Campañas del Perú

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					Campañas del Perú

Introducción

La expedición libertadora organizada en Chile y conducida por el general San
Martín tuvo éxito en el Perú por su dirección prudente, los triunfos de la
escuadra chilena al mando de Cochrane, y el estado político de España creado
por la revolución de Riego y Quiroga en enero de 1820. Todas estas causas
obligaron a los españoles a retirarse a la Cordillera. La plaza del Callao,
desamparada por tierra y bloqueada por mar se entregó sin disparar un tiro.
Gracias a estas ventajas San Martín pudo proclamar la independencia en Lima
el 28 de julio de 1820; era la consecuencia de las transformaciones ocurridas
en el mundo español.

Nombrado el general argentino Protector del Perú, descuidó sus relaciones con
Chile, aun cuando le debía los mayores elementos de la expedición. Creyendo
posible obtener la autonomía absoluta, coronando a un príncipe español, ni
mostró actividad en la guerra ni rapidez en su prosecución, y esto naturalmente
produjo el descontento general de los patriotas, en especial por la paralización
de la industria y del comercio.

Primer intento de San Martín sobre Guayaquil.

Como hemos referido someramente el Perú, en los últimos años, aspiraba a la
posesión de Guayaquil: el general San Martín, deseoso de aumentar su
influencia por medió de un gran triunfo, creyendo en enero de 1822 a Bolívar
muy lejos, pretendió irrumpir en el famoso puerto, y tomar las medidas del caso
para agregarlo al Perú. Al efecto partió del Callao el 8 de febrero, pero al saber
en Huanchaco el 21 del mismo mes que casualmente Bolívar estaba al llegar a
Guayaquil con tropas, dió un salto atrás y propuso en Lima el 3 de marzo al
Consejo de Gobierno, declarar la guerra a Colombia, y así se resolvió por el
voto de los peruanos, salvando el suyo los argentinos Monteagudo y Alvarado;
más por fortuna para ambos países, este paso impremeditado no tuvo
consecuencias, porque Bolívar, debido a la llegada de buques españoles no
pudo dirigirse por mar a Guayaquil. Gracias a esta circunstancia fortuita San
Martín abandonó su actitud hostil (1).

Guayaquil colombiano.

Libre ya la presidencia de Quito después de las jornadas de Bomboná y
Pichincha y decretada la incorporación del territorio a la República de
Colombia, Bolívar vino rápidamente a Guayaquil a tomar posesión de la
provincia, en cumplimiento de las disposiciones legales del gobierno
constitucional de Colombia, trasmitidas por el Canciller Pedro Gual el 25 de
junio de 1822 (2), encomendándole usar la fuérza, si no se lograba que se
reconocieran íntegramente los derechos de Colombia. Esta provincia
pertenecía al Virreinato de Nueva Granada desde el año de 1705.

En tal virtud llegó a Guayaquil el 13 de julio, seguido de dos batallones
veteranos de la Guardia Colombiana. Para evitar manifestaciones inútiles de
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los separatistas, la mayoría decidida en favor de la unión colombiana, por sus
aclamaciones, obligó a Bolívar a proclamar la incorporación el 15 de julio, y así
se hizo con aplauso casi unánime de todos los gremios sociales y la
aprobación del resto de la provincia del Guayas y las de Quito y Cuenca.

Segundo intento de San Martín sobre Guayaquil.

Pasado algún tiempo, anhelando siempre el Protector la valiosa provincia para
el Perú, renovó en julio del mismo año la aventura, pero fracasó segunda vez
por haber llegado tarde. Creyendo a Bolívar entretenido en Quito supuso que
tenía tiempo de dar un golpe, y le escribió que fría a dicha ciudad a saludarlo,
pero esto se quedó en vana promesa. En efecto al tocar en la Puná supo la
llegada de Bolívar a Guayaquil y la incorporación de la provincia a Colombia.
En consecuencia devolvió al Callao los dos batallones que traía y sus barcos
de guerra y quiso regresar, más por empeños de Bolívar resolvió desembarcar
y se realizó la célebre Conferencia de Guayaquil (3).

Conferencia de Guayaquil.

Lo tratado por los dos renombrados caudillos de la América Española fuéron
cuestiones de orden general, a pesar de cuanto se ha dicho y escrito acerca de
tan célebre acontecimiento. Todo se redujo a soluciones corrientes, tratables
por las cancillerías; San Martín expresó una gran confianza en la fuérza de su
ejército superior al de los españoles, a los cuales esperaba vencer fácilmente, y
Bolívar calificó el acto de una simple visita, por el hecho de no haberse
discutido ningún asunto especial. De paso mencionaron la división ya
preparada para enviarla al Perú (4).

Planes errados de San Martín.

Lo único que impresionó al Libertador fué el plan de guerra que le confiara el
general San Martín. El le aseguró que sus fuérzas (11.000 hombres incluyendo
la división colombiana, ya bajo sus órdenes) eran muy superiores a las del
gobierno español en el Perú (que sólo alcanzaban a 8.300 combatientes,
diseminados en gran parte de la serranía) y para batirlos pensaba enviar la
mitad a invadir la cordillera por Intermediós, al Sur del Perú, y la otra mitad a
marchar desde Lima directamente sobre Jauja; el Libertador le preguntó porque
no enviaba las tropas por una sola vía, en un solo ejército, y él le contestó que
las provincias independientes no tenían recursos suficientes para mover una
gran fuérza a través de los Andes, error manifiesto, pues Bolívar probó el año
de 1824 lo contrario cuando llevó su ejército de 8.000 hombres atravesando el
Perú, provisto de cuanto podía necesitar para sostenerse durante una larga y
agitada campaña (5).

Oficio del 9 de septiembre de 1822.

Temiendo un fracaso de San Martín, Bolívar escribió desde Cuenca el 9 de
septiembre de 1822 a los gobiernos del Perú y de Chile, estimulándolos a
tomar parte en la campaña para dar el golpe decisivo y ofreciendo por lo pronto
que Colombia contribuiría con 4.000 hombres más. Este oficio se publicó en
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Chile y trasmitido al Río de la Plata, lo reprodujo en su número 44 el Argos de
Buenos Aires, fecha 31 de mayo de 1823, sin darle importancia los gobiernos
del Perú, Chile y Buenos Aires.

Por su parte el Perú no aceptó los ofrecimientos de Bolívar y la ineptitud de sus
gobernantes dió motivo a la ruina del ejército de San Martín, como exponemos
enseguida (6).



Gobierno de La Mar. Derrotas de Alvarado.

San Martín no fué feliz en la elección de sus reemplazantes cuando se separó
del Perú: La Mar, nombrado Presidente de la Junta de Gobierno, por su
inacción, dejó inutilizar la división de Arenales, carente de socorros; y
Rudecindo Alvarado nombrado jefe del ejército principal, fracasó
vergonzosamente en las batallas de Torata y Moquehua, ganadas por los
generales españoles Valdés y Canterac.

Estos acontecimientos funestos a la causa de la independencia, dieron motivo
a la intervención de Bolívar en los asuntos del Perú. En efecto, para evitar una
catástrofe mayor, a los primeros requerimientos del gobierno de Riva Agüero
envió losk 6.000 hombres que tenía preparados, en dos expediciones de 3.000
hombres cada uno, la primera partió el 18 de marzo y la segunda el 12 de abril
de 1823, en barcos enviados oportunamente por el Perú, porque dió la
coincidencia de resolver Bolívar enviar estos contingentes de tropa y el
presidente Riva Agüero del Perú de solicitar refuérzos con muchas instancias,
al punto de despachar buques para que los llevaran antes de recibir
contestación. Sin estos oportunos socorros el Perú independiente habría
sucumbido en esos días invadido por Valdés y Canterac.

Pero una vez embarcada la primera división de colombianos, recibió Bolívar un
oficio de Tomás Guido, Ministro de Guerra del Perú, recomendándole enviar las
tropas al puerto de Intermediós a unirse a una división chilena que, según
decía, estaba por llegar; plan descabellado porque sin nada preparado para
recibirlas en dichas playas, las divisiones colombianas y la chilena se hubieran
dispersado (7).

El Libertador improbó enérgicamente el proyecto de Guido, dispuso que las
colombianas desembarcaran en El Callao, y envió a Sucre con el carácter de
Ministro Diplomático y principalmente con el encargo de dirigir las tropas
auxiliares colombianas, medida acertada, indispensable para asegurar las
tropas, y a la vacilante república peruana. Pero militares conocedores del
gobierno presidido por Riva Agüero, y políticos expertos como el general
Necochea y el comerciante Sarratea, decían que sería inútil mandar más
socorros al Perú, si Bolívar en persona no iba a dirigir la guerra. Por su parte el
Libertador decía que para arrancar el Perú a los españoles se necesitaba no
solamente un buen ejército sino un hombre cesáreo (8).

Operaciones de Sucre.
4



Refiriéndose al proyecto de expedición a Intermediós encomendado por Riva
Agüero a Santa Cruz, el Libertador le decía a Sucre estas exactas expresiones:
"Santa Cruz irá con sus 5.000 hombres a Intermediós, encontrará pocas
fuérzas, lo atraerán y después de todo le sucede una de estas tres cosas: la
disminuye su división forzosamente por marchas y contramarchas,
enfermedades y combates; 2'~ es batido al principio si Valdés tiene 3.000
hombres; o bate a Valdés si tiene menos; y entonces sucede la 3~ que es la de
internarse a Arequipa y a Puno donde Canterac por una parte, las tropas del
Alto Perú por otra, acaban con nuestra división, o la fuérzan a reembarcarse, si
aun permanecen los trasportes en las playas.

"Este resultado puede ser más o menos infausto, más no dejará de serlo. Un
cuerpo flamante, como el de Santa Cruz, en una retirada simple por desiertos,
no necesita para sucumbir más que perseguirlo vivamente con infantería y con
caballería. Si antes no persiguieron, ahora lo harán, porque las cosas para
hacerlas bien es preciso hacerlas dos veces: es decir que la primera enseña la
segunda. La expedición de Santa Cruz por muy bien que le vaya, deja al
enemigo la mitad de sus armas y la mitad de sus fuérzas, lo que multiplica sus
mediós de superioridad" (9).

Estos juicios y predicciones de Bolívar dan la medida de sus dotes singulares
porque los acontecimientos a que se refiere apenas se habían iniciado, de
manera que sus observaciones en realidad constituyen una profecía.

Segunda rebelión de Pasto.

A mediados del año de 1823 el Libertador se hallaba en Guayaquil preocupado
con la situación del Perú, adonde había enviado el ejército puesto a las
órdenes de Sucre, cuando ocurrió en Pasto el alzamiento de dos fanáticos
defensores de España, y se apoderaron del mando: Merchancano como jefe
político y Agualongo de jefe militar, animados por el traslado del ejército
libertador al Perú. Inmediatamente Bolívar suspendió los preparativos de otros
embarques al Callao, recogió las escasas tropas que pudo haber a mano en
Guayaquil, despachó a Salom a reunir milicias y siguió a Quito.

Batalla de la Villa de Ibarra.

Recordando los inauditos trabajos pasados en la región de Pasto antes y
después de la jornada de Bomboná, resolvió atraer a los enemigos a lugares
despejados donde pudiera obrar la caballería. Estas medidas tomadas con
habilidad indujeron a los rebeldes a establecerse donde no podían resistir. Era
el desquite de Bomboná.

Con su escaso numero de veteranos, algunos licenciados de los hospitales
militares, muchos reclutas y voluntarios de Quito y de varios pueblos del
Ecuador, el Libertador reunió 1.500 hombres de los cuales, solamente una
cuarta parte eran veteranos. Estas tropas leales a cargo de Salom habían
recibido orden de retirarse hacia el Sur para recoger destacamentos y fingiendo
temor animar a los insurrectos a seguir adelante y llevarlos a un terreno abierto
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donde pudiera cargar la caballería. Los pastusos engreídos con sus ventajas
aparentes llegaron a la Villa de Ibarra, al término de una gran llanura, el 12 de
julio, con sus fuérzas de 1.400 hombres, la mayor parte armados de fusil y los
restantes con armas blancas (10).

Los insurgentes confiados en la ausencia del ejército libertador en el Perú, se
creían seguros y se extendieron en los alrededores de la Villa de Ibarra, al
término de llanuras magníficas para obrar la caballería. Cuando ya los pastusos
se habían esparcido por esos lugares el Libertador entrando el 17 de julio de
1823 por la pica desusada de Cochicaranqui, los sorprendió y aunque se
reunieron y opusieron resistencia fuéron batidos y destrozados por la caballería
colombiana, favorecida por la naturaleza del terreno. El desquite de los llaneros
por sus destrozos de Bomboná fué completo: en el suelo quedaron 550
muertos y 120 heridos de los pastusos. En el parte oficial se hace constar que
la caballería colombiana, víctima del fuégo de las guerrillas en la campaña de
Bomboná, en esta acción los atacó con furor e hizo estragos entre ellos:
perseguidos en todas direcciones pocos pastusos fugitivos lograron escapar
(11). Los colombianos sólo tuvieron 13 muertos y 8 heridos, desproporción
debida a la ventaja de la caballería en la llanura, a la destreza de los jinetes
colombianos y al ímpetu de sus cargas. Ya en otro lugar hemos mencionado
las opiniones de grandes maestros de la guerra sobre las ventajas que en
aquella época tenía la caballería sobre la infantería, aun cuando la instrucción
de una y de otra fuéran iguales.

Ejército peruano.

El Gobierno de Riva Agüero había mandado el 25 de mayo, una expedición de
5.500 hombres al Sur a cargo de Santa Cruz y Gamarra, con el objeto de batir
las tropas españolas de esa región. El primero de estos jefes tuvo un combate
favorable el 25 de agosto con Valdés en Zepita a orillas del Titicaca, enseguida
pasó el Desaguadero y fué hasta La Paz, mientras el segundo marchando
paralelamente se dirigió a Oruro, pero en cuenta de que el Virrey avanzaba
hacia ellos se reunieron el 8 de septiembre en Panduro.

Sucre general en jefe.

Mucho antes Canterac organizó un ejército de 9.000 hombres en Jauja y con
8.000 de ellos se dirigió sobre Lima adonde entró el 18 de junio, dispuesto a
mantenerse en la capital y recuperar lo perdido. Mientras tanto los patriotas del
Congreso, víctimas de la anarquía y de la incapacidad de uva Agüero,
nombraron general en jefe a Sucre, el cual obligado por las circunstancias y la
voluntad unánime del Congreso tuvo que aceptar el puesto y se encargó en la
mañana del citado 18 de junio de evacuar la capital y retirarse con las tropas al
Callao.

Aunque sólo contaba con 3.700 combatientes contra 7.000 que trajo Canterac
a Lima, le parecía un deshonor evacuar la célebre capital del Perú, sin haber
librado una batalla (12).
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La división colombiana sólo constaba en su origen de 5.500 hombres, porque
los restantes hasta 6.000 no llegaron a embarcarse por la rebelión de Pasto.
Acantonada a la intemperie, desde su llegada había sufrido numerosas bajas, a
saber: 500 muertos, 300 desertores y 700 enfermos, 300 habían ido a reforzar
el Callao. Sólo quedaron aptos para combatir 3.700 (13).

Sucre deseaba empeñar una batalla, pero no podía hacerlo sin autorización
expresa del gobierno. Este último no se atrevió a darla y Sucre, muy a su
pesar, dispuso la evacuación enseguida. Las bestias de carga y los caballos
fuéron enviados a Chancay a cargo de Lavalle, y el ejército al acercarse los
españoles el 18 de junio se situó bajo los fuégos de la plaza del Callao. La
división chileno-argentina ocupó el camino cubierto y la de Colombia se formó
en columna cerrada delante del glacis, dando el frente al enemigo.

Los españoles ocuparon a Lima el 20 de junio, enseguida enviaron adelante un
batallón y un escuadrón, pero estos cuerpos sin reconocer los puestos de los
patriotas, retrocedieron a sus posiciones. Pocos días después se acercaron
dos compañías realistas y fuéron rechazadas brillantemente por una compañía
de granaderos colombianos, apoyados por la artillería. En los días
subsiguientes las descubiertas tuvieron frecuentes tiroteos. El 1° de julio ocurrió
un combate sangriento en el Carrizal y la Legua, con pérdida de muertos y
heridos de ambos bandos. Creciendo el desasosiego público el 21 de junio el
Congreso había proclamado a Sucre Jefe Supremo Militar (14). Ante los
empeños del Congreso el insigne general se había visto obligado a aceptar el
nuevo destino, dado como medida política para calmar la opinión.

Expedición de Sucre a intermediós.

En una Junta de Guerra el 30 de mayo Sucre había recomendado enviar a
Intermediós una expedición de 3.000 hombres a reforzar el ejército de Santa
Cruz y se ofreció para conducirla en persona (15). Durante la ocupación de
Lima se resolvió aceptar esta idea. Sucre designó de Jefe de Estado Mayor al
general Alvarado y este general partió del Callao el 13 de julio hacia
Intermediós con la brigada de Jacinto Lara de tres batallones colombianos y la
del general Pinto de dos batallones chilenos, formando en total 3.215
combatientes (16).

Como esperaba Sucre, alarmado Canterac con la nueva expedición evacuó a
Lima el 16 de julio, rumbo a Jauja y Huancavelica, después de haber obtenido
de los pudientes sumas importantes de dinero y despachado a Valdés hacia el
Sur con 3 batallones y 3 escuadrones, en junto 2.500 hombres destinados a
reforzar al Virrey y contener los progresos de Santa Cruz (17).


Sucre en el Sur.

Habiendo partido del Callao el 20 de julio, Sucre llegó con su expedición al
puerto de Chala el 2 de agosto. Desde allí le escribió a Santa Cruz ofreciéndole
su cooperación, pero este general que se creía el vencedor de Pichincha, le
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contestó con evasivas. En su correspondencia no dejaba duda de que quería
obrar solo en la campaña.

De Quilca Sucre se dirigió a la ciudad de Arequipa, de sentimientos patrióticos
y abundantes recursos, a donde llegó el 81 de agosto. La guarnición se retiró a
Apo. Del Cuzco el Virrey había partido con 3.000 hombres en socorro de
Valdés, amenazado por Santa Cruz, y juntos pasaron el Desaguadero. Santa
Cruz se dirigió a Oruro a reunirse a Gamarra, pero atemorizados con la
incorporación de Olañeta, procedente de Potosí, no quisieron presentar batalla
al Virrey y se pusieron en retirada precipitada hacia el Norte. Transcurridos
muchos días, Sucre recibió una carta de Santa Cruz del 12 de septiembre
invitándolo a reunirse con él; generosamente se puso en marcha para
socorrerlo y sin preocuparlo la aproximación de Canterac con 3.000 hombres
procedente del Cuzco, se dirigió a Apo esperando salvar a su colega, pero ya
era tarde. Al llegar a dicho pueblo supo la fuga de Santa Cruz y Gamarra
quienes no se atrevieron a presentar batalla al Virrey y marchaban en retirada a
toda carrera hacia la Costa (18). Tratando de escapar ligero botaban las armas
y dejaron perder el parque, de manera que a la Costa llegaron el lo de octubre
solamente unos 900 hombres, en parte desarmados, perseguidos por un solo
cuerpo del Virrey, quien no quiso molestarse en seguirlos con todo su ejército.
Tal fué lo que se llamó por los peruanos la Campaña del Talan (19).

Cuando Sucre se dirigía hacia Puno, recibió en el camino la sorprendente
noticia de la fuga del ejército peruano, e inmediatamente hizo retroceder sus
fuérzas y a los dos o tres días llegó a Cangallo, punto situado en la vía de
Moquehua, siempre con la idea de salvar algo de los restos del ejército de
Santa Cruz, pero en cuenta de su disolución casi total, volvió a Arequipa el 29
de septiembre, e hizo replegar su división a dos jornadas de la ciudad camino
de la Costa para evitar la confusión en un reembarco precipitado. El se quedó
en Arequipa unos días con la caballería para distraer a los enemigos.

Ineptitud de Miller.

Poco después aproximándose el Virrey con su ejército, Sucre abandonó a
Arequipa el 8 de octubre, y se dirigió a Quilca, a donde llegó el 11. Encargado
Miller de sostener la retirada con 200 jinetes, contra 100 del enemigo, no supo
maniobrar y batido culpó del desastre a sus soldados, todos chilenos (20).

Esperando la anunciada expedición chilena, Sucre permaneció ocho días en
Quilca, pero como no llegaba, el 15 se embarcó rumbo al norte. De esta
manera terminó la campaña.

Bolívar se embarca para el Perú.

Después de la derrota definitiva dada a los pastusos, Bolívar llamado varias
veces del Perú partió hacia el histórico virreinato, en el bergantín Chimborazo
el 6 de agosto de 1823. A los 25 días de navegación, contra la corriente del
Sur, desembarcó en el Callao y entró a Lima el 10 de septiembre un año
menos 20 días después de la retirada de San Martín. El Congreso animado de
halagüeñas esperanzas lo nombró Director Supremo de la Guerra, a
8

regañadientes de los individuos que componían el Gobierno, aunque ninguno
expresó ni disimuladamente sus opiniones harto conocidas del público. Todas
las gestiones que hizo Bolívar para reducir a Riva Agüero, alzado contra el
Congreso, fuéron inútiles: terco y de escasas luces, el pseudo presidente
destituido legalmente, no quiso entregar el poder y se había retirado con su
ejército de 3.000 hombres hacia Trujillo, antes de la llegada de Bolívar.

Bolívar en Lima.

Al jefe colombiano lo recibieron en triunfo por su renombre y la creencia de que
realizaría pronto la independencia total, única manera de terminar la situación
irregular en que se hallaba el país, dividido en dos porciones regidas por
bandos enemigos, sin comercio mutuo y por tanto con la importación y la
exportación restringidas (21).

En los días subsiguientes desembarcaron en el Callao dos escuadrones de
llaneros venezolanos, el batallón Vargas, en su mayoría compuesto de
granadinos y reemplazos de diferentes cuerpos de las divisiones que ya se
hallaban en el Perú, por todo 1.500 hombres. Estos embarques se habían
suprimido por la rebelión de Pasto.

Al día siguiente de su llegada, 2 de septiembre, el Congreso por unanimidad de
votos autorizó al Libertador para terminar las disensiones entre el Gobierno
presidido por Torre Tagle y el temerario Riva Agüero (22). En consecuencia
impuesto ya de la conducta del rebelde el día 4 le escribió a este último
intimándole, en una carta amenazadora, que se sometiera al Congreso. Usaba
expresiones muy fuértes, porque le habían mostrado cartas del ex-presidente
para Santa Cruz, interceptadas en Chancay, llenas de procacidades contra los
auxiliares. En vista de esta actitud rebelde del destituido presidente, el
Congreso considerando los expedientes de que podía echar mano para dilatar
la guerra, dió al Libertador el 10 de septiembre la Suprema autoridad militar en
toda la República y estableció que el Presidente Torre Tagle debía obrar de
acuerdo con él, todo esto con el objeto de dar mas fuérza al Libertador, para
que terminara pronto la guerra (23); pero él cometió el error de no pedir la
administración total del estado, aun cuando contaba con la opinión favorable de
casi todos los diputados, facultad indispensable para que pudiera mantener el
ejército en su integridad sin faltarle nada. Además de esto Bolívar cometió otro
error: en los primeros días, en ceremonia pública, donde se hallaban el
presidente Torre Tagle y sus ministros, al recibir una diputación del Congreso
les dijo que podían contar con sus esfuérzos "siempre que se destruyeran los
abusos y se introdujeran reformas radicales, en todos los ramos de la
administración, que hasta entonces había sido viciosa y corrompida". Torre
Tagle y los Ministros presentes en la recepción, naturalmente, quedaron
resentidos (24).

El disidente y los españoles.

Mientras tanto uva Agüero se entendía con los españoles para proceder contra
Bolívar, bien para expulsarlo solamente o para someter el país al dominio
completo de España, consecuencia inevitable de cualquier ventaja de los
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españoles. Al efecto nombró al coronel Remigio Silva el 6 de septiembre para
que en clase de plenipotenciario tratara con el jefe supremo del ejército
español, sobre los mediós de terminar la guerra. Debía proponerle un tratado
de amistad con España y ofrecía despedir las tropas auxiliares, y en caso de
que éstas o sus jefes resistieran, entonces los ejércitos español y peruano, los
obligarían por la fuérza a evacuar el país (25).

Para tratar con el disidente Bolívar nombró una comisión formada del diputado
José María Galdeano y el general de brigada Luis Urdaneta. El 11 de
septiembre llegaron a Huaraz, cuartel general de Riva Agüero, pero no lograron
ningún arreglo, porque sus proposiciones eran inaceptables y el ex-presidente
no ofrecía nada, contando con recibir pronto noticias favorables del ejército de
Santa Cruz que le era adicto.

Bolívar invitó al disidente varias veces a concurrir con sus 2.000 hombres útiles
de Huaraz a Paseo, a unirlos a 5.000 que él conduciría en persona para operar
juntos contra los españoles, mientras Sucre se aproximara a Santa Cruz en la
esperanza de que este último atendiera sus indicaciones (26). Poco después,
cuando recibió Bolívar la noticia de la disolución del ejército de Santa Cruz,
supo también de nuevos tratos de Riva Agüero con el Virrey para entregársele
con todo su ejército (27).

Plan de Bolívar.

En vista de las pérdidas sufridas pidió nuevos refuérzos a Colombia; sólo
esperaba la salvación de Sucre por su excepcional destreza. No quedando más
recurso que el de las armas, Bolívar emprendió marcha hacia el Norte a reducir
al rebelde. Los españoles se hallaban en Jauja y Cerro de Pasco y los rebeldes
en Huaraz y Trujillo. Bolívar dispuso ocupar el territorio intermedió para cortar a
los unos de los otros, y arrojarse sobre los de Riva Agüero hasta reducirlos por
completo. Con motivo de la campaña contra Santa Cruz 8.000 hispano-
peruanos se habían dirigido hacia el Sur, mientras en Jauja y Pasco sólo
dejaron 4.000.

Sucre se había negado a tomar parte en la campaña contra el rebelde, porque
según decía, ellos habían ido al Perú de auxiliares de los peruanos y no debían
mezclarse en sus partidos domésticos. Después de muchos ruegos convino en
acompañar a Bolívar, pero limitando su acción a contener a los españoles del
lado de Pasco (28).

Campaña contra Riva Agüero.

Con las tropas colombianas Bolívar desde la Costa ascendió a la Cordillera
Negra, es decir la occidental del Perú, por los Valles de Pativilca y las
Fortalezas; atravesó la Cumbre y bajó al Callejón de Huaylas, valle espléndido
por su extensión y riquezas agrícolas, al pie de la Cordillera Blanca, o sea la
central en esa región.

La mayor parte del ejército se dirigió a Huaraz y allí se incorporó la división de
Sucre al cual se encargó pasar la Cordillera con unos cuerpos escogidos y
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moverse al Sur para hacer frente a los españoles del lado de Huánuco y Pasco,
mientras el Libertador marchaba hacia el Norte contra Riva Agüero, quien se
había retirado a Trujillo. Durante estos sucesos el arbitrario Vice-Almirante
Guise se pronunció por el disidente y decretó el bloqueo de toda la Costa del
Perú, desde Cobija hasta Guayaquil.

Véase cómo juzgaba el Libertador a su inepto contendor: "Después de haber
recibido los comisionados de Riva Agüero la respuesta que dieron los nuestros
de mi orden a sus proposiciones, y después de haber visto la primera columna
de nuestro ejército, se fué inmediatamente Novoa, atolondrado, a dar cuenta a
su comitente. El otro comisionado permanece aún y se irá a Lima después de
haber visto la segunda columna que ha llegado hoy a este pueblo. Aunque
estos dos comisionados han manifestado las mejores disposiciones en favor de
una amigable transacción, y aunque han demostrado un candor aparente, lo
que hay de cierto es que no se han excedido un ápice de las instrucciones que
trajeron de Riva Agüero, las mismas que ha visto Espinar; pero no es de
esperar nada bueno del corazón envenenado del Exmo. Presidente y de sus
miras eminentemente ambiciosas. Con todo, a la actitud militar que ha tomado
el ejército libertador, parece que debe reservarse la terminación de unas
desavenencias tan funestas a la causa del país" (29).

Refiriéndose a medidas indispensables para asegurar el éxito de la campaña,
el 10 de diciembre de 1823, le decía el Libertador a Torre Tagle estas palabras:
"Debemos hacer marchar mucho a nuestros soldados por las punas, para
enseñarles a respirar el soroche y a saltar por entre las peñas como los
guanacos, en cuyo país vamos a hacer la guerra" (30).

En otra ocasión le escribía a Sucre de la necesidad de acostumbrar a los
soldados a pasar las partes
elevadas de la cordillera y "hacerlos caminar hasta 10 leguas por día,
proporcionándoles al mismo tiempo todas las comodidades posibles. Debían
subir y bajar algún cerro escarpado y dar carreras de media hora o de una hora
porque el secreto de la táctica está en los pies como dice Guibert y nuestros
enemigos nacidos y criados la mayor parte en la cordillera, lo poseen
admirablemente" (31).

Tal era la situación militar y política cuando el 25 de noviembre Riva Agüero y
su segundo el general Ramón Herrera fuéron destituidos y aprisionados por
sus subalternos, al convencerse éstos de que aquellos estaban en tratos con
los españoles para expulsar a Bolívar y a sus tropas del Perú. El general La
Fuénte prendió a Riva Agüero en Trujillo el 25 de noviembre y al mismo tiempo
el coronel Ramón Castilla arrestaba al general Ramón Herrera en Santa. De
esta manera terminó la absurda facción de Riva Agüero.

Bajo el gobierno de Torre Tagle.

Aun después de expulsado el disidente, Bolívar tuvo que recorrer la cordillera
occidental desde su nacimiento cerca de Pasco hasta la célebre capital incaica
de Cajamarca. Los tenientes de Riva Agüero huyeron hacia el Marañón y las
tropas tanto de caballería como de infantería espontáneamente se rendían al
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aproximarse Bolívar. A pesar de que la situación se despejaba el Libertador
pidió 12.000 hombres de refuérzo a Colombia, pero éstos se dilataron tanto que
no empezaron a llegar sino después de terminada la campaña. Bolívar le decía
al Gobierno de Bogotá que era más fácil defender a Colombia en el Perú con
8.000 combatientes que en Quito con 12.000, porque la plaza del Callao, los
desiertos de la costa y los riscos de la sierra presentaban obstáculos difíciles
de superar. El Gobierno de Bogotá no se apresuraba a tomar las medidas
oportunas y el Libertador no podía ir personalmente a buscarlos: se lo impedían
los peligros del Perú y del ejército de Colombia. Siendo tan débiles los países
libertados, si él se ausentaba los elementos hostiles podían provocar un
conflicto. Es notable que en los pedidos de refuérzos exigía por lo menos 1.000
llaneros venezolanos, indispensables por su destreza en el manejo de las
lanzas y de los caballos, única en los países similares al nuestro (32).

Organización y táctica.

Terminada la campaña contra Riva Agüero el ejército había gastado su equipo,
destrozado recorriendo la Cordillera, en más de 400 leguas de Lima a Arequipa
y de esta capital a Cajamarca. Necesitábase repararlo todo, el país era patriota,
pero no quería el servicio militar. Por otra parte no se había destacado ningún
militar de capacidad efectiva. "Solo Vd., escribía Bolívar a Sucre, me puede
ayudar con sus auxilios intelectuales" (33). Conservando Sucre el titulo de
general en jefe que se le había dado antes de la llegada de Bolívar, recibió el
siguiente despacho firmado por el Secretario: "S.E. ha facultado ampliamente a
V.S. para que opere con el ejército de su mando del modo que juzgue más
conveniente, en todos los casos que se presenten en el discurso de la
campaña. Más con todo quiere S.E. que las resoluciones de V.S. sean tomadas
después que haya sido V.S. bien informado de la mente de S.E. y de sus
opiniones sobre el particular" (34).

Opiniones militares.

Sucre le había propuesto batir a los enemigos que tenían enfrente y ocupar la
provincia de Jauja aprovechando la ausencia de parte de los españoles en el
Sur, pero como esta operación podía proporcionar un choque general con los
enemigos, Bolívar prefería no provocarlos sino más bien retirarse al Norte, en
escalones hacia Trujillo, y replegar en el caso de que ellos vinieran en masa y
en actitud hostil. El Libertador deseaba con vehemencia tomar la ofensiva, pero
consideraba necesario preparar y mejorar el ejército mientras llegaban los
refuérzos pedidos con instancias a Colombia. Sin embargo como al llegar a
Pativilca había caído enfermo, dió plena autorización a Sucre para obrar
conforme a las circunstancias, según su leal saber y entender.

Incapacidad del Presidente.

Las tropas sin los elementos necesarios y a veces hasta sin raciones no podían
subsistir; el presidente de la República Torre Tagle se ofendía por las
exigencias de Bolívar hasta el punto de que el Libertador le escribió el 14 de
enero estas solemnes palabras:
12

"Yo estoy de acuerdo con Vd. en que es muy duro para un gobierno consultar
todas sus disposiciones, providencias y decretos. Ciertamente la dignidad
nacional y la del Gobierno se resiente de tan odiósa obligación y, por lo mismo,
yo he procurado alejarme de toda intervención en los negocios del gobierno del
Perú, aunque yo veo todos ellos muy conexos con la marcha de la guerra;
pues, dependiendo ésta de las medidas y de los recursos de ese gobierno, no
puede el uno marchar independientemente del otro. Así pues, mi opinión ha
sido y será que mi posición en el Perú es casi inútil para el bien de este país;
que cuanto yo haga en él llevará el carácter de intruso y que mi nombre sólo de
colombiano anula todas mis facultades. De aquí debemos deducir que el
Gobierno del Perú debe dirigir su guerra y yo retirarme a Colombia a ocupar mi
posición natural. No espero para ejecutar esta medida más que ver el resultado
de mis demandas al Congreso y al Gobierno y también saber si los españoles
quieren o no aceptar el armisticio" (35).

El resultado de este gobierno ambiguo e ineficaz fué la catástrofe. Por
desgracia el Libertador cayó en cama con fiebre y tabardillo tan fuértes que
estuvo muchos días sin poder montar a caballo.

Insurrección de las fuérzas del ejército
de San Martín.

En este ambiente de recelos y escasees, favorable a los realistas estalló en El
Callao la noche del 5 de febrero la insurrección del regimiento del Río de la
Plata, acaudillado por algunos sargentos. Pusieron presos a varios oficiales y al
gobernador de las fortalezas, general Rudecindo Alvarado, y le dieron el mando
al coronel español Casariego que hasta entonces estaba prisionero en uno de
los Castillos del Callao. El Batallón No 11, los artilleros y oficiales sueltos
tomaron parte en el movimiento. Esta fué la más grave de las defecciones en la
revolución (36). Para completar el desastre pocos días después los famosos
Granaderos a Caballo de los Andes, orgullo de los Argentinos, se alzaron en
Lurín y se pasaron a los traidores del Callao. Unos pocos protestaron, y
puestos al mando de Bogado, se incorporaron al ejército de Bolívar (37).

Disposiciones del Libertador.

Todavía sin poder montar a caballo, dando por perdido el Callao, Bolívar
expidió órdenes enérgicas para sacar de Lima cuanto podía utilizar el ejército.

Para contrarrestar cualquier operación de los enemigos, ordenó a Sucre poner
el ejército en estado de movilidad extraordinaria, es decir, en capacidad de
maniobrar con la mayor rapidez. Los españoles podían atacarlo con 7.000
hombres: Bolívar tomaba medidas drásticas para oponerles 8.000 en una
batalla, máximun que apenas podría reunir, aun haciendo los mayores
esfuérzos, como lo previera en meses pasados.

Infidencias del Gobierno de Torre Tagle.

Después de aniquilado el partido de Riva Agüero, se desarrollaron relaciones
ocultas del gobierno peruano con el general español Canterac, facilitadas por la
                                                                              13

resolución de Bolívar de enviar un comisionado diestro a la Cordillera a
investigar el efectivo del ejército español y las tendencias e intenciones de su
general en jefe. El comisionado debía abogar por la celebración de un
armisticio a fin de ocultar el objeto verdadero de su viaje a la sierra. Para
desempeñar esta comisión, por consejos de Torre Tagle, fué comisionado el
Ministro de la Guerra, don Juan de Berindoaga, Conde de San Donás en el
régimen español, y enemigo secreto de la revolución y de la república. De
acuerdo con sus ideas y las de Torre Tagle, llevaba el proyecto de proponer un
tratado a Canterac sobre la base de que Bolívar saliera del Perú (38). Pero los
jefes españoles desconfiados no lo recibieron personalmente y se entendió con
los principales por medió de recados verbales y de correspondencia.

Poco después el derrumbamiento del Gobierno de Torre Tagle, a consecuencia
de la traición de las tropas establecidas en el Callao, dejó al descubierto tanto
las intrigas de este personaje para pasarse a los españoles, como las
gestiones llevadas a. cabo por su comisionado Berindoaga, adepto a las
mismas ideas.

Bolívar dictador.

En medió de tanta inseguridad y angustia, el 10 de febrero el Congreso tomó la
medida más lógica y necesaria: nombró dictador a Bolívar con facultades
ilimitadas (39). El Congreso, según expresión de él mismo en su última
bloqueada, lo nombró dictador.

El ejército colombiano había sufrido muchas pérdidas por enfermedades y
cansancio en la campaña contra Riva Agüero, de manera que cuando Bolívar
asumió la dictadura, sólo tenía 4.000 colombianos y unos 1.000 peruanos
sobre las armas. Del resto de las tropas colombianas, 750 hombres se hallaban
en los hospitales y 500 se habían perdido muertos o desertores.

Acantonamientos del ejército libertador.

El 30 de marzo de 1824 los cuerpos colombianos de infantería y caballería, que
constituían la parte principal del ejército se hallaban acampados en la Costa y
en el Callejón de Huaylas; y del otro lado de la Cordillera Blanca estaban de
avanzada un batallón y un escuadrón colombiano y dos cuerpos peruanos.
Otros tres batallones peruanos en formación se hallaban al Norte de Trujillo,
protegidos por dos batallones colombianos.

Establecido así el ejército colombiano, en valles feraces desde Huaraz hasta
Cajabamba con su vanguardia al dorso de la Cordillera Blanca, daba el frente
al ejército español, situado al otro lado del Nudo de Paseo en la Cordillera
Central, en los Valles de Jauja y Tarma.

Defección de Torre Tagle.

Desde mucho antes de estos sucesos, cansado Torre Tagle de la presión que
naturalmente ejercían los auxiliares sobre los funcionarios peruanos, y tan
incapaz como Riva Agüero de comprender el desarrollo natural de los sucesos,
14

cometió el error de pasarse a los españoles, y todo el tren oficial siguió su
movimiento.

En efecto se pasaron a los españoles los coroneles Navajas y Ezeta con sus
guerrillas; los Lanceros de la Guardia y Lanceros Peruanos cuando recibieron
orden de replegarse sobre la capital, se pasaron íntegros a los españoles;
también lo hicieron muchos subalternos, multitud de jefes y oficiales del
ejército, empleados civiles, judiciales, y ciudadanos pacíficos, buscando estos
últimos el amparo de la bandera de los opresores, creyendo perdida la causa
de la libertad. En resumén la capital fué abandonada a los realistas y los
patriotas se dirigieron a Pativilca (40). A Bolívar lo dejaron solo. Poco antes,
cuando se veía ya el fin próximo de la tambaleante república peruana el
embajador de Colombia le preguntó en Pativilca que pensaba hacer y aunque
estaba muy enfermo y debilitado, sin vacilar le contestó con esta sola palabra:
"TRIUNFAR" (41).

Proyectos de Bolívar hasta mayo.

Debiendo permanecer los cuerpos inactivos, mientras mejoraban su equipo y
recibían refuérzos, Bolívar dispuso situarlos en escalones, como la forma
menos expuesta a una sorpresa, fácil para moverse en retirada y cómoda para
subsistir del país. En caso de avanzar los enemigos, le escribía a Sucre,
reuniéndose los cuerpos a retaguardia, atraerán al enemigo a nuestras
posiciones, sin dejarle la elección del campo de batalla. Sucre en carta del 19
de diciembre proponía echar a Loriga de Jauja donde sólo tenía 2.000
hombres, perseguirlo hasta más allá del puente de Iscuchaca y ocupar el
hermoso Valle de aquella ciudad abundante en toda clase de mantenimientos,
para reponer los hombres y engordar los caballos, en la seguridad de que los
enemigos, dadas las distancias a que se hallaban, no podrían atacarlo sino
cuando ya hubiera llenado dichos objetos; pero Bolívar no creía conveniente
ocupar a Jauja, por considerar que los enemigos, a pesar de los datos que
poseían los patriotas, podían venir contra ellos con fuérzas superiores. "Invadir
una provincia, añadía el Libertador, sin poder conservarla, es aventurarlo todo y
exponerse a perder la moral de las tropas'" (42).

Mientras llegaban los refuérzos de Colombia, esperados en mayo el Libertador
quería mantener el ejército en sus cantones, seguros, con un cuerpo de
observación sobre Huánuco del otro lado de la Cordillera, para vigilar los
caminos de Paseo.

La actitud defensiva de los españoles provenía de la disidencia de Olañeta en
el Alto Perú, ignorada todavía por el Libertador, y el error de La Serna de
mandar tropas a someterlo, en vez de cargar todas las fuérzas contra el peligro
mayor, que sin duda era el ejército independiente.

Discusión Militar.

Destruida la resistencia de Ríva Agüero y en paz la parte independiente del
Perú, surgió el problema de esperar los refuérzos de Colombia para tomar la
ofensiva vigorosamente como quería Bolívar, o bien atacar a los españoles de
                                                                               15

Canterac en la región de Jauja antes de que recibiera refuérzos del Sur. Tal era
la opinión de Sucre. Esta discusión es una prueba más de la injusticia de
atribuir a Bolívar en la guerra tendencias demasiado arriesgadas. El 4 de
febrero, Sucre desde Huánuco, había expresado al Libertador que creía
conveniente tomar la ofensiva a fines de marzo o principios de abril contra el
ejército de Canterac estacionado en Jauja. El temía que los enemigos en el
mes de mayo, de verano en aquella latitud, podían traer tropas del Sur y tomar
la ofensiva contra los patriotas con fuérzas superiores. Bolívar en cambio
persistía en su plan de esperar los refuérzos de Colombia, pero Sucre no tenía
fe en la decisión del gobierno colombiano a ese respecto y con mucha razón
decía que si el año de 1822 ellos no recibieron suficientes refuérzos del Sur
para las campañas de Bomboná y Pichincha, cuando se trataba del territorio de
Colombia, menos motivo tendrían para esperarlos en socorro del Perú. A la
larga los acontecimientos dieron la razón a Sucre, puesto que las jornadas de
Junín y Ayacucho se realizaron antes de la llegada de los esperados refuérzos
de Colombia (43).

Ignorando los sucesos del Alto Perú, es decir el alzamiento de Olañeta, Sucre
temía que, al cesar las lluvias de mayo, vendrían del Sur refuérzos a Canterac.
De aquí su empeño en adelantarse y tomar la ofensiva.

Por su parte el general español Valdés, le escribía a Canterac el 30 de enero:
"Yo opino que Bolívar por ahora no abandonará a Trujillo para buscarnos, y
que por lo mismo nos dará tiempo para todo (. . .) usted por ningún motivo debe
aventurar una acción sin conocidas ventajas, ni por conservar el Valle de Jauja
cuya pérdida momentánea nada nos perjudicaría" (44).

Bolívar a su vez le decía a Sucre lo siguiente: "Si entra en Jauja un cuerpo de
tropas nuestras con fuérzas iguales a las de Canterac, este replegaría hacia
Huamanga y el Cuzco, y Valdés avanzaría al mismo punto, en un mes estarían
reunidos y nosotros, sin posibilidad de reforzarnos en el momento, tendríamos
que replegar, en tanto que esperando tres o cuatro meses podríamos disponer
de 6.000 u 8.000 colombianos más por lo menos. Toda operación, añadía el
Libertador, fundada sobre faltas posibles del enemigo, es aventurada, y sería
una falta del enemigo si nos esperase en Jauja con fuérzas iguales" (45).

Coincidían estas ideas con las expuestas por el general español Valdés en la
carta dirigida a Canterac a que nos referimos, y prueban la exactitud de los
juicios del Libertador, pero como veremos adelante al final Sucre también tuvo
razón.

Entereza de Bolívar.

Tres días después de su nombramiento de dictador por el Congreso el 13 de
febrero, Bolívar con su habitual franqueza expuso la verdad a la arruinada
república en esta síntesis: "Las circunstancias son horribles para vuestra patria,
vosotros lo sabéis, pero no desesperéis de la República. Ella está expirando,
pero no ha muerto aún. El ejército de Colombia está todavía intacto y es
invencible. Esperamos además 10.000 bravos que vienen de la patria de los
héroes, de Colombia. ¿ Queréis más esperanzas?" (46).
16



Nuevo Estado Peruano. Creaciones y Reformas.

Restablecido de su enfermedad el Libertador situó su cuartel general a
principios de marzo en la ciudad de Trujillo. La República quedó reducida a los
Departamentos de la Costa, Huaylas y Cajamarca. Pocos empleados con
sueldo reducido desempeñaban el servicio, la paga de las tropas se redujo a la
mitad: los cuerpos peruanos puestos a las órdenes de La Mar los colocaron al
Norte, y los colombianos en el Callejón de Huaylas y sobre la Cordillera Blanca,
y sus puestos avanzados al otro lado en Huánuco. Exponer los trabajos de
Bolívar para crear una hacienda y un tesoro, vestir el ejército con telas y útiles
fabricados en el mismo Perú y en el Ecuador, imponer un régimen justo y
severo, todo bajo su dirección enérgica y constante, así como la de Sucre,
requeriría mucho espacio de que no disponemos aquí. La administración civil
estuvo a cargo del ilustre peruano José Sánchez Carrión. Bolívar creó una
Universidad en Trujillo, fomentó la instrucción pública, mejoró la situación de
los indiós, suprimiendo la autoridad de los caciques, mandó a devolver las
tierras a los indiós despojados. Prohibió emplearlos en trabajos forzados,
prácticamente suprimía un régimen de esclavitud, y como decía O'Leary, en su
espíritu parecía revivir el del Padre Las Casas (47).

La Independencia era inevitable.
Situación de España en 1823.

Fracasado el régimen liberal por la invasión del ejército francés del Duque de
Angulema en favor del gobierno absoluto de Fernando VII, el general Mina
autorizó una capitulación el lo de noviembre de 1823, por la cual todas las
tropas de este general evacuarían las principales plazas de Cataluña, y las
entregarían a las tropas defensoras del poder absoluto del Rey Fernando VII.
El día 2 se hizo otro convenio señalando los acantonamientos de las tropas
puestas por Mina a las órdenes de las autoridades de Barcelona y al mismo
tiempo se disponía la salida de Mina y de sus compañeros del régimen liberal,
para el extranjero. Así acabó esta guerra y así también se extinguió la segunda
época constitucional de España, que no podía perdurar dado el atraso y
barbarie de la mayor parte de la población del país.

"Difícilmente, escribe el ilustre historiador de España, don Modesto La Fuénte,
nación alguna contará en sus anales, tras un cambio político, un período de
reacción tan triste, tan calamitoso, tan horrible, tan odióso y abominable, como
el que atravesó la desgraciada nación española desde que, en 1823, se
consideró derrocado el sistema constitucional, ya antes de la salida del Rey de
Cádiz, mucho más desde que, puesto como él decía, en libertad, expidió los
atroces e inauditos decretos del Puerto de Santa María y de Jerez.

"El cuadro lúgubre, continúa diciendo La Fuénte, que bosquejan los escritores
de aquel tiempo, de las persecuciones, insultos, sangrientas venganzas,
prisiones, tormentos y suplicios a que se entregó el pueblo rudo, fanático y
feroz, contra todos los que habían formado o tenido parte en el gobierno
constitucional, o le defendieron, o ejercieron cualquier cargo, o tenían nota de
adictos, o eran tildados siquiera de liberales, o pertenecían a familias de ellos,
                                                                                17

o aunque no lo fuésen, eran denunciados como tales, nos parecería
exagerado, o sobrecargado por la pasión con negras tintas, si no viéramos que
en la descripción que de él nos hacen, se hallan todos unánimes y contestes.
Nosotros alcanzamos también, aunque muy jóvenes, aquel funesto período, y
aun duran grabadas en nuestra memoria las impresiones de las repugnantes y
bárbaras escenas que presenciamos. Después supimos que los actos de
inhumanidad y de ludibrio de que éramos testigos, no eran más que copia
acaso débil, de los que se estaban ejecutando en todas las comarcas y casi en
todas las poblaciones del Reino" (48).

Tal es la pintura fiel de la situación moral del partido dominante en España,
obra del más autorizado de los historiadores de la época. Estos sucesos
justifican plenamente la decisión de nuestros libertadores en favor de nuestra
independencia absoluta.

Disidencia de Olañeta.

La brillante organización militar de los españoles y su dominio sobre el inmenso
territorio desde Jauja hasta Potosí en el Alto Perú, le daban a principios de
1823, una influencia decisiva a los acontecimientos de nuestra América. Este
estado de cosas, al parecer tan seguro, se modificó por razones políticas
cuando se restableció en España a fines del año, el régimen monárquico
absoluto y ultramontano. Olañeta, comandante general en Potosí, tomó
posesión de todo el Alto Perú y el Virrey en lugar de instaurar la lucha contra
Bolívar, cometió el error de mandar a Valdés al Alto Perú a someter al
disidente. Animado por este acontecimiento Bolívar resolvió tomar la ofensiva
antes de que los españoles destruyeran a Olañeta, de ideas ultramontanas, y
naturalmente opuesto a los liberales La Serna, Canterac y Valdés.

Datos preliminares.

La tardanza en los refuérzos pedidos a Colombia ha podido causar graves
peligros al ejército libertador, sin la feliz casualidad de la disidencia suscitada
entre el Virrey y el general Olañeta. Teniendo en cuenta el Libertador que el
ejército sin recibir reemplazos por la tardanza e indiferencia del gobierno de
Colombia se destruiría al fin por consunción, resolvió tomar la ofensiva (49),
aprovechando la relativa inacción de los españoles.

Fuérzas y elementos de los españoles.

En esta época los defensores del Imperio Español disponían de 20.000
hombres en los dos Perú, de los cuales 15 a 16.000 se hallaban en
operaciones activas y los restantes en guarniciones. Nunca habían alcanzado
ese número. Vencedores en todas sus campañas lograron desarrollar grandes
virtudes militares. Los soldados de algunas secciones eran españoles y los
demás indígenas con la ventaja éstos de tener mayor capacidad para moverse
en las Cordilleras, por su innata destreza y la facilidad de sostenerse largas
horas masticando coca. Gran parte de los oficiales eran españoles y los demás
pertenecían a familias distinguidas del Perú y eran ardientes partidarios de
18

España. Canterac tenía su ejército en Jauja. En febrero disponía de 5.200
infantes y 1.300 caballos, todos veteranos.

El ejército libertador.

El ejército patriota tenía 7.500, de los cuales 1.500 eran peruanos y los 6.000
de la masa principal, veteranos de las guerras de Venezuela y de las
campañas de Colombia y el Ecuador. Los peruanos apenas pasaban de un
quinto del efectivo total, 1.500 hombres. El Ecuador había contribuido con gran
número de soldados aguerridos. La caballería veterana era casi toda de
llaneros venezolanos, quienes llenos de necesidades y en la mayor pobreza se
iban como marineros o sirvientes en goletas a Panamá y de allí al Ecuador.

Equipo del ejército.

Destruido el equipo del ejército en los últimos 2 años, especialmente en la
campaña contra uva Agüero, había sido repuesto casi todo con productos de la
industria del Perú y del Ecuador donde se fabricaban, en telares de mano, toda
clase de telas adecuadas a los usos corrientes. Por ejemplo, telas de lana para
capotes, pañetes muy buenos color mercilla propios para pantalones y
chaquetas, paños buenos para casacas y abrigos; telas de algodón para
camisas y otros productos semejantes. De todo esto se fabricaban grandes
cantidades. Así mismo se hacían zapatos, sillas de montar, balletas de lana de
diferentes colores. También se fabricaban espuelas, herraduras y clavos con
hierro viejo, morriones de correas de cuero bien curtido. De estos y otros
artículos se llevaron grandes cantidades del Ecuador. Fuéra del uniforme de
parada que tenían solamente algunos batallones, el ejército se vistió con
elementos indígenas. Bolívar y Sucre con infatigable actividad dirigían e
impulsaban las maestranzas y en ciertos casos enseñaban a teñir y llegaron
hasta trazar moldes para los sastres y corregirles la labor (50). Era tal la
economía, habilidad y energía de Bolívar, que a pesar de tantos gastos
siempre tenía dinero para imprevistos del ejército y para dirigirlo en las
marchas que pronto debían emprender.

Campaña de Junín.
Travesía de la Cordillera Blanca.

Puestas las tropas en movimiento, las divisiones Lara y La Mar debían efectuar
extensas marchas de Norte a Sur, desde Trujillo y Cajamarca al Valle de
Huaraz, y las existentes en este extenso valle de la división Córdova, se
correrían un poco al Sur al valle de Chiquián. Situadas así ambas divisiones en
dos valles inmediatos, podían trasladarse en un momento al otro lado de la
gran cordillera, a caer juntas a los más altos todavía de las fuéntes
amazónicas. Sucre protegía esta operación con pocos cuerpos escogidos, del
otro lado de la gran cordillera.

Elogio de Sucre.

Este general, escribe el oficial inglés Guillermo Miller en sus Memorias,
desplegó desde el comienzo de la campaña el saber más profundo, y el juicio
                                                                               19

más exquisito en las disposiciones que adoptó para facilitar la marcha del
ejército a Paseo, distante cerca de 200 leguas de Cajamarca, por el terreno
más áspero y el país más montañoso de la tierra (51).

"Las excelentes disposiciones del general Bolívar produjeron también la ventaja
de limpiar el ejército libertador de muchos oficiales que manifestaban tanto
disgusto en sujetarse a las leyes de una severa disciplina, como poca voluntad
de pasar los Andes para continuar la guerra con actividad; y los cuales, bajo
varios pretextos, permanecieron a retaguardia o se separaron en la marcha.
Algunos de estos logreros políticos obtuvieron mandos en las provincias, donde
publicaron proclamas muy pomposas en las cuales hablaban de derramar la
última gota de su sangre y amenazaban a los realistas con la hora de la
venganza.

"La inmensidad de trabajos y dificultades para hacer transitables los caminos o
mas bien sendas por barrancos tan profundos y a lo largo de tales precipicios,
pueden juzgarse únicamente por los que han atravesado la mas que
majestuosa cordillera de los Andes. La construcción de barracas de trecho en
trecho, en el largo yermo e inhabitado país que atravesaban, unido a la reunión
y trasporte de los materiales para construirlas, además de la leña para quemar,
y la formación de almacenes de cebada y maíz para la caballería, requerían el
todo de los esfuérzos del talento y actividad del general Sucre" (52).

A mediados de junio las divisiones atravesaron la Cordillera Blanca por las vías
de Chavín, Huayanca y Chiquián a Jesús siguiendo los caminos más difíciles
de la tierra, y salieron casi a un tiempo a los puntos asignados. Al otro lado de
la Cordillera no había ningún cuerpo enemigo que pudiera estorbar la
operación.

Bolívar cruzó la Cordillera por la vía de Huaraz, Joyeros, Chapín y Aguamiro,
pasó en medió de gruesas nevadas por el portachuelo de Yanas-allahs de
4.700 (53) metros de altura, al sur del gigantesco Huascarán.

El ejército en Cerro de Paseo.

A principios de julio tomáronse precauciones para reunir el ejército en el valle
de Cayna, en vista de que los enemigos habían avanzado hasta Cacas, a
orillas del lago de Junín; pero como no prosiguieron adelante, la reunión se
dispuso en Michivilca en lo alto del Valle de Huacar. Efectuada la concentración
el ejército avanzó por el laberinto de sierras y valles que constituyen el Nudo de
Paseo, o sean los macizos de los tres ramales del Norte de los Andes, reunidos
en un solo bloque, para después abrirse en las dos grandes sierras que
bordean de norte a sur todo el resto del territorio del Perú. El ejército había
seguido entre las quebradas de Yanahuanca y Huariaca (54); y por él salieron
a la alta meseta de 4.350m. sobre el mar, asiento de la ciudad de Cerro de
Paseo, célebre por su riqueza minera, donde penetró el l~ de agosto. Poco
antes Bolívar vino atrevidamente a la ciudad explorando el terreno aun cuando
los enemigos estaban en Cacas. Estuvo allí dos días y se devolvió a Huánuco
punto de paso de las tropas.
20

En las marchas, a pesar de que se habían .construído barracones, las tropas
sufrieron mucho porque de noche la temperatura bajaba de cero.

Los llaneros.

La caballería colombiana se componía de hombres acostumbrados a montar a
caballo desde la edad más tierna y aleccionados por la ingeniosa técnica de
Páez para hacer obrar la caballería, de avanzar, retroceder y avanzar de
nuevo, cuando el enemigo hubiera perdido su formación. Los lanceros fijan las
riendas encima de la rodilla, de forma que pueden guiar el caballo y les quedan
las dos manos en libertad para manejar la lanza y generalmente hieren a su
enemigo con tal fuérza, con particularidad cuando van al galope, que los
levantan dos o tres pies encima de la silla (55). Tal era su dominio del caballo.

El 2 de agosto el Libertador revisó las fuérzas en el llano inmediato a Paseo.
Ascendían a 8.000 hombres presentes sobre las armas, en excelente estado y
brillante apariencia (56).



Proclama del Libertador.

Al terminar la revista los oficiales leyeron a los cuerpos la siguiente proclama
del Libertador, aclamada por las tropas:

"Soldados” Vais a completar la obra más grande que el cielo ha encargado a
los hombres: la de salvar un mundo entero de la esclavitud. "Soldados! Los
enemigos que debéis destruir se jactan de catorce años de triunfos: ellos, pues,
serán dignos de medir sus armas con las vuestras, que han brillado en mil
combates.

"Soldados! El Perú y la América toda aguardan de vosotros la paz, hija de la
victoria, y aun la Europa liberal os contempla con encanto, porque la libertad
del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo. ¿ La burlaréis? ¡ No! ¡ No! ¡
No! Vosotros sois invencibles" (57).

Los españoles en acción.

Casualmente los españoles, bien con la idea de hacer un reconocimiento, o
con la de tomar resueltamente la ofensiva, moviéronse hacia la región ocupada
por los patriotas, creyéndolos al otro lado de Pasco. Con este objeto Canterac
había reunido sus fuérzas en Jauja y puéstolas en marcha el 1~ de agosto,
llegó a Reyes la noche del 4.

En cuenta Bolívar de este movimiento inesperado de Canterac aceleró el suyo
por la orilla occidental del lago de Junín y fué a dormir el 5 a Conocancha (58).

Batalla de Junín.
                                                                             21

Mientras tanto Canterac había seguido a Carhuamayo y adelantado su
caballería a Paseo, en donde se impuso con gran sorpresa que el ejército
independiente avanzaba a toda velocidad por la orilla opuesta del lago para
cortarlo de su base. En consecuencia el 6 emprendió con presteza la retirada,
indicio de incuestionable debilidad moral. Al mismo tiempo los independientes,
después de haber pasado el río Grande en Rumichaca con la demora
consiguiente, continuaron su marcha y al cabo de un rato, al llegar a un punto
elevado, vieron de repente a poco menos de dos leguas de distancia a los
realistas en marcha precipitada hacia los llanos de Junín. Un viva entusiasta se
oyó en toda la línea, los semblantes de los patriotas se animaron con el ceño y
la expresión varonil del guerrero que ve aproximarse el momento del combate y
de la gloria. Eran las 4 de la tarde. Los españoles disponían de 7.000 infantes,
1.200 jinetes y 150 de artillería, o sean 8.350 combatientes (59).

Sin perder un momento, el Libertador a la cabeza de 900 hombres de
caballería bajó a la llanura y se adelantó hacia las fuérzas realistas para
detenerlos. En vista de este atrevido movimiento Canterac resolvió combatir y a
la cabeza de sus 1.500 jinetes, adiestrados por él mismo y 7 a 9 piezas de
artillería ligera, cambió de dirección y se lanzó sobre los patriotas (60).

El Libertador avanzaba con sus 900 jinetes por el espacio angosto entre el
cerro y un extenso pantano extendido a su izquierda. El terreno unas veces
favorece las operaciones en curso y otras presenta obstáculos inesperados
imposibles de prever y en casos como el presente deben arrostrarse
cualesquiera que sean. Nuestra caballería marchaba por mitades en columnas,
yendo a la cabeza el regimiento de Granaderos de Colombia a las órdenes de
Felipe Braun, luego el escuadrón de Granaderos de los Andes al mando de
Bruix, el de Coraceros del Perú del comandante Suárez, y el regimiento de
Húsares de Colombia del coronel Silva. Miller tenía a su cargo los 150 jinetes
del Perú y Carvajal y Silva 750 de Colombia, cinco veces más numerosos. El
comandante general Necochea, a medida que salían a la pampa despejada los
hacía formar en batalla hacia la izquierda por retaguardia de la primera
subdivisión, pero apenas habían entrado en línea los Granaderos de Colombia,
y se formaban los de los Andes y un escuadrón de Húsares del Perú, y seguían
en columna los restantes, cuando la línea enemiga se vino sobre ellos con
arrojo. Los llaneros esperaron a los enemigos enristradas sus enormes lanzas
y aunque esta actitud sorprendió a los españoles, continuaron la carga, los
llaneros avanzaron a su encuentro, y el choque fué terrible. En el momento no
pudiendo Miller flanquear con la caballería peruana la derecha enemiga como
se le había ordenado, se vio obligado a cargar de frente, donde no había
pantano.

El resultado fué adverso, tanto a los patriotas sin campo para desplegar y
obligados a retroceder buscando terreno apropiado, como a los españoles,
impedidos también por la misma dificultad del terreno, de desarrollar su ataque.
El comandante Braun y el capitán Sandoval con varias compañías de los
Granaderos de Colombia y el capitán Camacaro con su compañía de Húsares
de Colombia habían roto en la primera carga la izquierda enemiga, y se
lanzaron a retaguardia de la línea de caballería española; por este movimiento
atrajeron hacia sí a gran golpe de los enemigos en desorden y los alanceaban
22

a su gusto, destrozando parcialmente sus grupos. Las lanzas de los españoles
eran de dos varas y las de los llaneros colombianos de tres varas y media, y
manejadas con mayor destreza. Este movimiento y las cargas consiguientes de
Braun, Camacaro y Sandoval, detuvieron el primer impulso de los españoles.
En ese momento el Libertador y el coronel O'Connor, a la orilla del pantano
provocaban el Vuelvan Caras del resto de los Granaderos y Húsares
colombianos encerrados en el angosto camino (61). Estos lograron cargar a los
españoles desde un claro del pantano, y los arrojaron a su vez en masa hacia
la llanada donde se batían Braun y Camacaro.

El general Miller sólo había podido cargar con un escuadrón y se vio obligado a
retirarse por la izquierda hacia el camino de Cacas. Su segundo escuadrón, al
mando de Suárez, quedó atrás y encontrando el terreno despejado atacó a
retaguardia a los pocos españoles que perseguían a Miller y los detuvo en su
avance.

Arrojados los españoles a la llanura, el combate quedó en condiciones
favorables a los llaneros colombianos: los españoles subdivididos en grupos en
la inmensa llanura de Junín de donde habían partido en su avance, recibían
carga tras carga de los colombianos y éstos los destrozaban por su mayor
destreza en la lucha y el impulso heroico adquiridos en cien combates en las
llanuras venezolanas. Ni en las campañas del Perú, ni en las de Chile, ni en
ninguna otra parte de nuestra América, la caballería española tuvo ocasión de
adquirir la consumada pericia y la fuérza alcanzada por los llaneros
colombianos en diez años de combates en los llanos de Venezuela y
Casanare. "Las cargas de nuestros llaneros, escribe O'Connor, hacían temblar
la tierra" (62).

Establecida la lucha en la gran llanura, los españoles dispersos, defendiéndose
por grupos de las lanzas colombianas, ofrecían la más completa idea del
desorden. Como la lucha se iba alejando, poco antes de oscurecer, el
Libertador subió a una de las pequeñas colinas de la retaguardia para divisar el
combate en toda su extensión, en momentos en que llegaba la infantería,
atormentada por el soroche y la rapidez de la marcha y se situaba al pie de las
colinas. Bolívar había mandado a adelantar varias compañías de granaderos
para apoyar a la caballería, pero cuando éstas llegaron ya la lucha se había
decidido a favor de los patriotas.

El terreno favoreció al principio a los españoles, no permitiendo desplegar a los
independientes, pero luego, cuando aquellos se retiraban ante las cargas de
los colombianos, en campo despejado, estos últimos tuvieron todas las
ventajas a su favor.

Los grandes jefes llaneros Carvajal, Silva, Escobar, Sandoval y Camacaro,
realizaron prodigios de habilidad y de bravura, ~ los dos últimos rescataron a
Necochea prisionero con siete heridas desde el

 comienzo de la lucha. Miller y Suárez, como había ordenado el Libertador
cargaron de flanco con éxito. La lucha se fué alejando en la inmensa llanura y
entre las sombras de la noche se consumó la derrota total de los realistas.
                                                                                    23



Las pérdidas de los españoles alcanzaron a 19 oficiales, 345 soldados muertos
y heridos y 100 prisioneros, y la de los patriotas fuéron de 145 muertos y
heridos. Por el frío glacial de la noche murieron muchos de estos últimos.
Razones geográficas y políticas, dieron una gran importancia en esos
momentos a esta victoria espléndida de la caballería en los llanos helados de
Junín.

Tal fué la victoria de Bolívar, donde no se disparó ni un tiro de fusil, y no como
lo han venido repitiendo historiadores parciales, basados en el relata de las
Memorias de Miller, forjado para atribuirse el triunfo del combate. Al efecto
inventó la derrota de la caballería colombiana y la retirada de Bolívar a una
legua de distancia, cuando el Libertador no se separó del campo y la caballería
no fué derrotada propiamente, pues sólo retrocedió a buscar terreno adecuado
para volver caras y batir a los contrarios, siguiendo el método tan conocido del
general Páez en los llanos de Venezuela, como lo hemos indicado, de
retroceder, volver caras y atacar a los enemigos aprovechando su desorden o
sorpresa.

Verificada esta transformación con asombrosa rapidez, los españoles huyeron
a la extensa llanura atravesando el paso estrecho en el pantano, los
colombianos se les fuéron atrás y a su gusto lancearon a los realistas, con
insuperable energía. "Las cargas de nuestros llaneros, dice el coronel inglés
O'Connor, hacían temblar la tierra, mientras en el cielo de Junín brillaba
radiante la estrella de Bolívar, la estrella de la victoria. Esta es la relación fiel y
exacta de la célebre batalla de Junín que yo presencié con sangre fría y sin
perturbarme un momento, mientras otros la han relatado tan mal que yo al leer
las narraciones no sabia a que acción se referían" (63).


Juicio critico de la campaña.
Bolívar arrebata la iniciativa a su adversario.

Dos caminos rodean la laguna de Junín. Ambos corren de Sur a Norte de Jauja
a Cerro de Pasco; el de Occidente lo habían devastado los españoles de modo
que ningún ejército pudiera transitarlo. Ellos dominaban a Jauja y a los valles
inmediatos, y tenían parte de su ejército sobre el camino oriental de la laguna
de Junín, de la cual se desprende el río Mantaro. Dueños de esas posiciones y
del mencionado camino de la laguna, no esperaban ninguna agresión, pero
iban preparados para acometer a Bolívar antes de que recibiera refuérzos de
Colombia, y al efecto llevaban su ejército completo.

Los españoles sabían que los independientes, establecidos desde Trujillo hasta
Huaraz y en la Cordillera Blanca hacia Huánuco, diariamente se reforzaban y
aumentaban su poder, circunstancia que indicaba la necesidad de combatirlos
cuanto antes. Dominado por este pensamiento el general Canterac se puso en
movimiento con sus 8.000 a 9.000 hombres de infantería y caballería.
Personalmente llevaba la vanguardia, sin sospechar que tenía enemigos tan
cerca. ¿ Cual no sería su sorpresa cuando al llegar a Cerro de Pasco con la
caballería supo en esa ciudad que todo el ejército patriota se dirigía a Jauja por
24

el camino de Yauli? (64). La audacia y energía de Bolívar lo impresionaron con
tal fuérza que temiendo dar una batalla emprendió precipitadamente la retirada
hacia su base de Jauja.

Durante largo tiempo los historiadores por falta de otras relaciones han dado
crédito a las afirmaciones del inglés Miller. Según este mentiroso oficial,
"Bolívar pasó el desfiladero con la caballería y dirigió personalmente los
primeros movimientos de ella, pero así que percibió la dispersión, marchó
inmediatamente en busca de la infantería, la cual colocó en una altura elevada
cerca de una legua a retaguardia, y donde permaneció hasta que recibió el
primer parte del general Miller anunciándole la victoria que habían alcanzado"
(65). Jamás se ha formulado una mentira más completa ni mas desvergonzada,
y la mejor prueba de ello, es que la infantería llegó al sitio del combate a la
caída de la tarde, y Bolívar no hubiera tenido tiempo de ir a buscarla a una
legua de distancia. La verdad es que sólo se había situado en una pequeña
altura, en el mismo campo, de donde pudo continuar dirigiendo el combate,
como lo expresa el honrado O'Connor en sus Memorias. La caballería tenía sus
capitanes expertos Braun, Camacaro, Silva, Carvajal, Escobar y Sandoval, y
Miller sólo combatió hacia la izquierda del campo sobre el grupo de soldados
peruanos inexpertos y sin influencia real, como consta en las declaraciones de
su jefe el coronel Suárez. Camacaro al rescatar a Necochea demostró la
destreza de los llaneros colombianos.

Por razones políticas el Libertador elogió en el parte oficial a los escuadrones
peruanos, pero como expresa O'Connor sus servicios no fuéron notables (66).

Posteriormente el mismo Suárez le confesó al general Bolívar que no había
cargado desde el principio, ni empeñado su cuerpo, porque se componía de
gente nueva, y a quien él no conocía absolutamente (67). Tal es la verdad.

Lejos de amilanarse por la aparición de Canterac a su retaguardia, Bolívar
apresuró su marcha para cortarlo de su base, y en caso favorable obligarlo a
rendirse. Situación peligrosísima para los realistas, porque cuando no se puede
disimular, produce funestos efectos.

Observaciones.

En el combate se gastan a la par las fuérzas materiales y las morales. Estas
últimas iban disminuyendo en los realistas a medida que perdían hombres y
caballos, y cuando vieron y sintieron los efectos del vuelvan caras, sin poder
reanudar su formación, se declararon en derrota. Aun restablecidas las
comunicaciones, como había perdido la moral de sus tropas, Canterac no se
atrevía ni a darles descanso, seguro de que en un nuevo choque lo perdería
todo. Este efecto moral era consecuencia de la maniobra de Bolívar de cortarle
las comunicaciones, y la manera vigorosa de ejecutarlo. Tales hechos tuvieron
grande influencia en el curso de la guerra. La superioridad moral de los
realistas de un golpe pasó a los independientes. Los españoles para
restablecer las fuérzas morales de su ejército necesitaron pasar un tiempo en
seguridad, como lo tuvieron a la derecha del río Apurimac, donde recibieron
nuevos elementos y refuérzos.
                                                                             25



La persecución.

El golpe dado al ejército real en los campos de Junín, la subsecuente liberación
de las provincias de Jauja, Huamanga, Huancavelica, Callao, Lima y el avance
al sur del ejército libertador cambiaron la situación respectiva de los
contendientes. Aunque los españoles, dueños de la parte meridiónal del Perú
todavía eran superiores en número, el efecto de la victoria, extendido a larga
distancia por la rápida ocupación de territorios, equilibraron el poderío de
ambos bandos.

En la persecución el ejército colombiano no podía seguir al ejército español.
Este se componía, en gran parte, de soldados peruanos, como hemos
expuesto, naturales de la cordillera, acostumbrados al soroche, a las punas y
capaces de desplegar una velocidad en las marchas muy superior a la de los
colombianos, por lo menos de un tanto y medió. Correr con el ejército
colombiano detrás de un ejército dotado de esta ventaja natural, habría sido un
grave error. El problema se resolvió mandando un cuerpo ligero a las órdenes
del coronel Otero a seguir a los vencidos, sin destruir a los perseguidores con
una velocidad excesiva.

Pocos días descansó Canterac primero en Huamanga, y luego en la fuérte
posición de Chincheros detrás del río Pampas. De allí continuó su marcha y el
12 de septiembre, atravesó las provincias de Andahuaylas y Abancay, cruzó el
Apurimac por el puente de Cocpa y estableció sus tropas reducidas a 5.000
combatientes en la orilla derecha del río. En la campaña había perdido 3.000
hombres.

Siguiendo los patriotas por el camino directo hacia el Apurimac las huellas de
los españoles, podían encontrar a estos prontos y economizar sufrimientos a
las tropas. Tales motivos indujeron al Libertador a dirigirse por esta vía y a
continuar la ofensiva antes de la llegada de la división de Valdés procedente de
Potosí.

Pero también era necesario dar descanso a las tropas y reponer el material y
equipo gastados en las asperezas de los caminos de la Cordillera. Era
necesario elegir uno de estos dos sistemas. Por fin el Libertador el 28 de
septiembre desde Huancarama expresó a Sucre la necesidad de dar un mes
de descanso a las tropas y dejaba a su lugarteniente la elección de la provincia
donde acamparía el ejército. Sucre en su correspondencia manifestó el deseo
de tomar la ofensiva por el Alto Apurimac, antes de que los españoles se
repusieran de la impresión causada por la derrota del ejército de Junín, y por
tanto sin esperar el término de las lluvias; pero aceptando la posibilidad de
elegir la ruta directa de Cocpa preferida por Bolívar mandó a preparar víveres
en ambas direcciones, y puentes para tenderlos en caso necesario sobre el
Apurimac. Raro caso de armonía en el pensamiento de ambos caudillos
aunque partían de puntos de vista diferentes: Bolívar apreciaba en su justo
valor el sereno juicio de su segundo, y éste estimaba en alto grado la
inspiración y la experiencia de quien había ejecutado tantos prodigios y tenía a
su cargo la responsabilidad de la empresa (68).
26



Bolívar resuelve volver a la Costa.

La llegada de comunicaciones importantes contribuyó a resolver la adopción de
las medidas oportunas en aquellos momentos. Por un mismo correo tuvo
conocimiento el Libertador de la actividad desplegada en Colombia para reunir
tropas de las cuales 4.000 hombres se hallaban en camino. Añádase a esto la
llegada al Pacifico del navío Asia y del bergantín Aquiles y la facilidad de
destruir con ellos a los buques patriotas de Guise. Por otra parte era urgente
organizar las provincias libertadas, y proveer de mediós de movilidad a la
escuadra, y de víveres a los nuevos auxiliares próximos a llegar. Estos trabajos
requerían una gran autoridad en la costa, y en aquellos momentos sólo el
Libertador podía llevarlos a cabo.

En Venezuela era muy fácil levantar tropas veteranas porque existían 20.000
hombres acostumbrados a la guerra, antiguos servidores de ambos partidos
deseosos de tomar las armas y sin ocupación al presente, desde que, primero
el armisticio de 1820 y luego la batalla de Carabobo, desarmaron a las tropas
locales de ambos partidos. Estos guerreros anhelaban desde 1822 dirigirse al
Ecuador y al rico Perú. Al efecto cada vez que partía un buque para Panamá se
iban algunos por su cuenta, de manera que si Colombia no mandó refuérzos
oportunos a tomar parte importante en la campaña, fué porque las autoridades
no quisieron hacerlo (69).

Bolívar liberta a Lima.

Evacuada por los españoles la capital del Perú a consecuencia de su derrota
en Junín, la ocupó el coronel Luis Urdaneta con cuerpos ligeros, formados con
algunos reclutas y las altas de los hospitales en las provincias de La Costa y
Trujillo; pero batido el 3 de noviembre en un lugar inmediato a Lima
denominado La Legua, tuvo que evacuarla y retirarse hacia el Norte. En
conocimiento Bolívar de este contratiempo, organizó una columna de 1.200
hombres, con los mismos elementos batidos y algunos voluntarios y marchó
directamente a Lima en donde entró el 5 de diciembre con la idea de seguir
hacia la Costa; los habitantes víctimas poco antes de la tiranía del español
Ramírez, no lo dejaron salir de la ciudad. En aquellas circunstancias era
necesario moralizar el ejército, al efecto mandó a ejecutar la sentencia de
muerte dada por el tribunal contra tres oficiales cobardes, culpables de la
derrota del coronel Urdaneta.




Notas:
                                                                            27



(1)Historia de la Revolución de Octubre por Camilo Destruge, citado, pags. 398
y 399.

(2) O'Leary, tomo XIX, pag. 318.

(3)Relación de Rufino Guido. En la obra San Martín en la Historia y en el
Bronce, año del Libertador General San Martín, Comisión Nacional, Ley
13.661, República Argentina, pag. 171. Cartas de Bolívar a San Martín del 25
de julio de 1822. Lecuna, Cartas del Libertador, Tomo III, pags. 56 y 57.

    (4)Relaciones de la Conferencia. 29 de julio de 1822. Al Secretario de
Relaciones Exteriores de Colombia, al General Sucre Intendente de Quito, y al
General Santander, Vice-Presidente de Colombia. Lecuna. La Entrevista de
Guayaquil. Tercera Edición, 1952. Pags. 52 a 57 y 311 a 321.

(5)Memorias de O'Leary, Narración, tomo II, pag. 173.

(6)Oficio de la junta Suprema del Perú, Lima 25 de octubre de 1822, O'Leary,
XIX, pag. 389.

(7)Oficio de Tomás Guido, Lima 9 de marzo. Paz Soldán. Segundo Periodo,
tomo 1, pag. 76. Contestación de Bolívar, 30 de marzo, al Secretario de Guerra
del Perú, O'Leary, XIX, pag. 484.

   (8)Lecuna. Cartas del Libertador. Bolívar a Santander, Guayaquil, 29 de
marzo de 1823, tomo III, pag. 157.

(9)A Sucre, 24 de mayo de 1823. Lecuna. Cartas del Libertador, tomo III, pag.
187. El párrafo está en la pag. 191.

(10)Parte oficial firmado por el coronel Carlos Eloy Demarquet, Cuartel General
en Ibarra, a 18 de julio de 1823. O'Leary, tomo XX, pags. 206 a 208.

(11)Oficio al Secretario de Guerra, en Ibarra, 18 de julio de 1823,
O'Leary XX, pag. 206, citado.

(12)O'Leary, Documentos, tomo, 1, pag. 46. Carta de Sucre al Libertador,
Callao, 19 de junio de 1823.

(13)Oficio de Sucre a Riva Agüero, San Borja, 17 de junio de 1823. De la obra
de Alfredo Guinassi Morán, General Trinidad Morán, Arequipa tomo 1, pag.
181. Boletín de la Academia de la 1-Iistoria N0. 103, pag. 248.

(14)O'Leary, Documentos, tomo 1, pag. 54. Carta de Sucre al Libertador,
Callao, 25 de junio de 1823.

(15)O'Leary, Documentos, tomo 1, pag. 43. Carta de Sucre al Libertador, Lima,
31 de mayo de 1823.
28

    (16)O'Leary, Documentos, tomo 1, pag. 62. Carta de Sucre al Libertador, El
Callao, 13 de julio de 1823.

(17)O'Leary, documentos, tomo 1, pags. 66 y 73. Sucre al Libertador, 16 y 19
de julio de 1823.

(18)O'Leary, Documentos, Carta de Sucre a Bolívar, Quilca, 11 de octubre de
1823, tomo 1, pag. 90.

(19)Relación de Santa Cruz. Paz Soldán. Segundo Período, tomo 1, pag. 349.
Oficio de Bolívar al Secretario de Guerra de Colombia. Lima 20 de octubre de
1823. O'Leary, XX, pag. 477.

(20)Oficio de Sucre al Secretario de SE. el Libertador. Quilca, 11 de octubre de
1823. O'Leary, XX, pag. 435. Véanse pags. 437, 438. Memorias del General
Miller, Madrid, 1910. Tomo II, pags. 78 y 79.

(21)Paz Soldán, Segundo Período, Tomo 1, pag. 161.

(22)Decreto del Congreso del Perú. Lima, 2 de septiembre de 1823. Paz
Soldán, Segundo Período. Tomo 1, pag. 162.

(23)Decreto del Congreso. Lima, 10 de septiembre de 1823. O'Leary, XX, pag.
321.

(24)O'Leary, Narración, tomo II, pag. 218.

(25)Paz Soldán, Segundo Período, tomo 1, pags. 178 y 179.

(26)O'Leary XX, pag. 347. Oficio de Bolívar a Sucre del 18 de septiembre.

(27)Oficio de Bolívar al Secretario de Guerra de Colombia, 13 de octubre,
O'Leary XX, pag. 445.

(28)Resumen Sucinto de la Vida del General Sucre. Escrito por el Libertador.
O'Leary, tomo 1, pag. 13.

     (29) Al coronel Heres. Pativilca, 17 de noviembre de 1823. Lecuna, Cartas
del Libertador, tomo III, pag. 280.

(30)Lecuna. Cartas del Libertador, tomo III, pags. 296 a 298.

(31)A Sucre. 26 de enero de 1824. Lecuna. Cartas del Libertador, tomo IV, pag.
49. De L'Etat Actuel de la Politique et de la Science Militaire en Europe, pag.
471. Citado por J. A. Guibert de las Memorias del Mariscal de Sajonia.

(32)O'Leary, tomo XXI, pag. 192. Oficio al Secretario de Guerra, Trujillo, 22 de
diciembre.
                                                                              29

(33)Lecuna. Cartas del Libertador, tomo III, p. 301. Carta dirigida a Sucre desde
Cajamarca el 14 de diciembre de 1823.

(34)Oficio del 6 de enero de 1824, dirigido a Sucre. O'Leary, tomo XXI, pag.
251.

(35)Lecuna. Cartas del Libertador, tomo IV, pag. 20.

(36)Berindoaga al Secretario del Libertador. Lima, 5 de febrero O'Leary XXI,
pag. 448.

(37) Enrique Martínez al Secretario del Libertador, Lima, 14 de febrero de 1824.
O'Leary, tomo XXI, pag. 530.

(38)Paz Soldán. Historia del Perú Independiente, Segundo Período, tomo 1,
pag. 227.

   (39)Decreto del Congreso Constituyente del Perú, 10 de febrero de
1824.O'Leary, tomo XXI, pag. 483.

(40)Paz Soldán, Segundo Periodo, tomo 1, pag. 243.

(41)Paz Soldán, Segundo Período, tomo 1, pag. 247.

    (42)Oficio de Bolívar a Sucre, Pativilca, 6 de enero de 1824. O'Leary, tomo
XXI, pag. 251. Se explica fácilmente: la guerra en Colombia fué más larga y
más activa que en otros países.

(43)Sucre a Bolívar. Huanuco" 4 de febrero de 1824. O'Leary, tomo 1" pag.
128.

(44)El Conde de Torata" Guerra Separatista del Perú, tomo IV, p. 271.

(45)Oficio a Sucre. O'Leary, tomo XXI, pag. 315, 16 de enero de 1824.

(46)Lecuna. Proclamas y Discursos del Libertador, pag. 288.

   (47)O'Leary, Narración, tomo II, pag. 367.

(48)La Fuénte. Historia General de España, tomo XIX, pags. 128 y 129.

(49)Oficio del Libertador al Secretario de la Guerra de Colombia, 3 de junio
desde Caraz, publicado por el general Carlos Cortés Vargas. Participación de
Colombia en la Libertad del Perú, tomo III, pag. 73. Sólo había recibido hasta la
fecha 800 hombres.

(50)Lecuna. Documentos inéditos para la campaña del Perú. Notas de Bolívar y
Sucre a los subalternos y autoridades peruanas, dos volúmenes manuscritos.

(51)Memorias del General Guillermo Miller, Madrid, 1910, tomo II, pag. 130.
30



(52)Miller citado, tomo II, pags. 131 y 132.

(53)Según Exploraciones de Sievers, por Alfredo Jahn.

(54) En la correspondencia de Sucre. O'Leary, 1, pag. 112, véase el croquis
hecho por Sucre.

(55)Miller, citado, tomo II, pag. 144.

(56)Miller, citado, tomo II, pag. 139.

(57)Lecuna. Proclamas y Discursos del Libertador, pag. 289. Esta elocuente
proclama dice, mejor que ningún otro documento, la misión que cumplía el
Ejército Unido, cuando la Europa se hallaba dominada por el absolutismo
monárquico. (58)Paz Soldán. Historia del Perú Independiente. Segundo
Período, tomo 1, pag. 254.

(59)Memorias de García Camba, tomo II, pag. 250. Edición de Madrid, por
Rufino Blanco-Fombona.

   (60)Miller, citado, tomo II, pag. 142. Recuerdos de Francisca Burdett
O'Connor, Tarija, 1895, pags. 74 y siguientes.

(61)Recuerdos de Francisco Burdett O'Connor. Edición de Tanja 1895, pag. 76.

(62)O'Connor, citado, pag. 76.

(63)O'Connor, citado, Tanja, pags. 76 y 77.

(64)García Gamba, Memorias, Madrid, Biblioteca Ayacucho, tomo II, pags. 254
y 255.

(65)Memorias del General Miller, Edición de Madrid, 1910, tomo II, pag. 145.

(66)O'Connor, citado, pags. 76 a 78.

(67)El Album de Ayacucho, Colección y Poesías, por José Hipólito Herrera,
Lima, 1826, pag. 137.

(68)O'Leary. Documentos. Tomo 1, pag. 177. Sucre a Bolívar. Challhuanca, l°
de octubre de 1824. Lecuna. Cartas del Libertador, a Sucre, 28 de septiembre
de 1824, tomo IV, pag. 184.

(69)Carta de Santander a Bolívar. Bogotá, 21 de junio de 1823. Archivo de
Santander, tomo X, pag. 249.