CÉSPEDES HOMBRE DE LETRAS Rafael Acosta de Arriba octubre

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CÉSPEDES, HOMBRE DE LETRAS Rafael Acosta de Arriba octubre-noviembre -diciembre , 2008 Hace poco más de cincuenta años e l poe ta y crítico Albe rto Baeza Flórez titulaba de forma homónima un breve artículo en la re vista Carteles[1]. Fue e l primer y casi solitario intento de analizar al bayamés desde la faceta de escritor. Siempre me ha llamado la atención e l he cho de que no hubiesen ex istido otras tentativas de profundizar e n la obra poética y la prosa de Carlos Manue l de Céspedes, e n particular Bayamo, ciudad que cuida sus tradicione s con particular e sme ro. Lo cie rto es, re visada una y otra vez la bibliografía pasiva de Céspedes, que salvo contados párrafos que le dedican C intio Vitie r y Fina García Marruz en e l libro Flor oculta de la poesía cubana[2], no han ex istido más que uno u otro comentario esporádico sobre e l tema. Mi propósito se rá m itigar ese vacío en la exégesis de la obra escrita cespe diana. O tros, con toda seguridad, la e nrique ce rán e n su momento. Prime ro, pre cisemos algunas cuestiones que conside ro ese nciales: de qué y de quién es de udor Céspe des como hombre pe nsante , cuál es e l contex to, cuáles las ideas que se de baten en su minuto histórico, lo conside ro esencial. Céspedes como inte le ctual e s fruto, e ntre otros afluentes, de l romanticismo poé tico cubano. Ya sabemos que e l romanticismo fue e l gran movim iento mode rno de rebe ldía espiritual de su tiempo. Se gún O ctavio Paz fue una explosión de pe rsonalidades y de minorías aisladas en contra de la corriente gene ral de ideas de la é poca y a la que O ccide nte le debía casi todas las ideas y expe riencias que cambiaron las le tras, las artes, la moral y aun la política de la Edad Mode rna, “de la libe rtad de l amor a la visión de la poesía como un sabe r espiritual”[3]. C intio Vitie r nos ha facilitado la asimilación de la corrie nte romántica más ge ne ral al quehace r de nuestros inte le ctuales en el siglo XIX. Con toda justicia escribió a propósito de Zenea[4]: “Aunque en e l campo de la crítica resultó con fre cue ncia fre nado o ironizado, y a pesar de sus ine vitables fue ntes e influe ncias europea s, e l romanticismo poé tico cubano, desde He redia y la Avellaneda, hasta Ze nea y Luisa Pé rez Zambrana, fue sin duda un vigoroso movimiento de indepe ndencia espiritual, con manifestaciones políticas mayores o menores, según los casos, aunque e n el fondo siempre la implicación política profunda, y caracte rizado por dos rasgos espe cíficos: la autoctonía y e l valor”. Estos dos rasgos son e vidente s en las creaciones lite rarias de Céspedes. Autoctonía del campo cubano, del te rruño, de lo local como la patria. No pe rdamos de vista que para aque llos varones de finales de los se senta de l siglo XIX, su ciudad e ra e quivale nte a su patria; y valor, pues todo lo que se escribía y publicaba en aquellos años de fé rrea censura colonia implicaba, de oficio, la oje riza policial española y sus consiguientes repre salias. Pe ro hablar del romanticismo como corriente ge ne ral de la lite ratura y como movim iento de l espíritu y apre ciarla en su anclaje en la cultura local no es suficie nte para introducir e l tema. Habría que acudir al análisis de las influye ntes tendencias políticas de los libe ralismos en boga (re cordar siempre que hubo libe ralismos conse rvadore s, monárquicos, republicanos, y otros) para a ce rcarnos me jor al e ntorno de las ideas en que se mue ve e l romanticismo que influye a Céspe des y a otros tantos hombres ilustrados de su época. La he re ncia cultural europea, la Ilustración, lle gó a nuestros países coloniales tamizada por dive rsos filtros: e l despotismo ilustrado, los libe ralismos variopintos -entre e llos e l libe ralismo más radical- y luego, finalmente , e n la idea de la inde pendencia. Aquí se escondió una 2 paradoja sin solución: e s la misma colonia la que sirve de ve ctor de las ideas indepe ndentistas. El m ovim iento ilustrado de l continente se planteó la re forma de l Estado Colonial y son los mismos criollos enrique cidos en e l aparato e conóm ico-político de la colonia los que se plantean las dudas y los problemas a los que se empeñaron en dar solución. Es en este punto donde com ienza a surgir e l pensamiento autóctono de e stas tie rras. El siglo XVIII, que es e l siglo de l despegue de l pensam iento crítico en e l mundo occcidental no tuvo en el mundo hispánico e l brillo que sí tuvie ron e l XVI y e l XVII. El e spíritu crítico fue una conquista de la e dad mode rna , pe ro en e l mundo hispano las ideas libe rales que tuvie ron mayor arraigo no son las que vinie ron de la Me trópoli sino las prove nie ntes de corrie ntes de l libe ralismo francé s e inglé s. En este oleaje de las ideas es muy importante lo ya señalado sobre la influencia de l romanticismo. En e l poema El filibustero, de Zenea, está enunciado el tríptico filosófico de la Revolución francesa de 1789: libe rtad, igualdad, frate rnidad, ideas que ayudaron a prende r la llama de 1868. Pe ro antes hubo ne cesidad de eso que nosotros llamamos ¨aplatanam iento¨ o en té rm inos más académicos: transculturación, mestizaje , confluencia de esas ideas. Visto a escala macro toda e sta e tapa pre via a la gue rra de indepe ndencia es de preparación inte le ctual y de consolidación de la identidad cubana. Es e l momento, e n nuestro país quie ro de cir, en que la crítica encarna e n la historia, es e l instante en que las utopías de l XVIII se convie rte n en gran fe rmento de los movimie ntos revolucionarios indepe ndentistas. El romanticismo, hijo de la edad de la crítica, ex presó e l sentimiento de l cambio, o me jor, fue e l gran cambio, no solo en el dom inio de las le tras y las artes sino e n e l de la imaginación política, y su sensibilidad. Fue una moral, una mane ra de vivir y también, ahí están sus inflamados y hasta paté ticos e jemplos, de morir. El romanticismo hizo la crítica de la razón crítica. Prosigo con Cintio Vitie r y su aplicación al entorno local de este examen: “Nue stro romanticismo, culm inante e n Zenea, coincidente a través de dos gene raciones con la toma de conciencia de la patria esclavizada y de l pe cado original que sustentaba y deformaba a la sociedad cubana encarnó y expre só esa situación histórica, política y social en todos los planos”. Es de cir, e stamos hablando de un romanticismo de esencias que se transmutó en e l plano inte le ctual en un pode roso movimiento libe rtario y que , como dijo Fina García Marruz ¨come nzó por la palabra y acabó e n la Historia¨. Así, e n un plano de hibridaciones y yux taposiciones, desde una pe rspe ctiva de las ideas y de l espíritu, los postulados románticos coincidie ron con los de l libe ralismo radical de los independe ntistas cubanos. En e l trasfondo está el criollismo, la sociedad criolla de fue rte presencia en todos los hábitos sociales y en la vida cultural de la Isla. Escuchemos ahora la poesía ce spediana en una estrofa intimamente vinculada a la ide ntidad con la tie rra y lo local. Estamos asistiendo a ese inte resantísimo concepto de l “pre cioso inte rior de nuestra cultura” e laborado por C intio. El espíritu de Céspedes pare ce re conciliarse consigo mismo cuando escribe : Halléla (la armonía) en los ganados que bramando se a ce rcan a l a prisco pe rezosos; hallé la en los guajiros cabalgando Sobre potros indómitos fogosos Y en m i le cho de paz adorme cido Me halagó de sus trovas el sonido[5]. 3 Para O lga Portuondo “aquí hay algo más que un bucólico romántico”: Sin dudas, estamos ante un hombre conscie nte de su pe rtenencia a una nación lo cual queda también evide nciado en estos ve rsos que siguen: Nuestros son esas artes y cultura Nuestros son las nacientes alamedas Y nuestros son los bailes cadenciosos. “Nue stros”, sentido de posesión propio de toda identidad. Las arte s, la cultura, las nacientes alamedas y e l baile , algo de finidor de lo cubano por ex ce lencia: Nuestros todos, dice e l poe ta . Con otras palabras, la poesía sirve para expre sar una realidad de aque llos románticos indepe ndentistas: e l pensam iento se lle naba de cubanía y esta para llegar a se r una manifestación de plenitud ne cesitaba de la inde pendencia, de la sobe ranía, ne cesitaba rebasar lo criollo. La evolución de la ideas en Cuba hasta desembocar en e l instante en que Céspedes escribe estos ve rsos nacionalistas ha sido señalada por e l Dr. Eduardo Torres Cue vas de la forma siguie nte : las bases históricas fue ron colocadas por los prime ros historiadores a mediados de l siglo XVII, e ntre otros, por Agustín More ll de Sta C ruz, Félix de Arrate , José Ignacio Urrutia y Montoya y Nicolás Joseph de Ribe ra. Las bases teóricas, fue ron situadas a inicios de l XIX por los prime ros filósofos: José Agustín Caballe ro, Féliz Vare la y José de la Luz y Caballe ro. Y las base s sociales por nuestros prime ros críticos de la socie dad colonial de los cuales descolló por sobre todos otro bayamés ilustre , José Antonio Saco. En ese proceso -nos dice Torre s Cue vas- se e labora e l concepto de patria que implicó la compre nsión de la existencia de una comunidad con te rritorio, tradiciones, expe rie ncias y destino com unes ( la patria chica que señalé antes) y que se traduce en la conve rsión de lo criollo e n una sustancia más comple ja y estructurada: la conciencia de lo cubano. Este tránsito, no es ocioso de cirlo, se realizó desde la lite ratura , ya sea en la poesía, la crítica social o las ve rtie ntes historiográficas, es de cir, desde e l pensamie nto inte le ctual . Y yo me inclinaría por afirmar que, por encima de cualquie r otra manifestación de las le tras, desde la poesía. Cualquie r ace rcamiento obje tivo al pensam iento ce spediano debe hace rse desde sus prime ras expre siones lite rarias. Es imposible llegar dire ctamente al inde pendentista maduro de 1868 sin pasar prime ro por la e volución de sus ideas, las cuales tienen en sus escritos de juventud la manifestación primige nia. Pudié ramos de cir que son la fue nte sustancial para cualquie r pesquizaje . Si se pre te nde un conocimiento hondo de sus razones y argumentos hay que ir a sus poemas prime ro, luego a los dia rios de campaña y a su pape le ría pre sidencia l. Pe ro sigamos nuestra inme rsión e n la obra e scrita cespediana que ha llegado a nuestros días. Este poema que citaré a continuación nos entrega la delicade za y la sensibilidad de aque l hombre que fue re conocido siempre como un ve rdade ro carácte r, nada remiso a la viole ncia si e ra pre ciso, ple itista en cuestiones legales y duelista consumado e n lance s de honor. Veamos estos ve rsos a una mariposa: Más con arte se burla Del niño que la acosa, Ya de é l pare ce que huye , Ya vue lve y le provoca, Y de sus blancas alas 4 El rostro ya le roza; Ya de vista la pie rde , Que al cie lo se remonta , Ya la cree en su mano Y el aire sólo toca... C intio Vitie r se regodea con la le ctura de e ste poema. Escribe , re pitiendo ese ve rso, “y el aire sólo toca, como si tocáramos esa nada, esa fuga, esa cosilla desasida de todo, inapresable , que va a reapa re ce r sutilizada hasta e l infinito y re cortada hasta la m inia tura , en la poesía de l principeño Mariano Brull...” Esta sensibilidad se cultivó desde su infancia y adolescencia. El biógrafo iné dito de Céspedes y probablemente e l más acusioso historiador que ha te nido Bayamo, José Maceo Ve rde cia, escribió e l siguiente párrafo que cito in extenso por cuanto contribuye a conformar la imagen que pre tendo trasladar de l hombre de le tras que fue Céspe des. Se refie re a l a dole scente Carlos Manue l con más o menos 14 años de edad y señala: “La gramática no te nía se cre tos que ofre ce rle y le ía y escribía el latín como ningún otro discípulo. En las traducciones que como e je rcicio se lle vaban a cabo e n las clases, de Horacio y Virgilio, nadie le aventajaba, porque nadie como él ajustaba al caste llano la ve rsificación latina, ni me jor que é l inte rpre taba la expresión de los conceptos. La Eneida más que la Ilíada e ra su pre dile cción para las traducciones. El Padre Ram írez (su maestro de latín) que e ra un amante apasionado de Virgilio, a quie n llamaba “e l C ice rón de la poesía latina”, porque nadie supe ró a éste en la pe rfe cción de la prosa, no pe rdía ocasión para explicarle a los discípulos que no e ra traducir los distintos aspe ctos de l pensam iento de l poeta, ni copiar sus se ntim ientos con más o menos fide lidad, lo que pre cisamente reque ría la exacta inte rpre tación, sino que e ra im prescindible conse rvar e l me canismo de los hexáme tros. Esas cálidas adve rtencias no pasaban inadve rtidas para quien hasta en los re cesos de los juegos, en horas de re creo, se le ve ía e scribir en los sue los alguna ex clamación de Eneas. El sitio y la caída de Troya le lle vaban hasta la exaltación y, desde luego, a se r corregido por e l Padre Ramírez, que le amonestaba e l fuego patrio y e l orgullo nacional con que reve stía cada ve rso, aún más ardorosos que e l que im primía en toda su obra e l inmortal clásico latino. Pe ro sonre ía y le felicitaba”[6]. Es m uy probable que la imaginación de Maceo Ve rde cia llene algunos vacíos que el dato historiográfico no consiga como de talles pre cisos, pe ro no es dable –al menos se gún m i visión particular despué s de años de investigación de la vida de Céspedes –discrepar de la e sencia de l pasaje citado. Lo cie rto es que la educación de Cé spedes fue cuidada, inme jorable para aquel contex to y aque llos tiempos, y que su talento tuvo cauces seguros para su manife stación y e stimulación. Despué s vinie ron los a ños de forma ción unive rsitaria, los via jes a Europa y Asia, el conta cto dire cto con las culturas más avanzadas de l m undo occidental, pe ro eso ya e s más conocido. ¿C uáles son los temas más tratados en la poesía cespediana? Citaré algunos: el filosofar sobre la vida sencilla y el re tiro espiritual, los temas locale s, e l amor, la amistad, la naturaleza y los temas sociales. Es de cir, un espe ctro temático que se mue ve desde lo épico – lírico hasta lo bucólico tradicional de aque llos tiempos, pasando por los asuntos propios de l hombre e n todas las épocas. Ahora bien ¿Estos temas se traduje ron en una poesía de alto vuelo? Hay que de cir con propiedad que no siempre logró e l bayamés un resultado lite ra rio que lo colocase en e l sitial más ele vado de l parnaso nacional y, digámoslo tambié n, siquie ra de l local. No fue supe rior a Fornaris ni a Zenea, ni tampoco a Palma. Sin embargo, se movió con naturalidad entre otros bardos de re lie ve local y también compañe ros de conspiraciones inde pendentistas: Pe rucho Figue redo y Maceo Osorio, por e jemplo. 5 Su pe rsonalidad intele ctual, sin embargo, fue supe rior a su producción lite raria. Fundador de las Sociedades Filarmónicas de Bayamo y Manzanillo, traductor, cronista de viajes, dire ctor de puestas en escena de teatro, actor el m ismo, organizador de bailes cole ctivos, y de veladas y debate s lite rarios, de clamador y organizador de concursos de de clamación, unido todo e llo a su e je rcicio sobresaliente de la abogacía con los más importantes clie ntes e n e l Valle del Cauto, hicie ron de Cé spedes una pe rsonalidad conspicua, atractiva y sumamente imantadora de fie les y admiradores que más tarde , en el momento pre ciso, lo siguie ron en la hombrada de l alzamie nto independe ntista. ¿C uáles son las influencias más pe rceptibles en la lírica cespediana? A m i modo de ve r la im pronta de Fray Luis de León es la más apre ciable , otras hue llas señaladas antes por Baeza Flórez, son Garcilaso, Que vedo y Calde rón, es de cir, los clásicos españoles. Prefe rencias que se pueden rastre ar en sus exe rgos y citas son Lord Byron y John Milton. De este último me atre ve ría a de cir que re cibió una notable ascendencia e n su e volución como pensador libe ral. Las afinidades con la poé tica de Fray Luis pueden de te ctarse e n dive rsos puntos: en e l poemario Del conocimiento de sí mismo (canción)[7] hay un re fe rente muy apre ciable de l ex tenso poema Contestación, en e l que e l alie nto autobiográfico, e l tono, las inflex iones, la mé trica, e l curso ondulante y el despliegue todo de l poema, nos re cue rdan la lírica de l bardo de Cue nca. En la obra de Luis de León así como e n la de Carlos Manue l de Céspedes estos dos poemas de amplias estancias repre sentan un lugar pare cido, obra intimista y de madure z. En otros textos se advie rte n afinidades en el uso constante de ve rsos inte rrogantes para encabezar las estrofas, la utilización de tópicos como e l que “huye del m undanal ruido” de l poema Canción de la vida, de Fray Luis, los ambientes bucólicos, los temas del amor y la mue rte , e l tiempo y e l dolor, la virge n y la piedad crue l, los fre cuentes participios pasivos, las palabras en diminutivo, las ex clamacione s adm irativas, y otros re cursos que , y esto e s bueno subrayarlo, aunque caracte rizaron a la poesía cubana de mediados de l XIX e n sentido gene ral, en Cé spedes tiene n una consolidación que sorprende al e studioso. La estructura de los poemas, su factura y e laboración gene ral re cue rdan constantemente el estilo de la poesía de l llamado príncipe de la lírica castellana gestada con tre s siglos de ante lación. De cualquie r mane ra, en la vasta cultura de l bayamés no de ja de resultar curioso este re fe rente , cuando otros bardos más mode rnos (incluye ndo su muy leído Byron) pudie ron habe r sido e l motivo de tales aprox imaciones e influencias. No quisie ra pasar a l aná lisis de su prosa sin a ntes citar a lgunas de sus más logradas imáge nes poé ticas: extraídos de sus poemas pie rde n contex tualidad pe ro ganan en su individual brillantez. Veamos. A la torre de Zargoitía más, cuando por tus salas ya vacías, como un blando gem ido, e l viento corre , e l ve lo del pasado se descorre formas reviste n tus ce nizas frías. Contestación ...”los suaves ce firillos susurrantes, que me alborotan, jugue teando, e l pe lo”. En la muerte de E. Lebredo 6 no es ete rna su larga despedida: se reúnen, al fin, en su sende ro los distintos sende ros de la vida. Una imagen realmente sorpre ndente es su “yo compre ndo el place r de la triste za”. Enigma que nos muestra a un se r comple jo y rico, mucho más inte resante que lo que presupone e l me tal de l hé roe . O tros componentes de esta poé tica son: El amor como rasgo romántico por ex ce lencia, como gustosa totalidad del se r inflamado por la poesía, una sue rte de dimensión trasce ndente por la muje r amada o la simple expe riencia e rótica . No olvidar que e n Cé spedes e l amor se nos ofre ce tambié n como am istad y que desde esta pe rspe ctiva otra del amor brotan algunos de sus me jores poemas. Si en los diarios de campaña e ntramos al centro de l hombre e n su de sgarradura más íntima y ve raz, en su poesía asistimos a otra face ta de e se ce ntro, la más inspirada o cálida, la más creativa. Si en aque llos pre domina la sensación de tristeza, desasosiego o desamparo de l hombre e nfre ntado a su tiempo, e n la poesía se advie rte la sorpresa del hombre en su encue ntro consigo mismo, deslumbrado por ese escenario más ce rrado e imprede cible que es su otre dad. Ya ese tiempo pasó: nuestra ale gría nos de jó como de jo yo este valle: Ya vive solo e n la memoria m ía: Pe ro sin ti, ¡que su re cue rdo calle ! Lo distante, una image n de la realidad que se nos va y que solo la poe sía es capaz de re tene r. El ve rso y la metáfora para fijar la fugacidad del tiempo. Pe rtenencia a la tie rra, e l te rruño, convivencia con e l e ntorno, descripción pe ro a la vez ligazón sentimental, empatía por e l paisaje (el riachuelo, la arboleda, la prade ra). Hay una historicidad innegable que parte de l timbre de esa voz ubicada en un tiempo pre ciso de cambios y e volucione s sustanciales, que parte también de los procesos que conducen al quién somos de mitad de l XIX. Asombra sabe r que aque l carácte r enégico y duro, pudiese coexistir con la de licadeza y la sensibilidad de un lirismo a ve ce s le ve, siempre ex quisito. Esa m irada ávida se torna expe riencia de le itable de l hombre de provincia con cultura cosmopolita, una combinación que produjo y configuró mucho de la poe sía de tono menor de su época. R iqueza de vocabulario, de giros, de imáge nes y símiles; riqueza metafórica, capacidad rítm ica, habilidad para pasar de la calma inte rior a una gravedad de l se r, de la angustia infinita a la ce rtidumbre de la vida como destino del pe rse ve rante. Más allá de escue las y modas lite rarias su poesía es catarsis y examen profundo de su se r, utilizando la naturale za como espe jo y desplegado un linaje , una altura y dignidad en la expre sión escrita. Hay, desde luego, momentos en que se acude a lugares comunes, a imágenes mustias, al florilegio re tórico que poco dice, hay ve rsos y hasta estrofas de pobreza lírica en la que sacan las ore jas la rimbombancia y pomposidad, y lo lineal y plano. Son momentos de escasa inspiración en que se absorbe un re lle no de palabras que se ale ja de su centro ex istencial más rico. La prosa de Céspede s es supe rior en factura, re cursos e inspiración lite rarios a su lírica. A ve ces, como ya han señalado C intio y Fina, es en ella donde se puede encontrar su mayor 7 vue lo poé tico. Lezama Lima al fijarse en una sola frase de Céspedes, hizo una obse rva ción medular: habría que espe rar a José Martí para ve r saltar en las le tras cubanas frases similares. También C intio califica al diario de campaña de Céspedes el ante cedente justo al de Cabo Haitiano a Dos R íos de Martí. No comparo lo imposible de e quiparar, sólo sostengo, junto a Lezama, C intio y Fina, tres críticos de mucho re conocimie nto, que la e scritura de Céspedes e laborada en la manigua de Cuba Libre es importante no sólo por sus pre ceptos patrióticos sino por la limpie za de su prosa, su rapidez y su mode rnidad. Sabemos que le yó en profundidad a Lamartine y otros autores franceses, y pienso que esas le cturas debie ron librarlo en gran medida de la re tórica lírica prove nie nte de la oratoria clásica y neoclásica española. Estas cualidades ya se advie rte n e n su crónica de viaje La Abadía de Battle, redactada a los tre inta años (como casi toda la obra poé tica conocida) la que , sin mucha dificultad, puede re conoce rse como una pieza escrita en pleno siglo XX por su tempo, adje tivación y diafanidad. O tro tanto ocurre con este pasaje de su diario de campaña: Tengo a l frente e l monte de la Peña Blanca que me distrae con sus juegos de luz. Tan pronto representa una supe rficie igual y unida en plano inclinado como descubre sus innume rables espinazos, estribos y hondonadas. Varía de colore s con la rapidez de l caguayo. Las yagrumas a ve ces son copas colosales de e sme raldas; pe ro a pocos instante s, al he rirlos los rayos de l sol me ridiona l, se transforman e n gigantescos flore ros llenos de azuce nas de pla ta . Una palma, que se de stacaba ce rca de la cúspide , cuando el viento azotaba su cabelle ra de flex ibles pencas, me re cordaba a Virginia en la popa de l San Ge rando.[8] Como ocurre con muchas pe rsonas que escriben bien, sin se r escritores de una té cnica depurada o una inspiración supe rior, en Cé spedes la poe sía tiende a expresarse como prosa, muy descriptiva, a ve ce s de imágenes muy dire ctas y, la prosa, a su vez, se torna pura me táfora poé tica con imágenes m uy logradas. Si nos hicié ramos a hora la m isma pre gunta que se hizo Baeza Flórez hace medio siglo estaríamos en me jores condiciones, que al inicio de este tex to, para afirmar que Carlos Manue l de Céspede s fue , en todas las connotaciones posibles, un hombre de le tras. Pe ro fue mucho más, fue un inte le ctual, un hombre de la cultura, un pe nsador que diseñó en su mente y e n su pape le ría la patria y la república, las m ismas que é l ayudó a gestar con su vida ex ce pcional y sus innume rables sacrificios. Esa rele vancia histórica ha sido la que ha rele gado al hombre de le tras. Adm iramos, lógicamente , más al Padre de la Patria que al poe ta, al hombre de l 10 de octubre que al prosista inspirado y no adve rtimos cómo e l independentista o e l libe rtador pudo alcanzar dimensiones supe riore s en la historia pre cisamente porque soñó a su patria libre desde e l sentim iento poé tico, de sde la image n y la fantasía insupe rable del artista. En un espléndido tex to ya citado al inicio de mis palabras C intio Vitie r notaba un he cho esencial en el conocimie nto y el estudio del surgimiento de nuestra cultura. Con su agudeza de poe ta , C intio pre cisa ba como en un pasaje de Espejo de paciencia, texto que se conside ra por muchos estudiosos el inicio de la lite ratura de carácte r cubano, se halla un he cho clave de la historia de nuestra cultura. Se trata de l momento e n que el Obispo Altamirano e s re cibido en Yara – después de rescatado de las manos de l pirata Gilbe rto Girón – y la prime ra mue stra de re ce pción le e s brindada por se res m itológicos del bosque cubano, pe ro esos se re s no son de nuestra tradición sino de la gre co-latina (es de cir faunos, centauros, ninfas y sem icapros). En la prosa de los diarios de campaña de Cé spedes hay una sue rte de expresión que se mue ve a la inve rsa. El día 11 de octubre de 1872 anota en Ve gas de la Guira “Y como esos pajarillos (se re fie re a los ruise ñores) son cubanos por sangre , a usanza de los antiguos romanos se inte rpre tó cual un fe liz augurio”. Es de cir, aquí la mezcla cultural viaja en se ntido contrario, la costumbre romana de las aves transmisoras de augurios venturosos se pe rsonaliza e n aves de l monte cubano. La tradición gre co-latina inse rtada en la naturaleza cubana. Regreso de l sentido de lo re fle jado en Espejo de paciencia. Transculturación diría Don Fe rnando O rtíz. Son espirales de ese fe nómeno concé trico-ce ntrífugo que es la identidad cultural de un país. Búsqueda hacia fue ra y hacia a dentro. Asce ndencia prime ro, mestiza je después, de la cultura occide ntal más rancia e n e l Caribe. 8 Y como de l Céspedes escritor ve rsa este tex to finalizo con unas e strofas que escribió sobre sus tre inta años de edad. Es sorprende nte como su deseo de entonces se cumplió en los días finale s de su ex iste ncia e n las montañas de San Lorenzo a punto ya de entrar de finitivamente en la Historia. El poema Mi deseo dice así en dos de sus estrofas: Un te cho pobre , escondido, Dadme al pie de la colina Donde e l viento e n vano amague Y que allí e l sua ve zumbido De una colmena ve cina Por la mañana me halague . Un cristalino arroyue lo De blancos lirios sembrado, De una fuente pura brote Y salte en que brado sue lo Y bajando apresurado Las duras rocas azote . En San Lore nzo, donde pe rmane ce e l m iste rio de la vida de Céspe des y donde se conoce por José Martí que e scribió unos ve rsos desconocidos la mañana fatal de febre ro (dato que supongo le trasladara José Lacre t), allí, se cumplie ron los mayore s dese os de este hombre ex cepcional. Fundido a la tie rra, preñándola con sangre, e ntremezclado con la naturaleza, he cho naturaleza m isma, su sacrificio hizo que su gesto fuese genitor y que su palabra, la escrita y la lanzada al viento en los duros años de insurre cción, siga escuchándose más de cien años de spués. La Habana, marzo 2008 [1] Baeza Flore s, Albe rto. “Cé spedes, hombre de le tras”. Carte les, La Habana, Nro. 41 de 12 de octubre de 1952, págs 38-39. [2] García Marruz, Fina y Vitie r, C intio. “Flor oculta de poesía cubana (siglos XVIII y XIX)”. La Habana, Editorial Arte y Lite ratura, 1978. [3] Paz, O ctavio. En “Corrie nte Alte rna”. Siglo XXI Editores, Méx ico, 1967, y en “Los hijos de l limo”. Se ix Barral, Barce lona , 1974, más e n profundida d en e l segundo, e l poeta y ensayista mexicano dise rta sobre la influencia del romanticismo. 9 [4] Vitie r, C intio. “Ze nea y e l romanticismo cubano”. En Re vista Ibe roame ricana. Nro. 152153, Estados Unidos, jul-diciembre de 1990, pp 703-713 [5] de Céspedes, Carlos Manuel (todas las e strofas fue ron tomadas de Carlos Manuel de Céspedes. Escritos, (3 tomos), tomo I de Hortensia Pichardo y Fe rnando Portuondo. Cie ncias Sociales, 1982) [6]Maceo Ve rde cia. Biografía inédita de Céspe des (manuscrito e n m i pode r) [7] Todas las re fe rencias a las poesías de Fray Luis de León fue ron tomadas de “Fray Luis de León”, de Albe rto Barasoain. Ediciones Júcar, Madrid, 1973. [8]O p. Cit. (5). Tomo III. Pág. 31 10

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