The Merry Pranksters Anarchitecture / La anarquitectura de los Merry Pranksters, por José Pérez de Lama Dedicado a mi amigo Antonio Saseta Stewart Brand, 1996, How Buildings Learn, Penguin, New York Tom Wolfe, 1968(10edición), The Electric Cool-Aid Acid Test, Black Swan, London, 1998. En español en Anagrama, 1998. Ken Kesey, 1962 (10 edición), One Flew over the Cuckoo´s Nest, Signet, New York, 1991.
Resumen: MacMurphy, un falso enfermo mental acaba de llegar al hospital psiquiátrico y no parece dispuesto a plegarse a la disciplina: En la cabina de cristal la Gran Enfermera ha abierto un paquete con un remite extranjero y está cargando en agujas hipodérmicas el líquido verde lechoso que venía en ampollas dentro del paquete. Una de las enfermeritas, una muchacha con un ojo inquieto que está todo el tiempo mirando preocupada por encima del hombro mientras que el otro se dedica a sus ocupaciones, recoge la pequeña bandeja llena de jeringuillas pero, no se la lleva directamente. "¿Cuál es su opinión, señorita Ratched, acerca de este nuevo paciente? Quiero decir, hmmm, es guapo y amable y todo eso, pero en mi modesta opinión, definitivamente, se impone". La Gran Enfermera prueba una de las agujas en la yema de su dedo. "Tengo miedo -pincha la aguja en el tapón de goma de la ampolla y tira del émbolo hacia arriba- "eso es exactamente lo que el nuevo paciente está planeando: hacerse con el poder. Es lo que aquí denominamos, un subversivo. Señorita Flinn, un hombre que usará a cualquiera y cualquier cosa para sus propios fines." "Pero, bueno, ¿en un hospital mental? ¿Cuál podría ser su propósito?” "Un montón de cosas." Ella está tranquila, sonriente, enfrascada en su trabajo de cargar jeringuillas. "Comodidad y una vida fácil, por ejemplo; el sentimiento de poder y respeto, tal vez; ganancia económica -quizá todo a la vez. Algunas veces el objetivo de un manipulador es simplemente la perturbación del orden por el gusto de la destrucción. Existe este tipo de gente en nuestra sociedad. Un manipulador puede influenciar a los otros pacientes y descentrarlos hasta tal extremo que pueda llevar meses conseguir que todo vuelva a funcionar de nuevo con fluidez. Con la actual filosofía permisiva en los hospitales mentales, es fácil para este tipo de personajes salirse con la suya. Algunos años atrás era muy diferente. Recuerdo que hace algunos años tuvimos aquí a un hombre, un tal señor Taber, en nuesto departamento, se trataba de un intolerable manipulador del orden. Por poco tiempo.” "Pero, ooh", dice la otra enfermera, "qué razón en la tierra podría hacer a un hombre querer desear algo como perturbar nuestro orden, señorita Ratched? ¿Cuáles podrían ser sus motivos...?" Ella corta a la enfermerita pinchando de nuevo la aguja en el tapón de goma de la ampolla, la llena, y la deposita en la bandeja. Observo su mano en busca de otra jeringuilla, la veo apuntar, tirar, y dejarla. "Parece usted olvidar, señorita Flinn, que esto es una institución para enfermos mentales." (Kesey, 1991, p. 29)
Después de escribir Alguien voló sobre el nido del cuco y obtener un gran éxito de crítica y público, el autor de este divertido y a la vez conmovedor manual de inspiración foucaltiana sobre los espacios y los mecanismos de control social, -hiperdesarrollados 30 años después y más reales que nunca-, aterrizó, según nos cuenta Tom Wolfe en The Electric... Acid Test en un hospital psiquiátrico de la Universidad de Stanford para ganar algunos dólares como conejillo de indias en experimentos de conciencia con drogas psicotrópicas como la recién inventada (a finales de los 50) LSD. La revelación producida por estos fármacoss llevó a Kesey a la aventura que se narra en el libro de Tom Wolfe (1968), más experimental entonces que ahora, como correspondía a los tiempos. Kesey reunió en torno a él a un grupo de jóvenes para dedicarse durante algunos años, los mejores de los 60 en California, a la experimentar la identificación de vida y arte, explorando las fronteras de la conciencia psicodelizada, en su comuna en La Honda (Norte de California); en el tour Furthur (sic), en un autobús escolar equipado con todo de tipo de grabadoras y reproductoras de sonido y vídeo, propulsado por zumo de naranja con ácido lisérgico y conducido por un reciclado Neal Cassady, el héroe de la vida real que inspirara el On the Road de Kerouac; y finalmente, los Acid Tests, fiestas psicodélicas en las que se iniciaron los Greatful Dead de Jerry García y donde Kesey y sus colegas inventaron el mixed media entertainment, la creación o modificación psicodélica de espacios mediante el uso de luces, proyecciones, sonido, música, voz... Los Merry Pranksters, que así se llamaba el grupo, algo así como los alegres payasos, acabaron disueltos por la policía y el gobierno estadounidense, confirmando el lema “sabemos que hacemos arte cuando nos persigue la policía”. Una historia parecida a la de Jim Morrison, aunque con final más feliz, pues la mayor parte de los Pranksters continuaron con una vida creativa, Kesey escribiendo y viviendo en el campo con sus hijos; Stewart Brand, como investigador y escritor: autor del libro sobre Nicholas Negroponte y sus trabajos sobre nuevos medios en el MIT de los primeros 80: The Media Lab; de uno de los primeros libros rigurosos y a la vez divulgativos del movimieto verde en USA, The Whole Earth Catalogue, o la obra que ahora comentamos sobre aquitectura, o quizá anarquitectura: How Buildings Learn. Ciberpunks de los 60 Los Pranksters se distanciaron de la onda hippy liderada por Leary, de inspiración orientalista. Mientras el ideal arquitectónico de éstos eran espacios naturales, serenos, en los cuales Gautama, Budha, pudiera llegar desde el siglo IV a.C. y sentirse como en casa, el estilo del grupo de Kesey era más bien un antecedente del ciberpunk: alta tecnología farmacológica, de sonido y visual mezclada con arte efímero, basurístico, pop, música de Los Beatles, colores fosforescentes, disfraces, ropa y collares indios, monos de trabajo, cascos de bombero, parafernalia de los Hells Angels, -una de las tribus con las que conectaron-, autobuses, coches, tv. Los Acid Tests eran fiestas psicodélicas en las que, con la ayuda de fármacos y montajes de luz y sonido dirigidas por los Pranksters, que acompañaban con sus rapeados y performances, los asistentes alcanzaban una visión diferente del mundo... Os lo imaginais. Peter Cook los cita como una de las fuentes de inspiración de Archigram en su estancia en Los Angeles durante los 60. Tom Wolfe reproduce una guapa descripción de las ideas de Ken Kesey acerca de un espacio específicamente construido para el acid test,
aunque en realidad éstos se celebraron siempre en salas de conciertos, naves o incluso casas particulares. En efecto, los Pranksters celebraron el primero de los acid tests en una casa alquilada a un afroamericano en San Francisco, próxima al estadio donde tocaban los Rolling Stones aquella misma noche. Kesey y sus compañeros repartieron a la salida del concierto flyers que decían algo así como ")Te atreves a dar buen uso a la energía que has generado esta noche?)Te atreves a pasar el acid test?" Durante meses Kesey había estado dedicado a la fantasía de una Cúpula. Iba a ser una gran cúpula geodésica situada sobre una basa cilíndrica. Tendría la imagen de una enorme seta. Múltiples niveles. La gente ascendería por unas escaleras cilíndricas y la gran cúpula tendría un suelo de goma-espuma donde podría tumbarse. Integrados en la goma espuma, bajo el nivel del suelo, habría proyectores de cine, proyectores de vídeo, proyectores de luz. En todas partes, arriba en la cúpula, por todos lados habría altavoces, micrófonos, grabadoras, live, en replay o con variable lag (retrasos variables). La gente podría tomar LSD o speed o fumar hierba y recostarse y experimentar lo que sintieran, rodeados y sumergidos en un planeta de luces y sonidos tales que el universo antes no hubiera conocido. Luces, películas, cintas de vídeo, grabaciones de vídeo de ellos mismos, flaseando y ondulando sobre la cúpula desde sus propios cuerpos. Los sonidos arremolinándose en el globo como un tifón. Películas y cintas del pasado, cintas y vídeos, retransmisiones e imágenes del presente, cintas y sonidos humanoides del futuro -pero todo presentado a la vez ahora - aquí y ahora -Kairos (1)- en la corteza cerebral expandida. La idea iba más allá de lo que luego se ha dado a llamar como mixed media entertainment, ahora (1968) una práctica estándar en las discotecas psicodélicas... Los Pranksters tenían el súper-medio, la cuarta dimensión -el ácido - Cosmo - la Unidad - el Control - la Película... Se trataba de una espectáculo (fiesta?) donde no había separación entre actores y espectadores... (Wolfe, 1998, pp. 205-206)
(1) Kairos término de la historia de la religiones que es algo así como una revelación instantánea del sentido de la vida y de la Unidad de los seres vivos entre sí y con el mundo.
Sin duda se trata del mismo espíritu de los espacios que proyectaron posteriormente los Archigram para sus Instant Cities y se trata de un antecedente contemporáneo de los diseños efímeros para las rave de los 80 y los clubs y las fiestas (tecno) de los 90, -e incluso la realidad virtual del 2000-; aunque cada uno de los espacios para la fiesta se hayan concebido para y desde la percepción favorecida por las drogas de moda en cada época, entre las que habría que destacar la revolución que supuso en la escena nocturna, a principios de los 90, la introducción de los X. Cómo aprenden los edificios Adquirí este libro hace un par de años en la tienda de la GSAUP de UCLA (la Graduate School of Architecture and Urban Planning de la Universidad de California en Los Angeles). En general me gusta ver los manuales de las escuelas de arquitectura que visito. Hojeé éste sin ninguna idea preconcebida, desde luego, sin saber que el autor hubiera sido uno de los Merry Pranksters. Lo compré y luego al cabo del tiempo lo leí y quedé fascinado por las historias, los planteamientos frescos y creativos, a veces
conocidos y otras insospechados, con los que el autor intentaba explicar por qué los edificios son o no queridos por sus habitantes/usuarios. Uno de los pocos libros de arquitectura que me han divertido mucho. La idea general que queda del libro es que los edificios, como las ciudades, son realidades en continua transformación, y que esta capacidad de cambiar es la que hace que sean buena arquitectura, o quizá hoy, con Matta Clark y otros, buena anarquitectura. Expliqué bastantes de estas historias en clase, antes de descubrir este año, leyendo las primeras páginas de The Electric...Acid Test que Brand era uno de los Pranksters, delgado y con pelo largo, con una corbata de cuentas indias y un chalequillo de cuero sin nada debajo, conduciendo un descapotable lleno de acid heads en los días críticos de San Francisco en los que los hippies y los pranksters parecía que iban a cambiar el mundo. El descubrimiento me hizo releer el libro y que lo disfrutara aún más. Entre las historias más atractivas contadas por Brand está la del legendario edificio 20 de MIT, un barracón lineal construido con urgencia en la coyuntura de la guerra mundial, que desde entonces es el preferido por todos los investigadores de la universidad, y que desde entonces ha estado amenazado por su sustitución por un "edificio de verdad". Los habitantes del edificio pueden hacer agujeros en las paredes, cerra o ensanchar las ventanas, unir dos despachos tirando una partición de madera para volver a separarlos en tres con una nueva distribución a los dos años, desmontar el techo para colocar una intranet o un aparato de dimensiones insospechadas, etc. Esta forma de usar la edificación favorece según Brand la innovación, uno de los fines de las universidades y uno de las fuentes de creación de valor fundamentales en la era informacional. (Durante los últimos años promovimos, Antonio Saseta y yo, con un cierto éxito este estilo innovador de uso de la edificación entre nuestros estudiantes en la ETS de Arquitectura de Sevilla. (Sin embargo, además de un cierto grado de innovación y bastante diversión, también obtuvimos como resultado una cierta incomprensión por parte de los compañeros y alguna que otra amenaza de expediente! Otra de las ideas desarrolladas por Brand es la del denominado Scenario-Buffered Design. Aquí Brand reflexiona acerca del diseño de nuevas construcciones o la intervención en antiguas, aplicando la teoría del diseño estratégico y participativo, de origen empresarial, a la arquitectura. Una serie de reglas básicas, inspiradas en el ajedrez, dan una idea de sus planteamientos: 01. Favorezca movimientos que incrementen las opciones. Evite movimientos que acaban bien pero requieren recortar posibilidades de elección. / 02. Trabaje desde posiciones fuertes rodeadas de otras posiciones fuertes. / 03. Sobredimensione la estructura de manera que pueda resistir cargas mayores en el futuro o ampliarse el número de plantas. / 04. Proyecte espacios sobredimensionados (loose fit) antes que espacios infradimensionados. / 05. Separe áreas con diferentes ritmos de cambio y diséñelas de manera diferente. / 06. Trabaje con formas y materiales que permitan un crecimiento fácil, en el interior y en el exterior. / 07. Use materiales que se encuentren localmente, serán más fáciles de conseguir para mantenimiento o ampliaciones. / 09. Un edificio espacialmente diverso es más fácil de transformar que uno espacialmente monótono. / 10. Los espacios de dimensiones medias-pequeñas acomodan mayor variedad de usos. / 11. Cuando esté en duda, añada espacio de almacenamiento. / 12. Diseñe de forma flexible y genérica en relación con la alta tecnología. Se equivocará en cuanto a lo que viene, y cualquier cosa que venga cambiará rápidamente en cualquier caso. / 13. Tomar la aproximación estratégica puede suponer posponer muchas
decisiones de diseño y dejarlas en manos de los futuros usuarios. / 14. Algunas áreas de la edificación pueden dejarse cocinadas -con alto nivel de acabado- y otras crudas -no acabadas pero usables. Concéntrese en la estructura frente a los detalles. / 15. Una forma de institucionalizar el caos general que caracteriza un sistema orientado a la continua variación consiste en dispersar el poder de diseño entre los usuarios individuales mientras habitan el edificio. En cuanto a mí, los tres libros reafirman mi confianza en los heads. Como MacMurphy volando sobre el nido del cuco, los sesenteros y sus ideas no sólo siguen consiguiendo hacer del mundo un lugar mejor, sino que, además, el suyo es un mundo mucho más divertido.#
Traducciones de José Pérez de Lama, noviembre 1999 Publicado en la revista Pasajes de Arquitectura y Crítica, 2000