DIRECTORIO PARA EL DIACONADO PERMANENTE EN BOLIVIA by lkt12980

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									           Conferencia Episcopal Boliviana




   DIRECTORIO
PARA EL DIACONADO
   PERMANENTE
    EN BOLIVIA




Aprobado por la asamblea de los obispos, 18 de noviembre 2002
                                          Índice General
     DIRECTORIO                                                                              1
     PARA EL DIACONADO PERMANENTE                                                            1
     EN BOLIVIA                                                                              1
  Índice General                                                                             2
  Introducción                                                                               3
  Capítulo I Realidad de la Iglesia Boliviana: La necesidad del Diaconado Permanente         3
     1.- La realidad cultural.-                                                              3
     2.- La realidad social.-                                                                4
     3.- La nueva evangelización: despertar del compromiso cristiano de muchas personas.-    4
     4.- La carencia de ministros propios de la Iglesia boliviana.-                          5
  Capítulo II Iluminación desde la Biblia, la historia de la Iglesia y el magisterio         5
     1.- Jesús, servidor de Dios y de la humanidad.-                                         5
     2.- El diácono en el Nuevo Testamento.-                                                 6
     3.- Los diáconos en la enseñanza de los Padres.-                                        6
     4.- Los diáconos y la participación de la comunidad.-                                   6
     5.- La restauración del diaconado por el Concilio Vaticano II.-                         7
     6.- Doctrina reciente del Magisterio Universal y Latinoamericano.-                      7
  Capítulo III Identidad del Diácono Permanente en la Iglesia de Bolivia                     8
     1.- Servidor de la santificación del orden temporal.-                                   8
     2.- Servidor de los pobres.-                                                            9
     3.- Servidor de la inculturación del evangelio.-                                       10
     4.- Diáconos rurales y urbanos.-                                                       10
     5.- La doble sacramentalidad del diácono permanente.-                                  11
     6.- Ministro de una Iglesia servidora.-                                                12
  Capítulo IV Criterios para la elección de candidatos al diaconado permanente              14
     1.- Vocación.-                                                                         14
     2.- Elección eclesial.-                                                                15
     3.- Candidatos de los institutos de la vida consagrada                                 15
     4.- Perfil del candidato.-                                                             15
  Capítulo V Formación y Seguimiento                                                        16
     1.- Formación humana.-                                                                 17
     2.- Formación espiritual.-                                                             17
     3.- Formación teológica y doctrinal.-                                                  17
     4.- Formación pastoral.-                                                               18
     5.- Formación permanente y seguimiento.-                                               18
     6.- Formación y acompañamiento de las esposas y familias.-                             19
     7.- Formación y concientización de todo el Pueblo de Dios.-                            19
  Capítulo VI Proceso para acceder al diaconado                                             20
     1.- La comisión diocesana para el diaconado permanente.-                               20
     2.- Presentación y candidatura.-                                                       20
     3.- Lectorado y acolitado.-                                                            21
     4.- Admisión al orden del diaconado.-                                                  21
     5.- Ordenación, entrega de la misión del diácono e incardinación.-                     21
  Capítulo VII Retribución y Administración de los bienes                                   22



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                                                      Introducción

Este directorio para el diaconado permanente en Bolivia es un apoyo que la Conferencia Episcopal Bo-
liviana brinda a las Iglesias Locales de Bolivia. En conformidad con los Motu Proprio del Papa Pablo
VI, “Sacrum Diaconatus Ordinem” de 1967 y “Ad Pascendum” de 1972, el Derecho Canónico (CIC)
de 1983, las "Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes” y el “Directorio para el
ministerio y la vida de los diáconos permanentes” de las congregaciones pontificias para la educación
católica y para el clero de 1998, queremos aplicar estas normas y directrices a la realidad boliviana. El
directorio no repite necesariamente todo lo definido en estos documentos. Además, no pretende regla-
mentar cada detalle en todas las jurisdicciones, ya que reconocemos la legítima autonomía de cada
obispo diocesano. Sin embargo, queremos apoyar el proceso de conformación y el desarrollo del minis-
terio del diaconado permanente y su contextualización en las diversas realidades de Bolivia. Cada ju-
risdicción en Bolivia deberá elaborar sus propios reglamentos para el diaconado permanente.




                                       Capítulo I
                             Realidad de la Iglesia Boliviana:
                         La necesidad del Diaconado Permanente

1.- La realidad cultural.-
    1. Bolivia se reconoce a sí misma como un país “multiétnico y pluricultural”1. Son muy marcadas
       las diferencias étnicas y culturales en las diferentes regiones del país, y – a causa de la migra-
       ción creciente – entre los mismos vecinos de un solo lugar. Existen – además de las justas dife-
       rencias – prejuicios, rechazos y discriminaciones entre Bolivianos que pertenecen a culturas di-
       ferentes. Las culturas ancestrales y originarias son, en la actualidad, cada vez más marginadas y
       despreciadas. Sin embargo, podemos constatar también un creciente movimiento de valoración
       de la propia cultura en vastos ámbitos de la población boliviana, que va más allá de la mera fol-
       clorización2. El proceso de la globalización propicia el nacimiento y el desarrollo de nuevas cul-
       turas, ante todo en las zonas marginales de las grandes urbes. De esta manera, no solamente se
       agudizan las diferencias culturales entre los Bolivianos, sino además se pone de manifiesto la
       creatividad cultural del pueblo.
    2. Reconocemos la profunda religiosidad de nuestros pueblos. Desde los tiempos ancestrales, fue-
       ron “descubriendo las huellas del Dios Creador en todas sus criaturas: el Sol, la Luna, la Madre
       Tierra, los volcanes y las selvas, las lagunas y los ríos”3. Ellos aceptaron e incorporaron el men-
       saje del evangelio cuando les fue anunciado. La religiosidad popular todavía es un signo fuerte
       y visible de la espiritualidad de los pueblos bolivianos. Asimismo, constatamos un auge de las
       expresiones del compromiso cristiano a partir de la nueva evangelización.

1
  Constitución Política del Estado, Art. 1
2
  cf. La Iglesia de Bolivia ante los 500 años: En esperanza y compromiso. Mensaje de la Conferencia Episcopal de Bolivia al Pueblo de
Dios 1992, III, 2; Aporte de la Conferencia Episcopal de Bolivia a la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano S. Domingo 1992,
84-89; 134-190
3
  Juan Pablo II: Mensaje a los Indígenas (13 de octubre de 1992) 2; cf.: Aporte de la Conferencia Episcopal de Bolivia a la IV Conferen-
cia del Episcopado Latinoamericano S. Domingo 1992, 3-24
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    3. Esta realidad cultural y religiosa exige esfuerzos mayores para implementar en nuestra Iglesia
       ministros y agentes de pastoral que estén insertos profundamente en su propia cultura y sepan
       llevar a cabo un diálogo intercultural. Necesitamos ministros que vivan de la raíz profunda de
       su cultura religiosa y que sepan evangelizar el puebla de manera inculturada. Es preciso que es-
       tos agentes de pastoral no solamente pretendan conservar lo tradicional sino que busquen el de-
       sarrollo de sus culturas y el diálogo con la modernidad.
2.- La realidad social.-
    4. La pobreza es una realidad en grandes sectores de nuestros pueblos, pobreza material que afecta
       a las clases más marginadas tanto del campo, como de los barrios periféricos de nuestras ciuda-
       des. Es ahí justamente donde surgen los fenómenos del abandono religioso y espiritual y de la
       división social, que conllevan el riesgo de ser avasallados por las sectas religiosas, los partidos
       políticos y otros grupos que dividen a los pobres. El fenómeno de la migración es otro desafío
       que tiene gran repercusión en un mundo globalizado. Son numerosas las familias abandonadas y
       divididas a causa de la migración. Finalmente, no podemos ignorar que esta pobreza es conse-
       cuencia no solamente de estructuras injustas y de una dependencia internacional de la economía
       boliviana, sino también producto de la injusticia que ejercen no pocos ciudadanos bolivianos y
       de la corrupción generalizada.
    5. A esta situación de pobreza e injusticia se suma la experiencia dolorosa de las divisiones entre
       bolivianos, de manera que no nos sentimos como una sola nación, sino que se hacen diferencias
       a causa del color de la piel, del apellido, del idioma materno y del lugar de nacimiento. A estas
       expresiones de racismo se aumentan todavía el rechazo a los discapacitados, la marginación de
       las mujeres y la explotación de los pobres. Frente a estas situaciones de pobreza, de injusticia y
       de discriminación, no deja de comprometernos la confianza que expresa el pueblo boliviana ca-
       da vez hacia la Iglesia Católica.
    6. De estas realidades y de su fidelidad a la evangelización integral se desprende la importancia
       del trabajo social de la Iglesia en Bolivia. En un mundo de sufrimiento, de injusticia y de mar-
       ginación, no se puede pronunciar la palabra de Dios que es Buena Noticia, si no va expresada a
       través de buenas noticias concretas en las áreas de los derechos humanos, la justicia, la econom-
       ía, la educación, la salud y otras4. La preocupación social de la Iglesia y la promoción humana
       ejercida por ella son, por lo tanto, signos visibles de la nueva evangelización5.
3.- La nueva evangelización: despertar del compromiso cristiano de muchas personas.-
    7. “La presencia y el crecimiento de las Comunidades Eclesiales de Base y de varios movimientos
       de evangelización constituyen las respuestas adecuadas a los desafíos de la nueva evangeliza-
       ción.”6 Mientras el viejo paradigma de la cristiandad se está desvaneciendo en muchos ámbitos
       de nuestro país, notamos que el compromiso cristiano de un número creciente de personas se
       está despertando. Nos alegra el creciente compromiso de nuestras hermanas y hermanos laicos,
       no solamente dentro de sus parroquias y movimientos, sino también en el mundo llamado se-
       glar. Vemos con mucho contento el trabajo desinteresado de miles de catequistas rurales y ur-
       banos y de otros laicos que dedican tiempo y esfuerzos a la construcción del Reino de Dios sin
       esperar otra recompensa que la prometida por el Señor7.
    8. Queremos destacar la existencia, dentro de este movimiento de la nueva evangelización, de di-
       versas vocaciones cristianas que se están presentando en la actualidad. Muchos laicos, mujeres

4
  cf. Pablo VI: Evangelii Nuntiandi 31
5
  cf. Santo Domingo 157
6
  La Iglesia de Bolivia ante los 500 años: En esperanza y compromiso. Mensaje de la Conferencia Episcopal de Bolivia al Pueblo de Dios
1992, III, 5
7
  cf. Mt 6,19-20
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            y varones, sienten el llamado de Dios a comprometerse cada vez más profundamente en el ser-
            vicio de sus hermanas y hermanos. Según el carisma de cada uno, estas vocaciones son muy di-
            ferentes. Mientras unos se sienten llamados a trabajar como catequista, lector o ministro de la
            comunión, otros realizan este llamado de Dios dentro de su ámbito social, político o profesio-
            nal. Es en este contexto que los pastores de la Iglesia en Bolivia nos percatamos de la necesidad
            de restaurar el ministerio del diaconado permanente para nuestras Iglesias Locales. El deseo de
            contar con diáconos permanentes no nace tanto de las carencias e insuficiencias que sentimos,
            sino de la abundancia de vocaciones y del ansia de compromiso que sienten muchos laicos. Si
            Dios llama, es preciso responder. Si existe esta variedad de vocaciones diferentes, tenemos que
            darles su lugar.
4.- La carencia de ministros propios de la Iglesia boliviana.-
    9. Nuestra Iglesia en Bolivia se caracteriza por la carencia de ministros propios, de agentes de pas-
        toral suficientemente formados, de pastores con rostro propio. Es muy probable, que en un futu-
        ro no muy lejano ya no podremos contar con un número tan elevado de sacerdotes, religiosos y
        laicos que – no pocas veces con mucho sacrificio – vienen a estas tierras para anunciar el men-
        saje del evangelio. Existen muchos lugares, ante todo en el área rural y en las zonas emergentes
        de nuestras ciudades, que no cuentan con un agente de pastoral que se responsabilice por la pre-
        dicación y realización de la palabra de Dios. En la Iglesia en Bolivia hace falta, además, un cle-
        ro indígena y autóctono para asumir con seriedad los retos de la inculturación del evangelio en
        las diferentes culturas de nuestro país8.
    10. El diaconado permanente no será, por cierto, la solución de todos los problemas de nuestro país
        y de nuestra Iglesia ni tampoco la única respuesta que vamos a dar frente al surgimiento de mu-
        chas vocaciones en la nueva evangelización. Creemos, sin embargo, que la plena restauración
        del diaconado permanente en todas las jurisdicciones del país es una necesidad frente a la reali-
        dad social, cultural y eclesial que acabamos de esbozar. Es necesaria, sin embargo, una profun-
        da iluminación de la identidad del diácono permanente, para no entrar en confusiones y malen-
        tendidos, ya que muchas veces, por la novedad de este ministerio, no se entiende a cabalidad
        sus características.




                              Capítulo II
    Iluminación desde la Biblia, la historia de la Iglesia y el magiste-
                                    rio

1.- Jesús, servidor de Dios y de la humanidad.-
    11. El modelo del diácono permanente es el mismo Jesucristo, como afirman los obispos latinoame-
        ricanos en Puebla, cuando llaman al diácono “signo sacramental del «Cristo Siervo»”9. Es este
        mismo Jesucristo quien dijo: “Cualquiera que quiera ser grande entre ustedes será el servidor de
        ustedes.” (Mt 20,26) y también: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir
        y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mc 10,45) Jesús nos dio un ejemplo maravilloso de
        esta misión de servicio, cuando el día antes de su pasión, invirtiendo el orden social establecido,

8
    Aporte de la Conferencia Episcopal de Bolivia a la IV Conferencia del Episcopado Latinoamericano S. Domingo 1992, 364-366
9
    Puebla 697
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         “se levantó mientras cenaba; se quitó el manto, y tomando una toalla, se ciñó con ella. Luego
         echó agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla
         con que estaba ceñido.” (Jn 13,4-5) Siguiendo este modelo, el diácono no pretenderá alcanzar
         prestigio ni poder, sino se convertirá en el servidor de la humanidad, ante todo de los pobres, en
         los que reconoce el rostro de Dios al que quiere servir.10
2.- El diácono en el Nuevo Testamento.-
    12. Ya desde los orígenes, los apóstoles tuvieron diversos colaboradores en el ministerio y estable-
        cieron sucesores suyos. Los ministros que desde los primeros tiempos existen y actúan en la
        Iglesia son los obispos, los presbíteros y los diáconos11. Estos últimos, en el tiempo del Nuevo
        Testamento, son, como indica su nombre, servidores de la Palabra de Dios y de los pobres. Su
        ministerio en la comunidad cristiana es importante e imprescindible. De los colaboradores de
        San Pablo, varios son llamados “diáconos”12, y según el testimonio del propio Apóstol, este mi-
        nisterio fue ejercido también por mujeres.13 La primera carta a Timoteo recomienda que las per-
        sonas que ejercen el ministerio del diaconado sean personas probadas y de buen testimonio.14
        Aunque son pocas las referencias explícitas al ministerio diaconal que se encuentran en los li-
        bros neotestamentarios, es obvio que el diaconado como ministerio eclesial permanente goza no
        solamente del testimonio más fidedigno y auténtico sino además de la valoración y el aprecio de
        los autores del Nuevo Testamento.
3.- Los diáconos en la enseñanza de los Padres.-
    13. Los diáconos gozan asimismo del respeto y de la estima de parte de los Padres de la Iglesia. Al
       diácono lo llaman “el amigo de los huérfanos, de las personas piadosas, de las viudas, fervoroso
       de espíritu”15. Reconocen en el diácono en primer lugar su capacidad de atención a los pobres
       dentro y fuera de la comunidad cristiana y la consideran como cumplimiento de su misión: “La
       función de los diáconos es el ministerio de Jesucristo”16. “Es necesario que los diáconos, que
       son diáconos de los misterios de Cristo Jesús, agraden a todos. No son, en efecto, servidores de
       comida y bebida sino diáconos de la Iglesia de Dios.”17 Sin embargo, también tienen tareas
       litúrgicas y sacramentales: “Al diácono se le ha encomendado la misión de llevar la Sagrada
       Comunión a los enfermos que no pueden salir de casa”,18 ”administrar el Bautismo”19 “y predi-
       car la palabra de Dios según las indicaciones del obispo”. De este modo el diaconado floreció
       en la Iglesia testimoniando el amor a Cristo y a los hermanos, en el cumplimiento de las obras
       de caridad20, en la celebración de los ritos sagrados21 y en la práctica de las funciones pastora-
       les22.
4.- Los diáconos y la participación de la comunidad.-
    14. En el NT hay muchos ministerios que poco a poco, sobre todo en el Occidente se van concreti-
        zando en: el episcopado (monárquico), el presbiterado y el diaconado, es así que en cada Iglesia

10
   cf. Mt 25,40
11
   cf. para los diáconos: Fil 1,1; 1 Tim 3,8-13
12
   A saber, Timoteo (1 Tes 3,2), Epafra (Col 1,7), Tíquico (Col 4,7; Ef 6,21) y Febe (Rom 16,1).
13
   Rom 16,1
14
   1 Tim 3,8-13
15
   Testamentum D. N. Iesu Christi 1, 38
16
   San Ignacio de Antioquia: Epist. ad. Magnesios 6,1
17
   San Ignacio de Antioquia: Epist. ad Trallianos 2, 3
18
   San Justino, Apología: 1, 65, 5, y 57
19
   Tertuliano: de Baptismo XVII, 1
20
   Didascalia Apostolorum II, 31,2
21
   Didascalia Apostolorum II, 57,6
22
   San Cipriano: Epístolas XV y XVI
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         local se establecerá un Obispo, con un consejo de presbíteros y algunos diáconos. Profundizan-
         do en esta realidad nos daremos cuenta que el Diaconado permanente no es un ministerio re-
         ciente en la Iglesia y los siguientes textos23 nos permitirán contemplar dos cosas importantes:
        Que hubo una evolución de los ministerios que resaltó siempre la participación de la comunidad
         en la organización y en la elección de los ministros y, por supuesto de los diáconos permanen-
         tes.
        Que el origen del diaconado se la encuentra en la elección de los Siete hombres de “buena repu-
         tación, llenos del espíritu de sabiduría”
5.- La restauración del diaconado por el Concilio Vaticano II.-
    15. Después de un largo tiempo en el que el diaconado pasó a ser tan solo un paso hacia el sacer-
        docio, el Concilio Vaticano II decidió “restablecer [...] el diaconado como grado propio y per-
        manente en la jerarquía”24 y estableció además que “este diaconado se podrá conferir a hombres
        de edad madura, aunque estén casados”25. Entre los motivos de esta decisión es preciso destacar
        “la intención de reforzar con la gracia de la ordenación diaconal a aquellos que ya ejercían de
        hecho funciones diaconales”26. Además, se reconoció que una Iglesia que vive sin el ministerio
        de los diáconos, es incompleta, ya que las funciones del diácono son “necesarias para la vida de
        la Iglesia”27. De este momento en adelante, numerosas conferencias episcopales en todo el orbe
        católico han restaurado el diaconado como ministerio permanente en la Iglesia, y este servicio
        se ha extendido dando muchos frutos evangélicos, como dice el Papa Juan Pablo II al respecto:
        “Algunas diócesis han formado y ordenado no pocos diáconos, y están plenamente contentas de
        su incorporación y ministerio”28.
    16. El mismo concilio, en el Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, da otro motivo para
        la restauración del diaconado permanente diciendo: “Pues parece bien que aquellos hombres
        que desempeñan un ministerio verdaderamente diaconal, o que predican la palabra divina como
        catequistas, o que dirigen en nombre del párroco o del Obispo comunidades cristianas distantes,
        o que practican la caridad en obras sociales y caritativas sean fortalecidos y unidos más estre-
        chamente al servicio del altar por la imposición de las manos, transmitida ya desde los Apósto-
        les, para que cumplan más eficazmente su ministerio por la gracia sacramental del diacona-
        do.”29 Como este ministerio “es conveniente y útil [...] sobre todo en los territorios de misio-
        nes”30, nosotros, como pastores de Bolivia, sostenemos que, en un país que cuenta con vastos
        territorios misionales y en el que la pastoral evangelizadora en todo el país se reconoce misione-
        ra, el ministerio del diaconado permanente es imprescindible para nuestras Iglesias Locales.
6.- Doctrina reciente del Magisterio Universal y Latinoamericano.-
    17. Desde el concilio Vaticano II, el magisterio universal se ha pronunciado en varias ocasiones so-
        bre el ministerio diaconal. Entre los diferentes documentos hay que destacar el Motu Proprio
        del Papa Pablo VI “Sacrum Diaconatus Ordinem”31, con el que se restauró oficialmente el dia-
        conado permanente en la Iglesia Católica, y el Motu Propio “Ad Pascendum” del mismo Papa,

23
   Hechos 1,15ss; Hechos 6,1-6; Mt 18,15-18; II Cor 16.19.23; I Cor 11,15; I Jn 4,1; I Tes 5,19-21; I Cor 5,4ss; Mt 18, 15-18; I Cor 12,8-
10; Col 2,8
24
   Concilio Vaticano II: Lumen Gentium 29
25
   Concilio Vaticano II: Lumen Gentium 29
26
   Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes y Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes, In-
troducción.
27
   Concilio Vaticano II: Lumen Gentium 29
28
   Juan Pablo II: Ecclesia en America 42
29
   Concilio Vaticano II: Ad Gentes 16
30
   Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes y Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes, In-
troducción.
31
   Pablo VI: Motu Proprio “Sacrum Diaconatus Ordinem” (18 de junio de 1967), AAS 59 (1967) 697-704
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         en el que describe el diácono como “el abogado de las necesidades y deseos de las comunidades
         cristianas”32. Posteriormente, el Codex Iuris Canonici recoge muchos pronunciamentos pontifi-
         cios y magisteriales en sus normas sobre el diaconado33. El Papa Juan Pablo II, finalmente, en
         no pocas ocasiones se ha mostrado sumamente contento con la labor y el servicio que los diáco-
         nos permanentes prestan a la Iglesia Católica.
     18. También los obispos latinoamericanos, en sus diferentes conferencias generales, se pronuncia-
         ron a favor de los diáconos permanentes y aplicaron la doctrina sobre este ministerio a la reali-
         dad de nuestro continente. Cabe destacar lo dicho en Puebla: “La implantación del diaconado
         permanente [...] deberá hacerse buscando «lo nuevo y lo viejo». No se trata simplemente de res-
         taurar el diaconado primitivo sino de profundizar en la Tradición de la Iglesia Universal y en las
         realidades particulares de nuestro continente, buscando mediante esta doble atención34 una fide-
         lidad al patrimonio eclesial y una sana creatividad pastoral con proyección evangelizadora.”35
         En Santo Domingo, los obispos concretizan: “Para una Nueva Evangelización que, por el servi-
         cio de la Palabra y la Doctrina Social de la Iglesia, responda a las necesidades de promoción
         humana y vaya generando una cultura de solidaridad, el diácono permanente, por su condición
         de ministro ordenado e inserto en las complejas situaciones humanas, tiene un amplio campo de
         servicio en nuestro continente.”36




                             Capítulo III
       Identidad del Diácono Permanente en la Iglesia de Bolivia

1.- Servidor de la santificación del orden temporal.-
    19. La identidad y la misión del diácono permanente se definen desde la misión de la Iglesia, cuya
        “razón de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, 37 que debe renovarse en
        Cristo y transformarse en familia de Dios”38. De esta manera también el diácono está llamado a
        “colaborar en la edificación de este mundo”39, conjuntamente con los laicos, como con todos los
        cristianos y además con todas las personas de buena voluntad. El diácono, por lo tanto, realiza
        esta misión no solamente en el trabajo estrictamente pastoral. También a través del “testimonio
        sin palabras”40, por su trabajo civil y familiar41, por su vida de matrimonio y familia42, por la
        educación de sus hijos, por su inserción en la sociedad, sus instituciones y organizaciones y a
        través de su compromiso de ciudadano43 el diácono puede “impregnar y perfeccionar todo el
        orden temporal con el espíritu evangélico”44. Por esto, el diácono no debe de ninguna manera

32
   Pablo VI: Motu Proprio “Ad Pascendum” (15 de agosto de 1972) AAS 64 (1972), 534-540
33
   Los cánones que hablan explícitamente de los diáconos son los siguientes: 236, 276, § 2,3; 281, § 3; 288; 1031, §§ 2-3; 1032, § 3; 1035,
§ 1; 1037; 1042,1; 1050,3.
34
   cf. Pablo VI: Evangelii Nuntiandi 73
35
   Puebla 699; cf. los números 697-700; 715-718
36
   Santo Domingo 76; cf. 77
37
   Concilio Vaticano II: Lumen Gentium 38
38
   Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes 40
39
   Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes 21
40
   Pablo VI: Evangelii Nuntiandi 21
41
   cf. Juan Pablo II: Laborem Exercens 25 et passim
42
   cf. Juan Pablo II: Familiaris Consortio
43
   Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes 75-76
44
   Concilio Vaticano II: Apostolicam Actuositatem 5
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         relegar las responsabilidades de su vida civil, al contrario, tiene que asumirlas como parte de su
         misión sagrada. El trabajo propiamente pastoral no puede exigir del diácono que éste deje de
         atender sus demás responsabilidades. Además de dar un pésimo ejemplo como representante de
         la Iglesia, el diácono “que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el próji-
         mo; falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvación”45.
     20. El diácono permanente ejerce esta tarea de la santificación del orden temporal junto con los lai-
         cos, quienes son los primeros responsables de esta misión46. Acompaña, apoya y fortalece a los
         laicos en su compromiso con la transformación del mundo. Se debe sentir en todo un hermano
         de los laicos y colaborar con ellos. No es el superior de los laicos, sino su servidor. Como todos
         los representantes del sagrado orden en la Iglesia Católica, “está al servicio del sacerdocio
         común, en orden al desarrollo de la gracia bautismal de todos los cristianos”47. Mientras el diá-
         cono no podrá asumir cargos directivos en las organizaciones populares, y no podrá militar en
         ningún partido político, acompañará y apoyará a los laicos que lo hacen.
2.- Servidor de los pobres.-
    21. Los obispos latinoamericanos, en su conferencia general de la ciudad de Medellín, coincidieron
        en que “todos los miembros de la Iglesia están llamados a vivir la pobreza evangélica.” 48 Mien-
        tras condenaron “la pobreza como carencia de bienes”, alabaron “la pobreza espiritual” y “la
        pobreza como compromiso”49, a través de las que la Iglesia asume la situación de los pobres de
        este mundo para dar testimonio de la Palabra de Dios en esta realidad. La Iglesia en América
        Latina, y concretamente en Bolivia, desde aquellos años, siempre se ha sentido llamada a esta
        pobreza evangélica y no solamente a asumir la condición de los pobres y acogerlos a ellos de-
        ntro de su seno, sino a convertirse cada vez más en una Iglesia de los pobres. El diácono perma-
        nente es un representante excepcional de esta Iglesia, ya que por un lado muchas veces proviene
        de los sectores más pobres de nuestra sociedad, y por otro lado está llamado a vivir la opción
        por los pobres de la Iglesia, como la definieron los obispos en Puebla y Santo Domingo50.
    22. El diácono permanente, en la Iglesia Antigua, muchas veces era el encargado de la preocupa-
        ción social de la comunidad. Es necesario recuperar este significado del diaconado para nuestra
        Iglesia boliviana. El diaconado tiene que identificarse con el servicio de la Iglesia a los pobres,
        con su deseo de integrarlos en sus comunidades y reconstruirse a si misma desde los pobres. El
        servicio del diácono no debe ser, por tanto, meramente asistencialista, aunque es muy loable si
        el diácono se hace cargo de los proyectos y obras sociales de la parroquia, zona pastoral o dió-
        cesis. El servicio del diácono hacia los pobres va más allá, porque significa asumir la pobreza
        evangélica haciéndose uno de ellos e invitándoles de esta manera a asumir su identidad cristiana
        y católica y formar parte activa de la Iglesia a la que ya pertenecen. Por tanto, el diácono no so-
        lamente cuidará de los pobres, enfermos, ancianos, huérfanos y otros abandonados y margina-
        dos de su parroquia y comunidad, sino apoyará a los pobres en sus organizaciones y los acom-
        pañará en sus luchas y reivindicaciones.
    23. En este marco es preciso aclarar la cuestión de la economía del diácono. Aunque es cierto que
        no se debe poner bozal al buey que trilla, como dice el Apóstol51, la ganancia económica no
        puede ser la primera preocupación del diácono permanente, como de ningún otro ministro or-
        denado. Por lo contrario, es preciso evitar toda tentación del diácono hacia la comercialización

45
   Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes 43
46
   Juan Pablo II: Christifidelis Laici
47
   Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1547
48
   Medellín: Pobreza de la Iglesia 6
49
   ibid.
50
   Puebla 1134-1165; Sto. Domingo 178-181
51
   cf. 1 Cor 9,9
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         de los sacramentos52 y por ende, el sacramentalismo. Como norma, el diácono permanente debe
         vivir de los ingresos de su trabajo o profesión civil53. Sin embargo, para apoyarle en su trabajo
         pastoral, es recomendable que la parroquia le reconozca sus gastos de pasajes, materiales etc. y
         le permita utilizar las herramientas y medios de los que dispone. Asimismo, recomendamos que
         se procure en cada diócesis un sistema de seguro para posibles casos de enfermedad grave, ac-
         cidente, desempleo, vejez y muerte de los diáconos54. Cae en la competencia de cada obispo es-
         tablecer normas complementarias para su jurisdicción55.
3.- Servidor de la inculturación del evangelio.-
    24. El diácono permanente, por su vida familiar, de vecino, de ciudadano y parte del sistema
        económico, está inmerso en las diferentes culturas de su realidad. Ante todo el diácono rural es
        parte de la cultura ancestral de su pueblo, pero también el diácono urbano vive dentro de una
        determinada cultura o un sistema de culturas interrelacionadas. Por esta cercanía a las culturas,
        el diácono se convierte en el ministro más importante de la inculturación del evangelio. Por un
        lado, es servidor del evangelio, y como lo proclama y realiza dentro de su cultura, buscará
        métodos y caminos de su inculturación. Por otro lado, como servidor de su pueblo, es también
        servidor de su cultura y le servirá buscando – en unión con todas las personas de buena volun-
        tad – la defensa y el desarrollo de estas culturas, en conformidad con el mensaje evangélico. Así
        contribuye a formar un rostro más auténtico e inculturado de la Iglesia Católica.
    25. En esta tarea, lo más fundamental es el respeto profundo del diácono hacia las culturas de su
        medio, sea la propia o sean las de la gente con la que vive y trabaja. No se sentirá un ser supe-
        rior a los demás, sino se considerará su servidor en todo. El respeto se extiende a las expresio-
        nes auténticas culturales y religiosas como los mitos, las creencias, los ritos y la cosmovisión
        del pueblo. Él mismo asumirá la propia sabiduría ancestral heredada de sus antepasados como
        un don de Dios a los pueblos que todavía no habían recibido el mensaje del evangelio. De esta
        manera aprenderá a conjugar las semillas del Verbo56 esparcidas por los campos de su cultura y
        la Palabra de Dios revelada en la Iglesia Católica.
    26. Por esta realidad, el diácono se constituye en un protagonista del diálogo intercultural. Por su
        vida y su propia educación inserta en una determinada cultura, y por su educación cristiana y la
        ordenación sacramental, es conocedor de la propia cultura y del mensaje cristiano. Por tanto,
        contribuirá en persona propia al diálogo entre ambos. Participará en las costumbres y en los ri-
        tos de su pueblo, y los penetrará con el espíritu cristiano. No negará asumir ninguna responsabi-
        lidad que su cultura le puede ofrecer, y la ejercerá como ministro de la Iglesia Católica. Buscará
        la comprensión y la aceptación del mensaje del evangelio desde la cosmovisión de su pueblo, y
        expresará el gozo de las celebraciones cristianas que presida con signos y símbolos propios de
        su cultura57.
4.- Diáconos rurales y urbanos.-
    27. Para definir la identidad y el perfil de los diáconos permanentes en Bolivia, es preciso tomar en
        cuenta las diferencias entre los contextos rural y urbano. Ciertamente no se puede separar estas
        dos dimensiones, como además muchos diáconos trabajarán en el campo y en la ciudad a la vez.
        Queremos, sin embargo, señalar algunas diferencias dignas de ser respetadas al momento de
        considerar el perfil del diácono permanente en Bolivia. Los diáconos rurales, por su parte, son
52
   Recomendamos que para alcanzar este fin, se revise en todas las diócesis el sistema de los estipendios y demás ingresos eclesiales.
53
   CIC can. 281 § 3
54
   CIC cann. 281 § 2; 1274 § 1-2
55
   Véanse al respecto ante todo las propuestas en el Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes 20.
56
   Concilio Vaticano II: Ad Gentes 11; 18
57
   cf. Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y Congregación para la Evangelización de los Pueblos: Diálogo y Anuncio (19 de
mayo de 1991)
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         casi exclusivamente catequistas antiguos con mucha experiencia y compromiso. Son o pueden
         llegar a ser líderes en su comunidad o hasta en su zona. Ellos promueven una Iglesia inculturada
         y llevan a cabo el diálogo intercultural. Aumentan en los laicos campesinos la conciencia de ser
         Iglesia. De esta manera, además, defienden a la población del trabajo destructor de las sectas. El
         diácono rural puede ser el responsable de una parroquia o zona parroquial abandonada. Tam-
         bién puede ser el encargado del trabajo social en el campo y de proyectos de desarrollo integral
         de la parroquia. Colaborará con las organizaciones campesinas e indígenas para el fortaleci-
         miento de los pueblos originarios. Estamos conscientes de que en el campo existe el peligro de
         abandono y falta de seguimiento de los diáconos permanentes, más que todo por el posible
         cambio de párroco. Puede darse también, en casos aislados, un sacramentalismo extremo. Otro
         problema, que puede convertirse en una oportunidad, es el de la migración a la que el diácono
         rural puede verse obligado.
     28. Los candidatos urbanos al diaconado tienen mayormente un mayor grado de educación formal,
         por lo que se les puede exigir una formación más académica y formal. Los diáconos urbanos
         pueden desempeñar tareas a nivel diocesano o regional, también en la pastoral especial, pueden
         hacerse cargo de la Pastoral Social a nivel parroquial y buscar la colaboración con las juntas ve-
         cinales y escolares. Ayudan a la concientización, organización y formación de los laicos de su
         parroquia y ciudad. Por lo general, disponen de menos tiempo para la formación y el trabajo,
         por las obligaciones laborales.
     29. Procúrese no separar los dos grupos de candidatos y diáconos. Se deben realizar reuniones pe-
         riódicas entre ambos grupos para no crear comunidades diaconales separadas en una sola juris-
         dicción. Es importante, además, acompañar a los diáconos que por motivos laborales o persona-
         les migran del campo a la ciudad o al revés.
5.- La doble sacramentalidad del diácono permanente.-
    30. Para señalar la peculiaridad más característica del ministerio del diaconado permanente, los
        obispos latinoamericanos hablan de su “doble sacramentalidad”58. Aunque el diaconado perma-
        nente lo pueden recibir también varones célibes y viudos, sin embargo, la gran mayoría de los
        diáconos están casados, y por esto el ministerio es identificado en muchos ámbitos por la estre-
        cha relación que se da en él entre los sacramentos del matrimonio y del orden. Como todos los
        sacramentos tienen el mismo origen, en la vida del diácono permanente casado se enriquecen y
        profundizan mutuamente los sacramentos del matrimonio y del orden. El sacramento del sagra-
        do orden no puede mermar la gracia de Dios que el esposo ha recibido en el sacramento del ma-
        trimonio, más bien la refuerza y renueva, de manera que el diácono casado puede vivir la pleni-
        tud de su ministerio dentro del matrimonio y puede profundizar éste con la gracia de la ordena-
        ción diaconal. Si el ejercicio del ministerio diaconal llega a perjudicar la vida familiar del diá-
        cono y de su esposa, pone en peligro la misma gracia sacramental conferida en la ordenación,
        así como la mala conducción de la vida matrimonial y familiar perjudica la práctica del sacra-
        mento de la ordenación. Por lo contrario, ambos sacramentos se apoyan y refuerzan mutuamen-
        te.
    31. Por lo tanto, destacaremos ahora en primer lugar la influencia que tiene el sacramento del orden
        sobre la vida familiar del diácono. Éste, ordenado a ser diácono o sea servidor, se convierte
        también en el servidor de su propia familia. Como la familia, con mucha razón, es llamada la
        “Iglesia doméstica”59, el diácono, cuando sirve a su familia, sirve a la Iglesia y a Dios mismo.
        Además, el amor conyugal y la felicidad familiar dan testimonio del amor de Dios hacia la

58
   Santo Domingo 77. En un sentido estricto, no se puede hablar de “doble sacramentalidad”, ya que el diácono vive de hecho de muchos
sacramentos más y puede llegar a vivir, según sea el caso, la séptupla sacramentalidad. Para caracterizar la unión peculiar entre matrimo-
nio y ordenación, sin embargo, nos limitaremos a hablar también en este documento de la doble sacramentalidad.
59
   Juan Pablo II: Familiaris Consortio 55
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         humanidad60. El esposo y padre de familia vivirá, por tanto, más unido a su familia y le servirá
         más, una vez que se haya ordenado diácono. Su ministerio diaconal no le exige, sin embargo,
         solamente la educación cristiana y católica de sus hijos y el servicio de santificación dentro de
         la familia, sino una entrega íntegra a todas las necesidades, sean espirituales o corporales, de los
         miembros de su familia. La gracia recibida en la ordenación reforzará de manera decisiva la
         gracia matrimonial, de suerte que la unión que Dios bendijo el día de su matrimonio se profun-
         dizará y se expresará en nuevas formas de servicio a su familia. De esta manera, el sacramento
         de la ordenación, como no puede separar lo que Dios unió61, unirá nuevamente de manera sa-
         grada al diácono casado con su esposa y su familia.
     32. De manera parecida, el sacramento del matrimonio ejerce una influencia positiva sobre el mi-
         nisterio del diácono. No sin razón el concilio valora “la familia cristiana, cuyo origen está en el
         matrimonio, que es imagen y participación de la alianza de amor entre Cristo y la Iglesia” 62. El
         diácono casado, por lo tanto, puede vivir su ministerio desde la plenitud sacramental de la expe-
         riencia del amor de Cristo en su matrimonio. Él es testigo de este amor, ya desde el sacramento
         del matrimonio, ya desde el sacramento del orden, y su ministerio es anunciar y realizar este
         amor para el bien de la humanidad. Además, practica la misión evangelizadora de la Iglesia a
         partir de las experiencias de la vida conyugal y familiar: la convivencia, la sexualidad, la educa-
         ción, la conversación, el trabajo compartido etc. Por esto, en su propia persona, testifica a los
         demás cristianos que la vida familiar, así como la vida profesional o trabajadora y la vida de
         ciudadano son medios de santificación. Su ministerio diaconal adquiere de esta forma la expre-
         sión vivida de la unión entre fe y vida, vida terrenal y celestial. La gracia sacramental recibida
         en el matrimonio es la base desde la que el diácono casado asume el nuevo sacramento en la or-
         denación diaconal, y el marco, dentro del cual ejerce su ministerio. Así concretiza y profundiza
         el sacramento del orden y pone de relieve que también este sacramento es expresión del amor
         que Cristo tiene hacia la Iglesia.
6.- Ministro de una Iglesia servidora.-
    33. El Concilio Vaticano II, al finalizar sus reflexiones sobre la Iglesia en el mundo actual, conclu-
        ye de manera maravillosa su doctrina que la Iglesia es la servidora de la humanidad con estas
        palabras: “Los cristianos [...] no pueden tener otro anhelo mayor que el de servir con creciente
        generosidad y con suma eficacia a los hombres de hoy.”63 Como era el mismo concilio el que
        dio el impulso para la restauración del diaconado permanente en la Iglesia, y además su mismo
        nombre lo sugiere, son los diáconos los primeros llamados a realizar esta misión de la Iglesia y
        ser servidores. Todo su trabajo en nombre de la Iglesia tiene que ser servicio. Ni el poder, ni las
        riquezas, ni el prestigio, ni la ostentación pueden ser móviles auténticos del diácono permanente
        en su trabajo pastoral. Su único anhelo será el mencionado por el concilio, el servicio a la
        humanidad. Por tanto, las tareas que el diácono puede o debe desempeñar dentro de la Iglesia,
        se deben entender dentro de este marco del servicio a la humanidad. Si a continuación detalla-
        mos las funciones del diácono permanente,64 será necesario tomar en cuenta dos aspectos: Uno,
        que el ministerio del diácono no se limita a las funciones concretas que pueda ejercer, sino que
        se concretiza en su vida diaria, sea profesional o familiar. Dos, que todo su ministerio y también
        estas funciones deben ser expresiones concretas del servicio que la Iglesia presta a la humani-
        dad. Finalmente, las siguientes funciones no se deben entender como obligatorias en su totali-

60
   Concilio Vaticano II: Apostolicam Actuositatem 11
61
   cf. Mc 10,9
62
   Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes 48
63
   Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes 93
64
   cf. a continuación: Concilio Vaticano II: Lumen Gentium 29; Pablo VI: Sacrum Diaconatus Ordinem, 22-24; Directorio para el ministe-
rio y la vida de los diáconos permanentes 22-42
DIRECTORIO PARA EL DIACONADO PERMANENTE EN BOLIVIA                                                                                 12
           dad para cada uno de los diáconos permanentes. A cada uno se le asignará una misión y funcio-
           nes concretas según la necesidad del lugar de su servicio y según sus dones personales, tomando
           en cuenta los cuatro servicios siguientes.
       34. El servicio de la caridad es el más propio del diácono. El servicio amoroso, desprendido y gra-
           tuito a los pobres y necesitados, en los que descubre y sirve al mismo Cristo pone de manifiesto
           la vinculación que existe entre la mesa del cuerpo de Cristo y la mesa de los pobres 65. Concre-
           tamente, este servicio se expresa en las siguientes funciones:
              a. Buscar y atender a los pobres y necesitados en la parroquia, barrio o comunidad.
              b. Conscientizar y organizar la comunidad cristiana para que pueda responder a las necesi-
                  dades que surgen en ella.
              c. Acompañar y guiar grupos de autoayuda.
              d. Alentar el compromiso ciudadano a favor de la liberación integral de las personas con
                  preferencia hacia los más marginados de nuestra sociedad.
              e. Organizar y supervisar la pastoral social y las pastorales específicas de la parroquia, zona
                  o diócesis.
              f. Velar y administrar los bienes de la comunidad.
       35. Con el servicio de la liturgia, el diácono ayuda a la comunidad cristiana a celebrar unidos los
           misterios del Señor, los del pasado y los de nuestros días. Aunque es necesario procurar que es-
           te servicio no reemplace la totalidad del ministerio del diácono permanente, es una tarea impor-
           tante frente a la escasez de ministros ordenados en nuestro país. En concreto, las funciones
           litúrgicas del diácono son las siguientes:
              a. Celebrar los sacramentos del bautismo y del matrimonio.
              b. Ejercer un papel específico en la misa.
              c. Promover la celebración de la liturgia de la palabra en las comunidades donde y cuando
                  no llega el sacerdote.
              d. Distribuir la sagrada comunión a los enfermos; cuidar, conservar y administrar la euca-
                  ristía.
              e. Acompañar o presidir los ritos para los difuntos.
       36. No menos importante para el ejercicio del ministerio del diaconado permanente es el servicio de
           la Palabra de Dios. Este ministerio compromete al diácono a la lectura asidua de la palabra de
           Dios y a su estudio y reflexión, para que pueda servir a la evangelización, ayudar a las personas
           en el camino hacia la fe y fomentar la transformación y renovación de la persona humana, de las
           estructuras y de la cultura. Muchas veces estará a su cargo el primer anuncio de la palabra, pero
           también la catequesis y la predicación son tareas suyas. Esto significa concretamente:
              a. Ser responsable de la catequesis de la parroquia; animar, formar y acompañar a los cate-
                  quistas.
              b. Promover la pastoral bíblica en la parroquia, zona pastoral o diócesis.
              c. Dar cursos de formación en comunidades y grupos.
              d. Testimoniar la Palabra de Dios en las organizaciones de la sociedad civil.
              e. Proclamar la Palabra de Dios y pronunciar la homilía.
              f. Denunciar las situaciones inhumanas y conscientizar a la comunidad en su compromiso
                  misionero y profético.
              g. Respaldar con el testimonio de su propia vida personal y familiar el anuncio de la palabra.
       37. Finalmente, a través del servicio a la comunidad, el diácono contribuye a la construcción de la
           comunión fraterna entre los cristianos. Conjuntamente con el obispo, el párroco y los demás en-
           cargados de las comunidades cristianas, ayuda a que el Pueblo de Dios crezca y se fortalezca.
           Como funciones concretas mencionaremos:

65
     Pablo VI: Sacrum Diaconatus Ordinem 22
DIRECTORIO PARA EL DIACONADO PERMANENTE EN BOLIVIA                                                        13
           a. Ayudar a todos a insertarse y participar en la vida y misión de la comunidad cristiana
               desde el don y carismas recibidos.
           b. Promover y sostener las actividades apostólicas de los laicos, ayudándoles a “descubrir y
               valorar sus propios carismas y su servicio a la comunidad”66.
           c. Guiar en nombre del obispo y del párroco una comunidad lejana o una parroquia desaten-
               dida.67
           d. Compartir la responsabilidad por la parroquia en el consejo pastoral, el consejo económi-
               co y otros consejos y equipos que pueden haber.
     38. El diácono es parte del clero. Es importante constatar que los diáconos “actúan [...] bajo la auto-
         ridad del obispo”68 y no del sacerdote, sino colaboran con él de manera fraterna. Procúrese que
         no se produzca ninguna separación o división entre los hermanos de los diferentes órdenes de-
         ntro del clero, como tampoco entre clérigos y laicos. Aunque los diáconos se organizarán en
         comunidades fraternas a nivel diocesano y nacional, se integrarán asimismo a la comunidad del
         clero diocesano. Conjuntamente con todo el clero, profundizarán cada vez más el imperativo
         evangélico de ser “servidores de todos” (Mc 10,44) imitando el ejemplo de Jesús “que se des-
         pojó a sí mismo, tomando la forma de un servidor” (Fil 2,7).




                           Capítulo IV
Criterios para la elección de candidatos al diaconado permanen-
                                te

1.- Vocación.-
    39. El diaconado es un don y una gracia del Señor. Dios es quien elige y llama gratuitamente y por
        amor. Nadie puede exigirlo como una realidad que le sea debida en virtud de sus méritos o ser-
        vicios prestados. Por lo mismo, nadie puede ser obligado o presionado a aceptar el ministerio
        del diaconado. El diaconado no se lo puede otorgar como un premio a laicos comprometidos, ya
        que nace de un llamado de Dios. Este llamado brota de una vida de fe, una experiencia de ora-
        ción, un espíritu de servicio desinteresado y de una opción personal por los pobres. Es un lla-
        mado que se comprueba primero en la vida laical: el amor conyugal y familiar, el servicio a la
        comunidad, el compromiso en la Iglesia, la preocupación por los afligidos y necesitados. Nada
        puede reemplazar este llamado personal y concreto. El ministerio diaconal es una vocación di-
        vina. Realícense en cada jurisdicción actividades de discernimiento vocacional dirigidas a per-
        sonas que pueden estar llamadas a asumir este ministerio.
    40. Aunque la vocación es una experiencia espiritual y personal, es preciso disponer de algunos cri-
        terios para el discernimiento vocacional69. Compete únicamente al obispo diocesano discernir
        sobre la autenticidad de la vocación de un candidato, aunque éste, oportunamente, consultará
        con los demás responsables para la formación y con todo el Pueblo de Dios. Como criterios
        mínimos de discernimiento vocacional queremos establecer: vida de oración y de espiritualidad,
        sentido de Iglesia, espíritu de pobreza, capacidad de comunión fraterna, caridad y humildad

66
   Pablo VI: Sacrum Diaconatus Ordinem 3
67
   Pablo VI: Sacrum Diaconatus Ordinem 10; CIC can. 517 § 2
68
   Pablo VI: Sacrum Diaconatus Ordinem 23; Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes 6
69
   cf. ante todo: Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes 29-39
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         hacia los hermanos, integración a una comunidad cristiana70. Para los candidatos célibes, se de-
         be comprobar además su madurez y estabilidad afectiva; para los candidatos casados, vida fami-
         liar y matrimonial estable y ejemplar; para los viudos, “solidez humana y espiritual en su estado
         de vida”71; para los candidatos religiosos, estabilidad y madurez en el estado religioso así como
         equilibrio y serenidad en el cumplimiento de los votos evangélicos.
2.- Elección eclesial.-
    41. Aunque la decisión sobre la vocación del candidato es atribución únicamente del obispo dioce-
        sano, es conveniente que éste haga participar oportunamente a otras instancias eclesiales en este
        proceso de discernimiento. Por lo tanto, el párroco del candidato deberá presentar un informe
        sobre la idoneidad del candidato. Asimismo, la comunidad parroquial, del movimiento o sector
        pastoral en el que se desenvuelve, debe ser consultada. De la misma manera, se puede consultar
        a otras personas, ligadas a la Iglesia, quienes en el pasado conocieron al candidato. Durante el
        tiempo de formación del candidato, sus formadores participarán en este proceso de discerni-
        miento. En las comunidades rurales, se debe procurar, según los usos y costumbres de la cultura
        local, el consentimiento, el aval o hasta la elección de parte de todos los comunarios y el reco-
        nocimiento del candidato por parte de las autoridades. Finalmente, es necesario ya desde el ini-
        cio del discernimiento vocacional, pedir la opinión y el parecer de la esposa de un candidato ca-
        sado y de sus hijos mayores.
3.- Candidatos de los institutos de la vida consagrada
    42. Si un miembro de un instituto religioso desea participar de un curso de formación al diaconado
        permanente realizado dentro de una diócesis o jurisdicción, debe contar no solamente con el
        permiso escrito de sus superiores, sino además con el compromiso de ellos de que el futuro diá-
        cono permanecerá por un tiempo justo en la diócesis que lo ha formado. Durante el tiempo de
        formación, se integrará plenamente a la comunidad de los candidatos y participará de todas las
        actividades. Su actividad pastoral se desarrollará “bajo la autoridad del ordinario del lugar”72,
        aunque seguirá asimismo conservando la obediencia a sus superiores. Los diferentes institutos
        pueden, sin embargo, crear sus propios cursos de formación al diaconado permanente.73
4.- Perfil del candidato.-
    43. El candidato al diaconado permanente es un varón de edad madura. En el momento de ser admi-
        tido al sacramento del orden, debe haber cumplido los 35 años74. No se establece ninguna edad
        máxima. Que el aspirante al ministerio diaconal lleve por lo menos cinco años de compromiso
        en alguna parroquia, movimiento o institución pastoral. Si está casado, es preciso que tenga la
        experiencia y probidad de por lo menos cinco años de matrimonio. Tenga una reputación posi-
        tiva tanto en su vida eclesial como civil. “Puede provenir de todos los ambientes sociales y ejer-
        cer cualquier actividad laboral o profesional a condición de que ésta, según las normas de la
        Iglesia y del juicio prudente del Obispo, no desdiga del estado diaconal.”75 Quedan excluidos
        los militares y policías en pleno ejercicio de su servicio. Si el candidato tiene hijos de relaciones
        anteriores o es viudo, es preciso que tenga establecida su responsabilidad para el sustento y la
        educación de sus hijos.

70
   Pablo VI: Sacrum Diaconatus Ordinem 8; Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes 32-33
71
   Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes 38
72
   Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes 39; cf. para todo el párrafo: Pablo VI: Sacrum Diaconatus Ordinem 32-35
y id.: Ecclesiae Sanctae (6 de agosto de 1966) 25 § 1, en: AAS 58 (1966) 770; Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos per-
manentes 4.
73
   Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes 52
74
   Establecemos, en ejercicio del can. 1031 § 3 CIC, que esta edad sea válida de igual manera para diáconos célibes y casados.
75
   Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes 34
DIRECTORIO PARA EL DIACONADO PERMANENTE EN BOLIVIA                                                                                     15
     44. A nivel personal, se requiere que sea una persona equilibrada, con capacidad para el discerni-
         miento, para la escucha y el diálogo, y sin ningún desequilibrio psíquico. Que disponga de ma-
         durez afectiva y social, capaz de crear relaciones nuevas, de adaptarse a situaciones diversas y
         de trabajar en equipo. Que sea una persona honesta y cumplidora, con sentido moral, responsa-
         ble en su trabajo, amante de la verdad y de la justicia. Debe ser disciplinado en el consumo de
         bebidas alcohólicas y debe vivir una unión matrimonial y vida familiar ejemplares. Que sus in-
         gresos personales y familiares sean seguros y suficientes para permitirle la dedicación volunta-
         ria al ministerio del diaconado.
     45. En lo social y comunitario, el candidato al diaconado debe ser sociable y amigable, responsable
         en su trabajo y en sus obligaciones comunitarias y cívicas, presto al servicio. Que haya demos-
         trado su responsabilidad laboral y esté comprometido en las organizaciones de su sector. Sea
         una persona con especial sensibilidad por los sectores más empobrecidos y marginados.
     46. Con respecto al ámbito espiritual y eclesial, procúrese que un candidato al ministerio del diaco-
         nado tenga una profunda experiencia personal de Dios en su vida. Que sea un hombre de ora-
         ción y de fe, conocedor y amante de la Biblia y con un profundo amor a los pobres. En sus años
         de servicio a la Iglesia debe haber comprobado su capacidad de servicio y liderazgo cristiano,
         su comunión con laicos y sacerdotes, su sentido comunitario y eclesial y su disponibilidad para
         la comunidad.




                                             Capítulo V
                                       Formación y Seguimiento

     47. “La Iglesia tiene el deber, y el derecho propio y exclusivo, de formar aquellos que se destinan a
         los ministerios sagrados”76 Es la conciencia de la misma Iglesia (por los obispos), mucho más
         clarividente y la opción de mayor compromiso para proveer a la cura de nuestra comunidad
         eclesial.
     48. Establézcase en cada jurisdicción eclesial un plan de formación para candidatos al diaconado
         permanente que tenga en cuenta las normas eclesiásticas77 y las sugerencias dadas a continua-
         ción. Este plan puede comprender encuentros o cursos diferentes para candidatos urbanos y ru-
         rales. Es necesario prever los ámbitos de formación referidos en este capítulo, a ser formación
         humana, espiritual, teológica, pastoral y permanente, así como la formación de las esposas de
         los candidatos, de los demás agentes de pastoral y de todo el Pueblo de Dios. El primer respon-
         sable para la formación es el obispo diocesano que establecerá oportunamente otras responsabi-
         lidades. La duración del curso de formación es de tres años78 y se llevará a cabo en la comuni-
         dad fraterna de todos los candidatos.
     49. Es deseo de todos los obispos, según lo norma el Código de Derecho Canónico, proveer a todos
         los candidatos al diaconado permanente una formación adecuada y suficiente para “que puedan
         cultivar la vida espiritual (en y desde su realidad vivencial y posteriormente ministerial) y cum-
         plan dignamente los oficios propios de este orden”79, según el plan establecido oportunamente.


76
   CIC 1983, c.232
77
   Pablo VI: Sacrum Diaconatus Ordinem 6-10; 14-15; Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes 66-88
78
   Pablo VI: Sacrum Diaconatus Ordinem 9; CIC can. 236; Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes 41-44; 49
79
   CIC 1983, c. 236,2
DIRECTORIO PARA EL DIACONADO PERMANENTE EN BOLIVIA                                                                             16
1.- Formación humana.-
    50. El diácono debe estar dispuesto a dejarse ayudar en la mejora de sus cualidades humanas, que
        son preciosos instrumentos para su servicio eclesial, y a perfeccionar todos aquellos modos de
        su personalidad que puedan hacer que su ministerio sea mas eficaz. Debe practicar, en su minis-
        terio y en su vida diaria, la bondad de corazón, la paciencia, la amabilidad, la fortaleza de áni-
        mo, el amor por la justicia, el equilibrio, la fidelidad a la palabra dada, la coherencia con las
        obligaciones libremente asumidas, el espíritu de servicio. La práctica de estas virtudes ayudará
        al diácono a llegar a ser un hombre de personalidad equilibrada, maduro en el hacer y en el dis-
        cernir hechos y circunstancias. El diácono permanente, consciente de la ejemplaridad de su
        comportamiento social, debe reflexionar sobre la importancia de la capacidad de diálogo, sobre
        la corrección en las distintas formas de relaciones humanas, sobre el valor de la amistad. Duran-
        te el tiempo de su formación debe reflexionar sobre los peligros del consumo de alcohol, sobre
        las estructuras económicas injustas en las que participa por su actividad laboral, sobre el rol de
        la mujer en la vida familiar y los derechos de los niños, sobre la discriminación cultural tan en-
        raizada en nuestra realidad y – si es necesario – corregir su comportamiento en estos ámbitos.
2.- Formación espiritual.-
    51. El candidato buscará profundizar cada vez más su vida cristiana y la experiencia de Dios. Como
        fundamento y expresión imprescindible de esa experiencia cristiana, el candidato cultivará las
        siguientes actitudes cristianas: Espíritu de oración. Amor a la Iglesia con una participación acti-
        va, fraterna y responsable en la vida de la comunidad en la cual se encuentra inserto. Disponibi-
        lidad para el servicio gratuito y desinteresado. Caridad fraternal y solidaridad hacia todas las
        personas, muy especialmente hacia los pobres y los que sufren. Coherencia de vida con los va-
        lores del evangelio, manifestada tanto en el ámbito eclesial como en el familiar y social. El can-
        didato al diaconado y su familia alimentarán su vida espiritual mediante la oración familiar y
        personal, la lectura asidua de la Palabra de Dios y la participación en la celebración de los sa-
        cramentos, en primer lugar de la sagrada Eucaristía. El candidato participará de los retiros pro-
        gramados y se servirá de un acompañamiento de un director espiritual quien conozca y acom-
        pañe también a la familia.
3.- Formación teológica y doctrinal.-
    52. La formación teológica comprenderá el conocimiento suficiente de los contenidos de los minis-
        terios revelados de la Iglesia y de las circunstancias culturales de la persona humana en la actua-
        lidad para el desempeño de la acción evangelizadora. El plan de estudios para la formación de
        los futuros diáconos debe ser elaborado en cada jurisdicción eclesiástica y abarcará las siguien-
        tes áreas del saber humanístico y teológico:
            a. Fundamentación bíblica y eclesiológica de la teología.
            b. Estudio del Antiguo y Nuevo Testamento en orden a la comprensión, interpretación y
                explicación de la palabra de Dios.
            c. Doctrina Social de la Iglesia. (Características propias de la moral personal y social, apli-
                cación concreta de la Opción por los Pobres.)
            d. Naturaleza de la celebración de los sagrados misterios, las celebraciones litúrgicas pro-
                pias del diácono y lo relativo a la pastoral de los sacramentos.
            e. Teoría y práctica de la inculturación del evangelio en las diferentes culturas propias de
                la jurisdicción. Profundización del ministerio indígena en la Iglesia Católica.
            f. Derecho Canónico, especialmente referente al bautismo, al matrimonio y a los ministe-
                rios, también las normas del derecho particular de cada jurisdicción.


DIRECTORIO PARA EL DIACONADO PERMANENTE EN BOLIVIA                                                      17
                g. Reflexión teológica pastoral sobre los temas más importantes de la acción pastoral, co-
                   mo son las fiestas, los santos, los difuntos, los sacramentos, las sectas; conocer la pasto-
                   ral de las diferentes edades de la vida y la planificación pastoral.
                h. Profundización en las ciencias humanas. (Antropología Cultural, Psicología, Sociología,
                   Pedagogía, Género)
                i. Conocimiento de las leyes civiles y estatales propias del ámbito social del trabajo de los
                   diáconos. (Por ejemplo las leyes sobre las tierras, el agua, las minas, el trabajo, el medio
                   ambiente, la discriminación de la mujer, la educación, la participación ciudadana...)

       53. Según la Sacrum diaconatus ordinem n. 7-10 y 14, y según las normas, este plan de formación
           deberá comprender un periodo no menor de tres años, a no ser que por causas justas la Confe-
           rencia Episcopal autorice una excepción a la ley en alguna circunscripción80.

       54. El obispo y sus representantes designarán a los profesores y el lugar o centro en el que se cur-
           sarán los estudios. Se pueden unir varias jurisdicciones para la formación de los diáconos. Los
           estudios serán adaptados y organizados de manera que se compagine con el trabajo y tiempo
           disponible de los candidatos. Sería muy conveniente que los candidatos que reúnan la capacidad
           obtuvieran la licenciatura o el bachillerato en teología o en misionología. Los procedimientos de
           enseñanza se adaptarán a las capacidades, condiciones y circunstancias de los futuros diáconos,
           facilitándoles medios y cauces idóneos para conseguir la mejor formación posible para el desa-
           rrollo del ministerio. En lo posible, se organizarán cursos diferentes para candidatos rurales y
           urbanos. Es preciso invitar a las esposas de los candidatos a los cursos y realizar encuentros
           anuales, en los que participen los candidatos acompañados por sus esposas. Facilítese además la
           participación de los candidatos y sus esposas en los encuentros nacionales del diaconado per-
           manente.
4.- Formación pastoral.-
    55. Durante el proceso de formación el candidato al diaconado está integrado en la vida y misión de
        una comunidad parroquial. En ella madura su fe y vida cristiana, vive la corresponsabilidad en
        el servicio pastoral de la misma y celebra su fe. El candidato participa de encuentros, semina-
        rios, talleres y acciones especiales de la diócesis y zona pastoral a las que pertenece su parro-
        quia. Es miembro del consejo pastoral de la parroquia. Asume algunos servicios apostólicos
        concretos dentro de esta comunidad. Es responsabilidad del párroco acompañarle, interpelarle y
        ayudarle a mejorar cada vez más su servicio pastoral. A manera que avanza la formación doc-
        trinal del candidato, se insertará también en algún servicio de pastoral especial (penitenciaria,
        de salud, de ancianos...) y asumirá servicios de homilía en la parroquia. Procurará a través de su
        ministerio fortalecer la pastoral de conjunto. De esta manera el futuro diácono se preparará para
        el ejercicio de su ministerio en el servicio a la caridad, a la palabra y a la liturgia, así como su
        inserción en la vida diocesana. Prevéase un acompañamiento oportuno a los párrocos de los
        candidatos.
5.- Formación permanente y seguimiento.-
    56. Después de la ordenación, los diáconos permanentes deben participar en talleres periódicos de
        formación permanente y seguimiento. Estos talleres deben servir para el intercambio, el acom-
        pañamiento, la solución de problemas, la profundización de la espiritualidad diaconal y del co-
        nocimiento teológico. Abarcarán los cuatro ámbitos mencionados anteriormente: la formación
        humana, espiritual, teológica y pastoral. Una vez al año, se realizará un encuentro de todos los

80
     Sacrum diaconatus ordinem n. 7-10 y 14: AAS 59 (1967 y CIC 1983 c. 236,2
DIRECTORIO PARA EL DIACONADO PERMANENTE EN BOLIVIA                                                          18
            diáconos permanentes de la jurisdicción, conjuntamente con sus esposas. El obispo invitará a
            los diáconos permanentes a todas las reuniones del clero diocesano, sea a nivel diocesano, re-
            gional o local. Los diáconos participarán en la medida posible de las reuniones pastorales de su
            zona y de la diócesis. A través de sus representantes, participan en las reuniones de los diáconos
            permanentes a nivel nacional e internacional. El seguimiento más importante que se le debe
            brindar al diácono permanente, es el acompañamiento personal y local. El obispo diocesano y
            los sacerdotes que colaboran con el diácono, así como los demás diáconos de la jurisdicción tie-
            nen la responsabilidad de acompañarle de cerca, apoyarle en cualquier problema que pueda te-
            ner y ayudarle a profundizar su espiritualidad de servicio.
6.- Formación y acompañamiento de las esposas y familias.-
    57. Siempre se procurará que las esposas y familias de los diáconos casados puedan participar en la
        formación o que tengan sus propios encuentros.81 Ante todo en las jurisdicciones y también en
        las parroquias en las que todavía no se conoce el ministerio del diaconado permanente, es preci-
        so acompañar con paciencia y comprensión el proceso de entendimiento y consentimiento de
        las esposas y familias. Procúrese que la esposa sea parte del proceso preparativo desde el prin-
        cipio y que entienda que ella deberá dar su consentimiento a la ordenación diaconal. Por lo tan-
        to, desde el inicio de la formación de los candidatos al diaconado, a las esposas se les explicará
        el sentido y el alcance del ministerio y se les hará comprender su propio rol. Además, es impor-
        tante que también las esposas e hijos mayores tengan un conocimiento suficiente de los funda-
        mentos eclesiológicos de la misión del diácono y de los laicos, que conozcan la Biblia y estén
        iniciadas en la lectura de ella, y que entiendan el trabajo y el rol ministerial de su esposo. Si
        además de esto quieren participar en algunos encuentros de la formación de los candidatos, se
        les debe facilitar la asistencia. Además, cada año se convocará a todas las esposas de los candi-
        datos a un encuentro común, a lo mejor conjuntamente con sus esposos. Finalmente, se debe in-
        cluir a las esposas y a los familiares de los diáconos en el proceso de la formación permanente.
7.- Formación y concientización de todo el Pueblo de Dios.-
    58. Como el ministerio del diaconado permanente, su perfil y sus funciones, no están todavía muy
        conocidos en la mayoría de las jurisdicciones bolivianas, es preciso incluir en el proceso de
        formación y concientización a todo el Pueblo de Dios. A sacerdotes y religiosas, así como a
        otros agentes de pastoral se les explicará en reuniones pastorales a nivel diocesano, regional y
        local el sentido teológico y pastoral del diaconado permanente82. El obispo se encargará, con-
        juntamente con la comisión diocesana, de acompañar a los agentes de pastoral, ante todo a los
        párrocos de los candidatos y diáconos, y de reflexionar con ellos sobre el rol concreto que pue-
        de tener el candidato y diácono en la vida y la pastoral de su parroquia. Es sumamente impor-
        tante que los agentes de pastoral comprendan la identidad y el perfil del diaconado según la en-
        señanza de la Iglesia y lo expuesto en este directorio, para que no se llegue a identificar al diá-
        cono como una copia deficiente del sacerdote. Que todos los agentes de pastoral reciban con
        apertura y gozo este ministerio nuevo como un aporte valioso al desafío de la Nueva Evangeli-
        zación.
    59. De la misma manera se instruirá a los laicos sobre la identidad de los diáconos permanentes, sus
        funciones y su rol. Esta tarea es prioritaria en las comunidades campesinas u originarias, de las
        que viene un candidato, en las parroquias, movimientos e instituciones, en las que se desempeña
        y quizás en algunos ámbitos sociales y públicos en los que trabaja un candidato. También se
        debe conscientizar a los laicos comprometidos y organizados en los movimientos y en los con-

81
     Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes 81
82
     cf. Puebla 716
DIRECTORIO PARA EL DIACONADO PERMANENTE EN BOLIVIA                                                         19
            sejos de laicos. Más aún, no hay que descuidarse de la información y concientización de todo el
            Pueblo de Dios a través de los diferentes medios de comunicación. Elabórense folletos, hojas de
            información, afiches, programas de radio y televisión y otros medios oportunos para despertar y
            profundizar el conocimiento del Pueblo de Dios sobre el diaconado permanente. Con motivo de
            las celebraciones de la colación de los ministerios laicales y de la ordenación diaconal, es de
            suma importancia una información cabal y masiva sobre el tema del diaconado permanente.




                                            Capítulo VI
                                  Proceso para acceder al diaconado

1.- La comisión diocesana para el diaconado permanente.-
    60. El responsable de todos los procesos que pueden llevar a una persona a recibir el sagrado orden
        es el obispo diocesano. Sin embargo, juzgamos conveniente que cada obispo denomine para su
        jurisdicción una comisión diocesana para el diaconado permanente que le apoye en el ejercicio
        de esta responsabilidad83. Podrán ser miembros de esta comisión: el vicario pastoral o un dele-
        gado episcopal para los diáconos permanentes, los responsables de la formación de los candida-
        tos, un representante de los párrocos, un representante de los diáconos, un representante de los
        candidatos. Que cada miembro de esta comisión actúe bajo el mandato del obispo y represen-
        tando los intereses de su sector.
    61. Establécese el Equipo Nacional para el Diaconado Permanente dentro de la Comisión de Clero
        y Seminarios. Este equipo sirve para coordinar, apoyar y fortalecer el desarrollo del ministerio
        del diaconado permanente en todo el país, y de ninguna manera puede limitar la libertad de cada
        jurisdicción. Los miembros de este equipo son el Presidente y el Secretario Ejecutivo de la Co-
        misión del Clero, el presidente de los diáconos permanentes de Bolivia y otras personas que
        están involucradas en el servicio al diaconado permanente. Es atribución del obispo presidente
        de la mencionada comisión nominar los miembros del Equipo Nacional, convocarlos y designar
        y supervisar su trabajo.
2.- Presentación y candidatura.-
    62. El aspirante al diaconado permanente que ha recibido un llamado vocacional, puede dirigirse a
        su párroco, otros agentes de pastoral, la comisión diocesana o directamente al obispo diocesano
        para expresar su deseo. En todo caso, se presentará al candidato al obispo, acompañado de un
        informe sobre su idoneidad, y el obispo remitirá el caso a la comisión del diaconado permanen-
        te. Es preciso tomar contacto desde el inicio con el párroco del candidato o el agente pastoral
        encargado del sector pastoral al que pertenece, así como la parroquia, comunidad o grupo de fe
        del aspirante, para informarles sobre el deseo de éste y discernir comunitariamente sobre esta
        aspiración. La comisión diocesana, a la vista de toda la información, considerará el deseo del
        aspirante e informará al obispo, quien admitirá al aspirante o rechazará su solicitud. El obispo,
        por la potestad que tiene, puede atender personalmente la solicitud del aspirante y admitirlo, re-
        chazarlo o postergar su pedido. Se les comunicará, en todo caso, la decisión al aspirante y a su
        párroco, detallando, ante todo en el caso negativo, las razones que motivaron la decisión.


83
     cf. Medellín: Formación del Clero 33f
DIRECTORIO PARA EL DIACONADO PERMANENTE EN BOLIVIA                                                      20
     63. El candidato participará del curso de formación tal como está diseñado en el plan de formación.
         Si ya ha realizado estudios teológicos previos, se puede prescindir de esta parte, pero no de las
         demás. En todo caso es necesario que profundice sus vínculos con la Iglesia diocesana, el clero,
         los hermanos diáconos y candidatos, todo el Pueblo de Dios y ante todo, el pueblo de los pobres
         de su jurisdicción. Si está casado, también la esposa estrechará lazos con la comunidad diaconal
         y con las demás esposas. Si en el proceso de formación aparece alguna situación desfavorable al
         diaconado permanente (cambio de trabajo, muerte de la esposa, divorcio, entre otras), corres-
         ponde únicamente al mismo candidato y al obispo decidir sobre la continuidad del proceso o su
         interrupción. Es conveniente que ya durante el proceso de formación el candidato entregue los
         siguientes documentos: certificados de bautismo, confirmación y – si está casado – matrimonio
         católico. Durante el tiempo de formación, además, los encargados del diaconado procurarán
         comunicarse con la esposa del candidato para acompañarla en el proceso del consentimiento.
3.- Lectorado y acolitado.-
    64. Después de un tiempo prudente de formación, en el momento que establezca el plan de forma-
        ción, se procederá a instituir a los candidatos en los ministerios laicales del lectorado y acolita-
        do84. La celebración de la colación puede realizarse en el segundo año de formación. Para soli-
        citar los ministerios, el candidato redactará y firmará una solicitud al obispo, mientras los párro-
        cos acompañantes enviarán una evaluación escrita de sus experiencias pastorales junto a una
        apreciación de la idoneidad del candidato. Asimismo, la comisión diocesana certificará la apti-
        tud del candidato. A base de estos documentos, el obispo diocesano decide si acepta al candida-
        to para los ministerios85. Antes de la colación, los candidatos y sus esposas pasarán un retiro es-
        piritual. Si se considera oportuno, la celebración se realizará en la parroquia o comunidad del
        candidato.
4.- Admisión al orden del diaconado.-
    65. Cuando terminan los tres años de la formación, el candidato podrá solicitar por escrito la admi-
        sión al sagrado orden86. El candidato debe adjuntar los siguientes documentos, si no los entregó
        todavía: certificados de bautismo, confirmación y – si está casado – matrimonio católico87. Se
        consultará a la comunidad cristiana del candidato, a su párroco acompañante y a la comisión
        diocesana sobre la oportunidad de la ordenación, en un proceso similar al cual realizado con
        motivo de la colación de los ministerios laicales. Si el candidato está casado, la esposa debe dar
        su consentimiento por escrito. En el caso de ser analfabeta, es preferible que pronuncie su
        acuerdo frente a dos testigos, quienes después firmarán una declaración escrita. El obispo deci-
        dirá sobre la admisión del candidato. Antes de realizarse la ordenación, éste y su esposa, parti-
        ciparán de un retiro88.
5.- Ordenación, entrega de la misión del diácono e incardinación.-
    66. Admitido el candidato, el obispo procederá a la ordenación del mismo. La celebración puede
        realizarse en la catedral diocesana89, en la parroquia o en la comunidad del candidato. El candi-
        dato soltero o viudo debe prometer públicamente, dentro de esta celebración, su adhesión al ce-
        libato. Procúrese que la esposa de un candidato casado, conjuntamente con sus hijos, ocupe un
        lugar oportuno dentro del rito de la ordenación90. Junto con la ordenación, el obispo le entrega
84
   CIC can. 1035 § 1; Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes 57-59
85
   Pablo VI: Ministeria quaedam VIIIa
86
   CIC can. 1036; Pablo VI: Ad pascendum V
87
   Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes 61
88
   CIC can. 1039
89
   CIC can. 1010-1011
90
   Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes 65
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         al nuevo diácono su misión por escrito. Esta misión, que desarrollará bajo la autoridad y super-
         visión únicamente del obispo y en coordinación con los demás agentes de pastoral 91, describirá
         detalladamente sus funciones en el lugar de su ministerio, que normalmente será su propia pa-
         rroquia, pero que puede ser también otro ámbito pastoral, aún a nivel diocesano. Respétense las
         condiciones laborales y familiares del diácono al elaborar su misión.
     67. El diácono permanente, con la ordenación, entra a formar parte del clero de la diócesis. Será
         miembro de los consejos pastorales constituidos en el seno de la diócesis. Participará en asam-
         bleas del clero, y podrá ser elegido para un cargo en la curia diocesana, aunque no pertenece al
         consejo presbiteral. La incardinación es un vínculo jurídico, que tiene valor eclesiológico y es-
         piritual en cuanto que expresa la dedicación ministerial del diácono a la Iglesia. Si un diácono
         se traslada permanentemente a otra diócesis, debe incardinarse en ella, según lo establecido en
         las normas eclesiásticas.92 Un diácono que pertenece a un instituto religioso y está incardinado
         en él, al trasladarse a otra jurisdicción eclesiástica, debe ser presentado por su superior al obispo
         de la diócesis en la que desea vivir.93




                                       Capítulo VII
                         Retribución y Administración de los bienes

     68. Sobre la retribución conveniente94, sin perjuicio de lo que esta normado en el nº 22 de este di-
         rectorio, deberá ser amonestada y urgida toda la comunidad cristiana y también los obispos (da-
         do que por su bien trabajan todos los clérigos) para el cumplimiento de este obligación por lo
         cual sugerimos para que en cada diócesis se provea a las siguientes necesidades u otras simila-
         res:
               En cada jurisdicción eclesiástica deberá identificarse un instituto especial que recoja los
                 bienes y oblaciones para proveer conforme al c. 281 a la sustentación, sobre todo, de la
                 misión y del trabajo pastoral de los diáconos permanentes, a no ser que ya haya otro
                 modo de cumplir esta exigencia95
               Donde aun no haya, puede crearse una comisión que se encargue de supervisar que to-
                 dos los candidatos al diaconado permanente y su familia tengan su inscripción o filia-
                 ción a algún sistema de seguro social legalmente establecido.
               Constitúyase en cada diócesis una caja (o bolsa) común, con la cual los obispos puedan
                 cumplir algunas obligaciones respecto, sobre todo, a los diáconos permanentes a tiempo
                 completo (si es que los hay). Puede acudirse al auxilio de las diócesis federadas o a las
                 jurisdicciones metropolitanas96
     69. Sobre los bienes puestos bajo la responsabilidad y cura pastoral del diácono permanente. Co-
         rresponde al Ordinario vigilar diligentemente la administración de todos los bienes pertenecien-
         tes a las personas jurídicas públicas que le están sujetas y él es el único responsable para cual-
         quier transacción u algún otro tipo de medida jurídica.


91
   Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes 6
92
   CIC can. 267-268; Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes 3
93
   Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes 4
94
   CIC 1983 c. 281,3
95
   CIC 1983 c. 1274,1
96
   CIC 1983 c. 1274,3-4-5
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     70. El Ordinario del lugar provea diligentemente la normativa y las instrucciones necesarias para
         que los diáconos permanentes –si es el caso- hagan un compromiso formal –con inventarios le-
         gales y notariados- de las obligaciones y derechos que estas asumiendo respecto a la adminis-
         tración de bienes muebles e inmuebles. Asimismo cuiden todo lo referente a la forma de admi-
         nistración dentro de los límites del derecho universal y particular.97
     71. Todos los diáconos permanentes que participan por un título legítimo en la administración de
         los bienes eclesiásticos, deben cumplir sus funciones deben cumplir sus funciones en nombre de
         la Iglesia, y conforme al derecho98. Deberán rendir cuentas al Ordinario cada año y también rin-
         dan cuentas a los fieles acerca de los bienes que estos entregan a la Iglesia, según las normas
         que determine el derecho particular99.




97
   CIC 1983 c. 1276,1-2
98
   CIC 1983 c. 1282
99
   CIC 1983 c. 1287,1-2
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