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KARL_20MARX

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					                                    KARL MARX.


1.- MARCO HISTÓRICO-SOCIAL.
        El marco histórico-social del siglo XIX, en lo que respecto al pensamiento de
Marx, está marcado por dos grupos de acontecimientos. Por un lado la Revoluciones
Burguesas de 1848 y 1871. Las primeras, consecuencia de un periodo de crisis y
penuria económica que se venía dando desde 1845, van a suponer el final definitivo
del Antiguo régimen en Toda Europa, a excepción de Alemania, España y Rusia, la
subida al poder de la burguesía como clase dominante y la implantación definitiva del
modo de producción capitalista. La Revolución de 1871 va a tener dos caras de corte
opuesto. Para Alemania va a suponer su unificación y su entrada en el orden político-
económico burgués. En Francia va a constituir un levantamiento de corte proletario,
con la constitución, durante una semana, de la Comuna de París, primer intento de un
gobierno obrero en Europa, intento que será reprimido duramente por el Ejército.

        Por otro lado, el desarrollo durante este siglo del capitalismo y, por
consiguiente, la aparición como clase social del proletariado da lugar a la formación de
las primeras formaciones de corte socialista y comunista. Así, en 1828 se funda el
partido de los Trabajadores en Filadelfia,        en 1864 la Asociación internacional de
Trabajadores o en 1888 la Unión General de Trabajadores (UGT) en España, mientras
que en 1886 tiene lugar en Chicago (EEUU) la primera manifestación del Primero de
Mayo.


2.- MARCO CULTURAL.
        Dentro   del   campo    cultural   cabe    destacar   el   descubrimiento   de   la
termoelectricidad por parte Seebeck y la exposición de la teoría ondulatoria de la luz
por parte de Fresnel, que van a constituir los antecedentes de la mecánica cuántica. A
pesar de todo, a nivel científico el acontecimiento más importante de la época es el
desarrollo de la teoría biológica de la Evolución, de Darwin, que va a tener un
ascendiente importante en el desarrollo de la teoría marxista de la evolución de la
historia y la sociedad y de la leyes de la genética de Mendel. También es el siglo del
nacimiento y desarrollo de la psicología y la sociología.
        A otros niveles cabe destacar la aparición en el último tercio del siglo de las
vanguardias artísticas, que intentan romper con la visión de la realidad que impone el
arte burgués, el nacimiento del cine en 1895 y la publicación en 1891 de la encíclica
Rerum Novarum, por parte del papa León XIII, que intenta desactivar el carácter
revolucionario de los movimientos obreros a partir de una reforma del sistema
capitalista.


3.- MARCO FILOSÓFICO.

        La Filosofía del siglo XIX va a ofrecer una panorámica mucho más abierta que
la de los siglos anteriores, en los cuáles las épocas históricas estaban dominadas por
corrientes filosóficas hegemónicas, así el racionalismo continental o el empirismo
británico en el XVII o la Filosofía Ilustrada en el XVIII. Filosóficamente hablando el
siglo XIX va a empezar bajo la sombra del pensamiento kantiano, y así, los primeros
movimientos que surgen en Alemania van a seguir de una forma u otra se estela. Pero
pronto esta tendencia se rompe, los filósofos empiezan a elaborar teorías propias y la
historia filosófica decimonónica se convierte en un continuo surgir de teorías y
contrateorías, escuelas y contraescuelas, todas las cuales dejan una huella importante
o tienen alguna aportación fundamental que hacer en el campo del pensamiento.
Dentro de este panorama los dos movimientos más importantes de la primera mitad
del siglo XIX son el idealismo alemán, con la figura de Hegel y el positivismo y las
formas utilitaristas que este movimiento toma en el mundo anglosajón. Las dos figuras
claves de la segunda mitas del siglo van a ser el pensamiento de Karl Marx y, ya a
caballo del siglo XX, la filosofía de Friedrich Nietzsche.


4.- REALIDAD. LA DIALÉCTICA.
        Marx va a tomar su concepción dialéctica de la realidad y de la Historia del
pensamiento hegeliano. Sin embargo, la dialéctica marxiana va a suponer una
inversión radical de las ideas de Hegel. Según Hegel, el movimiento dialéctico de la
historia se daba a nivel de la Idea, constituyendo la dialéctica por lo tanto el motor del
desarrollo del Espíritu hasta alcanzar el espíritu Absoluto. En Marx, el movimiento
dialéctico va a tener lugar en la realidad. De esta forma la dialéctica se constituye
como motor de la Historia y la sociedad, y su meta será el ser humano libre. Por otro
lado, la concepción de la Razón como origen y meta del desarrollo dialéctico, la idea
de que existe un fin de la Historia hacia el cual tiende el Espíritu, hace que la dialéctica
hegeliana se concierta en justificadora de la realidad. Marx, pro el contrario, va a
postular un movimiento dialéctico sin metas, donde cada momento se justifica a sí
mismo desde el punto de vista de la liberación del ser humano. De esta forma, la
dialéctica marxista es una dialéctica transformadora de la realidad, nunca justificadora.
La verdad de los momentos vendrá marcada por la carga potencial de liberación que
contengan, y no por el hecho de formar parte del camino hacia el Espíritu Absoluto.
       Para entender en toda su extensión la idea que acabamos de lanzar hay que
tener el cuenta cuál es la categoría fundamental de cada una de las dos concepciones
dialécticas a que nos referimos. La categoría fundamental de la dialéctica hegeliana es
la categoría de totalidad. Como hemos visto, todo el movimiento viene determinado
por el Espíritu Absoluto o la Razón Absoluta que funcionan como totalidad. La
contradicción, en Hegel, se limita a cumplir el papel de mediador para alcanzar esa
totalidad. Desde estos parámetros no resulta dificultoso ver como la dialéctica, para
Hegel, está al servicio de una Historia ya acabada, con lo cual el desarrollo dialéctico
no es más que una interpretación de esa historia. En la concepción dialéctica de Marx,
en cambio, la categoría fundamental es la contradicción. La dialéctica –y con ella toda
la Filosofía- están inacabadas, desde el momento en que la contradicción supone un
elemento abierto, no cerrado, que es necesario completar. Siendo así, también la
historia está incompleta o inacabada. De esta forma la dialéctica no la interpreta, sino
que la transforma o, al menos, sirve para comprender sus transformaciones.


5.- SOCIEDAD.

a) El trabajo
       Marx no admite la idea de que exista algo así como una esencia humana,
común a todos los individuos. Según él. Todo ser humano es siempre un ser humano
concreto, producto de unas relaciones sociales concretas, que se va realizando así
mismo a través de su praxis sobre la historia, la naturaleza y la sociedad. De este
modo, Marx considera que el hombre es fundamentalmente un ser práctico, y su
principal actividad, su praxis constitutiva, es el trabajo. Marx va a rechazar las
concepciones tradicionales del trabajo, que tiene su origen en las sociedades
esclavistas griegas, y según las cuales trabajar es una actividad de esclavos, mientras
que para los hombres libres trabajar es algo indigno. Según nuestro autor, el trabajo es
la actividad humana consistente en la transformación de la naturaleza. De este modo
el trabajo pone al ser humano en relación con aquélla, construyendo la sociedad y
entrando en relación con los demás hombres, no siendo el hombre otra cosa sino el
conjunto de sus relaciones sociales. Así, el trabajo entendido como praxis humana
debería ser el elemento que humaniza y libera al ser humano: lo humaniza, porque es
lo que le constituye como ser humano, al constituir las relaciones sociales que lo
determinan, y lo libera porque por medio del trabajo el hombre se relaciona con la
Naturaleza y la transforma, es decir, domina la naturaleza y se libera de sus
determinaciones. Sin embargo, las condiciones de trabajo que se dan en la sociedad
capitalista no sirven para liberar y humanizar al hombre, sino todo lo contrario, para
esclavizarle y deshumanizarle, cosificarle, en una palabra: alienarle.
b) El trabajo en la sociedad capitalista

       Marx va a edificar su análisis de las condiciones de trabajo en el modo de
producción capitalista sobre cuatro conceptos fundamentales: la fuerza de trabajo, el
tiempo de trabajo, la plusvalía y el fetichismo de la mercancía. Según Marx, en la
sociedad capitalista, el trabajador se ve obligado a entrar en el mercado libre de
trabajo, es decir, se ve obligado a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario
para poder sobrevivir. La fuerza de trabajo es la capacidad, la potencialidad que tiene
un ser humano de realizar un producto, de transformar la Naturalaza. El producto es
así la objetivación de la fuerza de trabajo. En este momento, el trabajador ya se
estaría desprendiendo de algo que le constituye como ser humano, de su producto
como objetivación de su capacidad de transformar la Naturaleza y por lo tanto de
humanizarse. Sin embargo, Marx va todavía más allá. Lo que ocurre es que el
trabajador, que está vendiendo su fuerza de trabajo, en realidad el salario que recibe
lo recibe a cambio de su tiempo de trabajo. La situación sería la siguiente: el
trabajador objetiva su fuerza de trabajo, es decir, crea un producto en un determinado
periodo de tiempo, que es denominado “tiempo de trabajo necesario”. En este tiempo
de trabajo necesario el trabajador ya habría producido aquello por lo cual está
recibiendo el salario, sin embargo, ha de trabajar un tiempo extra hasta completar su
jornada laboral. Durante este tiempo extra –tiempo de trabajo no necesario- el
trabajador sigue utilizando su fuerza de trabajo para fabricar productos, sigue
objetivando su fuerza de trabajo, sin embargo esos productos no se le pagan al
trabajador. Los productos realizados durante este tiempo de trabajo no necesario –
objetivación de una fuerza de trabajo utilizada y no pagada- producen un beneficio
económico para el capitalista. Este beneficio económico es la plusvalía, que es el valor
de aquellos productos que el trabajador ha producido sin recibir un salario a cambio.

       En este momento se produce el fenómeno que Marx denomina “fetichismo de
la mercancía”. Los productos del trabajo del trabajador dejan de ser productos para
convertirse en mercancías. Es decir, adoptan un valor propio –valor de cambio-
independiente del trabajador que los ha producido, de la fuerza de trabajo necesaria
para producirlos y de su función social –valor de uso-. Al convertirse en mercancías los
productos del trabajo pasan a ser “cosas”, pierden su carácter humano –el carácter
humano que les daba ser la objetivación de una fuerza de trabajo- y entran en el
mercado habiendo perdido toda su fuerza de humanización: se han convertido en
fetiches. El producto del trabajo –que convertido en mercancía pierde su dimensión
humana- pierde también por lo tanto su función social, y pasa a ser un simple
generador de dinero, de capital. Esta es la razón, dicho sea de paso, de que el
aumento de los salarios no sea la solución a la situación de deshumanización del
trabajador en la sociedad capitalista.
        Marx explicita esta situación afirmando que en las sociedades precapitalistas el
modo de circulación del capital es Mercancía- Dinero-Mercancía (M-D-M), un modo de
circulación en el cual la mercancía ocupa un lugar central, es un producto social, y el
dinero resultante de su carácter de mercancía sirve para generar nuevas mercancías,
de tal forma que el dinero nunca se ve engrosado en el proceso, sino que es un simple
medio de intercambio entre mercancías. Sin embargo, el modo de circulación del
capital en la sociedad capitalista es Dinero-Mercancía-Dinero (D-M-D), proceso en el
cual el dinero es el eje central. El dinero se utiliza para generar unas mercancías que a
su vez sirven para generar más dinero, que en este caso se ve aumentado con
respecto al montante dinerario original, precisamente porque durante el proceso la
mercancía ha producido una plusvalía que ha generado un capital. La mercancía, así,
es simplemente un medio para generar capital, y no un producto social.
c) El materialismo histórico.

        El materialismo científico de Marx se va a oponer, tanto al idealismo alemán –
personificado   en   Hegel-    como      a   las   concepciones   materialistas   clásicas,
representadas por Feuerbach. Frente al idealismo alemán del siglo XIX Marx va a
afirmar la prioridad del ser, de la realidad frente al pensamiento. Si pensamiento y
realidad son lo mismo entonces la realidad se transforma en racional, sin embargo, al
separar la realidad del pensamiento Marx está estableciendo una línea de separación
entre realidad y verdad, entre ser y deber ser, que es fundamental para entender su
obra.

        Frente al materialismo feuerbachiano –y al materialismo clásico en general-
Marx va a lanzar las siguientes acusaciones. En primer lugar, desde el momento en
que reduce toda la materia a leyes mecánicas, es un materialismo mecanicista y por lo
tanto abstracto: se separa de la realidad y no sirve para analizarla. En segundo lugar,
y quizás como crítica más importante, Marx va a acusar al materialismo clásico de
carecer de carácter dialéctico e histórico. Desde estas premisas Marx va a criticar el
materialismo de Feuerbach como puramente contemplativo. En el fondo, Feuerbach se
mueve dentro de los presupuestos hegelianos: el pensamiento y el ser son idénticos,
pensar es siempre pensar el ser. De esta forma las ideas no son más que una
representación de la realidad y el ser humano se convierte en un ser pasivo que se
limita a contemplar aquélla. Marx a afirmar que no se puede separar la Naturaleza del
ser humano, entendido como pensamiento, y convertir a éste en una mera
representación de aquélla. El ser humano y la Naturaleza se sitúan en el mismo plano.
El ser humano, para ser humano, necesita relacionarse con la Naturaleza, s decir,
transformarla por medio de su praxis. De esta forma, el ser humano no se limita a
contemplar la naturaleza, no es un ser pasivo, sino que actúa sobre ella, la transforma,
es fundamentalmente activo. La naturaleza real es aquella que el ser humano
transforma en su relación con ella, es decir, es una naturaleza histórica. La realidad es
un producto histórico, que se desarrolla a través de las transformaciones que en ella
introduce el hombre.

       Es desde estas concepciones donde hay que entender la idea del materialismo
histórico, que se va a convertir en el muro de carga de todo el edificio marxiano. La
idea central del materialismo histórico sería la siguiente: la infraestructura económica
es la base real de la sociedad. Esta infraestructura está constituida por las relaciones
de producción, que son las relaciones que se establecen entre los seres humanos de
acuerdo con su situación en el modo de producción. Estas relaciones de producción se
vana expresar siempre en términos de propiedad. Así, en el modo de producción
capitalista el trabajador sería el propietario de la fuerza de trabajo mientas que el
capitalista sería el propietario de los medios de producción: las relaciones de
producción, por lo tanto, serían aquellas que se establecen entre la fuerza de trabajo y
los medios de producción.
       Por otro lado, la infraestructura económica va a determinar de forma dialéctica
a la superestructura ideológica de la sociedad.     Dentro de la infraestructura se va a
producir un enfrentamiento entre las fuerzas de producción, que no van a encontrar un
marco adecuado para su desarrollo dentro de las relaciones de producción. Este
enfrentamiento entre las fuerzas productivas va a cristalizar en la aparición de
contradicciones dentro de las relaciones de producción que van a ver la luz como
contradicciones sociales. Estas contradicciones sociales, producto del enfrentamiento
entre las fuerzas productivas, a su vez, van a determinar un cambio en la
superestructura, de tal manera que las formas de conciencia se van a aparecer como
ideológicas, como formas de conciencia propias de la clase dominante que se
imponen a toda la sociedad. Así, va a surgir en la clase dominada la conciencia de
clase, es decir, la conciencia de que todas las relaciones sociales no son más que un
reflejo de las relaciones entre clases producto de las relaciones de producción. Esta
conciencia de clase, a su vez, va a determinar un cambio en las relaciones de
producción. Esta conciencia de clase, a su vez, va a determinar un cambio en las
relaciones de producción. Se entra, así, en la revolución social.
       El motor de la Historia, por lo tanto, para Marx, no es la Razón, sino la lucha de
clases, entendida como la contradicción principal que se aparece dentro de las
relaciones de producción. Es el hombre, por lo tanto, el que transforma la Historia
gracias a la conciencia de clase, conciencia que saca a la luz las contradicciones
sociales, la alienación humana y la necesidad de una transformación social que
avance en el camino de la liberación.


6.-CONOCIMIENTO
La teoría del conocimiento de Marx se fundamenta sobre el concepto de “ideología”.
En el pensamiento marxiano la ideología se entiende como una falsa conciencia de la
realidad, conciencia falsa desde el momento en que es conciencia determinada
económicamente que se hace aparecer ante los seres humanos como pira y neutra y
es precisamente en este carácter de neutralidad donde radica su falsedad. De esta
forma Marx va a decir que las grandes creaciones culturales, artísticas, filosóficas,
científicas, política o religiosas de la sociedad no surgen del Espíritu puro, sino que
están determinadas por las relaciones de producción y sólo pueden ser entendidas
desde estas relaciones de producción. El intento de hacer pasar estos elementos
superestructurales por ideas puras, independientes de la situación económica sobre la
que se asientan, es lo que hace de ellos elementos de la falsa conciencia, formas
ideológicas de conciencia.


7.- EL SER HUMANO.
       La condiciones de trabajo de la sociedad capitalista, en las cuales el trabajador
vende su fuerza de trabajo –se característica más específicamente humana- y se
convierte en un generador de plusvalía y por lo tanto de capital, hacen que el trabajo
ya no sea el medio por el cual el ser humano se realiza como tal: el trabajo pierde su
carácter humanizador para convertirse en un elemento deshumanizador, cosificador .
El ser humano ya no se libera en el trabajo, sino todo lo contrario: se aliena.
       Marx describió las condiciones de la alienación en su obra Manuscritos de
París. Lo primero que interesa dejar claro al analizar el concepto de alienación
marxiano es que la alienación no es un proceso subjetivo, sino objetivo. Es decir, la
alienación del ser humano es una consecuencia de las relaciones objetivas de
producción en las que se sustenta el sistema capitalista, y no una vivencia personal
del ser humano alienado, un sentimiento o una característica psicológica. En este
sentido la alienación sería la relación que se establece entre el ser humano, entendido
como productor y sus productos, relación en la cual estos últimos funcionan
socialmente como independientes de la voluntad y de las relacione sociales de sus
productores, llegando incluso a enfrentarse con ellos: según Marx “el hombre entra en
relaciones económicas independientes de su voluntad”. Es decir, los productos
humanos, en el modo de producción capitalista, dejan de ser humanos, se convierten
en la contradicción de lo humano e incluso amenazan la propia existencia de los
humanos.
       En estas circunstancias el ser humano entra en una situación de autoalienación
que se manifiesta a través de dos características: por un lado surge en él un
sentimiento de indiferencia ante el resto de los hombres; por otro lado aparece
también un sentimiento de extrañeza ante el propio yo, en el sentido de que el yo real
se enfrenta al yo ideal, a aquello que el ser humano querría ser. Este enfrentamiento
entre el yo real y el yo ideal provoca una frustración, consecuencia de que los
objetivos vitales del yo ideal se ven suprimidos por el yo real. Este sentimiento de
autoalienación, como ya hemos advertido anteriormente, es un producto de la
alienación objetiva creada por las relaciones de producción, por lo tanto su superación
sólo puede venir dada por la superación de las condiciones sociales que provocan la
alienación objetiva. No es un problema psicológico, es un problema social.

       Según Marx, podemos establecer cuatro dimensiones en la alienación. En
primer lugar el ser humano está alienado con respecto al producto de su trabajo.
Como ya hemos visto, los productos son la objetivación de la fuerza de trabajo, es
decir, aquello que es más específicamente humano, pero al convertirse en
generadores de capital para el capitalista pasan a ser algo extraño para el trabajador:
algo que se le enfrenta y que no puede dominar. En segundo lugar el ser humano está
alienado con respecto a su actividad, pues desde el momento en que vende su fuerza
de trabajo, su praxis, ésta deja de pertenecerle para convertirse en propiedad del
capitalista : cuando el ser humano trabaja su actividad o le pertenece ya, pertenece a
otro. En tercer lugar el ser humano se aliena con respecto a la Naturaleza desde el
momento en que la fuerza de trabajo ya no le sirve para relacionarse con ella, sino
para transformarla para crear un beneficio económico para el capitalista: la naturalaza
transformada por la fuerza de trabajo ya no pertenece al trabajador, sino que se
convierte en generadora de capital. Por último, el ser humano está alienado con
respecto a los otros hombres puesto que su trabajo ya no sirve para crear productos
sociales: el ser humano no trabaja ya para el resto de la especie, trabaja parta ganar
un salario y crear capital con lo cual el resto de los seres humanos se convierten en
competidores.

       Según Marx la fuente principal de la alienación es la propiedad privada,
entendida como propiedad privada de los medios de producción, es decir, como
aquella propiedad que genera plusvalía y por lo tanto capital. De esta forma, la única
manera de acabar con la situación de alienación será acabar con la propiedad privada.
La eliminación de la propiedad privada, por lo tanto, permitirá la humanización del
hombre. Para entender cómo se puede terminar con esta situación es necesario
primero analizar dos ideas claves en el pensamiento marxiano: la idea de dialéctica y
el materialismo histórico.


8.- DIOS.

       Si el motor de la historia del mundo es la lucha de clases, si el ser humano no
tiene ninguna esencia fuera de las relaciones sociales que entabla gracias a su
trabajo, entonces Dios no tiene cabida en el sistema marxista. Dios no existe y la
religión no es más que ideología, una forma ideológica de conciencia propia de la
clase dominante que se trata de imponer a toda la humanidad como un conocimiento
cierto y verdadero. Por eso es el opio del pueblo