EL HABLA POPULAR EN LAS LETRAS EXTREMEÑAS Por LUIS

EL "HABLA POPULAR" EN LAS LETRAS EXTREMEÑAS Por LUIS MARTINEZ TERRON - PRIMER CONGRESO SOBRE EL EXTREMEÑO CALZADILLA - OCTUBRE/2002 "La lengua extremeña - no dice d i a l e c t o constituye el tránsito del leonés al andaluz, y es estructuralmente casi castellana, pero con una analogía fonética casi marcadamente andaluza. La profunda raigambre leonesa es más notoria en la provincia de Cáceres que en la de Badajoz, donde la influencia andaluza es claramente apreciada". ALONSO Z A M O R A VICENTE ( De la Real academia de la Lengua) SEGÚN la acertada definción que en su día trazó el bibliófilo extremeño y que fuera director de la Biblioteca Nacional, Vicente Barrantes Moreno, seguimos entendiendo por literatura extremeña la que utilizando cualquiera de las lenguas que se hablan o se han hablado dentro de los límites aproximados que encierran la actual Extremadura han producido los. escritores nacidos en ella o los que no siendo oriundos de esta región han mantenido una constante relación cultural y afectiva con la misma, conservando en sus. obras las carasterísticas literarias de este país, aunque también se pueden incluir en dicha definición aquellos escritores que, procedentes de otros lugares, han vivido en nuestra comunidad un tiempo considerable, asimilando los rasgos fundamentales de la cultura regional, como pueden ser - según Abel Hemández en su ponencia del 2° Congreso de Escritores Extremeños -: 1º- La que haga una justa representación reveladora de la realidad extremeña. 2º- La que pusiera al descubierto las condiciones de esta misma realidad. 3º- La que f u e r a consciente del desarrollo histórico de esta misma realidad. 4º- La que utilizando una lengua como base fuera ésta la extremeña y 5º- La que presentara unos factores comunes extremeños. Entre los cultivadores del género, es decir entre los que han utilizado en sus obras frases o vocablos de nuestro viejo dialecto - tan denostado por algunos "listillos" de última hora -, hemos de citar entre otros a Felipe Trigo en "Jarrapellejos" o en el "Médico Rural"; Reyes Huertas en "La sangre de la raza", "Los humildes senderos" y, de una forma especial, en "La canción de la aldea"; Rafael García Plata de Osma en "La musa de los cantares"; Alfonso Martínez G a r r i d o en "La leyenda de Pedro el raro"; Manuel Sánchez Vicente "Los demonios del síndrome"; Piedad Silva "Sencilla y múltiple"; Jesús Alviz "Un sólo son en la danza"; Moises Cayetano Rosado "Recordatorio"; Pedro de Lorenzo en "El hombre de la Quintana"(1); José M" Bermejo "Soliloquios"(2); Cándido Sanz Vera "Noche de perros"; Enrique R o m e r o "Juan Tarugo"; Luis Martínez T e r r ó n "Represión en la serranía"(3); Jesús Delgado Valhondo "Ayer y ahora"(4); José Alcón Oliveira "Requilorios" - totalmente en "extremeño"-; V. Gutierrez Macías "Relatos de la tierra parda"; Domingo Frades G a s p a r "Diegu de Santiago, un mañegu universal" y Antonio Murga Bohigas, autor del primer Diccionario de "Habla popular de Extremadura" que publicó con acierto regenerador algunos artículos constumbristas en forma dialectal y otros tantos autores que no citamos por no alargar esta relación. A lo largo de 1937 los bardos Mauro López, Miguel Alonso Somera, Félix Paredes y Julio de Siria, publicaron en la revista "Fragüa Social" una serie de poemas en "extremeño" que se encuentran recogidos en una selecta antología de la editorial "Ruedo Ibérico". Y en la actualidad, entre los cultivadores de la poesía popular, que es aquella que transmite sentimientos, belleza y emociones en lenguaje convencional para llegar con más facilidad al corazón del pueblo y no pretende resolver problemas teológicos o filósóficos perdiéndose en un bosque de enciclopedias y diccionarios buscando la palabra exacta, detrás de los nombres de Gabriel y Galán y Luis Chamizo debemos citar a J u a n Solano con "De Extremadura: Retablo de la poesía popular"; Angel Marina "Poesías reunidas", Juan García García "Claveles de mi tierra"; Luis Martínez T e r r ó n "Poemas de carne y tierra"; Pablo González Gonzálvez - que ha publicado recientemente "La Primera Gramática Extremefia" - "Hojas extremeñas sueltas"; Juan Martín, "El trovador de Extremadura"; César García González "Cosas del tío Zenón"; J u a n Nuñez A n d r a d a "Vía Crucis"; Luisa D u r á n "Mi tierra"; Feliz de Gata "Muestrario poético"; Ventura Villarrubia "Cantos de la tierra parda"; Isabel Alía Pazos "Alma extremeña", Rufino Delgado en "Trofeos de Raza", Javier Feijoo "De la corteza de la encina" y un largo etcétera.. Otros autores que también nos deleitaron con sus composiciones en "habla popular" fueron Francisco D u r á n Domínguez, Gregorio Yañez Maestre, A r t u r o Enrique Sánchez, J u a n Rodríguez Pastor, J u a n Antonio Tomé Paule, Ignacio Fernández Duarte, Francisco Domínguez Silva y de nuevo el autor de esta comunicación, todos ellos galardonados en el prestigioso certamen de poesías "Ruta de la plata" - que recientemente ha cumplido 25 años convocando el premio "García Plata de Osma" a la c r e a c i ó n literaria. Y seguiríamos, pero el listado es extenso, incluso el mismo Vicente Barrantes Moreno, ya citado al iniciarse esta comunicación, compuso un sainete cómico en nuestra fabla dialectal, "Idilio de última hora" que fue incluido en su obra "'Días sin sol". Tampoco debemos omitir en este trabajo al escritor y abogado Luis G r a n d e Baudessón - que se deleitaba utilizando en sus escritos la peculiar forma de expresión de nuestros abuelos - ni a los poetas G u m e r s i n d o Santos Diego, Isidro Melara Berrocal, J u a n Bautista Rodríguez Arias, Inés Fernández Rueda, Norberto López García, J u a n Gabriel y Galán - nieto del autor del "Cristu Benditu"- y un largo etcétera de autores impensables en una comunidad con fama -según las estadísticas- de ser cuna del atraso más secular y el analfabetismo más atroz hasta que llegó la Universidad que, abriendo sus puertas al pueblo, comenzó a inundar con la luz de la Ciencia una tierra que caminaba a ciegas por los siempre áridos y ásperos caminos de la historia. • NOTAS: (1) Pedro de Lorenzo - que literariamente nunca ha salido de Extremadura en su novela "Los álamos de Alonso Mora", tomando el nombre del protagonista, se ha refugiado en La Quintana, a la querencia de la tierra, su tierra, y llega a ella a redimirse de su propio triunfo y a morir (pág. 18). Don Alonso es un relator lúcido y amargo de las implacables observaciones que durante varias décadas viene realizando sobre el sombrío panorama extremeño. Ningún autor vivo lo aventaja a la hora de escribir sobre el paisaje, la flora, la fauna, el cielo y las ciudades de Extremadura y sabe conjugar, gustoso, el "habla extremeña" a la hora de construir su personalísimo discurso seleccionando aquellas páginas donde los posibles "extremeñismos" abundan más y nos encontramos que en medio centenar de ellas hay casi otras tantas formas dialectales. Por su belleza y como demostración de las posibilidades literarias que el "habla dialectal" de Extremadura encierra, hemos querido recoger entre sus trabajos algunas frases: Las sombra del lanchón enhiesto (p.24) Las canchaleras cálidas (p.24) He permanecido al agarbo (p.24) Los martillios pulverulentos (p.24) El sacudión de la rama (p.25) Los cristalitos de la nubada (p.25) Saudados adiós (p.25) Las terrinas de la jardinera (p.26) La traslucencia del su velo (p.26) Taramas (p. 26) Chapaleteo (p.26) La Vellonada que amarillece (19. 28) El rojor del recio pestorejo (p.29) Montío (p. 35) Ardentías de verano (19. 36) Sonsacadores (p. 36) Barros zumantes de agua manantía (p. 37) Los achiperres, trebejos de jardín (p. 38) Bodegüela (p.44) No se le pasará a cardeñas el pitón (p. 46) El crujiero de los maises (p. 46) La animalía en celo (p.47) La friura de la sandía (p.55) El avionar de los fínfanos (p. 55) Escarchar y repartir las rajas de una sandía (55) Tintineo de esquilas (p. 55) Ciruelas sanjuaniegas (p.57) Aparecía el recovo de niños (p. 58) Las tardes y anochecías de verano (p.59) La casa esquinera (p. 62) El encordado bronco de campanas (p.63) Embijidos del fruto de la mora (p.65) Los matices de la clerecida (p.68) El lagarto astucioso (p.78) El triso de la golondrina (p.78) Acechona (p.78) La mayoridad (de edad) (p.- 78) Hamaca brizadora (78) Los adelfos (p, 78) El hijo verdino del riacho (p.86) asao (tinaja) (p. 89) Apreciamos en los ejemplos elegidos todo un ejercicio de la lengua en una narración moderna y costumbrista. (2) Lo mismo sucede con José María Bermejo - otro escritor extremeño de la diáspora -, al estudiar su obra "Soliloquios" en la que Extremadura ocupa un espacio importante. Veamos dos estampas: "Han pasado las cabras de la Dehesa Boyal, las señoritas, la mujer de las ánimas que agita su campanilla melancólica y se interrumpe en cada plaza como si oyera voces del más allá, mujer de luto estricto, fiel a su voto de silencio, mujer que ni pone en cada casa una pauta sagrada, porque en todas hay muertos muy antiguos que reclaman piedad" (p.28) Aparece el otoño feraz de Extremadura: "Días de trasiego, de olor a cargas de vendimia, a estiércol tierno, a penumbra de cuba, a vaho de bodegas, a moscas verdes que agonizan estigmatizadas en los muros, enloquecidas por la melancolía. Empiezan los alegres días de Diónisos, e l breve frenesí, los juegos cíclicos, las antiguas canciones... En las solanas claras se amontona la fruta sobre sacos mil veces recosidos; orejones curvándose al resol, a r o m a requemado que se endurece y repliega; higos de pastoso dulzor que han buceado entre los remolinos de la harina y se arriesgan, tenaces, a los escalofríos del relente, a un trasiego de lunas y chubascos, como naturalezas muertas que aún sueñan vivas. Sube de abajo, con el viento de la seroja, un turbio olor a callejón, a chivo y vinagre. Ya clarea prieta en los cestos, la albilla pálida, la uva de sazón madrugadora, transparente, verdiamarilla". Como puede apreciarse los elementos lingüísticos, a nivel léxico, de indudable sabor extremeño, aparecen cada vez que la pluma de José María Bermejo describe vivencias pueblerinas, entre las que destacamos algunas a lo largo de la lectura de su obra: Amontonamiento de líquenes y yerbajos (p.10) Un alegre tentepino (p. 11) Tocaban a pascualeja (p.25) Los muros de sucio jalbiegue (p. 35) Imaginario sacamantecas (p.35) Mía un gato (p.80) Los leguis chorrean (p.82) El refugio del corralín (p .84 ) Un cabás destrozado (89) Arruyo, arruyo, el que lo encuentre es suyo (p.91) (3) El cacereño Luis Martínez Terrón en su relato "Represión en la serranía", cuenta: "Un día gris de mediados de febrero, alrededor de las nueve, después de un desayuno de migas con chorizo, D. Silvestre - que ejercía de maestro rural en " F e r n á n Sánchez" - escuchó una fuerte discusión en el corral de las caballerizas donde una docena de gallinas y algunos patos escarbaban entre el estiércol que cubría el empedrado buscando algún grano de trigo. J u a n Antonio, el g u a r d a y encargado general del a r r e n d a t a r i o castellano, arremetía contra Florencio, un gañán t r a b a j a d o r y alumno de la clase de adultos al que el g u a r d a le había dado instrucciones el día anterior para que realizara unos trabajos y no los había hecho a conciencia del manijero. Al escuchar las voces salieron otros braceros que se encontraban en la cocina del personal, calzándose las burdas albarcas para iniciar las faenas del campo y t r a t a r o n de mediar en el conflicto. Las discusiones entre los dos mozarrones eran frecuentes, tenían el mismo genio, eran paisanos y por más que disputaban nunca llegaba la sangre al río; no podían vivir el uno sin el otro; habían corrido juntos infinidad de juergas, circunstancia que hacía que J u a n Antonio le tuviera una cierta condescendencia y no pudiera imponer su autoridad como a los demás jornaleros al existir entre ellos un cierto compadreo. A veces se desafiaban en el trabajo y aquel día se retaron para ver quien tiraba más del arado. Salieron todos al exterior y, u n c i é n d o s e cada uno al cuello la collera del yugo de los bueyes, J u a n Antonio le ordenó a Pedro, uno de los gañanes, que les enganchara el vetusto instrumento de l a b r a r la tierra y que entre los dos iban a t r a z a r un surco, para c o m p r o b a r quien de los dos tiraba con más fuerza y rompía la tierra en lo más profundo. Perico, que los conocía bien, por los muchos años que llevaba sirviendo en la dehesa, se lo tomó a broma: ¿Qué pasa? ¿Ya os picó otra vez la mosca a ustedes dos y quieren soltar la pringue gota a gota? ¿Cómo quiere que yo haga a eso y los amarre como a los animales? El encargado volvió la cabeza: Anda, Pedro, tú no tienes que preguntar na. Así es que mete el timón del arado por el "bujero" del "sogero" del "ubio"; engancha el "estiraperros" y cógete la "esteba" y la "abestola", que le voy a dar una lección al socarrón de Florencio abriendo un surco jondo y largo, y sino vamos emparejados al tiempo de tirar del yugo, al que se qué rezagao le das un "ginchonazo", para que avive la marcha. A Pedro no le quedaba más remedio que acatar las órdenes del guarda. Y las cumplió, aunque en realidad sabía que no llegarían muy lejos. Y en la orilla de un rojo barbecho, ante la mirada cómplice de otros asalariados y del maestro, Pedro "jincó" con fuerza la reja del arado en la tierra y los arreó hasta que salieron corriendo por el barbecho, tirando hacia la colina como si los persiguiera el diablo. Pedro - decía J u a n Antonio comenzando a sudar - da más tierra, "jinca" más el jierro, que parece que Florencio está retozón y barrunto que no va a llegar a la loma. En este instante el bracero, ya metido en faena, apretó fuertemente la "esteba" hacia abajo y los dos hombres que sustituían a los bueyes se quedaron anclados sobre la besana, pero sin retorcer en ningún momento las "camelias". Reanudaron la marcha hasta recorrer algo más (te doscientos metros, coyuntura que aprovechó Perico, a la vista de los hechos, para dar por terminado el lance: - Son ustedes iguales de recios que los bueyes y no hay quien los dome, así es que les voy a despojar de todos los aperos y nos iremos para almorzar unas papas fritas al pegote y con torrezno, que el "movillero" ya las tendrá a su punto, pues estoy seguro que en ese "tajo" tampoco se torcerán las "camelias", que de apetito también m a r c h a n aparejados, máxime teniendo al lado el barrilillo del orujo con la caña, para que vaya el chorro directo a la "tragaera". Y entre grescas y discusiones de unos y otros D. Silvestre recogía estas historias de viva voz, así como otras anécdotas y testimonios de personas mayores con las que daba largos y frecuentes paseos mañaneros por la orillas frondosas de la rivera de Sansustre. Y así iban desfilando los días y las noches, a veces cargados de rutina y - aburrimiento en aquel pequeño "exilio" de la dehesa de los Alpotreques, necesario para su paz interior, mientras en las sierras españolas la infructuosa y sangrienta resistencia de los guerrilleros continuaba hacia un desenlace vergonzosamente trágico. (4) Y con Jesús Delgado Valhondo, uno de nuestros grandes poetas - ya desaparecido -, finalizamos este apartado, entresacando del libro de cuentos "Ayer y ahora", algunos recursos léxicos interesantes a la hora de hacer una breve antología de textos con raíces extremeñas: Hay invemá (p. 50) Las perras que me juntao (p.52) No me quees así (p.52) Se había muerto de na (p.52) Quito está mu espiagao (p. 111 ) ¡Le han incurcao unas teorias..! (p.111) Aceite...mu batía (p.111) Sabe mu requetebién (p.111) Jarto de pesar (p. 111 ) Come pan asentao, bebe un trago de agua y serás abogao (p. 113 )

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