APUNTES SOBRE EL LIBRO DE HELENA BÉJAR EL

COMUNICACIÓN EN EL II CONGRESO DE EDUCACIÓN SOCIAL. MADRID NOVIEMBRE 1998 ¿PRESERVAMOS ADECUADAMENTE LA INTIMIDAD Y LA PRIVACIDAD DE LOS NIÑOS Y NIÑAS ACOGIDOS EN CENTROS RESIDENCIALES? INTRODUCCIÓN Desde hace más de diez años Drecera, una cooperativa de iniciativa social, gestiona servicios residenciales dedicados a la atención de niños, niñas y jóvenes con importantes problemas sociofamiliares. A lo largo de todo este tiempo hemos mantenido el interés por mejorar nuestra práctica educativa y la reflexión teórica que la sustenta. Este trabajo nos ha permitido poder conceptualizar, en forma de Marco Pedagógico, algunos de los aspectos fundamentales de nuestra labor: el concepto de educación, nuestro posicionamiento pedagógico, conceptos de sujeto de la educación, institución, familia, etc. Acompañando este esfuerzo por construir un marco común, unas ideas que fundamentan nuestra acción educativa, siempre ha estado presente la preocupación por garantizar los derechos de los niños y niñas con los que trabajamos. Desde esta preocupación abordamos el tema de la privacidad, haciéndolo en forma de pregunta hacia nosotros mismos: ¿Preservamos adecuadamente la intimidad y la privacidad de los niños y niñas acogidos en nuestros centros residenciales? Intentar dar algunas respuestas a este interrogante, o simplemente reflexionar sobre ello, es el objetivo del presente trabajo. Hemos querido resaltar tres aspectos importantes referidos al tratamiento de la privacidad en el trabajo en un centro residencial. Estos tres aspectos o apartados son los siguientes: Lo social y lo privado, el tratamiento de la información y algunas formas de trabajar la privacidad y la intimidad. Además de repasar y analizar parte de los documentos o materiales internos de Drecera que pudieran hacer referencia a este tema hemos utilizado como material de consulta el libro de Helena Béjar: El ámbito íntimo. Privacidad, individualismo y modernidad. Helena Béjar hace un estudio extenso y completo del tema de la privacidad a partir de las aportaciones de otros autores que han tratado esta cuestión. Hemos recogido aquellas ideas que nos han parecido más interesantes y que de alguna forma hacen referencia a aspectos relacionados con nuestro trabajo. Según Rousseau, el primer hombre que acotó un trozo de tierra y dijo “esto es mío” estableció la propiedad privada. Del mismo modo, el primero que cerró una puerta para aislarse de su entorno fundó la esfera privada. Así como la institución de la propiedad supuso la transición de la naturaleza a la cultura, la de la esfera privada permitió la separación del hombre respecto al grupo, el paso de la comunidad a la sociedad y, en consecuencia, el reconocimiento de la individualidad. La historia de la esfera privada transcurre paralela al desarrollo de la idea de libertad. En realidad, la privacidad es una zona donde se hace posible la soberanía individual, al abrigo 1 de la vigilancia y de la intervención del poder. La privacidad podría entenderse como un espacio simbólico que se erige frente a un exterior amenazante, y alberga en su interior a un individuo que desea desarrollar sus potencialidades. Desde un punto de vista antropológico, algunos autores como Altman y Moore, sostienen que la privacidad es un hecho universal que se manifiesta de manera variable. Estas diferencias dependen de la forma en que las diversas culturas articulan los mecanismos que regulan la interacción social. La privacidad se define como un proceso de control de los límites por los cuales los hombres se muestran a veces abiertos y accesibles a los demás y otras veces se cierran a sus semejantes. Podemos entenderla, pues, como la práctica de una soledad buscada, el escape temporal de unas exigencias y cargas de una interacción que se vive como excesiva, opresiva o exigente. Se configura como una necesidad socialmente creada. Goffman realiza una aproximación al tema de la privacidad entendiéndola como un ritual social. Parte del supuesto que el ser humano adquiere una identidad a través de su participación en la interacción social. Sostiene que confirmamos nuestra individualidad enfrentándonos a los demás. No considera al individuo como un ser moral sino como una persona en el sentido clásico de la palabra, como portador de una máscara. El individuo moderno es un actor dispuesto a encarnar diferentes personajes — dependiendo de lo que requiera la situación— cuya acción se encamina, sobre todo, a crear una impresión convincente en los demás. El ser humano de la época actual se ve continuamente escindido entre el deseo de desarrollar sus potencialidades en la paz de la privacidad y la necesidad de ser una criatura social. En este sentido podemos afirmar que el tema de lo privado constituye un síntoma de malestar en nuestra cultura, o al menos, un signo de su complejidad. En su libro de La presentación de la persona en la vida cotidiana, Goffman habla del necesario dominio del espacio escénico, distinguiendo dos regiones principales en toda actuación. La región frontal o anterior es el espacio donde tiene lugar la actuación, puesto que la acción se representa en presencia de un público (los otros en general), en la que predomina la formalidad. Es el ámbito de la tensión, el espacio donde los individuos necesitan mantenerse alertas. Frente a este espacio se halla la región trasera, que se define como cualquiera de las regiones que generalmente están situadas fuera de los límites del público. Es asimismo una esfera de ensayo de la actuación que se hará en el espacio público. El trasfondo escénico se aproxima en gran medida a lo denominado esfera privada. Lo privado es una esfera robada al mundo público. Podemos sostener que la privacidad es una conquista, un terreno ganado a la esfera pública. La esfera privada ha de gozar de una garantía legal: la privacidad puede ser definida como un derecho del individuo. En este sentido la esfera privada marca los límites del poder, el umbral ante el que éste ha de detenerse, bajo pena de minar su propia legitimidad. El estudio sobre la privacidad introduce la preocupación por la intimidad. La privacidad es la esfera donde el individuo planea su vida y hace de ella una empresa racional, el ámbito de conciencia donde tiene lugar la formación de valores. Las llamadas relaciones íntimas —tales como el amor, la amistad y la confianza— requieren un clima adecuado para el libre desenvolvimiento de las personas. El culto a la vida privada en nuestros días aparece a modo de utopía individualista, ahora que las utopías colectivas han hecho crisis. Al parecer no existe sistema moral alguno que 2 los individuos estén dispuestos a compartir. Al entusiasmo político de los años sesenta y aún de buena parte de los setenta ha seguido un progresivo desinterés por transformar el mundo. O quizá éste haya cambiado sin tener demasiado en cuenta a aquellos que tan afanosamente trataron de transformarlo. 1. Lo social y lo privado En nuestro Marco Pedagógico abordamos el tema de la privacidad desde los conceptos de espacios y tiempos institucionales. Creemos que todas las edades tienen culturalmente indicados y reconocidos unos espacios de privacidad y otros de relación social. Por esta razón consideramos que un centro de acción educativa debe garantizar espacios y tiempos diversos partiendo del respeto hacia lo privado y el establecimiento de espacios de socialización. La necesaria separación entre la esfera pública (trabajo, ocio, escuela...) y la esfera privada (familia, vida doméstica, ...) se complica o aparece de forma más difusa al tratarse de un centro residencial. Por una parte pretendemos que sea realmente un lugar de vida (su lugar de vida) para los niños/as y jóvenes atendidos, aunque no olvidamos que es un lugar de grandes dimensiones, compartido con un buen número de iguales (24 en nuestro caso), con una presencia importante de adultos que trabajan en él (educadores, personal auxiliar y otros). La distribución de los espacios y tiempos sociales y de privacidad es una tarea nada sencilla a priori. Para respetar realmente la privacidad de los niños y niñas que atendemos es fundamental que estos espacios se sustraigan o escapen al control del agente para que cada sujeto pueda realizar sus propias opciones, que pueda elegir y por lo tanto ejercer su responsabilidad. La anulación de estos espacios diferenciados conlleva vulnerar el derecho a la privacidad e impide la construcción de la intimidad. Los espacios sociales o comunitarios, entendidos como los espacios donde se realiza transmisión, se caracterizan por la multiplicidad de ámbitos. Es en la circulación por lugares socialmente diferenciados donde el sujeto se socializa, adquiere valor social. Poder diferenciar los espacios y tiempos privados de los que no lo son nos ha de permitir poder escapar de la tentación del control institucional, poniendo nuestra atención en aquellos que se configuran como lugar de transmisión, donde realmente la labor educativa debe desarrollarse. 2. El tratamiento de la información Las primeras informaciones En lo concerniente a esta cuestión podemos decir que la información disponible y que posteriormente se maneja en los centros residenciales es de muy diversa naturaleza. Podríamos empezar interrogándonos acerca de qué sabemos de un niño o niña cuando vamos a realizar un ingreso en nuestro centro. Cuando esto ocurre, nos encontramos con que la información suele ser escasa. ¿Qué queremos decir con esto? Sencillamente que los informes que nos llegan hacen una descripción muy amplia de cómo es la familia a la que pertenece el menor y las acciones que se han realizado con ella. Desde los CRAEs se trabaja con las familias desde una vertiente asesora, orientadora, mediadora y también de control de lo pactado; por tanto con un encargo distinto del que hacen otros/as profesionales. “Nuestros objetivos y trabajo con las familias está en función de las necesidades de los niños y niñas”. Podríamos acordar que es necesario saber de esas familias y de los procesos realizados anteriormente con ellas básicamente por dos cuestiones: 3 1. No repetir elementos que hayan sido fuente de fricciones en la relación anterior con los profesionales designados referidos a : estrategias, actividades, sugerencias, tipos de entrevistas ...; por lo tanto evitar conflictos inútiles y a la vez continuar el trabajo ya iniciado o desarrollado hasta el momento. 2. Imaginar, crear, inventar nuevas estrategias de relación que colaboren en la mejora del trabajo con las familias, ya que esto repercutirá en un beneficio claro para los/as niños/as. Sería conveniente entonces, saber más acerca del menor en cuestión. Curiosamente nos encontramos con abundante información sobre cómo se comporta el niño/a desde puntos de vista que suelen ser bastante negativos. Es fácil leer a menudo las “trastadas” que hace el menor en la escuela, en el barrio y, por supuesto, en casa. Cómo se relaciona en general con los demás, siendo los adjetivos más comunes violencia, agresividad, desinterés o poca motivación, en el mejor de los casos. Se nos informa de un niño/a con muchas dificultades en la familia, en la escuela, en la calle....resumiendo, en todas partes. Al recibir esta información nos preguntamos ¿qué tipo de niño se nos va a presentar para que le cuidemos y eduquemos? En algunos casos nos atreveríamos a decir que nos asusta la idea de tener a alguien de esas características entre nosotros, ya que nos puede “distorsionar” el grupo, también (y esto lo decimos poco, pero lo pensamos frecuentemente) nos va a dar trabajo. Efectivamente “nos va a dar trabajo, mucho trabajo”, por lo que deberemos prepararnos con todas nuestras estrategias educativas, personales, relacionales e imaginativas para recibirle como se merece. Estos niños y niñas nos van a “distorsionar”, nos van a “descolocar” y van a hacer que pensemos y repensemos sobre nuestras acciones educativas, seguramente también van a conseguir que nos cuestionemos las que venimos desarrollando hasta ese momento. Pero, ¿alguien todavía piensa que trabajar con niños/as y jóvenes carece de dificultad? ¿Pensamos que es posible aplicar a nuevas situaciones las mismas soluciones de siempre? Dependiendo de la respuesta que nos demos podremos seguir avanzando adecuadamente en nuestra tarea educativa. Dicho lo anterior y retomando el hilo de esta comunicación, hemos de preguntarnos si la información que se nos administra es la que realmente necesitamos y si la forma en que ésta nos llega es la correcta. Es posible que nos contestemos que no, que falta información y que no nos gusta la forma en que se nos transmite. Si esto es así, ¿qué queremos decir cuando decimos que nos falta más información? ¿Es posible tenerla toda? y cuando la tengamos ¿qué haremos con ella? En definitiva, ¿de qué información estamos hablando? Desde nuestro punto de vista hablamos de la información necesaria. Ésta se correspondería con algo más sintético sobre la información general de la familia y ahondaría en la descripción y la valoración de un niño o niña que nos van a presentar y a quien hemos de ACOGER en el sentido más amplio y significativo de la palabra. Hemos de saber de sus gustos personales, ¿cuáles son sus aficiones, su deporte, sus estrellas favoritas: canción, fútbol, cine...? ¿Qué tipo de comida le gusta más y cual es la que no soporta?, ¿cuáles han sido sus costumbres hasta el momento? ¿Duerme con pijama o no ha visto uno en su vida? ¿Necesita de un peluche para dormir?, etc... ¿Qué tipo de habilidades sociales tiene?, ¿Cuenta chistes, canta, toca algún instrumento? ¿Qué lecturas le fascinan?. ¿Es un/a manitas en algo? 4 ¿Cuáles son sus opiniones sobre el internamiento? ¿Cómo se ha trabajado esta cuestión hasta el momento? ¿Qué le ha dicho la familia y los profesionales? ¿Cuál es la opinión del niño o niña al respecto? ¿Quiénes son sus amigos pequeños y/o adultos referentes para él/ella? ¿Cómo le ha ido en la escuela hasta el momento? En definitiva, no podemos partir de una “tabla rasa” cuando nos llega un menor a un centro. Es importante conocer de él o ella en la línea apuntada anteriormente, fundamentalmente porque de lo que se trata es de ofrecerle otro lugar, un lugar distinto del que ha tenido hasta el momento, un lugar nuevo donde desarrollar una nueva experiencia y en el que podrá ubicarse y situarse como sujeto de la educación. Para ello hay que posibilitarle ese lugar y a la vez darle los apoyos necesarios para que se sostenga como sujeto y como persona. Ése es nuestro reto y nuestro cometido permanente. Podríamos extendernos sobre esta cuestión, pero no es el momento. Sí queremos recordar que la información de la cual hablamos aquí forma parte, asimismo, de una rueda de informaciones en la que los educadores/as participamos por definición. La información que ofrecemos y no ofrecemos en nuestros informes es importante y está en función del tratamiento que cada centro determine darle. Sería conveniente revisar esta cuestión de vez en cuando en nuestros equipos de trabajo, ya que las desviaciones que se dan son variadas y no siempre redundan en beneficio de los niños y niñas atendidos/as. La información privada Muchas veces nos encontramos con que no sabemos muy bien qué hacer con algunas informaciones que nos dan los niños/as. En estos casos, consideramos que hay informaciones que deberían quedar entre el tutor/a y el menor, ya que quizás no tenga mayor relevancia. Otras veces es obvio que determinadas informaciones hemos de ponerlas en conocimiento del resto del equipo o en manos de quienes esté establecido que haya que hacerlo, a saber: familia, profesionales que siguen el caso, terapeutas etc... Lo difícil a veces es discernir cuál es la información que reviste importancia, la que es íntima o privada y la que no. Creemos que si existe un buen conocimiento del caso —menor, familia...— no será tan difícil hacer este discernimiento. También se puede contar con el asesoramiento de otros profesionales, supervisores externos y del propio equipo. Los educadores/as trabajamos continuamente con muchos datos procedentes del ámbito de lo privado, por tanto con informaciones que son realmente importantes para las personas con las que trabajamos. Según se haga el tratamiento de dicha información, podemos destruir en segundos la confianza que el menor y/o su familia haya depositado en nosotros. Éste nos parece un debate que debe estar abierto dentro del centro de una manera permanente o por lo menos hay que poder hablar del mismo en las reuniones del equipo y trabajar el tema de la información en profundidad. Otra cuestión que es importante poder debatir es sobre la existencia en educación social sobre el llamado secreto profesional. Éstas y otras cuestiones han de tener un lugar privilegiado en la elaboración del futuro código deontológico de nuestra profesión. ¿A quién damos información? A los niños/as: 5 Cuando hablamos de informar a los niños/as de los motivos del internamiento por ejemplo o les informamos sobre la situación de sus familias, la experiencia aconseja que debemos ser muy prudentes. En algunos casos la información de que disponen los niños/as es más abundante de lo que los propios profesionales creemos. Es evidente que el propio internamiento generará cambios en las diferentes situaciones de los/las menores y de sus familias. Por ello, y en esos casos, hemos de calibrar si somos nosotros, las propias familias u otros profesionales quienes deben informar al niño/a de lo que acontece, aconteció o acontecerá. No obstante queremos insistir en que en muchas ocasiones damos demasiadas explicaciones a los niños y niñas, quienes seguramente conocen mejor que nosotros mismos de qué va el asunto. Consideramos que deben ser ellos/as quienes deben elaborar las teorías sobre su internamiento, su historia familiar o personal. El desarrollo de sus teorías afecta muy directamente a su lugar en la familia, a la idea que tienen de sus padres y resto de familiares, sobre el tiempo que se quedarán en el centro, sobre su idea de futuro, etc... Es necesario colaborar para que esta elaboración se haga dando las respuestas más convenientes y evitando dar respuestas interpretativas, y en muchos casos innecesarias por ya sabidas. Nuestras respuestas dichas inadecuadamente pueden tener efectos contrarios, dañar profundamente la relación educativa. Es importante recordar que en ocasiones los niños y niñas no sienten el menor pudor en transmitir su vida privada y la de sus familias a otros/as niños/as y adultos cercanos. Estas situaciones deben abordarse convenientemente desde el centro para tratar de incorporar en estos/as menores valores relativos a la preservación de su intimidad. A otros profesionales: En este apartado queremos referirnos a aquellos profesionales que trabajan conjuntamente con nosotros pero fuera del centro. Nos referimos a maestros/as, monitores/as de comedor, monitores/as de tiempo libre, médicos... Son muchas las ocasiones en que para que se atienda correctamente a un menor, apelamos a la “buena voluntad” de los otros profesionales, y sin darnos cuenta, podemos informar sobre cuestiones que no son necesarias ni pertinentes. Podemos informar a un maestro acerca de la problemática familiar de los niños dando tal cantidad y calidad de información que en realidad no le sirva para nada. De forma muy sutil podemos estar contribuyendo a una cierta estigmatización del niño o niña de quien se trate. También podemos colaborar a que no se sitúe al menor en cuestión bajo parámetros de realidad, justificándosele de sus incapacidades y dificultades. Con ello conseguiremos, en más de una ocasión, que el menor en cuestión no consiga las metas deseadas por su propio esfuerzo. Creemos conveniente advertir sobre esta cuestión que obviamente no le beneficiaría. Por otra parte, consideramos oportuno poder facilitar la información estrictamente necesaria para que cada profesional pueda ejercer sus funciones de la mejor forma posible. 6 3. Algunas formas de trabajar la privacidad y la intimidad A partir de lo expuesto anteriormente y entendiendo la privacidad como un valor a interiorizar por los niños/as con los que trabajamos, mencionaremos algunas de las formas que utilizamos, en la actualidad, con la intención educativa de que alcancen dicha conquista. Desde la realización del trabajo sobre espacios y tiempos institucionales una de las primeras cosas a instaurar en nuestra práctica educativa fue el llamar a la puerta de los dormitorios a la espera del permiso de entrada. Algo en apariencia muy básico y sencillo pero que antes no hacíamos. Fue necesario digerir varias lecturas para que los educadores rescatásemos el espacio privado en la institución. De modo, que el acto de cerrar la puerta venía a ser una forma simbólica de marcar dicho espacio. Ahora más de un niño y niña, sobre todo adolescentes, nos montaría un escándalo por entrar en su habitación si antes no han dado el permiso. Lo anterior podría trasladarse a armarios, escritorios, mochilas, etc., en definitiva lugares donde los niños/as guardan sus pertenencias y objetos personales. Si bien, no siempre son suyos, lo que supone, por encima del respeto, la necesidad de recuperar objetos de otros compañeros. Aquí nos planteamos que el registro había de ser en presencia del propietario del armario o mochila. Esto no es que sea una práctica habitual, en todo caso lo es más de lo que los educadores y algunos niños, sobre todo, desearíamos. Otro de los recursos con los que trabajamos lo privado son los diarios personales. Como un lugar donde poder reflejar lo que uno quiera: lo íntimo, sus ideas, temores, pensamientos, vivencias, etc. A esto podríamos añadir álbumes de fotos de su familia, cajas de recuerdos por lo general de lo más variopinto pero de mucho valor para su dueño. Otra de las cosas que nos costó ¿entender?, ¿aceptar? (no sabemos bien cuál sería el mejor término para expresarlo) fue el hecho, poco corriente por otra parte, al menos en nuestra experiencia, de que un niño/a desease estar solo y tranquilo. Nos preguntábamos internamente: ¿estará enfermo?, ¿pretenderá hacer alguna trastada?, ¿estará preocupado por algo, su familia,...? y tendíamos a animarlo, a tocarle la frente, a despistarlo, ¿de qué? De algo tan sano como el tomarse un respiro de los 23 o 24 compañeros restantes, de los 3, 4 o 5 educadores que trabajaban en ese momento. Lo pactado, al respecto, es que los niños le dicen al educador que estarán en su habitación, ya sea solos o en compañía de otro compañero, para jugar, estudiar, etc. De alguna manera se trata de poder compatibilizar el hecho de vivir en un lugar normativizado, pautado, pactado, donde quizás los mensajes son similares a los de una familia pero que por el número de sus miembros se ven aligerados del corsé de las normas. Nos planteamos si el fomentar la lectura antes de dormirse, no sólo es para aliviar la entrada al sueño, especialmente en aquellos niños que tienen verdadera dificultad para ello; si no como una forma de favorecer el que un niño aprenda a estar solo disfrutando de alguna manera de una actividad donde participan él y su libro. Sería como inducir a lo privado, a lo íntimo a partir de lo que un libro puede sugerir a cada persona. A diferencia de cómo se trabaja la coeducación en otros lugares frecuentados por los niños/as como centros de tiempo libre, esplais, etc., donde ambos sexos comparten habitación, servicios; en la residencia se diferencian habitaciones y lavabos de niños y de niñas, donde el acceso queda claro en qué condiciones se permite o no la entrada (si es momento de duchas, o de vestirse o desvestirse, si hay presencia de adultos, si hay permiso de los ocupantes para entrar, entre otras). 7 De todo esto se deduce que los niños/as han de circular por la residencia atendiendo a unas normas en relación al respeto hacia uno mismo y hacia los demás. En estas cuestiones también hemos ido modificando ciertas pautas, conforme hemos ido escuchando a profesionales colaboradores externos como psicoanalistas y realizando diferentes lecturas. De este modo, los educadores hemos ido con la pancarta del respeto, tal como se ha ido refiriendo, además de practicar el teatro del escándalo, la preocupación, lo raro según el caso, ante exhibicionismo ya de cuerpos o de ciertas conductas, marcando el límite con niños y niñas que apenas lo conocían, con el objetivo que pudieran ir adquiriendo el valor del pudor, del decoro, a pesar de ciertos ideales de liberalidad o naturistas que en lo personal pudiésemos ejercer o tener. Para los chicos es un lugar de vida pero para los educadores es un lugar de trabajo donde el encargo tiene una intención educativa clara, y como seguramente ya sabemos gran parte de ésta pasa por prohibir unas conductas para favorecer otras aceptadas en lo social amplio (como dice la canción de Serrat “Esos locos bajitos”: Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca.). Otro de los temas que se abordan, insistiendo o partiendo de lo privado y lo íntimo, es el de la sexualidad. Éste se da a diferentes niveles: desde chistes tirando a verde a las aventuras de los niños más mayores que resultan de lo más interesante para los pequeños. Hay diversos aspectos a destacar y distinguir, por ejemplo la diferencia en cómo se profundiza en este tema en función de si son niños o niñas, ya que pensamos que con éstas se trabaja mucho más. Otra de las cosas que hemos ido aprendiendo es que según a qué edades no se dan masajes para relajarse y dormirse, así como que los educadores no duchan a los niños a no ser que se dé el caso de estar imposibilitado (brazo, pierna escayolado, etc), esto se hace desde las indicaciones que se dan desde detrás de la cortina o mampara y desde los resultados, por ejemplo cuando cortamos las uñas, peinamos y miramos detrás de las orejas. En el caso de las adolescentes incluso hemos creído conveniente, en alguna ocasión, asesorarnos o llevarlas a centros de planificación que trabajan con dicha franja de edad, para que según qué cosas se las expliquen desde otro lugar. De todos modos se trata de abordar este tema desde lo preceptivo, desde lo aceptado en lo social para cada edad, desde la advertencia de las consecuencias, desde el deseo y no por obligación, y no con falsa moralina ni con consecuencias inverosímiles. Tampoco poniéndonos los educadores como modelo de .... ya que “eso” cae de lo privado que es nuestra propia vida. Para acabar o aclarar Hemos intentado con esta comunicación expresar algunas consideraciones, dudas, preguntas y aportaciones referidas al tema de la privacidad, desde un contexto determinado: un centro residencial de acción educativa. Para ello nos ha ayudado delimitar tres ámbitos muy concretos. En cada uno de ellos nos hemos cuestionado algunas formas de trabajo, algunos conceptos y la plasmación de éstos en el trabajo educativo. También hemos intentado dar algunas pistas y orientaciones fundamentadas en nuestra experiencia y el interés por mejorarla. Sin duda nos dejamos infinitos matices, interrogantes abiertos y temas por desarrollar. El objetivo de esta comunicación no ha sido abarcarlos todos, pretende ser un posible punto de partida para algunos de nosotros. Lo que sí hemos podido constatar es la dificultad para hacer una aproximación al tratamiento de la privacidad e intimidad en los centros residenciales. A pesar de esta dificultad creemos necesario afrontarla, sin evitar el debate, tratando de llegar a acuerdos a nivel de 8 equipo que recojan los derechos fundamentales de los menores a ser atendidos y a vivir en un lugar en el que velamos por su cumplimiento. Dolores Viqué Emilio Mercader Vicenta Quiñonero 9

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