¿Descarrilamiento de la globalizacion y el neoliberalismo Un ...

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Dr. Alejandro Alvarez Béjar Facultad de Economía, UNAM. México, D.F. abejar48@hotmail.com abejar@servidor.unam.mx Tel. casa (55) 56-18-87-93 Oficina (55) 56-22-17-76 Fax (55) 56-22-21-58 ¿Descarrilamiento de la globalización y el neoliberalismo?: un balance de la resistencia social a la luz de la recesión económica internacional (Borrador) Ponencia al Seminario Internacional REDEM 2003 Lima, Perú 10 al 14 de Noviembre de 2003 ABSTRACT Si volteamos la vista a las condiciones de globalización imperantes desde el último tercio del siglo XIX hasta la segunda década del siglo XX, veremos que los saldos desastrosos de la Primera Guerra Mundial primero, después la huelga general de 1926 de los trabajadores ingleses cuando Gran Bretaña era la potencia hegemónica global y finalmente la depresión de los años treinta más el estallido de la Segunda Guerra Mundial, rompieron el esquema de globalización, cambiaron el consenso a favor del keynesianismo y abrieron el campo a un acción estatal más orientada hacia la consecución del bienestar social. Hoy, las condiciones recesivas imperantes en la economía mundial y la inestabilidad financiera internacional, han sumido en condiciones de gran deterioro lo mismo a Argentina que a Estados Unidos, a Francia y Alemania que a México, Brasil o Perú, y así se configura el escenario de una clara reactivación de las resistencias sociales a la globalización y al neoliberalismo, tanto en los países del capitalismo avanzado como en el periférico y semi-periférico, como es el caso de varios países latinoamericanos. Los intentos de profundizar en los esquemas de libre comercio a nivel global y regional, de desregular los mercados laborales, de desmantelar las instituciones del Estado del Bienestar y el deterioro mismo de las condiciones de vida y de trabajo de amplias capas de la población, han sido detonantes de amplias movilizaciones de masas y de intentos de articular alianzas sociales más amplias, que en algunos casos han sido frenados mediante sofisticados esquemas represivos y divisionistas. Hasta ahora, el carácter global de la resistencia contra la guerra en Irak no tuvo clara continuidad de metas políticas en los países capitalistas avanzados, mostrándose como una clara limitante del movimiento pacifista, mientras que del lado de las organizaciones de los trabajadores, las estrategias centralmente defensivas, locales y puramente económicas, explican la eficacia limitada de sus acciones. Ni la globalización ni el neoliberalismo parecen acercarse a un final debido a la resistencia social también en los países de la periferia, pero el agravamiento de las tendencias recesivas puede convertirse en el eslabón más débil de la cadena. El final podría llegar por las crecientes contradicciones propias del modelo económico y una eventual inestabilidad financiera sistémica. Introducción El contexto general de la economía mundial, hoy está definido por diversos episodios de crisis financieras que en la década de los noventa dejaron como secuela graves caídas de la producción (México –6.5% del PIB, Indonesia –11.0 del PIB, Corea – 7% del PIB) y decenas de millones de desempleados en varias regiones de la tierra; también por el aletargamiento del crecimiento económico mundial ( 2.4% en el PIB mundial en 2001, 3.0% en 2002 y 3.2% proyectado para 2003); y por las tensiones sociales y políticas evidentes en las reuniones de los organismos internacionales como ocurrió en la reunión de Cancún de la OMC; así como por el más reciente colapso global de los mercados de valores (2001-2003) que evaporó una parte importante de la riqueza de millones de hogares en el capitalismo avanzado; pero sin lugar a dudas, también por las rebeliones populares en la periferia que rechazan la continuidad de las privatización y de la deresgulación (Argentina, Perú y más recientemente Bolivia ). Todo ello ha derivado en un amplio debate mundial sobre si ya tocó fondo la globalización, si estamos ante el fin del neoliberalismo y si es necesario acabar ya con la nefasta libertad total al movimiento de capitales, que es el símbolo más difundido de los privilegios y la impunidad del capital financiero en todo el mundo. Autores como Immanuel Wallerstein 1 sostienen por ejemplo que “la reunión de Cancún representa el sepelio de la ofensiva neoliberal que comenzó en los años setenta”, en la medida en que permitió un agrupamiento de economías relativamente débiles pero con intereses comunes. En el mismo sentido, Manuel Castells ha sostenido en una conferencia reciente en México que, hasta el momento, el gran triunfo del movimiento “altermundista” ha sido someter a un debate social y político la concepción globalizadora capitalista. 2 Pero también, autores como Dumenil y Levy 3 afirman que los dos rasgos característicos de la etapa actual son, la recesión en las principales economías del capitalismo avanzado y el nuevo curso agresivo del imperialismo bajo la hegemonía norteamericana y bajo una nueva hegemonía financiera, que ha restaurado enormes privilegios para las fracciones financieras del Bloque en el Poder. El neoliberalismo, entendido como un asalto sobre el Estado para usarlo a favor de los intereses de una minoría financiera (imponiendo por ejemplo políticas monetarias y financieras duras, la desregulación y la apertura comercial y financiera), ha sido uno de los 1 Véase su ensayo más reciente, Immanuel Wallerstein, “Cancún: el colapso de la ofensiva neoliberal”, La Jornada, México, octubre 10 de 2003. p. 10 2 Véase Manuel Castells, “¡Es sostenible la globalización en América Latina?”, conferencia Universidad Iberoamericana UIA, México, 10 de octubre de 2003 3 Véase Gerard Dumenil y Dominique Levy, “Neoliberal Dynamics-Imperial Dynamics”, paper for the Conference on Global Regulation, University of Sussex, U.K., May 29-31, 2003 primeros productos de la globalización y corrió a cargo de los condicionamientos y programas de organismos financieros internacionales (el FMI y el Banco Mundial, central aunque no exclusivamente). Parece que en realidad, esos dos aspectos reflejan con fidelidad lo que está ocurriendo en el entorno mundial: por una parte, un cuestionamiento creciente a las formas de la globalización y las políticas y las prácticas neoliberales, al que por otra parte, se está respondiendo con el uso de la fuerza militar para imponer las pautas reclamadas por Estados Unidos. En este sentido, deben asumirse con toda seriedad dos tendencias notables a partir del 11 de septiembre de 2001, de un lado, el giro agresivo de la política norteamericana en los asuntos domésticos y mundiales, al punto de que en el documento de Estrategia de Seguridad Nacional del Gobierno de George Bush presentado en Septiembre de 2002, se habla explícitamente “ de la firme creencia en los principios del libre mercado y del libre comercio, así como en la voluntad de hacerlos respetar internacionalmente”. 4 Queremos entonces enfatizar las características de la situación actual en la economía mundial, partiendo de la base común de que hoy predomina la incertidumbre respecto a la fortaleza de la recuperación económica global, de tal forma que la realidad nos permita arrancar de lo siguiente: las grandes oscilaciones en el valor de las monedas fuertes y aún de las débiles (el peso se ha devaluado 20% respecto al dólar en el último año), un crecimiento global basado casi exclusivamente en el dinamismo de la economía norteamericana (aunque el FMI reporta que la economía japonesa ha comenzado a recuperarse), pero además y en el colmo, un crecimiento que acumula graves desequilibrios comerciales y fiscales (ambos problemas explican en parte el sacudimiento en el valor del dólar), además de arrastrar graves contradicciones en el desarrollo de la guerra contra Irak., que se suponía una guerra fácil y corta y no ha ocurrido así. 5 Lo primero, las oscilaciones en el valor de las grandes monedas, ha llegado al punto de que entre febrero de 2002 y Septiembre de 2003, el dólar se devaluó 20% respecto al Euro, 10% respecto al Yen, 10% frente a la libra esterlina, 12% frente al dólar canadiense y casi 20% respecto al dólar australiano; pero además, está la insistencia de que las autoridades de la República Popular China “flexibilicen” su anclaje frente al Dólar, todo lo cual revela la intención de descargar sobre los grandes tenedores de divisas en Asia Pacífico pero también sobre las economías de Europa, parte del ajuste macro que requiere la economía estadounidense. Lo segundo, los grandes desajustes comerciales y fiscales (cada uno rondando los 450 mil millonesde dólares), revela que el gran poderío militar norteamericano está fundado sobre bases económicas sumamente débiles y que más pronto que tarde, deberá hacer ajustes estructurales severos en su gasto militar, si no quiere que su población se rebele y que la recuperación pierda momento y entremos de lleno en una segunda recesión 4 Seguimos la reconstrucción hecha por Guy Caron, “The Bush Agenda, Mobilization and Regime Resístance”, paper to the Conference Canada and the deep integration in North America, CERLAC, York University, Toronto, Canadá, 15-16 de Octubre de 2003 5 Véanse al respecto las características que fija el análisis del IMF, World Economic Outlook, Washington, USA, September, 2003, capítulo I. internacional sincronizada, como la ocurrida en 2001-2002, que ahora podría tener resultados adversos a la continuidad de la globalización y el neoliberalismo. 6 Curiosamente, el discurso de los organismos financieros internacionales insiste marcadamente en el diagnóstico norteamericano sobre los problemas que aquejan a la economía mundial: todo el mundo debe avanzar en las llamadas “reformas estructurales” para salir del aletargamiento actual, pero no se aclara cuál tipo de reformas estructurales son las que requiere la economía norteamericana 7 para aterrizar de manera consistente el largo período de auge de las inversiones basadas en el despliegue del mercado accionario y que llevaron a su colapso en 2001-2002. Para hacer un ejercicio prospectivo respecto a qué forma podría adoptar un eventual descarrilamiento de la globalización y el neoliberalismo bajo sus modalidades actuales, esta ponencia está dividida en cuatro apartados, de los cuales el primero pretende informar acerca de la globalización en una perspectiva histórica, justo para sacar enseñanzas históricas sobre cómo se colapsó una vez la globalización precedente. El segundo apartado, está dedicado al examen de la situación macroeconómica en el capitalismo avanzado, especialmente Estados Unidos, Alemania y Francia, para delimitar el alcance de los problemas que enfrentan y la lógica de las reformas con las que pretenden superar esa situación así como las diferentes reacciones de la ciudadanía, en ocasiones resistiendo el desmantelamiento de las instituciones de bienestar, pero también resistiendo en contra de la guerra y el accionar unilateral en las relaciones internacionales. En el tercer apartado, hacemos un recuento de las resistencias sociales en los en el en algunos países del capitalismo avanzado, para delimitar alcances, estrategias y campos de acción, así como la capacidad de influencia sobre los acontecimientos económicos y políticos. El cuarto apartado se detiene en algunos referentes recientes de la situación de Latinoamérica y en los alcances y la amplitud de las tendencias liberalizadoras que hoy empujan los organismos financieros internacionales, así como intenta unas breves conclusiones. En conjunto, se trata de un ejercicio histórico de economía política internacional, para poner las tendencias actuales en una perspectiva histórica. Las conclusiones son duras, pero corresponden fielmente a las tendencias observables en la situación económica y política actual. Se trata de analizar para prever y de prever para actuar en consecuencia. I. La globalización y el neoliberalismo en perspectiva histórica Aunque la globalización tiende a percibirse como la mundialización casi absoluta de las relaciones económicas, las evidencias recogidas por muchos autores indican que se trata de un proceso desigual y combinado, que hoy concentra el grueso de los intercambios comerciales y de inversión en tres grandes regiones del planeta, América del Norte, la 6 Este proceso lo hemos analizado en Alejandro Alvarez, “La recesión internacional sincronizada: problemas y oportunidades para América Latina”, Ponencia al Congreso Latinoamericano de Estudiantes de Economía, Cuzco, Perú, 26-30 de Mayo de 2003 7 Véase por ejemplo del IMF, World Economic Outlook, Washington, September 2003, capítulo I. Unión Europea y Japón. La realidad es que estamos todavía muy lejos de un mercado mundial integrado de bienes, capitales y trabajadores. 8 Por supuesto, los esquemas de descentralización de la producción hacia la periferia y la semi-periferia de los grandes centros de la economía mundial, han ayudado a configurar complejas cadenas mercantiles de valor repartidas desigualmente en el ámbito internacional, pero siempre dependiendo de las estrategias de las grandes empresas trasnacionales, actores estelares de la actual era de la globalización. Así, resulta que la globalización en realidad es un producto histórico que tiene similitudes y diferencias con otras etapas de internacionalización de las relaciones capitalistas en escala mundial. El historiador económico, Armando Kuri 9, ha enfatizado tres grandes momentos de la globalización a lo largo de los siglos XIX y XX: el primero, entre fines del siglo XIX y el estallido de la primera guerra mundial, con un período de quiebre entre esta última fecha y la depresión de los años treinta; el segundo, de los años cincuenta del siglo XX; el tercer momento, propiamente la etapa actual, se inicia en la década de los ochentas y se prolonga hasta nuestros días y se asienta sobre la fórmula sistémica del pensamiento neoliberal: abrir, privatizar y desregular. Ahora bien, a lo largo de ese largo ciclo, en realidad ocurrieron cambios que marcan fuertes diferencias entre el primer momento y el actual: hacia finales del siglo XIX la potencia hegemónica era Inglaterra y el patrón monetario dominante era el Patrón oro, pero no sólo eso, pues Gran Bretaña era entonces un exportador neto de capital y Estados Unidos es hoy al mismo tiempo, la primera potencia importadora y exportadora de capital. Más aún, en el momento actual, nos movemos con rapidez hacia un esquema monetario bipolar, con el Dólar y el Euro como grandes monedas; finalmente, recordemos que el predominio inglés se dio dentro de la época de las grandes migraciones libres, mientras que en la actualidad el cierre de fronteras y la represión de la población migrante marca en realidad el fin de la era de la libre movilidad de la mano de obra. Las asimetrías en la movilidad de los factores son abismales y es evidente que el capital hoy goza de una movilidad de la que realmente hacía mucho que no gozaba, mientras la fuerza de trabajo enfrenta restricciones notables a su movilidad, que contrastan con la situación imperante a finales del siglo XIX, cuando migraban masiva y libremente a Estados Unidos. Aunque hay muchas otras diferencias entre la globalización de entonces y la actual, en términos del comercio de bienes, del número, tamaño y el alcance de las grandes empresas globales y hasta de las formas de comercio y la composición de los bienes predominantes en el comercio mundial, lo cierto es que la gran diferencia está en el ámbito financiero, pues en la globalización actual el grueso de los flujos de fondos corresponde a movimientos financieros de carácter especulativo y de corto plazo, en tanto que en los momentos históricos precedentes se trataba de movimientos de largo plazo y dirigidos a facilitar la exportación de materias primas . 8 Entre los primeros que cuestionaron la amplitud, alcances y novedad de la globalización, están John Hirst and Grahame Thompson, Globalization in Question, Polity Press, Cambridge, U.K., 1996, capítulo 2. 9 Armando Kuri Gaytán, “La globalización en perspectiva histórica”, en Comercio Exterior, vol. 53, núm. 1, México, Enero de 2003, pp. 4-12 De modo que la bipolaridad monetaria, la apertura comercial y la configuración acelerada de grandes bloques comerciales, la especulación desbordada, la inestabilidad y las crisis financieras así como la desigualdad en el disfrute de las ventajas de la globalización debido a la severidad de los planes de ajuste estructural - hoy incluso impuestos mediante la fuerza de las armas - son los rasgos dominantes de la economía mundial a finales del siglo veinte y principios del XXI. Sectores de capitales industriales y productores agrícolas nacionales afectados por las oleadas de importaciones, trabajadores de las empresas públicas estratégicas y pensionados, ambientalistas, trabajadores de los servicios de educación y de la salud, campesinos sin tierra, técnicos y profesionistas, configuran actores sociales que están resintiendo el carácter excluyente y depredador de la globalización y las políticas neoliberales. Pero más que eso: son actores que están desafiando la estabilidad política y la gobernabilidad, lo mismo en las economías avanzadas que en las periféricas. 10. Pero sin lugar a dudas, a partir de la década de los ochenta del siglo XX, la tendencia a la liberalización de la cuenta de capital de la balanza de pagos de los países en desarrollo, se ha convertido en el más sorprendente patrón en la evolución de los mercados globales de capital, sólo que como la liberalización ha ido deliberadamente por delante de la capacidad de absorción de los sistemas financieros nacionales, eso ha significado severos problemas con los regímenes cambiarios, de tal forma que han provocado graves crisis financieras y costosísimos colapsos productivos, baste con mencionar a México, Indonesia y Argentina. El dilema de seguir adelante con las políticas de cambio estructural atizando las más variadas reacciones sociales y arriesgando la gobernabilidad, cuando las ventajas de la globalización se ven doblemente alejadas debido al peso de las tendencias recesivas presentes en la economía internacional, estará cada vez más presente como marco de referencia central en las decisiones para las economías nacionales más débiles. Esto explica que en la actualidad y en realidad desde mediados de la década de los noventa, estén cada día mas cuestionadas las ventajas de la apertura comercial, la privatización y la integración financiera internacional que simbolizan la globalización. La explicación de esos problemas de comportamiento de largo plazo, algunos autores como Obstfeld y Taylor 11, la pretenden abordar (tanto por el lado del otorgamiento de préstamos como del desarrollo del endeudamiento) a partir del trilema básico que enfrenta toda economía abierta en términos de la selección de régimen monetario y el conflicto existente entre opciones rivales de política: se parte de la base de que la libre movilidad de capital priva a los gobiernos de la habilidad de fijar una meta para el tipo de cambio y usar al mismo tiempo la política monetaria en busca de otros objetivos económicos. Sobre la base de ese trilema, se sostiene que debemos considerar los costos potenciales y los beneficios de la movilidad internacional de capital para las naciones participantes, ya que los riesgos de crisis de balanza de pagos y de crisis financieras pueden 10 De los pioneros en alertar sobre las tensiones sociales que generaba la globalización, está Dani Rodrik, Has globalization gone to far?, Institute of International Economics, Washington, USA, 1997, ver espececialmente el capítulo 1. 11 Maurice Obstfeld, and Alan M., Taylor, Globalization and capital markets, National Bureau of Economic Research, USA, March 2002. convertirse muy pronto en los obstáculos decisivos para la adopción generalizada de la libre movilidad que exigen los mercados de capital. Esto no necesariamente significa un descarrilamiento de la globalización, pero con seguridad, implica que o se produce un cambio en las condiciones en que ese proceso ha venido ocurriendo, o veremos procesos de insubordinación nacional crecientes frente a los procesos de integración global. Si se agrava la tensión entre los objetivos nacionales de política y las reacciones populares y democráticas, el interés por la movilidad global del capital irá decayendo con rapidez en todo el mundo. Nuevamente, una perspectiva histórica de economía política, nos dicen Obstfeld y Taylor , sirve para recordar que una enorme reacción social en contra de los mercados y en especial contra la movilidad global de capital, impuso dos grandes virajes a lo largo del siglo XX, que acentuaron la deriva hacia la autarquía y el nacionalismo: el primer declive pronunciado ocurrió al calor de las dos guerras mundiales y la Gran Depresión, colapso que se explica por la creciente presión social de los trabajadores a favor de un activismo macroeconómico lo que llevó a los gobiernos a optar por fijar el tipo de cambio y entonces, comprometer en parte la libre movilidad del capital. Después de la segunda gran dislocación que representó la II Guerra Mundial, la movilidad de capital a nivel global se vio afianzada con la hegemonía norteamericana reflejada en todos los organismos internacionales (FMI, BM, GATT)12. Y a partir de ahí, la situación evolucionó cada vez más en la dirección de dar libre movilidad global al capital, eventualmente buscar la conformación de grandes áreas monetarias para contar con cierta libertad para fijar objetivos de política interna, dejando las tasas de cambio como un residuo equilibrador. Para el resto de las economías débiles, sin embargo, los esquemas cambiarios de consejo monetario, de dolarización absoluta y de tipos de cambio anclados a una moneda fuerte, se rebelaron tarde o temprano como igualmente vulnerables y socialmente costosos por entregar la autonomía de la política monetaria, llevando finalmente a la adopción casi generalizada de tipos de cambio flotantes en todo el mundo, pues se probaron como variedades de un esquema cambiario que permite reconciliar cierta exigencia social por una estabilidad macroeconómica con la presión de los grandes intereses privados por contar con libre mercado de bienes y de activos. El problema central y el que merece mayor atención, es que los movimientos de capital hoy son un asunto exclusivo de los países ricos, de los países privilegiados, más centrado en el proceso de diversificación de riesgos que de financiamiento del desarrollo. Así las cosas, con la escasez mundial de fondos y su costo creciente, puede reproducirse con rapidez la rebelión de las economías periféricas y semi-periféricas, manifestada como un retorno a la lógica de los capitalismos nacionales, cosa que ya enfatizó Kichner en Argentina, Lula en Brasil y hasta Fox en México. Aunque hay que decir que otros autores, algunos examinados exhaustivamente por Alonso Aguilar 13 argumentan que “el conflicto político fundamental en las próximas décadas no será entre naciones o siquiera bloques comerciales; será entre las fuerzas de la 12 Véase Michel Aglietta y Sandra Moatti, El FMI: del desorden monetario a los desórdenes financieros, Editorial Akal, Madrid, España, 2002. 13 Cf., Alonso Aguilar, Globalización y Capitalismo, Plaza y Janés México, S.A. de C.V., México, Enero de 2002, p.133 globalización y las basadas en un territorio, que buscan sobrevivir preservando y redefiniendo la comunidad”. Cualquiera que sea la expectativa que adoptemos, otro problema importante actualmente es que la globalización está poniendo en crisis a instituciones nacionales y sus respectivas normas domésticas, en la medida en que no sólo aumenta la tendencia a estandarizar los valores, las normas y las instituciones de las potencias dominantes, sino que eso se promueve ahora incluyendo centralmente el uso extendido de la fuerza militar. Por eso Dumenil y Levy 14, insisten en que los rasgos básicos de la etapa actual en la economía mundial son: la recesión en las principales economías capitalistas, la crisis de los mercados de valores en el mundo, el desbordamiento de las crisis neoliberales en los países de la periferia y el nuevo curso agresivo del imperialismo bajo la hegemonía norteamericana. Ese marco es precisamente el que destaca la interrogante de si estamos ya frente a un descarrilamiento del neoliberalismo, definido como una configuración específica de poder, una nueva hegemonía financiera y una restauración de privilegios para las fracciones financieras de la clase dominante. O si en realidad estamos a punto de entrar en una nueva etapa superior de fortalecimiento del neoliberalismo, en el sentido de que por la fuerza se profundice la libertad de los mercados, especialmente los financieros, que la desregulación se profundice abarcando a nuevos sectores y que vivamos otra vuelta de tuerca en el menguante papel del Estado en la economía, desmantelando implacable e impunemente las instituciones del Estado de Bienestar. Para intentar una respuesta, hablaremos ahora de las tendencias recesivas presentes en la economía internacional y la globalización desde abajo que ha venido surgiendo con fuerza. II. La situación económica del capitalismo avanzado Para examinar la situación actual de los países del capitalismos avanzado, partimos del reconocimiento de que la competencia inter-capitalista se revela hoy en día bajo cuatro formas fundamentales: una, reclamando condiciones globales de libre movilidad para el capital; dos, potenciando las ventajas productivas, mediante el auspicio de procesos de integración económica regionalizada, que permiten hacer uso intensivo mediante la tendencia general a desplegar la competitividad a través de imponer la austeridad sobre el Bloque de los Dominados, o lo que es lo mismo, promoviendo la desregulación de los mercados laborales para forzar el desmantelamiento de las instituciones del Estado del Bienestar que gravitan competitivamente sobre las finanzas públicas; y cuatro, abriendo nuevos y mas profundos cauces a la acumulación privada de capital para avanzar sobre la jugosa área de los servicios públicos, en momentos en que el capitalismo global ha impuesto universalmente la centralidad del sector de los servicios en todas las economías. En este sentido, las negociaciones del Acuerdos General del Comercio de Servicios (GATS en inglés) dentro del marco de la OMC, son centrales en esa estrategia desreguladora global. Aclaramos de paso, que no se debe confundir la integración económica regionalizada como existencia automática de bloques comerciales, pues además de observar las cifras 14 Véase Gerard Duménil and Dominique Levy, Neoliberal Dynamic-Imperial Dynamics, (preliminary draft), paper for the Conference on Global Regulation, UK, may 21-23 ,2003 agregadas de comercio e inversión intra-regionales, hay que considerar las realidades monetario-financieras y los regímenes de política comercial que pueden llevar a varios países a funcionar como una sola entidad financiera y comercial 15, de manera que tendremos que reconocer que el factor determinante de la velocidad, la forma y hasta la perspectiva específica con que se construye un bloque comercial regional, dependerá de lo que ocurra en el campo de sus relaciones Estado-Sociedad y Estado-Mercado, pero también en la cohesión que consigan las economías centrales sobre sus áreas de influencia económica, sobre su periferia y semi-periferia. La desaceleración económica que empezó en el 2000 en la manufactura y el sector tecnológico de Estados Unidos, pronto comenzó a atrapar al resto de los países desarrollados hasta configurar una recesión internacional sincronizada a finales del 2001, rasgo que no se presentaba desde la crisis de 1974-75. 16 De acuerdo con las consideraciones del Fondo Monetario Internacional 17 la desaceleración económica y su sincronización a través de todas las regiones del mundo en el 2001, era el resultado de “shocks” comunes: la baja del precio internacional del petróleo y la ruptura de la burbuja financiera en el sector de tecnología informática, fenómenos ambos de alcances globales, pues afectaron a los mercados de valores de todos los países del capitalismo avanzado. Sus resultados, es obvio, también fueron globalmente devastadores: el aumento del desempleo (según datos de la OIT en el 2001 se perdieron un total de 24 millones de empleos en el mundo, lo que significó para América Latina tasas de desempleo abierto de 8.8% y para México hasta hoy una pérdida irrecuperable de por lo menos 350 mil empleos tan sólo en las maquiladoras), la crisis fiscal de alcances variables en muchos estados (notablemente Argentina, aunque también encubierta en México y Brasil) , la contracción de los flujos de inversión extranjera, la brusca desaceleración de los flujos de comercio mundial (cayó de un crecimiento de 12% en el 2000 a sólo 2% en 2001 según la OMC) y sobre todo, signifió el aletargamiento del crecimiento económico: el PIB creció 0.3 en 2001 y 1.1% en el 2002 y crecerá sólo 1.3% en el 2003 en México y Centroamérica, pero en los países del MERCOSUR fue de - 1.1% en 2002 y será de – 2.2% en el 2003, y en los países de la Región Andina fue de 2.0% en 2001, de –0.6% en 2002 y será de – 2.9% en el 2003. 18 En especial, hay que hacer una referencia rápida a las implicaciones de la caída del precio internacional del petróleo, que llegó en el mercado de Londres por debajo de los 20 dólares por barril a principios de noviembre de 2001, 19 pues es un dato extraordinariamente 15 Seguimos razonamientos desarrollados por Cable, Vicent and R. Henderason, in Trade Blocs? The Future of Economic Integration, The Royal Institute for International Affairs, London, 1994, pp. 179-198. 16 Esa primera gran recesión internacional sincronizada fue examinada oportunamente por Ernest Mandel, La Crisis, Editorial Fontamara, México, 1977, especialmente en los caps.1 y2 17 Ver IMF, ”The Global Economy after September 11”, World Economic Outlook, Washington, USA, December 2001 18 Las cifras del PIB estan sacadas del IMF, World Economic Outlook, Washington, USA, September, 2003, capítulo I, cuadro 1.6 19 Ver “Oil prices sink below key level”, November 2, 2001 www.msnbc.com/news/651687.asp relevante para países exportadores de petróleo (como México y Venezuela) y fuertes importadores de petróleo (como Brasil). Hasta la fecha, el FMI atribuye parte de la sincronización recesiva global de 20012002 al “retraso” en la instrumentación de las reformas estructurales en la Unión Europea y Japón, aunque también en América Latina (especialmente la desregulación laboral y financiera y la privatización energética), que se supone les dejó mal colocados cuando la larga expansión norteamericana llegaba a su fin. Ese diagnóstico va en la dirección de que lo que se requiere globalmente es profundizar e imponer las reformas estructurales. Así pues, los tres centros de crecimiento de la economía global, Estados Unidos, Alemania y Japón, en el 2001-2002 se encontraban sincronizados en recesión, con importantes colapsos empresariales y con un aumento de la vulnerabilidad bancaria. Pero es el eje de la Cuenca del Pacífico, que integran Estados Unidos y Japón, el que hoy se muestra como una de las principales correas de transmisión de las tendencias recesivas internacionales, por la gravedad del desempeño de Japón, 20 aunque los reportes más recientes registran una significativa recuperación en el 2003 y también cierta fortaleza de la recuperación económica estadunidense, con aumentos de productividad ijmportantes. 21 Pero sobre las economías emergentes y los países en desarrollo, la caída de los precios de las materias primas (de la agricultura y el petróleo), así como el debilitamiento de la demanda externa que les frena el crecimiento de sus exportaciones, también funciona como correa de transmisión de las tendencias recesivas globales. Ahora bien, si las correas de comercio son lógicamente las primeras en reflejar estadísticamente las tendencias contractivas, lo cierto es que lo hacen de manera gradual, mientras que hoy en día son las vinculaciones financieras, la compra-venta de los bonos, los créditos y las acciones en el mercado de valores, los indicadores significativamente más importantes. Es pues, en el mercado de valores, donde ha ocurrido y donde podemos esperar que siga ocurriendo un ajuste severo debido al exceso de inversión en bienes de capital ocurrido durante el auge precedente. A partir de ello, podemos decir que hoy en día, hay tres factores estructurales que están extendiendo y afianzando un significativo contagio recesivo: el previo crecimiento explosivo del comercio, la globalización financiera y de la inversión y el aumento del peso de las empresas trasnacionales , lo cual ha aumentado la conectividad en la economía global, igual cuando hay crecimiento que cuando hay recesión. 22 Pero en concreto, hablemos de varios rasgos que distinguen a la recesión de 20012002 de las ocurridas en el medio siglo anterior: uno, que la debilidad económica estaba más extendida, pues por ejemplo en 1990-91, mientras la economía de Estados Unidos se hundía, Japón, Alemania y los Tigres Asiáticos seguían en auge. La de 2001-02 sería pues, una de las recesiones internacionales más sincronizadas. Dos, a diferencia de las recesiones de las tres últimas décadas, en ésta la inflación fue baja. Eso significa que hay mayor espacio para aplicar políticas monetarias más sueltas, 20 Ver Angel Vilariño, “La larga crisis de la economía japonesa”, en E. Palazuelos y M.J. Vara, Grandes Areas de la Economía Mundial, Editorial Ariel, Barcelona, España. 2002, cap. 3 21 Véase International Monetary Fund, World Economic Outlook, Washington, 2003, capítulo I ( Economic Prospects and Policy Issues), especialmente, pp. 29-31 y 34-36. 22 Ver “U.S. slowdown going global”, July 18, 2001, cosa que de hecho el FMI documenta que en realidad ha estado ocurriendo. 23 Ahora bien, Estados Unidos entró a la recesión con un gran superávit presupuestal que hizo posible una disminución de impuestos, lo que ayudó a recomponer en parte la situación de sobreendeudamiento de los consumidores. En suma, sin restricciones monetarias ni fiscales, Estados Unidos ciertamente pudo salir más rápido de la recesión, pero en definitiva, no está claro es si la economía mundial puede funcionar sólo con un motor de crecimiento. Tres, podemos decir que las recesiones anteriores fueron hasta cierto punto precipitadas por una caída fuerte de la demanda, después de que los bancos centrales habían subido las tasas de interés para combatir la inflación. La de 2001-2002 , es una recesión inducida por la contracción de la inversión, que se había sobre-expandido en base a expectativas desmedidas sobre la “nueva economía” y sus despliegues de tecnología informática y hasta después se presentó el declive del gasto de los consumidores. El problema es que cuando las recesiones son inducidas por la disminución de la inversión, tienden a ser más largas y profundas, porque toma más tiempo limpiar los excesos financieros y de capacidad productiva instalada, que el tiempo que toma por ejemplo, controlar la inflación. A raíz del estallido de la guerra contra Irak y aún después de concluída en su fase más aguda, ha sido un lugar común entre los economistas, decir que la incertidumbre es el rasgo definitorio del momento actual, y que está ligada en primer lugar a las secuelas de la ruptura de la burbuja financiera que comenzó a finales del 2000 y que persiste hasta entrado el 2003. Aunque la incertidumbre también está asociada a los costos directos de la guerra, los costos de la reconstrucción, los impactos posibles en el nivel de precios internacionales del petróleo y al final, se consideraban también como generadores de incertidumbre la magnitud de los problemas del endeudamiento externo de Irak y las formas de cubrirlo (problemas delicados si consideramos como otra prueba de la “precisión” exhibida por los organismos internacionales en determinar casos de endeudamiento como el de México en 1994, resulta que la valoración actual de la deuda externa iraquí oscila entre 60 mil y 130 mil millones de dólares, esto es, con estimaciones que oscilan más de 100%). La tendencia a la desaceleración económica global hoy sigue siendo muy importante, porque persisten también agudos problemas de endeudamiento entre las grandes empresas de los sectores de alta tecnología (telecomunicaciones, informática y energía, especialmente), porque las quiebras declaradas o latentes se multiplican en otros sectores económicos (notablemente en aviación, acero, autos y equipo de transporte), y porque el crédito se encuentra limitado después de haberse desbordado previamente y llevado a los bancos a un crecimiento importante de su cartera vencida (problema particularmente grave en Japón). La incertidumbre tiene un fuerte soporte adicional en la retracción del gasto de los consumidores, hoy atrapados en una tendencia creciente al desempleo (en las economías avanzadas en su conjunto tasas de 6.6%, pero desglosada por zonas, en EU 6.2%, en la zona euro 8.8% y en Japón 5.5%); también por el deterioro del ahorro de los hogares, asociado al peso del endeudamiento y el exceso de gasto bajo la ilusión del “efecto riqueza patrimonial” generado por los mercados accionarios. 23 IMF, World Economic Outlook, December 2001 y Spring, 2003). La multiplicación de los anuncios de despidos (más de 400 mil recientemente en Estados Unidos), en aras de recuperar la rentabilidad de las empresas, está inhibiendo el consumo de manera significativa porque se quieren conseguir reajustes rápidos en la estructura de costos, pulverizando empleos. La economía mundial alimenta su incertidumbre también del hecho de que hoy vivimos en condiciones globalmente más inseguras, pues la proyección del poder militar unilateral de Estados Unidos en la rica región petrolera de Medio Oriente, ha revelado con creces que los problemas de seguridad, además de militares, son problemas de fortaleza económica, diplomática e industrial y han traído nuevos discursos ideológicos para apuntalar la doctrina del “libre mercado” y de la globalización. Por otro lado, pese al claro unilateralismo militar que le proyecta imperialmente, está la doble realidad de que la economía mundial no ha dejado de ser multipolar (la UE tiene un mercado ligeramente más grande que el de EU y el peso económico del Este de Asia va en ascenso creciente) y durante el tiempo que ha durado la crisis por la guerra contra Irak se ha evidenciado que pese a todo, siguió vigente la coordinación de los bancos centrales para enfrentar cualquier eventual crisis de liquidez, aunque también han sido harto visibles los problemas del reparto del negocio y las responsabilidades de la reconstrucción de Irak, que en conjunto, indican que la inestabilidad internacional hará por lo menos más difícil la coordinación macroeconómica para enfrentar los problemas recesivos globales. Pero la realidad económica multipolar, revela también que el gigante militar que es Estados Unidos, tiene varios talones de Aquiles precisamente en el plano económico, los déficit comercial y fiscal que el primero ronda 5.0 % del PIB y el segundo, según el FMI, si se considera el déficit general gubernamental (que comprende el federal más los déficit estatales), en el 2003 rondará el 6% del PIB. La clave de la prisa por intervenir militarmente en Irak debe buscarse en otro lado: a esos dos desafíos estratégicos globales, el gobierno de EU sumaba como desafío interno y fundamental, el deterioro de la legitimidad de la coalición gobernante por la manchada victoria electoral de Bush y la auto-descalificación del modelo económico estadunidense por la pérdida de credibilidad en la información financiera de sus grandes consorcios energéticos y de telecomunicaciones, de modo que el modelo vendido como más democrático y exitoso a nivel mundial en la segunda mitad de los noventa, quedó evidenciado como un fraude monumental de dos maneras: con la llegada de George Bush al poder sin haber tenido la mayoría de votos de los votantes efectivos y con la emergencia de los escándalos contable-financieros de Enron, Worldcom, Cisco y otras empresas gigantes, ligados a personajes del gabinete de Bush, que hicieron con la desregulación y el tráfico de influencias, los negocios más abusivos y corruptos y que llevaron a las quiebras más grandes de su historia moderna. Ese doble deterioro, de la legitimidad del presidente republicano y de la credibilidad financiera del modelo económico, pende todavía de un hilo en su potencial de agravarse porque entra las secuelas de la guerra estará el recrudecimiento del déficit fiscal que tenderá a descargarse como austeridad presupuestal sobre las instituciones del Estado de Bienestar, de modo que los riesgos políticos se verán aumentados con eso y con la quiebra virtual de los fondos de pensión, negocio al que arrastraron a millones de familias de EU y a inversionistas de todo el mundo, que se siguen hundiendo con la evolución bajista de los mercados de valores y la desaceleración económica. Así pues, la guerra contra Irak bajo el pretexto del terrorismo, cae como anillo al dedo para el despliegue de prácticas autoritarias y para imponer la reaccionaria agenda de reformas que ya ha mostrado con creces sus limitados resultados en todo el mundo, incluído Estados Unidos. Ahora bien, desde la segunda mitad de los 90s, ha habido diversos reconocimientos de que la problemática general para las economías centrales había dado un giro crucial: el problema comenzaba a ser la deflación y no las presiones inflacionarias, lo que habla de mercados saturados a nivel global. En suma: deflación, déficit fiscales, déficit externos, variabilidad en los tipos de cambio de las grandes monedas y movimientos en las tasas de interés de los países centrales, son todos mecanismos de trasmisión de graves problemas para las economías periféricas. En concreto, el deterioro acelerado de sus cuentas externas, por el alza vertiginosa de las importaciones y el lento crecimiento de sus exportaciones, transforma a Estados Unidos en el principal competidor de las economías periféricas como demandantes de capitales externos. La combinación propuesta por Bush después de la fase aguda de la guerra contra Irak, consistente en reducir aún más los impuestos en un programa de 10 años, al tiempo que se reclamaban mayores recursos para financiar el gasto militar que supondrá la estabilización de Irak y luego la reconstrucción, en realidad no hicieron sino exacerbar las preocupaciones mundiales por el creciente déficit fiscal combinado con el creciente y gigantesco déficit comercial, que han hecho que caiga el valor del dólar respecto al euro en alrededor de 20%, mostrando así el ascenso del euro como eventual moneda refugio. Ahora bien, entre Alemania, Francia e Italia, representan el 62% del PIB de la zona euro. Pues bien, Alemania es sin duda uno de los motores de crecimiento en la UE, pero su situación hoy puede resumirse diciendo que por segunda ocasión en dos años, está al borde de la recesión definida “técnicamente” cuando el PIB decrece dos trimestres seguidos (0.7% de crecimiento del PIB en 2002 y 0.2% en el primero de 2003), agobiada por el peso del déficit fiscal como porcentaje del PIB (-3.7% en 2002 y 4.0% en 2003), del endeudamiento (60.8% sobre el PIB) y desbordada por el nivel de desempleo (4.3%, que significa alrededor de 4.5 millones de parados) . Y su nivel de precios por debajo de la media de la zona indica que confronta un peligro deflacionario real (1.6% contra una media de 2.4% en 2002) .24 Las quiebras, en ese contexto, se multiplican como hongos: 37 mil empresas en el 2002 y se esperan 45 mil empresas quebradas en el 2003. La segunda economía en importancia de los originales promotores de la UE, la de Francia, presenta un cuadro similar: un crecimiento del PIB de 1.7% en 2002, un déficit público de –3.1% respecto al PIB, un nivel de endeudamiento público que ronda el límite tolerado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (59.1% del PIB en 2002) y tasas de desempleo y de inflación por encima de la media europea (en desempleo 9.0% contra una media de 8.6% en la zona euro, en inflación 2.5% contra una media de 2.4%) . Para el caso de Italia, los datos económicos de 2003 ya estaban más que claros: según el Instituto Italiano de Estadística, en agosto de ese mismo año la economía ya llevaba dos trimestres consecutivos en recesión. Las previsiones oficiales de crecimiento para 2003 eran de 1.1%, pero el propio Instituto reclamaba como muy difícil que esa meta se cumpliera, entre otras cosas, porque con información desagregada se percibía una caída sistemática tanto de la producción industrial como de la agrícola, aunque todavía el sector de los servicios mantenía pautas de crecimiento. 24 Esta sección se basa en información estadística del BCE, Eurostat, tomados de http://europa.eu.int/comm/eurostat Como sea, los dos grandes aliados que junto con Italia hacen el 70% de la economía europea, acumulan pues problemas macroeconómicos delicados y ya han sido alertados por el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, sobre la urgencia de controlar sus excesivos déficit públicos, que se suponen alimentados por el aumento del gasto por seguro de desempleo y pensiones, y por la evasión fiscal. La primera respuesta del gobierno de Francia fue airada: se negó a reducir el déficit público. Pero la segunda, después de la culminación formal de las hostilidades contra Irak, ya estaba encaminada en el sentido de desmantelar el Estado de Bienestar como camino para reducir su déficit. La rendición total ante las pautas exigidas por Estados Unidos es un símbolo del fracaso en construir una identidad propia en el contexto del capitalismo global. En el caso de Gran Bretaña, la principal potencia militar de Europa y aliado estratégico de EU en la guerra contra Irak, los indicadores macro no son muy diferentes: su PIB creció 2.1% en 2002, su déficit público es de –1.4% con relación al PIB, el endeudamiento público es mejor con sólo 38.6% respecto al PIB, pero su tasa de paro fue de 5.1% en 2002 y la de inflación de 1.4%. Sin duda, el estancamiento está pegando fuerte también en Europa y los culpables visibles son la pronunciada caída de las Bolsas de Valores, la incertidumbre sobre los precios del petróleo, la caída de la demanda en los países líderes como Alemania y Francia, y la persistencia de políticas públicas contractivas por los fuertes desajustes fiscales. 25 También se intenta convencer a la opinión pública de un diagnóstico sesgado e implacable sobre la situación europea, según el cual, el problema central es que se tiene que desregular el mercado laboral, ya que muestra índices de desempleo tan altos que llegan al 8.6% de la población económicamente activa, (y seguirán creciendo), porque hay una gran rigidez institucional en los mercados de trabajo. La reforma laboral urge, dicen, pues de otro modo, los empleos se irían a las economías de Europa del Este que han ingresado ya para crear la Europa de los 25, pues en ellos (por ejemplo en Hungría) los salarios son una sexta parte de los salarios alemanes y las regulaciones laborales son muchísimo más laxas. Un somero análisis de los elementos que están develando el estancamiento económico y las tendencias recesivas, que se extienden como una plaga lo mismo por las economías más ricas que por las menos dotadas de Europa, revela que la secuela de desempleo actual es producto principal de muchas otras causas, entre ellas, destaca la ruptura de la burbuja accionaria que puso en crisis a las Bolsas de Valores, por las pérdidas acumuladas en los sectores de banca, seguros, telecomunicaciones, construcción, aerolíneas, autos y turismo, pero también en el sector eléctrico que ha sido parcialmente desregulado según las normas que impulsa Estados Unidos en el ámbito global. Entonces, es más bien la saturación de mercados por la sobre-inversión y el exceso de capacidad instalada, así como la caída de las utilidades entre otras cosas por el excesivo despliegue de fusiones y absorciones que nunca dieron la rentabilidad esperada, aunque también el repliegue del consumo, los factores que explican en buena medida la proliferación de despidos y, en consecuencia, el aumento del desempleo. En esas condiciones de debilidad general de los trabajadores en Europa por las adversas condiciones económicas que recrean y amplifican el estancamiento y la recesión, la receta es precisamente llevar hasta el fondo la desregulación de los mercados laborales: limitar los beneficios del seguro de desempleo, aligerar el costo de los despidos, abrir el campo para 25 ibidem. las contrataciones temporales, limitar el derecho de huelga, usar el trabajo emigrante como gran contenedor de los aumentos salariales y, además, extender la Unión Europea al Centro y Este de Europa, otrora socialista, para aprovechar a fondo los costos laborales más bajos y la calificación relativamente mas alta de los trabajadores de esos países. III. Las reacciones sociales frente al neoliberalismo ¿Y cuáles han sido las reacciones de los trabajadores? Podemos dar algunas nociones de lo que han sido las respuestas: en Italia, en octubre de 2002, la industria y los transportes se vieron totalmente paralizados por la huelga general convocada por la Confederación General Independiente del trabajo (CGIL), el principal sindicato de Italia, con 5.4 millones de afiliados. Hubo además, manifestaciones en 120 ciudades del país, en repudio a la reforma laboral. Las más recientes de todas, han sido la semana de protestas en Francia en mayo de 2003 contra el proyecto gubernamental de reforma de la ley de pensiones, que saco a 750 mil personas a las calles en numerosas ciudades de Francia, paralizando los transportes, aéreo, ferroviario, urbano, las comunicaciones aéreas, marítimas, la enseñanza publica, etc. Pero el dato más importante es que una de las centrales, la central prosocialista CFDT había pactado ya con el gobierno. Y en Austria, en junio de 2003 se realizó el tercer paro laboral convocado en un mes después de medio siglo sin acciones de ese tipo. Según los sindicalistas, había parado el 86% del sector publico y las 400 empresas privadas más importantes de Austria. 26 El año de la desaceleración económica, 2002, resultó en Europa, el año del repudio a la desregulación del mercado laboral y, por si eso fuera poco, el año del resurgimiento de las huelgas generales en varios países del bloque comercial europeo (en España en el primer semestre y en el segundo, en Italia y Portugal) . También puede ser reconocido como el año de la defensa de la educación pública. El 2003, ha sido claramente el año de los repudios masivos a la guerra contra Irak, sacando a varios millones de personas por toda Europa y generando por primera vez, una poderosa identidad ciudadana común. Hacer balance del movimiento contra la guerra ver capítulo 2 AA. Resumir. Ver también las notas de Ciencias sobre antimodernidad y antiglobalización. Tratemos pues de examinar examinar otro de los saldos inmediatos de la vertiginosa culminación de lo que podríamos llamar la “globalización desde abajo”, proceso que expuso ante todo el mundo la irrupción de una opinión pública verdaderamente global, en movimiento por la crisis de la guerra norteamericano- británica contra Irak, pero que se había formado en resistencias variadas y durante largos años. Los antecedentes de esos movimientos sociales de globalización desde abajo que confluyeron contra la guerra, son múltiples y políticamente variados y se remontan en los más inmediato, por un lado a las convocatorias zapatistas contra la globalización y el neoliberalismo en 1997 celebradas en la Selva Lacandona mexicana; en EU, se ligan a las protestas contra la OMC en Seattle en 1999; en Canadá, a la reunión contra el ALCA celebrada en Quebec City en el 2001. En Europa, las referencias estaban asociadas al movimiento pacifista de la década de los ochenta, que luchó contra la instalación de misiles americanos en suelo europeo, pero 26 Véase el reporte en El País, 4 de junio de 2003 España, p. 57 en lo inmediato, a ciudades como Barcelona y Florencia en el 2001-2002. En tanto que en América Latina, otro referente central ha sido la ciudad brasileña de Porto Alegre. Con esos antecedentes y otros que por espacio no podemos siquiera mencionar, en Nueva York, en Londres, en Madrid, en Roma, en las ciudades más importantes de los “señores de la Guerra” y también en más de 600 ciudades de todo el mundo incluyendo Bagdad, el 15 de febrero de 2003, culminó una oleada de manifestaciones de protesta contra la guerra en Irak. Diversos cálculos estimaron entre seis y ocho millones de personas al total de los manifestantes en ese día, todo un récord en muchos sentidos, especialmente el histórico, que la define como la primera manifestación verdaderamente global en la historia de la humanidad. En todos los casos, las marchas tuvieron una composición social variada, pues estuvieron integradas por un amplísimo abanico de fuerzas políticas y sociales que incluía a militantes y simpatizantes de partidos, sindicatos, confederaciones, agrupaciones profesionales, de barriadas, iglesias, universidades; un abanico formado por una gran diversidad de edades, religiones y creencias, hasta colocar a esta protesta, sin exageraciones, como una protesta histórica, sin precedentes, genuinamente multicultural pero con una firme identidad de ciudadanos en resistencia, dedicados a denunciar los planes de guerra imperiales para controlar las reservas petroleras de Irak. El mundo dijo “No a la guerra por petróleo” y su grito de protesta retumbó por todos los rincones del planeta en el mismo día pero a distinta hora, para que pudieran sentirlo especialmente los poderosos, aquellos que desprecian la actuación de las masas en las calles, pero que con esas movilizaciones descubrieron que también tienen límites su capacidad de engaño y con ello, encuentran límites para su arrogancia, su legitimidad y su impunidad, pese a contar con el más amplio despliegue de medios de comunicación a su favor. Pese a haber montado una verdadera guerra audiovisual para cargar el imaginario popular global con la convicción de que hay un “eje del mal” y que Saddam, era la encarnación misma de Satán. La estrategia mediática diseñada desde el mayor centro de poder global, se vió literalmente desmontada por la actuación global de ciudadanos comunes y corrientes, aunque también por el valor, la audacia y la imaginación de los hacedores de los medios de comunicación: artistas, directores, cineastas, reporteros, periodistas, que en valiente desafío se la jugaron contra la guerra. También se la jugaron contra la guerra varias iglesias, destacada, aunque no exclusivamente, la Católica. La exaltación del poderío militar norteamericano, de la democracia y los valores morales de Estados Unidos, mezclada con la reiteración sistemática de la amenaza terrorista como algo real aunque oscuro, ubicuo e impredecible, eran imágenes repetidas en películas, en documentos, en periódicos, por radio y televisión, buscando saturar a los auditorios en todo el mundo, para aturdirlos y así convencerlos de la necesidad imperiosa de la guerra. En esa infame tarea, escondieron cuidadosamente las imágenes de la destrucción que provocó la guerra del Golfo en 1991 y hasta la tragedia social que habían provocado sobre la niñez iraquí diez años de embargo contra Irak. Pero no pudieron esconder la voracidad petrolera, el ansia de poder y la infinita capacidad de corromper, por eso no ganaron la batalla de la credibilidad ciudadana. No sólo eso: acabaron por provocar una gigantesca reacción política en contra. El poder de los ciudadanos en resistencia se ha evidenciado ya globalmente, aunque sus alcances reales son mucho mayores y pronto habrán de mostrarse en otras dimensiones subestimadas por los gobernantes guerreristas, como por ejemplo, las consecuencias políticas de que nunca hayan podido probar que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva y que las planeaba utilizar en un abrir y cerrar de ojos. Anthony Blair primero y George Bush después, están pagando todavía en las encuestas de opinión los costos políticos de haber engañado a la opinión pública con la amenaza que realmente rerpresentaba Hussein. La respuesta imperial frente a la protesta global fue cuidadosamente articulada: consistió en escatimar la magnitud de las protestas, negar la eficacia política de las marchas y tratar de dividir la opinión de quienes se oponían a la guerra. Pero la realidad es que con su movilización por la paz, por ejemplo, los europeos mostraron la verdadera “unión europea” y los verdaderos sentimientos transatlánticos de paz compartidos mundialmente. Los manifestantes norteamericanos, contabilizados también por centenares de miles en las más importantes ciudades del país, mostraron que también ellos entendían con absoluta claridad que para la paz y la estabilidad mundiales, George Bush era una amenaza muchísimo más grande que Saddam Hussein; y los musulmanes mostraron que no tienen mayor preocupación que los afanes intervencionistas de Estados Unidos en la región de Medio Oriente y la necesidad de una paz urgente para los palestinos, agobiados por el militarismo del gobierno de Ariel Sharon en Israel. La hora de las manifestaciones globales llegó para quedarse. Es que en realidad, la guerra contra Irak ha roto muchas de las ilusiones que quedaban entre sectores de clase media y clase trabajadora sobre el neoliberalismo y la globalización desde arriba. El estallido de la guerra contra Irak, por su forma unilateral, ilegal e ilegítima, provocó un despertar ciudadano que puede convertirse en punta de lanza para mayores audacias sociales, pues si las marchas que se anticiparon al estallido de las hostilidades no lograron parar el inicio de la guerra y ésta fué extraordinariamente rápida, al repetirse incansables pese a la sordera de los gobernantes, acabaron por abrir cauce a otras preocupaciones y crispaciones sociales. En diversos países de Europa y dentro de Estados Unidos por ejemplo, se habla ya de la reaparición del movimiento estudiantil, pues una vez iniciadas las agresiones contra Irak, fueron los estudiantes, los universitarios, los primeros en volcarse a las calles, los primeros en gritar con más fuerza su repudio a la guerra. La rebelión de las clases medias marca varias implicaciones a cual más importantes. La paralización de la normalidad de la vida académica, el regreso del activismo en las aulas universitarias, sin duda sirvió para alimentar la protesta contra la guerra, pero además, para que se replantearan los contenidos de la enseñanza, para que se cuestionen las orientaciones restrictivas de los presupuestos educativos, para que se hablara de la ausencia de libertades informativas. Para que se liberara una tremenda energía que yacía relativamente adormecida en los países del capitalismo avanzado. La apuesta de los gobernantes guerreristas sigue siendo a desmoralizar a los manifestantes, a dejarlos con la sensación de que sus acciones son perfectamente inútiles, que no hay camino colectivo, sino opciones individuales. Y es muy probable que consigan desanimar a muchos. Pero hay fuertes indicios de que el no a la guerra seguirá presente en el horizonte inmediato y mediato de las sociedades, tanto avanzadas como atrasadas, cercanos a la zona o involucrados de plano en el conflicto. Y que desde ahí se forjarán nuevos proyectos, nuevas utopías, que tomen como base la estrujante realidad que estamos viviendo con la desaceleración económica mundial y las tendencias recesivas. Las coaliciones contra la guerra han expresado una formación social que puede volver a expresarse: la confluencia de asociaciones de escritores, intelectuales y artistas, ecologistas, asociaciones de vecinos, grupos feministas y en defensa de la diversidad sexual, asociaciones de inmigrantes, centros de comunicación alternativa, sindicatos y redes, organismos estudiantiles, ciudadanos simples, sin filiación partidista ni bandera ideológica explícita, iglesias y grupos religiosos. Cada vez más claros de que los derechos conquistados en la calle, si con seguridad no se expresan tan contundentemente en las urnas, es porque los partidos políticos no son hoy la correa de trasmisión de ese enorme malestar, sino incluso la mayoría de las veces funcionan como dique que obstaculiza la maduración democrática de las sociedades “capitalistamente maduras”. La contradicción entre movimientos sociales y partidos políticos, de despliega con enorme fuerza por los países más importantes del capitalismo avanzado y es particularmente significativa para las expectativas de la juventud. Es una contradicción que debemos estudiar más. Como hemos dicho antes, además de la guerra, ha estado muy presente la pretensión de sacar adelante las reformas del sistema de pensiones y recortar ayudas sociales muy importantes del Estado del Bienestar, reformas que fueron las que llevaron a la situación excepcional de una huelga general en Austria en el 2003, por primera vez en 50 años, pero también a gigantescas movilizaciones de trabajadores en Francia y Alemania. Veamos rápidamente el panorama entre los trabajadores organizados. Las huelgas de Francia en el 2003, fueron replicadas con enorme pujanza por los trabajadores en Austria. Todos parecían estar conscientes de que había llegado la hora de defender con las movilizaciones las conquistas obreras que tantos sacrificios costaron. La convicción colectiva de que la voracidad del capitalismo globalizado no quiere conocer límites, ha provocado que los problemas de un país se presenten como problema de todos, una vieja táctica que les sirve para extender por todo el mundo sus políticas depredadoras. Así, la ofensiva neoliberal tiene una clarísima deriva antisindical, como lo prueba también en julio de 2003 un conflicto en Alemania, donde el sindicato más poderoso, el de los trabajadores metalúrgicos IG Metall, con 2.6 millones de afiliados, fue derrotado en una huelga convocada en las fabricas de la otrora Alemania Oriental, en defensa de la jornada de 35 horas para igualarlas con las condiciones donde el sindicalismo ha sido muy fuerte. 27 La derrota del IG Metall se produjo por el escaso apoyo que dieron los trabajadores alemanes orientales a la huelga, ya que a las condiciones recesivas generales y las exageradamente altas tasas de desempleo en la región oriental, se había sumado la amenaza empresarial y gubernamental de recurrir a los trabajadores polacos, checos y húngaros dispuestos a recibir salarios más bajos y flamantemente integrados en el proyecto de la Unión Monetaria Europea (UME). El IG Metall se vio obligado a desconvocar la huelga y a reconocer abiertamente la derrota, buscada por el gobierno socialdemócrata de Gerardo Schroeder como forma de implantar la reforma laboral que tan cara es a los neoliberales ingleses y norteamericanos. La rápida desafiliación que había venido sufriendo el sindicato se vio acelerada y las condiciones internas se agravaron además, por el desbordamiento de un intento del presidente saliente de quitar al sucesor que por estatutos, le correspondía llegar al cargo máximo dentro del sindicato. 27 Hemos sacado la información de David Bacon, “German Unions and Social Democrats: coming to blows? Interview with Wolfgang Mueller”, May 25, 2003, Las tendencias económica-políticas son pues concluyentes en sus efectos: si los gobiernos aumentan los gastos, aumentarán los déficit públicos y con ello las tendencias a la elevación de las tasas de interés de largo plazo; sólo que si los recortan, precipitarán la recesión. Si continúan empujando las políticas del fracasado modelo económico norteamericano, levantarán más protestas sociales, y si no ganan la mente de los trabajadores para elevar la productividad, perderán en la carrera de la competencia. En el contexto de la derrota de la posición alemana en la guerra contra Irak y dada la gravedad de los problemas de aumento del déficit gubernamental, el gobierno de Schroeder, plegándose a las tesis norteamericanas, ha propuesto tres grandes campos de reforma en el terreno laboral. La primera, se refiera al despido de los trabajadores. Según el propio Mueller “hoy en día en Alemania, cuando una compañía quiere despedir trabajadores, debe seleccionarlos entre los de menos años de servicio, más jóvenes y en general, entre gente que no tenga que cuidar adultos mayores o niños. No es como en Estados Unidos, donde las compañías pueden escoger a los de más bajo rendimiento y conservar a los otros. La propuesta de Schroeder es aplicar “el criterio de desempeño”. La segunda reforma propuesta esta referida al seguro del desempleo. De nuevo el testimonio de Mueller es elocuente: “en Alemania actualmente, después de 10 años de pagar el seguro de desempleo, que es parte central del sistema de seguridad social, un trabajador tiene derecho a un máximo de 32 meses de pago por desempleo. El pago no es mucho, pero permite vivir. Ahora, Schroeder quiere cortarlo a 12 meses como máximo”. La tercera reforma es recortar los beneficios de salud cuando un trabajador tiene mas de seis semanas enfermo, que bajo las condiciones actuales, corresponde al patrón pagar las primeras seis y después, el sistema de seguridad social y de salud paga hasta el 80% del ultimo salario respectivo. Y no hay limite en la duración de tiempo. Si el trabajador esta enfermo durante dos años, el sistema de salud le cubre su salario esos dos años. Ahora, según Wolfgang Mueller, “Schroeder pretende que cada persona compre un seguro privado para enfrentar ese tipo de situaciones, pero los trabajadores alemanes han estado aportando a ese fondo durante muchos años el 1% de su salario mensual. Esta propuesta, en realidad no es mas que el robo descarado de un sistema de salud por el que ya se ha pagado. Pero como el centro de las tendencias antisindicales a nivel mundial está en Estados Unidos, tenemos que reconstruir al menos una parte de los cambios ocurridos después del 11 de Septiembre, aunque lo básico podía resumirse diciendo que más que el inicio de una guerra contra el terrorismo, esa fecha marca el regreso de una guerra en contra de los trabajadores de aquel país. Y en sus comienzos, como era de esperarse, el ataque se condensó en contra de los trabajadores de empleos peor pagados y más vulnerables, ocupados por los inmigrantes y las minorías. Hoy hay otra vertiente de impacto igual o más importante, que tiene que ver con el asunto del aumento del endeudamiento de los gobiernos estatales, pues bajo la presión fiscal del aumento de los gastos por la guerra en Irak, lo que hizo la administración Bush fue descargar como contraparte, importantes recortes en los gastos de los estados, lo que ha afectado programas especiales de educación, la existencia misma de los cuerpos de bomberos en muchas localidades, la supresión de programas especiales para gentes con discapacidad, etc. En definitiva, esos recortes se están convirtiendo en la supresión de importantísimas extensiones de gasto con implicaciones sociales a nivel estatal y local. Esta es una vertiente que habría que seguir con más detalle, pues pronto puede derivar en desbordamientos sociales muy significativos en varios estados de la unión americana. Desde el inicio, la ofensiva buscaba cuestionar el derecho de sindicalización, el derecho de contratación colectiva y el derecho de huelga. La amenaza contra los migrantes se concretó de inmediato: tan sólo en 2001, la Administración de la Seguridad Social mandó más de 100 mil cartas a los empleadores, listando los nombres de empleados cuyos números de seguridad social no correspondían con su base de datos. Por esa razón, rápidamente hubo miles de desempleados. Pero veamos otras historias denunciadas oportunamente por el periodista independiente David Bacon, acucioso observador de la situación laboral en Estados Unidos, particularmente de lo que ocurre en la Costa Oeste. 28 Para empezar, Bacon pone el caso de los trabajadores de las aerolíneas, en el cual los ataques antisindicales son previos al 11 de Septiembre, pues a principios de 2001, la administración Bush planteó a los 10 mil mecánicos y los 2 mil 500 trabajadores de limpieza y de tierra de la compañía Northwestern Airlines, que tenían 60 días de prohibición de hacer huelga, pero no sólo eso, obligó a la empresa a romper las negociaciones del contrato colectivo con el sindicato. E igualmente, un poco antes del 11 de Septiembre, planteó a los 15 mil trabajadores mecánicos de otra aerolínea, United Airlines, que casi unánimemente habían votado ir a la huelga, que a menos que hicieran concesiones adicionales a las que habían hecho en la revisión contractual de 1994, retiraría los mil 800 millones de dólares que la compañía había solicitado como rescate financiero para no caer en la bancarrota. La administración Bush fue incluso más lejos: apoyar una legislación surgida como iniciativa de un grupo de senadores que planteaba eliminar definitivamente el derecho de huelga de esos trabajadores de aerolíneas porque, “es vital el funcionamiento del transporte aéreo”. Adicionalmente, después del 11 de Septiembre, con la creación de una nueva Autoridad de Seguridad de Transportes, transformó a los trabajadores de seguridad de los aeropuertos en empleados federales – con la obligación de tener ciudadanía norteamericana - de modo que los que no la tuvieran ( y muchos de ellos eran trabajadores migrantes ) perderían sus trabajos. La federalización del trabajo en las áreas de seguridad de los aeropuertos, implicó la destrucción de empleos y hasta de sindicatos recién creados; pero no sólo eso, pues hizo la propuesta de que al entrar en vigor la idea de un Departamento de Seguridad Interior (Department of Homeland Security), por ley, esos empleos serían no-sindicalizados. La invocación implícita y explícita de la seguridad nacional se ha convertido pues, en la justificación para crear dicho Departamento, con 170 mil empleados que hasta antes de que se creara pertenecían a 17 diferentes sindicatos en 50 unidades de negociación contractual. Pero la tendencia a seguir degradando poco a poco el derecho de sindicalización, tiene otro episodio en el caso de los trabajadores del Departamento de Justicia (casi 1,000) que en enero de 2002 fueron declarados “inelegibles” para 28 En lo que sigue, nos basamos en el ensayo de David Bacon, “War on workers”, Berkeley, Ca. USA, September 2002 mimeo sindicalización, bajo el argumento de que “era incompatible con sus responsabilidades de trabajo”. Otros argumentos han sido, por ejemplo, que los jefes deben tener recursos disciplinarios sobre los trabajadores federales, “en caso de una emergencia nacional”. De modo que la flexibilización de las relaciones laborales en el sector público, está quedando asociada como criterio básico de seguridad nacional, lo que significa una tremenda amenaza para los trabajadores de todos los niveles de gobierno. Por supuesto, en ese clima, los trabajadores federales han evitado cualquier cuestionamiento a la lógica de esa nueva atmósfera política de seguridad nacional e incluso, han aprobado públicamente las medidas de restringir las libertades civiles y sobre todo, los derechos de los migrantes, pensando que dadas las circunstancias “ los cambios son necesarios”. Eso ha amarrado las manos para cualquier cuestionamiento ulterior. Otro gran salto antisindical, lo dio la administración Bush, cuando en julio de 2002, concluía el contrato colectivo de los estibadores de la costa Oeste, firmado con la Asociación Marítima del Pacífico. La administración intervino directamente para advertir al Sindicato Internacional de Estibadores y Almacenadores, que no sólo rompería cualquier intento de huelga, sino que para obligarlos a regresar al trabajo invocaría el Acta TaftHartley, que obliga a regresar a trabajar por 80 días. O también, imponerles el Acta Laboral Ferroviaria para obligarles a finalizar cualquier huelga y aceptar cualquier tipo de contrato. Para que se entienda la gravedad de esa medida, basta con recordar que todos los puertos norteamericanos de la Costa Oeste trabajaban, desde la gran huelga de 1934, bajo un solo contrato colectivo, lo que hacía que una huelga cerrara al mismo tiempo todos los puertos. Con las amenazas de la administración Bush, si los estibadores pararan un puerto, las navieras podían recoger su carga y descargar en otro puerto sin ningún problema. Como ocurrió con los controladores aéreos en 1982, durante la primera administración de Ronald Reagan, que los trabajadores fueron sustituidos por las computadoras y persona militar de la fuerza aérea mientras los líderes eran encarcelados, la administración Bush amenazó a los estibadores que fueran a la huelga, con suplirlos mediante personal de la Marina experto en manejo de grandes grúas, cosa que antes sólo podía ocurrir “en tiempos de guerra”. Pero resulta que ahora, la guerra contra el terrorismo es “permanente”. La excepción política, se ha transformado en norma de vida cotidiana. Si ese episodio se ve más de cerca, se descubrirá que la administración Bush realmente tiene una perspectiva de largo plazo al respecto, pues bajo ese ambiente de amenazas destructivas totales y rápidas, en realidad se escondía la pretensión de impedir que en ese sindicato estuvieran ciertas categorías de trabajadores, los que planifican la carga de los barcos, los que desde las oficinas dan seguimiento al movimiento de los contenedores y los conductores que llevan los contenedores dentro y fuera de los puertos. Si se prohibe que esos trabajadores se sindicalicen, a la larga el sindicato estará condenado a muerte por inanición. En resumen, después del 11 de Septiembre, la utilización de la Seguridad Nacional sirve de pretexto para militarizar los centros de trabajo donde haya agitación laboral, para eventualmente reemplazar a los huelguistas y quebrar definitivamente a cualquier sindicato que amenace la rentabilidad o ponga en riesgo las operaciones de una gran empresa. Entonces, es claro el objetivo: crear y recrear una atmósfera que haga más difícil para los sindicatos pelear por contratos colectivos buenos, realizar huelgas u organizar nuevas categorías de trabajadores para fortalecer al sindicalismo en los países del capitalismo avanzado. Una cosa queda clara: el carácter esencialmente defensivo de las luchas de los trabajadores asalariados y su relativa incomprensión de las necesidades políticas a as que habría que dedicar atención para resistir exitosamente la ofensiva del capital. Mientras eso no cambie, los retrocesos seguirán acumulándose. IV. Latinoamérica en la coyuntura actual Finalmente, digamos que desde mediados de los noventas hasta principios del siglo XXI, Latinoamérica mantuvo un quinquenio de crecimiento económico perdido, de manera que la situación reciente de práctico estancamiento económico, podemos verla en función de tres grandes referentes: uno relacionado con los efectos de la crisis financiera brasileña de 1998 y la amenaza del desbordamiento de los problemas de endeudamiento que casi coincidieron con el otro referente en el 2002, la crisis económica, política y social de Argentina, que desde el 2001 implicó la suspensión de pagos de la deuda externa, una severa crisis bancaria y el colapso virtual del esquema de Consejo Monetario que se suponía imbatible. El tercer referente es una transición democrática en México, que sin crisis financiera en realidad resultó en una caída drástica y el posterior aletargamiento del crecimiento económico (en México 0% en 2001, 0.9% en 2002, 1.5% en 2003 arrastrando a Centroamérica con tasas similares) pero sobre todo, la continuidad de severas crisis políticas en la Región Andina, de las cuales hemos visto el agravamiento de las confrontaciones armadas en Colombia, la desestabilización sistemática del régimen de Chávez en Venezuela y las movilizaciones sociales desbordadas en contra de proyectos de privatización (del agua) en Perú) y (del gas) en Bolivia. De todos estos procesos, hay dos a los que queremos hacer referencia en extenso, la crisis financiera de Brasil y la crisis social en Bolivia; la crisis brasileña ha sido un referente tremendamente significativo no sólo por el peso económico, demográfico y político de Brasil, sino porque el deterioro económico produjo un vuelco electoral, permitiendo el ascenso a la presidencia de un militante izquierdista de toda la vida: Luis Ignacio Da silva, “Lula”, que llegó a la presidencia de la República con planteamientos económicos a favor de un modelo alternativo, pero en primera instancia dispuesto a sacar a la economía brasileña del marasmo en que se encontraba pero aceptando las exigencias pactadas con el FMI sobre qué planes económicos habría que adoptar para hacer viable la transición electoral. Las críticas internas y externas al gobierno de Lula no han dejado de manifestarse en diversos planos, especialmente por parte de los movimientos sociales de Brasil, que encuentran sus políticas extremadamente similares a las aplicadas por el gobierno neoliberal de Fernando H. Cardoso, lo que para muchos significa que si electoralmente se ganó la presidencia, pero todavía no se tiene el poder. Más allá de ese encendido debate interno, lo cierto es que la presencia de Lula en el escenario internacional ha cambiado la situación política de Latinoamérica y ha sido importante en foros globales específicos, como el de la reunión de la OMC en Cancún, donde se hizo presente una todavía débil e incipiente coalición de países, conocida como G23, que comienza a hacer exigencias de tratos comerciales sin el doble rasero típico de las economías capitalistas avanzadas, que exigen eliminación de tarifas comerciales mientras aplican generosos subsidios a sus productores en las áreas que consideran estratégicas. El gobierno de Lula hizo viable un giro electoral en Argentina, al abrir el camino electoral a la fuerza de Kischner en un escenario de polarización social y descomposición política expresada como repudio generalizado de masas contra el sistema partidista y la clase política en su conjunto. Y hay evidencias de que también ha jugado un papel positivo en la resolución parcial de la crisis boliviana reciente, que cierra una etapa insurreccional con la renuncia y salida el país del hasta entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y la congelación del odioso proyecto de exportación a Estados Unidos del gas natural boliviano, con ganancias de más de 80% y dejando para el país apenas 18% de los ingresos. Igualmente, hay que reconocer que ha dado un giro a la relación de Brasil con Cuba, planteando acercamientos comerciales en momentos en que Estados Unidos quiere imponer la prolongación irracional del bloqueo contra la isla. De las resistencias sociales al neoliberalismo en Latinoamérica, hay que decir que podemos contabilizar varias huelgas generales en Argentina y huelgas parciales pero con movilizaciones sectoriales masivas en el Perú, que nos han llevado a la más reciente y formidable insurrección popular en Bolivia, donde además de exigir la renuncia del Presidente mediante una huelga general, se movilizaron las etnias indígenas, los campesinos, los mineros, los comerciantes, los transportistas, los estudiantes, las asociaciones de vecinos de los principales centros urbanos en protesta por la práctica entrega del gas natural boliviano a los intereses de las trasnacionales energéticas, especialmente la española Repsol-YPF, asociada con la British Gas y la Pan American Energy LLC. Como ha resultado claro, el régimen criminal de Sánchez de Lozada, se resistió hasta el final a escuchar las demandas populares respecto a la exportación del gas, después se negó a renunciar y para frenar al movimiento, no tuvo empacho en desencadenar una feroz represión en contra de las protestas populares, dejando un saldo trágico oficial de más de noventa muertos y varios centenares de heridos . Pero todo tiene un límite y al final, Sánchez de Lozada renunció y salió huyendo del país para refugiarse en Miami, desde donde lo alentaban y sostenían en sus planes de negocios con el gas. En plena crisis, el gobierno de Estados Unidos declaró que “no toleraría violaciones contra el orden constitucional en Bolivia”, más adelante, dijo “expresamos nuestro pleno apoyo a este gobierno, elegido constitucional y democráticamente. Este gobierno no debe ser reemplazado por uno impuesto por la violencia delincuencial”. 29 Estos episodios sociales nos hablan de un complicado contexto latinoamericano, en el que ya hemos visto rebeliones electorales, desafíos sociales a la gobernabilidad, repudios organizados a las políticas neoliberales y hasta connatos de insurrecciones desde abajo, al mismo tiempo que se redefinen alianzas internacionales en busca de nuevos esquemas de negociación con la potencia hegemónica, Estados Unidos. Esto no significa todavía el descarrilamiento de la globalización ni el fin del neoliberalismo, pero sí significa que estamos entrando en una fase de confrontaciones a un nivel superior, por la utilización de la violencia estatal auspiciada entre los ejércitos latinoamericanos por parte de Estados Unidos. De esto no cabe la menor duda, pues además del apoyo irrestricto a las acciones represivas del ejército boliviano, podemos decir que Estados Unidos está empujando con 29 Véase Stella Callón, “La Paz, tomada por el Ejército: se agrava la escasez de alimentos”; y “Advierte EU que no tolerará violaciones contra el orden constitucional en Bolivia”, ambos en La Jornada, México, 15 de octubre de 2003, pp. 34-35 mucha fuerza –como se observa en la agenda de la próxima Conferencia Especial de Seguridad, a celebrarse en la ciudad de Morelia, México, con 30 países latinoamericanos participantes – una peligrosa tendencia a la creación de fuerzas de intervención en Latinoamérica. En efecto, en esa agenda de seguridad, la propuesta de Estados Unidos es crear una fuerza de tarea militar interamericana, con un comando coordinado bajo el liderazgo norteamericano, cuyas prioridades han sido previamente determinadas por el Centro Contra el Terrorismo de la CIA, que entre otras cosas, rechaza abiertamente cualquier posibilidad de compromiso respecto al control de armas hechas en EU, así como la negativa a cualquier límite al tráfico de armas desde Asia hasta los países del cono sur. No pasará mucho tiempo antes de que veamos en acción en Latinoamérica, los argumentos norteamericanos de que las protestas sociales son una amenaza a su seguridad nacional y de que los grupos sociales que las impulsan tienen vinculaciones con organizaciones terroristas a nivel internacional. La realidad es que la decisión de impulsar descarnadamente sus intereses en el ámbito geográfico que siempre han considerado como su “patio trasero”, indica el propósito de recurrir con mayor frecuencia y virulencia a las soluciones represivas de los conflictos sociales. En condiciones de práctico estancamiento económico, eso significa que se apuesta a las soluciones de fuerza y los regímenes militares, con tal de ver satisfechas sus apetencias de explotar recursos naturales sin ninguna limitación. Que se apuesta, como dice el documento de Seguridad Nacional de la Administración de George Bush, a la defensa de los valores del libre mercado y del libre comercio, así como al compromiso de imponerlos por la fuerza si ello fuera necesario. Al mismo tiempo, podemos decir que la actual es una fase social y política singular, por la enorme energía de masas que se ha liberado, todo lo cual nos lleva a una nueva etapa en el que las resistencias sociales deberán comenzar a definir no sólo su repudio al neoliberalismo, sino a elaborar las propuestas alternativas de política que deben instrumentarse para enfrentar la degradación creciente de las condiciones de vida y de trabajo de millones de latinoamericanos. Y sobre todo, pronto descubriremos que se trata de una etapa que exige cada día con mayor fuerza la definición de las alianzas sociales para aspirar a la construcción de un bloque de poder alternativo, lo que también está aumentando la presión para definir un esquema de alianzas internacionales viables Como conclusión general, podemos decir que ni en el capitalismo avanzado ni en el capitalismo periférico, se vislumbran acciones generalizadas y de fuerza tal que descarrilen la globalización como ocurrió con la primera y la segunda guerra mundial así como con la depresión de los años treinta, al punto de que pusieran hoy un alto a las políticas neoliberales. Pero es un hecho que si juntamos las resistencias sociales expresadas en los movimientos contra la guerra, las protestas contra la globalización y las políticas de los organismos financieros internacionales en los países del capitalismo avanzado, así como si observamos la respuesta masiva y extendida de los repudios a las políticas neoliberales de gobiernos que supuestamente llegaron al poder mediante procesos electorales en los países del capitalismo periférico y semiperiférico, veremos que la legitimidad de ellos está en cuestión, que las masas están repudiando con fuerza esos esquemas, que dichas políticas están agotadas pero que, por la fuerza, se siguen imponiendo en los más diversos países. La revisión de la experiencia histórica precedente, indica que la globalización tendió a ser frenada por las guerras, la depresión económica y por las acciones sociales de masas, especialmente de las masas asalariadas, que reclamaban de los gobiernos nacionales un mayor activismo en materia de promoción económica, así como exigían los controles sobre la libre movilidad del capital. Aunque de manera diferente, hoy vemos que la resistencia social apunta contra la proliferación de los procesos de integración regionalizada, redirigiendo el énfasis a procesos de redespliegue del capitalismo nacional, justo por los problemas de gobernabilidad y por el agotamiento político de las políticas neoliberales, que ya no concitan el apoyo más que de las élites económicas, políticas y militares. Estamos en el umbral de cambios históricos, que tienden a retomar el interés público y a cerrar esta negra etapa de predominio del individualismo y el interés privado, especialmente, de predominio de los intereses del capital financiero en una escala global.

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