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MARIANO PIC_N-SALAS_ UN EDUCADOR PARA EL CAMBIO SOCIAL

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					     MARIANO PICÓN-SALAS, UN EDUCADOR PARA EL CAMBIO SOCIAL

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        Defender la línea de la nacionalidad, la verdadera tradición del Libertador, es
        nuestra próxima y más urgente tarea de educación histórica (M.P.S.).

        I.- Sobre educación y cultura en Venezuela y América Latina

        Generalmente al tratar estos temas, a pesar de la intención autonomista, nuestro
acervo teórico se nutre y discurre desde modos y esquemas foráneos, olvidando la presencia
y vigencia de lo propio, especialmente de aquéllos quienes nos precedieron en la
preocupación identitaria social e hicieron lo suyo en pro de sus ideales latinoamericanistas.
Esto es dramáticamente cierto en este tiempo de comienzo secular en que los dictámenes
emanados del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional son los que pautan y
orientan, con sus mercantiles criterios, las prácticas sociales, tanto culturales como
comunicacionales en nuestros países. Y, por supuesto, las “reformas educativas, con vistas
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al siglo XXI”, implantadas hegemónica y coactivamente por los gobiernos nacionales.
        Incluso, para algunos tecnócratas y retransmisores de lo microscópico y funcional
“pedagógico” y, para otros arropados en la globalización o en el posmodernismo, resulta
anacrónico, inconveniente, cuando nó vergonzoso, aludir a los aportes de nuestros Simón
Rodríguez, Andrés Bello, José Martí, Fermín Toro, Cecilio Acosta, José Carlos Mariátegui,
Aníbal Ponce, Mario Briceño-Iragorry, Luis Beltrán Prieto Figueroa o, incluso, Paulo
Freire y Humberto Maturana, por designar algunos pensadores “criollos”, quienes han
insistido en superar nuestra realidad educativa y cultural. Muchos conceptos importados,
tales como multiculturalismo, “estudios culturales”, historia oral, biodiversidad, y tantos
otros, han sido ya tratados con afincamiento en la propia realidad latinoamericana, pero se
prefiere “pensar, leer y soñar en inglés” (como criticaba nuestro Briceño-Iragorry) a beber
primero de las propias fuentes que han venido nutriendo nuestro imaginario colectivo.



1
  Chileno. Psicólogo, Profesor de Estado, mención Filosofía (U. de Chile). Dr.(c) “Estudios Americanos”,
USACH. Profesor-Asociado UMCE, Santiago. Ex-Académico, NURR-Trujillo (Universidad de Los Andes),
1975-1989, Venezuela. Ganador Concurso de Ensayo “Alegría de la tierra” (Fundación Mario
Briceño-Iragorry - Asociación Pro-Venezuela), Caracas, 1984. Correo: <luruso@interactiva.cl >
2
  Al respecto, ver: Noam Chomsky-Heinz Dieterich, 1995; Jacobo Schatan, 1998, y Gregory Baum, 1999.
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       Por nuestra parte, planteamos como tarea prioritaria, en lo nacional y regional, el
rescate y revalorización de sus postulados para, desde ellos, actualizándolos, proseguir su
sinérgica empresa macrosocial y proyectar el destino de sus mensajes, la mayoría de ellos
con plena vigencia históricocultural. Como un caso paradigmático de lo antedicho
queremos destacar en esta presentación el nombre y la producción de un venezolano,
merideño, educador por excelencia y fundador de fundaciones culturales, amén de su
condición de escritor e historiador de relieve continental: don Mariano Federico
Picón-Salas (1901- 1965).
       Antes de hacerlo, es gratificante consignar que hoy en la patria de don Mariano, la
República Bolivariana de Venezuela, se lleva a cabo una experiencia político-social inédita,
muchos de cuyos principios y criterios culturales y educativos encuentran su origen en
aquellas ideas; desde la original “O inventamos o erramos” de don Simón, o que “la
educación ha de ser en nuestro continente un camino para alcanzar la seguridad y la libertad
y para fomentar hábitos de convivencia y cooperación” del Maestro Prieto Figueroa, o la
sostenida por Briceño-Iragorry: “es preciso crear, por medio de la escuela, una nueva
conciencia social”, hasta las del propio Picón-Salas: “cuando le demos a la Educación un
fin que supere lo utilitario y pragmático, cuando queramos formar hombres y no sólo
mercaderes parecen ofrecernos las Humanidades una olvidada Pedagogía de la Felicidad”
(Hora y deshora, 1963: 14). Esta previsora perspectiva respecto a la “sociedad de
consumo” que ha invadido nuestras naciones, y la propuesta del único paliativo válido que
es la “ética humanista”, significa un aporte valioso que no podemos desconocer y al cual,
menos, podemos renunciar.
       La nueva y plebiscitada Constitución Política (Asamblea Nacional Constituyente,
1999), en su Capítulo VI (“De los Derechos Culturales y Educativos”) establece tales
principios y criterios con coherencia histórica y pertinencia a su realidad nacional. Desde el
artículo Nº 102 se explaya sobre el tema, determinando entre otros preceptos los siguientes:
“La educación es un derecho humano y un deber fundamental, es democrática, gratuita y
obligatoria. El Estado la asumirá como función indeclinable... es un servicio público...
participación activa, consciente y solidaria en los procesos de transformación social
consustanciados con los valores de la identidad nacional, y con una visión latinoamericana
y universal.... derecho a una educación integral, de calidad, permanente... obligatoria en
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todos sus niveles... La impartida por el Estado es gratuita hasta el pregrado universitario...
El Estado reconocerá la autonomía universitaria...”. Para el resto de los países de América
Latina, con la sola excepción de Cuba, nos encontramos ante la Constitución Política más
justiciera e innovadora emergente en las últimas décadas que, ojalá, opere vicariamente
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para nuestros obsecuentes Gobiernos.              Con fecha 4 de Octubre del 2000, se promulga el
Decreto Nº 1.011 (Mineduc) por el cual se refuerza el rol del Estado y su papel contralor,
bajo el Considerando: “que la educación es un área estratégica en los procesos de
transformación social y cultural de la República”.
        Es indudable que la mayoría de los pensadores venezolanos hubieran coparticipado,
con sus reservas y críticas, pero constructivamente, en un Proyecto tan prometedor y
enaltecedor para la patria de Miranda, Bolívar, Simón Rodríguez, Bello y de nuestro
M.P.S.. Y una de las razones sería, entre otras, porque en él se releva, como corresponde, el
rol tanto de la educación como del educador en el proceso de “desarrollo humano”, en una
concepción de la Educación avalada, por lo demás, por la UNESCO, “de calidad, para
todos y durante toda la vida”.


        II.- El personaje y su formación venezolano-chilena.


        Bajo el cuidado de sus padres, don Pío y doña Delia (fallecida a los 11 años del
niño), y del profesor-mentor Monsieur Machy, transcurre la formación inicial de Mariano,
continuada junto con su amigo Mario Briceño-Iragorry en el Colegio “Santo Tomás de
Aquino”, en Valera. 4         Ya su bisabuelo paterno, don Juan de Dios, fue “maestro de
Filosofía” (1810) y su abuelo, don Antonio Ignacio, hombre de letras merideño. También
los maternos, el bisabuelo don Rafael Salas y el abuelo don Federico, eran hombres letrados
y polémicos. El paraguas cultural que cubre el espacio citadino merideño, la centenaria

3
   Sobre la materia, ver Heinz Dieterich, Hugo Chávez: Con Bolívar y el pueblo nace un nuevo proyecto
latinoamericano (1999). En Santiago, en la Universidad de Chile, el ll de Enero del 2001, se realizó un
interesante foro-panel, con el respaldo del Sr. Embajador de Venezuela, Profesor Domingo Miliani, cuyo
título fue: “¿Venezuela, nuevo paradigma de acción política?”. Miliani tuvo, antes, a su cargo la reseña sobre
nuestro personaje incluida en la Enciclopedia de Venezuela (1973), donde escribe: “ Máximo representante de
nuestro ensayo... son los cimientos de su obra, similares en inquietud y calidad a los de Alfonso Reyes y
Henríquez Ureña” (210).
4
   La singular relación entre estos dos maestros andinos ha sido bien rescatada en el artículo de Rafael Angel
Rivas Dugarte: “Don Mario y dos Mariano: „vidas paralelas‟ ”, en Isidoro Requena (Comp.), Presencia y
crítica de Mario Briceño-Iragorry (1997: 133-140 ).
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Universidad de los Andes, irradió también su influjo sobre M.P.S,, a través del Liceo
Mérida, de la amistad con Antonio Spinetti y Alberto Adriani, y la del propio rector
universitario de entonces, Diego Carbonell.
         Tras interrumpir sus estudios de Derecho en Caracas, viaja con su padre para vivir
un largo exilio (1923-1936) en Chile, donde “porque llegué tan joven, se acabó de formar el
hombre (Obras Selectas,1962: 1389). Trabajó en el Instituto Nacional (Inspector) y en la
Biblioteca Nacional (con la ayuda solidaria de don Eduardo Barrios),                            mientras
paralelamente estudiaba Historia en el Instituto Pedagógico (1924/1928, U. de Chile,
obteniendo con distinción el título de Profesor de Estado); allí conoce a su futura esposa y
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madre de su única hija: Delia Isabel (nacida en Santiago, en 1937).
        De su motivación por la carrera docente nos cuenta:
        “La idea de estudiar Pedagogía en Historia acaso enrumbaba por un camino útil
    mi nostalgia de desposeído, o convertía mi insuficiencia en deseo de servir a los
    demás, no sólo a través de una obra literaria presuntuosa o narcisística, sino como
    modesta tarea del que se pone a dialogar con un gran grupo de muchachos y a
    comunicarles lo que aprendió... Era llegar más allá en el oficio de escritor, porque
    nada tiente tanta fuerza carismática como la palabra o el ejemplo directo... Tanto
    como escribir he amado mi profesión de maestro... Me dio una felicidad que nunca
    observé en tanto turbados poderosos que ignoraban qué hacer con su hastío...
    Aquella profesión parecía, además, un propósito para servir a mi tierra cuando
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    pudiera regresar...”
        Esta confesión es importante para comprender los roles y producciones que en el
campo educativo y cultural le cupo desempeñar y gestar a don Mariano. Aquí reivindica




5
  Así relata aquella etapa Josefina Picón Ruiz, su media hermana: “Mariano vivió un gran amor en Chile, en
las aulas del Instituto Pedagógico, con una alumna de Castellano, una muchacha hermosa, de gran
sensibilidad: Isabel Cento, de origen italiano. Se casaron y tuvieron una unión de más de 20 años. Con ella
tuvo su única hija, Delia Isabel, a quien cariñosamente llaman „Pascualita‟ por haber nacido en unas
navidades. Esta unión se terminó años después cuando ya vivían en Venezuela, e Isabel junto con su hija
regresan a Chile. Actualmente ambas viven en Caracas. Delia se casó con un abogado venezolano, Alfredo
Morles...” (en “Mis recuerdos de Mariano”, documento enviado al autor de este trabajo, 1992).
6
   “Regreso de tres mundos”, en Viejos y nuevos mundos, Ayacucho, Caracas, 1983 (576). Sobre la estancia
de M.P.S. en Chile, y su paso por el Instituto Pedagógico ver, Luis Rubilar (1992, 1997 y 1999).
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el vapuleado rol docente en nuestras sociedades, y no sólo se identifica como profesor
gratificado y gratificante sino, además, deja clara su querencia por la patria venezolana,
y su percepción de la andadura chilena como “errancia”. Por entonces escribe, escribe,
escribe..., colabora en la Revista “Atenea” de Concepción y otras en Venezuela, ejerce
roles docentes en niveles de secundaria y superior (Escuela de Bellas Artes e Instituto
Pedagógico). Durante un breve lapso desempeñó coyunturalmente el cargo de Rector de
la Universidad de Chile (1931). Antes de abandonar Chile, “cuando la vejez se llevó, por
fin, a Juan Vicente Gómez”, se inaugura y se despide, ya como eximio ensayista, con su
obra Intuición de Chile y otros ensayos en busca de una conciencia histórica (Ercilla,
1935), facturada muy en el estilo de su compatriota Andrés Bello.
          De aquellos tiempos anarquistas, ligados a la fundación del Partido Socialista de
Chile (Revista “Índice”), el de Salvador Allende y Ricardo Lagos, ha quedado un
catastro mnémico que muchos chilenos han desplegado en homenajes y redibujado en
escritos (desde ciudad de México a Concepción): Humberto Díaz Casanueva, Héctor
Fuenzalida, Ricardo Latcham, Eugenio Pereira Salas, Amanda Labarca, Raúl Silva
Castro, Elena Martínez, Juan Uribe, Juan Loveluck, Nelson Osorio, entre otros. 7 El
perfil más completo fue realizado por Guillermo Feliú Cruz, su maestro y biógrafo
(1970). Pero, tal vez, en lo real y en lo semiótico, lo más significativo durante aquella
etapa haya sido su contacto con Pablo Neruda: “En la Federación de Estudiantes y en el
Instituto Pedagógico encontré muchachos de las más variadas patrias americanas y me
llevaron a contarles la tragedia de Venezuela... y allí vi y oí por primera vez a un joven
largo, de descoyuntados pasos y de voz melancólica, que se llamaba Pablo Neruda (O.S.:
1392). Y el chileno rememoró y dejó inscrito el nombre del venezolano en su universo
poético: “A Venezuela amé, pero no estaba/... llamé y llamé, no respondía nadie,/ no
respondió la patria sumergida/... sin encontrarla me pasé los días / hasta que Picón Salas
de Caracas/ llegó a explicarme lo que sucedía” (Canción de gesta, 1960: 43). De aquella
“errancia” chilena dejó magistrales páginas que son como clarinadas de su “intuición”
del país y de su pueblo; una expresión de ellas es ésta en que alude a nuestras más
grandes y complementarias figuras creativas: “De ese Sur... poetas cuyo            húmedo
lamento se parece al de la trutruca araucana perdida en la boscosa lejanía... Pablo

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    Ver, también, R. Pineda (Comp.), Para Mariano Picón-Salas (1966).
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Neruda, poeta de la humedad y de la soledad, ha cantado con los elementos de aquel
paisaje su tristeza de Adán indio. Mientras que en los versos de Gabriela Mistral está el
sol del Norte, el desierto y los oasis, la greda roja y negra en que los atacameños y
diaguitas modelaban sus imágenes del mundo, en los versos de Pablo se precipitaban
las tormentas y las obstinadas lluvias del Sur. Estas dos voces - la solar y la húmeda
- expresan en variedad de tonos la polifonía del espíritu chileno... En el estilo jurídico
que le ofrecieron sus hombres de Estado, en el que escribiera Bello sus Códigos, se
siguen vertiendo, plasmando y organizando las nuevas necesidades humanas” (O.S.:
611-612).


       III.- El retorno y sus producciones.


       Cumplidos     recién   sus 35 años, recién reinserto en Caracas, Picón-Salas es
designado Superintendente de Educación y, bajo el Ministerio de don Rómulo Gallegos
solicita y obtiene la contratación de una Misión Pedagógica chilena (la cual se renovaría
en 1938) y, casi paralelamente, funda el Instituto Pedagógico Nacional (aprobado por
Decreto de 30-IX-1936).       A pesar de las acérrimas y ácidas críticas tildándolo de
“chilenizante”o “socializante”, el Instituto echa a andar, y ahorita ya ha cumplido 64 años,
en su tarea formadora de docentes, con más de 16.000 egresados en todo el país.
       Conflictos   políticos lo aventarán nuevamente, esta vez hacia Europa, y luego
nuevamente al cono Sur (Argentina y Chile), hasta que su amigo Caracciolo Parra León,
entonces Ministro de Educación, lo convence para asumir la Dirección de Cultura y Bellas
Artes, desde la cual funda y dirige la prestigiosa “Revista Nacional de Cultura” (1938). En
ella escribe sus propios aportes, tanto en las sucesivas Editoriales llamando a retomar la
conciencia unitaria nacional y a acrecentar la Cultura, como de sesudos y entusiastas
artículos, plenos de “saber pedagógico”.
       En el Nº 6 de 1939 de la Revista se inserta su sentido mensaje “Destino y
Educación Venezolana”, donde expresa:

       “Nuestro atrasado sistema educativo prolongó hasta hoy lo que llamaríamos
  el período fraseológico de la cultura venezolana: la palabra divorciada del hecho,
  suelta y autónoma en su vaga sonoridad. Si al penetrar en la Escuela Nueva
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los métodos de la Psicología y de la Pedagogía de hoy, se atiende sobre todo, y muy
laudablemente a los factores individuales - edad,       temperamento, vocación y
aptitudes, desarrollo biológico y formación de hábitos - la tarea educativa del
Estado no termina en aquella función pedagógica de formar al individuo física y
moralmente sano. Más allá del individuo adiestrado y hábil empieza el fin social y
político de toda Educación... Cultura tiene valor en tanto surge como voluntad y
necesidad interna más que como mecánica imitación de lo que viene de fuera.
Su carácter foráneo, inadaptado, es el mayor obstáculo que pesa sobre nuestro
sistema educativo”.
    Una década más tarde, el profesor Picón-Salas funda y funge como Primer
Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la U.C.V. (1946), la cual once años
más tarde lo distingue con el título de Doctor Honoris Causa (1955). En 1964, un
año antes de su muerte, culmina su labor cultural desempeñando el papel de
fundador y Presidente del Instituto de Cultura y Bellas Artes (INCIBA).
    Al compás de los altibajos antitéticos de la política, (des)viviendo su
“nomadismo” a través de viajes y exilios, su patria lo nombra y lo honra:
Encargado de Negocios en Checoslovaquia (1937); Embajador en Colombia
(1948), en Brasil (1958), ante la UNESCO, en París (1959) y en México (1962);
en 1947, el Gobierno le otorga “Medalla de Honor por servicios distinguidos en
Instrucción Pública”. Este mismo año “en sesión de 12 de Junio este distinguido
escritor fue electo Académico para ocupar la silla letra F, vacante por muerte de
don Pedro Emilio Coll” (Boletín Academia Nacional de la Historia, T. XXX, Nº
118, Caracas, 1947: 212). Allí su Discurso de recepción versó sobre el tema:
Rumbo y problemática de nuestra Historia. El año 1954 obtiene el Premio Nacional
de Literatura, en prosa (compartido con Arturo Uslar Pietri). Tras cumplir múltiples
servicios públicos y tareas universitarias: Columbia, California, San Juan de Puerto
Rico, Colegio de México, UCV de Caracas (1951-1958), en 1963 asume el cargo de
Secretario de la Presidencia del Gobierno de su antiguo compañero Rómulo
Betancourt.
    Pero no sólo ostentó cargos y funciones públicas para su patria; fue, sin duda,
uno de los escritores que mejor la expresó. Por ejemplo, así describe ese peculiar
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rasgo igualitario (“tuteo”) que connota su carácter social: “Psicológicamente, al
menos, el venezolano ha logrado - como pocos - una homegeneidad democrática”
(O.S.: 206).
    Entre los muchos juicios que se han predicado sobre don Mariano, recogemos
como muestra sólo uno de ellos, el de Guillermo Sucre, encargado de la edición de
sus obras en Editorial Ayacucho: “Ha sido el más grande fundador de empresas
culturales realmente valiosas en Venezuela”.
    El ausente aludido tal vez sólo respondería e invocaría:
    “La historia que comenzó Bolívar está por proseguirse... yo en el campo de
 la historia patria apenas hice incursiones veloces... no (me) basta el arte tan
 solo, porque (aspiré) a compartir con otros la múltiple responsabilidad de haber
 vivido... Para entonces yo estaré muerto Y ME GUSTARÍA QUE ME
 RECORDASEN...” (O.S.: 102 y ss.).


    IV.- El Ideario Pedagógico


    Las vicisitudes de la “aventura venezolana” no sólo marcaron una sólida
impronta “democratista” expresa en su obra literaria sino, muy fuertemente, en su
pensamiento educativo. Si bien toda su producción y acciones fueron, de suyo,
aleccionadoras, con intención comunicativa y axiológica (de aquí, el “ensayo”), con
profundo amor venezolanista y compromiso latinoamericano, una buena parte de
ellas se refirieron y centraron específicamente en el campo educacional. La
Educación fue siempre para M.P.S. el problema prioritario para nuestras naciones y,
en particular, para su Venezuela.
    Tras la “catalepsia histórica”, durante las décadas de Gómez, “el gran caimán”,
entendió, como ninguno, que era necesario afianzar cuanti y cualitativamente la
educación formal e informal, y la cultura popular (“empresa de cultura y de justicia”),
deber para con un pueblo acreedor, no sólo para lograr la necesaria productividad
económica sino, fundamentalmente, la aún más necesaria mentalidad democrática,
tras tantos años de “cesarismo”. Concebía la democracia - al igual que Cecilio Acosta
- como un “problema de cultura colectiva”. Por ello, era necesario “incorporar a la
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    vida jurídica y moral de la nación esos „Juan Bimba‟ sin historia cuyo destino étnico
    y espiritual todavía es un secreto; masa campesina y proletaria en cuya sangre se han
    confundido a través de las generaciones el blanco, el indio, el negro; raza nuestra
    cuya única forma de expresión colectiva fue la violencia”; y a ese pueblo “hay que
    enseñarle también a producir; a mejorar el trabajo de sus manos, a hacer moral y
    estéticamente más sana su convivencia... Educación económica (rural, manual,
    técnica). Educación física y sanitaria son rubros casi nuevos en eso que hasta ahora
    denominábamos Instrucción Pública. Simultáneamente con ello hay que crear cabezas
    que piensen para la Nación, los hombres capaces de señalarnos los caminos de la vida
    moderna... Nuestra cultura superior ha sido - como en todos los países sudamericanos
    - algo extraño al medio, ajeno al misterio propio que se llama el país... Glosa,
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    repetición, traducción, fue la forma de nuestras universidades anquilosadas...”
        Es su tesis acerca de la conjugación de “pueblo y comando”, unidos
    consonantemente en la conciencia colectiva y en la voluntad de “cambio” para
    re-descubrir Venezuela (a base de la “coherencia nacional”). Y en tal empresa se
    embarcó con bríos escribiendo artículos de prensa; reconstruyendo biografías:
    Francisco de Miranda (1946); Pedro Claver (1950); Simón Rodríguez (1953), de
    quien simplemente dice: “el más revolucionario y el más americano de los pensadores
    (O.S.: 214); Cipriano Castro (1953); Andrés Bello (1957) y Rómulo Gallegos (1958),
    entre ellas; fundando instituciones culturales, o ejerciendo roles ductores en su patria.
        Sus postulados respecto a la Educación recogen legados anteriores y se proyectan
    en una escala de práctica social: privilegian su sentido históricosocial y axiológico, o
    sea, político (y ya no meramente instruccional, tecnocrático o retórico); preconizan su
    necesario afincamiento como motivación psicosocial y acto intencional, tanto
    personal como grupal (ya no repetición o adopción acrítica de esquemas externos, en
    sentido “freiriano”, 1997); afirman su trascendencia humanista, en tanto forma


8
  “Proceso del pensamiento venezolano”, en Obras Selectas (191). Las resonancias de Simón Rodríguez,
Andrés Bello y Cecilio Acosta son audibles en este texto. Mucho le complacería a M.P.S. saber que, además
de un Ministerio de Ciencia y Tecnología, aquella “Instrucción Pública” se ha instituido hoy, en su patria, en
el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes. Y que también se ha instituido constitucionalmente (Título V,
Capítulo IV) el “poder ciudadano”, cautelado a través de la Defensoría del Pueblo y del Consejo Moral
Republicano, por los cuales se concreta la señal lúcida y ética del Libertador: “Moral y luces son nuestras
primeras necesidades”.
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hombres integrales (y no mecánicos consumidores en la inmanencia individualista,
anticipándose así a la diferencia “formación-capacitación” expuesta hoy por
Humberto Maturana, 1995).
    Tal condición social-humanista le es reconocida por su homólogo venezolano, el
entonces exiliado Mario Briceño-Iragorry, en carta que le enviara desde San José de
Costa Rica (16/12/1940):
     “En nuestro suelo es labor tan patriótica como lo es la de desanalfabetizar a las
masas o la de sanear nuestra azotada población rural. Tu consigna para la Revista
Santo y Seña: „que la gente se acerque y se comprenda‟ implica una programación
social... para aglutinar una conciencia política se precisa la formación de conceptos
que se erijan sobre nuestra mostrenca inclinación individualista. Es necesario crear
una mística de „lo humano‟ en el claro y ancho sentido de los filósofos cristianos del
Renacimiento. Es preciso levantar para una nueva militancia del espíritu, las nociones
de libertad, de justicia y de tolerancia” (Temas inconclusos, 1942: 13). En carta
posterior (26/ 01/ 1941) respecto al libro Formación y proceso de la literatura
venezolana (1940) le dice: “Encuentro tu libro por demás enjundioso, bien logrado y
dador de amables deleites, como todo lo tuyo. Con él sirves en forma espléndida la
cultura patria. Pepita se me une para saludarte con Isabel. Te abraza tu afectísimo
compañero de siempre, MBI” (en MBI, Cartas con destino, 1998: 163).
    Hay mucho más en la producción de M.P.S., valioso y válido para afrontar los
desafíos de la Educación actual en “Nuestra América” (José Martí, 1891), con
diacrónica y dramática vigencia. Su preclaro y realista diagnóstico respecto a la
América Latina, varias décadas mediante, continúa sin tratamiento ni pronóstico:
“sobre el contraste muy hispano-americano de tremendas desigualdades de riqueza y
miseria, de cultura e ignorancia corre nuestro desnivel social” (Suma de Venezuela,
1966: 78). Porque don Mariano Picón-Salas, a la vez heredero, albacea y
comunicador de lo nuestro, es tarea inconclusa y “ensayo inacabado” (J.M. Siso
Martínez, 1971), debemos ir a su rescate para abonar las raíces propias y diferenciales
sobre las cuales puedan construirse proyectos educativos nacionales y de la región,
respondiendo a su exigente y futurista requerimiento, terminal de su Regreso de tres
mundos (1959): “Formar ese orden civil donde florezca la cultura y se respeten las
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más hermosas obras del hombre, no es solamente tarea de políticos sino de
educadores y humanistas... en nuestro confuso mundo sudamericano... Sólo la
educación, una inmensa, repartida, inagotable educación, podría vencer los horribles
desniveles de pensamientos y conducta que agrietan nuestra existencia colectiva.
Pulir y afinar la conciencia del hombre para que sea cada día más humana, es decir,
más perfectible; para que no se petrifique en la rutina y salga a conquistas nuevos
horizontesas mentales, es la tarea superior de toda educación” (en Viejos y...: 620).
    Y más allá, o más en profundidad, veáse su aporte para la “comprensión” de
Venezuela y del “misterio” de América, en su consagrada De la Conquista a la
Independencia (1944), en la cual recurre al “hondón de la historia”. Su concepción de
la Historia recogiendo la categorìa “totalidad” y el criterio “interdisciplinario”,
exigiendo “originalidad” y no mera copia de lo europeo, y proponiendo la superación
del “positivismo”, significó un hito crítico para la historiografía venezolana; a la vez,
también, un soporte, para echar las bases para un proyecto educativo alternativo,
social-humanista y popular, en el cual se inscribiera con la letra y con la acción de
quien ejerce “esa primordial profesión de llamarse venezolano”. Trascendiendo lo
instruccional o tecnológico su discurso pedagógico apunta y urge al cumplimiento
esencial de (re)construir las identidades nacionales y la regional, en función de
valores democráticos y humanistas: “La idea ecuménica indoamericana que ya para
nosotros no es sueño de visionario, sino la única posibilidad de vivir”.
    Mariano Picón Salas, como otros connotados hombres-sillares de la mansión
cultural latinoamericana nos lega un patrimonio de pertinencia y pertenencia
acoplado a lo nuestro, no ajeno, legitimado por el idioma e historia comunes y, por
tanto, resulta justo y necesario advocarlo(s) en el momento de repensar y planificar
caminos innovadores, autónomos e integrados para la Educación y la cultura en esta
América morena. Caminos que, asimilando críticamente lo exógeno, no lo extrapole
imitativamente ni desvalorice lo propio y sus milenarias raíces.
    Y con ello co-responder y ser leales al maestro para quién: “El deber de un
escritor que ama la Cultura y la familia de pueblos en que nació y ve en
Hispanoamérica la prologación del espíritu y la problemática de nuestra patria. Esa
Historia común que nos envuelve no es para nosotros sólo pasado y lontananza, sino
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también futuro que debe delinearse, responsabilidad que compete a intelectuales,
educadores y políticos. Es la angustia y la utopía - y a ratos la frustración - de un
destino histórico indiviso. Ser dependientes o independientes, fortalecerse o
disgregarse más, es todavía el dilema que nos presenta - como en el tiempo de
Bolívar - esta inmensa porción del continente donde más de cien millones de hombres
hablan Español”. (Dependencia e independencia en la historia hispanoamericana,
1952: Prólogo).
    Al finalizar este trabajo, intentaremos delinear un breve mapa conceptual acerca
de las ideas matrices y aportes que don Mariano Picón Salas hizo y hace en relación a
nuestro imaginario cultural latinoamericano y a sus proyectos educativos, así
resumido:
    -   Visión crítica respecto al proceso cultural y educacional, a la historiografía y
        a la cultura venezolanas.
    -   Planteamiento filosófico y político educacional coherente y pertinente para
        Venezuela ( y para nuestra América).
    -   Concepción integrada e integral de la Historia, venezolana y latinoamericana.
    -   Un acopio de labor creativa, productiva y comunicativa: sus fundaciones
        culturales y sus obras, particularmente sus “ensayos”.
    -   Un estilo de vida y de roles dignos de estudiar y destacar como ejemplos de
        la cultura venezolana contemporánea.
    -   Una visión que privilegia lo local-regional, se asienta en lo nacional, se
        integra en lo latinoamericano, y trasciende hacia valores democráticos,
        humanistas y de justicia social para nuestros pueblos.
    -   Un legado rico y vigente como patrimonio ideológico y moral, en particular
        para el pueblo y la juventud venezolana, el cual - de algún modo - constituye
        un precedente y un aval ético para el Proyecto de República Bolivariana en
        actual proceso colectivo.
    -   Por tanto, una fuente, junto a otras como la ofrecida por Mario
        Briceño-Iragorry, para la formación y consolidación de la “conciencia
        nacional” venezolana y de la “identidad social” latinoamericana, tan
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           necesarias de construir y reforzar en estos tiempos (des-identificatorios) de
           interesada globalización económica y comunicacional.


       V.- Bibliografía


       5.1 De Mariano Picón-Salas


              (1935) Intuición de Chile y otros ensayos en busca de una conciencia
                     histórica, Ercilla, Santiago.
              (1940) Formación y proceso de la literatura venezolana, Cecilio
                     Acosta, Caracas.
              (1944) De la Conquista a la Independencia; tres siglos de historia
                     cultural latinoamericana, FCE, México.
              (1952) Dependencia e independencia en la historia hispanoamericana,
                     Librería Cruz del Sur, Caracas.
              (1958) Ensayos escogidos (Sel. y notas: Juan Loveluck; Pról.: R.
                     Latcham), Zig-Zag, Santiago.
              (1962) Obras Selectas, Edime, Caracas.
              (1963) Hora y deshora,Ateneo, Caracas.
              (1966) Suma de Venezuela, antología de páginas venezolanas, Doña
                      Bárbara, Caracas.
              (1983) Viejos y nuevos mundos (Sel., Pról. y Cronología: G. Sucre),
                     Ayacucho, Caracas.

       5.2 Material referencial específico y general

Baum, G.                (1999)    “¿Trascender fronteras o invadir territorios? Reflexiones
                            sobre
                            las actividades del Banco Mundial”. Revista Concilium,
                            España (239-247).
Briceño-Iragorry, M. (1942) Temas inconclusos (“Santo y seña”: 13 y ss.; “De la
                            Tolerancia”: 29 y ss.), Tip. Garrido, Caracas.
                  (1998)    Cartas con destino (Pról.: E. Pino I.; Comp. y Notas:
                            R.A. Rivas D.), Comisión Presidencial M.B.I., Caracas.
Chomsky N.-otro.(1995)         La sociedad global (Educación, Mercado, Democracia),
Lom,
                               Santiago.
Dieterich, H.      (1999)       Hugo Chávez: Con Bolívar y el pueblo nace un nuevo
proyecto
                               Latinoamericano, Edit. 21 s.r.l, Buenos Aires.
Feliú C., G.        (1970)     Para un retrato psicológico de Mariano Picón-Salas,
                               Nascimento, Sanntiago.
Freire, P.           (1997)    Pedagogía de la autonomía, Siglo XXI, México.
                                                                                            14


Maturana H.-otro (1995)       Formación humana y capacitación, Dolmen, Santiago.
Miliani, D.        (1973)      “Mariano Picón-Salas”, en Enciclopedia de Venezuela, V.
IX,
                                 Andrés Bello, Caracas (210, y 507-509).
Neruda, P.             (1960)    Canción de gesta, Nacional de Cuba, La Habana.
Picón R., Josefina (1992)      “Mis recuerdos de Mariano”, Testimonio escrito.
Pineda, R.(Comp.)(1966)        Para Mariano Picón-Salas, INCIBA, Caracas.
Requena, I.(Comp.)(1997)          Presencia y crítica de Mario Briceño-Iragorry(Actas
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Caracas.
Rubilar, L                    (1992)      “El aporte de Mariano Picón-Salas a la cultura
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                           (1997) “El histórico intercambio cultural chileno-venezolano: un
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               de la
                                     UMCE, Santiago, Nº 3, (67-81).
                       (1998)       Del Instituto Pedagógico a la UMCE, Ext.-UMCE,
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Schatan, J.           (1998)           El saqueo de América Latina: deuda externa,
neoliberalismo,
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Siso M., J.M.        (1971)          Mariano Picón Salas; ensayo inacabado, Yocoíma,
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                 (1939)    Revista Nacional de Cultura, Nº 6, Caracas.
                  (1999)     Constitución Política de la República Bolivariana de
                             Venezuela (Asamblea Nacional Constituyente), Caracas
                             .


       (En Santiago de Chile, a los veintiséis días del mes de enero del año dos mil uno,
  a exactos cien años del nacimiento de don Mariano Picón-Salas, en Mérida,
  Venezuela).