ESQUELETO DEL INFORME SOBRE LAS AGENDAS ULA

1 INFORME SOBRE EL PROGRAMA DE AGENDAS DE LA ULA Ignacio Avalos Gutiérrez Octubre 2004 TABLA DE CONTENIDO RESUMEN. AGRADECIMIENTOS INTRODUCCION SECCION PRIMERA ALGUNAS REFERENCIAS TEORICAS La sociedad del conocimiento El modo actual de producir conocimientos SECCION SEGUNDA LAS AGENDAS DE INVESTIGACION DE LA ULA : ASPECTOS GENERALES Aspectos Generales El concepto de Agenda y sus reglas SECCION TERCERA LA AGENDA PLATANO La concepción Los actores y el financiamiento La puesta en marcha La gestión La situación de los proyectos Un primer balance SECCION CUARTA LA AGENDA PAPA La concepción 2 La puesta en marcha La gestión La situación de los proyectos Un primer balance SECCION QUINTA BALANCE GENERAL DEL PROGRAMA DE AGENDAS Una breve referencia al contexto del Programa de Agendas Valoración del Programa de Agendas El impacto del Programa : consideraciones preliminares SECCION SEXTA CONCLUSIONES La Agenda como un modo de gestionar la investigación El Programa de Agenda como elemento de la transformación universitaria. SECCION SEPTIMA RECOMENDACIONES UNA PALABRA FINAL ¿ VALE LA PENA CONTINUAR CON EL PROGRAMA DE AGENDAS ? BIBLIOGRAFIA RESUMEN Este documento pretende evaluar –una lectura clínica, pudiera decirse el camino recorrido hasta ahora por el Programa de Agendas de la Universidad de Los Andes, a través de dos iniciativas, a saber, la Agenda Plátano, iniciada en el año 1999 y la Agenda Papa, comenzada hacia finales del 2001, ambas todavía en curso. 3 El texto parte de la premisa siguiente : el Programa debe ser visto como la manifestación de una nueva forma de producir y difundir conocimientos, como un formato que difiere ostensiblemente del que predominaba hasta hace poco tiempo. Y expresión, así mismo, de la necesidad de la vinculación más intensa de la universidad con la sociedad, conforme a otras ideas y a otras maneras, también apartados de aquellas que marcaron, en su momento, la misión universitaria. A partir de la revisión de documentos, la realización de numerosas entrevistas y de la visita a los lugares en donde se llevan a cabo las dos Agendas mencionadas, se logró determinar 1) que la fundamentación conceptual del Programa, si bien adecuada, debe ser mejorada a fin de hacer más claros los fines del Programa y más probables las consecuencias esperadas de su ejecución ; 2) que los criterios y normas deben ser completados y detallados si se quiere captar mas fielmente la “filosofía” del Programa y prever más certeramente sus formas de aterrizaje ; 3) que el proceso pautado en tales normas y criterios, diseñado para llevar a cabo el Programa, no fue seguido en todas sus partes y condiciones, lo cual mermó sus posibles resultados ; y 4) que, en función de lo anterior el Programa, no obstante tener logros y significar una experiencia muy importante, no alcanzó a cubrir las expectativas que sus objetivos parecieran haber sugerido. Así, la tarea de evaluación realizada indica que el Programa marchó más o menos como cabía esperar que marchara y dio el fruto que más o menos cabía esperar que diera, si se toma en cuenta que se trataba de una iniciativa novedosa, la cual debió ocurrir, además, en un contexto desfavorable, tanto por lo que se refiere al medio externo a la universidad, como al clima interno de ésta. Aquel porque, como se sabe, el ambiente venezolano no es todavía propicio, por sus valores, por sus estructuras, por el desempeño de sus actores, para que se den fluidamente los procesos generación, difusión y uso de conocimientos y tecnologías. Y el clima interno universitario, porque también sopla en contra : la institucionalidad de la ULA implica un ideario y unas mecánicas, macerados a lo largo de varias décadas, que no sintonizan bien con el ideario y las mecánicas asociadas a un Programa como el de las Agendas, con sus nuevos propósitos y su otra lógica de funcionamiento, basada ésta en la concertación con otros actores, el acuerdo en torno a fórmulas de financiamiento compartido, la orientación hacia la demanda y la previsión de medidas para la utilización de los productos obtenidos por los proyectos de investigación. En suma, el Programa de Agendas ha logrado llevarse a cabo en medio de condiciones no muy propicias y la conclusión es que debe continuar, aunque sometido a cambios importantes en sí mismo (particularmente me refiero a su normativa) y, sobre todo, en la plataforma institucional desde la cual se le orienta y ejecuta. El Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico (CDCHT) un organismo de dilatada y exitosa experiencia en la administración de las actividades relacionadas con la investigación en la ULA ha sido hasta ahora esa plataforma. Pero no ha sido, en verdad, la más idónea, 4 pues, como es fácil suponer, fue creada y pensada en términos de una concepción muy distinta a la que subyace en el Programa de Agendas en lo que se refiere a la investigación científica y tecnológica y a la relación de la universidad con la sociedad venezolana. Esta pendiente, entonces, una discusión amplia (en este sentido, el presente documento podría considerarse un insumo) en torno al Programa de Agendas a fin de establecer las transformaciones necesarias de las que debe ser objeto y la factibilidad de las mismas. Amplia, digo, porque lo recomendable es que rebase el ámbito académico e incluya otros sectores y actores de la sociedad, habida cuenta de que este Programa, en su esencia, implica la concertación de capacidades e intereses distintos, además de los universitarios, a fin de expresarlos en proyectos de generación de conocimientos y tecnologías que sean pertinentes en el plano social. Una discusión, en fin, que plantee los cambios viables (en los objetivos, y en las maneras, en función de los tiempos, calibrando las dosis de paciencia requeridas) en torno al Programa y a su base institucional, partiendo, es éste un dato insoslayable, de la ULA como universidad de carácter público. Esta condición debe marcar la naturaleza de sus nexos con el país y, dentro de ellos, la naturaleza de los esquemas adoptados para crear, difundir y utilizar conocimientos y tecnologías. Se trata, por tanto, de encarar las tensiones que puedan surgir entre el interés privado y el interés social, entre la lógica de la academia y la lógica de la demanda o, por decir algo más, entre la necesidad de divulgar el conocimiento y la necesidad de la apropiación, tensiones que se deben plantear y resolver en clave, insisto, de organismo público, cuidando a toda costa su contribución con respecto a la regulación democrática del desarrollo científico y tecnológico y preservando sus capacidades y condiciones para la validación del conocimiento. AGRADECIMIENTOS A quienes dirigen el Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico (CDCHT), de la Universidad de Los Andes, les agradezco un gesto que todavía dista de ser frecuente en las instituciones venezolanas. Me refiero al gesto de dejarse evaluar y, encima dejarse evaluar desde “afuera”, es decir, a través de una persona que no tiene vínculos laborales con la ULA, no figura en la lista de sus profesores o de sus investigadores, no se encuentra, pues, asociada administrativa o burocráticamente a esa institución. Aludo, pues, al hecho raro de permitir el examen, con la mayor objetividad posible, de un programa, el Programa de Agendas, haciéndolo sin edulcorar las cosas, sin ahorrar ningún juicio, por más duro que fuera, instrucción ésta que vino del 5 Profesor Oscar Aguilera, quien me propuso el estudio, instrucción que, debo señalarlo, seguí al pie de la letra. Agradezco mucho el gesto, digo, en primer lugar como ciudadano de este país tan poco dado a sacar cuentas, hacer balances, extraer conclusiones y obrar en consecuencia y, en segundo término, como universitario, aunque de otra universidad, enterado, por tanto, de que, por desgracia, tampoco en nuestro medio se tiene el hábito de echar mano de los instrumentos de medición y calibración para ver qué fue lo que se hizo y cómo se hizo, fichar y detallar aciertos y desaciertos y tomar las decisiones que sea menester tomar a fin de mejorar lo mejorable y erradicar lo que hubiese resultado mal pensado o ejecutado. Agradezco igualmente la buena disposición y los largos ratos de su tiempo que me dispensaron todas las personas con quienes conversé para empaparme del Programa. El buen talante y la efectividad de la Licenciada Lorna Donoso, encargada de mis viajes a Mérida y de preparar el programa de trabajo, haciendo malabares para cuadrar las actividades que debía realizar. La colaboración siempre a la mano de la gente del Parque Tecnológico. El apoyo de la Licenciada Yuleida Artigas Dugarte, quien buceó en los archivos universitarios para proveerme de la documentación imprescindible para complementar las pesquisas que hacía yo por otras vías. Agradezco en fin, la generosidad y la amabilidad de todas las personas del CDCHT, un lugar en el que siempre me sentí cómodo y eso no tiene precio, sobre todo en estos tiempos venezolanos tan ásperos. INTRODUCCION La finalidad de estas páginas es la evaluación del Programa de Agendas (a partir del desenvolvimiento de la Agenda Plátano y de la Agenda Papa, aún en curso), una iniciativa interesante y novedosa que viene llevando a cabo la ULA desde hace alrededor de cinco años, dentro del marco de los denominados Proyectos Institucionales Cooperativos (PIC), puestos en marcha a lo largo de la última década. Por evaluar quiero decir, así pues, echar, en primer lugar, una mirada analítica que indague, aprecie y mida, en lo que se pueda, sus razones de ser, el concepto sobre el cual se encuentra sustentado, sus mecánicas de funcionamiento y sus resultados. Y, asimismo, que permita disponer de ciertos fundamentos para derivar conclusiones y, en cierto grado, dar algunas 6 recomendaciones que pudieran, eventualmente, introducir cambios tendientes a mejorar el Programa. La realización de este trabajo se hizo con base a un esquema propuesto al CDCHT, el cual, como todo esquema que se precia de serlo, experimentó, luego, diversas modificaciones hasta llegar a la estructura que subyace a este documento. El modus operandi seguido incluyó, principalmente a) una amplia revisión documental, b) entrevistas (al menos cuatro decenas de ellas) con las diversas personas que, en distintos momentos, se encargaron de formular el Programa de Agendas, de gestionarlo, administrarlo y de ejecutarlo, circunstancia que me llevó a hablar con directivos de la ULA, los responsables, en distintas épocas, del CDCHT, investigadores (relacionados o no con el programa), funcionarios públicos, dirigentes comunitarios y productores agrícolas y c) visitas a los lugares en donde tenía lugar el Programa. Aparte de la presente introducción, et texto cuenta con siete secciones. En la primera de ellas se tejen algunas reflexiones, muy breves, de naturaleza teórica con la pretensión de que sirvan de contexto para el Programa y éste cobre algún significado. Las mismas remiten fundamentalmente a la naturaleza y repercusiones de la llamada “sociedad del conocimiento”, así como a lo que se viene delineando, en términos cada vez más aceptados (aunque no exentos de críticas, desde luego), como un nuevo modo (mas bien una tendencia) de producir, divulgar y utilizar el conocimiento. En la segunda sección se tocan aspectos generales del Programa de Agendas : sus antecedentes, su “filosofía”, su perfil conceptual y los criterios y normas que lo intentan regular y encausar. En la tercera se examina la Agenda Plátano y en la cuarta la Agenda Papa. En la quinta se procura efectuar un balance del Programa (más pormenorizado que el que se hace de cada agenda en particular), discurriendo tanto en el plano teórico (el de las ideas que le fueron dando forma), como en el práctico (las formas en que se llevó a cabo y los frutos y efectos que generó). En la sexta sección se muestran algunas conclusiones dedicadas a tratar de redondear planteamientos anteriores, y en la séptima se encuentran conclusiones y sugerencias, elaboradas tratando, hasta donde me resultaba posible, vista mi no muy abundante información sobre diversos aspectos estructurales y funcionales de la ULA, de compaginar un cierto ideal normativo con la factibilidad de llevarlo a cabo. Termina el texto con una coletilla que responde a la pregunta de si vale la pena continuar con el Programa de Agendas de la ULA. Es bueno advertir que estas páginas han sido redactadas intentando, en algún grado, que el lector comprenda más o menos cada una de las partes sin tener necesariamente que leer todas sus páginas, de allí que se incurran en algunas repeticiones y reiteraciones que puedan parecer fastidiosas para el que se tome el trabajo de revisarlo en toda su extensión. 7 Sección Primera ALGUNAS REFERENCIAS TEORICAS El objeto de esta sección del documento es, como ya apunté, es ubicar el Programa de Agendas en su contexto, remarcando en particular, obvio, la situación actual de las universidades y el nuevo formato que hoy en día asume la creación, difusión y uso del conocimiento. Se trata, así pues, de una muy sucinta referencia teórica, orientada a facilitar la comprensión de su razón de ser y, por otro lado, poder medir su relevancia. La sociedad del conocimiento Dicen los estudiosos del tema, que el aporte más importante de Thomas Edison fue haber inventado el método de inventar, esto es, haber concebido y puesto en marcha un formato organizativo idóneo para la producción de tecnologías, la semilla, quizá, según se ven las cosas ahora, de lo que un siglo más tarde se ha denominado la “sociedad del conocimiento”. La historia ha mostrado, siempre, desde luego, la huella que dejan las innovaciones científicas y tecnológicas en el molde de las sociedades humanas. Pero lo que está ocurriendo desde las postrimerías del siglo XX es que esta influencia está cobrando alcances inéditos, sus efectos son mucho más visibles y hondos, la marca es mucho mayor en la vida de todos. En otras palabras, el desempeño general de las sociedades actuales depende cada vez más de la capacidad para preparar a su gente, desarrollar posibilidades de investigación e 8 innovación y crear sistemas para acceder, guardar, procesar y usar información y conocimientos; en fin, se encuentra supeditado en buena medida a la inversión en su capital intelectual. La sociedad emergente se caracteriza, entonces, por los siguientes rasgos (Brunner 1994) 1 : Una economía cuyo crecimiento se torna cada vez más dependiente de la producción, distribución y aplicación del conocimiento. La creciente importancia del sector de servicios intensivos en conocimiento (educación, las comunicaciones y la información). La convergencia tecnológica de las comunicaciones y de la computación sobre la base de la digitalización de una parte creciente de las transmisiones. El valor estratégico cada vez más alto del conocimiento incorporado en personas (“capital humano”), en tecnologías y en las prácticas asociadas al trabajo de analistas simbólicos. El rápido desarrollo y difusión de las infraestructuras de comunicación - - La riqueza social es, en gran medida, el resultado de la producción constante de conocimientos y tecnologías que infiltran cada rincón del quehacer humano y que son reemplazados a una velocidad vertiginosa, al igual que los productos y servicios que originan. Las sociedades actuales se arman desde el punto de vista institucional (es decir, de sus valores, organizaciones, normas, leyes, prácticas administrativas) en función de ese capital intelectual: cómo formarlo y expandirlo, cómo organizarlo, cómo utilizarlo pareciera ser una de ls tareas colectivas de más envergadura y trascendencia.. En este contexto, las políticas relativas a ciencia, tecnología e innovación adquieren un papel fundamental. El trazo que más profundamente distingue el modelo de sociedad que se viene perfilando en la actualidad es, en resumen, el acceso universal y permanente a los conocimientos existentes. Es la difusión, a través de la socialización masiva de la información, lo que marca la diferencia con el pasado reciente o para decirlo en otra forma, esa ubicua presencia del conocimiento, la rapidez con la que se produce, se divulga, se usa y se hace viejo, allí está el punto crucial. Manuel Castells (1999) lo señala con mucha claridad : lo que Llama la atención lo dicho hace más e tres décadas, en tono casi en tono profético, por el el sociólogo norteamericano Daniel Bell hablando de la era post-industrial, aludiendo a cinco características básicas : - la importancia central del conocimiento científico para el proceso de generación de innovaciones productivas. - la creciente importancia de un conjunto diferenciado de instituciones, encargadas de la producción y divulgación del conocimiento. - el papel estratégico de lo que denomina el “capital humano”. - la emergencia de nuevas tecnologías que potencian la generación y difusión del conocimiento la - la importancia e la “prospectiva” como técnica para la orientación de las sociedades. 1 9 caracteriza la revolución tecnológica actual no es tanto el carácter central del conocimiento y la información, sino la aplicación de ese conocimiento e información a aparatos de producción de conocimiento y procesamiento de información y comunicación, en un círculo de retroalimentación acumulativo entre la innovación y sus usos. El modo actual de producir conocimientos La ciencia, según señalan los especialistas, no sólo esta propiciando enormes cambios en el plano político, económico y social, sino que a su vez esta ella misma experimentando grandes transformaciones, tanto en las teorías, las disciplinas y en los fundamentos epistemológicos sobre los que se basa, como en la forma de llevarse a cabo y las condiciones institucionales dentro de las que tiene lugar. En este último sentido, diversos autores vienen coincidiendo desde hace cierto tiempo en torno a la identificación, como tendencia, de un nuevo esquema para la creación y difusión del conocimiento, el cual dista mucho, casi se encuentra en sus antípodas, del que hasta hace relativamente poco fue el predominante, caracterizado este último, si se me permite una simplificación excesiva, por entender que la investigación se justificaba por sí misma (y no tanto por su pertinencia práctica), a la vez que era validada principalmente por la opinión de los llamados “colegios invisibles”, integrados por pares. Era, adicionalmente, una actividad realizada dentro del marco de disciplinas aisladas, en el seno de instituciones científicas individuales (fundamentalmente laboratorios de corte más o menos académico, ubicados casi todos en las universidades), constitutivas de un espacio político, social y cultural casi “autoreferenciado”, el llamado, dentro de la jerga política, “sector de ciencia y tecnología”. El nuevo modelo (ver, por ejemplo, Gibbons y otros, 1994) muestras características muy distintas. Es, pues, un modelo que, huelga decirlo, coexiste con prácticas anteriores que conservan una cierta vigencia y por ende no desaparecen del todo (aclaro: además no es deseable que tal cosa ocurra) y representa una tendencia que se implanta a velocidades muy diferentes, de acuerdo a las circunstancias, y cuya novedad se manifiesta en varios rasgos, entre los cuales vale la pena destacar los siguientes : A. Los problemas son formulados y la investigación se desenvuelve en un “contexto de aplicación”, y se dirige a la solución de problemas, involucrando una compleja interacción entre especialistas, usuarios y financiadores. 2 El .En smejante dirección es que se habla del Sistema Nacional de Innovación (SNI) y no del “sector de ciencia y tecnología”. Aquel supone la creación de redes de cooperación entre entes públicos y privados, los cuales comparten capacidades y complementan recursos para lograr que la generación, transferencia, difusión y uso de conocimientos y tecnologías sea un proceso mucho más eficiente y efectivo, de cara al logro de unos objetivos de interés nacional, regional y local. Dicho de otra forma, el desarrollo del SNI se expresa en redes sociales de amplia participación en las que intervienen los centros de investigación y desarrollo, las universidades e institutos tecnológicos, los diferentes sectores del aparato productivo, la banca y otras entidades financieras, las firmas de consultoría e ingeniería, las 2 10 mencionado “contexto de aplicación” encierra una dimensión económica, social y política de mucho mayor alcance ya que este conocimiento se produce bajo el marco de una negociación continua; es decir no se producirá a menos y hasta que no se incluyan los intereses de las partes actoras. 3 B. La reorganización de los procesos de producción del conocimiento requiere de instituciones abiertas funcionando en redes de colaboración en las que la interdependencia redefine las condiciones de la actividad de investigación. Se trata, pues, de alianzas estratégicas y asociaciones circunstanciales, a nivel local y mundial, esto es, de diversos tipos de asociación estructuradas con el objetivo de desarrollar conocimientos. En general, se trata de esquemas de cooperación flexibles, heterogéneos y poco jerarquizados (no pocas veces, además, implicando condiciones laborales inestables para quienes allí se desempeñan), a través de los cuales se logran masas criticas de recursos y capacidades en campos que evolucionan aceleradamente y que suponen la creación de conocimientos por medio de una gran variedad de organizaciones, tanto publicas como privadas, tanto empresariales, como académicas. (Se trata de un punto esencial para la comprensión del Programa de Agendas). Hay , pues, un aumento considerable el número y variedad de los actores sociales encargados de producir el conocimiento. En vista de esto último, se dificulta la identificación misma de quienes son los científicos. Anteriormente, éstos eran fácilmente identificables dentro del mencionado sector, al cual le competía la realización de la actividad científica.. Ahora, aparecen varios y diversos actores sociales, también con esa función, actuando en sistemas abiertos en cuyo seno se genera, desde diferentes puntos y con distintas direcciones, un conjunto de informaciones y conocimientos de diversa índole, lo cual contribuye a hacer mucho menos diáfana la distinción entre oferentes y demandantes porque los propios usuarios dejan de ser pasivos receptores y se instituciones del gobierno central y los gobiernos locales, las organizaciones no gubernamentales y las comunidades organizadas. Se trata pues de la conjunción de entes públicos y privados que unen capacidades y recursos de distinta naturaleza y participan en los procesos asociados a la creación, copia, adaptación, uso y divulgación de conocimientos y de tecnologías. Así, la capacidad científica y tecnológica de un país no es la simple suma de las capacidades que se encuentran en cada empresa o laboratorio individuales. La misma depende de la existencia de un esquema plural de coordinación dotado de dispositivos funcionales muy variados, tanto formales como informales, que sirven para enlazar organizaciones públicas y privadas, nacionales y extranjeras, propiciando así que se den de la manera más fluida posible las vinculaciones entre ciencia, tecnología, producción y demanda. Se trata pues de “redes de innovación” cuya coordinación y orientación viene en buena parte autorregulada y, por otro lado, responde a las agencias y políticas públicas bajo la inspiración normativa de un sistema nacional de innovación (Avalos 1997) En cuanto a los esquemas de financiamiento, comienzan a predominar distintas fórmulas, diferentes al subsidio tradicional (¿habrá que aclarar que éste no ha desaparecido ni debe desaparecer ?), tales como la subvención condicionada, el crédito y el contrato, así como diversas fórmulas de co-financiamiento, mecanismos todos que asumen diversas modalidades y que se encuentran relacionados de alguna manera con el cálculo del beneficio derivado (no sólo económico, por cierto, pues no deben soslayarse los beneficios sociales) de la inversión realizada para desarrollar una determinada investigación. 3 11 incorporan también al procesos de generación de novedades. Por eso se habla de un modo de producción de conocimientos “socialmente distribuido”. C. La investigación tiende a ocurrir menos de manera individualizada o en grupos cerrados por disciplina y tiene lugar, cada vez más, en función de la conjunción de diferentes disciplinas, con transferencia de saberes y competencias de una área a otra a fin de abordar problemas según una lógica que implica la multi y la transdisciplinariedad, integrando las ciencias naturales, las ciencias sociales y las ciencias humanas, entre ellas y dentro de ellas.. Esta se encuentra determinada principalmente por la complejidad que tienen los problemas de la sociedad contemporánea. La estructura de conocimiento generada por las disciplinas científicas resulta limitada, como se sabe, para comprender y buscar alternativas de solución a los problemas del mundo real. Se trata, valga insistir, de un enfoque sistémico, basado en la premisa de que el conocimiento sobre la realidad es siempre incompleto y que asume el tratamiento de los temas y los problemas en términos de sus interconexiones, de las relaciones con su contexto, apartándose de esquemas estáticos, aislacionistass y reduccionistas, en progresivo desuso. En efecto, el grueso de los métodos científicos se ha caracterizado tradicionalmente por reducir, normalizar, muestrear, controlar factores externos, de modo que la reputación de la buena ciencia dependía de que se produjera fuera de las perturbaciones de la sociedad. Hoy, por el contrario, además de la confiabilidad, el nuevo horizonte para la pertinencia de la ciencia, se traslada crecientemente a la sociedad (Vessuri, 2002). La gran tarea es, por tanto, superar la fragmentación del saber, propia del análisis realizado en las condiciones controladas, típicas del laboratorio, la cual no refleja adecuadamente el mundo real y, por otro lado, promover la consideración de los sistemas complejos, situar las informaciones y saberes en el contexto que les otorga su significado, en fin, anticipar los riesgos y las oportunidades vinculados a la investigación y al uso de sus resultados. En suma, el logro de este consenso se manifiesta en la construcción de estructuras teóricas y métodos de investigación diferentes y de nuevas formas de práctica de investigación que rebasan a una disciplina y que no están destinadas, sólo ni principalmente, a contribuir al avance y desarrollo de una ciencia y del conocimiento científico, sino, conforme ya se anotó, a solucionar un problema específico. Esta forma de producción de conocimiento dispone de otras vías de difusión del conocimiento producido, distantes de la clásica publicación en revistas especializadas, lugar natural para la legitimación del conocimiento creado por las comunidades científicas D. En la literatura especializada en estos temas se señala (y esto es, de nuevo, de mucha relevancia para el examen del Programa ) que los cambios no son sólo en el plano de la producción de conocimientos, sino también en el entendimiento de la transferencia de tecnología. Esta ya no es principalmente el traspaso del conocimiento producido desde el que lo genera hasta el que lo usa (recuérdese en este sentido al modelo lineal de la innovación), sino el resultado de la interacción de muchos actores que intercambian capacidades e informaciones, haciendo posible una vinculación cercana y efectiva de la 12 creación y aplicación de las tecnologías creadas. Para decirlo en otras palabras, en la medida que supone la presencia de distintos actores, la creación de conocimientos tiende a identificarse con su difusión y uso. El destinatario de los resultados de la investigación no es un receptor pasivo, sino un actor que tiene una función activa en el proceso de investigación. En tal sentido no se trata por tanto, de llevar a la práctica conocimientos previamente disponibles, sino de generar conocimientos específicos, referidos a demandas emergentes y constantemente movedizas, surgidas de las permanentes exigencias derivadas de un nuevo contexto económico y social, dentro del que la globalización es un ingrediente de la mayor importancia. 4 (Como se verá, esto resulta crucial en la caracterización del Programa de Agendas). E. En el nuevo modelo, las implicaciones sociales y ambientales del conocimiento están incorporadas al proceso mismo de su generación, lo cual, como es fácil suponer, cambia radicalmente la óptica desde la cual se construyen los programas de trabajo de investigación, entre otras razones por una que resulta fundamental : las derivaciones de la utilización de conocimientos y tecnologías no son meros “aspectos externos”, simples “efectos colaterales” y de los cuales hay que ocuparse una vez que sobrevienen. La responsabilidad social penetra todo el proceso de producción del conocimiento. Involucra, pues, a todos los actores, ya sean productores o usuarios del conocimiento, lo cual los convierte en agentes activos en la definición y solución de los problemas para los que se genera el conocimiento, sino también en la evaluación de su desempeño. En otras palabras, con el surgimiento de esta nueva práctica de investigación, también ha emergido, como consecuencia, un sistema de control de la calidad que se distingue por intervenir en todo el proceso de generación del conocimiento y no sólo evalúa el producto o resultado final. Este sistema es mucho más amplio que el sistema de evaluación de la calidad que distingue a la ciencia académica (el control se ejerce a través del juicio de los “pares”). Como resultado de la presencia de una mayor base social , también cambian los criterios para el control de calidad del proceso de producción de conocimiento, ya que no sólo se considera el aspecto científico, sino que se incluyen otros criterios de índole social, política, económica y ambiental que tienen mucho más valor en este sistema. En la medida en que el desarrollo tecnocientífico ha cobrado un gran significado en tanto factor de estructuración social y, en ese grado es, por tanto, asunto del mayor interés publico, no Según se desprende de la literatura sobre el tema, el proceso de innovación tecnológica basado en el progreso secuencial que va de la investigación básica a la aplicada, y de ésta a la I+D industrial y al mercado, ha quedado obsoleto, dejando paso a un nuevo modelo centrado en el supuesto de que las demandas del mercado y de la industria influyen en el proceso de generación de la investigación básica. En otras palabras, el modelo clásico lineal que une investigación y producción (investigación–desarrollo– producción–mercado), ha sido sustituido por un modelo de innovación interactivo en el que se producen continuas y numerosas interacciones entre diversas partes muy heterogéneas entre sí. 4 13 obstante encontrarse fuertemente dominado por el interés privado. Topamos así, con un tema de trascendencia para las universidades, en particular las públicas. La conciencia colectiva ha sido tomada por la idea de que la aplicación de los avances científicos y tecnológicos ha contribuido, junto a sus indudables beneficios, a la degradación del ambiente, a la generación de catástrofes, al desarrollo de armas muy poderosas y se ha vuelto, así mismo, factor influyente en la desigualdad social o en la exclusión, así como en la asimetría de la relación entre los países. Ha levantado, además, problemas éticos de gran envergadura que nos tocan (y confunden) a todos y ha derivado, desde el punto de vista teórico, y también político, en los planteamientos alrededor de la “sociedad del riesgo”. 5 DOS MODELOS PARA LA PRODUCCIÓN DE CONOCIMIENTOS Modelo A: La investigación se justifica principalmente en términos de sí misma. Temas escogidos en función de intereses académicos Investigación validada )control de calidad) fundamentalmente por la opinión de los “pares” ( el criterio de excelencia). Modelo B: La investigación se justifica principalmente por su utilidad y aplicación. Temas escogidos en función de problemas que se pretenden resolver Investigación validada (control de calidad) fundamentalmente por la opinión de los “impares” (además de la excelencia, los criterios de utilidad, pertinencia, factibilidad, 5 Este concepto fue introducido por el sociólogo alemán Ulrich Beck (1986). Este autor sostiene que la tecnología ha creado formas inéditas de riesgo e impone una peligrosidad cualitativamente distinta a la del pasado, incluido el escenario de la autodestrucción. Hoy es cada vez mayor, dice, la posibilidad de que se produzcan daños que afecten a una buena parte de la humanidad, al margen de barreras nacionales, sociales o generacionales. En este sentido, hasta los propios desastres naturales son cada vez menos naturales dado que están inexorablemente vinculadas a acciones humanas, influenciables, previsibles. Por tanto, hablar de riesgo no es solo hablar de pérdidas y averías potenciales, sino también de imputar responsabilidad a algún actor social, por acción u omisión. En la nueva sociedad a la que nos adentramos, el eje que estructura la sociedad no es tanto, sostiene Beck, la distribución de bienes, como la distribución de riesgos. No es extraño, entonces, que el riesgo forme parte central de los debates sociales y políticos contemporáneos 14 compatibilidad ambiental…) El laboratorio individual como locus de la investigación. Cuerpo de practicantes homogeneos Redes de innovación socialmente dispersas y con marcos muy flexibles de trabajo. Cuerpo heterogéneo de practicantes Organización de la investigación por disciplinas científicas aisladas. Investigación multi e interdisciplinaria organizada en torno a problemas. Fundamentalmente financiada con recursos públicos en forma de subsidio. Diversificación de fuentes y modalidades del financiamiento, tanto públicos como privados. Así las cosas, en el contexto de la sociedad del conocimiento (y de la sociedad del riesgo), el escrutinio publico sobre las actividades científicas y tecnológicas es asunto que empieza a mirarse como condición, cada vez más crucial, para la existencia de la democracia. Hay un desafió social y ético al que se enfrentan las sociedades contemporáneas, urgidas de innovaciones institucionales capaces de dilucidar los desencuentros entre la lógica tecnocratita y la lógica democrática o, en otros términos, la lógica del mercado y la lógica ciudadana, y de garantizar la participación pública en la orientación del desarrollo científico y tecnológico. Se trata e un tema que suscita enormes problemas a las universidades públicas. Lo expresado hasta aquí no termina de comprenderse en sus consecuencias prácticas si no se tiene presente la acelerada, y al parecer imparable, tendencia hacia la privatización del conocimiento, hecho con gruesos efectos para la economía, así como para el desenvolvimiento universitario. Ello obedece a que, como conforme quedó expresado en los inicios del documento, el conocimiento juega un papel esencial en los procesos de acumulación de capital.6 Como se sabe, en tiempos más o menos recientes, se han venido ampliando sensiblemente los derechos de propiedad intelectual, dificultando la circulación del conocimiento y restringiendo su libre disponibilidad, incluso en 6 Tomado de Avalos (2004) 15 áreas que hasta ahora era consideradas de carácter publico ( como por ejemplo, algunas investigaciones básicas, programas de informática, bases de datos), de manera que, al paso en que se desarrolla la “economía del conocimiento”, más notable es el endurecimiento de los derechos de propiedad , con implicaciones en la determinación de la estructura industrial, la distribución de los beneficios, la difusión tecnológica y los flujos comerciales. En este sentido vale la pena señalar, que la OMC, en buena medida como resultado de la presión norteamericana, ha promulgado normas para ampliar considerablemente la cobertura de la apropiación, y a la vez hacer los mecanismos de sanción a los infractores, cada vez más variados y severos. 7 Vale la pena introducir aquí una pequeña digresión (que tal vez no lo sea tanto). Me refiero a que la fuerte tendencia hacia la privatización del conocimiento esta planteando, según muchos autores, la crisis del “modelo de ciencia abierta”, mediante el cual se asumía el conocimiento como un bien de carácter público, alterando, por tanto, en las tradicionales prácticas relacionadas con la divulgación y publicación de conocimientos, muy preciadas entro del ethos académico. En fin, cual es la proporción deseable entre la propiedad sobre el conocimiento y su difusión publica es, en términos generales, la pregunta central de una discusión de gran complejidad y de trascendentales efectos en múltiples planos. Como conciliar la lógica del mercado con la lógica del interés publico, la lógica del control del conocimiento, propia de las empresas, con la lógica de la distribución del conocimiento propia de las comunidades del saber. (Avalos 2004). Estas son preguntas de enorme significación e implicaciones para las universidades, sobre todo, aunque no solo para ellas, las que mantienen su condición de instituciones públicas. La situación anteriormente descrita ha despertado cierta alarma y suscitado, como consecuencia, un debate que subraya las implicaciones negativas de la excesiva privatización del conocimiento, aunado al hecho de su concentración, según lo expresa la circunstancia de que el 97% de las patentes están en manos del mundo industrializado, particularmente en manos de sus grandes empresas. Si bien es cierto, entonces, que domina la tendencia a reforzar la apropiación, no lo es menos la existencia, por otro lado, de propuestas relevantes que tratan de establecerle controles para limitar el derecho de propiedad intelectual, mediante varios recursos. Se trata, en general, de un conjunto de medidas sugeridas por algunos gobiernos de países subdesarrollados, por algunas universidades y centros de investigación, la UNESCO y por la misma Organización Mundial de la Propiedad Industrial (OMPI). La Comunidad Europea sobre Derechos de Propiedad Intelectual ha manifestado, por su parte, la preocupación por la ruptura del modelo de ciencia abierta, tan caro a la práctica de la investigación universitaria, y advierte sobre las dificultades que se ciernen en varias áreas sobre las oportunidades para la colaboración científica. Pero por encima de todo, tal vez sorprenda enterarse de que en los propios Estados Unidos se esta discutiendo, desde hace algunos años, acerca de la conveniencia de restringir de alguna manera la propiedad sobre el conocimiento en ciertas áreas, por considerar que allí están envueltos asuntos de carácter estratégico para la sociedad norteamericana, los cuales se verían comprometidos por el dominio privado. 7 16 Sección Segunda EL PROGRAMA DE AGENDAS DE LA ULA La ULA no tiene una documentación muy prolija y extensa con respecto a la concepción del Programa de Agendas, lo cual no quiere decir, desde luego, que no haya reflexión previa que la respalde, todo lo contrario, según lo pude comprobar en las diversas entrevistas que realicé. Aspectos Generales En el plano de las intenciones de la política universitaria, el concepto de Agenda representa el propósito de acentuar y mejorar los nexos de la ULA con la sociedad venezolana. Tal política, aunque al principio un tanto difusa y proclive a ser más que declarativa que práctica , es de vieja data, y adquiere un tono relativamente más marcado y menos retórico a partir del año 1994, año en que se crean los llamados Proyectos de Investigación Prioritaria (PIP), una propuesta del CDCHT, la cual contempla el desarrollo de proyectos de carácter institucional, multidisciplinarios y con participación de otras instituciones privadas y públicas, “que apunten al logro de resultados tangibles en las áreas de influencia regional de la Universidad ” 8 . A dicha propuesta se le asignó 8 Proyectos Institucionales Cooperativos, documento del CDCHT, (19-07-2001) 17 recursos equivalentes al 10% del presupuesto ordinario o fijo del CDCHT, con los siguientes propósitos : Fomentar la conexión de la actividad de investigación de la Universidad de Los Andes con las necesidades de los sectores sociales y económicos de la región y el país. Orientar la investigación hacia la búsqueda de soluciones a problemas específicos relacionados con la calidad de la vida de la población. Estimular los proyectos que conduzcan al uso de los resultados de la investigación por parte de la sociedad. - - Poco tiempo después, en 1995, estos proyectos dan lugar a los Proyectos Institucionales Cooperativos (PIC), mas afinados que aquellos en cuanto a fines y maneras de hacer las cosas, ideados con la intención de “lograr un mayor impacto y estimular una mayor participación de investigadores y grupos de investigación ” 9 El programa de los PIC es, igualmente, financiado con el 10% de los recursos adicionales asignados a la ULA a través del Coeficiente Variable de Investigación, los cuales son tasados por la OPSU conforme al rendimiento académico, en particular en lo que respecta a investigación y postgrado. En síntesis, los PIC podrían quedar definidos, de acuerdo con la documentación examinada, como proyectos de investigación, desarrollo y transferencia de conocimientos científicos y tecnológicos, multidisciplinarios, con participación de instituciones públicas y privadas, que buscan fomentar la conexión de la actividad de investigación de la ULA con las necesidades de los sectores sociales y económicos de la región y del país. Así entendidos, los PIC debieran ser vistos como la expresión, desde las posibilidades y condiciones de la ULA, de lo que es la actual tendencia en la producción y gestión del conocimiento, expuesto anteriormente., modo que empieza a marcar diferencias ostensibles con la forma en que tradicionalmente la ULA entendía y promovía sus actividades de investigación. Representaría, así pues, una iniciativa, todavía modesta y embrionaria, pero con la fuerza que deriva del hecho de embonar con el sentido hacia la sociedad del conocimiento. El concepto de Agenda y sus reglas Las Agendas suponen una modalidad de los PIC y revelan aún con más nitidez de la nueva tendencia anteriormente referida. Dada la experiencia acumulada desde el año 1994 en esta política de mayor acercamiento a la sociedad, el CDCHT creó recientemente una nueva normativa, la cual suponía un mayor afinamiento de objetivos, y criterios, la cual se reproduce a continuación. 10 a. Para seleccionar agendas y proyectos debe indicarse : 9 10 Ibídem Ibídem 18 - Previsión de resultados tangibles de aplicación inmediata o mediata y/o efectos e impacto social del proyecto. -Satisfacción de necesidades comprobadas y documentadas en las comunidades. - Identificación precisa de beneficiarios y especificación de transferencia de resultados a obtener. - Manifestación de compromiso del (o los) co- particpantes (s) externo (s) y su a aporte financiero en cada proyecto presentado b. El co-financiamiento debe prever una o más personas jurídicas, públicas o privadas, no pertenecientes ni afiliadas a la ULA. c. Cada proyecto debe especificar las características del grupo de investigación : integración, formación, experticia y capacidades de interrelación con otros grupos. d. Cada proyecto deberá incluir a profesores investigadores y es recomendable la participación de estudiantes de pregrado y postgrado de la ULA. e. El aporte del CDCHT para cada proyecto es de cien mil dólares (U.S $100.000,oo), según las disponibilidades presupuestarias. Esta cantidad deberá ser ajustada en caso de modificaciones en el cambio oficial y del presupuesto general del CDCHT. f. Los proyectos durarán dos (2) años, prorrogables hasta un máximo de tres (3) años. En el caso de proyectos que impliquen cambios de conducta y culturales, el lapso puede ser mayor, previa justificación detallada del mismo. g. A los efectos de dirigir la Comisión PIC, el Equipo rectoral designará un grupo de trabajo especial formado por hasta siete profesores u otro personal de amplia experiencia en este tipo de proyectos, tres de los cuales serán propuestos por el Directorio del CDCHT, quienes durarán dos años en sus funciones. El Presidente de esta Comisión será el Coordinador del CDCHT. h. Las funciones de la Comisión PIC serán las siguientes : Diseñar la forma de consulta a las comunidades Definir las áreas problemáticas Establecer los evaluadores de los proyectos Aprobar los proyectos para su ejecución i. La Comisión PIC informará regularmente de sus actividades al Directorio del CDCHT. j. Una vez aprobados por el Directorio, los proyectos llenarán entrarán en fase de ejecución, para lo cual se llenarán las formalidades necesarias con 19 las autoridades de la ULA, de acuerdo con la modalidad escogida para el manejo de los fondos externos. Estas modalidades tenderán a favorecer la buena marcha del proyecto y a asegurar el éxito de etapas ulteriores relacionadas con la aplicación de los resultados obtenidos. De ellas dependerá la normativa sobre aspectos legales referidos a propiedad intelectual y participación de los beneficios económicos, así como la responsabilidad del CDCHT en el otorgamiento de la asignación acordada y el control de su ejecución. k. Cuando el proyecto haya sido aprobado y exista participación externa, el Rector de la ULA firmará un contrato con el responsable del Proyecto (quien deberá ser un investigador activo de la ULA) y el o los socios cofinanciadores, quienes deberán prestar las fianzas correspondientes. l. Los aspectos legales sobre propiedad intelectual, participación de la ULA en los posibles beneficios, así como el destino de los bienes adquiridos con los recursos del proyecto, estarán definidos en el contrato que contará como es habitual con la asesoría de la Consultoría Jurídica de la ULA. m. El CDCHT proporcionará los recursos asignados según cronograma del investigador. Estas asignaciones estarán sujetas a la aprobación de un informe de avance técnico y administrativo presentado por el responsable del proyecto a la Comisión PIC. n. Al Coordinador General del CDCHT podrá solicitar auditorias en el momento que lo crea conveniente y deberá informar oportunamente al Directorio para que éste tome las ediciones del caso. De conformidad con la normativa inicialmente establecida por las autoridades de la ULA para cada proyecto. ñ. El Directorios del CDCHT tiene la potestad de modificar estas normas, a proposición de la Comisión PIC, cuando loo consideren conveniente para la buena marcha del programa. o. Lo no previsto en estas normas será resuelto por el Directorio, previo análisis presentado por la Comisión PIC. Según expresé anteriormente, estas pautas condensan, en su última versión, el desiderátum del Programa de Agendas. Concretan las ideas medulares que inspiraron la concepción del Programa, “estrenadas” con la Agenda Papa (posteriormente ha regulado las Agendas Agua y Frontera, aún dando sus primeros pasos). Como se verá al término de estas páginas, el cuerpo normativo recogido arriba, si bien recoge fielmente la concepción de las Agendas, deja algunos vacíos que es menester llenar. 20 Sección Tercera LA AGENDA PLATANO Concepción de la agenda La Agenda Plátano se comenzó a gestar el mes de agosto del año 1998 a partir de una reunión efectuada en la Gobernación del Estado Mérida a la que asistieron representantes de la Comisionaduría de Exportación y Promoción de Inversiones del Estado Mérida –Comexpri- (organismo que dejo de existir al poco tiempo de iniciada la gestión del nuevo Gobernador), la Fundación Sigatoka y la Corporación Parque Tecnológico de la ULA, amen de representantes de los productores de plátano y cambur de la Zona Sur del Lago de Maracaibo, quienes plantearon la necesidad de vincularse con las actividades de investigación de la Universidad, a fin de poder hacerle frente a algunas dificultades que confrontaban en sus actividades productivas. Se trataba, pues, de atender una zona importante desde el punto de vista económico, alrededor de 50.000 hectáreas dedicadas al cultivo de musáceas (plátano y cambur), en las cuales se siembra aproximadamente el 80% de la producción nacional (94% para el consumo nacional y 6% para la exportación). No había duda, pues, acerca de la relevancia socioeconómica de ese cultivo en esa área. Distintos estudios revelaban problemas serios con la producción debido a la Sigatoka Negra, enfermedad que en buena medida represento el principal motivo para concebir la Agenda. Adicionalmente se tenían detectados problemas de índole social, los cuales motivaron la inclusión en dicha Agenda de un componente de apoyo comunitario, no necesariamente vinculado, como se explicara mas tarde, con el programa de investigación sobre las musáceas, a 21 pesar de que, en términos de los enunciados conceptuales (más verbales que escritos, debo decirlo), se señaló que la “parte social” se entendía como asociada a toda la temática de la asimilación cultural de las innovaciones tecnológicas que se produjeran, a partir de los proyectos que integraran la Agenda En suma, la Agenda Plátano tuvo como objetivo general, según quedó recogido en la respectiva documentación, reunir, coordinar, promover y consolidar los esfuerzos de los organismos públicos y privados, productores y empresarios en torno al cultivo del plátano para impulsar el desarrollo sustentable de la región del Sur del Lago de Maracaibo. Los actores de la Agenda y el financiamiento En su inicio la Agenda parecía contar con un amplio y diverso piso político, como lo pone de manifiesto la participación de un abanico extenso y variado de organizaciones, cuya injerencia varió mucho, según el caso, en importancia, en el grado de compromiso e, incluso, en su duración. Se contó, así pues, con las siguientes organizaciones: A. Organizaciones públicas regionales : la Gobernación del Estado Mérida, la Comisionaduría de Inversión y Exportaciones (COMEXPRI), Instituto de Acción Agropecuaria (IAAGRO), el Comisionado para Asuntos Agrícolas de la Gobernación del Estado Mérida, el Fondo de Financiamiento para la pequeña y Mediana Industria (FONFIMER),Fundación para la Ciencia y la tecnología (FUNDACITE), la Gobernación del Estado Zulia y la Gobernación del Estado Trujillo, Corporación para el Desarrollo de Los Andes (CORPOANDES), Corporación para el Desarrollo del estado Zulia (CORPOZULIA), Instituto del Lago de Maracaibo (ICLAM). B. Organizaciones públicas nacionales : Ministerio de Agricultura, Fundación al Servicio de la Agricultura (FUSAGRI), Centro de Investigación y Capacitación Aplicada a la Reforma Agraria (CIARA), Corporación para el Desarrollo de la Pequeña y Mediana Industria (CORPOINDUSTRIA), el Instituto de Investigaciones Agrícolas (INIA), el servicio Autónomo de Sanidad Agropecuaria (SASA). C. La Alcaldía del Municipio Alberto Andreani. D. La Comunidad Económica Europea, a través del Programa Andes Tropicales. E. Organizaciones del sector privado : Fundación Sigatoca Negra, Asociación de Ganaderos del Municipio Alberto Adreani (ASODEGAA), Asociación Productora del Sur del lago (APASLAGO), Centro Internacional del Plátano (CIPLAT), Centro d Negocios El Vigía (CNEV), PALMAVEN. F. Organismos de la ULA : el Parque Tecnológico, el Consejo de Desarrollo Científico, Tecnológico y Humanístico (CDCHT), además de las distintas facultades, escuelas y laboratorios. 22 Como se desprende de lo anterior, una diversa presencia de organismos, buena señal inicial que , sin embargo, se fue debilitando con el paso del tiempo, mientras la Agenda Plátano iba teniéndoselas que ver con una realidad socioinstitucional que, en verdad, no la favorecía, prueba, además, de que los compromisos para crear alianzas no parecían muy sólidos. Los diversos actores mostraron de cierta manera, mas precisa en algunos casos que en otros, un compromiso de financiar de cierta forma el programa de investigaciones y de transferencia de tecnología contemplado en la Agenda. Desde los predios de la Gobernación regional se hablo, incluso, vía la gestión de la Comexpri, de la posibilidad de obtener de recursos provenientes del exterior, particularmente de la banca multilateral. Fundacite Mérida y el Ministerio de Ciencia y Tecnología adquirieron, cada uno según su propio modus operandi, compromisos mas concretos, al igual que los productores, aunque en este caso se hablo mas bien de un apoyo “en especie” (horas de trabajo, maquinaria, tierras para la experimentación), en vez de dinero. Es menester señalar, sin embargo, que, salvo en el caso del Ministerio y de Fundacite y, por supuesto, de la ULA por intermedio de su CDCHT, con relación al resto de las instituciones no se suscribieran compromisos formales, registrados, que se tradujeran en algún tipo de obligación, sino, a lo mas, se redactaron cartas de intención que manifestaban la conveniencia de los diferentes proyectos, el interés de que los mismos se realizaran y la buena voluntad de colaborar en la medida en que estuviese a su alcance. Desde los mismos inicios del proceso, el piso del que hablo se aflojo ostensiblemente. El cambio de autoridades a nivel del gobierno nacional, resultado de las elecciones efectuadas en las postrimerías del año 1998, así como, un poco después, el cambio en la Gobernación del Estado, trajo como consecuencia el debilitamiento del soporte que inicialmente se ofreció. La Gobernación regional fue, poco a poco, retirando su apoyo alegando otras ideas, otras maneras, así como otras prioridades, para la utilización de sus recursos. Las Alcaldías, dirigidas por nuevos alcaldes, se tomaron un tiempo para revisar su postura frente a las Agendas y su apoyo termino concretándose en una declaración de palabra, con alguna fuerza política, pero sin brindar soporte financiero. Algo parecido a lo alegado por la Gobernación ocurrió con Fundacite, organismo que argumentó discrepancias conceptuales y metodológicas para excluirse del Programa de Agendas, restarle un financiamiento importante para el cual se había comprometido mediante convenio formal y emprender por su cuenta nuevas iniciativas, una de ellas de parecido tipo y en franca “competencia” (por ejemplo, el programa desarrollado con respecto a la papa, no obstante la existencia previa de la Agenda Papa, promovida desde los predios de la ULA) . Sin ser tan explicito como Fundacite, el Ministerio de Ciencia y Tecnología tampoco proveyó los recursos que se tenían previstos para el desarrollo de algunos proyectos. Las solicitudes de financiamiento formuladas 23 segín las pautas establecidas para ello por el FONACYT (Fondo Nacional de Ciencia y Tecnología), nunca tuvieron respuesta alguna (ni siquiera negativa). El resto de los actores, mencionado en la página anterior, también tuvo una participación más bien débil y el apoyo fue dado principalmente en especie, un apoyo declinante con el paso de los meses, según razones que variaron en cada caso, siendo al final bastante menor que los recursos originalmente previstos para el desarrollo de la Agenda. En resumen, los dolientes principales, sobre cuyos hombros descanso la mayor parte de la responsabilidad de llevar adelante la Agenda Plátano fueron la ULA y, en menor medida, los propios productores, estos últimos, reitero, en especie y por debajo de lo estimado. Las Alcaldías mantuvieron su “visto bueno” y dieron algunas facilidades para la realización de ciertas gestiones (establecer contactos con la comunidad y algunos organismos oficiales, sobre todo), y algunas instituciones gubernamentales (INIA; CIARA, etcétera) y brindaron ciertos apoyos puntuales. En fin, en la práctica no caminó ningún esquema de co-financiamiento y el CDCHT corrió con toda la carga presupuestaria, a lo largo de los años de duración de la Agenda Plátano. Esto significa que en la práctica sólo se dispuso, sobre todo, de los recursos requeridos para llevar a cabo las actividades de investigación, las que tienen lugar en el laboratorio, digámoslo así, mientras que no se tuvieron aquellos otros (salvo algunos apoyos en especie) que se necesitaban para poder llevar a cabo actividades de otra índole, ligadas al proceso de transferencia, difusión y utilización de los resultados obtenidos. La puesta en marcha de la Agenda Tomada la decisión, por parte de la ULA, de llevar acabo la Agenda Plátano, se hizo una convocatoria pública cuyo destinatario casi exclusivo (o sin el casi) fue la comunidad científica de la ULA. A partir de la misma se fueron presentando los proyectos, es decir se fue construyendo y poniendo en marcha la Agenda. Debe tenerse en cuenta que, para el momento de iniciarse ésta, no existía un cuerpo de normas como el aprobado en el año 2001, al cual ya se hizo referencia anteriormente. Los proyectos de la Agenda Plátano debieron cumplir, entonces, unas normas más bien generales y acogerse a una “filosofía”, la que inspiraba al nuevo Programa (de la que se habló en la sección anterior), puesta de manifiesto en tres ideas centrales : la existencia de otros actores sociales en calidad de socios, el co-financiamiento y la aplicación de los resultados. La Agenda, según apunté, fue concebida en la referida reunión de la Gobernación de Mérida, a mediados del año 1988, resultado de diversas conversaciones previas entre la ULA y otros actores sociales y expresión de ciertas coincidencias alrededor de la importancia económica y social que reviste la producción de plátano para el Estado, así como de la necesidad de resolver algunos cuellos de botella importantes mediante el uso de las capacidades científicas y tecnológicas disponibles en la Universidad. La selección de los 24 proyectos que finalmente constituyeron la Agenda, si bien se basa en la “filosofía” del programa, la misma fue realizada de una manera más bien laxa, no solo porque las normas estaban aún muy “crudas”, sino porque privó el criterio, no explicitado en ningún escrito, desde luego, pero no por ello menos real, de que era importante arrancar una experiencia novedosa que divergía, en buena medida de las practicas habituales de la ULA, aún cuando se estaba cabalmente conciente de las imperfecciones y carencias con las que se comenzaba. Así las cosas, queda la impresión de que la escogencia de los proyectos tuvo mucho que ver con el hecho de que formaban parte de líneas de investigación que venían siendo desarrolladas desde antes por los investigadores de la universidad , fruto combinado de su interés intelectual y de conversaciones y contactos, no muy sistemáticos, con los productores de la zona. En este sentido, la participación de los productores no pesó todo lo que debía pesar en la estructuración de una demanda, de la cual los proyectos aprobados debían ser su cabal expresión. Resultó entonces que unos proyectos reflejaban mejor la demanda que otros, lo cual quiere decir que algunos proyectos se inspiraban más en la oferta que otros. Por otro lado, la previsión de resultados tangibles y aplicables, colocado como requisito en las normas de los PIC, se dio como algo supuesto y se redujo al simple enunciado incluido en la presentación del proyecto, sin exponer un plan que dejara ver como serían aplicados los resultados arrojados por la investigación, como podrían ser transferidos al campo, aún cuando, sobre todo al principio (luego declinó), hubo una participación apreciable de los propios productores, colaborando con los ensayos que tenían lugar en sus propias tierras, por ejemplo. El compromiso de los socios no aparece nunca convalidado mas allá de una carta de “apoyo moral” (quiero decir : un respaldo más bien vago, expresión, sobre todo, de un “visto bueno” que no vinculaba ni comprometía a quien lo daba, sin que el financiamiento apareciera como una obligación, aun cuando hubo un apoyo en especie que en algunos proyectos y en ciertos momentos cobró alguna significación, pero no mucha. La Comisión PIC aplicó, pues, con cierta flexibilidad la “filosofía” del Programa y los criterios generales existentes, lo cual, reitero a riesgo de fastidiar, cabe explicarse como una necesidad para el impulso de una iniciativa inédita en la ULA. Los evaluadores técnicos de los proyectos trabajaron, por lo general, como lo hacen los evaluadores en el contexto universitario, apelando, sobre todo, a los cánones de la calidad científica de los proyectos, sin prestar , en la práctica, demasiada atención al posible impacto y a las condiciones que posibilitaran al uso de los resultados de la investigación, a la vinculación de algunos socios y a los acuerdos sobre el co-financiamiento. Cabe dejar claro, sin embargo, que el CDCHT examinó estos proyectos de una manera que, aunque muy débilmente, ya comenzaba a insinuar una 25 perspectiva de evaluación distinta a la empleada en los proyectos tradicionales, un hecho cuya relevancia no puede ponerse a la orilla. La gestión de la Agenda Los proyectos fueron sucesivamente aprobados, conforme a los plazos administrativos pautados, un poco largos, por cierto, para propuestas de esta naturaleza, según la impresión de algunos investigadores 11 y, sobre todo, de ciertos productores, pues, como se sabe, el tiempo es un recurso percibido como mas escaso en el medio productivo que en el académico. Los proyectos fueron presentados en distintos tiempos y aprobados también, desde luego, en distintas fechas, pues, no configuraban un “paquete”, cosa que se advierte de manera particular en el divorcio entre los proyectos de investigación agrotécnicos y sociales, pero, a veces, incluso, al interior de cada uno de los dos tipos de proyecto. En la etapa inicial de la Agenda, la coordinación de la misma fue llevada a cabo por el Parque Tecnológico, en lo que pareció una decisión acertada, pero mas bien coyuntural, originada en buena parte, creo, en la conveniencia de que los recursos financieros de los Proyectos fueran resguardados de las contingencias propias del presupuesto universitario y, a la vez y sobre todo, pudieran ser manejados con mas flexibilidad y celeridad de lo que permite la estructura legal del CDCHT, condición que debe entenderse como más necesaria en un programa de esta clase que por los programas tradicionales. Los recursos fueron, así pues, depositados en una cuenta bancaria bajo la responsabilidad del Parque Tecnológico de la ULA. Fue designada una persona (uno de los gerentes del Parque Tecnológico) que fungió de coordinador (además de continuar con sus otras tareas), no solo en lo que se refiere a la administración de los recursos, (entrega de cheques, recepción y análisis de informes relativos al empleo de los recursos….), sino a las tareas de gestión del la Agenda : reuniones de los socios, seguimiento de los proyectos, etc.) 12 Así fueron las cosas durante alrededor del primer año de vida de la Agenda. Posteriormente el Parque Tecnológico, si bien mantuvo (y hasta la fecha mantiene) la condición de receptor y administrador de los fondos asignados por el CDCH a la Agenda, dejó a un lado el trabajo de la coordinación de la misma, abandono del cual no tengo detalles, pero que supongo se explica por no ser entendida esta función como algo que debiera asumir permanentemente por aquella organización, sino por el CDCHT. La entrega tardía de los recursos y sus consecuencias negativas sobre el desenvolvimiento de los proyectos fue planteada por algunos investigadores, pero, a decir verdad, no supe si la tardanza era debida a ellos mismos (incumplimiento de los tiempos para entregar los recaudos adecuadamente ) o al CDCHT por razones imputables a cierta lentitud administrativa. 12 En su propuesta de coordinación de la Agenda Plátano, el Parque Tecnológico de la ULA contemplaba un esquema organizativo dividido por comisiones (la de enlace, la de investigación, la de desarrollo del cultivo, la de comercialización y la de la feria internacional del plátano), a través de la cual se le pretendía hacer seguimiento a cada uno de los proyectos. 11 26 La función coordinadora fue ejercida posteriormente por el CDCHT, en particular a través de la Comisión PIC y de un coordinador, fundamentalmente administrativo. Se enfatizo sobre todo una función de tipo burocrático y no tanto una coordinación mas sustantiva que hiciera seguimiento a los proyectos, que estuviera atenta a las vinculaciones con los productores, que resolvieran los conflictos que se suscitan en este tipo de trabajo, que, en fin, hiciera posible la ejecución de las tareas conjuntas entre diversos actores, condición esencial para el buen desempeño de una iniciativa de la naturaleza de las Agendas. Como lo plantearé más adelante, no se consideró la coordinación como una tarea dirigida a mantener el trabajo en red Los proyectos sociales, tuvieron un mayor grado de coordinación que los proyectos agrotécnicos. Se contó, en su caso, con un coordinador general que sirvió de interlocutor relativamente frecuente con las autoridades del CDCHT y permitió, así mismo, compatibilizar esfuerzos y evitar duplicaciones a la hora de recabar y procesar información de la comunidad, útil para cada uno de los proyectos contemplados en la Agenda., amén de que permitió, hasta cierto punto, la posibilidad de mantener la multitisciplinariedad y la interinstitucionalidad, rasgos importantes dada la naturaleza del Programa. La situación de los proyectos La Agenda Plátano tiene dos tipos de proyectos. El primero de ellos (que engloba los proyectos identificados de ahora en adelante como “agrotécnicos) tiene como objetivo resolver algún problema (agronómico, biológico, ambiental, mecánico…) relacionado con el desarrollo mismo de las musáceas. El segundo grupo (los proyectos “sociales), el cual será tratado mas adelante, engloba a los proyectos que pretendían indagar en las condiciones económicas, institucionales y sociales de las comunidades vinculadas a la ejecución del Programa. Originalmente la Agenda Plátano fue pensada exclusivamente desde la perspectiva agrotecnológica. Un poco más tarde cobró cuerpo la necesidad de que se impulsaran a la par propuestas dirigidas a promover la participación de las comunidades ubicadas en las zonas en donde iba a tener lugar su desenvolvimiento. A través de las entrevistas realizadas para la redacción de estas paginas, y también de alguna que otra información suelta contenido en algún documento, se desprende que la intención inicial era que la Agenda contara con un componente de investigación social, cuyo objetivo era acompañar a los proyectos agrotécnicos. Con lo de acompañar me refiero a generar las condiciones necesarias para que el cambio técnico, introducido en cualquiera de sus formas a propósito del mejoramiento de la producción del plátano y del cambur, pudiera ser incorporado y asimilado por la comunidad de productores. La premisa, teóricamente correcta, por lo demás, quedo muy diluida en la formulación conceptual de la Agenda y desapareció en la practica. De hecho, el componente social corrió por su cuenta desde el comienzo, dando lugar a proyectos de investigación sobre algunas comunidades en la Zona Sur del Lago 27 (Km 49, 51 y El Taparo, ubicadas sobre la vía El Vigía-Santa Bárbara), los cuales se desarrollaron casi al margen, así pues, de lo que estaba aconteciendo con la otra parte de la Agenda. Además, a lo largo de su puesta en práctica, fueron pocos los encuentros entre los investigadores de una y otra parte, se careció, en fin, de un dispositivo adecuado que facilitara la coordinación necesaria para poder tener los intercambios mínimos indispensables, tanto al momento de concebir la agenda y los diferentes proyectos, como durante la ejecución de los mismos. Así las cosas, estas propuestas, más que ir directamente a las condiciones, de diverso origen y naturaleza, que afectaban la asimilación de las agrotécnicas que se pretendían introducir, se dirigió, más bien, a dar respuesta a varios problemas sociales de las comunidades., para lo cual se pretendía, según se señala en diversos documentos y de colige de las entrevistas llevadas a cabo, haciendo el mejor uso posible de los recursos existentes en diversas instituciones, al igual que en la propia comunidad, y promoviendo el desarrollo sustentable, con la participación activa de la gente en el mejoramiento de sus niveles de calidad de vida. En consecuencia con lo anterior, los proyectos sociales de la Agenda tocaban aspectos vinculados a la salud y saneamiento ambiental. Una vez hecha la convocatoria para la presentación de los propuestas, dentro de la Agenda Plátano, se aprobaron finalmente 16 proyectos, de los cuales 10 proyectos se agrupan en la categoría de proyectos agrotécnicos y los 6 restantes en la de proyectos de carácter social. Los proyectos aprobados son, pues, los siguientes : Sistema de información bioclimática y su utilización el Sur del Lago de Maracaibo (ejecutándose) Ventana Muscásea (ejecutándose) Factor de riesgo de inseguridad alimentaria en hogares productores de plátano en la zona del Sur del Lago (ejecutándose) Redes de participación comunitaria para promover y gestionar el desarrollo local (terminado) Micropropagación masiva del plátano (ejecutándose) Elaboración de insumos para la construcción de muebles a partir de vástagos de plátano y adhesivos fonólicos y polusosyanatos (terminado) Análisis de la producción de plátano en el caso del Sur del Lago de Maracaibo (ejecutándose) Insectos defoliadores del plátano (ejecutándose) Combate de la Sigatoca Negra en plátano y banano mediante el uso de un sistema eléctrico de fumigación aérea RABI (terminado) Combate de nematodos picudos y corrección de deficiencias nutricionales con implante (MIX) en plátano (ejecutándose) Manejo integrado de plantaciones de plátanos Hartón con fines de exportación en el Sur del Lago (terminado) - 28 - - Generación de energía y abono orgánico a partir de biodigestores anaeróbicos operando con pseudotallos y hojas de plátano (terminado) Intervención en las comunidades involucradas en la Agenda Plátano (ejecutándose) Intervención de comunidades rurales para un desarrollo autosustentable basado en la producción de plátanos (ejecutándose) Utilización de tecnología para la producción de vivienda y creación de una empresa (suspendido) Estudio de las relaciones hídricas, intercambio de gases y producción de la musa SP, en un gradiente hídrico. Relación con la variabilidad genética de M Musicota y M Fijensis (Sigatoca) La situación actual de los 16 proyectos aprobados muestra que hay 10 de ellos todavía ejecutándose, 4 fueron terminados y 2 se cerraron. De los proyectos terminados 3 corresponden a la agenda social y 1 a la agenda agrotécnica. Los proyectos en ejecución se encuentran en situación de prórroga y, de acuerdo a lo establecido por el reglamento (la duración de los proyectos es de 2 años y la prórroga no puede extender más de 1 año), se encuentran ya alrededor de la fecha de entrega No pareciera ocioso indicar que los proyectos finalizados son aquellos proyectos que el CDHT da por terminados desde el punto de vista administrativo, a partir de la consideración del informe que presenta el investigador responsable. Esto significa que la aprobación del correspondiente informe tiene lugar, de hecho, una vez finalizada la actividad del grupo investigador, sin que se tome en cuenta los otros aspectos, propios de un Programa de la naturaleza de las Agendas, es decir, las posibilidades de transferencia de los resultados hacia los productores, el impacto real o eventual, las consecuencias indirectas en lo que se refiera al aprendizaje organizacional, etcétera. O sea, los proyectos terminan siendo entendidos, a los efectos administrativos (la aceptación o rechazo del informe final por parte del CDCHT), casi como los proyectos de investigación tradicionales de la ULA. Al parecer no están dadas las condiciones institucionales para averiguar y evaluar otros elementos que son, precisamente, los definitorios de la naturaleza del Programa de Agendas. 13 Con referencia a los 2 proyectos que se cerraron, vale la pena un comentario al respecto, puesto que alude, de distintas maneras, a problemas de fondo relacionados con el buen desenvolvimiento del Programa. Uno de ellos se cerró porque el investigador responsable viajo al exterior a fin de realizar actividades académicas. Dicho proyecto (referido al desarrollo de una tecnología para la producción de viviendas y, a partir de allí, la creación de una empresa a fin de que la comercializara), se inicio y luego no se continuo, y ahora se encuentra en suspenso, por decirlo de alguna manera, a la espera de 13 Incluso en algunos casos, la misma formulación del proyecto no se planteaba llegar “más lejos”, más allá de la investigación. Por ejemplo, en el proyecto de la “micropropagación masiva del plátano” se tenía previsto sólo la reproducción a escala de laboratorio. 29 una decisión por parte del CDCHT. Sin entrar en los detalles de este hecho, mucho menos con la idea de juzgar a nadie, el mismo revela, y en alguna medida refuerza, en el medio productivo, el prejuicio contra los investigadores, su “academicismo”, entendido éste como la prevalencia del interés universitario sobre el económico y la incapacidad de comprender las urgencias de la demanda. Ello sin mencionar el perjuicio causado al no responder a las expectativas previamente generadas y, en general, el daño que causó a la percepción que se tenía en la zona respecto a los trabajos contemplados dentro de la Agenda y, por supuesto, a la imagen de la propia ULA. Cabe advertir, por último, que no está del todo claro si procede alguna sanción y si la misma sería aplicada. 14 El otro caso tiene varias aristas importantes. El proyecto consistía en la fabricación de un equipo de fumigación, idea de un ingeniero agrónomo de dilatada trayectoria y buena reputación técnica, directivo de una empresa privada, desde la cual se diseñaría y se produciría. 15 Dije varias aristas, y en efecto, así es : 1) el proyecto fue presentado por el mencionado ingeniero, quien no era ni profesor ni investigador de la ULA. En vista de que las normas disponen que la responsabilidad debe recaer en un investigador universitario, fue nombrado un investigador de la ULA para cumplir esa función y ejercer una labor de “chequeo” de las actividades desarrolladas por el ingeniero, así como de los recursos desembolsados, 2) el proyecto no fue definido según la “ortodoxia” de la agenda, es decir, sobre la base de una consulta que pudiera auscultar la demanda, sino que, como señalé, fue sugerencia de la empresa, 3) hasta donde pude conocer, no fue respaldado por un estudio de mercado que delimitara volúmenes posibles de producción y venta del equipo una vez fabricado, esto es, no se estimaba su impacto, 4) la inversión en dinero la puso la ULA, mientras la empresa aportó una cantidad que no se precisaba con exactitud, consistente en horas de trabajo del ingeniero, así como ciertos materiales que se requerían, 5) no se establecieron las reglas que decidirían los temas de propiedad (de quien sería la patente del equipo, cómo se distribuirían los beneficios de su producción industrial, etcétera) . El investigador nombrado por el CDCHT para monitorear la marcha de la construcción del equipo informó que, después de transcurrido un año, no se notaba ningún avance importante, todos los indicios parecían señalar que no se construiría el equipo y recomendó, por tanto, la suspensión del apoyo, medida que fue adoptada por el CDCHT, sin considerar la posibilidad de algún reclamo Obviamente el programa de construcción de viviendas, al cual estaba asociado este proyecto, generó enormes expectativas en la comunidad. Habiendo ocurrido lo que ocurrió, el CDCHT acordó utilizar alrededor de veinte millones de bolívares, un remanente del proyecto cerrado, en la construcción de un centro comunal, el cual, para el momento de cerrar el presente trabajo, únicamente había sido diseñado. 14 15 Cabe mencionar que la misma empresa y el mismo ingeniero han confrontado parecidos problemas por incumplimiento en otro proyecto, también en la Agenda Plátano. Desconozco los detalles porque me resultó imposible entrevistar a los responsables del mismo. 30 judicial, no obstante haber habido incumplimiento de la empresa y haberse producido una pérdida de dinero (alrededor de tres millones de bolívares). 16 Un Primer Balance Como era fácil de anticipar, la Agenda Plátano muestra muchos rasgos característicos de las iniciativas pioneras. Tuvo lugar, así pues, al calor de un proceso , podría decirse que de carácter experimental, a lo largo del cual se fueron construyendo los criterios que lo fundamentaron y las pautas que le fueron dando una silueta más definida, lo cual terminó, al final, recogido en las varias veces citadas normas que resultaron aprobadas por el CDCHT del año 2001. El proceso de formulación y ejecución de la Agenda cobró forma, como indiqué páginas atrás, en el marco de una institucionalidad, la universitaria, la cual supone fines y modos de hacer las cosas que en varios sentidos discrepan, en diverso grado y forma, con respecto a los que se precisarían para llevar adelante un programa como el de las Agendas, con objetivos, temas y tareas diferentes. En el caso de los proyectos identificados como agrotécnicos su pudo observar, pues, la precariedad, casi ausencia, del co-financiamiento, el frágil compromiso de los socios y la inexistencia, en la práctica, de una red de trabajo, la falta de conciencia respecto a los pasos y mecanismos asociados a la transferencia de tecnologías y conocimientos, etcétera, todo lo cual determinó que los resultados obtenidos por los proyectos ya cerrados (aunque no es aventurado imaginar un pronóstico similar para los que aún se encuentran en curso) no se hayan podido transferir, por ahora. 17 Digo por ahora porque se generaron resultados científicos importantes como respuesta a algunos problemas de la producción platanera y los mismos pueden ser eventualmente empleados si se toman posteriormente algunas decisiones en esa dirección. 18 16 En honor a la verdad es menester advertir que no conozco cual es la versión de la empresa privada sobre esta historia, pues no fue posible entrevistarla. 17 Los proyectos no terminan, si cabe expresarlo así, de la misma manera. Digo esto a propósito, por ejemplo, del proyecto “Sistema de información bioclimática y su utilización el Sur del Lago de Maracaibo”, el cual termina en un modelo que requiere de datos recogidos a lo largo de cierto tiempo (a fin de establecer posibles patrones ) y cuyo impacto depende que se use, algo que, en los términos en que está planteado el proyecto, pareciera depender de actores y aspectos distintos a los previstos al momento de concebir la Agenda. El caso del proyecto “Ventana Muscásea” es interesante por emblemático de los tropiezos que obligaron a recomendar su cierre. Un proyecto cuya importancia era ampliamente reconocida por los productores, el cual se comprometieron a financiar la Gobernación de Mérida (a través del IAAGRO), el Ministerio de Ciencia y Tecnología y Fundacite Mérida y, por supuesto del CDCHT. Al no honrar sus compromisos los tres primeros organismos mencionados falló la sincronización necesaria entre el suministro de las plantas in vitro y la instalación del sistema de riego, con lo cual el proyecto recibió un duro golpe. 18 31 Afirmar de manera tajante que no ha habido proceso de transferencia de tecnología el caso de los proyectos sociales es más difícil porque se trata de actividades y procesos de otra naturaleza. En el caso de estos proyectos se han logrado realizar algunos diagnósticos y se han conseguido ciertos niveles de capacitación y de conciencia sobre los problemas de la comunidad, se han desarrollado, por ejemplo, ciertas acciones en el plano de la salud, de indudable importancia y que si bien representan un logro inmediato, no parecieran representar, sin embargo, una obra sustentable a más largo plazo (tratamiento de la parasitosis intestinal a todos los menores de 15 años, en la comunidad del Km 49 y 51, en colaboración con el Ministerio de Salud y Desarrollo Social, despistaje de cáncer de cuello uterino y de mama a 36 mujeres de esa zona y otras acciones por el estilo). En la línea de lo que vengo apuntando, el del biodigestor (construido a partir de tecnologías más o menos conocidas) es un caso interesante. El mismo fue construido luego de muchos obstáculos, algunos de tipo técnico, pero la mayor parte relacionados con problemas suscitados en la propia comunidad y con el financiamiento. Le presta servicio a 30 personas (seis familias) y se supone que puede servir de efecto demostración, aún cuando no quedan claras las maneras como se decidiría la fabricación y ubicación de otros biodigestores, a quienes beneficiarían, como sería el financiamiento, quien lo haría, etcétera. Igualmente vale la pena hacer referencia al producto obtenido en uno de los proyectos sociales de la Agenda, el cual consiste en un programa marco para elevar la calidad de vida de los habitantes de las zonas en estudio, cuya realización dependía de un financiamiento del Fondo Unico Social que debía gestionar la propia comunidad y el cual no se materializó, con lo cual. Huelga decirlo, el proyecto fue abortado. En resumen, de los proyectos sociales cabe decir que se llevaron a cabo estudios de la comunidad muy completos (amén de muy bien hechos desde el punto de vista técnico), se consiguió la integración de distintas facultades, y disciplinas, se logró cierto impacto en las actividades docentes (nuevas ideas, nuevos enfoques, más cercanía con los temas de la sociedad), pero su impacto final en la comunidad no fue tan claro, al final fue un proyecto de intervención que podría resultar sustentable si y solo si permanecía presente la ULA (condición necesaria, pero no suficiente, desde luego), pues el resto de los apoyos prácticamente desapareció. 19 Quedan, no obstante, experiencias, Se observan logros en cuanto a plasmar actividades de carácter multi y trasndiciplinario. En estos proyectos participaron de manera fundamental la Escuela de Nutrición, la Facultad de Arquitectura (Centro de Investigaciones de la Vivienda, CINVIV), la Facultad de Odontología (Departamento de Odontología Preventiva y Social), la Facultad de Ciencias (Círculo Universitario de Los Andes para el Manejo Integral de los Deshechos), la Facultad de Ciencias Forestales y la Facultad de Medicina (Departamentos de Medicina Preventiva y Social y el de Nutrición Social), y cabe destacar, como algo relevante, la incorporación de personal de otras escuelas, facultades e instituciones y la inclusión, así mismo, estudiantes de pregrado y postgrado, personal de servicios de salud local y algunas autoridades locales. En este sentido, es digno de mencionar que las actividades dentro de la Agenda representaron un factor que ayudó al inicio de las Maestrías de Salud Pública y Calidad de Vida 19 32 conocimientos y datos muy valiosos, útiles para el fundamento de políticas públicas en el área social, siempre y cuando se tengan los mecanismos idóneos para que sean conocidos y procesados en las instancias correspondientes. Es pertinente, así pues, rescatar un saldo positivo dejado por la Agenda Plátano, observable en la introducción de ciertas pautas en la organización del trabajo científico que en algún grado se aproximan a lo que en estas páginas se ha descrito como la nueva tendencia en la producción de conocimientos, puesto de manifiesto en un cierto, embrionario todavía, aprendizaje organizativo, cuyo significado no puede desdeñarse, el cual se observa con un poco más de fuerza en los proyectos de carácter social. Sección Cuarta LA AGENDA PAPA La ejecución de la Agenda Papa comenzó (esto es, se aprobaron sus proyectos), a finales del año 2001 y comienzos del año 2002, o sea, después de la Agenda Plátano, mientras ésta se encontraba en plena ejecución y, por tanto, no era un ciclo cerrado, un trayecto evaluado y decantando, fundamento para sacar algunas conclusiones, útiles para enmendar cosas y enderezar procesos. En consecuencia la Agenda Papa si bien se benefició de la experiencia de la anterior, sólo lo hizo muy parcialmente. Hubo, desde luego, algunas mejoras, pero, como se verá, de seguida, el análisis de la misma es sustancialmente muy parecido al expuesto en la sección precedente. 20 Entre las mejoras está, sin duda, la publicación de un nuevo cuerpo de normas (aludo a las reglas expuestas en la Sección Segunda del documento) que de la faculta de Medicina y la de Desarrollo Rural Integrado de la Facultad de Arquitectura y Arte Además de la Agenda Papa y de la Agenda Plátano, se encuentran en marcha, con diferentes grados de avance, dos Agendas más. En el Estado Trujillo, y coordinado por el Núcleo Rafael Rangel de la ULA, se esta promoviendo, desde el año 2002, la Agenda Agua, cuyo objetivo es estudiar y proponer soluciones a los diversos problemas planteados con el agua en ese Estado. A través de la breve documentación examinada se observa el desarrollo de una iniciativa que cuenta con diversos participantes, público y privados, así como con, al menos, dos entes financiadotes, el CDCHT de la ULA y el Fondo Unico de Desarrollo del estado Trujillo, ambos en la misma proporción. Dicha Agenda está ahora en la fase de elaboración de los proyectos que la integran En el Estado Táchira, y bajo la coordinación del Núcleo de la ULA en esa región, esta cobrando forma la Agenda Frontera, cuyo fin es investigar y derivar salidas al variado y complicado menú de problemas que se presenta en la zona fronteriza. También en este caso hay participación de diversas instituciones, del sector privado y del sector público, en este último caso con un subrayado interés por parte de la Gobernación. Esta Agenda se encuentra en las fases más tempranas de su formulación. 20 33 expresaba más claramente el espíritu del Programa y le daba mejores pautas para su desenvolvimiento. Concepción de la agenda El Estado Mérida es el principal productor de papa del país, fundamentalmente por la producción que se genera en las tierras altas de la Cordillera de Los Andes. En torno a la papa hay una actividad productiva muy importante y los diagnósticos correspondientes revelan claramente su impacto, así como los problemas de índole agrotécnico y social asociados desde hace varios años a su cultivo. La razón de ser de la Agenda Papa radica en esos diagnósticos, así como en diversas consultas que se hicieron a la comunidad (esta se involucró más que en la Agenda Plátano) a los fines de perfilar más concretamente las demandas que pudieran dar origen a proyectos de investigación específicos, aunque de nuevo hay la impresión de que los proyectos reflejaban líneas de investigación previas de la ULA, acomodadas según la información que se obtenía de los productores y los requerimientos que planteaba el concepto de Agenda. Cito tres ejemplos que revelan como no se tenía muy “interiorizado” el espíritu conceptual, por llamarlo de alguna manera, del Programa de Agendas. Entre los proyectos aprobados figura una investigación económica (centrada alrededor del tema de los costros involucrados en toda la cadena asociada al negocio de la papa), a todas luces importante, amén de muy bien elaborada,, pero el cual no fue expresamente solicitado por ningún organismo ni público ni privado, ni tiene bien establecidos los mecanismos para divulgarse, tampoco para llegar hasta sus destinatarios “naturales”, ni la manera para estar en condiciones de traducirse en políticas publicas o en recomendaciones gerenciales. Idéntico comentario puede hacerse también acerca de un proyecto referido al estudio de la competitividad en el sistema de producción papero. Y hay, así mismo, un proyecto que aborda un tema crucial relacionado con las semillas de la papa, el cual se encuentra conectado con una tesis de post-grado y termina en un programa de trabajo que podría ser eventualmente desarrollado luego. Fue, pues, igual que la de Plátano, es decir, se re– oriento la oferta, la cual se acopló en alguna medida a la demanda de los productores, ésta última , a su vez,no muy estructurada. De hecho, dos de los investigadores entrevistados señalaron que las reuniones con las comunidades de productores de papa, además del propósito de la consulta, tenían el objetivo de “vender” sus líneas de investigación. 21 La puesta en marcha de la Agenda 21 El hecho de que una Agenda sea definida inicialmente desde el lado de la oferta y se busque, luego, que embone con la demanda no debe entenderse, necesariamente, como contrario a su esencia. Como se verá más adelante, la construcción de una agenda puede tener varios detonantes., pero cualquiera que sea debe tener una efectiva sintonía con la demanda 34 La Agenda fue convocada de manera pública (en una forma más afinada con respecto a la que se hizo en el caso de la Agenda Plátano), dirigida a los centros de investigación e investigadores de la ULA, bajo un enunciado amplio, las Líneas de Investigación del Sistema Papero, agrupadas en dos áreas temáticas, la primera de ellas referida al tópico ”Sustentabilidad, Ambiente y Territorio” y la segunda a “Aspectos Sociales y Económicos”, bajo el objetivo de “promover un desarrollo agroalimentario sostenible del sistema papa”. Llama la atención que la oferta de proyectos aprobados quedó muy por debajo, bastante por debajo, del numero y la variedad indicadas en los “ítems” de la comunicación aludida, en ambas áreas temáticas y, por tanto, del ambicioso objetivo planteado. La Agenda Papa contó, en el papel, con menos respaldo que la Agenda Plátano. En el caso de aquella no dieron su respaldo inicial (ni siquiera nominal), ni la Gobernación, ni el Ministerio de Ciencia y Tecnología ni Fundacite Mérida. Era ya evidente para este tiempo que la Gobernación tenía otos objetivos, que el Ministerio no mostraba mayor interés en el Programa y que Fundacite tenía diferencias con el Programa de la ULA y prefería andar de su cuenta, aupando sus propias (y parecidas) iniciativas. 22 En síntesis, la Agenda Papa sólo tuvo el respaldo del CDCHT, de la Alcaldía y de los productores organizados, en éste último caso el respaldo en especie, resultado de las conversaciones que los investigadores de la ULA sostuvieron con ellos. 23 Ni hablar, entonces, del soporte económico de parte de organismos distintos a la ULA. Así quedo establecido, desde el arranque del proceso, es decir, no puede hablarse en estas circunstancias que se hayan incumplido algunos compromisos contraídos como si ocurrió con la otra Agenda. Es menester señalar, sin embargo, que los aportes en especie fueron más visibles, más constantes y más relevantes por parte de la Alcaldía, de algunas organizaciones y de los productores, concretándose en asuntos tales como la colaboración en la recolección de ciertas informaciones y datos necesarios para las diferentes investigaciones, apoyo logístico, participación en eventos conducentes a la elaboración de metodologías de desarrollo comunal, etcétera, sin que pudiera hablarse, con propiedad, de una red de trabajo, según el significado que se le ha dado en el transcurso de estas páginas (salvo la 22 Fundacite Mérida inicio a principios del año 2003 la “Red de cooperación integral del cultivo de papa en el Municipio Rangel, Estado Mérida”, un proyecto de transferencia de tecnología que involucraba al Laboratorio de Cultivo de Tejidos Vegetales del Centro Experimental de Mucuchíes y a los productores de papa agrupados en la Asociación de Productores Integrales del Páramo (PROINPA), financiado enteramente, mediante subvención por el FONACIT. El mismo se formuló y llevó a cabo con total independencia de la Agenda Papa promovidas desde la ULA, desaprovechándose así, obvias y relevantes ventajas que hubiesen surgido, no digamos de la integración de ambas iniciativas, sino, incluso, de la más mínima cooperación. El apoyo de los productores se complicaba en ocasiones, aún cuando las condiciones de participación no eran extremadamente exigentes, como se ha visto . Así, por ejemplo, uno de los proyectos, en este caso en el área de la medicina preventiva, tuvo que circunscribirse a la Parroquia La Toma, dada la indiferencia y el desinterés mostrados por los productores de la zona Llano del Hato. 23 35 existencia de apoyos más bien puntuales, incluyendo otros organismos públicos tales como Imparques, INIA y algunos más). Una vez tomada la decisión política de darle inicio a la Agenda Papa a partir de las reuniones llevadas a cabo dentro y fuera de la ULA (un proceso que se tomó mucho tiempo, alrededor de dos años, un lapso que contradice los fines de un programa de esta clase), se comenzó la Construcción de la Agenda a través de la presentación, evaluación y aprobación de los distintos proyectos que finalmente la integraron. La gestión de la Agenda De nuevo cabe observar, al igual que en la Agenda Plátano, que los niveles de coordinación no fueron los deseables para un Programa como éste, si bien es cierto que se registraró cierta mejoría. Se consolidó la supervisión administrativa por parte de una persona a medio tiempo, los fondos siguieron siendo manejados por el Parque Tecnológico de la ULA y se dio, ciertamente, un mayor nivel de compaginación, pero, como digo, por debajo de la que resultaba necesaria.. 24 De hecho se nombró una Comisión Coordinadora, cuyo papel fue positivo, aún cuando su trabajo estuvo más orientado hacia lo administrativos (revisión de cronogramas, análisis de los problemas presupuestarios de los proyectos, etcétera) que los aspectos técnicos relacionados con la integración de los resultados que se irían obteniendo. La mencionada Comisión (integrada, por cierto, por tres investigadores, no encontrándose presentes productores, ni funcionarios públicos, circunstancia que debiera ser anómala en un programa de estas características), estaba conciente de esto y en una carta dirigida al directorio del CDCHT solicitaba que “nos apoye en el sentido de integrar los resultados de todos los proyectos a través de la contratación de una persona para que se dedique a esa actividad”., contratación que no se llevó a cabo. Así las cosas, no obstante haber más reuniones, la separación entre los proyectos agrotécnicos y sociales se mantuvo aunque en un grado menor y por otra parte hubo una relativa mejor armonización de los proyectos de la parte social que los de la parte agrotécnica.25 . Situación de los proyectos Como apunté, es una Agenda aprobada en los años 2001 y 2002 y, por tanto, todos los proyectos se encuentran en curso. Se trata de 8 proyectos La opinión de los responsables de los proyectos respecto a la coordinación varía bastante. Algunos sostuvieron que fue la adecuada, otros que fue incompleta y los más radicales hablaron de la Agenda como una “federación de proyectos”, alegando que prevaleció el celo de la especialidad, que falto cultura y espacio para la interdisciplinariedad. 25 24 La concepción de los proyectos sociales se mantuvo igual a lo señalado con respecto a la Agenda plátano. No se trataba, pues, de proyectos que fundamentalmente apuntaran al acompañamiento de los procesos de cambio y asimilación de las tecnologías que eventualmente se generaran, sino como propuestas más amplias de desarrollo comunitario. 36 aprobados (contaron con evaluación externa), 3 de ellos correspondientes al área agrotécnica y 5 al área social. Son los siguientes : Costos de Producción y Financiamiento del Sistema Papero Andino Organización de Comunidades Rurales y Desarrollo Sustentable Diversidad y disponibilidad de la semilla de papa en los Andes de Mérida Sostenibilidad Ecológica y Social de la producción agrícola de la Cordillera de Mérida : el flujo de los servicios ambientales de los páramos altiandinos para la agricultura papera. Agroclimatología de los cultivos en los Altos Andes de Mérida Estrategias para mejorar la competitividad de la papa en el Estado Mérida Intervención comunitaria en una comunidad productora de papa. Factor de riesgo de Inseguridad Alimentaria en Hogares Productores de Papa. - Primer Balance Corresponde aquí hacer comentarios parecidos a los expresados con relación a la Agenda Plátano. La razón es que, como ya apunté, el tiempo transcurrido entre una y otra ha sido demasiado breve ( incluso se solapa en buena medida) y no ha habido, por tanto, la posibilidad de afianzar un aprendizaje, acopiar una experiencia que pudiera servir para establecer en qué se debe perseverar y en qué corresponde , más bien, enderezar las cosas o, incluso, desechar caminos o maneras. La Agenda Papa siguió, así pues, dentro de los mismos cauces. Dispuso, cierto, de una mejor normativa, algo de enorme importancia, pues sirvió para precisar y aclarar propósitos y mecanismos, pero su arranque y ejecución fueron regidos desde el mismo tablado institucional, la ULA y el CDCHT, y ello influyó mucho en que fueran similares las dificultades y equivalentes las consecuencias en lo que atañe al tema del financiamiento, de los socios, de la previsión de medios para asegurar la transferencia de conocimientos y tecnologías. No obstante, se observa, en dosis mayores que en la Agenda Plátano, la influencia en aspectos tales como la mayor conciencia acerca de la urgente necesidad de los vínculos, según otro formato, de la universidad con la sociedad, la adopción de otros patrones de trabajo para llevar a cabo las actividades de investigación e, incluso, de cambios en el terreno propiamente docente (por ejemplo, la inclusión del Proyecto Páramo Andino en el doctorado de Ecología de la facultad de Ciencias, financiado por el PNUMA y el GEF) 37 Sección Quinta BALANCE GENERAL DEL PROGRAMA DE AGENDAS Después de alrededor de cinco años de trayectoria si se lleva a cabo una labor de arqueo en el Programa de Agendas ¿cuál es el saldo?, ¿qué es lo que ha quedado como sustancia ?, ¿qué ha destilado, en fin de cuentas, esta experiencia, llevada a cabo a contrapelo, en tantos sentidos, de los hábitos institucionales universitarios y, desde luego, de la misma ULA?. Las próximas páginas tienen como finalidad encarar ese trabajo a fin de poner en perspectiva este Programa, mirar lo bueno, lo malo y lo regular, siempre remitiéndolo a un contexto que permita entender por que fue bueno, malo o regular y, eventualmente, sugerir ideas que permitan que lo bueno vaya privando sobre lo malo y lo regular. Una breve referencia al contexto del Programa de Agendas Como es de suponer, el Programa de Agendas de la ULA no ha tenido lugar en un vacío, suerte de limbo social al margen de la influencia de factores ajenos al Programa mismo, sino que, al contrario, tales factores han marcado, seguramente, su trayectoria de manera notable.. Por tanto, una opinión y una valoración que pretendan ser razonables no pueden echar a un lado algunos aspectos del entorno en el que fue ideado y puesto en práctica, aunque la referencia a ellos sea muy rápida y , en esencia, de talante descriptivo, sólo a fin de que no nos olvidemos de ellos. Y, para que el problema pueda colocarse dentro de un marco significativo, tales aspectos se suman a los que se retrataron al comienzo del trabajo, al aludir el tema de las “señales propias de la época” , resumidas en las nuevas tendencias observables en los modelos de producción, difusión y empleo del conocimiento y ciertos tópicos relacionados con ella : la 38 creciente apropiación de las tecnologías, la mayor conciencia pública sobre el desarrollo tenocientífico y sus repercusiones en la vida social cotidiana, etcétera. Se pretende con todo ello, perfilar el telón de fondo del Programa En esta parte del trabajo quiero, así pues, hacer referencia a tres aspectos cuyo peso me parece relevante en este sentido. El déficit de capital social No cualquier contexto social sirve de igual manera, es una perogrullada advertirlo, para que iniciativas del tipo del Programa de Agendas, las cuales implican de una u otra manera la implantación de esquemas de cooperación e integración de actores en redes de trabajo, surjan y funcionen con eficacia. Venezuela tiene un déficit de lo que desde hace relativamente poco tiempo se viene denominando “capital social”, el cual radica, si se me permite no entrar en honduras, en el grado de confianza presente entre los actores sociales en el plano de las relaciones interpersonales, las instituciones y el poder público, todo lo cual se traduce en la capacidad existente en una sociedad para generar acuerdos básicos y esquemas de cooperación, esto es, sinergias (Véase, por ejemplo, Kilnsberg 2001, Putnam, 2002) Expresado de otra manera, la confianza es la expectativa que surge dentro de una sociedad, o parte de ella, de contar con un comportamiento conocido y por tanto previsible, además de encauzado en ciertos esquemas de colaboración, basado en normas comunes y aceptados por todos sus miembros. Gracias a la confianza las sociedades se cohesionan y pueden desenvolverse según una cierta normalidad. Sobran, pues, los análisis que demuestran la importancia de la confianza para la buena marcha social. Hay diagnósticos elocuentes, por si no sobrara el simple sentido común, que establecen las diferencias de desempeño entre sociedades en donde la confianza es un valor culturalmente bien sembrado y aquellas en donde no lo es, según lo demuestra prolijamente el norteamericano Francis Fukuyama (1966). En suma, la confianza lubrica las relaciones sociales y las vuelve menos complicadas. Disminuye ostensiblemente la necesidad de normas contractuales de carácter público o privado que, a la postre, vuelven rígidas las conductas al pretender simplificar la realidad del vínculo humano, preveerla y controlarla hasta en sus minucias, aún cuando se sabe desde siempre que es tarea imposible. En otras palabras, y como diría un economista, la desconfianza eleva los costos de transacción. En el sentido arriba anotado, las organizaciones no son dadas, en Venezuela, a la relación fluida y abierta. Les resulta fácil hacerse de razones y argumentos para la suspicacia. Andan por su cuenta cavando zanjas que separan y aíslan. Cada una resuelve según le va siendo posible desde su propio espacio funcional. En el país somos propensos a crear “sectores” (el de “ ciencia y tecnología” es un elocuente ejemplo), como si la realidad pudiera ser atendida por pedacitos. No se tiene mucha fe para colaborar y eso de las “alianzas estratégicas”, según es moda denominar hoy en día a los arreglos de mutua 39 conveniencia, no es todavía convicción común, a pesar de que lo tenemos plenamente incorporado a la retórica modernizante sobre el país. Pareciera, en buena medida, que desconfiamos por la precariedad de la institucionalidad que pretende darle cauce y piso a nuestras relaciones. Nuestros valores, estructuras organizativas, normas, hábitos, carecen, según se afirma, de la fortaleza y de la permanencia necesarias y no nos dejan como saldo un país coherente, bien armado por dentro, adecuadamente dispuesto para funcionar, según los cánones que se siguen en la actualidad 26 No es ésta, ciertamente, la mejor plataforma para poner a funcionar las redes de trabajo que demandan estos tiempos, y el Programa de Agendas es un caso en el que esto puede constatarse con bastante nitidez. Este es, simultánea y paradójicamente, una “víctima” de la precariedad que, en varios sentidos, se observa en nuestro capital social (repárese, por ejemplo, en lo difícil que fue tejer alianzas de socios y lo relativamente fácil que fue abandonar los compromisos) y, por otro lado, es, a la vez, un mecanismo para desarrollarlo y acumularlo Las capacidades científicas y tecnológicas del país Este es un tema de sobra conocido. Cabe, pues, exponerlo en pocas líneas dirigidas a hacer que no se relegue su importancia en términos de las condiciones que rodean el Programa de Agendas. Sin entrar en profundidades, ni discernir sobre matices que pudieran ser de mucha significación descriptiva y analítica en otro tipo de documento, distinto al presente, vale la pena señalar, pues, algunos elementos. Paro antes es necesario hacer una aclaratoria previa de tipo conceptual. Una sociedad, como es el caso de la nuestra, que dista mucho de acercarse al formato descrito de la sociedad del conocimiento y en la que, por lo general, es difícil encontrar las condiciones que hacen posible la fluidez de los procesos de innovación, en circunstancias como éstas, digo, las capacidades científicas alojadas en nuestras universidades son demasiado importantes, dado que es difícil encontrarlas disponibles en otros ámbitos de la sociedad, son considerados por tanto como ineludibles cuando se piensa en el diseño de estrategias y políticas que vayan desarrollando el potencial innovador nacional, de allí que sea necesaria una referencia al respecto. Así las cosas, las condiciones en las que se cobran cuerpo y se expresan tales capacidades resultan clave para la comprensión de las posibilidades del Programa de Agendas, para el entendimiento de las barreras que se le 26 Dentro de una perspectiva quizá semejante, cabe referirse al dramaturgo venezolano José Ignacio Cabrujas, quien habló, valiéndose d una exageración ex profeso, de la “cultura de campamento” para describir una sociedad marcada por lo efímero en la que todo, o casi todo, se hace “mientras tanto y por si acaso”. También empleó, la metáfora del hotel para indicar que los venezolanos parecemos comportarnos como huéspedes que poco tienen que ver entre sí, que son duros para establecer lazos de comunidad y para los cuales el hotel no es más que ocasión efímera de encuentro, nada , pues, que propicie la convocatoria por un afán común (Avalos 2002 ) 40 interponen a su desenvolvimiento. Estas capacidades pueden, así pues, caracterizarse a través de los siguientes cuatro rasgos - Son capacidades insuficientes, medidas por los indicadores que convencionalmente se emplean para ello (inversiones, publicaciones, patentes, número de investigadores, etcétera). - Son, como ya mencioné, capacidades que se encuentran principalmente ubicadas dentro de las universidades, circunstancia que contradice las tendencias mundiales, las cuales apuntan más bien hacia un fortalecimiento de las estructuras ubicadas en otros espacios. 27 Como señalé en otras secciones del texto, en el caso venezolano la universidad está lejos de perder el monopolio en la creación y distribución del conocimiento, es pues, entonces, una pieza angular si se pretende fundamentar nuestras capacidades innovadoras. - Son capacidades aisladas, en el sentido de que se encuentran más bien orientadas hacia lo académico y resultan difíciles, por razones organizativas y culturales, de vincular con el entorno. En este sentido, como ha sido apuntado desde hace tiempo por los especialistas en el tema, este hecho se da la mano con el escaso dinamismo tecnológico del sector productivo nacional y éste, a su vez, según la radiografía al uso, en muchos casos no dispone de las condiciones requeridas para diagnosticar sus problemas tecnológicos y para asimilar nuevas tecnologías, es por lo general poco innovador, invierte poco en el desarrollo de “intangibles”, tiende a basar la competencia en otros aspectos del proceso productivo, es comprador relativamente pasivo de tecnología foránea y, por arrojar un dato más, percibe como algo complicado y difícil, amén de no muy necesaria, la relación con las universidades y centros de investigación. - Según es ya una conclusión casi de dominio público, el país no cuenta, así pues, con un sistema nacional de innovación, en otras palabras, esa red de organizaciones públicas y privadas cuya actividad está orientada a la generación adquisición, modificación, difusión y uso de conocimientos y de tecnologías. 28 27 No está de más una aclaratoria : el hecho de que se dé esa concentración no significa que en las universidades nacionales se este desplegando todo el potencial posible de desarrollo científico, pues es sabido que sólo una parte, más bien minoritaria, de sus recursos es la que se dedica a esta última actividad, tal y como se observa en el hecho de que hay un porcentaje reducido de profesores a dedicación exclusiva, de que la mayor parte de los docentes no son investigadores, etcétera, o, para ahorrarnos explicaciones y detalles que no vienen mucho al caso en este momento, tal como lo atestiguan sistemas de reconocimiento como el PPI y el PEA, dicho sea esto sin entrar a mencionar factores de orden más cualitativo, como por ejemplo la fragmentación casi medieval de nuestras estructuras de nivel superior, un obstáculo, sin duda, para llevar a cabo la investigación según las tendencias que se vienen marcando en la actualidad. Insisto, el retrato es mucho más complejo que registrado arriba, trazado, apenas, a partir de dos factores (el déficit de capital social y las capacidades nacionales en el campo de la ciencia y la tecnología). En un trabajo de otras características habría, pues, que completar la pintura : la “conducta tecnológica” de las empresas nacionales los mecanismos para la adquisición de tecnología extranjera, la naturaleza del cambio técnico en el marco de las economías importadoras de tecnología, el nivel de los recursos humanos disponibles en el país, la organización del Estado para encarar las tareas asociadas a la innovación y, como éstos, otros 28 41 Visto lo anterior, aunado a la poca fortaleza de esas y otras capacidades asociadas a los procesos de innovación en el “resto de la sociedad”, lo señalado representa una dificultad para un programa como el de Agendas y recarga demasiado ( indebidamente) el esfuerzo y la responsabilidad del lado universitario. El contexto universitario Por razones conocidas, sobre las cuales no es menester abundar en este documento, para la universidad venezolana continúa siendo complicada la relación con su entorno, no obstante los apreciables cambios introducidos en los últimos años. Es, para decirlo rápido, cuestión debida a sus valores, sus fines y esquemas de organización, a sus prácticas administrativas y, en fin, a su lógica de funcionamiento Varias veces, a lo largo del documento, he remarcado, pues, que buena parte de las dificultades que se confrontó en los diversos procesos referidos al Programa de Agendas tuvo su causa más directa, y seguramente la de más envergadura, en la dimensión institucional, queriendo indicar con esto, la estructura valorativa, organizativa y administrativa desde la que se operó, con varias limitaciones para poder hacer lo que se le pedía que hiciera en términos de conectar las actividades de investigación con las demandas de la sociedad. En efecto, el CDCHT fue ideado, como cabe imaginar, alrededor de otros fines y otros maneras, así como otras normas y procedimientos, en los que lleva no pocos años perseverando. ( y de buena manera, además). De hecho, el grueso de las actividades que le corresponden, de los recursos que maneja y del tiempo burocrático disponible se encuentran asociados a lo que es su tradición conceptual y operativa. Es más que comprensible, pues, que el CDCHT no haya podido ser una estructura desde la que haya podido gerenciarse con soltura y comodidad un Programa tan novedoso y tan distinto a lo que han sido su historia y sus costumbres organizativas. Así, el trayecto recorrido por el Programa de Agendas, en la medida en que la idea ha prendido en la ULA, también ha generado nuevos problemas, derivados de la lógica conforme a la cual fue ideado y según la cual pretende funcionar, muy distinta en ambos planos a la lógica que fundamento los programas y las actividades históricas de la ULA. Esta contradicción no sólo se manifiesta en la existencia de estructuras y de procedimientos no del todo adecuados, sino igualmente en algunas reticencias en el ambiente universitario, cuya apreciación y evaluación no sustento en un estudio sistemático de las mismas, sino en conversaciones que tuve con ocasión de la realización de este trabajo, así como de mi propia experiencia profesional asociadas a programas similares. Hecha esta advertencia “metodológica”, me parece importante, así pues, considerar estas percepciones, al margen de que sean o no fieles a los muchos factores de importante gravitación con relación a iniciativas como las que aquí se examinan. 42 hechos, pues, como se sabe, las mismas forman también parte de la realidad, son evidencia de su terquedad, tanto como, por ejemplo, la disponibilidad de presupuesto para de un programa particular o los alcances de un determinado reglamento. Aprecié, pues, junto a un apoyo creciente al Programa, también un cierto rechazo más o menos abierto y nada despreciable, por cierto, el cual tiene como fuente a tres ideas, independientes entre sí, pero que en ciertos casos se presentan simultáneamente y conforman una opinión en bloque : a) La idea de que la porción del presupuesto asignado al Programa de Agendas ocasiona una reducción apreciable de los recursos orientados a los proyectos tradicionales de la ULA, lo cual merma, sobre todo si se toma en cuenta una casi crónica escasez de recursos, las posibilidades de la comunidad científica, una de las de de mayor prestigio en el país. Al respecto debe indicarse que, al contrario de lo que sigiere esta opinión, la mayor parte de los recursos disponibles en el CDCHT se orientan hacia los programas tradicionales, mientras que sólo el equivalente al 10% esta orientado hacia los PIC, incluyendo, claro, el Programa de Agendas. Adicionalmente, en las dos Agendas, la de Papa y la de Plátano, se ha reunido alrededor de 80 investigadores, los cuales representa menos del 10% del total registrado en la ULA de acuerdo con las estadísticas del PEI y un porcentaje aún menor según los números del PPI, señal, pues, de que se trata de una iniciativa aún de poca envergadura. b) La idea, en segundo lugar, de que las investigaciones que forman parte del Programa de Agendas pueden ser evaluadas con criterios menos rigurosos desde el punto de vista científico, bajo el pretexto, se argumenta, de que cumplen con criterios de otra naturaleza : pertinencia social, co-financiamiento, respuesta a una determinada demanda, etcétera. Se trataría, entonces, de proyectos de “menos calidad” científica, los cuales no serían aprobados si fueran presentados por la “taquilla” que atiende las propuestas tradicionales. Y, extremando aún más las cosas, el Programa de Agendas significaría, por lo tanto, una oportunidad para investigadores “no tan buenos”, los cuales pueden contar, conforme a una expresión que escuché, con una “teta fácil”. En rigor, y contraviniendo esta apreciación, los proyectos de Agenda no se eximen de la evaluación por pares, es decir, son examinados igualmente desde el punto de visita científico, lo cual implica, entonces, que terminan siendo aún más evaluados, pues lo son desde más puntos de vista. Por otro lado, si se repara en los investigadores participantes, tanto en la Agenda Plátano como en la Agenda Papa, se observa que en su mayoría se trata de investigadores que se encuentran incluidos en el PPI y/o el PEI, amén de haber figurado anteriormente como parte de la “clientela” del mismo CDCHT en otras oportunidades, señal, pues, de que tenían los “pergaminos” exigidos para acudir a este organismo. 43 c) La idea, en tercer lugar, de que los investigadores se inclinan por el formato del Programa de Agendas por encontrar allí la posibilidad de un financiamiento de mayor cuantía que en los programas tradicionales. A diferencia de las dos anteriores, esta percepción se ajusta a la realidad. En efecto, varios investigadores señalaron que una razón de peso, no la única, desde luego, que los llevó a optar por la presentación de sus proyectos en el Programa de Agendas fue la posibilidad de contar con más recursos. Pero no hay que dejar de lado que varios investigadores, sobre todo de los ligados a los proyectos sociales, manifestaron, asimismo, que una de las ventajas del Programa de Agendas radica en que facilita las condiciones para el trabajo multi y transdiciplinario, amén de que “deja la sensación de que el trabajo de uno puede ser útil”. d) La idea, por último, y a mi juicio es la que tiene mayor alcance de las cuatro que alcancé a identificar, de que a la universidad no tiene que contribuir a la solución de los problemas nacionales según lo determina el concepto de Agenda y, en general, los Proyectos Institucionales Cooperativos. Que ello, se suele añadir, conduce a la ULA a llevar a cabo tareas que no le corresponden, a llenar vacíos que otros dejan, para las cuales no se dispone de las correspondientes capacidades y destrezas. En fin, representan el intento fallido de realizar asuntos que les competen a otros y, encima, en medio de condiciones no muy favorables. Esta percepción del Programa de Agendas, a través de las ideas recogidas, tiene tras de sí una discusión de fondo sobre la concepción de la universidad y, de su vinculación con la sociedad. Sin ánimo de zanjar la discusión, ni mucho menos, me parece que lo que está en debate no es la necesidad de los nexos, sino de la forma y del alcance de los mismos. Creo, por tanto, que, en términos generales este Programa representa una modalidad importante de vinculación de la universidad con su entorno, muestra un camino en esa dirección y embona con las demandas que se originan desde la sociedad del conocimiento. No deben confundirse, por tanto, las dificultades y tropiezos que se pueden encontrar en ese camino (dado un contexto que no es ciertamente el más positivo), con la pertinencia de los nuevos objetivos y de las nuevas maneras. Una valoración del Programa de Agendas El contexto dentro del que está ubicado el Programa de Agendas se presenta por varios motivos como relativamente adverso, circunstancia que resulta imposible soslayar al momento de sopesar la trayectoria y los resultados hasta ahora alcanzados. En vista de que el impacto del Programa es difícil de precisar, puesto que es una iniciativa joven y casi todos sus proyectos están aún ejecutándose (no hay, pues, resultados), el examen del proceso (las mecánicas, los pasos, las actividades) a través del cual se pretendía llevar a la práctica, adquiere mucha importancia. Para ello, es decir, para calibrar el proceso, he tomado como parámetro de análisis el apego observado a las normas que aprobó el CDCHT en el año 2001, manifestación de la “filosofía” sobre la que se apoyó así como de los criterios y pautas que le sirvieron de cauce. En qué grado 44 y de qué manera se cumplieron las normas es la pregunta que orienta la presente indagación. Procediendo de esta forma (poniendo, claro, más atención en unas normas que en otras, más en las “sustantivas”, relacionadas con la naturaleza del Programa, que en las de tipo más bien “adjetivas”, referidas a algunos formulismos jurídicos), a continuación se hacen, así pues, diez consideraciones. 1. Las entrevistas sostenidas muestran que las personas relacionadas con el Programa tienen un concepto no muy claro del mismo (y algo distinto entre sí en varios casos). Noté en no pocas ocasiones una apreciación insuficiente respecto a la idea que lo sustenta, su naturaleza y, aún, sus propósitos y hasta advertí, asimismo, alguna queja de parte de ellos por no haber sido debidamente “capacitados” (fue la expresión empleada por un investigador). En resumen, algunos de los investigadores echaron de menos al respecto un marco común, evidente y preciso. Por otra parte, habiendo revisado la evaluación de ciertos proyectos a cargo de personas externas a la ULA, se observa que tampoco existió, en ciertos casos, una manejo adecuado del Programa desde el punto conceptual, concediéndoseles menos peso a aspectos que cabría considerar como esenciales (socios, co – financiamiento, aplicabilidad de los resultados), al final preteridos por una mirada muy centrada en los asuntos científicos, a los que se suele prestar atención a través del convencional y conocido “ juicio de los pares”. Este desentendimiento generó, entre sus consecuencias, la idea de que cada proyecto involucraba esencialmente una actividad de investigación, culminada la cual finalizaba también el proyecto y se le cerraba desde el punto de vista administrativo Abundando en este planteamiento cabe llamar la atención, asimismo, sobre el hecho de que no se ha publicado ningún material que recoja los aspectos fundamentales de esta iniciativa y que, en general, la elaboración sobre el tema es mucho más verbal que escrita. Hace falta, me parece, más documentación, necesaria para llevar adelante la tarea de implantar una iniciativa no clásica en el escenario interno de la ULA. Se trata de una tareá “pedagógica” de la primera importancia. 2. En ninguna de las dos Agendas se observa la idea de conjunto o “paquete” (menos visible aún en la de Plátano que en la de Papa), ni en el plano de la concepción ni tampoco en el de la ejecución. 29 Semejaron más un listado de proyectos aislados cuya formulación dependió más del acomodo de cada investigador al tema general de cada agenda, y no tanto del entendimiento más “holístico” de los temas y problemas relacionados con las comunidades y, aún 29 La directiva del Parque Tecnológico propuso un sistema de información para la administración del control del Programa PIC, incluida la Agenda Plátano (para ese momento, inicios del año 2001, la única en marcha). Sin entrar en sus pormenores, la propuesta contribuía a establecer cierta orden administrativo y subrayaba con menos fuerza las tareas de coordinación entre proyectos, investigadores, socios, usuarios, etcétera. Por razones que no alcancé a precisar, la propuesta no fue aprobada por el CDCHT. 45 más en específico, con los productores. Así mismo, no obstante los esfuerzos de coordinación (otra vez, más en la Agenda Papa que en la Agenda Plátano y más en los proyectos sociales que en los agrotécnicos), no llegó a alcanzarse un nivel razonable de orquestación., tal y como se necesitaba. Algunos investigadores tienen la percepción de que las reuniones de coordinación, más que estructurad de encuentro para intercambiar pareceres e intentar elaboraciones comunes, sirvieron para que cada quien explicara su respectivo proyecto a los demás, algo importante, obviamente, pero no suficiente. 3. Los proyectos presentados a la Comisión PIC y luego aprobados, en primera instancia por ésta, ciertamente contenían la información que se les solicitaba respecto a la previsión de resultados aplicables, a la satisfacción de necesidades de las comunidades y la identificación de los beneficiarios, conforme lo disponen las normas correspondientes. Sin embargo, en casi todos los casos, por no decir en todos, tal información fue incompleta y poco fundamentada, construida casi exclusivamente a partir de la visión del investigador responsable, circunstancia que subrayó el peso de la información de carácter técnico, es decir, los pormenores referidos al nudo científico de la propuesta, por encima de la información relativa a su pertinencia económica, social, ambiental, e, incluso, a su lado ético. Dicho de otra manera, pareciera que se le prestó mucho más atención a la evaluación de la calidad del proyecto (definición adecuada de los objetivos propuestos para la investigación, coherencia entre los aspectos metodológicos y el plan de trabajo, perfil del grupo de investigación), que a la evaluación del impacto y la pertinencia del mismo (relevancia del proyecto desde el punto de vista socioeconómico, tamaño de la demanda, externalidades generadas a partir del proyecto, identificación clara de los beneficiarios, de los resultados, etcétera). Por tanto, el “contexto de aplicación”, idea a la que me he remitido con frecuencia, considerándola como rasgo central de la tendencia moderna en la manera de producir conocimientos (de la cual, no olvidarlo, el Programa de Agendas pretende ser una señal), aparece, entonces, desdibujado en las propuestas introducidas, dado que su misma formulación no era del todo completa, anunciando ya varias de las complicaciones que se identifican en el documento. 4.. En parecida dirección, se echa de menos en el diseño y desarrollo de los proyectos, la participación de los eventuales usuarios de los posibles resultados obtenidos por los respectivos proyectos, , no obstante ser este un rasgo también distintivo del Programa (recuérdese que en la segunda sección del documento, se hablaba de que en el nuevo modelo de producción de conocimientos se trata, en muchos caso, no de aplicar un conocimiento previamente disponible, sino de desarrollarlo en función de un problema específico (“conocimiento a la medida”), con la intervención de quienes lo van a utilizar. Se trata, pues, de un nuevo concepto, incluso en términos de la transferencia de tecnología, que no fue asumido en el funcionamiento del Programa. 46 5. La manifestación de compromiso con los proyectos de parte de cada uno de los diversos actores involucrados con las Agendas fue, por lo general débil ( y se fue haciendo más `precaria conforme cambiaban las circunstancias, esto ultimo particularmente, pero no sólo, en el caso de organismos públicos), quedando casi siempre reducido, en la práctica, a una casi mera expresión de buenos deseos, prueba, apenas formal, de que se cumplía con uno de los requisitos pedidos por el CDCHT (había que documentar el respaldo), pero cuya repercusión concreta tendió a ser más bien menor, sin la fuerza de una obligación contraída que pudiera hacerse cumplir. No se advirtió en los actores la noción del riesgo compartido, esto es, la idea de que se participaba en una iniciativa en la que podría haber ganancias, pero también perdidas a las que había que darle la cara. Así, los diversos actores (en verdad no llegaron a ser socios), pudieron, pues, desentenderse con bastante comodidad de los compromisos contraídos puesto que no se fijó ningún trámite que al menos lo hiciera difícil y se le restó, así, posibilidad a la Agenda de constituirse en una “red de trabajo” que a) estableciera un flujo de capacidades y conocimientos complementarios entre los integrantes, b) fijara el molde para un control de calidad sobre los proyectos que implicara no sólo los aspectos científicos, evaluados por los “pares”, sino los aspectos vinculados a lo socioeconómico a cargo de “impares”, es decir, personas con otros puntos de vista y otras pericias, distintas a la científica) en la evaluación de proyectos y c) pusiera las bases para la transferencia y aplicación de los resultados. Por otra parte, es de hacer notar la participación débil (y declinante con el tiempo) de organismos que, si bien no aportaban financiamiento ni participaban de manera cercana en el desarrollo de los proyectos, contribuían con su “capital relacional”, incluyendo, desde luego, sus posibilidades de bregar apoyo político 6. Lo anterior se vio reforzado por el hecho de que el co-financiamiento, uno de los criterios que, según varias de las entrevistas que tuve, parecía ser un de los más definitorios en la concepción del Programa (era un criterio que, además, según se decía, “arrastraba” a varios de los otros), fue desvaneciéndose en el camino (como se expresó ya, hubo respetables apoyos iniciales que luego no se materializaron, o lo hicieron en un grado casi insignificante) y terminó no siendo un criterio aplicado con rigor al momento de darle el visto bueno a los proyectos, asumiendo (se trata de opiniones vertidas durante las entrevistas que sostuve, no de declaraciones “oficiales”) que en estos primeros pasos de un Programa tan distinto a los que siempre propulsó la ULA, lo importante era la progresiva implantación de nuevas ideas y métodos, aunque en aras de ello hubiese que flexibilizar , hasta cierto punto, las disposiciones convenidas. Siendo éste un punto de vista absolutamente comprensible, tuvo, sin embargo, el efecto de dejar casi toda, por no decir toda, la responsabilidad financiera del Programa en el CDCHT de la ULA y, de paso, fue, además, un obstáculo enorme para la creación de la citada “red de trabajo”. 47 7. En el comienzo del Programa, el CDCHT no introdujo cambios en su estructura como evidencia de una respuesta institucional a las demandas inéditas que se le planteaban. Al cabo de un tiempo constituyó una comisión ad-hoc (la Comisión de los Proyectos Cooperativos Institucionales, la Comisión PIC), bajo cuya “jurisdicción” se encuentra el Programa de Agendas. La mencionada Comisión representa, junto al varias veces referido cuerpo del normas aprobado en el año 2001, la manifestación gerencial más significativa y visible de cara a la gestión de las nuevas iniciativas. Hecho importante, sin duda, pero todavía insuficiente para lidiar, reitero, con un Programa que supone lógicas, propósitos, intereses, actores, tópicos y procedimientos muy distintos a los habituales de la ULA. No obstante, el CDCHT desarrolló apreciable esfuerzo de adecuación institucional, más del que pudiera verse a simple vista (no es cosa, pues, que necesariamente haya que encontrar en algún organigrama, ni mucho menos), y que trasciende el cambio aludido antes. Me refiero así a la voluntad desplegada con la intención de hacer calar, hacia su propio interior y hacia toda la universidad, un conjunto de valores, objetivos y pautas que se distinguen radicalmente de los que gobiernan la cultura organizativa predominante, tarea de enorme proyección, desde luego, aunque no haya dado un gran fruto todavía. Cierto, aún falta mucho trecho por recorrer y, como ya se sabe, estas transformaciones representan un viraje notable y, desde luego, no se dan de la noche a la mañana, no son, así pues, como el café instantáneo. Por los momentos se observa, entonces, la coexistencia de dos culturas, siendo la cultura “vieja” todavía la dominante, además de “contaminar” con sus maneras a la otra, la que emerge, restándole puntería y eficacia. 8. La creación de la Comisión PIC fue, no cabe la menor duda, una muy acertada decisión, pero, como ya indiqué, se quedó corta ante el tamaño de las exigencias que se venían encima. Con relación, incluso, a las mismas funciones que se le asignaban., le resultó cuesta arriba el cumplimiento de aquellas que tenían que ver con la selección del tema de las Agendas y su construcción, me refiero a la consulta con las comunidades y a la escogencia de prioridades, objetivo para el que no se contaba con gente ni con recursos y se carecía, encima, del equipaje institucional para alcanzarlos. Por otro lado, a la Comisión le faltó profundidad en las tareas de evaluación y, si bien fue acertada la incorporación de evaluadores externos, éstos fueron siempre científicos que miraron las propuestas desde su óptica científica y por lo tanto calibraron sobre todo los aspectos científicos, soslayando en buena medida los nuevos asuntos, los propios de las Agendas (pertinencia económica, ambiental, utilización de las tecnologías generadas, etcétera), para los cuales, de paso, no se contó con instrumentos detallados que permitieran la tarea de calibración necesaria. La integración variada (distintas profesiones y perspectivas) de la Comisión, aunque muy positiva, no alcanzó a ser suficiente como, fue sólo una pieza del armado más complejo que aún esta por construirse. respuesta institucional del tamaño de las exigencias planteadas por el Programa, fue solo una pieza de ella. 48 Por último, a la Comisión se le presentaba como una labor todavía más difícil que las anteriores, la del seguimiento de los proyectos, y en la práctica la limitó casi a los asuntos de carácter administrativo. La coordinación que inicialmente se estableció en el Parque Tecnológico (y que luego, según dije, fue dejada de lado), supuso un intento interesante que buscaba acercarse, desde el punto de vista organizacional, a la complejidad de la tarea que se tenía entre manos. Esta falencia produjo varias consecuencias pues, como se recordará de lo ya escrito anteriormente, el seguimiento forma parte del meollo del Programa de Agendas. 9. Visto lo anterior no es de extrañar que en el CDCHT se de por terminado un proyecto cuando el responsable (por norma un investigador de la ULA) entrega el correspondiente informe indicando que se concluyó la parte de investigación. El propio investigador toma para sí la tarea de informar en qué medida se logran los “otros resultados”, los referidos a las metas económicas o sociales, siendo para la Comisión algo muy difícil de corroborar, en parte por la carencia de herramientas teóricas y metodológicas aprobadas y convenidas para llevar a cabo la evaluación expost de los respectivos proyectos, más allá del plano meramente científico. 30 Esto último plantea una pregunta aún de mayor alcance : cuando se deberán dar por terminadas las dos Agendas, la de Plátano y la de Papa. Suponiendo que se consideren finalizados los proyectos en la forma en que lo vengo diciendo, ¿ las dos mencionadas Agendas deben entenderse como capítulo cerrado ?. O para expresarlo de otra forma, al cerrar los proyectos, ¿ se cierran las Agendas ?. En fin, ¿puede haber una nueva convocatoria que mantenga vigentes las Agendas , renovando temáticas y propuestas?. 10. Sin que quepa un ápice de duda, gracias al Programa de Agenda se mejoró, en algunos sectores de la sociedad merideña, la manera como es percibida la ULA. Mejoró su “posicionamiento”, según el léxico en boga, mejoró pues, su imagen, impresión que en manera alguna debo a encuestas que haya efectuado, sino a las no pocas y variadas conversaciones que tuve para poder redactar estas páginas.. Sin embargo, y sigo refiriéndome a los sectores vinculados al Programa en los que la ULA es mejor vista, aún persiste la idea de que “los de la universidad son unos intelectuales”, “es gente reacia para calcular beneficios y pérdidas”, “no son personas constantes, van y vienen, les servimos de conejitos de experimentación y luego se desaparecen” “lo único que quieren es buscar información para sus estudios” “no entienden casi nada de la premura propia de los negocios”, “anteponen los propósitos académicos a cualquier otro”, “se enrollan mucho con cuestiones burocráticas”, “tienen vacaciones muy largas y a cada rato” y, como éstas, otras expresiones que enseñan indicios que confirman(aunque tal vez sea conveniente hacer un sondeo sistemático al respecto) una impresión que se convierte en dato insoslayable en la formulación de un Programa como éste. 30 Adicionalmente cabe destacar que en algunos de los informes finales revisados el responsable presenta la realización de algunas actividades, como si fueron resultados. 49 Así las cosas, no obstante el perfil positivo que se tiene de la ULA, la vinculación con ella aún es vista con cierto cuidado por parte de diferentes sectores y actores de la sociedad. Las Agendas fueron inicialmente muy bien recibidas, pero con el transcurso del tiempo disminuyeron las expectativas debido a ciertas demoras, a la falta de los recursos con los que en un principio se contaba y al incumplimiento de organismo que originalmente se comprometieron, hechos que de alguna manera se cargaron a la cuenta de la ULA, la cara más visible del Programa, no obstante ser la institución que a la postre puso todo el financiamiento y, en rigor, fue la institución que más honró sus promesas y compromisos. 31 El impacto del Programa : algunas consideraciones preliminares ¿Cuales son las consecuencias que han derivado del Programa de Agendas ?. ¿Que fruto ha dejado después de estos años ?. En esta parte del documento se intenta dar parte de la respuesta, la cual será completada mas adelante a fin de tener un juicio mas integral al respecto. Como cabe esperar, este ejercicio de calibración tiene varias dimensiones, las cuales, en conjunto, dejan un saldo, el cual permite tener una evaluación más completa acerca de lo que ocurrió, de la manera como ocurrió y con que efectos, tarea imprescindible para que se tomen las correspondientes decisiones institucionales con relación al futuro del Programa. El primer reflejo que suscita el examen del Programa de Agendas en el evaluador es el de medir cual fue su repercusión económica y social en las comunidades de productores, planteada como la razón de ser de esta iniciativa.32 Sin embargo, no es un trabajo que pueda hacerse en este caso dado que sólo 3 proyectos de la Agenda Plátano fueron finalizados y ninguno de la Agenda Papa. Por otra parte, precisar, en relación a estos tres proyectos cual ha sido su repercusión es difícil, pues han finalizado muy recientemente (encima, recuérdese que los proyectos terminados, y los que están próximos a terminar, se les considera así porque llegó a su termino el trabajo de investigación, haciéndose a un lado los aspectos relacionados con la transferencia de tecnologías). En todo caso, la gran duda en todos los proyectos, tal y como fueron llevados a la práctica es la sustentabilidad de los resultados que pudieran producirse. Como digo, por ahora no hay elementos para evaluar el impacto, pero sin embargo cabe señalar, como hipótesis, que dada la manera insuficiente Ciertas disputas internas entre algunos investigadores en el área social de la Agenda Plátano, repercutieron de mala manera, debilitando el apoyo de la comunidad. 32 De paso, las dificultades inherentes a la medición del impacto causado por los proyectos de investigación, dificultades que se encuentran bien inventariadas por la literatura especializada en el tema y se precisa, como ya dije, que el CDCHT disponga de las herramientas que permitan llevar adelante el trabajo de evaluación, capaz de distinguir, además, entre los proyectos “técnicos” y los proyectos “sociales”. 31 50 como se cumplieron los criterios y condiciones inherentes al proceso previsto para el Programa de Agendas ( recuérdese que el apoyo político menguó, el sector público participó por debajo de lo esperado y las comunidades lo hicieron de manera oscilante y en promedio de manera no muy intensa), no es previsible que los eventuales logros pudieran ser consolidados a través del tiempo. Pero, como digo, esto es una hipótesis y es rebatible, como todas las hipótesis. Cabe señalar, no obstante, que en los distintos proyectos (terminados o apunto de terminar) se ha acumulado un capital muy valioso de conocimientos que pudieran ser utilizados posteriormente. Sin embargo, la apreciación sobre las Agendas no debe terminar en si hubo o no hubo impacto económico y social, con todo y ser, como apunte, la dimensión a la que primeramente debe referirse cualquier análisis sobre el Programa. Hay que considerar, por otro lado, su impacto institucional, esto es, las repercusiones sobre la propia ULA, sobre sus valores, su esquema organizativo, sus normas, sus procedimientos, en fin, en lo que pudiéramos llamar su cultura académica. Veamos. 1. En efecto, el Programa asomó un nuevo concepto de investigación, distinto al que ha dominado (y todavía sigue dominando) en la ULA, distinto , principalmente, en cuanto a la lógica de desempeño, en cuanto a entender los fines de la actividad de investigación, a la manera de legitimarla y evaluarla ex/ante y ex/post , a la forma de organizarla y gestionarla y, por indicar solo un ultimo aspecto, diferente en cuanto a los actores sociales que se vinculan a ella desde su concepción hasta la eventual utilización de sus resultados. 2. Si bien es cierto que el discurso de la vinculación de la universidad con la sociedad es ya moneda de uso común, aunque se encuentre sujeto a interpretaciones respecto a sus alcances y maneras, el Programa asomó una perspectiva importante para entender y practicar las relaciones de la ULA con su entorno. 3. Le abrió espacio a otras formas de trabajo, basados en la alianzas con otras organizaciones, públicas o privadas, bajo la modalidad de redes, asumiendo nuevos valores asociados al trabajo cooperativo, sustentado en la necesidad de negociar los proyectos de investigación (sus objetivos, sus modalidades, sus reglas de juego, sus resultados), a fin de crear consensos y articular acuerdos 4. Dejó ver la factibilidad de la organización del trabajo intelectual a partir de grupos interdisciplinarios. 33 Así, no obstante las acendradas divisiones ideológicas y burocráticas, propias de la estructura universitaria venezolana (aunque no sólo venezolana, es bueno precisar), este Programa estimuló iniciativas, todavía débiles, es verdad, pero nada desdeñables, sobre todo por lo prometedoras, en el sentido de ir prefigurando una universidad más 33 De hecho, varios investigadores de los proyectos sociales expresaron en las entrevistas que un aliciente para la participación en el Programa de Agendas lo constituía la posibilidad de trabajar desde un espacio que fuera más allá de la propia parcela. 51 a tono con las condiciones del mundo actual, en particular aquellas que se refieren a los esquemas dentro de los que, hoy en día, se crea, difunde y usa el conocimiento 5. Repercutió en el terreno de la docencia universitaria, sobre todo por vía de los proyectos de carácter social. Conforme señalé en paginas anteriores, se abrieron nuevos espacios, surgieron nuevos temas y enfoques, también nuevas actividades que sin duda enriquecieron la enseñanza y el aprendizaje, constituyéndose en un muestrario de pequeñas transformaciones a nivel de la Universidad. 6. Propició la creación de nuevos espacios de diálogo a propósito de la investigación, por lo general un tema que se debate fundamentalmente dentro de los muros universitarios. Hubo, pues, el intento, no consolidado, cierto, pero que deja huella y pretensiones para seguir transitando esa vía, de ventilar temáticas asociadas a la actividad científica, tecnológica y de innovación, referidas a problemas de interés social, incorporando nuevos sectores, actores y agentes. En pocas palabras, le abrió cauce a un punto de vista más amplio, no enteramente centrado en la ULA, para determinar las decisiones respecto al contenido y propósitos de las investigaciones 7. Representó, asimismo, un esfuerzo por orientar los recursos universitarios, en particular los que administra el CDCHT, hacia asuntos de interés socioeconómico, reforzando, así, de manera significativa, la orientación de la investigación en función de problemas y no solo ni tanto en función de disciplinas. Esta lista de modificaciones institucionales apuntan hacia la constitución de una mejor base para formular, ejecutar y administrar el Programa de Agendas. 52 Sección Sexta CONCLUSIONES El Programa de Agendas se encuentra poco consolidado, incluso en el plano normativo y regulatorio. Las dos primeras iniciativas bajo su formato, la Agenda Plátano y la Agenda Papa, no han terminado aún (recuérdese, además, que las otras dos Agendas, la de Agua y la de Fronteras se encuentran, literalmente hablando, en pañales). Se podría decir, entonces, que aún no se cuenta con resultados finales, de allí que la dificultad para efectuar un balance persiste y también, desde luego, para establecer algunas valoraciones aunque no sean definitivas. No obstante lo expresado, a continuación se ofrecen algunos comentarios (no sé si denominarlas “conclusiones preliminares”), redactados con la pretensión de redondear lo dicho hasta aquí, algo así como poner en blanco y negro los principales aspectos envueltos en la concepción y desarrollo de este Programa y, por otro lado, proponer (en la siguiente sección), en medio de las limitaciones que supone estar a estas alturas del proceso, algunos cambios, unos gruesos, difíciles de hacer y sólo posibles a largo plazo, y otros lo contrario : más leves, menos complicados y tal vez factibles a corto plazo. La agenda como un nuevo modo de gestión del conocimiento Inicio el apartado con un recordatorio teórico. El Programa de Agendas expresa el intento de implantar en la ULA otra manera, distante de la que le ha sido habitual durante muchos años, de entender y de organizar y llevar a cabo la investigación universitaria. Esta nueva forma se compagina con las señales que se envían desde la llamada sociedad del conocimiento y pretende ser una 53 respuesta institucional acorde con un nuevo cuadro de circunstancias que, tanto a nivel global como local (con sus diferencias, desde luego), caracterizan al contexto universitario y más particularmente, al desarrollo tecnocientífico en los tiempos que corren. A partir de planteamientos encontrados en la documentación que alcancé a revisar y, sobre todo, de las apreciaciones sobre el Programa de Agenda, derivadas de las entrevistas y conversaciones que tuve ocasión de tener 34 e incorporando, así mismo, ideas que derivan de mi propia experiencia y, principalmente, de las que pernean la literatura reciente sobre el tema, a partir de todo ello, digo, trato en las líneas siguientes de mostrar una especie de “silueta ideal” de la Agenda y de subrayar su fuerza como novedad institucional. 35 Tal silueta es, a la vez, herramienta para el diagnóstico y brújula para las recomendaciones. 1. Las Agendas deben ser entendidas un instrumento para conectar la investigación, el conocimiento y las tecnologías con las necesidades y oportunidades de la sociedad. Son, en este sentido, mecanismos de concertación social y deben entenderse, por tanto, como una metodología de política interactiva, basada en el acuerdo entre varios agentes sociales para generar acuerdos en torno a una problemática común, apoyados en la legitimidad y autonomía de los diversos intereses de los participantes y orientados por estilos de negociación suma positiva. Representan, entonces, un dispositivo institucional que supone la participación como criterio clave y reemplaza las decisiones de talante burocrático o tecnocrático para orientar la investigación y el uso de sus resultados. En esencia, las Agendas implican redes de actores que definen problemas (u oportunidades) para ser consideradas por redes de conocimiento (no exclusivamente de investigación, a menos que se entienda como tal algo bastante más amplio y ubicuo que lo que hacen los investigadores clásicos). Se genera, así, una dinámica orientada por un conjunto de rasgos que delimitan su especificidad : el origen social de la pregunta al conocimiento, los proyectos negociados en cooperación, formas integrales de evaluación fundamentadas en criterios que, aunque no lo excluyen, van más allá del puro mérito científico o técnico para la escogencia de los proyectos. En suma, las Agendas son un modo de fijar objetivos y prioridades, una estrategia social de inversión y negociación y un estilo de trabajo. Y se apoyan en la comunicación, la confianza, la cooperación y el co-financiamiento ; en la presencia de reglas claras con beneficios y riesgos compartidos ; en la Como advertí anteriormente, el conocimiento sobre el Programa de Agendas es más implício que explícito, se encuentra más en la cabeza de quienes se encuentra vinculado a él, que recogido sistemáticamente en algún tipo de publicación. 35 En lo que se refiere a mi experiencia y a la revisión de la literatura especializada, para el desarrollo de esta parte me baso parcialmente en Avalos y Rengifo (2003), haciendo las necesarias adaptaciones, modificaciones y agregados a que obligan las características, condiciones y posibilidades de la ULA, organización destinataria del presente documento. 34 54 descentralización y la participación ; y, por último, en la orientación y evaluación social de los resultados. 2. Las agendas pueden tener distintos orígenes y razones. Una Agenda puede originarse en una decisión del Estado sobre un tema considerado estratégico, puede derivar de procesos de concertación coordinados por el sector público con otras instituciones, puede tratarse de la iniciativa de un grupo de investigadores, de consultores, de empresarios o de comunidades organizadas, de organizaciones de desarrollo social, de agentes públicos, etcétera, o cualquier mezcla entre ellos, que definen un determinado campo problemático relevante, y para ello establecen una red que articula recursos y capacidades, definiendo entonces un conjunto de propósito, criterios, reglas, demandas específicas, que dan lugar a un conjunto de proyectos. Y finalmente, sin agotar la variedad, la Agenda puede originarse, incluso, desde una propuesta surgida en el propio seno de la universidad, desde donde se puede identificar una demanda, construir una red de trabajo con diversos actores, acordar alguna fórmula de financiamiento, etcétera. La dinámica de las Agendas produce una demanda organizada que se manifiesta en un conjunto de líneas de investigación y áreas de desarrollo de conocimientos y experticias de diversa naturaleza.. Esta demanda expresa la necesidad de contar con capacidades de distinta índole : de investigación de todo tipo, de estructuración, construcción y difusión de información especializada, de “traducción” de conocimientos y tecnologías a situaciones y problemas específicos, de desarrollo de productos y procesos, de financiamiento, infraestructura y servicios para el desarrollo de conocimientos y tecnologías, de diagnósticos y pronósticos de investigación-acción para zonas y agentes sociales en situación crítica, de evaluación y promoción de competencias personales e institucionales vinculadas al conocimiento y las tecnologías, de gestión de procesos, organizaciones y tecnologías conocimiento intensivas, de conexión de actividades innovativas en cooperación y otras que habrá que identificar o construir y legitimar. 36 3. El proceso de construcción de Agendas supone la delimitación de un espacio social en el que diversos actores identifican y demandan respuestassoluciones-apoyo, provenientes de un conocimiento que se construye socialmente (por redes de instituciones y personas, ínter y transdisciplinariamente), a partir de la confluencia de recursos y capacidades de La construcción y desarrollo de las Agendas tiene importantes costos de transacción, los cuales aumentan en situaciones de déficit social y, por cierto, hay que prever desde el punto de vista presupuestario. Como se desprende de lo señalado anteriormente, involucra negociaciones relativamente complejas, las cuales llevan tiempo y consumen distintos tipos de recursos. Se requiere, así pues, de mecanismos que ayuden al proceso de concertación y de coordinación entre los distintos socios comprometidos. El flujo de información entre éstos resulta fundamental para reducir los mencionados costos, por lo que definir y diseñar un componente que ayude a proveer información estructurada a los participantes en las Agendas podría ser de gran ayuda para lograr una mayor eficiencia en las mismas (el uso de las tecnologías de información puede ser, en este sentido, de mucha utilidad). Es un mecanismo complementario importante, no sustitutivo de las reuniones de “carne y hueso”, es necesario advertirlo. 36 55 organizaciones diferentes, posibilitando la incorporación del “contexto de aplicación”, es decir, de las redes de usuarios-beneficiarios-clientes del proceso. Expresada la idea en otros términos, las Agendas se constituyen a partir de iniciativas colectivas de los sectores involucrados en un área determinada. Una vez planteada una iniciativa se llevan a cabo reuniones de consulta y concertación para formalizar una asociación (puede incluir empresas, organismos de investigación, entes gubernamentales, formas consultoras, organizaciones de la sociedad civil, etcétera) y para identificar un menú de problemas o de oportunidades, después de lo cual se identifican áreas de investigación y perfiles de proyectos. La organización formal de la Agenda debe estar a cargo de un comité nombrado a tal efecto 4. Las solicitudes presentadas son consideradas por los diversos actores participantes, los cuales se reúnen y negocian, conformando una red de objetivos y responsabilidades compartidas. Las necesidades identificadas se traducen en demandas concretas. Estas últimas se organizan como áreas para el desarrollo de proyectos que son licitados públicamente y se establecen las asociaciones y alianzas estratégicas para co-financiar y monitorear el proceso. Seguidamente se pasa a una fase de evaluación de las solicitudes para mejorarlos y sistematizarlos en función de las demandas y oportunidades sociales. Dicha evaluación conlleva la inclusión, en sinergia con el clásico criterio de calidad académica, la de los criterios de pertinencia, oportunidad, factibilidad y asociatividad (interinstitucionalidad, inter y trasndisciplinariedad, cofinanciamiento…). Y, por otro lado, esta relacionado con la presencia de evaluadores pares ( científicos y especialistas) e impares (profesionales expertos en campos que tienen que ver fundamentalmente con el contexto de aplicación de conocimientos y tecnologías) e incluyen otras dimensiones : la económica, la social, la política, la ética.. 37 Sobre esta plataforma tiene lugar, luego, la evaluación expost de la Agenda y de los proyectos y finalmente, se establecen los mecanismos de seguimiento del proceso con participación de las redes de usuarios o beneficiarios para asegurar el uso y la transferencia de los resultados obtenidos. En este sentido, uno de los rasgos que va definiendo a las Agendas es el de generar condiciones para que esos conocimientos y tecnologías de variadas fuentes y niveles provengan de redes de conocimiento que se arman al calor de sus propios objetivos : instituciones, equipos y personas que trabajan ínter y transdiciplinariamente, comparten información, riesgos y beneficios según diversos grados de participación. De esta forma, la confluencia de recursos, de capacidades institucionales y, cosa importante, de actitudes que generan las agendas posibilitan la incorporación del “contexto de aplicación”, es decir,, 37 En cualquier caso, paro en especial en el caso de una universidad pública como la ULA, es importante considerar las externalidades generadas a partir del desarrollo de un proyecto, lo cual implica visualizar la posibilidad de que los beneficios obtenidos podrán tener impacto sobre la sociedad, incluso mayores que el beneficio privado. 56 conforme ya se apuntó, de las propias redes de usuarios- beneficiarios –clientes del proceso como co- especificadores y co- validadores del proceso. El Programa de Agenda como elemento importante de la transformación universitaria. Aún cuando el Programa se encuentre todavía su fase más temprana de desarrollo, puede verse como una pequeña muestra de lo que debe ir siendo la universidad, tanto desde la perspectiva teórica, como de las maneras de obrar en diversas áreas, entre ellas la correspondiente a la investigación. Este es el tema que trato en las próximas páginas. La ubicación de la universidad en la sociedad del conocimiento El tema de la relación de la Universidad con la sociedad es un tema viejo, viejo de varios siglos, que desde luego no cabe tratar aquí con amplitud, sino a través de, apenas, algunos comentarios cortos, necesarias para delinear el marco que se precisa para ubicar al Programa de Agendas. Al respecto me basta con decir, entonces, que, durante buena parte de su existencia, la metáfora que mejor expresaba a la universidad era la de la “torre de marfil”, puesto que no se le reclamaba una vinculación particularmente estrecha con la sociedad y ésta, a su vez, no le tenia planteado ningún pliego de solicitudes. Pareciera, por tanto, que la universidad cuanto mas aislada mejor, pues de esta manera realizaba más cabalmente su cometido intelectual, incluyendo, claro, la formación de gente preparada. Con el correr del tiempo, la vinculación con la sociedad se ha convertido, por el contrario, en tema no solo crucial, sino álgido, amén de enormemente difícil, en torno al cual emergen puntos de vista muy variados, muchos de ellos incompatibles. Como ser una institución útil, como cumplir un propósito colectivo, como ser pertinente, como pagar la deuda social acumulada, cómo contribuir a la competitividad económica, esas son las preguntas que se formulan, de las cuales se derivan un menú largo y complejo de problemas y estrategias. Así, desde el formato de la sociedad del conocimiento, se plantean nuevos contornos para la discusión del concepto de autonomía y, en general, de la misión actual de las universidades públicas. 38 Hasta no hace mucho, según sostienen los entendidos en el asunto, los problemas universitarios tenían fundamentalmente que ver con el diseño académico, la divergencia entre la formación general y especial, la definición de La universidad tiene que rebasarse a sí misma y no estancarse en esquemas obsoletos ni casarse con una organización sólo monodisciplinar. Desde las partes excedidas en celo independentista y autosuficiente captamos una realidad deformada porque no se pueden ver, desde cada parcela, las cadenas de los impactos actuales y futuros del mismo conocimiento, las series de acciones y retroacciones que rebotan y cambian de rumbo y sentido generando lo que no estaba en los planes y cálculos de partida, no se ven los conjuntos interactivos de más amplia dimensión y diversidad, no se ve la interdependencia y el movimiento en dimensiones espaciotemporales que rebasan nuestro objeto de investigación. No se ve lo que están haciendo los demás investigadores, las otras disciplinas, las diferentes prácticas. No se ve la realidad, sino sus figuraciones inmediatas, sus tramos próximos, sus instantáneas, eslabones irreales porque, al fin y al cabo, todo va unido (Gutiérrez Gómez, 2004) 38 57 los cánones de excelencia y cosas por el estilo, pero sin que estuviera en cuestión la legitimidad de la universidad o de los conocimientos que ella crea, transmite y difunde. La universidad tuvo, hasta hace poco, el dominio epistemológico y organizacional del saber, pero este dominio parece ahora diluirse (más en unos países que en otros, claro), en la medida en que nos adentramos en un tipo de sociedad, cuyo carácter está determinado, como se sabe, por la aceleración y volatilidad de los conocimientos producidos, la ruptura de la tradicional distinción entre sujeto y objeto, entre oferentes y demandantes de conocimiento, entre las capacidades y competencias del “adentro” y el “afuera” de la universidad, etcétera. 39 Por eso, algunos especialistas han argumentado, asimismo, que poco a poco, la universidad entra a formar parte de un mercado del conocimiento y compite con otras instituciones especializadas en el almacenamiento, procesamiento y difusión de información, que les llevan la ventaja en cuanto a flexibilidad y posibilidades. En fin la universidad tiene a su alrededor instituciones que se complementan con ella, que se solapan con ella y que compiten con ella, no es, pues, la única dentro del sistema institucional asociado a la generación y transmisión del conocimiento en sus diversas formas, ni tampoco, siquiera, en Dice Cristvau Buarque (2004, refiriéndose a la universidad brasileña que,enfrentada con la encrucijada que implica un mundo cambiante, debe elegir entre: El conocimiento que previamente representó capital acumulado y que se ha convertido en algo fluctuante y en permanente renovación o superación por obsolescencia; La enseñanza que previamente tuvo lugar a través de directos canales bilaterales entre el estudiante y el profesor en lugares definidos como la universidad. Esta enseñanza ahora ocurre a través de otros métodos reconocidos y tienen lugar de una manera que rememora olas volando en todas direcciones sobre un mar de comunicaciones, y El entrenamiento profesional que previamente representó un lugar firme para apoyarse en la lucha por el éxito. Este entrenamiento se ha convertido, en el mejor de los casos, en un salvavidas que puede utilizarse en un mar turbulento con olas de neoliberalismo, revolución científica tecnológica y globalización. La primera pérdida de sincronía en la universidad es encontrada en la velocidad del progreso del conocimiento en el mundo actual. Hasta hace poco, el conocimiento universitario era algo que abarcaba a las generaciones sin que experimentara muchos cambios. La rapidez actual del progreso del conocimiento no permite a los licenciados universitarios estar preparados a menos que ellos constantemente actualicen su entrenamiento. Ningún profesional pudiera obtener su diploma cinco años después de haberse graduado. Esto es verdad algunas veces incluso antes de graduarse. Muchas de las cosas aprendidas ya se han convertido en obsoletas y han sido reemplazadas por nuevas teorías, información y conocimiento. La universidad ha venido haciendo un esfuerzo para incorporar estos cambios, pero no lo ha logrado. La estructura de los cursos, la longitud de los programas doctorales y las limitaciones de departamentos individuales evitan que el conocimiento avance dentro de la universidad al mismo paso que el conocimiento avanza fuera de ella. Esto causa que mucha gente produzca conocimiento fuera de la universidad. Esto es un fenómeno sorprendente para aquellos que recuerdan la fuerza que poseía la universidad hace muy poco tiempo. En el pasado, pocos profesores o investigadores trabajaban fuera de las paredes universitarias. Era imposible para una persona joven lograr el conocimiento máximo sin la ayuda y guía de un profesor universitario. Esto ha cambiado en décadas recientes. Una variedad de campos de conocimiento se han desarrollado fuera de la universidad. Esto se ha dado en los negocios que mantienen sus propios centros de investigación y en las instituciones de aprendizaje superior que son llamadas universidades corporativas, como una manera de demostrar que ellas brindan educación superior sin enseñar lo mismo que enseñan las universidades tradicionales 39 58 materia de formación de recursos humano. Es importante advertir, sin embargo, que en Venezuela esta situación, me refiero a la perdida del monopolio epistemológico, no es da, ni por asomo, en las mismas dimensiones en que se da en los países mas avanzados, aquellos en los que el tejido institucional propio de la sociedad del conocimiento, esta mas desarrollado y mejor constituido. Por otra parte, la universidad tiene, hoy en día, mucho más que antes, la obligación de rendir cuentas en diversos planos, no siendo el administrativo, por cierto, el más importante. Debe procurarse fuentes alternas de financiamiento, con todas las oportunidades y riesgos que ello conlleva en términos de sus funciones más esenciales y de los conflictos que genera, por ejemplo entre el largo y el corto plazo o entre la lógica de la academia y la lógica del mercado o, aún más relevante, la lógica de las llamadas demandas “no solventes”. Debe, pues, operar en condiciones de mayor eficacia y eficiencia, realizando cambios importantes en sus estructuras organizativas y en sus principales mecánicas de funcionamiento sin caer, ojo, en la tentación del modelo organizativo empresarial, suerte de combo tecnocrático que hoy se recomienda casi para cualquier cosa. Debe contribuir al desarrollo económico y social del país sabiendo resolver las tensiones que se plantean entre el beneficio colectivo y el beneficio particular, máxime en una sociedad en donde la exclusión, la pobreza y la desigualdad son su marca definitoria. Y así, surgen otras demandas que resultarían demasiado largo mencionar en esta ocasión, cuya respuesta asume, es imprescindible advertirlo, características singulares y de extrema importancia en el caso de las universidades públicas. Al mismo tiempo, por otro lado surgen, desde el proceso de globalización, nuevas exigencias que luego se traducen en propósitos y fines institucionales. En este campo la tensión es recorrida por la necesidad de participar en lo global al mismo tiempo que se debe rendir cuenta de lo local, asunto que por otro lado incorpora también la tirantez entre el carácter universal de las disciplinas frente a la pertenencia siempre territorial de la universidad y de buena parte de los temas y problemas que la rodean. Tal vez la mejor manera de condensar los requerimientos que actualmente se le hacen a la universidad es la de que ésta debe ser pertinente desde el punto de vista social. Al respecto vale la pena llamar la atención sobre el hecho de que, si bien la universidad es una institución que pertenece a la sociedad y en consecuencia debe prestar atención a sus demandas y necesidades, la pertinencia no debe entenderse exclusiva ni fundamentalmente como una respuesta pasiva, manifestada en una réplica del tipo “pavloviano” a esas demandas y necesidades : tintinea la campanita de la demanda e inmediatamente se “segregan” los mecanismos de la respuesta universitaria. En efecto, la universidad no debe circunscribir exclusivamente su atención y su acción a lo que la sociedad le solicita en cuanto a conocimientos y tecnologías, en cuanto a formación de gente preparada para el ejercicio profesional. Si se limitara a esto dejaría de cumplir otras funciones esenciales, me refiero a la función de crítica de la realidad (últimamente venida a menos, por cierto) y, algo muy importante en términos de estas páginas, su función de validar del 59 conocimiento, cuya relevancia es difícil de exagerar en los tiempos de la sociedad del riesgo. Como se recoge de este apretado recuento de exigencias, la universidad no la tuene nada fácil hoy en día. Menos fácil aún si se recuerda que la universidad debe poner, entonces, todo su esfuerzo para que la distribución del conocimiento sea lo más democrático posible. Como ya sugerí, esto pasa en buena medida por su capacidad para resolver la posible tirantez (según las circunstancias) que supone el acercarse al mercado, dejarse guiar por la demanda, asociarse a otros actores sociales, entrar a participar en diversos esquemas de co-financiamiento, contribuir a la productividad de las empresas, preservar el ambiente, lidiar con asuntos relativos a la propiedad intelectual y otras cosas semejantes que se desprenden de los pedimentos de la sociedad y del estado y, a la vez, como algo básico, preservar su capacidad para defender el interés público concernido en el desarrollo tecnocientífico. En fin de lo que se trata es, como han dicho algunos, de preservar, en medio de su fuerte inserción al entorno, el papel crítico, independiente y autónomo de la universidad, de conservarla como espacio público entendido como una “comunidad interpretativa”, como un “intelectual colectivo” imprescindible en esta sociedad del conocimiento que es, también, no olvidarlo, la sociedad del riesgo. La Universidad y el modo actual de producción de conocimientos Sin entrar mucho en los pormenores del tema,, en nuestras universidades se ha venido desarrollando con relativo éxito lo que podríamos llamar la ciencia académica, expresada, conforme fue dicho antes, a través de la investigación, entendida como actividad más o menos autónoma, orientada a la producción de conocimientos científicos, por medio de aportes originales, nacidos desde determinada disciplina, legitimados según normas convenidas en el seno de la comunidad científica, válidas para determinar su nivel de excelencia. 40 Desde los trabajos fundamentales de Robert K. Merton, los sociólogos de la ciencia acuerdan en que los valores propios de la ciencia académica y que constituyen los fundamentos de la cultura académica, inherentes a este modelo de conocimiento son: la autonomía, la libertad, la creatividad, la imaginación, la colaboración, la solidaridad y la responsabilidad. Todo ello contribuye en gran medida a definir el perfil de las universidades públicas como instituciones que tienen una dedicación incondicional al saber y un compromiso con el 40 La excelencia de la investigación se define en torno a los siguientes criterios. A) La capacidad del investigador ligada a la calidad y productividad científicas medida a partir de los artículos originales que ha generado, el reconocimiento logrado por la comunidad científica, el prestigio de la institución de donde proviene el científico, etcétera. B) La originalidad de la investigación. C) El grado de cobertura alcanzado por la investigación una vez que se termine, y la manera en que va a afectar a otras áreas de la ciencia.11 60 conocimiento como bien público. Y, desde luego, a determinar las estructuras organizativas y los instrumentos operativos vigentes les servían para darle cauce a esta concepción del trabajo investigativo. Ciertamente, no se necesita averiguar mucho para saber que el modo actual de generación de conocimientos, plantea la necesidad de diversos cambios en la institucionalidad universitaria. Así, la universidad debe asumir el carácter socialmente distribuido de la producción de conocimientos, lo cual significa que no debe actuar como si fuera una suministradora monopólica y actuar como un actor más ( a veces muy importante, a veces menos) en la división social del trabajo innovativo. Debe, asimismo, acomodarse institucionalmente para tratar problemas y no en función de organizar los intereses de las diversas disciplinas, lo cual, como es fácil imaginar, replantea en gran medida toda la cuestión de la división por facultades, escuelas, etc., a fin de hacer posible la conjunción de las distintas ramas de las ciencias naturales y humanas, asumiendo, como dato clave, que la producción de conocimientos tiende a identificarse con la difusión y transferencia de los mismos. Debe, por otro lado, como señalé antes, tener la capacidad para aliarse con socios, buscar fuentes alternas de financiamiento, identificar demandas y mercados, todo lo cual implica una formidable capacidad de concertación, manteniendo, por otra parte, su función critica de la sociedad y su papel de validar el conocimiento y , en fin, otras tantas cosas que suponen cambios que llegan, incluso, hasta en la carpintería administrativa que rige el funcionamiento de la cotidianidad universitaria. Sección Séptima RECOMENDACIONES Después del examen realizado y a partir de las conclusiones esbozadas en la sección precedente, me aventuro a hacer algunas sugerencias a fin de mejorar algunos aspectos del Programa de Agendas, las cuales son de diverso tipo en cuanto a su naturaleza y distintas, así mismo, en cuanto a su viabilidad en el tiempo. Una parte de tales sugerencias tiene que ver con la plataforma organizativa desde la cual se ha de administrar un Programa de esta clase y otra con el compendio de normas que ha de regularlo. La primera la expongo basándome en el actual CDCHT, la instancia que le ha servido de cobijo institucional al Programa y la segunda, apoyándome en las reglas actualmente vigentes. Las propuestas que aquí quedan recogidas podrían servir, tal vez, para organizar una consulta lo más amplia posible, a fin de recoger la opinión de los diferentes actores sociales participantes en un programa de este tipo. Sería una buena manera, creo, de aprovechar la experiencia acumulada a fin de repensar algunas cuantas cosas y hacerlo desde un piso mucho más amplio y legítimo que el que puede significar el presente informe. El CDCHT El CDCHT fue creado el 25 de agosto de 1965, en ese entonces concebido como el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico, y su documento 61 constitutivo expresa claramente sus finalidades, cónsonas, desde luego, con las ideas básicas a través de las que se comprendía la universidad venezolana hace casi cuarenta años. Se trata, así pues, de un ente encargado de estimular la actividad científica y humanística en términos principalmente académicos, no obstante una cierta retórica que hablaba de la vinculación con los problemas sociales y de la necesidad de incorporar a las universidades a los planes de desarrollo del país. De una cierta retórica, digo, pues resulta sintomático en este sentido, advertir que la T correspondiente a la tecnología, hoy en día parte del nombre de este consejo (Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico), vino a incorporarse alrededor de veinte después de su fundación. El CDCHT ha sido y sigue siendo una organización pequeña, si hemos de reparar en el tamaño de su nómina. Hoy en día cuenta con aproximadamente veinte empleados fijos, el núcleo administrativo del Consejo. Esta dirigido por un Directorio integrado por 18 delegados : 1 por cada una de las diez facultades, 2 por cada uno de los núcleos, 2 por el Consejo Universitario, el Coordinador general y el Vice-Rector Académico y se apoya, así mismo, en diversas comisiones y subcomisiones integradas, conforme a vínculos que asumen distintas formas, por 150 asesores, todo lo cual conforma un total de cerca de 200 personas, en las que reside el gobierno del Consejo. Su población de usuarios ha sido estimada en torno a las 1700 personas que se reparten en la ULA en 224 Unidades de Investigación. El CDCHT maneja un presupuesto de cierta importancia, proveniente de los aportes del gobierno a la ULA, el cual muestra frecuentes altibajos debido a los vaivenes de la economía nacional, incluyendo las fluctuaciones del bolívar frente al dólar, y, por otro lado el dinero proveniente de la contribución especial, también gubernamental, derivada del llamado coeficiente variable, dependiente de ciertos criterios de rendimiento académico. Como es sabido, el programa esencial del CDCHT reside en el apoyo a los Proyectos de Investigación, mientras los demás quedan entendidos como de soporte a este último : Talleres, Publicaciones, Asistencia y Organización de eventos científicos locales, nacionales e internacionales y Divulgación Mirados sus objetivos y examinado su formato organizativo, casi inmutables en su esencia a lo largo de cuatro décadas, aparte de incorporar, de manera incipiente, el desarrollo tecnológico al radio de sus competencias, el CDCHT ha introducido, como su variación más notable en el plano filosófico y conceptual, el Programa de los Proyectos de Investigación Cooperativa (PIC), incluyendo allí el Programa de Agendas. La expresión organizativa que recoge este cambio se reduce a la Comisión PIC y a un coordinador administrativo. En consecuencia, este Programa es gestionado básicamente desde la misma estructura que ha conducido las actividades tradicionales del CDCHT, aunque, advierto, hoy en día ya no es enteramente la misma institucionalidad, pues ya se observa, aunque de manera embrionaria , otros valores y otras normas que podrían anunciar una 62 nueva estructura organizativa (aunque sean, en cierta manera, prisioneros de la vieja. 41 La conclusión es que la continuidad del Programa de Agendas plantea dos escenarios posibles, ambos apuntando en el mismo sentido : a) introducir en el corto plazo cambios sustanciales en su interior a fin de generar una institucionalidad especializada que pueda encarar con propiedad dicho Programa b) crear otro organismo que pueda administrarlo con más ventajas institucionales que el CDCHT, mientras éste quedaría reservado a los programas tradicionales). No esta dentro de mis posibilidades opinar cuál es, de los dos ( y de sus posibles híbridos), la solución recomendable, se trata de un asunto de la política universitaria de la ULA que me sobrepasa abiertamente. Pero, en cualquiera de los dos escenarios mencionados (e, insisto, de sus combinaciones), la tarea pendiente radica en asuntos tales como los que se comentan a continuación : - El rediseño de procesos administrativos a objeto de que registren a cabalidad la esencia y las maneras implicadas en el Programa de Agendas, tan diferentes a las que sustentan los proyectos tradicionales (ejemplo : los tiempos de tramitación de la Agenda y de los correspondientes proyectos, los compromisos contraídos dentro de la Agenda, las redes de trabajo, la apropiación de los frutos surgidos de las tareas de investigación, las responsabilidades por incumplimiento, las líneas de financiamiento, etcétera),. - La presencia de un personal con las correspondientes capacidades y actitudes para formular, coordinar y administrar un Programa de estas careacterísticas (ejemplo: habilidades para la identificación y estructuración de demandas por conocimientos y tecnologías, para la creación de consensos, para la negociación entre socios que se comportan según lógicas e intereses distintos, para el seguimiento de proyectos que suponen la aplicación de resultados y el reparto de beneficios y pérdidas bajo un esquema previamente convenido con respecto a los riesgos, para el manejo de dispositivos institucionales que permita la evaluación de proyectos no sólo desde la perspectiva científica, sino igualmente desde el ángulo de su pertinencia social, de su factibilidad y de sus repercusiones, etcétera). - La construcción de indicadores de gestión particulares (ejemplo : indicadores que midan la difusión de resultados, su impacto económico y social, incluyendo las externalidades negativas y positivas, etcétera) y en parecido sentido, la elaboración de una más amplia y detallada documentación acerca del Programa de Agendas. Y como estos aspectos, mencionados solo a título ilustrativo, otros muchos que apuntan hacia un perfil organizativo muy distinto al que se tiene ahora, el cual debe estar en condiciones de convocar a los diferentes actores y agentes 41 Para no crear confusiones, reitero que el término institución lo empleo en su sentido más amplio, en el sentido en el que lo definen los sociólogos. Por tanto organización no es sinónimo de institucón, este último concepto incluye al otro 63 sociales a fin de que interactúen en función de dar respuestas a la demanda y creen oportunidades para el desarrollo socioeconómico nacional, regional o local a partir de la creación y aplicación de conocimientos y tecnologías. En definitiva, de lo que se trata es de disponer de una estructura que aproveche la larga experiencia y la buena reputación de la ULA y del propio CDCHT, un activo invalorable, una estructura caracterizada por la flexibilidad organizativa y su capacidad para encarar demandas sociales cambiantes que deben ser atendidas no sólo, ni principalmente, desde la reserva universitaria de recursos y capacidades, sino desde su articulación ad hoc para diagnosticar y solucionar determinados problemas. Las normas del Programa Conforme se señaló en la Sección Segunda del presente documento, el Programa de Agendas se encuentra regulado por unas normas aprobadas en el año 2001, referido a los Proyectos Institucionales Cooperativos (PIC) No está dentro de mis pretensiones elaborar en estas páginas un reglamento para el programa de Agendas , alternativo al vigente. No lo está, en primer lugar por mi falta de capacidad al respecto, puesta de manifiesto, entre otras cosas, en mi ignorancia de la técnica jurídica imprescindible para ello. Pero, sin embargo, si lo está abordar el asunto con varias propuestas, unas de carácter general y otras de carácter específico, derivadas del trabajo de análisis realizado y, desde luego, de la información que me fue suministrada a lo largo de las numerosas entrevistas que sostuve. Al lanzar estas ideas, estoy conciente de los obstáculos, algunos de mucha envergadura, que habría que tratar de sortear, quien sabe con cuál grado de éxito, dadas las diferentes leyes que regulan, directa o indirectamente, el desempeño de nuestras universidades. Dicho sea de paso, me parece que la mayoría de las normas venezolanas, sobre todo aquellas que tienen que ver con el sector público (incluidas aquí las universidades), son la señal más inequívoca de nuestro déficit de capital social, la demostración más rotunda de la ausencia de confianza en las relaciones sociales, la prueba, en fin, de que en Venezuela tienden a reforzarse las garantías y los mecanismos de seguridad antes de la realización de cualquier acto. Tomando en consideración lo indicado en el párrafo precedente propongo, entre las sugerencias de carácter más general, que la base reglamentaria del Programa de Agendas incluya, en la medida en que sean factibles, al menos tres características, tendientes a conformar un “estilo normativo” : 1. Que tal base sea simple, ágil y clara, de fácil entendimiento y de fácil aplicación, que implique procesos de tramitación lo más “leve” posible, apelando sólo al cumplimiento de condiciones mínimas, las verdaderamente indispensables. Un conjunto de reglas, en fin, que asuma la idiosincracia del 64 Programa de Agendas, sus urgencias y complicaciones, sus propósitos y su lógica. 42 2. Que sea flexible y, al abogar por ello no se está dejando de lado, obviamente, la necesidad de contar con un sustrato básico a partir del cual esa elasticidad pueda manifestarse, preservando la esencia del Programa. Flexible en el sentido de que le de cabida a normas que puedan reconocer la enorme variación de situaciones implícitas en un programa de esta clase. Y, en segundo lugar, flexible en el sentido de ser susceptible de ir cambiando a lo largo del tiempo. 3. Que la base normativa sea bien difundida, no sólo en términos de la necesidad de que se conozcan las reglas (parte de la obligada transparencia exigida en cualquier proceso), sino de la necesidad de que sirva para promover una idea que, como he señalado, es portadora de cambios universitarios que pueden llegar a ser muy importantes, no sólo en los predios dentro de los que transcurren las actividades de investigación.. En cuanto a las sugerencias específicas, éstas remiten a varios aspectos del posible menú de transformaciones del Programa y pudieran ser consideradas también, como las anteriores, como un insumo para la consulta que propongo. 1. La presencia de socios en los Proyectos del Programa de Agendas es un tema fundamental en el Programa, casi soslayado en las normas actuales, salvo que quede sobre entendido en la norma relativa al cofinanciamiento (la letra “a”, en uno de sus apartados), lo cual no parece adecuado, pues puede haber socios que no pongan dinero y, a su vez, puede haber financistas que no se consideren socios. Como se sabe, el meollo de la Agenda radica en la posibilidad de concertación de distintos actores, capacidades e intereses para que puedan darse los procesos de generación, transferencia y utilización de los conocimientos generados. Supone, pues, una red de trabajo y, por ende, ciertos compromisos, no exclusivamente monetarios, que han de cumplirse, lo cual significa que deben ser suscritos con una cierta formalidad, capaz de generar obligaciones y el reclamo del cumplimiento de las mismas si no son debidamente atendidas. El planteamiento anterior debe estar recogido en las reglas de juego del Programa. No se trata, valga aclararlo, de proponer normas severas cuyo efecto podría ser, más bien, espantar a los potenciales socios, pero sí, dentro de un cierto grado de plasticidad, asegurar que la Agenda sea una red de trabajo. En tal sentido, un poco más de presión y de precisión no vendrían nada mal. Como lo argumentaron los investigadores involucrados en la Agenda Papa en una carta dirigida al Coordinador del CDCHT (en septiembre del año 2000), las demoras, bien sea ocasionadas por la evaluación y aprobación de los proyectos, bien por la entrega del presupuesto acordado, pueden afectar la credibilidad del Programa. 42 65 Un aspecto que merece particular atención es el de abrir expresamente la posibilidad de que junto a los de la ULA puedan estar presentes centros e investigadores de otros organismos nacionales e incluso, aunque presenta mayores dificultades de todo orden, extranjeros. 43 2. El financiamiento es asunto complejo, tiene varias aristas importantes que deben ser consideradas. A continuación menciono algunas de ellas: a. Hay que ser más exigentes con el cofinanciamiento del Programa. Quiero decir con ello, procurar que no sea la ULA la única institución que corra con el presupuesto correspondiente, para lo cual pareciera necesario afinar un poco lo que al respecto señalan las normas vigentes., las cuales terminan dejando muchas ventanas abiertas para que se escape la posibilidad del apoyo económico. 44 Debe insistirse, además, en que el aporte sea dado en dinero. Cuando el apoyo se da en especie (horas de trabajo, utilización de equipos, etcétera), si bien no es algo desdeñable, ni mucho menos (en algunas circunstancias puede ser, incluso, decisivo), en la práctica suele ser, en no pocos casos, una contribución más bien aparente, no muy efectiva, que busca dar la impresión de un soporte que luego no se materializa y que, por otro lado, termina resultando muy difícil de estimar. En esta materia, las normas deben ser, también, más específicas, sin llegar, insisto, a extremos que inhiban la participación en el Programa. La colaboración, financiera o en especie, de los socios en el desarrollo de una Agenda redobla el compromiso con la misma y, así, refuerza, también, la existencia de la red de trabajo 45 b. Hablé en el apartado anterior de normas un poco más exigentes y específicas, sí, pero no rígidas. No debe descartarse, en este sentido, la posibilidad de llevar adelante una Agenda contando tan sólo con los fondos de la ULA. Ahora hay que recordar que, por diversas razones que no vienen al caso mencionar, pero que se encuentran muy bien asentadas en la literatura especializada, el mercado no es siempre un buen mecanismo para la asignación de recursos a fin de producir conocimientos y tecnologías, razón por la cual la presencia de fondos públicos se hace insustituible. Me refiero a que hay áreas de investigación en las que la generación de beneficios privados ( ni qué decir, su apropiación) resulta muy difícil. Ciertas áreas en las que se involucran 43 De hecho, en uno de los proyectos contemplados dentro de la Agenda Plátano, se contaba con la colaboración de un un investigador de la Universidad Central de Venezuela. ¡ Que no se confunda al CDCHT con el FONACYT ¡ 44 45 Aunque no se trata de una cuestión de reglamentos, la ULA debería insistir en la solicitud de fondos internacionales para el financiamiento de algunas Agendas, lo cual supone capacidades y dispositivos institucionales para que pueda hacerse posible 66 investigaciones sociales, por ejemplo. O aquellas cuyos resultados responden a una demanda “no solvente”, pero que no tienen mercado (por estar relacionados con los sectores más pobres de la sociedad). En fin, como norma general cabría esperar que el financiamiento privado tiende a orientarse en función de actividades cuyos resultados sean a corto plazo, fácilmente apropiables y rentables, de allí, entonces, la necesidad de recursos que puedan responder a la lógica del beneficio social. c. Por la naturaleza del Programa (presencia de socios, aplicación de los resultados, en fin, lo ya dicho mil veces en el transcurso del documento), debería garantizarse la disponibilidad de los recursos necesarios para todo el tiempo de duración del proyecto (vía, por ejemplo, la creación de fideicomisos especiales), a fin de que las cosas no se queden a medio camino (de hecho es ésta, la falta de dinero oportuno y suficiente, la causa más alegada por algunos investigadores para explicar por que sus proyectos no llegaron hasta sus últimas consecuencias). Garantizarse, por otro lado, el manejo expedito de tales recursos, esto es, sorteando hasta donde sea posible las trabas que suelen presentar las leyes que regulan nuestro sector público (sumadas, hay que reconocerlo, a las que nos inventamos nosotros mismos, a veces más papistas que el Papa). Y, finalmente, garantizar una cierta maleabilidad en la determinación de los presupuestos requeridos, en atención a que en esta clase de proyectos son normales los imprevistos (se desarrollan en circunstancias que suponen más “variables no controladas” que las que cabría esperar en los proyectos de corte tradicional). Todo lo anterior debe pensarse tomando en cuenta la aparente paradoja que el tema del financiamiento no es solo un tema financiero. Obvio : el dinero trae consigo casi siempre los intereses de quien lo pone, lo cual supone un peso en la orientación de las actividades de generación de conocimientos y la inclusión de criterios respecto a las maneras que deben seguirse respecto a la divulgación y uso de los resultados, asi como de su apropiación. Las normas deben registrar esto considerando, como premisa central, que la ULA es una universidad de carácter público. 3. La duración establecida para los proyectos, similar, según el reglamento de los PIC, a la de los proyectos tradicionales, debe revisarse, incluyendo, claro está, el tiempo de las prórrogas. En la normativa vigente el tiempo estimado para los proyectos pareciera haber sido estimado en función de lo que dura el proceso de investigación, mas no los tiempos que se lleva la transferencia y utilización de los productos obtenidos. 4. Los “proyectos sociales” tienen otra “idiosincracia” comparados con los “proyectos técnicos” (y me refiero de este modo a los dos tipos de proyectos considerados en el examen de ambas Agendas). Para decirlo en corto, el proceso de generación del conocimiento, así como su divulgación y utilización es distinto. En consecuencia su tratamiento en cuanto a exigencias y condiciones debe ser diferente al de los otros. Diferente en cuanto a los socios y su participación, a la presencia del sector privado, al cofinanciamiento, a las reglas de apropiación de los resultados, a los apoyos requeridos, todo ello sin entrar 67 en consideración de aspectos tales como la identificación de las demandas, el cálculo de los beneficios, o la evaluación de los impactos, muchas veces asociados con cambios culturales (de valores, de actitudes….), de cuya lentitud cualquiera está al tanto. 5. Vale la pena prestar atención a los sistemas mediante los cuales se reconoce y fomenta a las actividades de investigación. Como se sabe, en las universidades venezolanas, y la ULA no es excepción, predominan como medios de premiación el PPI, el PEI y el CONABA, los cuales, no obstante sus diferencias conceptuales y en cuanto a propósitos, participan, los tres, de la visión tradicional sobre la investigación a la cual me he referido en la parte inicial del trabajo. En efecto, y si se me permite una apreciación general que seguramente no hace justicia a la silueta particular de cada uno de los programas mencionados, cabe indicar que los mismos estimulan más bien el trabajo del investigador individual, realizado dentro del laboratorio de una determinada institución, a partir de un enfoque disciplinar y sin mayores pretensiones de aplicación de los resultados en función de una demanda previamente detectada. Se trata, pues, de una señal que se envía en dirección distinta a aquella que pretende marcar el Programa de Agendas, expresión éste de la actual tendencia en el modo de producir conocimientos. En manera alguna pretendo proponer la eliminación inmediata y de raíz de los esquemas de estímulo existentes, sino señalar, apenas, un hecho y plantear, como consecuencia de ello la necesidad de mirar estas cosas con detenimiento, e ir elaborando, seguramente en el marco de una transición, un sistema capaz de registrar adecuadamente los rasgos del nuevo modo de producir conocimientos, sin que ello implique, porque sí, la eliminación de los incentivos anteriores, pues, como he señalado varias veces, el “modo viejo” debe conservar su espacio y su vigencia, aunque no su hegemonía. 6. El de la propiedad intelectual es un tema crucial, relativamente escondido en la normativa existente del Programa de Agendas, tratado, apenas, con una frase genérica. Digo crucial porque el Programa tiene que ver con resultados en cuya generación participan diversos actores bajo esquemas distintos de cofinanciamiento, con responsabilidades diferentes dentro de la división del trabajo establecida en la red de socios, etcétera, todo lo cual trae consigo problemas vinculados a la propiedad de las tecnologías (también, por supuesto, relacionados con la confidencialidad) y, por ende, a las condiciones para su difusión y utilización. Crucial también porque la vaguedad con la que se encuentra expresado puede causar en ciertas circunstancias la inhibición de determinados posibles socios, amén de que puede ser perjudicial para la misma ULA. En el contexto universitario este asunto se complica aún más, pues, como se sabe, el ethos académico sigue suponiendo todavía (y supondría siempre, aunque de otra manera), hábitos y prácticas conducentes a la publicación y 68 divulgación de los conocimientos, más que a la apropiación o a la confidencialidad. 7. Resulta determinante, tanto como la constitución de una red de trabajo, a lo cual me refería en el primer punto de este listado, el esfuerzo por adoptar un enfoque que combine y trascienda disciplinas. Tal es, según lo planteado, una condición necesaria para la investigación que tiene, como remitente fundamental, el contexto de aplicación. Debe ser esto ratificado como criterio normativo, pero teniendo presente las dificultades presentes para ello en el medio venezolano y, por otro lado, sin caer en un “fundamentalismo” que proscriba todo intento realizado desde el punto de vista de la disciplina.46 Es fácil hablar de las limitaciones que reporta la división por facultades y escuelas, característica de la estructura universitaria, pero harto difícil introducir cambios que conduzcan al pensamiento y a la práctica transdiciplinares. Como lo han advertido hasta el cansancio los analistas de estos asuntos, no pueden soslayarse las complicaciones organizativas, así como de valores y hábitos, que hacen fallar los intentos en esta dirección.. Al respecto señala, por ejemplo, Gibbons (1997) que si bien existe la demanda de una mayor capacidad para solucionar problemas de la forma más rápida, no resulta práctica la sustitución completa de las formas transdisciplinares por las disciplinares. Es preciso encontrar un equilibrio o secuencias de equilibrios, indica, para promover la diversidad entre la identidad disciplinar y la competencia transdisciplonar. Hasta que profundidad llegarán, continúa, las interconexiones y la interpretación disciplinar es algo que depende tanto de la naturaleza del programa de investigación y del tipo de problemas a resolver, como del contexto organizativo. En suma, me parece que la investigación universitaria deberá mantener un cierto equilibrio entre los esfuerzos tendientes a mantener el formato disciplinar y al mismo tiempo crear las condiciones para la transdisciplinariedad requerida por un enfoque de la investigación en torno a problemas. 8. La evaluación es un punto neurálgico en el programa de Agendas y su importancia no se compadece con el trato que se le da en las normas ni en la práctica evidenciada en la formulación y ejecución de los proyectos. Y así como es relevante, es, así mismo, un punto complejo, tanto desde el punto de vista teórico como metodológico. En efecto, en la literatura sobre el tema se ha establecido que, si bien las actividades de Investigación y Desarrollo deben ser tratadas como inversión y 46 La especialización por disciplinas pesa mucho más en la docencia que en la investigación, su fortaleza descansa en su rol en la transmisión de conocimientos. Los que saben del tema, afirman que no debe olvidarse que la disciplina como eje de la organización académica siempre se creyó como la más conveniente para formar a los estudiantes y, a la vez, darles una identidad y el certificado de competencia, así como para formar a los nuevos investigadores Así las cosas, la relación con otros campos no es nada fácil, depende, como dicen los expertos, de su capacidad para adquirir otras identidades cognitivas 69 como tal se debe calcular su tasa de retorno, dicho calculo resulta demasiado complejo. En tal sentido es casi un lugar común señalar que los beneficios de la I&D pueden demorar bastante tiempo para hacerse realidad, que dada la complejidad de la innovación, es muy difícil asignar efectos económicos particulares a una determinada unidad de investigación, pues los productos y procesos provienen de una amplia base de conocimientos para llevar a la práctica los beneficios de la I&D y se requieren capacidades innovadoras y de comercialización que rebasan el alcance de las actividades de investigación, pues se necesitan otros insumos (habilidades gerenciales, disponibilidad de capital y experiencia de mercadotecnia), y así otros elementos que hacen difícil la evaluación ex - ante y ex - post de los proyectos. Sin embargo, hay que disponer de una base de criterios teóricos y de indicadores y métodos, a fin de seleccionar proyectos y calibrar sus impactos, tanto cuantitativos como cualitativos, tanto socio-económicos, como institucionales y ambientales. UNA PALABRA FINAL ¿ VALE LA PENA CONTINUAR CON EL PROGRAMA DE AGENDAS ? El objetivo del recorrido realizado a lo largo de estas páginas ha sido el de mostrar, desde una mirada externa con respecto a la propia ULA, lo que ha sido hasta ahora el Programa de Agendas. Después de haber llegado hasta acá, tal vez el lector del documento quede con algunas dudas respecto a la conveniencia del mismo. Quizá piense que han sido muchos los aspectos negativos y que el fruto es más bien magro. Que, como se ha escrito, la concepción del Programa no es todavía redonda y deja por fuera algunos asuntos de relieve. Que a su normativa le faltan criterios y detalles. Que en la ejecución se dejaron a un lado ciertos aspectos muy importantes, de los que forman parte de la esencia de este Programa. Que, en fin, el impacto está por verse, no sólo porque los proyectos, en su mayoría, no han sido terminados, sino porque el proceso seguido encaró muchas dificultades, fue difícil, por tanto, llenar los requisitos necesarios para que los resultados, una vez obtenidos, pudieran aplicarse en beneficio de los productores y, en general, las comunidades vinculadas a la siembra del plátano y de la papa. 70 Lo anterior, siendo cierto, representa, sin embargo, sólo una interpretación, la más drástica y tajante entre las posibles. A mi juicio, tiene tras de sí un razonamiento a medias que no puede tomarse, entonces, como fundamento suficiente para tomar la decisión que alguien pudiera considerar como su consecuencia más lógica : la de suspender el Programa de Agendas. Creo, por mi parte, en la necesidad de una lectura un poco menos mecánica, menos “cerrada”, no exclusivamente centrada en los avatares del proceso de formulación y ejecución de las dos Agendas particulares, la necesidad de una lectura, por el contrario, más abierta, más comprensiva y más integradora de todo lo que ha sido esta breve experiencia. Desde esta perspectiva quiero llamar la atención sobre, al menos, cuatro cosas que se relacionan y refuerzan entre sí para sugerir una argumentación conducente a sostener lo opuesto, es decir, a sustentar la opinión de que el Programa debe continuar. En primer lugar, insistir en la complejidad del Programa y señalar que, aún en las condiciones más favorables, requiere de un largo aprendizaje institucional, dado que se trata de una iniciativa muy diferente a los programas que habitualmente ha manejado la ULA. No era lógico, entonces, esperar resultados notables, a la vuelta de la esquina. Y menos lógico todavía tomar la decisión de eliminarlo porque no produjo esos resultados notables, a la vuelta de la esquina. Me parece que en términos generales se hizo más o menos lo que se podía hacer y se logró más o menos lo que cabía esperar. En segundo lugar, mirar esta aún corta historia de alrededor de cinco años, desde una perspectiva más amplia que incluya el contexto general dentro del que se ideó y se puso en marcha el Programa, del cual se da cuenta en el presente trabajo. Resumo : el entorno nacional no es favorable (precariedad, sobre todo, de institucionalidad necesaria para que en el país puedan darse los procesos de innovación tecnológica) y tampoco lo es del todo el clima interno de la ULA (valores, estructuras organizativas, normas, prácticas forjadas a lo largo de mucho tiempo, e inadecuadas en distinto grado para lidiar con todas las vertientes implicadas en la relación de la universidad con la sociedad) y, más en particular, para posibilitar la elaboración de un molde distinto para encauzar las actividades de investigación. En tercer lugar, recordar que de la Agenda Plátano y de la Agenda Papa derivaron aspectos positivo, los cuales representan el germen de nuevas prácticas institucionales, cuya importancia no puede de manera alguna minimizarse, por más incipientes que sean. Hay allí, en muy pequeña escala, la prueba de la posibilidad y de factibilidad de un cambio. Por cierto, aún al margen de estos resultados y colocándose en el escenario más desfavorable posible respecto a los frutos obtenidos por esta iniciativa, aún habría que tomar en cuenta que quedaron como saldo algunos resultados científicos, los cuales pueden ser valorados y apreciados de la misma manera en que lo son los obtenidos por los proyectos de investigación tradicionales (resultados que cumplen con los cánones correspondientes y pueden dar lugar a publicaciones, 71 según es el requisito). En otras palabras, en el peor de los casos, ambas Agendas representaron una inversión que redituó de la misma forma en que lo hace en el caso de las las investigaciones clásicas, cosa que es bueno decir para que no se piense (siempre hay alguien al que puede ocurrírsele), que fue “un dinero que se perdió”. Y, en cuarto lugar, considerar que el Programa de Agenda debe entenderse, me parece, como una apuesta al futuro por parte de la ULA. Y una apuesta relativamente segura. La razón de ello radica en que es un Programa que encaja con los signos de los tiempos, por decirlo de alguna manera, va, pues, en la dirección en que soplan los vientos hoy en día. Que capta las tendencias que marcan la urgencia de una vinculación de nuevo cuño de la universidad con la sociedad y en relación estrecha con lo anterior, que interpreta las tendencias que muestran las distintas formas de generar el conocimiento, de divulgarlo y emplearlo. Sin embargo, y los motivos abundan en estas páginas, hay que revisar el Programa de Agendas. La experiencia que se ha logrado acumular ya aporta conocimientos y datos que dan suficiente pie para una primera reflexión a fondo, importante en una doble dirección. La primera, la más obvia, para afinar y potenciar el programa mismo o, para decirlo de una manera más certera, para afinar y potenciar un nuevo repertorio de ideas y maneras de hacer investigación en la universidad. La otra, para propiciar desde allí, aunque, desde luego, no sea sólo desde allí, un cambio un cambio más trascendente, en el ámbito de toda la universidad, a fin de ponerla a tono con los reclamos que se le hacen, hoy en día, desde su cualidad de ente público, dato este último que no puede olvidarse, dados los múltiples asuntos que de allí se desprenden : la tensión ( y en determinadas circunstancia un abierta y clara contradicción) entre el interés particular y el beneficio social, entre la lógica de la academia y la lógica del mercado, entre el beneficio económico y la preservación del medio ambiente, entre la difusión del conocimiento y su apropiación privada, etcétera. En final de cuentas a la ULA también le corresponde contribuir, siempre en clave de universidad pública, a la regulación democrática del desarrollo científico y tecnológico en el marco de la sociedad del conocimiento, preservando su espacio de arbitraje con respecto al conocimiento científico. En conclusión, el Programa de Agendas debe continuar. Imprescindible para ello es, reitero, su revisión y la revisión, también, de la plataforma institucional desde la cual se administra. E imprescindible, para ambas cosas, una reflexión lo más amplia posible, además de urgente, para que las tareas de revisión en los dos planos señalados tenga la legitimidad y la solidez necesarias. BIBLIOGRAFIA Avalos, Ignacio La Sociedad del Conocimiento, el sofá y el Estado En Democracia para una Nueva Sociedad 72 Editorial Nueva Sociedad, Caracas, 1997 Avalos, Ignacio y Rafael Rengifo From sector to networks : the venezuelan CONICIT research agendas En Technology and Society 2003 Avalos, Ignacio (en colaboración) Ciencia y uso del conocimiento en Venezuela Fundación Polar, Caracas 2004 Banco Mundial La Enseñanza Superior. El Desarrollo en la Práctica Washington 1995 Beck, Ulrich La sociedad del riesgo Editorial Paidós España 1998 Brunner, José Joaquín Educación Superior en América Latina : una agenda para el aó 2000 Univresidad Nacional de Colombia Bogotá 1994 Brunner, José Joaquín La Universidad Latinoamericana frente al Próximo Milenio En Revista Universidades, México, No. 16, UDUAL 1998 Buarque Cristovau Desafíos de la Educación Un iversitaria UNESCO 2001 Cabrujas, José Ignacio El Estado del disimulo. COPRE, Caracas, 1993 Castells, Manuel La Sociedad de la Información Alianza Editorial, España 1999 Fukuyama, Francis 73 Confianza Editoriasl Atlántida México- Buenos Aires 1996 Fukuyama, Francis El fin del hombre Ediciones B Barcelona, España 1996 Gibbons, Michael y otros La nueva producción del conocimiento Ediciones Pomarés Barcelona, España 1997 Gibbons, Michael Pertinencia de la educación superior en el siglo XXI Conferencia Mundial Sobre Educación Superior de la UNESCO 1998 Gutiérrez Gómez, Alfredo La Universidad y los significados del conocimiento complejo 2004 Klinsberg, Bernardo El Capital Social Paidos 2001 Putnam, Robert Democracies in flux Oxford University Press 2002 Sánchez, Isabelle El programa de Agendas del CONICIT Tesis de Maestría Cendes, UCV 2002 UNESCO La Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción Paris 2001 Vessuri, Hebe El ejercicio de la observación sociotécnica 74 Cuadernos del CENDES (UCV) Caracas, 2002

Related docs
Other docs by Dexter Holland
Firm Foundation
Views: 187  |  Downloads: 1
Spiritual Capital
Views: 377  |  Downloads: 7
Get Right Church
Views: 280  |  Downloads: 0
Strawbridge MasRandazzoOlson Belleville
Views: 310  |  Downloads: 2
French MenuFoods Glossary
Views: 3229  |  Downloads: 78
Jesus Name Above All Names
Views: 1199  |  Downloads: 2
Default
Views: 216  |  Downloads: 1
Massage Therapy for Subacute Low-Back Pain
Views: 734  |  Downloads: 26
In Christ Alone
Views: 323  |  Downloads: 6
app001
Views: 107  |  Downloads: 0
180 Books on Social Work, Sociology
Views: 594  |  Downloads: 12
Above All
Views: 242  |  Downloads: 3
A Common Love
Views: 263  |  Downloads: 1
at170
Views: 123  |  Downloads: 0