Autor: Lic. Joana C. Fernández Nuñez E-Mail: joana@dict.uh.cu
UN HIJO DE SU TIEMPO. EL LIBRO DEL SIGLO XVIII EN LA BIBLIOTECA CENTRAL DE LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA
INTRODUCCION: UN FONDO DE LIBROS RAROS Y VALIOSOS EN EL CORAZON DE LA U.H. La Biblioteca Central de la Universidad de la Habana ha sido desde su fundación en el siglo XVIII hasta nuestros días un eslabón fundamental en la actividad formadora de sus estudiantes, profesores e investigadores. Una de sus colecciones más significativas, el Fondo de Libros Raros y Valiosos, se destaca por su antigüedad y valor patrimonial. Los orígenes de su formación convergen con los de la biblioteca misma. La biblioteca del antiguo Convento de Santo Domingo de Guzmán, en cuya sede quedó instaurada en 1728 la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de la Havana, le proporcionó al Fondo sus primeros ejemplares. Posteriormente fue enriquecido con el presupuesto asignado por el Estado para estos fines, según consta en el Diccionario geográfico, estadístico, histórico de la Isla de Cuba de Jacobo de la Pezuela. Otra vía de enriquecimiento de la colección del Fondo fue la compra a particulares. Se destacan la adquisición de las colecciones de Casimira Graverán, Néstor Carbonell y José Fernández de Castro además de la recuperación de las bibliotecas de Juan J. Remos, Enrique Labrador Ruiz, la del Centro Asturiano, y recientemente las de Maza y Artola y Juan M. Dihigo, donadas ambas por la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de la Habana. Todo acervo bibliográfico que por su antigüedad, temática, rareza, riqueza o valor se considere una Colección Especial merece un tratamiento y uso diferentes a los materiales bibliográficos que forman parte de las
colecciones generales (1). Es por ello que cerca de ocho mil títulos de la Biblioteca, atendiendo a su valor irremplazable y persiguiendo otorgarles un tratamiento diferenciado, fueron agrupados bajo el nombre de Fondo de Libros Raros y Valiosos. Adornado con joyas del patrimonio universal, principalmente americano y europeo, el Fondo de la Biblioteca Central incluye desde La Biblia ilustrada por Gustavo Doré, uno de los más importantes grabadores del siglo XIX, hasta la ilustrada por Salvador Dalí en 1973. Se destacan maravillosas ediciones de clásicos de las letras españolas como Lope de Vega, Calderón de la Barca y Santa Teresa de Jesús. Las bellas impresiones de Don Quijote de la Mancha de Don Miguel de Cervantes y Saavedra, las Cartas del célebre Obispo de Puebla, Juan de Palafox, la Enciclopedia Razonada de las Artes y las Ciencias de Diderot, las Obras Generales de Voltaire y Rosseau, entre otras de gran valor universal, son celosamente custodiadas en esta colección. Documentos cubanos originales de la época -ejemplares únicos en el país, en algunos casos- se incluyen también en esta colección; el primero de ellos, un ejemplar de 1775 de la Novena de Nuestra Señora de los Ángeles. La Colección se extiende hasta bien entrado el siglo XX con variedad de libros, folletos, periódicos y revistas: el Papel Periódico de la Habana de fines del siglo XVIII, una colección de periódicos de tirada muy limitada, editados en 1869, durante la libertad de imprenta otorgada por el gobierno español y algunos de los títulos publicados por la emigración cubana en los EE UU en la segunda mitad del siglo XIX. Conforman también la porción perteneciente al siglo XX: Carteles, Cuba Contemporánea, Social, los periódicos La Discusión, La Noche, El Imparcial, y algunos números de los periódicos editados al triunfar la Revolución en 1959. Mediante los documentos del Fondo pueden consultarse algunos temas medulares como:
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La Ciudad de la Habana: su historia, monumentos, cultura, lugares célebres y urbanística, a través de relatos de viajeros, grabados, reales cédulas, etc. La Universidad de la Habana: su historia como institución oficial y centro de estudios de la juventud cubana de distintas épocas y como de foco irradiador de cultura y lugar de reunión de la intelectualidad cubana. También la trayectoria de sus facultades y de la Biblioteca. Otras investigaciones sobre la historia de la enseñanza en Cuba de diversas ramas de la ciencia como la física, la matemática, y la medicina, entre otras. Las guerras de independencia del siglo XIX, en voz de sus partes beligerantes en sus ediciones originales.
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La colección facilitó también la realización del CD-ROM Cuba1898, del programa de la Fundación ―Fernando Ortiz‖ para la reedición de obras clásicas de autores cubanos. Con esta colección se brinda servicio a profesores, investigadores y alumnos de la Universidad de la Habana y de otros centros. Se apoyan además investigaciones y programas de divulgación cultural, grado, maestrías y doctorados. Los servicios se ofrecen de forma tradicional y mediante la búsqueda automatizada en la base de datos LIBRAR. La consulta de los mismos se realiza en la Sala de Lectura, habilitada para este fin, previa presentación de una carta firmada por la máxima responsabilidad de la entidad o facultad del solicitante. tesis de
OBJETIVOS:
Resaltar el valor de la Colección de Libros Raros y Valiosos de la Biblioteca Central de la Universidad de la Habana, haciendo énfasis en sus documentos del siglo XVIII. Profundizar en el conocimiento que se tiene de esta porción de su Acervo. Facilitar su manejo mediante un producto bibliográfico que relacione los documentos de la colección que pertenecen al período y permita recuperarlos desde varios puntos de acceso (Autor y Año de publicación).
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DESARROLLO: LOS DOCUMENTOS DEL SIGLO XVIII GENERALIDADES Y PARTICULARIDADES RESPECTO AL LIBRO DE SU TIEMPO El Fondo en cuestión es amplio y rico en detalles, y sus dimensiones sobrepasan la brevedad que requiere este trabajo. Por ello escogemos un segmento de la misma, el de los libros pertenecientes al período 17011800, buscando una mayor profundización en sus riquezas. A este segmento nos referiremos indistintamente en este trabajo como Fondo, Colección o Acervo. De los cerca de 190 documentos pertenecientes al siglo XVIII, de las características que lo identifican con el paradigma del libro de su tiempo, así como de las particularidades de los pertenecientes a la naciente imprenta cubana, versará este trabajo. Fruto de su tiempo, esta Colección no ha escapado a la impronta que el implacable suele dejar en sus víctimas y las huellas de las épocas que lo originaron emergen desde sus documentos. Cada detalle inspira una
reflexión y un viaje al pasado. Sus creadores trasmiten, en los aspectos formales y de contenido, a veces sin proponérselo, un torrente de matices que colorean nuestra valoración de su época. La primera característica que salta a la vista es su variedad temática, en franca ruptura con la uniformidad de sus antecesores en este sentido. Dicha diverasidad es producto del despertar científico de la época. Se suceden en ella también los estilos artísticos y se diversifican los lugares de impresión y los idiomas. El libro está naciendo en el Nuevo Mundo y Cuba, aunque tardíamente se incorpora a este panorama. Fruto de esta primera imprenta cubana se conservan en el Fondo los que bien podrían llamarse nuestros incunables. Personalidades de renombre recorren las portadas: el Inca Garcilaso de la Vega; Leonardo DaVinci; Moliere; San Francisco de Asís; Santo Tomás de Aquino y Sófocles así como impresores de renombre como Antonio de Sancha, Joaquín Ibarra y el cubano Esteban Boloña, entre otros. En general, el libro del siglo XVIII fue un testigo favorecido de la recuperación alcanzada por el arte europeo. Recibió el influjo de los nuevos aires que circulaban el mundo de la tipografía, contando con impresores que trascendieron por la calidad de sus obras. Los efectos de la decadencia que había experimentado en la centuria anterior, prevalecieron más allá de la segunda década, renacimiento (2). Se observa mayor esmero en la composición y se producen libros de gran formato con lo que se obteniene extraordinaria calidad en la impresión. Martínez de Sousa se refiere a verdaderos manuales tipográficos hechos en el período como el Modele des caracteres, de Pierre Simón Fournier, de 1742, al Manuel Typographique del mismo autor, de 1764-1766 y al hecho por Bodoni en 1788 (3). Todo ello trajo consigo un mejoramiento de la tipografía, la tinta, nuevos tipos de letras y corrección de los textos (4). En el Fondo se incluyen ejemplares que ilustran estas tendencias: Hydrographie Françoise, Le Neptune Françoise, Le Neptune Oriental, pero ya hacia mediados de siglo fue evidente su
Neptune Américo Septentrional, Le pilote de l’ ile de Saint-Domingue, Le pilote de Terre-Nouve… y otros. Todos ellos sobrepasan en sus dimensiones los 60 cm. y exhiben maravillosas características en su tipografía. Cabe mencionar también la existencia de numerosos ejemplares con portadas ilustradas a dos tintas, combinando rojo y negro, como en la Historia General del Perú y los Voyages de Francois Coreal, entre otros. Si bien todavía se utiliza el latín para la impresión de algunos textos religiosos, científicos, y legales, continúan proliferando los libros en lenguas vulgares, correspondientes a las más variadas temáticas (5). La representatividad del latín en el fondo ilustra perfectamente esta tendencia. Solamente 21 de los títulos, el 10.9 %, conservan como idioma el latín. En tanto proliferan lenguas vulgares como el español, italiano, francés e inglés en el 90 % restante. Nacen en estos tiempos, influidos por el Iluminismo, las primeras enciclopedias, las cuales cuentan con notables representaciones en el Fondo. Joyas de impostergable mención en este tema son la Enciclopedia Razonada de las Artes y las Ciencias de Diderot y DAlembert, considerada la obra literaria más amplia que ha producido el siglo XVIII (6), compuesta por 17 volúmenes de texto y 11 de imágenes. No menos curiosa resulta la presencia de un ejemplar del Diccionario Anti-Filosófico, o Comentario correctivo del Diccionario Filosófico de Voltaire... que ilustra perfectamente la ruptura, supuestamente irreconciliable, que se producía entre fe y razón en la época. El Diccionario de la lengua castellana (1726-1739), en 6 volúmenes denominado Diccionario de Autoridades, primero publicado por la Academia Española, cuenta también con un ejemplar en el Fondo. El Nuevo Mundo no podía quedar a la zaga en el interés de los enciclopedistas, y muestra de ello es el Diccionario geográfico – histórico de las Indias Occidentales de Antonio de Alcedo, obra evaluada de ―importante y buscada’’ por Palau y Dulcet (7). Cobró fuerza el uso de viñetas -dibujos que se ponían con fines ornamentales al principio, fin o dentro de los capítulos y algunas veces en
los entornos de las planas, a todo lo largo de las páginas- aunque éstas no alcanzaron el número ni la belleza de las que se hicieron posteriormente. La ornamentación se desbordó con frecuencia en colecciones de imágenes de diversas temáticas, con personajes reales o imaginarios, materiales cartográficos, hechos históricos o escenas de costumbres. Las portadas y frontispicios fueron decorados con motivos paganos como los que aparecen en la Colección de Estudios sobre Medicina, a menudo ajenos al contenido de las obras, especialmente en el caso de los temas científicos. Según Finó el libro ilustrado adquirió una especial importancia; grabados, viñetas, florones y recuadros llenaron las páginas de los impresos, que más parecían una colección de imágenes (8). Esta saturación de imágenes posibilita la creación de magníficos tratados de marinería -como la Hidrographie Francoise, inundado de 55 mapas de gran formato, y con magníficas impresiones de las banderas de la mayor parte de las naciones que se hacían a la mar- y de botánica como el de Institutiones rei herbariae, magníficamente ilustrada con 484 grabados con motivos herbolarios; por solo citar algunos de los contenidos en el Fondo. En lo concerniente a los materiales ilustrativos, continúa predominando el grabado en metal, lo que facilita la impresión de láminas a toda página. Resaltan particularmente las que aparecen en los libros de gran formato antes mencionados. Sus enormes grabados que ilustran las portadas y otras partes de los ejemplares deslumbran por su especial interés y belleza. La segunda mitad del siglo es considerada la época de máximo esplendor del grabado al buril y el aguafuerte, predominando sobre la xilografía - en menor escala- y la litografía descubierta en las postrimerías del siglo (1790 según Millares Carlo) (9). Los grabados abarcan prácticamente todas las ramas del conocimiento de acuerdo al desarrollo de la humanidad en la época, de ahí que constituyan excelentes fuentes de información para localizar retratos de
personalidades, materiales cartográficos, láminas de temas históricos, científicos o de carácter cultural, para citar algunos ejemplos. En cuanto al arte de la encuadernación hay un retorno de los mosaicos, se cubren de oro las tapas y aparece un nuevo elemento decorativo: la puntilla. Encuadernadores de fama, como Padeloup producen verdaderas joyas. Los estilos se suceden unos a otros, pasándo del barroco al rococó, y de éste al neoclásico (10). El arte barroco predominó en especial en los libros españoles, pero luego comenzó a reflejarse el estilo rococó en los franceses, llegando a influir en las producciones de otros países vecinos. La Revolución Francesa conllevó cambios profundos que repercutieron en el libro de finales de siglo y motivaron que la encuadernación de lujo tendiera a desaparecer (11). Las suntuosas encuadernaciones se sustituyeron por otras más sencillas. Así las ornamentaciones realizadas en oro, que representaban frutas, flores, o simples punteados, fueron sustituidas por motivos revolucionarios a finales de siglo tales como gorros frigios y otras alegorías al momento histórico. De acuerdo con Martínez de Sousa en España los libreros eran al mismo tiempo encuadernadores, de forma que el libro salía de la imprenta en rama y luego posteriormente se encuadernaba por ellos o por algunas bibliotecas (12). Al tratarse de una gustos y posibilidades de sus poseedores. La imprenta hacía las veces de librería e incluso, lugar de tertulia y reunión. En Le neptune oriental, el pie de imprenta remite a París, en «la Imprimeur-Libraire de l’Académie Françoise»; en Instituciones filosóficas, se remite a la ―Imprenta y Librería de Alfonso López‖ y en la Encyclopedie, ou Dictionnaire raisonne des sciences des arts, se lee »Imprimeur-Librarire rue des Belles Filles». También ilustra esta tendencia el hecho de que cuando el cubano Blas de los Olivos fue nombrado impresor de la Capitanía General comiencen a técnica de carácter puramente artesanal en ese momento, los volúmenes se encuadernaban según los
venderse en su imprenta los impresos oficiales.
De México llegaba
anualmente un curioso almanaque que muy pronto empezó a reimprimirse en el taller de Olivos, y que constituiría una verdadera novedad para los ociosos. La afluencia de público crecería, con la aparición de La Gazeta en 1764. Aún no existía el hábito de la suscripción, y para adquirir el periódico había que ir al local de Obrapía 43 donde radicaba la imprenta (13). El celoso estilo con que los impresores preservaban el secreto de sus oficios los llevaba a trasmitirlo únicamente a sus descendientes. Fruto de esta práctica surgen verdaderas dinastías de impresores (14). Encontramos numerosos ejemplos de ese carácter familiar de las imprentas de antaño en los mismos pies de imprenta. Así, el Diccionario de la lengua castellana... aparece como impreso en la imprenta de F. de Hierro entre 1726-39 y luego la Ilustración apologética al primero y segundo tomo del Theatro crítico, en la Imprenta de los Herederos de F. de Hierro, en 1746. Así mismo, fruto de la imprenta de P. Marín en 1778, encontramos el Reglamento y aranceles reales para el comercio libre de España a Indias de 12 de octubre de 1778. Más tarde esta pasa a ser la Imprenta de la viuda e hijos de Marín, según consta en el pie de imprenta de 1796 de la Práctica del Consejo Real en el despacho de los negocios consultativos... ―El impresor de la época depende, casi por completo de los encargos oficiales y, para subsistir, necesita obtener ciertos privilegiosespecialmente el del monopolio - que la sociedad colonial se preserva a los funcionarios y empresas del Gobierno. Se trata pues de convertirse en funcionarios, prestando constantes servicios como impresor y como súbdito y una vez logrado su objetivo, convertido ya en impresor de una o varias dependencias oficiales, consolidar su posición manifestando de continuo su adhesión a la monarquía y, llegado el caso, comprando con algún jugoso "donativo" algún título equivalente a los de la nobleza.‖ (15)
Las diferentes facetas de un impresor en ese continuo movimiento de una a otra posición social son fácilmente apreciables en los pies de imprenta. El célebre impresor español Joaquín Ibarra, quien en 1783 al 1788, imprimió la célebre Biblioteca hispana nova bajo el sencillo rótulo de J. de Ibarra, y en su Historia literaria de España de 1766 figura como J. Ibarra, Impresor de Cámara de S.M. y luego en Elementos de matemáticas aparece como D. J. Ibarra, Impresor de Cámara de S. M. y de la Real Academia. Tras su muerte, su imprenta siguió el camino tradicional de la herencia familiar y la Arismética [sic] para negociantes resulta ser impreso por la Viuda de Ibarra en 1790. En cuanto al papel, aunque al igual que en siglos anteriores no siempre posee una calidad uniforme, todavía se obtienen ejemplares impresos en algunos de excelente factura, lo que permitió una mejor conservación de los volúmenes, siempre y cuando fueran atesorados de forma adecuada. Tal es el caso del Papel Periódico de la Habana, en cuyas páginas puede apreciarse, con claridad envidiable por publicaciones posteriores, las noticias en los primeros ejemplares conservados en el Fondo pertenecientes a octubre de 1790. Algunos países europeos descuellan en el período analizado por la excelencia de los impresos generados en sus talleres. Tal es el caso de Inglaterra -con William Caslon, fundidor y diseñador de tipos hacia 1734 y con Baskerville- (16) y de Italia con Giambattista Bodoni, quien hacia 1788 diseña un tipo especial de letra que lleva su nombre, logrando caracteres muy gruesos y negros que resaltan sobre un papel de blancura inmaculada (17). Por su parte en Francia se destaca la dinastía de los Didot, editores clásicos por excelencia. Mientras, en España, se realizaron obras notabilísimas como las producidas por Joaquín Ibarra (1725-1785) producto del ansia de perfeccionamiento anteriormente expuesta que culminó en un Quixote de 1780 y en la Conjuración de Catilina de 1772, complementadas con bellísimas ilustraciones que las convirtieron en obras del arte de la
imprenta (18). Varias obras salidas de sus prensas, pueden ser consultadas en el fondo. Se destaca también en la península ibérica, Antonio de Sancha (1720-90) considerado igualmente por Finó como un excelente impresor. Algunas obras de este impresor se conservan también en esta colección. Las monarquías, predominantes en el entorno histórico, hacen sentir su impronta en las publicaciones que bajo su sombra florecieron, y abundan en nuestra Colección los impresos por orden del Rey. En Le Neptune Francoise se lee: "Levèes et graveés par ordre du Roi", y en Le Neptune Oriental, el hermoso grabado alegórico a la Dedicatoria al Rey adorna la primera página. Las relaciones entre metrópolis y el colonialismo, se ven retratadas en documentos como el Mapa que exhibe la concesión otorgada por España a la Gran Bretaña... y los vínculos Inglaterra – España en: Papers relative to the rupture with Spain. La censura era una práctica establecida con mucha anterioridad al período analizado. Ya en la temprana fecha de 1559 el Index librorum prohibitorum incidió en la labor de impresores limitando sus producciones. Esta política fue continuada por monarcas como Enrique VIII de Inglaterra y por Carlos V. Este último preparó un primer listado de restricciones en 1546, que fue reeditado, corregido y aumentado en 1551 hasta 1747. Por último se publicó en 1790, con suplementos en 1805 y 1848 (19). El fondo de la biblioteca posee un ejemplar de esta última edición, publicada ―para todos los reynos y señorios del católico rey de las Españas, el señor Don Carlos IV (...)‖ y encuadernada con el suplemento de 1805. Como consecuencia de la represión, los impresores produjeron ejemplares con pies de imprenta total o parcialmente falsos, práctica que se extiende hasta el siglo que nos ocupa. Esta situación en ocasiones sumerge definitivamente en la duda muchos detalles relacionados con algunos impresos del período y obliga a prefijar un margen habitual incertidumbre en el tema de las labores bibliográficas. a la
La aparición del arte tipográfico en Europa, si bien significó una revolución profunda, no ocasionó la desaparición del libro manuscrito (20). Como un humilde testimonio de esta aseveración, silencioso entre la euforia que provocaban los deslumbrantes impresos, se conserva en el Fondo el manuscrito de los Apuntes de algunos asuntos importantes que constan en los Libros Capitulares del Ayuntamiento de la Habana. Este documento, fechado entre 1789 y 1827 y escrito redactado sobre papel rayado, está ubicado en la Habana como lugar de su redacción. En América, por su parte, se observaba un auge creciente no solo en lo que respecta a la introducción de la imprenta por nuevos países, sino a la mayor producción de impresos en los casos de los que ya contaban con talleres tipográficos desde los siglos XVI y XVII. Aunque la llegada a Occidente de la conquista no siempre vino aparejada de los adelantos europeos, y su introducción fue lenta y desigual. Los ricos virreinatos de Nueva España (México) y Perú, la Capitanía General de Guatemala y el Paraguay tuvieron imprenta desde los primeros años de la colonización (21). La Isla de Cuba no disfrutó de ese privilegio: durante mucho tiempo sólo significó para España, un puerto seguro y bien situado, lugar de paso para comerciantes y aventureros, carente de toda atención cultural y de sus manifestaciones concretas: universidades, bibliotecas, periódicos, y por supuesto, imprentas. En la primera mitad del siglo XVIII ya pueden percibirse los primeros destellos de vida cultural en la Isla. Brilla particularmente la fundación de la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de la Havana en 1728 (26). Es precisamente en este período en el que aparece el primero de los impresos producidos en la Isla conocidos hasta hoy: La Tarifa General de Precios de Medicina, fruto de la imprenta de Carlos Habré en 1723. A fines del siglo XVIII el movimiento bibliográfico se acentúa en Cuba. Hacia la segunda mitad del siglo los acontecimientos se sucedían en el exterior de manera convulsa. La Guerra de Independencia de las Trece
Colonias (1776), el posterior nacimiento de los Estados Unidos (1787) y la Revolución Francesa (1789) con su Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano revolucionaron la esfera ideológica a partir del nacimiento de las ideas iluministas. Trabajos, memorias de índole científico y texto para los alumnos de primera enseñanza empiezan a enriquecer el listado temático de las primeras impresiones cubanas. En solo siete años desde que aparece el primer número del Papel Periódico de La Habana, y poco después de creada la SEAP se produce un movimiento científico que garantizará el profundo y vasto desarrollo alcanzado por las ciencias en el siglo XIX. Nuestras imprentas apenas habían dado otra cosa que impresos oficiales y religiosos, reales ordenes, bandos y reglamentos del gobierno, sermones, cartas pastorales, oraciones fúnebres, estampas devotas en forma de folletos, cuadernos u hojas sueltas. Todos ellos de caracter religioso u oficial. A esta novedosa segunda mitad de siglo pertenecen los imprensos cubanos que posee la Colección de la biblioteca. El más antiguo de los impresos que se conserva en el Fondo, específicamente del año 1775 es la mencionada Novena de Nra. Sra. De los Angeles..., un imprenso habanero de la imprenta de Matías José de Mora. Según Fornet (22) Mora comenzó a imprimir hacia 1775, fecha que coincide con el primero de sus impresos conocidos. Fue Impresor Oficial de la Marina, privilegio del que disfrutó por diez años. Aún así se piensa que su imprenta estaría dedicada a impresos menores y en franca decadencia(23). Existe también en la Colección un documento de similar carácter y fecha de impresión, la Novena en obsequio de Nuestra Señora de la Leche que se venera extra - muros de la Florida, impreso en este caso, nada menos que en la oficina del célebre Esteban Boloña en 1776. De las prensas de este artista salieron varias obras cuya importancia desbordaba el aspecto puramente tipográfico. Precisamente en 1776 solicitó y obtuvo su licencia
de impresión, por lo cual debe deducirce que esta Novena resulta una de las primeras obras de este fundador de una dinastía de impresores que se mantuvo hasta finales de siglo XIX y trascendiendió cambios políticos y culturales (24). Predominan en la Colección estudiada, más allá del carácter científico que impregnó esa etapa, los contenidos religiosos. Estos si bien compartieron el espacio cultural con obras de otro caríz no disminuyeron su aparición. Otras joyas de la época, la Novena de Nra. Sra. De los Angeles... de Juan Thomas Menendez, impreso por Mora en 1775 y la Oración fúnebre de María Theresa Chacón y Torres, condesa vda. de Casa-Bayona…, impreso por la Curia Episcopal en 1788, confirman esta tendencia. ¿Cuáles fueron los motivos que alimentaron esta poca representatividad de impresos con temáticas científicas en esta porción cubana del Acervo, ignorando el movimiento intelectual que sacudió los impresos de la época? La explicación puede residir, en primer lugar, en el origen del Fondo -no olvidar su procedencia de un convento religioso dominico, con lo cual aumenta lógicamente el índice de aparición de la temática religiosa en sus primeros ejemplares-. Otras causas residen también en el carácter fortuito que caracteriza el natural proceso de adquisición que alimenta el Fondo, y, finalmente, en la donación de importantes documentos de índole científico realizadas por la Universidad a la Academia de Ciencias y al Museo de Ciencias Médicas, entre ellos importantes investigaciones del Dr. Tomás Romay. De cualquier forma, este bajo nivel de representatividad científica en el Fondo nunca contradice la existencia histórica del mencionado despertar, y sólo constituye una de sus peculiaridades. Una notable excepción salva esta ausencia. Un impreso precursor de las ciencias naturales en Cuba y de notable valor artístico: la Descripción de diferentes piezas de historia natural... que en 1787 sacó a la luz Antonio Parra en la imprenta de la Capitanía General. En una época en la que triunfa el libro ilustrado en Europa (25), solamente el también conocido como ―Libro de los peces‖ de Parra puede compararse
con las producciones europeas y en particular españolas. Hasta el momento el resto de los impresos están decorados con toscos grabados en madera inspirados en los producidos por grabadores europeos de siglos anteriores, viñetas, orlas, recuadros, florones, y en casos excepcionales se destacan unos pocos preciosos escudos como el de Francisco Javier Báez de la Real Sociedad Patriótica (26). Manuel Antonio Parra, un improvisado al igual que el anterior, logró mostrar al mundo la rica fauna marina que poblaba el Mar Caribe y obtener un producto comparable con los típicos libros ilustrados europeos. Dos de sus preciosas láminas plegables dan a conocer el mobiliario en el cual se mostraban las piezas recopiladas por su padre. Por otra parte, el bello frontispicio llama la atención de toda persona que se enfrenta a él por primera vez. Un detalle que acaparó la atención del autor es la enfermedad deformante del negro de nación congo, Domingo Fernández, con el cual da fin a la obra. Parra, quizá dado su condición de médico, tuvo una sensibilidad especial para dar a conocer en todo su dramatismo uno de los tantos detalles que muestran el horror de la esclavitud. Aunque liberto ya, este personaje plasmado para la Historia estaba reducido a la mendicidad, que arrastraba con sus desdichas, por las calles habaneras. El carácter artesanal, coloreado a mano con que fue ilustrado este libro convierte cada ejemplar en una pieza única. La prensa periódica está magníficamente representada en esta colección con el primer ejemplar Papel Periódico de la Havana. El Papel nace siendo Capitán y Gobernador de Cuba el General Luis de las Casas, el domingo 24 de octubre de 1790. Fue fundado por el Capitán Diego de la Barrera, que lo dirigió hasta el mes de abril de 1793 en la imprenta de Francisco Seguí. Desde el anterior año de 1792 funcionaba en la Habana la Sociedad Patriótica de Amigos del País, similar a otras que se crearon en América, y a la cual Las Casas propuso que se hiciera cargo del periódico. El Papel
Periódico continuó apareciendo con ese título hasta el año 1804, publicándose semanalmente. nuestras letras. (27) Concluyen este segmento cubano dos impresos de 1794. El primero de ellos, un Edicto del Obispo Trespalacios y Berdeja, impreso de la Curia Episcopal y la curiosa Guía de forasteros de la siempre fiel Isla de Cuba..., impreso por el Gobierno y la Capitanía General. La redacción de la Guía estuvo en los primeros dias a cargo del Sr. de la Barrera, auxiliado por el Capitán General Luis de las Casas. En este libro nació la estadística local, además de otras materias ordinarias. El Sr. de la Barrera la adornó con un mapa, el estado de las entradas y salidas de embarcaciones, el número de registros introducidos, tablas itinerarias y otras curiosidades. CONCLUSIONES: Muy influenciado por el Iluminismo, el libro del siglo XVIII se fue simplificando y acabó por despojarse de los elementos antiguos que había conservado por tradición, para preparar el advenimiento del libro moderno que debía nacer con el siglo XIX. El libro cubano nació en esta época de cambio, y sus primeros pasos aunque tambaleantes, siguieron esa senda. La Colección perteneciente al siglo XVIII, conservada en el Fondo de Libros Raros, posee rasgos distintivos que caracterizan el libro de su tiempo. Esta correspondencia afianza su importancia patrimonial sin excluír la existencia características propias que la distinguen. Tuvo suma importancia en el desarrollo cultural de Cuba y en sus páginas colaboraron prestigiosas figuras de
RECOMENDACIONES
- Aplicar experiencas de este tipo a otros segmentos del fondo. Con ello se lograría una visión más abarcadora y profunda de sus riquezas,
repercutiría en la calidad de los servicios especializados de información que brinda el Fondo y aumentaría su prestigio. - Extender la elaboración de índices auxiliares de este tipo a el resto de la colección y diversificar los puntos de acceso buscando aumentar los índices de recobrado.
BIBLIOGRAFIA CITADA
1. EZCUDIA Y VERTIZ, MANUEL DE. Las colecciones especiales / Manuel de Ezcudia y Vertiz, Margarita Maas Moreno. – México : SEP, Dirección General de Bibliotecas, 1987. -- p. 13 2. MILLARES CARLO, AGUSTÍN. Introducción a la historia del libro y de las bibliotecas /Agustín Millares Carlo. -- 2da reimp. -- México : Fondo de Cultura económica, 1981. -- p. 152 3. MARTINEZ DE SOUSA, JOSE. Pequeña historia del libro / José Martínez de Sousa. – Barcelona : Editorial Labor, 1992. – p. 125 4. FINO, FREDERIC. Tratado de Bibliología : historia y técnica de la producción de los documentos / J. Frederic Fino, Luis A. Hourcade. -Santa Fe : Librería y Editorial Castellvi, 1954. -- p. 142 5. MARTINEZ DE SOUSA, JOSE. Op. cit. – p. 126-8 6. BRUNET, JACQUES-CHARLES. Manuel du libraire et de l’amateur de livres / Jacques Charles Brunet. -- Bruxelles : Melina Cans et Compe., 1839-1845. -- p.35 7. PALAU Y DULCET, ANTONIO. Manual del Librero Hispanoamericano / Antonio Palau y Dulcet. -- Barcelona : Librería Anticuaria, 1923-1927. - p. 122 8. FINO, FREDERIC. Op. cit. -- p. 137 9. MILLARES CARLO, AGUSTIN. Op. cit. -- p. 206 10. Ibid. -- p.216 11. MARTINEZ DE SOUSA, JOSE. Op. cit. – p. 158 12. Ibid. -- p. 157 13. FERNANDEZ NUÑEZ, JOANA C. Impresos Cubanos del Siglo XVIII en la Biblioteca Nacional José Martí/Joana C. Fernández Núñez.—La Habana: Universidad de la Habana, 2001. -- p.19 14. FORNET, AMBROSIO. El libro en Cuba / Ambrosio Fornet. -- La Habana : Editorial Letras Cubanas, 1994. -- p. 25 15. Ibid. -- p.17 16. MARTINEZ DE SOUSA, JOSE. Op. Cit. -- p. 131 17. FINO, FREDERIC. Op. Cit. -- p. 146 18. Ibid. -- p. 141 19. MARTINEZ DE SOUSA, JOSE. Op. Cit. – p. 133 20. MILLARES CARLO, AGUSTIN. Op. Cit. -- p.89 21. LAPIQUE, ZOILA. El libro en Cuba, 1723-1968. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí (La Habana), 59(1) : 128-134, en.abr.1968 22. FORNET, AMBROSIO. Op. Cit. -- p.13 23. Ibid. -- p.15 24. Ibid. -- p. 25 25. MARTINEZ DE SOUSA, JOSE. Op.Cit.-- p.130
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BIBLIOGRAFIA CONSULTADA
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