EL PORVENIR DE EUROPA HACIA UN NUEVO RENACIMIENTO a
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EL PORVENIR DE EUROPA: HACIA UN “NUEVO
RENACIMIENTO”
(a propósito del libro “Raíces culturales y espirituales de
Europa” de G. Reale)
Vicente Díaz Real
Vivimos, muy a menudo, inmersos en un mar de palabras que nos zarandean
como pequeñas barquillas. Me explico. Si pensamos en Europa, Constitución Europea,
hombre europeo, región ultra periférica1....., advertimos inmediatamente la confusión a
la que nos hallamos expuestos, y que viene a reflejar, en última instancia, el carácter
problemático que sigue teniendo no ya el “vocablo” sino la propia “idea” de Europa”.
¿Qué es Europa? ¿Qué significado tiene hoy la idea de ser europeo? ¿Cuál es el
porvenir de Europa?, ¿Es Europa una realidad o es, más bien, un proyecto? A modo de
resumen, estas son algunas de las preguntas en torno a las que giran las reflexiones del
filósofo italiano Giovanni Reale, conocido por sus estudios sobre la filosofía antigua,
sobre todo sobre las filosofías platónicas y aristotélicas.
El libro esta escrito a tenor del proceso de aprobación del texto constitucional
europeo. Precisamente, uno de los aspectos polémicos de este texto guarda relación con
la cuestión de las raíces culturales y espirituales de Europa, tal y como reza el propio
titulo de la obra. ¿Cuáles son las raíces sobre las que se levanta el diverso árbol
europeo?. La respuesta que nos da Reale son inequívocas: filosofía griega y
cristianismo y revolución científica.
La cuestión de la identidad europea es inseparable de la cuestión cultural,
especialmente, de la cuestión filosófica (filosofía griega), la cuestión religiosa
(cristianismo) y la cuestión científica (revolución científica). Ya quedó expresado por
Husserl en La filosofía en la Crisis de la Humanidad Europea:
1
[Resulta tremendamente esclarecedora la reflexión que entre nosotros ha hecho Daniel Barreto en torno
al equívoco concepto ultra periferia referido a Canarias respecto a Europa: ¿nos hallamos más-allá-de-la-
periferia?, ¿en las Afueras del Centro- Europa? ¿Qué es precisamente ese Centro-Europa?. Daniel Barreto,
“Canarias en otra Europa” en Istmos de la periferia, Cabildo de Gran Canaria, 2005],.....
“En la aparición de la filosofía con este sentido, en el que están comprendidos,
por tanto, todas las ciencias, veo yo, por paradójico que ello parezca, el fenómeno
primario de la Europa Espiritual”.
Viene a señalar Reale, que la posibilidad de Europa pasa necesariamente por una
especie de reabsorción de las propias raíces griegas y cristianas. Únicamente desde aquí
adquiere sentido una Europa que hoy por hoy, parece que avanza en lo económico, lo
militar , lo político-jurídico, pero que se pierde en lo que se refiere a lo cultural, o más
precisamente, espiritual. Daría la impresión que Europa se construye desde arriba, desde
la superficie, pero no desde abajo, desde la profundidad.
Reivindicar una identidad europea sin caer en las mallas de actitudes etnocéntricas
(desde donde florece el racismo, la xenofobia...) o relativistas (donde tampoco nos
libramos del racismo y la xenofobia, aunque predomine una tolerancia entendida como
simple aceptación del otro), constituye el empeño fundamental del texto de Reale, así
como la originalidad de su propuesta. De este modo, las claves de la identidad europea
residen en tres nociones emblemáticas resultado de la confluencia de la tradición griega
y cristiana:
1. La noción del cuidado del alma, cuidado de sí, fruto de la herencia socrático-
platónica.
2. La noción de persona, el valor absoluto del ser humano como persona, en tanto que
apertura a la trascendencia y al otro,
3. Y por extensión, la noción del ágape o solidaridad, de la herencia cristiana.
En resumen, para Reale “el principio axiológico fundacional de una comunidad
europea sólo podrá ser el humanista-cristiano”. Podría resultar chocante a nuestros
oídos modernos, semejante afirmación, en la medida que aún nos sintamos herederos de
la racionalidad Ilustrada. Es curioso que Reale no señale explícitamente a la Ilustración
como elemento identitario de Europa, dado que parte del supuesto que la propia
Ilustración es hija del cristianismo, en la medida en que no es posible entender el
pensamiento ilustrado sin el cristianismo: un Voltaire o un Nietzsche son posibles
debidos precisamente al cristianismo. Por otro lado, la ausencia de un filósofo tan
importante para Europa como Kant en el libro de Reale, es una muestra de lo afirmado
con anterioridad.
Sin embargo, estaríamos asistiendo hoy a una especie de olvido del ser europeo,
parafraseando el conocido tema de la filosofía de Heidegger. Se trata, por tanto, de no
dejar caer en el olvido eso que constituyen las raíces espirituales y culturales del
proyecto que hoy llamamos Europa. Nos hallamos aún amenazados por el nihilismo
que diagnosticara el propio Nietzsche a finales del siglo XIX, en la medida en que no
nos pongamos en claro acerca del significado profundo de esas raíces. El propio
preámbulo de la Constitución europea -afirma Reale- “contiene notables lagunas, y
revela además una inspiración puramente burocrática y aséptica, con un fondo
estructuralmente relativista y, por tanto, esencialmente nihilista”. (Pág. xiii).
Con relación a la ciencia, reflexiona Reale sobre su carácter europeo y universal,
sin dejar de advertir a su vez, los peligros o efectos colaterales que pueden resumirse
en el cientifismo y el tecnicismo. Reale llama la atención acerca de las “devastadoras
consecuencias que está produciendo en nuestra cultura la nueva tecnología de la
información” (Internet, telefonía móvil...), sobre todo en lo que se refiere a la educación
y formación de jóvenes de la nueva Europa. Lo que está en juego es, ni más ni menos
que, la propia cultura de la escritura ligada al legado del pensamiento griego. En su
lugar, y como efecto colateral del dominio científico-técnico del mundo, se está
entronizando una cultura de la imagen, que poco tiene que aportar a la construcción del
hombre europeo.
Estrechamente ligado a lo anterior, la propia crisis de la filosofía actual,
reflejada en la renuncia a cualquier planteamiento metafísico, no vendría sino a resultar
una consecuencia de estos afanes cientifistas. Reivindica Reale la tradición de una
filosofía todavía sustantiva de corte hermenéutico (Gadamer, Patocka, Morin,
Zambrano) frente a planteamientos puramente formalistas como los de Habermas.
Asumiendo finalmente, los presupuestos de lo que podríamos denominar una
metafísica de la diferencia (por paradójica que resulte la expresión), Europa, entendida
más como espacio plural que simplemente multicultural, supone la asunción de una
identidad eso sí, compleja, abierta y móvil, pero identidad al fin y al cabo. La razón de
ser de Europa ha consistido, precisamente, en el permanente cuestionamiento de sí
misma. El porvenir de Europa pasa pues por un nuevo renacimiento, esto es, una vuelta
o mirada a sus raíces culturales y espirituales como único modo de articular su propia
apertura al mundo, es decir, de hacer frente a problemas como el de la inmigración, o al
del falso choque de civilizaciones.
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