Discipline: Letra – Cuento Fantástico Title: Luces, Sombras y Penumbras Author: Ricardo Pedro Villarreal Province: La Pampa Luces, Sombras y Penumbras
El viaje hacia el oeste pampeano fue generador de una serie de aventuras, que aún hoy trato de desentrañar en su misterio. Atravesaba la región donde la naturaleza es pródiga en encantos y donde el cardenal, muestra su exuberancia. Todo comenzó cuando el crepúsculo daba paso a la noche y una intensa luminosidad me obligó a detener el coche, ante el encandilamiento. Había pasado por Toay, Cachirulo, Naícó, Quehué y llegaba a Utracán…. Desde entonces tuve la sensación de encontrarme en un lugar desconocido cálido. Dentro de la fuerte luz, sólo percibía imprecisas sombras en movimiento. Me encontraba sentado sobre una superficie sólida, con los pies y el cuerpo agitándose en el espacio, en descansada posición. Intenté descubrir el misterio que me envolvía, tratando de percibir sonidos donde sólo había luces. Las variantes tonales ofrecían sensaciones extrañas, tales como las de aceleración, descenso violento o ascenso y hasta la quietud del flotar. Como si estuviera sentado sobre una nube invisible, comencé a observar el cielo. En esos momentos estaba rodeado de una claridad y transparencia total y el juego de las estrellas era el mismo que se podía apreciar desde el suelo, lugar donde sabía que no me encontraba. El paisaje terrestre variaba y apoyando mi cuerpo, ahora desnudo, en posición de cubito ventral descubría segundo a segundo un mundo cambiante. Ora montañas nevadas, ora enormes lagos. Bosques interminables y enormes espejos de agua, marcaban horizontes terrestres muy difíciles de describir. En un tiempo que no podía precisar, desfilé por espacios totalmente desconocidos para comenzar a recordar la cegadora luz que me atrapara en el curvón de acceso al balneario Utracán. De allí en más todo era nebulosa. Como en un relato de película de misterio, traté de descifrar estas vaguedades y entonces fui cayendo en la cuenta de que no estaba muerto, ni inconsciente, ni obnubilado; en realidad me encontraba sumido en un complejo mundo al cual había llegado por circunstancias desconocidas. No quería admitir la presencia de fuerzas extrañas, pero tampoco podía descartarlas. Me sentía viajero en una nave como aquella que viéramos varios amigos en 1954, sobre los cielos del aero club de Trelew. Era a semejanza de una botella de leche, transparente y desde su interior surgían platillos que retornaban como atraídos por un imán. Fui cayendo en la cuenta de que algo extraño ocurría y que estaba viviendo una situación que no era precisamente un sueño. Se veían sombras en movimiento, tal como en un caleidoscopio. No se percibía sonido alguno y no existía la variante de ninguna maquinaria que pudiera orientarme. Por eso yo quería ver más detalles de las figuras o sombras que se movían dentro del marco del juego de luces, pero no podía definir de qué se trataban. Aparentemente estaba solitario en un lugar del espacio, al que podía observar en toda la dimensión esférica, como si estuviera ubicado en el medio de la nada. No se desplazaba a mucha altura porque distinguía muy bien el contorno del suelo terrestre. Decir que estaba en un vehículo espacial, me parecía exagerado, aunque no me cabían otras explicaciones. En esa soledad de luces multicolores, comencé a hablar atropelladamente. No había respuesta conocida y era como si el sonido pasara por un pentagrama y las notas verbales se fueran alejando más y más, hasta perderse en ese laberinto estrellado que cubría el firmamento. Interpreté canciones y de repente tuve eco musical y supe que tenía compañía. Era como si todo
el universo se hubiera instrumentado y lentamente las notas se trasladaron para volcarse en una armonía repetitiva. El misterio seguía tan profundo como al principio, pero al menos ya había dado un paso y alguien o algo, aceptaba mi intento de comunicación. Ya sabía que estaba en alguna especie de nave espacial; que las colocaciones eran consecuencias de los movimientos. Se entendía que la armonía musical, se daba corno respuesta. También era factible creer que la traslación tenía fundamento en leyes gravitatorias de dimensión desconocida. Lo que al principio parecía descabellado cada vez era más congruente. Me faltaban detalles como aquéllos de poder hacer algún avistaje de formas o vidas que le dieran visos a la credibilidad. Estimaba que cualquiera de estas conjeturas, eran criaturas nacidas de mi propia ignorancia. Este parecía un envase vacío con un solo aditamento: yo. Ese mismo yo, se propuso encontrar una explicación que tuviera coherencia. Nuevamente pude ver sombras que se contoneaban dentro de una estructura traslúcida. Por sensaciones táctiles comprendí que me encontraba en un ambiente con celdillas, a manera de los panales de abejas, con paredes gelatinosas que tocadas con suavidad cedían ampliando el habitáculo. Si presionaba, la pared se endurecía. Nuevamente me envolvió la fuerte luz amarilla, dándole al cuerpo una fosforescencia total. Surgían finos rayos de luces turquesa o verde lima, cuando un rayo de luz púrpura hacía contacto con la piel. No había dolor ni temor, solamente inquietud por saber. Usando técnica teatral hacía rostros, gestos y movimientos para ser interpretado. La respuesta eran nuevas tonalidades a semejanza del arco iris. Al abrirse un túnel, comencé un lento avance hacia alguna parte, la solidez del piso me permitía avanzar y las cambiantes luces me advertían sobre la sincronización del movimiento. A unos quince pasos me encontré de nuevo con el cerramiento, aunque ya no era de flexibilidad y gelatinoso como en las primeras circunstancias. La transparencia volvió a ser total y frente a mis ojos observé un relieve, que a manera de puerta, me invitaban a un mundo ignoto. Di los pasos y en el halo azul marino que me envolvió, sentí el cuerpo nuevamente cubierto por mi propia ropa... El vuelo de una perdiz, me sobresaltó, cuando di los primeros pasos entre los pastos puna. Lo digo a manera de cuento, se podrá creer o no. Yo estoy convencido de que lo sucedido, sucedió. Aún sigo buscando el mensaje que no pude o supe interpretar. Después me encontré caminando a pleno campo, en horas del amanecer. Un hombre de a caballo me observaba como si fuera una visión fantasmal y como queriendo adivinar quién era el forastero. Le hice un saludo mañanero que respondió muy amablemente. Detuvo el alazán que montaba mientras me preguntaba si necesitaba ayuda. Para no complicar la situación, le dije que había sufrido una descompostura, que me bajé para caminar y me había extraviado, sin saber por dónde había quedado el coche. Como dirigiéndose a un pueblero tonto, me dijo que estaba del otro lado de la vía sobre el camino de asfalto, a poco más de trescientos metros de ese lugar. El saludo, la despedida y hacia allá me dirigí. Desde que estacioné el coche, habían transcurrido doce horas. Le dí contacto y respondió bien El valle de Utracán me pareció más atractivo que lo habitual. Las sinuosidades del camino en esos quince kilómetros hasta el Valle Argentino y acceso a General Acha, sobre la ruta 152, no hicieron más que aquietarme por lo vivido. Seguí mi derrotero hasta Chacharramendi, donde hice una parada para el descanso, desayuno y la carga de gasolina, mientras estiraba un poco las piernas aún entumecidas. La ruta del desierto ya mezclaba sus silencios interminables, con el acompasado andar de los transportes de carga y de pasajeros, que venían del oeste pampeano o marchaban hacia él. En una mesa vecina todo el mundo conversaba sobre lo sucedido durante la noche. Ante mi curiosidad, el dueño del local me respondió con un "¿pero cómo, no lo sabe?" Ante el gesto de ignorancia, dijo: " la radio lo ha estado anunciando. Aparecieron platos voladores..., una flotilla que vio mucha gente. Según algunos se asentaron cerca de Quehué, otros dicen que por Utracán, pero muchos 1os vieron sobrevolar por el cielo de esta ruta". La ronda se amplió con todos los parroquianos. Algunos para enterarse, otros para contar, yo para saber lo que me había pasado. La versión más nítida fue la del conductor de un camión frutero. "Eran como las 9 de la noche dijo-, ya había pasado sobre el puente de La Reforma, cuando vi las primeras luces de lo que
parecían aviones volando a baja altura. Me llamó la atención por la hora y la luminosidad que irradiaban, Detuve el camión cerca del río Chadileuvú, me bajé y observé curioso a esa línea ¿le naves que se reflejaron en las aguas. No hacían ruido y era la primera vez que las veía. Me asusté un poco cuando se acercaron al camión en vuelo rasante y me encandilaron. Otros coches se habían parado sobre la banquina y luego todos comentarnos la aparición. Parecían una escuadrilla de patos, pero luminosos y grandes, con varios colores, especialmente amarillo el que iba en primera línea. El "mirá ... !", era la expresión común en todos, por las variantes de color que surcaban el espacio, como en esas celebraciones con fuegos de artificios." "En La Reforma creían que eran cazadores "reflectoriando", -dijo otro-, después se descubrió que eran objetos voladores y que hubo asentamientos..." Así, al parecer, fue todo esto. Hoy lo cuento porque uno no puede guardar los secretos durante toda la vida. De todas maneras, quizá nos oriente en futuras observaciones y hasta es muy posible que algún otro pueda vivir una experiencia semejante o mejor. Afortunadamente la posición del bien o el mal, tan arraigado en el concepto de las religiones, no tendrían cabida en estas apariciones. "Ni siquiera parecen interesadas en establecer contactos reales, ni en apropiarse de lo que consideramos nuestro. Tampoco les interesaría proveerse de los productos de la tierra, lo que nos podría afectar. Quizás algún especialista en la materia ovnilogía, pueda extraer alguna conclusión distinta, o quizás salga a la discusión la verdad o mentira de todo este escrito, porque en nuestro mundo, -reitero-, las antinomias son el pan nuestro de cada día y aunque me quedo con ciertas dudas, estoy convencido de que lo descripto, no es mero cuento.