1 EL ARTE DE LA RESISTENCIA Mi intención en esta presentación, breve como ha de ser, es iniciar una serie de reflexiones sobre la resistencia, unas meditaciones sobre sus formas de presentarse ante nosotros, una simple llamada de atención a la tradición y a algunas de sus formas más recientes.
El ser humano, en líneas generales, en algún momento ha tenido que resistir ante algo que considera injusto o que puede poner en peligro lo mas preciado que todos los seres vivos tenemos: nuestra propia existencia. Por lo tanto podemos introducir que la Resistencia es algo muy presente a lo largo de la historia de la humanidad, y que evidentemente debe estar presente en nuestra vida diaria con las múltiple formas de resistir que pueden existir dentro de la noviolencia: ante la injusticia, la opresión, ante aquello que puede ocasionarnos daños de los más diversos.
El arte de la resistencia es un apropiado título para esta charla de presentación de la mesa redonda que iniciamos, pues el hombre, en esa defensa de su propia existencia, en el propio hecho de evitar su explotación, ha ejercido diversas formas de resistencia, de forma pasiva o activa, y que, con el devenir histórico se han ido asentando en las estrategias de supervivencia de diversos grupos sociales, haciendo suyas dichas formas de resistir, perfeccionándolas y adaptándolas a sus necesidades, ejerciendo su derecho a la resistencia cuando se observaba desde el imaginario colectivo que la situación que se vivía exigí una respuesta, o algo más simple, la forma de vida de cualquier individuo quedaba subyugada por formas de opresión que ponían en riesgo su propia reproducción.
Por lo tanto tenemos la primera característica de la Resistencia, pues ésta puede presentarse de modo Individual o de modo que afecte a un colectivo.
Si atendemos al mero hecho del derecho, la expresión de derecho de resistencia es una noción muy amplia en la que de inicio se observa una contradicción entre los propios términos que la constituyen. Esto nos conduce a
2 una necesidad de justificación, pues el orden del derecho exige obediencia y cumplimiento de lo establecido por quién tiene el poder o la autoridad de legislar y gobernar. Esto lleva a la negación de cualquier tipo de resistencia ya que el derecho de resistencia, como derecho a oponerse a la ley y al poder supone la justificación de ejercer algún tipo de acción, incluso mediante la fuerza, encaminada a la desobediencia a las leyes injustas, con la finalidad de procurar un cambio en la legislación o en la política. Es decir estamos hablando de contradecir la misma existencia del derecho. Por lo tanto es más normal que se reproduzcan formas de resistencia en sociedades subyugadas a regímenes dictatoriales donde la persona supera rápidamente las estrictas normas establecidas, que en los sistemas democráticos. Esta puede ser otras de las características de la resistencia, su mayor necesidad de ser utilizada cuando más limitada es la representación en el plano de la política.
Podemos observar también como otra característica como uno de los aspectos más difíciles a tener en cuenta radica en la posibilidad del recurso a la violencia y el aspecto de cobertura ética y jurídica a formas difícilmente justificables desde estas instancias. La solución desde la órbita del derecho ante esta sincronización de contradicciones era la de evitar centrar este derecho de resistencia en un individuo particular, sino que se generalizaba a toda una comunidad, haciendo a ésta como la depositaria legítima del derecho de resistencia, ignorando así el papel del individuo, lo que suponía ignorar el papel sectores sociales como el campesinado, donde el papel del individuo cobra un papel fundamental.
Uno de los aspectos claves, y que ya venimos intuyendo a lo largo de la exposición, a lo largo de la historia de la humanidad y que justifican la presencia de este derecho viene unido al hecho de presencia de la tiranía como forma de gobierno. Y es que la resistencia, en un margen amplio conceptual, viene unida al hecho político de tratar de limitar los poderes todopoderosos y evitar la presencia de la opresión que vienen unidas a estos procesos.
3 Podemos decir, de este modo, que es una de las formas más visibles donde se han perfilado este derecho de resistencia; de este modo al hablar del Arte de la Resistencia, muchos podríamos caer en la tentación de transformar este arte como algo irremediablemente unido al proceso del poder tiránico que evita nuestra representación. Pero esta visión limita, en gran medida, numerosas formas de resistencia que han estado y permanecen presentes en nuestra sociedad unidas a otra serie de preceptos, ideologías y situaciones que pueden reproducirse incluso en sociedades en democracia. Casi siempre hemos de comentar además, se han destacado por la bibliografía las formas violentas de resistencia, lo que obligaba, como ya dijimos, a las fuentes del derecho a confirmar este Derecho de Resistencia siempre unido a la multitud, en muchas ocasiones estas acciones violentas vienen justificadas por la presencia del tirano que usurpaba el poder de modo ilegítimo y que justificaba la reacción de los vasallos que era el motín sangriento, las guerrillas, los atentados contra los elementos que aquel poder usurpador representaba, etc… Pero como hemos dicho, sin dejar de ser cierto este punto, limita, en gran medida lo que el poder de la Resistencia conlleva y que un Investigador de la Paz ha de tener en cuenta para conocer elemento como la Noviolencia.
Evidentemente de este modo, también hay formas de resistencia contra la tiranía que obedecen a estas formas noviolentas de solucionar un conflicto, como pueden ser las estrategias que Gandhi desarrollara en su lucha contra la ocupación inglesa de la India. Pero, estas formas de resistencia quedan más ignoradas por parte de la mayoría, quizás porque sugiere un mayor esfuerzo por parte de los resistentes o supone una concepción global de los objetivos que se persiguen conseguir que evitan cualquier tipo de manipulación maniquea o de intereses de unos cuantos.
Pero, intentando no perder el hilo de esta pequeña reflexión que en la intimidad de esta sala, entre amigos, estoy llevando a cabo, la Resistencia es algo más que una lucha contra la Tiranía, es la lucha contra la Injusticia, contra la opresión, contra la insolidaridad. Así, si estamos hablando de la resistencia como un arte; esta forma de expresión que es la forma artística, suele tener varias formas en las que se expresa de modo natural (escultura, pintura…) Y
4 que vienen a generar en su suma y grosso modo, un estilo artístico. El arte de la resistencia, yo creo que está más allá de las grandes acciones de las masas sublevadas contra el poder del dictador de turno, sin querer quitar importancia a esa masa de personas que tratan de luchar por su dignidad, que resisten, quizás de un modo más violento de lo necesario pero que apelan a su derecho de existir para resistir y sobreponerse a una dictadura; o, evidentemente el innegable papel de Gandhi desarbolando cualquier estrategia de defensa según la tradición frente a los intentos secesionistas de las colonias británicas gracias a su sabiduría y a una acción que hacía perder cualquier legitimidad al accionar violento de los opresores Británicos. Posiblemente Gandhi de un modo más claro que la masa de población resistiendo los embates de un dictador, conocía lo que suponía la tradición de la Resistencia en las distintas sociedades y en distintos momentos de la historia. Y es que la mayoría de las formas de Resistencia, la que se desarrollan en el día a día, suponen formas de resistencia cuya presencia es callada, y van a caracterizar a algunos
grupos sociales en concreto los cuales la desarrollaran de un modo activo. Me gustaría, llegado a este punto realizar una alabanza al arte de la resistencia del campesinado, exactamente del pequeño campesinado y sobre todo del
jornalero. Su arte de resistencia podemos caracterizarlo por lo callado de su acción y su capacidad de articular su vida diaria dentro de un sistema injusto: es lo que podríamos denominar el Discurso Oculto; o su capacidad de resistir a la opresión generada por las clases dominantes.
Pero también otra forma de resistencia, en este caso desarrollado desde diversos grupos sociales de un modo transversal, no entendiendo en muchas ocasiones de grupos sociales y que a lo largo de la historia se ha ido cubriendo de diversas características. Es aquel que se desarrolla ante la negación de acudir al servicio de las armas, o lo que era igual, a una muerte segura: es lo que conocemos como Objeción de Conciencia o más recientemente, unido a movimientos pacifistas, la Insumisión. En un primer momento histórico, esta oposición de acudir al servicio de armas iría más unido a aspectos (en general) relacionados con el mantenimiento de la existencia desarrollada en la vida diaria (momentos de cosecha etc.) y durante el siglo XX todo se va a cubrir de la ideología Pacifista, unas tendencias crecientes en una
5 sociedad con múltiples capacidades de autodestrucción, por lo tanto una posición en crecimiento en nuestra sociedad que entendía la necesidad de una resistencia al servicio de armas, como modo de establecer las bases de una sociedad antibelicistas donde los conflictos pueden resolverse de otras formas donde no se incluya nuestra propia destrucción.
Me gustaría centrarme, llegado a este punto en desarrollar algo más sobre el Arte de la Resistencia propia de un sector de la población como es el campesinado y conduciéndolo al caso concreto de Andalucía nos puede servir como base para entender diversos comportamientos en sociedades agrarias del resto del mundo, pues pocos grupos se muestran tan unidos en sus formas de acción a lo largo del planeta como el campesinado.
Al campesinado se le ha asignado siempre un papel pasivo, sobre todo en los últimos siglos (s.XIX y principios del XX) donde, desde los sectores obreros y revolucionarios se consideraba objeto posible de cambio el mundo industrial donde el contexto (reunión de trabajadores en el mismo espacio, posibilidad de difundir ideas etc.) Favorecía la presencia de las nuevas ideas en el entorno de la ciudad. Sin embargo en Andalucía, resulta extraño que en sociedades rurales, de pronto surjan movimientos, en muchas ocasiones violentos que producen un estallido con objeto de producir cambios en su modo de vida. Lógicamente no podemos decir que esta situación venga de la nada, sino que ha de existir toda una lucha diaria, una resistencia en el silencio que se ve desbordada en algún momento cuando las circunstancias dejan de ser apropiadas para la convivencia.
Hay que comentar, de este modo, que el movimiento campesino no es un ente pasivo, que acepta con resignación y desorganización la voluntad del mercado, con breves momentos de estallidos violentos que son los que se reflejan en la historiografía más variada. El campesinado, por sus mismas circunstancias, posee una serie de valores que impregnan y han impregnado a sus miembros y que han pasado de ser distintivo de un grupo social.
6 Esas formas de resistencia callada forman parte del Discurso Oculto, el cual podríamos definirlo como toda una serie de estratagemas, de acciones, de modismos que servirían para reforzar la identidad del grupo y como defensa frente a la opresión laboral, actuando con otros grupos de un modo simulado. Este discurso se dispondría así de tres espacios propios donde desarrollarse: 1 – es propio de un espacio social determinado y con actores determinados (entre iguales). En el espacio donde se conviven los del grupo social, en este caso hace falta cautela pero no disimulo. 2 – no sólo es un discurso realizado por el lenguaje, sino de actos prácticos como resistencia a cualquier tipo de injusticia u opresión: caza furtiva, el hurto, trabajo mal hecho, la rebusca. Muy importante en el caso del campesinado en Europa y sobre todo, del campesinado en Andalucía. Es otra forma de desarrollar este discurso oculto. 3 – la frontera entre los discursos es una zona de conflicto. Pero hay ocasiones donde ese discurso, como modo de resistir sale a la calle, a la luz pública, y por lo tanto puede hacerlo de dos modos: A - de modo descontrolado porque la situación lo haya provocado así, sin disimulo, de modo directo (y puede conducir a estallidos de violencia y represión de gran crueldad, son los que casi siempre se resaltan en este movimiento, aunque en realidad suelen ser movimientos muy estacionales) B - o puede emerger de modo más o menos controlado, por acciones de invierten las relaciones sociales, tal sería el ejemplo de los carnavales. Pero tenemos más ejemplos: posee formas de aparición en el espacio público, a modo de disfraz o metáfora, que lo hacen visible al resto de la población, aunque quizás no se entienda: rumores, chistes, refranes... Este modo de actuar no es un defecto, sino parte de la estrategia ante las limitaciones existentes y como modo de resistir las situaciones más negativas donde se desarrolla su vida diaria. Las manifestaciones son ambiguas, evitando la oposición directa y sobre todo toman forma en la cultura oral, la cual es más anónima, provocada por la difusión descontrolada a través de la multitud anónima, donde nadie conoce la fuente original y provoca seguridad, pero además se puede modificar según intereses: un buen ejemplo de este hecho son los cuentos de pícaros.
7 Pero si estas son formas más o menos clásicas de acción del campesinado, utilizando la lista de Sharp sobre estrategias de resistencia noviolenta, las formas de accionar del campesinado, sobre todo en el ultimo siglo y medio se adaptan perfectamente a la mayoría de acciones que este autor expone en su lista. No es cuestión, ni es tiempo de poder indicar toda la lista, pero podemos mencionar como ejemplo: Lemas y consignas. Caricaturas y símbolos: “la tierra para quién la trabaja”,viene muy unido al hecho de la consecución de la libertad, autonomía personal, la autorrealización y aspectos más generales que hemos venido detallando como el hecho de la consecución de la justicia social y el reconocimiento de una verdad histórica. Folletos, panfletos: que se redactan a principio de los años 80 en las reivindicaciones de las mejoras de las condiciones de vida del campesinado y donde se unía el hecho del proceso autonomista. Reivindicaciones o reclamaciones simbólicas: de fincas que van a ser expropiadas o que pertenecen al estado. Gestos irreverentes, groseros e insultantes: el fino filo del discurso oculto y lo público tenía en este tipo de actos una puerta de comunicación, pues tras la sumisión aparente al terrateniente, se realizan gestos o frases de negación de la opresión. Canciones y cánticos: han llegado hasta nuestros días canciones antiguas de nuestros pueblos, muestras de la cultura popular andaluza que hablan de obreros que marchan al trabajo, a cultivar tierras de sol a sol etc. Procesiones: tanto de índole religioso como de índole civil, como modo de reivindicación de elementos existentes, sin llegar al carnaval, pero con toda la parafernalia formal de estos eventos. Marchas: como las que se realizan contra la presencia de bases americanas en Andalucía; y que tienen antecedentes como una marcha por el empleo rural a principio de los años 80.
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Tomar un lugar para debatir o hacer foros con expertos: toma de la Moncloa a finales de los 80 por parte de líderes del SOC que marcharon
8 a una protesta a Madrid y no fueron recibidos por el presidente ni por el vicepresidente del gobierno.. Abandono de un lugar como forma de protestar: abandono de instituciones oficiales o eventos de especial simbología, como una votación en el parlamento andaluz. Guardar silencio cuando se espera el aplauso o la afirmación general de un ponente, o cuando el propietario exige voluntarios para determinados trabajos.. Boicot social: boicot de los mítines electorales de los partidos oficiales en la localidad.
Como podemos observar de modo muy rápido, el hablar de Arte no es por utilizar un título espectacular, sino que hay toda una realidad, toda una estrategia de origen histórico y de origen noviolento que caracteriza al movimiento jornalero. Con esto creo justifico el hecho de llamar a mi exposición el arte de la resistencia, espero que haya sido claro y que al menos sirva para al reflexión, en este rato no espero más, el hecho de inducir a la resistencia, como elemento negativo sino habitual en nuestra vida diaria y en nuestra historia.