Informe sobre el proceso de elaboración de la estrategia a largo plazo del Grupo del Banco Mundial
Borrador del panorama general
22 de agosto de 2007
PANORAMA GENERAL
Dado que el número absoluto de personas que viven en la pobreza está disminuyendo, el crecimiento se está acelerando en la mayor parte del mundo en desarrollo y la globalización se está profundizando, el Grupo del Banco Mundial puede verse tentado de declarar que su estrategia actual es un éxito y limitarse a seguir implementándola. Sin embargo, esas tendencias están modificando la estructura de la economía mundial y, con ella, los desafíos que el Grupo del Banco enfrenta en materia de desarrollo. También dan motivo para preguntarse si la estrategia en curso seguirá siendo de utilidad en el largo plazo, por ejemplo, dentro de 10 a 20 años. ¿Nos será útil en el mundo de 2015 o 2030, que tendrá características muy diferentes? En el presente trabajo se sientan las bases para la elección de una estrategia que acreciente el valor del Grupo del Banco Mundial como institución de desarrollo en el próximo decenio y los años subsiguientes. Se señalan las tendencias predominantes en la economía mundial, los riesgos que entrañan los distintos tipos de crisis y desviaciones de las tendencias, los nuevos desafíos para la comunidad internacional del desarrollo y las políticas que será necesario adoptar. También se recogen reflexiones sobre la participación, la experiencia, las condiciones para las operaciones y la actuación del Grupo en actividades destinadas a acelerar la reducción de la pobreza, fomentar el crecimiento sostenible y controlar los riesgos. Con énfasis especial en el conocimiento y el aprendizaje, en el trabajo se señalan los elementos básicos para la formulación de una estrategia a largo plazo para el Grupo del Banco Mundial, que incluya posibles áreas y modalidades de intervención. Ámbito de acción A pesar de los espectaculares progresos, el fin de la pobreza no es inminente. De acuerdo con una hipótesis básica, el número de personas que viven en la pobreza extrema se reducirá en un cuarto para 2015 y se concentrará en África al sur del Sahara y Asia meridional 1 . Sin embargo, la pobreza disminuirá más rápidamente en esta última región, ya que en África el desarrollo demora más en dar fruto. Dentro de estas regiones, la pobreza extrema también se concentrará en países de ingreso bajo en dificultades (o Estados frágiles), que enfrentan continuamente inestabilidad y conflictos, y, según se prevé, solo recibirán, en el mejor de los casos, exiguos beneficios. A medida que muchos de los países de ingreso bajo con mejor desempeño se “gradúan” y pasan a la categoría de naciones de ingreso mediano en una economía mundial en crecimiento impulsada por la inclusión de más de 2.000 millones de personas en India y China, los Estados frágiles constituirán una proporción aún mayor de los países de ingreso bajo. Para 2015 unos 720 millones de personas continuarán subsistiendo con menos de un dólar por día, umbral que marca la pobreza extrema. La pobreza profunda, definida como la subsistencia con dos dólares diarios, seguirá siendo generalizada, puesto que afectará a cerca de 2.000 millones de personas, dos tercios de las cuales no se encontrarán en países que solo reciben financiamiento de la Asociación Internacional de Fomento (AIF). Muchos países, incluso de
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Las proyecciones de la estrategia a largo plazo se basan en un marco hipotético de referencia conservador. Si bien unos supuestos más optimistas o más pesimistas modificarían la gravedad proyectada de varios factores, no alterarían la dirección de las principales prioridades.
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ingreso mediano, solo lograrán progresos limitados en sus esfuerzos por alcanzar los objetivos de desarrollo del milenio que no dependen del ingreso, como la mortalidad y la malnutrición infantiles. Globalización con equidad La comunidad internacional del desarrollo debe velar por el avance de la globalización con equidad. El crecimiento sostenido permitirá ampliar extraordinariamente la “clase media mundial”. Al aumentar la educación y el acceso a la información, se observa una apertura de las sociedades y un fortalecimiento de la sociedad civil. No obstante, a pesar de que la prosperidad y la participación ciudadana se acrecientan, las tendencias demográficas y la velocidad del cambio tecnológico dan indicios preocupantes de desigualdad creciente, dentro de los países y entre ellos. La desigualdad se ve agravada en numerosos países en desarrollo por la mala calidad de los servicios básicos y el acceso desigual a ellos, en muchos casos a causa de una gestión de gobierno deficiente y la falta de rendición de cuentas. La desigualdad creciente puede avivar tensiones sociales y acarrear costos reales para el desarrollo. Si bien es improbable que los conflictos sociales puedan desbaratar por completo el impulso de la globalización, podrían intensificar las presiones proteccionistas y, en algunos casos, los esfuerzos por apartarse de la economía mundial, lo cual desaceleraría el progreso y reduciría los beneficios que podrían redundar en un mayor bienestar de la sociedad mundial. Globalización sostenible La globalización y el crecimiento constante también acentúan la importancia de los bienes públicos mundiales y la función que cabe a los países en desarrollo en su administración. El más destacado es el cambio climático. Aun cuando los países industrializados han generado la mayor parte de las emisiones de carbono, para 2020 el 80% del incremento de las emisiones provendrá de los países en desarrollo. La necesidad de controlar las enfermedades transmisibles se agudiza ante el aumento de la movilidad. Los marcos mundiales para el comercio, la inversión, los derechos de propiedad intelectual y las migraciones también se están tornando decisivos, al igual que los bienes públicos regionales, en particular los recursos hídricos compartidos, que podrían desatar conflictos en varias regiones. A pesar de la proliferación de iniciativas, todavía no existen las instituciones ni los marcos necesarios para abordar muchos de los bienes públicos mundiales y regionales. Algunas cuestiones, como el cambio climático, afectarán en especial a los países pobres, que deberán afrontar ingentes gastos de adaptación. Medidas prioritarias Se desprende que el crecimiento, por sí solo, será insuficiente para resolver los problemas que enfrenta la comunidad internacional del desarrollo. El próximo desafío será lograr una globalización sostenible, caracterizada por la inclusión. De esa necesidad imperiosa surgen algunas prioridades claras para orientar la actuación de la comunidad del desarrollo. La primera es garantizar que los países de África al sur del Sahara y otros de ingreso bajo y crecimiento lento participen plenamente en el proceso de globalización y reciban sus beneficios. La segunda consiste en esforzarse más por tratar de solucionar los problemas que enfrentan los Estados frágiles. La tercera es ayudar a los países de ingreso
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mediano cuyo crecimiento es lento a acelerarlo y a los de ingreso mediano alto que están avanzando rápidamente, a distribuir de manera equitativa los beneficios del crecimiento. La cuarta consiste en vigilar y controlar las externalidades mundiales y regionales, en especial sus consecuencias para el desarrollo y la reducción de la pobreza a nivel nacional. Dos tendencias de las condiciones mundiales para el desarrollo Al procurar alcanzar esos objetivos, la comunidad internacional del desarrollo debe tener en cuenta dos importantes tendencias que pueden modificar las futuras modalidades de intervención: los probables cambios en los mercados financieros internacionales y la evolución de la arquitectura de la ayuda mundial. Al tiempo que el costo de los empréstitos para los países en desarrollo llegaba a su piso histórico, los flujos de capital privado se incrementaron hasta alcanzar casi US$650.000 millones al año, alrededor de US$130 per cápita. En cambio, los empréstitos externos garantizados por el Estado se estancaron en términos reales en unos US$140.000 millones, y se han registrado cuantiosos reembolsos netos de la deuda pública, junto con el aumento de las reservas en muchos países. Sin embargo, estas cifras ocultan profundas disparidades y la segmentación de mercados. La mayoría de los países en desarrollo sigue sin tener acceso regular, a bajo costo, a los mercados privados de deuda. Muchos son vulnerables a los riesgos constantes de crisis financieras, impulsadas por los márgenes crecientes y la interrupción abrupta del financiamiento. Análogamente, numerosas empresas privadas de segunda línea y de regiones de frontera tienen acceso limitado al financiamiento internacional, incluso en países de bajo riesgo. Por estas razones, muchos países en desarrollo, en especial los más pobres, seguirán dependiendo en gran medida de la asistencia para el desarrollo. No obstante, la arquitectura de la ayuda internacional se está tornando más compleja. Con la proliferación de fondos afectados a fines específicos, donantes privados y nuevos países donantes, el suministro de ayuda está más fragmentado, lo que eleva los costos de transacción y el riesgo de incoherencia entre las políticas. A pesar de la promesa de la Declaración de París y la evidencia de mayor eficacia de la ayuda, se encuentra amenazado el modelo de asistencia dirigida por los países, que otorga a los receptores de ayuda el control total de sus estrategias de desarrollo y del gasto relacionado con ellas. Muchos donantes vinculan el financiamiento a hechos específicos, de modo que vuelven a imponer una fuerte condicionalidad. Esta situación puede ser difícil de revertir, por cuestiones políticas, y también podría restar eficacia a la ayuda, lo que desalentaría aún más a los donantes de cumplir la promesa de aumentar la asistencia para el desarrollo. Estas tendencias determinarán el campo de acción del Grupo del Banco Mundial. Para contribuir al objetivo general de lograr una globalización sostenible, caracterizada por la inclusión, el Grupo tendrá que adaptarse a los cambios de la situación financiera internacional, donde la disminución de los márgenes limita el atractivo financiero para algunos prestatarios soberanos recomendables y prestatarios privados de primera línea. También deberá adaptarse a la mayor complejidad de la arquitectura de la ayuda mundial y enfrentará numerosos desafíos, que variarán según los países y la gente que el Grupo procura beneficiar: países de ingreso mediano bajo y de ingreso bajo que están creciendo lentamente, Estados frágiles, grupos y regiones rezagados de países de ingreso mediano, y la población mundial, por medio de los bienes públicos mundiales.
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Marco de acción Se está gestando lentamente una síntesis de lo que se ha aprendido de distintas estrategias de desarrollo en los últimos 50 años. Este proceso, a su vez, está dando origen a una visión más pragmática de las políticas de desarrollo, que se centra menos en las normas deducidas de principios teóricos y presta más atención a las circunstancias propias de cada país y a los enfoques que pueden transferirse de otros lugares. Nuevos criterios sobre la forma de abordar las dificultades del desarrollo Esa síntesis de las estrategias de desarrollo se funda en algunos principios básicos. El crecimiento es esencial, como lo es también el aumento equitativo de las oportunidades individuales, que garantiza tanto la inclusión social como un crecimiento más rápido y sostenido. Un sector privado competitivo y un sector exportador dinámico son, asimismo, cruciales. Sin embargo, los gobiernos tienen que ofrecer, a través de una gestión pública e instituciones sólidas, un medio propicio para la aplicación de tales principios. Esta síntesis en gestación es menos dogmática que enfoques anteriores y está impulsada en menor medida por la condicionalidad rígida, detallada en forma ineficiente, impuesta por donantes. Reconoce la especificidad de cada país y la inexistencia de un modelo único de desarrollo. Los principios mencionados son bastante generales. La forma de llevarlos a la práctica depende de la situación geográfica, social y económica de cada país, así como de su historia y sus instituciones. Una solución satisfactoria en determinadas condiciones puede ser insatisfactoria en otras, debido a la presencia de distintos obstáculos a la ejecución de políticas o de diferentes circunstancias que modificarán los resultados. La instrumentación de los principios requiere la identificación del país con ellos, un diseño cuidadoso y un profundo conocimiento de las circunstancias nacionales y locales. No obstante, toda experiencia recogida en la reforma de un país debería integrar la base de conocimientos a disposición de la comunidad internacional del desarrollo. Si se recopilan y analizan correctamente (tareas que es preciso mejorar extraordinariamente), tales conocimientos pueden ayudar a comprender los motivos por los cuales una determinada reforma tuvo éxito o fracasó, lo que permitirá mejorar el diseño de políticas y los resultados en otros contextos. Si bien se está gestando una síntesis de las concepciones del desarrollo, la diversidad de circunstancias y la necesidad de actuar con cautela al adaptar reformas particulares a una determinada economía complican la elección de políticas. Tener en cuenta esta complejidad y elaborar los instrumentos de análisis y conocimientos apropiados para abordarla son pasos prometedores para superar antiguos errores y formular políticas de desarrollo mucho más eficaces. Importantes diferencias de conocimiento que se deben salvar Este enfoque del desarrollo necesita entonces un acervo más completo de conocimientos basados en la experiencia. Ello exige más investigación para entender de qué manera las reformas normativas en un entorno específico produjeron determinados resultados en materia de desarrollo. La gestión de gobierno y las instituciones, incluida la corrupción, se han citado, con toda razón, como factores clave en la determinación del potencial de desarrollo y la eficacia de las políticas de desarrollo de un país. Sin embargo, se sabe relativamente poco acerca de los aspectos que revisten verdadera importancia entre los numerosos elementos que definen las
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instituciones, y menos aún acerca de la forma de modificarlos. Esta esfera debería ser prioritaria en las investigaciones sobre el desarrollo. Las concepciones del desarrollo también han dejado de centrarse en los países para abarcar externalidades que los trascienden dentro de la economía mundial. A medida que la globalización progresa, se vuelve cada vez más crucial comprender las interacciones entre países y políticas, y entender por qué los fenómenos mundiales pueden favorecer a algunos países y perjudicar a otros. Al respecto, cabe tomar en cuenta los diferentes efectos de las reformas del comercio o el cambio climático. Una vez comprendidas todas esas cuestiones, se deben formular recomendaciones sobre políticas nacionales, regionales y mundiales. Factores que determinan la eficacia de la asistencia para el desarrollo Al compás de la evolución de las concepciones mencionadas, se fue modificando la naturaleza de la asistencia para el desarrollo. Los donantes han pasado de imponer condiciones detalladas rayanas en la intromisión a una condicionalidad “blanda”, complementada por una mayor selectividad en las decisiones relativas al financiamiento basadas en políticas y resultados en materia de desarrollo. En la actualidad es mucho menos frecuente juzgar la eficacia de la ayuda en función de la imposición de condiciones estrictas. En cambio, los donantes analizan si se escogieron las políticas apropiadas en vista de las circunstancias del país y el caudal de conocimientos sobre el desarrollo, y si se obtuvieron los resultados previstos. Una mayor rendición de cuentas entre donantes, organismos de desarrollo y países en desarrollo reforzará esa evolución en el futuro. Pero la evolución no es unidireccional. Una condicionalidad más estricta mediante la asignación de los recursos a un fin determinado sigue siendo una de las características principales del número creciente de fondos verticales —y de cierta ayuda otorgada por donantes privados— orientados hacia enfermedades específicas o el sector de educación. Consecuencias para el Grupo del Banco Mundial El marco de dos pilares aplicado a la reflexión sobre el desarrollo —mejorar el clima para la inversión (incluidos los factores tecnológicos que impulsan el crecimiento) y potenciar la capacidad de acción de la gente— continúa siendo útil, en particular cuando se ha reconocido que el crecimiento y la distribución son procesos interrelacionados y que los dos pilares se complementan recíprocamente. Pero ese marco debe ampliarse introduciendo dos perspectivas conexas de las políticas de desarrollo: las instituciones y los procesos de gestión de gobierno (especialmente en Estados frágiles) y las repercusiones de los principales bienes públicos mundiales, incluida la sostenibilidad ambiental. Y debido al nuevo reconocimiento de la especificidad de cada país en la relación entre políticas y resultados del desarrollo, se valoran especialmente la medición, el seguimiento y la comprensión de los efectos de los proyectos, programas y políticas de desarrollo, así como la difusión de ese conocimiento entre los especialistas. Son instrumentos de importancia crucial los sistemas estadísticos, los puntos de referencia para países y sectores, y las evaluaciones del impacto que permiten aprender más sobre los distintos países a partir de las iniciativas de desarrollo. El Grupo del Banco Mundial debería seguir cumpliendo un papel fundamental en estas áreas, mediante la colaboración con especialistas, académicos y otros organismos de desarrollo. Instrumentos para la acción
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El Banco conserva un mandato amplio y permanente como institución de desarrollo abocada a mejorar los niveles de vida, particularmente allí donde las necesidades son más acuciantes, pero sus prioridades y actividades han ido evolucionando para reflejar los cambios producidos en el ambiente del desarrollo y en la esfera del conocimiento. Las cinco instituciones afiliadas del Grupo del Banco Mundial constituyen una cooperativa de desarrollo que permite a todos sus miembros, en igualdad de condiciones, acceder a bajo costo y sin dificultad a los mercados financieros de sus miembros más desarrollados. Del mismo modo, se proporcionan a todos los conocimientos y las enseñanzas acumulados con la experiencia en el campo del desarrollo. El valor de la cooperativa para sus miembros reside en el carácter internacional de su composición y su participación en todas las regiones en desarrollo, su dotación de capital y reservas, y su gran variedad de productos y servicios. Considerados individualmente, estos rasgos no son excepcionales. En conjunto, son únicos. Permiten al Grupo recaudar fondos en forma competitiva, diversificar los riesgos y combinar numerosos servicios para abordar problemas de desarrollo. Y en una variedad excepcionalmente amplia de cuestiones normativas, esta modalidad de operación le brinda la oportunidad de aprender de la experiencia nacional, transnacional y mundial con mucha más rapidez que otros proveedores de servicios de desarrollo. Los tres elementos del conjunto de servicios ofrecidos Los servicios del Grupo del Banco Mundial se dividen en tres categorías: financiamiento, conocimientos y coordinación. La primera de ellas abarca una variedad cada vez mayor de productos: préstamos, créditos, inversiones en capital accionario, garantías, gestión del patrimonio y el riesgo soberano, y administración de fondos fiduciarios. Los servicios relacionados con el conocimiento incluyen asistencia técnica y estudios analíticos sobre países, investigaciones y datos internacionales, y recopilación y divulgación de la experiencia recogida durante la ejecución de proyectos de desarrollo en distintos contextos. Entre los servicios de coordinación se cuentan la colaboración con asociados en el desarrollo con el objeto de superar las deficiencias de la actuación colectiva (tanto en los países como en áreas de interés mundial), el suministro de mecanismos de cofinanciamiento y la creación de nuevos productos. El Banco (el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento y la Asociación Internacional de Fomento) es una institución orientada casi íntegramente a los países. Alrededor del 80% de los servicios que presta está dirigido a los países clientes, porcentaje que se distribuye en partes aproximadamente iguales entre los países de ingreso bajo y los de ingreso mediano. De esos servicios, alrededor del 30% son financieros en sentido estricto. La mayoría del 50% restante consiste en servicios relacionados con el conocimiento, la mitad de ellos incorporados en operaciones de financiamiento. El 20% de los servicios que no están orientados a los países está constituido, en su mayor parte, por actividades sectoriales y mundiales vinculadas al conocimiento, aunque también incluye una proporción importante de actividades catalizadoras, de coordinación y de convocatoria, así como gestiones relativas a los fondos fiduciarios. A diferencia de los servicios para los países, donde la participación del Banco se estructura mediante una estrategia de asistencia al país o de colaboración con el país, la amplia y fragmentada variedad de actividades de índole mundial no se organiza en ningún programa estratégico.
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Los servicios de financiamiento, conocimiento y coordinación se relacionan en el presupuesto. Los márgenes de los préstamos del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF) cubren aproximadamente todos los servicios que el BIRF presta a sus países clientes, y las comisiones de los créditos de la AIF permiten sufragar la totalidad de los servicios suministrados a los clientes de la AIF. Los ingresos provenientes de la dotación de capital cubren los programas mundiales o se destinan a la AIF, transferencias, reservas y acumulación de conocimientos. Gran parte de la capacidad técnica del Grupo (especialmente en la Corporación Financiera Internacional y el Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones) se costea entonces con el producto de sus actividades de financiamiento. Actividad financiera. Dado que las condiciones para las operaciones del Grupo han variado, también se ha modificado el equilibrio entre sus actividades. En consonancia con el crecimiento de los flujos privados, los desembolsos de la Corporación Financiera Internacional (IFC) se han incrementado en un 75% y los contratos de garantía del Organismo Multilateral de Garantía de Inversiones (OMGI) han aumentado un 45% en dólares de los EE.UU. en términos reales desde 1995, lo que ha atraído importantes volúmenes adicionales de inversión privada. Crecieron más rápidamente los negocios con países “de frontera” y con empresas “de segunda línea” que no disponen de acceso a los mercados mundiales. Los flujos de la AIF permanecen aproximadamente constantes en términos reales, aunque últimamente tienden a representar una proporción más pequeña del total de la ayuda para el desarrollo. Algunos instrumentos más nuevos, como las garantías, han aumentado y han movilizado inversiones privadas en una relación de alrededor de 10 a 1, lo que ha llevado el total de financiamiento privado a unos US$30.000 millones. Los programas subnacionales sin garantía del Estado siguen siendo reducidos. Las actividades de los fondos fiduciarios aumentaron espectacularmente y sus desembolsos ascendieron a la mitad de aquellos de la AIF. Los servicios financieros a cambio del pago de honorarios también se incrementaron rápidamente y contribuyeron a financiar transacciones por valor de unos US$11.000 millones destinadas a ayudar a los gobiernos a obtener cobertura contra riesgos. En cambio, los desembolsos del BIRF disminuyeron un 30% en términos reales, mientras que los pagos anticipados continuaron impulsando la suba de la relación capital–préstamos, que pasó de aproximadamente el 20% en los años ochenta y noventa a alrededor del 33% para 2006. Es decir, su capital no está plenamente utilizado. El factor que más ha reducido las operaciones crediticias tradicionales del BIRF es la contracción del endeudamiento externo real del Estado de los países en desarrollo. Entre otros factores importantes se cuentan la abrupta disminución de los márgenes de mercado, que reduce el beneficio financiero que el Banco puede aportar a los miembros de ingreso mediano con fácil acceso a los mercados internacionales de capital, y la fama de que los procedimientos del BIRF (al igual que los de la AIF) son lentos y costosos. Los beneficios que surgen de los menores costos financieros (solo algunos países en desarrollo pueden obtener fondos a tasas inferiores a las que el Banco presta) y de los conocimientos incluidos en las operaciones pueden pesar más que el “factor engorro” (cuyo valor estimado varía entre el 0,5 y el 1,0% del tamaño del préstamo). Sin embargo, los beneficios se recogen más que nada en el futuro, mientras que los gastos más altos se sufragan hoy, lo que desalienta los compromisos financieros con la institución. Servicios relacionados con el conocimiento. De acuerdo con evaluaciones tanto internas como independientes, los productos de análisis ofrecidos a los países clientes suelen ser de buena
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calidad, aunque tal vez no estén evolucionando con la rapidez suficiente para satisfacer los cambios de la demanda. Esta falla puede pasar desapercibida durante un tiempo, ya que muy pocos estudios analíticos se someten a pruebas de mercado. No obstante, a medida que los países incrementan su ingreso y su capacidad, tienen más posibilidades de buscar asesoramiento de otras fuentes, lo que aumenta la competencia también en esta esfera. En relación con los países de ingreso mediano más adelantados, no se puede esperar que el Banco cuente con una completa variedad de especialistas en áreas muy complejas. La institución tendrá que ser más selectiva. Con un acceso más libre a la información en muchos países, una difusión inadecuada implica la pérdida de oportunidades de respaldar coaliciones para el cambio. El desplazamiento del centro de interés del “qué” al “cómo” en materia de desarrollo no se ha traducido todavía en un mayor énfasis en una asistencia técnica flexible y específica, complementada por una mejor comprensión de la economía política de la reforma. El modelo actual impulsado por los países tiene la desventaja de no ofrecer suficientes incentivos para aprovechar la experiencia de los países y aplicarla a la provisión de bienes públicos mundiales. Como lo ilustra la difusión de programas de transferencias condicionales de efectivo de México y Brasil en más de una docena de países, las actividades de desarrollo de un país pueden ser tan importantes por el valor de los conocimientos extraídos como por sus efectos directos en la reducción de la pobreza. Por ser una institución internacional, el Banco tiene una ventaja comparativa en el aprendizaje a escala mundial, pero muchas oportunidades de aprendizaje todavía se pierden porque se presta una atención inadecuada a los resultados y no se aprovecha plenamente el ciclo de financiamiento, aprendizaje y conocimientos para extraer, de las operaciones de cada país, enseñanzas aplicables a varios otros. Bienes públicos mundiales. La actuación del Grupo en relación con los bienes públicos mundiales y regionales abarca una gran variedad de áreas: la protección del patrimonio común regional y mundial (el cambio climático, incluida la gestión de fondos del carbono por valor de US$2.000 millones y la ordenación de cursos de agua compartidos), la lucha contra las enfermedades transmisibles (gripe aviar, VIH/SIDA), la creación de marcos mundiales (comercio, estabilidad financiera) y la generación y difusión de conocimientos sobre el desarrollo mundial (investigaciones, estadísticas, experiencias comparadas). En muchas áreas el Banco se asocia con organismos más especializados. Aquí la ventaja comparativa consiste en contribuir a la implementación, en los países, de actividades prioritarias relacionadas con bienes públicos mundiales y regionales. A pesar de la multiplicidad de actividades, muchas de las cuales están impulsadas por la existencia de fondos fiduciarios, no hay un proceso específico destinado a establecer entre ellas un orden de prioridad e intensificar las de mayor importancia, o encaminado a garantizar que los bienes públicos mundiales y regionales queden recogidos en los programas nacionales. Consecuencias para el Grupo del Banco La gran variedad de actividades interrelacionadas del Grupo se funda en una amplia gama de recursos. La administración de fondos fiduciarios, por ejemplo, se basa en la administración de proyectos y la gestión financiera, así como en los conocimientos sobre sectores y países. Los conocimientos especializados en el área de tesorería sientan las bases para los servicios de gestión de riesgos y reservas. Lo que es más importante, la interacción entre finanzas y conocimientos constituye la base del aprendizaje práctico y genera capacidad dinámica. Si bien algunas líneas de actividad, en su estructura tradicional, se han ido reduciendo, otras están
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creciendo rápidamente. La pregunta que se deben formular los miembros del Grupo es la siguiente: ¿cuál es la mejor manera de distribuir los recursos a fin de maximizar su valor para los accionistas en el futuro? Elementos fundamentales de una estrategia para el Grupo del Banco Mundial En el futuro, las prioridades y los modelos de actividad del Banco tendrán que seguir evolucionando a medida que los cambios en el ambiente del desarrollo mundial y en las concepciones del desarrollo modifiquen el alcance de la contribución del Grupo. La comunidad del desarrollo debe tener como objetivo garantizar que el crecimiento mundial y la globalización se caractericen por la inclusión y sean sostenibles a largo plazo. La elección de estrategias del Grupo debería contribuir a ese objetivo. Teniendo en cuenta la probable evolución de la economía mundial, toda estrategia del Grupo del Banco Mundial orientada a la sostenibilidad y la inclusión mundiales debería tener como componentes clave las cuatro áreas de intervención siguientes: África al sur del Sahara, Estados frágiles, inclusión entre los países de ingreso mediano y dentro de ellos, y bienes públicos mundiales. Para abordarlas, el Banco debe aplicar distintas modalidades de intervención que permitan ampliar e innovar sus actuales líneas de actividad. Los instrumentos en uso solo ofrecerían medios limitados de abordar tales áreas; el proceso sería ineficiente y reduciría progresivamente la importancia absoluta y relativa del Grupo del Banco Mundial en el desarrollo internacional. En las modalidades de intervención nuevas y ampliadas, los servicios relativos al conocimiento y el aprendizaje son primordiales. Las cuatro áreas de intervención África al sur del Sahara. La importancia que el Banco atribuye a la reducción de la pobreza implica que se mantendrá el énfasis en las regiones de ingreso bajo, particularmente Asia meridional y África al sur del Sahara. Pero la perspectiva de un mayor avance de Asia parece indicar que, en el futuro, se prestará progresivamente más atención a África y, en otras regiones, a algunos países de ingreso bajo en lento crecimiento. Dada la gran diversidad de esos países, es preciso diferenciar los enfoques. En algunas naciones, será prioritario reforzar la solidez del crecimiento reciente y lograr que sea sostenible. En otras, la prioridad consistirá en ayudar a administrar la renta de los recursos naturales. Habrá otras en las que lo principal sea generar las condiciones para el despegue económico. No obstante, algunas cuestiones son comunes a numerosos países, entre ellas el fortalecimiento del clima para la inversión y el sector privado (que incluye mejorar la gestión de gobierno y combatir la corrupción), la lucha contra las enfermedades transmisibles, la ordenación de los recursos compartidos y el fomento de la integración regional. Como parte de su función en África, el Banco también debe trabajar con sus asociados para racionalizar la caótica arquitectura de la ayuda. Estados frágiles. Estos países constituyen un desafío especial para el modelo de ayuda que se está gestando, ya que es difícil prestarles asistencia eficaz. Incluso para 2015 y en años subsiguientes, más de la mitad de su población seguirá viviendo con menos de un dólar por día. A decir verdad, es probable que, aparte de los grandes países de Asia meridional, la pobreza se concentre cada vez más en Estados frágiles o en países que revistieron esta condición durante un período bastante prolongado. Ante la deficiencia de las instituciones y la gestión de gobierno de esos países, la comunidad del desarrollo debe buscar los medios de aumentar la eficacia del
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modelo de participación impulsado por los países. En un modelo de asistencia apropiado para los Estados frágiles sería necesario coordinar la actuación de distintos asociados en el desarrollo, pasar por alto instituciones disfuncionales o corruptas, abordar la seguridad en los programas globales y modificar la forma en que el Banco evalúa y recompensa, según sea el caso, éxito y el fracaso. Inclusión en los países de ingreso mediano. Una globalización con inclusión requiere el progreso de los países azotados por la pobreza. Asimismo, garantiza que nadie quede rezagado en ningún otro lugar de la economía mundial. Para ello es necesario ayudar a los países de ingreso mediano cuyo crecimiento es lento a acelerarlo y a los que están avanzando rápidamente o los de ingreso mediano alto, a distribuir de manera equitativa los beneficios del crecimiento. A pesar de su elevado crecimiento, algunos países de ingreso mediano bajo que se encuentran entre los de mejor desempeño seguirán albergando grandes focos de privación persistente y quizás sufran una creciente desigualdad. Esta situación se puede remediar, en algunos casos, mediante intervenciones encaminadas a fomentar el crecimiento —particularmente a través del desarrollo de la infraestructura nacional— y, en otros, por medio de la labor a nivel subnacional. En todos los países de ingreso mediano, la vasta experiencia del Grupo en actividades de apoyo a reformas destinadas a fomentar el crecimiento y la equidad dentro del marco de dos pilares es una ventaja importante a la hora de promover la globalización con inclusión. Bienes públicos mundiales. El cambio climático ha acaparado, con justicia, la atención internacional. Otros bienes públicos mundiales de importancia creciente en un mundo interconectado son la ordenación de las aguas, las enfermedades transmisibles y los marcos que abarcan el comercio, las finanzas, los derechos de propiedad intelectual y, posiblemente, las migraciones. El conocimiento sobre temas de desarrollo es otro importante bien público. Algunos de ellos exigen actividades de promoción basadas en el conocimiento y la formación de coaliciones para garantizar que la balanza no se incline en contra de los países en desarrollo. Algunos tienen consecuencias para el desarrollo y la reducción de la pobreza a nivel nacional. Para abordar satisfactoriamente los bienes públicos mundiales se requieren inversiones de importancia, respaldadas por mecanismos de financiamiento apropiados. En su carácter de institución internacional con una amplia variedad de recursos para la prestación de servicios, el Grupo del Banco Mundial se encuentra en una posición singular para cumplir un papel decisivo en varias áreas. Sin embargo, debe definir ese papel y establecer prioridades entre los numerosos bienes públicos mundiales. Modalidades de intervención para el Grupo del Banco Mundial: Algunas sugerencias para el futuro ¿Cómo podría estructurarse el Grupo del Banco Mundial para hacer frente a estos desafíos? Los enfoques analizados en el presente trabajo se refieren, más que nada, al BIRF y la AIF. Aunque la IFC y el OMGI son instituciones afiliadas de importancia decisiva y creciente, sus actividades plantean relativamente pocos problemas estratégicos serios. Para ellas, la principal dificultad consiste en garantizar (y demostrar) que proveen adicionalidad —es decir, que no se limitan a sustituir inversiones que se habrían efectuado de cualquier modo— y producen un fuerte impacto en términos de desarrollo, al tiempo que continúan innovando sus productos y servicios para mantenerse a la par de la evolución de la demanda del mercado.
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¿El statu quo? No. ¿Permite el statu quo que el Grupo del Banco Mundial se ocupe satisfactoriamente de las áreas de intervención? En países de ingreso bajo, el foco de atención está en los programas del Banco antes que en el progreso y los resultados de los países o en la movilización eficiente de todos los recursos para favorecer el desarrollo. Además, la proporción creciente de Estados frágiles, sin un modelo más sólido para abordarlos, restará eficacia a la AIF. Y sin modificar los parámetros de riesgo o mejorar notablemente los productos, la capacidad de asumir riesgos en función del capital del BIRF no se aprovechará plenamente para abordar algunas de las áreas de intervención en los países de ingreso mediano. Las externalidades entre finanzas y conocimientos se irán perdiendo progresivamente a medida que la disminución selectiva de la participación en los países de ingreso mediano reduzca las oportunidades de aprendizaje y de conservación de una masa crítica de conocimientos técnicos sobre el desarrollo que sea de utilidad para los países pobres. También se perderá otra oportunidad, ya que el Banco contribuirá poco a atender la demanda creciente de bienes públicos regionales y mundiales. Aun cuando el statu quo se puede mantener durante algún tiempo y permite abordar en parte algunas de las áreas de intervención, no constituye una respuesta eficaz ante estas prioridades. Para abordar las cuatro áreas de intervención es posible imaginar una variedad de adaptaciones e innovaciones que pueden combinarse de distintas formas y constituir posibles elementos fundamentales de una estrategia del Banco. Movilización de los fondos y la capacidad de la AIF. Para lograr progresos en las áreas de intervención en países de ingreso bajo es necesario fortalecer la AIF. Esta tarea no inspiraría confianza si no existieran los recursos financieros básicos (en primera instancia mediante una reposición satisfactoria de los recursos en la AIF-15), conocimientos sólidos, y avances reales, en el terreno, de los programas respaldados por la AIF en los países. Por otra parte, la proliferación de fondos fiduciarios afectados a fines específicos, muchos de ellos establecidos por donantes de la AIF, representa tanto competencia como una oportunidad. Al ejercer un efecto multiplicador, la AIF influiría en la arquitectura de la ayuda mundial e interactuaría con los donantes y los fondos para maximizar el uso de estos como mecanismos de cofinanciamiento coordinados. En aquellos sectores donde actúan numerosos donantes, la AIF podría desarrollar sistemáticamente actividades catalizadoras, de coordinación y de convocatoria, para potenciar la capacidad de otros. Ello sería particularmente importante para aumentar la eficiencia de los fondos verticales y tratar de corregir su incapacidad para abordar los factores generales que inciden considerablemente en sus principales objetivos, pero son independientes de ellos; por ejemplo, el desarrollo general de los sistemas de salud que es necesario para apoyar programas específicos sobre VIH/SIDA. Movilizar fondos y capacidad es más difícil y potencialmente menos eficaz en Estados frágiles. El problema es la ausencia de una administración nacional confiable que pueda instrumentar las políticas de desarrollo utilizando los recursos proporcionados por los donantes. Indudablemente, estos casos se deben manejar en forma diferente, con una condicionalidad más clara y sencilla o un seguimiento más directo, prestando un apoyo cuidadoso a las instituciones débiles y velando, al mismo tiempo, por el uso apropiado de los recursos de ayuda. Una solución posible sería reforzar los mecanismos de supervisión en esferas de importancia crítica. Estas medidas podrían incluir la participación de representantes del gobierno, la sociedad civil y organizaciones no gubernamentales locales, y representantes de los donantes para vigilar estrechamente el uso de
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los fondos; en algunos casos, el Banco Mundial podría encabezar la organización y gestión de un sistema de esta índole. Renovación y ampliación de los servicios en países de ingreso mediano. El Banco Mundial puede abordar la globalización con inclusión en los países de ingreso mediano únicamente si el volumen de su intervención se mantiene por encima de determinado umbral, en lugar de contraerse. Esta contracción podría corregirse, entre otras formas, si el BIRF prestara servicios más flexibles, más atractivos tanto desde una perspectiva financiera como desde el punto de vista del conocimiento, y más acordes con los objetivos de desarrollo de los países en cuestión. Como primera medida, es necesario simplificar y agilizar los procedimientos. Se pueden considerar distintos sistemas. • Desagregar los servicios financieros y los vinculados al conocimiento. Desagregar los servicios tradicionales debería permitir la prestación de servicios exclusivamente financieros a menor costo, mientras que los relacionados con el conocimiento se financiarían mediante el pago de honorarios. Los elementos de este modelo, en especial los honorarios en este último caso, son esenciales en todo esfuerzo por ofrecer a los países de ingreso mediano una serie de opciones más flexibles. No obstante, con la aplicación excesiva o exclusiva de este modelo, al Banco podría resultarle difícil conservar sus ventajas comparativas en el campo del conocimiento y contribuir financieramente a sus objetivos de desarrollo en la misma medida que hasta ahora. Tampoco se sabe con certeza cómo reaccionaría la demanda del financiamiento ofrecido por el Banco cuando se trate de países con fácil acceso a los mercados internacionales de capital. En lugar de desagregar los servicios, otra opción sería mejorar el modelo actual de intervención del Banco en los campos de las finanzas y el conocimiento, tomando en cuenta la evolución de las circunstancias. Tendría como objetivo ofrecer un completo conjunto de servicios financieros innovadores, flexibles y diseñados a pedido del cliente, y, al mismo tiempo, productos del conocimiento adaptados a esas innovaciones. En este sistema, el primer paso consiste en mejorar los conocimientos siempre que sea posible y cerciorarse de que en todas las áreas en que el Grupo continúa interviniendo se preste el mejor asesoramiento internacional. • Facilitar el acceso al BIRF. En vista de una posible disminución de la demanda de los países de ingreso mediano alto y los de sólido crecimiento, y tomando en cuenta el objetivo de alcanzar una globalización con inclusión, será importante tratar de llegar a otros países de ingreso mediano bajo. Se podrían flexibilizar las normas que rigen el acceso al financiamiento del BIRF, incluso para los países que se han “graduado” y han dejado de estar habilitados para recibir únicamente fondos de la AIF. Se podrían modificar los parámetros de riesgo para permitir mayores compromisos en países de ingreso mediano bajo y de crecimiento lento, así como en “graduados” de la AIF, con el propósito de compensar la disminución de la demanda proveniente de clientes del Banco más solventes. A modo de ejemplo, una reducción del 50% del financiamiento otorgado a los países con más fácil acceso a los mercados internacionales de capital (Brasil, China, India, México y Rusia) se podría compensar con un incremento del orden del 30% en los compromisos en otros países de ingreso mediano. La demanda también podría aumentar
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con la probable “graduación” de algunos países prestatarios de la AIF que podrían pasar a ser considerados solventes por el BIRF en el próximo decenio. Además, bien podría haber oportunidades de utilizar más los recursos del BIRF, incluso en países prestatarios de la AIF, por ejemplo, para financiar proyectos de infraestructura viables a las tasas del BIRF, pero con pocas probabilidades, por su tamaño, de ser ejecutados con recursos de la AIF. • Financiamiento para entidades subnacionales. En los países de ingreso mediano en rápido crecimiento, una de las prioridades es evitar que determinados grupos de población queden excluidos de los beneficios del crecimiento. Lo mismo se aplica a ciertas zonas geográficas. Donde las relaciones administrativas o políticas entre el gobierno central y los Estados regionales son difíciles, tal vez resulte más eficaz en términos de desarrollo permitir a entidades subnacionales endeudarse directamente con el BIRF sin exigir garantía estatal, como ya lo están haciendo algunas con la IFC. En algunos sectores, como el de la infraestructura en África, existe una necesidad similar de adaptar y elaborar instrumentos para atender también la demanda supranacional (regional). • Financiamiento y seguro para contingencias. También deberían crearse instrumentos destinados a suministrar financiamiento para contingencias, con el propósito de ofrecer protección contra distintas perturbaciones y un cierto margen para prestar asistencia tras las crisis. Especialmente ante la posibilidad de que aumente la inestabilidad climática, el Grupo podría tratar de crear un servicio multilateral de garantía más amplio para casos de desastre, quizás siguiendo los lineamientos del servicio para el Caribe o los programas de seguros de cosechas dependientes del clima. Pasar a convertirse en un banco para bienes públicos mundiales. El Grupo del Banco Mundial podría actuar con mayor determinación para asumir un papel mucho más destacado en la esfera de los bienes públicos mundiales, capitalizando su ventaja comparativa como nexo entre cuestiones internacionales y medidas en países con circunstancias muy diferentes. El Grupo — incluidos la IFC y el OMGI— podría introducir una estrategia de colaboración mundial orientada a establecer prioridades entre dichos bienes. Comprometería importantes volúmenes de recursos para algunas cuestiones respecto de las cuales hay un mandato firme y existe la oportunidad de producir un efecto real. Entre las áreas en las que es posible participar se cuentan algunos bienes públicos regionales (ordenación de las aguas), así como la protección del medio ambiente, la lucha contra las enfermedades transmisibles, las actividades encaminadas a garantizar que los marcos mundiales (comercio, flujos financieros y similares) puedan aplicarse a los países en desarrollo, y la generación y difusión de conocimientos sobre el desarrollo. Para alentar a los países a ocuparse de los bienes públicos mundiales será necesario proporcionar recursos en condiciones muy favorables y otros incentivos. Aun cuando el Banco no puede ser la única institución que suministre tales incentivos, puede actuar como agente catalizador. Podría crear un conjunto de recursos para constituir el núcleo de un “servicio para los bienes públicos mundiales” que ampliaría y posiblemente diversificaría las actividades del actual Fondo para el Medio Ambiente Mundial. A fin de iniciar el proceso, se podrían recaudar fondos invirtiendo parte del capital del Banco de manera menos conservadora, lo que permitiría obtener una rentabilidad más alta que la actual, o, en vista de la fuerte capitalización, aportando parte de los
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ingresos que, de otro modo, se destinarían a incrementar el capital. Estos recursos se utilizarían, junto con financiamiento del BIRF y otros instrumentos, para movilizar inversiones, por ejemplo en energía no contaminante. Su actuación como agente catalizador incluiría también el seguimiento de los resultados para velar por la rendición de cuentas y la investigación sobre innovaciones. En una segunda etapa, quizás después de que se llegue a un acuerdo internacional sobre la limitación de las emisiones de CO2, los recursos para el servicio relativo a los bienes públicos mundiales mencionado podrían provenir de los países desarrollados dispuestos a ofrecer a los países en desarrollo incentivos para actividades de conservación, ampliando iniciativas tales como el nuevo mecanismo del Reino Unido para la subvención de préstamos que faciliten inversiones en energía no contaminante. Fortalecimiento de la función primordial del Banco en los servicios relativos al conocimiento Independientemente de la combinación de áreas y modalidades de intervención que se escojan, el Grupo del Banco solo tendrá éxito si conserva y mejora su papel de “banco del conocimiento” de la comunidad del desarrollo, particularmente dado que su valor agregado de índole puramente financiera tiene miras de disminuir. Prioridades de investigación. El Banco debería concentrarse primero en generar y analizar evidencias sobre los efectos de las políticas en los resultados de las actividades de desarrollo en diferentes contextos nacionales. La investigación debería abordar cuestiones relacionadas con las instituciones y la gestión de gobierno, incluso en los Estados frágiles, y con las repercusiones que la sostenibilidad ambiental y otros temas de interés mundial tienen para los programas de los países. También es necesario progresar en la recopilación de datos. Los sistemas estadísticos, los puntos de referencia del desempeño de países y sectores, la información de libre acceso y las evaluaciones del impacto que permiten aprender más sobre los distintos países a partir de las iniciativas de desarrollo se están convirtiendo en instrumentos indispensables para supervisar y promover políticas de desarrollo eficaces. Conocimientos técnicos fundamentales. Para que el Banco pueda seguir determinando los temas que ha de abordar en el plano internacional, debe conservar y reforzar sus conocimientos técnicos. Se debe contar, dentro de la institución, con grupos básicos de expertos en las áreas de intervención clave. Los especialistas más destacados se pueden contratar en calidad de consultores, pero el asesoramiento externo no se puede utilizar eficazmente si no hay especialistas internos para asimilarlo y adaptarlo al contexto. Análogamente, el Banco necesitará una masa crítica de especialistas dentro de la institución para poder trabajar en países de ingreso mediano, donde tiene la función crucial de actuar como nexo con redes externas de conocimientos y adaptar el conocimiento a las condiciones locales. Aprendizaje a escala mundial. Se necesita un esfuerzo institucional para mejorar el ciclo de financiamiento, aprendizaje y conocimientos. Con planes tales como la Iniciativa para la evaluación del impacto en el desarrollo (DIME) se establecerán incentivos para evaluar rigurosamente los efectos para el desarrollo y, de este modo, reforzar la rendición de cuentas y producir un bien público mundial: el conocimiento sobre el desarrollo. Con el objeto de fortalecer las modalidades de intervención del Grupo es preciso añadir dos consideraciones, una de ellas referida al marco de competencia o colaboración, y la otra vinculada al ordenamiento que refrenda sus actividades. En cuanto a la primera, el Grupo
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complementa la labor de otras instituciones públicas y privadas, y también compite con ellas. Es indudable que tiene una relación de colaboración con el Fondo Monetario Internacional en las tareas cotidianas de apoyo a los países. El Fondo Monetario Internacional vela por la estabilidad macroeconómica, y el Banco está abocado al potencial de crecimiento y desarrollo a largo plazo. La necesidad de conciliar ambos aspectos en momentos de turbulencia macroeconómica es clara. Del mismo modo, el Banco Mundial suele colaborar con los bancos regionales de desarrollo en el diseño y el financiamiento de proyectos para determinados países y, en muchos casos, aporta su experiencia internacional. Sin embargo, también pueden competir en determinados proyectos, sectores y países asociados. El Banco Mundial también puede competir con entidades de financiamiento o conocimientos privadas. No hay nada intrínsecamente perjudicial en esa competencia —a decir verdad, puede ser beneficiosa para el cliente— siempre que el Banco recupere íntegramente los costos y proporcione “valor agregado” en términos de desarrollo frente a sus competidores. Desde este punto de vista, el futuro dirá si las ventajas competitivas o comparativas evolucionan de manera tal que obligue al Banco a abandonar determinada área o algún tipo de producto. Pero los objetivos de desarrollo compartidos alientan al Banco a colaborar o asociarse con otras organizaciones internacionales u otras entidades privadas siempre que sea beneficioso para los países miembros. En cuanto al ordenamiento que refrenda sus actividades, los procedimientos de gobierno del Grupo del Banco Mundial pueden imponer la necesidad de elegir entre distintas áreas o modalidades de intervención. En particular, si bien todas las recomendaciones formuladas en el presente documento pueden contribuir al desarrollo, en muchos casos están orientadas a beneficiarios diferentes. Los países de ingreso alto pueden estar más a favor de las intervenciones relativas a los bienes públicos mundiales, mientras que los países en desarrollo quizás prefieren aquellas que contribuyen más directamente a su desarrollo. Dada la estructura cooperativa del Grupo del Banco Mundial y sus normas de gobierno, esas elecciones tal vez sean inevitables. Al mismo tiempo, son mucho más fáciles de resolver cuando hay crecimiento que en una situación de estancamiento o, incluso, de contracción. Las orientaciones estratégicas aquí impartidas son plenamente compatibles con la expansión del Grupo del Banco Mundial, que puede provenir, por un lado, de la renovación y mejora de las operaciones crediticias del BIRF y, por otro, de la diversificación de actividades posibilitada por la mayor utilización del capital del BIRF. Medición del progreso a largo plazo. Necesidad de autoevaluación La necesidad de evaluación también se aplica al Grupo del Banco Mundial. La mayor parte de las decisiones estratégicas serían más fáciles de adoptar si pudieran basarse en alguna estimación, incluso imprecisa, de la contribución que las diversas actividades del Grupo aportan al desarrollo. La autoevaluación también es importante en la relación entre el Grupo del Banco y la comunidad internacional del desarrollo, ya que le permite reconocer más ampliamente sus ventajas comparativas y reunir apoyo para sus funciones de agente catalizador, convocatoria y coordinación. El Grupo de Evaluación Independiente efectúa a esa autoevaluación un aporte indispensable que, sin embargo, no permite medir las contribuciones relativas de las distintas actividades al
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desarrollo. Es fundamental avanzar hacia una mejor evaluación de las medidas concretas del Banco con relación a casos hipotéticos. La evaluación de los progresos globales hacia la consecución de un objetivo general se puede realizar de manera menos rigurosa, aunque más sencilla, mediante indicadores bien diseñados que permitan establecer si se están alcanzando los resultados previstos con una determinada estrategia. En el presente análisis se proponen algunos indicadores generales del desempeño que podría tener el Grupo en las diversas orientaciones estratégicas. • Apoyo financiero y técnico al sector privado; importancia relativa de los clientes de “frontera” y de “segunda línea”; grado de apalancamiento financiero; mejora de los indicadores del impacto en términos de desarrollo. Uso de la capacidad financiera del BIRF, incluida la proporción de financiamiento destinada a apoyar el desarrollo equitativo en países de ingreso mediano bajo y en clientes de crecimiento lento. Desembolsos de la AIF y mejora de los indicadores de la eficacia en términos de desarrollo, con énfasis especial en los Estados frágiles. Mediciones de los logros del Grupo en sus actividades catalizadoras, de coordinación y de convocatoria, principalmente en países prestatarios de la AIF y Estados frágiles, incluida la asociación con fondos verticales. Flexibilidad de la asistencia técnica y los estudios analíticos sobre países, así como de la variedad de servicios financieros especializados. Grado en que se recurre a las “pruebas de mercado” para los estudios analíticos y la asistencia técnica a fin de garantizar valor a los clientes. Claridad en la determinación de prioridades para poder decidir la participación activa en determinados bienes públicos mundiales y regionales. Medición de la eficacia de los mecanismos para alentar la adopción nacional de programas de importancia crítica. Financiamiento de donantes destinado a los bienes públicos mundiales y otorgado por intermedio de un fondo fiduciario integrado o de características similares a la AIF, con el objeto de combinarlo con recursos de otras fuentes y ayudar a los países a abordar prioridades tales como la energía no contaminante. Intensidad del ciclo de financiamiento, aprendizaje y conocimientos para garantizar que se extraigan, de las operaciones, todas las enseñanzas posibles y se preste sistemáticamente atención especial a los resultados. Existencia de una masa crítica de conocimientos en determinadas áreas, así como también de resultados acerca de la recopilación y el análisis de datos y estadísticas. Calidad del seguimiento de los resultados de las actividades de desarrollo, y eficacia de los programas basados en el desempeño.
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