El tabaquismo pasivo
Todavía mucha gente no acaba de creerse que el tabaco sea tan perjudicial para la salud como dicen los expertos... Y es que, ciertamente, el largo periodo que transcurre hasta que se manifiestan algunos de sus efectos (especialmente el cáncer), y el hecho de que muchas de las enfermedades causadas por el tabaquismo precisan también de otros factores de riesgo, impiden percibir con claridad el impacto real, social y sanitario, de la que fue llamada "la epidemia del siglo XX", epidemia cuyos estragos van a seguir creciendo en las primeras décadas del siglo actual. Con los efectos del tabaquismo pasivo, la disparidad entre lo que dicen los expertos y la percepción común es aún mayor: mientras la Organización Mundial de la Salud lanzaba un contundente eslogan en el año 2001 que advertía que "El humo del tabaco ambiental mata", se diría que la mayoría de los fumadores creen o quieren creer que tampoco es para tanto; en cierto modo, su punto de vista es comprensible, ya que, si los efectos directos del tabaquismo tienden a ser infravalorados, no podemos esperar que se entienda el mensaje de la nocividad del tabaquismo ambiental, si no explicamos con claridad la magnitud del riesgo, en términos cuantitativos y a la vez comprensibles. Se estima que la exposición continuada al humo de tabaco pasivo produce a las personas no fumadoras un aumento del riesgo de cáncer de pulmón y de enfermedad isquémica del corazón entre el 15% y el 20%. Si este exceso de riesgo parece pequeño, podemos tratar de imaginar cómo reaccionaríamos si nos informaran de que conducir por una carretera determinada o un cierto tipo de coche produce un aumento del 15% al 20% en la probabilidad de sufrir un accidente grave; ¡sin duda nos lo pensaríamos! O podemos también considerar la estimación de que entre 350 y 400 casos de cáncer de pulmón registrados anualmente en España se deberían a la exposición pasiva al humo ambiental del tabaco: ciertamente se trata de una carga inaceptable si sabemos cómo evitarla. Pese a sus limitaciones, las aproximaciones cuantitativas a la magnitud del impacto del tabaquismo deben constituir la referencia fundamental del debate social, en el que los profesionales sanitarios deben participar activamente ayudando a clarificar la importancia relativa de los riesgos a los que estamos expuestos. En nuestro país, las restricciones del consumo de tabaco orientadas a proteger la salud de los no fumadores todavía encuentran las resistencias de muchas personas, algunas porque prefieren ver cruzadas ajenas antes que adicciones propias, otras simplemente porque desconocen el riesgo real. Y, sin embargo, pese a estas resistencias, y con un grado de consenManel Nebot La Vanguardia
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so mucho mayor del que a veces nos presentan algunas campañas publicitarias, hemos avanzado mucho, y en muchos ámbitos, como los centros educativos y sanitarios, las normativas y regulaciones introducidas en los últimos años han sido ampliamente asumidas por trabajadores y usuarios. Pero todavía existen importantes objetivos por alcanzar: evitar la exposición pasiva de los niños (incluyendo el tabaquismo en el embarazo), avanzar en la regulación efectiva del tabaquismo en el lugar de trabajo, y mejorar el cumplimiento de las normativas y regulaciones destinadas a reducir tanto como sea posible la exposición pasiva al consumo de tabaco. Considerando las tendencias en los últimos años, todos ellos deberían ser retos asumibles.
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