El domingo 05 de octubre del 2008 ARTES Y LETRAS Diversas manifestaciones del arte de José Clemente Orozco CARLOS M. LUIS Especial/El Nuevo Herald De los tres grandes representantes del muralismo mexicano: Diego Rivera (1886-1957), David Alvaro Siqueiros (1896-1974) y José Clemente Orozco (1883-1949), fue este último quien, en mi opinión, penetró más profundamente en ese ''laberinto de la soledad'' que forma parte del ethos mexicano. Los tres representaron, cada uno a su manera, un aspecto exterior de ese laberinto cuando reprodujeron aspectos folclóricos del país natal, tan lleno de una visualidad que se presta a ser trasmitida plásticamente. Esa visualización sentó las bases para el movimiento indigenista, al cual se sumaron casi todos los pintores y hasta compositores como Silvestre Revueltas o Carlos Chávez cuya Sinfonía India le pudo servir de trasfondo musical. Los tres fueron actores y testigos a la vez, de un proceso revolucionario que conmovió a la América. Los tres ejercieron una influencia decisiva en la emergente escuela de pintores estadounidenses que intentaban crear un idioma propio, idioma que a la postre resultó ser el del expresionismo abstracto. Pero en la época en que la famosa tríada visitara y realizara obras en los Estados Unidos, el espíritu de las luchas sociales, impulsado en gran medida por la depresión económica y el alza del fascismo europeo, se inclinaba hacia un realismo de corte socialista. El escándalo que provocó la supresión del mural de Diego Rivera en el Rockefeller Center, donde aparecía la imagen de Lenin como una figura central, forma parte de esa historia. Fue durante ese período que cubriera la década de los treinta, que Orozco realizara una serie de importantes murales en diversas partes de los Estados Unidos, entre ellos uno que causó una fuerte impresión: Man Liberated from the Mechanical ejecutado en 1933 en el Darmouth College de New Hampshire. Antes, en México, ya había pintado su primer mural titulado Los elementos, maternidad (1922-24) en la Escuela Nacional Preparatoria de Ciudad México. Otro mural
Cristo destruyendo la cruz (1924) fue dañado por los estudiantes. Finalmente Orozco lo traspasó a la tela en 1943 creando una de sus obras más intensamente dramáticas. La polémica pues formó parte intrínseca de todo ese proceso convulso de la historia de la pintura americana. Juan Clemente Orozco no se limitó sin embargo, a interpretar solamente los mitos indígenas de su país. Por el contrario, encontró en los mitos universales una fuente de inspiración que lo acercó a los pintores estadounidenses (como a Pollock) que se hallaban en esa misma búsqueda, inspirados en gran medida por las teorías de Jung de los arquetipos. Uno de sus cuadros más expresionistas pintado en 1930 titulado Prometeo, ilustra lo que acabo de exponer. Otro, terminado en 1943, en el mismo año que reconstruyera su Cristo destruyendo la cruz, se inspiró en el tema de la resurrección de Lázaro. En 1948 pintó un cuadro prácticamente abstracto Paisaje metafísico. Pero mientras que Orozco exploraba otras regiones espirituales, al mismo tiempo no olvidaba la presencia de lo indígena como tema esencial en su obra. De manera que tenemos a un pintor cuyas manifestaciones iban desde lo regional hasta lo universal vía una ''participación mística'', como gustaba decir Levy Bruhl, con otros temas que tocaban su sensibilidad. En la exhibición de la obra grabada de Orozco que actualmente se encuentra en el Boca Raton Museum of Art, nos encontramos con todas esas diversas manifestaciones de su arte, esta vez llevado a una técnica de carácter más íntimo. En efecto, en la misma podemos admirar la elaboración pictórica de su mirada en la soledad del indio mexicano: La familia (1929) o Esquina de casas y figuras (1929). En otros grabados Turistas y Aztecas (1935) o Proletarios (1935) es su ideología política la que prevalece. Mujeres (1935), Serpientes (1935) o Payaso tocado (1944), ahondan en otra dirección que trasciende las dos primeras. Lo que une los tres temas de las mismas es la fuerza dramática que les imprime, la misma que impulsara a Goya o a Ensor a realizar sus grabados. No en balde su maestro, como él confesara, fue José Guadalupe Posada (18521913) ese gran intérprete del juego de su pueblo con la muerte. Toda esa producción suya pues bordea las formas externas e internas de lo grotesco, llevándolo a un discurso estético como lo han hecho otros pintores antes y después que él. La oposición de fuerzas binarias que se encuentran en la base de esa forma de expresión cobran su carácter particularmente conmovedor cuando Orozco las traduce en sus obras. Los que visiten la exposición podrán darse cuenta hasta dónde pudo tocar los arcanos del alma mexicana,
aún llevándolo a la caricatura. Hoy al cabo de los años y bajo la influencia de otras modas artísticas podremos tener otra perspectiva sobre el movimiento que Orozco representara. En México esa reacción tuvo sus representantes. Pienso en José Luis Cuevas como uno de ellos. Pero a pesar del tiempo pasado, la grandeza que estos pintores lograron obtener en muchas de sus obras, continúa siendo valiosa para aquellos que no se dejan llevar por tendencias apresuradas, con intenciones ajenas a las que realmente alimentan al arte de todos los tiempos.• 'José Clemente Orozco: the Graphic Work', curada por Wendy M. Blazier. Hasta el 7 de diciembre. Boca Ratón Museum of Art 501 Plaza Real, Mizner Park. (561) 392-2500 o www.bocamuseum.org