Participación política y paridad de género en Chile El enfoque

Reviews
Shared by: rockman18
Stats
views:
14
rating:
not rated
reviews:
0
posted:
12/30/2008
language:
Spanish
pages:
0
Participación política y paridad de género en Chile El enfoque de género se ha vuelto cada vez más necesario para comprender las desigualdades de nuestra sociedad. La construcción de un universo simbólico que legitima la desigualdad a partir de la diferencia de los sexos ha condicionado la participación de la mujer tanto en el ámbito privado como en el público. En este último, Chile muestra índices bajos de participación y representatividad, lo que se sustenta en los discursos y prácticas culturales particulares de nuestra realidad. Serie Estudios N° 11 / 2007 Mauricio Amar D. - mgamar@bcn.cl Fecha de publicación: 01-08-2007, Santiago Tabla de Contenidos Introducción. ....................................................................................... 1 1. Algunos conceptos teóricos................................................................. 3 1.1 El género como concepto explicativo................................................ 3 1.2. Los aportes de los Estudios de la Mujer y de género .......................... 7 2. Reseña histórica ..............................................................................10 3. Situación actual de las mujeres en Chile ..............................................17 3.1 Feminización de la pobreza: los datos de CASEN...............................17 3.2 Desigualdad en el trabajo .............................................................21 3.3 El flagelo de la violencia intrafamiliar ..............................................26 4. Participación política de las mujeres en Chile ........................................29 Conclusiones.......................................................................................35 Bibliografía .........................................................................................37 i Índice de gráficos y tablas Gráfico 1. Situación de pobreza por sexo, CASEN 2006 (porcentaje sobre la población respectiva). ..........................................................................18 Gráfico 2. Evolución de la pobreza en Chile según sexo..............................19 Gráfico 3. Incidencia de la pobreza por sexo del jefe de hogar 2006.............20 Gráfico 4. Evolución de la pobreza por sexo del jefe de hogar 1990-2006. ....21 Gráfico 5. Tasa de desempleo hombres y mujeres. 1997 a 2006..................23 Gráfico 6. Porcentaje de participación de las mujeres en el Congreso de Chile.31 Gráfico 7. Hombres y mujeres: Población total, población votante y representación en la Cámara de Diputados. .............................................32 Tabla 1. Distribución de la población por categoría ocupacional según sexo, segundo semestre de 2006. ..................................................................24 Tabla 2. Estadística descriptiva por género, empleados y obreros de entre 18 y 65 años de edad y que trabajan jornada completa (1990-2003). .................25 Tabla 3. Participación femenina en los parlamentos por región. ...................33 Tabla 4. Indicadores de participación política (en porcentajes). ...................33 ii Introducción. En todas las culturas existen distintos tipos de dominación que se entrecruzan y se distribuyen por todos los rincones de la sociedad. Una de estas es la dominación de género. Este concepto alude a la construcción social y cultural (simbólica) de la diferencia biológica que hacen las sociedades. Al ser un proceso constructivo desarrollado por individuos inmersos en relaciones de poder, las prácticas que van dando sentido al imaginario simbólico son llevadas a cabo por todos los miembros de la sociedad, tanto hombres como mujeres. Esto es que de se suma importancia en para comprender no porqué las desigualdades desarrollan esta relación son abolidas completamente por la parte afectada. Pero así mismo, debemos comprender que las mismas prácticas sociales son un elemento de cambio social y reordenamiento simbólico. Prácticas, normas y reglas se construyen en el marco de relaciones sociales. A través de las reglas se asignan recursos, tareas y responsabilidades diferenciadas, además de construcciones valóricas que van a influir en el acceso diferencial a los lugares de tomas de decisiones, desde donde se distribuye el poder. Durante siglos la mujer aparece invisibilizada por la historia oficial, o bien caracterizada de acuerdo a los intereses de los sistemas de dominación masculina. Aquello significó que aún en la modernidad, la carga histórica de las relaciones de poder, los diversos sistemas políticos se resistieran a una inclusión femenina con igualdad de derechos. Recién a mediados del siglo XX las mujeres acceden al voto, considerado hoy un elemento básico de la ciudadanía. Es decir, antes de esa fecha las mujeres eran consideradas legalmente inferiores a los hombres, situación que cómo 1 sabemos se ha revertido en el plano jurídico, pero que sigue teniendo repercusiones en el ámbito práctico. Analizaremos aquí un poco de teoría de género, para adentrarnos rápidamente en la sociedad chilena y la participación política de las mujeres en nuestro país. 2 1. Algunos conceptos teóricos. 1.1 El género como concepto explicativo El concepto género fue introducido por el psiquiatra Robert Stoller, estadounidense, al constatar que un paciente biológicamente hombre fue amputado de sus genitales y criado como mujer sin mayores problemas. Stoller escribió luego “Sex and Gender” en 1964 donde explicaba que existían áreas de la conducta humana, sentimientos, pensamientos y fantasías que se relacionan con los sexos biológicos pero que eran construidas culturalmente. En las ciencias sociales es Ann Oakley quien en 1972 introduce el concepto con su texto “Sexo, Género y Sociedad”. Desde entonces fue una herramienta muy útil para el feminismo militante norteamericano, aún cuando no por las feministas francesas. Estas últimas han continuado hablando de sexo, puesto que en realidad el sexo, en sí mismo, puede ser entendido como un constructo social. En 1949 la filósofa existencialista francesa Simon de Beauvoir planteó en su libro “El segundo sexo” que la mujer no nace, sino que se hace. Esta frase fue revolucionaria para su época pues ponía en entredicho a las teorías evolucionistas y en general a la lógica de la modernidad. Esto, porque si el rol que la mujer ha desempeñado históricamente es producto de relaciones de dominación, se abrían las puertas para que hubiese un cambio en ese sentido. Incluso de Beauvoir va más lejos y reconstruye esa historia de opresión y plantea que existe una responsabilidad de las mismas mujeres en cuanto mantener su situación de desigualdad a través del reconocimiento del dominio del hombre. Esta autora francesa no menciona jamás la palabra género, sin embargo fue fundamental para concebir el concepto y explicar a partir de él el ámbito cultural en el cuál se desarrolla la dominación de lo masculino sobre lo femenino. El género amplía la situación particular de las mujeres hacia la 3 complejización de su relación vinculante con lo masculino. Permite introducir a la femineidad como un concepto amplio, presente en los hombres pero amputado por la cultura. El género además, es una herramienta de análisis que permite estudiar relaciones y construcciones simbólicas distintas a las occidentales, en las que la diferencia de roles supera ampliamente a las distinciones biológicas. La autora de “El Segundo Sexo” plantea que incluso se allegado a concebir la palabra Hombre para designar a toda la humanidad, lo que en realidad es una asimilación del singular griego vir al general homo. Esta es quizás la muestra más importante de cómo la mujer es in-visibilizada por la relación de los sexos. Cualquier niña de educación básica comienza por estudiar la historia de los hombres, donde aparecen muchos de ellos como creadores de cultura y algunas mujeres de acuerdo al rol que la sociedad les ha proyectado. De esta manera, si la historia ha hecho aparecer a las mujeres es para significarlas como un Otro del hombre, distinto, a veces complementario, otras muchas el resto. Aquello tiene una importancia significativa en la manera en que la mujer se ve así misma, se aproxima a su historia, se entiende como persona. Para de Beauvoir, además, la situación de la mujer difiere de la de otras relaciones de dominación. No es comparable a la situación de los judíos en Europa o los negros en Estados Unidos, pues estos conforman una comunidad, con religiones y lenguajes propios, y cosmovisiones compartidas. En el caso de la mujer, ocurre todo lo contrario, pues se encuentra absolutamente disgregada por su vínculo con el hombre. Aún así, este Otro ha sido motivo de preocupación. Si bien es cierto que el poder no se ejerce desde una tribuna, sino que se despliega por toda la sociedad y opera en todo orden de cosas, el hombre se ha preocupado de dejar por escrito y firmado que su relación con la mujer es desigual. Y para ello ha forjado una cosmovisión masculinizante a través del texto. No es 4 menor el hecho de que el hombre como Ser se haya posicionado como autor de la escritura válida, mientras la mujer debía recluirse o revelarse para llegar a ser una escritora que generalmente quedó en el anonimato de la historia. Para Aristóteles la mujer es mujer en virtud de cierta falta de cualidades. Para Tomás de Aquino es un “hombre fallido”, un ser “ocasional”. Estos dos ejemplos tienen la particularidad de pertenecer a dos épocas muy distintas, pero con similar concepción de la mujer, acaso porque el Ser necesita afirmarse constantemente frente al Otro, utilizando mecanismos justificatorios diversos pero entrelazados por el discurso del poder y la opresión. Michelet va a ser más claro en esta definición al plantear que “La Humanidad es macho, y el hombre define a la mujer no en sí misma, sino en relación a él (…) es un ser relativo”1. Esto no significa tan sólo que la mujer sea la parte oprimida de una relación, sino principalmente que es definida por el ejercicio del poder que la oprime. En una relación de poder siempre ambas partes se construyen unas a otras de acuerdo con la posición dominante que asuma cada uno. El Hombre se construye a sí mismo como creador de cultura y dominador de la naturaleza y esa naturaleza es vinculada a la mujer reproductora. El hombre necesita a la mujer en cuanto parte constituyente de la actividad económica, pero aquello no significa la liberación de esta por cuanto el hombre no se plantea la necesidad que tiene del Otro. A su vez la mujer se construye a sí misma a través de los parámetros establecidos por esa relación de poder. Es decir, se construye en función del imaginario de mujer que concibe el Hombre en esa relación, sin olvidar que la relación se encuentra situada en un contexto histórico, cultural y económico. Al construir el hombre a la mujer como otro, dice de Beauvoir, encuentra en ella una complicidad profunda, incluso complaciente. 1 Las tres referencias de este párrafo están en Simone de Beauvoir, “El Segundo Sexo”, p.18. 5 Para Hanna Arendt, esta relación de dominación sólo puede romperse a través del paso de la relegación de la mujer al hogar, espacio donde no existe la libertad, hacia el espacio público, es decir, el lugar donde se vive en el mundo2, donde el cuerpo adquiere su valor como fuerza de trabajo, alejado de la sociedad, inserto en la vida pública. Sin embargo, para Luce Irrigaría, esto va a significar equiparar a la mujer con el hombre al interior de un mundo conformado culturalmente por los hombres. Irigaray insistirá en una reivindicación del cuerpo de la mujer con sus particularidades para dejar de ser “Otro” desigual. Sería necesaria una alianza entre los hombres y las mujeres, para unir la naturaleza y la cultura, un puente, que dice la autora aun no se ha construido. De ahí que el cuerpo sea político, en todas sus dimensiones, puesto que ha sido moldeado por el poder y al mismo tiempo puede ser un medio de resistencia. Toda muerte, masacre, asesinato, violación sexual o maltrato infantil, está dirigido hacia un cuerpo. El control social, a través de la cárcel, encierra al cuerpo aislándolo de su contexto. En el caso de la mujer, hemos visto ya, se le proyecta un cuerpo que está predeterminado a la reproducción y en el caso que exista una resistencia a esa proyección masculina, la mujer es quemada en la hoguera o voluntariamente aislada en un convento. La modernidad trae evidentemente un cambio respecto a esa manera de entender el cuerpo femenino, pero no está asociada a sus cualidades de placer, sino que simplemente como fuerza de trabajo de reserva, el ejército del ejército de reserva del capitalismo. Por esto último, la modernidad sigue planteando a la mujer como un Otro inferior al hombre, con un cuerpo moldeado para la reproducción y no para el trabajo. Y por lo mismo, la modernidad es un proceso inconcluso, pues la Revolución Francesa terminó por naturalizar a la mujer en vez de emanciparla. Correspondió a los movimientos feministas, sobre todo desde los estudios de 2 Del concepto heideggeriano de ser-en-el-mundo. 6 la mujer y de género en el siglo XX, dar el primer paso hacia una nueva mujer, sujeto, capaz de plantear un cambio a la totalidad, al Ser constituido a través de la masculinidad. Y si bien hoy el mercado apunta a rearticular las visiones escencialistas a través de una publicidad agresiva que estereotipa a la mujer, también la globalización y los procesos de acumulación del capital a escala mundial, generan nuevos contextos, donde el cuestionamiento de la relación hombre-mujer debe ser urgente y estructural, para dar pié a una verdadera democracia, que como plantea Irigaray, debe proyectarse en las diferencias que conforman nuestra igualdad. Judith Butler, autora del libro “El género en disputa” plantea que el género se construye de manera preformativa, es decir a través de prácticas sociales que se encuentran relacionadas en una estructura de poder. Para ella el género se construye de manera variable en la misma acción y a través de ella. Un cambio político se da en la medida en que esas prácticas comiencen a incluir la diversidad social y a romper con esquemas definidos de lo que es el género. 1.2. Los aportes de los Estudios de la Mujer y de género Un valioso aporte de los estudios de la mujer ha sido develar la propia historia de las mujeres, hasta entonces escrita desde lo masculino. Releer y resignificar la historia ha dado pie a la teorización de las estructuras de dominación históricas, así como de las actuales formas a través de las cuales el poder de lo masculino se posiciona como dominante frente a lo femenino. Por esto mismo, el estudio sobre la mujer nace dentro del mundo feminista, es decir, con una militancia preestablecida y asumida que será, como veremos, un punto de confrontación con las estructuras dominantes que, a su vez, han tenido durante siglos una militancia escondida detrás de conceptos como verdad y realidad. La mujer es analizada más que como un personaje invisible de la historia, como uno construido en una relación “turbia” y “ambigua” como dice Sonia Montecino. La gran mayoría de las teorías del siglo XX habían 7 estado (y siguen estándolo) construidas a partir de visiones androcéntricas, donde la mujer aparece construida siempre en función del hombre y no al revés. Otro aporte de los estudios de la mujer ha sido la relectura crítica hacia las teorías más importantes de los últimos dos siglos. Las conversaciones de Irigaray con Lacan en el psicoanálisis, de Gayle Rubin con el estructuralismo, de Simon de Beauvoir y Eleanor Leacock con el marxismo, entre otras, son la prueba misma de la necesidad de introducir la perspectiva de género en las distintas disciplinas, y al mismo tiempo estudiar el género de manera interdisciplinaria. Esta teorización se ha vuelto más y más compleja al punto de lograr la crítica a las propias teorías sobre la mujer, fenómeno que sólo ocurre cuando se ha llegado a construir un cuerpo teórico potente y explicativo a través del cual surgen paradigmas de comprensión del mundo. La crisis de esos paradigmas no elimina la teoría, sino por el contrario la complejiza aún más y le otorga la posibilidad de expandir las áreas de investigación. He ahí que conceptos como Patriarcalismo, género, mujer y sujeto hayan sido cuestionados, complejizados y resignificados. Una de las cuestiones más importantes ha sido la resignificación del concepto de sujeto. En efecto, los estudios sobre la mujer se han transformado en un paso más allá para la historia de la modernidad por cuanto amplían las propias pretensiones de esta, truncadas por la masculinidad con que fue construida. El estudio de la mujer ha permitido, entre otras muchas cosas, poner una voz de alerta sobre los determinismos propios de las teorías modernas, particularmente del evolucionismo. Las escuelas de pensamiento marxistas también habían construido un concepto de Sujeto esencialista, que no permitía la incorporación de nuevas formas. Tal como plantea la cita de Simon de Beauvoir hecha por María Luisa Femenías, el sujeto había sido una construcción teórica mirada siempre desde la masculinidad y “Al no plantearse las mujeres así mismas como Sujeto, no han creado un mito viril en el cuál se 8 reflejarían sus proyectos; carecen de religión y de poesía que les pertenezcan por derecho propio: todavía sueñan a través de los sueños de los hombres”.3 En efecto, los estudios de la mujer permitieron la complejización del propio término mujer, dada la inmensa variabilidad de roles femeninos, que si bien aparecen siempre en una relación de dominación, obedecen a contextos muy distintos, en especial en la sociedad occidental estructurada por clases, donde las mujeres se posicionaban también jerárquicamente, aún cuando en la relación hombre-mujer ella no fuese la propietaria de la propiedad ni de los medios de producción. Entonces, si comprendemos que el surgimiento de los estudios de la mujer están íntimamente ligados al desarrollo de un movimiento feminista, (que no sólo se concibió como transformador de las estructuras de opresión de la sociedad, sino que obtuvo logros concretos en el aumento de la participación de las mujeres en el espacio público), debemos entender a estos como la teoría que construye la praxis de las mujeres durante el siglo XX. De ahí que surja también la crítica de los sectores más reaccionarios que se encuentran al interior de todas las grandes teorías. Porque el feminismo no sólo es un peligro para los altos puestos de la academia, sino que es fundamentalmente la desestructuración de las relaciones sociales basadas en la masculinidad como ideología única y dominante. Eso implica cambios en el hogar, en el trabajo, en la plaza, en el gobierno, etc. Y acaso por ser distinta la relación hombre-mujer que la de hombre-esclavo, tanto más diferente es la abolición de las relaciones de dominación que conducen a la liberación de las mujeres. Beauvoir, Simon, citada por Femenías, María Luisa. “Feminismos de París a la Plata, p 21, Cutral Ediciones, Buenos Aires, 2006. 3 9 2. Reseña histórica El movimiento de mujeres nace como respuesta a la situación de dominación que estas han vivido durante siglos a partir de una diferenciación de roles impuesta por el sistema patriarcal. Desde hace más de cuatrocientos años, la opresión de la mujer ha sido tratada por diversas autoras que dan cuenta de una larga historia de injusticias. Chile no ha sido la excepción, y hasta nuestros días muestra una gran desigualdad respecto a la diferencia de sexo y género. La opresión histórica de la mujer se ha dado en todos los ámbitos de la sociedad (político, económico, social y cultural). El principal movimiento social conformado por mujeres ha sido el feminismo, que desde su nacimiento en Europa y Estados Unidos a comienzos del siglo XX, ha tenido el carácter de internacional, aún cuando los movimientos feministas de corte local han adoptado estrategias y concepciones valóricas propias de la sociedad en que se desarrollan. Aquí hablaremos de movimiento de mujeres y de feminismo, teniendo en cuenta la distinción construida a partir de la propia construcción identitaria de las feministas. Tanto en Chile como en el extranjero, el movimiento de mujeres ha tenido dos momentos fundamentales en cuanto a su articulación. El primero de ellos es la necesidad de darle a la mujer derecho a sufragio4. En una sociedad que aspira a ser democrática, la mujer había sido violentada y discriminada sin tener voz ni opinión. Durante la época de dictadura militar (1973-1990) existe un renacer del movimiento de mujeres, producto de la necesidad de resistir a las distintas formas de opresión que allí se promovían. Aquí, el movimiento adquirirá claramente la característica de feminista. Tras el derrumbe de la democracia, 4 En el caso de Chile el voto femenino es alcanzado en 1949 para las elecciones municipales y 1952 para la elección presidencial. El personaje más destacado del movimiento feminista chileno en ese momento fue Amanda Labarca Humberstone (1886-1975). 10 se anula la posibilidad de participación a través de los partidos políticos. A raíz de esta situación queda un vacío en la organización de la sociedad civil que vino a llenar el movimiento feminista. Un segundo hecho que hace urgente la organización civil de mujeres es la represión, violación de derechos humanos y la profunda crisis económica que desató la estabilización de las políticas macroeconómicas del gobierno de la dictadura. En efecto serán las mujeres las primeras en marchar en contra de las violaciones a los derechos humanos y en generar redes poblacionales para la subsistencia económica. Finalmente, una característica de vital importancia que urge articular un movimiento feminista es la exaltación en el período dictatorial de valores tradicionales patriarcalistas. De esta manera, la mujer chilena asume un rol de defensa de sus derechos, a la vez que llenaba un vacío en la capacidad de articulación de la sociedad civil. Se perfila, en este contexto histórico, un movimiento feminista inmerso en un movimiento más amplio que es opositor al régimen militar. De esta manera, se definen en esta época dos luchas definidas y coherentes entre sí. La primera es la defensa de los derechos humanos, dentro de los cuales están evidentemente los derechos de la mujer, y la especificidad de género5. Existe además una gran identificación como movimiento, cohesión y acción grupal asociada principalmente al lugar de residencia. Se crearon varias organizaciones de mujeres que reivindicaron por sobretodo el tema de los derechos humanos, muchas veces en búsqueda de familiares desaparecidos. Ejemplos de estas fueron Mujeres por la Vida, Mujeres Democráticas, y Mujeres de Chile. Se constata en 1974 la conformación de ISIS Internacional, principal centro de documentación femenina y en 1977 la creación del Círculo de Estudios de la Mujer, formado por tres agrupaciones: Hojas, ASUMA (Asociación para la 5 Eliana Largo y Ana María Arteaga agregan dos ejes temáticos más: la sobrevivencia y la política. 11 Unidad de las Mujeres) y un grupo formado por profesionales de las ciencias sociales. En este espacio, definido como la primera organización declaradamente feminista, se genera una amplia discusión que influirá posteriormente en otras organizaciones durante la década siguiente. El Círculo de Estudios de la Mujer nace bajo el cobijo de la Academia de Humanismo Cristiano y se desarrolló en sus dependencias hasta 1983, cuando las autoridades eclesiásticas de la Academia consideraron que la postura y propuestas del Círculo no concordaban con los principios de la Iglesia Católica, decidiendo su expulsión. En 1978 Se realiza en Santiago el Encuentro Nacional de Mujeres, convocado por la Coordinadora Nacional Sindical, con 298 delegadas, que exigen se reponga el fuero maternal, las salas cunas, jardines infantiles, casinos en las empresas, jubilación a los 55 años, pago íntegro de salario durante el pre y post natal, recuperación de los niveles de atención médica y servicios de salud conquistados hasta septiembre de 19736. Son los años ochenta los de mayor actividad para los movimientos feministas, quienes abogaron por la caída del régimen dictatorial y por una democratización del país. Como referencia revisamos que en 1980 surge el CODEMU y en 1981 el Movimiento de Mujeres Pobladoras (MOMUPO) que agrupó varias comunas de Santiago. En 1983 mujeres de Chile (del interior y exiliadas por dictadura militar) asisten al Segundo Congreso Latinoamericano de Mujeres realizado en Lima. La importancia de este evento es el estrecho lazo que se establece entre los movimientos feministas de Chile, Latinoamérica y Europa. A juicio de Virginia Vargas en los ochenta existe una politización de la vida privada como forma de lucha, es decir, se visibilizaron varios problemas concretos de las mujeres, a partir de los cuales se teorizó sobre la opresión y desigualdad que vivía la mujer. Temas de importancia, en este sentido fueron Luis Vitale, Cronología comentada del movimiento de mujeres en Chile. En: http://mazinger.sisib.uchile.cl/repositorio/lb/filosofia_y_humanidades/vitale/ 6 12 la violencia doméstica, asedio sexual, violación en el matrimonio, feminización de la pobreza, etc7. La primera manifestación de mujeres en contra de la dictadura fue el 11 de agosto de 1983, mismo año en que se funda la organización MEMCH, que se transformaría en el principal referente del movimiento feminista. Se constata que en la manifestación un grupo de mujeres frente a la Biblioteca Nacional extendió un lienzo que decía “Democracia Ahora! Movimiento Feminista de Chile”. A partir de este momento se intentará ligar la opresión de la dictadura con la vida al interior de los hogares bajo el eslogan de Julieta Kirkwood “Democracia en el país y en la Casa”. Otro paso importante en esta década fue la fundación de ONG’s de mujeres, con departamentos de estudio sobre la mujer. De esta manera se produce una profesionalización de gran parte del movimiento de mujeres. Parte del trabajo que desarrollaron las organizaciones fue acogido por la Iglesia Católica a través de la Vicaría de la Solidaridad. En 1988 se presentan las “Demandas de las mujeres a la democracia”, donde se abogaba por la institucionalización de las demandas de las mujeres a través de la creación de organismos gubernamentales, una vez alcanzada la democracia. Es más, los movimientos de mujeres comienzan a congregarse en torno a la idea de la conformación de un conglomerado que aglutine estas demandas de institucionalización, tal es el caso de la Concertación de Mujeres por la Democracia, ligada a la Concertación de Partidos por la Democracia. El periodo de la dictadura militar (1973-1990) fue aglutinador de las demandas de los movimientos de mujeres y permitió una vinculación entre la resistencia al gobierno y la situación particular de la mujer. Sin embargo, en el 7 Virginia Vargas, citada por Kathya Araujo en “Género y movimientos sociales, retos para la acción colectiva”, p.33, Programa Mujer y democracia en el MERCOSUR, Fundación Instituto de la Mujer, Isis Internacional, Movimiento Pro Emancipación de la Mujer, MEMCH, Santiago, Chile, 2002. 13 momento en que comienzan las negociaciones para realizar un plebiscito, en el cual estaba en juego la continuidad por ocho años más, o la retirada definitiva del régimen militar; las militantes del movimiento feminista comenzaron a tener las más claras divisiones. Esto, principalmente por el protagonismo que se les dio a los partidos políticos, en desmedro de las organizaciones sociales. Muchas mujeres tenían doble militancia, en organizaciones y partidos desde los años ochenta, lo que con el tiempo comenzó a crear una división entre las llamadas feministas y las “políticas”. Si bien ambas coincidían en la emancipación de la mujer, diferían en la forma para alcanzarla8. Aun así, la doble militancia cuando estaba ya formada la Concertación de Mujeres por la Democracia. A partir de este momento, se perfilan dos identidades del movimiento antagónicas en sus propuestas. En primer lugar, están aquellas organizaciones que buscaron la acción desde las organizaciones sociales en las que participaban con la intención de mantener el espacio que habían ganado en dictadura. Por otro lado, se ubicaron aquellas que ante el advenimiento de la democracia, creyeron que la Concertación de Partidos por la Democracia debía servir de plataforma para las acciones y diseño de estrategias del movimiento. Naturalmente, esta última opción estaba comandada por aquellas mujeres que tenían doble militancia. El feminismo autónomo9 se planteó desde entonces desde la oposición viendo con recelo la posibilidad de transformar el patriarcado desde el Estado y además por considerar que no era posible Marcela Ríos, Lorena Godoy y Elizabeth Guerrero. “¿Un nuevo silencio feminista?, La transformación de un movimiento social en el Chile posdictadura”, p. 54, Centro de Estudios de la Mujer, Editorial Cuarto Propio, Santiago, Chile, 2003. 9 Nombre que se les da a las feministas que se excluyeron de la Concertación de Partidos por la Democracia. Algunas de ellas, también tuvieron doble militancia en partidos como el PC y el MIR, que no formaron parte de esta coalición. 8 14 construir una sociedad verdaderamente democrática con una institucionalidad heredada de la dictadura y en alianza con sectores confesionales10. La década de los noventa aparece, como consecuencia de lo descrito, marcada por una institucionalización de las demandas de las mujeres a través de diversos organismos del estado, entre ellos el Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM). Evidentemente, este representaba los anhelos de sólo un sector del feminismo, ligado a la Concertación, lo que fue de la mano con la incorporación al gobierno de un número importante de mujeres que había participado antes en las organizaciones civiles. Un temor permanente en los noventa fue el que al institucionalizarse las demandas, se suscribirían acuerdos internacionales que no necesariamente dieran cuenta de la situación particular de las mujeres en Chile. La preeminencia de la faz más institucionalista del feminismo, y la tendencia de los otros sectores a mantenerse en grupos al margen de los centros políticos, hacen que la imagen más pública del feminismo tienda a reducirse a la acción de los grupos profesionales y particularmente los vinculados con la labor de impactar las agendas institucionales11. Esta fragmentación del movimiento no lo acaba, sino que le da una nueva forma y lo sitúa en un contexto similar al de otros movimientos sociales en la actualidad. La década de los noventa y los primeros años del siglo XXI, están marcados por etapas claramente identificables en el movimiento de mujeres. La primera de ellas parte en el proceso de transición a la democracia a finales de la década de los ochenta, hasta 1993. En este momento histórico, hay una búsqueda constante de la unidad e identificación con el feminismo. A pesar de las diferencias estratégicas entre feministas, continuó la confianza en que se 10 Con los sectores confesionales las diputas más importantes tendrán que ver con los Derechos Sexuales y Reproductivos de las mujeres. 11 Kathya Araujo. “Género y movimientos sociales, retos para la acción colectiva”, p.46, Programa Mujer y democracia en el MERCOSUR, Fundación Instituto de la Mujer, Isis Internacional, Movimiento Pro Emancipación de la Mujer, MEMCH, Santiago, Chile, 2002. 15 podrían generar articulaciones en torno a objetivos comunes. Este período se termina con la realización del Primer Encuentro Feminista en Valparaíso. En él se reconocen las diferencias en torno a la institucionalidad y coloca a las feministas en posiciones encontradas por lo antes descrito. Una segunda etapa se da entre 1994 y 1996, momento en que se agudizan estas diferencias, produciéndose un claro distanciamiento en lo discursivo y en las estrategias de acción. En el Foro Feminista de Concepción una parte del movimiento se autodefine como feministas autónomas, entrando en clara oposición con quienes formaban parte del gobierno y la Concertación. Finalmente, una tercera etapa comienza en 1997 y perdura hasta nuestros días. Aquí las diferencias existentes entre ambas facciones del movimiento se convierten en prácticas que van por caminos paralelos, sin encuentro ni comunicación. Para Ríos, Godoy y Guerrero, esta etapa está marcada por una desarticulación e invisibilidad del feminismo en cuanto actor colectivo en la esfera pública y en la consolidación de espacios y estrategias microsociales de activismo. En definitiva, debemos definir al movimiento de mujeres en cuanto a su historia y su situación actual. Lo entenderemos como un campo de acción cuya coherencia interna y fronteras externas se sustentan en una adscripción a un discurso o propuesta ideológica, orientada a transformar las relaciones del sistema de dominación del que son objeto las mujeres como categoría social12. Marcela Ríos, Lorena Godoy y Elizabeth Guerrero. “¿Un nuevo silencio feminista?, La transformación de un movimiento social en el Chile posdictadura”, p. 31, Centro de Estudios de la Mujer, Editorial Cuarto Propio, Santiago, Chile, 2003. 12 16 3. Situación actual de las mujeres en Chile 3.1 Feminización de la pobreza: los datos de CASEN La participación política y el acceso a los lugares de tomas de decisiones y de poder están intrínsecamente relacionados con la posición de dominación y de desigualdad que ocupan los distintos grupos que conforman la sociedad. Existen, en este sentido, un conjunto de grupos que la jerga política denomina “minorías”, no porque sean inferiores en número, sino porque precisamente se encuentran en una posición desmejorada en cuanto acceso al poder y comúnmente son violentados en sus derechos. En chile, las minorías más reconocidas son los pueblos indígenas y las mujeres. El fenómeno que en los últimos años ha tendido a ser denominado como feminización de la pobreza no es nuevo en Chile, por el contrario, los resultados históricos de la relación género-pobreza demuestran que en nuestra sociedad aún perviven muchas formas de discriminación contra la mujer, contra sus demandas y contra sus intereses. La encuesta CASEN ha servido para caracterizar la situación actual e histórica de la mujer en relación a la pobreza, y además permite verificar tendencias y cambios sociales que han revelado la situación crítica en que se encuentran miles de mujeres jefas de hogar, cuyos derechos son violados en más de un sentido. La CASEN 2006 es elocuente. El siguiente cuadro nos muestra la situación de pobreza por sexo según los datos obtenidos de la última encuesta CASEN. 17 Gráfico 1. Situación de pobreza por sexo, CASEN 2006 (porcentaje sobre la población respectiva). Fuente: CASEN 2006 Como podemos apreciar, en Chile las mujeres superan en un punto porcentual a los hombres en cuanto a cantidad de personas en situación de pobreza. Sin embargo, como vemos en el Gráfico 2, la pobreza en Chile ha disminuido drásticamente desde 1990, y si bien de aquello se han beneficiado hombres y mujeres, las diferencias entre géneros son constantes. 18 Gráfico 2. Evolución de la pobreza en Chile según sexo. Fuente: CASEN 2006. En cuanto a la pobreza de las jefaturas de hogares, la situación es aún más crítica para las mujeres, ya que aquellas que deben mantener su hogar y se encuentran en situación de pobreza están cuatro puntos porcentuales por sobre los hombres. 19 Gráfico 3. Incidencia de la pobreza por sexo del jefe de hogar 2006. Fuente: CASEN 2006. Por último, la evolución de la pobreza de los jefes de hogares en Chile tuvo una disminución importante entre 1990 y 2006; sin embargo, en términos comparativos, la relación de desigualdad respecto a las condiciones de pobreza de jefes de hogares hombres y jefas de hogares mujeres se ha mantenido. La CASEN 2003 es la primera que muestra un incremento porcentual de as mujeres jefas de hogar respecto a los hombres en esa situación. Desde entonces la relación es permanente independientemente de las mejorías generales. Aquello nos indica, sobre todo, que además del tema de la pobreza, es necesario implementar un enfoque de género que de cuenta de los motivos de las desigualdades que se producen al interior de los sectores más pobres del país. 20 Gráfico 4. Evolución de la pobreza por sexo del jefe de hogar 1990-2006. Fuente: CASEN 2006 3.2 Desigualdad en el trabajo La discriminación puede ser entendida como “toda distinción exclusión o preferencia basada en motivos como la raza, el color de la piel, el sexo, la religión, opiniones políticas, la ascendencia nacional, el origen social, u otros criterios designados que anulen o menoscaben la igualdad de oportunidades en el empleo o la ocupación”13. La discriminación ocurre en el llamado ámbito público y privado, y no podría ser de otra manera puesto que ambos se encuentran relacionados y se construyen a través de las prácticas sociales. La discriminación en el ámbito público se da fundamentalmente en las diferencias laborales y la representatividad de las mujeres en el círculo de toma de decisiones. 13 Consejo Nacional de la Mujer, República Argentina. 21 Los últimos diez años han estado marcados por un aumento indiscutible de la participación femenina en el mercado de trabajo. Si en 1997 tasa de participación femenina en el trabajo era de 34,6%, esta pasó a representar un 38,5%, lo que coincide con una baja similar en la participación masculina que pasó de ser de 74,7% en 1996 a 71,7% en 200614. Sin embargo, las cifras son elocuentes también en la diferencia por sexo que existe en la participación laboral, lo que influye directamente en la feminización de la pobreza y en la dependencia económica de las mujeres respecto de sus parejas hombres. Dentro de la estructura familiar, las mujeres suelen ocupar posiciones de subordinación de distinta índole que las obliga a asumir roles con cargas mucho más pesadas, que a su vez les imposibilita de participar en igualdad de condiciones en el mercado laboral. Por otra parte, la inserción de la mujer en el trabajo se ha dado bajo una concepción masculina del mismo, ya que estas deben optar por o bien trabajar o bien participar activamente en la crianza de sus hijos. Sin embargo, esta disyuntiva no se presenta en el caso del hombre, aún cuando es igual de responsable de la conformación de la familia y de la procreación. Por lo tanto, medidas verdaderamente integradoras de la mujer al trabajo se deben planificar de acuerdo a criterios de igualdad al momento de asumir las responsabilidades de la fecundidad y deben intervenir en el cambio de patrones culturales que fomentan el rol de la mujer como figura doméstica. Una discriminación más evidente es posible apreciar cuando hablamos de desempleo. Esto porque ahí se considera a las mujeres que están buscando trabajo y no son contratadas. El gráfico siguiente muestra la desigualdad que existe a este respecto entre hombres y mujeres en la Tasa de desempleo. 14 Fuente: Organización Internacional del Trabajo (OIT). 22 Gráfico 5. Tasa de desempleo hombres y mujeres. 1997 a 2006. Fuente: Organización Internacional del Trabajo (OIT) Esta situación contribuye muy fuertemente a la inestabilidad económica, la pobreza y la disposición de las mujeres de aceptar empleos precarios con baja seguridad social. Como vemos en el siguiente cuadro, las mujeres son mucho menos empleadoras que los hombres, lo que las ubica constantemente en puestos de trabajo subordinados, son la mayor parte del personal de servicio, donde se cometen la mayor cantidad de abusos laborales. Así mismo, conforman la mayor parte de los miembros de la familia que no recibe remuneración económica, situación que las ubica en posiciones de subordinación también al interior del hogar. 23 Tabla 1. Distribución de la población por categoría ocupacional según sexo, segundo semestre de 2006. Fuente: OIT. Estas relaciones construidas a partir de capitales sociales desiguales de acuerdo al género, tiene su correlato evidentemente en el nivel de ingresos. Las mujeres en Chile ganan en promedio hasta un 30% menos que los hombres encontrándose en igualdad de condiciones en cuanto a aptitudes y nivel de escolaridad. La siguiente tabla muestra la desigualdad entre hombres y mujeres considerando que en promedio los años de escolaridad de estas últimas son superiores a los de los hombres. Es decir, en Chile la mujer no obtiene la igualdad estudiando más, aún cuando sí la escolaridad asegura mayores ingresos al interior de los géneros. 24 Tabla 2. Estadística descriptiva por género, empleados y obreros de entre 18 y 65 años de edad y que trabajan jornada completa (1990-2003). Fuente: Fuentes, Jeannette; Palma, Amalia; Montero, Rodrigo (2005). Los datos sobre la discriminación laboral que sufren las mujeres están ampliamente abordados por la literatura sobre el tema. El economista Dante Contreras ha planteado que existe una mayor participación de los sectores más jóvenes de la población (sobre todo en el caso de las mujeres) en el mercado laboral lo que significaría una mayor posibilidad de generar ingresos, sin embargo si aquello no va acompañado del fin de la desigualdad y la 25 discriminación, el mercado del trabajo seguirá siendo un sector en el que se violan los derechos humanos de las mujeres15. Las soluciones a este tema no son fáciles, pues existe la tendencia a pensar que una mejor situación para la mujer pasa sólo por ampliar sus niveles educacionales y participación laboral. Sin embargo, la legalidad que busca proteger a veces tiene efectos secundarios indeseados que se vinculan a características culturales de nuestra sociedad. Por ejemplo, la Ley 19.591 establece que las empresas deben tener sala cuna a partir de la contratación de la funcionaria mujer número veinte. Si bien esta Ley favorece la situación de miles de mujeres trabajadoras que pueden tener a sus hijos en lugares seguros y cercanos, al mismo tiempo se desincentiva la contratación de más de diecinueve mujeres, viéndose perjudicadas sobre todo las mujeres que pertenecen al sector de la mediana y pequeña empresa, la cual genera el 80% del trabajo en Chile. 3.3 El flagelo de la violencia intrafamiliar En Chile los estudios de género han permitido comprender la magnitud cuantitativa y cualitativa de los tipos de violencia de la cual son víctimas las mujeres. Importantes cifras de maltratos, que cruzan la estructura social han llevado al país a institucionalizar a través de las leyes diversas maneras de abordar el problema de la violencia contra la mujer. Desde una perspectiva amplia del género, debemos considerar también aquí la violencia ejercida también contra niños y ancianos, que muchas veces son víctimas silenciosas de violencia física y/o psicológica. Naciones Unidas ha avanzado en la construcción de cartas de Derechos Humanos diferenciadas considerando que existen sectores poblacionales que sufren discriminaciones específicas. 15 26 Los tipos de violencia que son ejercidos sobre las mujeres se pueden categorizar en: violencia física, emocional (maltrato, acoso, manipulación), abuso económico, sexual y feminicidio. Para Naciones Unidas “La violencia de género se refiere a todo acto que se ejerce contra la mujer por el simple hecho de serlo y que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual, psicológico o emocional, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, y todo ello con independencia de que se produzca en el ámbito público o privado”16. En 1994 la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará) estableció en su artículo primer que la violencia contra la mujer es “cualquier acción o conducta, basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”. Desde los estudios de género se ha discutido mucho sobre la pertinencia de la separación entre lo público y lo privado, toda vez que aquello que se realiza en el interior de la estructura familiar es una reproducción a microescala de las formas de opresión y violencia que existen sobre la mujer en la sociedad como conjunto. El derecho internacional ha insistido en considerar la violencia de género como una forma de violación de los derechos humanos, que además de herir un cuerpo y una subjetividad particular, atenta contra el desarrollo libre de los individuos, afectando a todo el cuerpo social de un país. Además, la violencia sistemática configura historias de opresión que ubican a los sujetos como opuestos, creando prácticas polarizadas que rápidamente adquieren el carácter de violencia de muerte. Tal es el caso del aumento del feminicidio y de las muertes de hombres a manos de mujeres maltratadas. En nuestro país las cifras son alarmantes, según el Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM) siete de cada diez mujeres sufren violencia psicológica en sus hogares de 16 Asamblea General de Naciones Unidas, 1993. 27 parte de su pareja, marido o conviviente y cada año son cerca de setenta las chilenas que mueren producto de la violencia conyugal. El año 2006 murieron 51 casos de feminicidio, de los cuales el 41% se llevó a cabo al interior del hogar de la propia víctima y también un 41% fue a manos de su conviviente. Por esto último, las políticas en Chile se han enfocado sobre todo en el ámbito considerado “privado”, es decir en el núcleo familiar. Allí se han tomado medidas importantes a fin de proteger a los grupos que suelen ser víctimas de violencia más que otros, siendo un buen ejemplo la Ley 20.066, publicada el 07 de octubre de 2005, que sanciona la Violencia Intrafamiliar y que amplía el concepto de familia comprendiendo tanto a los parientes consanguíneos como a los afines, en toda la línea recta así como a los colaterales por consanguinidad y afinidad hasta el tercer grado. Se aplica tanto al cónyuge, como al conviviente o al ex-conviviente; también se entiende como miembro de esta familia a cualquier menor de edad que se encuentre al cuidado o bajo dependencia de uno de los miembros de la familia, aunque no sea pariente. Por último, se incluye también a los discapacitados, de cualquier edad, que se encuentren al cuidado o bajo dependencia de uno de los miembros de la familia, aunque no sean parientes. Esta Ley entiende por Maltrato Intrafamiliar toda conducta que, por acción u omisión, ocasiona daño físico y/o psicológico a otro miembro de la familia17. Existe un aumento de las denuncias respecto a la violencia intrafamiliar que tiene que ver más con una favorable tendencia a denunciar los hechos por parte de las víctimas que al aumento cuantitativo de la violencia. Del año 2000 al 2003 las causas ingresadas a los Tribunales por violencia intrafamiliar se incrementaron en 25,2%. En el mismo periodo las denuncias ante Carabineros aumentaron en 35,7%. Y si se observa el último quinquenio, desde 1999 a 2003 el crecimiento de denuncias alcanza a 57,5%. Sin embargo, estas cifras 17 Fuente: Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM) 28 siguen estando muy por debajo de la realidad, es decir, del número real de personas que sufren de violencia a causa del género18. Existe una desigual distribución de los casos de violencia intrafamiliar de acuerdo a las regiones del país. Por lo tanto, las políticas públicas deben considerar las particularidades culturales que se encuentran reforzando una actitud violenta hacia las mujeres. A este respecto es necesario enfatizar en la distinción entre “mujer” y “mujeres”, ya que existen diversos contextos y categorías como la clase, la etnia, urbanidad/ruralidad, etc. que ubican a las mujeres en situaciones particulares que deben ser comprendidas e intervenidas de manera apropiada. A pesar de los intentos por legislar a favor de la mujer en el ámbito de la violencia que se ejerce contra ella, la sociedad de mercado atenta constantemente contra la idea de constituir a las mujeres en sujetos libres. Cada vez que se le utiliza como un objeto sexual, fraccionando su cuerpo de acuerdo a los intereses masculinos, convertida en propaganda estimulante para los hombres, se está creando una imagen de mujer sometible e incapaz de algo más que cumplir el rol de satisfacer los deseos masculinos. De esta manera, el mercado instaura una idea de mujer construida principalmente desde lo masculino, afectando seriamente la posibilidad de cambiar los patrones culturales de tipo patriarcalistas que imperan en nuestra sociedad. 4. Participación política de las mujeres en Chile En cuanto a la representación política de las mujeres, el Congreso de la República de Chile muestra en el período 2006-2010 una baja participación femenina. En el caso del poder ejecutivo, la situación ha cambiado progresivamente en los últimos años y fundamentalmente con la llegada de la 18 Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas (INE) 29 Presidenta Michelle Bachelet, quien estableció un sistema de paridad ministerial que rápidamente se terminó en el transcurso de su primer año de gobierno. Sin embargo, aún el porcentaje de mujeres ministras en Chile es superior a la situación histórica, pues cabe recordar que sólo en 2003 las mujeres ocupaban sólo el 16,67% de los ministerios. Si hacemos un recorrido por la participación política de las mujeres en distintas áreas, nos encontramos con una evidente desigualdad de género en la designación de cargos. Sólo aquellos puestos designados por el ejecutivo bordean cifras bajo el 50%, pero en lo que se refiere a los cargos por elección, es decir, Congreso Nacional, alcaldías y cargos nacionales en partidos políticos existe una participación femenina que debemos llamar marginal. En la Cámara de Diputados el porcentaje de mujeres es de 15,8%, mientras que en el Senado apenas llega al 5,2%. El gráfico 6 muestra la evolución de la participación femenina en el congreso. Si bien notamos un alza, las cifras son extremadamente bajas si consideramos que las leyes rigen para todos los ciudadanos. Por lo tanto, las mujeres aparecen en la sociedad como sujetos sobre los cuales se debate, pero que no participan de ese debate. Los estudios de género han venido planteando a este respecto que a la mujer se le sigue relegando al espacio específico de la reproducción, mientras que son los hombres los que legislan también respecto a este ámbito. 30 Gráfico 6. Porcentaje de participación de las mujeres en el Congreso de Chile. Fuente: FLACSO. Este no es un tema menor, considerando que la población y la participación electoral de las mujeres son incluso levemente superior a la de los hombres. Una medida tomada por algunos partidos políticos en Chile ha sido prefijar porcentajes mínimos de candidatas mujeres en las elecciones. 31 Gráfico 7. Hombres y mujeres: Población total, población votante y representación en la Cámara de Diputados. Fuente: FLACSO La situación del Congreso es realmente compleja si consideramos que el porcentaje de participación de las mujeres en Chile es inferior al del promedio mundial e incluso al de nuestro continente. Aquello es aún más evidente en el Senado que en la Cámara de Diputados. Sin embargo, debemos notar que la discriminación de género no es un problema local, sino muy por el contrario, las diversas sociedades han establecido a partir de sus propias cosmovisiones modos particulares de discriminación contra la mujer, que siempre se expresa en el acceso al poder. La siguiente tabla nos muestra la realidad mundial en cuanto a la participación de las mujeres en los parlamentos. 32 Tabla 3. Participación femenina en los parlamentos por región. Cámara Única/Baja Segunda Cámara/Senado 41,6% … 20,1% 20,0% 18,1% 17,6% 16,6% 14,6% 9,6% 19,8% 17,3% 19,4% 17,3% 18,5% 15,7% 31,8% 6,4% 18,1% Ambas Cámaras 41,6% 19,6% 19,9% 17,9% 17,7% 16,5% 16,7% 8,9% 19,9% Países Nórdicos Europa. Países OSCE (incluye países nórdicos) América (norte, sur, centro) Europa. Países OSCE (excluye países nórdicos) África Subsahariana Asia Pacífico Estados Árabes Promedio Mundial Fuente: Unión Interparlamentaria Cómo hemos dicho, la discriminación de las mujeres se da en todas las esferas del poder. La siguiente tabla resume la evolución de los últimos once años de la situación de participación de las mujeres en política, tanto en cargos designados como en aquellos que son de elección popular. Tabla 4. Indicadores de participación política (en porcentajes). 1995 15,8 3,6 7,6 7,7 10 27,5 7,5 2,6 7,2 12,5 9 2000 31,25 25,9 22,9 23,1 30 34 11,7 5,2 7,9 17 17,2 2003 16,67 27,6 15,3 15,4 24 35 12,5 5,2 12,6 17 18,5 2006 50 48,4 38,4 50 33,3 n/d 15,8 5,2 12,2 21 n/d Ministerios Subsecretarías SEREMIS Intendentas Gobernadoras Cargos en Corte de Apelaciones Diputadas Senadoras Alcaldesas Concejalas Cargos Nacionales en Partidos Fuente: Fuente: Valdés Teresa; Fernández, Ma. De los Angeles. "Género y política: un análisis pertinente", p.33. Revista Política, Instituto de Asuntos Públicos, Departamento de Ciencia Política, Universidad de Chile, Vol. 46, otoño de 2006. 33 Sobre la representatividad de las mujeres en el sistema político hay algunos puntos necesarios de ser planteados. En primer lugar, debemos decir que el acceso a los lugares de poder y toma de decisiones está directamente relacionado con las relaciones de poder que se establecen al interior de una sociedad. La mujer, relegada culturalmente al espacio privado, al hogar, participa de manera desigual en los espacios conformados por lógicas masculinas como el mundo del trabajo. Estas relaciones se reproducen al interior de los hogares, en el trabajo y en el sistema político. Los partidos políticos tienen una responsabilidad en este sentido, ya que los candidatos son rara vez elegidos por votación popular y suelen designarse en las direcciones, ya controladas por hombres. La llamada “paridad” que se puso en boga al asumir el cargo de presidenta Michelle Bachelet, debe ser entendida como una estrategia política, pero no debe ser equiparada con conceptos como el de igualdad o equidad, que representan un estado ideal de equilibrio en cuanto a derechos y responsabilidades entre los géneros. Un buen ejemplo de esto es que en los hechos, si bien las mujeres asumieron ministerios en igual proporción a los hombres, ninguna mujer ha ocupado puestos que el ejecutivo considera claves como Hacienda o Interior, y en una economía de mercado, sabemos que existe una preponderancia del manejo macroeconómico que condiciona a todos los demás ministerios. 34 Conclusiones El género es un concepto explicativo de las construcciones simbólicas basadas en las diferencias biológicas. Estas construcciones son sustentadas por relaciones de poder particulares a cada sociedad y se nutren de las propias prácticas sociales en las que se ven insertos los individuos. La separación de la esfera pública de la privada a servido para potenciar teóricamente esta desigualdad entre los géneros y ha reproducido tanto en nuestra sociedad como en la gran mayoría de las sociedades occidentales, discursos y prácticas que impiden que hombres y mujeres se entiendan como seres humanos iguales, más allá del mismo plano jurídico en el cuál sí se han concretado estas igualdades discursivas. Las desigualdades de género repercuten en todas las actividades de la vida humana y por ello es necesario integrar un enfoque de género tanto para estudiar las relaciones sociales como para proponer políticas públicas que apunten a establecer cambios reales en el ámbito cultural y legal. Existen estrategias para asegurar de facto la participación igual de mujeres y hombres en política. Tal es la llamada Paridad que ha comenzado a practicarse en Chile en el poder ejecutivo. Sin embargo, muchas veces se cree que la paridad llevará necesariamente a la equidad, cuando en realidad es sólo parte de la solución. Los mayores cambios deben darse en el ámbito cultural, en la construcción simbólica del mundo. Nuestras sociedades han tendido a crear una confusión sustentada en las prácticas sociales. Esta se refiere a la relación entre “igualdad y diferencia” que nuestras culturas consideran conceptos opuestos, cuando en realidad se refieren a niveles distintos de la realidad. el concepto de igualdad es un término político mientras que la diferencia es de carácter ontológico. La 35 diferencia, en realidad se opone a la identidad, mientras que la igualdad se opone a la desigualdad. En otras palabras, el no tener cuerpos idénticos genera diferencia, lo que no tiene porqué traducirse en una desigualdad política. Occidente, sin embargo ha construido una desigualdad política en base a una diferenciación de los cuerpos masculino y femenino, lo que debe ser resuelto a través de la democracia, lugar donde estos cuerpos pueden, en efecto, alcanzar la libertad. 36 Bibliografía 1. Butler, Judith. “Cuerpos que importan”, Editorial Paidós, España, 2002. 2. Butler, Judith. “El género en disputa”, Editorial Paidós, México, 2001 3. Butler, Judith. “Deshacer el género”, Editorial Paidós, España, 2006. 4. Foucault, Michel. “La historia de la sexualidad. Tomo I. La voluntad del saber”, Siglo veintiuno editores, Argentina, 2002. 5. Foucault, Michel. “Nietzsche, la genealogía, la historia”, Editorial Pre-Textos, España, 2004. 6. Fraisse, Geneviève. “La diferencia de los sexos”, Editorial Manantial, Argentina, 1996. 7. Kristeva, Julia. “El sentido y el sinsentido de la rebeldía”, Editorial Cuarto Propio, Chile, 1999. 8. Lamas, Marta. “Diferencias de sexo, género y diferencia sexual, Revista Cuicuilco, Volumen 7, número 18, enero-abril, 2000, México, ISSN 1405-7778. 9. Femenías, María Luisa. “Feminismos de París a la Plata”, p.8, Catálogos, Argentina, 2006. 10. Bourdieu, Pierre. “La Barcelona, 2000. dominación masculina”, p.26, Editorial Anagrama, 11. Montecino, Sonia. “Conceptos de género y desarrollo”, p. 18, PIEG, Serie Apuntes, 1996. 37

Related docs
premium docs
Other docs by rockman18
Harley Davidson Inc Ammendments and Bylaws
Views: 213  |  Downloads: 1
Corio Inc Ammendments and By laws
Views: 240  |  Downloads: 0
Directors Agree to Meeting Without Notice
Views: 132  |  Downloads: 1
Compensable Work Chart
Views: 462  |  Downloads: 11
Standard Form 1447 Solicitation or Contract
Views: 269  |  Downloads: 2
Service Client Thank You Letter
Views: 2879  |  Downloads: 32
Sexual Harassment Policy2
Views: 233  |  Downloads: 4
Inst W-2C and W-3C (PDF) Instructions
Views: 307  |  Downloads: 3
Little Essays of Love and Virtue
Views: 331  |  Downloads: 8