COMERCIO Y TASACION DEL LIBRO ANTIGUO Universidad de Zaragoza
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COMERCIO Y TASACION DEL LIBRO ANTIGUO
(Universidad de Zaragoza, JACA 2003), por Juan F. Pons, librero.
ESQUEMA DE LA CONFERENCIA-TALLER
LA DESCRIPCION DEL LIBRO ( ANTIGUO ) EN LA LIBRERÍA :
OBJETIVOS Y METODOLOGIA.
SALUDO Y GRATITUD. Es un honor estar aquí con Ustedes. Muchas
gracias a la Universidad de Zaragoza y al Director del Curso por darme
esta ocasión de expresar mi forma de ver el oficio de la librería anticuaria.
Auto – presentación: Me considero un librero “heterodoxo”, que trabaja en
una librería atípica. Las catorce personas que formamos nuestro equipo de
trabajo nos dedicamos al libro en todos sus formatos y soportes, sin
dedicarnos sólamente al libro antiguo, para disgusto de algunos colegas
“puros”. Creemos que la librería no debería caer en la dicotomía entre
“nuevos” y “usados”, como si fueran incompatibles. En cambio creemos
en la especialización librera como elemento indispensable para su gestión.
Cientos de miles de obras nuevas cada año en el mundo no los puede
digerir nadie, sea virtual o real.
No soy profesional de la enseñanza ni experto en dar charlas y
conferencias. Perdonen Ustedes esas limitaciones. Mi intención es
comentarles algunas ideas y experiencias, para que sean la base de su
trabajo posterior aquéllas que merezcan la pena, en su opinión. Pueden
interrumpirme cuando quieran, para pedir detalles y/o para discrepar, que
aquí estamos todos para aprender y la discusión es una de las bases del
conocimiento.
Introducción: Ustedes saben que el exceso de información impide o limita
el conocimiento, por lo que procuraré dosificar los datos, cifras, fechas,
nombres y demás trucos que tienen los charlistas profesionales, para
convencer a sus escuchantes de su infinita sabiduría. No es ese mi caso, ni
mi intención.
Esta charla – taller es el fruto del esquema que presenté al Dr. Pedraza,
Director de este Curso, en la fecha solicitada, antes de primeros de Junio.
El desarrollo lo he llevado a cabo en mis vacaciones de verano, ya que no
tengo “conferencias pre-fabricadas”, que adapto a cada intervención. Cada
vez que he charlado sobre algo ha sido un texto diferente. El año pasado,
en este mismo curso, me lo pasé muy bien comentando mi visión sobre
“Coleccionismo y Bibliofilia”. (Las Prensas Universitarias de Zaragoza
editaron los esquemas de las intervenciones).
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Lo que voy a hacer aquí esta mañana es una cosa muy simple: Unas
cuantas reflexiones en torno a los libros antiguos y su comercio.
Si me permiten una referencia personal, que no viene a cuento de este
Taller, pero les puede ayudar a conocer lo que anida en mi memoria, les
diré que soy hijo de librero y librera, casado con librera, padre y suegro de
libreros y sobrino, primo y tío de otra saga de libreros. Tengo dos nietos y
el mayor de ellos – Marcos de casi cinco años – ya quiere ordenar sus
docenas de libros infantiles de casa por tamaños y “familias”. (El de dos
años de limita a ver los dibujos, como es su obligación).
Digo esto para insistir en que los libros siempre han formado parte de mi
vida, el olor de los libros antiguos, ese olor que los libreros y bibliófilos
conocemos bien, pero no sabemos explicar. Es un perfume que me obliga a
frenar en seco cuando estoy de vacaciones en cualquier ciudad del mundo
y lo noto, aunque sea en la media distancia...El pasado mes de Julio, en
Monreale – Sicilia – me sucedió al pasar por la puerta de una librería. El
librero lo notó y recuerdo su sonrisa de complicidad.
Quizás la clave de todo esto sea la frase que me dijeron cuando era todavía
un chiquillo: Hagas lo que hagas, ¡AMALO!. Hace unos años escuché esa
misma frase en la película “Cinema Paradiso”. He procurado vivir de esa
forma mi oficio de librero.
La memoria es una baraja de olvidos. Los recuerdos no son otra cosa que
las cartas de la baraja, ordenadas en una extraña filigrana. He intentado
reagrupar esos naipes de forma ordenada y armónica. Si fuera posible, me
gustaría que fuera entretenida, incluso.
Algunas precisiones, para saber de qué hablamos. Nuestra “civilización de
la economía” ha desbancado al libro del lugar que podría corresponderle.
Ya no busca un lector, sino un cliente y ese pequeño detalle tiene su
importancia, a la hora de fijar las pautas del comportamiento comercial.
El libro no puede ser considerado como un soporte más de la información
y la documentación. De forma especial, el libro antiguo puede ser
considerado como el Notario que se convierte en fedatario público de la
evolución del pensamiento del Hombre.
Los libreros usamos – a veces – diferentes palabras que los archiveros /
bibliotecarios, para referirnos a las mismas cosas. Eso no significa que
unos u otros seamos peores profesionales, sino que el lenguaje y su riqueza
permiten esos juegos.
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Por ejemplo, para los bibliotecarios un documento es cualquier elemento
que contenga información y sea susceptible de ser conservado y
catalogado, en cualquier forma y soporte. Para los libreros, un documento
es un elemento diferente a un libro, a su vez distinto de una revista, de
unas microformas, de una obra en formato electrónico...etc. Les ruego que
escuchen mis palabras con benevolencia en este punto.
Otra precisión importante: No utilizo un lenguaje “políticamente correcto”.
Por eso, cuando hable de “el autor, el impresor...etc”. quiero incluir
indistintamente a hombres y a mujeres. Especialmente, cuando me refiera a
los libreros me estoy dando cuenta de que la mayoría de mis colegas han
sido, son y serán mujeres. Incluso cuando el titular de la librería es un
hombre, suele suceder que el alma del negocio es una mujer. Un ejemplo
clarísimo es la Viuda de Ibarra, en la mejor imprenta española de finales
del siglo XVIII. MANUELA CONTERA, sólamente dio su nombre en un
documento notarial existente en un protocolo del Colegio de Madrid,
relativo a la compra-venta de una casa.
Los libros antiguos no se vuelven nunca viejos. Los libros actuales pueden
hacerse eternos, pero la mayoría se harán viejos y caerán en el olvido y/o
en el reciclado. (Al menos en este último caso sus elementos serán
reutilizados...).
Les propongo su colaboración, para hacer el Taller entre todos, si lo
desean. Ya he citado el derecho que tienen Ustedes a interrumpirme
cuando crean oportuno. Añado la posibilidad de mejorar entre todos este
Taller, con sus intervenciones. Pero no se sientan obligados a hacerlo.
Tampoco les haré preguntas, ni jugaremos a la Dinámica de Grupos.
He creído oportuno ampliar el contenido de mi charla con otras “cosillas”,
menos profesionales que las de mis compañeros de curso, pero creo que
dos horas permiten algo más que hablarles sobre la “metodología y
objetivos de la descripción del libro antiguo”.
I–B:
1) Crónica del oficio librero.
El oficio que tengo el gusto de ejercer desde el año 1961 tiene su Historia
y sus historias. Me limitaré a una breve crónica, pues la Historia la
escriben los historiadores y las historias las cuentan los que tienen el arte
de saberlo hacer.
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Ni lo uno ni lo otro figuran en mi curriculum, aunque puedo presumir de
que mis nietos se encandilan cuando les cuento las historias que me
invento, antes de que se duerman.
Hay dos teorías en cuanto al inicio del oficio librero. Unos afirman que
surgió en el siglo XVI, cuando los impresores creyeron que era molesto
interrumpir su trabajo en la máquina de imprimir, para atender a quienes
querían comprar sus libros. Era aconsejable, por tanto, que otras personas,
que no fueran expertas en el oficio del impresor, pero supieran del
comercio, se encargasen de “mostrar” los trabajos destinados a la venta a
los visitantes de la botiga. (De ahí podría venir la palabra “mostrador”, que
es como llamamos al mueble donde se apoyan los libros en nuestros
establecimientos).
Otros creen – y me encuentro entre ellos – que este difícil pero bello oficio
comenzó en la Grecia Clásica, en donde los bibliópolas se dedicaban a la
venta de los roldes (rollos) realizados por los copistas. Claro está que
siempre hay algún iluminado que afirma que eso lo hacían ya los chinos
tres mil años antes...pero hoy no me toca entrar en polémica.
En la Roma Clásica, en la zona del Argileto, estaban ubicados los
establecimientos donde los bibliópolas ofrecían sus mercancías. El interior
de esos locales presentaba un aspecto similar al de las actuales librerías
anticuarias, salvando las inevitables diferencias. Los armarios de madera
en donde se colocaban los roldes dieron lugar a que el poeta bilbilitano
Marco Valerio Marcial – autor de los “Epigramas” – los definiese como
“nidi” (nidos).
Las librerías de aquella época eran lugares de encuentro de filósofos,
poetas y conspiradores. En sus rincones encontraban el lugar adecuado y
discreto para una conversación privada, tal como relata Aulo Gelio en sus
“Noches Aticas”. Hay una leyenda basada en unas menciones imprecisas
en clásicos latinos que afirma que los asesinatos de Julio César y de
Calígula se fraguaron entre los nidi de unas librerías. (Otros magnicidios
de la época, como el del emperador Claudio se gestaban en su propio
hogar, pero ésa es otra historia...). Los libreros han tenido como deporte de
riesgo a lo largo de su historia el desafiar a los poderosos.
Los libreros de la Roma Clásica tenían esclavos y libertos dedicados por
completo a copiar los libros que debían ser enviados a las bibliotecas del
Imperio. Cicerón menciona a su librero y amigo Pomponio. Horacio hace
lo propio con los hermanos Socio, también libreros.
Creo que debía existir como tal el oficio librero, como para ser citado por
esos clásicos y por otros que aún no he leído...
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Las Partidas de Alfonso X el Sabio dictan las recomendaciones al Rector
del Estudio General (ahora se llama Universidad) acerca de los requisitos
para elegir al “estacionario” (librero) y para permitirle el préstamo de los
ejemplares a los alumnos universitarios. Los ejemplares eran escasos y los
alumnos numerosos y pobres en su mayoría. Hubo que olvidarse de la
venta y pasar al alquiler, que ahora algunos llaman “licencia de uso de la
información”.
En la Córdoba del Califato hubo una Calle de los Libreros, que vendían
públicamente sus mercancías y que podían ser subastadas en algunos
casos, según la valía y rareza del ejemplar. Así lo cita en su obra León el
Africano en el año 1220 de la era cristiana. (Y creen las Salas de Subastas
actuales que han inventado su tarea con los libros...). Esas librerías era
también talleres de encuadernaciones artísticas de gran belleza. Aún se
conserva esa artesanía, con el nombre de “Cordobanes”, si bien está a
punto de perderse en España, aunque la continúan en Túnez. Mi hijo
Juancho los descubrió hace cuatro años y el pasado mes de Julio encontré
un lugar en el zoco de Túnez que ofrecía cordobanes. Los dibujos que
adornan los cordobanes están pensados para la lectura islámica, es decir de
derecha a izquierda. Un turista “inteligente” italiano que estaba en la
tienda tunecina le dijo al artesano que estaba al revés....
Durante el siglo XVI se iniciaron en Europa los Gremios y Cofradías de
Libreros, curiosamente todos ellos bajo la advocación de su santo Patrono,
San Jerónimo de Dalmacia (En los Balcanes) doctor de la Iglesia y
traductor de los libros bíblicos del Hebreo y el Griego al Latín, la conocida
como la Biblia Vulgata. Fray Luis de León se atrevió a traducir la Vulgata
al castellano y le costó un disgusto al autor de la frase “Decíamos ayer...”,
a instancias del llamado Santo Oficio. No estoy seguro de que aquello
fuera un oficio y menos aún santo, pero ésa es otra historia...
El Dr. Guillermo Redondo Veintemillas, profesor de la Universidad de
Zaragoza, en su interesante trabajo de investigación sobre las Ordinaciones
del Gremio de Libreros de Zaragoza, sitúa en el 5 de Febrero de 1537 la
fecha de creación de tal Cofradía, “a instancia de diez de ellos y para evitar
fraudes y engaños que se cometen en el dicho officio por los
encuadernadores de libros de dicha ciutat”. Este documento, situado en el
Archivo Histórico de Zaragoza, nos convierte a los zaragozanos en el
Gremio de Libreros más antiguo, al menos en cuanto a su documentación
se refiere.
Se situó en la Iglesia del Monasterio de Santa Engracia, de la Orden
Jerónima, claro. Es muy interesante la lectura de sus Ordinaciones...Puedo
citar alguna cosa de su contenido.
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Los libreros han realizado desde sus inicios una tarea que sistemáticamente
ha levantado las sospechas de los poderosos de turno. Ya en el año 1502
los Reyes Católicos promulgaron una “pragmática”, regulando la censura
de los libros que habían de circular por sus reinos. En el año 1558 se
publicó una nueva “Pragmática”, cuya intención era la de precisar el
sometimiento riguroso a la norma administrativa, que debían seguir los
libreros de los reynos de las Españas. Esta norma se asentaba sobre cuatro
elementos básicos, de carácter social, político, religioso y económico.
El “Index Librorum Prohibitorum” se convirtió en un elemento destructor
y revalorizador de libros. Los expurgos, tachaduras y notas al margen
aumentan notablemente el valor de los libros considerados
“intrínsecamente perversos”. En el año 1558 se decretó en Roma la pena
de muerte y enajenación de sus bienes de aquellos libreros e impresores
que tuvieran en sus botigas obras condenadas. Pio V estaba convencido de
que los libreros y los judíos eran los agentes clandestinos del Luteranismo
y del Calvinismo.
Desde entonces y hasta Fernando VII, no conozco un reinado en el que no
se hubiera publicado alguna ley o decreto que intente poner un corsé al
trabajo de los libreros, que no deja de ser a la difusión de las ideas. Incluso
un ministro de Carlos III, el aragonés Conde de Aranda para ser preciso, le
apretó las tuercas al librero – impresor valenciano Don Benito Monfort,
por haber impreso y vendido un libro “de ideas contrarias a la paz de las
buenas gentes del Reyno”. Conservo el documento original de sanción y es
deliciosa su lectura, ahora y como divertimento. No debió ser tan grata
para mi ilustre colega de siglo XVIII. La multa impuesta equivalía al
importe que entonces costaba la compra de una casa en el centro de
Valencia.
A la sanción seguía una advertencia de que en caso de reincidir en la
práctica de vender libros no permitidos, sería objeto de destierro y
enajenación de sus bienes y los de sus parientes cercanos.
Sin remontarme a la Guerra del Peloponeso, en mis comienzos de gestión
librera tras la muerte de mi padre en el año 1969, editar un catálogo de
librería no era tan fácil ni tan cómodo como es hoy. Habíamos de cumplir
un requisito indispensable, que consistía en la presentación del original a
la Censura del Ministerio de Información y Turismo, para que nos dijesen
si alguno de los libros debía ser retirado de la oferta por razones políticas
y/o religiosas. La ignorancia de la norma nos podía suponer la incautación
de aquella obra que no fuera permitida, que nadie nos pagaría claro, y una
sanción administrativa, además de ser incluidos en la lista de los
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“desafectos al Régimen”. Les hablo del siglo pasado claro, pero les
recuerdo que no han pasado tantas décadas, ya que tengo 56 años y hablo
en primera persona del singular.
Ahora bien, lo que hizo un daño terrible a los libreros e impresores
españoles, fue la decisión de Felipe II de conceder el Privilegio a Cristóbal
Plantino (Amberes) y sus descendientes – los Moreto – de editar y vender
los libros religiosos de la única y verdadera Religión en los reynos de las
Españas. Esto hizo que hasta 1764 todos los libros para el Culto se
editasen y vendiesen fuera de nuestras fronteras, con lo que ello suponía
para la Economía de la Península Ibérica. Si tuviéramos tiempo, les
hablaría sobre la deliciosa amistad que hubo entre Benito Arias Montano y
Cristóbal Plantino, que es un tema en el que me he atrevido a estudiar un
poco. Puedo citar alguna anécdota de su correspondencia y su amistad, así
como el trueque de libros por caldos de Extremadura, buenos para calmar
la melancolía de los largos y duros inviernos de Amberes.
Motivos religiosos impidieron que se editasen en España las obras de
Erasmo, Galileo, Keplero, Copérnico, Newton, Descartes...Un desastre
para la Historia de la Edición y Comercio del Libro en España.
¿Quién servía los libros “extranjeros y especiales” a los señores poderosos
con interés por la lectura, en tiempos de censura e intolerancia?. Otro tema
interesante para la investigación, que creo llegará a una sencilla
conclusión: Los libreros, arrostrando riesgos, pero cumpliendo con su
oficio. No los considero héroes ni mucho menos mártires, simplemente
buenos profesionales, como diríamos ahora.
La biblioteca de Jovellanos, para traerle los aires frescos del movimiento
enciclopedista, fue el fruto – en mi opinión – del trabajo de varios libreros
de confianza del asturiano. No me imagino al embajador español en París
poniendo en riesgo su cargo por buscarle y enviarle libros prohibidos a
Don Melchor Gaspar de Jovellanos. Mas bien me imagino a los libreros de
la época haciendo su oficio con la descripción que requiere.
Las librerías fueron los centros de difusión de la “Encyclopedie de Diderot
et d´Alembert” y de la Ilustración. Es sabido que el movimiento
enciclopedista tuvo en España sus introductores, entre otros los Hermanos
Elhuyar – descubridores del Wolframio – pero no es menos cierto que
fueron libreros de la época quienes vieron en esas obras un filón de
negocio – primum vivere, deinde filosofare – y de ampliación del
conocimiento. El simple tamaño de la “Encyclopedie” hace inviable que
fueran los “intelectuales de la época” quienes trajesen las colecciones a
España. Sería estupendo conocer dónde fueron comprados los primeros
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ejemplares de la “Encyclopedie...” que llegaron a las bibliotecas españolas.
Supongo que habría por medio la emisión y el pago de una factura.
No es nueva la burocracia española, en cuanto a justificación de los gastos
de los presupuestos públicos, por lo que podríamos encontrar el documento
contable de compra-venta de una obra de semejante tamaño y precio, que
algunas bibliotecas públicas y universitarias españolas adquirieron pocos
meses de su edición, según consta en las fichas de incorporación al
inventario de la biblioteca. Por cierto, ¿saben Ustedes que acaban de hacer
una edición en DVD de esta joya, que se puede obtener al precio reducido
de 125,00 Euros, IVA Inc.?. A eso le llamo aprovechar para bien los
avances de la tecnología, en materia de soportes de la información.
La penosa segunda mitad del siglo XIX para las librerías españolas. La
intolerancia religiosa y política se agudizó en tiempos de Fernando VII y
ello se tradujo en penalidades para los libreros. Un repaso a los Reales
Decretos de su reinado nos permitiría conocer que los libros y los libreros
eran a menudo los sujetos pacientes de esas disposiciones. No fueron
mejores los primeros tiempos de Isabel II. Puedo mostrar la obra “De la
Librairie, son ancienne prosperité, son etat actuel....etc” editada en Paris en
1847 por el librero Hébrard y cuyo contenido podría ser trasplantado a
otras épocas más recientes, adaptando un poquito el lenguaje. Ciertamente,
no menciona todavía las consecuencias de la globalización de la economía
de la información a través de Internet.
Pero el futuro siempre acaba llegando, aunque los hombres intenten
retrasar su presencia, por medio de engaños, prohibiciones dogmáticas y
amenazas... El oficio de la librería anticuaria renace de sus propias cenizas
en España en el siglo XX, hasta 1935. Salieron al mercado las bibliotecas
de algunas casas de nobleza venidas a menos y la Bibliofilia y el
coleccionismo de libros antiguos gozó de una cierta “primavera”.
El periodo de entreguerras mundiales supuso para muchos sectores de la
industria y el comercio de la España neutral un tiempo de prosperidad. Los
libros no fueron menos, aunque siempre limitados en su labor editorial por
la censura eclesiástica y política.
Los años duros para los libreros : 1939 – 1965. Traer libros, como prueba
de imaginación. No se crean Ustedes que los libreros se dedicaban en los
tiempos del franquismo a traer los libros prohibidos en sus maletas, cuando
regresaban de sus viajes al extranjero. Entre otras razones, porque los
libreros no tenían dinero – ni posibilidades – para viajar al extranjero. Esos
libros venían a España en camiones y en barcos, con sus correspondientes
licencias de importación. Obviamente, los títulos de las facturas no
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correspondían con los de las obras que viajaban en las cajas. Una de las
empresas que mayores negocios hacía era una sociedad de Madrid, uno de
cuyos socios era Comisario de Policía, destinado en la Aduana del
aeropuerto de Barajas. Antes de escandalizarnos con esas corruptelas,
podemos pensar que gracias a ellas llegaban a la España de la penumbra
obras tan deseadas como precisas para que los españoles tuvieran una idea
plural de la cultura y la literatura. Quiero recordar que estaban prohibidas –
incluso – obras como el “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez.
Para no alargarme demasiado, les propongo la lectura del libro
“Mercaderes de Libros”, cuyo autor es Javier Paredes Alonso, editado por
la Fundación Germán Sánchez Ruipérez de Salamanca. Es una impecable
crónica de mi oficio, fruto de rebuscar entre los archivos de la Hermandad
de San Jerónimo de la Villa de Madrid.
2) Los libreros como agentes culturales y como agentes diabólicos,
propagandistas de la subversión y la herejía.
La librería anticuaria es una deliciosa y complicada esquizofrenia. Por un
lado es un agente cultural, pasivo y a menudo activo, pero a la vez es una
empresa. Ha de crear puestos de trabajo y generar beneficio. Pobre del
librero que no entienda esta segunda versión de su actividad, salvo que sea
hijo de la Duquesa de Alba, claro.
Los libros no entienden de fronteras. Ni geográficas, ni políticas, ni
ideológicas, ni siquiera históricas. Tienen su propia vida, aunque les
afecten las vidas de sus dueños. Los libreros tampoco entienden de
fronteras ni de barreras, para el libro ni para su oficio Algunos lo han
pagado muy caro, pero es el precio de la libertad y – frase casi
Calderoniana - “es el coste de su honor”.
Ya he dicho que nuestro oficio ha estado permanente rozando los límites
de la norma administrativa, en distintos aspectos. Aún recuerdo cómo me
latía el corazón cuando pasaba las fronteras a mis dieciocho años trayendo
de París libros de Ruedo Ibérico...Pero no crean que somos así por un
deporte para-olímpico que consista en desafiar al poder. Se trata,
simplemente, de que nuestro oficio ha de ser hecho en libertad. Cualquier
otra interpretación de la tarea librera puede ser llamada de otras formas,
pero es otra profesión.
A modo de síntesis, podemos decir que hemos de ofrecer todos los libros a
todos los lectores, sin entrar en detalles de conciencia. Les aseguro que
tenemos nuestros propias ideas políticas y morales, pero no las ejercemos
cuando estamos trabajando. Cuando la biblioteca de una Facultad
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universitaria, en la que existe un grupo de investigación sobre los
fascismos de la primera mitad del siglo XX nos solicita obras de la época
con la apología de esas teorías políticas, debemos poner el mismo empeño
en darles buen servicio que si fuera sobre cualquier otra materia.
Los judíos, esos grandes libreros. No puedo explicar las razones, ni he
estudiado este tema como para tener un criterio, pero me atrevo a opinar
que en la historia del comercio del libro en la Europa de la Edad Moderna
eran los judíos los mejores libreros. Casualmente, buena parte de las
excepciones destacadas eran cristianos conversos, llamados también
“marranos” por los cristianos viejos. A veces se “convertían” para salvar
vidas y haciendas y sería bueno que alguien investigase en este punto y en
sus posibles causas, que ignoro. Incluso en la primera mitad del siglo XX,
los libreros anticuarios más destacados de Europa tenían apellidos como
Rosenthal. Uno de sus discípulos, Hans P. Kraus, emigró a U.S.A. cuando
en su Alemania natal comenzó el Nazismo a ganar poder. Su primer
catálogo antes de marchar a América, dedicado exclusivamente a la oferta
de Incunables, contó con la ayuda de un jovencísimo estudiante de la
materia, Konrad Haebler, quien se convertiría en el padre de la descripción
de los incunables. Haebler es uno de los iniciadores del “Gesamtkatalog
der Wiegendrucke”, alma mater de la descripción contemporánea de los
impresos anteriores al año 1501. Acabo de recibir la carta en la que la
actual propietaria de esa librería, con la que he mantenido relaciones todos
estos años, me comunica el cierre definitivo de la librería y la venta a
Sotheby´s de sus fondos y de sus materiales de referencia. ¡If I were a rich
man…! Son esos primeros libreros que no se limitan a citar la obras que
ofrecen – con mayor o menor gracia y detalle- sino que añaden las
famosas “notas de librero”, relativas a los autores, traductores, impresores,
grabadores...etc., que tanto enriquecen un catálogo librero y la historia de
la bibliografía en general.
Puedo mostrar un catálogo de Kraus, como obra maestra y citar la anécdota
de la venta de la Biblia de 42 líneas al Museo Gutenberg de Mainz, su
precio y limitaciones de difundirlo y las curiosas relaciones de su librería
con el Gobierno italiano, a raiz de ser elegido Papa el cardenal de
Cracowia.
España, país de reyes bibliófilos. Me gustaría investigar las razones de una
curiosa contradicción: España ha sido un país de durísima represión hacia
los libros y los libreros, pero sus reyes han destacados por su pasión por
los libros. Hubo una exposición en la Biblioteca Nacional, allá por los años
noventa, si no me equivoco, cuyo catálogo y contemplación me permitió
descubrir este nuevo nivel de mi ignorancia. Les invito a que consulten en
alguna biblioteca el catálogo – que un ex amigo me pidió prestado y nunca
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me devolvió – y lean el texto de Presentación por parte del Comisario de la
Exposición. No intenten comprarlo a precio razonable, pues ese catálogo
sale raramente a la venta y alcanza precios de disparate. Desde Alfonso X
el Sabio - cuya biblioteca fue la semilla de la maravillosa Biblioteca
Capitular y Colombina (Sevilla), enriquecida con la del hijo del Almirante
Colón – hasta Doña Sofía, la actual Reina, la Casa Real española ha
gozado de ser muestra de bibliófilos ilustres.
Incluso José Bonaparte – mal llamado Pepe Botella – enriqueció los
fondos bibliográficos de la Real Casa, ya que invitaba a quienes habían de
hacerle algún regalo, a través de sus Secretarios claro, a que le entregasen
libros, que “son obsequios siempre bien apreciados por su Majestad”.
Para finalizar esta primera parte una sonrisa: Lord George Villiers (Duque
de Buckingham y Primer Lord del Almirantazgo) fue un famoso bibliófilo.
Compró el contenido del Palacio de Mantua. 15.000 libros, cuadros,
estatuas...etc. que viajaron a Inglaterra en tres barcos de guerra, por
autorización expresa del rey Charles. (Archivo del Almirantazgo). Unos
años después – 1627 – Cronwell y sus filisteos puritanos vendieron por
una miseria esa biblioteca, tras los expolios que hicieron de los palacios de
la nobleza que apoyó al rey Charles, cuya cabeza perdió. Aunque lo que le
hizo famoso a Lord Villiers no fueron sus libros sino el hecho de perder
dos juicios en el mismo año, por razones contrapuestas.
2) ¿En qué consiste nuestro trabajo?.
Los libreros pueden ser también bibliófilos, pero nunca pueden ser sus
mejores clientes. Cada asistente puede proponer su propia definición de
Bibliofilia y de Bibliófilo. Empiezo por la propia: “Bibliófilo es una
persona capaz de descubrir que el libro no es un objeto, sino una intimidad,
un propósito”.
Hay una expresión latina que define bien la relación que debería haber
entre los libreros anticuarios y los libros que tienen a la venta: “Afectio et
Convivencia”. La encontré en el Exlibris de un coleccionista y bibliófilo
alemán.
Somos como Celestinas que propiciamos gratos encuentros entre los
lectores y el objeto de su ilusión. La Bibliofilia y el Coleccionismo de
libros podrían merecer otras dos horas de charla. Los dejaremos para mejor
ocasión.
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Ventas a instituciones y bibliotecas públicas, como apoyo en la
recuperación del diseminado Patrimonio Bibliográfico. España está
considerada como uno de los países con mayor riqueza en cuanto a
patrimonio bibliográfico, a pesar de los desmanes de los últimos dos
siglos, desde que Madoz y Mendizábal decidieran la enajenación de los
bienes de la Iglesia. Tras esas funestas decisiones, el desinterés por los
libros antiguos ha sido una constante de nuestra patria, con algunas
maravillosas excepciones. Este desinterés culmina cuando en la Guerra
Civil (1936 – 1939) descubren en el ejército republicano en el Frente de
Teruel, que los libros antiguos prenden antes y mejor que los modernos en
las estufas, tan necesarias para calentarse del frío turolense. Los esfuerzos
de las Administraciones Públicas para recuperar los fondos relacionados
con sus competencias y territorios precisan de la eficaz búsqueda y
suministro de libreros especializados.
Nuestra librería ha comprado a colegas extranjeros muchas piezas que
debían regresar a su casa, en nuestro país. A veces esto requiere pagar un
poco mas de lo necesario, pero no conozco otro método mejor ni que
resulte más económico.
El Derecho de Tanteo a favor de la Administración Pública. Las leyes
están para ser cumplidas, sin filosofar sobre su contenido. Ahora bien, el
derecho que tiene el Estado de reclamar para sí una obra que considera
necesaria, debería tener solamente dos límites:
En primer lugar que el precio debería ser regulado por el libre mercado, no
por la voluntad de los técnicos de la Administración y en segundo término
que el pago de esas transacciones se hiciera en tiempo razonable.
A pesar de todo, sigo convencido de que el Bien Común ha de prevalecer
sobre el bien particular, incluso cuando ello ha podido afectar a mi librería.
(La Biblioteca Nacional me “pisó” una bella colección, con una impecable
encuadernación, que había comprado del “García – Carraffa” de los 88
tomos...).
3) ¿Cómo llegan los libros a nuestras librerías?.
Ya he dicho que la Ley nos obliga y hay que cumplirla. Las librerías hemos
de tener el Registro de Compras, donde detallamos a quien compramos,
qué le compramos, cuánto le pagamos...etc. Esto nos plantea algunos
problemas, cuando una persona nos quiere vender parte de su biblioteca,
pero quiere hacerlo “de forma discreta”, por un sinfín de razones. Tenemos
que explicarle que nuestra anotación de sus datos garantiza su
confidencialidad, pero me consta que hay colegas muy “comprensivos” en
este punto. Yo podría compartir esa “comprensión”, si no fuera ilegal…
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Los libreros no somos peristas, aunque a veces nos vemos implicados en
ello. El problema surge cuando las obras nos son embargadas por
decisión judicial y es muy complicado recuperar el dinero pagado por
ellas, a pesar de haber cumplido escrupulosamente la legislación. Los
libreros no podemos saber si quien nos vende algunas obras diciendo que
son de su biblioteca “las ha tomado prestadas”, antes del reparto de la
herencia del tío párroco y bibliófilo...
Compra de bibliotecas a particulares, los juegos florales de nuestro tiempo.
Les aseguro que el regateo me pone enfermo. Ni siquiera lo he ejercido en
el zoco de Túnez, para sorpresa del comerciante, que comprendió
enseguida que debía darme un único precio para sus cordobanes. (Le
compré los que tenía y creo que lo hice a un precio justo. No me gusta
“jugar al turista que se cree superior”).
Herencias que se venden: Diferencia entre valor comercial y valor
sentimental. La mención de que “ese libro tiene un valor especial, pues era
el predilecto de mi padre, q.e.p.d.”, me provoca siempre la misma
respuesta: En tal caso, lo mejor es que lo guarde Usted como un homenaje
a su padre y no lo venda. Pero el “valor” sentimental de una obra no es un
parámetro técnico a la hora de la tasación de un libro.
Negociar o regatear : That´s the question. Ya he citado mi rechazo al
regateo. Ahora bien, si la persona con la que estoy negociando la
compraventa de unas obras me plantea razones técnicas, que justifiquen un
precio diferente al que yo pudiera proponer, desde luego, estaré abierto a
escucharlas y/o a modificar la cifra. Pero partir del “sobre-entendido” de
que uno pide un disparate – a sabiendas de que es un disparate – y el otro
ofrece una miseria – a sabiendas de que es una miseria – para jugar al
“vamos a acercarnos”, me parece una pérdida de tiempo y un paripé. Claro
está, que a menudo me siento como un extra-terrestre de comportamientos
raros.
Me disgusta mucho el “buscador de gangas”, que presume de sus
conocimientos, que le permiten conseguir por poco precio obras
importantes, simplemente porque las tenía en su tienda un librero con una
formación profesional humilde. Y se vanagloria de su sabiduría y de la
torpeza del librero – posiblemente un autodidacta, con mas voluntad que
medios – que no supo pedirle por aquella obra todo lo posible. Y además
se atreve a escribirlo en unas seudo-memorias de un bibliófilo, que son
más bien un cántico de auto-alabanza. Pues ya que ha leído tanto su
Señoría Sapientísima, que lea al sabio Baltasar Gracián, para pensar lo que
afirma mi paisano sobre la vanagloria.
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Compra a otros libreros, por interés regional o simple dimensión del
mercado. Es una práctica habitual y aconsejable, en mi opinión, ya que
permite que cada libro llegue a su destino óptimo. Me ha referido antes a la
recuperación del patrimonio bibliográfico por parte de las administraciones
públicas, con especial énfasis en las bibliotecas de interés local y/o
regional. Las Comunidades Autónomas realizan una labor meritoria en este
punto. Puedo citar el libro que aparece anunciado por ............................ y
al año siguiente lo anuncia otro librero.
4) Primer repaso y separación de los libros de un mismo lote.
4 – a) Monografías recientes. Revistas y Series. Primeras ediciones o
traducciones hechas por “maestros en sus comienzos”. Esta es la primera
división que hacemos, y que su gestión de venta es diferente de las obras
antiguas.
Las revistas y series las ofrecemos a bibliotecas públicas y/o universitarias,
para que completen sus colecciones de retrospectivos. Son especialmente
interesantes en estos casos las bibliotecas de universidades, facultades de
reciente creación, ya que es más fácil que carezcan de unas amplias
colecciones de retrospectivos.
Permítanme citar una empresa alemana, con sus socios de
U.S.A., ..................................................... especializada en el suministro de
retrospectivos de revistas y series. Es sencillamente la mejor del mundo y
hago con ella frecuentes acuerdos comerciales.
Las monografías recientes y las primeras ediciones y/o traducciones de
obras “normales” pueden ser una fuente de sorpresas. Recuerdo haber
encontrado una tradución de unos poemas de John Donne, realizada por un
joven Dámaso Alonso.
4 – b) Libros antiguos: Piezas “normales” y “especiales”. El tiempo cuenta
y cuesta, pero no importa. Cada obra requiere el tiempo que sea preciso.
Hay que consultar todas las fuentes de información bio-bibliográfica de
que dispongamos para saber todo lo posible sobre cada obra. Es siempre
rentable hacerlo. Por otro lado, deseo recordarles que el horario laboral de
los libreros anticuarios es comparable al de algunas oficinas funerarias....
Merecen especial atención los libros con grabados. Los grabadores han
sido la “cenicienta” de los elementos que componen un libro antiguo.
(Citar la anécdota de las manos del amigo de Albrecht Durer, Franz
Knigstein). Por fín se está concediendo a los grabadores el mérito que les
corresponde. Deseo citar que tenemos en España un centro de
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investigación en la Historia del Grabado, cuyos fondos pueden ser
comparados con cualquier otra biblioteca especializada del mundo. Me
refiero a Ephialte, obra iniciada por el Dr. Jesús González de Zárate,
catedrático de la Universidad del País Vasco. Ahora se encuentra ese fondo
bibliográfico, documental y patrimonial en la biblioteca central del
Campus universitario de Alava.
4 – c) Un libro puede esconder otros papeles...Materiales no librarios:
Documentos, cartas, recortes de prensa, papeles sueltos. Si tengo tiempo,
puedo contarles la anécdota del billete amoroso encontrado en el interior
de una edición del Tratado de los Elementos de Euclides, impresa en
Edinburgo a finales del siglo XVII, cuyos restos de perfume delataron su
presencia.
5) Identificación bibliográfica y biográfica.
Todas las herramientas son buenas para esta tarea. Permítanme destacar
algunas:
World bibliographies on CD-ROM + DVD-ROM.
Bibliografías Generales, Nacionales, Regionales, Locales y Bibliografías
de Bibliografías. Puedo llevar un ejs. del libro de Juan Delgado Casado y
un tomo del “Bestermann”.
Catálogos de grandes bibliotecas. Ahora es fácil entrar en esos catálogos, a
través de Internet. En la web de la Biblioteca Nacional hay un vínculo,
para acceder gratuitamente a otras bibliotecas nacionales europeas y
iberoamericanas. Son búsquedas que requieren su tiempo, pero ya he
comentado que en este oficio mío el tiempo es un valor relativo, no un
elemento absoluto.
Catálogos de libreros, que merezcan confianza en sus descripciones y que
son guardados como oro en paño. Puedo mostrar algunos con obras
señaladas.
Internet: El “paraíso, ma non troppo”. Una interesante página es:
www.bibliofilia.com que ha preparado el maestro Pepe Grau, capaz de
abrir una librería anticuaria y llamarla ..................... Este alcoyano –
modelo de valor, desde luego – es también el editor de la revista de
bibliofilia “HIBRIS”.
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Contiene información general sobre la librería anticuaria, con directorio de
librerías españolas e iberoamericanas y una buena explicación de términos
habituales usados en nuestro argot profesional. (Encuadernación fatigada
por el uso...) Hay una buena sección de anuncios y de ofertas y búsquedas
e incluso una sección para el Chateo, en la que se encuentra uno frases
curiosas.
También creo interesante visitar en internet : www.librerosdeviejo.com ,
donde se sitúan las ofertas de libros antiguos, raros y curiosos. Otros países
europeos tienen parecidos sitios en internet. Pueden ustedes encontrarlos a
través de www.Google.com.
Comprobar todo lo que sepamos y/o podamos saber sobre cada una de las
obras que tenemos para su venta significa revisar minuciosamente todos y
cada uno de los detalles precisos. Es una posible plus-valía el conocer toda
la información posible sobre autor, traductor, grabador, impresor, personas
mencionadas en la dedicatoria – si hubiera – ex libris...etc. Puedo citar la
anécdota de la edición del “Poema del Cid” que don Ramón Menéndez
Pidal dedicó a dos jóvenes amigos que conoció en la librería donde uno de
ellos trabajaba, confundiendo sus profesiones. Por cierto, el que no era
librero puede ser considerado uno de los “motores” de estos cursos en
Jaca, me refiero al profesor Blecua, padre.
Los Archivos Biográficos, ese océano de información. Puedo llevar el libro
gordo de las fuentes bibliográficas evaluadas, así como alguna microficha
de muestra. Si hubiera tiempo, puedo explicarles la estructura de estas
obras.
6) Catalogación librera.
No es la misma que la bibliotecaria, con criterios diferentes en las
descripciones. La descripción bibliográfica ha de proporcionar el registro
detallado, analítico, de las características del libro. Debe añadir
información complementaria sobre la “historia literaria y tipográfica” de la
obra y su autor, impresor, traductor, grabador e incluso el encuadernador
en ocasiones.
Casi me da vergüenza citar un libro impreso en Madrid en el año 1948,
pero que sigue siendo válido en sus contenidos. Me atrevo a definirlo
como de uso indispensable en nuestra profesión. Era casi inencontrable y
los pocos ejemplares que salían a la venta alcanzaban precios disparatados.
Una librería de Madrid – editora también – con quien tengo vínculos
familiares, pero no empresariales, logró el permiso de los herederos de
Don Francisco Vindel y realizó una edición facsimil no venal de 2000
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ejemplares, para obsequiar a sus amigos. ¿Saben Ustedes que se agotó en
tres meses y ya he visto por algún lugar que se ofrecía un ejemplar al
precio de 60,00 Euros?.
(Puedo citar la “Advertencia al Lector” que encontré en el libro de Pedro
Zamorano, impreso en París en la segunda mitad del XVI, firmada y
fechada a finales del XVIII, por un párroco:
Todo el contenido de esta obra – de principio a fín - es intrínsecamente
perverso y susceptible de condenación eterna).
No pueden olvidar los libreros mencionar el estado de conservación y los
posibles desperfectos, mencionados con criterios técnicos, sin picardías
comerciales.
Enriquece la descripción los “comentarios del librero”, fruto de su
experiencia librera y del conocimiento sobre la Historia del Libro y la
Imprenta, sobre las ilustraciones, así como las posibles anotaciones escritas
al margen por alguno de sus lectores y anteriores poseedores. Pero
sobretodo el librero ha de concederle a cada obra todo el tiempo preciso,
buscando en todas las herramientas disponibles y al alcance del librero.
Recuerdo que la descripción de una rarísima obra, impresa por Juan
Moreto, el yerno de Plantino, me costó tres días de trabajo. Bien es cierto,
que una minuciosa búsqueda permite conocer mejor la obra y ponerle el
precio que se merece...
7) . Primer análisis de clientela potencial. Experiencia y conocimiento son
esenciales.
La rutina, ese gran enemigo. No es conveniente el actuar con prisas. El
“tempo” del trabajo en la librería anticuaria es distinto al de otras
actividades del comercio, incluida la librería de obras actuales. Hay que ir
al fichero, informático y/o manual, para conocer los clientes que podrían
estar interesados en la obra que tenemos sobre la mesa. Obviamente, ello
requiere haber introducido antes esa información, aplicando la teoría del
“input-output”, que como me explicó uno de Calanda consiste en que “no
puedes sacar lo que no hayas metido”.
La memoria, esa loca tramposa de la casa. Además, el actuar de memoria a
la hora de buscar los clientes potenciales para cada obra, puede hacernos
recordar los más cercanos o los más simpáticos, que no significa los
adecuados ni los únicos.
8) Valoración Económica.
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El cálculo de un precio responde a una mezcla de conocimiento y
sociología, con algunas variables económicas, pero no es la aplicación
directa del Cálculo Matemático.
La coincidencia aproximada con los precios de otros colegas en una misma
obra se llama “precio de mercado”, pero no obliga.
El comercio del libro antiguo no tiene por qué ser un sinónimo de
picaresca, pues no hablamos de la Literatura del Siglo de Oro. Criterios
técnicos, adobados con alguna variable socio-económica y pocas milongas
más...
9– a) ¿Oferta Selectiva o Generalista?. Mis opiniones también aquí son
heterodoxas, para rechazo de algunos puristas de la profesión.
Creo que la oferta selectiva es una consecuencia del dinamismo comercial,
cuando se trate de “grandes piezas” o aquéllas que por su carácter cultural,
aconsejen que algunos destinos deban gozar de cierta prioridad sobre el
resto. Por ejemplo, las “Ordinaciones de la Ciudad de...” debería ser
ofrecida a las bibliotecas y archivos de esa ciudad.
Me parece muy bien el hacer uso de los catálogos de librerías anticuarias,
enviados al mismo tiempo a cientos de clientes o bien puestos en la página
en Internet de la librería, con la norma de atender el pedido del primero
que llegue, para las obras “normales”, o de interés general.
Aún así, podría ser bueno un mensaje por correo electrónico a la Biblioteca
Pública de la ciudad donde nació el autor de ese libro, que dedicó ese
ejemplar al director del periódico local, del que sabemos era su cordial
enemigo y en la dedicatoria se traduce media gota del venenillo que había
entre ellos...Eso es Historia Local, en mi opinión, y bien merece ir a esa
ciudad.
Nunca – en mi opinión heterodoxa – hay que poner un libro antiguo, raro
y/o curioso en el estante a esperar la visita del posible comprador.
Grandes piezas : ¿Instituciones o Particulares?. Ventajas e inconvenientes
de cada uno. Las instituciones pueden exigirnos unos trámites
administrativos y burocráticos superiores a los que nos plantea el cliente
privado, que ni siquiera exige una factura oficial. (Mala costumbre, por
cierto, esa de olvidarse de incluir algunas ventas en la contabilidad).
También algunas instituciones tienen unos tiempos de trámite y pago de
las facturas superiores a la venta en mostrador.....Pero el uso que tendrán
los libros antiguos que vayan destinados a instituciones será diferente al
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que reciban los ejemplares que terminen en una biblioteca particular. Cada
librería ha de tener sus propios criterios a este punto. Nosotros nos
dedicamos -–casi exclusivamente – a la venta a bibliotecas y archivos de
titularidad pública y no nos hemos arrepentido de tal decisión.
9– b) Catálogos versus Ofertas por correo electrónico.
Ventajas e inconvenientes de cada sistema. También aquí encontramos el
mismo dilema que en el punto anterior y creo que ambas opciones son
igualmente válidas. Creo que las ofertas por correo electrónico requieren
menos tiempo para la gestión comercial
9 – c) Teléfono y visitas personales: Creo que el tele-márketing es una
pesadez y en el comercio de libros antiguos ha de limitarse a situaciones
contadas, de forma selectiva y con los clientes de otras ciudades que lo
hayan pedido expresamente.
Visitas personales: Otra forma de trabajo es dejar obras a examen, para que
la Comisión de Adquisiciones de la institución conozca la obra que han de
aprobar, antes de hacerlo. Ello se limita a las obras que considera
interesantes la persona encargada de las adquisiciones menores. Pero
hemos de hacerlo de forma selectiva y cuidadosa. Durante años lo venimos
haciendo en nuestra casa y hasta ahora no nos hemos arrepentido.
9 – d) ¿Servicio al primer cliente que se decida o al que suponga un mayor
interés cultural?. ¡Vaya dilema!. Los usos y costumbres de nuestra
profesión establecen que el primer cliente que diga “Lo compro” tiene el
derecho de adquirirlo. Pero hay ocasiones en las que la indecisión de uno
y el interés general que implica la venta a una biblioteca de titularidad y
de uso públicos puede inclinar la balanza a su favor. En cualquier caso,
me parece reprobable no venderlo al primer cliente, sólamente porque el
segundo nos dio a entender que podría pagar algo más que el que nos lo
había reservado. La avaricia en este oficio es un “boomerang” que antes o
después nos termina golpeando en el cogote.
10) Subastas de libros antiguos:
¿Una innovación de un mercado en permanente evolución o una
perturbación del sistema?. Cada cual es libre, pero hay “sombras” en el
sistema de subastas.
Libreros que “ceden” piezas especiales a las casas de subastas es la
vergüenza de mi profesión, ya que desnaturaliza su esencia (COMERCIO)
para fomentar la especulación. Me pide el cuerpo escribir un trabajito al
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respecto y enviarlo a medios de comunicación, pues seguro que alguno se
animaría a publicarlo, pero eso sería renunciar a un elemento necesario
para mi equilibro personal: EL
ANONIMATO.
Me siento muy feliz al comprobar que no soy conocido, que no se habla de
mi en el oficio librero – ni siquiera para bien – y conseguir eso tiene su
precio. Además, salir del anonimato afectaría posiblemente a mi familia y
ese tema es sagrado.
Las descripciones de muchas obras en los catálogos de algunas casas de
subastas son hijas de las prisas y de la falta de vocación por ese trabajo.
Errores, pobreza en las descripciones... Otra cosa que me disgusta es
cuando leo que se subastan libros de 15,00 Euros y e menos...(Véanse los
catálogos de la casa de subastas...................).
Los catálogos de .......................... están mejor hechos, pero usan el truco de
poner muy bajo el precio de salida de obras interesantes para la Historia
Local y/o de las diferentes Comunidades Autónomas, para que acudan los
técnicos, con el encargo de los políticos de “conseguir esa obra”, que se
convertirá en una fotografía, junto a un artículo de prensa, cuando el
concejal de turno afirme que “hemos recuperado para nuestros
conciudadanos una pieza importante de nuestro patrimonio...”. Esta
práctica es legal, pero tengo mis reparos sobre su calificación desde un
punto de vista ético y moral. Claro que Etica y Moral son dos formas de
entender la vida que no están de moda...
Me han gustado los catálogos de subastas de ................................... Sobrios
en su descripción, pero bien hechos.
Las subastas internacionales de la .......................................... son un
modelo de hacer las cosas “comm´il faut”, si bien sigo opinando que las
subastas perturban el comercio del libro antiguo. Mejor dicho, no creo que
deban formar parte del comercio...Pura especulación no es comercio.
Un ejemplo a imitar: La Llibrería ................................. ofrece tres piezas
clarísimas que serían subastadas, si hubieran llegado a otras manos. Me
refiero a tres títulos de García Lorca, que los ofrece al precio fijo que el
librero estima oportuno. Chapeau!.
Malas fechas para subastas igual a comprar mejor. No tengo todavía
suficiente documentación como para afirmarlo de forma rotunda, pero creo
que las subastas que coinciden con tiempos de vacaciones o Semana de
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Pascua...etc. son ocasiones para conseguir por menor precio las obras
subastadas. Hay menos “calentura” en las pujas. Lo comento aquí, por si
Ustedes quieren aprovecharse de este punto, luego de comprobar que sea
cierto, claro.
Piques de instituciones rivales significan precios elevadísimos. Ya lo he
sugerido antes, pero hay casos que son escandalosos, pues me parecen un
derroche del dinero de los impuestos. A modo de ejemplo, el famoso
asunto del Nuevo Testamento protestante, impreso en Euskera en La
Rochelle (Francia). Puedo dar detalles si hubiera tiempo. Sería estupendo,
aunque algún librero ganase menos dinero por ello, que las diferentes
bibliotecas y archivos de cada ciudad y/o región se pusieran de acuerdo en
cuanto a qué tipo de obras de fondo histórico han de ser adquiridas por
cada una de ellas, evitando esas muestras de provincianismo barato, que
tan caro resulta a los presupuestos institucionales. Incluso cuando el
“primo” lo hace una entidad financiera – las cajas de ahorros deberían
contratar asesores en esta materia – me parece penoso.
11)Tasación profesional previa a la venta de una biblioteca privada :
Negocio seguro para el vendedor de la biblioteca. La ignorancia
malvende. Es aconsejable pedir una tasación a un librero que merezca
confianza en lo profesional y en cuanto a su honradez. Ahora bien, no
aconsejo que se le anuncie que recibirá posteriormente el encargo de la
venta de la biblioteca a quien está a punto de hacer la peritación. Sería
una tentación difícil de vencer, excepto si se le encarga la venta EN
DEPOSITO y a comisión sobre lo que se obtenga en la venta.
12 ) Sugerencias bibliográficas y de otro tipo...No me atrevo a llamar a esta
sección “Bibliografía”, pues harían falta docenas – quizás un par de
cientos – de libros para que fuese una mediana bibliografía. Sólamente con
las obras que tengo en casa ya serían unos cuantos folios. A modo de
muestra, cito algunos botones:
Cursos de Verano de El Escorial – Mundo del libro antiguo, dirigido por
Francisco Asín. Editorial Complutense, Madrid 1996. (ISBN: 84-89365-
75-X)
Tasación, valoración y comercio del libro antiguo. (Textos y materiales).
Jaca, 2 – 6 de Septiembre de 2002. (Prensas Universitarias de Zaragoza).
(ISBN: 84-7733-601-6)
Algunas reflexiones sobre la Tasación del Libro Antiguo como Actividad
Documental. (Trabajo del Director de este Curso, Dr. Pedraza, publicado
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en la revista “Anales de Documentación”, nº 6 del año 2003 (Págs. 221 –
239).
Y puedo aconsejarles que vean la película “42, Charing Cross Road”...
FINIS CORONAT OPUS
Juan F. Pons
Villanúa (Huesca) Agosto de 2003.
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