LA EVOLUCION SEGÚN LA TEORIA DE MARGARET MAHLER by rmf16317

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      LA EVOLUCION SEGÚN LA TEORIA DE MARGARET MAHLER

      El nacimiento psicológica del infante humano no coincide con el
nacimiento biológico, ya que este es un hecho espectacular perfectamente
observable, mientras que el primero es un proceso intrapsíquico de lento
desarrollo.

      Denominamos el nacimiento psicológico del individuo al proceso de
separación-individuación, que será observable entre el cuarto mes y los 36
meses de edad. Este proceso va a estar precedido por un período normal de
autismo y simbiosis.


                   FASE AUTISTICA NORMAL

       “En las semanas que preceden a la evolución hacia la simbiosis, los
estados somniformes del neonato y del infante muy pequeño, superan de lejos a
los períodos de vigilia, y recuerdan ese estado primigenio de distribución de la
libido que prevalecía en la vida intrauterina y que se parece al modelo gonádico
cerrado, autosuficiente en su realización alucinatoria de deseos”. (txt M.
Mahler). Se entenderá que la realización alucinatoria de deseos implica la
existencia de un deseo, cosa improbable en el infante pequeño, pero puede
entenderse como la capacidad de poder satisfacer las diferentes pulsiones
existentes en forma totalmente atomizada, esto es que cada función intentará
lograr su satisfacción particular, como por ejemplo, el hambre, la sed, el dolor
de un pie, etc. Freud, en 1911, describe al huevo de ave como modelo de un
sistema psicológico cerrado a los estímulos del mundo externo, y capaz de
satisfacer incluso sus requerimientos nutricionales en forma autística. En este
período al infante lo despiertan las tensiones y se duerme cuando las calma.

       Es la maternación lo que saca gradualmente al infante de su tendencia
innata a la regresión vegetativa, y promueve la conciencia sensorial del
ambiente y del contacto con él. Durante las primeras semanas de vida
extrauterinas, prevalece un estadlo de narcisismo primario absoluto, marcado
por la falta de conciencia del infante respecto de la existencia de un agente
maternante. Este es el estadio denominado “autismo normal”. Va seguido por
un estadio de oscura conciencia de que uno mismo no puede proveer la
satisfacción necesaria, sino que ésta proviene de algun lugar de fuera de sí
mismo. (narcisismo primario en la fase simbiótica incipiente)
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      La tarea de la fase autista es el logro del equilibrio homeostático del
organismo dentro del nuevo ambiente extrauterino, por mecanismos
predominantemente somatopsíquicos.



                   COMIENZO DE LA FASE SIMBIÓTICA

      A partir del segundo mes, una oscura conciencia del objeto que satisface
las necesidades, marca el comienzo de la fase de simbiosis normal, en que el
infante se comporta y funciona como si él y su madre constituyeran un sistema
omnipotente, una unidad dual. A raíz del giro catéxico hacia la periferia
sensorio-perceptiva, comienza ahora a formarse y a envolver la órbita
simbiótica de la unidad dual madre-hijo un escudo contra estímulos que es
protector, pero también es receptivo y selectivo y está positivamente
catequizado.

      Se ha observado que alrededor de las 3 o 4 semanas, ocurre una crisis
maduracional.    Esta     observación     está    apoyada     por    estudios
electroencefalográficos y porque se ve un acentuado aumento de sensibilidad
general a la estimulación externa. Sin la intervención de una figura materna
que le ayude a reducir la tensión, el infante tiende en ese período a quedar
abrumado por los estímulos, con aumento del llanto y de otras manifestaciones
motrices de afecto negativo indiferenciado.

       El rasgo esencial de la simbiosis es la fusión somatopsíquica omnipotente,
alucinatoria, con la representación de la madre y en particular, la delusión de
que existe un límite común entre dos individuos físicamente separados. <Este
es el mecanismo al que regreso el yo en casos de perturbación muy grave de la
individuación y de desorganización psicótica, que Mahler ha descripto como
“Psicosis simbiótica infantil”.

      El infante comienza oscuramente a percibir la satisfacción de sus
necesidades como algo que viene de algún objeto-parte que satisface esas
necesidades – aunque todavía desde dentro de la órbita de la unidad dual
omnipotente simbiótica - , y se vuelve libidinalmente hacia esa fuente o agente
de maternación. La necesidad se transforma gradualmente en un deseo y más
tarde en el afecto específico de anhelo “ligado a un objeto”.
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                LA FASE SIMBIÓTICA NORMAL

       La fase simbiótica normal está señalada por un aumento del
investimiento perceptual y afectivo por parte del infante, de estímulos que
nosotros (los observadores adultos) reconocemos como provenientes del mundo
externo, pero que, aparentemente, el infante no reconoce como de origen
claramente externo. Sabemos que el infante ya puede responder
diferenciadamente a estímulos de dentro y de fuera.


  LA PRIMERA SUBFASE: LA DIFERENCIACIÓN Y EL
       DESARROLLO DE LA IMAGEN CORPORAL

       Alrededor de 4 a 5 meses de edad, en el apogeo de la simbiosis,
comienza la primera subfase de separación-individuación, a saber, la
DIFERENCIACIÓN. La sonrisa social no específica, se transforma
gradualmente en una respuesta específica de sonrisa a la madre, que es el signo
crucial de que se ha establecido un vínculo específico entre el infante y su
madre. En esta época, la capacidad de distinguir objetos se desarrolla más
rápidamente que la de distinguir al “sí mismo” de los objetos.

                        LA RUPTURA DEL CASCARÓN

      Alrededor de los primeros 6 meses comienzan los intentos de
experimentar con la separación-individuación. Esto puede observarse en
conductas del infante, tales como: tirar del cabello, las orejas o la naríz de la
madre, poner comida en la boca de la madre, poner el cuerpo tenso para
apartarse de la madre y poder contemplarla mejor, para escudriñarla a ella y al
ambiente.

Objetos transicionales y situaciones transicionales.

      El OT es un monumento a la necesidad de este contacto con el cuerpo de
la madre. Se trata de un objeto blando, flexible, cálido al tacto, pero
especialmente por la exigencia de que esté saturado por olores corporales. El
hecho de que él oprima por lo común el objeto contra su rostro cerca de la
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nariz, probablemente indique en que medida ese objeto sustituye el pecho o el
cuello blando de la madre.

La pauta de verificación.

       Desde los 7 u 8 meses, la pauta visual de “verificación de la madre”,
parece un signo importante para el desarrollo cognitivo y emocional. Se
interesa ahora en la madre y parece compararla con “otro”, compara lo familiar
con lo no familiar, rasgo por rasgo.

Reacciones y ansiedad ante extraños.

       Esta conducta que se registra alrededor de los 8 meses, conocida como
“ansiedad de los 8 meses”, o ansiedad ante extrañoos”, Mahler sostiene lo
contrario, en el sentido que uno de los rasgos más notables que pudo observar,
era la curiosidad de los infantes; su afán de averiguar acerca “del extraño” tan
pronto como éste desviaba su mirada.

“Ruptura del cascarón” demora y prematura.

      Mahler ha establecido que los infantes cuyas madres disfrutaron de la
fase simbiótica sin demasiados conflictos, parecían comenzar en el lapso
promedio a mostrar signos de diferenciación activa, distanciándose levemente
del cuerpo de su madre. En cambio, en los casos en que había ambivalencia o
parasitismo, intrusividad, “sofocamiento”, por parte de la madre, la
diferenciación mostraba perturbaciones de diversa intensidad y forma.

Los dos carriles evolutivos de la separación y la individuación.

       Al finalizar el primer año y en los primeros meses del segundo podemos
ver que el proceso intrapsíquico de separación-individuación sigue dos carriles
evolutivos intervinculados, que no necesariamente responden a un avance
simétrico. Uno es el carril de la INDIVIDUACIÓN, que responde a la evolución
de la autonomía intrapsíquica, la percepción, la memoria, la cognición, la prueba
de realidad; el otro carril evolutivo de la SEPARACIÓN, que sigue la
trayectoria de la diferenciación, el distanciamiento, la formación de límites y la
desvinculación de la madre.
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          LA SEGUNDA SUBFASE: EJERCITACIÓN
                    LOCOMOTRÍZ

El primer proceso de ejercitación

       Podría dividirse a esta subfase en dos partes:
1-la primera fase de ejercitación, anunciada por la mas temprana capacidad del
infante de alejarse físicamente de su madre, gateando, trepando y poniéndose
de pie, pero aún agarrado.
2-el    período     de    ejercitación   propiamente    dicho,   caracterizado
fenomenológicamente por la locomoción libre.

      Durante la primera fase de ejercitación, los niños suelen pasar por un
breve período de aumento de la ansiedad de separación. El hecho de que fueran
capaces de alejarse e independizarse de la madre, y de seguir sin embargo
conectados con ella- no físicamente, sino desde las modalidades de distancia
consistentes en ver y oír-.

La subfase de ejrcitación propiamente dicha.

      Desde los 10 hasta los 18 meses, aproximadamente, la catexia libidinal se
desplaza sustancialmente y pasa al servicio del yo autónomo en rápido
desarrollo y de sus funciones. El niño se concentra en la ejercitación y dominio
de sus propias habilidades y capacidades autónomas.

       La madre actúa como “base de operaciones” a la que el niño vuelve a
menudo cuando siente la necesidad de reabastecerse cuando quiere alimento,
se siente cansado y aburrido, o cuando busca consuelo.

KIERKEGAARD (1846), decía:
       “la madre amante enseña a su hijo a caminar sólo. Está bastante lejos de
él, de modo que en realidad no puede servirle de sostén, pero le tiende los
brazos. Ella imita los movimientos del niño, y si este tambaléa, se inclina
rápidamente como para agarrarlo, de modo que el niño puede creer que no está
caminando sólo…y sin embargo, la madre hace más aún. Su rostro anuncia una
especie de recompensa, de aliento. Así, el niño camina sólo con sus ojos fijos en
el rostro de su madre, no en las dificultades de su camino. Lo apoyan brazos
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que no lo agarran, y se esfuerza constantemente por alcanzar el refugio del
brazo de su madre, casi sin sospechar que en el momento mismo en que insiste
en que la necesita, está demostrando que puede valerse sin ella, porque está
caminando sólo.”


          LA TERCERA SUBFASE: ACERCAMIENTO

      En la mitad del segundo año de vida, el infante se ha transformado en un
deambulador. En ese período se vuelve cada vez mas consciente y hace un uso
cada vez mayor de la separación física. Puede observarse un aumento de la
ansiedad de separación; al comienzo, ésta consiste en el temor a la pérdida del
objeto. Es el amor de la madre por el deambulador y su aceptación de la
ambivalencia de éste, lo que permite al niño catexiar su autorrepresentación
con energía neutralizada. Es obvia la importancia del padre en esta etapa.

Las pautas de seguimiento y huída.

      Dos pautas características de la conducta del deambulador -el
seguimiento de la madre y la huída de ella, con la expectativa de ser perseguido
y arrebatado por los brazos de la madre-, indican tanto el deseo de
reencuentro con el objeto de amor como el temor del niño de que ese objeto lo
reengolfe o reabsorba.

El comienzo del acercamiento.

         Hacia los 15 meses, la madre pasa de ser aquella “base de
operaciones”, para transformarse en una persona con la cual el deambulador
desea compartir sus descubrimientos. El signo mas importante de esta etapa,
es traer continuamente cosas a la madre.

La crisis de acercamiento: 18-20 a 24 meses y con posterioridad.

      Este período se caracteriza por el deseo alternante de alejarse de la
madre, por un lado, y aferrarse a ella por el otro. Existe el deseo simultáneo de
ambas tensiones, por lo que lo denominamos “ambivalente”, y se caracteriza por
el predominio de la insatisfacción general, la irritabilidad, tendencia a rápidos
cambios de humor, y fuertes berrinches.
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     LA CUARTA SUBFASE: LA CONSOLIDACIÓN DE
   LA INDIVIDUALIDAD Y LOS COMIENZOS DE LA
        CONSTANCIA OBJETAL EMOCIONAL

       En esta etapa, el niño trabajará en el logro de una individuación definida
y el logro de un cierto grado de constancia objetal. Durante el tercer año de
vida (a partir de los 24 meses), el niño se va volviendo en general, cada vez mas
capaz de aceptar de nuevo la separación de la madre (como ocurría en el
período de ejercitación). Se trata de un logro incipiente de la constancia
objetal emocional, apuntando a la posibilidad de poder evocar a la madre en
ausencia de ésta. Cuanto menos predecible y confiable o cuanto mas intrusita
haya sido la actitud emocional del objeto de amor en el mundo externo, tanto
mayor se verá alterado este proceso de internalización del objeto.

      Ya está preparado para ingresar a la salita de tres, sin pañales, y
disfrutando de la presencia de los otros niños, evocando a mamá cuando lo
considere necesario.

								
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