LETRAS PERUANAS, REVISTA DE HUMANIDADES / Marcel Velázquez Castro
Letras Peruanas. Edición facsimilar. Lima: Universidad de San Martín de Porres. Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación, 2003. El Perú ha sido campo fértil de revistas culturales desde fines del siglo XVIII. Letras Peruanas constituye un momento privilegiado en esa larga historia: su fervorosa vocación peruanista, su clara apuesta por los jóvenes escritores de la denominada Generación del 50, su preocupación por las promesas y amenazas del país y su voluntad de inscribirse en una concepción humanista donde la literatura convive naturalmente con la filosofía, la lingüística, la pintura, el cine, la música, la antropología y la historia la convierten en una experiencia cultural altamente significativa.
1. Revistas culturales y comunidad nacional
Las mejores revistas culturales constituyen hitos centrales en la formación de los procesos de identidad de una comunidad social. Una revista no es sólo una extraordinaria aventura colectiva, sino la creación de un espacio que contribuye a diseñar una comunidad imaginada de lectores y de ciudadanos. En el Perú tenemos una notable, aunque poco conocida, tradición de revistas culturales. El final del siglo XVIII, período clave en la historia de las ideas, está signado por el fundacional Mercurio Peruano (1791-1795) que consolida la conciencia de la diferencia y especificidad de nuestra nacionalidad. El siglo XIX se encuentra poblado de revistas donde el aspecto cultural o literario era predominante; por la calidad de sus textos y su significación en la historia de la cultura peruana debe mencionarse: La Revista de Lima (1859 –1863/1873) asociada al proyecto nacional limeño criollo y al naciente Partido Civil, El Correo del Perú (1871-1878) y El Perú Ilustrado (1887-1892). Las primeras décadas del siglo XX nos remiten a un periodo fecundo en revistas, donde destacan dos revistas de signo muy distinto: Mercurio Peruano, revista mensual de ciencias sociales y letras, (1918-1931) (1938-1973) (1978) dirigido por Víctor Andrés Belaunde y la excepcional Amauta (1926-1930) dirigida por José Carlos Mariátegui. Hacia mediados del siglo destacan nítidamente Las Moradas (1947-1949), Mar del Sur (1948-1953) y Letras Peruanas (1951-54/62-63). En las últimas décadas, caracterizadas por la especialización y la proliferación de revistas, cabe mencionar a Amaru (1967 – 1971). Todas las revistas mencionadas en esta sucinta enumeración han enfrentado problemas comunes y han luchado tenazmente por construir un campo cultural dinámico y creativo, han apostado por el noble sueño de los sujetos (léase lectores) libres y conscientes en una sociedad donde las letras y las artes ocupan una posición marginal y minoritaria. La vigencia de esta utopía se ve corroborada por las revistas de jóvenes que irrumpen en la actualidad.
2. Pluralidad generacional y vocación peruanista
La reciente edición del Instituto de Investigaciones de la Escuela Profesional de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Martín de Porres recupera y difunde uno de los hitos en nuestra rica tradición de revistas culturales. La cuidada edición ha estado a cargo de Ismael Pinto, acucioso investigador literario, y contiene un texto introductorio de Jorge Puccinelli. El índice hemerográfico ha sido realizado por Elizabeth Toguchi Kayoy y constituye una guía imprescindible para los estudiosos.
“Su orientación definidamente peruanista, no ajena a la preocupación por todo lo humano, aspiraba a insertar lo nuestro en lo universal (...) se mantuvo como un fecundo equipo de trabajo juvenil, al margen de las capillas literarias y lejos de intereses de círculo o de clan y de los frecuentes vetos que enrarecen la atmósfera intelectual del Perú”. Estas palabras de Jorge Puccinelli condensan el carácter de esta revista: su necesidad de participar como interlocutores y productores de los debates culturales de su época, la proyección omnívora (literatura, filosofía, historia, pintura, arquitectura, etcétera); el delicado equilibrio entre lo propio y lo ajeno que amplía la mirada y multiplica las perspectivas. Toda revista lleva la impronta de su director. La radical apertura a diversos grupos generacionales revela esta búsqueda de diálogo y necesidad de construcción de una continuidad cultural que rige no solo la obra sino también la vida de Jorge Puccinelli. Su generosidad intelectual, su constante atención a las nuevas voces de la literatura peruana y su indeclinable bibliofilia lo convierten en un modelo para cualquier investigador. Por ello, esta revista proyecta mesura y equilibrio en sus opiniones sociopolíticas; lejos de la fácil alabanza y el injustificado vituperio, construye una posición intermedia seducida por la tradición y simultáneamente avizorando los nuevos horizontes. La propuesta implícita de Letras peruanas se fundamenta en una primacía del campo literario para representar y re-construir nuestra identidad cultural. Los espacios artísticos de Lima y la cultura de elites aparecen como los vectores hegemónicos; por ello, la escasa presencia de escritores asentados en la provincia y la insuficiente preocupación por los productos culturales populares.
3. La estructura de Letras Peruanas
El primer número de la revista presentaba a Jorge Puccinelli como director y a Alberto Escobar, Enrique González Dittoni, Walter Peñaloza R., Miguel Reynel, Augusto Salazar Bondy, Alberto Sommaruga y Carlos Eduardo Zavaleta como miembros del consejo de redacción. Esta revista se dividía en cinco secciones. Una primera innominada que reunía los artículos centrales y textos literarios (poesía y narrativa), una segunda denominada Entre libros que contenía una minuciosa presentación de libros y folletos aparecidos en el Perú y algunas reseñas sobre libros nacionales y extranjeros. La tercera se titulaba Cine y contenía críticas sobre películas latinoamericanas, norteamericanas y europeas, a partir del quinto número también se incluye eventualmente comentarios sobre teatro. Proseguía la deliciosa y perversa sección SIC que desplegaba, bajo la sentencia latina ita scriptum, scriptum est, comentarios irónicos de los errores sintácticos o semánticos de libros y revistas contemporáneos. No solo gazapos sino también argumentaciones inconsistentes o delirantes eran exhibidos, imposible no filiarla con la temida sección Correo Franco de Clemente Palma en Variedades. El director de la revista era el responsable de esta batalla por el buen escribir y el pensar claro. Finalmente, la revista se cerraba con una sección de Arte donde destacados críticos plásticos como Szyslo y otros escribían sobre los avatares de la pintura, el grabado y la escultura contemporánea. Aunque en algunos números faltase alguna de ellas, estas cinco secciones fueron la estructura básica de la revista. No debe olvidarse que la revista mereció siempre el apoyo de la empresa privada que mediante publicidad cubrió parte de los costos editoriales, prueba tangible de los mejores días del binomio empresa y cultura. Entre estos avisos publicitarios, los de la célebre librería de Juan Mejía Baca y los de la Editorial Losada constituyen un itinerario por las lecturas de la época. El origen de esta revista y su devenir se vio favorecido por la concentración de intelectuales y profesores jóvenes (Jorge Puccinelli, Alberto Escobar, entre otros) de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y los escritores de la Generación del 50 que iniciaban sus publicaciones. Dos acontecimientos académicos asociados a los 450 años de la Universidad sirvieron de estímulo y fuente de artículos para la revista: el Primer Congreso Internacional de Peruanistas y el Congreso Internacional de Filosofía, ambos en 1951. En un plano ideológico cabe recordar que son los años de la hegemonía del existencialismo francés (las traducciones de filósofos e intelectuales franceses para la revista las realizaba Víctor Li Carrillo), aunque en la revista todavía el vínculo con la cultura hispana es todavía hegemónico por la marcada influencia de Raúl Porras Berrenechea.
Entre los múltiples textos de esta revista destacan los artículos de crítica literaria de José Gálvez, Cesar A. Caballero, Martín Adán, Estuardo Núñez, Alberto Tauro, Washington Delgado, André Coyné, Carlos Eduardo Zavaleta, Alberto Escobar, Teodoro Meneses, Luis Loayza, Armando Zubizarreta; las apreciaciones sobre pintura realizadas por Szyslo; las reflexiones filosóficas de Salazar Bondy, Walter Peñaloza, Víctor Li Carrillo, Honorio Delgado; los poemas de Sologuren, Delgado, Guevara, Chariarse, Valera, Francisco Bendezú, Alejandro Romualdo, las narraciones de Arguedas, Ribeyro y Zavaleta, Eleodoro Vargas Vicuña, Rubén Sueldo Guevara, los estudios históricos de Porras y Valcárcel y Emilio Mendizábal Losack; los textos de intelectuales europeos como Karl Jaspers, Julián Marías, Guillermo Díaz Plaja, Gabriel Marcel entre otros. En la segunda etapa de la revista (19621963) se suman como colaboradores Winston Orrillo con notas críticas, Antonio Cisneros, Javier Heraud y Arturo Corcuera con poemas y Manuel Velázquez con fábulas.
4. El legado de Letras Peruanas
En la década de los cincuenta Lima se convierte en una ciudad moderna donde empiezan a coexistir los barrios miserables con zonas residenciales, donde la multitud anónima desplaza al sujeto individual, donde el capital simbólico reservado a una minoría empieza a diseminarse. Surge este heterogéneo espacio de hibridación de lo andino y lo occidental. La modernización diseña un nuevo paisaje socioeconómico, y una incipiente modernidad empieza a perfilarse (el voto a la mujer, por ejemplo). Sin embargo, también son los años del autoritarismo político que se apoderará de la dinámica de la modernización y dificultará la plena experiencia de lo moderno sobre todo en las esferas políticas y económicas. La cultura moderna obtiene logros significativos en la novela, la poesía y la pintura, se vuelve a pensar la compleja relación entre lo andino y lo urbano, y se intenta una modernización de la producción, distribución y consumo de los bienes simbólicos; sin embargo, no se logra liquidar las formas tradicionales de creación e intercambio simbólico que legitimaban un orden donde las diferencias eran concebidas como desigualdades. Letras Peruanas participa en estos complejos procesos que sentaron las bases para poder experimentar plenamente desde las letras y las artes el vértigo de la vida moderna. El interés por al cine y los contactos con los intelectuales peruanos radicados en Europa anticipan ya el futuro peso de la cultura de masas en toda reflexión cultural y el importante significado de los flujos migratorios en las redefiniciones de los espacios culturales.
Quisiera terminar con una reflexión que vincula Letras Peruanas con Las Moradas. Una amarga lección que se puede desprender de la lectura de Las Moaradas es que el ciclo de las revistas totales –espejo refractor de todas las dimensiones de la cultura– se cierra con ella. Paralelamente, Letras Peruanas es quizá la última revista que dentro del campo de las humanidades presenta una visión integral. En los últimos cincuenta años el imperio de la cantidad ha desplazado el reino de la calidad, la fragmentación y la especialización imponen horizontes cada vez más estrechos: las revistas contemporáneas si no quieren caer en el ridículo o en el democrático encanto de la superficialidad deben conformarse con una franja de la totalidad. Quizá por ello el inmenso placer y la grata sensación de recuperar la mirada ilimitada en las ciencias humanas cuando recorremos Letras Peruanas.