Funcionalidad e intervencionismo en la danza tradicional catalana por M

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Funcionalidad e intervencionismo en la danza tradicional catalana por M. Antònia Juan i Nebot [La comunicación presentada en el 1er. Congreso de la SIbE tenía como punto de partida la visualización de cinco fragmentos en video de igual número de danzas catalanas consideradas todas ellas, en un u otro aspecto, patrimonio tradicional. Estas danzas tienen en común -excepto la primera- que se bailan en sus localidades respectivas en un día fijo del calendario local]. Conscientes de que la noticia escrita sobre estas danzas difícilmente puede sustituir la imagen videográfica, hemos optado, a pesar de ello, a dar una relación de estas danzas acompañada de algunas informaciones sumarias referidas al tema de esta comunicación. 1 - TORTOSA: Jota con "dolçaina" y tambor. Danza festiva recuperada, bailada por un grupo de danza local, y por tanto cerrada y que requiere ser ensayada. 2 - FALS: Ball de l'Almorratxa. Danza cerimonial recuperada. Baila una sola pareja de la localidad es la que está más próxima a la boda. Danza cerrada y que requiere ser ensayada. 3 - OGASSA: Ball de la Maniera. Danza recuperada, actualmente bailada por niños y niñas de la localidad, parcialmente cerrada y que requiere ser ensayada. Antiguamente era bailada con ciertas dosis de picardía- por los chicos y chicas jóvenes de la localidad. 4 - TOSSA DE MAR: Ses nou sardanes. Danza viva de participación abierta, de diversión y que no requiere ensayada. 5 - LLORET DE MAR: Ball de Plaça. Danza viva cerimonial. Cerrada y que requiere ser ensayada. La danza es un medio de comunicación gestual personal y colectivo. En un primer nivel de relación, la comunicación se establece entre el individuo y el resto de bailadores que participan en el baile, y en un segundo nivel la relación se establece entre el grupo de bailadores y los que observan el baile sin participar de él. Así pues, la función social del baile como elemento de comunicación es una parte importante de su propia razón de ser. En consecuencia, es fácil suponer que, cualquier intervención ejercida sobre una danza deberá incidir de forma substancial en los dos aspectos citados anteriormente: la danza como sistema de comunicación -entre danzantes, y de estos con la sociedad- y su propia y más específica funcionalidad dentro del contexto social. Dos de los elementos, aparentemente secundarios en la danza, como son el marco físico donde ésta se desarrolla y la indumentaria de los danzantes pueden ser altamente reveladores de ciertos niveles de intervención ejercidos sobre la ser que danza, entendiendo por intervención cualquier modificación hecha desde fuera de la propia danza. El traspaso de una danza bailada en medio de una plaza a un escenario -aunque éste sea en la misma plaza- modifica considerablemente los códigos del lenguaje gestual de aquella danza. Asimismo, la fijación de la indumentaria en modelos que se suponen del pasado con el intento de reflejar lo que fue, puede impedir a la danza expresar un mensaje vivo y directo a la sociedad actual. Haciendo, en este aspecto, las oportunas excepciones en aquellas danzas que por razones prácticas utilizan de forma -en algunos casos- secular una indumentaria específica, como puede ser, por ejemplo, las danzas de palos. La recuperación de una danza implica la posibilidad de infinitas modificaciones/intervenciones sobre la misma, más o menos justificadas en algunos casos, más o menos gratuitas en otros, puesto que el modelo directo no existe, y la recuperación -en el fondo y en la forma- debe basarse en referencias documentales o de transmisión oral que raramente son o pueden ser sometidas a crítica. Pero la recuperación -de danzas y demás manifestaciones consideradas pertenecientes a la cultura tradicional- ocupa un lugar importante en algunos sectores de la sociedad catalana actual. En términos generales la intervención -o recuperación- de una danza suele producirse por un afán proteccionista sobre aquella danza. Y, en este afán proteccionista, la procedencia de las intervenciones acostumbran a provenir de poderes institucionales (de entidad diversa), de expertos (en folklore, en música, en danza, ...), y en algunos casos del mismo pueblo (cuando una danza es recuperada después de un largo periodo de inactividad, los parámetros funcionales de la misma aparecen substancialmente modificados, en este caso el pueblo o comunidad pasa a ejercer su influencia desde fuera de la propia danza al haberse interrumpido la normal evolución funcional, y en algunos casos substituido por nuevos contenidos). Las diferencias que se establecen entre una danza viva y una danza recuperada pueden observarse en el grado de fijación o de variación de los componentes de la propia danza (indumentaria, coreografía, música, funcionalidad, etc.) Una danza recuperada, es decir, que ha sufrido un elevado grado de intervención, implica la fijación de algún o algunos de sus elementos, o sea, la no variación o no modificación paralela a los cambios de la sociedad. Ello puede conducir a un empobrecimiento funcional -en relación a la funcionalidad inicial- o a la aparición de nuevas funcionalidades en substitución de otras anteriores. La preservación de la forma y de la estética (indumentaria, musical, coreográfica) aparece como parte importante en la recuperación. En la danza viva, es decir, que se ha mantenido activa sin perder el contacto con su propia sociedad, la variación o modificaciones se suceden paralelas a la evolución del contexto social. Esta evolución-actualización constante puede significar el empobrecimiento o enriquecimiento de determinados elementos (música, coreografía, indumentaria) según las épocas y la valoración social por las que atraviese dicha danza. En la danza viva lo que acostumbra a permanecer son los contenidos funcionales que la sociedad asigna a dicha danza (rituales, cerimoniales, etc). La contraposición de los terminos "variación"-"permanencia" aparecen relacionados de forma inversa en las danzas consideradas vivas y las que han sido intervenidas o recuperadas. Así pués, la permanencia de aquellos elementos internos o funcionales de la danza viva contrasta, a menudo, con la aparente fragilidad o facilidad con que pueden ser modificados aspectos más visibles de la misma. En la danza recuperada se invierten los terminos y el mantenimiento de los elementos externos o más visibles puede esconder la fragilidad de unos contenidos funcionales que deberían ser analizados ya desde el momento de la recuperación. En último extremo la gradación que en unas y otras danzas -vivas o recuperadaspueda darse en los aspectos antes citados llenará de matices la valoración individualizada de cada danza.

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