Jerarquización del Valor
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POSTURAS FRENTE AL PROBLEMA DEL VALOR
Todos los deseos y repulsiones están
motivados por valores, pero éstos no valen
porque nos agraden o los deseemos, sino al
revés, nos agradan y los deseamos porque nos
parece que valen. Por tanto, tienen los valores
su validez antes e independientemente de que
funcionen como metas de nuestro interés y
nuestro sentimiento, Muchos de ellos son
reconocidos por nosotros sin que se nos ocurra
desearlos o gozarlos.
Shakespeare sabía ya todo esto. Discutiendo
Héctor y Troilo sobre el caso Helena, reparte el
poeta entre ellos las dos teorías de valor: la
subjetivista y la objetivista.
—Hermano —dice Héctor—, ella no vale lo que
nos cuesta conservarla.
Y Troilo: —¿Qué valor puede tener una cosa
sino el que nosotros le demos?
A lo que Héctor replica con estas aladas,
esenciales palabras:
—No, el valor no depende de la querencia
individual: tiene su propia estimación y
dignidad, que le compete no menos en sí mismo
que en la apreciación del hombre.
Ortega y Gasset, J.: Introducción a una
estimativa, O. C., vol. 6°. Pags. 326 - 327
Sobre la realidad de los valores existen numerosas
interpretaciones entre las que podemos señalar como más destacadas
las dos siguientes.
A) POSICIONES SUBJETIVISTAS
Los filósofos que defienden la autonomía moral absoluta de los
seres humanos mantienen posturas subjetivistas. Según éstas, no
existen cosas valiosas por si mismas ni tampoco valores en si, sino que
todos los valores son creados o inventados por las personas, es decir,
valioso es lo que cada ser humano considera valioso. como
representantes más importantes de esta opinión podemos señalar a
Nietzsche, Camus y Sartre.
B) POSICIONES OBJETIVISTAS
Según las opciones objetivistas, los valores poseen una existencia
objetiva e independiente de toda consideración de los sujetos. Para los
defensores de estas opiniones valorar consiste en descubrir valores.
Existen valores superiores y valores inferiores; ahora bien. cuando
se trata de establecer su ordenación jerárquica, no todas las personas
coinciden, pues no toda poseen análoga cultura ni idéntica mentalidad y,
por tampoco serán capaces de captar las mismas cualidades y
dignidades en la realidad. Así. nunca podrán poseer la misma
valoración del Universo quien defienda una ideología materialista atea y
quien manifieste un pensamiento religioso, ni la persona sensible y
cultivada que la alejada de toda preocupación científica y cultural. Las
personas religiosas .suelen tener una concepción teocéntrica del mundo,
y para ellas los valores superiores son los religiosos, encuentran en Dios
el valor principal y. de este modo. El resto e los valores cobran su
auténtico sentido y significado por su relación con los valores religiosos.
En cambio, para quienes no acepten esta concepción, el fundamento
absoluto de los valores, esto es, el valor fundamental reside, sin duda.
en la persona humana y en su inalienable dignidad.
JERARAQUÍA DE LOS VALORES
Siendo el hombre el punto de referencia (no este o aquel hombre
determinado, sino la naturaleza humana), cabe la ordenación de los
valores por su capacidad para perfeccionar al hombre. Un valor será
tanto más importante, ocupará una categoría más elevada, en cuanto
perfeccione al hombre en un estrato cada vez más íntimamente
humano. De acuerdo con este criterio, según J. De Finance (Ensayo
sobre el obrar humano) podemos hacer una clasificación de los valores
en cuatro categorías, como sigue:
1. VALORES O INFRAHUMANOS. Son aquéllos que perfeccionan al
hombre en sus estratos inferiores, en lo que tiene en común con los
otros seres, como los animales, por ejemplo. Aquí se encuentran valores
tales como el placer, la fuerza, la agilidad, la salud, etc. Todos ellos
pueden ser poseídos (y, a veces, con mayor intensidad) por las mismas
bestias.
Es importante aclarar que el placer sensible es ciertamente un valor,
es positivamente un bien que perfecciona al hombre; por supuesto,
dentro de un nivel todavía no netamente humano; pero al fin y al cabo
es valor, y como tal hay que apreciarlo. Esta aclaración es una crítica
contra los dos extremos que se suelen tomar respecto a la valoración
del placer.
El puritanismo y cierto estoicismo rechazan el valor del placer
sensible e inclusive lo califican de anti-valor. De hecho los estoicos se
orientan a alcanzar un estadio de ataraxia que consiste en la supresión
de las pasiones para darle a la razón el dominio supremo de la persona.
Por otro lado está el hedonismo, doctrina que coloca al placer sensible
como centro de todos los valores.
Y, en contra de los dos extremos descritos, se coloca la tesis de esta
Jerarquía del valor: el placer es ciertamente un valor, pero ocupa la
categoría inferior dentro de toda la escala de valores.
Lo mismo se diga de la fuerza y de la agilidad y destreza. Son
ciertamente valores que perfeccionan al hombre; sin embargo, no
ocupan, ni mucho menos, el primer puesto. También aquí hay que saber
guardar en la vida práctica una correcta jerarquía de valores. Ni
despreciar al atleta que cultiva estos valores, ni sobrevaluarlo hasta
llegar a descuidar los valores realmente superiores.
2. VALORES HUMANOS INFRAMORALES. En esta segunda categoría de
nivel superior se pueden colocar todos los valores humanos, es decir,
aquéllos que son exclusivos del hombre, que perfeccionan los estratos
que sólo posee un ser humano, tales como, por ejemplo, los valores
económicos, la salud, el temperamento y las cualidades innatas.
3. VALORES MORALES. En tercer lugar, siempre ascendente están los
valores morales como las virtudes de la prudencia, la fortaleza, la
templanza y la justicia.
Aquí es importante destacar la superioridad de los valores morales
con respecto a los valores humanos inframorales de la segunda
categoría. Estos dos últimos se diferencían de los valores morales por lo
siguiente:
a) Los valores morales dependen del libre albedrío. Cada sujeto va
forjando sus propias virtudes y es responsable de su conducta moral. En
cambio, los valores de la segunda categoría no dependen
exclusivamente del libre albedrío (aun cuando la libertad también tenga
parte en la consecución de ellos), puesto que las riquezas pueden
heredarse, y lo mismo se diga del buen gusto. Las virtudes, por su
parte, nunca se heredan, sino que se adquieren a base de esfuerzo y
constancia. Los valores morales están colocados en un nivel más íntimo
dentro de la personalidad humana; son superiores porque se obtienen a
base de mérito, por el funcionamiento del hombre en cuanto hombre; el
hombre es sujeto activo, no pasivo, con respecto a los valores morales.
b) La segunda razón por la cual son superiores los valores morales es
definitiva. Estos perfeccionan al hombre de tal modo que lo hacen más
humano, es decir, que perfeccionan al hombre en su inteligencia y
voluntad.
4. VALORES RELIGIOSOS. Ocupando la cumbre de esa jerarquía, están
los valores sobrehumanos, sobrenaturales, o, más fácilmente, los
valores religiosos. Son una participación de Dios que está en un nivel
superior a las potencias naturales del hombre. Son la santidad, la
amistad divina (gracia), la caridad y, en general, las virtudes teologales,
etc.
Estos valores perfeccionan al hombre de un modo superior, en el
plano sobrenatural. Su estudio corresponde más bien a la Teología.
En general, cuando se estudian las jerarquías de valores de los
principales axiólogos, se nota un cierto paralelismo dentro de sus
diferentes categorías. Un ejemplo típico es la jerarquía propuesta por
Max Scheler:
Valores { Santo - profano
Religiosos
Intelectual Verdadero – falso
Evidente – dudoso
es
Valores Justo – injusto
Espirituales Jurídicos Recto – no recto
Bello – feo
Estéticos Elegante – tosco
Noble – vulgar
Valores
Sano – enfermo
Vitales Vigoroso – agotado
Agradable –
Valores desagradable
Sensibles Útil – inútil
Duro - blando
IMPORTANCIA DE LOS VALORES EN LA VIDA HUMANA
Toda ordenación axiológica. sin duda alguna, es susceptible de
recibir diversas correcciones. No obstante, conviene resaltar que toda
ordenación de los valores posee un profundo sentido moral, es decir,
que en caso de conflicto entre unos y otros, estamos obligados
moralmente a elegir los valores superiores y a rechazar los inferiores:
por ejemplo, no parece licito poner en peligro la vida de las personas
por conseguir bienes económicos, pero si lo parece arriesgar nuestro
dinero para salvar vidas humanas.
Sólo las personas pueden ser originariamente
buenas y malas y todo y todo lo demás es bueno
y malo únicamente en relación con las personas.
Los actos de la voluntad y las acciones son buenas
o malas únicamente en cuanto que se adivina bajo
ellos la persona activa. Por otra parte, nunca
puede ser una persona (en sí), por ejemplo,
"agradable" o "útil". Estos valores son
esencialmente más bien valores de cosas y
acaecimientos. E inversamente: no existen cosas
ni acaecimientos moralmente buenos o malos. Los
valores éticos (morales) son, primariamente,
valores que nunca pueden darse en objetos,
porque están en el plano de la persona (porque
pertenecen a las personas). Nunca puede sernos
dada como "objeto" una persona. Tan pronto
como objetivamos de cualquier modo, a un ser
humano, se nos escapa forzosamente depositario
de los valores morales.
Scheler, M: Ética, Revista de
Occidente, Madrid, 1941, tomo 1, pags. 127 –
128.
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