EL RETO DE EDUCAR

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This document gives some general outlines and personal opinions about some principles of education.

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2/26/2009
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Spanish
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							EL RETO DE EDUCAR Escrito por: Jaime Borda V.
“El aprendizaje no es un incierto viaje de dudosas consecuencias, es una acción de perfección continua” (Mabel Nelly Starico)

Los años por venir están cargados de incertidumbre, nadie sabe con certeza a donde vamos, pero hay ciertas evidencias que me impulsan a creer que la vida siempre tendrá más poder que la muerte, que los valores que hacen al hombre, hombre, es decir un ser humano, son más convincentes que la maldad que reina por doquier y que no importa lo que pase, el amor será siempre más fuerte que el odio. Un mundo tan cambiante como el nuestro, donde la información sobre los más variados temas se reproduce por segundos y donde “el verdadero recurso dominante y factor de producción absolutamente decisivo no es ya ni el capital, ni la tierra, ni el trabajo sino] el conocimiento” (Drucker, 1994), demanda de cada persona una apertura y disposición para el aprendizaje continuo. En términos pedagógicos significa que la escuela –colegios y universidades- está llamada a implementar nuevos sistemas de enseñanza que permitan y faciliten el desarrollo de “habilidades para aprender a aprender, habilidades para relacionarse con los demás y capacidad de motivación intrínseca”. (Insuasty, 1999) La vida es como un libro abierto de infinitas páginas que espera ser interpretado y transformado por cada uno de nosotros. Aprender a vivir es en el fondo un arte que implica, entre otras cosas, aprender a convivir, aprender a conocer, aprender a ser y por supuesto aprender a aprender. Desde un punto de vista académico ideal el aprendizaje es (o debe ser) un proceso y en cierta medida una competencia que desarrolla cada individuo a lo largo de su vida usando diferentes estrategias que le ayudan a construir y a transformar constantemente sus conocimientos. Cuando ya no queremos aprender, empezamos a morir. Pero volvamos a lo esencial que, de acuerdo con muchos teóricos contemporáneos, cada miembro de la sociedad debería aprender en la escuela. En primer lugar aprender a convivir es una necesidad urgente e inaplazable del mundo moderno. Muchos anhelan la paz, pero les falta tolerancia para aceptar a su compañero de al lado. Aceptar la diversidad del otro y saber encontrar puntos de convergencia, es un primer paso en este proceso. Aprender a conocer el entorno, la propia cultura, las propias fortalezas y debilidades es una estrategia que garantiza el éxito. Aprender a ser es adquirir la autoestima necesaria para saber de qué somos capaces y de qué no. Y como base de todos estos procesos está el aprender a aprender que implica ser consciente de la forma como se aprende y ser capaz “de realizar aprendizajes significativos por sí solo en una amplia gama de situaciones y circunstancias” (Coll, 1998). Como punto final de esta cadena, pero no por ello menos importante, es el hecho indudable de que el conocimiento se graba mejor cuando el estudiante aprende a hacer, haciendo. Como lo aclaro más adelante, no es suficiente con saber algo de algo, sino saber hacer algo con eso que se sabe. Me

atrevo a decir que aprender haciendo es el primer y último eslabón de lo que se ha denominado quizá en forma arriesgada aprendizaje autónomo. Con estas consideraciones regresamos al punto de partida, tratando de dar una respuesta a la pregunta tácita que se plantea sobre la incertidumbre de los años por venir. No cabe duda de que nuestra sociedad necesita un cambio y éste sólo puede venir del hombre mismo. Pero ¿qué tipo de hombre puede generar ese cambio que la sociedad espera? Hombres y mujeres moral e intelectualmente autónomos, poseedores de un verdadero pensamiento crítico, capaces de generar transformaciones positivas. A este respecto Constance Kamii aclara que la autonomía intelectual se refiere a la capacidad de cada individuo de construir su propio conocimiento, partiendo de lo que ya sabe y coordinándolo progresivamente con otros puntos de vista, en tanto que la moral autónoma “la elabora cada individuo en su relación con los demás”, con base en el respeto y la reciprocidad que espera. Para sentar las bases de la autonomía -intelectual y moral- considero importante tener en cuenta lo que Hans Aebli ha denominado los tres componentes básicos del aprendizaje autónomo -fundamento pedagógico y educativo para desarrollar la autonomía- que son: saber, saber hacer y querer. El saber se refiere a la capacidad de conocer los propios procesos de aprendizaje con sus fortalezas y sus debilidades y tener una imagen clara de cómo deberían ser. Es lo que se denomina un saber metacognitivo, o “el conocimiento que poseemos sobre qué y cómo lo sabemos” (Díaz y Hernández, 1998). El saber hacer se refiere a la capacidad de “comprobar por uno mismo el logro del aprendizaje”. Es tener la capacidad de autoobservarse y saber si los procesos de aprendizaje empleados son realmente efectivos, es desarrollar procesos de autorreflexión, autocontrol y autorregulación. Por último el querer se refiere a la motivación intrínseca por aprender y por profundizar lo aprendido, no sólo como una forma de lograr el éxito personal sino también como una forma sana y muy productiva de enriquecer la vida. En resumen, un aprendiente autónomo es aquel que conoce sus propios procesos de aprendizaje, sabe qué hacer con lo que sabe y quiere aprender siempre más, por sí mismo, aquello que le interesa y que le conviene para lograr sus metas. Así pues que para cambiar la incertidumbre en certeza, para dejar de relativizar los valores y para cambiar la crónica negra de cada día en una crónica blanca, la educación del siglo XXI debe tender a la formación de seres autónomos en su aprendizaje y profundamente solidarios en su actuar, hombres y mujeres íntegros, capaces de aprender a aprender para dar solución a los problemas que aquejan a su sociedad o a su nación, con un criterio propio, con valores éticos y morales, individuos con una mentalidad de avanzada, que más allá de sus intereses personales tengan una visión de mundo en la que haya cabida para todos.

Primera versión: Bogotá, 2001 / Última revisión: Pamplona, 2008.

BIBLIOGRAFÍA AEBLI, Hans. Factores de la enseñanza que favorecen el aprendizaje autónomo. NARCEA, S.A. De Ediciones. Madrid, 1991. En Módulo de Tutoría y Dinamización del Aprendizaje Autónomo. UNAD-CAFAM, 1999. Pág. 21-23. DÍAZ, Frida y HERNÁNDEZ, Gerardo Hernández. Estrategias docentes para un aprendizaje significativo. México, 1998. Editorial McGraw Hill. Pág. 16 DRUCKER, Peter. La Sociedad Postcapitalista. Bogotá: 1994. Editorial Norma S.A. En Módulo de Aprendizaje del Adulto. Convenio UNAD-CAFAM. 1998. Pág. 24 INSUASTY, Luis D. Aprendizaje Autónomo. Documento de Apoyo Técnico. Bogotá: 1999. Convenio UNAD-CAFAM. P. 37.


						
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