Vol. 20 No. / - Abril de 2003
El mundo de la informalidad
El comercio informal o buhonería es quizá la forma más antigua de organización comercial. En la Venezuela actual, la de la crisis, la buhonería ha transitado desde un mecanismo alternativo al desempleo, hasta el actual centro de frustraciones sociales en el que se sume, esta, también fracasada forma de empresa en un país en el que la informalidad abarca hasta el diseño de una política económica Venezuela es un país en el cual resulta más fácil establecerse en la informalidad que mantener un negocio dentro de las normas de la total legalidad. El establecimiento de una empresa supone costos de constitución, mantenimiento (tarifas de registro y la actualización de los documentos legales), contabilidad fiscal, cancelación de impuestos y otros costos fijos y variables que siempre están presentes en los negocios. Resulta entonces, cómodo establecer un negocio en la informalidad y mantenerse oculto. Cuando esta situación queda al descubierto, el soborno puede resultar menos costoso que la cancelación de las tarifas de la legalización. Esto no es extraño. En muchos países con escaso desarrollo la escena es recurrente. Resulta sencillo imaginarse a los mercados africanos y del Medio Oriente luego de observar la realidad que se vive en Venezuela, lo que ocurre es que la informalidad ha alcanzado en los últimos cuatro años magnitudes sorprendentes al pasar de 47% en 1997 a 51% para los finales de 2002. Aunque tampoco es un caso único. Durante el primer gobierno de Caldera (1968-1973) las calles de Caracas tenían un aspecto muy similar al que muestran en la actualidad, llenas de quioscos, tarantines y puestos en los que se podía comprar todo tipo de mercancías. También fue coincidente con una etapa de complicaciones económicas, en las que la recesión y el desempleo fueron altos. Pero nada comparado con la realidad actual. El proceso de destrucción industrial y en general de desmantelamiento del aparato productivo privado tiene mucho que ver con la actual situación de informalidad, pero hay que entender que ésta tiene su origen en la ejecución indiscriminada de políticas económicas que no están a la altura de las expectativas de los inversionistas. Los segundos gobiernos de Carlos Andrés Pérez (1989-1994) y Caldera (1994-1999) no aportaron la regularidad debida a sus ajustes estructurales y los cambios resultaron, en general, cosméticos, por lo que más que ayudar a la creación de un aparato productivo fuerte, debilitaron la estructura de la producción y la distribución; y la víctima principal de este conjunto de errores lo constituyó el asalariado de la cadena de producción, quien a final de cuentas es principalmente consumidor. Aunque buhonería e enformalidad se han convertido en sinónimos para el común de la población, la informalidad no es exclusivamente buhonería. El objeto de este análisis se refiere al segmento de la informalidad que se conoce como buhonería.
El mundo buhoneril
La buhonería no es homogénea, existen diferentes tipos de personas que se enfrentan a la cruda realidad del comercio informal y se pueden dividir en varios grupos: Empleado y buhonero: Una de las habilidades de un buen comerciante es su capacidad de adaptación a diferentes formas de enfocar el mercado, por ello no es extraño que se encuentren puestos de buhoneros que venden los mismos productos que ofrece el negocio que tienen en frente. Si ambos (buhonero y comerciante formal) fuesen verdaderos competidores, en las calles de Caracas se verían duelos como en los Spaghetti western, pero generalmente eso no es así, se trata de un puesto propiedad del mismo local que remata al frente sus productos, o los mismos, pero de más baja calidad y el buhonero en estos casos es un empleado de la misma tienda. De esta manera el dueño del local comercial evita enfrentar una verdadera competencia y diversifica su manera de atacar al mercado, haciéndose eco del signo de estos tiempos. Vendedores cometa: El mundo de la buhonería tiene vendedores que aparecen y des-
Lavado y otras ilegalidades
No toda la mercancía que se negocia en las calles de Caracas es legal, alguna de ellas no paga todos sus impuestos y otra, tiene origen ilegal. Por ejemplo, cuando desaparece un container o un camión de mercancía de alguna empresa, el proceso de deshacerse de la mercancía es difícil haciendo uso de negocios formales. Cuando ocurre algún delito de este tipo, la buhonería es una de las mejores formas de distribuir un gran volumen de mercancías entre diferentes puestos, por lo que no se evidenciaría que estos productos tienen origen dudoso y además, por su forma de comercialización, casi totalmente en efectivo, se evita la aplicación de medidas de control fiscal y por ende legal. Uno de los negocios más llamativos en el mundo de la buhonería es la venta de best sellers, discos compactos y de software de computación. Naturalmente este negocio es ilegal. Nadie podría adquirir un programa de computación o un juego de video por un dólar y medio. Los copiadores de discos compactos son mayoristas que venden (algunos de ellos) directo a los puestos de buhonería y otros en locales especiales donde el vendedor va y escoge la mercancía que sea de alta movilidad. Este negocio incluye: libros de autoayuda, escritores del boom latinoamericano, música, películas de estreno, películas para adultos, programas para PC y juegos de video para computadora y para estaciones de video comercial. Dada la ausencia de estadísticas es imposible calcular con exactitud las pérdidas, pero que se sabe son por millones de dólares anuales.
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aparecen, que realizan ganancias y desaparecen por un tiempo para reaparecer en los mismos lugares y volver a ejercer su negocio hasta que de nuevo acumulan el dinero que requieren para volver a desaparecer. El emporio buhoneril: Quizá sea el caso más curioso. Se trata de un personaje que tiene un grupo importante de puestos de venta, esto le permite adquirir mercancías a crédito, comprar elevados volúmenes y por supuesto tener una ventaja que no tienen otros buhoneros, representada en bajos costos. Aunque como se explica más adelante, la mayor ventaja en costos, no se materializa en precios competitivos en la buhonería. Estos buhoneros usan elementos de alta tecnología como son los celulares, para conformar cheques y tarjetas de crédito, y en casos extremos, como es la temporada decembrina, algunos de estos buhoneros atados a negocios formales hacen uso de puntos de venta para pagos en línea con tarjetas de crédito y débito conectados a un teléfono fijo. Telefonía buhoneril: Antes de arrancar el servicio de telefonía fija, se podía ver en las cercanías de los teléfonos públicos letreros que anunciaban el alquiler de tarjetas para hacer llamadas telefónicas, de acuerdo a una tarifa fija: cargo fijo y cargo por consumo. Hoy, que el mundo de las telecomunicaciones ha ampliado su gama de servicios, se ofrecen llamadas a las diferentes compañías de celular y llamadas de larga distancia nacional e internacional. De estos puestos algunos obtienen su energía eléctrica del local comercial que tienen al frente (alguien tiene que ser titular de las unidades de telefonía), otros (más infor-
males) roban la energía de las tanquillas y postes eléctricos de las aceras.
Más cerca del consumidor
Quizá el verdadero éxito de esta forma de negocio es su cercanía al consumidor, ya que mientras el potencial comprador camina, tiene la oportunidad de ver los productos y al incentivar las necesidades, los adquiere. Sin embargo, no es una panacea en términos de mercado, debido a que sus precios son tan elevados o quizá mayores a los que ofrecen las tiendas, a pesar que sus costos son, incluyendo los impuestos, sustancialmente más bajos. Hoy, los buhoneros también han aprendido técnicas de mercadeo y se han especializado en una sola rama de mercaderías, incluso puede observarse que, cuando un mismo buhonero quiere manejar dos ramos, hace uso de dos puestos dedicando cada uno a la rama de negocios que corresponde. Hay sectores como el boulevard de Catia y la Avenida Sucre de la misma parroquia en los que para ser buhonero, el personaje debe ser aceptado por los otros vendedores. Por ello, aunque los puestos de venta se traspasan a precios importantes, los compradores deben someterse a la aceptación de sus compañeros de zona. En estas mismas zonas los buhoneros tienen organizaciones que los institucionalizan y que tienen funciones específicas como cobrar cuotas fijas para la vigilancia, el soborno de autoridades y otros gastos que se constituyen de una especie toda una gama de “servicios” para permitirse funcionar sin tener que enfrentarse a problemas.
Social
La cadena de distribución
Uno de las mayores interrogantes que suscita el negocio buhoneril, es quién suple a estos agentes económicos informales. Pues precisamente los mismos mayoristas, quienes ofrecen sus mercancías a los comerciantes formales de la plaza. Hay que tener claro que, cuando las compras de los buhoneros son de bajo volumen se realizan muchas operaciones de “contado”, debido a que mayormente no permanecen en un mismo lugar, lo que impide que se les otorguen créditos. Muy pocos buhoneros tienen la posibilidad de financiar la compra de sus mercancías y de obtener descuentos importantes por la compra de elevadas cantidades.
De solución a problema
En los inicios de este gobierno, la buhonería se había convertido en una de las grandes soluciones alternativas al problema económico, así como el eje Orinoco Apure, los conucos en los
techos de los ranchos y los gallineros verticales. Era la materialización del ideario de Simón Rodríguez: "Inventamos o erramos", pero poco a poco se convirtió en inventar y errar al mismo tiempo. Hasta 2001 la buhonería representaba un negocio atractivo, por lo medianamente rentable y porque se había convertido en una salida al problema del desempleo. Tener un puesto de ventas significaba ingresos, sin la sujeción "formal" a un horario de trabajo y a una disciplina corporativa. El comercio informal creció de manera importante, pero dada la profundización de la crisis en 2002, la caída de los ingresos que padecen los consumidores ha convertido a la buhonería en un centro de frustraciones más. La buhonería ha pasado violentamente de ser una solución a un problema. Quizá ahora, para seguir inventando reediten el trueque, para que los buhoneros se puedan mantener intercambiando mercancías.
Daniel Lahoud