los
       aspectos comunitarios con el director de grupo de vida y en los aspectos
       personales con el director espiritual.

5.2. DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      La dirección espiritual;
      la celebración y vivencia de los sacramentos (con énfasis en Eucaristía y
       Penitencia);
      la celebración de la Liturgia de las Horas (laudes, vísperas y completas);
      la lectio divina personal y comunitaria;
      la oración personal y comunitaria;
      los retiros espirituales periódicos y las semanas de los retiros ignacianos;
      el proyecto personal de vida;
      el examen diario de conciencia;
      las lecturas espirituales;
      el rezo diario del rosario y periódicas celebraciones marianas;
      celebraciones y otros ejercicios piadosos;
      conocimiento del Directorio para la piedad popular.

5.3. DIMENSIÓN INTELECTUAL

      El plan de estudios que comprende las asignaturas y los programas académicos;
      el reglamento académico que comprende la organización y reglamentación que
       garantizará la consecución de los fines académicos;
      las bibliotecas (personal y comunitaria);
      la lectura e investigación personal o en equipo;
      la sala de sistemas (Internet);
      los cursos y talleres especiales (dos al año) para una formación específica en
       ciertos tópicos.

5.4. DIMENSIÓN PASTORAL

      La formación pastoral en las unidades pastorales;
      la formación académica específicamente pastoral;
      la sala de pastoral;
      los recursos técnicos de apoyo didáctico;
      la ESPAC



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              FASES DEL CICLO FILOSÓFICO

La primera etapa que corresponde al ciclo filosófico se ha dividido en tres fases que
corresponden a los tres años respectivos del ciclo y se organizan así:



        PRIMERA FASE: PRIMER AÑO DE FILOSOFÍA

                   AÑO DEL MODELO DE REALIDAD

1. DESCRIPCIÓN GENERAL
Durante todo el ciclo filosófico, pero de manera especial en el primer año, el énfasis
formativo está puesto en el conocimiento objetivo de la realidad, tanto personal
como de la Iglesia y del mundo, para adquirir una auténtica sensibilidad frente a ella,
analizando todos los aspectos que la componen, comparando las incidencias del mundo
en la vida personal y eclesial, mirando hacia el pasado para identificar las tendencias
que van apareciendo a lo largo de la historia, y oteando hacia adelante para
comprender que se es artífice del futuro al vislumbrar cómo éste depende de las
decisiones que se tomen en el presente.

Al alumno, durante este año, se le ofrecen de manera especial las herramientas
necesarias para avanzar en el conocimiento de sí mismo de tal manera que logre
identificar su propia imagen para una honesta autoestima.

Por otra parte, tanto en el pénsum académico como en la práctica pastoral, se le
ofrecen los elementos necesarios para que pueda tener una visión completa de la
realidad de la Iglesia arquidiocesana y conocer mejor el mundo en el cual vive la
Iglesia su misión evangelizadora.

Como resultado del conocimiento de la realidad el alumno logra tener una visión de
conjunto (modelo de situación según la metodología prospectiva), que le permite
situarse personalmente en el contexto de la Iglesia y de la sociedad y, a la luz de esta
visión más completa de la realidad, reajustar su proyecto personal de vida y poner,
así, las bases para un verdadero crecimiento en todas las dimensiones de la formación
sacerdotal.

En este proceso tienen una importancia fundamental los formadores del seminario,
pero especialmente el director de grupo, el director espiritual y las comunidades
parroquiales, bajo la guía del párroco, donde el alumno ha recibido la formación
pastoral práctica.


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2. OBJETIVO GENERAL
Al terminar el primer año, el alumno del ciclo filosófico ha logrado profundizar en el
conocimiento de la realidad de sí mismo, de la Iglesia arquidiocesana y de la sociedad
atlanticense, como base para avanzar en el proceso de formación sacerdotal.

3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Al finalizar el primer año, el alumno del ciclo filosófico

          conoce y posee teórica y prácticamente la metodología prospectiva básica
           para hacer de manera correcta el análisis de la realidad;
          se ha acercado más profundamente a su propia realidad y con este
           conocimiento ha enriquecido su proyecto personal de vida;
          ha logrado un conocimiento de conjunto de la realidad pastoral de la
           Arquidiócesis y, con la experiencia práctica en algunas unidades pastorales,
           se ha acercado a esa realidad y ha empezado a asumirla con amor de
           pastor;
          conoce más a fondo la realidad social del Departamento del Atlántico y
           empieza a sentirse corresponsable de la situación.


4. INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
DIMENSIÓN HUMANA

      El alumno demuestra en su vida el amor por la verdad y la capacidad de una
       percepción clara y honesta de la realidad;
      es capaz de situar la realidad personal y local dentro del contexto más amplio
       de la realidad de la Iglesia y de la sociedad;
      es capaz de descubrir las grandes tendencias de la realidad tanto personal como
       eclesial y social para un conocimiento más completo de las causas que desde el
       pasado condicionan el presente;
      sabe vislumbrar los posibles futuros a partir de las decisiones tomadas en el
       presente;
      se descubre responsable de su propia historia y corresponsable de la historia
       eclesial y social;
      conoce y asimila su historia personal y es capaz de asimilar los aspectos
       positivos y negativos como medios de crecimiento personal;
      complementa el análisis de la realidad en su proyecto personal de vida;
      conoce su realidad afectiva y sexual y avanza en el proceso de una maduración
       que lo haga capaz de asumir la verdadera dimensión del amor como servicio a
       Dios y a los demás;

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      sabe aceptar la realidad de los demás y del mundo que lo rodea;
      se integra a la comunidad del seminario y a la comunidad donde recibe la
       formación pastoral práctica;
      ha avanzado en una verdadera relación de amistad con el obispo, los sacerdotes
       y sus compañeros;
      ha crecido en la auténtica libertad al descubrir sus condicionamientos
       psicológicos y ha fortalecido el dominio de sí mismo;
      ha crecido en la obediencia, como aceptación de la voluntad del Señor por
       medio de las indicaciones de sus formadores.

DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      El alumno ha crecido en su conciencia de la importancia vital de la oración
       personal y del examen de conciencia y ha avanzado en su realización;
      avanza en el ejercicio de la lectio divina, y logra una interpretación inicial de la
       vida personal, eclesial y social a la luz de Evangelio;
      ha logrado que la oración comunitaria fortalezca su oración personal y
       viceversa;
      se une conscientemente a la oración pública de la Iglesia con el rezo de laudes,
       vísperas y completas;
      frecuenta el sacramento de la Penitencia como el instrumento de la gracia del
       Señor para lograr una conversión permanente;
      ha logrado una participación más consciente, activa y fructuosa en la
       celebración de la Eucaristía y ha descubierto las riquezas del culto eucarístico
       fuera de la misa;
      ha empezado a valorar y a rezar el santo rosario como la contemplación de los
       misterios de la salvación en Cristo con los ojos y el corazón de María;
      ha descubierto cómo la piedad mariana conduce a Cristo y fortalece toda la vida
       espiritual;
      ha descubierto en la vida de los santos los ejemplos y estímulos para la propia
       santidad;
      ha experimentado la espiritualidad de comunión como la fuerza unificadora de la
       vida espiritual;
      ha logrado que el silencio tanto interior como exterior sean fuente de
       crecimiento personal;
      ha crecido en su amor por la Iglesia como sacramento en Cristo de la salvación
       de la humanidad y concibe este amor como entrega generosa y total en el
       celibato;
      ha aprendido a considerar los bienes materiales como instrumentos para la
       solidaridad;
      contempla la historia personal y la historia de la Iglesia y de la sociedad como
       historia de salvación.


DIMENSIÓN INTELECTUAL


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                                                    Primera etapa: Ciclo filosófico

      El alumno ha adquirido los elementos básicos para hacer un análisis acertado de
       su propia realidad, de la realidad de la Iglesia y de la sociedad;
      maneja los presupuestos metodológicos básicos para la elaboración del modelo
       de situación según la metodología prospectiva;
      ha adquirido las herramientas básicas de la lógica y la hermenéutica para
       acercarse a la comprensión de la realidad de Dios, de la Iglesia, del mundo y de
       la propia persona;
      se ha iniciado en el estudio científico de la Sagrada Escritura para poder
       comprenderla en su ambiente vital e iluminar con ella la realidad;
      ha avanzado en la comprensión de las ciencias que le permiten conocer y
       valorar críticamente la cultura propia y circundante;
      ha adquirido los elementos básicos de la psicología tanto humana como social;
      ha incrementado su capacidad de comprensión y de asimilación de las
       asignaturas que se le proponen y comienza a integrarlas en la vida diaria;
      ha fortalecido el hábito de la lectura y frecuenta con mayor provecho la
       biblioteca;
      es más capaz de investigar y de responder los grandes interrogantes que se
       plantean hoy al ser humano;
      ha empezado a elaborar un pensamiento crítico que le permite situarse frente a
       las corrientes de pensamiento en el curso de los siglos;
      ha puesto las bases científicas para avanzar en el conocimiento de la persona
       humana, del mundo y de Dios.


DIMENSIÓN PASTORAL

      El alumno ha logrado una visión global de la realidad de la acción pastoral de la
       Arquidiócesis y su aporte a la construcción de una nueva sociedad;
      ha logrado conocer las principales características de la sociedad circundante y
       ha descubierto las incidencias de esta realidad sobre la vida de la Iglesia y su
       vida personal;
      ha logrado individuar los grandes retos que la realidad social plantea a la tarea
       de la evangelización y a su formación personal;
      ha podido constatar en la labor pastoral de las unidades pastorales donde ha
       recibido su formación pastoral práctica, el alcance del plan global de nueva
       evangelización de la Arquidiócesis y ha logrado iluminar su propio trabajo con
       las directrices del plan;
      ha adquirido una más fina sensibilidad frente a la realidad circundante y ha
       comprendido su corresponsabilidad en la tarea evangelizadora;
      ha comprendido y ha asumido el trabajo en equipo como la forma concreta de
       vivir la espiritualidad de comunión en la tarea evangelizadora;
      ha aprendido a poner al servicio de la comunidad sus propias capacidades y a
       aprender de los demás;
      ha descubierto cómo el fruto de la acción pastoral es gracia del Señor que se
       vale de los instrumentos humanos para la salvación de la humanidad;


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        ha descubierto la caridad pastoral como la fuerza unificadora de la vida del
         sacerdote;
        ha constatado la fecundidad del celibato como entrega total al servicio de los
         demás


5.         METODOLOGÍA


La primera fase del ciclo filosófico (primero de filosofía) está organizada en dos
semestres, en los cuales el estudiante hará un profundo análisis de la realidad tanto
personal, como de la Iglesia y del mundo, para que adquiera una sensibilidad
auténtica frente a ella y logre el conocimiento adecuado que le permita situarse en ella
como punto fundamental de partida para su proceso de formación. Para este análisis
se ofrecen al alumno las herramientas necesarias para que identifique su propia
imagen; de igual manera, se disponen los elementos necesarios para una visión
completa de la realidad de la Iglesia, por último logra una visión de conjunto que le
permite situarse ante el mundo.

Durante este año, el PROYECTO PERSONAL DE VIDA -que ha elaborado en sus líneas
fundamentales durante el año propedéutico- será revisado y ajustado especialmente
en lo que tiene que ver con el análisis de la realidad con la ayuda especial tanto del
director de grupo como del guía espiritual.

DIMENSIÓN HUMANA

        Para descubrir las grandes tendencias de la realidad el seminarista lee
         diariamente del periódico y se mantiene informado por medio del noticiero.
        Para complementar el análisis de la realidad elabora el “Diario de Campo” y se
         ejercita en la revisión de vida.
        Para hacerse responsable de su propia historia personal, conocerla y asumirla,
         el estudiante profundiza en su historia personal y completa la redacción que de
         ella hizo durante el año propedéutico.
        Para conocer su realidad afectiva y alcanzar la madurez, la asignatura de
         psicología le brinda las herramientas necesarias.
        Para crecer en la libertad y la responsabilidad elabora semanalmente el
         cronograma de actividades con sus respectivos horarios, mantiene ordenada su
         habitación, organiza su tiempo de estudio y su tiempo libre, prepara
         adecuadamente la pastoral y participa en las diversas actividades del Seminario.
        Para avanzar en la aceptación de los demás comparte con sus compañeros en
         las asambleas familiares y se integra a la comunidad mediante la participación
         en los diversos comités y las diversas actividades del seminario: deporte
         (martes y viernes) y el aseo (lunes y jueves) integrados con personas de
         diversos grupos.


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      Para alcanzar una suficiente integración con la comunidad donde ejerce su
       apostolado, trabaja en equipo con los agentes parroquiales de pastoral, realiza
       visitas domiciliarias a las familias y enfermos, participa en las convivencias y en
       los retiros mensuales de los agentes de pastoral.
      Para acercarse a los obispos y alcanzar una progresiva cercanía con ellos utiliza
       adecuadamente las visitas semanales de los obispos, sus encuentros
       comunitarios, los diálogos por grupo de vida y los que se realizan de manera
       personal.


   DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      Su vida espiritual tiene como centro unificador la espiritualidad de comunión
       como fue propuesta por el papa Juan Pablo II en la Novo Millennio Ineunte.
      Su encuentro con el Señor en la oración se realiza por medio la lectio divina, la
       celebración diaria de la Eucaristía, el rezo diario del Santo Rosario (5:30 a.m.)
       con el grupo de vida, los retiros mensuales por grupo de vida, la dirección
       espiritual cada 15 días, la revisión de vida con el director de grupo.
      Su avance en la lectio divina se logra a partir de la preparación del texto bíblico,
       cuando le corresponde dirigirla en el grupo de vida, cuando participa de ella
       diariamente en el grupo de vida y cuando comparte sus meditaciones.
      Su oración comunitaria se fortalece por medio de la participación: Los lunes, en
       la Eucaristía y rosario comunitario; los jueves, Eucaristía en comunidad y
       adoración al santísimo; y el día sábado, la celebración de las laudes.
      Su devoción por el Santo Rosario y la espiritualidad mariana se fortalecen por
       medio de varios talleres marianos. (
      Su aspiración a la santidad se estimula por medio de video-foros mensuales
       sobre la vida de los santos y la lectura de sus escritos que serán compartidas
       con el guía espiritual.


   DIMENSIÓN INTELECTUAL

      El alumno recibe, para realizar el análisis de su propia realidad, de la realidad de
       la Iglesia y de la sociedad, las herramientas del proyecto personal de vida, el
       manual de campo, y el PDR/E;
      recibe varios talleres de metodología prospectiva (anexos), clases sobre el
       PDR/E y el estudio de la situación y de la programación de la parroquia en la
       que participa los fines de semana, para avanzar en la elaboración del modelo de
       situación;
      recibe de la lógica, la hermenéutica y de la psicología los elementos básicos
       para profundizar en el conocimiento de su personalidad, y en la elaboración del
       proyecto de vida;
      recibe del estudio científico de las Sagradas Escrituras la luz necesaria para
       entender la manifestación de Dios tanto en su historia personal como en la de la
       Iglesia y en la del mundo;

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      fortalece, por medio de la lectura personal, la investigación y los trabajos
       escritos en las diferentes asignaturas su capacidad de análisis y comprensión de
       la realidad;
      aprende a utilizar la biblioteca bajo la guía del director de grupo quien revisará
       mensualmente “la hoja de asistencia” .


   DIMENSIÓN PASTORAL

      El estudio del PDR/E le servirá de base para su trabajo pastoral.
      El análisis de la realidad tanto del contorno como del entorno del Plan Global
       Arquidiocesano de Nueva Evangelización le permitirá tener una mirada clara
       sobre la realidad tanto de la Iglesia como de la sociedad en que vive. Ese
       conocimiento lo aplicará a la realidad de la parroquia donde está realizando su
       trabajo pastoral.
      El manual de campo le permitirá analizar sus propias experiencias pastorales y
       ahondar en el conocimiento de la realidad.
      El trabajo en equipo con sus compañeros seminaristas de otros cursos y su
       integración con los agentes de pastoral parroquiales le permitirá crecer en la
       espiritualidad de comunión base del trabajo de nueva evangelización.




   SEGUNDA FASE: SEGUNDO AÑO DE FILOSOFÍA

                       AÑO DEL MODELO IDEAL



1. DESCRIPCIÓN GENERAL
La segunda fase coincide con el segundo año de filosofía y en él el alumno busca –a
partir del ideal de Iglesia hacia el cual la Arquidiócesis se encamina, y del ideal de
sociedad que la Arquidiócesis quiere ayudar a construir- situarse frente al ideal de
sacerdote y descubrir las implicaciones que este ideal significa para su opción y
formación vocacional.

Aunque ésta es una tarea propia de todo el proceso formativo, sin embargo en este
segundo año del ciclo filosófico el conocimiento del ideal recibe especial énfasis. Para
ello, el alumno, tanto en el pénsum académico como en la formación pastoral práctica,
estudia a fondo el ideal hacia el cual ha decidido encaminarse la Arquidiócesis, como se
presenta en el modelo ideal del Plan global arquidiocesano de nueva evangelización.

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Este conocimiento teórico y práctico le permitirá alcanzar una visión global del ser y de
la misión de la Iglesia universal y de la concreción de este ideal en la tarea
evangelizadora de la Arquidiócesis de Barranquilla.

Dentro de este ideal, se le presenta el ideal específico del presbítero que esta Iglesia
particular necesita de acuerdo con la doctrina de la Iglesia y los retos pastorales que la
Arquidiócesis debe enfrentar en su tarea evangelizadora. En este contexto comprende
y asume el celibato –con sus exigencias de castidad, pobreza y obediencia- como la
expresión de la entrega de la totalidad de su amor y de su disponibilidad al servicio de
Cristo en la Iglesia.

Por otra parte, al descubrir cómo la Iglesia en su tarea evangelizadora es luz del
mundo y sal de la tierra, es decir, que tiene una contribución específica en la tarea de
la construcción de la civilización del amor, vislumbra las características fundamentales
de la sociedad que la Iglesia ayuda a construir con la fuerza del Evangelio.

Este conocimiento le permite situarse personalmente frente al ideal concreto de
presbítero en, al frente de y para la Iglesia universal y específicamente para la Iglesia
local de Barranquilla, y descubrir y asumir todas las implicaciones que este ideal
conlleva para su vida personal como futuro sacerdote.

Con este conocimiento del ideal, el alumno, con la ayuda especial del director de grupo
de vida y del director espiritual, reajusta su proyecto personal de vida para que pueda
con mayor claridad trabajar todos los elementos de la formación con el fin de llegar a
ser el sacerdote que Dios quiere y la Iglesia necesita.

Así, con este segundo año el alumno puede dar un paso más, de gran importancia, en
el discernimiento de la vocación a la que el Señor lo llama ya que se hace más
consciente de la meta a la que se encamina.


2. OBJETIVO GENERAL
Al terminar el segundo año de filosofía, el alumno ha recibido todos los elementos
necesarios para un conocimiento teórico y práctico del ideal de presbítero en, al frente
de y para la Iglesia universal y en concreto para la Iglesia que peregrina en el
Departamento del Atlántico; del ideal de Iglesia hacia el cual se encamina la
Arquidiócesis de Barranquilla; del ideal de sociedad que la Iglesia ayuda a construir en
esta región; y se ha hecho consciente de las implicaciones que este ideal tiene para su
vida.



3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Al terminar el segundo año de filosofía, el alumno

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      ha recibido las herramientas teóricas y prácticas para trazar el modelo ideal en
       la planeación pastoral;
      ha identificado las características fundamentales del sacerdocio ministerial junto
       con las obligaciones inherentes al mismo y ha visto sus implicaciones para el
       presbítero de la Arquidiócesis de Barranquilla y las ha asumido para su propia
       formación integrándolas al proyecto personal de vida;
      ha comprendido y asumido el ideal de Iglesia que la Arquidiócesis, con la gracia
       del Señor, ha decidido alcanzar;
      ha vislumbrado los rasgos básicos de la sociedad nueva que la Iglesia quiere
       ayudar a construir en el Departamento del Atlántico a la luz del designio
       salvador de Dios para con el mundo;

4. INDICADORES DE LOGROS POR DIMENSIONES
DIMENSIÓN HUMANA

      El alumno ha adquirido la capacidad de romper esquemas de pensamiento y
       paradigmas tradicionales para concebir y asumir el futuro de acuerdo con la
       voluntad de Dios;
      se ha hecho capaz de encontrar las implicaciones para el presente del futuro
       deseado y ha alcanzado libertad frente a sus condicionamientos actuales para
       empezar a caminar hacia el futuro;
      comprende y asume que su proyecto personal de vida debe estar enmarcado en
       el proyecto formativo del seminario y en el plan global arquidiocesano de nueva
       evangelización y lo reajusta enriqueciéndolo con el conocimiento del ideal de
       presbítero, de Iglesia y de sociedad;
      ha crecido en su capacidad de entrega y en su generosidad de servicio en los
       diferentes contextos en que se desenvuelve;
      establece una adecuada jerarquía de valores de acuerdo con su proceso
       formativo;
      manifiesta creatividad en sus diferentes actividades;
      ha seguido su proceso de madurez en la afectividad y muestra la capacidad de
       mantener amistades abiertas y sinceras sin grupos cerrados o personalismos;
      ha crecido en una relación constructiva con su familia y la ha hecho partícipe del
       ideal que intuye para permitir a sus familiares crecer en la comprensión de la
       vocación de su hijo y de su papel en el proceso formativo;
      asume el ideal del celibato como la forma plena para el presbítero de amar en el
       servicio a Dios, a la Iglesia y al mundo;
      ha crecido en la obediencia y comprende mejor su sentido como una inserción
       voluntaria y libre en el plan arquidiocesano y en la vida del seminario;
      se muestra austero, honesto y generoso en el manejo de las cosas materiales y
       cuida como propios los bienes del seminario;
      asume el ideal de presbítero como la orientación fundamental de su vida.



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DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      El alumno manifiesta disponibilidad a la voluntad de Dios al aceptar con
       madurez y obediencia el futuro que la Iglesia le presenta por medio de las
       indicaciones de sus formadores y superiores;
      ha adquirido la capacidad de contemplar -a partir de la Palabra y de la
       enseñanza de la Iglesia, sobre todo con la lectio divina- la acción de Dios y sus
       implicaciones tanto en su vida personal como en la Iglesia y el mundo en
       general;
      ha logrado hacer de la oración un principio unificador de su vida;
      ha avanzado en la práctica de una ascesis que le permita formarse en las
       diferentes virtudes;
      ha comprendido el camino de santidad que surge de los sacramentos del
       Bautismo y de la confirmación;
      ha vivido el sacramento de la Penitencia como la fuerza para vencer el pecado y
       vivir más plenamente la vida de hijo de Dios;
      entiende la Eucaristía como eje articulador de su existencia y como medio de
       gracia para alcanzar el ideal de Iglesia y de presbítero;
      ilumina su vida desde el Evangelio y descubre en él los rasgos del futuro querido
       por Dios;
      profundiza en su discernimiento vocacional como descubrimiento permanente de
       la voluntad de Dios;
      descubre en la Virgen María el ideal del creyente y la honra con devoción;
      ha hecho de la espiritualidad de comunión la fuerza unificadora de todas sus
       actividades;
      ha optado por Jesús como el camino, la verdad y la vida para su existencia.

DIMENSIÓN INTELECTUAL

      El alumno ha asimilado el método prospectivo como elemento fundamental para
       identificar el ideal correspondiente al ministerio sacerdotal, a la Iglesia y a la
       sociedad;
      ha adquirido los elementos necesarios para realizar síntesis de su propia vida y
       para valorar objetivamente el momento histórico que vive;
      ha elaborado una síntesis personal que le permite asimilar el ideal de presbítero,
       de la Iglesia universal y arquidiocesana y de la sociedad que se debe construir;
      ha progresado en su capacidad de asimilación de los principios filosóficos que se
       le proponen para crecer en un pensamiento sano, crítico y constructivo;
      ha fortalecido sus hábitos de estudio y de lectura y ha avanzado en el
       discernimiento crítico de lo que lee;
      es capaz de investigar para profundizar en los temas que le son propuestos y de
       aportar elementos nuevos hacia una mejor comprensión del ideal;
      ha avanzado en la comprensión de la historia del pueblo de Israel como
       irrupción de Dios en la historia para conducir a su pueblo hacia la salvación;
      ha sido capaz de integrar el estudio de las diferentes asignaturas a su
       crecimiento personal y a su comprensión del ideal.

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DIMENSIÓN PASTORAL

      El alumno ha identificado el modelo ideal de Iglesia en la comunidad en donde
       realiza la actividad pastoral;
      se siente plenamente identificado con el ideal planteado por el Plan global
       arquidiocesano de nueva evangelización, y apoya las directrices pastorales de la
       Arquidiócesis en el desarrollo de su práctica pastoral;
      ha acompañado las diferentes estructuras pastorales, y las ha ayudado a
       encaminar hacia el ideal propuesto;
      ha comprendido, por medio de la formación práctica recibida, el ideal de
       presbítero y ha tratado de vivirlo anticipadamente en su labor;
      ha constatado cómo la realidad pastoral de la Arquidiócesis se va organizando
       de acuerdo con el ideal y ha impulsado este proceso;
      ha experimentado la caridad pastoral como el motor que lo impulsa hacia la
       consecución del ideal.

5. METODOLOGÍA

El segundo año de filosofía de la formación sacerdotal del Seminario Regional “Juan
XXIII” esta organizado en dos semestres, en los cuales se tiene una vivencia de la
segunda fase o fase del modelo ideal, la cual busca situar al estudiante frente al ideal
de sacerdote dentro del ideal de Iglesia y de sociedad y descubrir las implicaciones
que este ideal significa para su opción y formación vocacional.

El alumno se dispone tanto en el pénsum académico como en la formación pastoral
práctica al estudio del ideal hacia el cual se ha encaminado la Arquidiócesis en su plan
de evangelización, tal como lo presenta el plan global arquidiocesano. Dentro de esto,
contempla el ideal específico del sacerdote de esta Iglesia y a la vez identifica el ideal
fundamental de sociedad que la Iglesia ayuda a construir con la evangelización.

Este conocimiento le permite ubicarse frente al ideal concreto de presbítero en, al
frente de y para la Iglesia local de Barranquilla, descubriendo y asumiendo las
implicaciones que este ideal conlleva para su vida personal como futuro sacerdote.

Durante este año, el PROYECTO PERSONAL DE VIDA -que ha elaborado en sus líneas
fundamentales durante el año propedéutico- será revisado y ajustado especialmente
en lo que tiene que ver con el modelo ideal con la ayuda especial tanto del director de
grupo como del guía espiritual.

Para el desarrollo de este proceso, se cuenta con la colaboración de los formadores del
seminario, el director de grupo, director espiritual, el párroco y la comunidad donde el
alumno ejerce su actividad pastoral. Esto se consigue, teniendo en cuenta las
herramientas y medios dispuestos en cada una de las cuatro dimensiones que

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conforman la formación (humana, espiritual, intelectual y pastoral). A continuación, se
presentan cada uno de los medios para su consecución.

DIMENSION HUMANA

      Para ahondar y asumir su proyecto personal de vida, el seminarista, a partir del
       ideal propuesto por el plan global arquidiocesano y del análisis de la realidad
       eclesial en la unidad pastoral donde trabaja, descubre junto con el párroco y los
       agentes de pastoral parroquiales –bajo la guía del director espiritual (visita cada
       15 días) y del director de grupo- los rasgos fundamentales del ideal de la Iglesia
       arquidiocesana y del presbítero que necesita esta Iglesia.
      Para que el alumno adquiera la capacidad de romper esquemas de pensamiento
       y paradigmas tradicionales se realizan dos veces por semestre tertulias sobre
       temas actuales que llevan a una reflexión crítica y a un análisis profundo del
       ideal de hombre, de cristiano, de sacerdote, de ciudadano, para asumir el futuro
       de acuerdo la voluntad de Dios.
      Para adquirir una adecuada jerarquía en valores de acuerdo con su proceso
       formativo, el seminarista participa en video-foros donde observará películas con
       rico contenido de valores los cuales procurará vivir; además se promoverá la
       vivencia de los valor del mes, propuesto en el proceso evangelizador de la
       misión arquidiocesana, en las asambleas familiares.
      Para potenciar su capacidad de entrega y de trabajo en equipo participa en los
       comités de los diferentes niveles de la evangelización, en el equipo de pastoral
       del Seminario, y en la animación de la liturgia tanto parroquial como del
       Seminario.
      Para manifestar su creatividad el seminarista participa en la elaboración de
       subsiDios con temáticas variadas, destinados a la sala de pastoral del
       Seminario.
      Para crecer en una relación constructiva con su familia y para que ésta
       comprenda el sentido profundo de la vocación de su hijo y su papel en el
       proceso formativo, el seminarista organiza con su núcleo familiar –en los lunes
       festivos a lo largo del año- talleres que permitan crear un ambiente de
       confianza y corresponsabilidad.
      Para que el seminarista asuma el celibato como forma plena de amar a Dios en
       el servicio a la Iglesia participa en charlas y en video-foros sobre la vida de los
       santos que han vivido con total entrega su celibato.
      Para asumir el ideal de presbítero como orientación de su vida el seminarista
       participará en tertulias .
      Para crecer en su proceso de madurez afectiva interiorizará la asignatura de
       psicología evolutiva y las directrices del psicólogo del Seminario.
      Para la vivencia de una verdadera amistad el alumno deberá participar de
       manera activa y sincera en las integraciones comunitarias: deporte, aseo, etc. y
       las integraciones periódicas con su grupo de vida.
      Para crecer en la obediencia y comprender mejor su sentido, el seminarista
       debe responder a los compromisos que le son designados en la comunidad:
       realización del aseo, responsabilidad en el comité correspondiente.

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      Para comprender y aplicar la pobreza, el estudiante se muestra austero,
       honesto y generoso en el manejo de las cosas materiales con el cuidado
       especial de las cosas de la casa y sus bienes personales.


   DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      Para ahondar en el discernimiento de la voluntad del Señor, el alumno con la
       ayuda de su director espiritual revisará cada quince días sus logros y
       dificultades en su proceso vocacional.
      Para lograr un progresivo discernimiento vocacional, el alumno comparte con su
       director de grupo y con su director espiritual los acontecimientos y experiencias
       vividas durante su proceso de formación.
      Para aprender a contemplar la acción de Dios en la vida personal, en la Iglesia y
       en el mundo, el estudiante participa activamente en la Lectio Divina diaria.
      Para llegar a hacer de la oración personal un principio unificador de la vida, el
       seminarista enriquece su oración permanente con frases, signos y material de
       oración de santos de la Iglesia.
      Para vivir plenamente el sacramento de la penitencia, el alumno vive el carácter
       penitencial del viernes, especialmente en tiempos de adviento y cuaresma y en
       las celebraciones penitenciales asimila los signos y las reflexiones que conducen
       a la vivencia del sacramento.
      Para avanzar en las diferentes virtudes por la práctica de la ascesis el aspirante
       al sacerdocio se ejercita en la lectura de la vida de los santos y en testimonios o
       reflexiones de los doctores de la Iglesia.
      Para alcanzar una participación más fructuosa en la Eucaristía, el aspirante al
       sacerdocio aplica en su vida personal lo recibido en la asignatura sobre el año
       litúrgico.
      Por medio de los ejercicios de piedad mariana descubre el ideal de creyente y
       honra a la madre del Señor con lecturas bíblicas, lecturas marianas, por la
       meditación y contemplación de los misterios del rosario y por la celebración de
       las fiestas marianas propuestas durante el año litúrgico.
      Para alcanzar la fuerza unificadora de las actividades realizadas durante el
       proceso, el seminarista vive la espiritualidad de comunión, se ejercita en la
       solidaridad y en la oración mutua con sus hermanos de grupo de vida.




   DIMENSIÓN INTELECTUAL

      Para identificar el ideal de sacerdote, Iglesia y sociedad, el estudiante organiza
       de acuerdo a la metodología prospectiva todas las actividades académicas,
       pastorales, espirituales y humanas teniendo en cuenta los pasos para su
       elaboración.

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      Para obtener mayor capacidad de asimilación de los contenidos filosóficos y
       favorecer la lectura e investigación personal, el alumno organiza dos veces por
       semestre durante las horas de investigación diálogos abiertos u otras técnicas
       de expresión oral en donde expone a sus compañeros sus ideas.
      Para comprender la presencia salvadora de Dios en su vida personal, el alumno
       lee la historia de Israel, consignada en la Biblia, como irrupción de Dios en la
       historia de salvación del hombre.
      Para descubrir con mayor claridad el ideal de sacerdote dentro del ideal de la
       Iglesia para el servicio de un ideal de sociedad, el estudiante tratará, con la
       ayuda de su director de grupo y de su guía espiritual, de aplicar lo recibido en
       las diferentes asignaturas.

   DIMENSIÓN PASTORAL

      Para identificar la forma concreta cómo el ideal de Iglesia se realiza en la unidad
       pastoral donde trabaja, el seminarista analizará en reuniones especiales dos
       veces por semestre las estructuras pastorales de la unidad pastoral donde
       trabaja.
      Para integrarse a la pastoral de la parroquia donde realiza su apostolado, el
       alumno participa en la reunión mensual de los agentes de pastoral.
      Para analizar críticamente la mentalidad de la comunidad acerca del sacerdote,
       el estudiante realiza una encuesta por medio de un cuestionario abierto acerca
       del ideal de sacerdote que se quiere.
      Para crecer en la caridad pastoral, como el motor que lo impulsa a la
       consecución del ideal, el seminarista realiza visitas a los enfermos, apoya el
       trabajo de los niños y jóvenes, dialoga permanentemente con la comunidad.




        TERCERA FASE: TERCER AÑO DE FILOSOFÍA

                          AÑO DEL DIAGNÓSTICO

1. DESCRIPCIÓN GENERAL

Durante todo el ciclo filosófico, pero de manera especial en el tercer año, el alumno se
hace capaz de situarse críticamente frente a su realidad, para poder llegar a un
diagnóstico que le permita fortalecer al máximo sus potencialidades, y hacer que los
obstáculos sean vencidos integrándolos positivamente como fuerzas propulsoras del
crecimiento personal y comunitario.



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Este momento del proceso reviste una gran importancia porque, a partir del modelo de
situación y de su comparación con el modelo ideal, el alumno se capacita para hacer
un verdadero discernimiento y valoración de todas las potencialidades que la realidad
encierra, y, al mismo tiempo, de descubrir los obstáculos que en la realidad presente,
se oponen a la realización del ideal e intuye cómo éstos pueden convertirse en
oportunidades para encontrar los caminos para alcanzar el ideal.

Esta fase es vivida por el alumno en pequeños grupos –de tres o cuatro- en una
parroquia, bajo la guía de un párroco que se hace parte del equipo de formadores del
seminario, y con la ayuda especial del director de grupo (que coordina los diferentes
grupos en las diferentes parroquias) y del director espiritual. La vinculación al
seminario se mantiene por la asistencia a clases durante dos días de la semana para
realizar la síntesis filosófica y estudiar otras materias especialmente adaptadas al
momento que vive, para participar en los retiros espirituales, y en las jornadas de
integración que se propongan.

En el campo personal, el alumno –después de asimilar durante el año anterior el ideal
de presbítero, de asumir el celibato con sus implicaciones de castidad, pobreza y
obediencia, y de contemplar en la oración los rasgos fundamentales del presbítero que
Dios quiere y que la Iglesia del Atlántico necesita- puede contemplar de nuevo su
realidad para descubrir en ella, por medio de un verdadero diagnóstico, los aspectos
positivos, las potencialidades, las fuerzas que le facilitarán la consecución del ideal; y,
por otra parte, lo que lo condiciona, lo que constituye un obstáculo para abrazar ese
ideal y empezar a caminar hacia él.

Con la ayuda de los formadores, especialmente del párroco de la parroquia donde vive
esta fase formativa, de su director de grupo y de su director espiritual pero también
con la ayuda de la comunidad parroquial, es capaz de lograr un juicio definitivo sobre
su aptitud y decisión de optar por el ministerio presbiteral. Por su parte, los
formadores, después de recoger el parecer de todas las personas que en una u otra
forma han participado en las fases anteriores de la formación, llegan a un juicio
definitivo sobre la idoneidad del alumno para que éste pueda –al iniciar el primer año
del ciclo teológico o segunda etapa de la formación- ser admitido oficialmente como
candidato al sacramento del Orden.

2. OBJETIVO GENERAL
El alumno, al terminar el tercer año de filosofía, está en condiciones de realizar una
opción clara y decidida frente al llamado de Dios, después de realizar el diagnóstico de
su realidad, teniendo en cuenta capacidades y obstáculos, en el marco del diagnóstico
de la situación de la Arquidiócesis y de la sociedad en la que vive.

3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Al finalizar el tercer año de filosofía, el alumno

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      conoce lo relativo al modelo de diagnóstico en el contexto de la metodología
       prospectiva para adquirir las herramientas teóricas y prácticas necesarias para
       realizar un acertado diagnóstico en cualquier campo;
      ha descubierto los obstáculos y las potencialidades en su propia vida para
       prepararse al ministerio sacerdotal y para ejercerlo, y es capaz de valorar
       críticamente su realidad con el fin de hacer una opción personal en relación con
       el ministerio;
      conoce y asume el diagnóstico de la Arquidiócesis y ha tomado conciencia del
       misterio de gracia y de pecado presente en esta Iglesia particular y es capaz de
       descubrir sus implicaciones para tomar una opción definitiva por el ministerio
       sacerdotal u otro servicio al interior de la Iglesia;
      ha hecho un diagnóstico de la situación de la sociedad para la cual la Iglesia
       particular de Barranquilla realiza su tarea de evangelización e identifica en ella
       el misterio de vida y de muerte presente en el mundo circundante, para poder
       situar correctamente el servicio de la Iglesia;
      ha hecho una opción definitiva por una vocación de servicio al interior de la
       Iglesia.

4. INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
DIMENSIÓN HUMANA

      El alumno ha crecido en su capacidad de análisis crítico de la realidad al
       confrontarla con el ideal deseado;
      demuestra capacidad clara y segura en la toma de decisiones;
      comprende que la opción por el ministerio sacerdotal es una opción total y
       definitiva y está dispuesto a asumirla;
      es capaz de descubrir y aceptar las limitaciones y obstáculos que se le
       presentan para su ser y quehacer como sacerdote, e intuye cómo
       transformarlas en fortalezas y oportunidades a lo largo de su formación para el
       ministerio;
      ha identificado las cualidades personales que lo capacitan para el ejercicio del
       ministerio sacerdotal y está dispuesto a fortalecerlas;
      ha crecido en la libertad auténtica para poder tomar –consciente de las
       potencialidades y de los obstáculos que descubre tanto en su vida personal
       como en la eclesial y social- la decisión definitiva por el ministerio sacerdotal u
       otro servicio al interior de la Iglesia para el servicio de la sociedad;
      ha confrontado y enriquecido, con la ayuda de su director de grupo, su proyecto
       personal de vida con el diagnóstico de su realidad, y de la realidad eclesial y
       social;
      se ha hecho capaz de mirar con serenidad y valentía el misterio de pecado y
       muerte presente tanto en su vida como en la Iglesia y en la sociedad en que
       vive;



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      es capaz de secundar, con la ayuda del Señor, el misterio de gracia y vida que
       descubre en su propia vida, en la de la Iglesia y en la de la sociedad
       circundante;
      ha madurado en su afectividad porque se ha hecho capaz de aceptarse a sí
       mismo, de amar a los demás y a la Iglesia, y de servir a la sociedad;
      ha descubierto y experimentado que la verdadera realización personal se
       alcanza en el amor como servicio a los demás, y está dispuesto a lograrla para
       una vivencia plena del celibato;
      ha alcanzado una valoración crítica de los recursos materiales frente al trabajo
       de la evangelización y ha aprendido a hacer un buen uso de ellos;
      ha crecido en el espíritu de desprendimiento frente a los bienes y ha aprendido
       a organizar adecuadamente su presupuesto personal;
      comprende cómo la obediencia consiste en mirar la realidad con los ojos de
       Cristo para adecuar su propia existencia a las exigencias de la evangelización
       del mundo.

DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      El alumno ha aprendido a hacer de la Palabra de Dios, especialmente en la lectio
       divina, la luz que le permite valorar críticamente su situación personal, la de la
       Iglesia y la de la sociedad;
      ha hecho de la oración el alimento personal de su vida y ha logrado que la
       oración comunitaria y la personal se complementen;
      ha puesto a Cristo en el centro de su vida, para que la opción por el ministerio
       sacerdotal sea sólo una opción por Cristo y, en Cristo, por la Iglesia y los
       demás;
      se ha acercado a la religiosidad del Pueblo de Dios y ha sabido discernir en ella
       las luces y las sombras, y ha purificado su propia religiosidad;
      ha encontrado en la celebración del sacramento de la Penitencia el instrumento
       para fortalecer la gracia del Señor en su vida y erradicar, con el perdón del
       Señor, el pecado;
      ha hecho de la Eucaristía la fuente de su servicio a los demás y de su
       crecimiento personal;
      ha crecido en la espiritualidad de comunión por medio del servicio a los demás
       en la pastoral parroquial;
      ha hecho del examen de conciencia diario el camino para crecer en sus
       potencialidades y vencer los obstáculos en la unión con Dios y con los demás;
      ha fortalecido su opción por el celibato y su vivencia por medio de la entrega de
       la totalidad de su amor y de su disponibilidad para el servicio de los demás en la
       parroquia a la que sirve;
      ha crecido en la caridad pastoral al contemplar la realidad con ojos de pastor y,
       asumiéndola con amor, trabaja por su transformación de acuerdo con el ideal
       que Dios quiere;
      ha logrado, con la guía de su director espiritual, impregnar su proyecto personal
       de vida de la espiritualidad de comunión vivida por medio de la caridad pastoral;


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      ha descubierto el sentido que tiene la liturgia de las horas para la comunidad
       cristiana, al realizarla comunitariamente;
      ha crecido en su capacidad de silencio;
      ha alcanzado una certeza moral –a partir del discernimiento delante del Señor
       de sus potencialidades y obstáculos- de que el Señor lo llama a servirlo en el
       ministerio sacerdotal;
      ha hecho una opción definitiva por el ministerio sacerdotal.

DIMENSIÓN INTELECTUAL

      El alumno conoce teórica y prácticamente la metodología prospectiva para
       realizar el modelo de diagnóstico;
      ha logrado una síntesis filosófica que le permite tener un pensamiento
       coherente para acercarse a la realidad del mundo, de la Iglesia, y de su propia
       vida;
      ha alcanzado un conocimiento adecuado de la sociedad y de las grandes
       corrientes de pensamiento y de conducta que priman en ella;
      ha descubierto cómo los conocimientos filosóficos le ofrecen herramientas para
       acercarse de manera crítica a la realidad en la que se encuentra;
      ha avanzado en el conocimiento del latín y del inglés;
      ha puesto las bases sólidas para continuar su preparación en el ciclo teológico;
      ha aprendido a conciliar el estudio y la lectura con el trabajo pastoral;
      ha descubierto, en los retos que plantea la realidad a la tarea de la
       evangelización, un estímulo para una formación permanente y progresiva;
      se siente capacitado para un diálogo con el mundo de hoy.

DIMENSIÓN PASTORAL

      El alumno ha estudiado y analizado el modelo de diagnóstico de la Arquidiócesis
       y lo ha confrontado con la realidad de la comunidad donde se encuentra;
      ha acompañado las diferentes estructuras pastorales y ha sido capaz de
       contribuir a robustecerlas;
      se ha involucrado en el trabajo con los diferentes equipos pastorales, animando
       el trabajo de los agentes de pastoral;
      ha constatado los principales obstáculos en el desarrollo del Plan global
       arquidiocesano de nueva evangelización y ha ayudado a encontrar estrategias
       para transformarlos en oportunidades;
      ha sido capaz de unificar la mirada crítica sobre la realidad con la comprensión
       del problema fundamental;
      ha vislumbrado con mayor claridad el ministerio del sacerdote y se ha reforzado
       en el propósito de asumirlo el día de mañana;
      ha constatado que la evangelización es la única misión de la Iglesia y se ha
       comprometido seriamente con ella.




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6.         METODOLOGÍA



El momento formativo de los jóvenes que se encuentran en el tercer año de filosofía
tiene una duración básica de dos semestres, en los cuales los seminaristas después de
haber realizado un análisis de su situación personal, de la vida de la Iglesia y de la
situación actual del mundo van descubriendo los dinamismos de cada una de estas
realidades y de otras que se relacionan y las condicionan. El seminarista confronta la
situación de su vida, de la Iglesia y del mundo en el que vive, con el ideal de hombre,
cristiano y sacerdote que queremos alcanzar, para responder suficientemente a la
voluntad de Dios.

En esta etapa el seminarista debe desarrollar por medio de la utilización de algunas
herramientas de discernimiento una destreza y capacidad necesarias para tomar
decisiones, para distinguir lo que conviene según la llamada de Dios y lo que atenta
contra la misma y en definitiva para tomar decisiones maduras que comprometan la
totalidad de la persona de forma permanente y estable.

El proyecto personal de vida –que fue elaborado en sus líneas fundamentales durante
el año propedéutico y reajustado durante los dos primeros años de filosofía en cuanto
al análisis de la realidad y la formulación del ideal- debe ser ahora profundamente
ahondado en lo referente al diagnóstico personal porque que de este diagnóstico
dependerá la decisión personal de continuar o no el proceso formativo como aspirante
al sacramento del orden iniciando la segunda etapa o ciclo teológico.


DIMENSIÓN HUMANA

En esta dimensión el seminaristas se capacita para hacer un verdadero discernimiento
y valoración de todas las potencialidades que la realidad encierra, y, al mismo tiempo,
de descubrir los obstáculos que en la realidad presente se oponen a la realización del
ideal e intuye cómo éstos pueden convertirse en oportunidades para encontrar los
caminos para alcanzar el ideal.

        Para profundizar en el diagnóstico personal, el seminarista tiene un
         conocimiento y dominio de la visión de conjunto del proyecto diocesano de
         renovación y evangelización (PDR/E) que se ha implementado en la
         Arquidiócesis. A éste tienen acceso por medio de la participación en el proceso
         vivido en las unidades pastorales de origen, las unidades pastorales donde han
         desarrollado anteriormente su trabajo pastoral y en el seminario, donde se
         integran como miembros de los equipos de animación pastoral y con toda la
         comunidad crecen en el conocimiento e implementación del proceso. Además
         del conocimiento práctico del proyecto diocesano en este año reciben una
         asignatura que ayuda a conocer el marco teórico y conceptual del diagnóstico.

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      Para crecer en la práctica del diagnóstico, el seminarista realiza la revisión diaria
       de las actividades pastorales y del proceso de formación con el párroco
       formador y el equipo de seminaristas.
      Para profundizar temas de madurez humana, el seminarista participa en charlas
       con el párroco formador donde se recuerdan los logros que se deben alcanzar,
       se tratan temas de madurez humana y afectiva, de crecimiento espiritual, de
       discernimiento de situaciones actuales, de toma de decisiones, de superación de
       dificultades, de relaciones humanas, etc..
      Para crecer en la capacidad de relacionarse adecuadamente y de entregarse al
       servicio de los demás, el seminarista vive en comunidad con el párroco
       formador, sus compañeros seminaristas y la comunidad parroquial. Los
       seminaristas deben integrarse a la vida de la comunidad y compartir con ella
       sus situaciones normales, para esto deben visitar las familias de los sectores
       que acompañan, deben animar la integración de familias y sectores y hacer
       cada vez más fuerte los vínculos de fraternidad entre ellos. Deben conocer las
       familias de sus compañeros y acercarlas a la experiencia de formación para que
       vivan su propia responsabilidad al interior del proceso formativo. En la parroquia
       junto al párroco deben crear un espacio de diálogo y encuentro permanente,
       sobre todo en las horas de las comidas, de programación, de desarrollo de las
       actividades y de evaluación de las mismas. En caso de tener dificultades con
       miembros de la comunidad debe dar conocimiento de los mismos al párroco
       para evitar conflictos mayores.
      Para mantener un estado de salud estable y un crecimiento en la disciplina y el
       orden, los estudiantes, deben hacer uso de los hábitos de higiene básicos de la
       vida social sobre todo si se tiene en cuenta que comparten habitaciones y
       espacios comunes, se deben distribuir el aseo y arreglo de las habitaciones.
       Deben mantener en correcto orden sus pertenencias y respetar las de los
       demás. En el uso de los espacios y de los objetos propios de la parroquia o del
       párroco pueden utilizarlos previa autorización del párroco, salvaguardando el
       cuidado por no dañarlos y en caso de que así suceda debe comunicarlo con
       prontitud.
      Para crecer en el manejo adecuado de los bienes, deben usar moderadamente
       de celulares, grabadoras y televisión para que éstos sean medios y no fines de
       la vida del seminarista.
      Para crecer en la responsabilidad y en la elección correcta de los espectáculos y
       eventos en los que participa debe siempre comunicar al párroco o a sus
       compañeros donde se encuentra ordinariamente cuando no está presente en la
       casa de formación. Debe en su cronograma personal tener espacios para la
       recreación o el deporte. Para esto puede hacerlo en la parroquia organizándolo
       comunitariamente u aprovechando su asistencia al seminario para las clases, día
       en que se realiza el deporte comunitario.
      Para crecer en su cercanía con el obispo, el seminarista aprovecha los medios
       de que dispone, tanto en la parroquia como de los recursos propios, es decir,
       por medio de visitas a la curia diocesana, cuando así lo considere el obispo, con
       llamadas telefónicas, o e-mail, etc.


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      Para integrarse a las actividades a nivel diocesano junto con el pueblo de Dios
       de la unidad pastoral donde vive su proceso de formación, el alumno apoya,
       acompaña y asiste a los miembros del pueblo de Dios que participan no creando
       otros compromisos u actividades con grupos distintos a los de la vida parroquial.
       La vida parroquial y el discernimiento priman sobre cualquier otro compromiso
       personal, por lo tanto debe evitar, las salidas frecuentes o innecesarias.
      Para alcanzar una mayor integración con su unidad pastoral de origen, el
       seminarista se mantiene en diálogo con los párrocos y se integra a la vida
       parroquial en tiempos de descanso.
      Para el crecimiento en la comprensión de los dinamismos propios de su vida
       psicológica deben hacer uso del acompañamiento psicológico que brinda el
       seminario. Debe avisarse con tiempo las citas con el psicólogo y preverse las
       responsabilidades de la vida parroquial.
      Para aprender a organizar el tiempo y priorizar las actividades, el seminarista
       debe manejar muy bien un cronograma personal que integre las actividades
       parroquiales y sus compromisos personales.
      Para crecer en la libertad y confianza el seminarista debe aprender a obedecer,
       por lo tanto, continuamente se revisará su compromiso y entrega en la
       realización de sus actividades.


DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      Para crecer en el discernimiento de espíritu, en la identificación de las
       situaciones de pecado presentes en su vida y en los caminos y necesidad de la
       gracia para poder superar sus situaciones hasta vivir la voluntad de Dios en su
       vida, el seminarista recurre a la dirección espiritual cada quince días.
      Para ahondar en el sentido de la Eucaristía como celebración comunitaria, el
       seminarista participa diariamente de la eucaristía con la comunidad donde vive,
       integrándose como un miembro más y sólo en algunos momentos acompañando
       al sacerdote en ausencia de acólitos y otros servicios de celebración litúrgica.
      Para crecer en la sensibilidad frente al dolor, el seminarista acompaña a los
       miembros de la pastoral de la salud en la visita a los enfermos una vez a la
       semana.
      Para crecer en la dimensión eclesial de la oración, el seminarista ora con la
       liturgia de las horas de forma comunitaria, las mañanas siempre con el párroco
       formador y en las tardes con algunos miembros de la comunidad parroquial.
      Para hacer de la Palabra de Dios el alimento diario, el seminarista ora con el
       ejercicio de la lectio divina al finalizar el día de trabajo. En ella prepara la
       jornada del día siguiente y recoge los trabajos y esfuerzos de la jornada que
       termina, descubriendo en ella la presencia de Dios. Este ejercicio se realiza de
       forma personal y comunitaria según los días acordados.
      Para ejercitarse en la oración personal, el seminarista organiza los momentos
       más oportunos, sin embargo, se sugiere por razones de las actividades propias
       de la vida parroquial que ésta se realice siempre antes de comenzar la oración
       litúrgica al inicio del día.

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                                                      Primera etapa: Ciclo filosófico

      Para crecer en la espiritualidad de comunión, el seminarista se integra a la
       comunidad del Seminario para los retiros espirituales mensuales durante un día
       completo y en la parroquia con los agentes de pastoral todos los meses una vez
       por espacio de una mañana.
      Para crecer en el diagnóstico personal y adquirir la práctica de la continua
       revisión de vida, el seminarista realiza el examen de conciencia diario con la
       oración de Completas.
      Para asimilar el ejemplo de los santos en la radicalidad de la entrega y la
       fidelidad al compromiso, el seminarista lee por lo menos dos libros espirituales
       en cada semestre.
      Para acrecentar su contemplación de los misterios de Cristo con el corazón de
       María, el seminarista reza el santo rosario diariamente durante la semana y una
       vez a la semana lo reza en forma comunitaria con el párroco formador y en
       otras oportunidades con la comunidad parroquial.
      Para aprender a presidir la comunidad eclesial, el seminarista en ausencia del
       párroco por motivos de servicio pastoral realiza la celebración de la Palabra,
       respetando las normas litúrgicas, y en algunas ocasiones preside algunos
       ejercicios de piedad según parezca oportuno.
      Para crecer en la virtud de la penitencia, el seminarista se acerca con frecuencia
       al sacramento de la reconciliación para dejarse asistir y acompañar de la gracia
       divina en su proceso de discernimiento del pecado presente en el mundo y en su
       vida personal. Lo debe hacer con su director espiritual.


   DIMENSIÓN INTELECTUAL

      Para apropiarse de las herramientas conceptuales necesarias del diagnóstico y
       aplicarlas tanto en la vida personal (proyecto personal de vida) como el de la
       Iglesia diocesana, el seminarista estudia detenidamente el diagnóstico presente
       en el plan global arquidiocesano de nueva evangelización en las clases que
       recibe durante la semana en el Seminario.
      Para alcanzar una preparación cualificada, el seminarista dedica diariamente en
       las horas de la mañana un espacio para el estudio personal y para la
       investigación, recurriendo a su propia biblioteca, a la del párroco, al Internet y a
       la biblioteca del Seminario. Por esta razón en las horas de la mañana no tiene
       una actividad pastoral específica.
      Para poder mantener un ejercicio de análisis crítico de la realidad, el seminarista
       lee la lectura de la prensa diaria, escucha las noticias y lee las revistas
       conveniente que comparte luego con el grupo de vida durante las comidas
       tratando de buscar claridad y de generar un ambiente de respuesta desde el
       Evangelio a las situaciones complejas del mundo.
      Para comprender mejor los dinamismos que están en el interior de las
       situaciones cambiantes de nuestra sociedad, el seminarista participa en cursos
       de actualización pastoral, de temas de actualidad y de análisis de situaciones de
       la vida social, organizados en la parroquia.


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PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
                                                     Primera etapa: Ciclo filosófico

      Para lograr una visión coherente de los estudios filosóficos, el seminarista
       realiza una síntesis filosófica. Está síntesis será organizada según el pénsum del
       seminario y se desarrollará en el seminario de forma dirigida una vez a la
       semana, prolongándose la investigación el resto de la semana en las parroquias.
      Para completar su formación académica, el seminarista participa en los cursos y
       talleres de formación organizados por el seminario, y asiste al desarrollo de la
       asignatura PDR/E, una vez a la semana.
      Para profundizar el sentido de la vida pastoral y colaborar con el crecimiento de
       los agentes de pastoral, el seminarista, como parte de su proceso de
       conocimiento de la vida parroquial, prepara talleres, charlas, reflexiones, etc.
       para los miembros de los equipos de agentes de pastoral parroquiales.
      Por estar inserto en la vida parroquial, el seminarista adquiere un conocimiento
       básico de la administración de los recursos económicos y de los procedimientos
       normales en la compra y adquisición de servicios, teniendo en cuenta las
       normas vigentes establecidas por el estado colombiano y se le asignan algunas
       responsabilidades administrativas.
      Para aprender el manejo del despacho y desarrollar la destreza en el manejo de
       los programas, el seminarista realiza un acercamiento a los programas básicos
       de administración parroquial y el de partidas y se entera de los problemas que
       se presentan en la realización de documentos, acompañando una vez a la
       semana a la secretaria en el despacho parroquial.
      Para fomentar su hábito de lectura y su formación permanente, el seminarista
       organiza la lectura de por lo menos dos libros por semestre de temas de
       actualidad o de interés personal, bajo la guía del párroco formador.

   DIMENSIÓN PASTORAL

      Para aprender el manejo conceptual y practico del modelo de diagnóstico y su
       desarrollo en la vida diocesana y parroquial, el seminarista hace una
       permanente evaluación de su ser y quehacer como miembro del pueblo de Dios
       que camina hacia un servicio pastoral en la Iglesia.
      Para conocer el sentido global del proceso de renovación y evangelización
       estudia el PDR/E, de forma individual y comunitaria, pregunta al párroco cuando
       sea necesario las inquietudes sobre el particular e adquiere un material personal
       sobre lo estudiado que le permita tener elementos de apoyo en la formación de
       los agentes de pastoral.
      Para vincularse a la tarea evangelizadora sin perturbar la acción de los agentes
       parroquiales, el seminarista se vincula a los equipos de pastoral como miembro
       y animador, no como coordinador.
      Para aprender la programación y evaluación de la tarea evangelizadora, el
       seminarista junto son el párroco formador y sus compañeros de equipo participa
       en las programaciones y evaluaciones de la parroquia.
      Para conocer de cerca la metodología de la pastoral especializada, el
       seminarista colabora en el acompañamiento del ECAP, de algunos comités y en
       la visita a los colegios, e instituciones que ayuden al fin formativo del momento,
       como hogares crea, hospitales, clínicas, etc.

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PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
                                                     Primera etapa: Ciclo filosófico

      Para crecer en el sentido de corresponsabilidad y de trabajo en equipo, el
       seminarista comenta y consulta al párroco formador sobre su trabajo pastoral
       en las reuniones de evaluación diarias del proceso.
      Para tener una visión global del trabajo evangelizador, participa en las
       reuniones semanales del ECAP y en el proceso de formación tanto de este
       equipo como de los agentes de evangelización en general y ayuda a la
       evaluación de las actividades realizadas.



   PASO A LA SEGUNDA ETAPA O CICLO TEOLÓGICO

   Al finalizar el ciclo filosófico y, por lo tanto, después de vivir la experiencia del
   análisis de la realidad, del ideal y del diagnóstico tanto personal como de la Iglesia
   y de la sociedad, el seminarista debe llegar, con la ayuda de su director espiritual y
   de su director de grupo, a la decisión de continuar o no su proceso formativo en el
   Seminario con vistas a recibir el sacramento del Orden.

   El equipo de formadores, recogidos los informes pertinentes, hace un estudio y el
   subsiguiente escrutinio para considerar la idoneidad o no idoneidad del seminarista.
   De esta manera, no ingresará a la segunda etapa o ciclo teológico sino el
   seminarista que muestre signos claros de idoneidad y haya llegado a una opción
   firme por el ministerio ordenado.




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1. DESCRIPCIÓN GENERAL
a) Al concluir el año de pastoral, como culmen del ciclo filosófico, el alumno ya ha
hecho una opción sobre su vida y su vocación, de manera que ingresa al ciclo teológico
con plena claridad y libertad en su opción por el presbiterado, dispuesto a asumir una
nueva etapa de su formación.

La primera fase del ciclo teológico (primer año de teología) se inicia con el rito de la
admisión del alumno como candidato al Orden sagrado. Esta realidad le da una
dimensión totalmente nueva al proceso formativo porque supone que la etapa de
discernimiento vocacional ha concluido y se ha iniciado la etapa de formación
propiamente tal al ministerio presbiteral.

En ella el alumno, al mismo tiempo que contempla y asimila el sacerdocio como
configuración a Cristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, aprende de una manera
más profunda a implementar el Plan global arquidiocesano de nueva evangelización,
asumiendo el modelo operativo que le permite. en la formación pastoral tanto teórica
como práctica, adquirir las herramientas que le permitan animar la vida de la
comunidad, en el itinerario hacia el ideal de Iglesia que Dios quiere y el mundo
necesita.

b) El ciclo teológico consta de tres fases, orientadas a alcanzar el perfil sacerdotal que
necesita la Iglesia y que responda mejor a las exigencias de la sociedad atlanticense.

Las fases del ciclo teológico son:

      Primera fase (primero y segundo de teología): el alumno busca su
       identidad como presbítero teniendo como modelo a Cristo, Cabeza, Pastor y
       Esposo de la Iglesia. La contemplación de Cristo es el elemento fundamental
       para conocerlo, conociéndolo amarlo, amándolo seguirlo, siguiéndolo servirlo.




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      Segunda fase (tercero de teología): el seminarista busca su identidad como
       presbítero descubriendo cómo su configuración con Cristo, Cabeza, Pastor y
       Esposo de la Iglesia, lo insertan en la comunidad eclesial para estar en, al frente
       de, y para ella. Esta contemplación de la Iglesia y de la identidad del presbítero
       en ella, permiten al alumno crecer en la caridad pastoral de Cristo que se
       entregó a sí mismo por la Iglesia.

      Tercera fase (cuarto de teología): En este año, también llamado año de
       inserción plena a la vida pastoral arquidiocesana, el seminarista busca su
       identidad como presbítero descubriendo cómo su configuración con Cristo
       Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, lo sitúa en la Iglesia, “sacramento de
       salvación para el mundo” y, por lo tanto descubre cómo la tarea de la Iglesia en
       el proceso de evangelización es un servicio para la transformación de la
       sociedad. Esta fase se realiza fuera de la comunidad del seminario, viviendo en
       grupos de tres o cuatro, y en una parroquia (casa de formación) que garantice
       la continuidad del proceso, con el acompañamiento de un párroco formador.

c) Durante este ciclo, el alumno cuenta de nuevo con las tres herramientas
fundamentales para su formación:

      el proyecto personal de vida que el alumno actualiza al profundizar en su
       identidad como futuro presbítero y en el itinerario operacional para alcanzar el
       ideal propuesto, a partir del diagnóstico realizado al finalizar el ciclo filosófico;

      el proyecto formativo del Seminario mayor de Barranquilla que, como en la
       etapa anterior, le permite identificar los procesos y criterios fundamentales de
       su crecimiento personal y le da las herramientas necesarias para evaluarlo
       objetivamente.

      el Plan global arquidiocesano de nueva evangelización que le ofrece el modelo
       operativo, que le permite programar y ejecutar las acciones necesarias para
       alcanzar el modelo ideal propuesto antes de iniciar la teología, superando los
       obstáculos que se presentan al respecto y fortaleciendo las potencialidades que
       le permiten llegar a ser “el presbítero que Dios quiere y la Iglesia necesita‖.

d) Al finalizar el ciclo teológico, el alumno puede reafirmar su opción definitiva por el
ministerio sacerdotal y pedir ser admitido al sacramento del Orden.

Por su parte, los formadores del seminario, después de recoger el testimonio del
presbiterio, de las comunidades de origen y de experiencia pastoral, de la comunidad




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del seminario, y de las personas que han estado involucradas en proceso de su
formación, presentan al Obispo el candidato para el sacramento del Orden.




2. OBJETIVO GENERAL
Al terminar el ciclo de teología el candidato está suficientemente formado y preparado
para recibir por el sacramento del Orden la configuración con Cristo Cabeza, Pastor y
Esposo de la Iglesia e iniciar su ministerio sacerdotal en la Iglesia de Barranquilla para
servicio de la sociedad atlanticense.

3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Al terminar el ciclo de teología, el alumno

      ha puesto las bases existenciales fundamentales para su configuración
       ontológica con Cristo Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia en el sacramento del
       Orden;
      ha logrado una inserción profunda en la comunidad eclesial de la Arquidiócesis
       de Barranquilla, de tal manera que está capacitado para asumir
       responsablemente el ministerio sacerdotal;
      ha alcanzado una gran sensibilidad frente a la realidad social circundante y se
       compromete a contribuir en la transformación de la sociedad a partir de su
       ministerio sacerdotal en la Iglesia;
      maneja adecuadamente la metodología pastoral de la Arquidiócesis para poder
       animar como presbítero los diferentes procesos pastorales.

4. INDICADORES DE LOGRO POR DIMENSIONES
DIMENSIÓN HUMANA

          El alumno ha conquistado aquel conjunto de virtudes humanas que lo hacen
           imagen transparente de Jesucristo para los demás;
          ha logrado el equilibrio de su personalidad que le permitirá seguir creciendo
           armónicamente a lo largo de su ministerio;
          se ha acercado al obispo y a los presbíteros para lograr una adecuada
           inserción en el presbiterio de la Arquidiócesis;
          es capaz de relaciones de fraternidad y amistad con todos los miembros de la
           comunidad, incluso con eventuales opositores;




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          propicia el diálogo con todos, escucha las opiniones contrarias, llega a la
           solución de conflictos y es capaz de lograr consensos;
          ha mostrado capacidad de animar y conducir a una comunidad por los
           caminos de la vivencia cristiana y de la misión evangelizadora;
          se ha acercado a la problemática de los más pobres y desprotegidos y es
           capaz de trabajar en su promoción;
          ha alcanzado un equilibrio emocional y afectivo, que lo hace capaz de lograr
           su realización humana por medio del servicio a los demás y de asumir todas
           las implicaciones del celibato;
          vive la castidad con fidelidad y alegría, con miras a asumir el celibato
           sacerdotal, don del Espíritu Santo, como una respuesta libre de su propia
           voluntad y de la oblatividad de su amor a ejemplo de Cristo, quien ama a su
           Iglesia y se entrega por ella;
          es capaz de distanciarse y de renunciar a todo aquello que pueda poner en
           peligro su castidad y, en el futuro, su fidelidad al celibato sacerdotal;
          se ha hecho libre dentro de la vivencia de la obediencia al Señor y a la Iglesia
           para poder asumir con responsabilidad todas las obligaciones de su
           ministerio;
          vive la prudencia como una virtud que lo lleva a ser vigilante sobre su
           comportamiento personal (hablar y actuar), a pensar serena y seriamente
           antes de emitir juicios sobre acontecimientos y personas, y a callar
           oportunamente en función de la caridad;
          ha alcanzado una conciencia moral sana como expresión de la voluntad de
           Dios, que se manifiesta por medio de una vida coherente, transparente,
           equilibrada y auténtica, y es capaz de guiar con sabiduría la conciencia de los
           fieles;
          posee la madurez humana que lo hace capaz de aceptar las correcciones
           como un medio propicio para el crecimiento personal y comunitario;
          es capaz de organizar adecuadamente sus actividades para lograr un máximo
           rendimiento en beneficio de su comunidad;
          administra con autonomía el tiempo libre en actividades que enriquecen su
           vida y su proceso de formación;
          actúa con sindéresis para discernir la conducta apropiada en cada momento;
          ha adaptado su proyecto personal de vida para los primeros años de su
           ministerio.

DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      El alumno asume como propias las virtudes y actitudes de Jesucristo, buen
       Pastor, hasta configurarse existencialmente con él en su ser y en su obrar;




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      ha alcanzado un pleno sentido de su vocación y misión por medio de la oración
       asidua y la reflexión continua de la Palabra, y ha hecho de ésta el criterio de
       juicio y valoración de la realidad;
      participa cada día activa, consciente y fructuosamente en la Eucaristía de forma
       que luego, en la vida sacerdotal, la celebración diaria del sacrificio eucarístico se
       convierta en centro de su vida ministerial, y ha fortalecido, como fruto de su
       participación en ella, las actitudes de gratuidad, donación de vida, caridad y
       contemplación;
      se acerca periódicamente a la recepción del sacramento de la Penitencia, como
       camino certero de conversión permanente y vive en su existencia diaria la virtud
       de la penitencia como una dimensión esencial de la vida cristiana;
      enriquece y consolida su vida espiritual por medio de la práctica de la oración en
       todas sus formas, especialmente por el rezo completo de la liturgia de las horas
       para santificar todos los momentos del día;
      ejerce el ministerio pastoral como fuente permanente de santificación
       presbiteral;
      ha logrado una plena vivencia de la comunión eclesial: con fidelidad y humildad
       filial mantiene su adhesión irrestricta al Romano Pontífice y a su obispo, ha
       construido relaciones fraternas y de solidaridad con los miembros del presbiterio
       y con la comunidad a la que sirve;
      orienta cada vez más su vida por una espiritualidad de comunión (trinitaria,
       cristocéntrica y eclesiológica), para vivir la radicalidad de la dimensión
       comunitaria de la vida cristiana y sus exigencias;
      ama y venera con piedad filial a la Virgen María, Madre y modelo de la Iglesia, e
       imita sus virtudes: docilidad al Espíritu Santo, humildad, pobreza, obediencia y
       castidad;
      vive con espíritu de comunión la obediencia como disponibilidad, la castidad
       como relación esponsal de entrega de su afectividad y sexualidad a Cristo y a la
       Iglesia, y la pobreza como compartir de los bienes;
      se siente corresponsable del crecimiento del Pueblo de Dios y experimenta con
       celo auténtico la necesidad de evangelizar;
      alimenta su compromiso con la palabra, la oración y la vida sacramental,
       buscando continuamente la coherencia entre fe, vida y celebración;
      es capaz de vivir y asumir las realidades de conflicto de la sociedad con sentido
       profético y con la vivencia de la espiritualidad de la cruz;
      experimenta el amor de Dios en su vida y lo testimonia con el amor sincero a
       todos sus hermanos.

DIMENSIÓN INTELECTUAL

      El alumno ha alcanzado el “sensus Ecclesiae” con una aceptación gozosa de la
       doctrina de la Iglesia como guía permanente de su ministerio;




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      posee un pensamiento crítico, analítico, reflexivo y sistemático, tanto filosófico
       como teológico y pastoral, que le permite dar razón de su fe en la comprensión
       y conducción del hombre y de la sociedad de hoy;
      ha logrado un conocimiento profundo de la revelación de Dios en Jesucristo a
       partir de la Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio y, con la
       ayuda de otras disciplinas, está capacitado para anunciar el Evangelio como
       explicación e iluminación de la vida personal y comunitaria;
      ha asimilado la doctrina tanto teórica como práctica del servicio evangelizador y
       es capaz de discernir los signos de los tiempos, iluminar e interpretar la historia
       tanto de las personas como de las comunidades y proyectar la labor apostólica;
      se ha formado en la comprensión y correcta utilización de los medios de
       comunicación social;
      está al tanto de los temas de actualidad, como medios fundamentales para
       hacer una lectura de la realidad;
      es conciente de la necesidad de una formación permanente que se refleja en el
       amor a la cultura, la investigación y la autoformación.

DIMENSIÓN PASTORAL

      El alumno posee y desarrolla cada día más la sensibilidad propia del pastor al
       estilo de Jesús, y asume de manera consciente y madura sus responsabilidades
       al interior de la Iglesia, comunión, participación y misión;
      es capaz de confrontar, a la luz de la fe, la realidad de la Arquidiócesis con el
       bagaje que ha logrado madurar a lo largo de su proceso formativo, mira el
       mundo y la realidad con los ojos de Dios, y da respuestas concretas de acuerdo
       conlo contemplado en el Plan global arquidiocesano de nueva evangelización;
      está preparado para ejercer su ministerio pastoral como guía de la comunidad
       por medio de la predicación, la catequesis, la celebración de los sacramentos, la
       solicitud por los enfermos y por los pobres, y la animación de la vida
       comunitaria;
      ha aprendido a atender el despacho parroquial y a administrar
       convenientemente los bienes de la parroquia y de la diócesis;
      ha asimilado en la teoría y en la práctica el Plan global arquidiocesano de nueva
       evangelización, sus fundamentos y sus implicaciones; pone en práctica los
       métodos de propuesta, toma de decisiones, implementación y ejecución; conoce
       su pedagogía propia y su aplicación pastoral;
      posee los elementos teóricos y prácticos para implementar los diversos niveles
       de la evangelización: comunitaria, especializada, servicios pastorales, pastoral
       ministerial y estructuras; y es consciente de la necesidad de su implementación
       global, orgánica, sistemática y procesal;




                                                                                        114
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
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      es respetuoso de las directrices pastorales contenidas en el Plan global
       arquidiocesano de nueva evangelización pero se muestra creativo en su
       implementación;
      vive el ministerio como experiencia de la paternidad de Dios por medio de una
       correcta y estimulante coordinación de la actividad evangelizadora de todo el
       Pueblo de Dios;
      presta especial atención a los sectores abandonados y a los más pobres, sabe
       trabajar con los constructores de la sociedad, con los trabajadores y los
       gremios;
      ha asimilado el conocimiento de las técnicas de trabajo en equipo con una
       metodología acorde al plan pastoral;
      hace de las herramientas pastorales medios de evangelización, consciente de
       que su fecundidad es obra de Dios;
      arde en un auténtico celo por la evangelización que lo lleva a gastarse y
       desgastarse por la comunidad;
      ha hecho suya la caridad pastoral de Cristo quien no vino a ser servido sino a
       servir.

5. MEDIOS
DIMENSIÓN HUMANA

      La presencia de los señores obispos en el proceso formativo: las charlas
       generales, las reuniones del obispo con el ciclo teológico y con cada uno de los
       grupos de vida, el diálogo personal con cada uno de los alumnos;
      la presencia del presbiterio en el proceso formativo: la asistencia a las reuniones
       generales del presbiterio, el acompañamiento de los párrocos y las celebraciones
       diocesanas;
      el acompañamiento del equipo de formadores, especialmente del director de
       grupo y del director espiritual;
      la presencia formadora de la familia y la influencia del alumno en ella;
      el proyecto personal de vida reajustado y evaluado con la guía del director de
       grupo y del director espiritual;
      el proyecto formativo del seminario, el reglamento y las disposiciones
       disciplinarias;
      el proceso de sensibilización en los valores fundamentales del Evangelio
       propuesto en la misión arquidiocesana;
      la integración y el trabajo en equipo al interior de los grupos de vida (que
       corresponden a cada una de las fases);




                                                                                       115
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      la vida comunitaria tanto en el seminario durante las dos primeras fases como
       en los pequeños grupos de la tercera fase (cuarto año de teología o año de
       inserción plena en la vida pastoral de la Arquidiócesis);
      las actividades específicamente comunitarias: deporte, fiestas, celebraciones,
       eventos culturales, trabajos en equipo;
      las salidas a la casa, las vacaciones, el uso del tiempo libre;
      el acompañamiento profesional por parte de psicólogos y psiquiatras;
      los diversos talleres y cursos de formación humana;
      la autoevaluación personal y la evaluación comunitaria, la corrección fraterna en
       el nivel del grupo de vida y de la comunidad;

DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      La dirección espiritual;
      la celebración y la vivencia de los sacramentos de la Eucaristía y de la
       Penitencia;
      La celebración completa de la liturgia de las horas, parte en privado, parte en
       comunidad;
      el estudio y la meditación de la Palabra de Dios;
      la lectio divina, personal y comunitaria;
      los retiros espirituales mensuales, y las dos semanas anuales;
      la oración personal y comunitaria;
      el proyecto personal de vida como instrumento de crecimiento espiritual;
      el examen diario de conciencia, tanto general como particular;
      las lecturas espirituales;
      el rezo del rosario y las celebraciones marianas;
      el silencio;
      otros ejercicios y celebraciones que dispongan y/o prolonguen la vivencia y
       meditación de los misterios centrales de la salvación.

DIMENSIÓN INTELECTUAL

      El plan de estudios que comprende las asignaturas y programas académicos;
      el reglamento académico que comprende la organización y reglamentación que
       garantiza la consecución de los fines académicos;
      las clases y los exámenes;
      las cuatro síntesis (dogma, moral, Sagrada Escritura, liturgia);
      la biblioteca (personal y comunitaria);
      la lectura e investigación personal y comunitaria;
      el uso de la sala de sistemas (Internet);
      las salas de prensa y de TV.




                                                                                     116
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DIMENSIÓN PASTORAL

      El conocimiento teórico-práctico del Plan global arquidiocesano de nueva
       evangelización;
      el estudio de la teología pastoral;
      el trabajo pastoral en equipo;
      las misiones institucionales (semana vocacional, semana santa, etc.);
      el buen uso de la sala de pastoral;
      la oración por los lugares y personas con los que entra en contacto en su labor;
      la de inserción en la vida comunitaria y la pertenencia a comisiones
       arquidiocesanas.
                     FASES DE LA SEGUNDA ETAPA


PRIMERA FASE: PRIMERO Y SEGUNDO DE TEOLOGÍA

CONFIGURACIÓN EXISTENCIAL CON                                  CRISTO            PASTOR,
CABEZA Y ESPOSO DE LA IGLESIA



1. DESCRIPCIÓN GENERAL
Durante la primera fase de la segunda etapa de su formación el alumno debe
concentrarse de manera especial en la contemplación del misterio de Cristo y en su
configuración existencial con el Señor, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia.

Es el momento en el que el alumno, de la contemplación de Cristo y de su
configuración con él, descubre la riqueza de la vida trinitaria y la vive creciendo todos
los días en la espiritualidad de comunión.

El sacramento del Orden, como el sacramento de la configuración con Cristo, ocupa el
centro de su interés y empieza a prepararse ya de la manera adecuada para poder
recibirlo cuando la Iglesia lo juzgue conveniente.

Los medios que utiliza para su formación son en esencia los mismos que ha utilizado
durante la primera fase, pero tienen en este momento una finalidad específica que
permitan al alumno lograr el objetivo propuesto.




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2. OBJETIVO GENERAL
Al finalizar la primera fase de la segunda etapa del proceso formativo (primer año de
teología), el alumno se ha configurado existencialmente con Cristo, Cabeza, Pastor y
Esposo de la Iglesia, como preparación a la configuración ontológica en el sacramento
del Orden.

3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Al finalizar la primera fase de la segunda etapa del proceso formativo (primer año de
teología),

      El candidato al sacramento del Orden ha ahondado en el conocimiento de la vida
       y la obra salvadora de Jesucristo por medio de la palabra de Dios;
      se ha configurado existencialmente a Jesucristo conociéndolo, amándolo,
       siguiéndolo, sirviéndolo;
      ha comprendido y hecha suya la doctrina del sacramento del Orden como
       configuración con Jesucristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia.

4. INDICADORES DE LOGROS POR DIMENSIONES
DIMENSIÓN HUMANA

      El candidato al sacramento del Orden ha fortalecido su decisión de prepararse a
       ser imagen sacramental de Jesucristo Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia;
      ha asimilado los sentimientos y actitudes del Señor en su vida personal y
       comunitaria;
      ha logrado ser un hombre creíble y aceptado para ser instrumento de encuentro
       con el Señor;
      da muestras de su liderazgo en la comunidad, cumpliendo con responsabilidad y
       tomando la iniciativa en la realización de las actividades asignadas;
      sabe descubrir y enfrentar las dificultades y problemas que ponen en riesgo su
       opción presbiteral;
      expresa juicios serenos y objetivos que lo dan a conocer como hombre de la
       verdad;
      ha logrado equilibrio y responsabilidad en los servicios que se le piden;
      muestra la madurez afectiva propia de un presbítero en las relaciones
       interpersonales;
      ha crecido en la humildad, al entenderse a sí mismo como servidor de todos en
       Jesucristo;




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      es capaz de sobriedad, desprendimiento y transparencia en el manejo de los
       bienes materiales;
      es solidario con sus compañeros y con los más pobres y necesitados;
      vive la castidad como una forma plena de amar y ser amado;
      manifiesta actitudes de afecto, respeto y obediencia a sus superiores;
      ha crecido en la experiencia de grupo de vida como paso para su integración en
       la comunidad presbiteral;
      asume la corrección fraterna con madurez como elemento fundamental para su
       crecimiento personal;
      ha enriquecido su proyecto personal de vida con los rasgos fundamentales de
       Jesucristo, modelo de perfección humana;
      ha adquirido una coherencia esencial entre lo que es y su ideal como presbítero.

DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      El candidato al sacramento del Orden ha crecido en la fe y la unión a Jesucristo
       en todos los momentos de su existencia;
      ha aprendido a vaciarse de sí mismo, como asimilación de la kenosis del Señor,
       para buscar sólo la gloria de Dios y la salvación del mundo;
      alimenta su vida con la Palabra de Dios (en especial con la lectio divina), la
       oración personal y comunitaria, y la vida sacramental;
      ha crecido en la coherencia entre la fe, la celebración y la vida;
      ha avanzado en la vivencia del celibato –con sus implicaciones de castidad,
       pobreza y obediencia- como configuración con Cristo quien se entregó
       totalmente a sí mismo para cumplir el designio del Padre;
      ha logrado hacer de la castidad un estímulo para su caridad pastoral y de ésta
       un alimento para aquélla;
      recibe frecuente y fructuosamente a los sacramentos;
      reza el oficio divino haciendo suya la oración de Cristo por su Iglesia;
      vive ya los rasgos especiales de la espiritualidad propia del sacramento del
       Orden en una auténtica espiritualidad de comunión;
      ha hecho del examen de conciencia una herramienta fundamental para su
       configuración con Cristo;
      ha logrado que su vida espiritual sea fuente de maduración humana, intelectual
       y pastoral.

DIMENSIÓN INTELECTUAL

      El candidato al sacramento del Orden ha profundizado en la cristología tanto
       teórica como existencialmente;
      ha estudiado a profundidad el sacramento del Orden y todas sus implicaciones
       en la vida del ordenado;




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      posee los criterios para distinguir entre una verdad de fe y una opinión
       teológica;
      ha adquirido las herramientas propias del método teológico y ha crecido en el
       espíritu de investigación;
      se interesa por la consecución de textos, documentos y libros para conformar su
       biblioteca personal;
      es capaz de leer en los acontecimientos de la realidad los signos de los tiempos
       y relacionarlos con el designio salvador de Dios en Jesucristo;
      ha adquirido capacidad de síntesis y de transmitir con claridad sus
       conocimientos teológicos;
      ha logrado hacer de sus estudios académicos fuente de vida espiritual y de
       crecimiento en la madurez humana y pastoral.

DIMENSIÓN PASTORAL

      El candidato al sacramento del Orden conoce el modelo operativo del Plan global
       arquidiocesano de nueva evangelización en lo referente a la pastoral ministerial;
      ha aprendido a programar su trabajo pastoral, con criterios definidos, basado en
       el modelo operativo del Plan global arquidiocesano de nueva evangelización;
      ha asumido la metodología prospectiva dentro de su vida, y la aplica en su
       proyecto personal de vida y en la vida comunitaria;
      ha crecido en el amor pastoral a las comunidades parroquiales, a la
       Arquidiócesis y a la Iglesia universal;
      ha hecho suya la caridad pastoral de Cristo y la transparenta en todas sus
       acciones.


4. METODOLOGÍA

Al concluir el tercer año de filosofía y después de elaborar el modelo de diagnóstico, el
alumno, habiendo realizado un proceso de discernimiento serio, ha madurado su
opción vocacional que lo proyecta a iniciar su configuración existencial con Cristo
Cabeza, Esposo y Pastor de la Iglesia. Por esta razón, es admitido como candidato a
las órdenes sagradas e inicia así, de una manera plena, la auténtica formación hacia el
ministerio presbiteral.


DIMENSIÓN HUMANA

      El estudiante de ciclo teológico fortalece su decisión de prepararse para ser
       imagen sacramental de Jesucristo cabeza, pastor y esposo de la Iglesia, por




                                                                                      120
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       medio de: la oración personal, la meditación asidua de la Palabra (especialmente
       de la Lectio Divina que realiza diariamente) y la dedicación de las actividades
       pastorales, que efectúa cada fin de semana.
      Un medio privilegiado para que el formando se descubra o no como hombre
       creíble e instrumento de encuentro con el Señor lo constituye la evaluación que
       de él hacen periódicamente los agentes de pastoral a los que acompaña fines
       de semana (sábado y domingo) en el sitio de apostolado; así como la evaluación
       semestral de sus compañeros y formadores, y la propia autoevaluación.
      El alumno da muestras claras de su liderazgo en la comunidad por medio de la
       participación en los diferentes comités (humano, espiritual, intelectual y
       pastoral) y los respectivos servicios que los conforman; así como en el trabajo
       de apostolado los fines de semana en el que hace un trabajo de
       acompañamiento de los agentes de pastoral.
      Para favorecer el desarrollo de las actividades de forma responsable, cada
       alumno elabora su cronograma personal de actividades, de tal manera que
       responda individual y comunitariamente con las tareas que le corresponden.
      El alumno se da a conocer como hombre de la verdad por medio de los juicios
       severos y objetivos que da en el desarrollo de las clases y los cine-foros (los
       cuales se realizarán una vez al mes).
      Mediante la realización del aseo de la casa de formación (lunes y jueves) y el de
       su propia habitación, la coordinación del grupo de vida, la práctica comunitaria
       del deporte (martes y viernes) y la puntualidad en las diferentes actividades el
       alumno logra equilibrio, responsabilidad e integración con la comunidad para
       crecer en apertura, servicio y entrega.
      Para crecer en su madurez afectiva el aspirante a las órdenes sagradas se sirve
       de la asistencia periódica a la dirección espiritual (cada quince días) y al
       psicólogo (por recomendación del equipo de formadores, el director espiritual o
       voluntad propia) y los seminarios sobre afectividad y sexualidad que brinda el
       proceso; estos medios le permiten examinar su realidad afectiva y a disponerse
       a vivir con plena conciencia la castidad, como una auténtica preparación para
       asumir el celibato presbiteral.
      Las relaciones abiertas, sinceras y respetuosas con los formadores y
       compañeros, deben ser cultivadas con dedicación por el alumno; los espacios
       lúdicos (integraciones, juegos, concursos culturales, etc.) y de descanso
       (terminada la cena, entre clases y vacaciones), son momentos que éste debe
       saber aprovechar para tal fin.
      La realización del trabajo de apostolado los fines de semana en el que debe
       visitar sectores deprimidos económicamente y escuchar las vivencias de sus
       habitantes sensibilizan al alumno ante las necesidades y el dolor de sus
       hermanos motivándose a compartir lo poco que tiene con los más pobres y
       necesitados.




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          El alumno se abre a la solidaridad y al manejo adecuado de sus bienes,
           aportando de lo suyo a la sala de comunicación cristiana de bienes que funciona
           en el Seminario; allí los seminaristas, dentro de sus posibilidades, donan
           elementos de aseo personal que pueden servir de ayuda a cualquier miembro de
           la comunidad que los necesite.



DIMENSIÓN ESPIRITUAL

          El candidato al sacramento del orden crece en la fe y amor a Jesucristo por
           medio de:
               o la vivencia diaria de la Eucaristía comunitaria (lunes y jueves), por grupo
                  de dirigidos (martes), por grupo de vida (miércoles) y por diócesis
                  (viernes).
               o La meditación asidua de la Palabra
               o El ejercicio de la caridad que realiza en la visita a los enfermos,
                  desplazados e indigentes durante su trabajo de apostolado.
          Aprende a vaciarse de sí mismo y a experimentarse pequeño delante de Dios,
           por medio del sacramento de la reconciliación (al que accede en espacios libres,
           retiros espirituales y actos penitenciales) cuando reconoce que se ha
           equivocado.
          El sacerdote ha de ser maestro de la Palabra, con la cual se alimenta; por ello el
           candidato al orden se ejercita en el escrutinio de la Sagrada Escritura, de un
           modo especial lo hace con la Lectio Divina diaria, con la que crece en la fe y en
           la unión a Jesucristo, Palabra eterna del Padre.
          Espacio apropiado para que el candidato al sacramento del Orden examine su
           conciencia, cuestionando la coherencia existente entre fe y vida lo constituyen
           los ejercicios espirituales: el de preparación a la cuaresma, comprendido desde
           el domingo anterior al miércoles de ceniza hasta éste, y uno mensual, cuya
           temática central es el sacramento del orden.
          Para que el alumno avance en la vivencia del celibato con todas sus
           implicaciones, cuenta con el acompañamiento de su director espiritual, al que
           se acerca con voluntad firme de santidad, espíritu de fe para ver en él a Cristo,
           sinceridad y obediencia,30 de modo que éste pueda darle pautas apropiadas
           para su crecimiento en este y otros aspectos de su vida. De manera especial se
           abre a la terapia de sanación y reconstrucción del pasado.
          El formando hace suya la oración de Cristo por su Iglesia en el rezo diario del
           Oficio divino: oficio de lectura (personal), laudes, vísperas (por grupo de vida,

30
     Cf. Directorio para la Dirección espiritual del Seminario Regional Juan XXIII pg 24 - 28




                                                                                                           122
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       ciclos de estudio o por diócesis) y completas (por grupo de vida, ciclo de
       estudio, diócesis o comunitaria) adhiriéndose así, de un modo más eficaz, a las
       intenciones de Aquella a la que se prepara a servir.
      Fortalece su espiritualidad de comunión en la vivencia diaria de la Eucaristía,
       fuente por excelencia de comunión y en la oración por las necesidades de los
       benefactores de la casa de formación y los propios en la vigilia que se realiza el
       último viernes de cada mes.

DIMENSIÓN INTELECTUAL

      Para profundizar en la cristología el candidato al sacramento del Orden participa
       en el desarrollo de la clase que lleva este nombre, la cual se realiza durante un
       semestre con una intensidad de tres horas a la semana; y hace la
       profundización práctica de la misma en la meditación profunda del evangelio,
       especialmente en la Lectio Divina, así como en el contacto con la comunidad en
       que realiza su trabajo pastoral, de modo particular en el contacto con los
       enfermos, niños, pobres y sufridos.
      El alumno es capaz de distinguir entre una verdad de fe y una opinión teológica
       gracias a que recibe en las clases la recta doctrina y con ella las herramientas
       necesarias para saber discernir la ortodoxia en cuestiones de fe, costumbre y
       moral.
      El alumno puede hacerse a libros cada vez que distintas casas distribuidoras de
       textos visitan nuestro seminario (por lo menos una vez al semestre), ofreciendo
       créditos para la adquisición de éstos. El seminarista presentará a su director de
       grupo un informe semestral de los libros que ha adquirido.
      Para desarrollar su espíritu investigativo cuenta al interior del seminario con el
       servicio de la biblioteca comunitaria a la cual puede acceder en los horarios
       establecidos para tal fin, la sala de sistemas que funciona en los mismos
       horarios, la biblioteca personal, el acceso a la Internet, la sala de audio y video,
       la lectura de la prensa y la observación del noticiero en el horario de recreo.
      El candidato a las órdenes sagradas se ejercita en la lectura de los signos de los
       tiempos por medio de la revisión de vida mensual que hará con su grupo de vida
       y el director de grupo con los que compartirá las diferentes experiencias vividas
       en el trabajo pastoral y a nivel personal (las que se puedan) analizándolas a la
       luz del designio divino.
      El candidato demuestra su capacidad de síntesis y de transmisión clara de sus
       conocimientos en el desarrollo de charlas y/o conferencias que realiza en su sitio
       de apostolado. En la evaluación que hagan del seminarista los agentes de
       pastoral cada semestre se descubrirá hasta donde éste ha desarrollado dicha
       capacidad (ver modelo de evaluación en el Directorio de pastoral del Seminario).




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DIMENSIÓN PASTORAL

      Las clases de PDR/E ayudan al alumno, en este momento del proceso, a conocer
       y manejar el modelo operativo del Plan global arquidiocesano, con especial
       énfasis en el nivel de evangelización de la pastoral ministerial.
      Para poner en práctica los lineamientos del PDR/E en cuanto a programación
       realiza la planeación y programación de su trabajo pastoral con el párroco y los
       agentes de pastoral de la unidad pastoral donde trabaja.
      El formando da muestras de asumir la metodología prospectiva en su vida en
       la elaboración de su proyecto personal de vida que revisa y ajusta con su
       director espiritual. De igual modo lo refleja en la planeación que realiza en los
       diferentes comités.
      Se ejercita en la caridad pastoral por medio de la visita a los enfermos, la
       escucha atenta de quienes se le acercan en busca de consejo y la dedicación y
       entrega en la labor formativa de la comunidad en que realiza su apostolado.




SEGUNDA FASE: TERCERO DE TEOLOGÍA


ASIMILACIÓN DE LA IMAGEN SACRAMENTAL DE CRISTO EN,
AL FRENTE DE Y PARA LA IGLESIA



1. DESCRIPCIÓN GENERAL
El énfasis formativo en esta segunda fase de la segunda etapa de la formación al
presbiterado (segundo y tercero de teología) es el descubrimiento teórico y existencial
de la dimensión eclesial del ministerio sacerdotal.

El candidato –después de descubrir y asimilar en la primera fase todos los elementos
de la configuración con Jesucristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia- descubre y
asimila ahora todas las implicaciones de su inserción en la Iglesia como presbítero: su
posición en la Iglesia (sigue siendo parte de la comunidad eclesial como oveja), al




                                                                                     124
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frente de la Iglesia (es, sin embargo, su pastor) y para la Iglesia (su servicio es una
entrega total como la de Cristo, buen pastor que da la vida por sus ovejas).

Los tratados de Eclesiología, sacramentología, y de los diversos sacramentos dan la
base fundamental desde el ángulo académico y crean el ambiente propicio para el
crecimiento en la formación.

2. OBJETIVO GENERAL
Al finalizar la segunda fase de la primera etapa de la formación sacerdotal (segundo y
tercero de teología), el candidato al sacramento del Orden ha contemplado y asimilado
la posición del presbítero en la Iglesia y sus implicaciones para su ministerio y su vida
y ha crecido, por lo tanto, en su entrega de amor a la Iglesia.

3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Al finalizar la segunda fase de la primera etapa de la formación sacerdotal (segundo y
tercero año de teología),
     el candidato al sacramento del Orden ha contemplado y asimilado el misterio de
       la Iglesia, comunión y misión, y ha situado dentro de ella el sacerdocio con
       todas sus implicaciones para el ministerio y la vida del presbítero;
     ha visto la profunda relación que tienen los sacramentos del Orden y del
       Matrimonio entre sí y su posición en el misterio de la Iglesia;
     desde la conciencia y vivencia sacramental ha crecido en su entrega de amor a
       Jesucristo para el servicio de la Iglesia.



4. INDICADORES DE LOGROS POR DIMENSIONES

DIMENSIÓN HUMANA

      El candidato al sacramento del Orden ha descubierto la fundamental proyección
       comunitaria de la persona humana y cómo ésta se plenifica en la vivencia
       eclesial;
      ha crecido en aquellas virtudes que lo hacen especialmente apto para la vida
       comunitaria y para el servicio a la comunidad;
      ha ahondado en el conocimiento de sí mismo para superar las dificultades que
       encuentra en la vida comunitaria y poder estar en constante crecimiento con
       miras a ejercer un mejor servicio en la comunidad eclesial;




                                                                                      125
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      conoce lo que implica estar “al frente de” la Iglesia para vivir la autoridad sólo
       como servicio;
      ha crecido en su capacidad de entrega y es capaz de ofrecer la totalidad de su
       vida al servicio de la comunidad eclesial;
      ha crecido en la comprensión y la asunción del celibato como una dimensión
       inherente al ministerio sacerdotal en unión con Cristo y en amor a la Iglesia;
      ha entablado relaciones abiertas y espontáneas con todos para no hacer
       acepción de personas y contribuir a las buenas relaciones en la comunidad;
      ha crecido en la vivencia de la castidad y sabe evitar situaciones que la ponen
       en peligro;
      ha aprendido a manejar con cuidado y con sentido crítico los medios de
       comunicación social;
      ha crecido en el sentido de pertenencia a la comunidad eclesial y es capaz de
       caminar con ella en los procesos comunitarios;
      usa los bienes materiales con sentido de responsabilidad, recta intención,
       moderación y desprendimiento y comparte con los demás todo lo que es, lo que
       sabe, lo que puede, lo que tiene;
      es conciente de que todo debe ser usado para la edificación del Reino de Dios y
       por ello ha renunciado a cualquier lucro en el ejercicio del servicio a la Iglesia;
      se ejercita en la obediencia como verdadera expresión de la libertad personal y
       como requisito para poder ejercer adecuadamente la autoridad como servicio en
       la comunidad;
      vive relaciones de comunión afectiva y efectiva con el obispo, con los
       formadores, con el colegio presbiteral y con el Pueblo de Dios;
      sabe escuchar, discernir el peso de las opiniones y lograr consensos para el
       progreso de la comunidad;
      ha adquirido las cualidades necesarias para ser signo y agente de comunión y
       participación en la comunidad diocesana;
      propicia el trabajo en equipo y la sinergia como elementos fundamentales de la
       vida comunitaria;
      ha crecido en la madurez y el equilibrio en la toma de decisiones, para contribuir
       siempre al bien de la comunidad por encima de intereses particulares;
      es conciente de su fragilidad humana y crece en el dominio de sí para ser
       testimonio ante los demás;
      sabe privilegiar lo comunitario sobre lo personal;
      acoge las disposiciones del obispo y de los padres formadores del seminario
       como elementos que propician la vida comunitaria;
      lleva con diligencia el proyecto personal de vida y lo evalúa periódicamente
       tanto con su director de grupo como con el director espiritual.


DIMENSIÓN ESPIRITUAL




                                                                                       126
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      El candidato al sacramento del orden, al avanzar en la comprensión del misterio
       de la Iglesia, ha logrado un verdadero amor a ella y se halla dispuesto a
       entregarse totalmente al su servicio;
      ha asimilado todos los aspectos de la espiritualidad de comunión para poder
       vivir plenamente la dimensión de la Iglesia como comunión;
      ha asumido que la Iglesia vive para evangelizar y está dispuesto a dar toda su
       vida a la tarea evangelizadora;
      ha logrado impregnar del sentido eclesial todos sus estudios, su meditación de la
       Palabra de Dios y toda su vida espiritual;
      ha hecho de la Palabra de Dios la luz permanente de su vida, especialmente por
       medio de la lectio divina;
      ha crecido en la vivencia del celibato como ofrenda de la totalidad de su amor y
       de su solicitud por Jesucristo, Esposo de la Iglesia y considera a la Iglesia como
       la esposa que el Señor le ha dado;
      está dispuesto a entregar todo lo que es, lo que puede y lo que tiene para el
       servicio de la Iglesia en la tarea de la evangelización;
      ha comprendido cómo la obediencia es la forma más noble de inserirse en la
       comunidad eclesial y la asume con alegría;
      ha logrado una comprensión profunda de la dimensión sacramental de la Iglesia
       como se expresa en los siete sacramentos y ha alcanzado una intensa vivencia
       del Bautismo, la Confirmación, la Eucaristía, la Penitencia;
      ha comprendido la complementariedad de los sacramentos del Orden y del
       Matrimonio en la vida de la Iglesia y comprende su entrega como futuro
       ordenado en la línea de una entrega esponsal a la Iglesia;
      vive el sacramento de la Eucaristía como el culmen y la fuente de la vida de la
       Iglesia y, por lo tanto, de su propia existencia;
      acude periódicamente al sacramento de la Penitencia porque ha descubierto la
       dimensión comunitaria del pecado y de la reconciliación;
      ha hecho de la dirección espiritual una ayuda permanente para su crecimiento
       espiritual y se propone continuarla a lo largo de toda su vida;
      ha alcanzado madurez, estabilidad y fecundidad en la oración tanto personal
       como comunitaria y está dispuesto a ser maestro de oración para la comunidad
       eclesial;
      ha hecho del rezo de la Liturgia de las Horas un momento fuerte de su comunión
       eclesial y está preparado para llevar a los fieles a la vivencia de esta oración
       oficial de la Iglesia;
      ha encontrado en la devoción a la Virgen María, Madre de la Iglesia, una fuente
       de fortalecimiento de su espiritualidad eclesial.


DIMENSIÓN INTELECTUAL




                                                                                      127
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      El candidato al sacramento del Orden ha asimilado los contenidos de las
       diferentes asignaturas teológicas para sumergirse en el conocimiento del
       misterio pascual de Cristo y lo contempla prolongado en el misterio de la Iglesia,
       sacramento de salvación;
      sabe dar razón de las verdades de la fe con argumentos teológicos sólidos y ha
       adquirido la capacidad de iluminar con ellas su vida personal y la vida de la
       comunidad;
      ha avanzado en una formación intelectual integral que le permita, desde la
       Iglesia, afrontar los diferentes retos que plantea el mundo de hoy a la
       evangelización;
      ha alcanzado un pensamiento coherente en las diferentes áreas de la doctrina
       de la Iglesia y es capaz de transmitirlas con claridad;
      está interesado de manera especial en aquellas cuestiones que hoy están en la
       base de una correcta relación con el mundo.


DIMENSIÓN PASTORAL

      El candidato al sacramento del Orden ha logrado una visión completa tanto
       teórica como práctica del Plan global arquidiocesano de nueva evangelización y
       lo ha asumido en la práctica pastoral;
      ha alcanzado una clara comprensión del puesto específico que tiene su
       ministerio dentro de la misión de la Iglesia y su complementariedad con los
       otros dones, carismas y servicios pastorales;
      es consciente de la necesidad de seguirse formando y de formar
       permanentemente a los agentes de pastoral;
      ha logrado impregnar de la espiritualidad de comunión todo el trabajo pastoral
       por medio de un adecuado trabajo en equipo y la búsqueda permanente de una
       auténtica sinergia pastoral;
      encuentra en el ministerio pastoral la fuente primera de su santificación y el
       camino más adecuado para dar testimonio de su amor por Cristo en la Iglesia;
      ha asumido el celibato como entrega total, sin reservas, a la tarea de la
       evangelización y al servicio permanente de la Iglesia;
      es humilde, disponible, desprendido y solidario y asume estas virtudes como
       cualidades básicas para el ejercicio pastoral;
      logra en todas sus actividades pastorales ser una imagen viva y transparente de
       Cristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia.


5. METODOLOGÍA



                                                                                      128
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Al finalizar la primera fase de esta segunda etapa, el candidato a las Ordenes Sagradas
después de haber trabajado fuertemente en la configuración de su persona con Cristo
Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia; ahora descubre la dimensión eclesial del
ministerio al que es llamado, asimilando el servicio que el presbítero tiene como
imagen sacramental de Cristo en, al frente de y para la Iglesia a la cual ama y por la
que se entrega.


DIMENSIÓN HUMANA

      El candidato al sacramento del Orden descubre su proyección comunitaria y lo
       que implica estar al frente de la Iglesia por medio de la coordinación de
       diferentes comités (humano, comunitario, espiritual, intelectual y pastoral) y los
       respectivos servicios que los conforman y el trabajo de apostolado en el que
       realiza el acompañamiento a los agentes de pastoral.
      Crece en el conocimiento de sí mismo por medio de la evaluación y ajuste de su
       proyecto personal de vida, con el acompañamiento de su director espiritual (al
       que visita cada quince días) y el director de grupo, descubriendo aquellas
       realidades que le impiden servir con generosidad en el seno de la comunidad
       eclesial y disponiéndose a superarlas; prestando atención especial a la manera
       como favorece o dificulta la vivencia del celibato en su vida y la asistencia al
       servicio de psicología, al que asiste por voluntad propia, recomendación del
       equipo de formadores o del director espiritual.
      Para crecer en la comprensión y asunción del celibato cuenta con: El
       acompañamiento de su director espiritual con el que trata de manera abierta su
       realidad afectiva. La experiencia de grupo de vida, que le permite crecer en la
       amistad que, vivida de forma plena, es signo de la vivencia de la castidad,
       preámbulo necesario para la posterior vivencia del celibato. Los talleres de
       afectividad y sexualidad que se organizan periódicamente. La asignatura de
       moral sexual que se da a lo largo de un semestre.
      Las relaciones abiertas y espontáneas con los formadores, compañeros,
       familiares y comunidad eclesial en general, deben ser cultivadas con dedicación
       por el candidato al Orden; los espacios lúdicos (integraciones, juegos, concursos
       culturales, etc.) y de descanso (terminada la cena, entre clases y vacaciones),
       las reuniones de presbiterio (un miércoles al mes), el trabajo pastoral y las
       misiones semestrales, son momentos que éste debe saber aprovechar para tal
       fin.
      El formando crece en el sentido de pertenencia a la Iglesia por medio del
       ejercicio pastoral, que realiza los fines de semana, en el que entra en contacto




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       con las necesidades de la realidad eclesial y sus sujetos (comunidad y párroco
       formador), despertándose en él el sentido de pertenencia por la Iglesia.
      Se ejercita en el uso de los bienes con responsabilidad y desprendimiento por
       medio de la donación que hace de elementos de aseo personal a la sala de
       comunicación cristiana de bienes que luego serán utilizados por sus compañeros
       más necesitados y las relaciones interpersonales con sus hermanos menores en
       formación y la comunidad eclesial en general en las que pone al servicio de los
       demás los talentos y capacidades que Dios le ha concedido.
      El proceso le brinda al candidato al Orden la posibilidad de ejercitarse en la
       virtud de la obediencia utilizando medios como el equipo de formadores interno
       a quienes acata reconociendo en ellos la autoridad de la Iglesia que lo invita a
       secundar la voluntad del Señor, el párroco de pastoral en quien se prolonga la
       labor de los anteriores y el párroco de origen por quien es acompañado en la
       temporada de vacaciones.
      Para que el formando viva relaciones de comunión afectiva y efectiva con la
       comunidad eclesial la formación le ofrece espacios como las visitas semanales
       de los señores obispos a la casa de formación (todos los lunes) donde se da la
       oportunidad de hablar con ellos (de manera comunitaria, por ciclos de estudio,
       por grupos de vida y personalmente), las reuniones de presbiterio (un miércoles
       al mes) en donde tiene la oportunidad de departir con sus futuros hermanos de
       presbiterio, el trabajo pastoral los fines de semana en el que interactúa con el
       pueblo de Dios, la misma vida comunitaria al interior del Seminario en la que
       crece en las relaciones de respeto y fraternidad y los espacios de descanso
       (miércoles por la tarde y vacaciones) en los que tiene la posibilidad de visitar
       familiares y amigos.
      El candidato, futuro guía de la comunidad eclesial, debe saber valorar la opinión
       de los demás; con tal propósito, el alumno cuenta con la oportunidad de dirigir y
       trabajar en los diferentes comités en los que interactúa con sus hermanos bajo
       la asesoría de un padre formador, que se encarga de dar directrices para el
       trabajo por realizar, de modo que juntos contribuyen a organizar la vida de la
       comunidad.
      Fortalece su capacidad de trabajo en grupo por medio de la experiencia de
       grupo de vida en la que interactúa con sus compañeros en la toma de decisiones
       y el equipo con el que realiza su apostolado los fines de semana, con el que
       debe planear el trabajo y poner en marcha el mismo.
      Crece en su capacidad de entrega y de privilegiar lo comunitario sobre lo
       personal por medio de la labor que realiza al interior de los comités, la
       realización, con generosidad del aseo de la casa (lunes y jueves), la dedicación
       al estudio y a la oración y la preparación y ejercicio generoso del apostolado.


DIMENSIÓN ESPIRITUAL




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      El candidato al sacramento del Orden logra fortalecer su amor a la Iglesia por
       medio de las diferentes asignaturas que estudia, en especial las de Eclesiología,
       Historia de la Iglesia, PDR/E, pues facilitan al alumno conocer y comprender aún
       más el valor que entraña para su vida este Sacramento de salvación, el l trabajo
       de apostolado los fines de semana y las misiones semestrales, con los cuales el
       candidato conoce la realidad eclesial de la arquidiócesis y se compromete a
       redimirla con un trabajo serio de evangelización, las reuniones de presbiterio en
       las que se tocan temas de actualidad referentes a la Iglesia y en las que el
       candidato tiene la oportunidad de departir con los presbíteros de la arquidiócesis
       enterándose de las diferentes situaciones en que se encuentran las unidades
       pastorales y la celebración de la Eucaristía que verdaderamente vivida
       constituye una inmersión total en el misterio de la Iglesia.
      La espiritualidad de comunión es uno de los cuatro fundamentos del Proceso
       Diocesano de Renovación y Evangelización (PDR/E); por tal razón, el candidato
       al sacramento del Orden Sagrado debe tenerla como estilo de vida y se ejercita
       en su vivencia por medio de los ejercicios espirituales en los que medita sobre la
       manera como asume en su vida esta manera de ser en el mundo, la sala de
       comunicación cristiana de bienes que posibilita por medio de la solidaridad sentir
       las necesidades de los demás como propia y los espacios de integración
       (reuniones de grupo, comunitaria o diocesana) y descanso en los que el
       candidato se integra con los hermanos y comparte las experiencias vividas,
       llegando incluso a orientarlos en su caminar vocacional.
      El formando asume cada vez más que la Iglesia vive para evangelizar por medio
       de el ejercicio pastoral que realiza cada fin de semana y en las misiones
       semestrales.
      Para hacer de la Palabra de Dios la luz permanente de su vida se ejercita en el
       escrutinio de la Sagrada Escritura, que realiza de un modo especial en la Lectio
       Divina, esforzándose en descubrir en ella la voluntad de Dios para su propia vida
       y para el bien de la Iglesia.
      El candidato al Orden logra una comprensión profunda de la dimensión
       sacramental de la Iglesia y de la necesidad de los sacramentos valiéndose de las
       asignaturas de Eclesiología, Sacramentología y Liturgia sacramental, con las
       cuales comprende la importancia que tiene para la vida del cristiano la
       pertenencia a la Iglesia y la recepción de los Sacramentos, los ejercicios
       espirituales (mensuales y de preparación a la cuaresma), que iluminados con la
       Palabra de Dios lo cuestionan sobre la vivencia de los sacramentos y el modo
       como ésta se refleja en cu compromiso eclesial, la recepción del sacramento de
       la Reconciliación (al que accede en espacios libres, ejercicios espirituales, actos
       penitenciales, etc.) que le permite reconocerse pequeño delante de Dios y
       necesitado de su gracia para responder al don recibido y el Sacramento de la
       Eucaristía, que el alumno tiene la posibilidad de celebrar diariamente - por grupo




                                                                                       131
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       de vida (el día miércoles), comunitario (lunes y jueves), por diócesis (viernes) y
       con su director espiritual (viernes) – creciendo en la toma de conciencia de que
       ésta edifica a la Iglesia.
      Da muestras de la importancia que para él tiene la dirección espiritual por medio
       de la asistencia cada quince días al director espiritual acercándose a él con
       voluntad firme de santidad, espíritu de fe para ver en él a Cristo, sinceridad y
       obediencia. Se abre de manera especial a la terapia de sanación y
       reconstrucción del pasado.
      La madurez en la oración es alcanzada por el candidato por medio del hábito
       adquirido en el rezo de la liturgia de las horas ya sea comunitaria o
       personalmente, la fidelidad al horario establecido para su oración personal
       organizado con su director espiritual, la lectura de textos que lo motiven a
       crecer en espíritu de oración y contemplación, la visita asidua a Jesús
       sacramentado y la preparación adecuada a la vivencia de los sacramentos.
      Encuentra en la devoción a la virgen María una fuente de fortalecimiento de su
       espiritualidad eclesial por medio del rezo del Santo Rosario de manera
       comunitaria (lunes), por diócesis (viernes) o diario (los meses de mayo y
       octubre o por devoción personal) por medio del cual el alumno interioriza los
       misterios de la vida del Señor íntimamente ligados al misterio de la Iglesia, su
       Esposa, la asignatura de Mariología y otras relacionadas con la persona de la
       Madre del Señor (Pneumatología, Eucaristía, Cristología, etc.) que le permiten
       descubrir en ella el modelo del discipulado que debe seguir la Iglesia, los
       ejercicios espirituales, que le permite descubrir en su vida que es posible
       responder al Señor para servirle en su Iglesia, como lo hizo la Esclava del Señor.


DIMENSIÓN INTELECTUAL

      El candidato al Orden se sumerge en el conocimiento del misterio pascual de
       Cristo por medio del desarrollo de las diferentes asignaturas en clase y la
       preparación de las reflexiones bíblico-teológicas que debe exponer bien sea
       dentro del Seminario o en su labor pastoral.
      Se ejercita en la transmisión de verdades de fe con argumentos teológicos por
       medio de las exposiciones en clase de determinados temas de índole teológica,
       el desarrollo de cursos, charlas y/o seminarios en su sitio de apostolado y la
       predicación que realiza los sábados por la mañana en el rezo de las laudes.
      Para avanzar en una formación intelectual integral el formando cuenta con el
       desarrollo diario de las clases, el servicio de biblioteca comunitaria al que puede
       acceder en los horarios establecidos para tal fin así como en horas de
       investigación que están programadas en el horario de clases, la consulta a la
       biblioteca virtual en la sala de sistemas, que funciona en los mimos horarios, la
       biblioteca personal, el acceso a la Internet, la lectura de la prensa y la




                                                                                       132
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       observación del noticiero en el horario de recreo y la participación en los
       diferentes seminarios que se organizan cada semestre así como en las charlas y
       foros que periódicamente organiza cada uno de los comités.



DIMENSIÓN PASTORAL

      El candidato al sacramento del Orden logra una visión completa tanto teórica
       como práctica del plan global arquidiocesano por medio de las clases de PDR/E
       en las que se enfatiza en el modelo operativo, la realización de la planeación y
       programación de su trabajo pastoral con el párroco y los agentes de pastoral de
       la Unidad pastoral donde trabaja.
      Amplia su comprensión del puesto específico que tiene su ministerio dentro de la
       misión de la Iglesia por medio de el desarrollo de su labor de apostolado los
       fines de semana en los que interactúa con los agentes de pastoral, comunidad
       en general y el párroco de la unidad pastoral.
      Refleja su conciencia de la necesidad de formación personal y comunitaria por
       medio del aprovechamiento de los espacios para el estudio personal diario para
       ahondar en las diferentes asignaturas que ve y en los temas de actualidad y la
       organización de cursos de formación para los agentes de pastoral.
      Fortalece su vivencia de la espiritualidad de comunión por medio del desarrollo
       de su trabajo pastoral en forma mancomunada con el resto de integrantes de su
       equipo de pastoral y la organización de actividades de integración y crecimiento
       comunitario con los agentes de pastoral y demás miembros de la comunidad en
       que realiza su trabajo pastoral.
      Su ministerio pastoral lo ayuda a santificarse en la realización del trabajo
       pastoral los fines de semana con alegría y disponibilidad, mostrado especial
       dedicación por los pobres y más desprotegidos y la vivencia de las misiones
       semestrales con verdadera entrega, descubriendo en sus hermanos el rostro de
       Cristo.
      Para asumir las virtudes propias de un pastor cuenta con la acción pastoral, la
       vida familiar y comunitaria, que lo sensibilizan ante las necesidades de sus
       hermanos, abriéndose al desprendimiento y a la solidaridad y el proyecto
       personal de vida, que revisa continuamente con el director espiritual, en pro de
       asumir las virtudes de Cristo, especialmente la humildad y la disponibilidad.
      La vivencia del celibato es signo claro de la entrega total a la persona de Jesús y
       a la Iglesia; por ello, en la asistencia periódica a la dirección espiritual (cada
       quince días) y al psicólogo (por recomendación del equipo de formadores, el
       director espiritual o voluntad propia), el candidato encuentra medios
       privilegiados para descubrir qué tanto ha asumido en su vida este don de Dios.




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TERCERA FASE: CUARTO DE TEOLOGÍA

ASIMILACIÓN DEL SERVICIO DEL PRESBÍTERO, IMAGEN
SACRAMENTAL DE CRISTO, EN LA IGLESIA PARA LA
SALVACIÓN DEL MUNDO


1. DESCRIPCIÓN GENERAL
En la tercera y última fase de la segunda etapa de la formación sacerdotal (cuarto de
teología) el futuro presbítero debe profundizar y potenciar una gran sensibilidad social
frente a los problemas que afectan al mundo y en concreto a la comunidad a la que
está sirviendo en su ministerio evangelizador. Como pastores del Pueblo de Dios
atlanticense, los miembros del presbiterio de la Arquidiócesis de Barranquilla deben
hacer suyos “los gozos y esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de
nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”.31

El énfasis principal de este último año de formación está, por lo tanto, en las
repercusiones sociales del trabajo evangelizador. La guía principal para este proceso es
la Doctrina Social de la Iglesia que, estudiada teóricamente en los años anteriores, es
ahora profundizada en su aplicación práctica. Con esta luz, las síntesis de Sagrada
Escritura, dogma, moral y liturgia, le dan al candidato una percepción unitaria y
completa de la misión de la Iglesia, como sacramento de Cristo, para el mundo.

Esta fase se vive –como ya se hizo para la última fase del ciclo filosófico- en grupo de
tres o cuatro en aquellas unidades pastorales donde se den las condiciones necesarias
para vivir esta experiencia bajo la guía del párroco que se hace así el principal
formador en este año.

La vinculación a la comunidad del seminario se continúa con la asistencia a clase
durante dos días a la semana para la elaboración de las síntesis, con la participación
en los retiros espirituales, en actividades arquidiocesanas y en las celebraciones de la
Arquidiócesis.



31
     Concilio Vaticano II, constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo, Gaudium et Spes, No. 1.




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Hacia mitad del segundo semestre, después de llevarse a cabo los escrutinios
pertinentes, el candidato puede recibir el sacramento del Orden en el grado de
diácono.

2. OBJETIVO GENERAL
Al finalizar el cuarto de teología, el candidato al sacramento del orden ha alcanzado
una comprensión, asimilación y asunción integrales de su futuro ser sacerdotal como
configuración con Cristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, ha asimilado y asumido
su puesto en, al frente de y para la Iglesia, y ha asumido las consecuencias sociales
que implica la naturaleza de su ministerio en la Iglesia como sacramento de salvación
para el mundo.

3. OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Al finalizar el cuarto de teología, el candidato al sacramento del orden
     ha asumido existencialmente todas las implicaciones del ministerio sacerdotal
       como configuración con Cristo en la totalidad de los campos de la acción
       evangelizadora de la Iglesia;
     ha asumido plenamente la dimensión eclesial del ministerio sacerdotal;
     ha alcanzado una profunda sensibilidad frente a los problemas sociales del
       mundo y de su comunidad y ha alcanzado una visión integral de las
       repercusiones sociales de la evangelización;
     está dispuesto a entregarse definitivamente para toda su vida por medio del
       sacramento del Orden al servicio de Cristo en la Iglesia para el mundo.

4. INDICADORES DE LOGROS POR DIMENSIONES
DIMENSIÓN HUMANA

      El candidato al sacramento del Orden muestra una gran sensibilidad frente a la
       situación social del mundo, de Colombia, del Departamento del Atlántico y de la
       comunidad parroquial en la que ejerce su servicio;
      ha aprendido a dialogar desde su posición en la Iglesia con los líderes políticos y
       cívicos para lograr una cooperación efectiva en la transformación de la sociedad;
      ha clarificado y asumido el compromiso social del cristiano y del presbítero al
       interior de la Iglesia;
      tiene conocimiento de las carencias de la comunidad eclesial y procura darles
       una respuesta desde su grado de formación;
      ha contribuido a potenciar cambios significativos en la comunidad por medio de
       su trabajo en las estructuras parroquiales existentes;




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      se esmera por servir a los necesitados y humildes de la comunidad;
      ahonda permanentemente en la realidad humana, espiritual, social de la
       comunidad;
      pone al servicio de la comunidad los dones y carismas que posee;
      se muestra como persona cercana y sensible a todas las angustias y
       necesidades de las personas y a todas las personas y grupos sin distinción;
      es capaz de escuchar, ponerse de acuerdo, lograr concertaciones, unir fuerzas
       con personas no pertenecientes a la comunidad católica;
      ha logrado organizar su tiempo y sus actividades para una entrega eficaz al
       servicio de la evangelización;
      ha alcanzado una profunda libertad interior que le permite hacer su opción
       definitiva por el presbiterado;
      da muestras de tener un corazón de pastor, inflamado por la caridad de Cristo;
      es claro en sus manifestaciones afectivas;
      asume con solicitud las sugerencias que se le hacen, para lograr un crecimiento
       cada vez mayor;
      es maduro y equilibrado frente a las situaciones adversas, logra detectar y
       vencer las dificultades, dialoga y llega a consenso con los contradictores;
      ha alcanzado una madurez humana suficiente para asumir con responsabilidad y
       acierto todas las dimensiones del ministerio sacerdotal y en especial el celibato
       con sus implicaciones de castidad, pobreza y obediencia.
      ha mostrado una gran claridad y destreza en la administración de los bienes y
       recursos que se le han confiado,          sabe llevar una adecuada contabilidad
       parroquial y es consciente de las prioridades en el gasto del dinero;
      no se deja manipular por el medio ambiente, por personas o instituciones;
      tiene en cuenta las opiniones de los otros y procura el consenso, sabe trabajar
       en equipo y logra la sinergia en los diferentes frentes del trabajo evangelizador;
      tiene capacidad de analizar los problemas que aquejan a la comunidad y buscar
       los caminos de solución;
      ha aprendido a hacer de los fracasos oportunidades para crecer personal y
       comunitariamente.

DIMENSIÓN ESPIRITUAL

      El candidato al sacramento del Orden ha hecho suyas las virtudes y actitudes de
       Jesucristo, Buen Pastor, quien da la vida por su ovejas;
      ha hecho de la espiritualidad de comunión el fuego que aviva toda su vida;
      ora con y por la comunidad donde está inserto y se siente responsable de la
       oración de intercesión por su comunidad;
      ha alcanzado un espíritu de oración mediante momentos fuertes y prolongados
       de oración que le permite orar sin interrupción y hacer de su trabajo pastoral
       una verdadera oración;




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      reza con la Iglesia universal la Liturgia de las horas, y la ha convertido en
       alimento de su oración personal y comunitaria;
      vive la castidad con alegría y como donación esponsal a Cristo y a la Iglesia;
      entiende y asume la obediencia en sus dimensiones jerárquica, comunitaria y
       pastoral, y la concreta en una total disponibilidad para el servicio de la
       Arquidiócesis donde se le envíe;
      ha alcanzado un profundo espíritu de pobreza que lo lleva a poner todo lo que
       es, lo que puede y lo que tiene al servicio de la Iglesia en la tarea de la
       evangelización;
      ha asumido los valores propios del Evangelio como base indispensable para el
       ejercicio de su ministerio y da testimonio claro de ellos en su vida personal y
       comunitaria;
      hace de la experiencia del diaconado una práctica de humildad y servicio;
      vive la caridad con espíritu de solidaridad y de comunicación de bienes;
      ha reajustado en compañía de su director espiritual y de su director de grupo de
       vida, su proyecto personal de vida para orientarlo a la formación permanente.


DIMENSIÓN INTELECTUAL


El candidato al sacramento del Orden

      ha logrado -por medio de las síntesis de Sagrada Escritura, dogma, moral y
       liturgia- una asimilación profunda de la enseñanza de la Iglesia y la ha asumido
       como norma y alimento de su propio pensamiento;
      ha alcanzado una asimilación teórica y práctica de la metodología prospectiva,
       del proyecto diocesano de renovación y evangelización (PDR/E) y del Plan global
       arquidiocesano de nueva evangelización y lo ha asumido como directriz
       fundamental del ejercicio de su ministerio;
      conoce y ha hecho suyas las normas pastorales de la Arquidiócesis en lo
       pertinente a la vida de los presbíteros, del ejercicio del ministerio sacerdotal y
       de la administración de los bienes eclesiásticos;
      ha adquirido una estructura mental básica que le permite afrontar las principales
       cuestiones que se plantean hoy y continuar una formación permanente de
       continua actualización;
      ha creado los hábitos de lectura, investigación, reflexión, diálogos, para una
       actualización continua en su formación intelectual.




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DIMENSIÓN PASTORAL

El candidato al sacramento del Orden:

       es capaz de implementar todos los aspectos del Plan global arquidiocesano de
        nueva evangelización;
       es consciente de las implicaciones sociales de la evangelización y sabe trabajar
        con los constructores de la sociedad, incluso con los no pertenecientes a la
        Iglesia católica;
       ha alcanzado capacidad de trabajar en equipo con todos los agentes de
        evangelización para llevar a cabo la actividad pastoral;
       es solícito y responsable en el trabajo pastoral que se le ha confiado;
       pone sus carismas y dones al servicio de la evangelización en plena comunión
        con la Arquidiócesis.


5. METODOLOGÍA

DIMENSIÓN HUMANA

o   El candidato al sacramento del Orden muestra una gran sensibilidad frente a la
    situación social del mundo, de Colombia, del Departamento del Atlántico y de la
    comunidad parroquial en la que ejerce su servicio. Esto se realiza:
     Con la vivencia de la realidad en su contacto permanente con la comunidad
        parroquial en la que vive y se forma.
     En el encuentro frecuente con las familias de la comunidad parroquial y su
        dialogo personal.
     En el encuentro diario con los fieles, muy especialmente en el espacio del
        despacho parroquial.
     En la lectura diaria de los periódicos y revistas que se interesan por la realidad
        nacional y el uso de los medios de comunicación para estar enterados de
        acontecer nacional y local.
     Con la visita frecuente a los ancianos y enfermos de la comunidad parroquial.
     Participando en organización de la pastoral de la solidaridad parroquial.

o   Aprende a dialogar desde su posición en la Iglesia con los líderes políticos y cívicos
    para lograr una cooperación efectiva en la transformación de la sociedad. Esto lo
    logra con:
     La participación en los momentos en que la comunidad eclesial se encuentra con
       los líderes políticos y cívicos.




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       El conocimiento del manejo de las diferentes juntas de acción comunal e
        interactuando con los líderes de los barrios del territorio parroquial.
       El acercamiento a las autoridades civiles y de policía que tienen a su cargo el
        territorio parroquial.

o   Clarifica y asume el compromiso social del cristiano y del presbítero al interior de la
    Iglesia a través de:
     El Estudio de la doctrina social de la Iglesia.
     La participación en las iniciativas parroquiales que tienen incidencia en el
        aspecto social.
     La colaboración en la elaboración y organización de proyectos de incidencia en la
        comunidad parroquial.

o   Conoce las carencias de la comunidad eclesial y procura darles una respuesta desde
    su grado de formación. Esto lo concreta en su proceso de formación:
     Con el conocimiento de la metodología propia del proceso pastoral
       arquidiocesano del PDR/E.
     A través de su participación en los procesos de planificación y programación,
       como también evaluación parroquial.
     En el acompañamiento frecuente a los sectores parroquiales en su vida pastoral.
     Con la asesoría pastoral en los niveles específicos de la evangelización (niños,
       jóvenes, adultos mayores, docentes entre otros).

o   Ha contribuido a potenciar cambios significativos en la comunidad por medio de su
    trabajo en las estructuras parroquiales existentes:
     A través de su participación en el equipo de animación parroquial (ECAP).
     Con el acompañamiento a los equipos organizados de las estructuras pastorales.
     La organización y participación en los encuentros formativos que ayuden en los
       procesos de las estructuras pastorales.
     En la visita frecuente a los sectores y los diferentes comités parroquiales.

o   Se esmera por servir a los necesitados y humildes de la comunidad:
     Con la visita semanal a los enfermos con el resto de los miembros de la pastoral
       de la salud.
     Atento a las personas que se acercan a la parroquia y necesitan ser escuchados.
     Con el ejercicio de acompañamiento espiritual a algunos miembros de la
       comunidad parroquial que lo necesiten.
     Asesorando a los diferentes equipos que tienen incidencia en la animación
       pastoral de la población necesitada.

o   Ahonda permanentemente          en la    realidad humana,     espiritual, social de    la
    comunidad:




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       Con la visita frecuente a los sectores y las familias de la comunidad parroquial.
       A través del acercamiento a la realidad de las familias y miembros en general de
        la comunidad parroquial.
       Con el diálogo frecuente de los dirigentes que tienen incidencia en la vida de la
        comunidad parroquial.
       Con la participación en el instituto de formación para laicos que tiene sede en la
        parroquia, pues cuenta con un espacio de reflexión a este nivel de primera
        mano.
       Con su participación en las reuniones de presbiterio que permiten tener una
        visión global de la realidad de la comunidad arquidiocesana.

o   Pone al servicio de la comunidad los dones y carismas que posee:
     Con la participación en la vida parroquial y los encargos específicos que se le
       dan (administración de la casa, despacho parroquial, administración del Instituto
       de teología para laicos), como también en la responsabilidad específica en los
       equipos parroquiales donde cada uno aporta sus conocimientos y capacidades.
     Con la participación en la comisiones arquidiocesanas de los diferentes niveles
       de la evangelización.

o   Alcanza una madurez humana suficiente para asumir con responsabilidad y acierto
    todas las dimensiones del ministerio sacerdotal y en especial el celibato con sus
    implicaciones de castidad, pobreza y obediencia. Esto lo logra en diálogo con su
    director espiritual y con el apoyo del testimonio sacerdotal que descubre en sus
    futuros hermanos presbíteros.
o   Muestra una gran claridad y destreza en la administración de los bienes y recursos
    que se le han confiado, sabe llevar una adecuada contabilidad parroquial y es
    consciente de las prioridades en el gasto del dinero. Los medios con los que cuenta
    son:
     La clase de administración parroquial durante un semestre en el Seminario
        Mayor.
     La responsabilidad bimestral que tiene de la administración parroquial.
     Con la participación en los encuentros arquidiocesanos para la formación en este
        aspecto que brinda la Vicaría de Finanzas.
     Con el acompañamiento del párroco en el manejo de la administración
        parroquial.
     Con la asesoría de personas especializadas en el manejo contable y fiscal.

o   No se deja manipular por el medio ambiente, por personas o instituciones pues la
    interacción permanente con las personas en la vida parroquial le brinda ciertos
    criterios para saber tratar estas situaciones.




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o   Tiene en cuenta las opiniones de los otros y procura el consenso, sabe trabajar en
    equipo y logra la sinergia en los diferentes frentes del trabajo evangelizador. Esto
    lo logra participando en los comités parroquiales acompañándolos, al igual que en
    las comisiones arquidiocesanas con el trabajo específico de cada una de ellas.

o   Tiene capacidad de analizar los problemas que aquejan a la comunidad y buscar los
    caminos de solución con el acercamiento a la realidad parroquial, el diálogo
    frecuente con los fieles y acompañamiento de las personas que están trabajando en
    la construcción del tejido social.

o   Ha aprendido a hacer de los fracasos oportunidades para crecer personal y
    comunitariamente.

DIMENSIÓN ESPIRITUAL

o   El candidato al sacramento del Orden ha hecho suyas las virtudes y actitudes de
    Jesucristo, Buen Pastor, quien da la vida por su ovejas a través de las herramientas
    que le ha brindado toda su formación humana, espiritual, intelectual y pastoral
    durante todo su proceso formativo y que ahora en el espacio parroquial se
    potencian con sus nuevas responsabilidades y cercanía con la misma comunidad
    parroquial.

o   Ha hecho de la espiritualidad de comunión su motor de vida a través de:
     La vivencia diaria de comunidad en la parroquia-casa formación.
     La participación en los encuentros espirituales previstos por el Seminario Mayor.
     La interacción con los presbíteros de la Arquidiócesis de Barranquilla.
     La oración diaria en grupo de vida.
     Los encuentros fraternos que se programan en la parroquia-casa de formación.
     La corrección fraterna según el modelo del evangelio.

o   Ora con y por la comunidad donde está inserto y se siente responsable de la
    oración de intercesión por su comunidad y alcanza un espíritu de oración mediante
    momentos fuertes y prolongados de oración que le permite orar sin interrupción y
    hacer de su trabajo pastoral una verdadera oración. Lo logra con:
     La oración diaria como grupo de vida de la liturgia de las horas.
     La celebración diaria de la eucaristía.
     La visita frecuente del Santísimo Sacramento.
     La participación en los retiros mensuales programados en el Seminario Mayor
       con toda la comunidad formativa.
     La participación de los momentos fuertes de la vida parroquial (Semana Santa,
       Mes de la parroquia, Navidad) y los retiros espirituales parroquiales.




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o   Reza con la Iglesia universal la Liturgia de las horas, y la ha convertido en alimento
    de su oración personal y comunitaria.
o   Vive la castidad con alegría y como donación esponsal a Cristo y a la Iglesia. Se
    concreta en:
     El manejo de las relaciones permanentes que establece con los miembros de la
       comunidad parroquial.
     El respeto y buen trato con la mujer en los diferentes espacios donde ellas están
       presentes.
     La entrega generosa en todas las responsabilidades pastorales encomendadas.

o   Entiende y asume la obediencia en sus dimensiones jerárquica, comunitaria y
    pastoral, y la concreta en una total disponibilidad para el servicio de la
    Arquidiócesis donde se le envíe. Se logra esto:
     Asumiendo las responsabilidades que el párroco le encomienda en la parroquia-
       casa de formación con alegría y eficacia.
     Asumiendo las responsabilidades que a nivel arquidiocesano se le encomiendan.
     Con la disposición en los diferentes oficios y menesteres de la casa parroquial.
     Con encuentros frecuentes con el señor Obispo en los cuales se dialoga sobre el
       proceso formativo y su las necesidades pastorales de la Iglesia particular.
     Con el diálogo cercano y amable con los formadores del Seminario Mayor.
     En el encuentro mensual que el presbiterio tiene.

o   Ha alcanzado un profundo espíritu de pobreza que lo lleva a poner todo lo que es,
    lo que puede y lo que tiene al servicio de la Iglesia en la tarea de la evangelización.
    Para esto cuenta con:
     La vivencia diaria de la realidad parroquial que refleja las necesidades de la
        Iglesia y la comunidad parroquial.
     El diálogo frecuente con el párroco-formador que manifiesta las necesidades que
        se viven en la administración parroquial.
     El espacio parroquial que debe querer, cuidar y ayudar en su mantenimiento.
     El aporte que mensualmente debe hacer para el sostenimiento del Seminario
        Mayor que le ayuda a ser responsable en la administración de los bienes.

o   Ha asumido los valores propios del Evangelio como base indispensable para el
    ejercicio de su ministerio y da testimonio claro de ellos en su vida personal y
    comunitaria; lo logra gracias a:
     La lectura diaria orante de la Palabra de Dios.
     La vivencia de los valores que mensualmente la Arquidiócesis de Barranquilla
       está invitando a asumir.
     La vida fraterna en la parroquia-casa de formación.
     Su participación y conocimiento de todos los procesos parroquiales.




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o   Hace de la experiencia del diaconado una práctica de humildad y servicio;

o   Vive la caridad con espíritu de solidaridad y de comunicación de bienes:
     Al compartir con sus compañeros de grupo de vida y el párroco la vida diaria de
       la parroquia-casa de formación.
     Al brindarse el apoyo mutuo en los diferentes espacios formativos como grupo
       de vida.
     Colaborando en las diferentes actividades que procuran el embellecimiento de la
       casa cural y la parroquia.

o   Adecua en compañía de su director espiritual y de su director de grupo de vida, su
    proyecto personal de vida para orientarlo a la formación permanente. En el último
    año, con la ayuda del director espiritual y conociendo un poco más la realidad
    arquidiocesana, realiza una revisión general de su proyecto de vida y lo enriquece
    con la experiencia que vive en la comunidad parroquial de tiempo completo.

DIMENSIÓN INTELECTUAL

El candidato al sacramento del Orden
o Logra una asimilación profunda de la enseñanza de la Iglesia y la ha asumido como
    norma y alimento de su propio pensamiento a través de:
     Las síntesis de Sagrada Escritura, dogma, moral y liturgia que realiza durante el
       este último año de formación inicial.
     La lectura de los últimos documentos del Magisterio de la Iglesia.
     El estudio de la administración parroquial y derecho laboral.
     La oportunidad de la enseñanza en el Instituto de Formación teológica para
       laicos que le anima a la formación permanente.
     El uso de la Internet y la consulta de sitios de interés católico.

o   Alcanza una asimilación teórica y práctica de la metodología prospectiva, del
    proyecto diocesano de renovación y evangelización (PDR/E) y del Plan global
    arquidiocesano de nueva evangelización y lo ha asumido como directriz
    fundamental del ejercicio de su ministerio:
     A través de la confrontación de la teoría con la vivencia cercana de todo el
       proceso ya que vivir en la parroquia-casa de formación brinda esta oportunidad
       de manera permanente.
     Con la participación de los encuentros diocesanos en los diferentes niveles de
       evangelización.
     Con la participación mensual en las reuniones de presbiterio.
     Con el diálogo con los presbíteros diocesanos que ahora es más fácil de
       concretar.
     Con la participación en la planificación, programación y evaluación parroquial.




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PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
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       con la participación en las comisiones diocesanas que lo requieran.
       Con el acompañamiento a los sectores de las células pastoral y los equipos de
        animación respectivos.

o   Conoce y ha hecho suyas las normas pastorales de la Arquidiócesis en lo pertinente
    a la vida de los presbíteros, del ejercicio del ministerio sacerdotal y de la
    administración de los bienes eclesiásticos:
     A través del estudio de las normas pastorales que se han previsto para la vida
      arquidiocesana.
     Siguiendo las indicaciones pertinentes del párroco-formador en diálogo
      formativo como grupo de vida.
     Con la puesta en marcha de las indicaciones que mensualmente se reciben en la
      reunión de presbiterio.

o   Adquiere una estructura mental básica que le permite afrontar las principales
    cuestiones que se plantean hoy y continuar una formación permanente de continua
    actualización; esto es posible gracias a:
     Los espacios para el estudio personal y comunitario previsto en la programación
       del grupo de vida.
     La participación en las jornadas de formación del presbiterio (dos al año).
     La continuación de los estudios eclesiásticos que brinda el Seminario durante
       este año.
     Los encuentros previstos en el Seminario para la formación y actualización
       teológica-pastoral.
     Al compromiso con las diferentes estructuras pastorales que les exigen estar
       capacitándose de manera permanente.
     El acompañamiento del presbiterio en la formación permanente.
     La invitación a colaborar con la formación de los agentes de pastoral en los
       diferentes niveles de evangelización.

o   Ha creado los hábitos de lectura, investigación, reflexión, diálogos, para una
    actualización continua en su formación intelectual.


DIMENSIÓN PASTORAL

El candidato al sacramento del Orden:
o Es capaz de implementar todos los aspectos del Plan global arquidiocesano de
    nueva evangelización gracias a:
     Que vive en una parroquia-casa de formación y así logra un contacto real y
      permanente con la tarea evangelizadora de la Iglesia particular.




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       Participa en la vida parroquial en su sentido pleno (todos los días y no sólo los
        fines de semana como los otros tiempos formativos).
       Se involucra en la vida pastoral de la parroquia animando y acompañando los
        procesos pastorales en los sectores y los equipos de animación pastoral.
       La participación en las reuniones de presbiterio que les permite tener una visión
        global del proceso y las necesidades más urgentes de la Iglesia particular.
       Su participación en las comisiones arquidiocesanas.
       Las responsabilidades que son encomendadas en la vida pastoral de la
        parroquia-casa de formación.
       El diálogo permanente con el párroco-formador que va orientando la vida
        pastoral de la comunidad parroquial y el desempeño de los formandos.

o   Es consciente de las implicaciones sociales de la evangelización y sabe trabajar con
    los constructores de la sociedad, incluso con los no pertenecientes a la Iglesia
    católica; lo logra:
     Por su constante vinculación con la vida parroquial y el desempeño de los
       compromisos parroquiales que se le asignan.
     Con su diálogo cercano y reflexivo con los miembros de la comunidad
       parroquial.
     A través del encuentro frecuente con los líderes que van generando el proceso
       de organización social y gobierno del municipio donde se encuentra la parroquia.
     Por el estimulo desde ya de lo que debe ser la “gestión” del párroco en los
       estamentos sociales.

o   Ha alcanzado capacidad de trabajar en equipo con             todos los agentes de
    evangelización para llevar a cabo la actividad pastoral. Este lo consigue:
     Con la integración que se logra como grupo de vida y la presencia del párroco
      que ayuda en este proceso.
     Con la participación en la planificación y programación parroquial.
     Con la puesta en marcha de las diferentes acciones que a nivel pastoral se
      realizan y exigen el trabajo en equipo.
     Con su participación en las comisiones arquidiocesanas.
     Con la participación no sólo como oyentes, sino también como protagonistas en
      las reuniones de presbiterio.
     Con la necesidad de establecer procesos pastorales a nivel de decanatos y
      vicarías.

o   Es solícito y responsable en el trabajo pastoral que se le ha confiado, ya que:
     Cuenta con la organización de su proyecto de vida en el que ha plasmado sus
       responsabilidades y la manera de asumirlas.
     Conoce el proceso de evangelización implementado en la Iglesia particular.
     Conoce la planificación y programación parroquial.




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       Cuenta con las herramientas que su formación a lo largo de los años le ha
        brindado, especialmente en experiencia y conveniencia.
       Vive su experiencia pastoral más en tónica de acompañamiento y aprendizaje
        pastoral y no como ejecutor de las acciones.
       Hay revisión del proceso pastoral semanalmente para ir ajustando las
        responsabilidades.

o   Pone sus carismas y dones al servicio de la evangelización en plena comunión con
    la Arquidiócesis. Esto lo logra gracias a que:
     La vida en la parroquia le permite tomar conciencia de la realidad de la Iglesia
       particular y sus necesidades.
     Participa en la vida diocesana de una manera más cercana y no desde la
       estructura formativa del Seminario.
     Conoce desde la base el proceso pastoral de la Iglesia particular.
     Está vinculado a las comisiones y a algunas responsabilidades al nivel diocesano.
     Se mantiene informado a través de los organismos de información diocesanos
       de los avances del proceso evangelizador.
     Se siente involucrado de manera más cercana y directa con el proceso
       evangelizador.
     Ha hecho un acercamiento consciente de la realidad parroquial y está
       involucrado en la vida parroquial.

ORDEN DEL DIACONADO Y DEL PRESBITERADO

A finales del mes de agosto, presentada al Arzobispo la carta de petición por
parte del candidato, se realizan los escrutinios organizados por el equipo de los
formadores para que el candidato reciba el sacramento del diaconado. Para
este escrutinio se tiene en cuenta a las comunidades de origen con su párroco,
las comunidades donde ha trabajado pastoralmente con sus párrocos, los
alumnos del seminario y el equipo de formadores. El rector pasa al Arzobispo el
resultado del escrutinio para que éste convoque la junta de órdenes ad hoc. El
Arzobispo expide el decreto de admisión al sacramento en el Orden del
diaconado y le comunica a cada uno de los candidatos la decisión por medio de
una carta. El diaconado se recibe a mediados de septiembre para que la
práctica de este ministerio pueda ser ejercida en alguna unidad pastoral
diferente a aquellas en donde ya ha trabajado el diácono.

Cuando el Arzobispo lo crea conveniente, se repite el escrutinio para la
recepción del orden en el grado de presbítero.




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                           “El principio interior, la virtud que anima y guía la vida del presbítero
                                  en cuanto configurado con Cristo Cabeza y Pastor es la caridad
                          pastoral, participación de la misma caridad pastoral de Jesucristo: don
                              gratuito del Espíritu Santo y al mismo tiempo deber y llamada a la
                                                      respuesta libre y responsable del presbítero.”

                                                                            Juan Pablo II. PDV147
                                                                                               23
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
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SENTIDO GENERAL DEL PROYECTO DE VIDA
El Proyecto personal de vida busca llevar al alumno del Seminario Mayor de la
Arquidiócesis de Barranquilla a adquirir un dominio de sus decisiones y, por lo tanto,
de su vida para poder alcanzar su realización personal en forma responsable y
creativa, como donación y servicio a Dios, a la Iglesia, a la sociedad y a la
naturaleza.

Este proyecto personal de vida se enmarca en el Proyecto formativo del Seminario
Mayor de Barranquilla y en el Plan global arquidiocesano de nueva evangelización
de la Arquidiócesis de Barranquilla.

El proyecto personal de vida es una herramienta que acompaña al alumno del
Seminario Mayor a lo largo de todo el proceso de formación inicial y que, después de
la ordenación presbiteral, debe continuar marcando el proceso de formación
permanente. Por esta razón:
    El alumno, al iniciar el año propedéutico o segunda fase de la etapa previa del
      proceso de formación, ayudado por el director de grupo, hace un esbozo
      general de su proyecto personal de vida, que le sirve como base fundamental
      para todo el proceso de formación a lo largo de los años.
    Durante la primera etapa (ciclo filosófico), con la ayuda de su director espiritual
      y de su correspondiente director de grupo, hace una profundización del modelo
      de situación (primero de filosofía), del modelo ideal (segundo de filosofía) y del
      modelo de diagnóstico (tercero de filosofía).
    Durante la segunda etapa (ciclo teológico), con la ayuda de su director
      espiritual y de su correspondiente director de grupo, hace una profundización
      del modelo operativo (primero, segundo y tercero de teología).
    Durante el cuarto año de teología, hace una evaluación general del proyecto y lo
      reajusta para que le sirva de base para su formación permanente durante los
      primeros cinco años de ministerio presbiteral.




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CRITERIOS DEL PROYECTO
Los siguientes criterios orientan este diseño del Proyecto personal de vida.

Mucho hace el que hace poco pero hace lo que tiene que hacer; poco hace
el que hace mucho pero no hace lo que tiene que hacer.

Un objetivo claro.- Para elaborar el Proyecto personal de vida se trabaja en función
de un objetivo o modelo ideal. El ideal, sin embargo, no es el de hacer más cosas ni
hacer mejor las que estoy realizando, sino de discernir la voluntad del Señor sobre mí
y encontrar todos los elementos de crecimiento que necesito para llegar a ser “el
hombre perfecto en Cristo” y, así, poner en orden mi vida para poder responder con
mayor generosidad al designio de Dios sobre mí.
Nadie debe hacer lo más perfecto, lo mejor, ni siquiera lo que cree que
más sirve a Dios, sino lo que Dios quiere de él.

Un objetivo propio.- Para encontrar esa meta ideal no basta con preguntarme cuáles
son mis aspiraciones o mis funciones más importantes en la comunidad. Se trata de
plantearme la pregunta ¿cuál es el llamado específico que Dios me hace a mí
personalmente y cómo puedo responder a él?

Los que sobreviven no son los más inteligentes, ni los mejor nutridos,
sino quienes tienen razón para vivir (Víctor Frankl).

Un objetivo como fuerza de motivación y concentración.- Busco un ideal valioso
y claramente delimitado que le dé a mi vida una motivación y una orientación; me
permita poner en juego todas mis fuerzas y capacidades; me lleve a enfrentar con
alegría y decisión las dificultades y problemas que se me presentan; y oriente toda mi
vida en una dirección clara e integrada.

Para llegar a un fin hay que dirigir todos los pasos hacia él…
Cuando un hombre no sabe a qué puerto se dirige, ningún viento es
propicio.

Un plan que centra mis acciones y orienta mi vida a ese objetivo.- Busco una
meta clara para lograr un plan de acción determinado que integre las decisiones y
acciones que debo realizar cada día en la dirección en que quiero avanzar; me permita
analizar las oportunidades que se me presentan y seleccionar aquellas que coinciden
con la orientación elegida y me lleve a desarrollar acciones específicas en la dirección




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propuesta, de forma que no me quede en el remolino de responder a las exigencias
que la vida cotidiana, las personas y las circunstancias me plantean cada día.

Constituye un puro gozo llegar al fin a algo en lo que se cree.

Una meta para mi realización personal.- El resultado de unas metas claras y un
plan definido es el camino de la realización personal y la satisfacción de estar
caminando en la dirección correcta, estar construyendo sistemáticamente aquello que
me he propuesto, lograr que mis compromisos diarios y mis aspiraciones puedan
coincidir y de esa forma impulsarme en una dirección clara y definida. Así puedo
conjugar lo que tengo que hacer en mi vida cotidiana y aquello que corresponde
específicamente a mis aspiraciones y mi vocación. Estamos en la vida para trabajar
disfrutando lo que hacemos.

METODOLOGÍA DE TRABAJO
Para este proyecto se ha escogido la metodología prospectiva que es la opción que la
Arquidiócesis de Barranquilla ha hecho para su trabajo pastoral.

La metodología prospectiva consiste en situarse mentalmente en el futuro por medio
de un acto de anticipación, pero no en cualquier futuro meramente posible sino en el
futuro deseable para, desde allí, reflexionar sobre el presente, actuando sobre él, de
tal modo que se pueda ordenar y acelerar el proceso de cambio y conducirlo hacia ese
futuro al que se aspira.

La metodología del taller se desarrolla en cuatro pasos, de los cuales presentamos una
visión de conjunto, partiendo de un ejemplo tomado del campo de la construcción:

Elaboración del MODELO DE SITUACIÓN

Construcción: Al emprender la construcción de una obra analizo lo que tengo y lo que
aspiro a obtener; reviso los recursos de que dispongo para hacer la construcción; me
doy cuenta de los obstáculos que puede presentar el mismo terreno (rocas, aguas
subterráneas, declives…) así como las dificultades que puedan presentarse para hacer
la construcción.

Proyecto personal de vida: Busco conocer mi realidad tal como ella aparece hoy y
desde su perspectiva histórica, teniendo en cuenta los diversos aspectos que
conforman mi personalidad y la realidad de mi propia vida; descubro las circunstancias
externas que pueden generar dificultades o que me abren nuevos horizontes; me hago




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consciente de las comunidades a las que pertenezco, de su situación y de mi
responsabilidad en ellas.

Elaboración del MODELO IDEAL

Construcción: Determino el tipo de construcción que quiero realizar. A partir de esto
elaboro primero el concepto fundamental y luego la maqueta del edificio que se quiere
construir, de forma que responda a las necesidades y a las aspiraciones que se tienen.

Proyecto personal de vida: Descubro el ideal que me siento llamado a realizar (idea
fuerza); explicito los diversos elementos que lo componen, de modo que exprese el
modelo que va a orientar mi vida, presentado de forma que me motive al trabajo y me
haga capaz de enfrentar las dificultades que se presenten.

Elaboración del MODELO DE DIAGNÓSTICO

Construcción: De acuerdo con el modelo establecido analizo con qué elementos y
apoyos cuento y qué obstáculos se pueden presentar para la construcción que quiero
lograr.

Proyecto personal de vida: Retomo la realidad de mi vida actual, buscando precisar en
qué forma sus diversos elementos me pueden facilitar la consecución de mi ideal o
pueden constituirse en un obstáculo para la consecución del mismo.

Elaboración del MODELO OPERATIVO

Construcción: Proyecto construir el edificio a lo largo de etapas progresivas, fijando los
tiempos y los recursos necesarios.

Proyecto personal de vida:
Planeación y planificación: Concreto la forma de llevar a efecto el ideal (vocación) en
sus grandes etapas fijando las metas correspondientes a cada etapa.
Programación: Concreto y preciso la forma de realizar la parte de la meta
correspondiente al primer año, determinando las acciones que debo realizar.




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ELABORACIÓN DEL PROYECTO PERSONAL DE VIDA

EL MODELO DE SITUACIÓN: ¿QUIÉN SOY YO?

El primer paso en el trabajo es hacerme consciente lo más sincera y profundamente de
mi realidad actual. El hacerlo por escrito es una ayuda que me va a permitir
desenredar e hilvanar muchas realidades que tengo dentro de mí mismo, de mi vida
actual y de mi vida pasada, conocer y expresar mis sentimientos, poder luego
comparar lo que llevo escrito y los nuevos elementos que van surgiendo.

1. MI HISTORIA PERSONAL

Sentido: Mi proyecto de realización personal tiene que partir de lo que yo soy en este
momento, tanto en mi forma de ser, como en la situación en que me encuentro. Para
comprender mejor mi realidad actual es fundamental hacerme consciente de aquellos
hechos o situaciones del pasado que fueron relevantes para mí y que ejercen una
influencia en mi vida hoy. Entre ellos también los hechos o situaciones problemáticos o
dolorosos que quizá todavía me siguen afectando. Es importante asumir mi pasado en
su conjunto, ya que ello es lo que ha ido construyendo la persona que soy
actualmente.

Iluminación: Hechos 26, 4 – 23: Pablo hace un recuento sobre el camino de su vida,
que le permite explicar lo que es actualmente y cómo llegó a su forma de pensar y
actuar en ese momento.
Guía de elaboración: Hago un recuento de los hechos del pasado que han sido
importantes para mí y por medio de ellos voy observando la forma como he ido
evolucionando a lo largo de los años. Se trata de hacerme consciente de mi vida y de
los momentos que han significado cambios en mi forma de ser. No tengo temor de
recordar hechos que han sido especialmente valiosos o especialmente dolorosos,
situaciones vividas con otras personas, circunstancias que ayudaron o que
obstaculizaron la realización de mi propia vida.
Trato de comprender lo que esos hechos significaron para mí y expresar cómo me
sentí en esas situaciones. Trato de expresarme a mí mismo cómo me siento ahora al
traer a mi mente esos recuerdos. Este proceso lo realizo porque no es suficiente saber
y recordar las cosas, es preciso saber cómo me siento ante esto.

2. MI PRESENTE




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Sentido: Se trata de hacerme consciente de lo que constituye mi vida hoy, en este
presente que estoy viviendo y de mi actitud y de mis sentimientos ante la vida que
tengo ahora, ante mi forma de ser, mis capacidades, mis limitaciones, ante las
personas y circunstancias que me rodean. También debo hacerme consciente de cuáles
son mis inquietudes y anhelos, mis expectativas en la vida, y en qué medida ellas son
para mí un impulso o un obstáculo para mi realización personal.

2.1. Mi individualidad

Sentido: Se trata de considerarme a mí mismo como individuo, en mi realidad
personal.

Iluminación: Salmo 139, 1-18.23-24 Sólo el Señor conoce lo más profundo del
corazón humano y él da al hombre la capacidad de conocerse a sí mismo

Guía de elaboración

Mi situación actual: Describo los aspectos principales de cómo soy, y expreso cómo me
siento actualmente.

      ¿Cuáles aspectos o elementos de mi vida actual considero más importantes para
       mí? ¿Qué es lo que hoy me hace feliz?
      ¿Qué dificultades principales encuentro para vivir en plenitud mi propia vida?
       ¿Qué es lo que hoy me impide ser feliz?
      ¿Qué aspectos de mi forma de ser considero que me ayudan y cuáles me
       obstaculizan para mi realización personal?
      ¿Cuáles elementos de mi estado de vida favorecen u obstaculizan mi realización
       personal?

Mi situación ante el futuro: Expreso cuáles son mis expectativas y aspiraciones, ya que
mi Proyecto personal de vida busca dinamizar estas expectativas y aspiraciones y
ordenarlas según el plan de Dios sobre mi vida.

      ¿Cuáles son mis principales anhelos? ¿Qué deseo hacer, tener, llegar a ser?
      ¿Cómo aspiro a que sea mi vida en el futuro? ¿Qué clase de persona deseo ser?
      ¿Qué deseo lograr en el campo de mi realización humano-afectiva, profesional,
       espiritual, apostólica?
      ¿En qué medida estas aspiraciones me motivan y me orientan para dar sentido a
       mi vida?
      ¿Qué sentimientos tengo (temores, inseguridades) frente a mi futuro?




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      ¿Qué apegos o dependencias me frenan para esa realización más plena de lo
       que siento que estoy llamado a ser?

Mis capacidades y mis limitaciones: Me fijo en las cualidades tanto en el aspecto físico
como intelectual y moral, en las capacidades que tengo, en los hábitos adquiridos.
Analizo mis debilidades y limitaciones, mis carencias y fallas, los malos hábitos
adquiridos.

      ¿Qué cualidades físicas, intelectuales, espirituales poseo?
      ¿De qué forma estas cualidades me están ayudando para mi realización
       personal?
      ¿En mi forma de ser qué aspectos me ayudan a mi desarrollo humano y
       espiritual?
      ¿Qué uso hago de mis capacidades: las reconozco, las desarrollo, me dan
       sentido de superioridad ante los otros?
      ¿Cuáles son mis limitaciones (físicas, intelectuales, morales, espirituales)?
       ¿Cómo me siento frente a ellas?
      ¿Cuáles son mis hábitos adquiridos? ¿cuáles me impulsan y cuáles me retienen
       para mi realización?

Las oportunidades y las amenazas: Me hago consciente de aquellas situaciones que se
dan actualmente y que, sin depender directamente de mí, influyen en mi vida y en mi
forma de ser y que significan posibilidades y oportunidades o constituyen obstáculos
para mi realización personal: circunstancias de mi vida.

      ¿Qué personas o grupos influyen en mi vida? ¿cuál es el influjo que ejercen en
       mí?
      ¿Cómo actúo ante esas influencias?
      ¿Qué situaciones o circunstancias están actualmente influyendo en mi vida?
       ¿cuál es el influjo que ejercen? ¿Cómo actúo ante esas influencias?
      ¿Cuáles son las oportunidades y las amenazas que surgen del medio en el cual
       vivo y actúo?

2.2. Mis relaciones de comunión
Sentido: Después de hacerme consciente de mi identidad como individuo, necesito
analizar la forma como me relaciono con las demás personas, ya que no puedo
realizar mi vida aislado y al margen de los demás. Yo pertenezco a varias
comunidades, que forman parte necesaria de mi proceso de realización.
Tomo como referencia para las relaciones de comunión el modelo de la familia y el tipo
de relaciones que en ella se dan, ya que se trata de una comunidad cuyo interés y
razón de ser es la relación amorosa y desinteresada entre sus componentes. Es




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importante, además, tener en cuenta que la experiencia que he tenido en estas
relaciones familiares influye significativamente en la forma como percibo y vivo estas
relaciones a lo largo de la vida.


Iluminación
1Cor 13,1-13: El amor es lo que da el sentido definitivo a lo que yo soy y hago en la
vida.

2.2.1. Paternidad

Paternidad – Maternidad: (ser principio de vida y de amor)
     dar nueva vida, fecundidad en sus diversas expresiones
     acompañar y orientar la vida que crece
     experiencias de amor originario y gratuito.

Sentido: Se refiere a mi capacidad o incapacidad de afirmar mi propia personalidad y
de ejercer liderazgo; de ser principio de vida, amor y fuerza para otros; de ejercer la
dirección o la autoridad respecto a una persona o un grupo.

Iluminación: Gal 4,19; 1 Cor 4,15 Pablo es consciente de que su relación con los
fieles es la de un padre para con sus hijos.
Guía de elaboración
      ¿Cuál es mi situación en cuanto a seguridad personal, maduración, capacidad de
       entrega?
      ¿qué capacidad tengo para expresar y hacer valer mis ideas?
      ¿tengo capacidad de liderazgo que une firmeza y comprensión, relaciones
       funcionales y personales, don de gentes y capacidad de persuasión?
      ¿cómo influye en mi forma de ejercer la autoridad la manera como lo hacían mis
       padres en la familia?
      ¿sé actuar con serenidad y decisión en las situaciones difíciles?
      ¿tengo oscilaciones o alteraciones en el carácter y en la forma de trato con las
       personas que generen inseguridad en los otros?
      ¿busco evadir las responsabilidades por timidez o inseguridad o por falta de
       seriedad en el compromiso?
      ¿tengo dificultad para ejercer una función de dirección por falta de claridad en
       los objetivos, falta de visión de la realidad, inseguridad en la toma de
       decisiones, falta de entusiasmo o de creatividad?
      ¿en los equipos de vida o de trabajo aporto creativamente para el crecimiento
       de todos?




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      ¿tengo actitudes de imposición en la autoridad o falta de respeto a la dignidad y
       la privacidad de las personas?
      ¿tengo dificultad para enfrentar y manejar los conflictos?


2.2.2. Filiación

Filiación (recibir vida y amor)
       Capacidad de recibir vida y amor y actitud alegre y agradecida con que se recibe
       aprender de otros
       vivir y actuar bajo la dirección de otra persona.

Sentido: Se refiere a mi capacidad de escuchar y aprender de los demás, de sentirme
amado por otros y tener confianza en ellos; de vivir y actuar bajo la dirección de otros
en una actitud de obediencia, afecto y confianza, pero sin generar relaciones de
dependencia; se refiere al proceso de crecer en mi personalidad y madurez.

Iluminación: Gal 4,4-5 La actitud fundamental del cristiano es la actitud de hijo
frente a Dios y frente a todos aquellos a quienes el Señor coloca como padres.


Guía para la elaboración

Mi actitud ante Dios
    ¿Cuál es mi imagen de Dios?
    ¿tengo confianza en él?
    ¿reconozco su grandeza y su amor?, ¿le expreso mi gratitud?
    ¿trato de comprender y cumplir su voluntad?
    ¿mi fe me lleva al crecimiento personal?
    ¿tengo una actitud interesada de siempre pedir y condicionar mi relación con él
       a lo que me da?
    ¿me rijo por una actitud de temor al castigo, de dependencia o de interés por el
       premio?

Mi actitud ante mis padres y superiores
    ¿Les tengo aprecio y respeto y reconozco su autoridad y experiencia?
    ¿soy receptivo ante sus palabras e indicaciones?
    ¿puedo dialogar con ellos para expresar mis conceptos y conservo una sana
       libertad ante ellos?
    ¿mi relación con ellos me ayuda a crecer en libertad y autonomía?
    ¿me olvido de ellos, los desprecio, me despreocupo de ellos?
    ¿siento temor ante ellos, me gustaría liberarme de su autoridad?




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      ¿mantengo demasiada distancia o por el contrario una dependencia exagerada y
       perjudicial?

Mi actitud ante otras personas
    ¿Estoy dispuesto a escuchar y aprender de los otros?
    ¿tengo facilidad para trabajar bajo la dirección de otra persona?
    ¿acepto con facilidad órdenes e instrucciones?
    ¿tengo una autosuficiencia que me impide aprender de los otros o me dificulta
       trabajar con la coordinación de otro?
    ¿soy muy dependiente de otras personas?
    ¿me falta libertad para expresar lo que siento en mí mismo o ante otras
       personas?

Mi actitud ante la ley y ante la autoridad
    ¿Reconozco un valor en la ley y en el orden y me inclino a cumplir lo que está
       ordenado?
    ¿me siento libre para tomar decisiones más allá de lo que está establecido?
    ¿cómo influye en mi actitud ante la autoridad la experiencia de relaciones con
       mis padres?
    ¿tiendo al anarquismo que me lleva a rechazar o ver con prejuicio lo que está
       mandado o a despreciar y rechazar lo organizativo e institucional?
    ¿tengo una actitud legalista cuyo único criterio es lo que está mandado?

2.2.3. Nupcialidad

Nupcialidad (intercambiar la vida y el amor)
     Intercambio y complementación con alguien que es distinto en su forma de ser,
     pensar y actuar
     amistad personal e íntima con alguien
     valoración del propio cuerpo y de la dimensión corporal de las relaciones entre
     las personas, que incluye la dimensión sexual.

Sentido: Se refiere a la capacidad de entablar una amistad profunda e íntima con otra
persona en el don gratuito y total que afirma la propia libertad y crea lazos definitivos
de mutua relación; a la relación de pareja para hacer de la posesión mutua un don
progresivo y libre; a la “corporeidad” en su valor e importancia en la relación con los
otros: expresiones físicas de cariño, afectividad y sexualidad.

Iluminación: Ef 5,21-33 Las relaciones de amor nupcial se iluminan con la entrega
esponsal de Cristo por la Iglesia.

Guía para la elaboración




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      ¿Cuántos amigos de verdad tengo?
      ¿qué tan profunda es mi entrega y fidelidad en la amistad?
      ¿qué experiencias significativas de amistad he tenido?
      ¿qué capacidad tengo de compartir en profundidad vivencias con un amigo/a del
       mismo sexo o del otro sexo?
      ¿qué actitud tengo ante el sexo como identidad sexual?
      ¿cómo manejo los impulsos sexuales y la atracción sexual (naturalidad,
       inhibición, concesión)?
      ¿qué capacidad tengo de expresar mis propios sentimientos?
      ¿reprimo mis sentimientos en el trato con personas de otro sexo?
      ¿qué actividad sexual he tenido o tengo en este momento?
      ¿cómo integro sexualidad y afectividad?

2.2.4. Fraternidad

Fraternidad (compartir la vida y el amor)
      Valoración de los otros como personas y como hermanos, que me lleva a
     compartir alegría y dolor en amigable convivencia (relaciones amplias).

Sentido: Se refiere a la capacidad de manejar las relaciones de igualdad y de amistad
con personas que son diferentes (género, raza, cultura, religión, costumbres, ideas…),
para que cada uno dé su aporte en actitud de aceptar al otro, valorarlo, compartir e
intercambiar; la capacidad de tener relaciones amplias con personas y grupos, de
compartir, bajo el impulso del amor y la valoración mutua, el dolor y la alegría en
plano de igualdad, en amigable convivencia con sentido de gratuidad. Se refiere
también a las dificultades para una relación horizontal con los otros, para una actitud
gratuita en mi relación con diversas personas.

Iluminación: Mt 5,21-26.38-48 El amor debe abarcar a todos.

Guía para la elaboración

Mi manera de tratar a las otras personas

      ¿Acepto y trato bien a personas que tienen distintas formas de ser y de pensar:
       personas de otras culturas o religiones o de otros grupos sociales; grupos de
       diverso nivel educativo o económico, o que tienen otras opiniones políticas o
       formas de vida; personas de diferentes orientaciones sexuales o aquellos que
       son discapacitados física o mentalmente, enfermos...?
      ¿cuál es mi capacidad de diálogo y concertación con ellos?




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      ¿tengo bondad y cortesía en el trato con todas las personas, inclusive con las
       desconocidas o que me son contrarias?
      ¿me duele el sufrimiento de otros, aunque no los conozca o me sean
       antipáticos?
      ¿brindo ayuda y apoyo a personas que no conozco?
      ¿respeto a los otros en sus derechos y en su propia forma de ser y pensar y les
       ayudo a desarrollarse de acuerdo con su propia forma de ser?
      ¿soy tímido e inseguro ante los desconocidos o ante mis conocidos?
      ¿soy agresivo o brusco en el trato, autosuficiente o despectivo frente a otros?
      ¿guardo rencores y soy incapaz de perdón sincero?

Mi sentido de pertenencia con el grupo o comunidad

      ¿Tengo sentido de pertenencia a la comunidad o grupo en que vivo y/o trabajo?
      ¿soy capaz de renunciar a mis intereses personales por el bien común?
      ¿trato de utilizar a las otras personas o al grupo para mis intereses o beneficio
       personal?
      ¿soy en el grupo elemento de división o conflicto?

2.3. Mis relaciones de participación

Sentido
Se trata de analizar cuál es mi participación efectiva en la vida y acción de la
comunidad.
Iluminación: Rm 12,3-8 Cada uno, como miembro de un gran cuerpo, está llamado a
poner sus cualidades al servicio de los demás.

Guía de elaboración

2.3.1. Mi participación en la vida social

Mi participación en la vida económica
    ¿Cuál es mi situación económica? ¿cuáles son las fuentes de mi sostenimiento y
      el de mi familia?
    ¿he tenido algún trabajo? ¿qué actitud tengo ante el trabajo? ¿lo siento como
      una obligación, o lo disfruto y encuentro en él una realización personal y una
      forma de servicio a la comunidad?
    ¿participé en formas asociativas de producción, de ahorro o de defensa de los
      derechos del trabajador: cooperativa, empresa de economía solidaria, sindicato,
      asociación gremial? ¿cuál fue mi experiencia? ¿qué pienso acerca de esto?




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     ¿soy cuidadoso en el manejo de los recursos de que dispongo?
     ¿tengo información e interés acerca de la situación económica de la región en
      que vivo y del país?
    ¿tengo interés en influir para mejorar la situación económica en mi comunidad y
      en el medio en que vivo? ¿de qué medios dispongo para ello? ¿qué acciones
      realizo?
    ¿soy indelicado en el manejo de los dineros propios o ajenos?
    ¿utilizo a otros en provecho propio o ajeno?
Mi participación en la vida de solidaridad
    ¿Soy consciente de la problemática social y me intereso por ella?
    ¿soy sensible a las necesidades y aspiraciones de los pobres?, ¿a la defensa de
      los derechos de las personas?
    ¿qué acciones concretas realizo para ayudar a los más débiles y pobres?
    ¿qué compromisos concretos tengo respecto a la solución de los problemas
      sociales?
    ¿pertenezco a alguna entidad de servicio social o a alguna organización de
      participación comunitaria? ¿cómo es mi actuación en ella?

Mi participación en la vida política
    ¿Me intereso por conocer la situación política en general?
    ¿me doy cuenta cómo ella influye en mi vida y en la de los demás?
    ¿me intereso por la causa de la paz, la justicia, los derechos humanos, el
      progreso equitativo como bienestar y oportunidades para todos?
    ¿formo parte de alguna organización que trate de organizar la comunidad para
      influir en el manejo de las decisiones que afectan a la comunidad a nivel local o
      a nivel más amplio?
    ¿qué experiencias he tenido de participación política?
    ¿he ejercido cargos de responsabilidad pública y cómo los he ejercido?
    ¿me he negado a asumirlos por temor a tener que hacer un sacrificio por la
      comunidad?

Mi participación en la vida cultural
    ¿Tengo sensibilidad artística y me gusta el arte, la música, la lectura?
    ¿disfruto de la belleza de la naturaleza y de las cosas?
    ¿soy capaz de admirar las capacidades y forma de ser de las personas?
    ¿me intereso por conocer y valorar la cultura propia de nuestro pueblo, su forma
      de ser y pensar, las formas de expresar su vida y sus sentimientos? ¿o creo, por
      principio, que lo extranjero es mejor?
    ¿me intereso, conozco, practico la música, pintura, literatura u otras expresiones
      culturales?
    ¿practico y fomento el deporte?




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      ¿participo en grupos o en actividades para el desarrollo y la difusión de las
       expresiones culturales?
      ¿hago algo por el acrecentamiento y difusión de la cultura en el pueblo, por la
       depuración y desarrollo de sus valores?
      ¿acepto y reconozco los valores y aportes de otras culturas (indígena, negra,
       otros países)?

2.3.2. Mi participación en la vida eclesial

Sentido: Se refiere a mi participación en las actividades comunitarias de carácter
religioso, en la vida y organización de la Iglesia. Incluye también mis experiencias de
apostolado. Distancia respecto a la Iglesia, dificultades respecto a las actitudes que en
ella se dan, a su organización y a sus actividades.

Iluminación: 1 Cor 10,17; 12,1-31 En la Iglesia cada uno participa según los dones y
carismas recibidos del Señor para la edificación de su Cuerpo.

Guía para la elaboración

      ¿Considero que mi vida es testimonio evangelizador para los que están en la
       Iglesia y fuera de ella?
      ¿me siento miembro activo de la Iglesia y tomo parte en su vida y colaboro en
       sus actividades? ¿Aporto mis ideas e iniciativas, mis interrogantes y críticas para
       una mejor marcha de la comunidad?
      ¿ejerzo alguna forma de apostolado o pertenezco a algún grupo apostólico?
      ¿cuál es mi actitud respecto a los pastores de la Iglesia y sus enseñanzas?
      ¿me considero incapaz de comprender y tratar fraternalmente a personas que
       pertenecen a otras Iglesias o que han abandonado la fe?

2.4. Mi relación con la naturaleza

Sentido: Se refiere a mi actitud ante la naturaleza en la cual vivimos. Enfoca también
el cuerpo en su valor e importancia como forma por la cual yo mismo entro a formar
parte de esa naturaleza.

Iluminación: Gn 1, 1-2,4 Dios crea todas las cosas buenas y se las encomienda al ser
humano.



Guía para la elaboración




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      ¿Cuál es mi actitud con los animales y las plantas?
      ¿me preocupo por el medio ambiente y los recursos naturales?
      ¿me siento integrado con la naturaleza y tengo la capacidad para admirar y
       contemplar su valor y su belleza?
      ¿dependo demasiado de las cosas materiales?
      ¿cuál es mi actitud ante mi cuerpo en cuanto a su valor (aprecio, respeto,
       tabúes), en el cuidado que debo tener de él (atención a la salud, deporte,
       alimentación, descanso), en la valoración de mis cualidades físicas o en la
       aceptación de mis limitaciones?

2.5. SÍNTESIS

2.5.1. “Hoja de vida” actual

Terminada la revisión de cada uno de las áreas mencionadas es necesario realizar un
resumen de los principales aspectos que fueron apareciendo. Se trata de lograr una
visión de conjunto sobre las características más importantes de mi personalidad con
sus diversos elementos, en un escrito breve (máximo dos páginas), que llamamos
“hoja de vida”.
Al elaborar esta síntesis, es necesario clasificar los diferentes elementos en cuatro
dimensiones: la dimensión humana, la dimensión espiritual, la dimensión intelectual, la
dimensión pastoral, ya que éstas son las dimensiones sobre las que voy a trabajar en
mi proceso de crecimiento y maduración, guiado por el proyecto formativo del
Seminario Mayor.
Con ello, al culminar este trabajo, puedo tener una visión completa de mí mismo y de
mi situación actual como una perspectiva de conjunto, que me sirva como base para el
trabajo que se va a realizar más adelante con las diversas etapas del proceso de
planeación.

2.5.2. Discernimiento de los principios que guían mi vida

En oración ante el Dios que me ama y me llama al amor, a partir de la “hoja de vida”
lograda como síntesis de mi realidad actual, trato de encontrar y expresar los
principios que guían mi vida o que considero deben guiarla.

Para ello, retomo el análisis de la realidad que ha sido el primer paso de esta
elaboración y trato de leer, detrás de todos los aspectos presentados, los principios
inspiradores y motores de los acontecimientos, las vivencias, las experiencias. Trato de
precisarlos, explicarlos, relacionarlos, para llegar a una especie de focalización en la
que aparezca el centro motor de mi existencia. Hago, así, un intento de interpretación
de lo que ha sido mi vida, lo que es mi presente y lo que espontáneamente se me
presenta como mi deseo de futuro.




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Los expreso ante Dios y ante mí mismo, resumiéndolos luego en frases breves, que
pueda recordar y que me sirvan de guía.

2.5.3. Clave fundamental de comprensión de mi personalidad

Con la visión de conjunto de mi realidad y de sus principios que me da la “hoja de
vida” realizo una frase-síntesis, con el fin de percibir cuál es el punto focal que me
permite entender mi forma de ser, el tipo de persona que soy, el perfil de mi
personalidad, mi identidad a partir de la cual debo realizar el proceso de crecimiento
para responder a lo que Dios quiere de mí, a lo que es mi responsabilidad como
miembro de la Iglesia y de la sociedad. Esto lo expreso por medio de un párrafo que
sintetice todo el esfuerzo de conocimiento de mí mismo.


MODELO DE IDEAL

1. EL IDEAL COMO VOCACIÓN FUNDAMENTAL Y ESPECÍFICA AL AMOR

Sentido: La vocación fundamental, a la que Dios llama a todos los seres humanos, es
a vivir en comunión con él, con los demás y con la naturaleza; es decir, a ser santo
con la santidad de Dios mismo que es amor.
Es un llamado que exige en cada uno una respuesta propia, que va adquiriendo
modalidades diferentes a medida que cambia el ritmo y la evolución de la vida y de las
circunstancias ambientales y sociales. El niño y el joven tienen ante sí muchas
posibilidades para realizar esa vocación fundamental. A medida que se va madurando
se va precisando la orientación de la propia vida, lo cual va permitiendo el
discernimiento de una vocación específica: la forma concreta como cada uno está
llamado a realizar esa vocación general. La comprensión sobre el sentido de la
vocación específica dentro de la vocación fundamental genera una dinámica en la
propia vida que permite iluminar, orientar y modelar toda la existencia a la luz de esa
vocación. La existencia toda queda plasmada por la vocación que se convierte, así, en
la columna central de la construcción de la vida.

Las dimensiones de la existencia (los aspectos personales, las relaciones de comunión,
las relaciones de participación en la Iglesia, en la sociedad y respecto a la naturaleza)
adquieren unidad y consistencia porque la vocación da el sentido fundamental de la
existencia. Por esto, al discernir la propia vocación, al mismo tiempo que se está
buscando la propia realización personal –es decir, la felicidad,- se encuentra la
voluntad de Dios para la vida.




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En esa búsqueda debo tener en cuenta:

      La vocación no es algo que se imponga desde fuera del propio ser como si Dios
       irrumpiera como un extraño en la existencia del ser humano y, por lo tanto,
       como algo que impone violencia al que es llamado o que éste deba obedecer en
       actitud de siervo. Por el contrario, Dios ha impreso en el corazón del ser humano
       su propia imagen haciéndolo capaz de amar y ser amado y, por lo tanto, capaz
       de comunión, y, por el bautismo, lo configura con Cristo para que esta
       capacidad de amor llegue a la perfección del amor de Cristo que “amó hasta
       donde es posible amar” (Jn 13,1). Por lo tanto, la vocación al amor es algo
       inherente al ser humano y su aceptación es la aceptación de la propia realización
       personal y, por lo tanto, de la felicidad plena.
      La vocación no es algo que se imponga desde fuera de la vida sino que Dios se
       manifiesta y llama en la realidad de la vida corriente, en los hechos, personas,
       cosas que conforman la existencia cuando se es capaz de escuchar la Palabra
       que Dios dirige por medio de esa realidad diaria.
      El llamado es a preguntarse con toda sinceridad y profundidad, cuál es la
       respuesta concreta que cada uno debe dar a esa vocación fundamental al amor
       encontrando la vocación específica. Esta respuesta exige un proceso permanente
       de búsqueda, que va evolucionando a lo largo de la vida, pero que adquiere una
       dimensión definitiva en un momento preciso de la existencia. Es el momento de
       la opción fundamental en la que cada ser humano se juega su propia realización
       personal. Para ello cada uno debe tener en cuenta lo que ha sido anteriormente
       y lo que es ahora para poder, empleando los dones y oportunidades que el
       mismo Dios le ha dado,         responder generosamente a ese amor de Dios
       prestando un servicio eficiente y amoroso a los demás.
      Esa comprensión progresiva sobre el sentido de mi vocación no me lleva a cerrar
       el horizonte al conjunto de la realidad. Por el contrario, la conciencia sobre la
       vocación se convierte en un foco que permite iluminar, orientar y modelar el
       conjunto de la realidad desde esta perspectiva específica ya que inicio con una
       gran apertura a diversas posibilidades de realización y de acción dentro de la
       perspectiva de la comunión pero, por medio de la síntesis vocacional, recupero
       los diversos elementos de la vida que se integran y al mismo tiempo se
       expanden para hacer de mi vida una realidad al mismo tiempo concentrada y
       capaz de influir en el medio social.

Iluminación: Ef 1, 3-10 Himno de bendición a Dios en el que se describe el designio
de amor que el Padre tiene sobre el ser humano y que ha realizado por Cristo que nos
da su Espíritu.

El Papa Juan Pablo II lo comenta así:




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El himno “comienza con el eterno proyecto divino, que Cristo está llamado a cumplir.
En este designio brilla ante todo el hecho de que seamos elegidos para ser «santos» e
«irreprochables», no tanto a nivel ritual --como parecerían sugerir estos adjetivos
utilizados en el Antiguo Testamento para el culto sacrificial--, sino «por el amor» (Cf.
versículo 4). Se trata, por tanto, de una santidad y de una pureza moral, existencial,
interior.

Para nosotros, sin embargo, el Padre tiene una meta ulterior: por medio de Cristo nos
destina a acoger el don de la dignidad filial, convirtiéndonos en hijos en el Hijo y
hermanos de Jesús (Cf. Romanos 8, 15.23; 9,4; Gálatas 4, 5). Este don de la gracia se
difunde por medio del «Hijo amado», el Unigénito por excelencia (Cf. versículos 5-6).

Por este camino el Padre realiza en nosotros una transformación radical: una plena
liberación del mal, pues con la sangre de Cristo «hemos recibido la redención», «el
perdón de los pecados» por medio del «tesoro de su gracia» (versículo 7). La
inmolación de Cristo en la cruz, acto supremo de amor y solidaridad, infunde en
nosotros un sobreabundante haz de luz, de «sabiduría y prudencia» (Cf. versículo 8).
Somos criaturas transfiguradas: cancelado nuestro pecado, conocemos en plenitud al
Señor. Y dado que en el lenguaje bíblico el conocimiento es expresión de amor, éste
nos introduce profundamente en el «misterio» de la voluntad divina (Cf. versículo 9).

Un «misterio», es decir, un proyecto trascendente y perfecto, que tiene como objeto
un admirable plan salvífico: «recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la
tierra» (versículo 10). El texto griego sugiere que Cristo se convirtió en el «kefalaion»,
es decir, en el punto cardinal, el eje central hacia el que converge y en el que
encuentra sentido todo ser creado. El mismo vocabulario griego hace referencia a otro
término particularmente apreciado por las cartas a los Efesios y a los Colosenses:
«kefalé», «cabeza», indicando la función cumplida por Cristo en el cuerpo de la Iglesia.

Ahora el panorama se hace más amplio y cósmico, abarcando al mismo tiempo la
dimensión eclesial más específica de la obra de Cristo. Él ha reconciliado consigo
«todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su cruz, lo que hay en la tierra y
en los cielos» (Colosenses 1, 20).” (Juan Pablo II, audiencia general del miércoles 13
de octubre de 2004)


Guía de elaboración

a)Búsqueda de los principios que deben orientar mi vida

Sentido: Hecho el estudio de mi propia realidad en sus diversos elementos (persona,
comunión, participación) y en sus aspectos de potencialidades y límites, paso a




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explicitar y analizar los principios que van a orientar la búsqueda de mi conversión
personal y el logro de mi nuevo modo de pensar y de actuar.

Para ello busco en la Palabra de Dios la iluminación que me oriente para salir de mi
situación-problema y encontrar los senderos que me conduzcan a lograr mi propia
realización acorde con la voluntad de Dios para mí. Esa Palabra de Dios llega a mí por
medio de lo que yo mismo soy, de las otras personas, de la comunidad de la cual
formo parte y de las exigencias o expectativas que la Iglesia y la sociedad tienen
respecto a mí. Ayudado con todos estos elementos y en la soledad de mi encuentro
personal con Dios, busco clarificar y concretar la vocación que Dios tiene para mí: el
ideal por el cual voy a empeñar mi vida.
Ese ideal debo contemplarlo en la persona de Jesús, quien vivió hasta sus últimas
consecuencias la vocación a la comunión en el amor como Hijo del Padre y hermano de
los hombres, y en la comunidad eclesial que realiza la vocación fundamental a la
comunión en la realidad de la comunidad.


Iluminación

Los principios de Jesús
Comunión de amor y obediencia con el Padre
      Jesús tiene la conciencia de ser enviado por el Padre y de ser su Hijo amado:
       Mc. 1,11 (Bautismo de Jesús); Mc. 9,7 (Transfiguración);
      responde al amor divino con una plena disponibilidad llena de amor a la
       voluntad del Padre:
           Lc 2, 46–52 (Jesús en el Templo a los doce años)
           Jn 4, 31–34 (Samaritana: mi alimento es cumplir la voluntad de mi
              Padre)
           Jn 10, 25–38: “Hago las obras de mi Padre y soy uno con Él”
           Jn 12, 44–46.49–50: “Hablo lo que el Padre me ha encomendado”
Comunión de servicio y entrega para con los otros
      Jesús ama hasta entregarse por los demás: Jn 13,1 “Y él, que había amado a los
       suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el final”
      Ese amor es la dimensión del amor de los unos por los otros: Jn 13,34 “Como yo
       los he amado, ámense los unos a los otros”
      Lc 10, 30-37 El buen samaritano supera normas rituales y separaciones
       tradicionales entre los pueblos: “Vete y haz tú lo mismo” (10,37)




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Amar a Dios en el otro
   Cristo nos ama con el amor mismo con que es amado por el Padre: Jn 15,9
   en su amor se manifiesta el amor del Padre por el mundo: Jn. 3,16-17 (diálogo
     con Nicodemo); I Jn. 4, 7-21
   nuestro amor a Cristo debe ser un amor al otro: Mt. 25, 31- 46 (juicio final)
   que debe extenderse a todos: Mt. 5, 43 – 48
Amar como Dios me ama
   Jn. 15, 9 – 15: amor de Cristo y el Padre – el amor nos une a Cristo – llegar a
     dar la vida por el otro como lo hizo Cristo.
   Jn. 17, 21 – 24: el amor entre nosotros nos introduce en la unión trinitaria, es
     una participación del amor con que ellos se aman.
Misión
        Toda su vida fue el cumplimiento de la misión que el Padre le ha encomendado:
         Jn 4,34
        El sentido de su vida es una entrega total al servicio de los demás con el fin de
         instaurar el Reino como unión de los hombres con Dios y de los hombres entre
         sí: Mc 10,45; Jn 11,51-52
        Envía a sus discípulos a continuar su obra: Mt 28,18 s; Mt 10

Desprendimiento de sí mismo
        Esa obediencia al Padre y entrega a los demás tiene como base y condición
         necesaria una actitud de desprendimiento de sí mismo y sus intereses para una
         disponibilidad total : Las tentaciones Mt 4,1-11
        pobreza total: Mt 8,20
        obediencia y humildad absolutas: Flp 2,6-8
        entrega de amor a la Iglesia: Ef 5,25-30

Sentido de la Cruz

Esa disponibilidad es para una entrega total que, al enfrentarse a la realidad de
pecado, lo lleva a la cruz.
        Mc. 8,31 – 38:      Primer anuncio de la pasión. Invitación a renunciar a sí
         mismo y a tomar la cruz, a perder la vida por Cristo, no avergonzarse de él.
        Mc. 9, 30 – 37:     Segundo anuncio de la Pasión y discusión por quién es el
         primero. Contraposición entre las mentalidades: búsqueda de superioridad – ser
         el servidor y recibir al niño. No entienden y tienen miedo de preguntar.
        Mc. 10,32 – 42:     Tercer anuncio de la Pasión y petición de los hijos de
         Zebedeo; se acentúa la contraposición. El punto es la capacidad de compartir el
         cáliz de Cristo: servir hasta la entrega de su propia vida como Jesús.




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Sentido de la Resurrección
    La luz de la resurrección irrumpe en la oscuridad de la muerte en la cruz: Mt
      28,5-7
      luz que irradia a todos: 1 Cor 15, 1-14
      luz que transforma la vida del cristiano: Rm 6,2-11; Rm 8; Col 3,1-4


Los principios de la Iglesia
La Iglesia es el cuerpo de Cristo que continúa, a lo largo del tiempo y del espacio, la
obra salvadora del Señor. Por eso, así como contemplo a Cristo para ver en él el ideal,
debo también contemplar a la Iglesia para comprender cómo ese ideal debe
insertarme, como cristiano, en la comunidad eclesial.

Éstos son los rasgos fundamentales de la Iglesia como aparecen en el Plan global
arquidiocesano de nueva evangelización de la Arquidiócesis de Barranquilla:

      Signo visible de la salvación entendida como presencia del Reino de Dios entre
       los seres humanos;
      signo e instrumento de unidad que integre orgánicamente las legítimas
       diversidades;
      comunión de amor de las personas con Dios y de las personas entre sí y con la
       naturaleza;
      llamada a una permanente conversión por caminos de misericordia y
       reconciliación y a una constante renovación y actualización para responder a los
       cambios de la historia;
      consciente de su condición de peregrina en el mundo y llamada a la eternidad;
      consciente de su vocación permanente a ser santa;
      alimentándose siempre de la Palabra de Dios           para ser evangelizada y
       evangelizadora;
      orante y que celebra los sacramentos unidos a la vida;
      con un amor preferencial por los pobres, luchando por la justicia y la paz,
       comprometida en la defensa de la vida humana;
      con espíritu misionero dentro y fuera de la diócesis, con sentido ecuménico y
       con capacidad de diálogo con la sociedad;
      organizada en comunidades que viven relaciones fraternas y justas, vivas y
       participativas, que conocen y defienden tanto sus derechos como sus
       responsabilidades;
      con conciencia de ser pueblo de Dios, que camina con la presencia salvadora de
       Dios.




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Los principios del presbítero para la Iglesia en el mundo de hoy

Una vez contemplados el rostro de Cristo y de su Iglesia, debo mirar también el perfil
del presbítero como, a la luz de la Palabra de Dios, la Iglesia nos lo presenta hoy para
que pueda responder a las exigencias de la nueva evangelización al comenzar el tercer
milenio.

Esta contemplación es necesaria porque si estoy en el Seminario es porque creo que el
Señor me llama no sólo a vivir responsablemente mi vocación al amor como ser
humano y como cristiano, sino que también me llama a ser configurado con Cristo,
Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia. Estos principios están tomados de la exhortación
apostólica postsinodal Pastores dabo vobis del Papa Juan Pablo II, en los Nos. 12-33.


El presbítero es un ser esencialmente relacional
     El presbítero es enviado por el Padre, configurado con Cristo, con la fuerza del
       Espíritu para el servicio de la Iglesia y por la salvación del mundo;
     inserto en la comunión sacramental con el Obispo y con los otros presbíteros;
     en relación positiva y animadora con los laicos;
     en la Iglesia, al frente de la Iglesia y para la Iglesia;
     su ministerio tiene una radical “forma comunitaria” y puede ser ejercido sólo
       como una tarea colectiva;
     por esto, debe ser el hombre de la comunión.

Configurado sacramentalmente con Cristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia
    El presbítero es una imagen viva y transparente de Cristo, es una
      representación sacramental de Jesucristo, es una transparencia de Jesús en
      medio de la Iglesia;
    puesto al servicio del sacerdocio común de todos los fieles;
    unido al Obispo, sucesor de los apóstoles, prolonga en la historia la misión
      salvífica de Jesús;
    debe vivir como vivió Jesús, al servicio de la Iglesia, misterio, comunión y
      misión;
    configurado con Cristo Cabeza, en el sentido de Siervo en su entrega total,
      humilde, amorosa a la Iglesia, el presbítero está llamado a usar su autoridad
      como servicio de entrega gratuita;
    configurado con Cristo Pastor, que “da la vida por sus ovejas” (Jn 10), el
      presbítero está llamado a vivir toda su vida bajo el signo de la “caridad pastoral”
      del Señor;
    configurado con Cristo Esposo, que se entregó a sí mismo por la Iglesia, el
      presbítero está llamado a amar con amor esponsal de entrega total a la Iglesia.




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Llamado a la santidad
    Como todos los miembros del cuerpo de Cristo, animados por el Espíritu, el
     presbítero está llamado a ser santo;
    abriendo su corazón al Espíritu que es el principio y la fuente de la santidad;
    llamado a la santidad –no sólo como bautizado- sino también por un nuevo
     título: su configuración sacramental con Cristo;
    para ello recibe una gracia especial, de manera que su ministerio se hace fuente
     permanente de santificación;
    la caridad pastoral (la disposición de dar la vida por la grey) es el alma de su
     proceso de santificación, como amor de seguimiento a Cristo único pastor, como
     amor de donación a la Iglesia, como servicio permanente al mundo;
    la caridad pastoral es el principio unificador y totalizante de su vida y de su
     ministerio;
    en actitud permanente de acción de gracias por el don recibido.

En la radicalidad de la entrega del celibato
    El presbítero está llamado al celibato, es decir, a “ofrecer, con la gracia del
       Espíritu y con la respuesta libre de la propia voluntad, la totalidad de su amor y
       de su solicitud a Jesucristo y a la Iglesia;
    para ello, el presbítero vive en una total obediencia apostólica, comunitaria y
       pastoral;
    para ello, el presbítero vive la castidad como la expresión plena de su entrega
       de amor a Cristo y a la Iglesia;
    para ello, el presbítero vive la pobreza como puesta al servicio de la Iglesia de
       todo lo que es, tiene y puede.

Incardinado en una Iglesia local
    El presbítero asume como propios los elementos fundamentales de la vida de su
      Iglesia local;
    para poder servir, desde ella, a la Iglesia universal.

Guía de elaboración
Una vez asimilados por la meditación, la reflexión, la oración, los principios de Cristo y
de la Iglesia, y la vocación específica del presbítero al interior de la Iglesia, trato de
lograr una síntesis clara de los principios que deben guiar mi vida como discípulo de
Cristo y como miembro de la Iglesia, llamado por gracia de Dios al ministerio
presbiteral.




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b) Configuración de mi propio ideal
Sentido: Mi propio ideal -que descubro a la luz de la contemplación de Cristo y de la
Iglesia- no es sólo un conjunto de principios, ni es tampoco una afirmación general de
algo que yo deseo lograr, sino la expresión de una realización concreta hacia la cual
tiendo y que espero alcanzar en un futuro más o menos cercano. Por eso trato de
hacer la imagen de esa persona –inserta en Cristo y en la Iglesia- que estoy llamado a
ser y lo que significa para mi vida y para mi futuro el lograr esa meta o fallar en su
consecución (enunciado del ideal y vivencia del mismo).
Iluminación: Lc. 4, 16 – 22: Jesús en la sinagoga de Nazaret. Al iniciar su vida
pública Jesús proclama solemnemente en medio de la asamblea cuál es la misión que
él ha recibido: Es el Siervo de Yahvé ungido por el Espíritu para evangelizar a los
pobres, liberar a los oprimidos y anunciar el año favorable del Señor.
Guía de elaboración
a) Toma de conciencia de cuál es mi vocación: ―Idea fuerza‖
La vocación expresa lo que quiero ser y hacer: lo que considero que Dios quiere que yo
realice en mi vida. Para poder explicitar mi vocación, elaboro una síntesis que me
explicite en forma global el ideal al que Dios me llama para realizar mi vida en unión
con los otros y al servicio de los demás. Se trata de una expresión breve y concreta
que resuma ese ideal por el cual yo quiero trabajar mi proyecto personal de vida.
Debe ser algo que yo sienta profundamente y que me mueva a un compromiso serio y
definitivo en esa dirección. Hago mi reflexión a la luz de las parábolas del tesoro
escondido y de la perla preciosa (Mt. 13, 44 – 46) que me indican cómo cuando yo
tengo un ideal valioso estoy dispuesto a comprometerme totalmente y aun a sacrificar
todo para alcanzarlo.
Se requiere expresarlo con una fórmula precisa y concisa en tiempo presente, como
algo que he logrado realizar. Más adelante se procederá a ampliarlo explicando los
diversos aspectos que se incluyen.
b) Discernimiento sobre mi vocación a la luz de la fe
Una vez elaborada la Idea fuerza trato de contrastarla y explicitarla en un tiempo de
oración poniéndola en presencia de Dios. Me puedo valer de preguntas como éstas.
     ¿Considero que esa vocación corresponde al designio de amor de Dios para mí?
     ¿Qué iluminación me da al compararla con los principios de la misión de Cristo y
      de la Iglesia?
     ¿Estoy dispuesto a la ejecución de esa vocación, a pesar de las dificultades y
      conflictos que puedan surgir?




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c) Descripción del Ideal por dimensiones
Con base en la idea fuerza desarrollo una “hoja de vida ideal”, describiendo el tipo de
persona que yo quiero llegar a ser en las cuatro dimensiones mencionadas
anteriormente.
       Dimensión humana: El perfil de persona que me propongo llegar a realizar en
        concordancia con mi realidad actual y teniendo en cuenta mis aspiraciones,
        cualidades y circunstancias. El tipo de relaciones que quiero llegar a tener con
        los demás de forma que realice plenamente mi carácter de ser en relación, la
        ubicación y el papel que me propongo lograr en la comunidad a la cual
        pertenezco de forma que logre una plena integración en la vida y acción de la
        misma, que me permita realizarme en unión con los otros. El tipo de influjo que
        me siento llamado a ejercer en la sociedad y en la Iglesia, para llegar a ser
        miembro activo y responsable de ellas y aportar efectivamente mis
        capacidades al servicio de los demás.
       Dimensión espiritual: El perfil de cristiano y de presbítero que quiero realizar
        en mi vida, basado en la conciencia de mi incorporación a Cristo y a la Iglesia
        por el bautismo y la confirmación, y de mi llamado a configurarme con Cristo
        por medio del sacramento del Orden.
       Dimensión intelectual: La capacidad de comprensión inteligente de las
        realidades que debo conocer para poder llegar a ser lo que el ideal me
        propone: como cristiano “luz del mundo y sal de la tierra” y como presbítero
        “representación sacramental de Cristo”, salvador del mundo.
       Dimensión pastoral: El cultivo de la caridad pastoral de Cristo para transmitirla
        a los demás, con la misma entrega absoluta de Cristo por la Iglesia para salvar
        al mundo.
Esta “hoja de vida ideal” va a ser la expresión de esa respuesta que quiero dar a Dios
y a la comunidad como expresión de mi amor, desarrollando al máximo mis cualidades
y las oportunidades que Dios me da en comunión con los otros y poniendo al servicio
de los demás lo que yo soy y tengo, como lo hizo Cristo durante su vida en la tierra.


MODELO DE DIAGNÓSTICO

Sentido

Llegado a este punto, he logrado explicitar dos modelos, en cierto sentido opuestos
entre sí: por una parte, el modelo de situación que me expresa lo diversos
componentes de mi propia realidad en el momento actual, y, por otra, el modelo
ideal que expresa la persona que yo deseo llegar a ser para poder realizar plenamente




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en mí el llamamiento al amor que Dios me hace, como ser humano, como cristiano, y
como presbítero. Así tengo una tesis (el ideal) y una antítesis (la situación presente).

a) Hacer ahora el diagnóstico significa para mí contemplar de nuevo mi situación pero
desde una luz diferente: la contemplo ahora desde la atalaya de mi ideal para
descubrir en ella lo que en esa realidad tiende hacia, facilita, favorece
(potencialidades) el ideal elegido y lo que se opone, impide, obstaculiza
(obstáculos) esa consecución. Hago el diagnóstico, por lo tanto, para establecer el
punto de referencia para la transformación de mi realidad presente para llegar a ser la
persona que Dios quiere. De esta manera, puedo aprovechar, en el momento de la
programación y de su realización, todas las posibilidades, recursos, oportunidades,
potencialidades, existentes ya en el presente; y superar con su ayuda todo cuanto en
ese mismo presente constituye el problema fundamental en su dimensión de obstáculo
o impedimento; es decir, transformar el presente insatisfactorio en el futuro querido.

Esta confrontación no es posible hacerla sino desde la fe, que proclama que todo
momento es momento de salvación. En la elaboración del modelo ideal me he puesto
mentalmente en la atalaya de una situación ideal, expresión concreta de las exigencias
de esa fe y esta misma fe me la ha hecho ver como querida por Dios, y por eso, como
posible. Desde esa situación ideal intento descubrir en la situación actual las
oportunidades de salvación, los gérmenes de resurrección, la acción de Dios, en acto,
en esta realidad.

Hacer el diagnóstico es, por lo tanto, descubrir en el presente, en un acto de fe
profética, las señales de la presencia de Dios para secundarlas y los signos de la
presencia del mal para superarlos o rechazarlos. Es lo que metodológicamente se llama
potencialidades y obstáculos. Esto supone ante todo descubrir el problema
fundamental en profundidad. Es el núcleo central en el que luchan entre sí salvación y
muerte, gracia y pecado; en el que está nuestra oportunidad de actualizar el misterio
pascual. Es el punto crítico en que todo está en juego: crítico porque hay en él peligro
de fracaso, porque está también cargado de potencialidades de futuro, porque todo
ello desafía, interroga, pone en "crisis" la fe del creyente.


b) En todo este proceso necesito

      Una profunda libertad interior, para identificarme, de nuevo, con la situación o
       modelo ideal, superando esquemas mentales rutinarios, actitudes de
       desconfianza, de nihilismo resignado, de falso realismo, que me podrían
       encadenar al presente sin permitirme creer en la posibilidad de futuros mejores.
      Una honestidad a toda prueba para distinguir, de modo sutil, en un mismo
       dato, lo que puede haber de coherente o no con ese ideal. Se trata de la




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       honestidad con que los datos se evalúan, no desde parámetros subjetivos, sino
       desde ese ideal en el que se ha objetivado nuestra conciencia sobre lo que Dios
       quiere; en la fe y desde la fe.
      Una intuición penetrante para dar con ese núcleo en que mi realidad histórica
       se condensa en oportunidad abierta al bien o al mal; una intuición que, si es don
       gratuito, no se da sin el ejercicio y el esfuerzo, como las capacidades artísticas.
      Una gran capacidad de contemplación de mi historia, cuyas exigencias
       fundamentales son la fe y la caridad teologales, el dejar que Dios vea con mis
       ojos y ame con mi corazón, y que yo vea la realidad con los ojos de Dos y la
       ame con su corazón. Objeto de esta contemplación es siempre Dios: en
       este caso Dios en mi historia y en la del grupo humano del que hago parte; Dios
       presente como salvación y luchando por vencer con su gracia cuanto se opone a
       esa salvación. Esta presencia de Dios la debo vivir de modo activo y con el
       máximo grado de participación y sintonía posibles. Esa sintonía lleva consigo
       incluso un componente de dolor y de tristeza, por el hecho de que podría no
       haber incurrido en esos males si hubiese desarrollado más mis capacidades y
       respondido mejor a la acción de Dios. Y con todo, por ser todo ello una
       contemplación del hacer de Dios, que no cede en su empeño salvador, esa
       sintonía tiene también una componente de gozo profundo y de esperanza;
       porque, al tiempo que los signos del mal, se descubren en esa situación los
       signos de la acción de Dios, de la salvación y de la gracia, y la capacidad real de
       superación; todo lo cual es la otra cara, inseparable, de la misma realidad sobre
       la que se hace el diagnóstico a la luz del ideal.
      Una actitud de humildad porque es él, el que salva, aunque haya querido no
       hacerlo sin mi colaboración.

Este proceso me permite crecer en la fe, en el amor, en la esperanza: al hacerlo
adquiero al mismo tiempo una comprensión nueva y más armónica de la realidad,
porque descubro en ella la acción de Dios (fe); abro mi corazón para aceptar esa
realidad serena y pacíficamente, como expresión del amor de Dios (caridad), y la
descubro como capaz de futuros mejores, gracias a la presencia de Dios en ella
(esperanza).

Iluminación: Flp 3,5-14: Pablo contempla su pasado y su realidad actual a la luz de la
meta que Dios mismo le ha dado en Cristo.

Guía para la elaboración

Los pasos para hacer el diagnóstico son tres:
    Teniendo en cuenta todos los datos del modelo de situación que a la luz del ideal
      manifiestan algún problema, se formulan las situaciones-problema;




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      Se busca, luego, el fondo común de las situaciones-problema, la causa última de
       la situación, para formular el problema fundamental;
      Viendo las situaciones-problema a la luz del ideal se las identifica como
       obstáculos que impiden el logro del ideal y se relee el modelo de situación para
       descubrir las potencialidades que lo favorecen.

a) Situaciones-problema

Antes de empezar la reflexión crítica sobre la realidad recuerdo y medito el modelo
ideal, ya que este ideal constituye la clave para interpretar valorativamente la
situación, y la perspectiva desde la cual hacerlo. Leo de nuevo el modelo de situación,
confrontándolo con el modelo ideal, para poner de relieve todos los elementos y datos
que, de alguna manera, indican la existencia de un "problema"; es decir, todo aquello
que es dificultad u obstáculo, necesidad, punto crítico, en orden a la consecución de
ese ideal. Hago una lista de los datos-problema.

Hecha esta memoria de los elementos-datos-problema, identifico los "temas".
Constituye un "tema" el conjunto de datos en los que está en juego un mismo orden
de cosas, una misma idea rectora; es una "constante" que aparece repetidamente en
el conjunto de la situación analizada. Hay que tener en cuenta que algunos datos
pueden estar presentes en diferentes temas.            Agrupo los datos-problema
correspondientes a un mismo tema, es decir, por unidades "temáticas". Estos temas se
agrupan de acuerdo con la clasificación para el modelo ideal: dimensión humana,
espiritual, intelectual y pastoral.

En cada uno de estos aspectos trato de ver cuál es el problema clave en ese campo,
aquél en el cual convergen los diversos datos-problema enunciados en ese tema. Se
sigue el mismo procedimiento en las cuatro dimensiones. Con estos pasos se ha
elaborado la primera fase del diagnóstico.

b) Formulación del problema fundamental

Es el momento de descubrir el problema fundamental, es decir, el problema que está a
la base de los problemas señalados en el paso precedente; es el fondo común de esos
problemas; es el problema "fundamental", precisamente porque, en profundidad,
explica el porqué último de los problemas señalados.

Para esto procedo así:

      Tomo los problemas clave que se han presentado en cada una de las
       dimensiones y los comparo con la idea-fuerza del ideal, para ver si algunos de




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       los elementos recogidos para la formulación del problema fundamental toman
       especial relieve.
      Trato, entonces, de ver cuál es el problema que está en el centro de todos ellos,
       en el cual en cierta forma convergen las diversas situaciones analizadas.
      Teniendo en cuenta estos elementos, formulo el problema fundamental en una
       sola frase.

Se trata de identificar el problema de fondo, el que subyace a toda mi realidad y que,
como problema, condiciona en forma determinante el futuro que quiero lograr. Es el
problema que, como antítesis del modelo ideal, se interpone para su logro. Es el
problema que tengo que superar y al que tengo que responder por la planificación y la
programación.

c) La problemática: obstáculos y potencialidades

Trato de identificar a la luz del ideal cuáles son las situaciones-obstáculo que, como
impedimento mortal, bloquean la situación y no permiten la realización del ideal y las
situaciones-potencialidad que favorecen el camino hacia el ideal. Por potencialidad se
entiende "capacidad para..."

Tengo que evitar aquí la confusión entre potencialidad y las posibles soluciones de los
problemas, o los medios o recursos de cualquier índole que podré emplear para esa
solución. Potencialidad es la capacidad de superación presente en mí o en el medio en
que me encuentro y que está relacionada con la misma realidad en la que está el
obstáculo. Aspecto-obstáculo y aspecto-potencialidad se encuentran íntimamente
unidos en el mismo elemento o dato de la situación, ambivalente y complejo por
pertenecer a la historia de los hombres. Estos obstáculos y potencialidades los estudio
en cada uno de las cuatro dimensiones mencionadas y van a servirme de marco para
la planificación y la programación.

Éste es un momento de especial importancia en el que, en profunda oración, debo
colocar toda mi existencia en las manos del Señor que me llama para que sea él quien
empiece a modelar mi existencia para que pueda llegar a ser el ser humano, el
cristiano, y el presbítero que él quiere y que la Iglesia y el mundo necesitan. Es un
momento de humildad profunda para poder reconocer mi pecado y mi necesidad de ser
curado, pero también de acción de gracias por el misterio de amor que el Señor ha
venido desarrollando en mi vida y que ahora quiere llevar a plenitud.




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MODELO OPERATIVO

Sentido general
Habiendo logrado una gran claridad acerca de mi situación presente (modelo de
situación), habiendo discernido en profundidad el ideal que quiero alcanzar (modelo de
ideal), habiendo ponderado mis potencialidades y obstáculos (modelo de diagnóstico),
trato ahora de descubrir el camino que tengo que recorrer para, con la gracia de Dios,
llegar a la meta que él mismo me ha trazado al llamarme a vivir en el amor y la
comunión (modelo operativo).
a) Lo que tengo que hacer ahora es transformar el ideal en algo operativo y práctico.
Toda la dinámica del proceso tiende hacia la planificación y programación; sería
ineficaz una reflexión que no llevara a la acción. El cristianismo se resume en el amor,
pero un amor que actúa: amor afectivo y efectivo.
El ideal es el punto de referencia, ya que nos da la visión de la realidad transformada,
pero para que el ideal se convierta en realidad y para que la realidad llegue a ser ideal,
es necesario actuar sobre la realidad en orden a la consecución del ideal propuesto.
Los enunciados del ideal no dejan de ser enunciados, buenos deseos, hasta tanto no se
formulen los pasos en orden a la ejecución, como propuestas de acción, y para ello es
necesario fijar plazos para su realización, pues al introducir el factor tiempo, estamos
demostrando voluntad de actuar.
b) Si el ideal constituye aquello que en conciencia considero como voluntad de Dios
para mí, la planificación y la programación no son otra cosa que organizar todas las
energías existentes, todo lo que soy y todo lo que tengo a mi alcance, para realizarla.
La voluntad de Dios es ésta: que yo sea santo. La meta es un paso en esa dirección.
Por ello, la planificación y la programación consisten en hacer uso de la imaginación y
de la inteligencia, de la voluntad y de la libertad, para realizar un discernimiento sobre
los pasos progresivos con los que la realidad se irá conformando con esa voluntad de
Dios. Por ello, la definición del modelo operativo es, al mismo tiempo, la determinación
de una ascesis y de su actuación, para “ordenar” todos los actos de mi existencia hacia
la consecución de la meta que el Señor tiene para mí. Por eso, es también un ejercicio
de autenticidad y de coherencia con lo que esa voluntad de Dios me pide.

La tarea misma de planificar y de programar implica ya una ascesis, porque exige una
disciplina metodológica orientada precisamente a facilitar la coherencia entre lo que se
quiere, lo que se es y lo que se hace. Como toda disciplina, la programación parece
que coarta la libertad. Sin embargo, la planificación y la programación consisten en la
libre elección de las acciones y procesos que, con mayor coherencia y eficacia, ayudan
a realizar la voluntad de Dios. Negar la validez de la planificación y de la pro-
gramación, bajo el pretexto de que éstas coartan la libertad, es afirmar la validez de la
improvisación, de la espontaneidad inadecuada, del espiritualismo ineficaz.




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Por otra parte, si la caridad que me mueve a alcanzar el ideal no se expresa en la
planificación y la programación pastorales, corre el riesgo de quedarse sólo en buenos
deseos y sentimientos; lo que equivale a incoherencia y dispersión y a la negación de
la misma caridad. El trabajo de planificar y programar puede llegar a ser tedioso y en
algunos momentos hay que sufrirlo como un peso. Sin embargo es la paciencia de la
esperanza y la voluntad de amar a Dios hasta las últimas consecuencias en servicio a
los hermanos, lo que da sentido a este esfuerzo.

La disciplina del método es y debe vivirse como expresión de la caridad, no como
simple ejercicio técnico. La disciplina, sin caridad, nada vale, pero como expresión de
la misma, se ejercita para alcanzar una meta no ya humana, sino divina.

En la planificación y la programación entra en juego también la responsabilidad social
pues la realización o no de un programa incide sobre el camino del conjunto. En un
plan de conjunto, como es el proceso formativo en el Seminario, todos dependemos de
todos para la realización de objetivos comunes. De la fidelidad a lo pequeño depende
la realización propia y la del conjunto. De lo que hablamos es de la interdependencia
de las partes en un único cuerpo de Cristo.

c) Dar al proyecto de vida esta forma organizada tiene estas ventajas para mi vida y
mi trabajo:


      Al determinar el tiempo en el cual voy a realizar las diferentes acciones, me
       queda más fácil concentrarme en lo que tengo que hacer ahora, dándole toda la
       importancia y atención: puedo concentrarme en el momento presente, sin estar
       angustiado por lo que tengo que hacer después para llegar a las metas. Un
       proverbio chino nos dice: “La acción más importante de tu vida es la que tienes
       que hacer ahora, la persona más importante es la que tienes delante y el
       momento más importante es el momento presente”. Los tiempos y lugares, así
       como las acciones y las personas son diferentes; es necesario percibir el
       carácter propio del momento (alegría, tristeza, esfuerzo, urgencia, serenidad…),
       para dar las respuestas adecuadas. De esta forma me dispongo anímicamente
       para sintonizar con el carácter de las personas y de la acción que voy a realizar.
       Cuando tengo claro lo que me propongo hacer hoy, puedo disfrutar el haber
       obtenido el logro del paso que me propuse para hoy y tomarme el tiempo para
       “admirar el camino y el paisaje que recorro”. Lo que más me abruma es la
       preocupación por lo que puede pasar o por las muchas cosas que están por
       hacer.




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      Una planeación de las acciones a lo largo del tiempo me permite tener más en
       cuenta la progresividad del crecimiento y la diversidad entre las distintas etapas
       del mismo. Las metas pequeñas se pueden lograr con un solo esfuerzo, las
       metas grandes suponen etapas progresivas.
Iluminación: Lc 14,26-33: Ser discípulo del Señor exige que, como el constructor y el
estratega, se diseñe un verdadero plan o itinerario de acción. Es muy importante tener
en cuenta que el cambio requerido en la vida cristiana no significa tanto un cambio de
acciones malas a acciones buenas, que lo pueda yo realizar con mi esfuerzo personal
obteniéndolo con mis méritos.

Se trata de lograr que Cristo llegue a ser el centro y sentido fundamental de mi vida,
de forma que todo lo demás lo considere como secundario: todo llegue a estar
subordinado a esa relación y compromiso con Cristo (Flp 3,3-15).

Este proceso es un acto de amor que va transformando mi vida a semejanza de Jesús
y, por consiguiente, me lleva a apartarme de las acciones que me separan de él. Esa
actitud de amor total e incondicional es producida en mí por la acción del Espíritu
Santo y lo que se espera de mí es que yo sea dócil a esa acción y me deje transformar
por él.
Esta relación con Cristo transforma mi relación con Dios Padre. Me lleva a pasar de una
visión de un Dios a quien pido ayuda para solucionar las situaciones-problema, a
establecer una relación de hijo con un Padre que me ama y está conmigo en el
esfuerzo diario y en la conflictividad propia de la vida humana, para que con su
presencia y ayuda yo la pueda enfrentar y salir adelante. Esperar de Dios como si todo
dependiera de El, esforzarme como si todo dependiera de mí.


Guía para la elaboración

La planificación

a) Establecimiento de los criterios

El primer paso en la planificación es establecer los criterios generales que me deben
orientar en todas las acciones que planee y que realice, porque éstos son los requisitos
fundamentales para que cada una de las acciones se haga de forma que conduzca
realmente a la consecución del ideal propuesto.
Como criterio general puedo asumir éste:




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“Cada una de las acciones que realizo se orientan hacia la plena realización de
mi propio ser acorde con lo que Dios, la Iglesia y la sociedad quieren de mí,
como hombre, cristiano y sacerdote”

De acuerdo con esto establezco unos criterios que se refieran a:

      La coherencia de mis acciones con mi propia forma de ser y mis principios.
      La búsqueda continua de la voluntad de Dios en mi vida, que se expresa en la
       acción que el Espíritu realiza en mi, y la fidelidad a esa voluntad una vez
       comprendida.
      Mi compromiso para la realización del modelo de Iglesia que entiendo responde
       a la voluntad de Dios.
      Mi compromiso para la realización de un modelo de sociedad que sea acorde con
       los valores del Reino.

b) Elaboración de las metas

Para elaborar las metas de mi plan lo primero que hago es tomar como punto de
referencia el modelo ideal que me he propuesto teniendo como base el proyecto
formativo del Seminario y, de acuerdo con ese ideal, establecer qué es lo que pretendo
alcanzar en el tiempo que determino para mi planeación y que corresponde al tiempo
de formación que ha determinado el Seminario, para llegar a ser el hombre, el
cristiano y el sacerdote que Dios quiere y el mundo necesita: ¿Qué metas considero
necesario obtener en el camino a ese ideal en el tiempo que determina el proceso
formativo que me ofrece el Seminario? De este modo fijo las metas finales o a largo
plazo.

Una vez que he establecido esas metas finales, establezco qué tengo que lograr en
cada una de las etapas de la formación que componen el proceso formativo, como
camino intermedio hacia el logro de esas meta finales. Para esto, tengo que recordar
que la planeación prospectiva no se hace con el fin de mejorar lo que tengo hoy como
valores o como problemas, sino para establecer lo que tengo que ir alcanzando
progresivamente para aproximarme al modelo ideal establecido. Éstas son las metas
intermedias o a mediano plazo.

Finalmente establezco las metas a corto plazo correspondientes a cada una de las
fases que conforman cada una de las etapas. Éstas son las metas a corto plazo que
son un paso inicial hacia la consecución de las metas a mediano y a largo plazo.

Para realizar el proceso de planificación (establecimiento de las metas para las
diversas etapas) puede ser útil emplear un cuadro en la siguiente forma:




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                            Metas a largo          Metas a mediano           Metas a corto
    Dimensiones
                               plazo                    plazo                   plazo
 Dimensión humana
 Dimensión espiritual
       Dimensión
       intelectual
 Dimensión pastoral


Es importante no establecer muchas metas, ya que ello llevaría a una dispersión de
esfuerzos y a dificultar la realización y el seguimiento del plan. Las metas deben
enfocarse hacia aquellos aspectos que son fundamentales para la consecución del
modelo ideal que me he propuesto.

c) Confrontación de las metas con el modelo ideal

Las metas establecidas las confronto con el modelo ideal, para asegurarme que en la
medida en que ellas se vayan logrando me van conduciendo hacia el ideal propuesto.

      ¿Cuál es su relación con el ideal propuesto y en qué medida me ayudan a
       caminar en la dirección propuesta?
      ¿Las metas tienen una progresividad en la forma en que están concebidas?
      ¿Sería necesario revisar algunas de las metas propuestas para darles más
       unidad entre sí y con el ideal? ¿Mejorar la posibilidad de realizarlas?

La programación

La programación es la implementación de las acciones que se desarrollarán para que la
planificación se lleve a efecto. Mientras la planeación contiene el plan global y la
planificación expresa el camino por seguir, la programación explicita los pasos que
debo dar en un lapso breve de tiempo, porque así lo exige la mutación de las cosas
humanas. Se nos hace imposible prever todos los condicionamientos o la evolución
detallada de los sucesos y procesos humanos. En general la programación se hace año
por año o por una fase si ésta tiene una duración mayor. Al mismo tiempo la
programación prospectiva exige la puesta en juego de la imaginación y de la




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creatividad para definir los contenidos y procedimientos aptos para el logro del
objetivo. La programación es, por tanto, obra de la creatividad.

a) Determinación de las acciones

El primer paso es describir las acciones necesarias para lograr cada una de las metas
establecidas. Por acciones entiendo aquellos aspectos importantes de realizar para el
cumplimiento de la meta propuesta. Una vez establecidas las acciones se pasa a
programar cada una de las acciones en particular, empleando el siguiente esquema.

      Qué: enunciado de la acción por realizar en concreto
      Por qué: razón por la que esta acción es importante para el logro de la meta
       propuesta
      Cómo: acciones que es necesario realizar para lograr el "Qué" enunciado antes.
      Cuándo: tiempo en que se debe realizar cada una de las acciones establecidas

b) Determinación del cronograma

Una vez fijadas las acciones por realizar para cada una de las metas del año, se hace
la organización de las acciones según el tiempo de realización, con el fin de ver la
forma como quedaron distribuidas a lo largo del año. Para ello se hace un cuadro por
meses y semanas, en el cual se van señalando los tiempos para cada una de las
acciones.

Con el cronograma a la vista se puede hacer una redistribución de tiempos con el fin
de hacer una programación más realista y progresiva. En este proceso de organización
es importante tener en cuenta aquellas que conforman el “flujo crítico”, en el sentido
de las acciones cuyo tiempo de realización va a condicionar otras acciones u otros
programas. A este "flujo crítico" hay que prestarle especial atención, ya que su atraso
condicionaría el conjunto del proyecto establecido.

Todo este proceso de planificación y programación debe ser otro momento fuerte de
oración: Contemplo cómo el Señor me da la gracia de poder comenzar un proceso
global, articulado, sistemático, de crecimiento en todas las dimensiones de mi
formación y le doy gracias por su infinita bondad. Al mismo tiempo me comprometo,
con todas las fuerzas de mi voluntad y mi libertad, a recorrer este camino –orientado
por el proyecto formativo del Seminario y acompañado por mi director espiritual y mi
director de grupo de vida- con gran generosidad para poder decir con Pablo: “Por la
gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí. Al contrario,
he trabajado más que todos los demás; bueno, no yo, sino la gracia de Dios conmigo.”
(1 Cor 15,10)




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LA EVALUACIÓN

Sentido
La evaluación es un examen, una puesta a punto, para cambiar y mejorar. Comprende
una mirada retrospectiva acogiendo el pasado, un alto en el camino reflexionando
sobre el presente y una proyección al porvenir. La evaluación es importante porque
brinda un llamado a la corrección, fortalece las motivaciones e impulsa el proceso.
Alerta sobre los peligros de dispersión, desánimo, mediocridad y permite afinar y
precisar la orientación que se tiene.
Un proyecto que no se evalúa, se devalúa rápidamente. Una evaluación periódica y
bien hecha:
      me hace consciente de lo que hago, el modo como lo hago, o lo que dejo de
       hacer;
      me da fuerza en orden a las correcciones necesarias;
      me proporciona la satisfacción del esfuerzo realizado y de los logros obtenidos y
       me genera un sentido de esperanza;
      es un indicador de los cambios que voy produciendo y los incentiva, al mismo
       tiempo que me hace tomar conciencia de las dificultades personales, problemas
       y bloqueos;
      me permite ajustarme mejor a la realidad cambiante de la vida;
      me genera nuevo entusiasmo, creatividad y me evita el estancamiento;
      da al proyecto su sentido de historia, de dinámica, de proceso creciente;
      genera una actitud de crítica constructiva sobre mí mismo y sobre la realidad;
      me ayuda a comprender mejor el sentido mismo de la propia vocación.

Iluminación
Salmo 139, 23-24 Sólo Dios puede dar la capacidad de discernir la rectitud del
comportamiento.
La evaluación requiere una actitud de fe para comprender cada vez mejor la voluntad
de Dios y ver cómo seguirla, una actitud de búsqueda para poner mis acciones en
coherencia con mis principios y una actitud de humildad, de confianza y de oración
para entender siempre que el principal agente en mi proceso de vida de cristiana es la
acción del mismo Dios por el Espíritu Santo. Se trata de llegar a un verdadero
discernimiento sobre el camino que me he propuesto recorrer.




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Guía para la realización
a) ¿Qué evalúo?
La evaluación debe abarcar dos aspectos:
      Eficiencia en el cumplimiento del plan: Reviso si he realizado las actividades
       propuestas, si se cumplieron en el tiempo establecido y cuál ha sido la calidad
       de su realización. También compruebo si los métodos e instrumentos previstos
       para esas actividades han sido adecuados.
      Eficacia en el logro de los objetivos propuestos: Analizo si, además de
       haber cumplido las acciones establecidas, se están logrando los objetivos o
       metas que se habían planeado o, si no, por qué no están dando resultado.
       Analizo los cambios que se han realizado tanto en mí mismo como en los demás.
b) ¿Cómo evalúo?
Es necesario recoger los datos reales de lo que estoy haciendo y cómo lo estoy
haciendo. Comparo con lo que debería haber hecho y realizo un balance sobre la
eficiencia en el cumplimiento del plan. Luego trato de precisar los efectos que se han
obtenido comparándolos con los objetivos propuestos. También es importante analizar
cuáles son mis motivaciones y los cambios que se van dando en mí, con el fin de
reforzar o, si es el caso, corregir el proceso que voy llevando.


c) ¿Cuándo evalúo?
Es fundamental establecer el tiempo cuando voy a realizar la evaluación. Debo tener
evaluaciones periódicas a lo largo del año, para no dejar todo para el final, cuando ya
no existe la posibilidad de corregir las fallas que se estén dando. Pero tampoco se
deben fijar con demasiada frecuencia para evitar la rutina o el sobrecargo de trabajo.
Cuanto más próximo al desarrollo de las acciones es mejor, porque se tiene una visión
más concreta de las mismas. Es conveniente fijar diferentes tipos de evaluaciones:
unas más sobre la realización de las cosas propuestas y otras más sobre el conjunto
del proceso.
Dentro de la programación hay que fijar la fecha en la que se va a realizar la
evaluación de determinada actividad, así como las fechas en las que se van a realizar
evaluaciones de conjunto. Se considera importante hacer una evaluación de conjunto
al menos una vez al mes, con el fin de tomar conciencia de las cosas que se han
realizado y su efecto, así como darse cuenta de los asuntos que quedaron pendientes y
establecer la fecha en que se van a realizar o si definitivamente quedan por fuera de la
programación. Al terminar el año es indispensable hacer una evaluación de conjunto y
realizar la programación para el siguiente año.




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                                                          Directorio de la Dirección Espiritual




                         ―Cada uno ha de ser ayudado para poder acoger el don que se le ha dado a él
                         en particular, como persona única e irrepetible, y para escuchar las palabras
                         que el Espíritu de Dios le dirige. En esta perspectiva, la atención a las
                         vocaciones al sacerdocio se debe concretar también en una propuesta decidida
                         y convincente de dirección espiritual. Es necesario redescubrir la gran tradición
                         del acompañamiento espiritual individual, que ha dado siempre tantos y tan
                         preciosos frutos en la vida de la Iglesia.”
                                                                        Juan Pablo II, PDV, 45        185
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Dice la PDV en el número 50: “El seminarista... debe ponerse bajo la dirección de un
padre espiritual”. De igual manera el CIC, en el parágrafo 4 del canon 246, dice:
“Acostumbren los alumnos acudir con frecuencia al sacramento de la penitencia, y se
recomienda que cada uno tengo un director espiritual, elegido libremente, a quien
puedan abrir su alma con toda confianza”.

Como bien lo podemos observar, aparece la dirección espiritual como algo necesario e
indispensable: “debe ponerse bajo...”. No se trata por tanto de algo optativo o
secundario en la formación espiritual del candidato, ni de una simple exhortación o
recomendación. Se trata de una exigencia y necesidad en la vida de una persona que
seria y decididamente ha optado por Cristo y desea avanzar en el camino de un
discipulado que lo lleve a configurarse cada vez más y más con Él. Ciertamente en el
proceso de desarrollo y crecimiento espiritual se requiere de alguien que acompañe.

1. ¿QUÉ ES LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL?

Es el proceso continuo y progresivo mediante el cual el dirigido, por la acción del
Espíritu Santo por medio de su director espiritual, es conducido gradualmente desde
los comienzos de la vida espiritual hasta la perfección evangélica, que se manifiesta en
la vivencia de la comunión.

―Proceso‖ porque implica una metodología, en la cual se realiza una revisión constante
del proyecto de vida, y la asidua evaluación, etapa por etapa, del proceso. Constituye
una verdadera ciencia práctica que, bajo la dirección de la prudencia sobrenatural (el
Espíritu Santo), tiene que aplicar al caso concreto planteado por la psicología especial
de una determinada persona los grandes principios de la teología espiritual, dogmática
y moral.

“continuo y progresivo”: el director debe conducir gradual y progresivamente al
dirigido, no exigiéndole en cada momento más de lo que el dirigido puede dar de sí, de
acuerdo con las gracias que Dios vaya derramando sobre él (Mt 23,4). Lo importante
es que se avance sin vacilaciones ni desviaciones. Pero también sin precipitaciones
imprudentes

―mediante el cual el dirigido es conducido‖: la dirección espiritual es eminentemente
dinámica, orientadora; tiene por objeto señalar el verdadero camino para llegar a la
unión con Dios. Ese camino deberá recorrerlo el mismo dirigido indudablemente; pero




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compete al director indicarle la ruta que deberá seguir en cada momento de su vida
espiritual. No se trata de empujar, sino de conducir suavemente, respetando la libertad
del dirigido.

―Por la acción del Espíritu Santo‖: el verdadero director espiritual es el Espíritu Santo
que se vale del director espiritual como de un instrumento para realizar su obra de
santificación del creyente.

“desde los comienzos de la vida espiritual”: la dirección debe comenzar
inmediatamente la persona se decide a emprender el camino del seguimiento de
Cristo. En todas las etapas de ese camino hay infinidad de escollos y dificultades que,
sin la vigilancia y ayuda de un experto director espiritual, sería muy difícil superar.


“hasta la perfección evangélica que se manifiesta en la vivencia de la comunión”: es el
objeto o finalidad misma de la dirección espiritual. El director debe orientar todas las
energías del dirigido hacia la plena e íntima unión con Dios y los demás, o sea, hasta la
cumbre de la santidad. Un director que se contente con mantener a una persona en la
mediocridad y no la estimule hacia el crecimiento y la madurez espiritual, le hace un
gran daño e incurre en una grave responsabilidad ante Dios.


2. FUNDAMENTACIÓN BÍBLICA

En la Biblia no se encuentra ningún texto claro y determinante que aluda directamente
a la dirección espiritual. Se encuentran, sin embargo, algunos textos que la insinúan.

Busca el consejo de los prudentes y no desprecies ningún aviso saludable. (Tob 4,18).

Pues si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, que no
tiene quien lo levante (Qo 4,10).

Sin consejo no hagas nada, y no te arrepentirás de tus acciones (Si 32,19).

Quien a ustedes escucha, a mí me escucha (Lc 10,16).

Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios les exhortara por medio de
nosotros (1 Cor 5,20).

Puede citarse, además, el ejemplo de Pablo, quien recién convertido pregunta: “¿Qué
he de hacer, Señor?”, y entonces, es enviado a Damasco, donde Ananías: “Allí se te
dirá lo que has de hacer” (Hch 22,10).




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Pero, para evitar el riesgo de hacer afirmaciones gratuitas, es mejor ir a la historia y a
la religión de Israel en donde nos encontramos algunos principios que nos pueden
servir para aplicarlos como criterios fundamentales de la dirección espiritual. Esto,
porque el pueblo de Israel ha desarrollado por medio de su historia la convicción o la fe
de que ha sido constituido como pueblo para alcanzar una alta dignidad, la de llegar a
ser “hijos de Dios”, que es en el fondo el propósito último de la dirección espiritual. En
definitiva, el objetivo de la dirección espiritual es engendrar un hijo de Dios, en el
contexto de la expresión joánica: “Pero a todos los que la recibieron (La Palabra) les
dio poder de hacerse hijos de Dios”. Esta finalidad de la dirección espiritual está
también afirmada en el Directorio espiritual de San Sulpicio cuando dice: “en función
de ayudar al futuro sacerdote a crecer libremente como bautizado e hijo de Dios, el
director espiritual se esmera en acogerlo tal como es”32.

2.1 La liberación de Egipto

A partir de esta experiencia Israel descubre que es un pueblo “elegido” por Dios. Israel
comienza a profundizar y a hacer una lectura de la historia en su ser “el pueblo de
Dios”. Como nos lo muestra la profesión de fe que nos trae Dt. 26, 5b-9, Yahveh será
siempre el sujeto de la historia: “...Yahveh nos sacó de Egipto con mano fuerte y tenso
brazo en medio de gran terror, señales y prodigios”. Para Israel la historia no es
solamente un fenómeno o una casualidad, sino la percepción fundamental de la acción
de Dios que actúa para que el pueblo se dedique a «obedecerle». Con los profetas
aparecerá más claramente la idea de que Dios tiene un plan universal bien definido y
en ese plan, Israel, como cada creyente, tiene un puesto, un lugar.

Nos encontramos así con un primer principio: La dirección espiritual es también una
percepción de fe en la historia. La historia de cada persona debe ser leída como una
historia en donde Dios actúa. La dirección espiritual toma a la persona tal como ella es,
para conducirla a Dios. El director debe ayudar al dirigido a descubrir que su vida, con
los acontecimientos concretos que la conforman, es también una historia de salvación.
Debe ayudarle a descubrir que Dios también tiene un plan concreto para su vida, que
luego de conocerlo lo más importante es seguirlo en la «obediencia».

2.2 La elección como pueblo de Dios

Este concepto aparece tardíamente. La primera pregunta que nos hacemos es, y
«¿Qué es la elección?». Para responder, podemos tomar dos textos. El primero, Ex
19,4-6: “Ahora, pues, si de veras escuchan mi voz y guardan mi alianza, ustedes serán
mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; serán

32
     Compañía de San Sulpicio, Directorio espiritual para la formación al ministerio presbiteral, No. 71.




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para mí un reino de sacerdotes y una nación santa”. También Dt 7,6: “Porque eres un
pueblo consagrado a Yahveh tu Dios; él te ha elegido a ti para que seas el pueblo de
su propiedad personal entre todos los pueblos que hay sobre la haz de la tierra”.

En estos textos podemos ver claramente dos cosas: que la iniciativa es de Dios, y que
los ha elegido para ser «su propiedad». Israel ha reflexionado sobre la liberación de
Egipto y ello lo ha llevado a comprender que es un pueblo «elegido» para ser la
propiedad de Dios. Es como si a la pregunta de ¿por qué nos ha liberado de Egipto?, se
responde con la elección: «para que seamos su pueblo». En toda «elección» hay un
misterio. ¿Por qué Dios prefirió a Abel y no a Caín? ¿Por qué eligió a Israel y no a otro
pueblo? ¿Por qué Dios me ha elegido a mí y no a otro? ¿Por qué nos ha elegido a
nosotros? Israel responderá: «Para que seamos testimonio entre las naciones».

Nos encontramos así con un segundo principio: la dirección espiritual nos ayuda a
tomar conciencia de esta elección de parte de Dios. La dirección espiritual es para una
persona el principal de los medios para discernir su propia vocación.

Pero si Dios ha hecho salir a Israel de Egipto para que sea su propiedad, entonces Dios
tiene el derecho de exigir que el pueblo haga su voluntad. Y será sobre todo en el
cumplimiento de la voluntad de Dios donde el pueblo mostrará que tiene conciencia y
acepta esta «elección». El pueblo se transforma así en palabra reveladora de la
voluntad de Dios. De esta manera, podemos enunciar un tercer principio: La
dirección espiritual nos ayuda a conocer la voluntad de Dios y a ponerla en práctica.

2.3     El conocimiento y la sabiduría en Israel

El conocimiento de Dios en este plano es funcional. La voluntad de Dios la conoce el
pueblo por medio de su acción creadora. La creación nos muestra la manera de obrar
que Dios tiene, pero para llevarnos a obrar de esta misma manera. Porque conocer la
voluntad de Dios equivale a ponerla en práctica.

La revelación versa sobre el designio escondido de Dios para con su pueblo y todos los
pueblos. Afecta tanto a las naciones como a los individuos. Así lo podemos constatar
en los escritos de Pablo y en general en el Nuevo Testamento: Rm 6,25; Col 1,26; Ef
1,9; 3,9. El mismo Pablo llama misterio al designio de Dios, al proyecto de Dios.

Con Jesús, el conocimiento de la voluntad de Dios se sitúa ya a un nivel personal.
Jesús mismo es el eschaton, y se convierte en el punto de referencia del conocimiento
de la voluntad de Dios: “...Jesucristo: revelación de un Misterio mantenido en secreto
durante siglos eternos, pero manifestado al presente, por las Escrituras que lo
predicen” (Rm 16,25-26). Discernir cuál es la voluntad de Dios es un carisma que se




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debe pedir en la oración, y el discernimiento de los espíritus va a ser un punto
importantísimo de la dinámica de la dirección espiritual.

La economía espiritual de todo el Nuevo Testamento, en la que el Espíritu Santo es el
verdadero guía y director, será el mejor marco para entender la dirección espiritual.
Dicha economía se caracteriza por ser una introducción del fiel cristiano a que sirva al
Padre en espíritu y verdad, por comunicación íntima con Él, en el Espíritu Santo: “los
que son conducidos por el Espíritu, esos son los hijos de Dios” (Rm 8,14).

3. LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL EN LA HISTORIA Y EN EL MAGISTERIO
APOSTÓLICO

Desde los tiempos apostólicos aparece en la Iglesia la práctica de la dirección
espiritual. La historia de la Iglesia da testimonio de la práctica del acompañamiento
espiritual, a partir de las primeras comunidades cristianas. La primera dirección
espiritual que conocemos, en cierto modo institucionalizada, es la que se desarrolla en
el monacato primitivo de oriente. Luego, también en occidente con san Benito. Las
órdenes mendicantes del medioevo tuvieron, en sus fundadores y superiores,
auténticos guías espirituales. Posteriormente con altos y bajos, siempre hubo
eminentes representativos de esta acción.

Por la dirección espiritual se busca en una persona idónea no solamente instrucción,
consejo y estímulo hacia la perfección, sino también, y casi más todavía, una guía que
ayude a salir del propio juicio y voluntad. En efecto, el que busca la santidad teme más
que nada verse “abandonado a los deseos del propio corazón” (Rm 1,24), y
precisamente por eso procura sujetarse a la guía del director, un sacerdote, un
ministro del Señor, un abad, un anciano, un hombre experto en los caminos del
Espíritu a quien toma por conductor espiritual. En este director se busca ante todo un
hombre de Dios, que ayude a destruir la propia voluntad y a conformarla en todo con
la voluntad divina. Este planteamiento, con modos y matices diversos, se mantiene
vigente en la búsqueda de la perfección cristiana hasta nuestros días.

De todas maneras, a finales del siglo XIX el Papa Leon XIII reafirma la validez de la
dirección espiritual contra aquellos que, alegando la primacía de la libre moción del
Espíritu Santo, consideran “toda dirección exterior como superflua, e incluso menos útil
para aquellos que quieren tender hacia la perfección cristiana”. A los que así piensan,
el Papa les dice: “La ley común de Dios providente establece que, así como los
hombres son generalmente salvados por otros hombres, de modo semejante aquellos
que Él llama a un grado más alto de santidad sean también conducidos por
hombres”33.

33
     León XIII, Carta Testem benevolentiae, 1899.




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Siglos antes San Juan de la Cruz había enseñado lo mismo, haciendo ver que Dios
dispone el orden sobrenatural en formas semejantes a las que Él mismo ha dado al
orden natural. Y en este sentido, dice, es Dios “muy amigo de que el gobierno y trato
del hombre sea también por otro hombre semejante a él”34. Considera el mismo santo
que la falta de dirección espiritual trae consigo el que muchas almas “no pasan
adelante por no se entender y faltarles guías idóneas y despiertas, que las guíen hasta
la cumbre”35.

Más adelante, hablando a los seminaristas, el Papa Pío XII enseña también: Al trabajar
y avanzar en la vida espiritual, no os fiéis de vosotros mismos, sino que con sencillez y
docilidad, buscad y aceptad la ayuda de quien, con sabia moderación, puede guiar
vuestra alma, indicaros los peligros, sugeriros los remedios idóneos, y en todas las
dificultades internas y externas os puede dirigir rectamente y llevaros a perfección
cada vez mayor, según el ejemplo de los santos y las enseñanzas de la ascética
cristiana. Sin estos prudentes directores de conciencia, de modo ordinario, es muy
difícil secundar convenientemente los impulsos del Espíritu Santo y de la gracia
divina36.

El concilio Vaticano II muestra también un gran aprecio por la dirección espiritual. En
PO la recomienda como conveniente para la santificación de los sacerdotes: “Han de...
tener en gran estima la dirección espiritual” (n. 18), que a su vez deben procurarla,
siempre que puedan, a los fieles, especialmente a los jóvenes con indicios de vocación
sacerdotal (n. 11). En OT dice que “la formación espiritual... ha de darse sobre todo
con a ayuda del director espiritual” (n. 8) y que “es muy útil una dirección espiritual
cuidada y prudente” (n. 11).

En la RFIS, nos encontramos con dos párrafos muy dicientes:

Ayúdese a los alumnos con una conveniente dirección en su configuración espiritual
individual, de forma que desarrollen armónicamente sus cualidades físicas, morales,
intelectuales y afectivas y adquieran cada día más el sentido de la justicia, la
sinceridad, la amistad fraterna, la verdad, la justa libertad y la conciencia de su deber,
de modo que, desarrollados también todos los valores naturales con la debida
atención, puedan prepararse más fácilmente para seguir a Cristo Redentor con
generosidad y pureza de espíritu y servirle en una vida apostólica37.


34
   S. Juan de la Cruz, 2 Subida 22,9.
35
   S. Juan de la Cruz, Prólogo Subida 3.
36
   Pío XII, Menti Nostrae 1950, 27.
37
   RFIS, 14.




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Desarróllese ordenadamente la vida espiritual de los alumnos en sus diversos aspectos
con la ayuda del Director Espiritual38.

La Exhortación Apostólica “Pastores Dabo Vobis” del papa Juan Pablo II como último y
más importante de los documentos sobre la formación sacerdotal, nos trae tres textos
que aluden directamente a la dirección espiritual y que resumen muy bien el
pensamiento del actual Papa con respecto a la dirección espiritual.
Por tanto, cada uno ha de ser ayudado para poder acoger el don que se le ha dado a él
en particular, como persona única e irrepetible, y para escuchar las palabras que el
Espíritu de Dios le dirige. En esta perspectiva, la atención a las vocaciones al
sacerdocio se debe concretar también en una propuesta decidida y convincente de
dirección espiritual. Es necesario redescubrir la gran tradición del acompañamiento
espiritual individual, que ha dado siempre tantos y tan preciosos frutos en la vida de la
Iglesia39.
Más adelante, en el número 50 dice: ―El director espiritual debe ayudar al seminarista
para que llegue a una decisión madura y libre‖. Y, ya al final, en el número 81,
hablando de los momentos, de las formas y de los medios de la formación
permanente, se expresa así:
Igualmente, la práctica de la dirección espiritual contribuye no poco a favorecer la
formación permanente de los sacerdotes. Se trata de un medio clásico, que no ha
perdido nada de su valor, no sólo para asegurar la formación espiritual, sino también
para promover y mantener una continua fidelidad y generosidad en el ejercicio del
ministerio sacerdotal. Como decía el Cardenal Montini, futuro Pablo VI, «la dirección
espiritual tiene una función hermosísima y, podría decirse indispensable, para la
educación moral y espiritual de la juventud, que quiera interpretar y seguir con
absoluta lealtad la vocación, sea cual fuese, de la propia vida; ésta conserva siempre
una importancia beneficiosa en todas las edades de la vida, cuando, junto a la luz y a
la caridad de un consejo piadoso y prudente, se busca la revisión de la propia rectitud
y el aliento para el cumplimiento generoso de los propios deberes. Es medio
pedagógico muy delicado, pero de grandísimo valor; es arte pedagógico y psicológico
de grave responsabilidad en quien la ejerce; es ejercicio espiritual de humildad y de
confianza en quien la recibe».

Nos llama la atención el hecho de que el Papa haya dedicado tan bellas líneas a la
dirección espiritual justo en el último numeral del documento, avaladas aún más con la
citación de las palabras de Pablo VI, para quien la dirección espiritual es también un
“arte pedagógico y psicológico”.



38
     RFIS, 45.
39
     PDV, 40.




                                                                                           192
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El “Directorio para el ministerio y la vida y de los presbíteros” se refiere también con
frecuencia a la dirección espiritual: en el numero 39 la enumera como una de las
partes integrantes de la vida de un presbítero. El número 54 habla de ejercer este
ministerio en favor del pueblo de Dios, especialmente de los religiosos y de las
vocaciones sacerdotales y nuevamente la recomienda para el mejoramiento de la vida
espiritual del propio sacerdote. En los números 85 y 92 continúa hablando de la
importancia de abrir espacios propicios para la dirección espiritual de los presbíteros.


4. EL DIRECTOR ESPIRITUAL

Es el instrumento del cual se sirve el Espíritu Santo para conducir a una persona hacia
la perfección cristiana. Ordinariamente debe ser un sacerdote. Muchas razones de
orden espiritual y práctico así lo recomiendan: Porque por el sacramento del Orden el
presbítero es ungido y confortado por Dios para que “en persona de Cristo Cabeza”,
pueda enseñar, guiar y santificar a los fieles (PO 2c); por la gracia de estado
sacerdotal; por la mejor preparación teórica y práctica para dirigir que tiene; y por la
fusión con el oficio de confesor. Sólo en casos excepcionales se podría aceptar la
dirección voluntariamente escogida de una persona prudente y experimentada ajena al
sacerdocio, hombre o mujer.

En los seminarios la práctica de la dirección espiritual está habitualmente unida a la
confesión. Considerada como uno de los elementos esenciales de la formación
sacerdotal, hace del director espiritual “un testigo y servidor de la acción del Espíritu
en aquel que se prepara al ministerio del Evangelio‖40. Implica una colaboración entre
el director y el dirigido para discernir los impulsos del Espíritu Santo, verdadero
director de las almas.

La misión concreta y especial de dirigir tiene dos elementos esenciales: la libre elección
del dirigido y la libre aceptación del director. Así como ninguna potestad humana
puede obligar a un determinado súbdito a aceptar la dirección de un determinado
director, así tampoco hay ninguna ley divina ni eclesiástica que le imponga al
sacerdote la obligación estricta de aceptar. El negarse sin causa justificada no
quebranta el orden de la justicia, pero sí el orden de la caridad, que es virtud más
excelente.

Dirigir, conducir, guiar, orientar, señalar la ruta que se debe seguir en la marcha hacia
la unión con Dios. Orientación que ha de referirse tanto a las obras positivas que se ha
de practicar, como a los obstáculos y peligros que se ha de evitar.

40
  Compañía de Sacerdotes de San Sulpicio, Directorio espiritual para la formación al ministerio presbiteral, Nro. 68-
69.




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4.1.        Cualidades del director

Los directores espirituales necesitan tener ciertos dones naturales y espirituales, como
es obvio, pues si “un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mt 15,14).

Por eso San Juan de la Cruz recomienda con tanto empeño al que va a tomar director
espiritual “mirar en qué manos se pone, porque cual fuere el maestro, tal será el
discípulo‖41. En otra parte, él mismo nos anota las cualidades que debe tener un buen
director espiritual: tiene que ser sabio, discreto y experimentado. Dice así: ―Y
adviértase que para este camino, a lo menos para lo más subido de él y aun para lo
mediano, apenas se hallará un guía cabal según todas las partes que ha menester,
porque, además de ser sabio y discreto, es menester que sea experimentado. Porque
para guiar el espíritu, aunque el fundamento es el saber y la discreción, si no hay
experiencia de lo que es puro y verdadero espíritu, no atinará a encaminar al alma en
él, cuando Dios se lo da, ni aun lo entenderá.‖42

Con el parecer de San Juan de la Cruz coincide plenamente Santa Teresa de Ávila,
cuando afirma: “Así que importa mucho ser el maestro avisado, digo de buen
entendimiento, y que tenga experiencia; si con esto tiene letras, es grandísimo
negocio. Mas, si no se pueden hallar estas tres cosas juntas, las dos primeras importan
más, porque letrados pueden procurar para comunicarse con ellos cuando tuvieren
necesidad.”

Vamos a ampliar éstas y otras cualidades que debe tener un buen director.

4.1.1. Ciencia

“El ministerio de la dirección espiritual exige preparación seria”, dice el Directorio
espiritual para la formación al ministerio presbiteral de la Compañía de San Sulpicio.
Que el director posea buena doctrina, es condición primera y fundamental. Aunque no
tenga plena experiencia en los caminos del Espíritu, debe tener al menos un
conocimiento doctrinal de ellos, para poder enseñarlos a quienes quizá los van a
recorrer totalmente. Por otra parte, no sólo los cristianos inexpertos, sino también las
personas de grandes experiencias espirituales necesitan verificarlas, confrontándolas
con la buena doctrina.



41
     S. Juan de la Cruz, Llama 3, 31.
42
     S. Juan de la Cruz, Llama 3,30.




                                                                                           194
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Cada director debe tener la preocupación permanente de renovar su competencia y de
verificar la calidad de la dirección que él asegura a sus dirigidos. En este sentido son
muchos y variados los textos de los maestros espirituales en donde recomiendan que a
la hora de escoger director espiritual sea un hombre de “letras”.

4.1.2.         Experiencia

El maestro espiritual que personalmente ha ido adelante en el camino de la perfección,
es en Cristo una luz preciosa, que ilumina el camino de quienes buscan la santidad. En
él se dan especialmente los dones del Espíritu Santo, y está libre de tantos apegos
desordenados que oscurecen el discernimiento y entorpecen el consejo. De hecho, en
no pocos casos, los santos han tenido directores espirituales santos, canonizados o no.

Parece claro, por el contrario, que un director apenas experimentado en los caminos
del Espíritu, y que ha recibido escasamente sus dones, difícilmente podrá guiar a otros
por senderos que él no ha transitado. Ni será tampoco capaz de entender estados del
alma que no conoce ni de lejos. Y esto es así en la guía espiritual de los que van más
altos; porque para la dirección de los más incipientes, la buena doctrina, aunque la
experiencia sea escasa, puede ser suficiente. A propósito dice San Juan de la Cruz:
“Algunos padres espirituales, por no tener luz y experiencia de estos caminos, antes
suelen impedir y dañar a semejantes almas que ayudarlas en el camino, y así, doblan
el trabajo a la pobre alma.”43. En términos semejantes habla con frecuencia Santa
Teresa de Jesús.

4.1.3. Oración

Para hacer el bien al dirigido es preciso un milagro de la gracia, y los milagros, más
que hablando y haciendo, se consiguen por la oración. Está claro: el director ha de ser
un hombre de oración.

Solamente nuestro Señor y Salvador Jesucristo puede hacer que una persona suelte
sus nudos interiores y exteriores, y, como Lázaro de su sepulcro, salga fuera de su
miseria: entienda y vea; quiera y pueda. Sólo su Espíritu Santo es capaz de realizar en
el hombre el milagro de “crearle un corazón puro, y renovarle por dentro con espíritu
firme” (Sal 50,12) como oraba con frecuencia J. J. Olier. En efecto, si un milagro es
necesario para que un pecador pase del pecado a la gracia, aún más grande es el
milagro que ha de obrar –y de hecho lo obra en muchos menos casos- para que un
cristiano pase de una bondad mediana a la perfección de la santidad que es la meta de
la dirección espiritual.


43
     S. Juan de la Cruz, Prólogo Subida 4-5.




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Pues bien, los milagros, más que hablando o haciendo esto o lo otro –cosas que no han
de omitirse-, se consiguen orando incesantemente con una fe cierta. Por eso, cuando
una persona se decide por el camino de la santidad, busca en el director espiritual un
amigo, un guía, un consejero, pero sobre todo un intercesor orante, alguien que se
haga cargo de él en una oración continua, alguien que le esté unido para pedir del
amor de Dios los grandes milagros que le son precisos. A la dirección espiritual
podemos aplicarle con propiedad las palabras de Cristo: “Os aseguro que si dos de
vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo
conseguirán de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18,19).

Siendo el director un simple instrumento del Espíritu, para que éste sea “eficaz”, hace
falta que posea mucha experiencia en el trato con este mismo Espíritu para saber
discernir sus impulsos. Es en la oración donde el director aprende a colaborar con el
Espíritu que ya está obrado en él, para después colaborar con el mismo Espíritu que
comienza a obrar de una manera nueva y diferente en el dirigido. Como ya lo
afirmamos, la dirección espiritual es en definitiva una colaboración con el Espíritu
Santo.

Lo que habíamos dicho a propósito de la experiencia, lo repetimos a propósito de la
oración: solamente un director que conoce los caminos del Espíritu y que ha recibido
sus dones, podrá guiar a otros por el sendero que él ya conoce y será capaz de
entender los estados del alma de quien se ha decidido firmemente por una vida de
perfección.

4.1.4 . Discernimiento adquirido y carismático

El director que tiene ciencia, experiencia y oración, tendrá también, en mayor o menor
grado, discernimiento, sea éste adquirido o infuso.

El discernimiento adquirido es el arte espiritual de examinar los diversos movimientos
del alma, para discernir si vienen, 1° del Espíritu divino, 2° del espíritu del diablo y del
mundo, o 3° de las inclinaciones, deseos y temores de la propia carne. En la dirección
espiritual, en efecto, es necesario “examinar los espíritus” para saber “si son de Dios”
(1 Jn 4,1). El director tendrá discernimiento suficiente para ayudar a las personas que
se le confían, sin hacerles daño alguno, si tiene suficiente ciencia, experiencia y
oración, y en la medida en que esté libre de apegos personales desordenados.

Es éste, sin embargo, un discernimiento no infalible, que puede poseerse en mayor o
menor grado, y que exige también unas ciertas dotes psicológicas, que no todos
tienen. Para su práctica prudente existen ciertas reglas de discernimiento, ya
elaboradas por la tradición espiritual, en especial los que propone San Ignacio de




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Loyola, y que el seminarista aprende durante los retiros ignacianos en el primer
semestre del año propedéutico.

El discernimiento carismático es, en cambio, una gracia especial que distingue los
espíritus de modo infalible, pues actúa por moción inmediata del Espíritu Santo. Por
este carisma de discreción de espíritus el director espiritual puede prestar así a las
personas una guía sumamente preciosa, indicándoles con toda certeza, en ciertos
momentos cruciales, la voluntad de Dios.

Es, sin embargo, un carisma muy infrecuente, pues únicamente suele darse en los
santos, en quienes se da una gran plenitud de los dones del Espíritu Santo; y no en
todos ellos, por supuesto; o los tiene para sí, y no para los otros, o para otros, y no
para sí. Conviene saber esto, para que el director espiritual no crea demasiado
fácilmente en su propio discernimiento carismático, y tampoco el dirigido, en este
sentido, confíe excesivamente en tal carisma.

Bendito sea Dios cuando un director posee el carisma maravilloso del discernimiento
espiritual. Podrá prestar en el nombre del Señor luces e impulsos valiosísimos al
dirigido. Pero, como ya dijimos, este carisma no es frecuente, y por eso la dirección
espiritual no puede normalmente fundamentarse en él. Por el contrario, la dirección ha
de afincarse más bien, por parte del director, en la buena doctrina, que incluye el
conocimiento de las reglas de discernimiento, y en la experiencia espiritual, cualidades
más frecuentes y más fácilmente verificables; y por parte del dirigido, en el humilde y
confiado espíritu de obediencia. Basta con esto para que la dirección espiritual pueda
dar frutos excelentes de santificación.

4.1.5 Guardar la libertad del dirigido en la docilidad al Espíritu Santo

Es normal que un director comunique a quienes se le confían su misma vida espiritual,
incluso con ciertos modos devocionales propios, que él vive o intenta vivir, secundando
el don de Dios. Es lo mismo que los padres hacen con los hijos. Entra, sin duda, en el
plan de la Providencia divina que muchas de las gracias recibidas por el director se
comuniquen a sus hijos espirituales. Esto es así sobre todo cuando el dirigido comienza
su camino espiritual, pero cuando ya va más adelante, debe el director concentrar más
su cuidado en descubrir las vías particulares por donde Dios quiere llevarle.

Nos parece muy oportuna la recomendación que a este respecto hace San Juan de la
Cruz: “Adviertan los que guían las almas y consideren que el principal agente y guía y
movedor de las almas en este negocio no son ellos, sino el Espíritu Santo, que nunca
pierde cuidado de ellas, y que ellos sólo son instrumentos para enderezarlas en la
perfección por la fe y la ley de Dios, según el espíritu que Dios va dando a cada una. Y
así todo su cuidado sea no acomodarlas a su modo y condición propia de ellos, sino




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mirando si saben el camino por donde Dios las lleva, y, si no lo saben, déjenlas y no
las perturben... A cada uno lleva Dios por diferentes caminos; que apenas se hallará
un espíritu que en la mitad del modo que lleva convenga con el modo del otro44.

Lo mismo dirá Santa Teresa: “así como hay muchas moradas en el cielo, hay muchos
caminos” para llegar a él45. La meta es común, pero los caminos para llegar a ella, las
formas de realizarla, son específicamente distintas. Es como un mosaico de colores en
los que cada persona tiene un tono, un matiz distinto: “Una estrella se diferencia de la
otra en el resplandor” (1 Cor 15,41).

La insistencia de los grandes maestros espirituales en algo tan elemental hace pensar
que esta doctrina muchas veces es ignorada en la práctica. En efecto, fácilmente el
director estima que su camino o el camino de su movimiento es el mejor de los
posibles, y trata así de inculcarlo a todos sus dirigidos. Esto es un grave error, ya que
las personas son un misterio para ellas mismas y para quien las dirige. Sólo Dios las
conoce de verdad, y sólo Él conoce sus designios sobre ellas. Santa Teresa del Niño
Jesús, que fue maestra de novicias, comprobó que en la formación de las personas “es
absolutamente necesario olvidarse por completo de los propios gustos y de las ideas
personales, y guiar a las almas por los caminos que Jesús ha trazado para ellas, sin
pretender hacerlas ir por el nuestro.”46.

“Deben, pues, los maestros espirituales dar libertad a las almas”, dice San Juan de la
Cruz47. Por eso, cuando un director se empeña en retener las personas bajo su influjo,
como apropiándose de ellas; cuando estima que es capaz de ayudar a todas en todas
las fases de su crecimiento; cuando procura evitar que consulten con otros, comete un
pecado muy grave.

Para terminar este capítulo transcribimos el número 77 del “Directorio espiritual para
la formación al ministerio presbiteral de la Compañía de Sacerdotes de San Sulpicio:
“Las cualidades y deberes del director espiritual podrían resumirse como sigue:
escucha, gran bondad, firmeza, oración por cada hijo espiritual, paciencia benevolente,
al servicio de un progreso real, respeto de la libertad, preocupación de la verdad en la
palabra y en la relación con Dios. No debe ser posesivo, ni querer imponer su propia
espiritualidad, sino asegurar la apertura a Dios y a su Palabra. Debe ayudar a su
dirigido en el discernimiento de los espíritus y formarlo en este discernimiento. Debe
mantener una viva conciencia del papel del Espíritu Santo en el dirigido y también en
el director.‖

44
   San Juan de la Cruz, Llama 3, 46; 3, 49.
45
   S. Teresa de Jesús, Vida 13,13.
46
   Santa Teresa del Niño Jesús, Manuscrito C 22v°-23r°.
47
   San Juan de la Cruz, Llama 3,61.




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Nos parece que es un buen resumen de todo lo dicho y que demuestra que la tradición
sulpiciana recoge muy bien todo lo dicho por los principales maestros espirituales.


5. EL DIRIGIDO

Es toda persona que, aspirando seriamente a la perfección evangélica, se ha puesto
voluntariamente bajo la guía y conducción de un director espiritual. Hemos resaltado la
palabra voluntariamente, porque como ya lo habíamos dicho, la elección del director es
completamente voluntaria y libre por parte del dirigido.

Nadie está excluido de la necesidad moral de someter las cosas de su alma al gobierno
y control de un director espiritual. Ni siquiera los directores mismos. Esto, porque
nadie es buen juez de sí mismo; pero, sobre todo, porque el valor y la eficacia de la
dirección no reside únicamente en la solución teórica de las dificultades, sino en la
fuerza estimulante de los consejos y exhortaciones del director y en la humildad,
obediencia y sumisión del dirigido.

5.1. Actitudes principales del dirigido

Algunas tendrán que ver con la dirección misma y otras con el director.

5.1.1. Voluntad firme de santidad

Como lo hemos anotado en la definición, se trata de una persona que “aspira
seriamente a la perfección evangélica”. Pretender la santidad con todas las fuerzas del
alma y por encima de cualquier cosa es lo primero que necesita el cristiano que acude
a la dirección espiritual. Sin esto, la dirección espiritual sería completamente inútil e
imposible por faltarle su objeto propio. Si no va a la dirección espiritual con esta
actitud, entonces, ¿qué es lo que en ella busca? ¿Qué otras cosas pueden buscarse en
la dirección espiritual?

Sin esa voluntad de santidad falta en el que pretende dirigirse, el director deberá
dedicarse antes que nada a suscitarla; pero si no lo consigue en un tiempo prudencial,
es posible que convenga a veces renunciar a esa dirección.

5.1.2. Espíritu de fe para ver a Cristo en el director

Es como la segunda condición más importante, ya que el sacerdote hace visible el
amor del Señor cuando ejercita su servicio pastoral de la dirección espiritual. El
dirigido que se beneficia con la dedicación de un director espiritual, ha de ver en su
atención reiterada y solícita –aunque tantas veces inevitablemente deficiente una




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manifestación del amor que Cristo le tiene, y de cuánto interés pone en procurar la
perfección de su vida temporal y eterna. Por esto, el encuentro de dirección espiritual
debe tener al mismo tiempo un amistoso ambiente familiar y una tonalidad
intensamente religiosa que puede acentuarse, por ejemplo, mediante una breve
oración al comienzo y una bendición al final, ya que es propio del sacerdote bendecir a
la persona en el nombre de la santísima Trinidad.

5.1.3. Sinceridad

La sinceridad es uno de los principales deberes del dirigido, sin la cual se hace
imposible la dirección. Todos los maestros espirituales insisten en la necesidad de la
humilde sinceridad de corazón para manifestarle todo al director. Quien busca la
perfección debe comunicar a su guía con toda sencillez y confianza sus pensamientos,
sus inclinaciones, tentaciones y ansiedades, los cambios habidos, así como las gracias
recibidas, las victorias y las derrotas.

Pero sobre todo no ha de ocultar al director nada importante, nada especialmente
significativo en la situación actual de la persona: aquellos pensamientos, temores y
deseos que en un momento dado son más persistentes. Sencillamente hay que decirlo
todo. Es ésta una insistencia tradicional. Casiano (+435), por ejemplo, refiere: “A los
que empiezan se les enseña a no esconder, por falsa vergüenza, ninguno de los
pensamientos que les dan vueltas en el corazón, sino a manifestarlos al anciano
espiritual desde su mismo nacimiento, y para juzgarlos, se les enseña igualmente a no
fiarse de su opinión personal, sino creer malo o bueno lo que el anciano, después de
examinarlo, declarare como tal. De este modo el astuto enemigo ya no puede
embaucar al joven aprovechándose de su inexperiencia e ignorancia.‖48

Este “decirlo todo”..., hay que entenderlo bien. Se dan casos en los cuales la persona
no es capaz de expresar ciertos temas más íntimos o complejos: unas veces porque no
se conoce a sí misma suficientemente, otras porque, tratándose de cuestiones muy
complicadas, no sabe cómo expresarlas sin desfigurarlas, y por eso prefiere callar. O,
inclusive, porque adolece de una timidez o inhibición tan absoluta, que por el momento
es insuperable. No hay, pues, en casos como éstos voluntad de ocultar, sino más bien
incapacidad de manifestar. Lo primero impediría seriamente la dirección, pero lo
segundo no la dificulta en absoluto. Son limitaciones personales que, si Dios quiere y
cuando Él quiera, irán superándose.

Otras veces la apertura total al director se ve voluntariamente reducida, porque la
persona estima que no hace falta someter a su consejo ciertos asuntos. Es éste un
grueso error, y algunas veces más aún, es un engaño del Maligno. Porque, con

48
     Casiano, Instituta 4,9.




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frecuencia la misma persona que ve la paja en el ojo ajeno, no alcanza a ver la viga
que tiene en el propio, según las palabras de Lc 6, 41: no sabe en realidad qué le
pasa, ni cuál es su problema; ignora lo que le conviene, no capta toda la importancia y
significación de un asunto, y tampoco conoce bien los medios más idóneos para
resolverlo. En fin, que de muchos modos sutiles se sirve el Tentador para sujetar a la
persona en un silencio y ocultamiento perjudiciales.

Los que practican el doble juego de utilizar al director únicamente para manifestar las
cosas buenas o menos malas, dejando para un confesor desconocido sus verdaderas
miserias y pecados, están sumamente equivocados. En esta forma es imposible la
dirección espiritual, porque aun cuando el dirigido tiene siempre la libertad de dirigirse
a otro sacerdote para la confesión, sin embargo recordará la obligación que tiene de no
ocultarle nada al director.

5.1.4. Obediencia

La dirección espiritual tiene por objeto someterse a las orientaciones de un guía, del
que se aceptan voluntariamente las luces, los consejos y las órdenes. Por lo mismo, el
director debe exigir la obediencia en las cosas pertenecientes a la dirección, bajo pena
de negarse en absoluto a continuarla si el dirigido no acata sus consejos, porque sin
esta docilidad y obediencia del dirigido, la dirección espiritual carece en absoluto de
eficacia y se convierte en una pérdida de tiempo.

Santa Teresa de Jesús dice que “no hay camino que más pronto lleve a la suma
perfección que el de la obediencia”49. Pues bien, en la dirección espiritual se abre una
vía privilegiada para el espíritu de obediencia. ¡Cuántos trabajos espirituales, más o
menos bien intencionados, no dan fruto porque parten más de la voluntad propia que
de la voluntad de Dios! Los que así caminan en su vida espiritual –ateniéndose ante
todo, y casi exclusivamente a su juicio y voluntad muchas veces “corren como a la
aventura” y luchan “como quien azota el viento” (1 Cor 9,26).

Conclusiones

A lo largo de todo nuestro recorrido hemos podido ver la importancia que tiene la
obediencia dentro de la dirección espiritual. Así lo hemos podido constatar al
reflexionar, tanto acerca de los principios bíblicos, como al enumerar las principales
actitudes o deberes del dirigido. Pero la obediencia está en crisis en nuestra sociedad
actual y esta crisis ha contagiado también a la Iglesia. Por eso tememos hablar hoy de
“obediencia” y preferimos hablar de “docilidad”; tememos hablar de “dirección” y


49
     Santa Teresa de Jesús, Fundaciones 5,10.




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preferimos hablar de “acompañamiento”, palabra mucho más próxima al espíritu de
nuestro tiempo.

Sin embargo, debemos recuperar el sentido profundamente cristiano de la obediencia
como camino de perfección. Solamente en la obediencia al Espíritu se podrá dar en el
interior de una persona esa identidad plena con la persona de Jesucristo, quien “aún
siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia; y llegado a la perfección se
convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen” (Hb 5,8-9).

En opinión de los entendidos, el término “acompañamiento espiritual” designa el trato
personal con un sacerdote, buscando ante todo una catequesis individual: para
formarse criterios, aclarar dudas, orientarse sobre lecturas, buscar una amistad
espiritual, una confortación, una ocasión de desahogo. Generalmente estos encuentros
se dan sólo de vez en cuando. Todos estos elementos son buenos y responden a
necesidades reales. Sin embargo, en ellos no se llega a confiarse a la guía del director,
con un compromiso de obediencia.

La dirección espiritual incluye el acompañamiento (es decir, todos los elementos
anotados anteriormente), pero es bastante más que éste. Porque, en efecto, la
dirección espiritual en su sentido pleno y estricto, nace de una gracia especial de Dios,
por la cual la persona se siente inclinado en conciencia a dejarse instruir y guiar por
otra persona.

Según esta concepción, que es sin duda la de más larga tradición teórica y práctica en
la Iglesia, el director espiritual cumple todas las funciones que hemos señalado como
propias del acompañamiento: instrucción, consulta, amistad espiritual, estímulo,
confortación, etc.; pero desempeña además una función de guía, reconocida y querida
por el dirigido que quiere ayudarse de este modo para salir de su propia voluntad y
estar siempre en la de Dios.

La dirección espiritual abre, pues, un camino de perfección recomendado siempre por
los santos y por la Iglesia; un camino que sólo puede recorrerse buscando la santidad
con toda el alma; en espíritu de humildad, manifestando sinceramente todo lo que sea
conveniente, sin fiarse de uno mismo; en espíritu de fe, reconociendo al Señor
Jesucristo en el guía espiritual que él ofrece; en espíritu de obediencia y de abnegación
de sí mismo, muriendo al propio juicio y voluntad, para abrirse así con una docilidad
incondicional al Espíritu Santo.

A la luz de estos principios podemos decir que en nuestros seminarios todos los
miembros del equipo de formadores somos acompañadores o acompañantes
espirituales de todos los alumnos, ya que permanentemente les estamos prestando el
servicio de la instrucción (por medio de las clases, consultas de orden académico,




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etc.); a todos estamos obligados a brindarles una amistad espiritual; a todos los
estamos ayudando con nuestras homilías, nuestras charlas, orientaciones, con nuestro
testimonio sacerdotal. ¿Cómo podría llamarse todo esto sino acompañamiento
espiritual, siendo que compartimos con ellos todo nuestro tiempo y capacidades en
orden a su formación espiritual, cristiana y sacerdotal? Pero entre todo este grupo de
acompañadores espirituales, el seminarista escogerá libremente uno para que sea su
director espiritual. La separación de los fueros nos clarifica aún mucho más esta
distinción: todos los miembros del Equipo somos acompañantes espirituales del
seminarista en lo que concierne al fuero externo; pero, solamente uno (el que él elija
libremente dentro de este grupo) lo acompaña y dirige en lo que concierne al fuero
interno. Para él, solamente uno es su director espiritual y los demás miembros del
Equipo son sus acompañantes, o como tradicionalmente los hemos llamado, sus
“formadores”.




Lo que caracteriza esta etapa, sin lugar a duda, es la alegría de sentirse llamado por el
Señor, alegría que se convierte en una fuerza poderosa y en un verdadero signo
aunque, incipiente, del tesoro que existe enterrado en el corazón de aquel joven que lo
ha descubierto y está dispuesto a venderlo todo y quedarse con él (la vocación) (Mt
13, 44): al respecto citamos las palabras de la madre Teresa de Calcuta cuando
preguntó a su párroco “¿Cómo sé que Dios me llamó y para qué me llamó?” Y él
respondió: “Lo sabrás por la alegría que sientes al hacer las cosas; ésta será la brújula
que señale tu camino, aunque éste esté lleno de espinas.”

El párroco es el primer acompañante espiritual, a él Dios le confía la gracia de ser el
primero de manera oficial de recibir esa buena nueva y de recoger este fruto que año
tras año, se ha venido cultivando “ya el segador recibe su paga y junta frutos para la




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vida eterna; de modo que también el sembrador participe en la alegría del segador y
se verifica el dicho: uno es el que siembra y otro el que cosecha.” (Juan 4, 36 – 38)

Algunos párrocos que lo antecedieron, sembraron en el corazón de este joven la
semilla de la palabra, que el Espíritu Santo fue haciendo crecer y ahora se presenta
como un débil tallo que germina y que necesita el mayor cuidado y atención. El
párroco es un animador que como el Señor Jesús, al escuchar los pasos insistentes de
los dos primeros discípulos, les pregunta “¿Qué buscan?” (Juan 1, 38) y los invita a
vivir una experiencia de cercanía para conquistarlos en el trabajo del Reino de Dios.

El párroco, como el sacerdote Helí (como lo describe 1 Samuel 3,1), es alguien muy
cercano a la vida del joven que acoge su inquietud y, aunque al principio la confusión
embargue su corazón, siempre estará presto para escucharle y ayudarlo a dilucidar:
Yahvé llamó a Samuel él respondió: “Aquí estoy”, y corrió donde Helí diciendo “aquí
estoy pues me has llamado”, pero Helí le contestó: “Yo no te he llamado; vuelve a
acostarte” (1 Sm 3, 4).

El sacerdote recibe en sus manos la alegría, la duda, la incertidumbre, los temores que
tiene alguien de asumir el llamado y él, por medio del conocimiento y el ambiente
donde ha crecido, es el primero en dar razón en este acontecimiento importantísimo,
que marcará la historia de una manera indeleble; el párroco como lo señalamos
anteriormente, es testigo de este misterio de elección divina que conoce sobretodo
Dios, pero ha tenido la gracia de hacerle participar de su proyecto divino.

El joven busca a Cristo en el sacerdote, y de él tiene derecho a esperarlo, ante todo
mediante el anuncio de la palabra (afirma el Papa Juan Pablo II) pero el anuncio tiende
a que el hombre encuentre a Cristo en el misterio eucarístico, corazón palpitante de la
Iglesia y de la vida sacerdotal

El documento de Santo Domingo en el numeral 42 dice: “que se ha perdido en gran
medida la práctica de ―Dirección Espiritual‖, que sería muy necesario par la formación
de los laicos más comprometidos, a parte de ser condición para que maduren
vocaciones sacerdotales y religiosas‖. El documento evidentemente nos señala con
gran claridad que la dirección espiritual de un párroco es condición para que alcance la
madurez, la vocación: a parte de sus múltiples tareas que lo agotan pastoralmente,
abrirle espacio al joven inquieto ante la llamada de Dios, es una obra en la que se
compromete existencialmente y cumple con aquella palabra de Jesús que dice: “no hay
amor más grande que dar la vida por los demás” el párroco como pastor, a semejanza
de Cristo, es promotor de comunión con Dios y con sus hermanos a cuyo servicio se
entrega (Puebla 653) y esta entrega precisamente tiene como un punto esencial la
escucha, la animación, la ayuda a toda vocación que germina en su parroquia por




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medio del acompañamiento, que debe organizar cuidadosamente en su programación
parroquial.




A lo largo del año, con la guía del director de grupo y siguiendo un cronograma
estricto, el alumno debe elaborar las líneas básicas del proyecto personal de vida para
que tenga, como conclusión de su etapa previa, los fundamentos de todo su trabajo
personal en cada una de las dimensiones de su formación. En este sentido el trabajo
del director del grupo es para el alumno una primera vivencia de la dirección espiritual,
entendida en un sentido amplio.

Así, la dirección espiritual en el primer semestre en esta experiencia está relacionada
más con el acompañamiento del coordinador del grupo, quien se centra, por una parte,
en el seguimiento individualizado de la elaboración del proyecto personal de vida de
cada uno de los alumnos, y, por otra parte, en llevar poco a poco al joven a descubrir
la importancia del crecimiento en equipo, para una vivencia inicial de la espiritualidad
de comunión.

Por otra parte, la práctica de la lectio divina, bajo la guía del director de grupo,
permitirá al alumno empezar a descubrir toda la luz que la Palabra de Dios arroja
sobre su realidad pasada, presente y futura. Se trata de hacer realidad, desde el
primer momento, las palabras del papa Benedicto XVI en la homilía de la misa crismal
del Jueves Santo de 2006: “Tenemos que conocer a Jesús de una manera cada vez
más personal, escuchándole viviendo junto a él, estando con él. Escucharlo en la
―Lectio Divina‖, es decir, leyendo la Sagrada Escritura, pero no de una manera
académica, sino espiritual; de este modo aprendemos a encontrar a Jesús presente
que nos habla. Tenemos que razonar sobre sus palabras y sobre su manera de actuar
ante él y con él. La lectura de la Sagrada Escritura es oración, tiene que ser oración,
surgir de la oración y llevara a la oración. Los evangelistas nos dicen que el Señor se
retiraba continuamente –durante noches enteras- ―a la montaña‖ para rezar a solas.
También nosotros tenemos necesidad de esta ―montaña‖: es la altura interior la que
tenemos que escalar, la montaña de la oración. Sólo así se desarrolla la amistad. Sólo
así podemos desempeñar nuestro servicio sacerdotal, sólo así podemos llevar a Cristo
y su evangelio a los hombres. El simple activismo puede ser incluso heroico, pero el
actuar exterior, a fin de cuentas, queda sin fruto y pierde eficacia si no nace de la




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comunión íntima con Cristo. El tiempo que dedicamos a esto es realmente tiempo de
actividad pastoral, de una actividad auténticamente pastoral. El sacerdote tiene que
ser sobre todo un hombre de oración. El mundo en su activismo frenético pierde con
frecuencia la orientación. Su actuar y sus capacidades se convierten en destructivas si
desfallecen las fuerzas de la oración, de las que surge el agua de la vida capaz de
fecundar la tierra árida‖**

Es por medio de la palabra, en la meditación, como ellos deben aprender a intimar con
Jesús, adquiriendo el hábito que los convertirá en hombres de la Palabra de Dios. Por
medio de la experiencia del discipulado, ellos van descubriendo en un intenso
discernimiento la voluntad de Dios.

La dirección espiritual empieza propiamente en el segundo semestre, después de los
ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, y de haber realizado el curso de la
“Dirección Espiritual”. El director espiritual, continuando el trabajo realizado a partir de
la lectio divina en el primer semestre, se centrará principalmente en la formación
humana, enfatizando la formación de verdaderas personas, según el corazón de Jesús,
siguiendo la pedagogía de Jesús: educar siempre a partir de la vida, enseñando a leer
la vida y dando unos criterios para leer la vida; dejando al mismo tiempo a cada uno la
tarea de concretar en la vida personal su enseñanza. El evangelio está lleno de estos
ejemplos; fijémonos simplemente en el pasaje de la ofrenda de a viuda: Mc. 12, 41 –
44. Jesús parte de un hecho de su experiencia; lo comparte con los discípulos y les da
unos “criterios de lectura”. Enseñar a leer la vida y leerla desde el Evangelio es la
metodología esencial y básica en una formación tanto humana como cristiana desde
los comienzos, especialmente en propedéutico. De esta manera, ayudará al joven a
ahondar en la elaboración de las líneas básicas de su proyecto personal de vida.




El director espiritual de los jóvenes que están en este grado académico debe tener en
cuenta como primordial que éste es el año en que se profundiza en: “la elaboración del
modelo de situación” a partir de una lectura de la realidad personal, eclesial y de la
sociedad en que vive. Su propia realidad, toda su vida, su historia, deben ser leídas,
analizadas, meditadas por el alumno de primero de filosofía a la luz del Espíritu Santo

**
     Palabras del Papa Benedicto XVI en la homilía de la Misa Crismal del Jueves Santo del 2006.




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porque están cargadas de los signos de la presencia salvadora de Dios, pero también
de aspectos negativos que, por la fuerza de la aceptación propia y de la misericordia
de Dios deben, para el bien del joven, transformarse, porque el apóstol Pablo dice:
―Todo el que está en Cristo, es una criatura nueva, lo antiguo ya pasó, un mundo
nuevo le espera.‖ (2 Cor 5, 17).

El director espiritual ha de tener en cuenta los interrogantes que plantea la elaboración
del proyecto personal de vida para ayudar al joven a adentrarse y descubrir los
aspectos que conforman su personalidad y la realidad de su propia vida, igualmente
descubrir por medio de todo lo escrito las circunstancias externas que pueden generar
dificultades o que le muestran nuevos y buenos horizontes.

Es de gran importancia, se insiste, en aprender a leer los signos de Dios inscritos en
nuestro pasado, igual que en el episodio de los discípulos de Emaús, Jesús (el director
espiritual) busca a las personas y camina con ellas para asumir las alegrías y
esperanzas, las dificultades y tristezas de la vida (Puebla # 14). Es el papel del
director espiritual en este momento decisivo de la vocación. Jesús no sólo se acerca a
los caminantes, va más allá: se hace camino para ellos (Juan 14,6), penetra en la
vivencia profunda de la persona, en sus sentimientos, en sus actividades por medio de
un diálogo sencillo y directo, conoce sus preocupaciones inmediatas. El mismo Cristo
Resucitado acompaña los pasos, las aspiraciones, las búsquedas, los problemas y
dificultades de sus discípulos cuando éstos se dirigen a su aldea (Puebla # 16). El
director, asumiendo el papel de Cristo en el camino de Emaús, va dilucidando el
pasado, ya que hay momentos en la vida, en los que la consideración del pasado
constituye la verdad del presente. Le manifiesta el sentido y su razón profunda. Una
experiencia significativa del presente abre un paisaje nuevo en la contemplación del
pasado. Estaba allí, pero nadie era capaz de verlo porque faltaban ojos. Igual que los
discípulos de Emaús, que se volvieron incapaces de ver por medio de la cruz el triunfo
de Jesús y perdieron el sentido.

Jesús Resucitado crea ojos nuevos, en el joven seminarista, para ver cosas antiguas y
entonces éstas se convierten en nuevas como el presente.

No es cualquier historia en la que se va a profundizar; por eso el director espiritual,
debe insistir en la presencia real, pero invisible, del Señor que por medio de su Espíritu
Santo va creando un nexo misterioso en los hechos y comunica la inteligencia
(“inteligencia” deriva del latín intus legere, “leer dentro”, penetrar, comprender a
fondo). Efectivamente, la luz del Espíritu, al mismo tiempo que agudiza la inteligencia
de las cosas divinas, hace también más límpida y penetrante la mirada sobre las
realidades humanas. Gracias a ella se ven mejor los numerosos signos de Dios que
están inscritos en la creación y en el corazón de cada ser humano. Se descubre así la




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dimensión no puramente terrena de los acontecimientos, de los que está tejida la
historia humana.

Al mismo tiempo, el joven aprende a leer los “signos de muerte” que se presentan en
su historia y en su presente; debe descubrir cómo el pecado está presente y ha dejado
marcas en su personalidad, en su mentalidad, en su conducta; y debe descubrir a
Jesús como aquel que le puede curar la lepra, la ceguera, la sordera, la parálisis en su
vida de relación con Dios y con los demás, para poder emprender procesos profundos
de sanación y liberación, gracias a la lectura de la Palabra de Dios y al sacramento de
la penitencia.

Se renueva entonces la experiencia de los discípulos de Emaús, los cuales, tras haber
reconocido al Resucitado en la fracción del pan, se decían uno a otro: ―¿No ardía
nuestro corazón mientras hablaba con nosotros en el camino, explicándonos las
Escrituras? (Lc 24, 32).


Otra herramienta fundamental que contribuye a la profundización y análisis de la
realidad en el “manual de campo” el cual, se convierte en un elemento enriquecedor,
en cuanto que tiene consignado todas las vivencias pastorales, realizadas en los
lugares donde ejerce con dedicación y diligencia este trabajo. El “manual de Campo”
ofrece datos que son importantes para adentrarse en el desenvolvimiento de la
persona y su relación con el contorno y el entorno a donde se encuentra; es de gran
ayuda este “manual” porque por medio de él se descubre en parte, bajo la acción del
Espíritu Santo, su reflexión de la historia y de su vida, llevándolo a ahondar
permanentemente en su comprensión de la realidad tanto personal como comunitaria.




El director espiritual debe tener presente que en este segundo año del ciclo filosófico,
el conocimiento del ideal recibe especial énfasis. El alumno, con la ayudad del
director de grupo de vida y del director espiritual, reajusta su proyecto personal de
vida para que pueda con mayor claridad trabajar todos los elementos de la formación
con el fin de llegar a ser el sacerdote que Dios quiere y la Iglesia necesita. Con este
segundo año el alumno puede dar un paso más, de gran importancia, en el




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discernimiento de la vocación a la que el Señor lo llama ya que se hace más consciente
de la meta a la que se encamina.

El director espiritual ha de revisar el ideal por el cual se siente llamado su hijo
espiritual y por medio del diálogo lo orienta para que éste adquiera una conciencia
clara de las implicaciones fundamentales del ideal de persona, cristiano, sacerdote
(con todas las implicaciones de su entrega total concretada en el celibato), Iglesia y
sociedad que la Iglesia le propone, que debe asimilar para su proceso de formación y
que deben poco a poco convertirse en las metas que iluminen, su crecimiento humano,
su oración, sus estudios, su labor pastoral. De la belleza e integralidad del ideal
dependerá en buena parte el fervor y entusiasmo de la entrega del joven a su proceso
de formación.

Si el énfasis está en el conocimiento del ideal, es necesario descubrir y analizar las
“ilusiones”. Entendemos por ilusión el engaño o error inadvertidos nacidos de la
proyección de deseos o aficiones que llevan a atribuir a la realidad o al ideal un sentido
que no tienen. El joven ha vivido en un ambiente determinado que le ha ofrecido
paradigmas que con frecuencia son tergiversaciones de la realidad y, por lo tanto, de
los ideales que se colocan en el corazón. Es claro el peligro que existe en la persona de
confundir, sin darse cuenta, lo que le agrada, lo que más conviene a sus instintos
naturales o hábitos anidados en el subconsciente, o a sus propios planes de realización
personal, con lo que en realidad quiere el Señor, que casi siempre es bien diferente.
Estas ilusiones deben ser desenmascaradas y purificadas a la luz de la Palabra de Dios.
La conversión que el Señor nos pide empieza por una “metánoia”, es decir, un cambio
de la manera como se ven las cosas, un cambio de mentalidad, para adquirir “la mente
de Cristo”. Se trata de ese cambio profundo del que habla san Pablo en la Primera
Carta a los Corintios (1 Cor 2,14-16): ―El hombre mundano no capta las cosas del
Espíritu de Dios. Carecen de sentido para él y no puede entenderlas, porque sólo a la
luz del Espíritu pueden ser discernidas. Por el contrario, el que posee el Espíritu lo
discierne todo y no está sujeto al juicio de nadie. Por eso, nosotros poseemos el modo
de pensar de Cristo.‖ Por esto, el director espiritual revisará constantemente el ideal
del seminarista y hará hincapié en todas las circunstancias en los testimonios
ejemplares de santos y sacerdotes que lucharon por el ideal de ser auténticos
cristianos y buenos pastores.

La concreción del ideal se apoya, además, en una lectura adecuada de los signos de los
tiempos. Pablo VI, en su encíclica Populorum progressio citando el Nº 4 de G.S.,
reafirma que ―es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los
tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio‖. Por esto, a la luz de la realidad que se
ha descubierto y profundizado en el año anterior, el joven podrá iluminar el ideal que
debe perseguir con la lectura de estos signos tanto en su historia personal, como en la
historia de la Iglesia universal y local, y en la historia del mundo, y, con la ayuda del




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director espiritual, podrá comprender cómo el ideal no es una realidad estática sino
que se lee siempre de nuevo a la luz de la Palabra de Dios presente en la Escritura y
en los acontecimientos. Para ello, es necesaria la sintonía espiritual con el designio
divino, adquirida por el trato frecuente con Dios en la oración, en el apostolado y la
docilidad a las mociones de su Espíritu, que va revelando el verdadero sentido del ideal
al que se debe propender.

Por otra parte, la falta de experiencia, unida a un fervor indiscreto, puede hacer caer
en ilusión a los seminaristas en esta etapa, haciéndoles creer que la perfección se
alcanza a fuerza de impulsos y esfuerzos personales, por esto el director espiritual
insistirá en la disponibilidad total en las manos del Señor que por medio de su Espíritu
va modelando las almas y pedirá al joven paciencia, constancia y perseverancia para
luchar contra los defectos o tendencias egoístas que existen en su vida y debilitan el
ideal.

El discernimiento espiritual busca hacer realidad las palabras de san Pablo: ―No se
adapten a los criterios de este mundo; al contrario, transfórmense, renueven su
interior, para que puedan descubrir cuál es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le
agrada, lo perfecto.‖ (Rm 12,2). Para ello, el joven debe ser consciente de que debe
pedir esta gracia al Señor en la oración.




Este momento del proceso reviste una gran importancia porque, a partir del modelo de
situación y de su comparación con el modelo ideal, el alumno se capacita para hacer
un verdadero discernimiento y valoración de todas las potencialidades que la realidad
encierra. Después de contemplar y asimilar en la oración, durante el año anterior, el
ideal de presbítero (con su entrega total por medio del celibato con todas sus
implicaciones de castidad, pobreza y obediencia), es necesario que durante este año
contemple de nuevo su realidad y la confronte con el ideal para descubrir en ella por
medio de un verdadero discernimiento (diagnóstico), los aspectos positivos-
potencialidades, que le facilitarán la consecución del ideal y también los aspectos
negativos-obstáculos que pueden impedir la consecución del ideal pero que, con la
gracia del Señor y el trabajo generoso del joven, pueden convertirse en oportunidades.




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El director espiritual guía sapientemente al joven en la profundización del modelo de
diagnóstico que ya ha esbozado durante el año propedéutico para que, a la luz de la
profundización realizada de la realidad y del ideal en los dos años anteriores, pueda
ahora ahondar en su diagnóstico y poder llegar a una decisión madura acerca de su
opción vocacional. Esto implica llevar al joven a descubrir sus cualidades objetivas, sus
virtudes, todo aquello que da esperanza de poder madurar en el candidato las
cualidades requeridas para el ministerio sacerdotal, teniendo en cuenta los signos de
una madurez natural como la ciencia suficiente, el juicio equilibrado, la capacidad de
comunicación y colaboración, la suficiente docilidad y dominio de sí, mostrado con el
hábito de una vida disciplinada, y también todas aquellas virtudes morales y
espirituales que dejan entrever que el joven podrá llegar a ser un sacerdote según el
corazón de Dios: piedad sincera, vida de oración, práctica fructuosa de los
sacramentos, celo auténtico por los intereses del Reino. Es esencial que el director
espiritual descubra que existe un indicio global que los abarca todos: el joven se centra
cada vez más totalmente en la amistad íntima con Cristo y está dispuesto a
entregarse, vaciándose de sí mismo, hasta la muerte por los intereses del Reino.

Es fundamental también que el joven, bajo la guía del director espiritual, pueda
descubrir con claridad el “lastre” que se hace presente en su vida y valorar hasta
dónde se convierte en impedimento real para seguir adelante o si, con la gracia de
Dios, este lastre puede convertirse en una nueva potencialidad para una entrega más
generosa al Señor.

Como con la delimitación del ideal, también en este paso es importante que el director
espiritual ayude al joven a descubrir si, en su corazón, hay motivaciones no rectas,
deshonestas o insuficientes que lo lleven a buscar no una entrega desinteresada y total
a la voluntad de Dios sino a satisfacer otro tipo de propósitos, como encontrar una
especie de refugio social, comodidad o ventajas materiales egoístas, deseo de alcanzar
un reconocimiento o prestigio personal, o aún ayuda a los demás puramente humana o
social. También pueden manifestarse tales motivaciones como gustos o atractivos
devocionales o deseos de la madre o del padre, o de alguna persona querida que
ejerza presión vital sobre el sujeto.

Como la experiencia de formación se realiza este año por fuera del seminario, en
parroquias especiales, la atmósfera más libre y desinhibida crea un ambiente propicio
para que el joven pueda hacer este discernimiento con mayor libertad y
espontaneidad. El director espiritual le ayudará a estar muy atento a todo aquello que
puede dejar entrever con claridad sus verdaderas cualidades y los obstáculos que se
presenten para discernir los signos nítidos de llamamiento del Señor y de respuesta
por parte del joven y a valorar la sinceridad y fortaleza de su opción vocacional. Éste
es un año decisivo que debe tener, por lo tanto, toda la atención por parte del director
espiritual y del párroco-formador.




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La función propia del director espiritual en este momento de la formación es la de
ayudar al ahora candidato al sacramento del Orden a fortalecer la opción por el
ministerio sacerdotal que el alumno ha realizado con plena claridad y libertad. La etapa
de discernimiento vocacional ha concluido y se ha iniciado la etapa de formación propia
para al ministerio presbiteral. Por lo tanto, el director espiritual debe llevar al
candidato a contemplar y asimilar el sacerdocio como configuración con Cristo,
Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, maravilloso intercambio de Dios con el hombre.
El hombre ofrece a Cristo su humanidad para que Éste pueda servirse de ella como
instrumento de salvación, haciendo de este hombre otro sí mismo. El autor de esta
configuración es el Espíritu Santo que va transformando al elegido y llamado en
imagen de Jesús, para que se realice lo que al respecto dice san Pablo: “Por eso todos
nosotros andamos con el rostro descubierto reflejando como un espejo la gloria del
Señor, y nos vamos transformando en imagen suya más y más resplandeciente, por la
acción del señor que es Espíritu.‖ (2 Cor 3, 18)

El Papa Juan Pablo II de manera acertada corrobora lo anteriormente expresado
cuando dice: “Al igual que en la santa misa el Espíritu Santo es el autor de la
transubstanciación del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Cristo, así en el
sacramento del orden es el artífice de la consagración sacerdotal o episcopal. El obispo
que confiere el sacramento del Orden es el dispensador humano del misterio divino‖.
(Don y misterio). La dirección espiritual en este momento conduce al candidato a una
total disponibilidad a la acción del Espíritu para que Éste pueda realizar su obra de
configuración del ser humano con Cristo para ejercer el ministerio.

Esa configuración debe darse en medio de un mundo en el que la técnica ha ido
invadiendo todas las esferas de la vida humana, sin favorecer los aspectos más
profundamente humanos y espirituales de la persona sino más bien incidiendo
negativamente en lo afectivo, en lo psicológico, en lo social, en lo religioso, etc. El
hombre se exterioriza más de la cuenta, desplazando el centro interior de su persona:
la persona se disuelve, se atomiza, para perderse en una masa amorfa de individuos
solos. El concilio Vaticano II tiene para nosotros el verdadero diagnóstico de la




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situación al afirmar: ―Brota el desequilibrio entre el afán por la eficacia práctica y las
exigencias de la conciencia moral, y no pocas veces entre las condiciones de la vida
colectiva y las exigencias de un pensamiento personal y de la misma
contemplación.‖(GS 8).

En este contexto la configuración con Cristo debe nacer de una profunda asimilación de
la Palabra del Señor en la lectio divina, realizada ahora de manera especial desde la
óptica de la persona de Cristo, del descubrimiento de sus virtudes, de sus
sentimientos, de su entrega absoluta a la voluntad del Padre, bajo la docilidad total a
la acción del Espíritu. El candidato al sacramento del Orden, contemplando a Cristo, a
la Virgen María, a los apóstoles y a los primeros cristianos como nos lo transmite la
Sagrada Escritura, podrá, en un proceso lento pero certero, vaciarse de sí, morir
plenamente a sí, para que sea Cristo quien viva en él. Tiene que realizar en sí el ideal
del apóstol como lo vivió san Pablo: ―Estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino
que es Cristo que vive en mí. Ahora, en mi vida terrena, vivo en la fe del Hijo de Dios
que me amó y se entregó por mí.‖ (Gl 2,29-20)

Bajo la conducción del director espiritual, el candidato se configura existencialmente
con Cristo para que el Espíritu Santo por medio del sacramento del Orden, al
configurarlo antológicamente con Él, encuentre la materia disponible que haga plena la
configuración con el Señor para un fecundo ejercicio del ministerio.




Puesto que el énfasis formativo en esta segunda fase de la segunda etapa de la
formación al presbiterado en el descubrimiento teórico y existencial de la dimensión
eclesial del ministerio sacerdotal, el director espiritual, ayuda al candidato al
sacramento del Orden a buscar su identidad como presbítero, haciéndole descubrir
cómo su configuración con Cristo se inserta en la comunidad eclesial. Esta
contemplación de la Iglesia y de la identidad del presbítero permite al dirigido crecer
en la caridad pastoral, principio unificador de toda la vida del pastor.




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En esta fase, el trabajo se dirige a una asimilación fundamental de lo que
magistralmente ha expresado el papa Juan Pablo II en la PDV, No. 17: ―El ministerio
ordenado, por su propia naturaleza, puede ser desempeñado sólo en la medida en que
el presbítero esté unido con Cristo mediante la inserción sacramental en el orden
presbiterio y, por tanto, en la medida en que esté en comunión jerárquica con el propio
obispo. El ministerio ordenado tiene una radical ‗forma comunitaria‘ y puede ser
ejercido sólo como ‗una tarea colectiva.‖

El director espiritual ayudará, por lo tanto, al candidato al sacramento del Orden a
robustecer los lazos de comunión con el obispo diocesano. Lazos de comunión
jerárquica que expresen cercanía, aprecio, afecto, obediencia, plena relación de hijo a
padre, de hermano a hermano, de amigo a amigo. Lazos que realicen lo que apunta en
seguida el papa Juan Pablo: ―El ministerio de los presbíteros es, ante todo, comunión y
colaboración responsable y necesaria con el ministerio del Obispo, en su solicitud por la
Iglesia universal y por cada una de las Iglesias particulares, al servicio de las cuales
constituyen con el Obispo, un único presbiterio.‖ (Ib.)

Esta relación con el Obispo llevará al candidato a fortalecer también los lazos que lo
unen con el presbiterio, con cada uno de sus hermanos sacerdotes, ya que ―cada
sacerdote, tanto diocesano como religioso, está unido a los demás miembros de este
presbiterio, gracias al sacramento del Orden, con vínculos particulares de caridad
apostólica, de ministerio y de fraternidad.‖ (Ib.)

El trabajo siguiendo de corazón el plan diocesano de pastoral y realizado en equipo es
la expresión de esta comunión con el obispo y el presbiterio. El director espiritual
llevará, por lo tanto, al candidato a un verdadero aprecio y una aceptación irrestricta
de la planificación pastoral diocesana y a un alegre y generoso trabajo en equipo. Lo
guiará hacia un trabajo serio de renuncia generosa a sus propios planes y proyectos
para asumir en plena obediencia las normas e indicaciones pastorales de la
Arquidiócesis.

El candidato, con la ayuda del director espiritual, se ejercitará en todas las actitudes
propias de la espiritualidad de comunión, que es la espiritualidad propia de Iglesia,
como la describe el papa Juan Pablo II en la carta apostólica “Novo Millennio Ineunte”.

Esta fase es, además, un tiempo de gracia que el Señor permite para evaluar y
fortalecer los talentos con los cuales el candidato prestará un mejor servicio en la
comunidad, viviendo el riesgo de las grandes responsabilidades que plantea la
realidad: ―cuando era ya muy tarde, se le acercaron sus discípulos y le dijeron: el lugar
es despoblado y se hace tarde, despídelos para que vayan a las aldeas y a los pueblos
más cercanos y compren algo de comer‖ (Mc. 6, 35 – 36). Realidades que el presbítero




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debe asumir, venciendo el miedo del riesgo porque confía en el Señor, dueño de la
historia. ―Denles ustedes de comer‖, ante la palabra de Jesús se deben reconocer las
propias limitaciones e impotencias, pero buscar siempre a su lado la respuesta que es
la concreción del envío del Señor a continuar su propio ministerio a lo largo del tiempo
y del espacio.

Es mirar la vida y aquello que se tiene y de lo cual se servirá el Señor para alimentar a
la gente; y mirar también lo que implica esta tarea de alimentar a su Pueblo y que
consiste en primer lugar en llevarles el alimento de la Palabra atendiendo lo que dice el
apóstol Pablo: ―La fe surge de la proclamación y la proclamación se verifica mediante
la palabra de Cristo.‖ (Rm 10,17) Ministerio de la palabra que no puede ser abstracto o
apartado de la vida de la gente, sino que debe hacer referencia al sentido de la vida
del hombre, de cada hombre y, por tanto, deberá enfrentar las cuestiones más
apremiantes de la conciencia humana. El director espiritual llevará, por lo tanto, al
candidato a una inteligencia profunda, existencial, de la Palabra y a una sensibilidad
especial a las necesidades y angustias de las personas, especialmente teniendo en
cuenta las realidades propias de su diócesis. El director espiritual ha de despertar en el
corazón de sus dirigidos el convencimiento de que, para realizar un fructuoso
ministerio de la palabra, el sacerdote tendrá en cuenta que el testimonio de su vida
permite descubrir el poder del amor de Dios y hace persuasiva la palabra del
predicador (Juan Pablo II, catequesis en la audiencia general, 21 de Abril de 1993).

La segunda tarea para alimentar al Pueblo de Dios es la administración de los
sacramentos, cuya profunda vivencia debe animar la vida diaria del candidato. Bajo la
guía del director espiritual, la celebración de la Eucaristía llegará a ser para el
seminarista el momento privilegiado para su configuración con los mismos
sentimientos de Cristo. Como lo afirma el papa Benedicto XVI en su encíclica “Deus
Caritas est”, bajo la acción del Espíritu santo, el corazón de los creyentes es
armonizado con el corazón de Cristo para que tengan la misma entrega generosa del
Señor (DCE No. 19). Esta es una afirmación que debe hacerse vida en el alma del
candidato al sacramento del Orden. Él actuará “in persona Christi” y, por lo tanto,
deberá vivir en la misma entrega generosa del Señor.

Para que la Palabra llegue a todos y todos puedan alimentarse de los sacramentos, es
necesaria la organización de la comunidad. Por esto, el director espiritual llevará al
candidato a una conciencia clara de que él está al frente de la comunidad, como pastor
y guía, pero sin dejar de ser miembro del pueblo. ―Con ustedes soy cristiano, para
ustedes soy obispo.‖ Estas palabras expresan la doble dimensión de oveja y pastor que
tiene el presbítero y que lo deben llevar a adquirir todas las cualidades humanas y las
virtudes cristianas que le permitan estar siempre al frente de la comunidad sin dejar
de crecer con ellos en la fe, en la esperanza, en el amor.




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El ministerio implica, por lo tanto, una total y completa entrega de todo el ser y el
hacer del presbítero. El candidato será llevado por el director espiritual a una
comprensión clara de que, como ministro de la Iglesia, ya no se pertenece a sí mismo
sino que tiene que estar dispuesto a entregar todo, ―la totalidad de su amor y de su
solicitud a Cristo y a la Iglesia‖ (Juan Pablo II, PDV, No. 44). Esto implica una renuncia
que se expresa en el celibato, como vivencia plena de la castidad por el reino de Dios,
de la pobreza absoluta y de la obediencia pastoral.

El ministro en, al frente de y para la Iglesia participa de la santidad de la Iglesia que es
prolongación de la santidad de Dios, como se manifestó en Cristo y fue derramada en
el corazón de los creyentes por el Espíritu Santo. El director espiritual llevará al
candidato a comprender cómo toda su vida tiene que estar impregnada por esa
santidad que se manifestará en la entrega plena, con la misma caridad pastoral de
Cristo, al servicio de la Iglesia.

Bajo la guía del director espiritual, el candidato comprenderá que el mundo actual
reclama sacerdotes santos y que sólo un sacerdote santo puede ser, en un mundo
cada vez más secularizado, testigo transparente de Cristo y de su evangelio. Sólo así
el sacerdote puede ser guía de los hombres y maestro de santidad. Los hombres,
sobretodo los jóvenes, esperan un guía así. ¡El sacerdote puede ser un guía y maestro
en la medida en que es un testigo auténtico!




En esta última fase de la segunda etapa de la formación sacerdotal, el futuro
presbítero debe profundizar y potenciar una gran sensibilidad social frente a los
problemas que afectan al mundo y en concreto a la comunidad a la que está sirviendo
en su ministerio evangelizador. El énfasis principal de éste último año de formación
está por lo tanto, en las repercusiones sociales del trabajo evangelizador.




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El documento de Santo domingo es iluminador al respecto, cuando expresa que la
tarea de la Iglesia debe llevarla a ―descubrir en los rostros sufrientes de los pobres el
rostro del Señor (Mt. 25, 31 – 46) es algo que desafía a todos los cristianos a una
profunda conversión personal y eclesial. En la fe encontramos los rostros desfigurados
por el hambre, consecuencia de la inflación, de la deuda externa y de injusticias
sociales; los rostros desilusionados por los políticos, que prometen pero no cumplen;
los rostros humillados a causa de su propia cultura, que no es respetada y es incluso
despreciada; los rostros aterrorizados por la violencia diaria e indiscriminada; los
rostros angustiados de los menores abandonados que caminan por nuestras calles y
duermen bajo nuestros puentes; los rostros sufridos de las mujeres humilladas y
postergadas; los rostros cansados de los migrantes que no encuentran digna acogida;
los rostros envejecidos por el tiempo y el trabajo que no tienen lo mínimo para
sobrevivir dignamente.” (Santo Domingo, 178). Esta realidad se convierte en un
desafío y en un compromiso que debe asumirse, ya que forma parte de la realidad del
pueblo de Dios de la Arquidiócesis de Barranquilla que debe hacer suyos “los gozos y
esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo
de los pobres y de cuantos sufren” (G.S. ,1).

El director espiritual ayudará al joven seminarista a que viva una experiencia de
“oración que llegue a convertirse en actitud de vida, de modo que oración y vida se
enriquezcan mutuamente: oración que conduzca a comprometerse en la vida real, y
vivencia de la realidad que exija momentos fuertes de oración. Además de buscar al
Señor en la oración íntima, el seminarista se ejercita de modo especial en la oración
comunitaria, con comunicación de la experiencia de fe, con discernimiento sobre la
realidad, orando juntamente con el pueblo‖ (Puebla 727) y los agentes de
evangelización de las unidades pastorales a donde ejercen su trabajo. En este año
tiene también la oportunidad de compartir la celebración de la oración con los salmos
en la liturgia de las horas con el pueblo de Dios. Así, bajo la guía del director espiritual,
el candidato al Orden asimilará la realidad profunda de la oración como el primer
trabajo pastoral, tomando conciencia de que su oración es necesaria para que el Señor
continúe realizando su plan de salvación en medio del mundo, ya que, como lo afirma
el documento de Puebla: ―movido por el Espíritu Santo, hará de la oración motivo de
su vida diaria y de su trabajo; la oración crea en él actitud de alabanza y
agradecimiento al Señor, le aumenta la fe, lo conforta en la esperanza activa, lo
conduce a entregarse a los hermanos y a ser fieles en la tarea apostólica, lo capacita
para formar la comunidad.”(932)

Así oración y vida se complementan mutuamente ya que se debe descubrir y vivir la
experiencia de la presencia del Señor no sólo en los momentos dedicados sólo a la
oración sino a lo largo de toda la actividad pastoral que debe llevar a un compromiso
cada vez mayor con los pobres y necesitados, con aquellos cuyos rasgos, como




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comenta el documento de Puebla, la Iglesia debe “reconocer los rasgos suficientes de
Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela‖ (n 31). Estos rostros, muy concretos,
son señalados claramente: personas que viven en la miseria, en la explotación; seres
marginados, rechazados en quienes no se respeta la dignidad humana y sus derechos
(32 – 39).

El candidato al sacramento del Orden debe ser llevado a descubrir cómo la Iglesia es
―escuela de forjadores de historia‖, como lo afirma y desarrolla el documento de
Puebla en los números del 274 al 279, porque en ella los hombres deben aprender a
―vivir la fe experimentándola y descubriéndola encarnada en otros. Del modo más
urgente, debería ser la escuela donde se eduquen hombres capaces de hacer historia,
para impulsar eficazmente con Cristo la historia de nuestros pueblos hacia el Reino.‖

De esta manera, el candidato descubrirá que ―el amor al prójimo enraizado en el amor
a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero es también para toda la comunidad
eclesial, y esto en todas sus dimensiones: desde la comunidad local a la Iglesia
particular, hasta abracar a la Iglesia universal en su totalidad. También la Iglesia en
cuanto comunidad ha de poner en práctica el amor. En consecuencia, el amor necesita
también una organización, como presupuesto para un servicio comunitario
ordenado.‖(Benedicto XVI, Deus Caritas est, 20). Esto implica no sólo la necesidad de
aprender a descubrir la presencia de Cristo que nos interpela en los más pobres y
necesitados sino también la necesidad de pasar a organizar de manera adecuada el
servicio a los pobres para que la Iglesia sea signo eficaz del amor de Cristo.

El director espiritual ayudará también al candidato al sacramento del Orden a
comprender la urgencia pastoral del trabajo con los “constructores de la sociedad”
como lo contempla el plan de pastoral arquidiocesano.

Resumiendo, la meta es que el candidato adquiera la sensibilidad frente a la
problemática social y las herramientas espirituales y pastorales que lo capacitan para
poder dar a su ministerio la dimensión de amor que le es inherente.




JUSTIFICACIÓN

Una vez comprendido el sentido y el valor profundos de la dirección espiritual según
las indicaciones propuestas es necesario tener un esquema que facilite su desarrollo
para no caer en la improvisación.




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Si lleva al dirigido a crear en su corazón las condiciones necesarias para que el Espíritu
realice su obra de configuración con Cristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, la
sesión de dirección espiritual debe comenzar con un momento adecuado de oración.
Este encuentro en la oración crea de inmediato un clima de confianza y amistad la cual
ha de cultivarse a lo largo del proceso, apoyándose en la Palabra de Jesús (Jn. 15.13
“ya no los llamo siervo sino amigos”) Descubriendo en estas palabras un signo
especial, ya que por el sacramento del orden, el director espiritual representa a Jesús y
una de las cualidades del dirigido es ver a Jesús en su director (MT. 10.41); por tal
razón, en este punto de la preparación, ha de tenerse en cuenta lo siguiente:


      1.   Revisión del proyecto de vida

      2.
            Terapia de sanación y reconstrucción del pasado
      3.
            Lectura de los signos

      4.    Confesión



   1. REVISIÓN DEL PROYECTO PERSONAL DE VIDA

De acuerdo al tiempo de formación, el joven ha de darle la importancia total a la
revisión del proyecto personal de vida, ya que en este ejercicio, se va adquiriendo el
hábito de evaluar cada paso de la vida, y se va fortaleciendo la propia vocación que se
apoya en elementos esenciales de la propia realidad. La revisión del proyecto de vida,
va mostrando el ideal a donde queremos llegar y así de esta forma encontrar la
confianza en el camino que el Señor ha señalado. No revisar el proyecto, es ya de por
sí, un signo de descuido y puede repercutir en la vocación trayendo el desánimo por no
tener el horizonte claro hacia donde dirigirse. Por lo tanto, la construcción del proyecto
personal de vida es dinámica, alimentada por las experiencias pastorales, de oración y
de las demás dimensiones de la formación. Ir acreditando el proyecto personal de vida
en forma seria y las lecturas de los signos.

   2. TERAPIA DE SANACIÓN Y RECONSTRUCCIÓN DEL PASADO

En este espacio de encuentro con el director espiritual, es de vital importancia tener en
cuenta aquellas situaciones dolorosas del pasado que repercuten de una manera




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insistente en nuestra vida. Abrir el corazón sinceramente es una actitud que haría
mucho bien y traería mucha paz a la persona ya que ser sincero es entrar por el
camino correcto que nos propone Jesús (Jn. 10). Contrario al asalariado que entra por
un camino desviado y que tiene como consecuencia la infelicidad misma en el futuro
ministerio sacerdotal (Jn. 10). Actuar de esta manera es hacer nuestra propia voluntad
sin tener presente que la voluntad de Dios se manifiesta por medio de las indicaciones
recibidas en la dirección espiritual, en cuanto me descubro y me muestro, siendo muy
transparente. Dialogar todo aquello que interiormente incomoda, aquello que
permanece en el corazón y lo obstaculiza en el crecimiento de la caridad. Es verdad,
que la persona, al acudir al director espiritual, necesita purificarse para estar dispuesto
a la unión más profunda con Dios y para poder captar con más finura las insinuaciones
del Espíritu Santo, las manifestaciones de Dios (MT. 5.8) El encuentro con el director
espiritual parte de la necesidad que tiene de ser sanado, experiencia similar que vive
una persona cuando visita al médico y le expone con detalles todo lo que aqueja su
cuerpo; de manera análoga, el dirigido explicitará aquellos sentimientos, que han
causado heridas interiormente y así ir superando decididamente estas situaciones.
Cuando una persona es herida interiormente, tiende a poner en actividad sus defensas
para no ser herida de nuevo por la misma persona que la hirió o por otras. La
preocupación por no ser heridos hace que estemos centrados sobre nosotros mismos.
Estamos absorbidos conciente o inconcientemente por librarnos de las heridas que
podemos recibir de los demás.

Cuando volvemos hacia Jesús (especialmente con la dirección espiritual) para que nos
sane comenzamos a liberarnos de estar consumiendo nuestro tiempo y energías para
preservar nuestro mundo interior y nos encontramos más libres para poder servir a los
demás. Podemos oírlos, relacionarnos con ellos sin tener que estar a la defensiva y nos
abrimos más y más a su amor a ejemplo de Jesucristo.

Por eso, con el trabajo de dirección espiritual somos nosotros mismos los más
beneficiados,     porque     vamos    superando     situaciones  que    nos     alejaban
inconscientemente de la comunidad… providencialmente, el proceso de curación
interior de la persona es un itinerario que hemos de reconocer en nuestro proceso de
dirección espiritual con el Señor, a medida que la luz de su amor se nos va infundiendo
y acrecentando gradualmente por medio de mi sinceridad y la acogida de mi director
espiritual.

De ser necesario el director espiritual recomendará al dirigido la asistencia a terapia
psicológica o psiquiátrica.




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3.   LECTURA DE LOS SIGNOS

Recordamos que Jesús en le pasaje correspondiente a los signos de los tiempos
(mateo 16, 1), hacía alusión a los hechos y manifestaciones visibles en la historia, a
los que deberían haber atendido los escribas y fariseos para reconocer el significado de
llamada divina contenida en ellos.

La dirección espiritual es el lugar privilegiado para que se haga realidad lo que dice el
Concilio Vaticano II, en G.S. 44: “es propio de todo el pueblo de Dios pero
principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con
la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo, y juzgarlas a la luz
de la Palabra divina, a fin de que la verdad revelada pueda ser más a fondo percibida,
mejor entendida y más adecuadamente propuesta”.

El concilio habla de la necesidad de conocer y comprender el mundo en que vivimos,
sus aspiraciones y esperanzas. Supone que el seminarista, movido por la fe, que le
lleva a creer en la guía del Espíritu, se ha de abrir a ese mismo Espíritu para captar la
entera vocación del hombre en el plan divino. Por eso estará atento a los hechos que
ayudan a su vocación y en los que descubre las manifestaciones de Dios en su historia.

 La dirección espiritual se convierte en un espacio, en el cual descifro los signos que
están en mi familia, en el apostolado y otras circunstancias tanto positivas como
negativas. Es tarea grande del director espiritual, saber guiar en este cometido. Es así
como hechos históricos humanos se convierten en signos de la voluntad divina en la
vida del dirigido.


4. LA CONFESIÓN

Es sumamente importante que el seminarista profundice en la importancia del
sacramento de la reconciliación que debe vivir con el mismo director espiritual, ya que
éste es quien conoce el proceso y quien debe iluminarlo partiendo de la vivencia del
mismo sacramento. El director espiritual como confesor debe escucharlo siempre cada
vez que éste lo requiera, y así, por medio de esta experiencia, ir dando las pautas
necesarias para seguir adelante.

Por otra parte, la oportunidad de concluir la sesión de la dirección espiritual con el
sacramento de la confesión da la oportunidad de que el Señor sigile con su gracia lo
que ha sido compartido, sane lo que esté herido y fortalezca lo que ya ha realizado.

Algunos elementos negativos se pueden presentar a lo largo del mismo proceso y que
son contraproducentes, como son:




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No creer en el sacramento por algunas influencias externas y pensamientos
anticatólicos. Por ello ha de enseñar el director espiritual la importancia de la gracia
que se recibe por medio de él, partiendo de las indicaciones bíblicas y doctrinales que
nos ayudan a creer (Mc. 2.1-7; MT. 16.16; Jn. 20.21)

Algunos por mantener una imagen positiva de sí mismo ante el director espiritual, elige
fuera del ámbito formativo un confesor, quien muchas veces no conoce el proceso y
asume la confesión como la de una persona más que se acerca y no de una persona
que seriamente está en un proceso de formación. Falta así el dirigido a una
característica fundamental que debe acompañarlo, la cual es la sinceridad.




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                         “La identidad profunda del seminario es ser, a su manera, una continuación en
                         la Iglesia de la íntima comunidad apostólica formada en torno a Jesús, en la
                         escucha de su Palabra, en camino hacia la experiencia de la Pascua, a la espera
                         del don del Espíritu para la misión. Esta identidad constituye el ideal formativo
                         que estimula al seminario a encontrar su realización concreta, fiel a los valores
                         evangélicos en los que se inspira y capaz de responder a las situaciones y
                         necesidades de los tiempos.”
                                                                 Juan Pablo II, PDV, No. 60           223
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El Seminario Regional de la Costa Atlántica “Juan XXIII” ofrece una comunidad de
formación a los que se han sentido llamados por el Señor al ministerio presbiteral, y
quieren discernir más profundamente los signos de su vocación.

Esta comunidad educativa proporciona una oportunidad concreta para aprender a vivir
los ideales de la vocación humana, cristiana y presbiteral, plasmados en el Proyecto de
Vida del Seminario.

Las normas aquí explicadas son unas pautas mínimas al respecto. Presentan los
principios de un “programa de vida” (PDV 61) necesario para conseguir los objetivos
enunciados en el documento Proyecto Formativo comunitario del Seminario Regional
de la Costa Atlántica “Juan XXIII”. Los valores que encierran los distintos puntos del
reglamento son indispensables para el crecimiento vocacional. Reflejan, al mismo
tiempo, las exigencias de la Palabra de Dios y la rica experiencia de la Iglesia Universal
y particular.

Para que den todos sus frutos, estas normas son consideradas como:

      Un medio concreto y actualizado de responder con amor al amor infinito de Dios
       que llama al ministerio presbiteral en su Iglesia.

      Una invitación a asumir consciente, libre y responsablemente cada uno de los
       puntos mencionados, puesto que son importantes para alcanzar una formación
       integral. Por su parte, cada seminarista se empeñará, de manera más
       específica, en el cumplimiento de las normas señaladas por los formadores a
       cada uno.

      Una oportunidad para vivir la renuncia a sí mismo exigida por Cristo a los que
       quieren seguirlo; es así un gesto de solidaridad con tantos agentes de pastoral,
       que hoy en la Iglesia se desprenden de sí mismos por amor a Cristo y al
       Evangelio. En la medida del crecimiento humano y espiritual de cada uno, dichas
       renuncias son asumidas con gozo interior, aceptadas como fuente de madurez,




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         equilibrio y felicidad personales, y experimentadas como una ganancia para el
         Reino.

        Una exigencia de verdad y transparencia con Dios, consigo mismo y con los
         formadores. Tal verdad es, en definitiva, el único camino seguro para alcanzar la
         libertad interior indispensable en el discernimiento del llamado de Dios.

        Una ayuda para adquirir disciplina personal y una cultura comunitaria, para
         trabajar por la solidaridad, la paz y la renovación cristiana de la sociedad.




DIMENSIÓN HUMANA Y COMUNITARIA

1.       La puntualidad

Ha de considerarse como uno de los indicadores más reveladores de la motivación
vocacional, pues es una muestra de respeto y aprecio a la comunidad. Al toque de la
campana se da prioridad al bien común y no al gusto particular. La puntualidad es un
gesto de respeto para con los hermanos de la comunidad.

1.1 Un cuidado especial en este punto es necesario para:
 La levantada cada mañana.
 La participación en los actos litúrgicos comunitarios.
 La asistencia y participación en las clases.
 El regreso de la ciudad los días de salida.
 El inicio del aseo general del Seminario a la 1:30 PM.
 El inicio del estudio personal a las 3:30 de la tarde.

1.2      El compromiso desde el primero hasta el último momento en la oración
comunitaria y de grupo.

1.3     Quien no participa en los actos litúrgicos comunitarios o en una clase, o no
regresa a tiempo de la ciudad, se reportará al rector. Esta obligación es de suma
importancia y es una pauta preciosa para formarse en la verdad, la transparencia y la
responsabilidad personal. Las faltas y negligencias contra estos puntos son
consideradas como graves.

2.       El silencio




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El silencio interior y exterior, es indispensable para el crecimiento humano y espiritual.
Se observará de manera especial durante los siguientes períodos del día:
    Los momentos de oración.
    El tiempo de estudio, desde las 3:30 P.M. hasta el momento de oración de la
       tarde.
    Después de la oración de la noche, especialmente durante el Gran Silencio
       (10:00 P.M. a 5:30 A.M.).

3.      Áreas restringidas

3.1     Para la formación en el silencio y la disciplina, y para el aprovechamiento del
tiempo, los seminaristas no deben visitarse en sus habitaciones, ni entrar por ningún
motivo a la habitación de un compañero.

3.2       Los seminaristas no entran sin autorización en los siguientes lugares: las
habitaciones de las empleadas, la cocina y sus dependencias, la sala de profesores, la
sala de reunión de los formadores. Tampoco en el comedor y la lavandería, fuera del
horario establecido.

4.      Trato personal

El seminarista, llamado a hacer presente a Cristo como cabeza y pastor de todos,
aprende en el Seminario a relacionarse equilibrada y respetuosamente con todos, ya
que es éste un elemento esencial para quien ha sido llamado a ser responsable de una
comunidad y a ser hombre de comunión.

4.1     Como hombre de comunión acoge a todos y se relaciona con todos.

4.2    Rechaza cualquier indicio de discriminación por motivo de cultura, lugar de
nacimiento, situación social o cualquier otra razón.

4.3     En nombre de la caridad y de la comunión evita el exclusivismo y la actitud
posesiva con visitantes o hermanos de la comunidad.

4.4      Respeta la buena fama de los hermanos y evita a toda costa el hablar mal de
ellos y la calumnia. En caso de una falta grave lo comunica al rector, pero no difunde
el error del hermano.

4.5   Toma la iniciativa de relacionarse con los que, por cualquier razón, le resultan
menos cercanos.




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4.6     Está siempre disponible al perdón, a la reconciliación, al servicio desinteresado
y a la solidaridad con la comunidad y con los más necesitados

4.7     Es constructor de la paz y agente de solidaridad.

4.8     Es testimonio de misericordia.



5.      El respeto mutuo

El respeto mutuo es una prioridad en la vida diaria para toda persona, especialmente
para el sacerdote. La formación en el trato social implica, entre otras cosas, saber
escuchar y tomar en serio la opinión de los demás.

5.1    Una presentación correcta en el vestir, modales educados y lenguaje apropiado,
inspiran confianza en las demás personas.

5.2  La cortesía, que es una forma de la caridad, exige conservar la buena fama del
hermano evitando la maledicencia.

5.3         La buena educación y la cortesía exigen los buenos modales en la
conversación, en el trato personal, en la forma de presentarse y de comportarse. Este
aspecto se enfatiza especialmente en las celebraciones litúrgicas.

5.4 El trato social exige igualmente el empleo de un lenguaje correcto y de un léxico
exacto y apropiado. Los apodos, el lenguaje y los modales vulgares quedan excluidos
de un trato comunitario digno de un sacerdote de Jesús.

5.5      La actitud de respeto se refiere también a los bienes ajenos: en ningún
momento se puede tomar algo sin el permiso explícito de su dueño o del ecónomo del
seminario, según el caso. Es necesario devolver lo prestado inmediatamente después
de su uso.

5.6       El cuidado y conservación en buen estado de los instrumentos de trabajo
propios del seminario (herramientas, computadores, instrumentos musicales,
elementos deportivos, etc.), refleja el sentido de pertenencia que el candidato al Orden
tiene por la casa de formación.

5.7    La prontitud en el pago de las deudas a la economía y a otras personas, y la
devolución de cosas prestadas, se exige como muestra de responsabilidad y espeto al
hermano.




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6.       La solidaridad

  La solidaridad y la ayuda mutua son parte de la formación. Frente a un compañero
en dificultad, un seminarista tiene el deber de ser solidario con él y pedir a otra
persona más capacitada que lo haga.

7.      La corrección fraterna

La corrección fraterna es un precepto evangélico. Cuando el comportamiento de un
compañero no corresponde a lo debido, se le llama la atención respetuosamente en
privado. Si eso no da resultado, se habla con sus compañeros de grupo de vida o de
diócesis. Si este segundo paso tampoco da resultado, es un deber hablar del caso con
el rector del Seminario. En la corrección fraterna se busca el bien de la otra persona y
se evita la falsa solidaridad, que en realidad constituye encubrimiento y complicidad.
La corrección fraterna resulta ser de una gran ayuda para el crecimiento personal y
comunitario. Para que la corrección fraterna sea eficaz el que la hace debe orar antes,
buscar el momento oportuno y hablar con calma; el que la recibe debe aceptarla con
humildad y agradecimiento


8.       La vida comunitaria

La vida comunitaria resulta más formativa cuando las relaciones a nivel de
seminaristas y formadores, son fraternas, amenas e impregnadas de caridad y
confianza. Se favorece de este modo la corresponsabilidad y la apertura mutua. La
responsabilidad y la fidelidad en el cumplimiento de los compromisos comunitarios es
signo de madurez.

8.1    La planeación es un punto axial en la vida comunitaria, puesto que compromete
a todos y a cada uno de los integrantes en el desarrollo de la vida del Seminario. Al
inicio de cada semestre se planea la programación de los diversos comités, de los
grupos de vida y de los grupos diocesanos, acorde con las dimensiones de la
formación, siguiendo la metodología prospectiva. Al final del semestre se evalúa cada
una de las planeaciones y todo el proceso formativo del Seminario en la denominada
evaluación institucional. El método de planeación hace parte de la formación de los
futuros pastores, que tienen así un instrumento para el trabajo en sus comunidades.

8.2     Para la buena marcha de la vida comunitaria y para la formación en la cultura
de comunión y participación, se conforman comités para cada una de las dimensiones
de la formación, con sus respectivos servicios. Para la buena marcha del Seminario y




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para el propio crecimiento personal, es necesario que cada seminarista haga parte de
estos comités.

8.3    La actividad deportiva de equipo y las actividades culturales fomentan la vida
de comunidad. Por consiguiente, los seminaristas participarán activamente y no se
excusarán de ellas.

8.4 A lo largo del año, el rector, en sus reuniones con toda la comunidad, analiza
constantemente la situación del Seminario, recuerda los objetivos de la formación
sacerdotal, los explica y estimula a su fiel ejecución, señala las deficiencias y propone
líneas de superación sobre puntos concretos de la vida Comunitaria.

8.5      Para la buena marcha del Seminario, es necesario que periódicamente se
realicen reuniones por comités para la coordinación o evaluación de las actividades
correspondientes.

8.6        Eventualmente se realizan convivencias por grupos de vida o grupos de
diócesis. Si se planea tomar alimentos fuera del comedor, el coordinador del grupo
pedirá autorización al rector y al ecónomo, e informará con tiempo a los empleados de
la cocina.

8.7 Con ocasión de convivencias, recepciones, eventos o festejos, los seminaristas se
muestran solidarios en la participación (preparación, desarrollo, aseo posterior),
disfrutan de una sana alegría y dan muestras de su buena educación y cultura
8.8     Cada seminarista, cada comité y cada grupo de vida o diocesano, asumen
responsabilidades especiales en el Seminario: se acepta con gusto el servicio a la
comunidad y se cumple con responsabilidad. Cualquier falta constituye un recargo de
trabajo y una injusticia para los otros hermanos.

8.9     Los seminaristas prestan toda su colaboración a los responsables de servicios
en sus respectivas áreas.

9.       Los recreos

Son momentos importantes para fomentar la vida comunitaria. En general, los
seminaristas están fuera de su habitación durante el tiempo de recreo para compartir
con los hermanos de la comunidad.

10.      La acogida

La acogida cordial, alegre y sencilla, sin actitud posesiva, hace parte de la vida
comunitaria. Se atiende bien a los visitantes y huéspedes, en especial a los sacerdotes.




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El equipo de recepcionistas, de un modo particular, estará atento a la llegada de los
visitantes.

10.1    Para las visitas de familiares y amistades se tiene en cuenta lo siguiente:

   No se reciben visitas los días laborables.
   Se reciben visitas los días festivos hasta las 5:00 p.m.
   Se atiende la visita siempre fuera de la habitación y en lugares alejados de los
    corredores de las habitaciones.
   Para invitar a comer se solicita permiso al rector o al ecónomo con suficiente
    antelación. Se puede invitar a comer hasta un máximo de dos personas.

10.2     Hace parte de las buenas costumbres el presentar al padre rector (o, en su
defecto, a otro formador) la visita que llega.

10.3 Para invitación de equipos deportivos del exterior se debe hablar previamente
con el padre asesor del comité humano o con el rector y con el ecónomo. Se practica el
deporte sólo durante el tiempo destinado para éste.

10.4 El ecónomo coordina las solicitudes de grupos que quieran realizar convivencias
en la casa de formación.

10.5     Los integrantes del comité de recepción atenderán debidamente a los
huéspedes y a las personas que llegan al seminario.


11.      Salidas ordinarias

Hay tiempos previstos para las salidas ordinarias del Seminario: los sábados y
domingos para la pastoral, la Semana Santa y la semana vocacional (una por
semestre), los miércoles por la tarde, los festivos (a no ser que se advierta lo
contrario) y las vacaciones.

11.1 Fuera de estos tiempos se necesita un permiso especial del rector y una razón
gravísima para salir de la casa de formación.

11.2 Salir del Seminario o pernoctar, sin permiso, constituye una falta grave que
condicionará su estadía en el seminario.

11.3 No se suele autorizar salida para participar en bodas, grados o cumpleaños de
familiares o amigos.




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11.4 Se puede participar en Ordenaciones sacerdotales de los diáconos de su propia
diócesis, si caen el sábado, el domingo o un día feriado, con el respectivo permiso del
rector.

11.5 Antes de aceptar una actividad pastoral fuera del tiempo estipulado, se necesita
permiso explícito del rector.

12.      Uso del teléfono

12.1 El uso del teléfono celular, dentro de la casa de formación, se ha de dar solo en
el horario de recreo (7:00 a 8:00 PM), el resto del tiempo debe permanecer apagado
para evitar distracciones en el desarrollo de las actividades ordinarias. En caso de que
se requiera recibir o hacer una llamada urgente, fuera del horario establecido, se
deberá pedir permiso al padre rector para encender el celular.

12.2 En caso de que el seminarista necesite hacer una llamada local con urgencia
podrá acercarse a la rectoría o a la economía para realizarla.

13.     El correcto uso de los Medios de Comunicación Social es un reto para la
formación personal, pastoral y comunitaria; por lo tanto:

13.1 Al hacer uso de la televisión, debe mantenerse en todo momento el orden y el
decoro en la sala, en las siguientes horas:
 Todos los días, después de la cena hasta las 8:00 p.m.
 Los días sábados, domingos y festivos hasta las 10:00 p.m.
 Cuando haya programas de sumo interés comunitario, con el debido permiso del
   padre rector.

13.2.    Los seminaristas, escogen con criterio las películas. Pueden ir al cine los
miércoles por la tarde y los festivos.

13.3      Se pueden ver películas en video-cassettes CD o DVD, siempre que se
encuentren programadas en el cronograma del Seminario o, en su defecto, se cuente
con la autorización del padre rector. Conviene intercambiar opiniones sobre lo que se
ha visto, con miras a desarrollar un auténtico espíritu crítico.

13.4 Se puede escuchar la radio moderadamente. En todo momento se evitará poner
el volumen alto por respeto a los hermanos.

13.5    Se lee y se deja el periódico en la sala de prensa.




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14.      La salud

El cuerpo y la salud le pertenecen a Dios. Su cuidado es parte de la formación humana,
por eso:

14.1     Los seminaristas participan en los deportes y hacen ejercicios físicos.

14.2     Duermen el tiempo suficiente para la salud. Evitan trasnochar o acostarse muy
tarde.

14.3     Se abstienen de fumar, por su propio bienestar y el de los que lo rodean.

14.4      Al inicio del año académico, cada seminarista se practicará análisis de
laboratorio (sangre, orina y coprológico) y traerá los resultados de los mismos.

14.5     Cada seminarista tiene seguro obligatorio contra accidentes.

14.6     En caso de enfermedad consultan a los enfermeros, que son los únicos
autorizados para sacar las medicinas de la enfermería y a entrar en las habitaciones en
tiempo de estudio.

14.7    Si la enfermedad es seria, los enfermeros avisan al rector, que tomará las
medidas correspondientes según la gravedad del caso.

14.8     Si un seminarista necesita alguna medicina menor la pide al enfermero.

14.9 Los gastos extraordinarios por hospitalización y/o cirugía corren por cuenta del
paciente.

15.      Comportamiento en el comedor

  Las buenas maneras deben ser cultivadas con esmero por el candidato a las órdenes
Sagradas, incluso a la hora de comer, por ello:

15.1     En el comedor, de manera especial, se mantienen los buenos modales y los
temas agradables de conversación. Se ha de evitar cualquier tipo de desorden, los
gritos, el silbar, el cantar, el hacer ruido con cubiertos, lo cual es de pésimo gusto, o
sonar instrumentos musicales a deshoras. Se respetará los momentos de oración y de
los anuncios.

15.2     El uso de la servilleta durante las comidas es obligatorio.




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15.3    Se cuidarán de desperdiciar la comida.

15.4    Todos los seminaristas sirven la comida, recogen los platos y lavan la losa por
turnos.

15.5    Nadie exigirá más comida a los seminaristas que sirven.

15.6     Los seminaristas en el comedor procuran relacionarse con todos sus
compañeros; para ello, evitarán sentarse en un puesto fijo.

15.7    Evitarán sacar del comedor utensilios, cubiertos, platos, vasos. En caso de
enfermedad seria, sólo los enfermeros podrán hacerlo. Los utensilios sacados serán
devueltos en la mayor brevedad.

16.     Cuidado de los bienes

El Seminario es nuestra casa y como tal hay que quererlo; por ello, los seminaristas
manifestarán especial sentido de responsabilidad en el uso del agua, de la energía
eléctrica y de las herramientas.

16.1 Mantienen aseadas, bien presentadas y en orden todas las dependencias del
Seminario.

16.2     Mantienen aseada y bien ordenada su habitación.

16.3      El color de las paredes, ventanas, puertas y muebles se conservará. En caso
contrario, hay que solicitar el debido permiso del rector. Si se ha hecho cambio de
color, el seminarista deberá restituir el color original de la habitación.

16.4     El uso de televisores, neveras, estufas eléctricas en la habitación está
estrictamente prohibido.
16.5 Los muebles de la habitación deben permanecer allí. Para cambiarlos, se debe
hablar con el ecónomo.

16.6 Reportarán directamente al ecónomo todo desperfecto o daño en la propia
habitación o en cualquier otro lugar del edificio.
16.7     Los seminaristas no están autorizados para solicitar directamente a los
empleados (as) un servicio especial.

16.8 Harán de modo responsable, los trabajos de aseo y de mantenimiento en los
distintos lugares del Seminario; es una expresión de la eclesiología de comunión y una
manera de contribuir a la buena presentación de la casa.




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16.9 Los desechos y basuras se depositan solamente en los lugares designados para
ello. Está estrictamente prohibido arrojar basura por las ventanas o a los patios de los
diferentes bloques de habitaciones. Al barrer los pasillos del segundo y tercer piso, se
evitará arrojar la arena hacia abajo, ya que ensucia y perjudica a quienes viven en
pisos inferiores.

16.10 Responderán con entusiasmo a las invitaciones, a trabajos voluntarios y
tomarán iniciativas respecto al mejoramiento del Seminario, en especial de la limpieza
y de los jardines.

16.11 Realizarán con alegría, disponibilidad y entusiasmo el aseo diario de los salones
de clase y de los corredores de las habitaciones.

16.13 Puede hacerse uso de la lavandería para lavar su ropa personal, en los días que
corresponde el aseo de la casa y luego de realizado éste, en el horario de 2:45 a 3:30
p.m.

17.     Servicios

Prestarán con gusto y generosidad, por el bien de la comunidad, los diversos servicios
que el Seminario les confía, para una formación en la actitud de Jesucristo, que no
vino a ser servido sino a servir. Entre otros servicios están los de: sacristán,
secretario, bibliotecario, campanero, cronista, enfermero, tienda, fotocopiadora,
apagadores de luces, encargado del bus, de la lavandería, de las salas de audio y
televisión, del gimnasio, del comedor, del agua del comedor, de la sala de sistemas.

17.1 Como servicios a la comunidad se ofrece una fotocopiadora y una tienda. Los
responsables atenderán amablemente en los tiempos señalados para prestar estos
servicios. Dan cuenta, al final de cada mes o cuando lo solicite el ecónomo, del
movimiento contable generado por estos servicios.

17.2 Los encargados del servicio de fotocopiadora son los únicos autorizados para el
manejo de este aparato. Se cobra de inmediato por cada fotocopia. El producido se
invierte en el mantenimiento de la fotocopiadora.

17.3 El servicio de la tienda se paga inmediatamente. El producido se invierte en
elementos a favor de la comunidad.

18.      Documentos civiles




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Cada seminarista se esmera por ser un ciudadano ejemplar. Entre otras obligaciones
se preocupa por tener sus documentos civiles en regla: cédula de ciudadanía (o en
su defecto, tarjeta de identidad), libreta militar, etc.

19      Evaluación personal
19.1 Protagonista fundamental de la formación es el seminarista mismo; por ello,
cada semestre, los seminaristas están llamados a hacer su autoevaluación: es un
ejercicio de sinceridad consigo mismo, de evaluación personal y de confianza para con
los formadores.

 19.2 Al final de cada semestre, el director de grupo respectivo entrevista a cada uno
de los seminaristas de su grupo para comunicarle el informe confidencial elaborado
por el equipo de formadores, destinado a su obispo, para dialogar sobre el mismo, y
señalar metas concretas y personales de superación. Para que este informe refleje lo
mejor posible la situación de cada uno, se necesita transparencia y sinceridad en el
diálogo con los formadores a lo largo del semestre. Este informe es un instrumento
valioso de formación para permitir superar obstáculos y crecer en las diversas áreas de
la formación, a fin de llegar a ser presbíteros cualificados. Un seminarista que no acata
las recomendaciones e indicaciones señaladas por los formadores se estanca en su
crecimiento vocacional.

20       Ministerios

20.1 En el tiempo debidamente señalado, los estudiantes de teología, si lo desean,
      solicitan por escrito a su obispo por medio del padre rector, después de
      consultar y recibir la aprobación de su padre espiritual, la admisión a los
      siguientes pasos:
           La candidatura a las Ordenes Sagradas: preferiblemente en primero de
              teología.
 El lectorado: preferiblemente durante el segundo año de teología.
 El acolitado: preferiblemente durante el tercer año de teología.
 El diaconado: preferiblemente durante el cuarto año de teología.

20.2      Entregan la misma solicitud al rector; después, basándose en el informe
confidencial del seminarista y en el escrutinio realizado, el Equipo de los Formadores
considera y estudia cada petición dando su parecer, y finalmente, acepta o rechaza
dicha solicitud. Para las Ordenes Sagradas, es el Consejo de Ordenes quien da la
aprobación o rechazo, teniendo siempre el Obispo la última palabra.

21       El obispo o los formadores pueden pedir a un determinado seminarista, un
tiempo de retiro parcial del Seminario, llamado año de experiencia para el
discernimiento y maduración de su vocación. Por su parte, el seminarista, previo




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diálogo con su padre espiritual y el rector, puede solicitar dicho permiso. Es
imprescindible que el seminarista se ayude con recursos espirituales (oración y
acompañamiento espiritual) y, si necesario, con recursos profesionales para madurar
en su discernimiento.



22.      Retiro del proceso formativo

Un seminarista puede ser retirado del proceso formativo en el Seminario:

22.1 Por una falta grave contra la fe y/o la moral católica, o las buenas costumbres,
a tenor de los cánones 1040-1049 del Código de Derecho Canónico; por ejemplo: la
honradez, la moral sexual, la veracidad, la sobriedad.

22.2    Por oposición total o parcial a la Doctrina de la Iglesia.

22.3 Por no aceptar las orientaciones mayores del Magisterio de la Iglesia sobre la
identidad y la misión del presbítero.

22.4 Por desobediencia grave a un punto del reglamento después de repetidas
advertencias del rector y/o de los formadores.

22.5    Por insuficiencia académica, si pierde tres materias en el mismo semestre o si
pierde dos habilitaciones.

22.6     Por fraude en los exámenes.

22.7    Por manifestar incapacidad de vivir las exigencias del ministerio sacerdotal, a
tenor del canon 1029 del Código de Derecho Canónico y del Anexo V del Protocolo
589/97 de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del
10 de noviembre de 1997, como por ejemplo, obediencia, respeto debido a los
superiores, aceptación del celibato perpetuo y absoluto, rendimiento académico
aceptable, capacidad de relación con los demás, capacidad de liderazgo, vivencia de
una piedad sostenida, dominio de su carácter, sinceridad, honradez, madurez humana.

22.8    Por estancamiento pronunciado y prolongado sobre puntos señalados por el
rector y/o el equipo de formadores, que son considerados indispensables para el
progreso humano, intelectual, espiritual y apostólico del candidato.

22.9    Por decisión de su obispo.




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DIMENSIÓN ESPIRITUAL

El Seminario     ofrece   distintos   recursos     para   el   crecimiento    espiritual   de   los
seminaristas:

23.     La oración comunitaria

La vida de oración comunitaria se expresa diariamente por la celebración de la
Eucaristía, del rezo de la Liturgia de las Horas y del ejercicio de la Lectio Divina;
semanalmente por el Culto Eucarístico y el culto Mariano y mensualmente por las
asambleas sectoriales. La participación en estos actos es una exigencia prioritaria de la
formación presbiteral, por lo cual se demanda estricta puntualidad en la asistencia. En
caso de ausentarse un seminarista, éste presenta explicaciones al rector.

23.1 El Comité de Liturgia, con la asesoría de un formador, vela por la calidad y el
mayor provecho posible de las celebraciones litúrgicas del Seminario.

23.2      Especial importancia tiene el servicio de la música y del canto en las
celebraciones litúrgicas. Todos, siguiendo las orientaciones del Comité de Liturgia y de
los responsables de distintos servicios, se esmeran en prepararse bien y en participar
activamente en las celebraciones.

23.3 Por turno, cada uno es invitado a servir al altar y a proclamar la Palabra, para lo
cual debe prepararse con anterioridad para garantizar un excelente servicio. En las
celebraciones por grupos, cada uno es invitado, por turnos, a asegurar en la sacristía
todo lo que se necesita para las celebraciones. Todo se hace con respeto, dignidad y
convicción.

23.4.   Todos cuidan su presentación personal y observan un comportamiento
respetuoso y digno para participar en las celebraciones litúrgicas.

23.5     La oración litúrgica, por la mañana y por la tarde, reviste una importancia
primordial para adquirir el hábito de la oración; por ello se ha de emplear todo el
tiempo destinado par su realización, hasta el último momento. La oración comunitaria
o individual exige silencio exterior e interior y un auténtico y profundo clima de diálogo
amoroso con Dios.

23.6 Durante la realización de los ejercicios espirituales, todos procurarán participar
con la mejor disposición, guardando silencio interior y exterior, para favorecer un
verdadero clima de oración.




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23.7     Cada seminarista procura continuar su vida de oración durante el trabajo
pastoral de fin de semana y en los días libres.

24.      El director espiritual

El seminarista puede escoger como padre espiritual a cualquier formador disponible,
excepto al rector.

24.1    Para favorecer la mayor libertad de conciencia, un seminarista puede, por
razones serias, cambiar de padre espiritual. De ello notificará previamente al rector.
También, por razones serias, el padre espiritual puede exigir a algún dirigido, el
cambio de director espiritual.

24.2 Para vivir una auténtica dirección espiritual, el seminarista está llamado a tener
con su padre espiritual una actitud de apertura, sinceridad y docilidad. Igualmente,
está llamado a ser asiduo a ella (por lo menos dos veces al mes).

24.3     Excepcionalmente se puede escoger a un presbítero que reside fuera del
Seminario con la aprobación del Equipo de formadores.

25      Crecimiento espiritual

El crecimiento espiritual se manifiesta progresivamente por la práctica de la humildad
y la caridad, por el trabajo por la paz y la solidaridad, por su visión de fe sobre la vida
y por la aceptación libre y gozosa de ciertas renuncias, por ejemplo:

25.1 Renuncia a la mentalidad propia de la contra-cultura de la violencia, del engaño,
del materialismo, del placer y del consumismo.

25.2.     Un seminarista se compromete a formarse de tal manera que renuncie al
consumo de alcohol y drogas y a la adición a la televisión. No puede ingerir bebidas
alcohólicas en el Seminario ni fuera de él, en los días libres o durante las salidas
apostólicas.

25.3 La castidad es una vivencia que conduce a la santidad. Como candidato al
     celibato absoluto y perpetuo, el seminarista asume una actitud cortés, madura y
     respetuosa en el trato con cualquier persona. Frente a la mujer se comporta
     cortésmente, pero evita cualquier imprudencia con ella. Se guarda de
     particularizar las amistades en exceso. Acoge a los visitantes pero no los
     acapara. No participa en bailes o fiestas indecorosas. No lee libros o revistas, ni
     ve películas, programas de televisión o vídeos contrarios a la visión cristiana del




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         sexo y del amor. En la duda se abstiene. Es fiel a la castidad por medio de la
         oración, la ascesis, la prudencia en el trato con personas superficiales o
         mundanas, y el evitar familiaridades peligrosas.


DIMENSIÓN INTELECTUAL

El Seminario Regional de la Costa Atlántica “Juan XXIII” ofrece un programa de
estudios, idóneo para formar a los auténticos pastores que reclama la Iglesia de hoy.
En ésta área, los frutos de la formación son proporcionados ante todo por el
compromiso de un estudio ordenado, asiduo y riguroso, por parte de cada seminarista,
así como de la adquisición del hábito de la lectura y la investigación. Por ello, deben
tenerse en cuenta las siguientes consideraciones:

26.       Clases

En cuanto a las clases, el seminarista ha de observar las siguientes pautas:

26.1     Llevar los libros, cuadernos (libretas) y lapiceros necesarios para las clases
(aún si son en continuidad).

26.2 Estar en el aula de clase al toque de la campana que indica el inicio, aunque el
profesor no haya llegado aún; sentarse en su lugar y no hablar en voz alta.

26.3      Participar activamente en la clase, tomando apuntes y participando. Es
aconsejable que el alumno prepare con antelación el tema que se tocará en clase.

26.4      Es necesario reportarse al profesor o al rector cuando se ha ausentado de una
clase.

26.5 Para ausentarse de una clase es necesario:

               Pedir permiso directamente al profesor.
               Esperar su respuesta afirmativa.

En caso contrario no se puede salir de clase.

26.5 El profesor es autónomo en su clase y puede dar las sanciones que juzgue
convenientes en caso de retraso, indisciplina o faltas de respeto. Algunos casos serán
remitidos al rector.




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27.     Estudio

El tiempo destinado al estudio personal (de 3:30 hasta la oración de la tarde y luego
de la oración de la noche hasta las 10:00, así como las horas de investigación), debe
ser utilizado para este propósito. Se evitará organizar reuniones durante éste período,
estrictamente reservado al estudio y se exige fiel y cabal cumplimiento. Sin embargo,
durante este tiempo los seminaristas pueden visitar a su padre espiritual o a un
formador, si es requerido por éste.

27.1    Se ha de fomentar el estudio en pequeños grupos.

27.2    Se deben realizar trabajos de investigación sobre los temas vistos en clases.

27.3 Se ofrece, si es necesario, el sistema de tutoría a los que más necesitan ayuda
en este campo.

27.4 Se favorece el conocimiento de nuestra realidad nacional y la ampliación de los
horizontes académicos por medio del desarrollo de consultas y trabajos extra-aula de
los temas de clase, conferencias, cursos complementarios, cursos extraordinarios y
otras actividades.

28.      Exámenes y calificaciones

28.1 Además de los exámenes finales de cada semestre, se tienen un examen parcial
durante cada semestre

28.2 Los alumnos de cuarto año de Teología presentan los exámenes sinodales de
Teología Dogmática, Sagrada Escritura, Moral y Liturgia.

28.3 Se exige a los alumnos la nota mínima de 3:00 para pasar una materia; en caso
de no alcanzar dicha nota, el alumno se somete a un examen de habilitación.

28.4     Si pierde la habilitación debe repetir el curso por tutoría en el semestre
siguiente.

28.5   Las habilitaciones se harán una semana después de haber terminado los
exámenes finales.

28.6     Si un alumno pierde tres materias será retirado del proceso formativo por
deficiencia académica.




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28.7 Para acceder a las Sagradas Ordenes, el seminarista deberá estar a paz y salvo
académicamente con el Seminario.

28.8        Al salir del Seminario los alumnos pueden obtener los certificados de
calificaciones o la constancia de los estudios cursados, previa cancelación de cualquier
deuda contraída con la institución y el pago requerido.


29       La biblioteca

La biblioteca se rige por su propio reglamento, en particular por las siguientes normas:

    En todo momento, reina en la sala de lectura y depósito de libros un silencio
     completo.
    El estudio grupal solo se puede realizar en la sala destinada para este fin.
    Se exige en la biblioteca una presentación personal correcta (no se admite entrar
     en pantaloneta o en chancletas o con gorra).
    Está absolutamente prohibido el ingreso y consumo de comestibles o bebidas en la
     biblioteca.
    Sólo se puede sacar libros de ella con la debida autorización del encargado de turno
     y luego de haber sentado en el libro correspondiente la salida. Los libros que se
     saquen deben ser devueltos en el plazo establecido.
    No se pueden sacar revistas, diccionarios, enciclopedias o libros ubicados en el
     sector de consultas.
    Cada seminarista cuida los libros de la biblioteca como si fueran propios.
    Nadie está autorizado a prestar libros o revistas a personas del exterior.

30.      Sala de sistemas

30.1     Para usar los ordenadores de la sala es indispensable poseer una capacitación
en       el manejo de los mismos.

 30.2 Los responsables de la sala de computación establecen los turnos para el uso
de los computadores.

30.3 Está terminantemente prohibido el ingreso y consumo de comestibles y bebidas
en la sala de computadores.

30.4 Se exige en la sala de computadores una presentación adecuada (no se admite
el ingreso a la sala en pantaloneta, chancletas o gorras).

30.5      Antes de usar un diskette es necesario pasarlo por el anti-virus.




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30.6       Las impresiones se cancelarán al encargado inmediatamente después de
realizarlas.

30.7 Cualquier daño en los equipos o muebles de la sala debe ser reportado
     inmediatamente a los responsables de la sala o al ecónomo.




DIMENSIÓN PASTORAL

31     La formación pastoral se adquiere, de manera teórica, por medio de las clases y
cursos de PDR/E, catequesis y de pastoral en sus diferentes áreas y, de manera
práctica, en actividades pastorales previstas que comprende la formación en diversos
tipos de pastoral y en diversos lugares a lo largo de la formación del Seminario. En
cada semestre se realiza una semana vocacional, en la cual todos toman parte activa,
así como una misión en alguna Unidad pastoral de la Arquidiócesis.

31.1    El tiempo dedicado a la actividad pastoral va desde el sábado en la mañana
hasta el domingo en la tarde.

32.2     Es un tiempo reservado exclusivamente a la pastoral. El emplear este tiempo
en otro tipo de actividad es una falta grave.

32.3   Para aceptar un trabajo pastoral en tiempo fuera del horario estipulado, así
como para salir o regresar fuera del tiempo fijado, se necesita autorización del rector.

32.3 El trabajo pastoral es coordinado por el padre encargado de esta área, con el
apoyo del Comité de Pastoral. Bajo su guía los seminaristas preparan, revisan y
evalúan su actividad.

32.4    El formador responsable de la pastoral se encarga de apoyar y eventualmente
de acompañar a los seminaristas en sus actividades pastorales y en sus relaciones con
los párrocos y agentes de pastoral de las Unidades Pastorales y de las instituciones con
quienes el seminarista realiza su actividad pastoral.

32.5 El costo de los pasajes cada semana, la alimentación y el alojamiento durante la
pastoral de fin de semana, lo proporciona el centro de pastoral respectivo. El párroco
de cada centro de pastoral es un formador del seminarista a su cargo.




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32.6     El Seminario ofrece una sala de pastoral donde todos pueden encontrar
publicaciones sobre la pastoral. Allí también pueden adquirir ciertos materiales, útiles
para preparar las actividades. En caso de que se le preste algún material de esta sala,
el seminarista debe devolverlo, sin tardanzas, en el plazo establecido.

    33.      La actividad pastoral tiene el sentido de una formación práctica como
       pastores y de un servicio cualificado de Evangelización. Por tanto, es necesario:

   Planear, junto con el respectivo párroco o responsable, la pastoral del año o del
    semestre, la cual se evaluará a su debido tiempo.
   Ser puntual al iniciar y finalizar la actividad pastoral.
   Orar, en compañía del párroco, para encomendar a Dios la acción pastoral.
   Comportarse irreprensiblemente como testigo de Jesucristo.


34.     En tiempo de vacaciones las respectivas diócesis organizan las actividades
pastorales de los seminaristas, para las cuales hay que estar disponibles. Para ello hay
que ponerse en contacto con los respectivos encargados de cada diócesis. Al llegar a
su familia en el lugar de origen, el seminarista debe presentarse ante su párroco para
saludarlo y ponerse a su servicio. Es fundamental, durante este tiempo, la fidelidad a
la oración, la colaboración con el párroco respectivo y el testimonio ante la comunidad.




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Como seminarista llevaré una vida irreprochable delante de todos
- Mostraré serenidad y equilibrio frente a ofensas personales, al peligro o a la
  violencia.
- Practicaré la moderación en todo y seré constantemente un testimonio para los
  demás.
- Seré honesto y digno en mi pensamiento, en mis palabras y en mis acciones;
- Tanto en la acción pastoral como en mi vida personal seré fiel a la ley de Dios y de
  la Iglesia
- Seré asiduo a la oración y a la práctica de los sacramentos..

Tengo la obligación fundamental de servir y a la sociedad
- Ser testigo de la presencia de Jesucristo en medio de los demás.
- Promover los valores cristianos y las buenas costumbres;
- Trabajar por la paz y la solidaridad.
- Socorrer al necesitado
- Defender a los débiles
- Y respetar y promover la dignidad y el valor inalienable de cada persona

Siempre actuaré de manera coherente con mi vocación
- Mantendré la ética del trabajo pastoral sin involucrarme personalmente con ninguna
   persona ni revelar problemas ajenos.
- No permitiré que sentimientos, prejuicios, o amistades personales lleguen a influir
   sobre mis decisiones.
- Seré respetuoso y prudente pero firme y digno en el trato con todas las personas.
- Sostendré los principios y orientaciones de la moral, y el magisterio de la Iglesia en
   forma firme pero cortés, sin temores ni concesiones.
- Observaré fielmente las normas y reglamentos del Seminario

Reconozco que al ser testigo del Evangelio, expreso la fe de la Iglesia
- y la vivo como respuesta al llamado que Dios me hace.
- y lo demostraré mientras siga fiel a los principios de la Iglesia.
- Trabajaré constantemente para lograr este ideal, dedicándome, en la sociedad, al
  servicio alegre y generoso a Cristo y a su Iglesia.




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El escudo representa una hostia en la que se hallan ocho peces. En la hostia se
encuentra la cruz que tiene los cuatro lados iguales. Sobrepuesto a la cruz se
encuentra el crismón, signo empleado por la antigüedad cristiana para representar el
santo nombre de Cristo.

La hostia es el símbolo de Jesucristo resucitado, cuyo encuentro vivo se da, como en
Emaús, en la Eucaristía. El centro de la vida del seminario y del presbítero es el
encuentro con Cristo vivo en la Eucaristía

La cruz. Inscrito en la misma hostia aparece la cruz griega, símbolo de la muerte del
Señor. Con la cruz y la resurrección se hace simbólicamente presente el misterio
pascual, el cual está igualmente representado en la capilla en la imagen del resucitado
con la cruz de fondo, alusión a que el presbítero es una proclamación viva de la muerte
y resurrección del Señor

El crismón se halla igualmente inscrito dentro de la Hostia.. El crismón representa las
dos primeras letras griegas (X P), del nombre santo de Cristo, ante quien toda rodilla
se dobla en el cielo, en la tierra y en el abismo. Tanto la hostia como el crismón
expresan el centro de la vida del seminarista, del presbítero y de la Iglesia.

Los ocho peces que se dirigen hacia el centro de la Hostia, que coincide con el centro
de la cruz de brazos iguales y con el centro del Crismón, representan a las ocho
diócesis de la Costa Caribe (Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, Valledupar,
Montería, Magangué, Sincelejo y Montelíbano). La ubicación dentro de la Hostia y el
movimiento centrípeto de los peces representan la unidad de las diócesis de la Costa
Caribe, expresada de manera viva en el Seminario Regional: Que sean uno para que el
mundo crea (Jn 17,21).




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                        ―La formación espiritual debe darse de tal forma que los alumnos aprendan a
                        vivir en trato familiar y asiduo con el Padre por su Hijo Jesucristo en el Espíritu
                        Santo. Habiendo de configurarse con Cristo Sacerdote por la sagrada
                        ordenación, habitúense a unirse a Él como amigos con el consorcio íntimo de
                        toda su vida. Vivan el misterio pascual de Cristo de tal manera que sepan
                        iniciar en él al pueblo que ha de encomendárseles.”

                                                        Concilio Vaticano II, Optatam totius, No. 8   246
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El proceso formativo tiene un sentido fundamental: vivir la Espiritualidad de la Iglesia,
la de “Comunión” que hace posible que los seminaristas aprendan y desarrollen las
capacidades personales y al mismo tiempo las pongan al servicio de los demás en
forma progresiva, en una interrelación y complementariedad que edifica la comunidad.
Esta comunión es con Dios y con la personas en Dios. Ésta se vive en el seminario por
medio de la participación en la lectura de la palabra de Dios, que nos muestra su vida
y su amor por nosotros que nos ha participado por Cristo, en el Espíritu Santo, y que
nos constituye Iglesia, en comunión con todos aquellos que en Cristo son hechos uno
en el Espíritu.

Por lo mismo el proceso formativo que constituye el seminario y que ofrece la Iglesia
local a todos aquellos que, sintiendo el llamado de Dios al ministerio Sacerdotal
quieran hacer de él su sentido de vida, se realiza en la comunión con la Arquidiócesis
de Barranquilla y, al mismo tiempo, en comunión con toda la Iglesia de Cristo tanto
por la Eucaristía que se celebra cuanto por la comunión con el obispo. Todo ministerio,
principalmente el presbiteral se vive y se ejercita en la dimensión de universalidad y al
mismo tiempo de localización, propia de la Iglesia. Es así como los candidatos,
principalmente los presbíteros, se capacitan para ser “signo e instrumento” de esa
misma comunión. Al mismo tiempo, el seminario existe sólo para ayudar al
crecimiento de la misma comunidad eclesial, parroquial y diocesana, educando los
ministros que la diócesis necesita. Es así que la formación se realiza “en” y “para” el
servicio a la comunidad eclesial.

El seminario en cuanto a proceso formativo e itinerario de vida no termina con las
etapas de formación inicial, sino que continúa durante toda la vida. La comunión
eclesial, en definitiva, es origen, camino y horizonte último de esa unidad de vida que
es la santidad, vivida como ministros en y para la comunidad. Es la santidad de vida
de todos los ministros en el único Pastor, como su cuerpo ministerial, “en” y “para” la
comunidad eclesial.

En el proceso formativo que se vive en el Seminarios Regional Juan XXIII, se
promueve un gran valor espiritual, sugerido por la PDV, 46: la búsqueda de Jesús. En
cierto modo la vida espiritual del que se prepara al sacerdocio está dominada por esta
búsqueda: por ella y por el “encuentro” con el Maestro, para seguirlo, para estar en
comunión con Él, pero esto es realmente posible si se propone a los demás una
experiencia de vida, experiencia que vale la pena compartir, ya que éste ha sido el
camino de los discípulos (Jn. 1, 41 – 42). Pero ¿qué significa, en la vida espiritual,
buscar a Cristo? Y ¿dónde encontrarlo?


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 El decreto conciliar Optatam Totius parece indicar un triple camino: la meditación fiel
de la Palabra de Dios, la participación activa en los Sagrados Misterios de la Iglesia, el
servicio de la caridad a los “más pequeños”. Se trata de tres grandes valores y
exigencias que nos delimitan ulteriormente el contenido de la formación espiritual del
candidato al sacerdocio y que en el seminario se asumen así:




Es la escucha humilde y llena de amor que se hace diariamente en un tiempo de media
hora. En efecto, a la luz del Espíritu Santo que la inspiró y con la fuerza de la Palabra
de Dios es como el seminarista, puede descubrirse, comprenderse, amarse y seguir la
propia vocación; y también cumplir la propia misión.

El seminarista, por medio de la práctica asidua de la lectio divina, entra en familiaridad
con la palabra de Dios, en un proceso permanente de conversión, no solamente en el
sentido de apartarse del mal para adherirse al bien, sino también en el sentido de
alimentar en el corazón los pensamientos de Dios. Es necesario acercarse y escuchar
la palabra de Dios tal como es, ya que en ella es posible encontrar a Dios mismo, al
Dios que habla al hombre; encontrar a Cristo, el Verbo de Dios, la verdad que a la vez
es camino y vida (Jn. 14, 6). Se trata de leer las “Escrituras” escuchando las
“palabras”, y la “Palabra” de Dios, como nos recuerda el Concilio: “la Sagrada Escritura
contiene la Palabra de Dios, y en cuanto inspirada es realmente Palabra de Dios” (DV,
24).

La Lectio Divina, se realiza diariamente en el Seminario Regional, siguiendo la
recomendación del Vaticano II (DV, 25). Se realiza así:
     Los lunes por Grupo de Vida.
     Los martes por Grupo de Dirigidos.
     Los miércoles por Grupo de Vida.
     Los jueves por Grupo de Vida.
     Los viernes por Grupo de Vida.

El método es el siguiente:

Se inicia con una invocación al Espíritu Santo (Canto u Oración).
Luego se procede a dar los cuatro pasos constitutivos de la lectio divina:

   1. Lectura del texto

Leer lentamente desde el comienzo hasta el final, releerlo y volver a hacerlo una vez
más, para que poco a poco los detalles vayan apareciendo y cada palabra vaya
haciendo sentir su peso. Las letras se vuelven imagen, comienzan a hablar y nosotros


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nos vamos apropiando de ellas. En este primer momento nos preguntamos ¿Qué dice
el texto?

                 a. Captar la ideas principales:
                        Retener las voces fuertes del texto, subrayar frases que más
                            impacten.
                        Distinguir quién habla y de qué cosa habla: si es un narrador
                            o un actor; quién es este personaje, cuáles son sus
                            características.
                 b. Profundizar:
                        Hacer preguntas pertinentes sobre el texto.
                        Leer las notas de pie de página de la versión que tenemos.
                        Consultar los textos paralelos.
                 c. Sentir el texto: Dar espacio a nuestra propia emoción, quizá haya
                    una frase que, aunque sea secundaria, nos ha impactado. Dios me
                    habla en ella. Lo importante es respetar siempre su sentido dentro
                    del contexto: que sea lo que ella dice y no lo que yo quiero que me
                    diga. Respetar el contexto es la regla primera de la lectura de la
                    Biblia.


     2. Meditación del Texto

Es una actividad lenta, por eso muchos hablan de “rumiar” la Palabra, es decir,
saborearla lentamente. El pueblo de la Biblia sabía meditar “atando cabos”, tratando
de descubrir cómo se relaciona una cosa con otra, escrutando el sentido de los
acontecimientos, la lógica del actuar de Dios en medio de todo, en nuestra vida, en la
vida del seminario, en la Arquidiócesis, en nuestra Iglesia; así en todo el proceso
formativo, “atando cabos” podemos ver “esta Escritura acabada de oír, se ha cumplido
hoy” (Lc. 4, 21).

Para realizar la meditación nos dejamos orientar por la pregunta clave: ¿Qué me (nos)
dice el texto?, para responder “atamos cabos” a dos niveles:

          a. La asociación con la vida.
                        Así como María, quien confrontaba el anuncio del Ángel con
                          su propia vida (Lc. 1, 34).
                        El primer resultado es un mejor conocimiento de nosotros
                          mismos, punto esencial y principal en nuestra primera etapa
                          de formación. Nos vemos a la luz de Dios, con la mirada de
                          Dios. Emerge la historia de nuestras andanzas, de nuestro
                          caminar en la dirección de Dios o, tal vez, un poco a
                          contravía.
                        Es propio de ella ponernos al borde de la crisis porque es
                          espada de doble filo que “escruta los sentimientos y


                                                                                    249
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                           pensamientos del corazón” y nos deja “desnudos y
                           descubiertos” ante Dios (Hb 4, 12 – 13).
                          En este estar desnudos ante Dios la Palabra nos revela que
                           Dios es mayor que nuestro pobre corazón (1 Jn 3, 20).

          b. La asociación con la realidad arquidiocesana:
                        Los pasos anteriores adquieren aún más sentido en la
                          interpretación profunda del momento histórico presente.
                        No basta entonces con conocer los tiempos y sus
                          características y condicionamientos, no basta comprenderlos
                          en su dinamismo interno de fenómenos históricos; hay que
                          interpretarlos desde la Palabra, desde la fe, para descubrir
                          en ellos el plan de Dios en acto, su designio de salvación en
                          acto.

       3. Oración a partir del texto

Poco a poco los seminaristas van descubriendo que la oración no se encierra en los
límites de su propia relación personal y exclusiva con Dios. Es también la voz de la
creación entera que clama por su liberación para “participar en la gloria de la libertad
de los hijos de Dios” (Rm 8, 21). La oración que brota de la lectio, es oración abierta a
la realidad eclesial, a la vida del pueblo. Es como en los Salmos. Ellos siempre tienen a
la vista una realidad concreta, oran la Palabra y la Vida. En la lectio nuestra oración es
siempre sálmica porque es la respuesta creativa a la pregunta: ¿Qué me (nos) hace
decir el texto?

Como ha sido espontánea y creativa no podremos dar más indicaciones, sólo destacar
que hay varios niveles en que se puede vivir esta experiencia:
                            a. Súplica
                            b. Acción de gracias
                            c. Entrega

     4. Contemplación

Es la oración en su más alta calidad, en toda su pureza. No es experiencia estática, ni
situación paradisíaca, sino el reconocimiento pacífico, manso, de la venida del Señor a
nuestra incapacidad, a nuestra pobre humanidad. Es una venida que sana y que
restaura. La hemos vivido poco a poco en el proceso cuando nos deleitábamos en el
comprender. Ahora no hay preguntas, sólo el gozo del recibir. El gozo del Espíritu (Gl
5, 22) nos descubrimos como hombres nuevos, como nuevas criaturas. Es el despertar
de la conciencia bautismal: nuestra vida en Jesús Crucificado – Resucitado, viviendo
dentro de nosotros (Gl 2, 20). Nuestra unión a Él nos dispone a una vida de comunión,
a emprender acciones valientes por el otro, a la entrega plena por el reino.




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La forma primera y fundamental de respuesta a la Palabra de Dios es la oración, pues
a Dios escuchamos cuando se proclama su palabra y al hombre cuando oramos, y ésta
constituye sin duda un valor y una exigencia primarios de la formación espiritual. El
culmen de la oración cristiana es la Eucaristía que a su vez es “la cumbre y fuente” de
los sacramentos y de la liturgia de la Horas (PDV, 48). En su proceso de la formación
de los seminaristas, es muy necesaria la educación litúrgica, por tal motivo desde el
día anterior, junto con el sacerdote, preparan la celebración Eucarística, junto con la
oración de la liturgia de las horas, donde el seminarista recibe indicaciones
pertinentes. Éstas se celebrarán al día siguiente en las horas de la mañana, excepto el
lunes que se realiza en horas de la tarde.

EUCARISTÍA PRESIDIDA POR EL OBISPO

Los lunes en la tarde el Arzobispo, o uno de los obispos auxiliares, preside la eucaristía
a la cual asiste toda la comunidad. Se trata de vivir en profundidad la realidad
sacramental de que toda Eucaristía debe realizarse en profunda comunión eclesial y
que el garante y la fuente de esa comunión es el obispo. De esta manera, la
comunidad del Seminario crece en la comunión eclesial de una manera especial.


EUCARISTÍA POR DIRIGIDOS

Cada martes se reúne el director espiritual junto con sus dirigidos a celebrar la
Eucaristía, ésta va marcando, por medio de la Palabra, el paso en el proceso
formativo. El director espiritual es el que “conduce gradualmente desde los comienzos
de la vida espiritual hasta la perfección evangélica, que se manifiesta en la
espiritualidad de comunión”. Esta Eucaristía, está revestida plenamente de cercanía e
intimidad en el Señor, ya que ambos, tanto el sacerdote como el dirigido viven un
proceso fundamentado en la mistad y la confianza, dando cumplimiento a las palabras
que en el numeral 42 nos trae la PDV: “Después de haberlos llamado y antes de
enviarlos, es más, para poder mandarlos a predicar, Jesús les pide un “tiempo” de
formación destinado a desarrollar una relación de comunión y de amistad profundas
con Él. Dedica a ellos una catequesis más intensa que al resto de la gente (Mt. 13, 11)
y quieren que sean testigos de su oración silenciosa al Padre (Jn. 17, 1 – 26; Lc. 22,
39).”


EUCARISTÍA POR GRUPO DE VIDA

El padre coordinador del grupo de vida ayuda a los seminaristas en la vivencia de la
experiencia comunitaria y cuanto debe influir positivamente en ella; la experiencia

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profunda del seminario es ser, a su manera, una continuación en la Iglesia, de la
íntima comunidad apostólica formada en torno a Jesús. Esta intimidad constituye el
ideal formativo que estimula al seminario a encontrar su realización concreta, fiel a los
valores evangélicos en los que se inspira y capaz de responder a las situaciones de los
tiempos, y que el coordinador debe promover. La vivencia de esta Eucaristía es
fundamental para tal fin.


EUCARISTÍA COMUNITARIA

Todos los jueves se reúne la comunidad del seminario a celebrar la Eucaristía
presidida, en su orden por alguno de los padres formadores; es consciente toda la
comunidad que este espacio es vital, ya que todo el seminario debe configurarse como
“Comunidad Eclesial”, como comunidad de discípulos del Señor, en la que se celebra la
misma liturgia (que impregna la vida del espíritu de oración), formada cada día en la
lectura y meditación de la Palabra de Dios y con el Sacramento de la Eucaristía, en el
ejercicio, de la caridad fraterna y de la justicia; una comunidad en la que, en el
progreso de la vida comunitaria y en la vida de cada miembro, resplandezcan el
Espíritu de Cristo y el amor a la Iglesia. Es esencial para la formación de los
candidatos al sacerdocio y al ministerio pastoral –eclesial por naturaleza- que se viva
en el seminario no de modo extrínseco y superficial, como si fuera un simple lugar de
habitación y de estudio, sino de un modo interior y profundo: como una comunidad
que prolonga la experiencia del grupo de los doce unidos a Jesús.


EUCARISTÍA POR DIÓCESIS

La comunión eclesial, la hermandad entre los sacerdotes se comienza a experimentar
en el mismo seminario, por tal motivo, la Eucaristía por Diócesis nos plantea el reto de
vivir la comunión y proyectarse como presbítero; para ello, los candidatos se capacitan
a ser personas de comunión. Se ejercitan, viven y profundizan los cuales de las
relaciones humanas: desarrollan sus talentos personales y los ponen a servicio
concientes de ser los mas complementos de los otros; se comunican y confrontan las
experiencias vividas y las que se están viviendo, siempre en la complementariedad de
los mismos. Vivir en un clima de alegría y simplicidad, de relaciones familiares entre
todos; de diálogo y de confianza, de amistad fiel y solidaria; de discernimiento y de
reconciliación, de comunión y promoción fraterna, hará sin lugar a dudas un presbítero
más fuerte en las relaciones interpersonales y sociales de fe, esperanza y caridad.

Los futuros presbíteros viven la comunidad como familia de Dios y se ejercitan en la
convocación y formación de la misma de manera que cada uno ofrece su originalidad a
la comunidad y acepta la originalidad de cada uno de los otros. En este intercambio,
aprende a descubrir los puntos de convergencia, a encontrar el paso de unidad que
armoniza las diversidades, a coordinar opiniones, tareas y programas, en definitiva,
aprende a edificar la unidad en el respeto y promoción de la diversidad. Viven y
aprenden a promover la espiritualidad de comunión que es el diálogo, de

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discernimiento comunitario, de reconciliación y conversión, de liturgia vivida y
celebrada comunitariamente especialmente en esta Eucaristía; en la fe ora por el
presbiterio y por las necesidades de nuestra Iglesia.




La Liturgia de las Horas en cuanto oración pública de la Iglesia es además fuente de
piedad y alimento de la oración personal, como lo afirma el Concilio Vaticano II en la
Sacrosantum Concilium, 90. Para santificar el tiempo según la costumbre de la Iglesia
en el Seminario se celebran habitualmente laudes, vísperas y completas. El rezo de la
liturgia de las horas, oración de Cristo con su Cuerpo al Padre, es aquella acción con la
cual se consagra a Dios el curso del día y la noche, es un honor y obligación de los
elegidos para "prestar su voz a la Iglesia que persevera en la Oración en nombre de
todo el género humano, juntamente con Cristo, que vive siempre para interceder por
nosotros"50.

“En los seminarios y casas religiosas, los clérigos deben adquirir una formación
litúrgica de la vida espiritual, por medio de una adecuada iniciación que les permita
comprender, los sagrados ritos y participar en ellos con toda el alma, sea celebrando
los sagrados misterios, sea con otros ejercicios de piedad, penetrados del espíritu de la
sagrada liturgia; aprendan al mismo tiempo a observar las leyes litúrgicas de modo
que en los seminarios e institutos religiosos la vida esté totalmente informada de
espíritu litúrgico”51.




Además de la confesión frecuente y del ejercicio de la dirección espiritual, se tienen en
gran estima los retiros espirituales como medio eficacísimo de renovación y progreso
en la vida de santificación personal.

Se realiza para toda la comunidad del Seminario, reunidos en los grupos de vida, un
retiro mensual, cuya fecha estará sujeta a la organización del calendario general y
cuyos responsables previamente designados junto con los padres formadores
organizan la dinámica de los ejercicios. En estos participan tanto los seminaristas que
llevan su proceso de formación en el seminario como los seminaristas de año de
pastoral que se encuentran en algunas unidades pastorales.


50
     Idem. No. 84; P.O. No. 13; PDV No. 48.
51
     Idem. No 17


                                                                                      253
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Además, de los retiros mensuales, se organiza un retiro espiritual de cinco días de
los cuales uno seguirá la estructura de los ejercicios Ignacianos. En éste, así como en
los retiros mensuales participan los seminaristas que reciben su formación al interior
del seminario como los de año de pastoral.




La veneración a la Madre del Señor debe traducirse, en el primer lugar, en la vida del
cristiano en una actitud de imitación de aquella que brilla ante la comunidad de los
elegidos como modelo de virtudes (LG, 65).

El seminarista que quiere seguir a María en su camino de fe y de colaboración en la
obra de la salvación debería observar fielmente como ella la palabra de Dios (Mc. 3,
35; Lc. 11, 27 – 28), por eso el énfasis en la lectio de tener una actividad profunda de
escucha como Maria. Nuestra relación con la Madre del Señor no consiste sólo en
imitación de sus virtudes, es decir, en una veneración existencial, sino también en una
veneración cultual que nos lleva a glorificar a Dios en ella. Nada mejor para honrar a
la Santísima Virgen María que todos aquellos ejercicios de piedad recomendados por
santa costumbre de la Iglesia. Por consiguiente, el Seminario adoptará como medios
eficaces para fomentar la piedad mariana: el estudio y la meditación de los principales
misterios de Nuestra Señora, el rezo del Santo Rosario, los días lunes (comunitario) y
los viernes (por diócesis), la consideración de las principales fiestas marianas y, en
especial, la de María Reina, bajo cuya protección se ha consagrado nuestra catedral
metropolitana52.




Teniendo en cuenta las palabras del Papa Juan Pablo II en la carta encíclica ECCLESIA
DE EUCHARISTIA adquiere una gran importancia el culto a la Sagrada Eucaristía
dentro de la vida espiritual de aquellos que se preparan al ministerio del orden.

Es de un valor inestimable en la vida de la Iglesia el culto a la Sagrada Eucaristía fuera
de la misa. Dicho culto está estrechamente unido a la celebración del Sacrificio
Eucarístico. La presencia de Cristo bajo las sagradas especies que se conservan
después de la misa –presencia que dura mientras subsistan las especies del pan y el
vino-, deriva de la celebración del Sacrificio y tiende a la comunión sacramental y
espiritual. Corresponde a los pastores animar, incluso con el testimonio personal, el

52
     O.T. No. 8; P.O. No. 18


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culto eucarístico, particularmente la exposición del Santísimo Sacramento y la
adoración de Cristo presente bajo las especies eucarísticas. En el seminario esta
experiencia se vive todos los jueves, presidida siempre por un padre formador.

Continuando con lo que dice el Papa podemos decir: “Es hermoso estar con Él y,
reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (Jn. 13, 25), palpar el amor
infinito de su corazón. Si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo sobre
todo por el ―arte de la oración‖, ¿cómo no sentir una renovada necesidad de estar
largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor,
ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento? La Eucaristía es un tesoro
inestimable; no sólo su celebración sino también estar ante ella fuera de la Misa, nos
da la posibilidad de llegar al manantial mismo de la gracia. Una comunidad cristiana
que quiera ser más capaz de contemplar el rostro de Cristo, en el espíritu que he
sugerido en las cartas apostólicas Novo millennio ineunte y Rosarium Virginis Mariae,
ha de desarrollar también este aspecto del culto eucarístico, en el que se prolongan y
multiplican los frutos de la comunión del cuerpo y sangre del Señor.*

Numerosos santos han dado ejemplo de esta práctica, alabada y recomendada
repetidamente por el Magisterio. De esta manera particular se distinguió por ella san
Alfonso María de Liborio que escribió: “Entre todas las devociones, ésta de adorar a
Jesús Sacramentado es la primera, después de los sacramentos, la más apreciada por
Dios y la más útil para nosotros‖.




Se realiza desde cuatro aspectos (ver Directorio para la Dirección Espiritual):

       1.   Revisión del Proyecto Personal de Vida
       2.   Terapia de sanación y reconstrucción del pasado
       3.   Lectura de los signos.
       4.   Confesión.




*
    carta encíclica “Ecclesia de Eucharistia" n. 5

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                        “La formación intelectual, aun teniendo su propio carácter específico, se
                        relaciona profundamente con la formación humana y espiritual, ya que
                        constituye con ellas un elemento necesario; en efecto, es como una exigencia
                        insustituible de la inteligencia con la que el hombre, participando de la
                        inteligencia divina, trata de conseguir una sabiduría que, a su vez, se abre y
                        avanza al conocimiento de Dios y a su adhesión.”

                                                             Juan Pablo II, PDV, 51               256
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NATURALEZA Y OBJETIVOS ACADÉMICOS DEL SEMINARIO

NATURALEZA DEL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA “JUAN
XXIII”.

El Seminario Regional de la Costa Atlántica “Juan XXIII” es, a la luz de la Exhortación
Apostólica postsinodal Pastores dabo vobis del Papa Juan Pablo II, el lugar óptimo para
la formación de los futuros presbíteros de la Arquidiócesis de Barranquilla expresado
en los siguientes aspectos, como lo indica el papa Juan Pablo II, en la PDV, 60:

“El Seminario, que representa como un tiempo y un espacio geográfico, es sobre todo
una comunidad educativa en camino: la comunidad promovida por el Obispo para
ofrecer, a quien es llamado por el Señor para el servicio apostólico, la posibilidad de
revivir la experiencia formativa que el Señor dedicó a los Doce. En realidad, los
Evangelios nos presentan la vida de trato íntimo y prolongado con Jesús, como
condición necesaria para el ministerio apostólico. Esa vida exige a los Doce llevar a
cabo, de un modo particularmente claro y específico, el desprendimiento -propuesto
en cierta medida a todos los discípulos- del ambiente de origen, del trabajo habitual,
de los afectos más queridos (cfr. Mc. 1,16-20; 10,28; Lc. 9,11.27-28; 9,57-62; 14,25-
27). La identidad profunda del Seminario es ser, a su manera, una continuación en la
Iglesia, de la íntima comunidad apostólica formada en torno a Jesús, en la escucha de
su Palabra, en camino hacia la experiencia de la Pascua, a la espera del don del
Espíritu para la misión. Esta identidad constituye el ideal formativo que estimula al
seminario a encontrar su realización concreta, fiel a los valores evangélicos en los que
se inspira y capaz de responder a las situaciones y necesidades de los tiempos.‖

 Y continúa el Papa: ―El Seminario es, en sí mismo, una experiencia original de la vida
de la Iglesia; en él, el Obispo se hace presente por medio del ministerio del rector y
del servicio de corresponsabilidad y de comunión con los demás educadores, para el
crecimiento pastoral y apostólico de los alumnos. Los diversos miembros de la
comunidad del seminario, reunidos por el Espíritu en una sola fraternidad, colaboran,
cada uno según su propio don, al crecimiento de todos en la fe y en la caridad, para
que se preparen adecuadamente al sacerdocio y, por tanto, a prolongar, en la Iglesia y
en la historia, la presencia redentora de Jesucristo, el buen Pastor. El Seminario es,
por tanto, una comunidad eclesial educativa, más aún, es una especial comunidad
educativa. Y lo que determina su fisonomía es el fin específico, o sea, el
acompañamiento vocacional de los futuros sacerdotes, y por tanto el discernimiento de

                                                                                     257
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la vocación, la ayuda para corresponder a ella y la preparación para recibir el
sacramento del Orden con las gracias y responsabilidades propias, por las que el
presbítero se configura con Jesucristo Cabeza y Pastor y se prepara y compromete
para compartir su misión de salvación en la Iglesia y en el mundo. En cuanto
comunidad educativa, toda la vida del Seminario, en sus más diversas expresiones,
está intensamente dedicada a la formación humana, espiritual, intelectual y pastoral
de los futuros presbíteros; se trata de una formación que, aun teniendo tantos
aspectos comunes con la formación humana y cristiana de todos los miembros de la
Iglesia, presenta contenidos, modalidades y características que nacen de manera
específica de la finalidad que se persigue, esto es, de preparar al sacerdocio.53

Desde el punto de vista formativo, el Seminario constituye ante todo un proceso de
acompañamiento al candidato, un camino que hacen juntos, formadores y formandos,
en orden a un auténtico discernimiento vocacional.

Una institución con características eclesiales tan definidas inspira un método
pedagógico para poder formar auténticos pastores el estilo de Jesús en los siguientes
rasgos específicos:

Apostólico: es decir, inspirado en la íntima comunión de vida de Jesús con los Doce
para revivir, en la medida de lo humanamente posible, esta experiencia formativa;

Evangélico: es decir, abierto a la escucha de la Palabra de Jesús y dirigido a quienes
integran la comunidad del Seminario, a fin de que inspiren toda su vida en los valores
evangélicos.

Comunitario-eclesial: ya que el Seminario debe constituir una verdadera comunidad
eclesial educativa que permita a sus integrantes una formación en las dimensiones
humano, espiritual, intelectual y pastoral, con miras a que los formandos vayan
aprendiendo su futura pertenencia al presbiterio, que sepan responder a su vocación y
prepararse para recibir el Sacramento del Orden y ejercer la misión a él anexa.

Participativo: de modo que involucre todas las potencialidades de los formadores y
formandos en un proyecto educativo, claro y elástico a la vez, y con unidad de
dirección en el que los seminaristas son protagonistas de su formación con
responsabilidad.

Personalizado: con una atención diversificada que evite la masificación y promueva
el cultivo de los propios dones y carismas dentro de un dinamismo de equilibrio
humano.54


53
     Ibid, 61.

54
     Cfr. NBFIP 67.



                                                                                   258
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Esta pedagogía supone una visión centrada en la comunión y la participación a todos
los niveles del proceso; y está marcada al mismo tiempo por la preocupación de una
«constante renovación» como exigencia para responder a las nuevos desafíos
pastorales de la Iglesia Arquidiocesana.55

OBJETIVOS DE LA FORMACIÓN ACADÉMICA56

Capacitar a los futuros presbíteros para su ministerio por medio del desarrollo de un
pensamiento crítico analítico y sistemático, de modo que puedan dar razón de su fe,
comprendan al hombre de hoy, adquieran sentido de la historia y promuevan la Nueva
Evangelización de nuestro país.

Integrar la preparación académica «en un camino espiritual marcado por la
experiencia personal de Dios para superar una pura ciencia nocionística y llegar a la
inteligencia del corazón que es capaz de “ver” y luego comunicar el Misterio de Dios a
los hermanos.

Proporcionar a los candidatos al presbiterado métodos e instrumentos de trabajo, de
investigación y de actualización constantes.        Así aprenderán a capacitarse
creativamente por sí mismos y en perspectiva de una formación permanente.

Objetivos Generales del AÑO PROPEDÉUTICO

El período propedéutico tiene por objeto proponer a los candidatos al presbiterado un
tiempo que les permita vivir una intensa experiencia de fe y oración, una iniciación en
el misterio de Cristo y de la Iglesia, una iniciación en los compromisos presbiterales,
una nivelación académica y un acompañamiento personal y grupal orientado a
completar el discernimiento vocacional inicial.57

Al finalizar el período propedéutico se espera del formando, en la dimensión
académica, los siguientes logros:

Ha logrado una nivelación adecuada que le permite la compresión de lectura,
capacidad de síntesis y redacción literaria (incluida ortografía) y expresión oral.
Conoce los elementos básicos para la comprensión inicial de las Sagradas Escrituras;
tiene una visión global sobre la Historia de Salvación en relación con la historia en
general y maneja los elementos básicos de liturgia.
Posee un conocimiento inicial de la organización general de la Iglesia y la
Arquidiócesis.

55
     Ibid, 68.

56
     Ibid, 244-246

57
     NBFIP 61.



                                                                                    259
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Ejercita la capacidad de raciocinio y de análisis.
Ha realizado una nivelación en las áreas de informática.


Objetivos Generales del CICLO FILOSÓFICO58


Conocer, a la luz de la razón natural, la verdad sobre el hombre, el universo y Dios, y
sus mutuas relaciones, así como las corrientes filosóficas del pensamiento universal,
en orden a perfeccionar la formación humana, desarrollar la capacidad crítica y el
amor a la verdad, dialogar con el hombre y la cultura de hoy, y prepararse para los
estudios teológicos.

Formar a los futuros filósofos, por medio del ejercicio y desarrollo de sus capacidades
intelectuales en los conocimientos antropológicos, éticos, epistemológicos, entre otros,
con el fin de que adquieran la idoneidad para ejercer su futuro ministerio dentro de la
sociedad.

Formar al alumno en un conocimiento básico, sólido y con rigor científico de la
condición humana, del mundo, del misterio de Dios y de la situación eclesial y socio-
cultural presente, a la luz de la razón, para que pueda comprender adecuadamente la
realidad en que vive, interpretarla y transformarla.

Instruir a los alumnos para que sean idóneos en la enseñanza y en el desarrollo de
otras actividades intelectuales, así como para promover la cultura cristiana y entablar
un fructuoso diálogo con los hombres de nuestro tiempo.


Al finalizar el CICLO FILOSÓFICO se espera del formando, en la dimensión académica,
los siguientes logros:

Ha obtenido los elementos fundamentales que le facilitan un análisis crítico de la
realidad: antropología, sociología, psicología y psicología social.
Ha adquirido algunos elementos para la lectura de los signos de los tiempos para
comprender la presencia de Dios en la historia y hacer la iluminación de fe sobre la
misma.
Ha adquirido un hábito de estudio y de razonamiento personal.
Ha desarrollado sus capacidades en las áreas de informática y de idiomas.
Tiene un conocimiento básico del PDR/E en cuanto a sus etapas y niveles.




58
     Cfr. Ibid, 261-265



                                                                                     260
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2.4. Objetivos Generales del CICLO TEOLÓGICO

Llegar a un conocimiento profundo de la revelación de Dios en Jesucristo a partir del
estudio de la Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio; y, con la ayuda de otras
disciplinas, capacitarse para anunciarla, explicarla e iluminar desde ella la vida de las
comunidades de nuestra Iglesia particular.

Formar a los futuros teólogos, por medio del ejercicio y desarrollo de sus capacidades
intelectuales en los conocimientos antropológicos, éticos y teológicos, con el fin de
adquieran la idoneidad para ejercer su futuro ministerio dentro de la sociedad.59

Formar al alumno en un conocimiento básico, sólido y con rigor científico de la
condición humana, del misterio de Dios, de la situación eclesial y socio-cultural
presente, a la luz de la razón y de la revelación, para que pueda comprender
adecuadamente la realidad en que vive, interpretarla a la luz de la fe y discernir y
formular las líneas de acción pastoral en el ejercicio de su servicio.60

Al finalizar el CICLO TEOLÓGICO se espera del formando, en la dimensión académica,
los siguientes logros:

Tiene un conocimiento fundamental de las asignaturas que tienen que ver con el
servicio evangelizador:
en relación con los signos de los tiempos: historia contemporánea y grandes
tendencias sociales, pensamiento contemporáneo.
en relación a la iluminación e interpretación de la historia: Sagrada Escritura, Teología
en sus diversas ramas fundamental, dogmática, moral.
en relación a la proyección apostólica: Pastoral, Derecho Canónico, Ciencias de la
comunicación, Métodos, Administración y manejo económico.
espiritualidad como ámbito de síntesis de la vida cristiana y de la vida de la Iglesia

Profundiza en la cosmovisión del Concilio Vaticano II o Espiritualidad de Comunión, en
forma interdisciplinaria, en torno a un núcleo central la Comunión Trinitaria, que se
nos da a conocer y se nos comunica en la persona de Jesús, particularmente en su
misterio pascual. Esto conlleva tres expresiones fundamentales del seguimiento de
Jesús:
Comunión: Comunicación, participación, corresponsabilidad, fraternidad, solidaridad,
reconciliación, comunidad y comunión con Dios, entre los hombres y con la naturaleza,
salvación del universo.

Igualdad en la diversidad del Pueblo de Dios: culturas y tradiciones culturales,
personas, grupos sociales, tiempos históricos, dones, carismas y ministerios;

59
     Cfr. NBFIP 273.

60
     Cfr. Ibid, 274-275.



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diversidad vivida en actitud de libertad, dignidad, originalidad, complementariedad,
organicidad.
Servicio como misión: el tiempo, la historia y su peregrinar, la misión en su objeto,
contenido, destinatario, sujeto, pedagogía, organización y fin. Actitudes de la misión:
creatividad, contemplación, esperanza y oblatividad; la planificación en general y la
prospectiva y sus diversas componentes.


CRITERIOS CURRICULARES
En orden a la realización de los objetivos propuestos, el Seminario Regional de la
Costa Atlántica “Juan XXIII” tendrá en cuenta los siguientes criterios de orientación en
los estudios que en él se realizan:
       -Criterio de Proceso.
       -Criterio de Integralidad.
       -Criterio de Aplicabilidad.
       -Criterio de Interdisciplinariedad.
       -Criterio de Investigación.
       -Criterio de Responsabilidad Eclesial y Social.

ORGANIZACIÓN ACADÉMICA DEL SEMINARIO REGIONAL DE
LA COSTA ATLÁNTICA “JUAN XXIII”.
ESTRUCTURA

       -   Consejo Académico.
       -   Rector.
       -   Vicerrector
       -   Director Académico.
       -   Secretario Académico.

Consejo Académico

El consejo académico del Seminario es la autoridad superior bajo la presidencia del
Rector. En casos especiales, lo puede convocar y/o presidir el Director Académico.

Son miembros del consejo: El Rector, el vicerrector del Seminario (Delegado del Señor
Arzobispo), quien lo convoca y preside; el Director Académico; el Secretario
Académico y los delegados estudiantiles de cada uno de los cursos internos y externos
(nombrados por nombrados por los mismos estudiantes de manera democrática).

Para su funcionamiento se tendrá en cuenta: La convocatoria a consejo se hará por
escrito o verbalmente de acuerdo a la programación académica o de acuerdo al criterio
del rector, según las necesidades que se presenten.


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La agenda de cada sesión será propuesta por quien presida el consejo.
El Secretario Académico levantará el acta de cada sesión y hará llegar la copia a la
Dirección de Estudios y a la Rectoría. El acta debe ser reflejo de lo que se trató y se
aprobó en el consejo.

Las decisiones se toman por consenso de acuerdo con las Orientaciones generales del
Seminario Regional de la Costa Atlántica “Juan XXIII”.

Las funciones de este consejo consisten básicamente en trazar políticas generales para
la actividad académica del Seminario; estudiar y realizar los cambios pertinentes a los
currículos; elaborar las correcciones al reglamento académico; estudiar las iniciativas
que vayan en bien de la formación de los alumnos; promover y realizar actividades
extracurriculares que complementen la formación intelectual y estudiar los casos
académicos particulares.

Rector

Es nombrado por el Arzobispo para        asumir la dirección de toda la vida y la
administración inmediata del Seminario. Es responsable de que las distintas decisiones
y actividades concurran armónica y efectivamente a la meta del proceso educativo: la
formación de Pastores para la Arquidiócesis de Barranquilla, según el corazón de
Cristo.

Como tal, tendrá las siguientes funciones académicas:
Convocar y presidir el Consejo Académico.
Comunicar oficialmente a quien corresponda las decisiones del Consejo Académico.
Velar por la adecuada selección de los profesores externos.
Verificar el cumplimiento de los requisitos académicos para la culminación de los
estudios en el Seminario.
Realizar las matrículas.

Vicerrector

Es nombrado por el rector del seminario dentro de los presbíteros que hacen parte del
equipo de formadores.     Es quien reemplaza al rector durante su ausencia del
seminario.


Director Académico

Será nombrado por el Rector del Seminario, de entre los sacerdotes del equipo de
formadores y será el responsable de velar por la seriedad, orientación y coordinación
de los estudios en el Seminario.

Tendrá las siguientes funciones:


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Ser miembro del Consejo Académico del Seminario y presidirlo cuando el Rector esté
ausente.
Hacer efectivas las disposiciones de vida intelectual aprobadas por el Consejo de
Formadores.
Colaborar al Rector en la conformación del cuerpo de profesores.
Elaborar, de acuerdo con los profesores, los horarios de clase para cada semestre.
Exigir de los profesores la entrega oportuna de los programas para cada asignatura y
depositar copia de la misma en la secretaría.
Mantenerse en contacto con los profesores y los alumnos sobre el desarrollo de la vida
académica.
Facilitar el diálogo entre los profesores y los alumnos.
Reunirse periódicamente con los coordinadores de la vida académica de los diferentes
cursos, para evaluar la marcha de los estudios.
Dar informe oportuno al Rector de acontecimientos significativos sobre la vida
académica.
Plantear al Consejo Académico los problemas que juzgue convenientes.
Establecer un plan de estudios especial (homologaciones y/o tutorías especiales)
cuando así lo exija la situación académica de alguno de los estudiantes.
Autorizar a un alumno la postergación de la presentación de un parcial o un examen y
fijar la fecha de su realización.
Recibir y atender las solicitudes para revisión de cualquier examen escrito y señalar el
segundo calificador para tal efecto.
Organizar la realización de las “validaciones por tutoría”.
Asignar los jurados para los exámenes de madurez académica: Sinodal de Teología
Dogmática, Sagradas Escrituras, Moral y Liturgia.
Convocar a los profesores para las reuniones establecidas por el Consejo.
Velar por el desarrollo pedagógico tanto del programa de Propedéutico, Filosofía y de
Teología, de modo que pueda implementar los procesos que vea pertinentes para el
mejoramiento continuo de la acción educativa dentro del Seminario.
Distribuir las aulas y velar por el orden y dotación de las mismas.
Controlar la asistencia de los alumnos a clase, revisando oportunamente las planillas
de asistencia y los informes de los profesores, para conocer quiénes tienen derecho a
presentar los correspondientes exámenes e informar a los interesados durante la
última semana de clases de cada semestre.
Autorizar y publicar oficialmente los calendarios de previas, exámenes finales,
habilitaciones y exámenes de suficiencia.
Pasar al economato las listas de profesores y las horas correspondientes para el pago
de la nómina.
Estar pendiente de la asistencia y puntualidad de los profesores.

Secretario Académico

Será nombrado por el rector del Seminario de entre los sacerdotes del equipo de
formadores y será el responsable de velar por la dirección y coordinación de las
labores que presta la secretaría académica.


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Su firma debe estar registrada en la respectiva notaría para los correspondientes
trámites de autenticación de los documentos que expide la secretaria.

Tendrá las siguientes funciones:
Ser miembro del Consejo Académico.
Organizar y dirigir el trabajo de la secretaría académica.
Llevar los libros de la secretaría académica según el sistema establecido (matrículas y
calificaciones).
Actualizar los archivos establecidos (programas, pénsumes, hojas de vida de los
profesores, listas, control de ausencias y justificaciones, otros).
Llevar el archivo de la documentación académica de los alumnos internos y externos.
Expedir los certificados de estudios.
Entregar y actualizar los carnés a los alumnos.
Establecer las listas de alumnos de cada materia, al principio de cada semestre.
Organizar la realización de las habilitaciones.
Publicar y entregar a todos los alumnos las notas finales de cada semestre.
Mantener actualizada la información, para conocer el estado académico de los alumnos
y rendir los debidos informes al Rector o los respectivos superiores, sobre todo lo
referente a la pérdida del semestre.


ACTIVIDAD ACADÉMICA
CRITERIOS DE PROGRAMACIÓN DE LAS ASIGNATURAS

La programación de cada asignatura se hará con tal armonía y lógica internas, que
haga patente la relación con las otras asignaturas y con las otras dimensiones de la
formación.

PERÍODOS ACADÉMICOS

El programa de estudios comprende tres secciones íntimamente coordinadas:
      - Año Propedéutico: (dos semestres).
      - Ciclo Filosófico: (seis semestres).
      - Ciclo Teológico: (ocho semestres).

Los períodos académicos son dos por año, correspondientes a los semestres escolares,
y tienen una duración de dieciocho (18) semanas, incluido el tiempo de exámenes.

INSCRIPCIÓN DE MATERIAS

Con autorización expresa del Director de Estudios y teniendo en cuenta el horario de
clases, podrá un alumno aspirar a inscribirse en materias aún no cursadas de años
anteriores o en algún seminario adicional.



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Los alumnos que hayan adelantado estudios en otros Seminarios o en otras Facultades
deberán entregar en la Dirección Académica, durante el semestre anterior a su ingreso
al Seminario, los certificados de estudios respectivos y la descripción de los programas
de las materias, para su aprobación por homologación o mediante examen de
validación.

ESCOLARIDAD

La vida del Seminario y el desarrollo de los programas requiere la comunicación de
estudiantes y profesores, lo que supone una asistencia normal a clases, seminarios y
otras actividades curriculares.

La metodología utilizada en los estudios del Seminario comprende clases magistrales,
seminarios, tutorías (en casos especiales) y otros encuentros académicos (debates,
conferencias, etc.). La asistencia continua a estas actividades es obligatoria.

PROMOCIÓN

Se entiende por „promoción‟ el paso del estudiante al nivel académico inmediatamente
superior.
Para la promoción, se requiere haber aprobado todas las materias del período
académico y haber obtenido un promedio ponderado igual o superior a tres con cinco
sobre cinco (3,5/5,0).
Para cursar cualquier materia del Ciclo Teológico es necesario haber cursado y
aprobado todas las materias del Ciclo Filosófico.
Las asignaturas se aprueban con una calificación mínima de tres sobre cinco (3,0/5,0).
Se pierde la asignatura cuando el número de ausencias injustificadas es igual a la
intensidad horaria semanal de la respectiva materia. En este caso, la nota definitiva
será cero (0,0).
En caso de pérdida de una o dos asignaturas, es posible la habilitación.
La pérdida de una habilitación exige repetir la materia por tutoría.
Si la validación por tutoría de una materia se pierde, el alumno deberá aplazar el
semestre y, de acuerdo con la disposición del Consejo Académico, se le permitirá o no
ver dicha materia de manera presencial.
Determina la pérdida de un semestre:
La pérdida de tres o más asignaturas en un mismo período académico.
La pérdida de dos habilitaciones de un mismo período académico.
Haber obtenido en el promedio ponderado semestral menos de tres con cinco sobre
cinco (3,5/5,0).

SISTEMA DE CALIFICACIONES

Para las calificaciones, se utilizará la escala de cero (0,0) a cinco (5,0) con, a lo sumo,
una cifra decimal. En el cómputo final, toda fracción superior a cinco centésimas se
aproxima a la décima inmediatamente superior; la que es igual o está por debajo de
las cinco centésimas se aproxima a la décima inmediatamente inferior.

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Los profesores deben entregar las calificaciones a la secretaría académica dentro de
los ocho (8) días calendario siguientes a la presentación de cada examen parcial o
final, para su publicación. Dentro del mismo plazo, deberán entregar los exámenes
corregidos, para que el alumno pueda reconocer en ellos sus logros y deficiencias.

EVALUACIONES ACADÉMICAS

Mediante la evaluación académica, se controla el proceso de aprendizaje que realiza el
alumno, guiado por el profesor, y se miden los resultados obtenidos en una
asignatura, durante un período académico.
La evaluación de las clases magistrales se hará mediante trabajos escritos y lecciones
escritas y/o orales (30%), examen parcial (30%) y examen final (40%).
Los trabajos escritos para evaluación de las clases magistrales no podrán tener una
extensión mayor de quince (15) páginas a máquina o en computador, tamaño carta.
En las fechas indicadas por el Seminario, los alumnos de cada curso, mediante el
encargado de vida académica, presentarán el horario sugerido para los exámenes
parciales y finales, para su aprobación y publicación oficial por parte de la Dirección
Académica.
Los exámenes parciales escritos no podrán tener una duración mayor de cuarenta y
cinco (45) minutos. Los finales y habilitaciones no podrán exceder los noventa (90)
minutos.
Los exámenes orales no deben durar más de veinte (20) minutos por alumno. Para
exceder este tiempo, el profesor deberá solicitar la autorización del Director
Académico.
Las dos últimas semanas de cada período académico estarán dedicadas a la
presentación de los exámenes finales.
El alumno que, sin haber impedimento grave debidamente justificado, no se presente
a una evaluación obtiene la nota de cero (0,0).
Sin perjuicio de otras sanciones a que haya lugar, todo fraude o intento de fraude en
una evaluación será sancionado con la anulación del examen y la posible expulsión del
Seminario.
Todo plagio que se realice en cualquier trabajo escrito será sancionado con la
anulación del trabajo.
La evaluación de los seminarios se hará teniendo en cuenta la participación del alumno
en los encuentros (60%) y mediante la realización de un trabajo escrito (40%).
El derecho al cómputo final de una materia se pierde cuando la nota del examen final
es inferior a dos sobre cinco (2,0/5,0). La nota definitiva de la materia será la
obtenida en el examen.

EXÁMENES SUPLETORIOS

El Seminario programa exámenes supletorios escritos al término de cada período
académico para los alumnos que, por causas justificadas, a juicio del Director
Académico, no puedan presentar el examen final o alguna de las evaluaciones. En


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este último caso, la justificación debe obtenerse antes de la presentación del examen
final.
La secretaría académica anunciará oportunamente la fecha tanto de la inscripción y
pago de los derechos correspondientes, como de la realización del examen.


EXÁMENES DE HABILITACIÓN

No será posible habilitar asignaturas perdidas con menos de dos sobre cinco (2,0/5,0).
La habilitación de una clase magistral se hará mediante la presentación de un examen
escrito, cuya duración no excederá los noventa (90) minutos.
La presentación de una habilitación se hará en las fechas programadas por la Dirección
Académica; el no presentarla en las fechas indicadas ocasionará que el alumno repita
la materia por tutoría (validación).
Para la habilitación de un seminario, el alumno debe realizar nuevamente el trabajo
escrito, que será presentado dentro del plazo señalado por la secretaría académica.
La nota definitiva de la asignatura habilitada será el promedio de la nota final de la
materia y la de la habilitación.

EXÁMENES DE VALIDACIÓN

Con la aprobación del Director Académico, podrá presentarse examen de validación de
las asignaturas del currículo, cursadas por el estudiante en otros centros universitarios
o en otras instituciones eclesiásticas, que no sean aceptadas por homologación.
Serán presentados durante las dos primeras semanas de clases del semestre, previa
inscripción y cancelación de los derechos correspondientes.
Los exámenes de validación se presentan sobre temario propuesto por el respectivo
profesor del Seminario.

EXÁMENES DE SUFICIENCIA Y EXÁMENES DE SÍNTESIS

Al terminar el Ciclo Filosófico, todos los alumnos deberán presentar la Síntesis de
Filosofía.
Al terminar el segundo semestre del último Año de Teología, todos los alumnos
deberán presentar los exámenes Sinodales de Teología Dogmática, Teología Moral,
Sagrada Escritura y Liturgia.
El examen de síntesis será realizado por el profesor que tenga a su cargo la materia
La nota final de Síntesis Filosófica, Síntesis de Teología Dogmática,      Síntesis   de
Teología Moral, Síntesis Bíblica y Liturgia deberá ser igual o mayor que tres con cinco
sobre cinco (3,5/5,0) para aprobar la materia.
El alumno que haya obtenido un promedio ponderado de los          semestres    del ciclo
filosófico o teológico igual o superior a       cuatro con siete sobre cinco (4,7/5,0)
podrá, a juicio del profesor de „Síntesis‟, ser eximido de la presentación del examen.




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REVISIÓN DE EVALUACIONES

Todo alumno tiene derecho a solicitar (por escrito) al Director Académico la revisión de
cualquier examen escrito (los exámenes orales no admiten revisión), dentro de los
cinco (5) días hábiles a partir de la fecha de publicación de la nota respectiva.
El Director Académico designará un segundo calificador para todo examen escrito,
cuya revisión haya sido solicitada. La calificación definitiva será el promedio de la nota
original con la calificación del revisor. Esta calificación será inapelable.

EQUIVALENCIAS U HOMOLOGACIONES

Se considera que dos actividades académicas son equivalentes u homólogas cuando
por sus contenidos y por la intensidad del trabajo académico que ellas exigen, poseen
un valor semejante. Tal equivalencia puede darse en diversas circunstancias o porque
se considere una asignatura o parte de ella, o porque se trate de un grupo de
asignaturas, o de un programa académico completo.
Para que el Seminario pueda reconocer una equivalencia u homologación, se requiere
que ella esté certificada académicamente por otra institución eclesiástica o de
educación superior.
Al Director Académico le corresponde aprobar la equivalencia de cualquier asignatura,
una vez certificados los contenidos académicos, así como la intensidad horaria (que
debe ser igual o mayor a la señalada por el Seminario para la asignatura o asignaturas
en cuestión) y la nota final (la cual debe ser mínima de tres con cinco 3,5).
Las equivalencias u homologaciones se hacen de acuerdo al plan oficial de estudios del
Seminario, sin obviar las asignaturas que el seminario considera fundamentales.
Las equivalencias u homologaciones se hacen con carreras afines a los estudios del
Seminario.
El Seminario determina que, a aquellas personas que se matriculan para adelantar
estudios teológicos y han realizado sus estudios filosóficos en otras instituciones de
educación superior, se les homologará el ciclo completo, teniendo en cuenta que, en
tal equivalencia, deben estar las materias troncales determinadas por el Seminario.
De acuerdo con el resultado de la equivalencia, el alumno tendrá que ver algunas
materias propias del plan de estudios del Seminario, de forma presencial o por tutoría
especial.

PERSONAL DOCENTE E INVESTIGATIVO
PRINCIPIOS GENERALES

El Seminario Mayor “Juan XXIII” asume que el profesorado constituye un núcleo
fundamental del mismo ya que tiene bajo su responsabilidad el proceso de enseñanza
y aprendizaje, la investigación y la colaboración en la formación integral de cada uno
de los alumnos del Seminario, en un espíritu de relación dialogal. También es tarea de
los docentes suscitar la reflexión personal de los estudiantes, desarrollar su capacidad
creativa y promover su participación activa en el proceso educativo del Seminario. Por


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ello, se conciben los profesores como generadores de pensamiento y motivadores en
el camino de la formación integral.
Para que los maestros puedan cumplir su tarea a toda cabalidad es importante que
estén en continua formación y en permanente contacto con los problemas y cuestiones
del mundo actual.
Los docentes como grupo deben estar en continuo diálogo entre ellos, de modo que su
acción educativa sea acordada y coordinada, de tal manera que la propuesta de
enseñanza sea asumida y apropiada por parte de los alumnos de modo integral.

COMUNIDAD ACADÉMICA

Los profesores entre sí y con sus alumnos procurarán constituir una auténtica
comunidad académica basada en el diálogo, la intercomunicación, las ideas, los
trabajos, la investigación y la mutua colaboración.
Es importante que el Seminario Mayor se entienda como una comunidad que recibe su
ser de la Iglesia y que se va haciendo gracias a un proceso real de enseñanza y
aprendizaje, que debe producir tanto en los docentes como en los alumnos la
apropiación y la consolidación de las temáticas propuestas por el plan de estudios,
cada uno en su nivel. Además, es prioridad del Seminario que, a lo largo de la
formación académica, los alumnos vayan asumiendo una serie de instrumentos dados
por los docentes, que les permitan diseñar procesos de investigación en el ámbito de
la pastoral, con el fin de construir propuestas para la Iglesia, en sus diversos campos
de trabajo.

CLASIFICACIÓN

El personal docente del Seminario puede ser, en razón de su grado académico: Doctor,
Licenciado Eclesiástico, Magíster y Licenciado Civil.
En razón de su dedicación, los docentes pueden ser de tiempo completo, de medio
tiempo y de horas cátedra.

FUNCIONES

Diligenciar en la Dirección académica el respectivo formato de hoja de vida, de
acuerdo a las indicaciones dadas por el Seminario Regional.
Proponer y presentar a los alumnos el programa de la asignatura al principio del curso
y pasar la copia respectiva a la secretaría académica.
Desarrollar la programación de la asignatura, de acuerdo con las horas designadas en
ella. En caso de no poder asistir por causa grave, dar aviso oportuno a la Dirección
académica.
Desarrollar alguna actividad de tipo investigativo que tenga como objetivos principales
el avance y aplicación de la ciencia, como aporte de servicio a la sociedad y a la
Iglesia.
Colaborar en la elaboración, ejecución y revisión de los programas académicos, en
coordinación con los demás profesores del Seminario y con la orientación del Director
Académico. Además, es importante la puntualidad en la entrega de todo tipo de

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instrumento propuesto por la Dirección de Académica, para el mejoramiento del
proceso educativo, que se está llevando a cabo.
Llevar el control de asistencia en cada encuentro académico, de modo que se pueda
verificar la asistencia o no de cualquier alumno.
Pasar a la Dirección académica las calificaciones dentro de un plazo improrrogable de
ocho (8) días calendario, a partir de la fecha de presentación de cada parcial y examen
final.
Asistir puntualmente a las reuniones convocadas por el Director Académico.
Propiciar un contacto espontáneo y pedagógico, tanto con el Director académico como
con los estudiantes, de modo que se pueda retroalimentar continuamente la acción
docente y educativa en el Seminario.
Realizar las evaluaciones académicas (parcial 30%; 30% adicional y Examen Final
40%), dispuestas por la institución en cada una de las fechas determinadas por la
Dirección académica.
En el tiempo fijado por la Dirección académica, evaluar con los alumnos la marcha
pedagógica del área asignada.
Si el docente, en consenso con los alumnos, quiere proponer alguna modificación en la
evaluación académica, en cualquiera de los tres momentos (parcial 30%, 30%
adicional y examen final 40%) debe pedir autorización al Director Académico.
Sugerir a la Biblioteca los títulos de los libros que, a su juicio, deben ser incorporados
en ella para la actualización de los materiales que puedan ser consultados por los
alumnos, de modo que el proceso de actualización se dé de manera continua y
dinámica.

NOMBRAMIENTO Y REMOCIÓN

En el nombramiento de los profesores está encargado directamente el Rector del
Seminario, para lo cual tendrá la colaboración del Director Académico y del equipo de
formadores. Tal nombramiento se dará de acuerdo con las normas dispuestas por la
Iglesia para la enseñanza en los Seminarios.
Los profesores cesan en el ejercicio de sus funciones o por renuncia libre o por la
finalización del contrato de trabajo.
El cambio de profesores y la renovación de la planta docente están a cargo del Rector,
después de la evaluación presentada por el Director de Estudios y el Secretario
Académico.

ESTUDIANTES
CARACTERÍSTICAS

El estudiante integra junto con el profesor el núcleo fundamental del acto educativo;
por ello, es importante que el seminarista vaya descubriendo su papel como sujeto del
acto pedagógico y la conciencia que debe tomar frente a su formación integral. Por
consiguiente, se sugiere una serie de elementos que ayuden a entender el perfil del
estudiante que el Seminario Mayor quiere construir con aquellos que han optado por la
formación sacerdotal.

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El seminarista es el primer protagonista de la formación académica; debe ser
consciente del sentido y de la necesidad de su formación intelectual, en orden a
alcanzar una madurez humana, cristiana, ministerial y académica.

El alumno del Seminario Regional de la Costa Atlántica “Juan XXIII” está llamado a
formarse y estructurarse como agente evangelizador y transformador de las realidades
socioculturales de la Iglesia donde se le envía a servir, lo cual exige que, junto a la
adquisición y consolidación de conocimientos, también haya el cultivo personal de la
actitud de Jesús, el Buen Samaritano, capaz de observar las realidades de la ciudad y
del campo, de compadecerse ante los que sufren, de discernir y prestar un servicio
continuo y auténtico, como una clara respuesta al don de Dios.

REQUISITOS PARA LA MATRÍCULA

Para matricularse como alumno en el Seminario Mayor se requiere la siguiente
documentación:
Registro Civil de nacimiento (original).
Fotos (4).
Fotocopia del Documento del Identidad.
Fotocopia de la Libreta Militar (si la tiene).
Certificados de estudios de Sexto a Once grado (originales).
Fotocopia autenticada del Acta de Grado.
Fotocopia autenticada del Diploma de Bachiller.
Certificado de las pruebas del ICFES (original).
Certificado de estudios realizados en otros Seminarios (originales).
Certificado de estudios realizados en instituciones de educación superior (originales).
Exámenes médicos (medicina general-vista-pulmones-VDRL– VIH)

MATRÍCULA

Por la matrícula, el estudiante se incorpora al Seminario Mayor Beato Juan XXIII.
„Matrícula ordinaria‟ es aquella que se hace dentro de la fecha señalada por el
Seminario de acuerdo con el calendario general de esta institución.
„Matrícula extraordinaria‟ es aquella que, por razones serias y con la autorización del
Rector, se realiza fuera de las fechas señaladas por el Seminario.
„Matrícula extemporánea‟ es aquella que se realiza después del inicio de clases, con
autorización únicamente del Rector y en casos excepcionales determinados por él.
Esta matrícula tendrá un recargo del 20% sobre el costo determinado.

Al estudiante matriculado se le entregará un carné o documento de uso obligatorio,
que lo identifique como tal y lo faculte para el uso de los servicios a que tenga derecho
en el Seminario.
El estudiante debe renovar su matrícula cada período académico regular. Si no lo
hiciere, su readmisión quedará a juicio del Rector del Seminario.



                                                                                      272
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
                                                   Reglamento Académico

Tanto la matrícula como sus renovaciones comprenden dos aspectos: el académico y
el administrativo. Para considerar a un estudiante matriculado deberá, una vez
cumplidos los requisitos académicos exigidos por el Seminario, haber cancelado los
derechos de matrícula.
Para que un estudiante pueda renovar su matrícula, deberá estar a paz y salvo por
todo concepto con el Seminario.




                                                                               273
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                                                               Reglamento Académico




                        “Toda la formación de los candidatos al sacerdocio está orientada a prepararlos
                        de una manera específica para comunicar la caridad de Cristo, buen Pastor. Por
                        tanto, esta formación, en sus diversos aspectos, debe tener un carácter
                        esencialmente pastoral… En este sentido, la finalidad pastoral asegura a la
                        formación humana, espiritual e intelectual algunos contenidos y características
                        concretas, a la vez que unifica y determina toda la formación de los futuros
                        sacerdotes.”
                                                              Juan Pablo II, PDV, 57               274
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




INTRODUCCIÓN
El proceso formativo del seminario exige una cercanía creciente a la realidad pastoral
por la que atraviesa la Arquidiócesis en consonancia con las directrices que propone la
Iglesia, que han sido resumidas admirablemente por el papa Juan Pablo II en la
Pastores Dabo Vobis, número 57: “Toda la formación de los candidatos al sacerdocio
está orientada a prepararlos de una manera específica para comunicar la caridad de
Cristo, Buen Pastor. Por tanto, esta formación debe tener un carácter esencialmente
pastoral. Lo afirma claramente el decreto conciliar Optatam totius, refiriéndose a los
seminarios mayores: “La educación de los alumnos debe tender a la formación de
verdaderos pastores de almas, a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, Maestro,
Sacerdote y Pastor. Por consiguiente, deben prepararse para el ministerio de la
palabra: para comprender cada vez mejor la palabra revelada por Dios, poseerla con
la meditación y expresarla con la palabra y la conducta; deben prepararse para el
ministerio del culto y de la santificación, a fin de que, orando y celebrando las
sagradas funciones litúrgicas, ejerzan la obra de salvación por medio del sacrificio
eucarístico y los sacramentos; deben prepararse para el ministerio de pastor : para
que sepan representar delante de los hombres a Cristo, que ―no vino a ser servido,
sino a servir y dar su vida para la redención del mundo‖ (Mc 10, 45; cf. Jn 13, 12—
17), y, hechos servidores de todos, ganar a muchos (cf. 1 Cor 9, 19)”.

El ministerio de los presbítero es esencialmente pastoral y por esto el estudio de la
pastoral como un área dentro de la formación beneficia de manera muy especial al
formando puesto que con bases sólidas de teología pastoral se puede realizar mejor la
labor, viendo en ella todo un compendio de la acción salvadora de Cristo.

Por esto, como lo afirma la PDV, “El estudio de la teología pastoral debe iluminar la
aplicación práctica mediante algunos servicios pastorales que los candidatos al
sacerdocio deben realizar, de manera progresiva y siempre en armonía con las demás
tareas formativas; se trata de ―experiencias‖ pastorales, que han de confluir en un
verdadero ―aprendizaje pastoral‖, que puede durar incluso algún tiempo y que
requiere una verificación de manera metódica. Mas el estudio y la actividad pastoral
se apoyan en una fuente interior, que la formación deberá custodiar y valorar: se trata
de la comunión cada vez más profunda con la caridad pastoral de Jesús, la cual, así
como ha sido el principio y fuerza de su acción salvífica, también, gracias a la efusión
del Espíritu Santo en el Sacramento del Orden, debe ser principio y fuerza del
ministerio del presbítero. Se trata de una formación destinada no sólo a asegurar una
competencia pastoral científica y una preparación práctica, sino también, y sobre todo,
a garantizar el crecimiento de un modo de estar en comunión con los mismos

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PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



sentimientos y actitudes de Cristo, Buen Pastor: ―Tened entre vosotros los mismos
sentimientos que Cristo‖ (Flp 2,5).‖ (Ibídem).

La formación pastoral estará especialmente orientada por el Plan Global
Arquidiocesano de Nueva Evangelización ya que éste es el instrumento principal por el
que se rige la acción pastoral de la Arquidiócesis. Al mismo tiempo, en el Proyecto
Formativo del Seminario, se encuentran especificados los indicadores de los logros
que se esperan alcanzar y la metodología que habrá de seguirse para la
implementación tanto de la formación teórica como de la formación práctica.



IDEAL DE LA FORMACIÓN PASTORAL
La formación pastoral del Seminario Mayor “Beato Juan XXIII” de la Arquidiócesis de
Barranquilla, en el contexto del Plan Global de Nueva Evangelización que orienta la
acción pastoral de la Arquidiócesis, utiliza la metodología prospectiva para ayudar a la
formación del ideal de sacerdote en la Iglesia que peregrina en Barranquilla: “Iglesia
Misión, Comunión y Participación”.

      Ciclo Filosófico: los estudiantes del ciclo filosófico obtienen una instrucción
       teórica y las herramientas prácticas suficientes para poder profundizar en su
       ejercicio pastoral todo lo concerniente a la realidad de la Arquidiócesis que
       comprende los tres primeros pasos de la metodología prospectiva: el Modelo
       de Situación, el modelo de ideal y el modelo de diagnóstico. Se trata de
       obtener un análisis tanto de la realidad que rodea a la Iglesia (el contorno)
       como de la respuesta pastoral que ésta da a esa realidad (el entorno) para
       confrontarla con el ideal de Iglesia y de sociedad que se busca y llegar así a un
       discernimiento de los obstáculos y potenciales que debe asumir el ministerio
       presbiteral en la tarea evangelizadora de la porción del pueblo de Dios que
       peregrina en la Arquidiócesis de Barranquilla.
      Ciclo Teológico: compete a los estudiantes de teología trabajar, impulsar,
       proyectar, plantear, de acuerdo al Modelo Operativo que busca transformar la
       realidad actual en el ideal que se desea, teniendo en cuenta que el recorrido es
       a largo plazo. Para el acercamiento al ideal se deben recorrer etapas y fases por
       medio de las cuales cabe el aporte operativo del teólogo. Se exige que las
       acciones sean concretas, con disciplina y paciencia.


OBJETIVO GENERAL Y OBJETIVOS ESPECÍFICOS
Al finalizar cada año de pastoral los seminaristas han logrado una inserción progresiva
en el Proceso Diocesano de Renovación y Evangelización – como se explicita en el Plan
Global Arquidiocesano de Nueva Evangelización, itinerario común de la Iglesia que
peregrina en Barranquilla- por medio de la práctica pastoral determinada por el


                                                                                     276
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



proyecto formativo del Seminario, en dos etapas: una analizando la realidad (ciclo
filosófico), y otra poniendo en marcha un modelo operativo (ciclo teológico), teniendo
clara la metodología que se propone para cada una de estas etapas en sintonía con las
exigencias de la Unidad pastoral en la que laboran.

Así:

      Los seminaristas logran un conocimiento básico de la realidad de la
       Arquidiócesis a partir de la realidad de la unidad pastoral donde ejercen su
       práctica pastoral.
      Los seminaristas logran, para cada año de formación, diseñar y llevar a la
       práctica, en unión de los párrocos y equipos parroquiales, una metodología para
       el trabajo pastoral de acuerdo a los lineamientos del proyecto formativo del
       Seminario.
      Los seminaristas logran participar en un verdadero proceso integral, continuo,
       progresivo que les permiten adquirir las herramientas necesarias para su futuro
       trabajo pastoral.



SENTIDO METODOLÓGICO GENERAL
Cada uno de los ciclos debe conservar su propia identidad y adaptarse al momento
formativo que vive el formando, de acuerdo al proyecto formativo del Seminario y las
especificaciones logradas para cada alumno a partir de su proyecto personal de vida.

Se trata de obtener primero un enfoque o perspectiva de la realidad: de la situación de
la unidad pastoral a un nivel micro, lo que permitirá aproximarse al nivel diocesano y
descubrir en ello los elementos que le ayuden a su discernimiento vocacional. Por otra
parte, se trata de responder a los condicionamientos que arroje el análisis de la
realidad por medio de programas concretos que permitan la consecución del ideal de
acuerdo al proceso planteado por el plan de pastoral.

SENTIDO TEOLÓGICO – ESPIRITUAL
Es necesario conocer a quien va a servir, partiendo de la base de que “no se redime lo
que no se asume” (San Ireneo); el conocer la realidad permite acercarse a un hombre
que vive en una situación definida que exige al evangelizador ponerse en el lugar del
otro. El mismo Dios para entender al hombre se hizo hombre en la persona de
Jesucristo (Jn 3, 16), quien vivió también la situación y conoció de cerca las
circunstancias del hombre y su tiempo. De igual manera, esa misma realidad indica los
pasos metodológicos que son necesarios para el proceso de evangelización en el
caminar conjunto de la Arquidiócesis.




                                                                                    277
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




CRITERIOS

Se tienen en cuenta los siguientes criterios:

         La unidad pastoral que se seleccione puede tener dos características: que
          lleve adelante el proceso del PDR/E, para permitirle al seminarista un
          verdadero acompañamiento por parte del párroco y la comunidad o que viva
          una realidad crítica en lo pastoral, social, cultural, religioso, pero ante todo
          que cuente con un párroco que pueda, con su testimonio de vida y trabajo,
          adelantar un verdadero acompañamiento a los aspirantes al orden
          presbiteral. La parroquia presta un servicio al Seminario, y no el seminario a
          la parroquia.
         La finalidad del trabajo pastoral no es que los seminaristas reemplacen la
          acción de los agentes de la unidad pastoral sino que acompañen el proceso
          de evangelización para que lo vivan desde dentro.
         Las actividades que los seminaristas van a ejecutar deben corresponder al
          análisis de la realidad (modelo de situación, modelo de ideal y modelo de
          diagnóstico) que tienen que realizar los del ciclo filosófico y el modelo
          operativo que ejecutarán los del ciclo teológico.
         Las actividades pastorales deben estar bajo la supervisión del formador
          encargado de la dimensión pastoral del Seminario por medio de visitas a la
          unidad pastoral para hacer comprender tanto al párroco como a los agentes
          de pastoral la naturaleza del trabajo apostólico de los seminaristas.
         Es importante guardar las memorias necesarias (cronogramas, subsidios,
          evaluaciones) de las misiones realizadas, del trabajo pastoral durante las
          semanas vocacionales y el trabajo ordinario de los fines de semana para que
          no se repitan eventuales errores y la experiencia ganada optimice la
          experiencia pastoral de los seminaristas. Además, contribuye al conocimiento
          de las parroquias.



ETAPAS DEL DESARROLLO DE LA ACTIVIDAD PASTORAL

PRIMERA ETAPA: MODELO DE SITUACIÓN, DE IDEAL Y DE DIAGNÓSTICO
(CICLO FILOSÓFICO)

Para poder construir una casa, el arquitecto primero reconoce el terreno, determina si
es arenoso o rocoso, sus pendientes, las posibilidades de iluminación y natural, etc. Lo
hace para que la solución espacial vaya de acuerdo con las características naturales
del terreno, o si es necesario adecuarlo, lo determina en qué circunstancias. De igual
forma el seminarista en su práctica pastoral debe conocer el terreno de trabajo:
alcanzar una visión global de las condiciones de la unidad pastoral para conocer la
situación real a la que se enfrenta dentro del proceso de evangelización, e inserirse en

                                                                                       278
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



esa misma situación que, por medio de la evangelización, Dios irá impregnando con su
gracia y su amor.

Metodología de esta etapa: el Método Prospectivo, muy empleado en la
investigación social, apunta hacia un análisis integral, ya que no basta con conocer
datos y sus posibles causas, sino que estos datos exigen ser interpretados a la luz del
ideal que ofrece la fe.

El nivel de trabajo del seminarista de ciclo filosófico será ahondar por medio de un
análisis funcional en la realidad en que vive el pueblo, destinatario de la
evangelización, y las respuestas que la Iglesia está dando a esa realidad con la
evangelización. Esto le permitirá ahondar también en su propia realidad personal. Se
trata de un análisis profundo, que exige eficacia y responsabilidad para que los
resultados vayan de acuerdo al fin propuesto.

   1. Observación del todo: es decir, un primer encuentro con el problema,
      haciendo una visión exterior a partir de los síntomas de las primeras latencias
      que se perciben.
   2. Análisis exploratorio: la segunda fase del trabajo en la que se va insertando
      en cada una de las realidades conocidas y aún por conocer del territorio de la
      unidad pastoral, es más que un trabajo de campo, de entramado dentro del
      tejido social.
   3. Análisis de los condicionamientos: en esta fase se determinan las relaciones
      que existen entre cada uno de los elementos del tejido social, especialmente en
      lo que afecta el desarrollo del proceso de evangelización.
   4. Visión retrospectiva: quien no conoce su historia está condenado a la
      ignorancia y más aún de repetirla. Se trata de revisar las circunstancias
      históricas lejanas o cercanas de los principales problemas que se han detectado.
   5. Prediagnóstico y diagnóstico: por último, se debe elaborar un prediagnóstico
      que será revisado por las instancias respectivas; que arrojará un resultado
      cercano a la realidad latente y quedará como resultado final un diagnóstico –
      pronóstico sobre los futuros posibles.

Actitudes para vivir esta etapa

             Actitud de disponibilidad: es llegar a un lugar de trabajo con un
              verdadero espíritu de servicio.
             Actitud de amor a la verdad: es buscar no solamente datos, sino también
              verificar si son reales.
             Actitud de fe: fe en la historia humana y en la salvación que ha de llegar
              a todos.
             Actitud de esperanza: para elevar a todos los que han de ser tocados y
              sensibilizados ante la dura realidad a un futuro mejor.

Acciones para el desarrollo de esta etapa

                                                                                     279
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




   1. El seminarista del ciclo filosófico, en su tarea de conocer la realidad, ayudará a
      la configuración del análisis de la realidad de la parroquia, en su contorno y
      entorno, realizando un trabajo investigativo que presentará progresivamente al
      final de cada semestre al padre encargado de la dimensión pastoral del
      seminario con copia a la parroquia.
           Este trabajo investigativo se convertirá en el resultado concreto de su
             labor pastoral, porque lo ayudará a encaminar sus esfuerzos, actividades,
             palabras, recomendaciones, etc., para obtener un análisis de la realidad,
             que vaya más allá de los fenómenos, hasta descubrir el sentido más
             profundo de la situación que vive la comunidad parroquial y
             arquidiocesana.
           Se evaluará el trabajo pastoral en equipo, para ir cada vez más al eje del
             problema fundamental. De esta manera se consolidará el trabajo
             investigativo.
           El seminario brindará la metodología que se debe utilizar, para la
             consolidación del trabajo investigativo, teniendo presenta la metodología
             prospectiva.

   2. Abarcará como espacio del conocimiento de la realidad no sólo por lo que
      concierne a la vida espiritual y su relación con los agentes de pastoral, sino
      todas las organizaciones como clubes sociales, deportivos y hasta grupos
      contrarios a la fe eclesial.
          Esto ayudará a tener un conocimiento global de la realidad.
          Fortalecerá su identidad de Cristiano Católico.
          Mostrará la Iglesia que Dios quiere y que el mundo necesita.
          Acrecentará su capacidad de proyección al futuro ministerio presbiteral.

   3. Ahondará en el contacto con las estructuras pastorales que existen en la unidad
      pastoral participando (y no coordinando) en los encuentros de cada uno de los
      equipos de la estructura pastoral (Ecap, ecos, red de mensajeros, comités),
      para ir conociendo la realidad de sus integrantes, del trabajo en equipo, de su
      proyección a la comunidad, para al final sacar sus propias conclusiones que se
      compartirán con el párroco.

   4. Aprovechará las visitas a las familias que se harán en compañía de los agentes
      de pastoral para conocer la realidad familiar, como el núcleo básico de la Iglesia
      y de la sociedad.

   5. Evaluará junto con el párroco y los agentes de pastoral al finalizar cada fase.

Medios para el ciclo filosófico

   1. La estructura pastoral de las unidades pastorales donde realiza su labor
   2. Las organizaciones parroquiales

                                                                                        280
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



   3. Los archivos de las misiones, los trabajos pastorales, semanas vocacionales
      realizadas en la unidad pastoral
   4. Las visitas a las familias, células, sectores, instituciones gubernamentales,
      agrupaciones cívicas, comunales
   5. Las misiones de mitad y final de año
   6. Las semanas vocacionales
   7. El trabajo investigativo que debe presentar en el seminario, sobre la realidad de
      la unidad pastoral
   8. El modelo metodológico para el trabajo investigativo
   9. El cronograma de actividades, realizado por el equipo anterior
   10.Las evaluaciones del equipo de pastoral y del párroco
   11.El modelo de situación del PDR/E
   12.Las asignaturas de pastoral, análisis de la realidad, sociología, etc.
   13.Los subsidios sobre el ideal de trabajo pastoral en cada uno de los ciclos
   14.Los talleres sobre el análisis de la realidad
   15.La asesoría permanente de parte del párroco, del padre espiritual y del padre
      encargado de la dimensión pastoral del seminario.
   16.El quipo de pastoral.
   17.El vicario de pastoral de la Arquidiócesis.


SEGUNDA ETAPA: MODELO OPERATIVO (CICLO TEOLÓGICO)

Siguiendo con el ejemplo del arquitecto que construye sobre un terreno que ya
previamente conoce, tenemos que antes de construir elaborar un plano de la
propuesta con el fin de tener una guía para la construcción y así iniciar el proceso con
la finalidad de que la obra quede conforme a lo que está en los planos.

De esta misma manera el Modelo Operativo enmarca un plan de acción con el que se
darán las posibles soluciones a los desajustes que se presenten dentro del análisis de
la realidad. Una vez que se ha planteado el problema y se ha diseñado y aplicado el
método para la descripción del Modelo de Situación, se procede al Modelo Operativo
desde la perspectiva del Modelo Ideal y del Modelo de Diagnóstico que se han obtenido
por medio del trabajo del ciclo filosófico.

En síntesis, al seminarista del ciclo teológico le corresponde determinar el conjunto de
objetivos, medios y procesos de acción que sean necesarios para caminar en el
itinerario específico de la realidad; es como la carta de navegación con la cual se
procede a dinamizar el proceso evangelizador.

Metodología de esta etapa: Si para el análisis de la realidad (Modelo de Situación,
de Ideal y de Diagnóstico), se presentaba un análisis funcional; para este momento
hay una clave que determinará todo el proceso: la planificación. Se debe planificar y
programar todo el trabajo que se va a realizar para no caer en el error de la
improvisación.

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PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




Fases o estadio de análisis

   1. Elaboración del plan: se compone de tres estadios.

              1. Plan
              2. Planificación
              3. Programación

   2. Organización de actividades
   3. Ejecución del plan operativo
   4. Evaluación

Actitudes para vivir esta etapa

              Actitud de confianza: en la acción divina que actúa sobre cada uno de los
               fieles, en el párroco y en los seminaristas orientados a vivir este proceso.
              Actitud de sabiduría: es dejarse llevar por el Espíritu Santo para ser
               eficientes y eficaces
              Actitud de seguridad: para ser agentes efectivos de la palabra que se
               dirige, de las acciones que se ejecuten para lograr de esta forma un
               resultado que apunte al ideal.

Acciones para el desarrollo de esta etapa

   1. El seminarista del ciclo teológico, antes de iniciar propiamente su trabajo,
      buscará conocer a grandes rasgos la situación de la Unidad pastoral por medio
      del análisis de la realidad que se haya realizado previamente.

   2. Acompañará a los agentes de pastoral en su proceso de formación y ejecución
      de acciones pastorales. Además buscará el contacto con aquellas personas que
      no tienen un compromiso con la unidad pastoral.

   3. Elaborará los subsidios de formación para agentes de pastoral y para el archivo
      de pastoral.
   4. Acompañará a las células y a los sectores en la ejecución de los programas
      pastorales que se estén ejecutando en el proceso de evangelización.

   5. Evaluará, junto con el párroco y los demás agentes de pastoral, para optimizar
      su trabajo siguiente.

   6. Ayudará, en las semanas de misión de mitad y final de año, a fortalecer la
      formación que vienen llevando los agentes de la unidad pastoral.




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PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



Medios para esta etapa

   1. Las estructuras pastorales arquidiocesanas y parroquiales
   2. La programación parroquial del proceso de evangelización
   3. El análisis de la realidad realizado por el ciclo filosófico
   4. Las asignaturas propias de este ciclo y los talleres de formación sobre la
      pastoral
   5. Los subsidios sobre el ideal de trabajo para el ciclo teológico
   6. Los subsidios de formación para los agentes de pastoral
   7. El Modelo Operativo del PDR/E
   8. El cronograma de actividades de lo realizado en el anterior equipo de trabajo de
      pastoral
   9. Las evaluaciones de los equipos de pastoral y el párroco
   10.Las misiones de mitad y final de año
   11.Las semanas vocacionales
   12.El equipo de pastoral




                                                                                   283
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




                        Una responsabilidad particularísima está confiada a la familia cristiana que, en
                        virtud del sacramento del matrimonio, participa de modo propio y original en la
                        misión educativa de la Iglesia, Madre y Maestra. La familia cristiana que es
                        verdaderamente una „iglesia doméstica‟ ha ofrecido siempre y continúa
                        ofreciendo las condiciones favorables para el nacimiento de las vocaciones. Las
                        familias forman como un primer seminario.”
                                                                                                    284
                                                       Juan Pablo II, PDV, 41
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




La familia es el núcleo comunitario de donde proviene el aspirante al sacerdocio. Es el
ambiente donde el candidato ha crecido y esta debe convertirse en el espacio más
propicio para que el futuro presbítero asimile desde la fe, la comprensión de las
implicaciones de su futuro ministerio.

Los padres cristianos, como también los hermanos, hermanas y otros miembros del
núcleo familiar, no deben nunca intentar llevar al futuro presbítero a los límites
estrechos de una lógica demasiado humana, cuando no mundana, aunque a esto sea
un sincero afecto lo que los impulse (Mc 3,20-21.31-35) al contrario, animarlos ellos
mismos por el mismo propósito de “cumplir la voluntad de Dios”, sepan acompañar el
camino formativo con la oración, el respeto, el buen ejemplo de las virtudes
domésticas y la ayuda espiritual y material sobre todo en los momentos difíciles. La
experiencia enseña que en muchos casos, esta ayuda múltiple ha sido decisiva para el
aspirante al sacerdocio. Incluso en el caso de padres y familiares indiferentes o
contrarios a la opción vocacional, la formación clara y serena con la posición del joven
y los incentivos que de ahí se deriven, pueden ser de gran ayuda para que la vocación
sacerdotal madure de un modo más consciente y firme.61

El proyecto formativo del Seminario Regional de la Costa atlántica Juan XXIII, en sus
diferentes etapas de la formación, las cuales dependen unas de otras como un
verdadero proceso organizado en tres etapas diferenciadas, le da a la familia el
espacio formativo de los aspirantes al Orden sagrado, como uno de los medios
fundamentales para el crecimiento; de esta manera la familia como Iglesia doméstica,
acompaña a los hijos que sienten el deseo de seguir más de cerca de Cristo ya que ella
participa de modo propio en la misión educativa de la Iglesia.

Es así como la familia se convierte en un espacio básico de la formación, es por eso
que empieza a ser involucrada de manera consciente en el proceso de discernimiento
vocacional. Es uno de los espacios vocacionales donde germinan las vocaciones a la
vida consagrada; he aquí la importancia y su importante papel en el acompañamiento
y crecimiento de los que han sido llamados.




61
     PDV Nº 68

                                                                                     285
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




En la base de toda formación esta una familia, lugar y ambiente en donde cada
persona recibe una primera orientación e inicial ayuda para afrontar el camino de su
realización personal, humana y cristiana, y, dentro de esta, el camino de las
vocaciones específicas puestas por Dios para la edificación de la Iglesia por medio de
una especial forma de amor y servicio como el ministerio sacerdotal y l a vida
religiosa.

Las vocaciones sacerdotales y religiosas se expresan de manera concreta en una
llamada hecha por medio de la Iglesia para que un miembro de la familia en forma
consciente y libre, se entregue totalmente a edificar la comunidad eclesial, con
especial seguimiento del seño. Por esto, la familia, fecunda en vida natural, se
convierte en fuente de vocaciones que fecundan la vida de la Iglesia y en uno de los
lugares originales en los cuales se edifica la comunidad eclesial.

Estas vocaciones que persiguen la perfección cristiana por caminos evangélicos de más
estricta radicalidad no se oponen a la vida familiar, sino que, en la misma línea divina
de la fecundidad en el amor, las superan llevándola a su plenitud de sentido y de
plenitud. La fecundidad material es sobrepasada y realizada en una fecundidad rica en
frutos de caridad y de nueva vida eclesial ya que, mediante una vida dedicada a la
Iglesia, el célibe por vocación es fecundo como constructor de la Iglesia dentro del
plan divino de la instauración del Reino del amor y de la paz. Por lo tanto, la función
de la familia incluye también acompañar la maduración de la formación. Una familia
que no logre descubrir y vivir esta participación de la Iglesia por el discernimiento y la
formación de los llamados, estaría faltado a una de sus tareas principales.


DESCRIPCIÓN DEL ACOMPAÑAMIENTO DE LA FAMILIA

Para el seminario es claro que las familias tienen un papel fundamental en el
crecimiento y maduración de los hijos ya que a ellas compete, en razón de su misión,
ser auténticas educadoras en la fe y en el discernimiento de la voluntad de Dios por
esta razón el seminario se propone como parte integrante del proceso de formación,
brindar a los padres de familia un acompañamiento que les permita crecer en su
vivencia de la fe y les ofrezca un conocimiento cada vez más claro del proceso


                                                                                       286
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



formativo para que se involucren en el trabajo de formación como una prolongación
del seminario y lleguen a ser auténticos formadores de los futuros presbíteros.
En este proceso de acompañamiento se sigue la misma dinámica del proyecto de
formación comunitario, es decir, el acompañamiento de la familia va de acorde con el
momento formativo que viven sus miembros, de tal manera que los padres se vallan
apropiando del proceso de manera ordenada y sistemática y puedan tomar parte en él.

ETAPA PREVIA                       La familia en el plan de Dios y en la Iglesia
Primera Fase                       La familia como comunidad de fe, de amor y de
SEMINARIO MENOR PARROQUIAL          esperanza
                                   La vida sacramental
                                   La familia y la vocación
ETAPA PREVIA                       El     proyecto      arquidiocesano      de    nueva
Segunda Fase                        evangelización
AÑO PROPEDÉUTICO                   El proyecto formativo del seminario
                                   El proyecto personal de vida
                                   La tarea de la familia en el proceso formativo
PRIMERA ETAPA                      Objetivos, indicadores de logro y medios de esta
Primera Fase                        fase
PRIMERO DE FILOSOFÍA               La vocación sacerdotal y el conocimiento personal
                                   La situación actual de la Iglesia arquidiocesana
                                   El discernimiento y el acompañamiento vocacional
PRIMERA ETAPA                      Objetivos, indicadores de logro y medios de esta
Segunda Fase                        fase
SEGUNDO DE FILOSOFÍA               El ideal de la Iglesia que Dios quiere para
                                    Barranquilla
                                   El ideal del presbítero de la Iglesia en Barranquilla
                                   La formación de los agentes de pastoral
                                    (presbíteros)
PRIMERA ETAPA                      Objetivos, indicadores de logro y medios de esta
Tercera fase                        fase
TERCERO DE FILOSOFÍA               Los compromisos y exigencias del seguimiento de
                                    Jesús
                                   La purificación de la decisión vocacional
                                   La opción por la vocación sacerdotal
SEGUNDA ETAPA                      Objetivos, indicadores de logro y medios de esta
Primera fase                        fase
PRIMERO DE TEOLOGÍA                La configuración con Cristo Cabeza, pastor y
                                    esposo
                                   El celibato sacerdotal (pobreza, castidad y
                                    obediencia)
                                   El ministerio de la Iglesia y del presbítero
SEGUNDA ETAPA                      Objetivos, indicadores de logro y medios de esta
Segunda Fase                        fase.
SEGUNDO      Y    TERCERO      DE  La misión de la Iglesia (particular – universal).

                                                                                      287
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



TEOLOGÍA                            La organización jerárquica de la Iglesia (los
                                     servicios al interior de la Iglesia)
                                    La comunión con el Obispo, el presbiterio y la
                                     comunidad
SEGUNDA ETAPA                       Objetivos, indicadores de logro y medios de esta
Tercera fase                         fase
CUARTO DE TEOLOGÍA                  La espiritualidad presbiteral
                                    El compromiso social del presbítero
                                    La formación permanente


3. OBJETIVO GENERAL

Al finalizar la experiencia de formación inicial de los futuros presbíteros de la
Arquidiócesis de Barranquilla, sus familias han crecido en su compromiso cristiano, se
han vinculado al proceso formativo por la aceptación sincera y seria de sus
responsabilidades y se han preparado para el acompañamiento permanente de los
presbíteros en el crecimiento del don recibido en la ordenación.

4. OBJETIVOS ESPECÍFICOS

Al finalizar el proceso de la formación inicial de sus familiares como presbíteros para la
Arquidiócesis de Barranquilla, cada una de las familias

      ha crecido en su vivencia de la fe y se ha integrado a la vida eclesial por medio
       de una participación efectiva en la vida parroquial;
      ha comprendido el papel de la familia en la vida del sacerdote y ha participado
       eficazmente en la formación de sus familiares apoyando cada una de las fases
       en las diferentes etapas del proceso por medio de un conocimiento claro de éste
       y de un apoyo decidido a los formandos en la consecución de los objetivos
       propuestos;
      ha comprendido el sentido profundo del ministerio sacerdotal y se ha
       comprometido a acompañar a sus familiares en un proceso de formación
       permanente para un cada día más generoso servicio de éstos a la Iglesia.

5. MEDIOS

Entre los medios propuestos para la integración de la familia en el proceso formativo
se encuentran los siguientes:

      La participación de las familias en las asambleas familiares que se realizan en
       los respectivos sectores de su unidad pastoral
      Las visitas a las familias realizadas por el párroco, el delegado de pastoral
       vocacional, los formadores del seminario y el psicólogo


                                                                                       288
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



      La reunión de las familias de los jóvenes que se encuentran en los círculos
       vocacionales con el delegado de pastoral vocacional
      El encuentro previo de las familias de los jóvenes que inician el proceso de
       formación en el año propedéutico
      Los encuentros semestrales de las familias en el seminario mayor
      Los encuentros semestrales por vicarías de las familias por parte de los
       formadores
      El encuentro y el diálogo personal de los formadores con los familiares de los
       formandos.
      Las visitas de      las familias al Seminario con ocasión de algunas fechas
       significativas para ellos y sus hijos
   .




PROPEDÉUTICO
       (Encuentro de la familia para el Primer semestre del año)

                      LA FAMILIA EDUCADORA DE LA FE



              OBJETIVO

        Al finalizar este encuentro se tiene clara conciencia de vivir los valores Cristianos
        en la familia como la primera educadora de la fe en la sociedad.




                             ESQUEMA DEL ENCUENTRO



   1. BIENVENIDA y ACOGIDA


                                                                                                289
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



Dentro del lugar previste, se brinda una amena acogida a los familiares del grupo
propedéutico terminada la celebración eucarística.
Luego de una breve presentación de cada uno de los familiares, el coordinador del
grupo de vida, dirige unas palabras como introducción a lo que se desarrollará.

   2. DINÁMICA DE INTEGRACIÓN

Por espacio de unos diez minutos con el objetivo de integrar y amenizar el momento,
se hacen dos dinámicas de integración
   3. REFLEXIÓN:

“La familia es el centro de la sociedad en la cual nos desarrollamos.”
Partiendo de la anterior frase de la constitución de Colombia Articulo 42, podemos
decir que en la medida en que se tenga el verdadero sentido del papel fundamental
que debe tomar la familia en la sociedad entonces comenzaremos a concientizarnos de
lo importante que juegan los valores Cristianos en ella.
Por lo tanto ya habiendo sido integrados a la familia Universal (Iglesia) de Cristo por
medio del” Sacramento del Bautismo,”es nuestro deber comprometernos a crecer en la
fe y los valores cristianos primero en el núcleo familiar y luego en la sociedad.
La participación en la celebración Eucarísticas, los momentos de compartir familiar,
etc. Son quizás los espacios propicios para unir cada vez más los lazos afectivos que
armonicen las relaciones entre padres e hijos.
El seminario nos brinda esta oportunidad en las salidas semanales (miércoles),
justamente para que llegando al hogar se comparta y se vivan momentos propicios
para el dialogo, además de brindarnos este espacio, que no siendo el único en el
semestre donde los padres llegan a las instalaciones del seminario a visitar a sus hijos.
Es en él donde se aprovecha para compartir con toda la familia del seminario.

4. CONCLUSIÓN


A ejemplo de la familia de Nazareth, la familia debe ser esa primera escuela de la fe,
“Que a partir del sacramento del Bautismo”, nacen y deben desarrollarse esos valores
cristianos, luchando por la causa del evangelio en la sociedad.
Viviendo unidos a una vida Sacramental digna de verdaderos CATÓLICOS.
Construyendo así la Iglesia que DIOS quiere y el mundo necesita.




                                                                                      290
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




                                PROPEDÉUTICO
           (Encuentro de la familia para el segundo semestre del año)

                       FAMILIA ESCUELA DE ORACION



         OBJETIVO

    Al finalizar este encuentro se tiene clara conciencia de la importancia de la
    oración como eje fundamental en el núcleo familiar Cristiano Católico



                           ESQUEMA DEL ENCUENTRO



   4. BIENVENIDA

   5. REFLEXION:

En nuestra sociedad del siglo XXI, muchas veces encontramos familias; que aun
siendo cristianas. En sus hogares no inculcan ese gran valor que es tan fundamental,
que nos permite encontrarnos con nosotros mismos y con Dios el cual es la oración.
Hogares destruidos por falta de mutua comprensión, Hogares en conflicto a nivel de
relaciones etc. Es por eso que allí en ese marco tan deprimente la Se puede evidenciar
una gran problemática a nivel mundial:
Iglesia propone que la familia sea esa escuela de oración donde prevalezca la
fraternidad, la concordia, el dialogo, como herramientas claves en la construcción de
un mundo mejor.

3. CONCLUSIÓN


A ejemplo de la familia de Nazareth, la familia debe ser esa primera escuela de
oración, “Que a partir del sacramento del Bautismo”, nacen y deben desarrollarse esos
valores cristianos, luchando por la causa del evangelio en la sociedad.
Viviendo unidos a una vida Sacramental digna de verdaderos CATÓLICOS.
Construyendo así la Iglesia que DIOS quiere y el mundo necesita.




                                                                                    291
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




                                I DE FILOSOFÍA
           (Encuentro de la familia para el segundo semestre del año)

                           DE LA MISA A LA MISIÓN



           OBJETIVO



      Al finalizar el segundo encuentro del año 2006 las familias del curso primero de
      filosofía comprenden y viven la eucaristía como fuente que nutre su opción como
      Iglesia doméstica y las motiva a ser instrumento evangelizador por medio del
      testimonio en la unidad y el amor.




                              ESQUEMA DEL ENCUENTRO


   6. BIENVENIDA: se inicia el encuentro dando la bienvenida a los asistentes y
      evocando el siguiente pasaje evangélico:

                 Vayan pues y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el
                 nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a
                 guardar todo lo que yo les he mandado. Y he aquí que yo estoy con
                 ustedes todos los días hasta el fin del mundo. (Mt 28, 19-20)


   7. Luego que se hallan ubicado todas las familias, procedemos a ver el video de
      TONY MELENDEZ para luego compartir la reflexión y hacer ver mediante ella la
      misión que todos tenemos en este mundo después de haber tenido un
      encuentro personal con el Señor.


   8. ILUMINACIÓN: esta será realizada por parte del director de grupo o de otra
      persona que se crea conveniente para dar una reflexión la cual debe durar
      aproximadamente unos quince minutos, dicha meditación girará en torno al
      trabajo que hay después de la misa.



                                                                                         292
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




   9. TEXTO DE APOYO:

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
“FAMILIARIS CONSORTIO”
P.P. Juan Pablo II

En el designio de Dios creador y redentor la familia descubre no solo su «identidad» lo
que «es» sino también su «misión» lo que puede y debe «hacer». El cometido, que
ella por vocación de Dios está llamada a desempeñar en la historia, brota de su mismo
ser y representa su desarrollo dinámico y existencial. Toda familia descubre y
encuentra en sí misma la llamada imborrable, que defina a la vez su dignidad y
responsabilidad: familia ¡sé lo que eres!.

En una perspectiva que además llega a las raíces mismas de la realidad, hay que decir
que la esencia y el cometido de la familia son definidos en última instancia por el
amor. Por esto la familia recibe la misión de custodiar, revelar y comunicar el amor,
como reflejo vivo y participación real del amor de Dios por la humanidad y del amor de
Cristo Señor por la Iglesia su esposa.


    5. DINÁMICA:

«EVANGELIZANDO POR UN PREMIO»

Esta dinámica, que se desarrollará en el transcurso de la mañana, busca formar
grupos heterogéneos con las diferentes familias, para llegar a una aproximación del
conocimiento de la vida del seminario y de la arquidiócesis de Barranquilla; además
profundizar el mensaje de la exhortación apostólica Familiaris Consortio de ss. Juan
Pablo II.



   1. PUESTA EN COMÚN: en este paso, se motiva a la participación y opinión de
      todos.

7. RECURSOS
Crucigrama de la Exhortación Apostólica
Exhortación Apostólica
Preguntas de la vida del Seminario y la Arquidiócesis.
Papel periódico y marcadores
Aula Magna
Video Beng
DVD Y CD

                                                                                    293
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




                               II DE FILOSOFÍA
            (Encuentro de la familia para el primer semestre del año)

                      RECONCILIÉMONOS EN FAMILIA



         OBJETIVO



      Al finalizar el primer encuentro de familias, los seminaristas de segundo de
      filosofía y sus familias, a partir de la experiencia del descubrimiento de Dios que
      es amor, se sienten motivados a vivir la necesidad de la reconciliación en su
      familia.


                             ESQUEMA DEL ENCUENTRO


   1. ORACIÓN

   2. REFLEXIÓN

Efesios 5,21- 6,9
La reconciliación en familia y la importancia de la familia en la formación del futuro
presbítero.

   3. PRESENTACIÓN DE FONOVISO.

De esta manera el grupo de vida segundo de filosofía presenta a la familia, una
recolección audiovisual de los cinco niveles de formación del seminario, mostrando al
mismo tiempo como se trabaja por cada dimensión para fomentar el amor y la
reconciliación en el grupo de vida.


   4. DINÁMICA DE SOCIALIZACIÓN.

Los padres de familia preparan una representación teatral acerca del tema tratado en
el encuentro y de esta manera concluimos el trabajo de reflexión.




                                                                                            294
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




                               II DE FILOSOFÍA
           (Encuentro de la familia para el segundo semestre del año)

                    RECONCILIÉMONOS COMO FAMILIA



         OBJETIVO



      Al finalizar el segundo encuentro de familias del año 2006, los seminaristas de
      segundo de filosofía y sus familias, se hacen conscientes de la necesidad de
      reconciliarse como familla para fortalecer las relaciones dentro del grupo
      familiar.


                            ESQUEMA DEL ENCUENTRO



    1. ACOGIDA Y ORACIÓN
Ambientar el lugar con frases como: “Reconciliémonos como familia” “El amor de una
familia es la replica más fiel del amor de Dios” “Es inútil pedir amor cuando el rencor y
el orgullo corren en el corazón” “una mirada de caridad y una palabra de aliento vale
más que muchos reproches”

   2. REFLEXIÓN
Colosenses 3,18-21.
A la luz de la Palabra de Dios el moderador da algunas claves que orientes a los
asistentes para buscar la reconciliación como familia.

   3. DINÁMICA DE SOCIALIZACIÓN
Se invita a los padres asistentes a organizarse en dos grupos (puede utilizarse una
dinámica de agrupación como por ejemplo el capitán manda); luego se invita a que
cada grupo realice un noticiero plasmando aquello que comprendieron de la
importancia de la reconciliación como familia.

   4. ENTREGA DE DETALLES
   5. ORACIÓN FINAL




                                                                                        295
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




                               III DE FILOSOFÍA
            (Encuentro de la familia para el primer semestre del año)

                FRUTOS DEL ESPIÍRITU SANTO EN LA FAMILIA


             OBJETIVO



        Al finalizar el encuentro las familias asistentes han tenido un acercamiento a la
        relación Espíritu Santo – familia y conocen algunas reglas de discernimiento de
        los frutos del Espíritu Santo, en busca de mejorar la relación intra familiar y
        también lograr un mejor acompañamiento al vocacionado.



                            ESQUEMA DEL ENCUENTRO

Desde siempre la relación de la Trinidad ha sido ejemplo de comunidad, de
fraternidad; y esto lo hemos entendido a luz de la Sagrada Escritura y del Magisterio
de la Iglesia, se expresa así la presencia permanente del Padre, del Hijo y del Espíritu
Santo, para este punto nos interesará la profunda relación entre Jesús y el Espíritu
Santo, y como la acción de Este se da de forma perenne en la Iglesia, por tanto en la
familia en donde esta adquiere su mayor expresión y vida.

El Espíritu Santo nos llevará a la verdad (Jn 16, 20), porque él es el Espíritu de
verdad. El encuentro con Jesús se experimenta siempre en el Espíritu. Quien ve a
Jesús ve al Padre y en ese sentido los discípulos son testigos del Amor de Dios por los
hombres.

El mismo Jesús ha rogado al Padre y este nos ha enviado a otro protector que
permanecerá con nosotros y en nosotros. Es mas, su presencia es testimonio de toda
la Trinidad que hace su morada en nosotros. El Espíritu Santo es Dios para nosotros,
actuando en nuestra vida cotidiana, animándonos y mostrándonos el camino,
recordándonos todo aquello que Jesús ha enseñado a sus Apóstoles y estos por la
sagrada tradición a la Iglesia primitiva.

El Espíritu Santo es Dios actuando en nuestras vidas y en la historia de nuestras
familias. Gracias a su presencia, éstas toman un sentido único y definitivo, todo el
Antiguo Testamento es fiel testimonio de aquello. La Familia hebrea reconoció en su

                                                                                            296
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



historia la actuación concreta de Dios, signo de su presencia ene. Mundo,       ante los
demás pueblos de la tierra

REGLAS PARA DISCERNIR CARISMAS EN LA FAMILIA


No todos son auténticos, por lo tanto hay que probar su autenticidad (1Tes 5,19…)
este discernimiento es fruto de la gracia

REGLA No.1
Los verdaderos dones del Espíritu Santo se reconocen en la familia, cuando se confiesa
que Jesús es el Señor (1Co 12,3)

REGLA No.2
Su uso debe subordinarse al bien familiar (Ef 4, 12) y respetar su jerarquía (Ef 4, 11)

REGLA No.3
Deben ser apreciados no por su carácter espectacular, sino según su utilidad efectiva
para el ámbito familiar (1Co 14, 4)


REGLA No.4
Todos deben buscar primero la caridad y luego los otros dones espirituales (1Co 13)

REGLA No.5
Quien haya recibido los dones de Dios, colóquenlo al servicio de los demás (1P 4, 10)



CONCLUSIONES DEL ENCUENTRO

Las familias reunidas manifestaron que es necesario darle un espacio a la acción del
Espíritu Santo dentro de las mismas, por medio de la oración y la lectura de la
Sagrada Escritura.
La acción del Espíritu Santo en la Iglesia, es la que hace posible que sus hijos
seminaristas descubran la voluntad de Dios y disciernan así su vocación de servicio.
Aclararon sus dudas en algunos puntos referentes a la acción del Espíritu Santo en la
Iglesia y como su actividad hace posible el dinamismo en la misma.
Fortalecen los lazos de fraternidad y hermandad entre ellos y las demás familias,
manifestando la importancia de este espacio en el proceso formativo
Descubren la importancia de la familia en el proceso vocacional de sus hijos.




                                                                                      297
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




                               III DE FILOSOFÍA
           (Encuentro de la familia para el segundo semestre del año)

             COMPROMISO CRISTIANO Y TESTIMONIO FAMILIAR


           OBJETIVO



      Al finalizar el encuentro, las familias, como elemento integrante de la formación,
      toman conciencia de su vocación cristiana, reflejando en su vivencia un proceso
      autentico e integral de conversión y testimonio.




                    IDEAS CLAVES PARA EL DESARROLLO DEL TEMA


   1. La familia como comunidad de bautizados es llamada Iglesia doméstica, por lo
      tanto, está llamada a vivir su vocación de santidad como miembro de la Iglesia
      (Ef. 1,4-14).

   2. El testimonio de vida: Cuna y alimento de vocaciones (Lc. 2,52; Ef. 5)

   3. La familia está llamada a gestar y apoyar las distintas vocaciones, teniendo
      como base para su comprensión el amor.

   4. La familia llamada a forjar la sal y la luz de la sociedad: Un auténtico cristiano
      (Mt. 5,13-16).

   5. La familia dentro de los protagonistas de la formación (PDV 65-69).




                       ESQUEMA DEL ENCUENTRO


    Bienvenida
    Eucaristía

                                                                                           298
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



    Merienda
    Acto cultural
    Encuentro: Desarrollo del tema (se sugiere una representación teatral o un
     video que introduzca al tema).
    Almuerzo
    Recreo
    Dinámicas e integración
    Merienda
    Evaluación del encuentro
    Despedida



                                     CONCLUSIÓN

           Las familias sienten alegría por su corresponsabilidad en la formación del
            joven seminarista.
           Descubre más su participación como miembros de la Iglesia pueblo de
            Dios y toman conciencia del gran compromiso que tienen.
           Las familias se comprometen a testimoniar el gran amor que Dios les
            tiene al elegir de entre sus miembros a un futuro Sacerdote.
           La familia va afianzando sus lazos de amistad y compenetración con los
            diversos protagonistas de la formación (Obispo, Formadores,
            Seminaristas).
           Los encuentros han dado respuesta a muchos interrogantes y despertado
            inquietudes con respecto a la misma formación.




                                                                                   299
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII




                                I DE TEOLOGÍA
           (Encuentro de la familia para el segundo semestre del año)

                       EL SACERDOTE PARA LA FAMILIA


           OBJETIVO


      Al finalizar el encuentro las familias toman conciencia de la importancia del
      sacerdote como agente que propicia los vínculos de amor y valores cristianos
      dentro del núcleo familiar.




                                  DESARROLLO DEL TEMA



      EL SACERDOTE Y LA FAMILIA

Para la Iglesia es imprescindible el papel fundamental que cumple la familia en la
formación de nuevos ciudadanos de la sociedad humana, los cuales por la gracia del
Espíritu Santo llegan a ser hijos de Dios por el Bautismo, convirtiéndose la familia en
el maestro de la fe que lleva a que algunos de sus miembros opte por vivir en forma
conciente y libre la experiencia de una forma especial de amor y servicio como la
sacerdotal dentro de la Iglesia.

Debe comprenderse que al momento de entrar a ser servidor de l Iglesia en el
ejercicio del sacerdocio ministerial no se desprende por completo del seno familiar. Por
lo tanto, es claro comprender que el ministro ordenado tiene una misión que cumplir
dentro de los ambientes familiares, que no es otra sino la de iluminar, a la luz de
evangelio, todas las realidades que el mundo ofrece y que solo pueden ser resueltas
desde un punto de vista cristiano.


      LA GRACIA DEL SACERDOCIO EN LA FAMILIA.

Hch 16, 30-34.




                                                                                      300
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



              El sacerdote es un instrumento de salvación para la familia.
              Es puente de vivencia sacramental en la familia.
              Es propiciador de valores y virtudes cristianas.
              Es medio de conversión.


ORACIÓN

“DIOS PADRE DE AMOR Y VIDA HAZ QUE LA VIDA SACERDOTAL, MEDIANTE EL
ESPÍRITU SANTO, SE CONVIERTA EN VERDADERO SANTUARIO DE LA VIDA Y DEL
AMOR PARA LA FAMILIA QUE SIEMPRE SE RENUEVA.”




II Y III DE TEOLOGÍA
              (Encuentro de la familia para el primer semestre del año)

                    LA FAMILIA COMO IGLESIA DOMESTICA


         OBJETIVO


     Al finalizar este encuentro, las familias toman conciencia del don y de la tarea
     que Dios les ha confiado como primeros evangelizadores y formadores de la
     vida según el querer de Dios. Aprendiendo a secundar la vocación especifica a
     la que Dios llama a cada uno de sus miembros.




                                 DESARROLLO DEL TEMA



Este trabajo se realiza en un salón adecuado preparado con antelación con un signo
que hable del tema: En este caso el signo es una imagen de la Sagrada Familia y unos
pendones que expresen los valores que ellos vivieron y en otros pendones antivalores
que se ven en las familias de hoy.

Dinámicas para organizar en grupos: TITULO: Lo que mono ve, mono hace.



                                                                                        301
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



Materiales y preparación: Una hoja de papel, un lápiz, una bolsa de papel, música
alegre (opcional). Prepárese una lista de acciones que van imitar, como por ejemplo:
saltar en un solo pie, bañarse, maquillarse, brincar, cantar, aplaudir, etc.
Descripción:
1.- Escriba en pedacitos de papel, varias acciones como brincar, cantar, aplaudir, etc.
Repita la acción dependiendo de la cantidad que necesita en cada grupo.
2. Coloque los papelitos en una bolsa de papel y repártalos al azar, uno a cada
participante.
3. Coloque a los participantes de pie, formando un círculo.
4. Al dar la señal, cada participante deberá ejecutar la acción que indica su papel.
5.- Cada participante se agrupará con aquellos que estén ejecutando la misma acción
que ellos.
6.- Continúe el juego hasta que todos los grupos se hayan formado.

Sugerencia: Use música para darle colorido a la actividad.

          Una vez organizados los grupos, se les interroga acerca de que piensan, al ver
           la imagen de la Sagrada Familia, los valores y los antivalores, y se les invita a
           tomar conciencia de la exigencia y responsabilidad de asemejarse a la familia
           de Nazareth. (conversan 15 minutos)
          Plenaria: Cada grupo expresa el sentir común.
          Canción: Oración a la Familia
          Charla del Presbítero director de grupo
          Conclusiones
          Oración.

REFLEXIÓN

Tomado de la Familiares Consortio # 50

La familia cristiana está llamada a tomar parte viva y responsable en la misión de la
Iglesia de manera propia y original, es decir, poniendo a servicio de la Iglesia y de la
sociedad su propio ser y obrar, en cuanto comunidad íntima de vida y de amor.

Si la familia cristiana es comunidad cuyos vínculos son renovados por Cristo mediante
la fe y los sacramentos, su participación en la misión de la Iglesia debe realizarse
según una modalidad comunitaria; juntos, pues, los cónyuges en cuanto pareja, y los
padres e hijos en cuanto familia, han de vivir su servicio a la Iglesia y al mundo.
Deben ser en la fe "un corazón y un alma sola"62 , mediante el común espíritu
apostólico que los anima y la colaboración que los enseña en las obras de servicio a la
comunidad eclesial y civil.




62
     Act 4,32

                                                                                         302
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



La familia cristiana edifica además el Reino de Dios en la historia mediante esas
mismas realidades cotidianas que tocan y distinguen su condición de vida. Es por ello
en el amor conyugal y familiar –vivido en su extraordinaria riqueza de valores y
exigencias de totalidad, unicidad, fidelidad y fecundidad63 – donde se expresa y realiza
la participación de la familia cristiana en la misión profética, sacerdotal y real de
Jesucristo y de su Iglesia. El amor y la vida constituyen por lo tanto el núcleo de la
misión salvífica de la familia cristiana en la Iglesia y para la Iglesia.

Lo recuerda el Concilio Vaticano II cuando dice: "La familia hará partícipes a otras
familias, generosamente, de sus riquezas espirituales. Así es como la familia cristiana,
cuyo origen está en el matrimonio, que es imagen y participación de la alianza de
amor entre Cristo y la Iglesia, manifestará a todos la presencia viva del Salvador en el
mundo y la auténtica naturaleza de la Iglesia, ya por el amor, la generosa fecundidad,
la unidad y fidelidad de los esposos, ya por la cooperación amorosa de todos sus
miembros"64 .

Puesto así el fundamento de la participación de la familia cristiana en la misión
eclesial, hay que poner de manifiesto ahora su cometido en la triple unitaria referencia
a Jesucristo Profeta, Sacerdote y Rey, presentando por ello la familia cristiana como 1)
comunidad creyente y evangelizadora, 2) comunidad en diálogo con Dios, 3)
comunidad al servicio del hombre.



CONCLUSIONES:

          Al finalizar el encuentro, se logro despertar en cada uno de los miembros de la
           familia una toma de conciencia de su tarea al interior de esta.
          Se comprometieron las familias a no escatimar esfuerzos para formar en una
           verdadera cultura de la oración
          Comprende su papel insustituible como formadores en el amor del Candidato al
           sacramento del orden




63
     Humanae Vitae 9, AA.S 60 (1968), 486
64
     GS 48

                                                                                       303
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                               II Y III DE TEOLOGÍA
           (Encuentro de la familia para el segundo semestre del año)

                  COMPROMISO PROFETICO DE LA FAMILIA


           OBJETIVO


       Al finalizar este encuentro, las familias asumen de manera responsable, su
       llamado a ser profetas; en un mundo lleno de individualidades y egoísmos en
       donde cada vez mas el núcleo familiar se ve afectado y deteriorado como
       consecuencia de estos flagelos.




Este                              DESARROLLO DEL TEMA


trabajo se realiza en un salón adecuado preparado con antelación con un signo que
hable del tema: En este caso el signo es: La imagen de un corazón fraccionado (estilo
rompecabezas) en partes distintas y sobre estos miembros de una familia (al respaldo
de estas partes esta el dibujo de una familia unida para que al final de la charla
miembros de cada familia arman el rompecabezas que mostrara la imagen de una
familia dividida, pero que al respaldo ilustrara el ideal de la familia: La unión).

Dinámicas para organizar en grupos: Rey Manda (los grupos a formar deben
ser por el sexo)
   1. Una vez organizados los grupos, se les interroga acerca de que piensan, al ver
      la imagen del corazón con miembros de la familia fraccionado, y se les invita a
      tomar conciencia de la exigencia y responsabilidad de ser testimonio ante un
      mundo que vive dividido.
   2. Plenaria: Cada grupo expresa el sentir común.
   3. Charla del Presbítero director de grupo
   4. Video: Tony Melendez
   5. Conclusiones
   6. Oración.


REFLEXIÓN: Predicar el Evangelio a toda criatura (Familiares Consortio # 54)



                                                                                     304
PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII



La universalidad sin fronteras es el horizonte propio de la evangelización, animada
interiormente por el afán misionero, ya que es de hecho la respuesta a la explícita e
inequívoca consigna de Cristo: "Id por el mundo y predicad el Evangelio a toda
criatura" .

También la fe y la misión evangelizadora de la familia cristiana poseen esta dimensión
misionera católica. El sacramento del matrimonio que plantea con nueva fuerza el
deber arraigado en el bautismo y en la confirmación de defender y difundir la fe,
constituye a los cónyuges y padres cristianos en testigos de Cristo "hasta los últimos
confines de la tierra" , como verdaderos y propios "misioneros" del amor y de la vida.

Una cierta forma de actividad misionera puede ser desplegada ya en el interior de la
familia. Esto sucede cuando alguno de los componentes de la misma no tiene fe o no
la practica con coherencia. En este caso, los parientes deben ofrecerles tal testimonio
de vida que los estimule y sostenga en el camino hacia la plena adhesión a Cristo
Salvador.

Animada por el espíritu misionero en su propio interior, la Iglesia doméstica está
llamada a ser un signo luminoso de la presencia de Cristo y de su amor incluso para
loa "alejados", para las familias que no creen todavía y para las familias cristianas que
no viven coherentemente la fe recibida. Está llamada "con su ejemplo y testimonio" a
iluminar " a los que buscan la verdad" .

Así como ya al principio del cristianismo Aquila y Priscila se presentaban como una
pareja misionera, así también la Iglesia testimonia hoy su incesante novedad y vigor
con la presencia de cónyuges y familias cristianas que, al menos durante un cierto
período de tiempo, van a tierras de misión a anunciar el Evangelio, sirviendo al
hombre por amor de Jesucristo.

Las familias cristianas dan una contribución particular a la causa misionera de la
Iglesia, cultivando la vocación misionera en sus propios hijos e hijas , y, de manera
más general, con una obra educadora que prepare a sus hijos, desde la juventud "para
conocer el amor de Dios hacia todos los hombres .


Tener en cuenta lo que dijo El Papa Benedicto XVI en el congreso de la familia
realizado en España)




                                                                                      305
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                        “La formación inicial que se recibe antes de la recepción del
                        Orden Sagrado y que se realiza en un itinerario de vida, en una
                        atmósfera espiritual que favorece y asegura que el que ha sido
                        llamado por Dios al sacerdocio pueda llegar a ser, con el
                        sacramento del Orden, una imagen viva de Jesucristo Cabeza,
                        Esposo y Pastor de la Iglesia”                              306
                                                      Juan Pablo II, PDV , 35
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REGLAMENTO INTERNO DE TRABAJO                                 DIRECTORIO ADMINISTRATIVO




                                         CAPITULO I

                                           ÁMBITO


Artículo 1.- El presente es el Reglamento Interno de Trabajo prescrito por EL
SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII, Nit, 890.103.897-1,
entidad sin ánimo de lucro, domiciliada en Salgar- Puerto Colombia y a sus
disposiciones quedan sometidos tanto la institución como todos sus empleados. Este
reglamento hace parte de los contratos individuales de trabajo, celebrados o que se
celebren con todos los empleados, salvo estipulaciones en contrario.
.
                                   CAPITULO II

                                      CONTRATACIÓN

Artículo 2°.- Quien aspire a desempeñar un cargo en el SEMINARIO REGIONAL DE
LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII, debe hacer la solicitud por escrito presentando su
hoja de vida en las oficinas de la Curia Arzobispal al ecónomo general.

Artículo 3°.- EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII, es una
entidad confesionalmente católica, por lo tanto, quien trabaje en ella participará en
las celebraciones y demás reconocimientos que dicha confesionalidad exige y realiza,
llevando una vida ejemplar de acuerdo a las exigencias del Evangelio.

Parágrafo 1:     Son inhabilidades:

      Las prescritas en cuanto a tener familiares en los grados 1°. y 2°. de
       consanguinidad y 1°.    de afinidad trabajando dentro     DEL SEMINARIO
       REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII.

      Las personas dictaminadas con incapacidad Legal.

                                                                                    307
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Parágrafo 2:     Son incompatibilidades:

      Los empleados (as) que se desempeñen simultáneamente en la jornada laboral
       en otras instituciones o empresas.

Artículo 4°. – Para la firma del contrato de trabajo el aspirante deberá presentar los
siguientes documentos en la oficina del Ecónomo de la Curia Arzobispal:
    Fotocopia de la Cédula de ciudadanía.
    Certificados de títulos.
    Declaración extrajuicio de que no tiene demandas por alimentos.
    Certificado del último patrono con quien haya trabajado en que conste el tiempo
       de servicio, la índole de trabajo y el salario devengado.
    Certificado de dos personal honorables sobre su conducta y capacidad.
    Fotocopia del carné de la EPS y del fondo de pensiones en las cuales se
       encuentre inscrito.
    Certificado Judicial.
    Registro civil

       Una vez suscrito el contrato debe presentarse en las oficinas del Ecónomo de la
       Curia Arzobispal para:

      Firmar los formularios de afiliación a la EPS y Fondo de Pensiones
      Entregar dos registros civiles por cada hijo (a) para pago de parafiscales.
      Tramitar la apertura de la cuenta de ahorros en la entidad bancaria determinada
       por EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII.

Parágrafo 3:      No se exigirá la prueba de gravidez para las mujeres, sólo que se
trate de actividades catalogadas como de alto riesgo (artículo 43 CN, artículo primero
y segundo, convenio 11 de la OIT, resolución 003941de 1994 del Ministerio de
Trabajo), el examen de Sida (Decreto reglamentario 559 de 1991 articulo 22), ni la
Libreta Militar.

Artículo 5°. - El proceso de contratación en EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA
ATLANTICA JUAN XXIIII, se dará por medio de contrato escrito, de acuerdo a lo
determinado en el artículo 39 del CST y básicamente en dos modalidades así:

      Contrato a término fijo:    hasta por un año o por períodos menores.

      Contrato a término indefinido.


Parágrafo 4:        La evaluación de desempeño para el desarrollo del personal, se
realizará al finalizar cada semestre. Si los resultados de esta no son satisfactorios, se

                                                                                       308
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REGLAMENTO INTERNO DE TRABAJO                                   DIRECTORIO ADMINISTRATIVO


implementará un plan de mejoramiento y ajuste que propenda por una mejor
cualificación en el (la) desempeñante.


                                   PERIODO DE PRUEBA


Artículo 6°. – EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII, una
vez admitido el aspirante, podrá estipular con él un periodo de prueba que tendrá por
objeto apreciar por parte de la institución, las aptitudes del empleado y por parte de
éste, la conveniencia de las condiciones de trabajo (artículo 76, C.S.T.)

Artículo 7°. – El período de prueba no puede exceder los dos (2) meses, en los
contratos de trabajo a término fijo, cuya duración sea inferior a un (1) año; el período
de prueba no podrá ser superior a la quinta parte del término inicialmente pactado
para el respectivo contrato sin que pueda exceder de dos meses. Cuando entre la
Institución y o empleado se celebren contratos de trabajo sucesivos, renovables y
prorrogables, no es válida la estipulación del período de prueba, salvo para el primer
contrato (Ley 50 de 1990).

Parágrafo 5º. El período de prueba siempre se estipulara por escrito y en caso
contrario los servicios se entienden regulados por las normas Generales del Contrato
de Trabajo (artículo 77CST)

Artículo 8°. – Durante el período de prueba, el contrato puede darse por terminado
unilateralmente en cualquier momento y sin previo aviso. Pero si expirado el periodo
de prueba y el trabajador o empleado continuare al servicio del SEMINARIO REGIONAL
DE LA COSTA ATLÁTNICA JUAN XXIII, con consentimiento expreso y/o tácito , por ese
sólo hecho los servicios prestados por aquel a éste, se considerarán regulados por las
normas del contrato de trabajo desde la iniciación de dicho período de prueba.

                                       CAPITULO III

                 TRABAJADORES ACCIDENTALES O TRANSITORIOS

Artículo 9°. – Son trabajadores accidentales o transitorios,     los que se ocupen en
labores de corta duración o de manera esporádica.


Parágrafo 6º.     Los trabajadores accidentales o transitorios están excluidos de las
siguientes prestaciones: Por accidentes de trabajo y enfermedades profesionales,
auxilios económicos por enfermedad no profesional, dotación (calzado, y vestidos de
labor), gastos de entierro, auxilio de cesantía, seguro de vida y prima de servicios, y
serán contratados bajo la modalidad de contrato de trabajo transitorio u ocasionales.


                                                                                      309
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                                        CAPITULO IV

                                  HORARIO DE TRABAJO

Artículo 10°. – Todos los empleados de servicios generales que realizan labores de
mantenimiento de la casa tienen el siguiente horario de trabajo:

Lunes a Sábado:
De 6:30 A.M a 7:30 A.M de 8;30 A.M a 12:30 P.M y De 2:00 a 6:00 P.M.

El personal de cocina tendrán un horario de 8 horas de trabajo teniendo en cuenta que
durante el día tiene espacios de tiempo que son aprovechados para el descanso.

Parágrafo 7: El personal que labora en los días dominicales y festivos, tendrán un
día compensatorio durante la semana, previamente establecido. Dichos servicios se
prestan por turnos de acuerdo al número de trabajadores.

Artículo 22°. – No habrá limitación de jornada para los trabajadores (as) que residen
en el sitio de trabajo, sin que el servicio prestado fuera del horario antes dicho
constituya trabajo suplementario, ni implique sobre remuneración alguna de horas
extras.


                                        CAPITULO V

                        HORAS EXTRAS Y TRABAJO NOCTURNO

Artículo 25°. – Trabajo diurno es el comprendido entre las 6:00a.m. y las 10:00
p.m. y trabajo nocturno es el comprendido entre las 10:00p.m. y las 6:00 a.m.
(articulo 25 de la 789de 2002).

Artículo 26°. – Trabajo suplementario o de horas extras es el que excede de la
jornada ordinaria y en todo caso el que excede la máxima legal (artículo 159 C.S.T.).

Artículo 27°. – El trabajo suplementario o de horas extras a excepción de los casos
señalados en el artículo 163 de C.S.T., sólo podrá efectuarse en dos (2) giras diarias y
mediante autorización expresa del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social o de una
autoridad delegada por éste (Decreto 13 de 1967), para los trabajadores y empleados
y de común acuerdo con la Dirección Académica para el personal docente.

Artículo 29°. – El pago del trabajo suplementario o de horas extras se efectuará
junto con el salario del período siguiente (artículo 134 C.S.T.).




                                                                                      310
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Parágrafo 8:      EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII,
podrá implantar turnos especiales de trabajo nocturno, de acuerdo con lo previsto por
el Decreto 2352 de 1985.

Artículo 30°. – EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁTNICA, no reconocerá
trabajo suplementario o de horas extras sino cuando expresamente lo autorice a sus
empleados y trabajadores el representante legal o quien haga sus veces.

Parágrafo 9:    En ningún caso las horas extras de trabajo, diurnas o nocturnas,
podrán exceder de dos (2) horas diarias y doce (12) semanales.

                                        CAPITULO VI

                     DE LOS DÍAS DE DESCANSO OBLIGATORIOS

Artículo 31°. – Serán de descanso obligatorio remunerado, los domingos y días de
fiesta que sean reconocidos como tales en la legislación laboral.

El trabajo en domingos y festivos se remunerará con un recargo del setenta y cinco
por ciento (75%) sobre el salario ordinario en proporción a las horas laboradas (art.26
de la ley 789 de 2002).

Parágrafo 10:      Cuando la jornada de trabajo convenida por las partes en días u
horas, no implique la prestación de servicio en todos los días laborales de la semana,
el trabajador o empleado tendrá derecho a la remuneración del descanso dominical en
proporción al tiempo laborado (ley 50 de 1990).

Artículo 32°. – EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII,
solo estará obligada a remunerar el descanso dominical a los trabajadores (as) que
habiéndose obligado a prestar sus servicios en todos los días laborales de la semana
no faltasen al trabajo, o que si faltaren, lo hayan hecho con justa causa o disposición
de la autoridad competente. Se entiende por justa causa el accidente, la enfermedad,
la calamidad doméstica, la fuerza mayor y el caso fortuito, para el caso de la
enfermedad deberá presentar la certificación o incapacidad de la EPS donde esté
afiliado (a) el trabajador (a). No tiene derecho a la remuneración del descanso
dominical el trabajador (a) que recibe por ese mismo día un auxilio de indemnización
en dinero por enfermedad o accidente de trabajo. Para los efectos de la remuneración
del descanso dominical, los días de fiesta no interrumpen la continuidad y se computa
como si en ellos se hubiera prestado el servicio por el trabajador (a).

Artículo 33°. – El descanso en los días domingos y los demás expresados en la
Legislación Laboral tiene una duración mínima de 24 horas, salvo la excepción
consagrada el Literal C, del artículo 20 de la ley 50 de 1990.




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Parágrafo 11. Los empleados que son requeridos para prestar sus servicios los días
domingos y festivos, tienen un día de descanso compensatorio durante la semana.

Artículo 34°. – Cuando por motivo de fiesta no determinada en la Ley 51 de 1983,
EL SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII, suspendiera el trabajo, está obligado a pagarlo
como si se hubiese realizado. No está obligado a pagarlo cuando hubiese mediado
convenio expreso para suspensión o compensación o estuviese previsto en el
reglamento. Este trabajo compensatorio se remunerará sin que se entienda como
trabajo suplementario o de horas extras (artículo 178 C.S.T.)

Artículo 35°. – A los trabajadores (as) que sean convocados como jurados de
votación por la Registraduría del Estado Civil y además hayan ejercido el derecho al
voto como ciudadano, se les reconocerá su día compensatorio de acuerdo con la ley.

                                       CAPITULO VII

                              VACACIONES REMUNERADAS

Artículo 36°. – Los trabajadores y/o empleados que hubieren prestado sus servicios
durante un (1) año tienen derecho a quince (15) días hábiles consecutivos de
vacaciones remuneradas y en todo caso serán pagadas en proporción al tiempo
laborado cuando el contrato sea a término fijo inferior a un año. (artículo 3, ley 50 de
1990).

Artículo 37°. – La época de vacaciones debe ser señalada por EL SEMINARIO
REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII, tardar dentro del año siguiente a
ellas, deben ser concedidas oficiosamente o a petición del trabajador, sin perjudicar
el servicio y la efectividad del descanso. EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA
ATLÁNTICA JUAN XXIII, tiene que dar a conocer al empleado o trabajador con quince
(15) días de anticipación la fecha en que le concederán las vacaciones (artículo 187
C.S.T.). Las vacaciones del personal de educadores quedan comprendidas dentro de
las vacaciones reglamentarias del año escolar en cuanto cumplan o excedan los quince
(15) días de Ley (artículo 102 C.S.T.).

Artículo 38°. –    Si se presenta interrupción justificada en el disfrute de las
vacaciones, el trabajador o empleado no pierde el derecho a reanudarlas (articulo
188, C.S.T.).

Artículo 39°. – No se podrá compensar las vacaciones en dinero, pero el Ministerio
de Trabajo y Seguridad Social puede autorizar que se pague en dinero hasta la mitad
de ellas en casos especiales de perjuicio para EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA
ATLÁNTICA JUAN XXIII.

      Cuando el contrato termine sin que el trabajador hubiere disfrutado de
       vacaciones, la compensación de éstas en dinero procederá por un año cumplido

                                                                                      312
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       de servicios y proporcionalmente por fracción de año, siempre que este exceda
       de tres meses (art. 27 de la ley 789 de 2002).
      Para la compensación de vacaciones, se tendrá como base el último salario
       devengado por el trabajador. (artículo 189 C.S.T.).


Artículo 41°. –       El representante del SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA
ATLÁNTICA JUAN XXIII, puede determinar para todos o para parte de los trabajadores
(as) una época fija para las vacaciones simultáneas y si así lo hiciera, para los que en
tal época no llevaren un año cumplido de servicios se entenderá que las vacaciones de
que gocen son anticipadas y se abonarán a las que se causen para cada uno(a) el año
de servicio.

Artículo 42°. – Durante el período de vacaciones el trabajador o empleado recibirá el
salario ordinario que esté devengando el día que comience a disfrutar de ellas. En
consecuencia, sólo se excluirá para la liquidación de las vacaciones el valor del trabajo
en días de descanso obligatorio y el valor del trabajo suplementario o de horas extras.

Cuando el salario sea variable, las vacaciones se liquidarán con el promedio de lo
devengado por el trabajador o empleado en el año inmediatamente anterior a la fecha
en que se conceden.

Artículo 43°. – EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XIII,
llevará un registro de vacaciones en el que se anotará la fecha de ingreso de cada
trabajador o empleado, fecha en la cual toma sus vacaciones, en la cual las termina y
la remuneración de las mismas. ( decreto 13 de 1967).

En los contratos a termino fijo inferiores a un (1) año, los trabajadores tendrán
derecho al pago de vacaciones y prima de servicios en proporción al tiempo laborado,
cualquiera que este sea.


                                       CAPITULO VIII

                                         PERMISOS

Artículo 44°. – EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA, concederá a sus
trabajadores los permisos necesarios para el ejercicio del derecho al sufragio y para el
desempeño de cargos oficiales transitorios de forzosa aceptación; en caso de grave
calamidad doméstica, debidamente comprobada, para concurrir en su caso al servicio
médico correspondiente, siempre que avisen          con la debida oportunidad a la
Institución y a sus representantes. La concesión de los permisos estará sujeta a las
siguientes condiciones:




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   a. En caso de grave calamidad doméstica, la oportunidad del aviso puede ser
      anterior o posterior al hecho que la constituye o al tiempo de ocurrir esta.
      Según lo permitan las circunstancias.
   b. En los demás casos (sufragio, desempeño de cargos transitorios de forzosa
      aceptación y concurrencia al servicio médico correspondiente) el aviso se dará
      con la antelación que las circunstancias lo permitan. Salvo convención en
      contrario y a excepción del caso de concurrencia al servicio médico
      correspondiente, al tiempo empleado en estos permisos puede descontarse al
      trabajador o empleador o compensarse con tiempo igual al trabajo efectivo en
      horas distintas en su jornada ordinaria a opción de la Institución (art.57 C.S.T.)
   c. En cualquiera de los casos anteriores de permisos el trabajador (a) debe seguir
      el siguiente proceso:
   d. Cursar la solicitud del respectivo permiso con anterioridad a la fecha del mismo.
   e. Desarrollar en otro tiempo las actividades programadas que estén a su cargo.
   f. Solicitar dichos permisos a algunas de las siguientes personas según sea la
      competencia: El Rector y los Directores (as) de Areas Funcionales.
   g. Registrar la fecha y tiempo del permiso.

Parágrafo 12: Quien de hecho no se presente a su lugar de trabajo o se ausente del
mismo, por razones de fuerza mayor, deberá informar a su superior inmediato. De no
ser así, esto será considerado una falta grave, causal de terminación unilateral de
contrato.

Parágrafo 13. Cuando un empleado no se presente al lugar de trabajo y no informe
las razones de su ausencia, ajustándose a lo previsto en el presente reglamento, EL
SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII, considerará que dicho
empleado ha abandonado su cargo y procederá a dar por terminado unilateralmente el
contrato.

                                        CAPÍTULO IX

                               LICENCIA NO REMUNERADA

 Artículo 45°. – La solicitud de Licencias no Remuneradas por parte del trabajador
(a)   deberá ser presentada por escrito al representante legal del SEMINARIO
REGIONAL JUAN XXIII, reservándose el derecho de aceptación teniendo en cuenta dos
puntos:
     Tiempo de servicio del trabajador(a) en la Institución

      Motivo u objeto por el cual solicita la Licencia.

      Análisis de la última evaluación de desempeño del trabajador o trabajadora.




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Parágrafo 14: Las licencias no remuneradas pueden solicitarse hasta por un período
no superior a tres (3) meses y el intervalo de la solicitud individual entre una y otra
licencia no puede ser inferior a tres años.

                                        CAPITULO X

            SALARIO MÍNIMO, PAGOS Y PERIODOS QUE LO REGULAN

Artículo 46°. – Se declaran formas y libertad de estipulación así:

    a. La Institución y empleado pueden convenir libremente el salario en sus diversas
       modalidades por unidad de tiempo, por obra, a destajo, por tarea, etc, pero
       siempre se respetará el salario mínimo legal;
    b. La Institución y el empleado podrán pactar por escrito un salario integral.
    c. En ningún caso el salario integral podrá ser inferior al monto de diez (10)
       salarios mínimos mensuales, más el factor prestacional correspondiente a la
       Institución que no podrá ser inferior al treinta (30%) de dicha cuantía.. El
       monto del factor prestacional quedará exento del pago de retención en la
       fuente y de impuestos.
    d. Este salario no estará exento de las cotizaciones a la seguridad social ni de los
       aportes al SENA, ICBF, Cajas de Compensación Familiar, pero en el caso de
       estas tres últimas entidades, los aportes se disminuirán en un treinta (30%).

Artículo 47°. –     Se denomina Jornal al salario estipulado por días,     sueldo es el
estipulado por periodos mayores.

Artículo 48°. – el pago de los salarios se efectuará en la entidad bancaria con la
cual la Institución haya realizado convenios de pago por nómina.

La forma de pago será por mensualidades vencidas según conste en el contrato.

Artículo 49°. – El salario se pagará al empleado directamente o a la persona que el
autorice por escrito así:
    a. El salario en dinero debe pagarse por periodos iguales y vencidos. El periodo
        de pago para los jornales no puede ser mayor de una semana y para sueldos
        no mayor de un mes; y
    b. El pago del trabajo suplementario o de horas extras y recargo por trabajo
        nocturno se efectuará junto con el salario ordinario del período en que se han
        causado o a más tardar con el salario del período siguiente (art. 134C:S.T).




                                                                                      315
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                                        CAPITULO XI

 SERVICIO MEDICO, MEDIDAS DE SEGURIDAD, RIESGOS PROFESIONALES Y
PRIMEROS AUXILIOS EN CASO DE ACCIDENTE DE TRABAJO, NORMAS SOBRE
LABORES EN ORDEN A LA MAYOR HIGIENE, REGULARIDAD Y SEGURIDAD EN
                           EL TRABAJO.


Artículo 50°. – Es obligación del SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA
JUAN XXIII, velar por la salud, seguridad e higiene de los empleados y trabajadores a
su cargo, igualmente, es su obligación garantizar los recursos para implementar y
ejecutar actividades permanentes en medicina preventiva y del trabajo y en higiene y
seguridad industrial, de conformidad con el programa de salud ocupacional y con el
objeto de velar por la protección integral del trabajador.

Artículo 51°. – Los Servicios médicos que requieran los trabajadores se prestarán
por el Instituto de Seguros Sociales o por la EPS que conforme a la ley de Seguridad
Social, elijan los trabajadores.

Artículo 52°. – Todo trabajador que se sienta enfermo, deberá comunicarlo al
directivo del cual dependa, e ir a la EPS a la cual está afiliado, a fin de que se
certifique médicamente si puede o no continuar con el trabajo. Si el trabajador(a) no
diere el aviso mencionado o no se sometiere a la visita o examen previstos, se
considerara que su falta    de asistencia es injustificada para los efectos a que haya
lugar, a menos que demuestre que estuvo en absoluta indisponibilidad de dar aviso y
de someterse ala visita o examen del médico.

Artículo 53°. – Los trabajadores o empleados deberán someterse a las instrucciones
y tratamiento que ordene el médico que los haya examinado, así como los exámenes
y tratamientos preventivos que para todos o algunos de ellos ordena la institución. El
trabajador o empleado que sin justa causa se negare a someterse a los exámenes
instrucciones o tratamientos antes indicados, perderá el derecho a la prestación en
dinero por la incapacidad que sobrevenga a consecuencia de esa negativa.

Artículo 54°. – Los empleados deberán someterse a todas las medidas de higiene y
seguridad que prescriban las autoridades del ramo en general, y en particular a las
que ordene EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA, para prevención de
las enfermedades y de los riesgos en el manejo de los elementos de trabajo,
especialmente para evitar los accidentes de trabajo.

Artículo 55°. –       En caso de accidente de trabajo, el empleado comunicará al
ecónomo o a otro formador, quien ordenará inmediatamente la prestación de los
primeros auxilios y gestionará el envío del trabajador al respectivo centro de salud.




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Artículo 56°. – En caso de accidente no mortal, aún el más leve o de apariencia
insignificante, el empleado o trabajador lo comunicará inmediatamente al ecónomo o a
otro formador, para que se provea la asistencia médica y tratamiento oportuno y den
cumplimiento a lo previsto en el artículo 220 del Código Sustantivo de Trabajo. El
médico continuará      el tratamiento respectivo    e indicará las consecuencias del
accidente y la fecha en que, cese la incapacidad.

Artículo 57°. – EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA, no responderá
por accidente alguno de trabajo que haya sido provocado deliberadamente o por culpa
grave de la víctima. En este caso sólo estará obligado a prestar los primeros auxilios.
Tampoco responderá de la agravación que se presente en las lesiones o
perturbaciones causadas por cualquier accidente, por razón de no haber dado el
trabajador el aviso oportuno correspondiente o haberlo demorado sin justa causa.

Artículo 58°. – De todo accidente se llevará un registro y se diligenciará el
formulario de NOTIFICACIÓN DEL PRESUNTO ACCIDENTE DE TRABAJO A LA ARP
adscrita al SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII.

Artículo 59°. – En todo caso, en lo referente a los puntos de que trata este capitulo,
tanto EL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA, los empleados, se
someterán a las normas pertinentes del Código Sustantivo de Trabajo, a la Resolución
No. 1016 de 1989, expedida por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y a las
demás que con tal fin se establezcan.

De la misma manera, ambas partes están obligadas a sujetarse a la legislación
vigente sobre salud ocupacional, de conformidad a los términos estipulados en los
preceptos legales pertinentes.



                                       CAPITULO XII

                              PRESCRIPCIONES DE ORDEN


Artículo 60°. –     Los empleados tienen como deberes los siguientes:

   a. Respeto y subordinación para con sus superiores.
   b. Respeto a los compañeros de trabajo.
   c. Procurar completa armonía con sus superiores y compañeros de trabajo en las
      relaciones personales y en la ejecución de labores.
   d. Utilizar el vocabulario y las expresiones apropiadas al hablar de la Institución.
   e. Guardar buena conducta en todo sentido y obrar con espíritu de leal
      colaboración en el orden moral y disciplina general de la institución.
   f. Guardar lealtad a la institución.

                                                                                      317
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   g. Ejecutar los trabajos que les confíen con honradez, buena voluntad y de la
      mejor manera posible.
   h. Hacer las observaciones, reclamos y solicitudes a que haya lugar por conducto
      del respectivo superior y de manera fundada, comedida y respetuosa.
   i. Ser verídicos en todo caso.
   j. Respetar a los estudiantes, padres de familia demás personal que visiten la
      institución.



                                       CAPITULO XIII

                                   ORDEN JERÁRQUICO


Artículo 61°. – El orden Jerárquico de acuerdo con los cargos existentes en la
Institución es el siguiente:

              Obispos
              Representante Legal
              Ecónomo auxiliar
              Formadores

Parágrafo 15: De los cargos mencionados tienen facultades para imponer sanciones
disciplinarias a los empleados del SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA
JUAN XXIII, los siguientes:


              Obispos
              El Representante Legal
              Ecónomo auxiliar



                                       CAPITULO XIV

       OBLIGACIONES ESPECIALES PARA LA EMPRESA Y LOS EMPLEADOS


Artículo 63°. – Son obligaciones especiales del SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA
ATLANTICA JUAN XXIII:

   a. Poner a disposición de los trabajadores o empleados, salvo estipulación en
      contrario, los instrumentos adecuados y los elementos necesarios para la
      realización de las labores;

                                                                                   318
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   b. Procurar a trabajadores o empleados locales apropiados elementos adecuados
      de protección contra accidentes y enfermedades profesionales en forma que se
      garantice razonablemente la seguridad y la salud;
   c. Prestar de inmediato los primeros auxilios en caso de accidente o enfermedad.
      Para este efecto,          el establecimiento mantendrá lo necesario según
      reglamentación de las autoridades sanitarias;
   d. Pagar la remuneración pactada en las condiciones, períodos y lugares
      convenidos;
   e. Guardar absoluto respeto a la dignidad personal del trabajador.
   f. Conceder al trabajador las licencias necesarias para los fines y en los términos
      indicados en el artículo 42 de este Reglamento;
   g. Dar al trabajador o empleado que lo solicite, a la expiración del contrato, una
      certificación en que conste el tiempo de servicio, índole de la labor y salario
      devengado e igualmente si el trabajador solicita, hacerle practicar examen
      sanitario y darle certificación sobre el particular, si al ingreso o durante la
      permanencia en el trabajo hubiere sido sometido a examen médico. Se
      considerará que el trabajador o empleado por su culpa elude, dificulta o dilata el
      examen, cuando transcurridos cinco(5) días a partir de su retiro no se presenta
      donde el médico respectivo para las prácticas del examen a pesar de haber
      recibido la orden correspondiente;
   h. Pagar al trabajador o empleado los gastos razonables de ida y regreso, si para
      prestar su servicio lo hizo cambiar de residencia, salvo si la terminación del
      contrato se origina por culpa o voluntad del trabajador o empleado. En los
      gastos de traslado del trabajador, se entienden comprendidos los familiares que
      con él convivieron.
   i. Abrir y llevar al día los registros de horas extras y de trabajadores menores que
      ordena la ley;
   j. Cumplir este reglamento y mantener el orden, la moralidad y el reSpeto a la
      Constitución y a las Leyes.

Artículo 64°. –     Son obligaciones especiales del empleado:

          1. Realizar personalmente la labor en los términos estipulados, observar los
             preceptos de este Reglamento y acatar y cumplir las órdenes e
             instrucciones que de modo particular le imparta el SEMINARIO REGIONAL
             DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII o sus representantes, según el
             orden jerárquico establecido;
          2. No comunicar con terceros,          salvo autorización expresa,       las
             informaciones que tenga sobre su trabajo, especialmente sobre las cosas
             que sean de naturaleza reservada o cuya divulgación pueda ocasionar
             perjuicios al SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII
             o sus representantes, lo que no obsta para denunciar delitos comunes o
             violaciones del contrato o de las normas legales del trabajo ante las
             autoridades competentes;


                                                                                      319
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          3. Conservar y restituir en buen estado, salvo el deterioro natural, los
             instrumentos y útiles que le hayan sido facilitados y los materiales que no
             se utilicen;
          4. Guardar rigurosamente la moral y la ética en las relaciones con sus
             superiores y compañeros;
          5. comunicar oportunamente al ecónomo u otro formador las observaciones
             que estime conducentes a evitar daños y perjuicios;
          6. Prestar la colaboración posible en caso de siniestro o de riesgo inminente
             que afecte o amenace las personas o las cosas de la institución;
          7. Observar con suma diligencia y cuidado las instrucciones y órdenes
             preventivas de accidentes o de enfermedades profesionales.
          8. Cumplir rigurosamente los horarios establecidos.
          9. Cumplir fielmente el Manual de Funciones, el presente reglamento y
             mantener el orden la moralidad y el respeto a la Constitución y a las
             Leyes;
          10.Asumir comportamientos apropiados frente a los estudiantes y
             compañeros de trabajo, en todo lugar y circunstancia.
          11.Cuidar de su presentación personal en todo momento y circunstancia.
          12.Contribuir a mantener un ambiente agradable y de sana convivencia
             entre el grupo de empleados, evitando el chisme y causarle daño a la
             integridad de los compañeros.


                                        CAPÍTULO XV

 PROHIBICIONES AL SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁTNICA JUAN
                             XXIII.

Artículo 65. - Se prohíbe al SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN
XXIII:

   1. Deducir, retener o compensar suma alguna del monto de los salarios y
      prestaciones en dinero que corresponda a los trabajadores o empleados, sin
      autorización previa escrita de estos para cada caso, o sin mandamiento judicial,
      con excepción de los siguientes:
             Respecto de salarios pueden hacerse deducciones, retenciones o
                compensaciones en los casos autorizados por el Código Sustantivo de
                Trabajo.

                 Las cooperativas pueden ordenar retenciones hasta en un 50% de
                  salarios y prestaciones, para cubrir sus créditos, en la forma y en los
                  casos en que la ley lo autorice




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   2. Obligar en cualquier forma a los empleados a comprar mercancías o víveres en
      almacenes o proveedores que establezca al SEMINARIO REGIONAL DE LA
      COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII.
   3. Exigir o aceptar dinero del empleado como gratificación para que se le admita
      en el trabajo o por otro motivo cualquiera que se refiera a las condiciones de
      este;
   4. Limitar o presionar en cualquier forma a los empleados en ejercicio de su
      derecho de asociación.
   5. Emplear en las certificaciones que se expidan, signos convencionales que
      tiendan a perjudicar a los interesados, o adoptar el sistema de “lista negra”,
      cualquiera que sea la modalidad que se utilice, para que no se ocupe en otras
      empresas a los trabajadores o empleados que se separen o sean separados del
      servicio;
   6. Ejercer o autorizar cualquier acto que vulnere o restrinja los derechos de los
      trabajadores o empleaos que ofenda su dignidad.

Artículo 66°. - Se prohíbe a los empleados de conformidad con el artículo 60 del
Código Sustantivo de Trabajo:

   1. Sustraer del SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII los
      elementos de trabajo, las materias primas o productos elaborados sin permiso
      del ecónomo.
   2. Presentarse al trabajo en estado de embriaguez o bajo la influencia de
      narcóticos o de drogas psicoactivas.
   3. Conservar armas de cualquier clase en el sitio de trabajo.
   4. Faltar al trabajo sin justa causa de impedimento o sin permiso.
   5. Disminuir intencionalmente el ritmo de ejecución de trabajo y suspender o
      promover suspensiones intempestivas del mismo;
   6. Hacer colectas, rifas o suscripciones o cualquier otra clase de propaganda en el
      lugar de trabajo.
   7. Coartar la libertad para trabajar o no trabajar.
   8. Usar los útiles o herramientas suministradas por el SEMINARIO REGIONAL DE
      LA COSTA ATLÁNTICA para objetivos distintos del trabajo contratado.
   9. Realizar labores para beneficio personal en el horario estipulado para el trabajo
      en la Institución.
   10.Vender diferentes artículos para beneficio propio.


                                  CAPITULO XVI
                   DE LAS FALTAS Y SANCIONES DISCIPLINARIAS


Artículo 68°. - El SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA, sólo puede
imponer a los trabajadores y empleados las sanciones previstas en el Reglamento o en
las normas vigentes.

                                                                                      321
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Artículo 69°. - Se establecen las siguientes faltas leves:

    a. El retardo hasta por diez minutos en la hora de entrada que no cause perjuicio
       a la Institución primera vez, motiva amonestación por escrito a la hoja de vida.
       En caso de repetición, se le hará un seguimiento para finalizar el contrato de
       trabajo.
    b. La falta al trabajo en una jornada, por primera vez sin causa justa ocasionará
       el no pago del día correspondiente y amonestación escrita con copia la hoja de
       vida.
    c. La falta total al trabajo durante el día sin excusas suficiente, cuando no cause
       perjuicio de consideración a la Institución implica, por primera vez, suspensión
       en el trabajo hasta por ocho (8) días y por segunda vez, suspensión en el
       trabajo hasta por dos (2) meses;
    d. La violación por parte del empleado de las obligaciones contractuales o
       reglamentarias implica por primera vez, suspensión el trabajo hasta por dos
       (2) meses;


Artículo 70°. – Constituyen faltas graves:

    a. El retardo hasta de diez (10) minutos en la hora de entrada al trabajo sin
       excusa suficiente , por tercera vez;
    b. La falta total del empleado a su lugar de trabajo, sin excusa suficiente por
       segunda vez.
    c. La falta total del trabajador o empleado a sus labores durante el día sin excusa
       suficiente por segunda vez.
    d. La mala conducta y la ineficiencia en sus actividades.
    e. Violación grave por parte del trabajador o empleado de las obligaciones
       contractuales o reglamentarias.
    f. Irrespeto de palabra o de hecho a sus superiores y demás miembros de la
       Institución.

Parágrafo 16: Las faltas graves ocasionan terminación del contrato a juicio del
Representante Legal.

                                      CAPÍTULO XVII

       PROCEDIMIENTO PARA COMPROBACION DE FALTAS Y FORMAS DE
             APLICACIÓN DE LAS SANCIONES DISCIPLINARIAS


Artículo 71°. – Antes de aplicarse una sanción disciplinaria, el SEMINARIO
REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII, deberá oír al trabajador o empleado
inculpado directamente.

                                                                                      322
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En todo caso se dejará constancia escrita de los hechos y de la decisión del
SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII, de imponer o no, la
sanción definitiva (artículo 115,C.S.T.).

Artículo 72°. – No producirá efecto alguno la sanción disciplinaria impuesta con
violación del trámite señalado en el artículo anterior (artículo 115, C.S.T.).

                                      CAPITULO XVIII

       PERSONAS ANTE QUIENES SE DEBE PRESENTAR UN RECLAMO Y SU
                            TRAMITACIÓN

Artículo 73°. – Los reclamos de los trabajadores o empleados se harán ante el
Representante Legal o el ecónomo, quien los oirá y resolverá en justicia y equidad.

                                       CAPITULO XIX

                 TERMINACIÓN DEL CONTRATO POR JUSTA CAUSA

Artículo 75°. – Son justas causas para dar por terminado unilateralmente el
contrato de trabajo de conformidad con los artículos 63 y 64 del Código Sustantivo de
Trabajo:

A. POR PARTE DEL PATRONO:

   1. El haber sufrido engaño parte del trabajador mediante la presentación de
      certificados falsos para su admisión o tendientes a obtener un provecho
      indebido;
   2. Todo acto de violencia, injuria, malos tratamientos o grave indisciplina en que
      incurra el trabajador en sus labores, contra el patrono, los miembros de su
      familia, el personal directivo o los compañeros de trabajo;
   3. Todo acto grave de violencia, injuria o malos tratamientos en que incurra el
      trabajador fuera del servicio, en contra del patrono, de los miembros de su
      familia o de sus representantes, empleados, vigilantes o celadores;
   4. Todo daño material causado intencionalmente a los edificios,              obras,
      maquinarias y materias primas, instrumentos y demás objetos relacionados con
      el trabajo y toda grave negligencia que ponga en peligro la seguridad de las
      personas o de las cosas;
   5. Todo acto inmoral o delictuoso que el trabajador cometa en el establecimiento o
      lugar de trabajo así no sea en horas de trabajo;
   6. Cualquier violación grave de las obligaciones o prohibiciones especiales que
      incumben al trabajador, de acuerdo con los artículos 58 y 60 del CST, o
      cualquier falta grave, calificada como tal en pactos o convenciones colectivas,
      fallos arbitrales, contratos individuales o reglamentos;

                                                                                     323
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   7. La detención preventiva del trabajador por más de treinta días a menos que
      posteriormente sea absuelto; o el arresto correccional que exceda de ocho días,
      o aún por tiempo menor, cuando la causa de la sanción sea suficiente por sí
      misma para justificar la extinción del contrato;
   8. El que el trabajador revele información de carácter reservado a la Institución o
      demás personal que a esta pertenece.
   9. El deficiente rendimiento en el trabajo en relación con la capacidad del
      trabajador y con el rendimiento promedio en labores análogas cuando no se
      corrija en un plazo razonable a pesar del requerimiento del empleador. El
      procedimiento que debe usar el empleador para poder invocar esta causal,
      tiene las siguientes etapas:

          a. Se requerirá al trabajador dos veces, cuando menos, por escrito
             mediando entre uno y otro requerimiento un lapso no inferior a ocho
             días;
          b. Si hechos los anteriores requerimientos el empleador considera que aún
             el deficiente rendimiento subsiste,     presentará a éste un cuadro
             comparativo de rendimiento promedio en actividades análogas a efecto
             de que el trabajador pueda presentar sus descargos por escrito dentro de
             los ocho días siguientes; y
          c. Si el empleador no quedare conforme con las justificaciones del
             trabajador, así se lo hará saber por escrito dentro de los ocho días
             siguientes. Luego queda en libertad de tomar la decisión de retiro y
             comunicarla con preaviso.

   10.La sistemática inejecución, sin razones válidas, por parte del trabajador de las
      obligaciones convencionales o legales.
   11.Todo vicio del trabajador que perturbe la disciplina del establecimiento.
   12.La renuencia sistemática del trabajador a aceptar las medidas preventivas o
      curativas prescritas por el médico del empleador o por las autoridades para
      evitar enfermedades o accidentes.
   13.La ineptitud del trabajador para realizar la labor encomendada.
   14.El reconocimiento al trabajador de la pensión de jubilación o invalidez estando al
      servicio de la empresa.
   15.La enfermedad contagiosa o crónica del trabajador que no tenga carácter de
      profesional, así como cualquiera otra enfermedad o lesión que lo incapacite
      para el trabajo, cuya curación no haya sido posible durante ciento ochenta
      (180) días. El despido por esta causa no podrá efectuarse sino al vencimiento
      de dicho lapso y no exime al patrono de las prestaciones e indemnizaciones
      legales y convencionales derivadas de la enfermedad.

En los casos de los numerales 9° a 15° de este artículo, para la terminación del
contrato, el patrono deberá dar aviso al trabajador con anticipación no menor de
quince días (15).


                                                                                      324
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                            B. POR PARTE DEL TRABAJADOR


     1. El haber sufrido engaño por parte del patrono, respecto de las condiciones de
        trabajo.
     2. Todo acto de violencia, malos tratamientos o amenazas graves inferidas por
        el patrono contra el trabajador o los miembros de su familia, dentro o fuera
        del servicio, o inferidas dentro del servicio por los parientes, representantes
        o dependientes del patrono con el consentimiento o la tolerancia de este.
     3. Cualquier acto del patrono o de sus representantes que induzca al trabajador a
        cometer un acto ilícito.
     4. Todas las circunstancias que el trabajador no puede prever al celebrar el
        contrato y que pongan en peligro su seguridad o su salud y que el patrono no
        se allane a modificar.
     5. Todo perjuicio causado maliciosamente por el patrono al trabajador en la
        prestación del servicio.
     6. El incumplimiento sistemático sin razones válidas por parte del patrono, de
        sus obligaciones convencionales o legales.
     7. La existencia del patrono sin razones válidas de la prestación de un servicio
        distinto, o en lugares diferentes de aquel para el cual se le contrató; y
     8. Cualquier violación grave de las obligaciones o prohibiciones que incumben al
        patrono, de acuerdo con los artículos 57 y 59 del C.S.T.

Parágrafo 17: La parte que termina unilateralmente el contrato de trabajo debe
manifestar a la otra en el momento de la extinción la causal o motivo de esa
determinación. Posteriormente, no puede alegarse válidamente causales o motivos
distintos.


                                        CAPITULO XX

                     TERMINACIÓN UNILATERAL DEL CONTRATO
                               SIN JUSTA CAUSA

Artículo 76°. – En caso de terminación unilateral del contrato de trabajo sin justa
causa comprobada, por parte del SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA
JUAN XXIII, si ésta da lugar a la terminación unilateral por parte del trabajador por
alguna de las justas causas contempladas en la ley, EL SEMINARIO REGIONAL DE LA
COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII, deberá pagar al trabajador una indemnización en los
términos que a continuación se señalan:

En los contratos a término fijo, el valor de los salarios correspondientes al tiempo que
faltare para cumplir el plazo estipulado del contrato; o el del lapso determinado por la


                                                                                      325
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duración de la obra o la labor contratada, caso en el cual la indemnización no será
inferior a quince (15) días.

En los contratos a término indefinido la indemnización se pagará así:

       a. Para trabajadores que devenguen un salario inferior a diez (10) salarios
          mínimos mensuales legales:
       b.
                   1. Treinta (30) días de salario cuando el trabajador tuviere un
                      tiempo de servicio no mayor de un (1) año
                   2. Si el trabajador tuviere más de un (1) año de servicio continuo
                      se le pagarán veinte (20) días adicionales de salario sobre los
                      treinta (30) básicos del numeral 1, por cada uno de los años de
                      servicio subsiguientes al primero y proporcionalmente por
                      fracción.

Parágrafo 18: Para proceder a la terminación del contrato de trabajo establecido en
el artículo 64 del Código Sustantivo del Trabajo, el SEMINARIO REGIONAL DE LA
COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII, le deberá informar por escrito al trabajador, a la
última dirección registrada,      dentro de los sesenta (60) días siguientes a la
terminación del contrato, el estado de pago de las cotizaciones de Seguridad Social y
parafiscalidad sobre los salarios de los últimos tres meses anteriores a la terminación
del contrato, adjuntando los comprobantes de pago que los certifiquen. Si el
empleador no demuestra el pago de dichas cotizaciones, la terminación del contrato
no producirá efecto. Sin embargo la Comunidad podrá pagar las cotizaciones durante
los sesenta (60) días siguientes, con los intereses de mora.


                                           CAPITULO XXI

                                         PUBLICACIONES


Artículo 77°. – Dentro de los quince días siguientes al de la notificación de la
Resolución aprobatoria del presente Reglamento lo publicará en lugar visible,
mediante la fijación de dos (2) copias de características legibles, en dos (2) sitios
distintos. Con el reglamento se fijará la Resolución aprobatorio (artículo 120 C.S.T.).

                                      CAPITULO XXII

                                          VIGENCIA

Artículo 78°. – El presente Reglamento entrará a regir ocho (8) días después de su
publicación hecha en la forma prescrita en el artículo anterior (articulo 121, CST) y a él
quedan incorporados el Manual de Funciones, el Reglamento o Manual de Convivencia

                                                                                        326
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REGLAMENTO INTERNO DE TRABAJO                                  DIRECTORIO ADMINISTRATIVO


en lo correspondiente, el reglamento de higiene y seguridad industrial y el Contrato
individual de Trabajo suscrito con cada empleado.


                                      CAPITULO XXII

                                DISPOSICIONES FINALES

Artículo 79°. – Desde la fecha que entra en vigencia este Reglamento, quedan sin
efecto las disposiciones del Reglamento interno de trabajo que antes de la misma tenía
el SEMINARIO REGIONAL DE LA COSTA ATLÁNTICA JUAN XXIII.


Artículo 80°. –      No producirán efecto alguno las cláusulas del Reglamento que
desmejoren las condiciones del empleado o trabajador en relación con lo establecido
en las Leyes y contratos individuales, los cuales sustituyen las disposiciones del
reglamento en cuanto fueren más favorables al empleado o trabajador (artículo 109
C.S.T.).

Dado en Barranquilla a los días del mes de de 2005




                                                                                     327
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MANUAL DE FUNCIONES                                             DIRECTORIO ADMINISTRATIVO




NOMBRE DEL CARGO: Administrador

NÚMERO DE PERSONAS EN EL CARGO: 1

SUPERIOR INMEDIATO:
A nivel Operativo:   Padre Rector
A nivel Económico:   Ecónomo Arquidiócesis
A nivel Estratégico: Arzobispo de Barranquilla y Obispos Auxiliares

PERSONAL A CARGO:
Secretaria (Asistente Administrativo)
Servicios Generales:     Auxiliar de Cocina y Comedor
                         Preparador de Alimentos
                         Operaria de Lavado y Planchado
                         Ama de Llaves

OBJETIVOS:
Planear, dirigir y ejecutar actividades de control,    supervisión, seguimiento y
asesoramiento a la gestión del Seminario de manera objetiva, con el fin de contribuir
a mejorar la convivencia con la comunidad de formadores y seminaristas.

MISIÓN DEL CARGO:
 Supervisar todo el personal a cargo que brinda apoyo logístico al Seminario
 Planear, contratar, controlar y verificar la ejecución de las contrataciones de Bienes
  y Servicios.
 Realizar interventorías de obras y servicios.
 Coordinar la programación y ejecución de Convivencias y retiros.
 Administrar eficaz y eficientemente los recursos económicos
 Brindar apoyo logístico a la formación de seminaristas en coordinación con el
  cuerpo de Formadores.
 Presentar mensualmente resultados y avances de la gestión               ante la Junta
  Económica de la Arquidiócesis.




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PROYECTO FORMATIVO SEMINARIO REGIONAL JUAN XXIII
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RESPONSABILIDADES:
DE PERSONAL: Propender por el buen ambiente de trabajo
DE FINANZAS: Consignar y retirar dinero de entidades financieras de la ciudad.
DE EQUIPOS:  Computador completo, teléfono y FAX de la administración y todo el
             inventario del Seminario.

COMPETENCIAS PERSONALES
Persona Católica responsable, comprometida, líder, con alto sentido de pertenencia y
responsabilidad por la Seguridad, creativa, comunicativa, inteligente, recursiva,
trabajadora, colaboradora, capaz y perseverante con principios éticos y valores
definidos, orientado hacia el trabajo en equipo, con actitud de colaboración y visión
global, mente abierta a los cambios, aptitudes lógicas y creativas desarrolladas.
Comprensión interpersonal, espíritu de investigador y solucionador de problemas.

RELACIONES INTERNAS
Con los Padres formadores, seminaristas y empleados a cargo.

RELACIONES EXTERNAS
Empleados de la Curia Arzobispal, Clero y responsables de Movimientos católicos,
Colegios y Empresas que utilizan el Seminario como medio de fortalecer el crecimiento
espiritual.

EDUCACIÓN
Profesional en cualquiera de las ramas administrativas.

HORARIO
De lunes a Viernes de 8:00 a 14:00 y eventualmente los fines de semana para atender
compromisos de convivencias, retiros y reuniones.


PERSONA ACTUAL EN EL CARGO: José Miguel González Hong,




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NOMBRE DEL CARGO: Secretaria (Asistente Administrativo)

NÚMERO DE PERSONAS EN EL CARGO: 1

JEFE INMEDIATO: Administrador del Seminario

PERSONAL A CARGO:
Auxiliares de Cocina y Comedor
Preparador de Alimentos
Operaria de Lavado y Planchado
Ama de Llaves

OBJETIVOS:
Asistir al administrador en las funciones de coordinador de eventos y ofrecer soporte
para la adquisición de alimentos y bebidas

MISIÓN DEL CARGO:
 Recibir y realizar llamadas para coordinar actividades propias del Seminario
 Coordinar los requerimientos de alimentos y bebidas
 Establecer los menús para los distintos eventos
 Realizar las compras de los insumos necesarios para atender los requerimientos de
  la cocina.
 Dar soporte a todas las actividades de la administración.

RESPONSABILIDADES:
DE PERSONAL:        Propender por el buen ambiente de trabajo
DE FINANZAS:        Optimizar el dinero recibido para las compras y eventualmente,
Consignar y retirar dinero de entidades financieras de la ciudad.
DE EQUIPOS:         teléfono y FAX de la administración y todo el inventario del
Seminario.

COMPETENCIAS PERSONALES
Persona Católica responsable, comprometida, con alto sentido de pertenencia y
responsabilidad por la Seguridad, creativa, comunicativa, inteligente, recursiva,
trabajadora, colaboradora, capaz y perseverante con principios éticos y valores
definidos

RELACIONES INTERNAS
Con los Padres formadores, seminaristas y empleados a cargo.

RELACIONES EXTERNAS
Empleados de la Curia Arzobispal, Clero y responsables de Movimientos católicos,
Colegios y Empresas que utilizan el Seminario como medio de fortalecer el crecimiento
espiritual.


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EDUCACIÓN
Tecnólogo en cualquiera de las ramas administrativas.

HORARIO
De lunes a Viernes de 8:00 a 14:00 y eventualmente los fines de semana para atender
compromisos de convivencias, retiros y reuniones.

PERSONA ACTUAL EN EL CARGO: Fanny Quintero Guerrero.




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NOMBRE DEL CARGO: Servicios Generales: Ebanista

NÚMERO DE PERSONAS EN EL CARGO: 0

JEFE INMEDIATO: Administrador.

OBJETIVO:
Realizar mantenimiento a los muebles y enseres de madera del Seminario

MISIÓN DEL CARGO:
 Fabricación y reparación de toda clase de muebles y enseres de madera
 Adecuación de anjeos mosquiteros como medio de protección contra insectos.
 Cambio y reparación de cerraduras
 Colaboración en general cuando la casa lo requiera en virtud de la realización de
  convivencias y retiros que demanden actividades extraordinarias.

RESPONSABILIDADES:
 Elaborar cuidadosamente muebles de madera.
 Mantener taller aseado.
 Velar por el cuidado de la habitación y dotación entregada para el ejercicio de sus
  funciones.

COMPETENCIAS PERSONALES
Ofrecer respeto, amabilidad, servicio y buen trato hacía las personas, ser responsable,
comprometida, con alto sentido de pertenencia y responsabilidad por la Seguridad,
comunicativa, recursiva, trabajadora, colaboradora,       capaz y    perseverante con
principios éticos y valores definidos.

RELACIONES INTERNAS
Con los Padres formadores, seminaristas y otros empleados.

RELACIONES EXTERNAS
N.A.

EDUCACIÓN
Haber cursado Nivel de Enseñanza básica primaria, como mínimo
Ser católico

HORARIO
Labora de lunes a sábado

PERSONAS ACTUALES EN EL CARGO: Vacante




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NOMBRE DEL CARGO: Servicios Generales (Preparador de Alimentos)

NÚMERO DE PERSONAS EN EL CARGO: 2

JEFE INMEDIATO:
Asistente Administrativo.

OBJETIVO:
Preparar y elaborar delicias gastrónomicas típicas de la región, incluyendo desayunos,
almuerzos, comidas y meriendas, si es el caso, y jugos naturales.

MISIÓN DEL CARGO:
 Preparación y cocción de alimentos con base en los ingredientes disponibles para
  cada ocasión.
 Realizar Aseo a la cocina, estufas, ollas y batería de cocina propios de su oficio.
 Efectuar aseo a las neveras y congeladores.

RESPONSABILIDADES:
 Cuidado de las Baterías de Cocina, Molinos, Licuadoras y Ollas en general.
 Velar por la oportuna disposición de los alimentos para ser servidos por los
  auxiliares de Oficios Varios y Auxiliar de Cocina.
 Velar por el cuidado de la habitación y dotación entregada para el ejercicio de sus
  funciones.

COMPETENCIAS PERSONALES
Ofrecer respeto, amabilidad, servicio y buen trato hacía las personas, ser responsable,
comprometida, con alto sentido de pertenencia y responsabilidad por la Seguridad,
comunicativa, recursiva, trabajadora, colaboradora,       capaz y    perseverante con
principios éticos y valores definidos.

RELACIONES INTERNAS
Con los Padres formadores, seminaristas y superiores.

RELACIONES EXTERNAS
Proveedores de Alimentos

EDUCACIÓN
Haber cursado Nivel de Enseñanza básica primaria, como mínimo
ser católico

HORARIO
Labora de lunes a domingo con días especiales de Descanso, desde las 6:00 am hasta
las 7:00 pm con una hora de descanso.

PERSONAS ACTUALES EN EL CARGO: Samuel Imitola Navarro y Niní Beltrán

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NOMBRE DEL CARGO: Servicios Generales (Ama de Llaves)

NÚMERO DE PERSONAS EN EL CARGO: 1

JEFE INMEDIATO: Asistente Administrativo.

OBJETIVOS:
Contribuir a mantener ordenada y limpia las habitaciones utilizadas por los
formadores y las localizadas en el área de convivencias

MISIÓN DEL CARGO:
 Organizar las habitaciones y baños individuales de los formadores internos y las de
  Convivencias.
 Salvaguardar las llaves de las cerraduras de cada una de las habitaciones objeto
  del cargo.
 Eventualmente, Brindar soporte a las labores de adecuación del comedor y limpieza
  de la loza.

RESPONSABILIDADES:
 Velar por el inventario de las habitaciones.
 Cuidado de las vajillas, platería, set de cubiertos y vasos.
 Velar por el cuidado de la habitación y dotación entregada para el ejercicio de sus
  funciones.

COMPETENCIAS PERSONALES
Ofrecer respeto, amabilidad, servicio y buen trato hacía las personas, ser responsable,
comprometida, con alto sentido de pertenencia y responsabilidad por la Seguridad,
comunicativa, recursiva, trabajadora, colaboradora,       capaz y    perseverante con
principios éticos y valores definidos.

RELACIONES INTERNAS
Con los Padres formadores.

RELACIONES EXTERNAS
Empleados de la Curia Arzobispal, Clero y responsables de Movimientos católicos,
Colegios y Empresas que utilizan el Seminario como medio de fortalecer el crecimiento
espiritual.

EDUCACIÓN
Haber cursado Nivel de Enseñanza básica primaria, como mínimo, Ser católico




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HORARIO
Labora de lunes a domingo con especial Descanso del día lunes, desde las 6:00 am
hasta las 7:00 pm con una hora de descanso.

PERSONAS ACTUALES EN EL CARGO: Rubi Bello.




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NOMBRE DEL CARGO: Servicios Generales (Auxiliar de Cocina y Comedor)

NÚMERO DE PERSONAS EN EL CARGO: 2

JEFE INMEDIATO: Asistente Administrativo.

OBJETIVO:
Brindar soporte a las labores de adecuación del comedor y limpieza de la loza.

MISIÓN DEL CARGO:
Realizar Aseo al comedor y cocina y disponerlos para servir los alimentos a las mesas
de los formadores, sacerdotes, seminaristas y personal de convivencias.
Realizar aseo a los salones y baños públicos para convivencias.

RESPONSABILIDADES:
 Cuidado de las vajillas, platería, set de cubiertos y vasos.
 Velar por la oportuna disposición de las mesas, sillas, manteles del comedor
 Preparar los servicios auxiliares de los salones que se utilizan para las convivencias.
 Velar por el cuidado de la habitación y dotación entregada para el ejercicio de sus
  funciones.

COMPETENCIAS PERSONALES
Ofrecer respeto, amabilidad, servicio y buen trato hacía las personas, ser responsable,
comprometida, con alto sentido de pertenencia y responsabilidad por la Seguridad,
comunicativa, recursiva, trabajadora, colaboradora,       capaz y    perseverante con
principios éticos y valores definidos.

EDUCACIÓN
Haber cursado Nivel de Enseñanza básica primaria, como mínimo
Ser católico

HORARIO
Labora de lunes a domingo con días especiales de Descanso. desde las 6:00 am hasta
las 7:00 pm con una hora de descanso.

PERSONAS ACTUALES EN EL CARGO: Tania Bermúdez y Nancy Hernández Berdugo




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NOMBRE DEL CARGO: Operaria de Lavado y Planchado

NÚMERO DE PERSONAS EN EL CARGO: 1

JEFE INMEDIATO: Asistente Administrativo.

OBJETIVOS:
Contribuir a mantener ordenada y limpia la ropa de los formadores y la mantelería y
ornamentos sacerdotales.

MISIÓN DEL CARGO:
 Lavar y planchar la ropa de los formadores internos, la mantelería y los ornamentos
  sacerdotales.
 Eventualmente, Brindar soporte a las labores de adecuación del comedor y limpieza
  de la loza.

RESPONSABILIDADES:
 Cuidado de la ropa de los formadores internos, la mantelería y los ornamentos
  sacerdotales.
 Cuidado de las vajillas, platería, set de cubiertos y vasos.
 Velar por el cuidado de la habitación y dotación entregada para el ejercicio de sus
  funciones.

COMPETENCIAS PERSONALES
Ofrecer respeto, amabilidad, servicio y buen trato hacía las personas, ser responsable,
comprometida, con alto sentido de pertenencia y responsabilidad por la Seguridad,
comunicativa, recursiva, trabajadora, colaboradora,       capaz y    perseverante con
principios éticos y valores definidos.

RELACIONES INTERNAS
Con los Padres formadores.

RELACIONES EXTERNAS
N.A.

EDUCACIÓN
Haber cursado Nivel de Enseñanza básica primaria, como mínimo
Ser católico

HORARIO
Labora de lunes a sábado con especial Descanso el día domingo, desde las 6:00 am
hasta las 7:00 pm con una hora de descanso.

PERSONAS ACTUALES EN EL CARGO: Doris Leyva


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NOMBRE DEL CARGO: SERVICIOS GENERALES

NÚMERO DE PERSONAS EN EL CARGO: 3

JEFE INMEDIATO: Administrador.

OBJETIVO:
Realizar mantenimiento general a las instalaciones del Seminario

MISIÓN DEL CARGO:
   Realizar limpieza general a patios y pasillos del Seminario
   Mantener el cuidado de los jardines.
   Realizar reparaciones menores y pintura a la edificación, incluyendo paredes,
     muros, puertas, ventanas y demás elementos constitutivos de la edificación.
   Realizar actividades de plomería.
   Mantener en buen estado las instalaciones eléctricas
   Realizar actividades de cortar la maleza.
   Contribuir a salvaguardar los alimentos antes de su cocción.

RESPONSABILIDADES:
 Salvaguardar las herramientas de trabajo.
 Velar por el cuidado de la habitación y dotación entregada para el ejercicio de sus
  funciones.

COMPETENCIAS PERSONALES
Ofrecer respeto, amabilidad, servicio y buen trato hacía las personas, ser responsable,
comprometida, con alto sentido de pertenencia y responsabilidad por la Seguridad,
comunicativa, recursiva, trabajadora, colaboradora,       capaz y    perseverante con
principios éticos y valores definidos.

RELACIONES INTERNAS
Con los Padres formadores, seminaristas y otros empleados.

RELACIONES EXTERNAS
N.A.

EDUCACIÓN
Haber cursado Nivel de Enseñanza básica primaria, como mínimo
Ser católico

HORARIO
Labora de lunes a sábado desde las 6:00 am hasta las 5:00 pm.

PERSONAS ACTUALES EN EL CARGO: Orlando Domínguez, Luís Mejía y Alexander
Leiva

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NOMBRE DEL CARGO: Contador

NÚMERO DE PERSONAS EN EL CARGO: 0

JEFE INMEDIATO: Ecónomo


OBJETIVOS:
Registrar el proceso contable del Seminario, Preparar los estados financieros
mensuales, llevar los libros de contabilidad legalmente exigidos, presentarlos informes
contables requeridos.


COMPETENCIAS PERSONALES
Persona Católica responsable, comprometida, con alto sentido de pertenencia y
responsabilidad por la Seguridad, creativa, comunicativa, inteligente, recursiva,
trabajadora, colaboradora, capaz y perseverante con principios éticos y valores
definidos

RELACIONES INTERNAS
Con los Padres formadores, seminaristas, empleados y directamente con el Ecónomo y
el administrador.

RELACIONES EXTERNAS
Trabajo con donantes de recursos, el estado por medio de la DIAN, Proveedores y
Seminaristas.

EDUCACIÓN
Contador, o estudiante de contaduría avanzado.

HORARIO
De personal de confianza

PERSONA ACTUAL EN EL CARGO: Andrick Dávila Marenco




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