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mama version jan 1997

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					Mamá

No sabremos jamás lo que sentías día a día en el sillón sin fotos sin roperos. Nunca dónde tornaban tus ojos de qué frase se columpiaba tu memoria. Inútiles buscaremos bajo las piedras otearemos palomas mensajeras por los callejones tórridos deambularemos. Dónde ahora tu trenza de pelo amarillo blanco azul; dónde tus días de risa las noches de novela las tardes de Mundo e Imparcial. Extrañabas los salmos de la biblia las rancheras en la radio las danzas a 75 revoluciones pegándose en la Victrola. La mano que aplastaba y desadoblaba el papel hasta que cortara el filo o abanicaba el polvo imaginado no se asía ya a tu mano no mondaba tus naranjas ni te servía la cena. Nunca sabremos el miedo de no encontrarlo en la noche. Nunca tu pánico al escucharlo morir. Por cinco años soñaste rezaste todos los días pretendiste no quererte ir. Le sonreiste a tus hijos y a tus nietos mandaste a preguntar por los más jóvenes los más viejos siempre acudían los más chicos indiferentes a la hora de tu muerte como a la larga existencia de tus días llamaban por teléfono mentían mensajes ralos a diario te olvidaban.

Never shall we know what you felt day into day in the rocking chair no photos no armoires no papers. Never where your eyes turned in which phrase swung your memory. Useless we will look under stones scan for carrier pigeons in alleys aimlessly wander. Where now your braid whitish yellow, blue; where your days of laughter the evenings of soaps afternoons of daily news. You missed the reading of the bible the ranchera songs on the radio the danzas and the needle sticking in the Victrola. The hand that smoothed folded and unfolded the paper until the edges cut or fanned an imaginary dust no longer held your hand no longer peeled your oranges or served you supper. Never shall we know your fear of not finding him at night. Never your panic hearing him die. For five years you dreamt prayed every day pretended not wanting to leave. You smiled at your children and their children inquired about the youngest ones the oldest always came the youngest indifferent at the hour of your death as they were to the long existence of your days called by telephone conveyed false messages forgot you day by day.

Maribel Pintado-Espiet 37 Dyer Avenue, Milton, MA 02186


				
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