Italianos en la historia de Venezuela Giovanni Iannettone - PDF by ttt17043

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									Italianos en la historia de Venezuela

Giovanni Iannettone*




    L
           a historia de los italianos en Venezuela comienza con el
           descubrimiento mismo de aquel territorio. Incluso, no
           habiendo sido ni «conquistado ni colonizado por italia-
nos, ni habiendo llegado en masa en la época colonial ni durante
el siglo XIX y la primera mitad del XX, ellos imprimieron en el
país una huella cultural indeleble, gracias a un intercambio en
condiciones de empatía social, que favoreció la acogida de las
grandes oleadas de inmigrantes italianos que llegaron a Venezue-
la a partir de 1948 y que les permitió, ya desde entonces, integrar-
se fácilmente»1.
   Los italianos estuvieron presentes ya desde el inicio de la his-
toria de la moderna Venezuela; incluso más, ya «las primeras pá-
ginas de esta historia están llenas de nombres italianos»2. Colón,
Vespucio, Benzoni, Codazzi, Castelli: ya desde estos pocos nom-
bres se entiende cuán difícil sea decir cuándo empezó la inmigra-
ción italiana en Venezuela. La presencia italiana, en efecto, «está
ligada a la historia misma de Venezuela (pues hubo italianos pre-
sentes en el descubrimiento, la colonización, en la fundación de
ciudades; como así mismo en la independencia, en la república,
en la dictadura y la democracia)»3.
    El 1° de agosto de 1498, durante su tercer viaje, Colón vio por
––––––––
*
  Doctor en Historia de las Américas
1
  P. Cunill Grau, La presenza italiana in Venezuela, Turín, 1996, p. 1.
2
  G. Arciniegas, Il mare d’oro, Milán, 1966, p.19.
3
  M. Vannini, Entre la historia y la epopeya: los italianos en la forja de la na-
ción venezolana, en A. Filippi (comp.), Italia en Venezuela. Italia y los italia-
nos en la nacionalidad venezolana, Caracas, 1994, p. 170.

Ecclesia, XVII, n. 3, 2003 - pp. 367-381
368   Giovanni Iannettone


primera vez la costa de aquello que más tarde sería llamado Tie-
rra Firme; sin embargo, la tomó por una isla, a la que llamó Isla
de Gracia. El primer, inadvertido, desembarco en el continente
tiene lugar, por lo tanto, el 5 de agosto de 1498 en una parte no
precisada de la Península de Paria meridional. Colón, pese a igno-
rar completamente el hecho de encontrarse de frente a un conti-
nente del todo desconocido para los europeos, ya desde el inicio
tuvo la sospecha de haber llegado a una tierra mucho más extensa
de lo que pudiera ser cualquier isla. En otras palabras, percibió,
como ha escrito el gran intelectual venezolano Arturo Uslar Petri,
«un resplandor de inmensidad». Convencido de encontrarse cerca
de las Indias y del “fabuloso” Cipango pensó que había llegado,
por voluntad de Dios, a las puertas del Paraíso Terrenal. De frente
a los cursos de agua que desembocaban en la parte occidental de
la Isla de Gracia (hoy península de Paria), absolutamente maravi-
llado, escribió, en efecto: «Y si luego este agua no brota del Pa-
raíso resulta aún más maravilloso, porque no creo que se tenga
noticias, en todo el mundo, de un río tan grande y de tanta pro-
fundidad»4.
   La historia de Venezuela, continúa Uslar Petri –y de América,
añadimos nosotros– ha sido intensamente marcada por esta ima-
gen inicial. «La Tierra de Gracia es la puerta del Edén […] La
imagen que Colón presenta a Europa se caracteriza por estos dos
rasgos fundamentales: la misteriosa vastedad del paisaje y el
anuncio de un prodigio invisible pero que parece estar a punto de
manifestarse»5. Así, de la renuncia de Colón a entrar en conflicto
con la ortodoxia cosmográfica de la época, recurriendo al imagi-
nario religioso medieval y al mito del paraíso terrenal, nace tam-
bién el mito de América como tierra de la utopía.
   De una imagen a la otra: la apropiación de las tierras apenas
descubiertas tiene lugar, al principio, sobre todo por medio de
––––––––
4
  C. Colombo, Diario del terzo viaggio, en P. Collo - P.L. Crovetto (eds.), Nuo-
vo Mondo. Gli italiani (1492-1565), Turín, 1991, p. 65.
5
  A. Uslar Petri, Medio Milenio de Venezuela, Caracas, 1986, p. 373.
                                   Italianos en la historia de Venezuela   369


términos puestos en parangón. Exactamente un año después, en
1499, otro italiano, el noble florentino Américo Vespucio, asiduo
visitante de la casa de los Medici, de regreso de un viaje por aque-
llas tierras habló, por primera vez, de un “Mundo Nuevo”. En el
curso de la misma expedición, Vespucio, describiendo una aldea
indígena construida sobre pilotes, situada en la embocadura del
Golfo de Maracaibo, escribió que aquello le recordaba el paisaje
de Venecia: «Costeando sin parar la tierra […] terminamos por
entrar en un puerto donde encontramos una población fundada
sobre el agua, como Venecia»6.
   La imagen de una Pequeña Venecia evocada en estas líneas, y
en otra carta del mismo Vespucio7, se difundió rápidamente en
Europa hasta encontrar su materialización gráfica en el Mapa ela-
borado en el 1500 por el cartógrafo Juan de la Costa, que había
tomado parte en la misma expedición8, y donde por primera vez
se usa el topónimo Veneçuela (pequeña Venecia, en castellano
antiguo) para indicar el actual Golfo de Venezuela, entre la penín-
sula de Guajira y Paraguaná9.
   El topónimo perdió muy pronto su sentido de despreciativa
comparación; después de haberse vuelto autónomo respecto de su
origen, llega «a identificarse completamente con un objeto nue-
vo». Ya en la época de Felipe II la palabra ‘Venezuela’ «no evoca
más la histórica ciudad adriática. Este término no […] hace venir
––––––––
6
  A. Vespucci, Lettera di Amerigo Vespucci sulle isole nuovamente trovate in
quatro suoi viaggi, en P. Collo - P.L. Crovetto, op. cit., p. 243.
7
  Ibídem, p. 229.
8
  La expedición, que tuvo lugar en 1499 al mando de Alonso de Ojeda, «ex-
tiende los descubrimientos de Colón con la exploración de todo el litoral vene-
zolano a partir de las playas de la Guyana o, más exactamente, desde el punto
que hoy corresponde –aproximadamente– a la desembocadura del río Coppe-
name, en el Surinam, hasta la península de Guajira. Los resultados cartográfi-
cos de la exploración fueron registrados en el célebre mapa de Juan de la Cosa,
diseñado en el 1500, el primer Mapa Mundi del universo conocido donde apa-
rece el continente americano». P. Cunill Grau, op. cit., p. 18.
9
  Ibidem, p. 20
370    Giovanni Iannettone


a la mente el recuerdo de canales y edificios de mármol sino, más
bien, una visión selvática de cadenas montañosas, llanos y gran-
des ríos»10. Durante los siglos XVI y XVII el término fue adqui-
riendo un sentido cada vez más extenso. Usado al principio para
indicar el golfo más importante del país, pasó, luego, a indicar la
totalidad del territorio venezolano; primero con el empleo de ex-
presiones del tipo ‘Gobernación de Venezuela’ o ‘Provincia de
Venezuela’, hasta la creación de la ‘Capitanía General de Vene-
zuela’ (1777), y luego, con la proclamación, a principios del siglo
XIX, de la República de Venezuela11.
    En los años inmediatamente sucesivos, la presencia italiana en
el Nuevo Mundo, en general, y en Venezuela, en particular, con-
tinuó siendo, si bien no muy numerosa, indudablemente relevan-
te. Entre 1535 y 1538 se encontraban en las Indias seis originarios
del Reino de Nápoles, dos del Estado de Milán, tres del Reino de
Sicilia, uno de Luca, uno de Florencia, catorce de Génova, uno de
Turín, otro del Piamonte (sin ulteriores especificaciones) y uno de
Cremona12. Pueden parecer pocos; sin embargo, hay que tener
presente las restrictivas leyes que regulaban el ingreso de extran-
jeros en América y, por lo tanto, el hecho que ésa es la lista de los
pasajeros oficiales o, lo que es lo mismo, «las excepciones con-
sentidas en favor de Estados italianos sujetos a España (Nápoles,
Sicilia, Milán) o ligados a España por fuertes vínculos (por ejem-
plo, Génova)»13. Todo lo cual nos debe hacer suponer, como
Ruggero Romano advierte, un número al menos igual de “clan-
destinos”. En otras palabras, la presencia italiana, si bien inferior
a la española y portuguesa, siguió siendo superior a la de todos
los demás países europeos.
     Había italianos, por lo tanto, en las tierras apenas descubiertas
––––––––
10
   A. Uslar Petri, op. cit., p. 355.
11
   P. Cunill Grau, El universo euroamericano y la presencia italo-venezolana,
en A. Filippi, op. cit., p. 58
12
   R. Romano, Europa e altri saggi di storia, Roma, 1996, p. 145.
13
   Ibídem, p. 145
                                 Italianos en la historia de Venezuela   371


y en proceso de ser colonizadas, y algunos de ellos desarrollaron
importantes tareas. Ya en los años veinte del siglo XVI el comer-
ciante y pescador de perlas genovés Iacopo Castiglioni, o Jácome
de Castellón, realizó la primera fortaleza del continente en la dese-
mbocadura del río Cumaná (el actual Manzanares). La fortaleza
de Santa Cruz de la Vista, ese es su nombre, fue construida en
1523 especialmente para proteger la isla de Cubagua y la explota-
ción de los bancos perlíferos –que allí cultivaba Castiglioni desde
principios del 1500– de las incursiones de los filibusteros. Casti-
glioni, incluso, obtiene del propio Carlos V, en 1528, el nombra-
miento de gobernador de la fortaleza (que después fue destruida
por un terremoto en 1530). En Cubagua también vivían otros ita-
lianos e hijos de italianos, entre ellos el noble milanés Luigi Lam-
pognano, conocido también con el nombre de Luis de Lampiñán,
a quien viene concedida, en 1529, la licencia para recoger perlas
con el método de ‘pesca por arrastre’14.
   Los italianos, si bien no muy numerosos, también contribuye-
ron, de un modo más o menos significativo, en las exploraciones
de conquista y colonización de la Tierra Firme durante el período
de la administración Welser (1528-1545). Un “formidable viajero
florentino”, Galeotto Cei, participó en la expedición de Juan de
Carvajal –en la que también participó otro aventurero italiano,
amigo de Cei, Luigi Tani– que terminó con la fundación, el 31 de
octubre de 1545, de El Tocuyo; la “ciudad madre”, de la que des-
pués arrancó todo el proceso de colonización: Quibor, Barquisi-
meto, Borburata, Cubiro, Guárico, Trujillo, Valencia, Caracas15.
   Entre los conquistadores y colonizadores de Venezuela un rol
de notable importancia tuvo –ya desde su llegada a la provincia
de Venezuela, con la expedición de Jorge de Espira– el veneciano
de noble familia Francesco Graterolo. Después de haber estado en
1522 –al lado de Juan de Villegas– entre los fundadores de Nueva
––––––––
14
  P. Cunill Grau, La presenza italiana, cit., p. 26.
15
   A. Filippi, Historia y razones de la italo-venezolanidad, en A. Filippi
(comp.), cit., p. 17.
372    Giovanni Iannettone


Segovia de Barquisimeto, en 1558 participó en la expedición de
Francisco Ruiz, que llevó a la refundación y a la repoblación de
Trujillo. Todo lo cual le significó la asignación de una encomien-
da en la misma región. Sus numerosos descendientes castellaniza-
ron el apellido –ahora Graterol– y llegaron a ocupar posiciones
importantes en la vida política y social de Venezuela16.
    En su Historia de la conquista y de la población de la provin-
cia de Venezuela, José Oviedo y Baños también habla de una par-
ticipación italiana en la expedición de Diego de Losada del año
1567, que se concluye con la fundación de la ciudad de Santiago
de León de los Caracas (la actual Caracas). Además de Agostino
de Ancona –que más tarde, entre 1568 y 1575, participó en la
fundación de Carabellada y en la pacificación de Los Teques17–
también tomaron parte, según nos informa Hermano María Necta-
rio, el romano Bernardo Mase y el genovés Francesco Mase18.
Agostino de Ancona, «hombre culto, que gozaba del pleno respe-
to y confianza de la naciente comunidad venezolana»19 fue, entre
otras cosas, elegido, en abril de 1565, traductor y mediador en las
negociaciones con el pirata John Hawkins, que amenazaba al
puerto de Borburata del que Ancona era procurador. Más tarde,
además, fue nombrado Alguacil Mayor de Caracas.
    De un italiano a otro. El milanés Girolamo Benzoni arribó
clandestinamente en la Costa de las Perlas –como venía llamado
el triángulo formado por Cubagua, la isla de Margarita y la Tierra
Firme venezolana– hacia fines de 1541 y comienzos de 1542. De-
jó la región venezolana en 1543, aunque siguió viajando por mu-
cho tiempo por las tierras del Nuevo Mundo (catorce años, según


––––––––
16
   P. Cunill Grau, La presenza italiana, op. cit., p. 36; Fundación Polar, Diccio-
nario de historia de Venezuela, Caracas, 1992, v. II, p. 359.
17
   G. D’Angelo, Il viaggio, il sogno, la realtà. Per una storia dell’emigrazione
italiana in Venezuela. 1945-1990, Salerno, 1995, p. 110.
18
   Cit. en P. Cunill Grau, La presenza italiana, cit., p. 37.
19
   Ibídem
                                    Italianos en la historia de Venezuela    373


su propia confesión20). De vuelta en Italia escribió el relato deta-
llado de su viaje por las Indias. La Historia del Mundo Nuevo –
título de su crónica, durísimo pamphlet contra los métodos adop-
tados por los españoles en el proceso de conquista y evangeliza-
ción de los indios– fue el «último escrito de relieve, en la literatu-
ra del siglo XVI dedicado a América, que nacía de una directa
experiencia de viaje»21. «Habiendo leído –escribía Benzoni– las
Historias que los españoles han escrito de las empresas que han
llevado adelante en estos países, pienso que en algunas cosas se
han elogiado a sí mismos un poco más de lo que conviene; en
especial, cuando dicen que son dignos de gran consideración
porque han convertido y hecho Cristianos a todos los pueblos y
naciones por ellos conquistados y subyugados en las Indias»22.
    La obra de Benzoni fue importante porque simbolizó –según
las palabras de R. Romeo, en especial tomando en cuenta el clima
de general conformismo filoespañol– «la protesta de la conciencia
italiana contra las atrocidades de la conquista»23. A pesar de la
acusación, o quizás precisamente en razón de ella, los españoles
lo acusaron de ser (no sin algo de razón) hereje y luterano; sin
embargo –y aun en el caso que «toda la parte histórica de Benzoni
[fuese] copia fiel, glosa o plagio más o menos fidedigna y desca-
rada de la Historia de las Indias Nuevas de Gómara»24– la Histo-
ria del Mundo Nuevo, impresa por primera vez en Venecia en
1556, tuvo un sorprendente éxito editorial: entre los siglos XVI y
XVII tuvo treinta y dos ediciones fuera de Italia (casi todas en
países protestantes y ninguna en lengua española)25.

––––––––
20
   G. Benzoni, Historia del Mondo Nuovo, en P. Collo - P.L. Crovetto, op. cit.,
1991, p. 585.
21
   R. Romeo, Le scoperte americane nella coscienza italiana del Cinquecento,
Roma-Bari, 1989, p. 89.
22
   G. Benzoni, op. cit., p. 585.
23
   R. Romeo, op. cit., p. 89.
24
   R. Porras Barrenechea, Los viajeros italianos en el Perú, Lima, 1957, p. 34.
25
   Istituto dell’Enciclopedia Italiana, Dizionario biografico degli italiani, Ro-
374    Giovanni Iannettone


   A inicios del siglo XVII, entre 1606 y 1611 –según la Relación
de Estranjeros redactada por Sancho de Alquiza, Gobernador de
la provincia– se encontraban en Venezuela, oficialmente, los si-
guientes italianos: «Giovanni Cesaro, casado, residente en Santia-
go de León desde hace 15 años; Benito Boacio, genovés, célibe,
pastelero, residente desde hace un año; Giovanni Baez, genovés,
casado, residente desde hace 15 años en Coro; Francesco Donato,
napolitano, célibe, residente en El Tocuyo; Lorenzo Griman, ve-
neciano, casado, residente desde hace 25 años en Barquisimeto»26.
    Naturalmente, como decíamos, son cifras incompletas por la
falta de datos acerca del número de “clandestinos”, de los que es
difícil encontrar algún indicio en los documentos oficiales. La
presencia italiana, en efecto, fue seguramente «mucho más fuerte
en los centros provinciales, donde se prefería vivir ilegalmente
gracias a la ayuda de autoridades tolerantes»27. En todo caso, la
llegada de italianos durante todo el siglo XVII fue «reducida e in-
termitente»28 y a menudo se limitaba a funcionarios de la Corona
procedente de los dominios italianos de España.
    A pesar de las cifras, también en el siglo XVII la contribución
italiana fue relevante, sobre todo en el campo de las fortificacio-
nes militares en las Antillas y en la Guyana. Ya hemos citado el
caso de Iacopo Castiglione, que en 1523 construyó la primera for-
taleza del continente. Aún más importante fueron las obras reali-
zadas por los Antonelli. Esta familia italiana de ingenieros milita-
res «difundió por la costa caribeña, por tres generaciones y en un
arco de sesenta años, el sistema de fortificación a bastiones de in-
vención italiana, con monumentales obras edificadas […] en
Puerto Rico, La Habana, San Domingo, San Juan de Ulúa, Porto-
belo, Chagres, Panamá, Cartagena de Indias y en las salinas de

––––––––
ma, v. 2, p. 733.
26
   A. Filippi, Historia y razones, cit., p. 19.
27
   P. Cunill Grau, La presenza italiana, cit., p. 37.
28
   Ibídem, p.38
                                  Italianos en la historia de Venezuela   375


Araya»29.
    Baptista Antonelli, acompañado por el hijo Giovan Battista,
llegó por primera vez a las salinas de Araya en 1604. Después de
haberlas inspeccionado atentamente y haber considerado la even-
tual ubicación de la fortaleza, desaconsejó su construcción y se
trasladó a la isla de Margarita, donde, por encargo del gobernador
Fadrique Cáncer, se ocupó de la defensa de la isla. En 1622, sin
embargo, después del enésimo ataque de los corsarios holandeses,
Felipe IV finalmente ordenó que se construyera la fortaleza y el
encargo le fue confiado a Giovan Battista Antonelli, hijo de Bat-
tista, y a su tío, Cristoforo Roda Antonelli. La construcción del
fuerte, iniciada en 1623, duró cerca de veinte años. El castillo de
Santiago del Arroyo de Araya –ése era su nombre, y estaba «do-
tado de artillería y de una guarnición de cien soldados»30 fue, más
tarde, en 1762, destruido por los españoles.
    A partir de estas breves indicaciones, resulta evidente que los
italianos que llegaron a las costas de Venezuela durante el largo
período de la colonia desarrollaron las actividades más variadas.
Aparte de los ya citados, hubo orfebres, como el genovés Giovan
Baptista della Croce (que pidió ser naturalizado en 1776); comer-
ciantes, como el también genovés Giovanni Cereso; exponentes
de la aristocracia siciliana como los Del Pozzo; el padre, Giusep-
pe, que llega en calidad de Contador de parte del rey de España y
el hijo Carlos, y que en la apartada Calabozo logró llevar a cabo
una serie de experimentos en el campo de la física que el mismo
Alexander von Humboldt, que lo había conocido durante uno de
sus viajes por las tierras del equinocio, consideró asombrosos.
Junto a ingenieros famosos, los Antonelli, pasaron por las tierras
de Venezuela médicos verdaderos –o presuntos. Al primer grupo
pertenecieron, sin duda, Giovanni Maza, «farmacéutico y cirujano
palermitano, […] Francesco Fonte, palermitano, uno de los médi-
––––––––
29
  Ibídem, p. 42
30
  M. Lucena Salmoral, Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios en Améri-
ca. Perros mendigos y otros malditos del mar, Madrid, 1992, pp. 143-144.
376    Giovanni Iannettone


cos más estimados durante el período colonial, que antes que na-
die tuvo la idea de instituir una cátedra de medicina»31. Y Fran-
cesco Bani, que desde 1778 trabajó en el Real Hospital de Puerto
Cabello; o Angelo Soliaga Pamphili, médico personal del obispo
Antonio Gonzales de Acuña.
   Tiene razón G. D’Angelo cuando escribe que «la impresión
que se tiene, ya del simple elenco de los italianos presentes en
Venezuela hasta finales del siglo XVIII, es que ellos constituían
[…] un grupo de aventureros, de hombres en busca de fortuna
[…]. Los italianos participaron en la conquista casi a título indi-
vidual, cada uno cuidando de sus propios intereses inmediatos y
particulares»32. Todo lo cual resulta bastante obvio, tomando en
cuenta que por aquella época Italia era, según una fórmula que
llegará a ser famosa después de algún tiempo, sólo una expresión
geográfica33.
    Diversa será la situación a principios del siglo XIX. Aparte de
la influencia que Italia ejerció en el imaginario político de los dos
héroes de la independencia venezolana, Simón Bolívar y Francis-
co de Miranda, no fueron pocos los italianos que, ya desde el
primer momento, participaron en la guerra de independencia de
España. El hijo de un inmigrado milanés, Juan Germán Roscio, y
un piamontés naturalizado español, Francesco Isnardi, estuvieron
entre los redactores del acta de Independencia y de proclamación
de la República del 5 de julio de 1811. Isnardi, ya conocido como
publicista político –había sido uno de los mayores difusores de las
ideas liberales por medio de folletos y octavillas y, desde 1811,
con la fundación de periódicos como el “Mercurio Venezolano”,
––––––––
31
   G. D’Angelo, op. cit., p. 111.
32
   Ibídem.
33
   Diversa era la situación de los religiosos italianos, cuya residencia en las In-
dias durante el período colonial fue mucho menos esporádica, desorganizada e
individual; sólo que sería al menos impropio hacer coincidir la ‘organización’ a
la que pertenecían y los ‘intereses’ que defendían con un inexistente Estado ita-
liano. Para una lista sintética de los religiosos italianos en Venezuela durante la
colonia, véase P. Cunill Grau, La presenza italiana, cit., pp. 47-56.
                                     Italianos en la historia de Venezuela    377


“El Publicista de Venezuela” y “La Gaceta de Caracas”– fue uno
de los principales ideólogos de la primera fase de la lucha por la
independencia. Arrestado en 1812, posteriormente fue exiliado a
España34.
    Numerosos italianos fueron denunciados y procesados por alta
traición al momento de la caída de la Primera República, en 1811;
es suficiente con citar los casos de Bartolomeo Gandolfo, en Ca-
racas, y el de Francesco Baroni, en Areo. Otros murieron por la
causa de la independencia de Venezuela. Según lo que ha escrito
la historiadora Marisa Vannini de Gerulewicz, de los trece italia-
nos que llegaron a Venezuela en 1816, once perdieron la vida en
tierra venezolana, como el coronel Passoni, que murió en El
Sombrero, o Manfredo Berzolari, que perdió la vida en Valen-
cia35.
    Un diferente destino, ciertamente mejor, tuvieron otros dos ita-
lianos: Carlo Luigi Castelli y Agostino Codazzi. El piamontés
Castelli, después de haber luchado a lo largo de toda la segunda
fase de la guerra por la independencia, alcanzó el grado de gene-
ral en 1830. Hábil político, además de óptimo oficial, fue en di-
versas ocasiones ministro de Guerra en la neonata República ve-
nezolana y su cuerpo descansa en el Panteón Nacional, junto a los
demás héroes de la revolución36. Castelli también fue promotor,
en los años 40 del siglo XIX, de un proyecto de colonización in-
terior de Venezuela con inmigrantes italianos, que desafortuna-
damente –incluso para él, que había invertido sus propios aho-
rros– fracasó a causa del naufragio del barco37.

––––––––
34
   Fundación Polar, op. cit., v. II, pp. 589-590.
35
   M. Vannini de Gerulewicz, Italia y los italianos en la historia y en la cultura
de Venezuela, Caracas, 1966, pp. 411-414.
36
   Fundación Polar, op. cit., v. II, pp. 616-617.
37
   «Castelli, que había recibido cuatro mil pesos del gobierno venezolano para
la organización de esta empresa, quiso restituir la suma integralmente, asu-
miendo todas las pérdidas. De haber tenido éxito, se habría tratado del primer
intento de inmigración organizada en Venezuela, anterior a la de Agostino Co-
378   Giovanni Iannettone


    Un capítulo aparte merecería Agostino Codazzi, el “fundador
de la geografía nacional” venezolana y prácticamente desconoci-
do en Italia. Obras como el Resumen de la geografía de Venezue-
la, Mapa general de Venezuela y Atlas físico y político de la Re-
pública son «hasta hoy día fundamentales para el conocimiento
geográfico (en el sentido amplio: mineralógico, geológico, botá-
nico)»38 de Venezuela. Codazzi, antes de revolucionar la geogra-
fía de Venezuela, Colombia y Ecuador, contribuyó activamente
en la guerra de Independencia de estos países, primero como cor-
sario y luego al servicio de la Gran Colombia. También los restos
de Codazzi descansan en el Panteón de la Nación, en Caracas.
    Numerosos italianos, además de los ya citados, han contribui-
do de diferente modo a la construcción de la moderna Venezuela.
Pese a que fueron numéricamente pocos los italianos que decidie-
ron emigrar a Venezuela en el período de la gran migración de fin
de siglo39, ellos «penetraron profundamente la nacionalidad vene-
zolana»40. Por ejemplo, geógrafos y viajeros émulos de Codazzi,
como el ingeniero florentino Giuseppe Orsi de Mombello, cuya
contribución a la exploración y al conocimiento de la Guyana
Oriental venezolana fue, hacia finales del siglo XIX, fundamen-
tal; o Ermanno Stradelli, que exploró la cuenca central venezola-
na del Orinoco; hasta Ricardo Razetti (1864-1939)41 que dio «una
––––––––
dazzi, y habría sido llevada a cabo con ciudadanos italianos» (M. Vannini, En-
tre la historia y la epopeya, cit., p. 168).
38
   R. Romano, op. cit., p. 150.
39
   En el primer censo de la República de Venezuela, realizado en 1873, los ita-
lianos estaban incluidos en el grupo de los 95 extranjeros de ‘otra nacionali-
dad’. Las memorias del Ministerio del Desarrollo informan que entre 1873 y
1877 llegaron a Venezuela 2.764 italianos. El primer censo del siglo XX, reali-
zado en 1920, indicaba la presencia de 2.084 italianos. Datos tomados de M.
Vannini, I primi documenti della immigrazione italiana nel Venezuela (secolo
XIX), en V. Blengino - E. Franzina - A. Pepe (eds.), La riscoperta delle Ameri-
che. Lavoratori e sindacato nell’emigrazione italiana in America Latina 1870-
1970, Milán, 1994, p. 432.
40
   M. Vannini, Entre la historia y la epopeya, cit., p. 172.
41
   Hijo del comerciante genovés Luigi Razetti y de la venezolana Emeteria
                                  Italianos en la historia de Venezuela   379


contribución fundamental al trazado de la topografía estructural y
morfológica de la capital venezolana»42.
   Con Razetti ya estamos en el ámbito de la primera generación
de italianos nacidos en Venezuela, categoría a la que también per-
tenecen Alberto Adriani y Giuseppe Antonio Tagliaferro, quizás
los personajes de mayor relieve nacidos en la comunidad italiana
de Venezuela en el siglo XX. Ambos hijos de italianos, contribu-
yeron notablemente, con sus intervenciones en el Parlamento y en
la prensa43, a la modificación de la política inmigratoria del go-
bierno venezolano, animando –al contrario de cuanto sucedió a
principios del siglo, cuando se privilegió la inmigración proce-
dente de Asia, África y las Antillas– la colonización interior con
inmigrantes procedentes de Europa.
    Fue justo este marco ideológico, profundamente empapado de
las ideas de Adriani, el que favoreció –sobre todo en los años in-
mediatamente sucesivos a la Segunda guerra mundial– la llegada
a Venezuela de millares de inmigrados italianos44. Ya se había ve-
rificado una primera oleada migratoria italiana hacia finales del
siglo XIX, aunque limitada a unas pocas regiones de la Italia cen-
tral (Toscana: Livorno e Isla de Elba, en especial) y fue más una
consecuencia de vínculos comerciales preexistentes que de un re-
al flujo migratorio. Se trató, en otras palabras, de un fenómeno
irrelevante, tanto en lo que se refiere a la historia de la emigración
italiana en Venezuela como a la historia de la emigración italiana
de finales del siglo XIX, evento de bien diversas proporciones45.

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Martínez Sanz, y hermano del conocido médico Luigi Razetti.
42
   P. Cunill Grau, La presenza italiana, cit., p. 228.
43
   Tagliaferro fue senador y presidente de la Asamblea Nacional en 1920 y
Adriani ministro de Agricultura y Ganadería en 1936, durante el gobierno de
Eleazar López Contreras.
44
   G. D’Angelo, op. cit.; C.Y. Chen - M. Picouet, Migración internacional en
Venezuela: evolución y características socio-demográficas, en M.M. Kritz,
Migraciones internacionales en las Américas, Caracas, 1980, pp. 41-62.
45
   «Entre 1861 y 1940 hubo 20.240.000 expatriaciones y una emigración neta
380   Giovanni Iannettone


    Según las estadísticas oficiales, recogidas por Susan Berglund
y Humberto Hernández Calimán, la cifra de extranjeros que llegó
a Venezuela en 1948 fue de 71.168, hasta alcanzar 150.361 en
1957. El porcentaje correspondiente a los italianos fue del 27,5%
en 1948; del 35,5% en 1951; del 34,3% en 1955; del 16,2% en
1958; y del 183% en 196146. Hasta ese momento, los inmigrantes
italianos censados eran 121.73347.
   Entre estos italianos, más o menos anónimos, muchos han lo-
grado adquirir, con el tiempo, una discreta seguridad económica y
social; otros se han distinguido en la fundación de industrias y
empresas, que «han contribuido al desarrollo del país, dando un
impulso determinante y positivo a la creación de decorosas y es-
tables fuentes de trabajo para el venezolano»48. Sin embargo, qui-
zás es conveniente recordar que no todos los italianos que llega-
ron a Venezuela hicieron fortuna. Según algunas estadísticas del
Instituto Agrario Nacional, de los 38.107 italianos que llegaron a
Venezuela entre 1949 y 1960, 16.912 dejaron el país en el mismo
lapso de tiempo; es decir, más del 40%. Una situación análoga se
produjo en los años sucesivos. Algunos índices estadísticos, ela-
borados en Venezuela entre 1964 y 1973, indican que durante este
período, frente a los 160.332 italianos que entraron a Venezuela,
170.045 fueron los que la abandonaron49.
   Ahora que la inmigración italiana en Venezuela puede consi-
derarse conclusa, sin duda se debe afirmar que entre aquellos que
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de 7.683.000 de personas». R. Romano, Lavoro, storia del lavoro, storia
dell’emigrazione, en Europa e altri saggi di storia, Roma, 1996, p. 136. De es-
tos italianos, sólo algunos miles desembarcó en las costas venezolanas, mien-
tras que en Argentina y Brasil superaron el millón y en Estados Unidos los dos
millones. M. Vannini, Entre la historia y la epopeya: los italianos en la forja
de la nación venezolana, en A. Filippi (comp.), Italia en Venezuela, cit., pp.
170-171.
46
   Cit. da M. Vannini, Entre la historia y la epopeya, cit., p. 175.
47
   P. Cunill Grau, La presenza italiana, cit., p. 7.
48
   Cit. da M. Vannini, Entre la historia y la epopeya, cit., p. 176.
49
   Ibídem.
                                   Italianos en la historia de Venezuela   381


llegaron a Venezuela como emigrantes (y no como viajeros), jun-
to a sus descendientes, hubo quienes lograron alcanzar una posi-
ción de relieve en muchas de las actividades de la vida económica
y social de ese país. A ellos queremos dedicar este ensayo; a
aquellos italianos que, una vez fuera de Italia, han sabido superar
–como Silvio Lanaro ha escrito– «los confines de la aldea o del
poder en que han nacido, para llegar a experimentar un sentimien-
to, no siempre naïf, de hermandad moral y espiritual con todos los
habitantes de la península y de afecto hacia el país de origen»50.
    Estas pocas notas están dedicadas a ellos y a todos esos otros
italianos (entre 1861 y 1965 han partido de Italia 25.861.990 in-
dividuos) que con sus remesas monetarias «han contribuido, por
el valor de millones de liras-oro, a la formación de la base indus-
trial italiana». Recordar sus historias es, para nosotros, un modo
de recordar a una «Italia vulgar y ‘rica’ […] (los nuevos ricos
siempre tienen la memoria corta) que ella ha salido del hambre y
de la miseria no sólo por mérito indiscutible de los italianos que
se han quedado en la patria sino, ‘también’, por mérito de aque-
llos que han emigrado»51.
                                  (Traducción de Rodrigo Frías Urrea)




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50
    S. Lanaro, Da contadini a Italiani, en P. Bevilacqua (ed.), Storia
dell’agricoltura italiana in età contemporanea, Venecia, 1991, v. III, p. 949.
51
   R. Romano, op. cit., p. 155.

								
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