LA VIRGEN MARIA, MADRE DE CRISTO Y MADRE DE by nwr27961

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									                   LA VIRGEN MARIA,
MADRE DE CRISTO Y MADRE DE LA IGLESIA

REFERENCIAS BIBLICAS:

                    El primer anuncio de salvación: Génesis 3, 14-15
                    La señal del Emmanuel: Isaías 7, 10-14
                    La anunciación: Lucas 1, 26-38
                    La visita a Isabel y el cántico de María: Lucas 1, 39-55
                    La concepción virginal de Jesús: Mateo 1, 18-25
                    La profecía de Simeón: Lucas 2, 33-35
                    Las bodas de Caná: Juan 2, 1-11
                    Al pie de la cruz: Juan 19, 25-27
                    A la espera del Espíritu: Actos 1, 13-14
                    La visión de la mujer y del dragón: Apocalipsis 12, 1-17


    Entre los bienaventurados que gozan ya de la visión de Dios, le corresponde el
lugar supremo a la Virgen María.

    Ella es el ideal vivo y eterno de la Iglesia, la creyente en quien ésta se halla como
sintetizada y realizada en su expresión más pura y perfecta. En efecto, desde que
Dios la elige como Madre de su Hijo hasta su asunción a los cielos, María cubre
todas las etapas —pasadas, actuales y futuras— de la Iglesia, y compendia en su
existencia personal cuanto la Iglesia entera recorre y ha de recorrer colectivamente
en el tiempo y luego en la eternidad.

  Sigamos brevemente los pasos de esta trayectoria eclesial completa de María.


a) La nueva Eva

   Predestinada en eternidad como Madre de Cristo, María aparece presagiada como
futura Eva en el primer anuncio de salvación: “Pondré enemistad entre ti y la mujer
y entre tu linaje y su linaje.” (Gén. 3, 15). Los padres de la Iglesia afirman con
frecuencia en sus escritos que así como la desobediencia e infidelidad de Eva
reportaron perdición y muerte a la humanidad, así María, por su respuesta de fe y
obediencia, se convirtió en causa de salvación y de vida junto a Cristo, el Salvador.


          Cuando Gabriel, el mensajero celeste, se hace presente en Nazareth para
       darle a conocer en nombre de Dios su elección como Madre del Mesías, ella
       pronuncia —como fruto, el más elegido de Israel, y en nombre de la Iglesia
       toda del Antiguo Testamento— el «hágase» que franquea la puerta de la
       historia al Salvador de los hombres.



b) La plenamente santa

   Pero, antes de hacerse hombre en María, Dios la hace digna de si forjándola con
lo más exquisito de su gracia todopoderosa: había de ser la creatura humana más
cercana a Dios, la que lograría el nivel más alto de comunión con Él, la más
alcanzada por su gracia salvadora.

   Por eso, Dios la redime de raíz, en el momento mismo en que comienza a existir.
La Iglesia afirma que ella, por singular privilegio de Dios y en atención a los méritos
de Jesús, fue preservada de la culpa original y hecha toda santa, al efecto de estar
en condiciones de disponibilidad perfecta para recibir a su Hijo en relación de Madre
y participar estrechamente en su misión salvadora.


c) La Madre virginal de Dios

  En Belén, María da a luz a Cristo. Y aquí tocamos su misterio medular: el de la
maternidad divina: María es Madre de Dios porque Aquel a quien comunicó la
naturaleza humana concibiéndolo, en la carne, por la virtud del Espíritu, gestándolo
en su seno y dándolo finalmente a luz es la Persona divina de Jesucristo.

   Pero la maternidad divina de María venía ensamblada con otro misterio de gracia:
la virginidad; los evangelistas Mateo y Lucas, al relatar los hechos de la infancia de
Jesús, testimonian que María concibió a su Hijo por obra del Espíritu Santo, sin
participación alguna de principio generador masculino. Este hecho significaba que
con Cristo se iniciaba un nuevo comienzo de las cosas, que El llegaba fuera de la
serie de acontecimientos que el hombre es capaz de producir, o sea, que venía
directamente de Dios y que era Hijo suyo. Pero, a la vez, la concepción virginal —
como luego el parto virginal y la perpetua virginidad— indicaba que María, cobijada
bajo la sombra del Espíritu, quedaba totalmente consagrada a Dios, en situación de
entrega exclusiva a su misión de colaboradora íntima de Cristo.


d) Acompañando a Cristo en la fe

   Pero la maternidad física, así fuera virginal, no era título que por sí solo hiciera a
María supremamente bienaventurada. Fue el don de Dios y la respuesta de fe y de
amor de María lo que dio significado pleno a ese misterio. En esa fe y en ese amor
está cifrado el destino incomparable con que ella escolta a Cristo durante su
existencia entera.
           Lo acompaña primeramente durante los años preparatorios de la infancia
       y de la vida oculta. Y cuando Jesús comienza a anunciar el Evangelio, ella va
       orillando su camino como humilde servidora del Siervo del Señor. Presente en
       las bodas de Caná, cuando Jesús realiza, a pedido de ella, el primer signo de
       su mesianidad, vuelve a aparecer cuando Jesús consuma su gesta salvadora.


e) Al pie de la cruz

   Tras un recorrido de renunciamiento y servicio que cubre toda su vida, María
escala el Calvario y asocia su compasión a la pasión de su Hijo. De este modo
participa supremamente en el misterio redentor, en íntima comunión de dolor y de
voluntad salvadora con Cristo. Sufre en su cuerpo y en su alma, inmola su
maternidad física, los vínculos de la carne y de la sangre, cuanto posee de más
querido e inalienable, consiente en el sacrificio de su Hijo y lo ofrece a Dios por la
salvación de los hombres.

   Pero ahora su parto admirable va a dilatarse y extenderse a toda la humanidad
redimida: Cristo, en la cruz, la llama con el apelativo de “Mujer” —en una misteriosa
evocación de la mujer del Génesis— mostrándola como nueva madre de los
vivientes: de esa humanidad que brota, con vida de Dios, de su costado abierto.


f) Acompañando a la Iglesia

  Después de la resurrección de Jesús, María está al lado de los apóstoles cuando
desciende el Espíritu prometido que la cobijara primeramente a ella en la
anunciación.

   Acompaña luego a la Iglesia incipiente, enseñándole, con la fe y el silencio de
siempre, a dar sus primeros pasos.


g) La asunción y la gloria

   Consumado el curso de su vida terrena, María es asunta a la gloria en cuerpo y
alma y se convierte en el “signo grande” (Apoc. 12, 1) del Pueblo de Dios.

    En su condición gloriosa de reina de los cielos y señora de gracia y
misericordia, María depara a la humanidad salvadora su valimiento maternal de
intercesora universal. Está presente junto a Jesucristo, el sumo Mediador, como una
súplica todopoderosa.

  A cuantos constituimos la Iglesia peregrinante, nos es lícito creer que ella, como
Madre de Cristo, ha de poder todo lo que quiere, y, como madre nuestra, ha de
querer para nosotros todo lo que puede.
           REFLEXION DE VIDA: MARIA, MODELO DE LA IGLESIA

  El itinerario existencial de la “llena de gracia” se ofrece, como un Evangelio vivo
de virtudes que constituyen fuente de inspiración y pauta de conducta para la
comunidad creyente. Reseñémoslas aquí brevemente, siguiendo los pasos del
Evangelio:
          Su humildad y simplicidad de espíritu: “Yo soy la servidora del Señor”
          (Lc. 1, 38).
          Su obediencia al plan de salvación: “Que se cumpla en mí lo que has
          dicho” (Lo. 1, 38).
          Su fe en la Palabra de Dios: “Feliz de ti por haber creído” (Lc. 1, 45).
          Su pureza virginal y consagrada: “El Espíritu Santo descenderá sobre
          ti” (Lc. 1,35).
          Su caridad y solicitud generosa durante el embarazo de Isabel:
         “Partió y fue sin demora... y permaneció con ella unos tres meses”
         (Lc.1, 39 y 56).
         Su reconocimiento y acción de gracias a Dios por los favores
         recibidos: “Mí alma canta la grandeza del Señor” (Lo. 1, 46-55).
         Su pobreza y desasimiento en Belén: “No había lugar para ellos en el
      albergue” (Lc. 2, 7).
         Su piedad sencilla en el ejercicio de la religión y de la Ley, en la
         circuncisión, presentación y en la fiesta de Pascua:
             - “Llegó el tiempo de circuncidar al Niño” (Lc. 2, 21).
             - “Cuando llegó el día en que debía purificarse, llevaron al Niño a
                 Jerusalén para presentarlo al Señor” (Lc. 2, 22).
             - “Sus padres Iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la
                 Pascua” (Lc. 2, 41).
         Su sabiduría reflexiva ante los signos de Dios: “Conservaba estas
          cosas y las meditaba en su corazón” (Lc. 2, 19 y 51).
         Su disponibilidad al sacrificio en la huida a Egipto: “Toma al niño y
         a su madre” (Mt. 2, 13).
         Su amor y solidaridad obediente de esposa: “Tu padre y yo te
         buscábamos angustiados” (Lc. 2, 48).
         Su solicitud delicada y providente con los amigos de Caná: “No
         tienen más vino” (Jn. 2, 3).
         Su desprendimiento y aceptación generosa en la hora en que
         Cristo da comienzo a su misión: “Hagan todo lo que él les diga” (Jn. 2,
         53).
         Su dolorosa fortaleza al píe de la cruz: “Estaba su madre” (Jn. 19,
         25).
          Su actitud oracional a la espera del Espíritu: “Todos ellos,
         íntimamente unidos, estaban consagrados a la oración, en compañía de
         María, la madre de Jesús” (Act. 1, 14).
             INICIACION LITURGICA: LAS FIESTAS MARIANAS

   Persuadida de que en María encuentra su canon de perfección, la Iglesia se siente
en actitud de aprendizaje filial ante ella, “vive marianamente” (M. Schmaus),
“aspirando el olor de sus perfumes” (Cant. 1, 3).
   En su propia liturgia expresa un empeño declarado por reproducir el recorrido
existencial de la Madre de Cristo, a fin de lograr junto a ella, el perfecto
cumplimiento del designio de gracia. Un breve ciclo mariano flanquea ~n devota
escolta al gran ciclo crístico:

   — La Inmaculada concepción: 8 de diciembre.
   — El nacimiento: 8 de septiembre.
   — La presentación: 21 de noviembre.
   — La anunciación: 25 de marzo.
   — La visitación: 31 de marzo.
   — La maternidad: 1º de enero.
   — La purificación: 2 de febrero.
   — La compasión: 15 de septiembre.
   — La asunción: 15 de agosto.
   — La realeza: 22 de agosto.

								
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