Construyendo un futuro Construyendo un futuro I Cumbre de

Construyendo un futuro Construyendo un futuro I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos Por una Iberoamérica unida Buenos Aires, 26, 27 y 28 de octubre de 2006 Inquietud Latinoamericana — ILA Inquietud Europea — INQUE Publicado por Inquietud Europea www.inquietudeuropea.org Edición a cargo de Miguel Fernández González Equipo editorial: Felipe Mujica Cominetti, Isabel Garnica Leiva, Manuel Gabarre de Sus, Jorge Hierro Álvarez, Óscar Díaz Garcia, Claudio Maino, Héctor Tovar, Daniel Correa Hernández Diseño de cubierta: ADWISE COMUNICACIÓN www.adwise.com.ar Maquetación y proyecto gráfico: Ainá Ceravolo Calia Corrección de pruebas: Alicia Tejedor Bachiller Edición no venal. No está permitida su reproducción, o la de cualquiera de sus partes, con fines comerciales. Índice I. Presentación Construyendo puentes. Carlos Bettini, 13 Dialogar con el vecino. Borja Cabezón, 17 II. La I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos En nombre de las Abuelas de la Plaza de Mayo. Estela Carlotto, 25 Trabajar y comprometerse por el futuro de esta región. Carmelo Angulo, 29 Construir futuro. Jorge Alemán, 33 Una tarea colectiva. Gustavo Álvarez, 37 III. Manifiesto Nosotros, 41 IV. Conclusiones Conclusiones finales de las mesas de trabajo, 45 V. Mapas Una historia de Iberoamérica. Jorge Coscia, 55 El escenario mundial y América latina. Juan Tokatlian, 63 Cómo afrontamos el desarrollo. Martín Lousteau, 75 América latina: los activos de la contestación. Carlos Taibo, 83 La globalización y los pueblos indígenas. Álvaro Bello, 97 VI. Voces La Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes. Organización Iberoamericana de Juventud, 103 América latina: ¿Quién defiende los derechos humanos de los más débiles? Amnistía Internacional, 107 Transnacionales, saqueo de recursos y conflicto ambiental en Latinoamérica. Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales, 111 La pobreza: Una lectura desde el ecologismo. Marta Pascual Rodríguez, 121 Microentrevistas, 129 integración - economía - migraciones - convivencia - cooperación VII. Miradas Charla con los jóvenes en la embajada de España en Argentina. Enrique Iglesias y Felipe González, 143 VIII. Apéndice Presentación Construyendo un futuro Construyendo puentes Carlos Bettini* Cuando me invitaron por primera vez a participar en el proyecto de generar un encuentro entre jóvenes de toda Iberoamérica tuve dos sensaciones. La primera fue pensar que sería muy difícil lograrlo y la segunda, contradictoria con aquélla, fue querer superar dichas dificultades, aportando mi esfuerzo para concretar el proyecto, como ciudadano argentino, español e iberoamericano que me considero. Por ese motivo trabajé desde el primer momento con los jóvenes de Inquietud Europea e Inquietud Latinoamericana en este interesante desafío, tratando de generar el mejor espacio posible en mi país para acoger tal ilusión de construir un futuro conjunto. Cuando comenté estas ideas con la senadora Cristina Fernández de Kirchner ella, inmediatamente, decidió sumar su presencia al proyecto. Al expresarme la iniciativa de organizar estas cumbres iberoamericanas de jóvenes en países que no hubiesen celebrado las Cumbres de Jefes de Estado de Iberoamérica pensé instantáneamente en Argentina. Y no porque sea argentino, sino porque la Argentina es un país en recuperación; un país que mira en positivo y que cree en Iberoamérica. La necesidad de Argentina de tener encuentros de este tipo y la necesidad de Iberoamérica de que Argentina esté presente y ofrezca un liderazgo en la región eran razones más que suficientes para poner en marcha este encuentro internacional. Además se unía una pasión personal, que es la formación de los jóvenes para el futuro. Los que ocupamos espacios de responsabilidad hoy fuimos los jóvenes que ayer pedíamos oportunidades, reivindicábamos un mundo mejor y trabajábamos para encontrar espacios en los que poder trasladar nuestras ideas para así construir * Carlos Bettini es embajador de la República de Argentina en España. 13 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos una realidad más justa para todos. Considero que dar oportunidades a las nuevas generaciones con ganas de hacer cosas, de cambiar el rumbo de las mismas y de generar ocasiones para la formación incesante es imprescindible. Esa juventud es la que ya está llamada a recoger el relevo de esas utopías progresivas. Este proyecto tiene la urgencia de aprovechar las claves de poder, encontrando vías de consenso y construyendo pactos entre los jóvenes. Este encuentro, que partió de la idea de reunir a representantes juveniles del mundo empresarial, de la política y de la sociedad civil con asociaciones y periodistas, puede convertirse en el vértice necesario para diseñar un triángulo de desarrollo, prosperidad y justicia. La necesidad imperiosa de llegar a acuerdos entre los diferentes países y entre los diferentes segmentos de la sociedad para establecer un marco común que genere oportunidades y crecimiento para todos es, en mi opinión, primordial que se lleve a cabo desde la energía, potencialidad y creatividad de los jóvenes iberoamericanos. Es un acierto que estos acuerdos se comiencen a convocar, discutir y construir desde el primer escalón, desde la juventud. Ésa fue la idea que me impulsó a trabajar en el proyecto y a intentar sumar a otros actores comprometidos. Ayudarles a reunirse, a debatir constructivamente el futuro de una Iberoamérica unida, me parece una iniciativa clave para que la región se incorpore definitivamente al progreso y al desarrollo justo y necesario. Para los que detentamos espacios de responsabilidad participar en este tipo de iniciativas representa una obligación ineludible. Es más, me ilusiona diariamente la certeza de este recorrido inexorable. Tengo la firme esperanza de que la semilla plantada en Buenos Aires germinará. Muchos jóvenes continuarán en la búsqueda constante de valores y experiencias enriquecedoras para la sociedad. Ayer, en octubre de 2006, fueron asociaciones como Inquietud Europea e Inquietud Latinoamericana, ambas lideradas con generosa vocación solidaria por Borja Cabezón, las que iniciaron el camino. Espero que en el futuro muchos más sumen esas inquietudes, siempre positivas y favorecedoras del debate. Trabajemos para que se mantenga la misma ilusión por parte de los jóvenes que la organizaron, así como de los menos jóvenes que parti- 14 Construyendo un futuro ciparon en el proyecto, como la senadora Cristina Fernández de Kirchner y el presidente Felipe González. Mayores dosis de institucionalidad, legalidad, seguridad física y jurídica, infraestructura, cultura y respeto al medio ambiente pueden ser los objetivos inmediatos. Objetivos que pueden conseguirse si seguimos esforzándonos para construir una Comunidad Iberoamericana en un sentido integral y dinámico. Como decimos en mi país: «yo ya me puse la camiseta» y, como inquieto que soy, aprovecho para invitar a otros a que se animen a jugar y ganar este partido. Hubo un día en que todos fuimos jóvenes. Hoy, los que ya no lo somos tanto aspiramos a concretar, con este tipo de iniciativas, lo que todavía queda pendiente. Por eso apuesto por este proyecto y estas ideas. 15 Construyendo un futuro Dialogar con el vecino Borja Cabezón* Pertenezco a esa generación que nació y creció en la era analógica y asistió, en plena juventud, al nacimiento de la era digital. De las radios con dial y los teléfonos de disco hemos pasado al teléfono móvil que, además de conectarte desde cualquier punto del planeta, te permite ver la televisión, escuchar la radio, mirar tu correo electrónico y manejar tu agenda. Esta evolución, esta revolución tecnológica, ha cambiado nuestras vidas y ha hecho el mundo más pequeño. Hoy, el globo se parece más que nunca al dicho popular: «el mundo es un pañuelo». Aprovechar el aspecto positivo y sano de esta revolución es el recurso que nuestra generación puede emplear desde un punto de vista responsable. Si en octubre de 2006 nos reunimos en Argentina fue, precisamente, para dar cabida a toda la red de redes que se está organizando en Iberoamérica y que, gracias a la comunicación instantánea, cuenta con un medio fantástico para alcanzar objetivos y metas integradoras. Nuestra apuesta es ésa. Acercar más las posibilidades a la realidad, crear oportunidades, generar e intercambiar ideas llenas de imaginación y osadía responsable. La cumbre de Buenos Aires fue un punto de encuentro para setenta jóvenes iberoamericanos. El primer propósito era unir puentes; el segundo, reunir jóvenes del mundo de la política, de la empresa, de las ONG y de los medios de comunicación para que, en nuestros primeros pasos, vayamos acercándonos a un pacto común, concretando una dirección conjunta. En tercer lugar, queríamos—y seguimos queriendo—tener un diálogo entre vecinos. * Borja Cabezón es presidente de Inquietud Europea, coordinador general e ideólogo de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. 17 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos Somos una región diferente que une a dos continentes salvando una distancia oceánica. Sin embargo, somos vecinos sin conocernos. Muchos piensan en ogros ajenos y en obstáculos exógenos; otros se preocupan por discusiones internas y todavía son débiles las tentativas por unir voluntades reales para crear, con la voluntad de todos, una región estable, próspera y justa. Volviendo la vista atrás y mirando las experiencias vividas tenemos, en la Unión Europea, un magnífico experimento que, aunque hoy viva momentos de confusión, ha conseguido unir a veintisiete países. Una construcción de tan sólo cincuenta años que, poniendo puntos en común—entre veintisiete estados soberanos, con distintos idiomas, diferentes costumbres y desiguales economías—ha conseguido afianzar una región, la europea, en el camino de la paz, la prosperidad y el desarrollo. Tras haber dado un ejemplo desastroso en las guerras mundiales, después de luchar en la cuenca del Ruhr por el carbón y el acero, alemanes y franceses llegaron a la conclusión de que lo mejor era poner puntos en común y establecer los cauces necesarios para que los pueblos tuvieran la posibilidad de conocerse, de tener un diálogo con el vecino. Frente al caso europeo, nuestro proceso de integración parte de una posición privilegiada. Somos quinientos millones de personas que compartimos una herencia enormemente rica, un patrimonio cultural, histórico y lingüístico que es la base idónea para generar un proyecto común. La nuestra es una identidad que no hay que construir; sólo tenemos que rescatarla y reforzarla. Cómo no vamos a poder llegar a acuerdos nosotros, los iberoamericanos, cuando somos veintidós países que compartimos idioma, costumbres y una herencia común; cuando, además, contamos con las lecciones aprendidas de un pasado complicado, lleno de conflictos y golpes militares. Compartimos tantas cosas que lo extraño sería no concentrar todo nuestro esfuerzo en la construcción de una Comunidad Iberoamericana de Naciones, que comparta objetivos y que pacte las líneas de acción necesarias para el buen desarrollo de una región que merece prosperidad, desarrollo y oportunidades. Somos nosotros quienes podemos activar las redes que vamos conociendo, en las que estamos trabajando, para demostrar que somos tan 18 Construyendo un futuro parecidos y tenemos tantas necesidades iguales que es ineludible el consenso e irreversible el proceso de construcción de una Iberoamérica unida. Debemos dejar a un lado la retórica y el nacionalismo—que impide la cesión de la más mínima porción de soberanía para llegar a pactos transnacionales—y apostar por unos valores democráticos que hagan volver a creer a los ciudadanos en un horizonte lleno de esperanza. Ayer, en Europa, eran el carbón y el acero; hoy pueden ser el petróleo y el gas los que nos hagan darnos cuenta de que, entre todos, es posible lograr un crecimiento sostenible y equilibrado. Construyamos, pues, las bases políticas, sociales y económicas necesarias para que esta región, que representa el cinco por ciento del producto mundial y suma el diez por ciento de la población del planeta, no pierda el tren del siglo XXI. Necesitamos unos retos políticos claros y compartidos. Queremos áreas básicas de consenso. Busquemos en la Historia la experiencia para recoger lo exitoso. Hoy, la Unión Europea es una realidad pujante porque en su día hubo una mesa donde se plantearon materias básicas de consenso. Otra experiencia integradora de la que podemos extraer conclusiones es la española. Hace menos de treinta años tuvieron lugar los famosos Pactos de la Moncloa, donde se acordaron y pactaron medidas necesarias para el desarrollo del país. Un país golpeado por cuarenta años de dictadura. Gracias a aquel consenso hoy los españoles tenemos el privilegio de vivir en un país ordenado, seguro y también, como la Unión Europea, pujante en este mundo globalizado. Nosotros, los jóvenes, que hoy iniciamos nuestro camino, queremos que los países de Iberoamérica trabajen por un área común sostenida por los pactos mínimos necesarios para el desarrollo de la región. Contenidos esenciales para el desarrollo como los siguientes: Debemos asegurar la estabilidad democrática en la región, sea cual sea el partido político que haya sido elegido en las urnas. Conseguir una sociedad democrática, incluyente con las minorías étnicas que son parte del pueblo iberoamericano; El conocimiento es la puerta al futuro y sólo apoyándose en él América latina podrá superar la brecha tecnológica que la separa de las regiones 19 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos más desarrolladas. El capital humano es la variable que más incide en el desarrollo económico y social; hay que cuidarlo y potenciarlo y para ello es imprescindible garantizar una educación que cumpla con los propósitos de formación, investigación, desarrollo e innovación; De la mano con la educación debe ir la sanidad. La obligación de ofrecer un cuidado en la salud es importantísima para que la ciudadanía se sienta con la fuerza física y mental necesaria para poder estudiar y trabajar; Se deben crear las condiciones necesarias para generar empleo, pues es la mejor manera de redistribuir el ingreso. Asimismo, hay que promover la simplificación de trámites para las iniciativas emprendedoras de la ciudadanía, porque los emprendedores son esenciales colaboradores para el desarrollo. Un desarrollo que será más justo en la medida en que fomentemos el comportamiento socialmente responsable por parte de los empresarios, pues son los actores privados quienes generan empleo y, con él, riqueza; La administración pública debe ser protagonista a la hora de generar la confianza necesaria, creando una seguridad física y jurídica que permita a la ciudadanía y al mundo emprendedor tener la certeza de que su vida y sus proyectos estarán protegidos por la Ley; Por último, es preciso acompañar el crecimiento dotando a nuestros países de las infraestructuras que lo soportan: energía, telecomunicaciones, agua, vivienda, comunicaciones ferroviarias y viales. En este camino de la integración el papel que tenemos los jóvenes, el papel de nuestra generación, es fundamental. Somos nosotros, los nacidos con los primeros tambores de la globalización y que estamos madurando inmersos en este proceso galopante, quienes tenemos la oportunidad y contamos con los medios para buscar nuevas vías de participación ciudadana que sienten las bases y—por qué no—hagan realidad, algún día, el sueño de una Comunidad Iberoamericana de Naciones. Para conseguirlo tenemos que encontrar nuestro lugar como jóvenes; volver a creer en nuestras posibilidades para hacer que otros crean en nosotros; no ser tímidos y perder el miedo a equivocarnos. Somos impor- 20 Construyendo un futuro tantes porque tenemos toda una vida de esperanzas por delante y la responsabilidad de luchar porque estas esperanzas sean también las de los demás vecinos iberoamericanos. Es nuestra responsabilidad dialogar con nuestros vecinos. Si somos capaces de intercambiar experiencias e ideas, de llevar a cabo un esfuerzo que materialice nuestro entusiasmo y energía en resultados concretos que construyan una sociedad más justa y equitativa, estaremos hablando de otra Iberoamérica, de la Iberoamérica que muchos soñamos. Dialogando se ganan espacios que de ninguna otra manera se pueden conquistar. La cooperación asegura marcos comunes que no son negociables, como la salud, la educación, la seguridad, la inversión y las infraestructuras, porque son los necesarios para que una persona se convierta en ciudadano de primera clase y no en esclavo o indigente de quinta serie. Dialogando uno se da cuenta de que tiene puntos en común con los otros. Son esos puntos comunes los que pueden hacer posible un Pacto Iberoamericano que coordine políticas sociales en educación y sanidad, desarrollo económico, respeto al medio ambiente e infraestructuras. Contamos con el mejor capital humano, con recursos naturales y energéticos, con una situación geopolítica excepcional, conocemos cómo funciona el Mercado. Todo ello en una región estable, con sistemas democráticos que nos permiten votar al gobierno que queremos y «botar» al que no queremos. Pero, por encima de todo, para afrontar este reto contamos con una baza tremendamente importante: la cultura. Como iberoamericanos somos dueños de un patrimonio cultural inestimable, una riqueza viva y significativa. Cada vez son más los iberoamericanos que triunfan en el deporte, en el arte, en el cine, en la música o en la literatura. Y siempre, siempre que les vemos, los identificamos como vecinos nuestros, como algo nuestro. Ésa es una sensación íntima, romántica, que no tiene—ni puede tener—ninguna otra región del mundo. Nuestras son, por lo tanto, todas las variables necesarias para avanzar en la integración. Sería un error histórico y generacional no trabajar por una región que está a las puertas del éxito pero corre el grave riesgo de estrellar, de nuevo, las esperanzas de millones de ciudadanos. 21 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos Si lo sentimos, si lo expresamos, no nos quedemos quietos ante este reto. Por respeto a nosotros mismos y, sobre todo, a los que, de una manera u otra, desde la más absoluta humildad, tienen un ideal, una estrella a la que miran cada noche: la esperanza de poder vivir, y no sobrevivir. ¿Acaso vamos a dejar que pase esta oportunidad? Como dije antes, el mundo se ha quedado pequeño. Hoy más que nunca parece un pueblo, y el nuestro es el pueblo iberoamericano. El esfuerzo merecerá la pena, busquemos más sillas, más mesas, más bolígrafos, porque vamos a conseguir lo que buscamos: tener un diálogo con el vecino. Querer es poder. 22 La I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos Construyendo un futuro En nombre de las Abuelas de la Plaza de Mayo Estela Carlotto* Muy buenos días, queridos amigos. Me siento honradísima de estar en esta mesa, y me pasa lo mismo que me pasa siempre cuando estoy convocada a formar parte de un panel tan especial: aprendo. Estoy aprendiendo, estoy renovando las lecciones de la historia nuestra, de la historia de la humanidad, y aprendo cosas que realmente lucen, que nos hacen bien a todos. Cuando se acercaron estos jóvenes—con estos ideales tan hermosos de hacer algo para mejorar esta historia de nuestra Iberoamérica—me sentí comprometida a acompañarlos, a alentarlos, a formar parte, en la medida de lo posible, de esta primera Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos, que nos honra que sea acá en Buenos Aires. Vine con mucha ilusión a este encuentro, y debo decir que a la emoción de venir se añadió la emoción de pisar las escalinatas de este edificio histórico en Buenos Aires por donde, desde muy chiquita, yo transité, porque mi papá fue parte de la historia de este correo; fue jefe de correos en pueblitos pequeños, pero siempre recalaba en este lugar. Me emociona mucho recordar aquel mundo en el que yo me crié cuando era niña. Era un mundo de confianza, de dormir con las puertas abiertas, de dejar el auto sin llave y la bicicleta en la puerta; donde, cuando salíamos a hacer alguna comprita, nuestra mamá no se preocupaba de que nos pudiera pasar algo, y si nos pasaba algo—como perdernos—nos aconsejaba acudir al vigilante de la esquina. Hoy mis nietos, nuestros hijos, han estado y están en un mundo totalmente distinto, donde imperan la desconfianza y el miedo. Antes las casas se vendían de palabra, y no se compraba cuando no se tenía plata, por pudor. Hoy todo es tan complicado que yo, por * Estela Carlotto es presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo. Discurso pronunciado el 27 de octubre de 2006, en el edificio central de Correos de Buenos Aires, con ocasión de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. 25 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos la edad que tengo, añoro esos tiempos. Los de entonces, por supuesto, nos hemos adaptado a estos tiempos de cultura y de modernidad porque— si bien nosotras, las Abuelas de la Plaza de Mayo, no tocamos una tecla de las computadoras porque tenemos miedo a que exploten—tenemos jóvenes que nos ayudan, es decir, supimos también incorporar a los jóvenes a nuestra tarea. Esta vez veo caras de jóvenes de toda Iberoamérica, interesados en juntarse para fijar, finalmente, pautas e ideas. Para nosotros, los de nuestra generación, esto es algo muy importante; es la tranquilidad de saber que nosotros vamos a terminar pronto un camino pero va a haber una continuidad en la lucha. Ustedes saben que las Abuelas nacimos por una lucha que no buscamos—yo siempre, irónicamente, digo que no somos un grupo de señoras gordas que un día dijimos: «vamos a jugar al bridge»—. Nosotras fuimos cambiadas en nuestra vida, en lo cotidiano, para buscar a los hijos y a los nietos que la dictadura nos robó. Y tuvimos una vida bastante especial aquí, en Argentina, donde, por la memoria que tengo, las dictaduras permanentes no permitieron un ejercicio democrático. Siempre hubo quienes, desde el poder de las armas, interrumpieron los gobiernos elegidos por el pueblo. Este periodo de democracia que llevamos en la Argentina es el más largo de la historia, y estamos cuidándolo muchísimo, consolidándolo, construyéndolo, porque eso es lo que tenemos que hacer junto con toda Latinoamérica. Con Latinoamérica tenemos en común las dictaduras atroces, que nos han dejado un sello muy doloroso de lucha. Nosotros, desde nuestra lucha, supimos unirnos como latinoamericanos para pedir verdad y justicia y formamos lo que fue una agrupación que nació en 1981, en Venezuela; una federación de familiares de latinoamericanos que teníamos que reclamar—seguimos haciéndolo—por las víctimas de estas dictaduras tan atroces. En este camino hemos tenido que abrir muchas instancias desconocidas, por eso no hay edad para una lucha y no hay, tampoco, varón o mujer—en este caso, somos mujeres que llevamos adentro nuestro un bagaje muy fuerte de lucha, que no lo conocemos hasta que nos provocan—. Nosotras, las de nuestra generación, teníamos ya delineado un camino muy común, muy burgués y conformista si se quiere, donde, por 26 Construyendo un futuro suerte, criamos hijos muy libres e independientes. Ese tiempo se nos cambió a nosotras, que cambiamos de prisma por esa experiencia y esa lucha de esa generación del setenta en adelante, que no quería más injusticias y hablaba de justicia social. Nosotros los padres, que estábamos en otra órbita, fuimos aprendiendo de ellos, comprendiéndolos, teniendo mucho miedo de que les pasara lo que les pasó, que tuviéramos que salir a buscarlos porque los habían desaparecido, y para siempre. Por eso, ese aprendizaje con nuestros hijos se transfiere a ustedes hoy, en mi persona, en nombre de las Abuelas y de lo que representan, que es la gran esperanza, el presente y el futuro. Yo creo que es muy interesante valorar que estamos en Iberoamérica, con nuestras propias culturas de varios lados, y tomar la parte grande, esa parte que nombraron muchos de nuestros próceres y que, por diferentes motivos e intenciones, nunca se pudo concretar. A veces quieren que nos peleemos con Chile por un pedacito de tierra, o por un río con los países limítrofes, o por el petróleo, por el gas, el agua… pero todo eso es nuestro y es de todos, porque el mundo es de todos y todos debemos vivir en el mismo mundo, con la tolerancia y la libertad. Para nosotros, que hoy ustedes, jóvenes, estén acá, comprometidos, es saber que nosotros vamos a llegar a un sitio dejándoles el camino abierto. Porque las Abuelas, que somos madres también, lo que queremos es garantizarles que pensar va a ser posible a pesar de las diferencias y del miedo a que los desaparezcan; queremos que tengan trabajo, que tengan cultura, que puedan realizarse como personas con dignidad, que puedan formar familia, criarla y no ver morir niños de hambre en países ricos o escarbando basura sin atención. Todo eso es un sueño que lo hemos empezado a realizar las Abuelas humildemente, pero hay que continuarlo. En nuestra sede trabajan muchos jóvenes de los que hemos encontrado, nietos robados por la dictadura. Aún faltan muchísimos, pero ellos están con nosotros, nos dan vida, nos enseñan a cambiar nuestra perspectiva, nos respetamos. Ese respeto les quiero traer hoy a ustedes también; nuestro respeto, nuestra gratitud, y el deseo de que de acá salgan conclusiones que realmente sirvan para todos, no sólo para Latinoamérica e Iberoamérica, sino para todo el mundo. Que el mundo sepa que hay jóvenes que practican la solidaridad. Yo les agradezco de todo corazón esta oportunidad que me dan de conocerlos. Les deseo lo mejor, y que estas jornadas queden plasmadas como un hecho histórico en Iberoamérica. 27 Construyendo un futuro Trabajar y comprometerse por el futuro de esta región Carmelo Angulo* La primera vez que recibí en mi despacho a los organizadores de este encuentro pensé que estaban locos, porque estaban intentando alumbrar un proyecto bastante imposible. Luego me di cuenta de que ojalá hubiera muchos locos como ellos, emprendedores con capacidad de iniciativa. Les animé, porque me di cuenta de que había una fuerza muy poderosa dentro de lo que creían. Creo que este encuentro es importante que se celebre, y creo que sería muy importante que hubiera centenares de encuentros como éste en los países, entre los actores sociales, porque yo provengo de un territorio europeo donde la calle está avejentada y, a veces, las ideas están también avejentadas. Es una maravilla vivir en esta región—como yo vivo hace ya casi veinte años—donde casi la mitad de la población tiene menos de veinticinco años y hay una creatividad, un impulso, una espontaneidad que me parece que es el fuego capaz de producir los cambios. Creo que, por eso mismo, ustedes tienen unos retos, unas batallas y una desesperanza al mismo tiempo que es importante intentar canalizar. En el año 2002 yo estaba en Argentina. Recuerdo que se encargó una encuesta sobre la juventud a una compañía muy importante y salió algo así como que el setenta y siete por ciento de los jóvenes pensaban que iban a vivir peor que sus padres. En otros países de América latina esta encuesta sería insultante porque, posiblemente, muchos hijos dirían que sus padres vivieron mal y que el futuro de ellos también es muy oscuro y triste. Por eso quiero hacer unas reflexiones, desde mi experiencia de casi veinte años continuados en América latina, con hijas nacidas en América latina y familia en la región. * Carmelo Angulo es embajador de España en Argentina. Discurso pronunciado el 27 de octubre de 2006, en el edificio central de Correos de Buenos Aires, con ocasión de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. 29 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos La primera reflexión es que, si bien el mundo es de los jóvenes, tienen que ganárselo. Nadie se lo va a regalar, hay que ganárselo. Ésta es una frase que puede parecer muy agresiva, pero me parece fundamental. La pregunta es cómo hacerlo en un mundo taponado y lleno de barreras para los jóvenes, con unas circunstancias de muy difícil acceso al trabajo, a la política y a los puestos de responsabilidad. Decía el presidente de la Unión Europea, Jacques Delors, en uno de los informes sobre la educación en el siglo XXI—quizá uno de los mejores informes que yo he leído en el seno de las Naciones Unidas—que un joven que hoy tenga entre veinte y treinta años tendrá, en los próximos cincuenta años de su vida, que cambiar de trabajo, posiblemente, entre seis y siete veces. Cada cuatro o cinco años tendrá que reciclarse, aprender a aprender y aprender constantemente. Por lo tanto, la movilidad—ganarse el acceso al empleo, a la política—es una actitud que hay que reivindicar. Hay cuatro temas fundamentales que, según mi experiencia, deberían discutirse en un encuentro como éste. Lo primero es que creo que hay una obligación moral de movilizarse. Movilizarse no quiere decir tener que trabajar en política según las perspectivas tradicionales. Hay muchas formas de participar y de movilizarse: a través del voluntariado, a través del sistema educativo, a través de las redes de jóvenes, a través del principio de una crítica constructiva de cada uno y cada una en sus propias sociedades. De acuerdo con ese mismo informe que mencioné antes, un joven que estudie entre diez y once años en el sistema educativo tiene casi garantizado un puesto de trabajo, y hay millones de jóvenes en América latina que no pasan de la primaria en el sistema educativo, por lo tanto este primer principio de la movilización es muy importante. El segundo punto es una discusión que yo he tenido en América latina durante muchos años: la distinción entre el espacio público y la política. Hay una especie de confusión sistemática entre lo que es la política y lo que es el espacio público. La política profesional—parlamento, partidos, instituciones—es una cosa que pertenece a aquellos que tienen una vocación, un compromiso, que deciden afiliarse a una fuerza política. Pero existe el espacio público, que es de todos, allí donde podemos opinar, donde los intereses públicos y privados nos afectan, y donde yo creo que estamos dispuestos a movilizarnos: cuando se discute 30 Construyendo un futuro por dónde pasará una autopista, cuando un proyecto va a afectar a nuestro medio ambiente, cuando está produciéndose un debate sobre una política pública que afecta a la ciudadanía, los impuestos, cualquier tema que pueda ser relevante para los ciudadanos. El espacio público es de todos, pero le tenemos miedo porque quizás la política lo ocupó en el pasado. Ese espacio público pertenece enormemente a la ciudadanía pero, si ustedes no se movilizan para ocuparlo, lo ocuparán la política u otros intereses que realmente no son los más apreciables para la vida política y social de un país. El tercer mecanismo que me parece fundamental es vivir, promover y expandir una cultura de paz. La cultura de paz tampoco se aprende ni se nace con ella; es una cultura que hay que vivirla, promoverla, difundirla y, a veces, defenderla con sudor y lágrimas. Y eso pasa por promover una cultura en diferencia, una cultura de diálogo, de concertación y de tolerancia, incluso para abordar el pasado. Decía nuestra Secretaria de Estado para Iberoamérica, Trinidad Jiménez, ante una pregunta muy aguda de un periodista sobre cómo se había cerrado el tema del pasado en España, que «puede ser bien o regular, quizás el tema no esté cerrado del todo, pero también nosotros discutimos y nos ponemos de acuerdo sobre cómo abordar el pasado». También para eso hace falta una cultura del diálogo y la concertación. El diálogo, la concertación, tener un proyecto compartido de país, poder embarcar a la gente hacia el futuro, es un gran afrontador de futuro, un atajo. El diálogo adelanta tiempo, y cada proceso político que el diálogo produce aloja las mejores ideas, los mejores esfuerzos. Se desperdician generaciones enteras en democracia, que han podido poner lo mejor de su vida al servicio de un proceso político, si cada vez hay que empezar desde cero. Realmente, los tiempos de los cambios son lentos, a veces se transitan con muchísima dificultad y cuesta llegar a objetivos compartidos. Y, por fin, algo que ha sido dicho aquí también. Hay que utilizar la tecnología al servicio de las personas. La tecnología es un arma poderosa y una de las claves de la globalización, pero también es un arma envenenada. Decía el Secretario General de Naciones Unidas, Kofi Annan, en uno de sus mejores discursos, que la globalización es como un tren de alta velocidad que sólo se detiene en aquellos andenes donde 31 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos hay un nivel mínimo de educación, de salud, de institucionalidad, de acuerdos entre los actores, y que, si no, pasa de largo. La globalización está pasando de largo y está dejando fuera a demasiada gente, y hay que atacarla, entenderla, mejorarla y utilizar sus instrumentos en favor de la gente. Yo les doy a todos mucho ánimo en esta tarea y les pido que sean irreverentes, porque hay que ser irreverentes frente a la realidad instalada, frente a las inercias, que son muchísimas. Les pido que sean profundamente irreverentes, en paz y sin violencia; que asuman riesgos. Ésta es la época de los emprendedores como las personas que se tomaron un tiempo para promover este encuentro. Emprendedor es quien toma riesgos—el que no toma riesgos no puede construir para el futuro—y los riesgos, a veces, tienen un coste personal, en tiempo y en comodidad, muy grande. Pero sin tomar riesgos es muy difícil construir un futuro. Hay que actuar con determinación, con compromiso, con permanencia y también, como se ha dicho aquí, con espíritu iberoamericano. Este espíritu iberoamericano tiene una historia compleja, a veces difícil de entender, donde lo español, lo portugués, lo indígena y lo afro-descendiente conforman una paleta enormemente rica de expresiones culturales, de idiomas y de ideas que se pueden compartir en muchos lugares nacionalmente, cosa que ya regionalmente se está empezando a hacer. Hace unos años, una de las cosas que más me impactó, cuando di clases en la universidad, es que aprendí que queremos cambiar el mundo, pero muchas veces el mundo nos cambia a nosotros, y lo hace desde muy jóvenes, nos desactiva profundamente. Es importante la resistencia, no dejarse ganar por esa desactivación. Yo no estoy desactivado, voy a cumplir sesenta años y estoy más activo que nunca. Uno no se puede dejar desactivar, pero hay demasiados incentivos para desactivarse. Ahí está el reto, la lucha de ustedes, de las personas a las que puedan llegar y de las personas a las que puedan convencer. Hay una cadena invisible de esfuerzos de mucha gente, de millones de personas, que es la que acaba cambiando las cosas. En muchos lugares se han visto cosas inimaginables, que parecían imposibles, pero esos cambios se acaban produciendo, aunque sorprendan. Yo les invito, con determinación, con irreverencia, pero desde una cultura de paz, a trabajar y a comprometerse por el futuro de esta región, que es algo que les gratificará. 32 Construyendo un futuro Construir futuro Jorge Alemán* Permítanme ustedes, por una cuestión tal vez generacional, darles un testimonio sobre una serie de interrogantes que el título de estas jornadas, «construyendo futuro», me sugiere. En la década del setenta, en la que muchos nos involucramos con la política, la palabra «futuro» estaba determinada por una idea de emancipación y de progreso que iba a ser realizada históricamente. Es decir, el futuro era el futuro que la emancipación prometía; era la concreción que la utopía revolucionaria formulaba; era un futuro que nosotros podíamos anticipar, que podíamos imaginar. Los jóvenes se reunían para cambiar el rumbo de las cosas. Ese rumbo tenía un vector, una línea, un objetivo bien definido. El futuro, vamos a decirlo así, era representable; estaba representado por la lógica de la emancipación. Había un vector claro, un hilo rojo, que era el hilo del progreso, una de las figuras modernas determinantes a la hora de concebir el futuro. Ese progreso—y creo que es importante subrayar esto—se imaginaba, en aquel entonces, como un progreso que encadenaba distintos ámbitos. De un modo causal o dialéctico el progreso iba a ser social, político, familiar, jurídico… es decir, un progreso simultáneo, en todas las áreas, hasta lograr realizar el futuro en el proceso logrado de emancipación. A ustedes esto puede parecerles lejanísimo, pero yo fui—se lo aseguro— contemporáneo de estas ideas, creí verdaderamente en ellas, y sé que hay muchos que pensaron que valía la pena dar la vida por ellas, precisamente porque ese futuro, como tal, se iba a realizar. Hay, por supuesto, una serie de transformaciones en el mundo que tienen que ver con las innovaciones tecnológicas, con todo el reordenamiento del planeta que ha impuesto el campo de la técnica, con lo que podemos llamar la globalización, o con la lógica cultural del capitalismo * Jorge Alemán es consejero de cultura de la embajada de Argentina en España. Discurso pronunciado el 27 de octubre de 2006, en el edificio central de Correos de Buenos Aires, con ocasión de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. 33 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos tardío, que ha provocado un eclipse de este relato de progreso. Ahora ya nadie imagina que el progreso se cabalgue de tal manera que reúna a todos los ámbitos. Se pueden clonar seres vivos pero es, en cambio, muy difícil transformar un prejuicio racial; se pueden obtener grandes transformaciones en el campo de la técnica pero, en cambio, hay serios obstáculos para transformar una mentalidad cultural. Uno está tentado de decir: «queridos jóvenes, estén advertidos, el espíritu nunca es joven, tiene la edad de los prejuicios». Este progreso del que hablaba se ha astillado. Estamos en un tiempo—si me lo permiten ustedes—posprogresista. Precisamente, el desafío que para mí suscita la expresión «construyendo futuro» es: ¿cómo se construye el futuro cuando el progreso no está garantizado; cuando el progreso simultáneo, en todos los ámbitos, no está articulado?, ¿qué es el futuro cuando se nos revela—tal y como nosotros mismos estamos hechos—como contingente, azaroso e imprevisible? El futuro se ha vuelto, para empezar, más cercano que nunca. Es siempre algo que se nos viene encima; es algo que está a punto de demorar nuestro presente. Al mismo tiempo, este carácter inminente del futuro está premiado, vamos a decir, de azar, de contingencia, de imprevisibilidad. Se dice que es muy importante la recuperación del pasado, pero hay que hacer saber que el hecho de la precariedad laboral que el mundo actual empieza a conocer de forma contundente—trabajos en los que hay que olvidarse de inmediato del pasado; que no duran más de dos meses; que promueven la destrucción del sentido de la experiencia— nos lleva incluso a destruir la posibilidad de construir una biografía verosímil de la vida de una persona. El mercado laboral no se presta a construir el relato histórico de uno mismo, más bien nos arroja a una multiplicidad de posibilidades, de contingencias y de azares, en donde hay que hacer un gran esfuerzo para, efectivamente, construir un relato que nos siga manteniendo dentro de un proyecto. Éste me parece que es el desafío de la política: vincular emancipación con democracia. Es un desafío de Latinoamérica, porque sin asumir una herencia, sin asumir un legado, no puede haber proyecto de futuro. Hemos tenido mala suerte porque las democracias han comenzado, en América latina, a la par que se introducían, con mayor crueldad y fuerza, los regímenes 34 Construyendo un futuro neoliberales que habrían de destruir todo el tejido social. Es un desafío del pensamiento latinoamericano intentar vincular la emancipación con la democracia. De esa vinculación tiene que venir la idea de que hay que aceptar un futuro del que nos tenemos que hacer responsables; un futuro imprevisible; un futuro que no está asegurado por ninguna utopía totalizadora. Pero, sin embargo, veo a Latinoamérica—por su capacidad de apropiarse de tradiciones europeas y leerlas con cierta libertad— en las mejores condiciones para asumir este desafío de pensar qué es la emancipación en la época de la globalización y cómo vincularla con las estructuras democráticas. Ese desafío exige, por supuesto, interpretar con la mayor libertad lo que ha sido nuestro pasado de lucha; tratar de que, efectivamente, ese pasado nos siga hablando y tratar de que, además, en la apertura a nuestro futuro, no nos dejemos llevar, una vez más, por retóricas que lo único que querían era protegerse del carácter contingente y siempre imprevisible del futuro. Gracias. 35 Construyendo un futuro Una tarea colectiva Gustavo Álvarez * Estimados compañeros: Cada vez queda menos para poder compartir un momento único. La tarea colectiva de reconstruir una Iberoamérica unida y tendente hacia el bien común exigirá el compromiso de nuestros mejores recursos, es decir, de la inteligencia, del sentimiento y del trabajo. Para reencontrar el rumbo ascendente de nuestro destino en común, deberemos proponer un proyecto iberoamericano, con objetivos claros y una estrategia racionalmente sustentable, que responda a los ideales de la cultura y la experiencia histórica de cada país. Debemos devolver a América latina su lugar en el mundo, rehabilitar las energías creativas de la sociedad y del pueblo emprendedor y culto que somos, y dejar atrás la frustración de observar a millones de ciudadanos hundidos en la miseria, en el simulacro de una democracia cuyos dirigentes han probado, en muchos casos, carecer de responsabilidad moral y de idoneidad. Debemos dejar atrás, en fin, la burla del Estado de derecho y la quiebra de la fe pública, sobre cuya confianza debiera reposar el devenir de la Nación Americana. La complejidad del sistema productivo y la aceleración de los intercambios de bienes y servicios; el movimiento de inversiones en el marco de la economía mundial, cada vez más competitiva; la transnacionalización de intereses e información, que caracteriza el creciente proceso de globalización, y las nuevas realidades a las que se enfrentan los gobiernos de los países democráticos y del sistema internacional requieren de nuestros países respuestas concretas, tanto en lo social como en lo político, económico o tecnológico, para no errar el curso de la Historia * Gustavo Álvarez, vicecoordinador general de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. Carta enviada a los cuadros el 22 de octubre de 2006. 37 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos y quedar marginados de los estándares de civilización que augura el siglo XXI. En muchos países latinoamericanos el disenso tiene cada vez menos espacio y la noción del bien común desaparece como pauta orientadora de la acción del Estado. Sin duda, estos fenómenos caracterizan lo que llamamos una sociedad «desmembrada». Se han creado sociedades cuyos logros son muy inferiores a sus posibilidades. Cada ciudadano, sin duda, aguarda la realización de un país grande y próspero, algo que fue una promesa de su nacionalidad. Tras seis años del nuevo milenio, la gran mayoría espera el cambio que tantas veces fue anunciado. Para que este cambio se dé es necesario convocar las energías y el entusiasmo de las futuras generaciones, para llevar adelante un proyecto generacional en diferentes áreas que nos permita, en toda Iberoamerica, devolver la confianza a cada ciudadano. Debemos ser concientes e intentar descubrir las causas de muchos de nuestros fracasos, definir objetivos estratégicos para recobrar la dignidad de sentirnos latinoamericanos, otorgar a la democracia los valores éticos que la legitiman, crear un marco de seguridad y previsibilidad para las condiciones de vida en el continente y motivar la producción y creatividad con el fin de brindar prosperidad. Queridos jóvenes, nuestra ilusión es juntarnos año tras año, a través de un eje central de trabajo, para poder, en un plazo de cinco años, formar una red de redes que logre fijar un rumbo exitoso para nuestras comunidades. Esto dependerá, en gran medida, de la voluntad política, de la capacidad de revertir la desconfianza y el escepticismo que han invadido el espíritu colectivo, de la idoneidad intelectual y de la decencia moral de quienes lo llevemos a cabo. Nosotros seremos responsables, cada uno en nuestro ámbito laboral, sea el político, el empresarial, o el social. El éxito de nuestro continente se deberá a nuestra unión. Amigos, nos encontramos en un momento único para poder afianzar el recambio generacional. 38 Manifiesto Construyendo un futuro Nosotros, reunidos en la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos celebrada en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, durante los días 26, 27 y 28 de octubre de 2006, desde nuestra condición de representantes de los diversos sectores sociales de la juventud iberoamericana, exponemos lo siguiente: Convencidos de que el camino para la prosperidad y el desarrollo de Iberoamérica pasa por impulsar los mecanismos de integración regional, y de que España y Portugal han de actuar como socios estratégicos en la promoción de las posiciones iberoamericanas ante la Unión Europea; De que dicha integración no será posible sin la construcción de una identidad iberoamericana, basada en un legado histórico y cultural que trasciende las fronteras nacionales y que es la más firme base desde la que podremos construir un futuro en común; De que sólo afrontando juntos los enormes desafíos que plantea la globalización será posible luchar contra la desigualdad; De que sólo la democracia puede crear espacios de participación en los que dé sus frutos la energía creadora de los jóvenes; De la necesidad, en fin, de que los gobiernos creen espacios de discusión, como esta cumbre, que generan movilidad, intercambio de experiencias e ideas. Somos una juventud que quiere tomar lo que sirve y desechar lo que no ha servido; una juventud iberoamericana que reclama su espacio y pide la complicidad de los estados para, juntos, construir un futuro. En consecuencia, Consideramos que si hay un problema que, por encima de todos, tiene encadenada a América latina y le impide levantar cabeza, es la injusta redistribución del ingreso. Éste debe ser el principal y más constante frente de batalla para los gobiernos, los actores económicos y sociales. 41 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos Que los gobiernos deben garantizar la igualdad de oportunidades, entendida ésta como el deber de generar ciudadanías completas, es decir, ciudadanos que puedan ejercer sus derechos y obligaciones en condiciones de igualdad de género, acceso a la educación, a la salud, al empleo y a la vivienda. Que los gobiernos deben incluir, en su agenda política más urgente, la necesidad de superar la tremenda brecha tecnológica que sufre América latina. Es imperativo invertir en formación y material que a corto, medio y largo plazo, nos permita subirnos al tren de la globalización y el progreso. Ahora o nunca es el momento de invertir en nuevas tecnologías. Que el sector público, por sí mismo, no puede hacer frente a todas las inversiones necesarias en el campo de las infraestructuras. Por ello, el Estado, allá donde no pueda llegar, debe generar un clima de confianza propicio para las inversiones privadas en materias fundamentales como energía, tecnología y redes de transporte, estableciendo, al mismo tiempo, los controles necesarios para garantizar que el perfil social inherente a estas actividades no se deje de lado. Que deben establecerse políticas comunes para diseñar un marco iberoamericano de migraciones, que contemple la protección de los derechos fundamentales de los emigrantes, entendiendo la migración como el mayor desafío de la globalización y partiendo de la base del derecho de todo ser humano a ir en busca de mejores oportunidades. Que los gobiernos han de cumplir con los compromisos y protocolos internacionales de respeto al medioambiente. Por ello presentamos, ante la Secretaría General Iberoamericana, las conclusiones de las mesas de trabajo de esta I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. En la ciudad de Buenos Aires, por jóvenes de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, Venezuela y una delegación de la Unión Europea. Octubre de 2006. 42 Conclusiones Construyendo un futuro Conclusiones finales de las mesas de trabajo de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos 1. De los medios de comunicación I) Los estados deben poner en marcha mecanismos que garanticen la pluralidad informativa y que eviten la concentración de ésta en los medios de titularidad privada. La ordenación del espacio radioeléctrico que afecta a medios de radio y televisión no puede ser excusa para el sometimiento estatal de los medios de comunicación. II) Para que todas las personas gocen de acceso democrático a la información, los estados deben ampliar a todo su territorio la cobertura, acceso y utilización, por parte de la población, de las nuevas tecnologías y facilitar subsidios a la población interesada en operar medios de comunicación. III) Los gobiernos deben establecer políticas de comunicación, que cumplan con funciones educativas y de formación cívica. Debe reconocerse la importancia de la articulación de contenidos como medio de favorecer la creación de la identidad iberoamericana, contribuyendo así a la integración de esta región. IV) Deben apoyarse iniciativas como la del Observatorio Global de Medios, surgida en el Foro Social de Porto Alegre, cuyo propósito es la creación de observatorios independientes, formados por profesionales de la comunicación, que supervisen y emitan informes sobre el cumplimiento de las normas básicas de ética y profesionalismo y diagnósticos acerca de la calidad de la producción informativa. 45 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos 2. De la sociedad civil I) Debe trabajarse para establecer un marco legal consensuado que promueva el desarrollo justo de las organizaciones de la sociedad civil, donde se definan facilidades para su constitución, operación y procesos de democratización interna. II) Debe trabajarse por el reforzamiento del asociacionismo juvenil, basado en el fortalecimiento de la educación, la identidad cultural y la participación política. III) Deben establecerse políticas y prácticas de transparencia, acceso y divulgación de la información a través de mecanismos recíprocos de auditoría y rendición de cuentas de los programas y proyectos que se ejecuten. IV) Debe promoverse la creación de leyes que regulen la participación y, a la vez, la profundicen a través de su articulación con el sector educativo, con el fin de potenciar la experiencia de los jóvenes y maximizar su aporte en las organizaciones de la sociedad civil. V) Todos los estados de la Comunidad Iberoamericana deben suscribir la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes, marco de referencia internacional para brindar un espacio común al desarrollo de las juventudes de Iberoamérica. 3. De los partidos políticos I) Se debe garantizar la presencia de mujeres y jóvenes en las estructuras de los partidos políticos por medio de sistemas de cuotas. II) El Estado debe contribuir económicamente, de manera regulada y racional, al financiamiento de los partidos políticos, con el fin de evitar la exclusión de agrupaciones que carecen de los recursos financieros necesarios para poder participar, adecuadamente, en una campaña 46 Construyendo un futuro electoral. Deben establecerse límites adecuados tanto al gasto total de los partidos en campaña como al total de las contribuciones privadas permitidas. III) Los partidos políticos deberán promover la implementación de sistemas de rendición de cuentas y fiscalización respecto de los recursos recibidos, los cuales deberán ser públicos y transparentes. IV) Es absolutamente necesario que los partidos políticos recuperen su credibilidad. Los sistemas educativos iberoamericanos deben formar ciudadanos conscientes de sus derechos y obligaciones y de la importancia de su participación en los procesos político-electorales a través de los partidos, que son el elemento medular de todo sistema democrático. V) Se deben democratizar y transparentar los partidos políticos con el fin de favorecer la inclusión de nuevos dirigentes y el recambio de autoridades. Al mismo tiempo, es necesario institucionalizar los procesos de elección de autoridades internas y de los candidatos que sean ofrecidos a la ciudadanía. VI) Al entender los partidos políticos como canales genuinos de transferencia de las demandas y necesidades de la población, creemos necesario que éstos sean capaces de generar mecanismos ágiles para recibir las propuestas de la ciudadanía, especialmente de aquellos que no tienen voz, anteponiendo los intereses colectivos a los individuales. 4. De los funcionarios de gobierno I) Los procesos de acceso a la función pública deben regirse por criterios meritocráticos, que tiendan a mejorar la calidad de los servidores públicos, con el objeto de apuntalar la íntima relación entre la función pública y la cultura de servicio. 47 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos II) Deben perfeccionarse los mecanismos de remoción de los funcionarios. Los procesos de remoción deben sustanciarse de una forma transparente y dentro de un marco de legalidad. III) Deben crearse órganos de capacitación permanente, tales como institutos o escuelas de formación continua, con sus respectivos órganos de control, con el objeto de fortalecer la vocación de servicio. Ésta se sustenta en principios como la inclusión social, la justicia y la transparencia, valores que deben regir la actividad pública. IV) Debe ser transparente la información sobre el funcionamiento y los procesos de todas las instituciones públicas, para que sean conocidos por el ciudadano incluso antes de acudir a la institución pública. V) También deben ser transparentes los resultados de la gestión de los funcionarios y de las instituciones públicas. Las contrataciones y adquisiciones públicas deben hacerse de la misma manera, garantizando la optimización de los recursos utilizados. Toda esta información deberá publicarse en Internet, en documentos escritos y en lugares visibles de las instituciones públicas. VI) Deben existir sistemas de control, tanto cuantitativos como cualitativos para todos los servicios públicos y la información al respecto debe ser de fácil acceso para todos los ciudadanos. VII) Debe promoverse la rendición de cuentas, de manera pública y periódica, de los funcionarios en sus respectivas áreas. 48 Construyendo un futuro 5. De los empresarios a) Del rol social de los empresarios I) Las empresas deben incorporar, en sus planes estratégicos, buenas conductas y políticas de gobernabilidad corporativa, reportando transparentemente sus resultados ante la colectividad. II) El Estado debe fomentar, a través de políticas públicas, incentivos y reconocimientos para las buenas prácticas de responsabilidad social corporativa. Asimismo, debe ejercer sanciones concretas en casos de incumplimiento del marco regulador establecido para dichos fines. III) Los sectores público y privado deben tomar medidas que tiendan a la formación de jóvenes emprendedores, conscientes de la dimensión social de la actividad del empresario. IV) El sector empresarial debe reconocer el valioso aporte de la fuerza laboral joven dentro de su proceso productivo, eliminando toda práctica que implique una discriminación negativa que conlleve la disminución en el otorgamiento de sus derechos laborales. Para ello, debe articularse un diálogo constante entre el sector privado y el académico, que permita un mejor diseño de los planes de estudios, para fomentar la integración de los jóvenes en el mercado laboral en condiciones salariales dignas. V) Las políticas públicas en Iberoamérica deben tender al fomento jurídico y financiero de la pequeña empresa, mediante la definición de incentivos fiscales durante sus primeros años de vida, eliminando así algunas de las barreras para su constitución. VI) Las empresas de Iberoamérica, cualquiera que sea su actividad productiva, deben ser explícitas en su rechazo a toda forma de explotación infantil, mediante el cumplimiento efectivo de la normativa local e internacional en esta materia. 49 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos VII) La formación y capacitación de la fuerza laboral en Iberoamérica requiere del rol proactivo del sector empresarial y del apoyo de los estados en el establecimiento de incentivos que fomenten la aplicación de planes de intercambio y pasantías para la fuerza laboral de nuestra región, así como una formación continuada que agregue competitividad. VIII) Las empresas deben fomentar la cultura de la calidad empresarial, orientada a la normalización de procesos, mediante mecanismos de certificación estandarizados que permitirán reconocer el esfuerzo desarrollado por dichas empresas y generar ventajas comparativas frente al resto del sector corporativo. b) De las inversiones y de la seguridad jurídica I) Deben establecerse reglas claras, homogéneas y estables en el tiempo. De esta manera el empresario no se encontrará sometido a la inseguridad que genera el continuo cambio de las regulaciones, teniendo mayor conciencia del marco regulador en el que se desenvuelve y contando con incentivos para desarrollar su actividad. II) Debe exigirse a los gobiernos un compromiso formal de respeto de los contratos suscritos y las inversiones realizadas, con independencia de los cambios políticos que se produzcan en cada momento. III) Las nuevas tecnologías deben ser aplicadas para optimizar una gestión tributaria equitativa que, a su vez, fomente el cumplimiento de las obligaciones tributarias por parte del sector privado de una manera ágil y sencilla. IV) Debe implantarse un sistema de ventanilla única empresarial, u otros mecanismos análogos que promuevan la simplificación de los procesos administrativos necesarios para la constitución y desarrollo de la actividad empresarial. 50 Construyendo un futuro V) Debe facilitarse apoyo institucional, tanto público como privado, a las iniciativas emprendedoras a través del capital riesgo y capital semilla. Para este fin, sugerimos un asesoramiento técnico sobre la viabilidad de proyectos empresariales que reduzca la mortalidad empresarial, incentivando a otras entidades públicas o privadas para que avalen el financiamiento inicial de las empresas. c) De la integración económica regional Está claro que la integración económica regional en Iberoamérica es vital para lograr un adecuado desarrollo económico, así como un óptimo posicionamiento en el contexto global. Sin embargo, el principal obstáculo para dicha integración ha sido la ineficiencia de las diversas organizaciones encargadas hasta el momento de este proceso integrador. Consecuentemente, se hace necesario tomar como referencia procesos de integración exitosos como el europeo. Por ello: I) Consideramos que Iberoamérica debe buscar aquellos objetivos estratégicos comunes, como puede ser el abastecimiento energético, que catalicen el proceso de integración económica y que, a su vez, puedan generar en un futuro una integración en términos más globales. II) Respecto del papel específico que deben jugar España y Portugal en dicha integración, consideramos que han de actuar como socios estratégicos en la promoción de las posiciones iberoamericanas ante a la Unión Europea. III) Deben coordinarse los sistemas productivos. Para conseguirlo resulta necesario realizar un análisis crítico de la región, teniendo en cuenta las ventajas comparativas de cada país y modificando la estructura productiva de la región con este criterio. Esta acción debería efectuarse de manera escalonada, puesto que la adopción excesivamente brusca de medidas integradoras podría generar problemas socioeconómicos de efectos indeseables y contraproducentes. 51 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos IV) Debe establecerse un planeamiento de infraestructuras a escala regional, que permita optimizar las inversiones en este sector e integrar social y económicamente a los países involucrados. V) Deben coordinarse las políticas económicas nacionales para posibilitar gradualmente el libre tránsito de personas, bienes y servicios en toda la región, así como una armonización de los sistemas impositivos, con el fin de evitar la competencia tributaria entre los estados involucrados. VI) Deben establecerse instituciones fuertes a nivel regional que puedan actuar de manera autónoma, sin depender de los eventuales cambios políticos que se produzcan dentro de cada país. 52 Mapas Construyendo un futuro Una historia de Iberoamérica Jorge Coscia* Muy buenos días. Agradezco haber sido elegido para participar de un grupo tan notable y, fundamentalmente, de un proyecto tan imprescindible. Quiero aportar una perspectiva en particular. Esta primera Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos tiene como consigna construir futuro y ésta es, evidentemente, una tarea particularmente ambiciosa, ya que hace cinco siglos que Iberoamérica viene detrás de esta empresa de construir un futuro en la integración. Por supuesto, uno puede plantearse el futuro desde lo individual, desde lo particular, desde estas más de veinte particularidades que conforman hoy Iberoamérica; o puede plantearse—como lo hace esta cumbre—un proyecto conjunto, en una era en la que las grandes asociaciones de países ponen en contradicción el viejo sistema de las nacionalidades y de las particularidades regionales, surgidas de la aparición del capitalismo y de la extinción del modelo feudal. De manera tal que hoy los grandes conglomerados de proyectos son los que, en definitiva, se disputan el poder en el mundo. La perspectiva desde la cual yo quiero tratar de aportar a este saludable proyecto tiene que ver con que, para mí, para construir futuro se ha de conocer el pasado. No podrá haber ninguna buena construcción de lo que vendrá sin conocer, sin discutir, sin reflexionar acerca de dónde venimos. Un pueblo sin memoria se extravía, las comunidades sin memoria pierden y, hoy precisamente, este particular desarrollo de los medios de comunicación tiene un lado negativo: el exceso de comunicación incomunica. Umberto Eco subrayaba, hace muy pocos días, que uno de los problemas de Internet es la lectura caótica, el exceso de disponibilidad de mensajes y de contenidos, que produce una suerte de caos en el proceso de absorción de la información donde es muy difícil seleccionar qué es * Jorge Edmundo Coscia es diputado de la Nación argentina. Discurso pronunciado el 27 de octubre de 2006, en el edificio central de Correos de Buenos Aires, con ocasión de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. 55 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos necesario saber, qué es necesario conocer para, en definitiva, entender el presente y el futuro. Esto es central, ya que lo que es una formidable herramienta de integración puede ser también una formidable herramienta de confusión y de incomunicación si no hay un proyecto, si no hay un orden y un plan ideológico que priorice el conocimiento del origen del pasado para entender de dónde venimos, para entender qué nos pasó—que es la clave de lo que nos pasa y de lo que nos va a pasar—, ya que lo que nos va a pasar surgirá, necesariamente, del proceso que hagamos en nuestra historia. Esto, que vale para las naciones, también vale para los individuos. Cualquier persona que llega con su crisis a una terapia al principio va a hablar de lo que le acaba de pasar pero, si profundiza en la reflexión y el análisis, va a tener que reconstruir su propia historia, la historia de su familia, la historia de lo que, en definitiva, lo determina y lo sigue determinando. El discurso de Marx, por ejemplo, que es el que introduce la Ciencia Histórica, está repleto de menciones a lo espectral. Marx siempre habla de los espectros, de los fantasmas, de los muertos. «El espectro del comunismo recorre Europa», dice en el Manifiesto comunista; dice: «los muertos pesan sobre la cabeza de los vivos». Marx, fundador de la Ciencia Histórica, del concepto de la Historia como centro del pensamiento filosófico, comprende claramente el valor de la comprensión de la Historia para determinar las políticas presentes. Esto, por supuesto, nos lleva directamente a entender cuál es nuestra historia, la historia de Suramérica—y quédense tranquilos, que no voy a contarles la historia de Suramérica, porque necesitaría varios meses tan sólo para el prólogo—. De manera tal que he elegido una suerte de objetivo para el día de hoy, que es tratar de despertar, de acicatear, lo que seguramente el mundo ya tiene, que es el interés por la comprensión de nuestra historia. La historia de Iberoamérica es algo maravilloso, un yacimiento formidable para abordar el proceso de integración. Hay que conocerla, pero no se trata de informarse de cualquier modo. Lo más difícil es el criterio de selección y las opciones que uno toma para obtener, reconstruir, conformar una historia que sea, no diría que una historia verdadera—porque nunca hay una historia absolutamente verdadera—, sino una historia que nos conviene, que es la historia que eligen los pueblos. Por supuesto, está 56 Construyendo un futuro la Historia, pero también está la política de la Historia, que es, en definitiva, el modo en que la Historia se utiliza para determinados fines. Y así como nosotros tenemos fines para la integración, existen también fines para sistemas desintegrados, y no es casualidad que hoy estos fines tengan un enorme poder comunicacional y cuenten con señales de televisión, cable, revistas y medios para darnos una visión que hasta pone en duda el descubrimiento de América—hasta eso nos quieren quitar. Nos han quitado muchas cosas y nos las siguen quitando, y una de las cosas que nos quieren arrebatar es nuestro origen iberoamericano. Muchas veces lo hacen con un discurso progresista y esto también es una política de la Historia—. Hoy se habló de la Unión Europea y a mí me gustaría señalar una metáfora para comprender esto que somos. Cuando uno toma un avión en Madrid y vuela hacia el Oriente, a la hora de vuelo ya está sobre un país que habla un idioma distinto; si vuela durante ocho horas va a atravesar una docena de idiomas. Si uno toma un avión en Buenos Aires y vuela ocho horas hacia el Norte, cuando baje del avión y llegue a Panamá o México le van a decir: «buenos días, ¿cómo está usted?»; si vuela a Europa, después de las once horas que los argentinos tenemos para llegar a Madrid, también le van a decir: «buenos días, ¿cómo está usted?». Esto es algo formidable, ahora, Europa, con esta diversidad que tiene, que conforma una enorme riqueza cultural, es, curiosamente, una desintegración unificada, es decir, una comunidad de países, naciones y culturas que han logrado la unidad en la diversidad, una diversidad enorme. Mientras que nosotros, ¿qué somos? Nosotros somos una unidad desintegrada. Entonces, ¿Qué nos pasó?, ¿qué es lo que ocurrió? La respuesta a esta pregunta es central, porque no puede haber construcción de futuro, ni construcción de integración, sin responder a la pregunta de qué ocurrió para que nuestra unidad se desintegrara. Porque estamos en una tarea de restauración y de reparación, no estamos en una tarea de invención. No estamos inventando. Los europeos, para encontrar un origen común, tienen que remontarse a los celtas, si no, la suya es una historia donde confluyen invasiones bárbaras, visigodos, ostrogodos, latinos, pueblos de Oriente… hasta Gengis Kan está en las raíces de ese origen diverso. En nuestro caso, sin embargo, hay un origen común. 57 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos Entonces yo voy a decir tres o cuatro anécdotas, que son como piezas sueltas, fragmentos incompletos de un rompecabezas que invito a los aquí presentes a que armen y a que busquen las otras piezas para completar ese «qué nos pasó», esa historia de los iberoamericanos que nos llevó a este punto de partida que, en definitiva, no es el primero sino que es el nuevo punto de partida que otros ya habían emprendido. Primero, nuestra independencia, la independencia de los latinoamericanos. La bandera argentina. Muchos hablan y dicen que la bandera argentina está tomada de los colores del cielo. La verdad es que es cierto que se distinguen los colores del cielo, pero Belgrano, que fue su creador, no la tomó del cielo. Como bien puede averiguar cualquiera que visite el museo del Prado y vaya a la sala donde están los cuadros que pintara Goya de la familia real, los colores del cielo también están en el torso amplio de Carlos IV y de Fernando VII. Belgrano tomó unos colores que son los colores de la familia real borbónica, porque desde la Independencia, por la cual pelea Belgrano, ésta tiene un carácter simbólico. Vamos entonces a tender un puente desde este lado hacia allí: ¿Qué es lo que ocurría en España y por qué Belgrano elige los colores del cielo, que son los que ya había elegido la familia real borbónica? España había sido invadida por Napoleón. La Revolución francesa, de alguna manera transformada en Imperio, había invadido España y había sometido al pueblo español. Ante esto, lo que se plantean los americanos a lo largo y ancho de América latina, mientras en España se forman Juntas en Sevilla y en Cádiz porque está preso el rey Fernando VII, es que la consigna de la independencia sea «Juntas como en España». Se forman Juntas porque impera, en la pelea contra Napoleón, un profundo espíritu democrático y liberal, que es el que algunos pueblos sienten cuando prueban el amargo sabor de la invasión. Los españoles, que habían dominado América, que la habían conquistado—como decía Neruda, se llevaron el oro pero nos dejaron las palabras—, habían conformado un formidable y complejo conglomerado cultural que aún perdura, pero habían impuesto también un imperio. Y es así, cuando se reúne la Junta Central, que viaja un delegado que se llama el Inca Dionisio Yupanqui. Los liberales españoles, considerando América como parte del Imperio, convocan delegados americanos 58 Construyendo un futuro y allí es donde el Inca Dionisio Yupanqui—a quien le decían el Inca porque era descendiente de los reyes incaicos—que vivía en Perú, se da cuenta, comprende, que a los españoles les preocupa mucho más la pelea contra Napoleón que trasladar a América el espíritu de libertad que comienza a inspirar a España. No están preocupados por la libertad y la independencia americanas, sino por la libertad del pueblo español. Aquí el Inca Yupanqui dice una palabra que debe ser orientadora, ya que ilumina el pasado en relación con la construcción de un proyecto integrador; una palabra que tiene que ver con la equidad, que dice que ninguna integración puede ser construida desde hegemonías de ningún tipo. El Inca Yupanqui les dice a los diputados españoles: «un pueblo que oprime a otro no merece ser libre». Fue profético. En 1812 se aprueba en España la Constitución de Cádiz, pero la constitución liberal vuelve a impedir el proyecto de independencia en América, que se da conjuntamente con el proceso doloroso y heroico que el pueblo español libra para expulsar al invasor. Acá hay lecciones formidables, uno se pregunta para qué nos sirve esto, por qué mirar hacia atrás. Porque el que no mira hacia atrás comete los mismos errores. La constitución liberal de 1812 no prospera. España se pierde un proceso de reforma como el que habían tenido muchos otros países; retrasa su historia dolorosamente porque no comprende la necesidad de mantener intacto el conglomerado de la integración que incluye a esa formidable traslación que ha hecho de lo ibérico hacia el nuevo imperio. De modo que no pierden sólo los americanos. Mientras, los americanos siguen peleando por su independencia. Pelean en primer lugar contra el absolutismo. No se plantean la separación de España; consideran que su proceso de independencia no excluye a España. San Martín es un ejemplo también de esto. En 1820, Fernando VII—que ha vuelto al trono y ha fusilado a todos los generales liberales que lucharon por la independencia de España—impone un nuevo poder oscuro y absoluto y, por supuesto, prepara una invasión para destruir y derrocar definitivamente el proceso de independencia iberoamericana. El ejército que se prepara para la represión se subleva. Un general liberal, Riego, encabeza la sublevación. Por aquel entonces, en América se libraba la pelea por la independencia en dos frentes, uno en el norte, con Bolívar, y otro cerca del Perú, 59 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos con el general San Martín. San Martín, enterado de la sublevación de Riego y de que se restaura la constitución liberal de 1812 en España, se reúne con el Virrey de la Serna, y en este encuentro dice: «Considero éste como uno de los días más felices de mi vida. He venido al Perú, en los márgenes del Plata, no a derramar sangre, sino a fundar la libertad y los derechos de que la misma metrópoli ha hecho alarde al proclamar la Constitución del año 1812, que vuestra excelencia y sus generales defendieron. Los liberales del mundo son hermanos en todas partes». San Martín propone allí designar a una Junta Gubernativa, integrada por el Virrey y por él, para pedirle al Rey de España que envíe un infante de su dinastía para reinar sobre el Perú. Son botones de muestra, señales claras de que ha habido, desde largo tiempo, una voluntad integradora esencialmente iberoamericana. Pero, ¿qué pasó después de esto? Los ejércitos patriotas, encabezados principalmente por Simón Bolivar, terminan la tarea de la independencia de América latina en la batalla de Ayacucho, en la que pelean oficiales que no se consideraban de repúblicas. Bolivar y San Martín no se pensaban como venezolanos o argentinos, se pensaban como una nación, que era Latinoamérica. En definitiva, ésa era la integración que se había construido durante cuatro siglos y que se consideraba iberoamericana, indoamericana, latinoamericana. En la batalla de Ayacucho, el punto culminante de un proceso que no es sólo de independencia sino también de integración, acaba la guerra de la independencia de América latina. Un dato, el general que abandera la batalla de Ayacucho, Sucre, tenía veintinueve años, el general Córdoba, decisivo en el combate, veinticinco, el general Millar, que era un irlandés que pelea para el lado patriota, veintinueve. Los más viejos eran Isidoro Suárez, de treinta y cuatro, y el venezolano Silva, de treinta y dos. Y había una mujer que peleaba con uniforme de capitán de caballería—porque siempre las mujeres están—, Manuela Sáenz, conocida por ser la mujer y la amante de Simón Bolívar. De nuevo, otra anécdota: el rol de la juventud en cualquier proceso de transformación y revolución. Se gana la batalla de Ayacucho, termina la lucha por la independencia, pero comienza otro doloroso episodio. Esa independencia no logra mantener el concepto de unidad iberoamericana y, a partir de allí, el 60 Construyendo un futuro Bolívar vencedor, el San Martín vencedor, O`higgins, Morazán y tantos otros son derrotados por las energías disociativas alentadas, fundamentalmente, por el gran poder de ese momento, Inglaterra. Entonces se forman veinte repúblicas en torno a los puertos, ¿por qué? porque se conforma un proyecto que tiene que ver con exportar y con traer; no con integrar, no con construir futuro. Eso que ocurrió lo estamos pagando aún hoy. Hablamos el mismo idioma, pero somos veintitantos países porque fracasamos en ser una gran nación. Esa gran nación necesariamente debe ser iberoamericana; y esa gran nación, ese gran proyecto—del mismo modo que la bandera original de los argentinos—no tiene porque excluir a una España que no repita el error que reprochaba el Inca Yupanqui; que comprenda que la única posibilidad de integración es una integración con equidad y justicia, porque es indudable que, aún hoy, un pueblo que oprime a otro no merece ser libre. Muchas gracias. 61 Construyendo un futuro El escenario mundial y América latina Juan Tokatlian* En primer lugar, quisiera agradecer a los organizadores de este primer encuentro de juventudes iberoamericano por involucrarme en esta iniciativa. Lo que hoy pretenderé hacer es introducir un argumento de tipo conceptual que a su vez intentaré responder, a lo largo de la presentación, partiendo de algo que es importante que se explicite desde un comienzo: mi perspectiva sobre el orden internacional en el cual nos estamos orientando. En este sentido, verán que mi presentación es moderadamente pesimista. Tomen como punto de partida eso para llevar a cabo sus debates y sus reacciones. ¿Cuál es el argumento central que voy a tratar de presentar hoy? A mi modo de ver, en el futuro inmediato veremos una ampliación, una superposición y una exacerbación de la conflictividad internacional. Estas tendencias mucho más conflictivas deben motivarnos, desde hoy, para ver cómo se articulan respuestas de tipo político y colectivo. En este sentido, les sugiero que una manera de pensar en nuevos modos de articulación y movilización política sería lo que yo llamo «incentivar la diplomacia ciudadana». ¿Qué entiendo por diplomacia ciudadana? entiendo la acción de grupos no gubernamentales y no armados que usurpan, benignamente, un rol tradicional del Estado: asumen una labor de interacción legítima con otras contrapartes y despliegan alianzas novedosas con la sociedad civil internacional. En otras palabras, apunto a insistir en que mi visión será mucho menos estatalista, en función de qué es lo que espero que hagan los estados, y mucho más societal, en el sentido de apuntar a señalar que es clave el rol de los jóvenes, de los nuevos modos de organización y de nuevos intereses enfrentados por la sociedad civil. Dicho esto, es decir, señalada una manera de aproximarse a ese escenario * Juan Tokatlian es director del departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés, en Buenos Aires, Argentina. Discurso pronunciado el 27 de octubre de 2006, en el edificio central de Correos de Buenos Aires, con ocasión de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. 63 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos de mayor conflictividad, déjenme elaborar mi presentación bajo tres dinámicas y dialécticas diferentes. Voy a mirar procesos, voy a mirar protagonistas y voy a mirar políticas. Al cabo de cada una de estas tres dinámicas voy a señalar lo que, a mi modo de ver, son tendencias observables para el corto y mediano plazo. Comienzo con el tema de los procesos. En mi opinión, los dos procesos políticos más relevantes son dos procesos que, siendo simultáneos, son independientes. La globalización y la democratización. Como procesos, son construcciones sociales, históricas y políticas. En consecuencia, el rumbo a seguir de la democratización o el rumbo a seguir de la globalización no está predeterminado. No hay un rumbo inexorable de mejoramiento; no hay un rumbo predeterminado de mejoramiento; no hay una sucesión obvia de progreso. En pocas palabras, hay un camino profundamente bifurcado. Creo que, en este sentido, la experiencia histórica nos debe llamar a cuentas para ambos procesos. Quiero decir con esto que, si uno mira los datos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, probablemente, los niveles de globalización que tenía el sistema internacional fueron sin duda alguna los más altos que, hasta ese momento, hubiera conocido la humanidad. Esta globalización no solamente era un fenómeno económico, sino que también era un fenómeno social. Entre otras cosas, por ejemplo, para la movilidad social entre países no se necesitaba pasaporte y, por lo tanto, el flujo de bienes, de recursos, de ingresos y de personas que se movían en el sistema internacional era elevadísimo, interconectando muy profundamente diferentes sociedades. Sin embargo, la primera y la segunda Guerra Mundial significaron un golpe terrible para el proceso de globalización, una retracción masiva del comercio, de las inversiones, de los flujos de vinculación entre las sociedades y un repliegue hacia formas más endógenas, más proteccionistas, más nacionalistas. En consecuencia, hay un largo periodo, entre la primera y la segunda Guerra Mundial, donde la globalización se retrae dramáticamente. Es a partir de mediados de los años cincuenta que volvemos a ver una nueva ola de globalización, obviamente motivada por los cambios tecnológicos, informáticos, etcétera, pero a lo que apunto, con esta breve y muy escueta referencia al pasado histórico, es a que no vamos necesariamente en un terreno ascendente respecto de la globalización. Es posible que se 64 Construyendo un futuro presenten fenómenos sociales, económicos y políticos que la retraigan, que la contengan y que la desaceleren. En consecuencia, éste me parece un dato muy importante que hay que tener en cuenta. Lo mismo ocurre con la democratización. Probablemente el mejor Samuel Huntington no es el Samuel Huntington de El choque de las civilizaciones, sino el que trabajó en su famoso libro Las olas de la democratización, donde nos señala que estamos, en estos momentos, en la tercera ola de la democratización mundial. Lo que Huntington señala con claridad, y quiero traer a colación para mi argumento, es que las dos olas anteriores de la democratización terminaron en las playas del autoritarismo. Es decir, la democratización no se consiguió y fue un hecho permanente, perdurable, inexorable, sino que hubo retracciones masivas, autoritarias, dictatoriales, totalitarias que hicieron que este proceso de democratización fuese un proceso muy dinámico y muy complejo; un proceso a construir, no un proceso ya construido. Si, por lo tanto, ambos procesos, la globalización y la democratización, son procesos sociales, históricos y políticos con caminos bifurcados, mi argumento hoy es que, probablemente, veamos, en el terreno de la democratización, una fuerte retracción, y en el terreno de la globalización, una fuerte desaceleración. ¿A qué me refiero cuando hablo de un fuerte retraimiento de la democracia en el mundo? En el plano internacional, a lo que me quiero referir es que hay un atascamiento de los modos de generar una democracia más amplia a nivel de los organismos internacionales. La obstrucción que hay, por ejemplo, para la reforma del Consejo y de todo el aparataje y andamiaje de Naciones Unidas, a partir del poder que concentran cinco naciones con poder de veto, es una demostración efectiva de que hasta ahí se llega en la democratización. Hay unos que son más poderosos y que no van a querer ceder su poder, ni van a querer hacer ese órgano mucho más transparente. Los dos procesos de reforma iniciados en Naciones Unidas, en 1995 y 2005, terminaron muy mal. Terminaron muy mal porque hay muchos intereses en no democratizar el sistema internacional, en estos órganos claves, en términos de los procesos políticos y de seguridad global. Pero también hay instancias ya existentes que se niegan a mecanismos de mayor transparencia y rendición de cuentas, como pueden ser el Fondo Monetario 65 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos Internacional o el Banco Mundial, organismos que son intocables. Sobre la democratización de esos órganos no se puede hablar, es un tema casi tabú. Hay que hablar sobre la democratización de otros foros, de otros ámbitos, pero, allí donde se toman las decisiones trascendentales para el conjunto de la comunidad internacional, la posibilidad de democratizarlos muy asertivamente está fuertemente limitada. Si eso pasa a nivel internacional, el problema del freno a la democratización interna quizá esté hoy mejor ejemplificado por el caso de Estados Unidos, el cual, en esta lógica de «se debe procurar más seguridad a costa de la libertad», está llevando a un fuerte cercenamiento de derechos y garantías adquiridos y a un modelo de democracia cada vez más tutelada, controlada, limitada y obstaculizada porque hay otras prioridades—la lucha contra el terrorismo internacional—, hay otras necesidades y, en consecuencia, el sacrificio que se debe hacer en el campo de las libertades justifica por qué hay que incentivar un rol más decisivo de los gastos militares, un papel más preponderante de las fuerzas militares, por qué los temas del orden público deben estar en el corazón de las arquitecturas institucionales domésticas y no los problemas de la equidad social. En pocas palabras, hay muy pocos, hoy, ejemplos de avance democratizador en el mundo, salvo aquellos que, al estilo de Irak, quieran imponerse desde afuera, sugiriendo que el cambio de régimen es, en sí mismo, algo positivo, que se puede hacer exógenamente, es decir, instalar democracias alrededor del mundo, en Irak, en Haití, en Costa de Marfil y donde sea. Fuera de esta parodia de democratización, lo sustantivo es que internamente, en la mayoría de nuestras naciones, también hay un reflujo democrático. No hay un avance protuberante de la democracia, por lo menos en los términos sociales, políticos y distributivos que están implícitos en una noción fuerte de la democracia y no solamente en una noción procedimental de la misma. ¿Qué pasa en el campo de la globalización? En el campo de la globalización—no solamente fuera del dinamismo que le están imprimiendo las economías china e india al sistema internacional, que es un hecho alentador y positivo, digo fuera de estas dinámicas positivas— hay también fuertes señales de obstrucción. No avanza la Ronda Doha de negociación multinacional, hay un ensimismamiento a nivel de las 66 Construyendo un futuro regiones, hay una reafirmación de desproteccionismo de parte de diferentes actores del sistema internacional, llámese la Unión Europea, llámese Estados Unidos, y hay este doble déficit de los Estados Unidos, interno y externo, que es como una suerte de bomba lista para estallar, que va a tener reverberaciones profundas, en la medida en que Estados Unidos no ponga en orden su propia casa en términos económicos, comerciales y financieros. Pero, a su vez, un fenómeno mucho más intenso con respecto a la globalización no es su dimensión económica sino su dimensión social. Y es que, crecientemente, en el centro y en la periferia, en los países desarrollados y en los países subdesarrollados, crece la resistencia a la globalización: los foros de São Paulo, los foros que se dan cada vez que concurren reuniones del denominado Grupo de los Ocho, el hecho de que más y más actores sociales reniegan de asumir los costos domésticos que genera la globalización, a pesar de su cara positiva, que han sido todos los avances económicos, sociales y transformativos que ha tenido. Hoy hay un rechazo, un repudio, una resistencia cada vez mayor a los costos de la globalización. En consecuencia, esto, creo yo, desacelera este proceso de globalización de manera significativa. Termino entonces este primer ámbito de reflexión sobre los procesos. Si lo que acabo de decir es correcto, esto es, que hay, potencialmente hacia el futuro más próximo, en el corto y mediano plazo, un retraimiento de la democracia y una desaceleración de la globalización, lo más probable es que tengamos un escenario con una prosperidad concentrada en algunos pocos—en algunos pocos países, en algunos pocos sectores sociales, en algunas pocas regiones—y tengamos una desigualdad extendida en el sistema internacional, una desigualdad social, económica y política bastante notable. Si esto es así, creo, allí tenemos una fuente de inestabilidad con la cual deberemos saber cómo convivir para que la respuesta a ella no sea la tangente autoritaria que tantas veces ha marcado, por lo menos en América latina, las salidas a la crisis. El segundo ámbito al que quiero hacer referencia es el tema de los protagonistas. ¿Qué es lo que tenemos en este campo de los protagonistas? Yo diría que lo más importante, sin duda alguna, es el lugar que ocupa y el proyecto de primacía internacional de los Estados Unidos. 67 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos Este proyecto de primacía, que implica que Estados Unidos no va a tolerar ningún competidor, ya sea éste aliado u oponente, es, a mi modo de ver, una fuente de varias consecuencias problemáticas, siendo una de ellas que crecientemente vamos a tener un rol mayor de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, de la política exterior y de defensa de los Estados Unidos, en relación al sistema internacional. Esto es dramático si uno lo mira en términos comparados con la guerra fría. Voy a dar algunos datos para que los tengamos en cuenta. Cuando terminó la guerra fría, en 1992, el presupuesto de defensa de los Estados Unidos era equivalente a la suma de los presupuestos de defensa de los doce países que le seguían en el escenario internacional. En el año 2003, dos años después del ataque a las torres gemelas, el presupuesto de defensa de los Estados Unidos era equivalente a la suma de los presupuestos de defensa de los veintiún países que le seguían en el escenario internacional. Para el año 2007, si tomamos todo el presupuesto de defensa de los Estados Unidos, más el presupuesto extraordinario especial para Irak y Afganistán, vamos a tener un presupuesto de defensa de los Estados Unidos que va a equivaler a la suma de los presupuestos de defensa de los ciento noventa y un países que le siguen en el sistema internacional. Esto es una musculatura de tipo militar inédita, tanto para la historia interna de los Estados Unidos como para el sistema internacional. Es un dato que no existía tradicionalmente. Si nos basamos en términos de grandes estrategias—toda la guerra fría era prepararse para una gran confrontación de Washington con Moscú—, después de terminada la guerra fría Washington se preparó para lo que se conoce como «dos guerras alternativas», es decir, disponer sus fuerzas armadas eventualmente para dos confrontaciones estratégicas claves. Hoy, el dispositivo estratégico de los Estados Unidos se conoce como «unocuatro-dos-uno». «Uno», asegurar la invulnerabilidad del territorio norteamericano; «cuatro», sostener militarmente cuatro conflictos en cuatro lugares del mundo simultáneamente; vencer en «dos» de ellos de manera decisiva y cambiar «un» régimen político en el tercer caso, lo que ahuyentaría el cuarto eventual conflicto. Esto implica ya no solamente una musculatura militar importante, sino una logística, un despliegue, una presencia, una orientación crecientemente fuerte de parte de los Estados Unidos en su componente militar. No al azar, entonces, desde el año 2001 68 Construyendo un futuro hasta el año 2007, pasamos de unas setecientas dos bases de los Estados Unidos en todo el mundo a que hoy Washington tenga unas setecientas setenta bases alrededor del planeta. A ello hay que agregar que, si sumamos el total de ojivas nucleares hoy existentes en el sistema internacional, hay unas veinte mil ojivas nucleares que tienen Estados Unidos, Rusia, Francia, Inglaterra, India, Pakistán, Israel y China; de estas veinte mil ojivas, aproximadamente diez mil trescientas cincuenta están en manos norteamericanas. Cabe aclarar que el total de estas ojivas nucleares, las veinte mil juntas, equivale al total de tonelaje de un millón de bombas semejantes a las que se lanzaron sobre Hiroshima, que produjeron en las primeras veinticuatro horas ochenta y cinco mil muertos. Es decir, si entráramos en una mínima confrontación nuclear entre algunos de estos protagonistas estaríamos mucho más cerca de un genuino holocausto internacional. Y esto sin que se haya armado todavía Irán, ni que Corea haya aparecido todavía en el escenario internacional. ¿A qué va todo esto? a que este dato no puede ser dejado de lado. No puede ser dejado de lado porque el resto de los actores internacionales está teniendo serios problemas importantes de considerar. En primer lugar, Europa. Europa está cada vez más desorientada. A mi modo de ver, Europa tenía dos opciones. Una, profundizar su integración o ampliar su integración. Optó por la ampliación. Y tenía otra opción: procurar una autonomía militar o una dependencia militar con respecto a los Estados Unidos por vía de la OTAN. Se decidió por la dependencia. Europa hoy es un actor muy importante, el proceso de integración europeo es magnífico, pero hoy Europa tiene una voz excesivamente tenue en el sistema internacional. A lo sumo, actúa en consonancia con Washington en los temas críticos y trata de matizar, en uno u otro asunto, algún rol diferencial. Europa no es hoy—insisto, no es—una voz significativa para muchos países en el mundo. Tampoco lo es China, que está emergiendo de manera creciente y siendo un actor de relevancia, pero del cual todavía no sabemos si se va a orientar por un ascenso tranquilo, por el status quo, o si va a ser un poder revisionista—hay indicaciones, por un lado y por el otro, respecto a que, todavía, la forma en que se produce este ascenso chino, que es altamente relevante en el sistema internacional, es aún una incógnita—. A lo cual se suma una Rusia 69 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos que sigue siendo una gran potencia nuclear, pero que está ensimismada en su laberinto totalitario y que difícilmente puede hoy ofrecer una alternativa importante. En pocas palabras, si lo que acabo de señalar respecto a estos principales actores es cierto—no señalo las potencias medias como Brasil, o como India, que son actores importantes a nivel regional, pero que todavía no tienen un perfil global de relevancia—, en términos de protagonistas, lo que hoy más tenemos es la posibilidad de una alta inseguridad en el sistema internacional. Termino con las políticas. Y aquí entro a América latina, de manera muy breve. Yo diría que hay dos tendencias en nuestra América latina que se agregan a este escenario mundial. Las dos tendencias son la desinstitucionalización y la fragmentación. La desinstitucionalización tiene que ver con el hecho de que hay muy pocas regiones en el mundo —probablemente sólo el África subsahariana y el Oriente Medio—que hayan tenido tantas décadas perdidas sucesivas como América latina. América latina lleva tres décadas perdidas. La década perdida en política, la década de los setenta, con gobiernos autoritarios, salvo algunas islas democráticas que todavía se mantenían. Una década autoritaria que fue desde el norte hasta el sur de la región e implicó la violación sistemática de los derechos humanos, la eliminación sistemática de una generación de recambio político, la desarticulación de los partidos políticos, etcétera, y que ha dejado un legado muy importante del cual no nos hemos podido recuperar como región, a pesar de los procesos de transformación de la transición democrática. La década de los ochenta ha sido una década perdida en términos económicos. Los indicadores de la región se retrajeron, los niveles de volatilidad de nuestras economías crecieron, el problema del endeudamiento se magnificó, las condiciones sociales se empeoraron. Salvo, nuevamente, algunos islotes de mejor desempeño económico, como conjunto la región tuvo una década perdida en los ochenta. La década de los noventa, que prometía combinar positivamente el tránsito a la democracia con la apertura económica, nos dejó un legado, desde México hasta Chile incluidos, de mayor desigualdad. Ésta ha sido una década perdida en términos sociales. En todos nuestros países tenemos brechas sociales cada vez más alarmantes. Somos, como región, la región 70 Construyendo un futuro más inequitativa del mundo, y en eso, lo somos más que muchas regiones que son más pobres que América latina. Es inaudita la forma en la que nuestros niveles de inequidad social fueron asimilados, incorporados como parte de la vida cotidiana de América latina. Entonces nos acostumbramos al delito, y nos acostumbramos a la violencia, y nos acostumbramos a malos sistemas de salud, y a malos sistemas educativos, pero todo esto en aras de cómo nos insertábamos en el sistema internacional. En pocas palabras, es difícil encontrar—insisto, salvo que uno vaya al África subsahariana o al Oriente Medio—una región que, como región, como totalidad, haya tenido esta secuencia de décadas perdidas en lo político, en lo económico y en lo social. Por lo tanto, cuando vemos altos niveles de polarización política, altos niveles de desintegración social, altos niveles de conflictividad cotidiana, más que alarmarnos y decir que estamos ante una cosa inédita, debemos tratar de comprender cómo fue que llegamos a este proceso, por qué estamos donde estamos. Y aquí me parece que hay un segundo elemento, que pocas veces se tomó en cuenta: nuestro nivel de fragmentación. América latina no existe. América latina, como noción, no existe; no existe en las políticas exteriores, ni en las políticas de defensa, ni en las políticas de referencia simbólica de ninguno de nuestros países. Hemos llegado a los niveles más increíbles de fractura regional. Hoy, Centroamérica y México, de facto, están más integrados al mecanismo, al sistema, a la lógica norteamericana. No porque no quieran, o porque sea una dinámica negativa o esté siendo parte de una gran conspiración de Washington. Lo que ocurre es que los mexicanos, los centroamericanos, los caribeños, exportan hacia Estados Unidos, tienen más inversiones de los Estados Unidos que de otras regiones, sus migrantes van hacia Estados Unidos y sus pautas culturales y de consumo son más cercanas a las de Estados Unidos; no vienen de Honduras a establecerse en Paraguay, el comercio entre Nicaragua y Bolivia es casi inexistente… además, esta región, después del 11 de septiembre, ha quedado como parte del perímetro de defensa de los Estados Unidos y por ello su nivel de interacción con el resto de las regiones va a ser muy limitado. Debemos aceptar que va a ser muy limitado. No debemos congratularnos de que eso sea así, pero debemos entender que hay dinámicas sociales, políticas y militares 71 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos que están llevando a Centroamérica, al Caribe y a México cada vez más cerca de los Estados Unidos. Pero en Suramérica el problema que queda todavía es más dramático, porque Suramérica también dejó de ser una unidad y se está fracturando de manera acelerada. Acaba de desaparecer, a los fines prácticos, una comunidad que se llama Comunidad Andina de Naciones, que ya no existe. Existe en el papel, es el producto del origen del Pacto Andino, que se firmó a finales de los sesenta pero, en la práctica, éste es un cascarón sin ningún sentido. Cuando Venezuela decide irse de la Comunidad Andina de Naciones, cuando Colombia y Perú deciden firmar acuerdos de comercio bilaterales con los Estados Unidos, cuando Ecuador decide sostener su dolarización y ver si se inserta o no se inserta en el acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos y Bolivia mira fuertemente hacia el Cono Sur, olvidándose de su vinculación más andina… entonces, la Comunidad Andina de Naciones, si existe, existe únicamente en un logo. Existe una dirección, existe un sitio donde uno puede ir y decir: «existe la Comunidad Andina de Naciones» pero, en la práctica, ésta ha dejado de existir. Y lo mismo ocurre con Mercosur. Mercosur es importante, todavía para muchos es una fuente de referencia fundamental y, por ahora, la dinámica no ha sido tan desastrosa, pero Mercosur está estancado; lleva mucho tiempo estancado sin ningún tipo de dinámica, sin ningún nivel de institucionalización, y ahora, para colmo, con los dos actores menores, Paraguay y Uruguay, decidiendo el primero irse a un acuerdo militar eventual con los Estados Unidos y el segundo, si puede, tener un acuerdo comercial con los Estados Unidos. ¿Qué quiero decir con esto? que el mismo Mercosur está fracturado, fragmentado. En todo esto hemos visto una paradoja en donde, en vez de aceptar sistemas de liderazgo compartidos entre países de la región, o hemos esperado que Brasil asuma ese liderazgo—aunque no nos gusta tampoco, pues si asume mucho liderazgo será un problema—o hemos, por otro lado, asumido que es mejor la opción individual de salvarse por vía de una relación especial con los Estados Unidos, a la espera de creer que alguno de nosotros somos objeto de relaciones especiales con los Estados Unidos. Esta combinación de desinstitucionalización y de fragmentación nos lleva a una situación de fuerte incertidumbre en el futuro. 72 Construyendo un futuro El corolario de todo lo anterior, tras ver los procesos, los protagonistas y las políticas es que—insisto en remarcarlo—tenemos un escenario hacia el futuro altamente conflictivo. Tenemos hacia el futuro problemas de polarización política y social muy preocupantes y, por lo tanto, requerimos poner la casa en orden en cada uno de nuestros países de manera democrática y volver a repensar muchos de los temas que creíamos que se habían resuelto en los setenta, en los ochenta, o en los noventa. En este contexto invoco, nuevamente, la posibilidad de una democracia ciudadana, de una diplomacia de la sociedad civil, de una diplomacia de actores no tradicionales y no estatales que se entrelacen, se vinculen, se conozcan más, que movilicen recursos de diferente índole. Porque la expectativa de que, en este escenario, serán nuestros precarios estados los que, finalmente, encuentren una salida me parece una ilusión óptica de consecuencias poco halagüeñas. Muchas gracias. 73 Construyendo un futuro Cómo afrontamos el desarrollo Martín Lousteau* Como región estamos debatiendo muy intensamente, a veces desde peores o mejores maneras, cómo es que afrontamos el desarrollo, y esto en dos sentidos: uno es cómo nos paramos frente al mundo desarrollado y otro es cómo decidimos transitar el sendero que nos lleva al desarrollo. Somos una región que, a pesar de su fragmentación, tiene muchas cosas en común, y además tenemos la guía—que siempre es importante cuando uno está transitando hacia un lugar donde otro ya fue—de un país que también tiene mucho en común con nosotros, que es España. Por eso este tipo de cumbre me parece particularmente provechosa, doblemente si es con jóvenes, porque el tiempo para el desarrollo es un tiempo que va a requerir muchos años y, por ello, tenemos que estar involucradas todas las generaciones: aquellas que nos tendrán que guiar, aquellos a los que nos tocará un tiempo futuro que construir y aquellos que después nos van a suceder. De manera que llegar adonde queremos llegar va a llevarnos mucho más tiempo del que nos imaginamos; mucho más del que alguna vez nos dijeron que nos iba a llevar; mucho más del que alguna vez soñó alguna generación que nos iba a llevar. Somos una región que acumula tres décadas perdidas. Yo no sé si la dividiría tanto en pérdida política, económica y social, porque lo que nos hemos perdido es generar una consistencia en un montón de políticas; una consistencia que permita que vaya cambiando la sociedad paulatinamente como ha sucedido en todos los países que han podido transitar hacia el desarrollo. Somos una región que lleva acumuladas tres * Martín Lousteau es presidente del Banco Provincia de Argentina. Discurso pronunciado el 27 de octubre de 2006, en el edificio central de Correos de Buenos Aires, con ocasión de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. 75 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos décadas de frustraciones. ¿De dónde proviene esta frustración?, ¿desde dónde la miro yo, en mi condición de economista? La miro principalmente desde lo que es el ingreso por habitante. Hace treinta años, Latinoamérica tenía un ingreso por habitante que era el 32% del ingreso por habitante de los Estados Unidos; después de esos treinta años tenemos un 26% del ingreso por habitante de los Estados Unidos, cuando cualquier teoría económica hubiera dicho que lo que el mundo en vías de desarrollo hace es un proceso de acercamiento a los países desarrollados, por un montón de factores: porque el capital es más rentable, porque hay más oportunidades, porque el impacto de la educación es menos costoso cuando estamos en estadios inferiores… todo eso debería llevar a lo que en inglés se llama un catching up, y sin embargo no ha ocurrido así. Si miramos otra región que esté peor que nosotros, por ejemplo Asia, vemos que hace treinta años tenían el 24% del ingreso estadounidense y ahora tienen el 46% del ingreso por habitante estadounidense; es decir, que han dado un salto que nos ha dejado a nosotros muy atrás. Si miramos, otra vez, los últimos treinta años, el ingreso por habitante de los Estados Unidos y España ha crecido a un ritmo del 2% anual. Ninguno de los países latinoamericanos—a excepción de Chile, que creció un 2,8%—pudo emparentar eso, lo que quiere decir que cada vez agrandamos más la brecha, y esto ha sido mucho peor en los últimos diez años, cuando España y los Estados Unidos han crecido al doble de lo que lo han hecho todos los países latinoamericanos a excepción de Chile. Creo que esto es consecuencia, pero a la vez causa, de algo que es muy prototípico en nuestros países: la falta de consistencia temporal de cualquier tipo de política y, hasta inclusive, de cualquier régimen político. Hemos atravesado todos los posibles experimentos políticos y económicos en la región; experimentos que no debe haber pasado ninguna región del mundo. La región ha dado unos giros abruptos en casi todo lo que uno pudiera pensar durante los últimos treinta años, y esa frustración, esos giros abruptos, lo que originan son intentos muy dramáticos y muy artificiales por generar crecimiento; y cuando esos intentos se dan de bruces con la realidad lo que se produce es una reacción adversa que tira por la borda todo lo que ocurrió antes, y así venimos oscilando durante décadas sin poder salir de donde estamos. En Argentina, por ejemplo, el aumento del ingreso por habitan- 76 Construyendo un futuro te ha sido cero. Tenemos el mismo ingreso por habitante que hace treinta años y está mucho peor distribuido. Cómo no va a generar esto un montón de reacciones extremadamente complicadas y una realidad que cada vez tiene aristas más dramáticas y a la cual, lamentablemente, nos vamos acostumbrando. El Consenso de Washington, o las políticas de la década de los noventa, son el último ejemplo de esto y, como en el caso Argentino, que lo siguió al pie de la letra, lamentablemente, el más duradero, porque el esfuerzo que hicimos por mantener a flote algo que era artificial y que no podía subsistir fue feroz en términos sociales. ¿De qué tipo de consenso estamos hablando cuando hablamos del Consenso de Washington? Estamos hablando de un consenso que pregonaba apertura comercial, apertura financiera, privatizaciones para disminuir el tamaño del Estado, para contener un déficit que, a su vez, contuviera la inflación… finalmente ese esquema hizo eclosión y nos vimos en las antípodas de lo que pretendíamos generar. Pero ¿Cuál es la causa de buscar este tipo de modelos? La causa es que, como no podemos encontrar dentro de nosotros los modelos que lleven al desarrollo, probablemente seamos demasiado ansiosos y buscamos herramientas y atajos para conseguirlo. La vía más fácil es pensar: «armemos un tinglado financiero lo suficientemente importante como para atraer capitales a mansalva; capitales que nos puedan empujar hacia arriba lo más rápido posible para hacer ese catching up con los países desarrollados». Pero la atracción de ese tipo de capitales—sin discriminar cuál es el impacto que esas políticas de atracción de capitales tienen hacia dentro y sin discriminar qué tipo comportamiento y qué tipo de capitales estamos atrayendo—genera lo que acaba generando posteriormente. Argentina, como decía, hoy tiene el mismo producto interior bruto que hace treinta años, pero peor distribuido. Esto quiere decir que hay una basta proporción de la población que está peor, en términos absolutos, que hace treinta años. ¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué este deterioro en la distribución del ingreso en una sociedad que se caracterizaba en Latinoamérica por ser exactamente lo opuesto a una mala distribución del ingreso? Porque en las etapas de suba, cuando estamos fijando el tipo de cambio y teniendo tasas de interés altas para atraer capitales, aquel que 77 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos se puede beneficiar—y ningún otro—es aquel que tiene capital financiero. Cuando viene la etapa de eclosión y explota—y generalmente explota por una crisis financiera—el sector que se perjudica es aquel que no tiene capital de ningún tipo: uno, no tiene capital financiero (y esto es dólares que guardó en un colchón antes de la devaluación); dos, no tiene capital físico, pues no tiene su propia vivienda; y tres, no tiene capital humano que haga que su remuneración laboral esté más o menos atada a la suerte que corren los precios. De modo que en la etapa de suba tenemos un deterioro de la distribución del ingreso porque beneficiamos el capital financiero, y en la etapa de explosión tenemos un deterioro mucho más dramático todavía de la distribución del ingreso. Ésta es la historia económica de Argentina y la de muchos países en Latinoamérica en los últimos treinta años. Argentina es el ejemplo más acabado de todas estas políticas por las que Latinoamérica ha pasado en los últimos treinta años porque las ha pasado en exceso. Ese desdén por los procesos internos, ese no mirar las consecuencias internas que van teniendo las políticas que vamos sumando, hace que no tengamos nunca el debate que tenemos que tener y terminemos aceptando sin mirar cuáles son las consecuencias y, sobre todo, cuáles son los fundamentos de unas políticas que nos vienen determinadas o pregonadas desde fuera, sin mirar siquiera cuáles son los fundamentos desde un punto de vista académico, de rigurosidad intelectual, de estas políticas. No hay recetas mágicas para desarrollarse. Lo que hay es un camino lentísimo. Lo que tenemos que hacer es mirar a todos aquellos países que pudieron atravesar el camino del desarrollo. Tenemos que mirar cómo han hecho, y hacerlo con mucha rigurosidad intelectual. Creo que, a medida que transitemos un camino de mayor rigurosidad en el debate y de mirar las cosas que son posibles de hacer con mayor seriedad, vamos a tener un abanico más acotado: los debates, las reacciones sociales y las reacciones políticas van a ser más sutiles, y entonces nos podremos mover por una autopista que lleve al desarrollo. Será un proceso muy lento, podremos elegir si será por el carril de la izquierda, del centro o el derecho, pero no estaremos todo el tiempo tomando caminos alternativos sólo porque son más rápidos para, finalmente, encontrar un precipicio cerca y descubrir que es peligroso circular por ahí. 78 Construyendo un futuro En particular, cuando estamos mirando a nuestras sociedades, buscando qué tipo de recetas podemos importar, hay una discusión que se da siempre, que es la de la cuestión del equilibrio entre el Estado y el Mercado. En Latinoamérica este equilibrio es muy complicado cuando tenemos tanta volatilidad, porque el resultado de la volatilidad es que no tenemos Estado y tampoco tenemos Mercado. No tenemos un Estado con el músculo necesario para controlar el Mercado y para hacer las cosas que el Mercado no puede hacer; y no tenemos Mercado porque la premisa del Mercado es que las señales que da el Mercado en sí para tomar decisiones no son lo suficientemente relevantes ni perdurables. Si las señales están cambiando constantemente el Mercado no sirve; si el tipo de cambio un día es alto, y a los dos días es bajo, aquel empresario que quiso invertir para exportar no lo va a poder hacer; aquel que contrató más mano de obra, montó una nueva planta y al día siguiente ve que el costo laboral se disparó tendrá que echar a los trabajadores… así es imposible. Es decir, el Mercado, en estos países, que son tan volátiles, no tiene la relevancia ni la consistencia suficiente para guiar decisiones como las tendría que guiar, ni el Estado tampoco. Entonces tenemos que ir construyendo las dos cosas, Estado y Mercado, paulatinamente, y esto sólo se logrará con consistencia en las políticas. Por eso yo no dividiría los treinta años de pérdida en pérdida política, económica y social. Nos perdimos treinta años de poder transitar el camino del desarrollo; treinta años de tener estabilidad en un montón de rubros; treinta años de haber zanjado discusiones que ya deberíamos tener zanjadas. (…) ¿Por qué hablo de décadas perdidas en términos de consistencia? Porque hay una gran diferencia entre crecer y no crecer, pero también hay una gran diferencia entre crecer con consistencia, todo el tiempo, y no hacerlo. Argentina tuvo diez recesiones en los últimos veinte años, Chile tuvo una recesión en los últimos veinte años, Brasil tuvo tres, pero con una gran cantidad de cambios macroeconómicos en medio, que también afectan a la realidad cotidiana. Si Argentina pudiera crecer al 4% anual promedio, aun manteniendo el superávit primario actual de tres puntos del PIB, y sólo reduciendo la evasión fiscal de un 40% a un 30%, podríamos pasar de gastar veintisiete puntos de producto a treinta y dos-treinta y tres puntos de gasto público, ¿en cuánto tiempo? en diez años. 79 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos Es decir, siendo serios, siendo consistentes con las proyecciones, podemos aumentar más o menos tres puntos del PIB en gasto público destinado al Estado de bienestar en el término de diez años. ¿Cuál es el truco? El truco es que en diez años vamos a tener un PIB mucho más grande. Entonces, ¿Qué se puede hacer con un gasto público que es tres puntos más grande cuando el PIB creció al 4% durante diez años? Voy a tratar de traducirlo rápidamente a dólares: dar alrededor de tres mil ochocientos millones de dólares para el aumento de las jubilaciones (esto, en Argentina, sería darle setenta dólares mensuales a un millón de ancianos que no tiene cobertura y aumentarle setenta dólares mensuales a tres millones doscientos mil beneficiarios); al mismo tiempo—y estoy hablando de un aumento del gasto público de sólo tres puntos del PIB—destinar seis millones de dólares para ampliar y mejorar los planes sociales (esto significaría dar casi siete millones de asignaciones familiares de setenta dólares por mes); al mismo tiempo, aumentar en cinco millones de dólares el presupuesto educativo (esto podría ser, más o menos, cuatro millones ochocientas mil becas de setenta y cinco dólares por alumno); al mismo tiempo, aumentar en mil ochocientos millones de dólares el presupuesto de salud (es decir, un 30% más, en términos reales, de lo que tenemos actualmente); al mismo tiempo, tener dos mil quinientos millones de dólares más parta gastar en obra pública (esto es un 30% más, en términos reales, de lo que estamos gastando hoy en día). Entonces, el camino hacia el desarrollo es un camino lento pero, si es consistente, es un camino que tiene resultados dramáticos. Las cosas cambian y cambian en serio. Lo que tenemos que aprender es que vamos a ir yendo hacia ahí muy de a poco. Una vez que hablamos de Estado creo que hay que incorporar el Mercado, y de ello tengo una visión muy particular, quizá por tener el sesgo de economista. Los modelos de sociedad se construyen a partir de la producción, porque este es el único ámbito donde aparecen claramente interactuando el trabajo y el capital, con el Estado sentando las reglas del juego. Según cómo se de la interacción en ese ámbito vamos a construir distintos tipos de sociedades: si la producción está totalmente privatizada no vamos a tener valor agregado y no vamos a ser una sociedad rica; si la interacción en ese ámbito genera una producción 80 Construyendo un futuro neutralizada es probable que tengamos una sociedad rica pero, ¿bien distribuida? Dependerá de cuál es el peso de las grandes empresas, de las pequeñas empresas… Qué tan bien va a estar distribuida la torta dependerá de cómo siente el Estado las reglas del juego en lo que es la protección del trabajador; qué tanto de la riqueza va a tener el país dependerá de cómo siente el Estado las reglas del juego en cuanto al capital extranjero y al capital local, en cuanto a la repatriación de utilidades, etc. Es un ámbito en el cual, a medida que se va modificando y se va trabajando en él, va cambiando la sociedad. Y ésta es la historia argentina de los últimos años. De una sociedad neutralizada, incorporada, pensada en los términos de la producción, pasamos a una sociedad que estuvo pensada en términos de: «demos un salto a través de artificios financieros para lograr un crecimiento rápido», pero el resultado está a la vista: un deterioro tremendo de lo que era una sociedad igualitaria y con derechos bien protegidos. Otro tema es que cuando revemos con ojos más serios otras políticas, cuando las debatimos y las adaptamos a nuestras realidades, también estamos pensando en defender mejor nuestros intereses; nuestros intereses hacia dentro, como país. Todo debate, toda decisión de política económica o de política general, es ideológico, pero los noventa en Argentina alejaron esa palabra, «debate», como si fuera una plaga, y tenemos que volver a tener debates ideológicos, dentro de ciertos cauces, de ciertas maneras, con ciertos límites, pero tenemos que tener debates ideológicos porque así es como se va construyendo una sociedad; debates hacia dentro, debates del propio país con la región, y debates con respecto al mundo. En una ponencia anterior se habló de fragmentación, de que Latinoamérica no existe, y Latinoamérica en gran medida no existe porque no ha tenido consistencia en sus políticas propias, macrointernas, con lo cual la interacción que tengo que tener con Brasil, por ejemplo, depende de si en ese momento el tipo de cambio me favorece o no. No podemos estar pensando en defender intereses en común si no podemos construir un marco en el cual esos intereses sean comunes. Si ese marco cambia todo el tiempo no puede haber intereses comunes. El panorama, desde el punto de vista social, es de una mejora paulatina, pero aún es muy malo. Sin embargo, 81 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos voy a ser un poco optimista, porque veo que en Latinoamérica estamos empezando a pensar de otra manera; veo que tenemos una base muy sana en cuanto a las políticas macroeconómicas y que hay una oportunidad muy especial, que pasa por China y por India, porque China e India están sacando masas y masas de gente de la pobreza, en magnitudes similares a lo que puede ser la población de muchos de nuestros países, y cuando la gente sale de la pobreza lo primero que quiere es cambiar su dieta, quieren comer proteína animal, y proteína animal es carne y es leche, y cuando uno mira dónde se puede generar más carne y más leche es aquí, en Latinoamérica. Estamos ante una oportunidad similar a lo que era a fines del siglo XIX. Junto a esto está el tema adicional de la conflictividad mundial. Si bien desde el punto de vista interno, comparativamente, somos una región que carece de conflictos, nosotros, con nuestras malas políticas, estamos generando conflictividad interna todo el tiempo. Veo una oportunidad muy buena para nosotros los latinoamericanos de arreglarnos esto. Hay un marco y un ambiente en el que tenemos una guía, y en general a los países latinoamericanos les gusta más parecerse a Europa que a Estados Unidos, salvo a los que están más al norte, y esa guía tiene que servir para ver qué han hecho los países europeos para transitar el camino al desarrollo. Y repito, hay que verlo en serio, porque ninguno de ellos ha privatizado la seguridad social, ni ha hecho todo de la noche a la mañana, ninguno. Hay alguna regularidad en el resto del mundo que, si la analizamos con rigurosidad intelectual y la adaptamos a nuestra área local y a nuestros intereses, nos puede dar una guía de cómo se construye una sociedad que, a través de un crecimiento que esté balanceado, nos pueda llevar a tener lo que pretendemos, que es una sociedad mucho más equitativa. 82 Construyendo un futuro América latina: los activos de la contestación Carlos Taibo* Quien escribe estas líneas no es en modo alguno un experto en América latina. La única virtud, acaso más aparente que real, que puede exhibir es la que se deriva del hecho de haber trabajado durante años sobre un área geográfica, la Europa central y oriental, que en virtud de su singular condición bien puede servir para aportar alguna visión iluminadora sobre lo que ocurre hoy en las Américas central y del Sur. El autor espera, por lo demás, que la liviandad de sus conocimientos quede moderadamente compensada por la claridad con la que, dadas las circunstancias, está obligado a expresar sus percepciones. Antes de entrar en materia, de cualquier modo, parece conveniente dejar sentado algo que al observador foráneo le sorprende cuando se topa con muchas de las realidades presentes de América latina: la naturaleza extremadamente singular de las sociedades correspondientes, indeleblemente marcadas unas veces por el influjo de las poblaciones indígenas e impregnadas en otras por una no menos poderosa influencia europea. Y es que, al fin y cabo, y ocupándonos ahora de esta última, ¿hay sociedades más europeas que las que se revelan de la mano de buena parte de la vida, el hábitat y las relaciones en Argentina o en Uruguay? Parece lícito afirmar que esta condición de vinculación con influencias tan dispares hace de América latina un recinto del que cabe esperar formas de hacer distintas que las que se manifiestan en otros rincones del planeta. Esto es, al menos, lo que vienen a sugerir muchos de los procesos hoy activos. * Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid, España. Artículo escrito con motivo de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. 83 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos El escenario planetario y América latina Aun a costa de recurrir a una simplificación, consideraremos que el escenario planetario de principios del siglo XXI se halla marcado por cinco grandes rasgos: la primacía de la globalización capitalista, la hegemonía aparentemente incontestada de Estados Unidos, una lucha denodada por materias primas energéticas en la que se dan cita las dos dimensiones anteriores, el empleo interesado de la amenaza terrorista para justificar operaciones que obedecen a intereses muy precisos y, en suma, una progresiva anulación del sistema de Naciones Unidas. En una primera y superficial lectura, América latina no sale mal parada de resultas de la irrupción de un orden internacional marcado por los elementos reseñados. Alguien aducirá, por ejemplo, que en relación con el tercero y con el cuarto—las disputas relativas a las materias primas energéticas y al terrorismo—su papel es, por fortuna, de segundo orden, al menos si lo comparamos con el que corresponde a la región del planeta en la cual las tensiones correspondientes se manifiestan con mayor rudeza: el Oriente próximo. Bastará con recordar al respecto, a guisa de ejemplo, que las crecientes tensiones derivadas de los programas nucleares militares que se barruntan—o eso se dice—en otros escenarios faltan en una América latina en la que siguen rigiendo las pautas marcadas por el Tratado de Tlatelolco. Pero, siendo cierto todo lo anterior, parece lícito afirmar, en paralelo, que la relativa liberación que el final de la guerra fría supuso para América latina—las tensiones parecían llamadas a amainar mientras Estados Unidos se interesaba por otros escenarios y en alguna medida se desentendía de su patio trasero—se vio al poco contrarrestada por una modalidad de globalización que agudizaba, y radicalmente, muchas de las injusticias que acarreaba la relación Norte-Sur. Y ello tanto más cuanto que sería un craso error concluir que Washington se ha desentendido de América latina. Para testimoniar lo contrario ahí están la apuesta de la Casa Blanca por la Zona de Libre Comercio de las Américas, las presiones que ejerce sobre productores de petróleo como Colombia, Ecuador, México o Venezuela, y la férula general que mantiene en todo el subcontinente. 84 Construyendo un futuro Un tercer mundo imperfecto En la Europa central y oriental contemporánea se registra un debate que en mucho recuerda al que, a buen seguro, protagonizaron muchos países latinoamericanos un siglo atrás. Mientras hay círculos de opinión que sostienen que los países en cuestión no tendrán mayores problemas para uncirse al carro del Norte desarrollado, otros prefieren recordar cómo un buen puñado de datos—desfases tecnológicos, endeudamiento, dramáticas escisiones sociales, emigración, débiles sociedades civiles— remite a la condición característica del tercer mundo más tradicional. Hace un siglo eran también muchas las personas que en América latina daban por descontado que sus países se iban a sumar sin problemas a ese carro del Norte desarrollado: disponían de burguesías nacionales muy activas, de clases trabajadoras razonablemente formadas y, en muchos casos, de materias primas cotizadas en los mercados internacionales. Y, sin embargo, hoy sabemos que en el siglo XX América latina quedó instalada en el tercer mundo y, de resultas, padeció los efectos del intercambio desigual y del expolio de sus recursos. Es verdad, para decirlo todo, que el tercer mundo latinoamericano ha demostrado ser más benigno que otros. Piénsese, sin ir más lejos, que casi todos los Estados del África subsahariana muestran niveles de renta per cápita, de desarrollo humano y de alfabetización inferiores a los más bajos registrados en América latina. Recuérdese también, por lo demás, que en esta última la situación ha sido históricamente diferente en los países del Cono Sur—no han exhibido rasgos característicos del tercer mundo como, por invocar uno de ellos, el rápido crecimiento demográfico—que en la América central y en ese continuo que configuran Ecuador, Perú, Bolivia y Paraguay. Para referirse al conjunto del subcontinente se ha hablado a menudo de un «extremo Occidente inacabado» y de un «tercer mundo imperfecto». La condición que nos ocupa, en sus muy dispares dimensiones, es inseparable, por lo demás, del formidable expolio de recursos desarrollado por Estados Unidos, y de la propia tutela ejercida por este último país a lo largo del siglo XX. Las huellas de esa sumisión se manifiestan de formas tan distintas como las que aportan esa etnocén- 85 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos trica opción lingüística encaminada a llamar «América» al propio Estados Unidos—no deja de haber problemas, bien es cierto, en la expresión «América latina», que subraya inequívocamente los vínculos con Europa en detrimento de otras realidades—, el despliegue, sin rebozo, de la versión más radical de la Doctrina Monroe y un sinfín de intervenciones y ejercicios de desestabilización. Ahí están, en lo que a unas y otros se refiere, y no vamos demasiado atrás en el tiempo, las asestadas frente a la Cuba de Castro o el Chile de Allende, las realizadas en apoyo de las contrainsurgencias en Guatemala, El Salvador o Nicaragua, o las verificadas a través de las invasiones de Panamá y de la isla de Granada. Democratización ficticia y crisis ahondada Estamos obligados a dejar constancia, en suma, del fracaso de la última operación alentada en América latina: la que, ante todo en el decenio de 1990, abrió el camino a una aparente democratización que venía a dejar atrás el tiempo propio de dictaduras y regímenes militares. No nos engañemos en demasía con respecto a la trama de fondo de esa formal democratización. A su amparo no han faltado violaciones graves de derechos humanos—como las que se registran en Colombia, donde el conflicto bélico interno sigue abierto—, han menudeado figuras tan llamativas y tan poco estimulantes como las de Menem en Argentina, Collor de Mello en Brasil o Fujimori en Perú, han despuntado procesos desalentadores—el mexicano, por ejemplo—que obligan a poner en duda que se haya verificado una transición a la democracia que merezca tal nombre, se han manifestado con frecuencia registros muy pobres en materia de participación electoral y de credibilidad de los partidos tradicionales, y, en fin, las oligarquías tradicionales han seguido controlando, en la trastienda, los procesos más importantes, casi siempre con el concurso de medios de comunicación nada propensos a denunciar las injusticias. Más allá de todo lo anterior, y esto es al cabo lo más relevante en lo que atañe a nuestra reflexión, la livianísima democratización que nos ocupa, al ratificar los datos fundamentales de un escenario económico poco halagüeño, apenas ha aportado beneficio alguno para la mayoría de la población. 86 Construyendo un futuro Y es que ese escenario económico se ha visto irremisiblemente marcado por datos como las secuelas, desoladoras, que en materia social han tenido los programas de ajuste del Fondo Monetario Internacional, la incapacidad para encontrar un nicho tecnológico propio, el crecimiento imparable de la deuda externa—en el momento presente, por cada dólar que América latina recibe se ve obligada a pagar seis—y del desempleo, el expolio de los recursos por grandes empresas transnacionales, el despliegue de ambiciosos proyectos—el Plan Puebla Panamá, el Plan Colombia, la Iniciativa Andina—en virtud de los cuales aquéllas se apropian de territorios y recursos, la evasión de capitales y la corrupción. Agreguemos que, con la excepción mexicana, América latina no se ha visto particularmente beneficiada—es una manera de hablar— por la deslocalización en curso en todo el globo. Tampoco ha resultado ser particularmente estimulante, por lo demás, la captación de inversiones foráneas. Piénsese que mientras Brasil y México, los países mejor emplazados al respecto, acogen cada uno del orden de un dos por ciento del total planetario de aquéllas, Venezuela y Chile reciben entre un cero con cinco y un uno por ciento, y todos los demás estados latinoamericanos quedan por detrás. Las agresiones medioambientales, en suma, están a la orden del día, como lo testimonia, en singular, la activa deforestación registrada en la Amazonia. Según algunas estimaciones, los proyectos abrazados por el gobierno brasileño, incluídos el trazado de carreteras y la mejora de las vías fluviales, podrían provocar en quince años la pérdida de al menos un veintiocho por ciento del bosque amazónico. Aunque las políticas económicas, desplegadas en paralelo con la liviana democratización que hemos invocado, permitieron controlar la inflación, garantizaron cierta estabilidad y propiciaron en muchos casos un innegable, y acaso irracional, crecimiento, lo cierto es que la pobreza y la desigualdad han seguido estando a la orden del día. Nos hallamos—no se olvide—ante la región del planeta que exhibe las mayores desigualdades. Si en 1980 los ingresos del diez por ciento más rico de la población eran veinticuatro veces superiores a los del diez por ciento más pobre, hoy en día resultan ser treinta y una veces mayores. Un sesenta por ciento de los latinoamericanos—en su mayoría, y dicho sea de paso, mujeres—vive, entre tanto, por debajo del umbral de la 87 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos pobreza. Al visible deterioro de la posición de varios países de América latina que ocupaban puestos relativamente altos en lo que respecta al índice de desarrollo humano—la educación y la sanidad han reculado ostentosamente—le ha acompañado el mantenimiento de la situación de postración de los que se hallaban en posiciones bajas, esto es, los estados de la América central y el Caribe, junto con Bolivia, Ecuador, Paraguay y Perú. La circunstancia que nos ocupa obliga a preguntarse, claro, cómo es posible que en países objetivamente tan ricos como Argentina, Brasil o Uruguay sean hoy muchos los ciudadanos que pasan, literalmente, hambre. Izquierdas en el poder La respuesta más palpable a todo lo anterior es la que se ha verificado de la mano de cambios notables en los gobiernos de un puñado de países. Esos cambios se han caracterizado por el acceso a aquéllos de fuerzas políticas de izquierda—así ha sucedido en Bolivia, Brasil, Uruguay y Venezuela—, por un giro, también hacia la izquierda, de determinados segmentos de partidos tradicionales—Argentina—o por el crecimiento electoral, aun sin alcanzar por el momento el poder, de formaciones que cabe emplazar de nuevo en la izquierda en países como Ecuador, México, Nicaragua, Perú o El Salvador. Agreguemos los casos de Chile y de Cuba, que discurren por otros caminos y que nos emplazan ante procesos iniciados antes del momento cronológico, los albores del siglo XXI, que ahora nos interesa. Nunca en la historia de América latina hubo tantos estados gobernados por fuerzas políticas que es lícito situar en la izquierda. Es verdad que, pese a lo que acabamos de señalar, los distintos ejemplos reseñados remiten a realidades a menudo muy diferentes entre sí, no en vano lo son también los procesos y los países en los que se han desarrollado. Tal circunstancia no deja de ser, en una lectura legítima, un activo interesante, toda vez que nos topamos con patrones dispares que pueden aportar ideas los unos a los otros. No se olvide, por mencionar un ejemplo, que la tantas veces denostada Venezuela de Chávez, un modelo aparentemente alejado de todos los demás, se ha adentrado en 88 Construyendo un futuro un escenario de reformas sociales que inicialmente sólo formaban parte de sus expectativas de manera retórica, al tiempo que ha ido perfilando proyectos continentales de sentido cada vez más radical, y ello pese a que sigue faltando—parece—un programa claro y vertebrado de reformas. La certificación de que todo ello ha sido así en virtud de la riqueza petrolera del país y de la espectacular subida operada en los precios internacionales de las materias primas energéticas, el recordatorio paralelo de que Venezuela sigue acatando muchas de las reglas del juego preexistentes y las razonables dudas que provoca una apuesta en exceso estatalista y poco amiga de la plena autonomía de los agentes sociales no le restan un ápice de valor a la afirmación anterior. Tiene su sentido, sin embargo, que escarbemos en un camino diferente y procuremos encontrar los elementos comunes—también los hay—a todos estos procesos. El más importante de ellos asume la forma de una inevitable consideración de por qué se ha producido el cambio general que ahora nos interesa: son muchos los países en los que buena parte de la ciudadanía ha expresado un rotundo rechazo de lo ocurrido en los últimos lustros en América latina. El resultado no es otro que el aprestamiento de activos movimientos sociales y el acceso al poder de diferentes gobiernos de izquierda, algo no inicialmente previsto, a buen seguro, en el guión democratizador norteamericano. Conviene subrayar que la conciencia con respecto a los problemas parece extenderse, llamativamente, a muchos emigrantes latinoamericanos que residen, legal o ilegalmente, en Estados Unidos. En el propio terreno político, el cambio ha asumido en algunos lugares, por añadidura, un firme de designio de llegar hasta el fin en la investigación de los crímenes cometidos en el pasado por unas u otras dictaduras. Así lo testimonia, en lugar singular, el ejemplo argentino. Los activos de la contestación Pero, al margen de lo anterior, los procesos en curso ponen de manifiesto activos muy interesantes. Se ha demostrado, por lo pronto, que es posible contestar las abrasivas políticas desplegadas por instancias como el Fondo Monetario Internacional. Lo hizo en 2001, por cierto, un gobierno 89 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos argentino que no se caracterizaba precisamente por su condición rupturista y contestataria del orden existente—de hecho sigue acatando, en sustancia, las reglas del desorden neoliberal—, con el consiguiente efecto de pedagogía sobre los demás. No han faltado las tomas de posición orientadas a cuestionar, por otra parte, las reglas impuestas por las grandes potencias en materia, por ejemplo, de subvenciones a sus sectores agrícolas. No se olvide que en virtud del Farm Bill de 2002 Estados Unidos ha acrecentado los créditos a la exportación para sus agricultores y ha impuesto exigencias sin cuento a los productos latinoamericanos, circunstancias ambas que suscitaron un vivo rechazo con ocasión de la cumbre que la Organización Mundial del Comercio celebró en Cancún en 2003. En cualquier caso, aunque los proyectos neoliberales siguen en pie—sería una equivocación concluir que han desaparecido del horizonte, tanto más cuanto que la mayoría de los gobiernos se muestran remisos a abandonarlos con claridad—, lo cierto es que su legitimación se antoja hoy mucho más precaria que en el pasado. La contestación de las imposiciones de muchas instancias internacionales se ha hecho acompañar de medidas que obedecen al propósito—o al menos esto es lo que parece—de resolver los problemas de las gentes, y no al de ampliar los beneficios de las transnacionales. Así, en algunos casos—bien es verdad que pocos—se ha optado por renacionalizar sectores productivos y emanciparlos de la rapiña de esas empresas transnacionales. Se aprecia también un incipiente esfuerzo encaminado al desarrollo de los poderes locales en clave distinta de la que ha sido característica en las políticas neoliberales (éstas se han servido de aquéllos para rebajar aún más el peso de las instituciones públicas de ámbito estatal o subestatal, y, con él, el de magros servicios sociales). Aunque los frutos sean hoy por hoy escasos, cada vez parece más asentada, por lo demás, la conciencia de la necesidad de ampliar las posibilidades del sector público y social de la economía, procurar una radical redistribución de la riqueza —no hay sistemas fiscales más regresivos que los latinoamericanos—y garantizar el respeto de los derechos, y entre ellos los medioambientales, de las generaciones venideras. Otro activo interesante llega de la mano del despliegue de nuevas organizaciones regionales como es el caso, en particular, del Mercosur, en 90 Construyendo un futuro más de un sentido orientadas a contrarrestar, por el momento con razonable éxito, la gestación de la Zona de Libre Comercio de las Américas acariciada por Estados Unidos. No se olvide que esta última desea situar en una misma instancia, interesadamente, a los países ricos del Norte y al resto de los estados americanos. Para dar cuenta de la disparidad bastará con recordar que mientras Estados Unidos representa el setenta y cinco por ciento del producto interior bruto del continente, a Brasil, el país latinoamericano mejor dotado, le corresponde un escueto siete por ciento. En la misma línea hay que destacar el peso creciente de las relaciones horizontales que América latina está anudando con África y Asia, y, en paralelo, el propósito de romper un tanto la relación de dependencia con respecto al norte del propio continente americano y a Europa. Estamos hablando de las relaciones, cada vez más activas, de países como Chile, México o Perú con el lejano Oriente; de las de Brasil con África— Brasil ha creado un foro de diálogo con Sudáfrica y la India—; de la creciente penetración de capitales chinos en el propio Brasil, Argentina y Chile—China es, por cierto, el tercer estado que más utiliza el canal de Panamá—; de los numerosos viajes de presidentes latinoamericanos al mundo árabe o a la Europa oriental, e incluso, y si así se quiere, de la búsqueda de una mayor penetración en la Antártida. En más de un sentido puede situarse también en esta rúbrica la ampliación de los lazos con la Unión Europea, convertida a los ojos de tantos en una alternativa interesante frente a la tutela norteamericana, y ello por mucho que en numerosos terrenos la Unión Europea asuma posiciones similares a las de Estados Unidos. En este mismo magma cabe incluir, en suma, la sugerencia de que los países del Sur, y con ellos América latina, tengan una representación permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Lo que se aprecia por detrás de todas estas iniciativas, y del propósito paralelo de aprovechar las ventajas que aportan unas relaciones más sólidas entre los propios países latinoamericanos, es el objetivo de crear redes entre los estados del Sur para de esta suerte aprovechar, por ejemplo, la eventual complementariedad de sus economías, meta que trae a la memoria inequívocamente viejos proyectos como el de la desconexión preconizada en su momento por Samir Amin. 91 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos Es obligado hacer mención, por otra parte, del franco renacer de los discursos indigenistas, que invitan a recordar que la historia americana no se reduce a la etapa posterior a una colonización marcada por un sinfín de desafueros. También en esto se aprecia un designio expreso de romper con módulos mentales marcados por una manifiesta dependencia con respecto a Europa y el norte de América. Las más de las veces, y por otra parte, los movimientos indígenas han conseguido aunar sus respetables demandas de cariz étnico con la consideración radical de injusticias económicas y sociales de largo aliento. Es verdad, con todo, que la presencia demográfica de las poblaciones correspondientes, por lo general muy pobres, es muy distinta, con los picos más altos en Guatemala y Bolivia, seguidas de Ecuador, Perú y varios países centroamericanos, Chile y México. Agreguemos la consideración de un activo más, que acaso explica todos los anteriores. Nada de lo sucedido en los últimos años puede entenderse si no se otorga el relieve que merece al crecimiento de movimientos sociales muy vivos—mucho más vivos, sin duda, que los que han cobrado cuerpo en el norte del planeta—. Junto a partidos fuertes de innegable tradición han emergido poderosos, originales e imaginativos movimientos, como los generados en tantos barrios pobres, entre las clases medias pauperizadas o entre los indígenas preteridos, los desarrollados por campesinos sin tierra, los avalados por subproletarios en situación extrema, los articulados por mujeres o los perfilados por los desempleados, todo ello con el resultado principal de reavivar nuevas discusiones sobre materias comúnmente ignoradas. Así lo certifican los piqueteros en Argentina, los sin tierra en Brasil o los zapatistas en México. El crecimiento de estos movimientos, que en muchos casos beben de tradiciones anarquizantes, ha tenido a menudo el efecto paralelo, bien es cierto, de acarrear divisiones agudas, reflejo de una circunstancia importante: mientras muchas de esas redes, mal que bien, se han adaptado al escenario propiciado por los nuevos poderes progresistas, otras han preferido mantener al respecto una plena independencia. Con frecuencia ha emergido también una crítica, inevitable, de las numerosas carencias de partidos y sindicatos, en muchos casos por completo incapaces de percibir los cambios que se han ido operando. Bastará con 92 Construyendo un futuro recordar las profundas disensiones que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional expresa, en México, en relación con el Partido de la Revolución Democrática. Carencias y riesgos Aunque los activos reseñados son muchos y muy importantes, nada sería más equivocado que concluir que el proceso en curso no está exento de riesgos. Desde una de las muchas perspectivas de análisis que se pueden emplear, el primero de aquéllos [ la contestación de las imposiciones de muchas instancias internacionales] tiene su origen en la falta de decisión y de firmeza de los gobernantes. Pese a lo que ya hemos señalado, es harto común que estos últimos hayan acatado la mayoría de las reglas impuestas por instancias como el Fondo Monetario Internacional y hayan aducido al respecto que el margen de maniobra es muy escaso. Por detrás lo que se vislumbra es, casi siempre, una dramática falta de convicción y de energía que nos sitúa ante un horizonte delicado: aunque las políticas que han ido cobrando cuerpo son a buen seguro preferibles a las registradas en el pasado, a duras penas permiten augurar una resolución real de los problemas que importan. Antes bien, pueden abocar en la ratificación de escenarios indeleblemente marcados por lacras como la corrupción, las desigualdades y el despliegue de modelos desarrollistas reñidos con los equilibrios medioambientales. Conviene que en este caso el argumento anterior se perfile con claridad en relación con lo que está sucediendo en el más importante de los países latinoamericanos: el Brasil de Lula. El programa por éste aplicado no parece a la altura de las circunstancias y ha abandonado el grueso de los objetivos inicialmente propuestos: no se han registrado reformas estructurales ni fiscales en un escenario lastrado por políticas fundamentalmente asistencialistas y por nuevos retrocesos del Estado, se ha asumido de buen grado que el crecimiento económico por sí solo resolverá los problemas, se ha perseverado en la corrupción y en la defensa de los intereses clientelares, y se han mantenido en pie proyectos manifiestamente agresivos con el medio ambiente. En la trastienda, la lógica argumental del gobierno brasileño ha dado en invocar las limita- 93 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos ciones derivadas de la disposición de precarias mayorías, ha subrayado la debilidad de un sector público que a duras penas puede acometer reformas de sentido radical y, por encima de todo, ha recalcado que hay que facilitar la llegada de los capitales foráneos. Todos estos argumentos pueden contestarse—parece—con relativa facilidad. ¿Qué sentido tiene alcanzar el poder con un programa que reclama una creciente soberanía económica y una restauración del peso de las instituciones para después renunciar sin más a esos dos objetivos? Estamos hablando, por añadidura, de un país, Brasil, extremadamente rico y capaz, en condiciones idóneas para asumir un ejercicio solvente de ruptura que con certeza no está al alcance, por desgracia, de estados más pequeños y pobres. Si Brasil no tira con fuerza de la locomotora, muchas de las expectativas creadas en los últimos años en otros países bien pueden truncarse, tanto más cuanto que los intereses de Estados Unidos, de la Unión Europea y de sus transnacionales es fácil que conduzcan a nuevas políticas de injerencia y desestabilización. Frente a ello hay que imponer el peso de una razón que queda fidedignamente retratada en la pregunta de Atilio Borón: «¿Cómo no va a haber alternativas ante el desempleo de masas, la pobreza de más de la mitad de la población, la ausencia de políticas sociales, el peso insostenible de la ilegítima e ilegal deuda externa?». Una conclusión rápida Por lo que tiene de apuesta para el largo plazo, la mayor prioridad en la América latina contemporánea consiste en fortalecer los movimientos alternativos, y con ellos las prácticas autogestionarias y solidarias. Desde una perspectiva diferente de lo que en el siglo XX han sido la socialdemocracia, condenada a una callada aceptación del orden propio del capitalismo, y el leninismo, imbuido de la pretensión de disponer de una ciencia social que reclama de autonombradas vanguardias directoras, la mayoría de esos movimientos se manifiestan reacios en lo que respecta a la toma del poder, si bien a cambio se caracterizan por una notable ambición programática y una no menos notable radicalidad en sus demandas. No aguardan, por lo demás, a cambios futuros, sino que tienden a des- 94 Construyendo un futuro arrollarlos ya, a través, por ejemplo, de la creación de redes económicas que rompan las reglas del juego propias del orden existente. En esa trama, junto a luchas que remiten a la confrontación tradicional de clases, impulsan otras—ahí están las mujeres, los indígenas, las minorías, el medio ambiente—que reflejan la irrupción de nuevos e insorteables problemas. No nos engañemos en lo que atañe a algo fundamental: aunque algunos—acaso muchos—de los gobiernos latinoamericanos de estas horas beben del discurso de los movimientos alternativos, éstos harán muy bien en conservar su independencia, su capacidad crítica y una apuesta insorteable por la democracia de base. Ésa es la mejor de las garantías con respecto al futuro. Madrid, septiembre de 2006 95 Construyendo un futuro La globalización y los pueblos indígenas Álvaro Bello M.* La globalización es, para algunos, el proceso de interdependencia de las relaciones económicas, los flujos comerciales y financieros que ocurren en diferentes partes de planeta. Globalización es también la interconexión de los flujos de información, su difusión y sus múltiples expresiones con equivalencias u homologaciones en lugares apartados y aparentemente no conectados de la tierra. Para los más entusiastas, la globalización es un proceso de difusión de la cultura y de un lenguaje común que tiende a aplanar las diferencias estandarizando a las sociedades y culturas nacionales. Para otros, esta estandarización constituye un peligro para las culturas locales, las identidades sociales y las formas de vida que no encuentran cabida dentro del marco actual de la globalización económica. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, con los pueblos indígenas y sus demandas de reconocimiento. Las demandas de los pueblos indígenas están estrechamente ligadas a los procesos de globalización en, al menos, dos sentidos o direcciones. Por una parte, la globalización económica afecta directamente los derechos, recursos y condiciones de vida de amplios sectores de la humanidad como los pueblos indígenas que, debido a su exclusión histórica, ingresan a la globalización en condiciones desventajosas y claramente negativas. Desde esta perspectiva, la globalización viene a debilitar los avances registrados hasta ahora en materia de derechos humanos universalmente reconocidos y el avance en el reconocimiento de derechos específicos exigidos por estos grupos. La dinámica económica de la globalización tiende a privilegiar los intereses de los actores que sustentan el poder * Álvaro Bello es Doctor en Antropología Social, investigador del Observatorio de Derechos de los Pueblos Indígenas (www.observatorio.cl). Artículo cedido con motivo de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. 97 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos político y económico, los consorcios transnacionales y las corporaciones, que son quienes proponen o imponen los términos del intercambio neoliberal, donde amplios sectores son marginados o incluidos de manera subordinada. El ejemplo más clásico de los núcleos de poder, donde se «organiza» la globalización económica, se encuentra en las directrices impuestas por el Fondo Monetario Internacional, el Foro de Davos o los mecanismos que estipulan los tratados de libre comercio entre países pobres y países ricos. Pese a todo, los pueblos indígenas, así como un conjunto de otros actores sociales, buscan diversas estrategias para representar su descontento con las condiciones actuales de la globalización económica y sus implicancias políticas, en la medida en que han percibido y denunciado dichos procesos como contrarios a sus intereses y demandas. El segundo modo en que se presenta la globalización, que es paralelo al anterior, plantea una paradoja. La globalización, o algunas de sus consecuencias, se ha convertido en el principal espacio y vehículo para la difusión de los derechos de los pueblos indígenas, así como de los derechos humanos en general. En la medida en que la globalización ha hecho evidente las desigualdades y los desequilibrios sociales, políticos y económicos, ha surgido una preocupación internacional, de diferentes sectores, organizaciones y organismos internacionales, que busca contrapesar la balanza, inclinada hacia los poderes de la globalización económica, a favor de quienes sufren sus consecuencias negativas. Al mismo tiempo, la difusión de los derechos económicos, sociales y culturales (DESC) y el desplazamiento de la cultura hacia el ámbito de la política y la economía plantean un nuevo escenario que favorece la construcción de discursos y acciones que van a la búsqueda de los nuevos significados del ser indígena. Por lo tanto, la conciencia indígena actual y las identidades reconstruidas son fruto de la globalización sustentada en la revalorización del pasado y en la reconstrucción de los símbolos de una pertenencia colectiva. Esta conciencia aboga por derechos específicos dentro de un contexto de reorganización del Estado y de predominio creciente del Mercado en todas las esferas de la vida social. Frente a este cuadro, se puede decir que la lucha de los pueblos indígenas es una lucha moderna, pues encadena los procesos y problemas actuales con la tradi- 98 Construyendo un futuro ción y el pasado, para luego reformularlos y buscar nuevos espacios de poder, participación y reconocimiento en el marco de una renovada comunidad política, constituida sobre las tensiones que provocan la desigualdad y la exclusión generadas por el neoliberalismo. En muchos países se ha revelado el carácter económico de la globalización, mientras que la cultura, las transformaciones sociales y los derechos humanos parecen quedar relegados a un segundo plano. Tal es así que las relaciones internacionales se llevan a cabo ya no entre estados, sino entre economías. Las economías de Asia-Pacífico con las economías del Cono Sur, por ejemplo. Asimismo, los grandes tratados entre países se reducen casi exclusivamente a la dimensión económica, particularmente a la liberalización de los mercados y las finanzas. Los tratados de libre comercio, por ejemplo, detallan las formas de liberar los mercados, las rebajas de aranceles o las condiciones de producción y comercialización de determinados productos o áreas productivas, pero no se hacen cargo de los impactos sociales, culturales o ambientales que tales normativas o condiciones de comercio tienen en los países contratantes. De esta manera, la versión unívoca de la globalización excluye aquellas otras voces que hablan de derechos, cultura o democratización. Así, los sujetos de carne y hueso, los ciudadanos, encuentran una versión única, estática y controlada de la globalización, donde el único acceso posible es a través de la puerta del consumo y la interconexión a la red digital. La «confianza digital» o la «nueva alfabetización» que se busca a través de Internet es una forma distinta de ciudadanización, de integración o pertenencia, pues se cree que a través de ella es posible equilibrar las diferencias en el acceso a la información, en los procesos educativos y en el conocimiento de los procesos globales. Sin embargo, esta nueva «alfabetización» dista mucho de ser democrática, pues no considera la brecha digital entre los países ricos y los pobres, ni tampoco considera los límites que tiene la interconexión digital con respecto a las redes sociales cara a cara. Lo claro es que la globalización económica encuentra sus límites ahí donde los ciudadanos exigen más derechos, reconocimiento, participación, inclusión y democracia. Es en estas demandas y reclamos donde queda de manifiesto que las personas no son el depósito de los muchas 99 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos veces cuestionables beneficios de la globalización económica, sino sujetos que, desde sus comunidades y su cotidiano, buscan ampliar sus derechos frente al Estado, las transnacionales y el ubicuo Mercado. Frente a la marea globalizadora, las personas buscan ser ciudadanos con poder y con derechos a través de los cuales ser arquitectos de su propio destino. De esta forma, la exigencia de derechos colectivos, de autonomía y autodeterminación por parte de los pueblos indígenas es una manifestación de la contracorriente de la globalización. Se trata de la «otra globalización», la de los derechos humanos y la diversidad, la de los ciudadanos y la sociedad civil. Porque, finalmente, no se trata de negar la globalización. La globalización es un proceso en curso que, según algunos autores, tiene su comienzo en el siglo XVI o, más tardíamente, en el siglo XIX. El problema no es la globalización por sí misma, sino su orientación predominante y la forma en que está siendo gobernada, muchas veces en contra de los intereses de las mayorías. Más globalización es más derechos y más beneficios para todos, pero a condición de frenar el afán por darle un carácter netamente económico y mercantil. Aumentar la globalización significa incrementar la conciencia universal acerca de la crisis ambiental, significa mundializar la preocupación por las desigualdades, la pobreza y el hambre en el mundo. Más globalización se refiere a la confirmación de la existencia de valores universales que no se contraponen a los significados y valores locales y particulares. 100 Voces Construyendo un futuro La Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes Organización Iberoamericana de Juventud* La Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ) es un organismo internacional de carácter multigubernamental que, fundamentalmente, trabaja con los organismos nacionales de juventud en promover mejores políticas públicas de manera permanente. Trabaja con la Dirección Nacional de Juventud en Argentina, con el Instituto de la Juventud en Uruguay, con la Secretaría de la Juventud en Guatemala, con el Instituto Mexicano de la Juventud, y con todos los países iberoamericanos. La OIJ nació como un organismo internacional que iba a promover la creación de estas áreas. Recordemos que hace diez años ni la mitad de nuestros países tenía organismo oficial de la juventud. La política de juventud era una línea marginal de los ministerios de salud, de desarrollo, de trabajo. Hoy las políticas de juventud están muy consolidadas y son parte central de nuestros gobiernos. La realidad de los jóvenes marca una integración real en muchos campos, pero también una integración bastante triste en otros. Los jóvenes iberoamericanos—y hablo de Iberoamérica porque, en lo que voy a decir, la realidad de España tiene mucho que ver con la de Bolivia o la de Nicaragua—tienen, en casi todas las oportunidades, el doble de desempleo que tienen los adultos, por ejemplo; los jóvenes iberoamericanos tienen mucho más acceso a la información que sus padres, pero tienen mucho menos acceso al poder que lo que tuvieron sus padres en otras décadas; tienen muchísimo mejor acceso a la salud que el que tuvieron sus padres y, sin embargo, las causas externas de muerte, como las sobredosis * Discurso pronunciado por Alejo Ramírez, director de programa de la OIJ, el 27 de octubre de 2006, en el edificio central de Correos de Buenos Aires, con ocasión de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. 103 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos y los accidentes de tránsito, son las principales causas de fallecimiento de los jóvenes. Por eso quiero remarcar, aunque a veces sea muy duro remarcarlo, que además de mucha integración—en términos idiomáticos, culturales, universitarios—hay una integración real en cuanto a las estadísticas. Esto es algo que debería motivarnos, cada vez más, a generar proyectos e iniciativas que puedan cambiar esta realidad. Desde la OIJ, para cambiar esta realidad, tenemos un proyecto muy interesante, que ojalá que todos ustedes abracen, que es la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes, el primer tratado internacional que le da soporte jurídico al único grupo que no tiene protección jurídica específica: los jóvenes. Desde el año 1998 venimos trabajando en una Carta Iberoamericana de Derechos que, en el 2003, se transformó en una Convención Iberoamericana de Derechos, lo que implica un desafío mucho mayor para los estados, porque no solo al apoyarla van a estar dando un mensaje claro a la juventud, sino que va a pasar a formar parte de su derecho positivo. Entonces, si la Convención dice que un joven tiene derecho a su propia imagen, ningún joven podrá ser echado de su trabajo por llevar un piercing o un tatuaje; si la Convención dice que los gobiernos se comprometen a eliminar el servicio militar obligatorio, lo deberán hacer; si la Convención dice que los jóvenes tienen derecho a mejores condiciones laborales, y otros tantos derechos que allí se plantean, los gobiernos deberán hacerlo porque, si no lo hacen, posiblemente un juez podrá demandárselo que lo hagan. El camino para consolidar la Convención—que hoy simplemente es un texto firmado por buena parte de los países de Iberoamérica— necesita de ustedes, de los jóvenes organizados, de los políticos, de los periodistas, de las ONG, de los sindicatos, de los partidos políticos, de todos. La Convención Iberoamericana puede tener dos caminos; por un lado, avanzar con las cancillerías y los gobiernos que nos apoyen y, por otro lado, avanzar en la base, en la estructura de la juventud. Ése es nuestro camino y por eso vamos a intentar que uno de los caminos transversales que recorran ustedes para analizar la realidad iberoamericana sea la Convención Iberoamericana de Derechos de los Jóvenes, que la discutamos, que la analicemos, que podamos debatir sobre la necesidad de tener más y mejores derechos, más y mejores políticas públicas en nuestros países. 104 Construyendo un futuro Para concluir quiero manifestar el compromiso de la OIJ que, finalmente, en algún sentido, es la mandataria de todos los jóvenes iberoamericanos, de llevar las conclusiones de esta primera Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos a la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado que se va a desarrollar en Montevideo los días 3, 4 y 5 de noviembre; hacerlas llegar al Foro Social Civil que allí se va a realizar y hacer todo nuestro trabajo y toda nuestra tarea—todo nuestro lobby, para decirlo claro—para que los gobiernos apoyen esta iniciativa. Finalmente, quiero transmitirles el apoyo de la OIJ a que cada año, en cada cumbre, en cada ciudad en que se desarrolle la Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos, se pueda recrear este espacio que para nosotros tiene muchísimo valor. Quiero, pues, agradecer a Inquietud Europea y a Inquietud Latinoamericana por la invitación, y a todos ustedes por estos minutos de atención. Muchas gracias. 105 Construyendo un futuro América latina: ¿Quién defiende los derechos humanos de los más débiles? Amnistía Internacional* La vulneración de los derechos humanos en Latinoamérica sigue cebándose con los más débiles. Comunidades indígenas, mujeres y menores son los colectivos más expuestos a abusos y violaciones de sus derechos fundamentales. La discriminación y la pobreza son caminos que llevan directamente al malestar social y a la inestabilidad política que, a su vez, son el caldo de cultivo perfecto para que se cometan violaciones de derechos humanos. Abusos y malos tratos a detenidos por parte de la policía en Brasil, desapariciones en el conflicto interno de Colombia, violencia contra las mujeres en El Salvador, Guatemala y México, altísimos índices de delincuencia organizada en Honduras y Nicaragua… Todos estos, junto a los efectos devastadores de los desastres naturales, son algunos de los motivos de preocupación de Amnistía Internacional en la región. Conflictos y delincuencia Latinoamérica sufre, aún hoy, las secuelas de largos y enquistados conflictos armados que continúan siendo una amenaza para los derechos humanos de millones de personas. Buena parte de la población soporta, además, altos índices de violencia, sobre todo en las áreas urbanas de países como Brasil, en América central y en el Caribe. En algunos casos se trata de barrios enteros atrapados entre bandas de delincuentes violentos. Para contrarrestar esa violencia, derivada de la delincuencia y de las * Informe de Amnistía Internacional (www.amnistiainternacional.org), escrito con motivo de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. 107 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos secuelas de los conflictos armados, las fuerzas del Estado ejercen una fuerte represión sobre la población y utilizan métodos que violan los derechos de comunidades enteras. Existe una tendencia cada vez mayor a la militarización de las funciones policiales. Violencia hacia las mujeres La violencia contra las mujeres es uno de los desafíos más urgentes de América latina en materia de derechos humanos. Incontables mujeres y niñas se enfrentan a la violencia, diariamente, por el mero hecho de ser mujeres, y no pueden confiar en sus gobiernos para recibir protección y seguridad, pese a ser derechos fundamentales. Aunque la mayoría de los países poseen leyes para proteger a las mujeres de la violencia y prevenirla en el ámbito de la familia y la comunidad, las investigaciones policiales de las denuncias de violencia contra las mujeres pocas veces son efectivas; los sistemas de justicia penal no se toman con seriedad este problema y los responsables rara vez son castigados. Ciudad Juárez, en México, se ha convertido en la dramática cara de esta situación. Allí, el número de mujeres y niñas asesinadas sigue creciendo, y Amnistía Internacional ha constatado que no se hacen los progresos suficientes para poner fin a la impunidad de los autores de los secuestros y asesinatos. En Guatemala, el número de homicidios de mujeres cometidos aumentó de quinientos veintisiete, en 2004, a seiscientos sesenta y cinco, en 2005. También en El Salvador se incrementaron los abusos sexuales y los asesinatos de mujeres desde 2002. Impunidad y Justicia Amnistía Internacional ve con preocupación cómo violaciones cometidas por los miembros de las fuerzas del orden siguen quedando impunes en varios países latinoamericanos. Se han producido casos de torturas y malos tratos, a veces con resultado de muerte bajo custodia. Además, los que han denunciado estos hechos (víctimas, familiares, miembros de la judicatura) han sido intimidados y han recibido amenazas de muerte que, en algunos casos, se han ejecutado. Este tipo de abusos de fuerza por 108 Construyendo un futuro parte de los cuerpos de seguridad, para «poner orden», han sido registrados sobre todo en Brasil, Colombia, Ecuador y Paraguay. Mientras esto sucede, los sistemas judiciales se siguen mostrando, en muchos casos, ineficientes y corruptos. Así, se ha constatado que, fruto de ese mal funcionamiento, hay muchas personas consumiéndose en cárceles sin que antes hayan sido juzgadas ni condenadas y, con frecuencia, sin ni siquiera haber tenido acceso a un abogado defensor. Derechos económicos, sociales y culturales Amnistía Internacional ha constatado que las actuales cifras de la pobreza en América latina, aparentemente mejores en la actualidad, ocultan focos de deterioro en zonas rurales de Guatemala y Perú, entre otros países. Las desigualdades económicas generan diferencias sociales insalvables que lastran a todo el continente y lo configuran como uno de los que tiene mayores niveles de pobreza, socavando, por otro lado, sus posibilidades de desarrollo. Las comunidades marginadas y desposeídas, tanto de zonas rurales como urbanas, siguen viviendo en la pobreza extrema, y se hace caso omiso de su derecho a la salud, al agua potable, al sustento, a la educación y a la vivienda. La participación de los pueblos indígenas en la vida política no está pareja con el mejoramiento de su disfrute de los derechos económicos, sociales y culturales, pese a los repetidos llamamientos que hicieron bancos internacionales y otros organismos para que se aumentase la ayuda y el apoyo a los pueblos indígenas y a los afro-descendientes y para que se invirtiese en las comunidades rurales. Un estudio del Banco Mundial sobre pueblos indígenas de Bolivia, Ecuador, Guatemala, México y Perú concluyó que tenían entre un trece y un treinta por ciento más de probabilidades de ser pobres que los pueblos no indígenas. El VIH/sida se cobró, sólo en 2005, unas veinticuatro mil vidas en el Caribe, lo que lo convirtió en la principal causa de muerte entre adultos de entre quince y cuarenta y cuatro años de edad. Se cree que unas trescientas mil personas seropositivas viven en la región, treinta mil de las cuales habrían contraído el virus en 2005. En otras partes del continente las tasas de infección aumentaron, especialmente entre los hombres. Éste 109 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos es sólo un ejemplo extremo pero, en general, el derecho a la salud sigue siendo una asignatura pendiente en numerosas zonas deprimidas de Latinoamérica. Los derechos humanos ocupan un segundo lugar frente a los intereses económicos en prácticamente todos los países del mundo, y Latinoamérica no es ajena a esta realidad. Esta situación favorece que se den prácticas comerciales o decisiones de inversión irresponsables socialmente que terminan menoscabando aún más la dignidad y la calidad de vida de las personas. Además de todas las situaciones por las que Amnistía Internacional está preocupada, existen otros ámbitos que requieren atención y un mayor respeto, tales como los derechos laborales, el acceso a medicinas a precios razonables y el derecho de propiedad intelectual. 110 Construyendo un futuro Transnacionales, saqueo de recursos y conflicto ambiental en Latinoamérica Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales* Los grandes proyectos de las empresas transnacionales, basados en el saqueo de recursos naturales y la destrucción del medioambiente a una escala nunca vista hasta ahora, se han convertido en la fuente principal de conflictos ambientales en América latina. La proliferación de estas operaciones económicas es favorecida por planes que fomentan las exportaciones, fundamentalmente de materias primas, con miras al «crecimiento» y el «desarrollo» de una región con vastas riquezas minerales, con la mayor reserva de biodiversidad, con un tercio del agua dulce y cerca de un tercio de los bosques del planeta. La situación se identifica, en los últimos quince años, con una globalización financiera y corporativa que ha asumido una posición central en todos los negocios internacionales. Este mercado global entre empresas transnacionales define el rumbo de una acumulación (fuerte en el centro y débil en las periferias), desarrollando un estilo colonial en la explotación de los recursos. Estas operaciones, dominadas por el capital transnacional y su búsqueda exclusiva de ganancias inmediatas, distorsionan las cifras del producto bruto de cada país al incluirse la explotación de recursos en el rubro correspondiente a la producción nacional. El proceso está marcado por la entrega abierta de territorio, exenciones tributarias, facilidades en las concesiones de aguas y de explotaciones mineras, servicios baratos, generalmente provistos por fondos públicos, desprotección de la fuerza de trabajo, del medio ambiente, de la salud y del modus vivendi de muchas comunidades. Este proceso se está dando de modo * Artículo de Ricardo Fuentes Villarroel, cedido con motivo de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos por el Observatorio Latinoamericano de Conflictos Ambientales–OLCA (www.olca.cl) 111 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos similar en diferentes países latinoamericanos conformando, en algunos casos, verdaderos modelos de operación donde las transnacionales, con una inversión mínima, se llevan recursos de enorme valor, dejando un saldo de contaminación y destrucción del medio ambiente y un empeoramiento de las condiciones económicas y de salud de las poblaciones afectadas directa o indirectamente por su accionar. Como el objetivo básico es incrementar el capital el mundo corporativo impulsa, preferentemente, el desarrollo de industrias que garanticen las mayores ganancias, como los monocultivos agroindustriales y la minería. Más aún, dentro de cada una de estas actividades se da prioridad al tipo de producción más rentable. Así, los monocultivos se orientan hacia la exportación de alimento animal o de celulosa, y la actividad minera muestra una tendencia a centrarse en la extracción de oro y uranio. Frente a esta arremetida de las transnacionales que operan en el ámbito de la extracción de recursos los gobiernos locales no han hecho la inversión necesaria en educación, capacitación, ciencia y tecnología para crear capacidades orientadas a la obtención de un potencial valor agregado, dirigido a un desarrollo «hacia adentro». Más bien, las nuevas promociones de técnicos y profesionales pasan a constituir otro aporte nacional al éxito de la inversión extranjera al entrar de lleno al juego de la competitividad de los países, medida en términos del crecimiento de las exportaciones de las empresas transnacionales. Todos los componentes de la ecuación—grandes corporaciones en busca de la máxima rentabilidad, organizaciones económicas intergubernamentales instrumentalizadas por el gran capital para la obtención de sus fines, gobiernos y políticos locales corruptos, legislaciones débiles o inexistentes, desinformación y ausencia de espacios de participación ciudadana real—contribuyen a fortalecer la salida vertiginosa de los recursos de América latina. Se establece así una suerte de destino manifiesto en el servicio de los intereses corporativos cuya orientación es totalmente opuesta al desarrollo, al mejoramiento de la calidad de vida, la justicia social y la sustentabilidad. Por el contrario, y pese al ambiguo y autocomplaciente discurso macroeconómico de gobiernos y élites nacionales, en buena parte de la región se vive un constante deterioro de las condiciones económicas y sociales de sectores mayoritarios de la población, incluso en 112 Construyendo un futuro países que se presentan como paladines de esta cruzada neoliberal. El caso de Chile es paradigmático, con su sorprendente y siempre creciente desigualdad en la distribución del ingreso. Ocupación del territorio El desarrollo de los proyectos extractivos exige ocupar e intervenir inmensas extensiones de territorio, utilizar enormes cantidades de agua pura y emplear substancias tóxicas de modo intensivo. La satisfacción combinada de estas necesidades implica la destrucción masiva del medioambiente y un deterioro grave de las condiciones de vida de las comunidades afectadas, que incluso pueden verse privadas del acceso a recursos vitales como el agua y los recursos marinos. Poco importa para este tipo de explotaciones que los territorios intervenidos sean ricos en biodiversidad o que sirvan de sustento a determinadas comunidades. Resulta ilustrativo revisar el crecimiento de la superficie ocupada por estos proyectos. Entre 1990 y 2000 se deforestaron 467 000 kilómetros cuadrados en América latina para destinarlos a usos tales como la agroindustria y las explotaciones mineras. La deforestación de la Amazonia brasileña había llegado, en 2005, a unos 680 000 kilómetros cuadrados, de acuerdo con un informe gubernamental que identifica con imágenes satelitales las áreas destruidas por plantaciones para celulosa, siembras de soja, empresas mineras y otros depredadores. En 2002, las plantaciones de eucaliptos en Brasil sobrepasaban los 30 000 kilómetros cuadrados y ahora se discute una ley que permite la devastación forestal prácticamente ilimitada. Se estima que Argentina perdió casi dos tercios de sus bosques originarios durante el siglo XX. Gran parte de ese territorio está ahora ocupado por cultivos de soja, algodón y maíz transgénicos (140 000 kilómetros cuadrados) y plantaciones de pinos y eucaliptos. En Paraguay, la superficie sembrada de soja creció, entre 1995 y 2003, de 8000 kilómetros cuadrados a casi 20 000 kilómetros cuadrados. Para cultivar soja en Bolivia se deforestaron más de 10 000 kilómetros cuadrados de bosque durante los últimos quince años. El área concesionada a proyectos mineros tiende a cubrir un promedio del 10% del territorio de los países en la región. Esta dimensión 113 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos varía con la duración de las faenas (entre cinco y veinte años) y según las solicitudes de exploración y explotación se refieran más de una vez a un mismo sector. También hay que considerar que el área de influencia de la explotación minera es siempre mayor que la superficie concesionada, puesto que implica toda la infraestructura de vías de comunicación y accesos a suministros, fuentes de energía y agua. La energía proviene en parte de centrales hidroeléctricas—existentes o proyectadas—que ocupan, a su vez, más territorio, más agua y generan otros conflictos. En Perú, la superficie concesionada a las mineras creció de 1,49%, en 1991, a 8,2% en 2006 (105 504 kilómetros cuadrados); en México, de 3%, en 1994, a 8% en 2002 (158 595 kilómetros cuadrados); en Chile, de 7,3%, en 2002, a 10,6% en 2003 (80 000 kilómetros cuadrados); en Ecuador, de 5%, en 2000, a 16,7% en 2004 (45 513 kilómetros cuadrados). En este último país las solicitudes de concesiones cubrían el 69% del territorio nacional en 2000 y el 84,5% en 2004. Los daños A las emisiones nocivas lanzadas por estas industrias al aire (CO², SO²), al agua y a los suelos (dioxinas y derivados del uso de cianuro, arsénico y mercurio, entre otros) se agregó, en los últimos años, la contaminación con plaguicidas y transgénicos de los monocultivos. Además de provocar serios problemas de salud y deterioro de condiciones de vida a poblaciones campesinas de varios países, la aplicación masiva de agroquímicos está produciendo daños de otro tipo que en un futuro no tan lejano agravarán el panorama más allá de cualquier predicción. Se teme que la destrucción de su hábitat, el uso de plaguicidas y la introducción de cultivos invasores esté causando la disminución de polinizadores, lo que pone en el peligro de extinción a muchas especies vegetales. Las empresas transnacionales de plaguicidas producen también las semillas transgénicas y son propietarias de la mayoría de las patentes de biotecnología agrícola, con lo que pueden tener el control de la agricultura y de la cadena alimentaria a nivel mundial. La contaminación transgénica es un negocio adicional de estas industrias, que por la vía judicial exigen pago a los agricultores cuyos cultivos accidentalmente se han con- 114 Construyendo un futuro taminado con semillas patentadas. Incluso cuando no pueden cobrar por sus patentes, como le ocurrió a Monsanto en Argentina, se beneficiaron con la venta de plaguicidas. La operación de cada planta de celulosa requiere de cientos de miles de hectáreas de plantaciones, conocidas ya como «desierto verde» porque han significado la destrucción de una superficie similar o mayor de bosque nativo, con la correspondiente pérdida de biodiversidad en flora y fauna, la contaminación y el agotamiento de cauces de agua. Además, la cantidad de agua que precisa cada una de estas fábricas en sus procesos es tan enorme que tienen que instalarse junto a grandes ríos para aprovechar el recurso y luego desecharlo seriamente dañado. Empresas y gobiernos presentan en sus campañas a los monocultivos de árboles como «forestación». Sin embargo, los estudios confirman los efectos negativos de esta actividad al registrar destrucción de bosque nativo, disminución de biodiversidad y fuentes de agua, problemas de salud a comunidades vecinas, contaminación de agua y degradación de suelos. La devastación que produce la minería queda patente en los grandes depósitos de escoria contaminada que han acumulado años de explotación en cada uno de los países. Esta destrucción continúa y se agrava a medida que crece el número de las explotaciones a tajo abierto de cobre y sobre todo de oro y uranio. Como en estos casos el mineral está diseminado en extensos terrenos, su extracción implica remover con explosivos grandes cantidades de roca y someter el material resultante a un proceso de lixiviación que emplea enormes cantidades de agua mezclada con ácido sulfúrico para extraer cobre y uranio, y con cianuro para recuperar el oro. Parte importante de estas labores se efectúa a más de mil metros de altura sobre el nivel del mar, cerca de fuentes acuíferas. Los desechos quedan ahí para siempre y se convierten en fuente de contaminación de aguas superficiales y subterráneas que, al descender hacia los valles, afectan a sectores con economías basadas principalmente en la agricultura. En 1998, veintitrés de los veintinueve proyectos mineros del departamento de Cajamarca, en Perú, correspondían a extracción de oro. Las empresas socias del Consejo Minero—que extraen casi la totalidad del cobre, oro, plata y molibdeno de Chile—explotaban, en 2004, nueve 115 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos yacimientos de oro en ese país. Ese mismo año se realizaban operaciones en veintitrés yacimientos de oro en Centroamérica. La cifra tiende a aumentar en esa subregión: este año se otorgaron dieciséis licencias para exploración de oro solamente en el altiplano guatemalteco de San Marcos. En Latinoamérica, únicamente Argentina, Brasil y México usan uranio para producir energía eléctrica, por lo que despertó preocupación la denuncia sobre exploraciones de uranio en Guatemala desde enero de 2005 y el otorgamiento de nuevas licencias este año para explorar el elemento radioactivo en ese país. En marzo de 2006, más de treinta y dos empresas realizaban prospecciones y exploraciones de uranio en Argentina, Bolivia, Brasil, Guatemala, México y Perú. El negocio parece asegurado para los próximos años puesto que la Agencia Internacional de Energía Atómica anunció recientemente la instalación de ciento treinta nuevas centrales nucleares, y el precio del uranio sigue en ascenso. Dadas las precarias condiciones actuales para supervisar las explotaciones de oro cabe preguntarse cómo se va a controlar la extracción del uranio. Conviene recordar la mina de uranio de Wismut, que funcionó, entre 1945 y 1990, en la ex República Democrática Alemana y dejó más de cinco mil mineros muertos de cáncer de pulmón. En 2004, Perú contaba con ocho funcionarios para monitorear en terreno más de seis mil doscientas concesiones mineras; ese mismo año, el gobierno chileno dictaba un decreto para que la empresa Barrick Gold hiciera fiscalización aduanera a su propio proyecto de plata y oro en la frontera con Argentina. Con tan mínima fiscalización, estas industrias pueden ocultar buena parte de sus actividades, incluyendo escapes radiactivos o tóxicos, intencionados o accidentales. De hecho, en 1999, lluvias fuertes desenterraron centenares de tambores de cianuro de sodio en Amapá, Brasil, en terrenos de una mina asociada al Grupo Anglo Gold-Anglo American. Hubo muertos, y los peces desaparecieron del río Vila Nova, pero nadie se hizo responsable. En Chile, en 2005, a raíz de un accidente radiactivo en una planta de celulosa en construcción de Celco, se supo que la empresa había ocultado hechos similares en el pasado. Poco después se descubrió que otra empresa de celulosa en Chile, CMPC, ocultó durante diez años un derrame de mercurio en una de sus plantas. 116 Construyendo un futuro Reacción de los afectados Pese a que las élites políticas hacen frente común con las empresas en las operaciones de blanqueo de imagen y en la represión de las protestas a través de paramilitares o mercenarios—práctica habitual en África y situación cada vez más común en países latinoamericanos como Colombia, Ecuador y Perú—la reacción de las comunidades ha ido en aumento al conocerse el impacto real de estos proyectos sobre su salud, sus patrimonios ambientales, sus culturas y sus economías. Comienza a saberse que estas operaciones industriales generan falsas expectativas de empleo y ni siquiera aportan ingresos a los gobiernos nacionales, ya sea en impuestos o regalías. A las movilizaciones indígenas y campesinas en Brasil, Bolivia, Colombia, Guatemala y Ecuador, que se han enfrentado por años a las compañías mineras, petroleras y forestales, se agregan ahora las protestas de sectores ciudadanos que rechazan la instalación de megaproyectos destructivos del medio ambiente en Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. La gente también está reaccionando contra las políticas que, por un lado, impiden que la población tenga acceso a los recursos vitales y, por otro, los entregan al negocio transnacional, como sucede con la privatización del agua y la concesión a privados de los mares territoriales y bordes costeros. Se suma a lo anterior una oposición cada vez más fuerte a los tratados de libre comercio bajo los términos de las corporaciones transnacionales, que facilitan el saqueo y la destrucción de recursos al disminuir aún más las débiles regulaciones nacionales. La reacción frente a las protestas es asumida indistintamente por las empresas o los gobiernos, por separado o en conjunto. Son numerosos y repetidos los casos de abusos de los derechos humanos cometidos para facilitar la instalación y desarrollo de estos negocios. Estos atropellos van desde la persecución de opositores individuales hasta la represión masiva y el desplazamiento de comunidades. Estos últimos años se han reportado casos graves de esta índole en Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, Honduras, Paraguay y Perú. Pero la represión puede tomar otras formas, como en Chile, donde se echa mano a leyes antiterroristas para encarcelar a dirigentes de comunidades indígenas que defienden sus derechos territoriales frente a la expansión de las empresas forestales. 117 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos La mayoría de éstas se halla involucrada en denuncias por participar en acciones represivas contra comunidades indígenas, por conflictos de tierra o destrucción de bosques. Afianzadas en la región durante los regímenes dictatoriales de la segunda mitad del siglo veinte, estas industrias no constituyen una fuente importante de empleo. Más bien prescinden de la población, excepto como mano de obra barata ocasional. Su accionar destructivo del entorno promueve el despoblamiento de las zonas donde operan. Los beneficios En definitiva, los únicos beneficiados reales resultan ser las empresas inversoras y sus accionistas. En 2004, los ingresos de las diez empresas mineras más grandes que operan en Latinoamérica fueron de más de 130 000 millones de dólares (Alcoa, Anglo Gold-Anglo American, Barrick Gold, BHP-Billiton, Meridian Gold, Newmont, Noranda, Phelps Dodge, Placer Dome y Rio Tinto). Cinco empresas forestales productoras de celulosa tuvieron ingresos por 10 501 millones de dólares en 2004 (Aracruz Celulose, Celulosa Arauco, CMPC, Bahia Sul Celulose, Votorantim Celulose). Tres productoras de semillas transgénicas y plaguicidas tuvieron ingresos por 20 645 millones de dólares en 2005 (DuPont Agriculture & Nutrition, Monsanto y Syngenta). Cargill, la empresa de agronegocios señalada como caso ilustrativo de lucro con la destrucción de la Amazonia, tuvo ingresos de más de 63 000 millones de dólares en 2003. Entre 1994 y 2001 el Banco Mundial, a través de su Corporación Financiera Internacional (CFI), otorgó préstamos por más de 790 millones de dólares para proyectos mineros en Bolivia, Brasil, Chile, México, Perú y Venezuela (a Anglo American, BHP-Billiton, Barrick Gold, Mitsubishi, Mitsui, Newmont, Pan American Silver y Rio Tinto, entre otras). En Aracruz y Bahia Sul hay participación del Banco Mundial, a través de la CFI. Por otro lado, desde 1988 hasta 2005, el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (MIGA) había girado garantías por un total de 1110,6 millones de dólares a proyectos mineros en general. Los nombres 118 Construyendo un futuro de las empresas señaladas anteriormente se repiten entre los beneficiados. La magnitud alcanzada por estas instalaciones productivas resulta posible gracias a la participación interesada de la élite política, que actúa como facilitadora de concesiones y encubridora de una inmensa contaminación ambiental, a la vez que abandona su rol cautelar de los derechos económicos y sociales de los sectores mayoritarios de la población. Ya no es la clásica corrupción ligada al indebido enriquecimiento personal o de pequeños grupos. Ahora se trata de élites políticas nacionales integradas al tejido de las transnacionales, con sus funcionarios saliendo y entrando de puestos públicos a privados (en directorios de empresa, agencias de lobby o de asesorías) o a cargos en organismos intergubernamentales, colocando a sus familiares y correligionarios en puestos de poder, obteniendo financiamiento para los partidos políticos, recibiendo honores y participación en fundaciones u otras plataformas para seguir en el negocio. Todo se enmarca en una legalidad ad hoc, diseñada en muchos casos por juristas y economistas vinculados a las pasadas dictaduras militares y luego ampliada y perfeccionada por las corporaciones y los gobiernos civiles. En las negociaciones previas y en la puesta en marcha de cada industria opera el arte de la no transparencia, fenómeno ya documentado, en el caso de las petroleras, a nivel mundial. La aplicación de políticas neoliberales, coordinadas e impuestas a través del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio, en connivencia con las redes políticas locales, crea un ambiente favorable para estos proyectos, traducido en débiles obligaciones laborales, ambientales y de fiscalización, grandes facilidades financieras y amplia disponibilidad de mano de obra barata. Tales condiciones permiten a las empresas operar con un ostensible desprecio por las comunidades a las que afectan y utilizar procesos destructivos y contaminantes rechazados en países desarrollados. Esta situación se ha ido enraizando profundamente hasta constituirse en el modelo natural de hacer las cosas, que origina un convencimiento gubernamental reforzado por los dogmas neoliberales predominantes en la clase política: «Los países latinoamericanos deben crecer “hacia fuera”, en brazos corporativos», «se trata de la única vía posible de crecimiento», afirman a coro el sector empresarial y los 119 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos políticos. Este desastre se ha constituido así en sistema, y el avance de una crítica se hace difícil ya que ésta debe enfrentar a la totalidad de las fuerzas involucradas en este exitoso esquema de explotación colonial y de alienación, quizás el más perfecto de la historia. La información disponible nos dice que en la región nos encontramos con una pérdida brutal de recursos naturales y humanos, con una gigantesca distorsión en el desarrollo y con un proyecto destinado a causar situaciones de pobreza y deterioro ambiental irreversibles. 120 Construyendo un futuro La pobreza: una lectura desde el ecologismo Marta Pascual Rodríguez* La lucha contra la pobreza es un objetivo recurrente en muchas declaraciones públicas. Reducir drásticamente la cantidad de personas que viven con menos de un dólar al día o que no tienen acceso a agua potable o electricidad figura entre las concreciones de este objetivo. En estas declaraciones sin embargo se olvida que los recursos del planeta—un planeta limitado en materiales—no sólo están desigualmente distribuidos, sino que actualmente sufren daños quizá irreversibles. En un planeta saturado, que ha superado su capacidad de carga hace décadas, cada vez es más cierto que los consumos desmedidos de una parte de la población restringen necesariamente los consumos básicos del resto. Las reflexiones sobre la pobreza y las estrategias para hacerle frente no pueden pasar por alto este hecho. La construcción de la escasez La limitación y el riesgo de carencia han sido y son las condiciones naturales de la vida humana. Por regla general, las culturas de subsistencia, conocedoras de los procesos de la vida, asumían, manejaban y optimizaban estos límites de modo que aseguraran su supervivencia y la de las generaciones futuras. Así ha transcurrido la vida durante siglos. Las poblaciones más primitivas del mundo tenían escasas posesiones, sin embargo no se consideraban pobres. Siendo la escasez una relación entre los fines que perseguimos y los medios de que disponemos para conseguirlos, poblaciones con fines humildes y escaso interés en la acumulación * Artículo publicado en El ecologista, tomado del diario digital www.rebelion.org 121 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos pudieron vivir con lo suficiente e, incluso, en periodos de abundancia. La pobreza voluntaria, la vida humilde o la sobriedad en los consumos no fueron en tiempos situaciones despreciadas o temidas, antes bien, podrían considerarse en ciertas culturas y religiones como un estado de equilibrio o de virtud. No queda lejos la época en que la pobreza no se consideraba una situación degradante, aunque sí la miseria, es decir, la carencia de lo imprescindible. Cierto que la ambición y el deseo de acumulación también han sido comunes a lo largo de la historia, pero nunca gozaron como ahora de una valoración ética tan positiva. Las culturas tribales acumulaban con el fin de afrontar periodos de escasez. Para muchas de ellas la autoridad moral del jefe se fundamentaba en la generosidad con su pueblo y la acumulación para éste era un modo de mantener su estatus. La situación hoy es bien distinta. El mundo rico y una parte del que no lo es vive a caballo entre la insatisfacción crónica y el sueño del despilfarro. Cargado de propiedades—en algunos casos—pero más cargado aún de deseos de consumo, está más próximo a la percepción de escasez de lo que lo estuvieron sus antepasados lejanos. Simultáneamente, otra parte enorme y creciente de la humanidad sufre una escasez material que pone en riesgo su salud y su vida con una intensidad nunca vista. La escasez, tanto la relativa como la absoluta, es un resultado al que se llega por caminos diversos. Uno de ellos es el acaparamiento, mecanismo por el que algunas personas se apropian de un bien que antes era colectivo en una proporción mayor a la que les corresponde, haciéndolo más inaccesible a otra parte de la población. La privatización de bienes comunales es uno de los mecanismos más antiguos de acaparamiento y, por tanto, creador de escasez. Otro mecanismo para la institucionalización de la escasez consiste en recortar el acceso a determinados recursos por alguna vía. El Mercado es la «vía objetiva» que se coloca entre los recursos y las personas dificultando el acceso a ciertos bienes. La creciente monetarización de bienes y servicios es una herramienta creadora de escasez. Un tercer mecanismo, no nuevo pero sí generalizado en el capitalismo de la posguerra, consiste en asignar un valor distintivo, creador de estatus, a ciertos consumos a condición de que sean escasos (ciertas ropas, automóviles, viajes…). En el momento en que estos consumos se generalizan pierden 122 Construyendo un futuro el valor distintivo y otros nuevos se colocan en su lugar produciendo una nueva insatisfacción. Este sistema permite que el aumento de la producción nunca elimine la escasez, en este caso subjetiva. De esta forma el umbral de la pobreza percibida se eleva de forma constante, lo que no impide que lo haga también la objetiva, aumentando la dificultad de acceso a consumos de primera necesidad, mientras se facilitan los superfluos. Antes, «pobre» y «necesitado» eran sinónimos; Hoy, la sociedad de consumo nos ha convertido a todos en necesitados y seguimos persiguiendo consumos distintivos, actuando como si el camino hacia arriba pudiera ser ilimitado. A estos mecanismos de creación de la escasez se suma actualmente uno nuevo: el deterioro de los recursos naturales necesarios para la vida, y la creciente dificultad para acceder a bienes esenciales como el agua potable, el alimento, las tierras fértiles o el aire limpio. Esta dificultad conduce en el límite a la expulsión de las poblaciones de los territorios que habitaban. Este fenómeno se había producido anteriormente por otras vías: apropiación por parte de grandes propietarios de terrenos productivos o con un subsuelo rico, mecanización del campo… Hoy, se añaden a estos nuevos mecanismos de empobrecimiento la prohibición de plantar semillas autóctonas, la deforestación y consecuente erosión, la desecación de acuíferos, el envenenamiento de tierras por pesticidas, la eliminación de biodiversidad, el uso de territorios como sumideros, el cambio climático… El deterioro ambiental provoca una escasez esencial que hace difícil la permanencia en el territorio. Las migraciones responden con frecuencia a esa dificultad para la vida, unida en alguna medida a la búsqueda de los niveles de consumo que se exhiben desde el escaparate de los países ricos. En las grandes urbes, destino de esa avalancha de gentes expulsadas y migrantes, la economía de mercado es la única vía para resolver muchas de las necesidades básicas. La pobreza urbana, especialmente la de las llamadas «ciudades miseria», es más desoladora por la cercanía del espectáculo del sobreconsumo y la inaccesibilidad de los recursos básicos y las redes sociales de apoyo. Desarmados los sistemas de ayuda mutua y eliminado el acceso a una tierra productiva crece la dependencia del sistema económico y el riesgo de indigencia. Pero conviene no olvidar que la 123 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos gente no muere por falta de dinero, sino por falta de recursos. En el caso de las mujeres, a menudo excluidas de trabajos monetarizados y separadas de la tierra, responsabilizadas de la crianza y la atención a los miembros más débiles de la familia, la escasez, si cabe, se multiplica. Este último mecanismo de creación de escasez, el deterioro de los recursos para la vida, a diferencia de los anteriores, no aumenta la abundancia absoluta en el grupo más poderoso, pero sí la relativa. En todo caso reduce—a diferentes velocidades según los colectivos—las posibilidades de futuro de toda la especie humana. La pobreza es pobreza del planeta Si preguntáramos a la Tierra qué significa la palabra «pobreza» no hablaría de indicadores monetarios ni haría recuento de quiénes viven con menos de un dólar al día. Probablemente, nos mostraría vastos territorios deforestados, animales huyendo, cauces secos, especies extinguidas, poblaciones humanas desplazándose tras fuentes de agua o escapando de riadas, culturas que han perdido el sentido en urbes en las que sobran… Un mundo en el que enormes poblaciones humanas han sido separadas de los recursos que les permitían la supervivencia y desplazadas a espacios urbanos superpoblados, donde ese acceso a los recursos básicos exige la mediación del Mercado y, en consecuencia, del dinero. Un mundo en el que las economías de subsistencia van siendo progresivamente arrinconadas, expulsadas, deslegitimadas o ilegalizadas. La Tierra nos ofrecería probablemente una imagen de pobrezas encadenadas: la pobreza vegetal, arrastrando tras de sí pobrezas animales y humanas, atmósfera, suelos y aguas empobrecidas. Hablaría del olvido de la interdependencia y de la ruptura de los ecosistemas vivos y señalaría a los seres humanos—algunos seres humanos—como primera causa de la devastación. Dada la complejidad del concepto quizá conviene distinguir entre dos términos cercanos pero significativamente diferentes: «pobreza» y «miseria». El primero se refiere a la dificultad de acceso a consumos superfluos, aunque manteniendo el abastecimiento de productos básicos. En las economías de subsistencia, integradas en el territorio, la pobreza no es una desgracia sino un modo de vida sencillo en un mundo que tiene sus 124 Construyendo un futuro reglas. Los planes de «desarrollo» y de lucha contra la pobreza, dice Vandana Shiva, eliminaron la pobreza en el Sur, enviando a poblaciones enteras a la miseria, es decir, a modos de vida que simultanean consumos superfluos con carencias básicas para la supervivencia. Esta distinción entre pobreza (vida sencilla) y miseria (carencia de lo fundamental) es clave pues discrimina entre la vida sobria, aunque suficiente y sostenible para el planeta, y la éticamente insostenible. Desde esta mirada más global podemos aventurar una posible definición de la pobreza—quizá sería mejor llamarle ya miseria—: la consecuencia del hurto de los recursos naturales que permiten la supervivencia autónoma de una comunidad en su territorio. Tanto en el Norte como en el Sur, «miseria» significa desposesión y falta de control sobre los recursos para organizar y mantener la vida de forma comunitaria. Estamos indisolublemente ligados a nuestro planeta. Los problemas ambientales son problemas socioecológicos. Los problemas sociales son también socioambientales. Deuda ecológica, ecología de los pobres, justicia ambiental, refugiados ecológicos, conflictos ecológico-distributivos, son algunos nombres de las luchas que comprende la interdependencia entre los seres humanos y el medio vivo del que forman parte. Estas luchas muestran que nuestras miserias, las humanas y las del resto de la biosfera, están encadenadas. Si observamos la naturaleza, ejemplo de empresa de amplio éxito en el tiempo, veremos cómo los ecosistemas no se han dedicado a sobreacumular de forma desigual para lograr su supervivencia, sino a mantener una diversidad y un equilibrio que les permitiera enfrentarse de forma colectiva a ciertas alteraciones del medio. El funcionamiento de la naturaleza practica la virtud del equilibrio. Sabe que, por encima de cierto umbral, más es menos y que, por debajo de este, menos es más. El principio «cuanto más mejor» que subyace en las prácticas de acumulación de la economía de mercado, se manifiesta no sólo inviable en un sistema limitado, sino radicalmente desajustado y torpe. 125 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos La lucha contra la riqueza Curiosamente, las reflexiones sobre la reducción de la pobreza no suelen relacionarse con las reflexiones sobre la riqueza. Las medidas comparativas para definir la primera—menos del cincuenta o del veinticinco por ciento de la renta nacional—no conducen en ningún caso a propuestas interdependientes. ONG, programas locales u organismos internacionales mantienen la pretensión de realizar intervenciones para reducir la pobreza sin alterar los niveles de riqueza monetaria. Ésta ha sido la fórmula propuesta por los estados del bienestar. Desde este particular modo de igualación, que sólo contempla el camino hacia arriba, la lucha contra la pobreza ha adoptado estrategias de mínimos—salario mínimo, rentas mínimas, cobertura sanitaria, pensiones mínimas—con la pretensión de hacer escalar a la población por encima de la línea de determinado umbral de consumos. Esta pretensión eternamente incumplida de extender la riqueza implica la presunción de vivir en un mundo de recursos infinitos, con una tecnología omnipotente—«sólo hay que esperar que encuentre la solución»—y cargado de buena voluntad, en el que todos los seres humanos podremos alcanzar niveles altos en los consumos que nos satisfacen. Sin embargo, en un mundo lleno en el que la capacidad de carga del planeta ha sido superada hace ya años, en el que no está asegurada la soberanía alimentaria de una mayoría, en el que los recursos más elementales, como el aire o el agua limpios empiezan a escasear y está en duda la supervivencia de las próximas generaciones, no es admisible mantener esta pretensión de enriquecimiento. Parece obvio que la eliminación de la pobreza no es posible sin atajar drásticamente los altos niveles de devastación y de consumo de buena parte de la población del Norte. La lucha contra la riqueza—en el sentido económico de la palabra, que presupone hurto y despilfarro—, será mucho más urgente y más eficaz que la supuesta y siempre fracasada lucha contra la pobreza. Desde un análisis ecologista, y desde la consideración de un planeta limitado en materiales que ha tocado techo, es irresponsable pretender un aumento de consumos necesarios en una parte de la población, sin abordar una disminución radical de consumos en aquella otra parte que extiende su huella ecológica mucho más allá de sus fron- 126 Construyendo un futuro teras. Dicho de otro modo, en la lucha contra la pobreza es necesario incorporar, a las estrategias de mínimos, las estrategias de máximos. Imaginemos unas políticas que asuman la limitación y definan un umbral máximo en el uso de determinados recursos, unas políticas de máximos que fijen límites por arriba: consumos máximos de agua, de energía, rentas máximas… No es fácil imaginar estas prácticas en un mundo gobernado por la economía de mercado y el capitalismo, que contempla con horror cualquier regulación del consumo, pero, sin embargo, puede ser la única propuesta honrada para quienes sufren, para quienes sufrirán la miseria y para todos los habitantes del planeta. 127 Construyendo un futuro Microentrevistas* -Integración- Carlos Carnero Diputado del Parlamento de la Unión Europea ¿Es exportable el modelo de integración europeo a América latina? ¿Qué puede aportar la experiencia de la Unión Europea al proceso de integración latinoamericano? Nuestro modelo de integración es exportable a cualquier lugar que comparta los mismos valores que han marcado la voluntad y el proceso de integración europeo, es decir, la defensa de la democracia y el Estado de derecho, el respeto absoluto de los derechos humanos, la paz, la estabilidad y la defensa de un proyecto en el que la cohesión social y la inclusión de la sociedad civil esté garantizada. Yo creo que América latina comparte estos mismos valores fundamentales. Por supuesto, el camino para ellos es mucho más difícil, por tratarse de economías en desarrollo en las que existe el mayor índice de desigualdad social del mundo. La experiencia de la Unión Europea ofrece la mejor receta para superar estos obstáculos a través de la integración económica y política del continente. Sin embargo, la voluntad política de un liderazgo que sea capaz de cohesionar las distintas visiones de futuro es esencial para lograr este objetivo y para transmitir a sus ciudadanos la conciencia de un proyecto político del que todos se sientan partícipes. * N. del E.: Con motivo de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos se enviaron juegos de preguntas, en forma de pequeñas entrevistas, a diversas voces autorizadas del escenario iberoamericano actual. Ésta es una selección de algunas de las respuestas recibidas. 129 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos ¿Por qué la Unión Europea no ha conseguido el peso político que se esperaba de ella para conformar una alternativa al carácter unilateral de la política exterior norteamericana? ¿Contar con América latina como socio estratégico permitiría conseguir una voz más fuerte en la escena política internacional? No comparto totalmente la opinión de que la Unión Europea no haya conseguido acomodar una alternativa de integración viable para América latina. Lo que ocurre es que el progreso con respecto a la asociación entre ambos bloques ha estado marcado por el receso en las negociaciones de la Ronda Doha y los obstáculos existentes para alcanzar la integración efectiva de las economías latinoamericanas en sus distintos proyectos (Mercosur, Comunidad Andina y América central). No creo que se pueda argumentar que la alternativa de la Asociación de Libre Comercio de las Américas, liderada por Estados Unidos, presente condiciones más atractivas para los países latinoamericanos que una asociación con la Unión Europea. Los propios países del bloque Mercosur, que constituye la principal potencia económica de América latina, lo rechazaron expresamente en la última cumbre del Mar del Plata. La asociación de la Unión Europea y América latina significaría mucho más que un entramado de acuerdos comerciales. Daría pie a la primera asociación Norte-Sur intercontinental basada en una relación de partenariado. Tanto América latina como la Unión Europea comparten una convicción profunda en el multilateralismo que sería una importante baza a la hora de consensuar posturas en foros tan importantes como la Organización Mundial de Comercio o la Organización de Naciones Unidas. Además, la evolución actual de la economía internacional y el interés que ambas regiones están demostrando por establecer lazos políticos y comerciales más estrechos con otras zonas del mundo, como el continente asiático o los países del Golfo, refuerza la convicción de que Europa y América latina pueden convertirse en socios geoestratégicos de primera magnitud. 130 Construyendo un futuro Al encararse procesos de integración en regiones con importantes asimetrías nacionales ¿Cuál es el papel que han de jugar los países más pequeños? Los países más pequeños juegan un papel institucional clave en los procesos de integración. En muchas ocasiones actúan como mediadores o árbitros en los conflictos de las grandes potencias económicas, y han sido tradicionalmente los defensores más celosos de la identidad nacional, equilibrando, de manera apropiada, la integración económica y política con el respeto a la diversidad y la solidaridad entre todos los estados miembros. -Economía- ATTAC www.attacmadrid.org ¿Qué cambios fundamentales deben darse en el sistema capitalista actual para posibilitar el desarrollo efectivo de los países del Sur y construir un orden socioeconómico más justo a nivel mundial? Una de las premisas del capitalismo es fomentar las desigualdades para así poder obtener ventajas derivadas de la competencia. El cambio fundamental consiste en subvertir este orden y situar la cooperación como valor supremo en lugar de la competencia. Hay que difundir un sistema de valores alternativo al capitalismo, que haga ver a los individuos que el beneficio de los demás redunda en beneficio propio. Para ello, es necesario implementar medidas reguladoras que corrijan los efectos indeseados del Mercado. Hay que tener en cuenta que el Mercado es un juego de suma cero, donde lo que unos ganan otros lo pierden. Por lo tanto, debe haber mecanismos externos al Mercado que eviten la existencia de perdedores y redistribuyan la riqueza generada en él de una forma justa y solidaria. 131 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos ¿Existe algún conflicto potencial entre globalización y soberanía nacional? ¿Qué ocurre cuando las empresas multinacionales se enfrentan de tú a tú con un gobierno? Efectivamente, la globalización pone en peligro el concepto de la soberanía nacional y, por tanto, el de la democracia, que se basa en el primero. Los parlamentos nacionales son las instituciones que detentan la soberanía de los pueblos pero, con el proceso globalizador, cada vez se muestran más impotentes a la hora de actuar en el escenario de poder global. Esto se debe, principalmente, a su carácter nacional y a su dificultad para articular políticas comunes con otras soberanías nacionales. El gran poder de las empresas multinacionales reside en que han prescindido de las limitaciones del Estado-Nación y han logrado vehicular su influencia a través de organismos internacionales que defienden sus intereses. Los estados deben unir sus fuerzas en la creación de espacios políticos y económicos comunes que tengan peso suficiente a la hora de intervenir en las decisiones de la globalización, pero, a diferencia de las empresas, deben garantizar la supremacía de la soberanía popular. -Migraciones- Consuelo Rumí Secretaria de Estado de inmigración y emigración de España ¿De qué modo deben mejorar las políticas migratorias, tanto en los países emisores como receptores? ¿Qué línea debería tomar la Unión Europea de cara a una política de inmigración común? Es una tarea importante en la que queda mucho por hacer pero en la que —lo digo sin ningún afán retórico—durante los últimos meses se ha avanzado un trecho importante para asentar bien sus bases. En buena medida, la Unión Europea demostrará su capacidad como proyecto de integración si es capaz de responder, cohesionadamente y desde una perspectiva integral, al desafío migratorio. Con ello quiero decir que la cooperación para 132 Construyendo un futuro afrontar la llegada de flujos clandestinos, en los países que son frontera de la Unión, debe ser acompañada de avances en otros ámbitos vitales de la política común, como la canalización legal de los flujos y el respaldo a las estrategias nacionales de integración de la población inmigrante. Hasta ahora, la experiencia nos ha enseñado que la unilateralidad en cuanto a las actuaciones en materia de inmigración conduce al fracaso. El futuro debe venir marcado por la cooperación y la cohesión. Ignacio Díaz de Aguilar Presidente de CEAR (www.cear.es) (Comisión española de ayuda al refugiado) ¿Cuáles son las principales causas de la emigración? ¿En qué se parecen y en qué se diferencian los procesos migratorios actuales, en los tiempos de globalización en que vivimos, de los que se han venido dando en otras etapas anteriores? Las principales causas de la inmigración son múltiples y, en términos generales, bien conocidas: la desigualdad económica entre países, las situaciones de injusticia social y política que obligan a muchas personas a emigrar y la expectativa de vivir en estados de mayor bienestar social. La segunda pregunta me parece mucho más compleja de responder. Las causas, probablemente, siguen siendo las mismas, aunque más agudizadas, sobre todo en lo que concierne a la brecha entre países ricos y países pobres. Sin embargo, lo que ha cambiado es la toma de conciencia de esta situación y la capacidad para viajar. La televisión por satélite, Internet y la telefonía móvil permiten a prácticamente cualquier persona en cualquier lugar del mundo conocer las formas de vida en el primer mundo, y los medios de transporte se han multiplicado y hecho asequibles para gran parte de la población mundial. Es un estímulo fortísimo que, unido a la información directa, por teléfono, de amigos o familiares, multiplica el impulso de emigrar. Por otra parte, desde CEAR estamos apreciando la aparición de nuevos motivos de emigración. Los refugiados medioambientales, 133 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos provocados por la incipiente destrucción de áreas de cultivo por el cambio climático, y el fenómeno de la reunificación familiar, que se multiplica por el temor de los inmigrantes estacionales de que en caso de volver al país de origen puedan no retornar, por lo que se deciden a traer a su familia al país donde trabajan. Es el efecto perverso de la proliferación de legislaciones que tratan de blindar las fronteras de los países ricos. Finalmente, creemos que los bajísimos índices de natalidad de muchos países ricos y las necesidades de mantener un número elevado de trabajadores que coticen a la seguridad social para garantizar pensiones van a provocar, a medio plazo, una demanda muy elevada de inmigrantes, especialmente en Europa. ¿Es posible concebir un mundo sin personas «ilegales»? ¿Cómo revertir el absurdo de la globalización, por el que hay absoluta libertad de circulación de bienes, servicios y capitales, pero no de personas? Es posible y necesario eliminar las trabas a la circulación de trabajadores. Yo viví el proceso de integración de España en la Unión Europea, cuando la principal preocupación de países como Alemania era el peligro de una invasión de españoles buscando trabajo. No pasó nada y Europa se fortaleció con la incorporación de España. Es muy difícil abrir sin más las fronteras, pero tenemos que trabajar para que, progresivamente, sea así. En la actualidad, los países más ricos están siguiendo la línea contraria: poner más y más dificultades para la circulación de personas y más libertad para sus productos. En mi opinión, la solución iría por una progresiva creación de espacios en los que, al menos, la libre circulación de trabajadores sea posible, siguiendo el modelo de la Unión Europea. A medio plazo, debemos aspirar a que continentes como América y Europa sean espacios comunes donde aquellos que obtengan un trabajo puedan residir sin problemas. De ahí a la libre circulación de personas hay un trecho más corto. 134 Construyendo un futuro -Convivencia- ¿Cómo debemos enfocar los modelos de convivencia en las sociedades multiculturales? La mejora de los modelos de convivencia es un trabajo que se ha de realizar constantemente para evitar conflictos. CEAR ha impulsado un gran proceso llamado El Consenso Social, en el que se han involucrado sindicatos, empresarios, asociaciones de inmigrantes, asociaciones de vecinos y ONG de toda España. En él intentamos buscar soluciones a los problemas de convivencia que se van produciendo cada día en escuelas, trabajo, en la vivienda… los problemas del día a día de millones de ciudadanos. Es a este nivel de barrios y pueblos donde hay que intentar solucionar los problemas de convivencia, antes de que se conviertan en conflictos sociales. En cuanto al modelo de convivencia, existen dos polos opuestos: el de la multiculturalidad, que garantiza el respeto a cada una de las culturas que llegan al país de acogida; y el de la integración, que en su posición más extrema aboga porque los inmigrantes se integren adoptando el modo de vida europeo. En CEAR defendemos que, si bien existen valores y normas del país de acogida que hay que aceptar, la convivencia no debe nunca suponer que uno renuncie a su cultura para integrarse en otra distinta. La riqueza esta en la diversidad. Pedro Zerolo Secretario de movimientos sociales y relaciones con las ONG del Partido Socialista español La Unión Europea está avanzando cada vez más en la tarea del reconocimiento de derechos para colectivos tradicionalmente excluidos como el de los homosexuales. ¿Qué camino queda por recorrer en esta lucha en América latina? Queda mucho por hacer en el lado de acá y en el de allá. La lucha por la igualdad no tendrá fin. Siempre habrá aspirantes a árbitros de la decencia, a propietarios de la dignidad. Ante ellos hay que mantener la tensión polí- 135 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos tica y social siempre, pero también la ilusión, la alegría. Hay que ser conscientes, en todo momento, de que si una causa es justa debe ser una causa compartida, una razón en torno a la que tender alianzas y trabajar con una mezcla de obstinación y optimismo inagotables. Los índices de asesinatos y agresiones de mujeres, personas homosexuales y transexuales y poblaciones indígenas son muy elevados en América latina. Ante estos hechos debemos promover una conciencia social que repudie, condene y persiga a los autores. Ninguna violación de los derechos humanos debe quedar impune, y los derechos de gays, lesbianas y transexuales son derechos humanos. Ningún Estado puede ser social, democrático y de derecho si no tiene instrumentos adecuados para impedir y repudiar tales comportamientos. Por otro lado, hay que destacar los importantes avances que, en algunos países, se están dando para proteger la orientación sexual y la identidad de género, reconocer a las parejas homosexuales o eliminar las discriminaciones en el ámbito laboral. Yo estoy convencido de que el cambio que se está produciendo en España, en el reconocimiento de los derechos civiles de lesbianas, gays y transexuales, va a producir un cambio en positivo en América latina. Es bueno que España empiece a exportar valores y no sólo códigos penales a América latina. No podemos olvidar que estos cambios se producen en España después de contar con un movimiento asociativo de treinta años de lucha, coraje y visibilidad, y América latina seguirá un proceso similar en su conjunto y con sus tiempos. 136 Construyendo un futuro -Cooperación- Leire Pajín Secretaria de Estado de cooperación internacional de España y Víctor M. Velasco Corrochano Oficial de programa de voluntarios de Naciones Unidas en Tegucigalpa, Honduras ¿Por qué después de tantos esfuerzos en cooperación al desarrollo se han alcanzado, por regla general, resultados limitados e insatisfactorios? LEIRE: Más que hacer un recorrido sobre las debilidades de la ayuda al desarrollo, que hoy están bastante identificadas, me interesa hacer una reflexión hacia el futuro. La lucha contra la pobreza y por el desarrollo es una batalla compleja donde aparecen, de forma contradictoria, intereses, poderes, aspiraciones, deseos y urgencias. Por ello, no se puede abordar de forma simple. Hay que hacer muchas cosas, y todas a la vez: aumentar la cantidad—que sigue siendo insuficiente—, incrementar la eficacia y mejorar la calidad de la ayuda; mejorar la coordinación de la misma, eliminando la competencia entre los donantes; cambiar reglas del comercio internacional; mejorar la institucionalidad de los países receptores; establecer estrategias comunes contra la pobreza… sería un largo etcétera abordarlas todas, pero sí quiero detenerme en un aspecto central: los donantes tienen que actuar en sintonía con los receptores, y éstos deben ser protagonistas de su propio desarrollo. Los resultados son desiguales en las distintas zonas del planeta, según el grado de compromiso de los gobiernos y la adecuada aplicación de la ayuda, pero los elementos de partida pueden ser buenos, por eso es importante que aprendamos de los errores y asumamos nuestro compromiso de verdad y no sólo de cara a la galería. VÍCTOR: A mi juicio, creo que hay un problema serio entre las agendas de los donantes y las de los gobiernos locales. Esto implica un desajuste entre los intereses de unos y de otros. Hay recursos destinados a los países que han de ser gastados y que, en muchas ocasiones, no son prioridad para los gobiernos receptores de la ayuda. Por otra parte, la debilidad institucional de los gobiernos de los países en desarrollo es un 137 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos obstáculo para desarrollar políticas que requieren de un marco institucional serio y eficiente. Mientras esto no cambie se estará incurriendo, reiterativamente, en un gasto ineficiente y con un impacto más que dudoso. Por supuesto, otros problemas como la corrupción y el destino que se ha dado a los fondos son cuestiones que no pasan desapercibidas. En el caso de Honduras, por ejemplo, aunque la cooperación a aumentado, el gasto social crece muy por debajo de lo que lo hace la cooperación, lo que demuestra que los gastos sociales no son prioridad para el gobierno. ¿Qué es lo que debe hacerse para lograr una cooperación más eficaz entre Europa y Latinoamérica? LEIRE: Tengo una buena sensación de lo que será esta nueva etapa de cooperación con América latina. En primer lugar, porque el gobierno español es consciente de la importancia que tiene la región y de la responsabilidad que en ella tenemos nosotros como canal privilegiado en la relación con el resto del mundo, tanto con la Unión Europea, como con Estados Unidos. Consecuencia de esta importancia fue la creación de una secretaría de estado específica para Latinoamérica. Más allá de esto, el subcontinente está en un proceso muy importante de cambio. Después del fracaso de las políticas puramente neoliberales ha surgido en Latinoamérica un potente movimiento de cambio que ha llevado a los gobiernos de muchos países a dirigentes nuevos, con los que se podrá o no estar plenamente de acuerdo pero que tienen una voluntad inequívoca de lucha contra la pobreza y la desigualdad social. Esta desigualdad es el mayor riesgo que corren las sociedades latinoamericanas, pues no se logrará un sistema plenamente incluyente si no se reduce la importante desigualdad social y de distribución del ingreso. Estos nuevos gobiernos, esta lucha programática contra la pobreza, permiten a la cooperación europea y española jugar un gran papel en el futuro más inmediato, pues cada vez las políticas de cooperación se pueden insertar más en las propias políticas de los países, siendo algo asumido como propio y no un ejercicio externo de solidaridad. Por eso tenemos que atender mucho a la negociación, a la vinculación de iniciativas, al establecimiento de prioridades. Aquí, la cooperación española tiene también 138 Construyendo un futuro que avanzar, pues hemos trabajado en el pasado de una forma dispersa, de manera acumulativa. Creo que hoy estamos en condiciones de hacerlo de forma diferente. VÍCTOR: Se debe fomentar el desarrollo de las instituciones locales y, sobre todo, su extensión a todas las áreas geográficas de los países, para tener una contraparte local fiable y eficaz que elabore las reformas estructurales que es necesario implementar. Hay que cruzar las agendas políticas y buscar una alineación y coordinación de las mismas ya que, si no, podemos estar incurriendo en inversiones—digamos—contradictorias o incompatibles. Tenemos que fomentar el desarrollo democrático no sólo de las instituciones, sino también de la ciudadanía en general, y resolver los problemas de endeudamiento que causan los que permiten, sin ningún tipo de garantía, que el país se endeude, con los costes asociados que repercuten negativamente en el incremento del gasto social. Todas estas políticas deberían estar alineadas para que la construcción del proceso democrático sea abordada de una manera integral, considerando los diferentes actores y sectores involucrados en el proceso. 139 Miradas Construyendo un futuro Charla con los jóvenes en la embajada de España en Argentina* Enrique Iglesias, Secretario General Iberoamericano y Felipe González, ex presidente del Gobierno de España ENRIQUE IGLESIAS, URUGUAY: (…) Yo creo que mi generación, la que ha nacido en la posguerra, no tuvo el privilegio inmenso que tiene la de ustedes, que es el privilegio de informarse y comunicarse, que nosotros tuvimos en una forma muy débil. Hoy en día, el gran activo de la gente joven es que tienen una capacidad de información disponible impresionante con los nuevos métodos que hay de comunicación, y de buscar formas de comunicarse entre ustedes. Yo creo que éste es un activo que deben aprovechar. Este tipo de encuentros apunta a eso, y me parece muy importante que se haga en el ámbito iberoamericano, de manera que felicito a todos por la iniciativa. Quería plantear, en primer lugar, un tema que está muy presente. La crisis del llamado multilateralismo, que muchas veces se concentra en la acción de las Naciones Unidas. Yo soy un producto de las Naciones Unidas, creo en el sistema y, sobre todo, creo en las expectativas—yo era adolescente cuando surge la organización—, en el enorme impacto, esperanza y expectativas que hubo después de una guerra horrible, un genocidio del enfrentamiento de todos los fascismos del mundo. La Organización de Naciones Unidas fue una cosa muy importante; parecía que se habían abierto las puertas del cielo a la humanidad. En cierta manera, así fue. Las Naciones Unidas fueron el impacto de una gran esperanza abierta a un mundo nuevo basado en la pluralidad y la justicia. * Fragmentos de la charla que tuvo lugar el 28 de octubre de 2006, en la embajada de España en Argentina, con ocasión de la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos. 143 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos Luego, en los años noventa, cuando cayó el muro de Berlín, también nos dio un sentimiento de que algo iba a cambiar de forma fundamental. Creo que lo importante es reconocer que pasaron muchas cosas. El mundo de hoy no es el mundo de hace sesenta años. Crecimos en los avances en la tecnología, crecimos en los avances en la producción, crecimos en los avances de la salud, en las nuevas formas de producir y de consumir… pero el de hoy es un mundo que también está mostrando la incapacidad de transformar todo eso—que eran los grandes sueños y los grandes logros—en cosas concretas para lograr un poco más de equilibrio en la sociedad. Tenemos la mitad de la humanidad que vive en situación de pobreza, y de esos, la mitad que vive en situación de indigencia. Ahí hay un problema. Al lado de esto aparecen los nuevos desafíos que fuimos incapaces de controlar o impedir que se produjeran: las armas de destrucción masiva, las armas biológicas, los problemas que se derivan del terrorismo internacional, el crimen organizado… De manera que hay una enorme contradicción, en ese multilateralismo, entre lo que fueron los grandes sueños y las realidades. Los logros no fueron pocos—evitamos la tercera guerra mundial, por ejemplo—, pero hubo más de doscientos conflictos de todo tipo y nos enfrentamos, además, a la tremenda realidad de un mundo cada vez más desigual, donde los de abajo y los de arriba se distancian de forma alarmante, a causa de todos los elementos que acompañan ese gran desequilibrio social. Ésa debe ser una primera reflexión. Algo pasó pero, verdaderamente, no fuimos capaces de lograr lo que en aquel momento fue el principio de solidaridad—un invento de las Naciones Unidas, pues antes se hablaba de caridad, que es una cosa distinta, porque la solidaridad, que es hija de la justicia, no es lo mismo que la caridad, que es hija de la compasión—. La solidaridad surge con ese impulso nuevo de multilateralismo que fue la creación de las Naciones Unidas. Frente al multilateralismo están apareciendo en el mundo, en los últimos años, los movimientos regionalistas, que en América latina han sido muy significativos. No digo ya Europa, con esta cosa realmente impresionante que es la Unión Europea, que si uno la mira con perspectiva histórica ha sido un logro realmente fenomenal. En el mundo de hoy, junto a ese multilateralismo ambivalente, tenemos el surgimiento impor- 144 Construyendo un futuro tante de los movimientos de tipo regional, es decir, el vecindario. Los países se agrupan en torno a intereses de algún tipo: intereses políticos, intereses económicos, intereses sociales, culturales… Hay una sociedad donde la democracia se junta con los partidos políticos, con los gobiernos, con la acción de la sociedad y con los organismos no gubernamentales. El surgimiento de estos movimientos regionalistas cumple un papel importante en la sociedad en que estamos y equilibra un poco estas fuerzas desiguales a las que dio lugar el multilateralismo a lo largo de los últimos sesenta años. Dentro del vecindario surge esta idea iberoamericana. Yo estoy embarcado en ella porque creo que funciona. Es una cosa importante esta aventura de ir creando lo que yo llamaría la Comunidad Iberoamericana. Un conjunto de veintidós naciones que comparten lengua—el español, la segunda gran lengua internacional, y la más creciente en el mundo—, comparten tradiciones, comparten valores y comparten intereses crecientes, cosa que no habíamos tenido antes. De modo que, de alguna manera, ahí hay un mundo que hay que armar. Lo están armando las cumbres—la semana que viene tenemos la decimosexta—y lo están armando los ministros, que se reúnen todos los años y están creando un espacio jurídico común, políticas en materia de salud, de educación, etc. De manera que hay una realidad que existe y que, de alguna forma, habría que hilvanar sobre la base de esta Comunidad Iberoamericana, que ya tiene un producto de más de tres billones de dólares. Juntas, América latina, España y Portugal llegamos a un producto significativo, y se pueden hacer cosas— en el campo del comercio menos, pero, en el campo de la inversión, España, hoy, es el segundo inversionista en América latina, y en algunos casos el primero—, de manera que hay una relación que se puede potenciar, basada en los elementos de la suma. Entre ellos, la cultura es una de las cosas más típicas y auténticas de este movimiento iberoamericano; es lo que nos une; es el lubricante que nos permite hacer muchas cosas. La cultura cuenta. Es importante que digamos a los jóvenes de todas las comunidades que la cultura no es un lujo ni un adorno, sino una parte fundamental de la forma en cómo vivimos y cómo nos relacionamos. Sobre eso hay que construir la gran aventura en que estamos embarcados. En eso es en lo que estamos trabajando ahora, en ver si algún día 145 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos llegamos a tener una Comunidad Iberoamericana, en un sentido profundo y explícito, que regule las relaciones entre nuestros países. ¿Es posible? sí; ¿será difícil? también. Nosotros nos proponemos tratar de movilizar a la gente joven para que las futuras generaciones puedan llegar a ver esa realidad de una Comunidad Iberoamericana de Naciones. (…) Hoy tenemos una región difícil de explicar, con estas preguntas tan incómodas que nos hacen como: «Ustedes, con tantos recursos naturales, con tanta población mucho más educada, más sana, con mayor esperanza de vida… ¿por qué están donde están? ¿qué les pasa a ustedes?». Es una pregunta bastante complicada, pero es inevitable. Yo creo que, en el fondo, somos víctimas de una enorme ambivalencia. Basta ver, por una parte, el enorme potencial que tiene esta región en materia de recursos—yo mencionaba los recursos humanos, los quinientos cincuenta millones de personas, la riqueza natural de todo tipo—y, además, el enorme capital de experiencia que tenemos; experiencias malas, malísimas, y algunas buenas. Eso es un capital muy grande, porque hoy somos mucho más sabios que lo que éramos antes. Sabemos lo que no funciona y sabemos lo que funciona. En materia de desarrollo lo que hay que hacer se sabe. Nosotros hemos pasado por todos los esquemas imaginables. América latina ha sido el gran laboratorio económico, social y político. Ha habido de todo, desde economías altamente planificadas, a economías altamente liberalizadas. Tenemos un enorme stock de sabiduría acumulada. Sin embargo, por otra parte tenemos, en este momento, las grandes contradicciones: doscientos veinte millones de pobres. Es difícil de explicar que, con estos recursos naturales, con un ingreso de diez mil dólares per cápita, tengamos un cuarenta por ciento de pobres. La tasa de desempleo está bajando, pero sigue siendo todavía, en muchos países, de dos dígitos; y qué decir de las exclusiones, que tienen color—porque las exclusiones en América latina tienen color; son indígenas, son negros—. Pero la distribución del ingreso es el tema central de esta ambivalencia porque, en el fondo, todo el mundo mejoró un poco en América latina. Los pobres de hoy no son los pobres de hace treinta años, pero como unos pocos mejoraron de verdad esto genera una situación de insatisfacción y de pesimismo en muchos sectores de la sociedad. 146 Construyendo un futuro De manera que tenemos un enorme potencial por una parte y estas ambivalencias por la otra. Yo pienso que hay una coyuntura excepcional en América latina, que es el hecho de que China y la India le pusieron un segundo piso al mundo, de golpe, y eso significa que somos parte de un nuevo modelo, en donde nosotros tenemos una enorme capacidad de vender materias primas, de vender agricultura, de vender minerales, de vender pesca, agua—el gran tema del futuro es el agua, y América latina es una región privilegiada por la providencia en esa materia—. Entonces, de alguna manera, tenemos una nueva situación en la que nos colocamos frente a una oportunidad que no hemos tenido nunca. A fines del siglo XIX y principios del XX, bajo el dominio económico inglés, tuvimos una oportunidad que se dio, pero nunca ha habido, en la historia de América latina, un impacto de tal proporción en las oportunidades como el que ofrece esta nueva realidad internacional. No queremos volver al siglo XIX y vender como hicimos entonces, por eso América latina tiene que llevar adelante una transformación que nos permita vender conocimiento, servicios, todo aquello que regule y que haga que, además de crecer en el producto, el crecimiento redunde en la igualdad social, en el empleo y en las oportunidades. Yo creo que en todo este esquema, en esta gran ambivalencia, tenemos, además, algunos factores interesantes. Hay una dinámica de la sociedad latinoamericana que nunca antes habíamos conocido, producto de la democracia: la gente se expresa, se manifiesta, sale a la calle. Doce presidentes se han ido en los últimos quince años, todos ellos por la puerta constitucional, lo cual es importante ya que quiere decir que la democracia está funcionando. Hay una dinámica social que, a veces, es perturbadora, pero que debe ser una energía que encaminen los cuerpos políticos, ya que esto puede ser una forma interesante de armonizar un poco esta ambivalencia. En este esquema yo creo que la idea central es el tema de cómo lograr concertar a los distintos grupos dirigentes de una sociedad—los cuerpos políticos, sociales y empresariales—. ¿Cómo se puede imaginar una política de concertación? Ustedes deben participar en esta cuestión. Debemos ver cómo es posible concertar los esfuerzos colectivos para partir del enorme potencial que nos abre el mundo actual y de la experiencia 147 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos acumulada—que, como he dicho, no es poca—para poner en marcha algunos puntos «pacíficos», como dicen los brasileros. Hoy estamos en condiciones de demostrar que nuestros países son capaces de crecer. Argentina, la República Dominicana, Uruguay… estamos descubriendo que es posible crecer. Ciertamente, estamos apalancados por una realidad internacional que está detrás pero, cuidado, no se trata solamente de los precios de las materias primas. Estamos sabiendo hacer mejor las cosas, y esto lo digo porque, de alguna manera, los gobiernos progresistas, con críticas importantes a los modelos neoliberales de los años noventa, cuando llegan al poder hacen lo que tienen que hacer; todos respetan los valores macroeconómicos, respetan el buen manejo de la moneda, no se atan a políticas cambiarias fijas, no cierran las fronteras… es decir, hay problemas pero, en el fondo, hay un grueso de sabiduría incorporada en las políticas que es muy importante. En ese contexto yo creo que es posible ponerse a pensar cómo puede esta sociedad ponerse a hacer cosas. La gran responsabilidad que ustedes tienen es lograr que el discurso de nuestros países se modernice, que no sea obsoleto. Hay que tener la capacidad de ir decantando todas esas cosas, porque las opciones, en el mundo de hoy, se han ido limitando. En los largos años de mi vida yo vi cómo, en algún momento, parecía que habíamos descubierto la piedra filosofal, que la estabilidad del tipo de cambio iba a solucionar todo. No, hoy en día somos mucho más tranquilos para saber que eso no ocurre fácil, que no hay milagros. La economía milagrosa ya no se piensa más en América latina. Por tanto, sigan adelante y vean cómo se pueden decantar estas cosas generales, y cómo podemos renovar el nivel del debate en América latina, porque todavía estamos discutiendo cosas de los años sesenta; todavía estamos discutiendo, por ejemplo, el papel del Estado, el papel de la empresa, y eso ya está más o menos resuelto; ya se sabe cómo manejarlo. Ustedes tienen una capacidad de información y una capacidad de comunicación que no tuvimos nosotros. Si, uniendo ambas cosas, ustedes pueden hacer frente a este programa de cómo encontrar los puntos pacíficos de una nueva región que viva en el progreso, en libertad y, sobre todo, en justicia social, llegaremos a la conclusión de que la tarea que tenemos por delante es posible. 148 Construyendo un futuro SAMUEL CELAYA, HONDURAS: ¿Cuáles serían, para ustedes, los temas fundamentales que podrían empezar un movimiento transformador, a largo plazo, de esta región iberoamericana? ENRIQUE IGLESIAS: Ante todo, creo que hay que aprender a pensar en mediano y largo plazo. Desgraciadamente, las crisis que vinieron de los años ochenta—en los que no todo fueron pérdidas, pues se recuperaron la democracia y la sensatez—, con todas esas políticas inmediatistas y de supervivencia, condicionaron nuestra capacidad de pensar en mediano y largo plazo. Hay que tener perspectiva y, para ello, lo primero es tener algunas hipótesis a largo plazo. Hay que tener algunas ideas de para dónde va el mundo y para dónde va la región. Lo primero es conocer qué está pasando en el mundo; lo segundo—que es la primera condición del pragmatismo—es entender qué funcionó y qué no funcionó, es decir, qué cosas funcionaron y por qué funcionaron ciertas cosas aquí y no funcionaron allí. Ésa es la pregunta importante: ¿Por qué ciertos problemas que se resolvieron en algunos lugares en otros no tuvieron éxito? Generalmente, esto está vinculado a la política y a las instituciones, por tanto, hay que ir viendo qué hay que hacer en materia macroeconómica para actuar con sentido común. En segundo lugar, hay que ver dónde están los pilares del crecimiento y saber que con las riquezas naturales no es suficiente, que hay otras cosas—tenemos, por ejemplo, a Irlanda, que ha encontrado el punto de apoyo para su crecimiento en el conocimiento, en los recursos humanos—. Por último, hay que ir viendo todos estos temas desde una perspectiva a largo plazo y con un sentido moderno. Nosotros, en América latina, hemos sido muy reacios a los estudios comparativos, que son una cosa anglosajona, pero es muy importante comparar, se aprende mucho. Nosotros hemos sido muy racionalistas, muy franceses, cartesianos… tenemos una idea y tenemos la realidad, y si, cuando la aplicamos, la idea no funciona, peor para la realidad. Esto no es bueno. Hay que mirar con sentido común, ver qué funciona y qué no funcionó y, poco a poco, ir rectificando los puntos de apoyo en los cuales hay que focalizar los esfuerzos. 149 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos (…) JUAN CARLOS CELERA, VENEZUELA: Quería hacer una reflexión, yendo a lo local, al caso venezolano. Más allá de juzgar la política local, la reflexión que dejo es la complacencia o complicidad que, muchas veces, uno ve en países de la región para el caso venezolano. Si bien las cosas marchan bien para algunos, como es el caso de Argentina, Chile y muchos países de Centroamérica, pareciera que muchos aplauden al presidente de mi país en esas exposiciones ideológicas que, finalmente, no logran una base en la integración de la región. Esto refleja un poco, en mi opinión, que el concepto latinoamericano no busca problemas en la política interior. FELIPE GONZÁLEZ, ESPAÑA: Respecto a este comentario, yo trataba de analizar, en mi intervención anterior, cuáles son las nuevas fracturas que se dan en los procesos de integración en América latina. Parte de estas fracturas, aunque parezca mentira, reside también en las compatibilidades de las relaciones personales. Ya sé que esto tiene poco que ver con el materialismo histórico, pero yo creo que el factor humano, en las relaciones de política, es un factor fundamental. Quiero decir que el presidente Chávez tiene una gran capacidad de empatía, de comunicación personal, y tiene, quizá, la gran ventaja de que se puede discutir con toda franqueza con él—al menos a mí me ha dado esa oportunidad—de las cosas en las que uno puede estar o no en desacuerdo. (…) Mire, yo no voy a entrar en la realidad de ninguno de los países. Venezuela está conociendo un fuerte crecimiento de la economía, una liquidez enorme, y probablemente el crecimiento no viene sólo del petróleo. Los países que están funcionando mejor en América latina son los que crecen más en su producto bruto que en el diferencial que representa el crecimiento de los valores sujetos a precio. Imaginemos los dos polos, el mexicano y el argentino. Uno puede evaluar perfectamente si el crecimiento de los últimos años equivale estrictamente al crecimiento de las materias primas o si, además del crecimiento en las materias primas, ha habido un crecimiento autónomo por buenas políticas económicas. En Chile, por ejemplo, sin duda a Ricardo Lagos le vino muy bien 150 Construyendo un futuro el crecimiento de las materias primas, pero esto sólo explicaría un punto y medio o dos puntos de su crecimiento, los otros tres puntos y medio o cuatro puntos se deben a buenas políticas económicas; en Argentina, por lo menos en los últimos tres o cuatro años, es imposible explicar un crecimiento del ocho o nueve por ciento sólo porque van bien las materias primas; en México, probablemente, el crecimiento es muy equivalente al crecimiento de los precios del petróleo, por tanto, el resto de la actividad económica no ha crecido. Hay, por tanto, algo más que analizar, incluso en Venezuela. Yo, como el presidente Chávez me ha dado la oportunidad de decirle las cosas personalmente, tal como las pienso—y el me contesta, naturalmente, tal como piensa—voy a extremar la prudencia, en el sentido de decirle en persona algunas cosas que pienso, y una de las cosas que le he dicho, y que le ha dicho el público más de una vez, es que algunos discursos—que son discursos integracionistas y seguramente de buena fe—producen un ritmo de integración infinitamente menor que los no discursos que suponen los ya catorce tratados de libre comercio firmados y en funcionamiento. En ese sentido es en el que hago una apelación al pragmatismo, no en el sentido de abandono de las ideas, sino en el de luchar por las ideas para que se transformen en realidades. (…) En lo regional, hay que atender a los problemas que de verdad se están planteando en la integración regional, es decir, si el Mercosur tiene que llegar a la costa del Caribe, al menos tiene que dejar de llamarse Mercosur, tendrá que llamarse de otra manera—salvo que la vocación «sur» sea todo el continente—. El Mercosur no puede ser una opción político-ideológica. En el debate en Ecuador he visto que uno de los candidatos decía: «yo me salgo del Pacto Andino y me voy al Mercosur»; esto es como si Egipto dijera: «yo me voy de la Liga Árabe y me meto en la Unión Europea». No, hay elementos que son de compatibilidad y continuidad territorial. (…) ISABEL RODRÍGUEZ, ESPAÑA: Mi pregunta va dirigida a nuestro compañero Felipe González, que en su exposición mencionó lo que él ha denominado «el desafío de la importancia de la mujer», uno de los aspectos que más discutimos en una de las mesas de trabajo. Quería preguntar- 151 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos le cuáles cree que son las acciones concretas, para ser pragmáticos, que debemos llevar a cabo para avanzar en este nuevo desafío que es la mujer en el siglo XXI en el mundo y en Iberoamérica. FELIPE GONZÁLEZ: Mi aproximación a este tema, que forma parte de un trabajo que me encargaron sobre la globalización y sus efectos hace diez años en la sede de la asamblea de la Internacional Socialista, abordó el tema del impacto del porcentaje de mujeres en los flujos migratorios, que está produciendo algunos problemas en la sociedad latinoamericana que todavía son incipientes, pero que se agrandarán y agravarán. Y es que, en muchas de las sociedades latinoamericanas, la mujer es el cabeza de familia, «la» y «el» cabeza de familia. Es decir, la articulación familiar se hace en torno a la mujer como responsable de la familia. Cuando la mujer emigra, uno de los efectos que se producen es el riesgo de desestructuración del núcleo familiar—alguna vez está la hermana, o la abuela, que se hacen cargo, pero el núcleo familiar no pasa a ser un núcleo familiar dirigido y asumido responsablemente por el hombre—. ¿En América latina se está con retraso en eso? En parte sí, pero es muy caótico el continente, hay muchas situaciones distintas. Por ejemplo, el país más modernizador en derechos de la mujer del mundo fue, en su día, Uruguay, que fue el único país donde existía el repudio femenino, es decir, el derecho unilateral de la mujer a divorciarse, en el año diecisiete del siglo pasado, hace ya casi un siglo. Por tanto, las situaciones no son muy equiparables. Por ejemplo, en la Venezuela que yo conocí el activismo político de las mujeres era fortísimo, su participación en puestos de responsabilidad era muy limitada, pero el activismo era muy fuerte. Me atrevería a decir que en Chile el activismo político de la mujer, al margen de que la primera vez que llega a la presidencia una mujer sea ahora, es también muy fuerte en relación con el hombre, más que en Argentina, donde también ha habido un fuerte movimiento de la mujer. Por tanto, la situación es muy desigual. En comparación, Estados Unidos ahora está planteando apenas la posibilidad de que una mujer pudiera competir para la presidencia, algo que jamás se le ha pasado por la cabeza a nadie, jamás. Ahora se apunta la posibilidad, aunque yo creo que la mayoría de los norteamericanos no se lo creen. Por tanto, en América latina, en eso, no se está, 152 Construyendo un futuro digamos, más que en retraso relativo respecto de una parte de Europa y del mundo escandinavo. Lo que se debería hacer es intercambiar experiencias, hacer un back ground de cuáles han sido los obstáculos para unos y para otros para avanzar en el camino, porque lo que decía antes era una afirmación que necesitaría mucho más análisis. El impacto de la presencia de la mujer en la vida política, en la vida social y en la vida económica va a ser creciente, y va a transformar profundamente las sociedades. (…) Les doy otra señal de por dónde va a ir el mundo. El nuevo premio Nobel que se concedió—como premio Nobel de la paz, que me parece más meritorio que el de economía—al gran inventor de los microcréditos. El éxito de los microcréditos se debe, en el noventa y ocho por ciento de los casos, a los microcréditos que se entregan a las mujeres. Son las mujeres las receptoras de los microcréditos, y el microcrédito—al revés de la subvención por razones éticas o morales de la bolsa de comida, de la que alguna vez hablé con Lula—sí que es ciudadanía y empieza a crear bases de desarrollo. Crea ciudadanía porque crea compromiso, es decir, derechos y obligaciones; y es base de desarrollo porque el microcrédito, para devolverlo, tiene que ser empleado en una actividad productiva que genere excedente, que te permita devolverlo, pedir otro y seguir aumentando tu capacidad productiva; mientras que la bolsa de comida se consume y no crea excedente ni actividad complementaria. Lamentablemente, en esta última acción es en la que caen muchos gobiernos. ERIC FERNÁNDEZ, GUATEMALA: Parece que la crisis de ideas, a la que aludía el ex presidente González, todavía no alumbra nuevas opciones para Latinoamérica. Hasta parece, a veces, que los fondos de cooperación internacional y los fondos de instituciones financieras internacionales contribuyen, sí, a transformar un poco los países, pero más a estabilizar las condiciones como para que estas ideas no surjan espontáneamente en nuestros países. Entonces, haciendo más o menos un recuento del debe y el haber que—como jóvenes que tenemos el futuro en nuestras manos— tenemos para comenzar con la tarea, me gustaría preguntar cómo potenciar nuestra cultura, nuestras culturas, como una riqueza de la región. Yo vengo de Guatemala, un país con grandes diferencias, donde la mayoría 153 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos de la gente indígena es pobre, y me cuesta mucho pensar cómo darle vía a la cultura como una forma de resolver problemas. ENRIQUE IGLESIAS: Mire, en primer término, la cultura ya es una fuente importante de aporte a la economía de los países. Las industrias culturales hoy representan entre un cinco y un seis por ciento de contribución al producto nacional—en España ya están arriba del seis por ciento; nosotros estamos por ahí más o menos—es decir, hay una forma muy significativa de contribución a través del empleo, a través de la contribución al balance del paro y a través de las divisas. En materia de cultura América latina tiene desde la industria del libro, pasando por las industrias musicales, y terminando por todo lo que significan las contribuciones de las artes. Yo creo que somos una potencia importante. El segundo elemento es una preocupación, pero lo dejo como una reflexión: Cómo la política tiende a tener mayor eficacia en su ejecución cuando toma en cuenta las sensibilidades y la manera de ser de la gente. Yo creo que nosotros, muchas veces, no hemos tenido en cuenta ese ámbito cultural que rodea la eficacia posible de refrendar políticas económicas. En tercer lugar, nosotros tenemos, en el Banco Interamericano, una experiencia muy grande en materia de microcréditos desde hace treinta años. Ahí nos dimos cuenta, por ejemplo, de que con el microcrédito se potencia la familia, a la mujer—en el caso de América latina, el sesenta por ciento de las microempresas son microempresas femeninas— y la unidad familiar. Esto demuestra que la gente sabe asociarse para prosperar. El éxito de la asociación cooperativa, por ejemplo, es un valor cultural importante. Yo te diría también que la cultura está en la base de la solidaridad. Si realmente los pobres han sobrevivido a través de los siglos es porque hay un tipo de solidaridad que está en la base social, y esto también es un valor cultural importante que puede potenciar esto que expusimos antes: ¿Hay rutas culturales? ¿Hay actitudes que pueden potenciar el éxito o no de algunas políticas? ¿Existen elementos, además, que basándose en ciertos valores de la sociedad nos pueden mover adelante? Los principios de asociación, que son tan importantes en América latina, son un valor cul- 154 Construyendo un futuro tural que hay que aprovechar, que hay que potenciar. Por ejemplo, en tú país, Guatemala, la estructura indígena es la base fundamental para hacer cosas, y eso debe hacerse desde la base de la solidaridad. Ahí hay varios elementos que debemos recordar. Muchas veces importamos las políticas sin darnos cuenta de que esas políticas se van a insertar en un ámbito cultural específico. Conocer las condicionantes de ese ámbito es muy importante para que las políticas tengan éxito. FELIPE GONZÁLEZ: Voy a completar lo que ha dicho Enrique. La cultura es una variable muy importante para el empleo, en el sentido amplio de la palabra «cultura». Pero tenemos que superar algunas cosas. Por ejemplo, la gente que conozco en México, de un cierto nivel, es mucho más fácil que conozcan bien las pirámides de Egipto que las pirámides mayas, y que hablen con más propiedad de esos monumentos culturales o de cualquier otro europeo. Lo mismo diría de todo el continente hasta Argentina. La riqueza, el patrimonio cultural de América latina, no lo conocen los latinoamericanos. Segundo, algo que siempre me ha preocupado. Una parte del problema indígena no es de indigenismo, sino de indigencia, de marginalidad. En el altiplano, en Bolivia, el problema que se plantea no es de reclamación cultural—cultural tradicional—sino de reclamación de empleo, de salud y de oportunidades de educación para los hijos. Ésa es la preocupación básica de la gente que vive en el Alto, aunque su origen sea del lago Titicaca y de la comunidad aymará. Por tanto, en eso creo que tenemos que tener las ideas lo más claras posibles, sobre todo para vosotros los jóvenes, porque esto va a tener una enorme trascendencia. (…) Las comunidades originarias—y esto es algo que me ha interesado mucho, debo confesar que es una pasión personal—son absolutamente impecables en el trabajo que se refiere a sus pautas culturales originales. Impecables. Sin embargo, no tienen sentido de la impecabilidad en la tarea que sale de ese trabajo. Alguien es capaz de tallar de manera maravillosa la calabaza, aunque sea para uso común, pero no es capaz de poner una instalación de grifería o de cañerías razonablemente impecable. Por tanto, hay que hacer una reflexión en serio sobre por qué la gente tiene un compromiso de impecabilidad y qué tiene que ver eso con su propio compromiso sobre la 155 I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos tarea bien hecha, para intentar sacar fruto de eso. Hay que pensar cómo se puede hacer de la cultura un desarrollo económico y social como el que decía Enrique Iglesias. Quiero decir una cosa antes de que nos vayamos. Creo que el margen de error—para hacer políticas alternativas de los gobiernos, decía Enrique—se ha estrechado mucho. Hemos aprendido mucho de los errores y de los aciertos. Creo que es verdad, pero el margen para hacer las cosas bien es más pequeño que el margen para desbaratar lo que se ha hecho bien, y eso seguirá siendo verdad siempre. Toda obra humana es muy costosa de hacer, de realizarla bien, y es muy fácil de destruir, cosa que se hace en mucho menos tiempo. El margen para el disparate no se ha reducido, lo que se ha reducido es el margen para que la gente disparatada continúe en el poder, porque los sacamos. Ésa es la gran ventaja de la democracia: no garantiza el bien ni el buen gobierno más que a largo plazo; lo que garantiza es que nos sacamos de encima a los que no nos gustan, a diferencia de lo que sucede con las dictaduras. 156 Apéndice Hicieron posible la I Cumbre de Jóvenes Iberoamericanos ARGENTINA: Emmanuel del Prado, Adrián Kaplansky, Julio Lavaque, Alberto Casinelli, Sebastián García, Julieta Lorenzo, Natalia Csigo, Matias Lennie, Pablo Gareca, Matias Laurenz, Pablo Vilas, Juan Pablo Biondi, Daniel Gallo, Fernando Gril, Leandro Vidaurre, Francisco Cafiero, Rafael de Bernardi, Jose Ottavis, Gustavo Vaca Narvaja, Ramón Bogado, Nicolás Trotta BOLIVIA: Alejandro Chipana, Ariel Alfaro BRASIL: Nicolás Schonfeld, André Skaf, Rodrigo Rocha Loures, Anna María F. de Paula CHILE: Cesar Ignacio Valenzuela Maaff, Cristián Andrés Castillo Silva, Sebastián Rivera, Manouchehr Manouchehri Lobos, Felipe Mujica Cominetti COLOMBIA: Enrique José Nates Guerra, María Angélica Sumosa Paternina, Marcela Locarno, Rodrigo Pombo Cajiao COSTA RICA: Fernán Campos, José Pablo Rodríguez, Manuel de Jesús Zumbado Araya EEUU: Erika de la Garza, Henry González, Juan C. Santa María ECUADOR: Pablo Arosemena Marriott, Vicente Albornoz EL SALVADOR: Carlos Jovel, Guillermo Galván, Rodrigo Simán Siri ESPAÑA: Álvaro Cuesta, Fany Suarez, Iñaki Luque, Isabel Garnica, Joaquín Ortega Casariego, Miguel Peñas, Marisa Aranda, Pablo Catapodis, Miguel Baila, Miguel Fernández, Silvia Torrijos, Isabel Rodríguez, Óscar Díaz, Daniel Correa, Pablo Faura, Raúl Borrás GUATEMALA: Eddie Alejandro Fernández Ovalle, Emilio Méndez HONDURAS: Jorge Barroso, Samuel Zelaya MÉXICO: Fernando Marcel Ponce Ulvert, Karen Bravo Santos NICARAGUA: Claudia Neira, Francisco Vijil, Laura Carrión PANAMÁ: Ernesto López, Jose Luis Gallardo Gómez, Publio de Gracia Tejada PARAGUAY: Eduardo Carmelo Rodríguez Quintana, Gloria Franco, Mirta Carolina Moragas Mereles PERÚ: Carlos Zeballos Tellos, Jorge Quijandría Ascencio, Michelle Szejer Aragonés REPÚBLICA DOMINICANA: Benny Metz, Hernán Aquino, Wel Sepúlveda URUGUAY: Oscar F. Curutchet Hernández, Nadinee Huayco Bianco, Leonardo Pereyra González VENEZUELA: Iliana Álvarez, Juan Carlos Caldera López, Tomas Ignacio Guanipa Villalobos COMITÉ ORGANIZADOR: Coordinación general: Borja Cabezón Vicecoordinación general: Gustavo F. Álvarez Coordinación de delegaciones: Carla Pervanas Coordinación de debate: Fernando Esmoris Coordinación logística: Cecilia Juárez Coordinación de prensa local: Claudia Román Colaboradora: Micaela Hierro Dori (Planificar3.net) Nuestro agradecimiento especial a todo el Comité de Inquietud Europea, así como todas las personas que, de una manera u otra, colaboraron para el buen desarrollo de la Cumbre. INQUIETUD EUROPEA — INQUIETUD LATINOAMERICANA www.inquietudeuropea.org www.inquietudlatinoamericana.org www.construyendounfuturo.org

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