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Resumen - Marx, K.: Sobre la Cuestion Judia

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Resumen - Marx, K.: Sobre la Cuestion Judia Powered By Docstoc
					                                 Resumen: Sobre la Cuestión Judía1

                                                                                        Karl Marx

Breve contexto histórico



        En la época en que Marx redactó estos escritos, Alemania no existía como tal: el mundo
de la cultura y la lengua alemanas abarcaba el reino de Prusia y unas 400 regiones, ducados,
electorados y principados semifeudales, con diversos grados de autonomía en relación a Prusia
y con un importante atraso industrial y político en relación a Francia (sobre todo) e Inglaterra.
Renania, la región donde nació Marx, era y es limítrofe con Francia y fue donde más se sintió la
influencia de la revolución francesa de 1789. La situación en Europa era de reacción, de
dominio de la Santa Alianza que se había propuesto detener la difusión del ideario
revolucionario tras la derrota de Napoleón en 1815, aunque el desarrollo del fenómeno del
pauperismo (la pobreza extrema y generalizada) teñía todo el panorama social y fermentaba la
eclosión europea que sobrevendría en 1848.

        La alemana era una burguesía muy poco desarrollada y timorata, incapaz de encabezar
ningún movimiento revolucionario contra la monarquía y los nobles y por la unificación
nacional de Alemania. El impulso revolucionario lo aportaron primero los estudiantes (en los
años „10); a instancias de la represión, pasó luego a los artistas, y escritores como Heine, lo que
motivó una fuerte censura y un progresivo desplazamiento de las ideas de izquierda a los
filósofos. La filosofía y la crítica a la religión se convirtieron así en el principal refugio de la
oposición al estado de cosas en Alemania.

        La filosofía estaba casi totalmente bajo el influjo de Hegel, a quien el régimen había
convertido en el “filósofo oficial” de Prusia. Por eso había dentro de quienes reivindicaban a
Hegel diversas alas, de derecha y de izquierda. Luego de que David Strauss publicara Vida de
Jesús en la década del „30, demostrando que la religión no era una revelación divina sino una
expresión de la vida de los pueblos, el cuestionamiento a la religión y a la Iglesia oficial
(protestante) se hizo habitual entre los filósofos críticos. Este aspecto fue profundizado por
Ludwig Feuerbach entre 1838 y 1841, desde un ángulo mucho más crítico con la filosofía de
Hegel. Feuerbach fue una poderosa influencia en los jóvenes Marx y Engels, y está muy
presente en particular en este texto.



¿Emancipación política o emancipación humana?



        Bruno Bauer, el más brillante de los hermanos Bauer, era el más prestigioso de los
“jóvenes hegelianos”, como se llamaba a los hegelianos de izquierda. El disparador de La
cuestión judía en Marx es la crítica a Bauer, quien no concibe otra forma de emancipación más
que la política, lo que le impide ir más allá de la crítica liberal a la monarquía reaccionaria de
Prusia.

        El horizonte crítico de Bauer se limita a la influencia de la religión en los asuntos
públicos. Proponer que el Estado se libere de la tutela religiosa era, por supuesto, progresivo en
las condiciones de Prusia, pero Marx explica que de esa manera sólo se cuestiona al Estado
1
    Fuente: http://www.socialismo-o-barbarie.org/revista/sob3/cuestionjudia.htm
religioso, mientras que el Estado como tal queda libre de objeción. La emancipación política
libera al Estado de la religión, pero no libera a los hombres ni de la religión ni del propio
Estado. Explicar esta contradicción es poner a la vista los límites de la emancipación política y
del Estado como tal. De lo que se trata, entonces, es de definir el carácter de ese Estado y
someterlo a crítica.



El Estado político como mediación



         Primero cabe aclarar porqué se habla de Estado político. Hoy hablamos de Estado a
secas, pero en esa época estaban muy presentes las formas de representación estamental -
típicamente feudales o semifeudales- que también recibían el nombre de Estados o estamentos.
El Estado político es, entonces, una institución que, al decir de Hegel, encarna la máxima
racionalidad en la organización colectiva de los asuntos sociales, elevándose por encima de la
sociedad civil (o sociedad burguesa), que es el ámbito del mero interés privado individual. Es
esta filosofía del Estado la que ha trascendido hasta nuestros días: la que considera al Estado
como el portador del interés general. Es también aquí donde está parado Bauer, ya que en
último análisis su solución de la cuestión judía es tan simple como esto: que el judío deje de
atender a su interés particular, como judío, y se someta a los designios del Estado en tanto
ciudadano laico, lo que lo igualará a los demás ciudadanos de cualquier religión.

        Marx va a poner en cuestión todo esto. El hombre debe necesariamente liberarse de la
religión, que es una forma de autoenajenación, de alienación, que impide al hombre reconocerse
como sujeto al transferir las características humanas a un ser sobrenatural. Pero, en la medida en
que la liberación de la religión sólo se hace a través del Estado político, se establece una nueva
mediación a las relaciones humanas. De este modo, dice Marx, la espontaneidad de los vínculos
sociales entre hombres libres queda nuevamente postergada y depositada en las manos de un
nuevo Dios laico: el Estado.

        Así, el Estado representa un nuevo obstáculo a la emancipación humana, una nueva
forma de separación, de enajenación, ya que pone la libertad y la igualdad en un terreno formal -
como dice Marx, “en el cielo de la política”-, dejando intactas la opresión y la desigualdad
reales. La religión cristiana propone la liberación humana en un más allá de este mundo, en el
reino de los cielos; el Estado, por su parte, sólo elimina esta mediación para postular otra: la
liberación “meramente política”, la libertad del ciudadano abstracto, no del hombre real. Lo que
nos conduce al siguiente tema.



 La separación entre Estado y sociedad civil



         Nuevamente, despejemos primero la cuestión de los términos. “Sociedad civil” es una
expresión que ha adquirido en la actualidad muchos significados. Para Hegel -y en este sentido
lo utiliza Marx-, la sociedad civil (sinónimo de sociedad burguesa en el texto) es una forma
“espontánea” de organización humana, superior al estadio de la vida familiar, caracterizada por
el interés individual, el egoísmo, la bellum omnium contra omnes (guerra de todos contra todos).
Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII, justificaba el régimen monárquico como una
barrera contra esta situación en la que “el hombre es lobo del hombre”; la solución de Hegel es,
precisamente, oponer a esta esfera del egoísta interés privado la esfera de la racionalidad
pública: el Estado.

        Para Marx, el ser genérico del hombre, lo que lo define como especie, es su ser
comunitario. No obstante, con la consolidación del Estado político se establece una brecha, una
escisión, entre la vida comunitaria -que, insistimos, no es real sino meramente política, donde el
hombre sólo cuenta como ciudadano abstracto- y la vida privada, el ámbito del interés
individual, que es donde tiene lugar la cotidianeidad, las relaciones y las prácticas sociales
reales. Marx lo llama la “doble vida”: por un lado, la vida a nivel de la especie, que se limita al
terreno político; por el otro, la vida del hombre individual, que abarca todos los demás aspectos
y por supuesto determina la vida política, como luego veremos.

        La separación entre Estado y sociedad civil, entonces, es la base de una paradoja: en la
medida en que el hombre se comporta comunitariamente (la política), no es real, sino abstracto,
y en la medida en que tiene una vida real (la de la sociedad civil), esa vida no es comunitaria,
sino egoísta, aislada del semejante. La vida humana se ha partido en dos, pero ninguna de ellas
es completa y auténticamente humana.

La doctrina de los derechos humanos expresa la escisión entre política y vida

         Un tema tan interesante como poco transitado entre nosotros es la crítica de Marx a la
primera versión de una doctrina que hoy está muy en boga, incluso -o especialmente- entre
grupos radicalizados y de izquierda. Marx parte de la separación ya señalada entre Estado y
sociedad civil, entre ser comunitario y ser individual, entre política y vida cotidiana, y explica
que esta misma dualidad se manifiesta en el terreno jurídico, bajo la forma de los llamados
derechos humanos. Estos se dividen en derechos políticos -que afectan al hombre en tanto ser
comunitario político, encarnado en el ciudadano- y derechos del hombre en general, también
llamados derechos “naturales”. Precisamente, estos derechos “naturales” corresponden al
hombre privado, individualista, al hombre de la sociedad civil, separado de la comunidad. Lo
que está en discusión aquí son dos concepciones antropológicas (dos visiones del hombre como
tal) diametralmente opuestas.        Así, la doctrina de los derechos humanos concibe al ser del
género humano no como comunitario, sino, por el contrario, como individual y egoísta, aislado.
Toda determinación social -es decir, toda relación social que involucre al hombre en tanto ser
comunitario, que es el verdadero ser de la especie para Marx- es vista por esta doctrina como
algo externo, como una limitación a la libertad individual. Mientras que Marx sostiene que el
hombre sólo puede realizar su humanidad en la relación con los otros, la doctrina de los
derechos humanos ve a esta relación como un permanente peligro, lo cual demuestra que
considera al hombre de la sociedad civil (egoísta y separado de sus semejantes) como el estado
“natural”, verdadero, de la especie. Si a pesar de ese egoísmo esencial el hombre entra en
relación con sus semejantes, no se debe a ninguna determinación de su ser genérico -que es de
donde parte Marx- sino a la mera necesidad natural, a la mera intersección del interés propio
con el del otro. Ese individualismo es consustancial al hombre real para esta doctrina, que debe,
por tanto, considerar al hombre político, al hombre que ejerce su actividad comunitaria, como
abstracto y artificial.

        De ahí que el liberalismo -que abreva en esta fuente desde el punto de vista filosófico-
siempre considere los derechos humanos naturales como derechos del individuo contra el
Estado, al que critican por razones opuestas a las de Marx: no en cuanto mediador que impide
los vínculos sociales directos entre los hombres, sino en cuanto instancia colectiva abstracta que
impide el reino absoluto del interés privado al mantener, pese a todo, una comunidad (política).
Para Marx, en cambio, el Estado no permite la verdadera comunitarización del hombre real, ya
que la circunscribe al ámbito de lo político; es decir, no es lo suficientemente comunitario ni
puede serlo, porque su función última es garantizar el libre desenvolvimiento del hombre de la
sociedad civil.
Lo privado subordina a lo público: el Estado al servicio de la propiedad privada



         Luego de exponer el pensamiento de los principales actores de las revoluciones
burguesas, Marx establece que el ámbito en el que el hombre se desempeña como ser
comunitario (la vida política, el Estado), no es más que un medio para mejor desarrollar el
ámbito de lo privado y lo particular, es decir, la sociedad civil. De esta manera, la emancipación
política, esto es, la disolución de los antiguos estamentos feudales y sus privilegios, representa a
la vez la emancipación de la sociedad civil de la política.

        En efecto; bajo el régimen feudal, la propiedad privada estaba sometida al arbitrio y las
regulaciones de nobles, monarcas y clérigos; tras la revolución burguesa, el Estado se pone al
servicio de la sociedad civil y del interés privado, que se convierte así en el fundamento del
Estado, su razón última. Por eso dice Marx que el sustrato del Estado político es el hombre
apolítico, el hombre “natural”, el individuo separado de la comunidad.

         La emancipación (puramente) política sanciona la separación entre el ciudadano y el
hombre egoísta, con dos consecuencias: por un lado, se privilegia como interés del Estado el
desarrollo del interés privado; por el otro, se limita la actividad comunitaria a la actividad
política, dejando por fuera lo real y cotidiano. Por eso Marx postula la emancipación humana
como la reabsorción de la actividad humana a nivel de la especie a todos los ámbitos de la
vida, sin que se establezca -o, mejor dicho, aboliendo- la separación entre lo público y lo
privado, entre lo social y lo político. Y el resultado de ese libre desarrollo de vínculos sociales
entre las personas, sin mediaciones, sin el rodeo de la religión ni del estado, es la disolución
tanto del Estado como de la sociedad civil (en tanto esferas separadas y específicas).

        Esta emancipación humana aún no tiene una denominación; no pasarán muchos meses
hasta que Marx le dé el nombre de un movimiento social surgido de las entrañas del orden
existente: el comunismo.

				
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