RECOMENDACION DE INTEGRACION DE LA J.I.D. A LA O.E.A. Y AMPLIFICACION DE SUS FUNCIONES
POR
CNEL. WILLIAM C. HUNTER, EJ., USA
Trabajo de Investigación presentado al Colegio Interamericano de Defensa como requisito para la obtención del Diploma aprobado del Curso Superior de Defensa Continental.
WASHINGTON, D.C., MAYO DE 1995
Certifico que he leído este encuentro aceptable en cuanto
Trabajo de Investigación y lo a contenido científico y lenguaje.
_________________________ CONSULTOR
_________________ FECHA
Certifico que he revisado este Trabajo de Investigación y lo he encontrado ajustado a la Normativa y Metodología del CID.
__________________________________ ASESOR COORDINADOR
_________________ FECHA
NOTA ACLARATORIA
Las opiniones emitidas en el presente trabajo son de la exclusiva responsabilidad del autor y no representan la posición del CID.
AUTORIZACION
Autorizo al Colegio Interamericano de Defensa la publicación de este trabajo como artículo para Lectura Seleccionada o en la Revista del Colegio.
Firma y aclaración del investigador:
____________________________________
FECHA: ______________________
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INTRODUCCION El primer propósito esencial listado en el Artículo 2 de la Carta de la Organización de los Estados Ameri-canos compromete a la Organización a "Afianzar la paz y seguridad del Continente." Puesto que, además del fac-tor militar, la seguridad involucra a las otras tres expresiones del poder (político, económico y sicoso-cial), la OEA es la única organización continental que puede gerenciar la defensa del hemisferio en su totali-dad. Por el momento cuenta con representación del factor político en la Asamblea General y el Consejo Permanen-te. Para asuntos de mucha transcendencia, cuenta con la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exte-riores. Los factores económico y psicosocial se mane-jan en el Consejo Interamericano Economico y Social, el Consejo Interamericano para la Educación, la Ciencia y la Tecnología, y los organismos especiales. El factor militar se encuentra marginado en la Junta Interameri-cana de Defensa y el Comité Consultivo de Defensa que, a pesar de existir en el papel, nunca ha sido citado. Guido di Tella describió la situación con estas pa- labras: "La Organización de Estados Americanos había dejado a un lado sistemáticamente a las Fuerzas Armadas de sus países miembros. Es hora de que el componente militar como factor de la política de los Estados, pase a formar parte de los análisis de la Organización. Se trata de complementar en el aspecto militar lo que vie-nen desarrollando nuestros gobiernos en los campos po-líticos, económicos y sociales."1
Guido di Tella, Discurso en la Primera Conferencia de Medidas de Confianza Mutua, Buenos Aires, marzo de 1994.
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El Presidente Gaviria, actual Secretario General reconoció esta realidad cuando dijo: “Tenemos que hacer que el Sistema Interamericano de Defensa se convierta en parte integral de nuestra Organización y que sus ac-tividades se complementen e interactúen con el resto de los componentes de la OEA, lo que sería de indiscutible utilidad para que sus labores sean requeridas y sus be-neficios tangibles.”2 La OEA ha sido criticada por su falta de efectivi-dad. La Junta no ha logrado mayores resultados. Es posible que exista una relación entre estas dos reali-dades. Una Junta efectiva mas involucrada en asuntos continentales e integrada a la OEA solo podría fortale-cer a la Organización. La OEA deberá reevaluarse y re-organizarse para el futuro con el objeto de convertirse en una organización relevante y necesaria en el siglo XXI. El Secretario General es un hombre de reconocida proyección internacional con el potencial de energizar a la organización. Sus ideas sobre la Junta y el Cole-gio Interamericano de Defensa, expresadas en el discur-so que diera en la ocasión del 'descubrimiento' de Amé-rica, representan la orientación que piensa seguir al mando de la Organización. Por su relevancia es citado frecuentemente en este estudio. En esa oportunidad dijo: “Hoy día la Junta y todos los elementos que están ligados a ella como el Consejo de Delegados, la Presidencia, el Estado Mayor, y el Co-legio, están siendo objeto de análisis no solo en...el sentido de acordar un plazo para el estudio de las ta-reas concernientes a la definición sobre la vinculación jurídico-institucional entre la Junta Interamericana de Defensa y la OEA; sino en desarrollo de las nuevas ta-reas nacidas de las cambiantes condiciones socio-polí-ticas de finales de siglo.”3 El propósito de este trabajo no es el de estudiar la historia de la relación jurídica entre la Organiza-ción de Estados Americanos y la Junta Interamericana de Defensa, lo cual se ha hecho y podría ser en sí el tema para una tesis. Mas bien se trata de analizar la uti-lidad de mantener a la Junta Interamericana de Defensa en el contexto de la seguridad continental, recomendar una nueva relación jurídica con la OEA, y aportar i-deas al debate sobre las funciones que la Junta pudiera desempeñar César Gaviria, Palabras del Señor Secretario General en Acto de Celebración del Descubrimiento de América, Fort Myer, Octubre 7 de 1994.
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Ibid.
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para contribuir al sistema interamericano en general y en especial, a la defensa continental. Las posiciones propuestas en este estudio no repre-sentan a las de ninguna nación, siendo exclusivamente las del autor, que por haber vivido en numerosos países del continente y visitado a muchos otros, tanto en su juventud como durante su carrera militar, se ha imbuído de un fuerte sentido americanista. Se agradece la contribución hecha por el General (Retirado) Farouk Yanine, quien me facilitó numerosas fuentes de información y dió una orientación sobre el tema basada en sus años de estudio del asunto a tratar. Lo bueno que se encuentre en este estudio se debe a él. Lo malo corre por cuenta del autor.
LA SEGURIDAD CONTINENTAL El período que siguió a la caída del muro de Berlín y la subsiguiente disolución de la Unión Soviética se caracterizó por una euforia que no se había visto desde el fin de la Primera Guerra Mundial. No existía ningu-na falta de personajes que apuntaran a la tendencia ha-cia la democracia y el capitalismo en países que ante-riormente estuvieran identificados con el comunismo, con sistemas represivos y economías centralizadas. Los desarmamentistas no tardaron en declarar obsoletos a los ejércitos. La inocente euforia del comienzo de la década de los años veinte comenzó a erosionarse en los años treinta y desapareció durante destrucción masiva de la Segunda Guerra Mundial. La alegría de 1989 tampoco tardó mucho para comenzar a amargarse. En 1990 Iraq invadió a Kuwait y se requirió el esfuerzo multinacio-nal de la Operación Tormenta del Desierto para expulsar al Ejército de Saddam Hussein y restaurar la monarquía en Kuwait. A pesar del esfuerzo mundial por restituir al gobierno de Kuwait, la matanza en ese conflicto no fue mayor cosa en comparación con la barbaridad de los conflictos en la ex-Yugoslavia, Ruanda y Somalia.
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Si bien la Doctrina Monroe de los Estados Unidos fue asegurada de facto por la Real Marina Británica du-rante la mayoría del siglo diecinueve, por el interés de Inglaterra de proteger sus nuevos mercados, en el siglo veinte el poder de los Estados Unidos jugó el papel principal en asegurar la seguridad del continente de invasores extracontinentales. Hay quienes apuntarán a las intervenciones del 'gi-gante del norte' en Grenada, Panamá y Haití, sin tener que remontarse a tiempos anteriores, para enfatizar el punto que la mayor amenaza a la soberanía de los países continentales proviene de los Estados Unidos, pero el hecho es que el poder militar estadounidense ha prohi-bido una intervención directa de poderes extranjeros con la excepción del conflicto de la Malvinas. En el caso de esa guerra los Estados Unidos y algu-nos otros países hemisféricos tomaron la posición que Argentina era el agresor por haber cambiado el status quo a través de la fuerza armada. Por ese motivo hizo todo en su poder para lograr la paz por medios diplomá-ticos y evitar la necesidad de que los Británicos tu-vieran que retomar las islas por la fuerza. Debido a la posición política del gobierno, cuando la diplomacia fracasó en "restablecer la cosas al status quo ante be-llum" como insta el Artículo 7 el Tratado Interamerica-no de Asistencia Recíproca, apoyó a Gran Bretaña polí-tica y logísticamente. Pocos países del hemisferio a-poyaron a Argentina con algo mas que apoyo moral. Los que apuntan a la Guerra de la Malvinas como el último clavo en el ataúd del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, tendrían mas fuerza en su argu-mento si los ingleses se hubieran apoderado de Tierra del Fuego en forma arbitraria, en vez de reclamar las islas involucradas en el conflicto, que habían estado bajo su control político por casi 150 años y, en la é-poca del conflicto, por decisión de sus habitantes, quienes rechazaban el concepto de independencia. El hecho es que la situación se prestaba a dos interpreta-ciones legales y, por lo menos, la Organización de Estados Americanos fue consultada y hubo un debate ex-haustivo. Mas preocupantes son los problemas que invo-lucraron a uno o mas países americanos donde la OEA fue ignorada y la solución se buscó a través de otras orga-nizaciones o entes internacionales. El Artículo 8 del TIAR reconoce el empleo de la fuerza armada como una de las medidas que se podrán to-mar en caso de agresión, aunque lo menciona después de las demás medidas políticas/diplomáticas y económicas. La intervención en la República Dominicana fue la única vez que se empleó una fuerza interamericana. La única otra amenaza militar extracontinental con-tra las naciones Americanas en los últimos cincuenta a-ños fue indirecta: los movimientos revolucionarios co-munistas patrocinados por la Unión Soviética a través de Cuba. Los Estados Unidos y, en algunos conflictos, otros países brindaron ayuda militar en la forma de e-quipo y entrenamiento. Casi todas las naciones han re-suelto sus problemas de insurrección y hoy en día se encuentran mas preocupadas por mejorar el nivel de vida de sus poblaciones a través de mejoras a sus economías. La mayoría de los países que todavía tienen un pro-blema de revolución armada hoy confrontan
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un monstruo continental: la narco-guerrilla. El problema de Chia-pas y los remanentes de la guerrilla guatemalteca son las excepciones, tomando su filosofía de una guerra de clases con un elemento étnico. A pesar de la reducción de sus fuerzas militares, los Estados Unidos es la potencia mas poderosa del mun-do y aparentemente lo será por varios años. Además, los conflictos en el mundo actual son de naturaleza re-gional e intranacional. Esta situación indica que, por ahora y en el futuro inmediato, no hay una amenaza militar extracontinental creíble contra los países Ame-ricanos. Pero, la historia enseña que el poder es transito-rio. En siglos pasados, cuando el reloj se movía mas lentamente, las potencias tendían a mantener su fuerza y liderazgo por mas tiempo. La velocidad con la cual cambia la tecnología hoy en día hace mas veloz el pro-ceso de obsoletización de armamentos y el crecimiento y la decadencia de las economías. Nadie puede predecir cuanto tiempo durará los Estados Unidos en su posición primordial. Tarde o temprano llegará el momento cuando la seguridad del continente contra amenazas militares extranjeras dependerá de un esfuerzo colectivo. “El mundo de la posguerra fría nos enfrenta al reto de una agenda de seguridad ampliada y abierta a la in-clusión de nuevos temas. Es por ello que la seguridad hemisférica no podemos restringirla al Tratado Intera-mericano de Asistencia Recíproca, sino que además hay que considerar una multiplicidad de tópicos relaciona-dos con el bienestar de los pueblos e instituciones del continente.”4 Se puede argumentar que hoy en día existen amenazas que atentan contra la seguridad continental, tales como el narcotráfico, el terrorismo, la proliferación de ar-mas de destrucción masiva y la degradación ambiental. Aunque este continente tiende a ser tolerante en asun-tos de religión, se han dado casos de terrorismo impor-tados al continente con raíces en conflictos religiosos en el medio oriente. Los Estados Unidos, que había interrumpido su tra-dición de mantener un ejército pequeño en tiempo de paz debido a la amenaza soviética, comenzó a reducir sus fuerzas armadas por un tercio tras el desmoronamiento del imperio de la Unión Soviética. Simultáneamente, se redujo la asistencia de seguridad internacional. Mu-chos han interpretado esta reducción de ayuda global como un esfuerzo por parte de los Estados Unidos de re-ducir a las fuerzas armadas de los países latinoameri-canos. Lyndon Larouche tiene sus creyentes cuando dice que hay un plan iniciado por el Presidente George Bush de eliminar a los ejércitos latinoamericanos, pero el hecho es que los Estados Unidos reconoce que todo país va a mantener fuerzas armadas de acuerdo con sus nece-sidades, en base a su constitución y su presupuesto na-cional.
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Ibid.
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Muchos entienden que si se eliminan las fuerzas ar-madas de algunos países de América Latina, se parece-rían más al Líbano que a Costa Rica. Aquellos países que han recibido mucha ayuda y han establecido una de-pendencia de esta asistencia simplemente se verán for-zados a reducir sus fuerzas armadas o generar mas re-cursos internamente. Existen dos corrientes de política internacional en los Estados Unidos. Por un lado está el aislacionismo tradicional impulsado por los próceres. Por otra parte hay la corriente intervencionista que dice que la na-ción tiene un una obligación, como la potencia mundial, de imponer el orden global. La política del presidente Bill Clinton es de tra-bajar en concierto con otros países en forma bilateral o multilateral para detener o por lo menos contener los conflictos regionales. Dentro de esta filosofía, se solicitará el apoyo de organizaciones internacionales como la Organización de las Naciones Unidas, la Organi-zación del Tratado del Atlántico Norte, la Organización de los Estados Americanos y otros, para promover la de-mocracia y limitar la violencia de conflictos regiona-les e intranacionales. Esta política se basa en el de-seo de evitar convertirse en el policía global y en la realidad que, con fuerzas armadas reducidas al tamaño actual, se requiere la cooperación de otros para mante-ner la paz. Tanto el Presidente como el liderazgo del partido Republicano en el Congreso de los Estados Unidos están trabajando para recortar los gastos del presupuesto na-cional en un esfuerzo por reducir la inmensa deuda. Los departamentos de la rama ejecutiva están siendo re-ducidos y algunos se están estudiando para eliminación, con sus funciones esenciales y solo parte de su perso-nal siendo transferidos a otro departamento. A la misma vez, se ve un fenómeno similar en nume-rosos países latinoamericanos. La privatización de in-dustrias y servicios que tradicionalmente han pertene-cido al estado está ocurriendo en la mayoría de las na-ciones. Varios países están reduciendo el tamaño de su burocracia gubernamental, a un costo político elevado. En este ambiente, es difícil que se continúe el apoyo presupuestario a organizaciones internacionales que a-parentemente no sirven un propósito mas que protocolar. La Junta Interamericana de Defensa cumple un papel importante en cuanto mantiene abiertas las líneas de comunicación y promueve buenas relaciones entre los mi-litares de los países del hemisferio, lo cual tiene un alto valor en relación a fomentar la confianza mutua, pero puede hacer mucho mas. Por un lado, si las nacio-nes miembras de la OEA no ven a la Junta como una ins-titución esencial, es posible que se pierda su apoyo presupuestario y desaparezca. Las funciones que se discutirán posteriormente y las posibles amenazas futu-ras a la seguridad del continente, cuando surjan nuevas potencias, le darían a la Junta la justificación de su existencia. Hay quienes se alejan de la Organización de Estados Americanos y la Junta Interamericana de Defensa por considerar que los Estados Unidos tiene demasiada in-fluencia en ambas organizaciones, posiblemente por el papel central que tuviera este país en la creación de ambas, pero los delegados a ambas organizaciones votan la posición de su país en base a instrucciones de sus mas altos niveles
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políticos. En ambas organizaciones cada país tiene un voto igual, a diferencia de la ONU, puesto que no existe un Consejo de Seguridad en el cual solo uno de cinco países puede vetar la decisión de la mayoría. Las naciones que recurren a las Naciones Unidas, en vez de la Organización de los Estados Americanos, por la influencia de los Estados Unidos en ese foro, debe-rían considerar que la mayoría de las intervenciones militares de los Estados Unidos en los últimos años se llevaron a cabo dentro del marco de las Naciones Uni-das, incluyendo a Haití, Ruanda, Somalia e Iraq. El mismo optimismo de la época en que vivimos tra-baja contra el fortalecimiento de una organización mul-tinacional de defensa como lo es la Junta. Una de las funciones principales del liderazgo político es la de distribuir recursos limitados para enfrentar problemas que en su globalidad son mayores a los medios disponi-bles. En tiempos de paz, o en la ausencia de una ame-naza, es difícil justificar los presupuestos militares, mientras que en la guerra se hacen esfuerzos heroicos por obtener lo necesario para derrotar al enemigo. La Junta fue fundada en 1942; un año que se carac-terizó por avances en todos los frentes por fuerzas ja-ponesas y alemanas. La Segunda Guerra Mundial regó la muerte y destrucción en todos los otros continentes. Con excepción de ataques por submarinos alemanes contra flotas en la costa Atlántica de los Estados Unidos, el hemisferio se vio amparado de combate en su suelo, pero nada era seguro en 1942. La OTAN obtuvo su fuerza de la aparentemente omni-potente amenaza contra Europa Occidental por parte de las Naciones del Pacto de Varsovia. Recientemente, mas de un diplomático europeo se ha quejado (en forma joco-sa) que le hace falta la Unión Soviética. El continente Americano se encuentra a punto de em-barcar en una nueva era de cooperación e integración mayor a lo que se ha visto en su historia. Si bien hu-bo cierta unidad de criterio del punto de vista políti-co en el pasado, la nueva integración económica promete fomentar la unión política mas fuerte entre las nacio-nes en la historia del continente. La motivación de crear al Mercado Común Europeo fue tanto política como económica: después de dos san-grientas guerras entre Francia y Alemania en este sig-lo, buscaban una integración que les diera mas de vein-te años de paz. La OTAN (que fue fundada antes que el Mercado Común) añadió a la integración por medio de una alianza militar. Aunque Francia se salió oficialmente de la OTAN, mantuvo lazos estrechos con la Organización y hoy se habla de una unidad combinada con fuerzas ale-manas y francesas. La norma hemisférica en el pasado era que aquellas naciones que tenían problemas con algún país del hemis-ferio, lo tenían con uno o mas de sus vecinos. Con ex-cepción de desacuerdos con los Estados Unidos, la mayo-ría de los países siempre tuvieron relaciones muy cor-diales con naciones geográficamente removidas.
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Los bloques regionales como el Pacto Andino, el Mercado Común Centroamericano, MERCOSUR y NAFTA, además de aumentar el comercio internacional de sus integran-tes, han creado harmonía entre países que en algunos casos han tenido relaciones difíciles y desconfianza mutua en momentos. Las iniciativas en la Cumbre de las Américas sostenida en Miami en diciembre de 1994, pro-meten expandir esta integración continental durante la próxima década. Cuando se hayan fortalecido estos nex-os, será muy difícil y costoso correr el reloj hacia a-trás. Las mejoras que se anticipan a las economías por el incremento de comercio, solo pueden mejorar la condi-ción de vida de sectores que hoy en día sufren de una pobreza que amenaza la estabilidad social de algunos países. También crearán la necesidad de una fuerza la-boral mas educada para aprovechar la tecnología. A la misma vez aumentarán los recursos nacionales, que pre-sentarán la posibilidad de invertir mas en infraestruc-tura y pagar la deuda externa, sin el nivel de dificul-tad que se sufre hoy. La OEA puede y debe ser el foro para gerenciar es-tos avances a nivel continental. Dentro de este am-biente, los militares jugarán un papel importante, si no central. La seguridad es un elemento fundamental para el fortalecimiento de las instituciones democráti-cas y la liberación del comercio. En las diferentes naciones las fuerzas armadas serán un actor central. A nivel continental existen dos alternativas: los militares pueden continuar marginados como ha sido el caso hasta ahora, o se pueden integrar al seno de la OEA para contribuir a la estabilidad tan necesaria para el progreso. Nexos mas estrechos entre fuerzas armadas del continente apoyarán a la integración continental y fomentarán la confianza mutua entre los países que se busca.
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RELACION JURIDICA No es la intención de este estudio analizar en de-masiado detalle la relación jurídica entre la Junta y la OEA, puesto que podría ser el tema de una tesis com-pleta. Se analizarán algunos de los documentos perti-nentes y se hará una recomendación en base a las nece-sidades percibidas. En lo referente a la relación jurídica actual, don-de la Junta es considerada una entidad de la OEA, cabe decir que existe un descontento casi universal. En el proyecto de resolución aprobado por el vigésimo tercer período ordinario de sesiones en Managua en junio de 1993, la Asamblea General resolvió "Reiterar que es ne-cesario precisar la vinculación jurídico institucional entre la Junta Interamericana de Defensa y la Organiza-ción de los Estados Americanos a fin de superar la ac-tual situación y resolver sobre la misma en ocasión del vigésimo cuarto período ordinario de sesiones de la A-samblea General."5 El XXIV período ordinario no produjo una resolución de la relación, la cual se ha pospuesto hasta el vigésimo quinto período ordinario de sesiones a conducirse en Port au Prince en junio de este año.
Organización de los Estados Americanos, JUNTA INTERAMERICANA DE DEFENSA (Proyecto de resolución aprobado en la tercera sesión de la Comisión General celebrada el 9 de junio, 1993) (Managua, 1993).
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La ventaja principal de mantener el status quo es que no requiere un cambio a la estructura de la OEA y permite la autonomía de la Junta, para aquellos que de-sean este estado. La desventaja principal es que con-tinúa una situación que ha limitado la efectividad de la Junta y de la misma OEA. En la misma reunión en Ma-nagua se resolvió "Que provisoriamente, y hasta tanto se alcance la definición en cuestión, la Asamblea Gene-ral, la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores y el Consejo Permanente podrán requerir de la Junta Interamericana de Defensa bajo los criterios y el debido seguimiento de los citados cuerpos políticos de la Organización, asesoramiento y prestación de ser-vicios consultivos de carácter técnico-militar que en ningún caso podrán tener naturaleza operativa. Estos requerimientos deberán ser efectuados dentro del marco de la carta de la OEA y a solicitud del Estado miembro directamente interesado."6 [Enfasis añadido por el autor.] Esta última declaración demuestra interés por parte de los entes políticos civiles de recibir asesoramiento técnico-militar de la Junta mientras continúe en su ac-tual estado, pero se limita a enumerar los organismos que pueden solicitar estudios. Es muy clara en cuanto limita a los requerimientos a asesoramientos y servi-cios consultivos siempre y cuando no sean de naturaleza operativa. En la gran mayoría de los países continentales como del mundo, el Ministro de Defensa es uno de los funcio-narios mas importantes del gobierno nacional. En asun-tos de seguridad, pertenecen al grupo pequeño que se reúne en forma regular y especialmente en tiempos de crisis. En los Estados Unidos, donde el Secretario de Defensa tradicionalmente ha sido un civil, el Jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor, el militar de mas jerarquía por cargo, normalmente acompaña al Secretario de Defensa a reuniones con el Presidente cuando existe la posibilidad de emplear fuerzas militares en una contingencia. Los Jefes de Estado Mayor son citados por el Congreso a menudo para solicitar sus opiniones sobre temas militares. La OEA, que tiene en su carta magna responsabilidades de seguridad continental, no tiene una cercana vinculación con la JID. Si la OEA va a jugar un papel constructivo en el continente es esencial que integre mas activamente a los militares. La Organización ha sido ignorada en la búsqueda de soluciones a problemas en el continente. Las Naciones Unidas, el Papa, y grupos ad hoc han juga-do papeles que deberia manejar la OEA. Aunque la Junta Interamericana de Defensa recibe su presupuesto de la Organización de Estados Americanos, la falta de una relación estrecha entre las dos organi-zaciones se refleja en el hecho que en la publicación "OEA Hoy" la única referencia a la Junta aparece en un organigrama de la Organización en la contraportada, ba-jo la categoría "Otras Entidades". Ni siquiera aparece en la guía telefónica de la Organización en la misma publicación.
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Ibid.
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Hay varios motivos históricos que podrían contri-buir a explicar la actual relación entre las dos orga-nizaciones. La Junta fue formada seis años antes que la OEA, y simplemente continuó su existencia como ente separado. Aunque hoy en día la Junta se encuentra de-pendiente de la OEA en asuntos presupuestarios, la re-lación no es tan estrecha como pudiera ser. Había una preocupación por parte de algunos que una Junta contro-lada por los Estados Unidos y vinculada estrechamente con la OEA, podría ser utilizada para proseguir objeti-vos de los Estados Unidos, que en algunas oportunidades pudieran ir en contra de principios nacionales. Durante las décadas de los años cuarenta y cincuen-ta, muchos países Americanos contaban con gobiernos au-toritarios que no tenían mayor interés en subordinar a los militares de la Junta bajo los civiles de la OEA. En algunos casos, existe cierta desconfianza de las fuerzas armadas por parte de ciertos funcionarios civi-les debido a un precedente histórico de gobiernos mili-tares. Hoy en día, todos los países del hemisferio, menos Cuba, cuentan con gobiernos civiles democráticamente electos y fuerzas armadas profesionales subordinadas al poder ejecutivo. En la gran mayoría de los casos, las fuerzas armadas son parte integral del poder ejecutivo nacional. Es hora de que la Junta refleje al nivel continental la situación existente en los países indi-viduales. La Comisión Especial de Seguridad Hemisférica, que fue creada para estudiar esta relación jurídica, plan-teó dos alternativas: convertir a la Junta en un Orga-nismo Especializado o en una Entidad de la Organiza-ción. La primera mantendría la autonomía de la Junta, no representa un cambio a las funciones que ya se le han atribuido, y evitaría la situación actual donde Es-tados que no son representados en la Junta deben subsi-diarla por ser miembros de la OEA. Bajo la segunda posibilidad, que se podría imple-mentar sin la necesidad de convenios multilaterales a-dicionales. la Asamblea General fijaría las competen-cias y el marco de actuación de la Junta, y la finan-ciaría con recursos del Fondo Regular. Se anticipa que la Junta mantendría su autonomía técnica en el área de funciones y mandatos encomendados por la Asamblea Gene-ral. Presentaría un informe anual de sus actividades a la Asamblea a través del Consejo Permanente. Mantiene las funciones encomendadas por la Tercera Reunión de Consulta y por la Novena Conferencia Interamericana. Las funciones recomendadas incluyen asesoramiento técnico-militar, y solicitudes de asistencia y coopera-ción formulados por los Estados miembros a través de los cuerpos políticos competentes. Además de cubrir detalles administrativos sobre el funcionamiento y com-posición de la Junta, recomienda que los planes de es-tudio y funcionamiento del Colegio Interamericano de Defensa sean sometidos a los cuerpos políticos de la Organización para su consideración, comentarios y observaciones. Uno de los puntos tratados en las discusiones sobre la relación jurídica entre la Junta y la OEA
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fue la po-sibilidad de encomendar al Consejo Permanente que transforme a la Comisión Especial de Seguridad Hemis-férica en una comisión permanente. Otra sugerencia fue la de crear una Oficina del Asesor Militar que funcio-naría en la Secretaría General de la OEA. 8 La idea de someter el plan de estudios del Colegio a los cuerpos políticos de la OEA es positiva. Una de las iniciativas del Secretario General y recomendacio-nes de este estudio es la inclusión de mas civiles como alumnos del CID. Si los cuerpos políticos de la OEA se informan del currículum del CID y contribuyen ideas so-bre su contenido, esto solo podría apoyar al esfuerzo de aumentar la participación de civiles, y contribuiría al pensamiento del Secretario General cuando dijo: “Te-nemos que hacer de los temas civiles temas de interés y compromiso de la Junta, así como abrir los espacios pa-ra que los temas de interés militar puedan ser enrique-cidos con el aporte de la sociedad civil.”9 Las recomendaciones que buscan crear nuevos orga-nismos cuando ya existe uno que puede cumplir las fun-ciones que se le encomendarían a estas entidades no pa-reciera tener mucho mérito cuando los países miembros están recortando sus burocracias gubernamentales en un esfuerzo por reducir sus presupuestos. Lo que se recomienda es que la Junta mantenga su nombre y continúe operando en la Casa del Soldado, pero sea integrada a la OEA en calidad de consejo, bajo el control de la Asamblea General, y al mismo nivel que el Consejo Interamericano Económico y Social, y el Consejo Interamericano para la Educación, la Ciencia y la Cul-tura.
Hernán Patiño Mayer, Informe del Presidente de la Comisión Especial de Seguridad Hemisférica sobre la Junta Interamericana de Defensa, Washington, 19 de mayo de 1994. Gaviria, Acto de Celebración del Descubrimiento de América.
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Esta solución mantendría la prestigiosa posición de los militares y cumpliría con los lineamentos promovi-dos por el Secretario General: “Parecería apropiado que cualquiera sea el resultado y la magnitud de los recur-sos que para ello se destinen, la Junta ha de tener una dependencia de los órganos políticos de la Organización y desarrollar una serie de tareas concretas, acordes con la variación de los conceptos de defensa y seguri-dad.”10 La mayoría de los países del continente acostumbran a enviar agregados militares a otros países. Estos a-gregados, aunque son representantes de sus ministros de defensa y comandantes de las diferentes fuerzas, traba-jan bajo el control del embajador al país donde están destacados. Sirven como asesores técnicos militares del embajador y representan a sus fuerzas armadas en a-suntos protocolares, y como punto de contacto para co-ordinar asuntos militares con otros agregados y las fuerzas armadas del país donde están destacados. Esta debería ser la función de los miembros de la Junta Interamericana de Defensa: Asesores militares de sus máximos representantes civiles ante la OEA y miem-bros de la Junta, para coordinar asuntos militares re-gionales. Tomarían posiciones en base a instrucciones de su Ministerio de Defensa y la aprobación de su re-presentante en la Asamblea General, que en asuntos de gravedad indudablemente contarían con una decisión del presidente de su país. El Presidente de la Junta Interamericana de Defensa tradicionalmente ha sido un general o almirante de los Estados Unidos porque se acordó que debía ser del país sede. Aunque hay ciertos beneficios de contar con un oficial estadounidense de alta jerarquía como Presiden-te, se podría conseguir mucho del apoyo que tradicio-nalmente han brindado las fuerzas armadas de los Esta-dos Unidos a través de su delegación. Otra alternativa sería la de designar que los Estados Unidos, o el país sede en caso de mudar a la Junta, provea al Vice-Presi-dente, mientras que la posición de Presidente se podría llenar por un oficial distinguido de cualquier país miembro. No se recomienda una simple rotación por or-den alfabético. Mas bien, se visualiza que cada país interesado nombre a un candidato que se haya distingui-do en sus fuerzas armadas, logrando los mas altos nive-les de rsponsabilidad, y la Asamblea General elija al Presidente en base a su curriculum vitae. Aunque la sede de la OEA está en Washington, este detalle geográfico no ha sido motivo para establecer el precedente de tener Secretarios Generales de los Esta-dos Unidos. Al contrario, todos han sido latinoameri-canos, hasta la fecha. Inclusive, la posibilidad de tener un Secretario General de los Estados Unidos sería bastante remota. La tradición de tener un general es-tadounidense como Presidente pareciera un poco paterna-lista y contraria al espíritu continentalista de la Junta. Se podría mantener al Comité Consultivo de Defensa como el órgano supremo de
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Ibid.
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representación militar dentro del sistema Americano, aunque casi pareciera un gesto simbólico, puesto que nunca ha sido citado, mientras que la J.I.D. tiene una trayectoria de reuniones mas larga que la misma OEA. Además, la tecnología moderna (que no existía cuando se creó el concepto del Comité Consultivo de Defensa) permite comunicaciones inmedia-tas entre los miembros del Consejo de Delegados y sus Ministros de Defensa, para las consultas que pudieran ser necesarias.
FUNCIONES DE LA JUNTA La Junta es un foro único en lo que reúne en un si-tio a militares de la mayoría de los países del conti-nente, lo cual facilita la coordinación en asuntos re-gionales que involucran a mas de dos países. El desminado que se ha comenzado en Nicaragua re-presenta la contribución mas visible de la Junta. Se contemplan operaciones en tres otros países centroame-ricanos. Nadie que haya visto los resultados trágicos de la guerra de minas en El Salvador o Nicaragua podría menospreciar el valor de esta obra, pero, a pesar de la contribución positiva que se ha hecho para el bienestar de las poblaciones campesinas amenazadas por estas re-liquias de un pasado amargo. Recientemente, la JID ha recibido misiones de los organismos políticos de elabo-rar estudios y recomendaciones, pero puede contribuir mucho mas, si solo se le permite. La OTAN mantuvo su alto nivel de preparación para un posible conflicto con el Pacto de Varsovia a través de numerosos ejercicios militares y el trabajo de pla-nificación y coordinación constante del Estado Mayor de la organización. Los ejercicios mejoraron los procedi-mientos de estado mayor para operaciones combinadas, llevaron a la estandarización de equipo y doctrina, mejoraron las comunicaciones y el comando y control. El conjunto de las medidas crearon una interoperabilidad entre las fuerzas de todos los países que facilitaron las operaciones de la alianza. En el continente se han hecho ejercicios bilatera-les con los Estados Unidos y regionales por muchos a-ños, pero la Junta Interamericana no ha jugado un papel en la coordinación y planificación de estos. En el ca-so de ejercicios netamente bilaterales entre países ve-cinos, no es muy obvia la necesidad de participación por parte de organizaciones regionales. En el caso de ejercicios regionales, la necesidad es mas obvia. Cada año se ejecuta el ejercicio UNITAS, en el cual una fuerza de tarea naval de los Estados Unidos le da la vuelta a Sur América, participando en ejercicios con las diferentes marinas de guerra de la región. Aunque el ejercicio supuestamente es de carácter regional, en el pasado casi siempre terminaba
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siendo una serie de ejercicios bilaterales. Recientemente, las fuerzas navales de algunos países acompañaron a la fuerza de tarea naval de los Estados Unidos al país ve-cino para participar en operaciones combinadas en aguas territoriales del vecino. La ventaja de ejercitar mas de dos marinas a la vez es obvia, pero esto no ha suce-dido con mucha frecuencia. La planificación es dirigi-da por la Marina de los Estados Unidos, y la Junta no tiene un papel en este ejercicio. Si la Junta va a te-ner un rol en la seguridad del continente, es preciso que practique su papel facilitando la planificación en la Casa del Soldado. No se plantea que el comandante del ejercicio sea de la Junta, solo que se puede faci-litar la planificación si se emplea a esta organización para las coordinaciones iniciales. Igualmente, el Comando Sur de los Estados Unidos ha planificado y conducido ejercicios en la región. La gran mayoría de estos han sido bilaterales entre fuer-zas terrestres y/o aéreas de los Estados Unidos y las fuerzas del país anfitrión. Recientemente han partici-pado países vecinos y otros han sido invitados a enviar observadores. El papel de la JID ha sido nulo en todas estas actividades. Si pudiera jugar un rol de coordi-nador, eso le daría a la Junta una experiencia invalua-ble y demostraría requerimientos de comunicaciones y procedimientos de estado mayor que facilitarían la coordinación de operaciones en caso de requerirse. Las reuniones de las fuerzas Americanas se vienen conduciendo todos los años sin participación de la Jun-ta Interamericana. Aunque la sede normalmente cambia, y el país anfitrión se encarga de organizar la reunión, no se propone cambiar el papel central del país sede, pero la coordinación se podría facilitar en la Junta. Si la Junta participara en calidad de apoyo regu-larmente, esto crearía una base de datos y memoria ins-titucional que facilitaría la planificación por parte de los países anfitriones cuando cambiara la responsa-bilidad. En la actualidad existe una burocracia aparte que gerencia el programa de reuniones de comandantes de fuerzas que no sería necesaria si la Junta asumiera el papel coordinador. El Colegio Interamericano de Defensa representa una de las contribuciones mas notables de la Junta. Es una escuela de altos estudios única en el mundo por su o-rientación continental. Muchos países latinoamericanos cuentan con una institución de altos estudios de defen-sa, pero sin excepción, el enfoque principal de sus es-tudios gira en torno a asuntos estratégicos nacionales. Tienen la limitación adicional que aún cuando estudian la situación continental o mundial, lo miran de la mis-ma perspectiva, puesto que, con la excepción de algunos oficiales invitados, todos son del mismo país. Los Estados Unidos cuenta con seis escuelas de al-tos estudios estratégicos, pero, igual a las otras es-cuelas del continente, enfocan sus estudios del punto de vista de los Estados Unidos en el mundo. El énfasis que se le ha dado al continente tradicionalmente a sido inferior al enfoque sobre Europa y Asia, donde los Es-tados Unidos ha luchado en sus guerras mas notables de este siglo. Los alumnos latinoamericanos que han estudiado las escuelas estadounidenses han tenido que demostrar un alto nivel de inglés. Sin restarles mérito, puesto que la gran mayoría han sido oficiales de
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mucha proyección dentro de sus fuerzas armadas, la capacidad elevada del idioma inglés requerido por estas escuelas ha sido un factor limitante. Debido a su naturaleza continental y la capacidad de traducción inmediata, el Colegio Interamericano de Defensa no tiene requerimientos de segundos idiomas, lo cual quiere decir que los alumnos han sido escogidos exclusivamente por su proyección dentro de sus fuerzas armadas, sin consideración de su capacidad lingüística. El porcentaje de los alumnos latinoamericanos del CID que han ascendido subsiguientemente al rango de general o almirante, al contar con la debida antiguedad, se compara favorablemente con la mayoria, si no todos, de los colegios de altos estudios de defensa en el conti-nente. Un promedio de uno por curso ha llegado a ser Ministro de Defensa de su país (si no se cuentan los últimos cursos, puesto que los alumnos no han tenido tiempo para acumular la antigüedad requerida para comandar a las fuerzas armadas.) El Colegio Interamericano de Defensa debería ser a-provechado por un número mayor de civiles. Puesto que el Departamento de Estado de los Estados Unidos no cuenta con una escuela de altos estudios de defensa na-cional, envía a su personal a estudiar en las diferen-tes escuelas de las fuerzas armadas y al Colegio Inter-americano de Defensa. Puesto que el Colegio enfoca su programa de estudios y conferencias sobre los cuatro factores del poder (el económico, el político, el sico-social y el militar) y no se limita a aspectos netamen-te militares, pareciera ser una escuela idónea para funcionarios civiles del continente, especialmente de ministerios de defensa o cancillerías. Los asuntos mi-litares tratados en el Colegio, se ven dentro del marco general del poder estratégico y en relación a los otros factores. Civiles que serán destacados a la Organización de Estados Americanos se beneficiarían mucho del curso de estudios en el Colegio, no solo por el material didác-tico, sino por los contactos personales con militares y civiles de otros países, que en alguna oportunidad po-drían ser muy convenientes. Los funcionarios civiles en los Estados Unidos tí-picamente han tenido mas contacto con las fuerzas arma-das que sus homólogos latinoamericanos. En el pasado, la mayoría había prestado servicio militar obligatorio, normalmente como oficiales. Típicamente los civiles latinoamericanos no han tenido tanto contacto con los militares, y en muchos países hay una falta de confian-za mutua. Este curso puede reversar esa situación. Los civiles contribuyen significativamente al nivel de las discusiones en el curso, trayendo una perspecti-va diferente a la de los militares. Pocos son los paí-ses que aprovechan al Colegio Interamericano de Defensa para educar a sus civiles. La decisión de enviar civi-les o no, obviamente pertenece a los gobiernos de las naciones, y se entiende que el costo de vivienda por un año en Washington no es nada insignificante, pero los beneficios en el área de integración continental parecieran meritar la inversión.
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La Organización de Estados Americanos es el foro i-deal para fomentar una participación mayor de civiles en el Colegio, y el Secretario General se ha dado la misión de incentivar esta participación. “...sería per-tinente que la tarea de formación y acercamiento entre los militares del continente que se está cumpliendo desde los mismos orígenes de la Junta y en particular del Colegio Interamericano de Defensa, sea aprovechada enriqueciendo su trabajo con una mayor presencia de civiles en sus cursos.”11
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Ibid.
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La Junta y el Colegio se han caracterizado a través de los años por su fuerte apoyo a la democracia. El Secretario General mencionó la idea de usar a la Junta como un “escenario de promoción y difusión de [los valores democráticos] al interior de sus propias naciones”12 y propuso un acercamiento académico con otras instituciones del continente que comparten esa orientación: “...sería dable pensar en la posibilidad de que los diversos centros de estudio e investigación de la democracia que existen en nuestro continente y los nuevos que habrán de surgir de nuestros esfuerzos, establezcan nexos con la Junta, a fin de desarrollar actividades mancomunadas, y explorar espacios para la pedagogía de la democracia continental, teniendo como canal preferente de difusión el de las fuerzas arma-das.”13 La Junta podría jugar un papel mas activo en la profesionalización de los oficiales militares del con-tinente. Todos los países tienen necesidad de entrenar a algunos oficiales en cursos que no se dan en sus paí-ses, puesto que la necesidad de profesionales con algu-nas especialidades no existe en un volumen que justifi-que una escuela o curso. Algunos de los países mas pe-queños del continente tradicionalmente se han valido de cursos en el exterior para entrenar a sus oficiales, reduciendo así la necesidad de una infraestructura que consideran demasiado costosa. Hasta el punto que las fuerzas armadas de los dife-rentes países reciban reducciones presupuestarias, ha-bría cierto beneficio de reducir las escuelas o cursos que menos uso reciben, manteniendo las academias de formación de oficiales y los cursos de mas densidad. De esta forma, podrían mantener mas recursos para los presupuestos de las unidades, salarios de personal y costos de equipo bélico. Debería mencionar en este punto que no se propone la reducción de las fuerzas armadas de América Latina, la idea de buscar una solución mas eficiente a las necesidades de entrenamiento se considera en base a la realidad actual que atraviesan varias fuerzas armadas del continente. La mayoría de los países cuentan con cursos de ar-mas y un curso de Comando y Estado Mayor. Algunos son de calidad internacionalmente reconocida y han recibido equivalencia en las fuerzas armadas de los Estados Uni-dos, al igual que cursos de algunos países de la OTAN. Ciertos países cuentan con cursos de especialización de la mas alta categoría. La Escuela de Operaciones de Selva del Ejército de Brasil, por ejemplo, es reconoci-da como una de las mejores del mundo. Igualmente, la Escuela de Alpinismo Militar de la Argentina tiene una reputación internacional envidiable. Varios países cuentan con cursos de operaciones fluviales que han in-corporado lecciones
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Ibid. Ibid.
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aprendidas en su lucha contra te-rroristas y narcotraficantes. El curso de Lanceros del Ejército de Colombia y el curso Kaibil del Ejército de Guatemala tienen una fama muy prestigiosa y bien mere-cida en todo el continente. De igual manera hay otros cursos técnicos y tácticos de las diferentes fuerzas en numerosos países que podrían ser de interés a otras fuerzas armadas del continente. Esta recomendación busca lograr mayor eficiencia en un mundo de recursos reducidos y un aumento en el pre-cio de las armas, cada vez mas tecnológicas. Tiene mu-cha similaridad con el énfasis que se viene dando en el Departamento de Defensa de los Estados Unidos a las o-peraciones conjuntas y al uso de una escuela para en-trenar a personal de todas las fuerzas en materias es-pecializadas, como idiomas, paracaidismo y vuelo de he-licópteros. Una solución sería la de publicar anualmente la in-formación en forma global con datos sobre los cursos de las diferentes fuerzas armadas que ofrecen plazas a o-ficiales de otros países con la información requerida para facilitar la decisión, como: el nombre y los al-cances de los cursos, los rangos requeridos de los es-tudiantes, las fechas de comienzo y clausura, los cos-tos de los cursos y una estimación de los viáticos re-queridos en base al costo de vida en las ciudades donde están ubicadas las escuelas, los uniformes y equipo que requerirán los alumnos, los requerimientos lingüísticos, y demás consideraciones. Un libro posiblemente sería demasiado grueso y cos-toso de publicar y enviar por correo, pero la informa-ción se podría compaginar en discos de computadora, lo cual sería menos caro, mas fácil de manejar, y se po-dría proveer mas rápido por no tener que ir a imprenta. Sabiendo el programa que se utilizaría y el formato, los países podrían enviar un disco de computadora por medio de su delegación. El único trabajo de la Junta sería el de compaginar la información y, posiblemente, elaborar un índice que facilitara su empleo por los u-suarios. La Junta podría darle la misión al Colegio Intera-mericano de Defensa de desarrollar y conducir cursos a los diferentes niveles para llenar los vacíos que exis-ten en la doctrina. Tras diseñar procedimientos de es-tado mayor adecuados para operaciones combinadas entre las fuerzas armadas del continente, podrían preparar un cursillo de un mes, que podría ser enseñado durante el verano, cuando no se encuentra un curso de Defensa Con-tinental en sesión. Ese cursillo se podría integrar en el curso de Defensa Continental, pero existiría la ne-cesidad de montar un cursillo separado para entrenar o-ficiales diplomados de estado mayor que no van a aten-der el curso principal pero tienen necesidad de los co-nocimientos que se darían. No existe otra escuela en el continente tan adecuada para este plan de instruc-ción. La Junta ha acumulado mucha experiencia en el área de desminados tras sus experiencias en América Central. Podrían desarrollar un cursillo que podrían exportar. Igualmente, varios países del continente han parti-cipado en operaciones de paz en apoyo a las Naciones U-nidas. Estas operaciones representan un cambio a la doctrina que la gran mayoría de los
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militares han estu-diado durante toda su carrera. Si se van a aprovechar las numerosas lecciones que se han aprendido en estas operaciones, a veces a un elevado costo, sería ideal que se obtuvieran las doctrinas y los informes finales por medio de las delegaciones ante la Junta de los paí-ses con esta experiencia, para publicarlas y posible-mente desarrollar un cursillo. Las consideraciones a ser tomadas en cuenta en relación a estas operaciones incluirían todos los niveles de mando, desde escuadra hasta ministerio de defensa. Un tema que no se ha escuchado es la idea que en el futuro la Escuela de las Américas se integre al Sistema Interamericano de Defensa, bajo la Junta. El elevado número de alumnos que se han graduado de la Escuela de las Américas es evidencia prima facie del valor que le atribuyen ejércitos del hemisferio. La Escuela es par-te del Comando de Entrenamiento y Doctrina del Ejército de los Estados Unidos. Como tal, toda la doctrina que 9se enseña es la del Ejército de los Estados Unidos. Los países que envían estudiantes a la Escuela, en su mayoría, prefieren que se continúe con esta políti-ca. Aunque la mayoría del personal de planta es de los Estados Unidos, cuenta con muchos instructores latinoa-mericanos, y toda la instrucción es en español. Si el control de la Escuela es transferido del Ejército de los Estados Unidos a la Junta Interamericana de Defen-sa, podría continuar enseñando doctrina de los Estados Unidos en la ausencia de una doctrina continental reco-nocida. A primera vista, pareciera que se está recomendando la reparación de algo que no está roto, pero en los Es-tados Unidos hay varios congresistas que se oponen a la Escuela, la cual denominan "La Escuela de los Dictado-res" porque entre los miles de profesionales que se han graduado de esa institución a través de los años se en-cuentran el General Noriega y algunos otros elementos antidemocráticos. Por ahora, el apoyo a la Escuela por parte del Departamento de Defensa y el poder ejecu-tivo de los Estados Unidos continúa, a pesar de la opi-nión de esos pocos legisladores que tratan de cerrarla, pero, como la mayoría de las organizaciones de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, su presupuesto se viene reduciendo cada año. Muchos de los alumnos que han asistido a la Escuela de las Américas lo han hecho con una beca de los Esta-dos Unidos a través del programa IMET. Aunque estos fondos normalmente se emplean para cubrir costos de cursos brindados por escuelas de las fuerzas armadas estadounidenses, un cambio de política, en el interés de cementar relaciones hemisféricas, permitiría que se continúen proveyendo las becas aun cuando la Escuela pasara al control de la Junta. El Doctor Gaviria piensa que “es necesario que has-ta el Colegio lleguen gentes que tienen responsabilidad de policía, y que se establezcan los programas apropia-dos para ello...”14 La Guardia Nacional de Venezuela tradicionalmente envía oficiales al Colegio, y en el Curso XXXIV se encuentran dos coroneles de la Policía Nacional de Colombia, pero la mayoría de los países no han aprovechado a la institución para su personal poli-ciaco, lo cual es lamentable, puesto que los nexos se deben mejorar
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Ibid.
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para combatir mas fuertemente al narco-tráfico y las demás amenazas internas donde los milita-res pueden terminar apoyando a la policía, o asumiendo la misión. Los países que han tenido los problemas mas serios de narcoguerrilla atestan que las fuerzas nacionales han tenido mayores éxitos en aquellas jurisdicciones donde hubo mayor cooperación entre las fuerzas armadas y los servicios de policía. El beneficio de enseñar a los militares sobre las operaciones de policía y vice versa facilitaría la colaboración en el futuro, y la haría mas efectiva. La OEA ha trabajado con la Agencia de Desarme de las Naciones Unidas en lo referente al registro y transferencia de armas convencionales para consolidar un registro completo de los inventarios respectivos.15 Esta tarea pareciera idónea para la Junta. El Secre-tario General también busca continuar los esfuerzos i-niciales hacia el control y la reducción de las armas de destrucción masiva. Debido a la falta de tal arma-mento en las fuerzas armadas de la mayoría del conti-nente, los militares de la región tal vez no puedan prestar apoyo tan acertado en esta área, pero hasta el punto que puedan ser útiles, sería positivo incluirlos en la medida apropiada. Los grupos anti-democráticos que amenazan la esta-bilidad de las naciones continentales (incluyendo los narcotraficantes y los terroristas) trabajan en forma transnacional, sin respeto a fronteras. Los grupos que fomentan revolución armada han recibido apoyo de entre-namiento y equipo de grupos en otros países, Cuba, Ni-caragua bajo los Sandinistas, y anteriormente, los paí-ses comunistas. Se ha encontrado una vinculación con terroristas del Medio Oriente, Irlanda del Norte y o-tros grupos de países de Europa Occidental. Los grupos guerrilleros de Guatemala cruzaban la frontera con Mé-xico a su conveniencia. Cuando el FMLN buscaba el po-der en El Salvador por la vía armada, cruzaban a Hondu-ras cada vez que aumentaba la presión, y mantenía su cuartel general en Managua, con el apoyo de los Sandi-nistas. Una de las amenazas mas poderosas contra la inte-gridad de las naciones del continente en la actualidad es el narcotráfico. Estos grupos criminales han des-plegado sus redes a través del mundo entero, atacando a la estructura social de los pueblos por medio del con-sumo de sus nefastos productos, corrompiendo a fuerzas policíacas, sistemas legales, poderes legislativos y e-jecutivos a todos los niveles. Sus masivas ganancias han desestabilizado las economías de varios países. Esfuerzos unilaterales por parte de los países afecta-dos tendrán los resultados anticipados. Para enfrentar esta amenaza en forma efectiva, se requerirá un esfuerzo de todos los elementos de la OEA. Normalmente se piensa en términos de policía cuando se considera la lucha contra los grupos criminales que ma-nejan este peligroso "negocio," pero, aunque las agen-cias policíacas
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Ibid.
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encabezan los esfuerzos por apresar a los miembros de los carteles, ellas por si solas no son suficiente para combatir este flajelo. El impacto de las drogas se siente en la sociedad. Se requieren esfuerzos masivos para reducir la demanda de las drogas en la población, entendiendo de un co-mienzo que no se alcanzarán a los elementos que ya es-tán usando drogas en forma abusiva. Las fuerzas armadas de varios países están apoyando a los ministerios de salud, educación, y otros que tienen la función de edu-car a la población, con sus organizaciones de operacio-nes psicológicas, las cuales elaboran afiches, cuñas de radio y televisión, panfletos y otros productos de co-municación pública. La Junta se presta para el intercambio de conceptos y lecciones aprendidas. Los poderes legislativos deben implementar leyes a-decuadas para enfrentar la amenaza desde el control de precursores químicos hasta las requeridas para prohibir el lavado del dinero. Las fuerzas armadas pueden contribuir por medio de sus capacidades especiales, como aviación, radares, transporte, logística, comunicaciones, lanchas de pa-trullaje fluvial, y en ciertos casos las únicas armas que le pueden hacer frente a las armas modernas de los narcotraficantes y la narcoguerrilla. Debido a las grandes sumas de dinero que manejan los narcotrafican-tes, en muchos casos cuentan con mejor equipo bélico que las mismas fuerzas armadas. El Secretario General ha propuesto una idea que podría impactar en la capaci-dad de elementos ciminales de conseguir armamentos: “Sería conveniente que la Junta coordinara acciones con la CICAD en el tema del tráfico de armas ligeras.”16 La única respuesta adecuada contra amenazas que no se ven limitadas por fronteras políticas es un esfuerzo multinacional, pero el continente no parece estar pre-parado actualmente para emplear una organización hemis-férica para contrarrestar estas amenazas. Lo mejor que se puede esperar es cooperación entre países vecinos. La Junta podría reunir lecciones aprendidas de ope-raciones militares que apoyaron a estos esfuerzos con algún éxito, y diseminarlas entre sus miembros. Aunque esfuerzos multilaterales de cooperación contra los nar-cotraficantes normalmente se verían implementados en a-cuerdos bilaterales, las ideas compartidas darían una orientación a países interesados que no cuentan todavía con tal acuerdo. El Doctor Gaviria sugirió también que los presu-puestos de defensa se manejaran en forma abierta para darles mas transparencia con el objetivo de recibir el apoyo de la sociedad.17 Esta
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transparencia tendría un beneficio internacional en el área de fomento de con-fianza mutua. Los países que decidieran abrir sus pre-supuestos militares a la observación pública podrían compartir esta información con las otras fuerzas arma-das del hemisferio a través de la Junta. El Secretario General también ha recomendado el “estudio comparado de los códigos militares y su vincu-lación directa con el tema de la defensa y preservación de los derechos ciudadanos ha de ser tema importante de las labores de la Junta, entendiendo para ello las com-plejidades de cada nación como reflejo de sus particu-lares condiciones internas.”18 En este esfuerzo, la Junta podría trabajar cercanamente con el Comité Jurí-dico Interamericano en el desarrollo de un modelo pro-totipo para ayudar a modernizar los reglamentos para enfrentar al siglo XXI. Cada nación determinaría hasta que punto usaría los conceptos de tal modelo, pero e-xistiría como fuente de ideas. Este continente ha tenido menos guerras internacio-nales que el resto del mundo. Aunque El Salvador y Honduras han resuelto sus diferencias fronterizas con la ayuda de la Corte Internacional de Justicia, quedan-do solamente detalles menores de implementación por re-solver, y Argentina y Chile han resuelto la mayoría de sus desacuerdos fronterizos, todavía quedan disputas territoriales por resolver entre países hermanos del hemisferio: Guatemala todavía reclama a Belice, Vene-zuela reclama el Esequibo y existen varias áreas de desacuerdo con Colombia sobre la frontera, y Bolivia todavía reclama una salida al Océano Pacífico. Aunque las disputas se están resolviendo por medios pacíficos, ya bien en la Corte Internacional de Justi-cia o por comisiones bilaterales, el reciente conflicto armado entre las hermanas repúblicas de Perú y Ecuador hicieron ver que todavía existe la posibilidad de que las disputas fronterizas lleguen a resultados lamenta-bles. Cabe notar que en este último instante, la Organi-zación de Estados Americanos no tuvo el papel central que le debería corresponder. El Grupo de Río promovió el cese de hostilidades y envió observadores militares. Esta hubiera sido una maravillosa oportunidad para que la Organización de Estados Americanos facilitara la paz y la Junta organizara la misión de observadores milita-res, con fuerzas de países que quisieran participar. Tal vez, si la OEA contara con una institución militar que tuviera experiencia en la coordinación de activida-des militares, hubiera tenido mayor probabilidad de ob-tener los resultados deseados. Cuando ocurren desastres naturales de gran enverga-dura normalmente son los militares quienes reciben la misión de socorrer al pueblo, debido a su organización, equipo, entrenamiento y disciplina. En los Estados U-nidos hay numerosas agencias gubernamentales y civiles que existen para enfrentar este tipo de crisis, pero cuando ocurren desastres, la Guardia Nacional estatal normalmente es
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Ibid.
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llamada inmediatamente. Cuando el huracán "Andrew" arrasó con el sur de Mi-ami y Homestead, la magnitud fue tal que fuerzas arma- das activas fueron desplegadas para confrontar los pro-blemas. En los países mas pequeños, una catástrofe puede afectar a todo el país y abrumar a los servicios de emergencia. Las naciones mas grandes del continente se pueden ver afectadas por desastres que estiren el límite de su capacidad de manejarlos. En esos casos sería conveniente si la Junta Intera-mericana de Defensa tuviera una base de datos con in-formación del equipo disponible para estas emergencias. Ni siquiera sería necesario que la Junta como tal los tuviera, pero si las delegaciones tuvieran el listado de lo que cuenta su país, al recibir instrucciones de su nación de cooperar (previa la solicitud por parte del país o países afectados), tendrían a mano informa-ción que sería invaluable para la planificación inme-diata. La Junta entonces podría coordinar el apoyo en forma global y organizada, trabajando cercanamente con la delegación del país afectado, para asegurar que el apoyo mas necesario llegara primero a los sitios donde podrían ser aprovechados y no se duplicaran los envíos. Algunos países de menos recursos tal vez tengan el deseo de colaborar, pero a pesar de tener equipo o per-sonal disponible, no cuenten con el transporte requeri-do para hacerlo llegar. La delegación de los Estados Unidos o algún país mas cercano con los medios de transporte necesarios podría proveer aviones para hacer llegar esta ayuda. Cuando se menciona la idea usar a la Junta Intera-mericana de Defensa como una especie de estado mayor militar de la OEA, un argumento que se oye es que la ONU no cuenta con un estado mayor para planificar y co-ordinar sus operaciones militares. Por un lado, esa i-dea implica que la ONU es una organización perfecta, punto que se podría discutir. Por otro, es notable que cuando se discuten las operaciones de paz de la ONU con los militares destacados permanentemente en esa organi-zación, una queja que se escucha es que la falta de un estado mayor adecuado para planificar las operaciones no existe, lo cual dificulta la planificación y crea problemas de coordinación. Una solución que se reco-mienda para contrarrestar este defecto es la de darle la misión de planificar y coordinar operaciones a orga-nizaciones regionales que tengan fuerzas comprometidas por sus países. Un tema que se ha oído recientemente es el de for-mar una fuerza internacional de reacción inmediata que esté disponible para reaccionar en forma pronta cuando aparezca una crisis internacional. Los proponentes de esta idea han sugerido que si no se forma bajo el con-trol de las Naciones Unidas, se forme bajo control de una organización regional, tal como la Organización de Estados Americanos. El autor estima que esta idea no tiene ni mérito ni mayor probabilidad de ser aceptada por la comunidad in-ternacional, puesto que ningún país aceptaría la idea de poner a sus fuerzas bajo control de organismos in-ternacionales de antemano para ser utilizadas en crisis de cualquier índole en base a la opinión de otros paí-ses, la gran mayoría de los cuales no tendrían tropas en la fuerza, y tendrían poco que perder en caso de em-plear la fuerza. Todo país debe tomar en cuenta cada situación
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individualmente para decidir si amerita el poner en peligro a sus tropas. Tras la elección de la Presidente Violeta Chamorro en Nicaragua, había un sentimiento cómodo en el conti-nente que todos los países menos Cuba tenían gobiernos democráticos. Existía la idea que el movimiento hacia la democracia era casi irreversible y que al cambiar el régimen cubano se contaría con un continente completa-mente democrático. El golpe en Haití contra el Presi-dente Aristide hizo ver la fragilidad que todavía ca-racterizaba la democracia de algunos países. La OEA no tardó en denunciar el golpe militar que removió al Presidente Jean Paul Aristide, siendo la primera organización multinacional en hacerlo. En los tres años que siguieron, la Organización empleó todos los medios diplomáticos y económicos a su disposición en un esfuerzo por obligar al General Cedras a bajar del mando. El General solo acordó abandonar el poder cuando fue informado por una delegación de última hora de los Estados Unidos que fuerzas armadas estadouniden-ses se habían desplegado en rumbo a Haití. Aunque apa-rentemente el Presidente Clinton no contaba con apoyo mayoritario ni del Congreso ni de la población estado-unidense para este curso de acción, no tomó este paso unilateralmente; contaba con la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Puesto que se siguieron todos los pasos legales y se cumplieron las normas de comportamiento internacio-nal, hubo poca condena internacional y especialmente continental. También ayudó (tanto en el ámbito nacio-nal como internacional) que la amenaza seria del uso de la fuerza causó la reacción que se buscaba, y no fue necesaria una invasión sangrienta. Es importante notar dos puntos claves: primero, que en algunas situaciones la fuerza es lo único que entiende cierta gente, y, se-gundo, que a veces la amenaza seria de usar la fuerza es todo lo que se requiere para lograr los resultados deseados. La presión política tiene mas peso cuando existe la posibilidad del empleo de la fuerza -- sin tener que mencionarla. El hecho es que, por mas desagradable que se consi-dere el Presidente Aristide en algunos círculos, fue e-lecto por una mayoría abrumadora del pueblo Haitiano y fue removido (y casi asesinado) por alrededor de dos-cientos soldados. Dado el compromiso recientemente re-afirmado en forma muy clara por la OEA de promover y defender la democracia en el continente, pareciera que esta situación se prestaba para el empleo de la fuerza que la Organización tiene a su disposición. Como ciu-dadano (del Continente) Americano, el autor hubiera preferido que esta situación se manejara "en casa" -- por los países del hemisferio. La recomendaciones en esta tesis no cambiarían la decisión política, puesto que los representantes polí-ticos en la Asamblea General, cumpliendo instrucciones de sus respectivos presidentes, determinarían el curso a tomar. Pero, de darse el caso de que en alguna si-tuación la OEA decidiera tomar acción militar, sería preferible que la Junta fuera parte integral de la organización y que tuviera experiencia en la coordina-ción de operaciones. De otro modo, la alternativa mas probable es que los Estados Unidos planificara la ope-ración incluyendo las fuerzas armadas que eligieran participar.
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La idea de darle un papel mas activo a la Junta In-teramericana de Defensa no debería considerarse como una amenaza a la tradición de no intervención que es tan fundamental en la Organización de Estados America-nos. Se debe notar que esta recomendación se hace conjuntamente con la idea de poner a la Junta bajo el con-trol de la OEA. Los países que temen demasiada influencia por parte de los Estados Unidos en la Junta deberían apoyar las posiciones tratadas en esta tesis puesto que si algo, prometen reducir la influencia de los Estados Unidos, mientras aumentan el control por parte de los países A-mericanos.
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CONCLUSIONES
Uno de los propósitos principales de la Organiza-ción de los Estados Americanos es de proteger la segu-ridad del continente. A pesar de esto, la Organización a marginado a los militares en forma metódica durante su existencia. El Comité Consultivo de Defensa nunca ha sido citado. La Junta Interamericana de Defensa no es parte integral de la organización y sus contribucio-nes al Sistema Americano han sido limitadas. Esta rea-lidad ha desprestigiado a la Junta y ha reducido la e-fectividad de la OEA. Es hora que cambie esta situación. Figuras políti-cas de gran transcendencia en el hemisferio como el Doctor César Gaviria, actual Secretario General de la OEA, y Guido de Tella, Canciller argentino de mucha proyección continental, ambos apoyan la integración plena de los militares en el Sistema Americano. En este estudio se recomienda que la JID sea inte-grada a la OEA en calidad consejo, bajo el control de políticos civiles. Puesto que la Junta es un foro único que reúne a delegados militares de la mayoría de los países conti-nentales en la Casa del Soldado en forma regular, se recomendaron una serie de funciones que realzarían el profesionalismo de las fuerzas armadas continenta-les, fomentarían la confianza mutua tan necesaria para lograr una mayor integración hemisférica y fortalece-rían a la OEA. Los beneficios de incluir a mas civiles como alumnos del Colegio Interamericano de Defensa y solicitar recomendaciones sobre el plan de estudios de la OEA tendrán un impacto positivo en el continente.
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