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Salve_ fecunda zona - ¡Salve_ fecunda zona_

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Salve_ fecunda zona - ¡Salve_ fecunda zona_ Powered By Docstoc
					              LITERATURA MEXICANA E IBEROAMERICANA (VHVJ)                                          1
          Agricultura de la zona tórrida                 desmaya al peso de su dulce carga;
                   Andrés Bello                          el banano, primero
     ¡Salve, fecunda zona,                               de cuantos concedió bellos presentes
     que al sol enamorado circunscribes                  Providencia a las gentes
     el vago curso, y cuanto ser se anima           55   del ecuador feliz con mano larga.
     en cada vario clima,                                No ya de humanas artes obligado
5    acariciada de su luz, concibes!                     el premio rinde opimo;
     Tú tejes al verano su guirnalda                     no es a la podadera, no al arado
     de granadas espigas; tú la uva                      deudor de su racimo;
     das a la hirviente cuba;                       60   escasa industria bástale, cual puede
     no de purpúrea fruta, o roja, o gualda,             hurtar a sus fatigas mano esclava;
10   a tus florestas bellas                              crece veloz, y cuando exhausto acaba,
     falta matiz alguno; y bebe en ellas                 adulta prole en torno le sucede.
     aromas mil el viento;                               Mas ¡oh! ¡si cual no cede
     y greyes van sin cuento                        65   el tuyo, fértil zona, a suelo alguno,
     paciendo tu verdura, desde el llano                 y como de natura esmero ha sido,
15   que tiene por lindero el horizonte,                 de tu indolente habitador lo fuera!
     hasta el erguido monte,                             ¡Oh! ¡si al falaz rüido,
     de inaccesible nieve siempre cano.                  la dicha al fin supiese verdadera
       Tú das la caña hermosa,                      70   anteponer, que del umbral le llama
     de do la miel se acendra,                           del labrador sencillo,
20   por quien desdeña el mundo los panales;             lejos del necio y vano
     tú en urnas de coral cuajas la almendra             fasto, el mentido brillo,
     que en la espumante jícara rebosa;                  el ocio pestilente ciudadano!
     bulle carmín viviente en tus nopales,          75   ¿Por qué ilusión funesta
     que afrenta fuera al múrice de Tiro;                aquellos que fortuna hizo señores
25   y de tu añil la tinta generosa                      de tan dichosa tierra y pingüe y varia,
     émula es de la lumbre del zafiro.                   el cuidado abandonan
     El vino es tuyo, que la herida agave                y a la fe mercenaria
     para los hijos vierte                          80   las patrias heredades,
     del Anáhuac feliz; y la hoja es tuya,               y en el ciego tumulto se aprisionan
30   que, cuando de süave                                de míseras ciudades,
     humo en espiras vagorosas huya,                     do la ambición proterva
     solazará el fastidio al ocio inerte.                sopla la llama de civiles bandos,
     Tú vistes de jazmines                          85   o al patriotismo la desidia enerva;
     el arbusto sabeo,                                   do el lujo las costumbres atosiga,
35   y el perfume le das, que en los festines            y combaten los vicios
     la fiebre insana templará a Lico.                   la incauta edad en poderosa liga?
     Para tus hijos la procera palma                     No allí con varoniles ejercicios
     su vario feudo cría,                           90   se endurece el mancebo a la fatiga;
     y el ananás sazona su ambrosía;                     mas la salud estraga en el abrazo
40   su blanco pan la yuca;                              de pérfida hermosura,
     sus rubias pomas la patata educa;                   que pone en almoneda los favores;
     y el algodón despliega al aura leve                 mas pasatiempo estima
     las rosas de oro y el vellón de nieve.         95   prender aleve en casto seno el fuego
     Tendida para ti la fresca parcha                    de ilícitos amores;
45   en enramadas de verdor lozano,                      o embebecido le hallará la aurora
     cuelga de sus sarmientos trepadores                 en mesa infame de ruinoso juego.
     nectáreos globos y franjadas flores;                En tanto a la lisonja seductora
     y para ti el maíz, jefe altanero              100   del asiduo amador fácil oído
     de la espigada tribu, hincha su grano;              da la consorte; crece
50   y para ti el banano                                 en la materna escuela

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      de la disipación y el galanteo                  155   ¿O la virtud amáis? ¡Ah, que el retiro,
      la tierna virgen, y al delito espuela                 la solitaria calma
105   es antes el ejemplo que el deseo.                     en que, juez de sí misma, pasa el alma
      ¿Y será que se formen de ese modo                     a las acciones muestra,
      los ánimos heroicos denodados                         es de la vida la mejor maestra!
      que fundan y sustentan los estados?             160   ¿Buscáis durables goces,
      ¿De la algazara del festín beodo,                     felicidad, cuanta es al hombre dada
110   o de los coros de liviana danza,                      y a su terreno asiento, en que vecina
      la dura juventud saldrá, modesta,                     está la risa al llanto, y siempre, ¡ah! siempre
      orgullo de la patria, y esperanza?                    donde halaga la flor, punza la espina?
      ¿Sabrá con firme pulso                          165   Id a gozar la suerte campesina;
      de la severa ley regir el freno;                      la regalada paz, que ni rencores
115   brillar en torno aceros homicidas                     al labrador, ni envidias acibaran;
      en la dudosa lid verá sereno;                         la cama que mullida le preparan
      o animoso hará frente al genio altivo                 el contento, el trabajo, el aire puro;
      del engreído mando en la tribuna,               170   y el sabor de los fáciles manjares,
      aquel que ya en la cuna                               que dispendiosa gula no le aceda;
120   durmió al arrullo del cantar lascivo,                 y el asilo seguro
      que riza el pelo, y se unge, y se atavía              de sus patrios hogares
      con femenil esmero,                                   que a la salud y al regocijo hospeda.
      y en indolente ociosidad el día,                175   El aura respirad de la montaña,
      o en criminal lujuria pasa entero?                    que vuelve al cuerpo laso
125   No así trató la triunfadora Roma                      el perdido vigor, que a la enojosa
      las artes de la paz y de la guerra;                   vejez retarda el paso,
      antes fió las riendas del estado                      y el rostro a la beldad tiñe de rosa.
      a la mano robusta                               180   ¿Es allí menos blanda por ventura
      que tostó el sol y encalleció el arado;               de amor la llama, que templó el recato?
130   y bajo el techo humoso campesino                      ¿O menos aficiona la hermosura
      los hijos educó, que el conjurado                     que de extranjero ornato
      mundo allanaron al valor latino.                      y afeites impostores no se cura?
        ¡Oh! ¡los que afortunados poseedores          185   ¿O el corazón escucha indiferente
      habéis nacido de la tierra hermosa,                   el lenguaje inocente
135   en que reseña hacer de sus favores,                   que los afectos sin disfraz expresa,
      como para ganaros y atraeros,                         y a la intención ajusta la promesa?
      quiso Naturaleza bondadosa!                           No del espejo al importuno ensayo
      romped el duro encanto                          190   la risa se compone, el paso, el gesto;
      que os tiene entre murallas prisioneros.              ni falta allí carmín al rostro honesto
140   El vulgo de las artes laborioso,                      que la modestia y la salud colora,
      el mercader que necesario al lujo                     ni la mirada que lanzó al soslayo
      al lujo necesita,                                     tímido amor, la senda al alma ignora.
      los que anhelando van tras el señuelo           195   ¿Esperaréis que forme
      del alto cargo y del honor ruidoso,                   más venturosos lazos himeneo,
145   la grey de aduladores parasita,                       do el interés barata,
      gustosos pueblen ese infecto caos;                    tirano del deseo,
      el campo es vuestra herencia; en él gozaos.           ajena mano y fe por nombre o plata,
      ¿Amáis la libertad? El campo habita,            200   que do conforme gusto, edad conforme,
      no allá donde el magnate                              y elección libre, y mutuo ardor los ata?
150   entre armados satélites se mueve,                        Allí también deberes
      y de la moda, universal señora,                       hay que llenar: cerrad, cerrad las hondas
      va la razón al triunfal carro atada,                  heridas de la guerra; el fértil suelo,
      y a la fortuna la insensata plebe,              205   áspero ahora y bravo,
      y el noble al aura popular adora.                     al desacostumbrado yugo torne

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      del arte humana, y le tribute esclavo.              bello a la vista, alegre a la esperanza;
      Del obstrüido estanque y del molino           260   a la esperanza, que riendo enjuga.
      recuerden ya las aguas el camino;                   del fatigado agricultor la frente,
210   el intrincado bosque el hacha rompa,                y allá a lo lejos el opimo fruto,
      consuma el fuego; abrid en luengas calles           y la cosecha apañadora pinta,
      la oscuridad de su infructuosa pompa.               que lleva de los campos el tributo,
      Abrigo den los valles                         265   colmado el cesto, y con la falda en cinta,
      a la sedienta caña;                                 y bajo el peso de los largos bienes
215   la manzana y la pera                                con que al colono acude,
      en la fresca montaña                                hace crujir los vastos almacenes.
      el cielo olviden de su madre España;                  ¡Buen Dios! no en vano sude,
      adorne la ladera                              270   mas a merced y a compasión te mueva
      el cafetal; ampare                                  la gente agricultora
220   a la tierna teobroma en la ribera                   del ecuador, que del desmayo triste
      la sombra maternal de su bucare;                    con renovado aliento vuelve ahora,
      aquí el vergel, allá la huerta ría...               y tras tanta zozobra, ansia, tumulto,
      ¿Es ciego error de ilusa fantasía?            275   tantos años de fiera
      Ya dócil a tu voz, agricultura,                     devastación y militar insulto,
225   nodriza de las gentes, la caterva                   aún más que tu clemencia antigua implora.
      servil armada va de corvas hoces.                   Su rústica piedad, pero sincera,
      Mírola ya que invade la espesura                    halle a tus ojos gracia; no el risueño
      de la floresta opaca; oigo las voces,         280   porvenir que las penas le aligera,
      siento el rumor confuso; el hierro suena,           cual de dorado sueño
230   los golpes el lejano                                visión falaz, desvanecido llore;
      eco redobla; gime el ceibo anciano,                 intempestiva lluvia no maltrate
      que a numerosa tropa                                el delicado embrión; el diente impío
      largo tiempo fatiga;                          285   de insecto roedor no lo devore;
      batido de cien hachas, se estremece,                sañudo vendaval no lo arrebate,
235   estalla al fin, y rinde el ancha copa.              ni agote al árbol el materno jugo
      Huyó la fiera; deja el caro nido,                   la calorosa sed de largo estío.
      deja la prole implume                               Y pues al fin te plugo,
      el ave, y otro bosque no sabido               290   árbitro de la suerte soberano,
      de los humanos va a buscar doliente...              que, suelto el cuello de extranjero yugo,
240   ¿Qué miro? Alto torrente                            erguiese al cielo el hombre americano,
      de sonorosa llama                                   bendecida de ti se arraigue y medre
      corre, y sobre las áridas rüinas                    su libertad; en el más hondo encierra
      de la postrada selva se derrama.              295   de los abismos la malvada guerra,
      El raudo incendio a gran distancia brama,           y el miedo de la espada asoladora
245   y el humo en negro remolino sube,                   al suspicaz cultivador no arredre
      aglomerando nube sobre nube.                        del arte bienhechora,
      Ya de lo que antes era                              que las familias nutre y los estados;
      verdor hermoso y fresca lozanía,              300   la azorada inquietud deje las almas,
      sólo difuntos troncos,                              deje la triste herrumbre los arados.
250   sólo cenizas quedan; monumento                      Asaz de nuestros padres malhadados
      de la lucha mortal, burla del viento.               expiamos la bárbara conquista.
      Mas al vulgo bravío                                 ¿Cuántas doquier la vista
      de las tupidas plantas montaraces,            305   no asombran erizadas soledades,
      sucede ya el fructífero plantío                     do cultos campos fueron, do ciudades?
255   en muestra ufana de ordenadas haces.                De muertes, proscripciones,
      Ya ramo a ramo alcanza,                             suplicios, orfandades,
      y a los rollizos tallos hurta el día;               ¿quién contará la pavorosa suma?
      ya la primera flor desvuelve el seno,         310   Saciadas duermen ya de sangre ibera

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      las sombras de Atahualpa y Motezuma.                 vuestra posteridad; y nuevos nombres
      ¡Ah! desde el alto asiento,                          añadiendo la fama
      en que escabel te son alados coros             365   a los que ahora aclama,
      que velan en pasmado acatamiento                     «hijos son éstos, hijos,
315   la faz ante la lumbre de tu frente,                  (pregonará a los hombres)
      (si merece por dicha una mirada                      de los que vencedores superaron
      tuya la sin ventura humana gente),                   de los Andes la cima;
      el ángel nos envía,                            370   de los que en Boyacá, los que en la arena
      el ángel de la paz, que al crudo ibero               de Maipo, y en Junín, y en la campaña
320   haga olvidar la antigua tiranía,                     gloriosa de Apurima,
      y acatar reverente el que a los hombres              postrar supieron al león de España».
      sagrado diste, imprescriptible fuero;
      que alargar le haga al injuriado hermano,
      (¡ensangrento la asaz!) la diestra inerme;
325   y si la innata mansedumbre duerme,
      la despierte en el pecho americano.
      El corazón lozano
      que una feliz oscuridad desdeña,
      que en el azar sangriento del combate
330   alborozado late,
      y codicioso de poder o fama,
      nobles peligros ama;
      baldón estime sólo y vituperio
      el prez que de la patria no reciba,
335   la libertad más dulce que el imperio,
      y más hermosa que el laurel la oliva.
      Ciudadano el soldado,
      deponga de la guerra la librea;
      el ramo de victoria
340   colgado al ara de la patria sea,
      y sola adorne al mérito la gloria.
      De su trïunfo entonces, Patria mía,
      verá la paz el suspirado día;
      la paz, a cuya vista el mundo llena
345   alma, serenidad y regocijo;
      vuelve alentado el hombre a la faena,
      alza el ancla la nave, a las amigas
      auras encomendándose animosa,
      enjámbrase el taller, hierve el cortijo,
350   y no basta la hoz a las espigas.
        ¡Oh jóvenes naciones, que ceñida
      alzáis sobre el atónito occidente
      de tempranos laureles la cabeza!
      honrad el campo, honrad la simple vida
355   del labrador, y su frugal llaneza.
      Así tendrán en vos perpetuamente
      la libertad morada,
      y freno la ambición, y la ley templo.
      Las gentes a la senda
360   de la inmortalidad, ardua y fragosa,
      se animarán, citando vuestro ejemplo.
      Lo emulará celosa

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