EXTRACTO DEL LIBRO “BREVE MANUAL DE SEXOLOGÍA”

EXTRACTO DEL LIBRO “BREVE MANUAL DE SEXOLOGÍA”1 DR. GASTON BOERO © “…debo referirme a la sexualidad en la tercera edad, donde hombres y mujeres son reprimidos por los mismos elementos, dado que se consideran fuera de esta actividad solo porque han envejecido. Los viejos sexualmente no existen, (los niños tampoco), por lo tanto no debemos ocuparnos de estas cuestiones en ellos. Dado que la sociedad es juvenista y utilitaria, que la productividad es la base de la vida moderna, demás está ocuparse de quienes poco aportan económicamente. Es más, constituyen una carga social, son la verdadera deuda externa de estos piases. Es el colmo de los colmos que pretendan que los atendamos por problemas sexuales vergonzosos y vergonzantes. Claro que quienes así lo dicen olvidan que el tiempo es inexorable y ellos también llegarán a viejos. Como bien dice Daniel Pennac “envejecer es el único medio que he podido encontrar para no morir joven”. Aún con el criterio fálico social, se tolera, se acepta que los hombres mayores conserven su “virilidad” (si tienen plata mejor) en tanto que la mujer es degradada a la inutilidad, y los médicos hemos contribuido de manera ostensible en este sentido, contribuyendo a crear el estereotipo médico que considera la menopausia como una carencia grave y a las menopáusicas como un grupo de mujeres trastornadas e inestables que necesitan tratamiento médico. “ ADULTOS MAYORES Hasta aquí la explicación de la función sexual tal cual la hemos estudiado en los últimos 30 años, tan ocultada hasta entonces. Cuando hablamos de lo normal o anormal, nos estamos refiriendo a las alteraciones que esta función nos ofrece debido a causas diversas que el sexólogo clínico debe estudiar, diagnosticar y corregir. Pero no me puedo ir del tema sin aclarar los aspectos que de esta función también la sociedad hace escarnio. Me refiero a la sexualidad de los adultos mayores, que así se denominan ahora los veteranos, ancianos o viejos, a los que se les niega el derecho al placer simplemente porque el sexo es cuestión de gente joven y sana. Los viejos, enfermos o no, están para otros menesteres. Cuidar los nietos o dedicarse a obras sociales. O vegetar solos en hospedajes donde se les deposita como a los trastos usados. Además forman parte del déficit fiscal que debemos enjugar de cualquier manera . ¡Cómo van a pretender tener sexo entre ellos o con otras gentes menores! Claro que si son hombres y tienen guita, pueden entrar en la categoría de “viejos verdes” e incluso figurar en el jet set vernáculo en compañía de esas mujeres jóvenes y lindas que están “perdidamente enamoradas” por los valores “espirituales” de los tales sujetos. Vaya sociedad la que tenemos. Pero fuera de estos casos hay una población importante que debe ser tenida en cuenta y cuyas alteraciones sexuales han sido perfectamente estudiadas, y que, vaya casualidad, no difieren de las de los jóvenes. Ni en su estudio, ni en su diagnóstico, ni en su tratamiento. Les puedo decir por experiencia 1 La presente selección fue autorizada expresamente por su autor. propia que son las personas que mejor marchan desde el punto de vista de los resultados ya que tienen clara consciencia del tiempo que les queda ( a esta edad miramos la vida desde la muerte) y por lo tanto aprenden muy rápido a corregir sus disfunciones. Hay consideraciones previas que debo hacer, de carácter social y general, pero también diferentes según se trate de mujeres o de hombres porque nos plantean distintas opciones. Estadísticamente se ha establecido el gran aumento de la expectativa de vida que se ha experimentado en el siglo XX, particularmente en su segunda mitad. Si en 1950 teníamos un promedio de 58 a 60 años, siempre algo mas para las mujeres, al final del siglo los valores pueden establecerse en 76 años para la mujer, y alrededor de los 70 para el hombre. Ello significa que hay mucha gente por encima de los 80, que vemos en buenas condiciones de salud, que desarrollan actividades múltiples que 50 años atrás no eran concebidas para ellos. Como ginecólogo recibido en la década de los 50, poca consideración tenía hacia el climaterio. Me preocupaban las infecciones y en grado mayor los tumores malignos. Las cosas son muy distintas en el comienzo del siglo XXI. El estudio de la menopausia ha dado lugar a la creación de verdaderas subespecialidades dentro de la Ginecología. A su vez la Geriatría y la Gerontología tienen sus propias reglas de estudio. Todo ello ha sucedido simplemente porque la vida se ha prolongado en cifras respetables en pocos años. No existían estas especialidades por la razón del artillero: la gente se moría antes y no daba lugar a tales estudios. Pero en este país, que tiene una población pequeña, es fácil darse cuenta de los cambios producidos, ya que sobre 3.200.000 millones de habitantes mas de 600.000 mil están dentro de las edades de referencia. A los 60 años, ningún hombre o ninguna mujer en el momento actual se considera anciano, aunque los cronistas policiales en particular, siguen hablando de sexagenarios para dar la impresión de vejez. Es que los cambios en la sociedad tardan en reflejarse en las expresiones y en el sentimiento de sus miembros, que siguen apegados a lo que se considera de manera tradicional como verdadero. Así se mantienen esas expresiones obsoletas que están reñidas con la realidad actual. Si esto sucede a nivel general, uno se pregunta que pasa con la sexualidad de estas personas. Pasa lo de siempre. Se la niega. No existe. Y si existe, mejor ocultarla porque esa cuestión, el sexo, es de gente joven. Los viejos no están capacitados, y menos autorizados a tales manifestaciones. Por eso están sometidos a una represión sexual tan feroz como la que soportaron cuando niños. La generación represora está justamente en los dueños del sexo. la que se considera generación productiva. En este mundo utilitario los que tienen derecho al placer son aquellos que producen bienes, trabajo, riqueza. Que por algo se rompen. Los mayores están destinados a otras tareas supletorias como el cuidado de los nietos y el colaborar con los jóvenes que disponen de poco tiempo ya que están afanados en su trabajo, y cuyo tiempo libre, el de los jóvenes, debe estar destinado al descanso y el amor que se merecen. Tiene esa generación la característica de disponer de la represión sexual en dos sentidos. Hacia abajo, con sus hijos, y hacia arriba, con sus padres. Es la generación bisagra. Lo que olvidan es que los años también pasan para ellos, y cuando quieran acordar están ya en esas edades provectas que ahora desestiman. “Envejecer es el único medio que he podido encontrar para no morir joven” al decir de Daniel Pennac. Ahora bien, si en todas las edades las ideas equivocadas, los falsos conceptos referidos al sexo han estado presentes, en esta etapa de la vida, simplemente por arrastre de convicciones añejas, el predomino de estos hechos es manifiesto, tanto que es lo primero que debemos empezar a corregir. A ello se agrega el hecho de que anteriormente era difícil estudiar la respuesta sexual de esta gente por las dificultades sociales creadas al respecto, por la poca gente que llegaba a estas edades y se prestaba a tales estudios. Fue una de las dificultades que tuvieron Masters y Johnson, pese a lo cual realizaron los estudios básicos al respecto. Los que trabajamos en la Sexología somos los que hemos seguido ese camino, y en la actualidad la experiencia del Consultorio Sexológico me permite opinar con conocimiento de causa. Lo que hemos progresado, pacientes y sexólogos en este terreno, es incalculable. Y digo pacientes, porque ellos, tanto hombres como mujeres, han asumido su derecho a ejercer la sexualidad y saber respecto a la misma cuando aparecen dificultades. En los últimos diez años puedo decir que hemos revertido esa situación de ignorancia y abandono en la que estaban los adultos mayores, carentes de comprensión y asistencia, viviendo angustiados sus últimos años, ocultando su problemas de los que ni siquiera tenían derecho a hablar. Si hemos establecido y aceptado que la función sexual tiene tres componentes deseo, excitación y orgasmo que en ese orden se suceden, se debe entender de manera irrefutable que una persona cualquiera sea su sexo, por el solo hecho de tener mas de 60 años no se va a olvidar de las experiencias vividas en el terreno sexual. Que esas vivencias están registradas en el “disco duro” de cada uno, que permanecen irrevocables en el sistema límbico, y que mantienen vivos en el sujeto el deseo de repetirlas ya que han sido fuente de placer y bienestar al que se tiene derecho a volver, siempre que los sistemas se mantengan incólumes. O acaso uno puede dejar de pensar así como así. Los disparadores sexuales están siempre presentes, y bastan estímulos intelectuales o sensoriales para que afloren nuevamente. Nadie, absolutamente nadie, puede obligar a una persona a dejar de pensar. El pensamiento es lo único absolutamente libre de que disponemos los humanos. No se lo puede yugular, no hay dictadura ni dictador que lo frene, e incluso aquellos que están en las peores condiciones de reclusión y tortura, disponen de su pensamiento para ser libres. En consecuencia es absolutamente imposible decirles a las personas mayores que dejen su sexualidad de lado, que se alejen de la misma, que por razones de edad están inhabilitados de ejercerla. Esa dictadura que quieren imponer los que se consideran dueños de la producción y de los bienes, les impide saber que no son en absoluto los dueños de la sexualidad de las personas, ni son quienes para ejercer esa represión. Eso lo voy a defender con uñas y dientes, y mi pluma siempre va a estar al servicio de los interesados en liberarse, así como en explicarles lo que les sucede y como resolver sus problemas sexuales cuando aparecen. En eso estoy ahora. Pero en esta consideración, decía antes que hay aspectos que competen a las mujeres, distintos de los que competen a los hombres. Empezaremos por lo que tienen en común: el paso de los años, el envejecimiento. Eso es común a ambos sexos. Juegan en el paso de los años los factores genéticos en primer lugar. Todos saben de familias de longevos como de vida corta. Debemos tener en cuenta que ese factor primordial se puede beneficiar de acuerdo a distintos hábitos que hacen a la calidad de vida. Actualmente las mujeres se han incorporado al mercado de trabajo, que a principios del siglo XX era casi exclusivo de los hombres. A título de ejemplo, en la actualidad nuestra Facultad de Medicina tiene más mujeres que hombres, cuando se celebró como un hecho inusual a principios de siglo, la presencia de las hermanas Luisi en sus aulas. Cada vez vemos como todas las profesiones y oficios que fueron considerados patrimonio del sexo masculino, actualmente pueden ser desempeñadas por mujeres. Si bien es cierto que hasta los 50 años las mujeres están protegidas por sus hormonas de accidentes cardiovasculares y los hombres los sufren con frecuencia mayor, al igualar a los mismos en trabajo, tensiones y adoptar malas costumbres (tabaco, alcohol) las estadísticas las están acercando a la morbilidad masculina. Antes era raro un cáncer de pulmón en la mujer. Hoy, en razón de que fuman igual o más que los hombres, las cifras tienden a igualarse. Entonces el factor genético debe ser acompañado por medidas que hacen al régimen alimentario, a la higiene corporal (ejercicio físico), evitación del estrés, etc., factores que son comunes a ambos sexos en los que el paso de los años incide de manera similar. Sin embargo, aún en estas circunstancias, es dable observar que la mujer presenta menor incidencia de afecciones cardiovasculares, porque las hormonas del ovario la protegen, cosa que no sucede con los hombres que las padecen en la década de los 40. Pero a partir del cese de la actividad ovárica, la mujer aumenta esas afecciones y las sobrepasa en un 13 a 14% mas que el hombre. El paso de los años afecta a todas las funciones por igual y dentro de las mismas la función sexual no es una excepción. El decaimiento de los sistemas que actúan en esta función se ve reflejado en factores tales como frecuencia, retardo en la respuesta, reflejos demorados. Pero ello no quiere decir que desaparezca la función. Tiene otras características que los interesados deben conocer. Lo que tienen diferente hombres y mujeres es el climaterio, que para expresar como la gente conoce voy a designar con el nombre de menopausia. (Este significa última menstruación, pero el uso común hace del término menopausia sinónimo de climaterio) ¿ Qué es la menopausia ? La OMS la define como “el cese de las menstruaciones que resulta de la pérdida de la actividad folicular”. Me explico: el ovario tiene una unidad funcional que se llama folículo en el interior del cual está contenido el óvulo, célula femenina de la reproducción, y el líquido folicular constituido por las hormonas femeninas, en especial el estradiol. Se tiene un número predeterminado de folículos desde el momento de la concepción que en el curso de la vida intra y extrauterina se van perdiendo de modo inexorable, de modo que al llegar a los 50 años promedio, dejan de funcionar, desaparecen. La mujer entra en este caso de manera espontánea en la llamada menopausia . Si le quitamos los ovarios en una operación provocamos lo mismo pero de manera artificial: menopausia quirúrgica. Si le quitamos el útero pero dejamos los ovarios, aunque no menstrúa no entra en menopausia hasta los 50 años, en que desaparecen los folículos. Tales las variantes que determina la OMS. De lo cual se deduce que la mujer presenta una incapacidad ovárica o insuficiencia ovárica en sus dos funciones: la reproducción y el mantenimiento del buen estado o trofismo de los tejidos que dependen de las hormonas femeninas. Ello provoca una serie de alteraciones en el delicado equilibrio hormonal que caracteriza la etapa reproductiva de la mujer. Esto altera los neurotransmisores del sistema nervioso central, que en cascada determinan aumento de prehormonas y hormonas del eje hipotalamo-hipofisario, que al no tener el freno de las hormonas ováricas, son responsables de muchas de las manifestaciones de la menopausia. Este desequilibrio busca su propio equilibrio, apareciendo predominio de hormonas en particular la masculina, que se elaboran en el propio ovario, pero también en la suprarrenal y en la conversión hormonal que se realiza en el tejido graso periférico, lo que hace que las obesas tengan manifestaciones menos marcadas. La consecuencia de todo lo descrito someramente se expresa en la aparición de cambios que tienen lugar en las esferas vegetativa, metabólica y psíquica. Por ello medicalizando las tales manifestaciones hablamos de síntomas vegetativos: sofocos, sudoraciones, palpitaciones, vértigos, opresión debidos a que el ovario no frena por carencia de estradiol las gonadotrofinas de la hipófisis destinadas a su estímulo (del ovario). A su vez las alteraciones o síntomas metabólicos expresados por osteoporosis, arterioesclerosis, atrofia genital y vesical, atrofia cutánea, obedecen a que la hormona femenina que ya no está, tiene un efecto protector en el mantenimiento y bienestar de esos tejidos (trofismo). Por último los síntomas psíquicos, irritabilidad, depresión, ansiedad, insomnio, disminución del deseo, forman parte de este complejo de carencia que es la menopausia. Como desaparece la reproducción hasta hace poco se decía que la mujer cesaba en su edad genital activa, recogiendo el criterio popular de que cesadas las menstruaciones la sexualidad desaparece, de donde la mujer al carecer de la fertilidad carece de todo. Es la complicidad de la Medicina con el sistema de creencias de la sociedad toda. Hoy hilamos mas fino y decimos que la mujer entra en la etapa pos reproductiva de su vida, y nada más. Es interesante notar como las manifestaciones psíquicas son las que marcan la menopausia en el sentir popular, tanto que se hace sinónimo ese término con el estar “piantada” en ese lapso de la vida de la mujer. Y vean sinó lo que dice el Diccionario de la Real Academia en 1780 cuando se refiere al término climaterio: “peligroso el año tenido supersticiosamente como aciago. El tiempo enfermo por el temperamento o por sus circunstancias. Se está climatérica cuando se tiene mal humor.” Hoy sabemos que el promedio de vida excede en la mujer los 75 años en nuestro país. Por lo tanto debemos estar preparados para atender esta población que cada día es mayor. Los avances realizados en ese sentido son enormes, y solamente quien no lo desee está fuera de sus beneficios. Al conocer la acción de las hormonas femeninas, en particular los estrógenos, se han hecho estudios cuantitativos y cualitativos sobre el empleo de los mismos en beneficio de la salud, y sobre todo en la calidad de vida que ellos proporcionan. Baste mencionar que evitan la osteoporosis, protegen el corazón mejorando el metabolismo lipídico, la arteriosclerosis por el mismo mecanismo, la atrofia vesical, la atrofia vaginal y vulvar (respuesta sexual), la elasticidad de piel y sus faneras (uñas y cabellos), las alteraciones vegetativas que mejoran y desaparecen (tufaradas y sudoraciones), las molestias psíquicas, mejorando el carácter, el sueño, el deseo sexual que se ve robustecido, etc., etc. Por ello defiendo, aconsejo e indico la terapia de sustitución hormonal, que junto con una correcta alimentación, y el ejercicio físico adecuado para cada edad, son los pilares que le van a permitir a estas mujeres antaño relegadas a menesteres caseros y cariños vicariantes vivir sus últimos años en este mundo de una manera que valga la pena. Por supuesto que si alguien prefiere hacerlo “a la antigua” está en su pleno derecho y no me opongo. Son opciones y elecciones. Lo que no voy a discutir es la opinión de mis colegas en relación al “peligro” de estas hormonas y el cáncer. Les aconsejo que busquen las estadísticas publicadas en el 2000 al respecto. Pero sobre todo le pido a mis colegas que aparte de estar informados sean coherentes en sus opiniones. Que participen con sus Sociedades respectivas en la discusión sana de estos temas, y que cuando expresen sus opiniones ya sea en el Consultorio o públicamente no colidan entre sí, lo que ocasiona un desconcierto total en la gente, que luego discute sus opiniones encontradas y se halla completamente desnorteada al respecto. Desde el punto de vista de la respuesta sexual, evidentemente debemos recurrir en la parte experimental a los estudios que realizaron Masters y Johnson. Ellos comprobaron las alteraciones que la falta de hormonas provoca en la misma en lo que llamaron mujeres añosas. No tenían en ese entonces el reemplazo hormonal actual. Sin embargo en las conclusiones surge claro que aquellas mujeres que tenían una vida sexual activa y placentera, al mantener la actividad se desenvolvían igual o mejor ya que desaparecía el temor al embarazo. La lubricación se veía más disminuida en quienes espaciaban sus relaciones, y en ellas aparecía el dolor por afinamiento vaginal, así como trastornos vesicales. Pero si bien el orgasmo presentaba menores contracciones que en épocas jóvenes, seguía existiendo con las mismas características. La respuesta es más lenta en su período de excitación, pero no deja de estar presente. Hacen mucho hincapié en la falta de hormonas que la consideran como el elemento que provoca más resquemores en las relaciones a esta altura de la vida. Pero también influye el desempeño que se tenía antes de llegar a esta etapa. Evidentemente yo tengo ventajas inapreciables sobre mis maestros, puesto que dispongo de la terapia de reemplazo. Pero debo reconocer con ellos que lo que importa es el saber como vive su sexualidad la mujer que nos consulta. Hay un grupo etario que frisa actualmente los 60 a 70 años en donde la falta de orgasmo estuvo y sigue estando presente en estas “madres sacrificadas” cuya sexualidad estuvo reducida a la reproducción. Muchas me han llamado llorando para expresarme que nunca han experimentado un orgasmo, y que pueden hacer. La respuesta es simple, se les debe enseñar el camino al placer, como se hace con las jóvenes que presentan el mismo problema. Claro que hay que vencer resistencias muy añejas, pero si existe la disposición, el problema se resuelve. Hay que pelear también con los preconceptos referidos al sexo y la edad a que hice alusión anteriormente. En suma, la mujer, por haber alcanzado lo que se considera edades provectas no debe renunciar a sus deseos sexuales, si los tiene. El consultorio me ha mostrado mujeres mayores que consultan por objetos que “pierden” en su vagina, que son usados como estimuladores sexuales en su actividad masturbatoria. Que debemos decirles que esa actividad, en ausencia de un compañero, es perfectamente válida si está destinada a aliviar tensiones sexuales. La masturbación está siempre estigmatizada por la sociedad, y es la actividad sexual más abundante a lo largo de la vida. Masters y Johnson dicen al final de este capítulo que “La mujer añosa, sana, tiene un impulso sexual que debe ser resuelto. El avance de los años no pone un límite preciso a la sexualidad femenina” A lo que agrego que esa sexualidad se ve recortada por una sociedad sexofóbica hacia los mayores, y en particular hacia la mujer añosa. También estudiaron los autores mencionados, referencia obligada, lo que sucede con el hombre de edad. Ya hemos abundado en muchos detalles al respecto, pero quiero establecer de modo fehaciente que el hombre es distinto a la mujer ya que no tiene menopausia. En Sexología, el hecho de no estar su estudio y enseñanza oficializado, ha permitido que cualquiera que se considere apto por haber hecho un curso de información, se abrogue el título de educador sexual, terapeuta sexual, ponga un consultorio, o lo que es peor, escriba libros “científicos” respecto a estas materias. Así hay un libro dedicado al punto G (que no existe), así como he visto otro dedicado a la andropausia, usado como símil de menopausia masculina, cuyos fines no logro entender. Lo voy a decir por enésima vez: la característica biológica de la menopausia femenina según describimos es la desaparición de la función del ovario por agotamiento de los folículos, unidades funcionales del mismo. Cesa la producción de óvulos, células reproductoras, y la increción de hormonas. En el varón estos hechos no se producen. La línea formadora de espermatozoides permanece incólume. Hay hombres que han engendrado hijos propios a edades avanzadas: Chaplin, Anthony Quinn para nombrar dos actores conocidos. Tampoco desaparece la increción de hormonas masculinas. Lo que sucede es que el paso de los años descaece todos los sistemas orgánicos incluso los testiculares, que disminuyen por envejecimiento y nada más. Que es mas acentuado en algunos y menos notable en otros. Pero andropausia en el sentido de menopausia masculina es simplemente una visión del espíritu que algunos “feministas” masculinos manifiestan con aire seudo científico. Masters y Johnson estudiaron la respuesta en un grupo de hombres mayores de 60 años. Debemos aclarar que el estudio de la erección es muy posterior a ellos, pese a lo cual sus consideraciones son valederas, ya que los sujetos estudiados mantenían su respuesta erectiva, permitiendo medir los mismos parámetros que estudiaron en los jóvenes. Así nos adelantan que “en el hombre de edad las mayores diferencias en la respuesta sexual se relacionan con la duración de cada una de las fases del ciclo sexual”. Es por ello que en la fase de excitación se demora mas en lograr la erección, y los estímulos para lograrla deben ser mayores. Lo mismo en el mantenimiento de la misma, ya que el joven pierde parcialmente la erección y luego la recupera, cosa que a veces no logra el mayor, puesto que se le suman factores psicológicos como el temor al desempeño que tienen mayor influencia en esta edad. La eyaculación y el orgasmo correspondiente muestran diferencias que tienen que ver con el acortamiento de los tiempos, emisión y eyaculación, que se pueden reducir a uno solo. También el número de contracciones orgásmicas puede ser menor, pero nunca están ausentes. Por supuesto si medimos la proyección del alcance en distancia de la eyaculación, pasa lo mismo que con el chorro miccional, que se acorta. Pero ello no significa que desaparezcan las sensaciones placenteras. Hay que conocer estas modificaciones para evitar que las mismas no alteren nuestra percepción de la respuesta sexual, lo que puede suceder. Por supuesto que el período refractario como ya lo dijimos se prolonga con los años, y hay que saber respetarlo para evitar fracasos Al igual que sucede con la mujer, el desempeño de los hombres mayores está directamente relacionado con su vida sexual previa, y su estudio merece las mismas consideraciones a que hemos hecho referencia al describir la respuesta masculina. Debo hacer consideraciones que aprendí tempranamente en 1976 con el Dr. Alberto C. Morelli pionero de la Asistencia Geriátrica Gerontológica en el Hospital de Clínicas, quien escribió el último capítulo del libro mencionado al comienzo de este trabajo. Vuelvo a él pues son de absoluta validez sus apreciaciones en el momento actual, incluso su frase donde dice “existe desconocimiento en lo que a sexualidad se refiere y ese se transforma en ignorancia cuando de los ancianos se trata”. Los elementos que mantienen vigencia y que él desarrollaba se refieren en primer lugar a la intimidad de la pareja, que considera mucho más importante que en otras etapas de la vida, ya que está muy exacerbado el temor al ridículo, que puede llegar a inhibir la capacidad sexual de estas personas, con graves consecuencias sicológicas para los actores. Los factores ambientales tienen mucha importancia. Por lo cual terminaba Morelli diciendo que “nada peor que la internación de ancianos en lugares comunes, como ser las casas y hogares de ancianos, tanto disponga la pareja de una habitación para ellos, como, y peor aún, si es separada y deben convivir cada uno con otros de su mismo sexo”. El otro factor que destacaba, y en el cual los autores actuales están contestes, se refiere a la pareja estable. Morelli asevera que aquellos que tienen pareja estable tienen una actividad sexual veinte veces mayor que en aquellos que no la tienen. Aquellas personas que han vivido juntos gran parte de sus vidas, que han ido construyendo en forma lenta sus respectivas personalidades, han ido moldeando lo más importante en la comunicación y el amor cual es la convivencia. Ello les permite establecer pautas sexuales que satisfacen a ambos miembros de la pareja, no aburrirse, y jugar sobre seguro para evitar los fracasos de la respuesta sexual. Cuando estos aparecen, si no lo superan entre ellos, que son los primeros en conversar el tema, no tienen problema en concurrir juntos a la consulta sexológica para ayudarse mutuamente a superar la situación. Esta ha sido mi experiencia en el tema. Repito que este tipo de consultas ha sido frecuente y fructífero para ellos en estos últimos años. He aprendido con ellos de los caminos de recuperación, que no difieren de los caminos de los jóvenes, porque las alteraciones son las mismas, pero con los mayores es mucho más fácil conversar estos temas, porque como ya dije, tienen apuro en la solución. Morelli usó un término que quiero rescatar para explicar las desavenencias sociales y sexuales que afectan a los adultos cuando se acercan a los 50 y 60 años. El decía que la guerra civil matrimonial, tal el término empleado, puede plantearse de distintas formas. En los años mozos la relación sexual predomina en la pareja, y por sí sola puede mantener la unión de la misma, por encima de diferencias culturales, temperamentales, etc., pero llega un momento que se aburren de esa sexualidad reducida a su mínima expresión, y en forma paulatina o brusca, se produce la separación. Esta es más evidente cuando se llega a edades donde los elementos que aún los mantenía tenuemente unidos, principalmente los hijos, abandonan el hogar paterno. Se encuentran solos, con una fachada de matrimonio que franqueada, solo muestra ruinas de una relación frustrante. Esto es lo que Roa Bastos cuenta en “Yo, el Supremo”, vida novelada de Francia, el dictador paraguayo a quien se le pregunta de su soltería y los motivos de la misma, a lo que el aludido responde que no se ha casado porque “no me gusta la soledad de dos”. Es de suponer que al llegar a esta altura de la vida, hombres y mujeres han colmado sus expectativas relacionadas con el trabajo y la familia. Desgraciadamente los factores económicos tienen su peso en estas circunstancias, pero de una manera u otra, han habido mecanismos de adaptación ante las circunstancias que se vive. Por ello considero que para esta gente e importante mantener el vínculo del placer a través del sexo, porque ayuda a superar los reveses que ahora duelen más que nunca. Por lo cual 1) Se debe disponer de una información correcta. Los hombres deben conocer sus afecciones, cuando las tienen, y los efectos de las mismas y los medicamentos que toman, en relación a su sexualidad, aspectos no muy bien contemplados por los médicos tratantes. A su vez las mujeres deben saber sobre todo que pasa con la menopausia y su sexualidad, de lo que por suerte disponen de abundante información. 2) Se debe hacer una dieta para mantener un peso adecuado puesto que en estas edades se produce en general un aumento de peso en hombres y mujeres. Ello es debido a que se mantiene un régimen dietético igual al que se hacía antes, cuando los requerimientos energéticos eran menores, y el sobrante se deposita como grasa. Es verdadero lo que escucho decir, al expresar los afectados que comen como siempre y sin embargo engordan. Por ello es que importa 3) El ejercicio físico, que favorece los sistemas cardiovascular, respiratorio, óseo, controla el peso y el equilibrio emocional por un mecanismo cerebral de liberación de endorfinas que nos dan sensaciones placenteras. Se destacan en primer lugar las caminatas, así como la gimnasia dirigida y adecuada a la edad. Yoga, natación, ciclismo son variantes individuales. Lo mejor es mantener una rutina y una disciplina de ejercicios, a los que en general somos poco afectos. Nos encantan los placeres de la buena mesa, mas que los ejercicios físicos. Es cuestión de optar y saber elegir. Otros hechos a considerar tienen que ver con la gente que pasa los 65 años en nuestro país. Hasta donde sabemos se puede considerar que sobreviven 2 hombres para 3 mujeres. Cuando se forman nuevas parejas resulta que por un hombre que nunca tuvo pareja estable hay de 4 a 8 mujeres solas. Lo que crea problemas para las mujeres, pero se deben considerar los casos de manera particular y no general. Cifras similares a las nuestras nos muestra la Encuesta Sofres realizada en Francia donde se hizo una muestra a nivel nacional, de hombres y mujeres entre 52 y 70 años. Dicho estudio destaca en primer lugar la diferencia en el estado civil, como decía Morelli, donde la díada hombre mujer favorece la actividad sexual. Coincide con nuestro país al encontrar que un 8% de los hombres eran viudos, divorciados o separados contra un 31% de las mujeres. Por otra parte la actividad sexual masculina disminuyó poco hasta los 65 años, mientras que la de las mujeres bajó claramente entre los 52 y los 65 años. Como ejemplo, comprueban que la proporción de hombres sin ninguna relación sexual en el año anterior pasó del 6% a los 52 años, al 32% a los 70 años, mientras que en las mujeres las cifras fueron del 16% a los 52 años, al 73% en los 70 años. Ello es coincidente con las cifras que manejamos en nuestra sociedad. Otras conclusiones superponibles a nuestra realidad se refiere a la poca disposición mostrada por las mujeres francesas a emprender tratamientos sustitutivos hormonales, reacias en principio y sin causa cierta, al empleo de estos adelantos. Con Morelli hace 25 años establecimos ciertas reglas que se deben respetar para la mayor felicidad de las personas mayores. Estoy convencido que la sociedad poco ha cambiado en relación a la sexualidad de este grupo etario, por lo cual considero que esas reglas mantienen su plena vigencia. Ellas son: 1) Evitar la que denominamos guerra civil matrimonial cuyas causas se deben prever a tiempo. 2) Conocer los problemas que entraña la edad cronológica, y como se deben corregir con medidas adecuadas. Lo que se dice estar informado. 3) La intimidad de la pareja en esta edad debe ser respetada y no perturbada. 4) Tener en cuenta los factores que hacen a la estabilidad de la pareja, que son los que posibilitan una óptima situación afectiva. 5) La inconveniencia de que los adultos mayores no vivan en pareja, y peor aún, que vivan en comunidades que los agrupan y asilan en función de sus sexos. Reitero hoy como siempre que hombres y mujeres nacieron para vivir en pareja, por lo tanto debe ser evitado e incluso combatido, todo aquello que conspire contra el integral mantenimiento de esa situación.

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