EL VALOR DE LA CARIDAD

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					EL VALOR DE LA CARIDAD

Si todos fueran radicales individualistas, el concepto
de sociedad no existiría.

Si algunos de nuestros semejantes viven muy mal, lo
menos que puede hacer es preocuparse por su
bienestar básico. Ponga el valor de la caridad por
delante y verá la satisfacción por ayudar al prójimo.

UN MUNDO INJUSTO
Infortunadamente, los sistemas económicos y
políticos no han podido diseñar un modelo donde una
calidad de vida aceptable se reparta igualmente entre
todos los habitantes del mundo.

En un mismo país de primer mundo existen diferencias internas entre las clases sociales.
Ahora imagine el otro extremo: la de esos países subdesarrollados con alarmantes niveles
de pobreza y condiciones de vida infrahumanas.

Piense, sobre todo, en esas personas en países africanos que pasan días sin probar bebida o
alimento y que lo único que tienen en su estómago son lombrices.

No se trata solamente de ver el lado negativo de las cosas sino de tomar conciencia de un
problema real del mundo actual. Sólo con ideas horribles pero verídicas como estas se
puede sacudir su mente y pensar en lo terrible de la pobreza.

LA PSICOLOGÍA DE LA CARIDAD
La caridad no sólo se define con valores divinos como se le adjudican a la madre Teresa de
Calcuta. La realidad es que todos tienen dentro de sí el potencial de la caridad, simplemente
hay que descubrirlo.

El secreto de que la caridad siga en el mundo es que no sólo se otorga felicidad a los demás
sino que la misma persona que lo da se siente profundamente satisfecha.

Por ende, aunque suene un tanto paradójico, la caridad nace del egoísmo del ser humano.
Es cierto que nos interesa siempre el bienestar de los demás pero casi siempre se vela
primeramente por el propio.

Cuando se realiza un acto de caridad se acude a una felicidad de quienes lo reciben como
de quienes lo regalan. El que lo lleva a cabo se siente una buena persona porque ha ayudado
a las otras.

Al sentirse una buena persona que hace actividades de provecho, la autoestima se eleva y es
inevitable sentirse muy bien consigo mismo.

Por eso, aunque sea por su propio bien, piense en los demás y compártales de alguna forma
un poco del bienestar que usted experimenta día con día.

¿QUÉ PUEDE HACER?
No sólo basta tomar conciencia del problema y sorprenderse, porque de buenos deseos no
se hace el mundo. Lo que hay que hacer es poner en práctica esta forma de ver el mundo.

Recuerde que la indiferencia y la apatía es prima hermana de la injusticia. No deje que eso
ocurra y póngase las pilas para ayudar a los más necesitados.

La realidad del mundo puede parecer muy desalentadora. Sin embargo, dicen que la
esperanza es lo último que muere y las acciones bienintencionadas alrededor del mundo
están siempre en marcha. Usted también puede unirse actuando a nivel local y en otra parte
del mundo.

Existen organizaciones a todos los niveles y con objetivos destinados a todos los que
padecen alguna desgracia en particular: desde pobres extremos y ancianos desamparados
hasta enfermos terminales y personas con capacidades especiales. Piense en cuáles quiere
ayudar y concentre su energía en hacerlo.

Investigue en su localidad por proyectos específicos: nunca faltan campañas de ayuda,
colectas de objetos necesarios, teletones que apoyen a una causa noble, etc.

Ingrese a Internet para colaborar en organizaciones internacionales ya reconocidas, de las
cuales ya sabe que encaminarán su esfuerzo por una vía confiable. Claros ejemplos son la
Cruz Roja, la UNICEF y la ONU.

Los límites dependen exclusivamente de usted. Tiene la posibilidad de hacer algo tan
grande como crear una organización civil con algún motivo altruista hasta algo pequeño
pero igualmente valioso como repartir despensas y artículos propios en la calle.

FRASES CÉLEBRES DE CARIDAD
Muchos pensadores a lo largo de la historia han reflexionado sobre el valor de la caridad y
casi todos coinciden en que es sumamente noble y quien lo practica es una persona buena
por naturaleza. A continuación se presenta sólo una muestra.

“En la caridad nunca hay exceso.”
Francis Bacon

“Las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada.”
Cervantes

“Donde no hay caridad no puede haber justicia.”
San Agustín

“Si tienes mucho, da mucho; si tienes poco, da poco: pero da siempre.”
Anónimo
“La caridad es la belleza del alma”.
Fray Luis de León

BIENESTAR
Inculcar la caridad
Si todos los seres humanos se preocuparan por el bienestar del otro, entonces el mundo
sería distinto. Si bien eso no pasa actualmente, sí existe la posibilidad de que pase en el
futuro, pero eso depende de las nuevas generaciones.

Si desea que sus hijos tengan una mejor calidad de vida que la que usted tuvo, empiece por
ellos mismos. Introdúzcales valores que los guíen a ser mejores personas en un futuro. Si
todos los padres del mundo hicieran lo mismo, entonces el bienestar será mayor en tiempos
venideros.

El primer paso para hacerlo es enseñar valores base como la empatía y la compasión. Si sus
hijos no pueden ni siquiera detectar la desgracia en los demás, es imposible que se
preocupen por ellos y, mucho menos, ayudarlos.

Ejemplifique dichos valores con personas o animales que vea en la calle. Dígales que a
ellos les tocó peor suerte y viven en condiciones muy diferentes a las suyas. Si pueden
comprender su sufrimiento y sentirse identificados con él, el paso a la caridad será mucho
más sencillo.

Demuestre ese valor haciendo trabajos sociales o regalando ropa, juguetes y cobijas a gente
menos afortunada.

Participe activamente con organizaciones e involucre a sus hijos en cualquier proyecto
filantrópico que lleve a cabo.

Incentive a sus hijos para que participen en actividades caritativas. No importa cuál sea,
mientras quieran remediar alguna injusticia le darán satisfacciones a otras personas y a sí
mismos. Propóngase formarles esta conciencia social para que sean sensibles a las
necesidades de otros.