SEGUNDA PARTE: IMPERIALISMO, FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO.
Tema 4. La teoría leninista del imperialismo. Conferencia 1 Sumario: De la libre competencia a la formación del monopolio. La formación del capital financiero.
Bibliografía: Colectivo de autores, Lecciones de economía política del capitalismo, Tomo 2, 1ra parte, cap. 12 y 13, pp. 7-41. Del Llano, El imperialismo: capitalismo monopolista, cap.1 y 2, pp. 39-170. V.I.Lenin, El Imperialismo, fase superior del capitalismo, § I, II y III. Manual de Economía Política, cap. XIV, pp. 466-490.
Contenido: A mediados del siglo XIX, comienzan a producirse importantes transformaciones en el campo de la ciencia y la técnica con un gran impacto en la esfera de la producción: aumenta la construcción de ferrocarriles, crece el transporte marítimo, todo lo cual favorece a la expansión del comercio, estrechando los vínculos entre los distintos países. Asimismo, se desarrolla la industria de la siderurgia, observándose un incremento importante en la fundición del acero, la elaboración del mineral hierro y la extracción de carbón, entre otros; se perfecciona el motor de combustión interna, llamado Diesel, con lo que se incrementa considerablemente la demanda de petróleo y por tanto, de su producción; surge la máquina excavadora en 1873 y en 1886, se descubre el principio de transformación de la energía mecánica en energía eléctrica; se desarrolla la industria química lo cual impulsa el desarrollo de la agronomía y se crean, entre otros inventos, el teléfono y el cinematógrafo. Estos descubrimientos de la época, y muchos otros, implicaron un importante crecimiento en la producción industrial y, a la vez, grandes cambios en la industria, pasándose de la industria ligera, en particular la textil, a la industria pesada. Para ello se requería de grandes empresas con grandes capitales y esto dio lugar a que los capitalistas se fueran uniendo, originando las sociedades anónimas, sobre lo cual Marx escribió: “Aún no existirían ferrocarriles si para ello hubiera habido que aguardar a que la acumulación permitiese a unos cuantos capitalistas individuales acometer la construcción de vías férreas. La centralización lo consiguió en un abrir y cerrar los ojos, gracias a las sociedades anónimas.” Por otra parte, el modo de producción capitalista se va extendiendo al resto de los países, desarrollándose el sistema capitalista de economía mundial: entre 1861 y 1865, tiene lugar
en Estados Unidos la guerra de secesión, entre los estados del norte y del sur, eliminándose oficialmente la esclavitud; entre 1855 y 1881, gobierna en Rusia el reinado de Alejandro II, llamado el zar libertador quien, después de que moderara el régimen autocrático, procedió a la reforma de la administración y a la emancipación de los siervos; entre 1860 y 1870, se produce la revolución burguesa en Japón y también en estos años, tiene lugar en Alemania e Italia la unificación de los pequeños estados y principados feudales en grandes estados nacionales, sentados sobre bases burguesas. Todos estos acontecimientos demuestran el desarrollo experimentado por el capitalismo en las últimas décadas del siglo XIX y primeros años del siglo XX, los que lógicamente provocaron grandes cambios en él, dando origen a una nueva fase del sistema, el imperialismo, la cual estudiaremos a partir de este capítulo. De la libre competencia a la formación del monopolio. En el capitalismo de libre concurrencia que acabamos de estudiar, vimos que la producción de cada mercancía se efectuaba en gran cantidad de empresas propiedad de capitalistas que no se conocían y que intentaban vender en un mercado que no dominaban; ningún capitalista o grupo de capitalista lograba imponer sus condiciones a los demás, sino que la introducción de la nueva técnica como base para obtener costos de producción más bajos era lo fundamental para estar en condiciones de vender y obtener ganancias extraordinarias. Por tanto, aquellos que no podían competir terminaban por desaparecer, ocupando su lugar en el mercado las empresas que habían adquirido una mayor magnitud y un grado de competitividad más elevado. De esta manera, las empresas de mayor magnitud, al disponer del capital necesario, ya sea por la vía de la concentración que sabemos que se logra por medio de la acumulación de parte de la plusvalía extraída a los obreros o a través de la centralización, que no es más que la reunión de varios capitales ya existentes en uno de mayor magnitud o por una combinación de ambos procesos, estarán en mejores condiciones para apropiarse y utilizar, antes que sus competidores, los adelantos de la ciencia y la técnica, producir mayor cantidad de mercancías y reducir sus costos de producción, con lo cual se hallan en mejor situación para competir y vencer a sus adversarios en la lucha por el mercado. Así, esta concentración y centralización del capital conlleva a la aparición de un pequeño número de grandes empresas que pasan a controlar la parte fundamental y decisiva de la producción de cada rama o mercancía, imponiendo sus condiciones al resto de los productores. Es decir, ya no son muchos capitalistas dispersos que compiten entre sí en igualdad de condiciones, sino que aparecen grandes empresas que concentran gran cantidad de recursos y, por tanto, de poder, por lo que al ser un número reducido, pueden ponerse de acuerdo y establecer los precios más convenientes, distribuirse los mercados y determinar las condiciones de producción y venta, etc., dando origen a los monopolios. Monopolio: grandes empresas o la unión mediante acuerdos de empresas que concentran en sus manos tal parte en la producción y venta de una o varias mercancías que les permite imponer precios monopolista y obtener grandes ganancias en forma continuada; o sea, que controlan y/o concentran la mayor parte de los medios de producción y de la fuerza de
trabajo empleada y, por consiguiente, de la producción y/o circulación de las mercancías de una o más ramas. Por tanto, luego de un proceso histórico que atravesó por tres etapas fundamentales, surgieron los monopolios. 1) 1860-1870(80): punto culminante de desarrollo de la libre competencia; los monopolios no constituyen más que gérmenes apenas perceptibles. 2) Después de la crisis de 1873 (gran depresión internacional de la industria): gran desarrollo de los cartels, los cuales aún sólo constituyen una excepción, es decir, no son todavía sólidos, aun representan un fenómeno pasajero. 3) Fines del siglo XIX y crisis de 1900-1903: los cartels se convierten en una de las bases de toda la vida económica; el capitalismo de libre concurrencia se ha convertido en imperialismo. De ahí entonces que la aparición del monopolio, debido a la concentración de la producción, sea una ley general y fundamental de la presente fase de desarrollo capitalista y puede fijarse el principio del siglo XX como el momento en que el nuevo capitalismo vino a sustituir definitivamente al viejo. Los datos de aquella época lo demuestran; ha surgido una unidad productora típica, una gran empresa, cuya composición orgánica del capital es mayor a la que existía en el capitalismo de libre concurrencia, por lo que exige grandes sumas para sus necesidades técnicas, las cuales sólo pueden alcanzarse a partir de la unión de capitales. Y al respecto Lenin expresa: “Son precisamente las grandes proporciones de las empresas y su elevado nivel técnico las que traen aparejada la tendencia al monopolio.” Por tanto, esta nueva fase que ha surgido es una respuesta del sistema al desarrollo de las fuerzas productivas, es una adaptación a las nuevas condiciones. Es sólo un cambio en sus relaciones sociales de producción, pero manteniendo la esencia del régimen. Es decir, el imperialismo no constituye una formación económico – social más, sino una fase especial, particular, del desarrollo del modo de producción capitalista. La base económica en ambas fases es la misma, la propiedad capitalista sobre los medios de producción, ya se trate de capitalistas individuales, uniones de capitalistas o del Estado como capitalista colectivo. Los obreros continúan vendiendo su fuerza de trabajo como único medio de subsistencia y la explotación más brutal sigue cayendo sobre ellos, ya que el objetivo directo de la producción sigue siendo la obtención de plusvalía. La contradicción de clase fundamental de la sociedad burguesa no sólo se mantiene, sino que se agudiza extremadamente. Ahora bien. Aunque las empresas monopolistas se constituyen en su mayoría como sociedades anónimas, no por ello cabe pensar que toda sociedad anónima ocupa una posición monopolista. Para lograr tal situación, como ya hemos apuntado, su capital y producción deben representar una parte considerable del capital y la producción de la rama en que desarrollen sus actividades.
Por su parte, la esencia de los monopolios puede ser comprendida a través de los momentos siguientes: 1) Concentración en sus manos de grandes capitales que le garantizan la supremacía sobre los capitalistas pequeños y medianos; 2) Concentración de parte determinante de la producción de una o varias ramas que les asegura la posición dominante en ellas; 3) Posibilidad de dictar los precios al mercado hasta donde es posible en el capitalismo; 4) Apropiación de alta ganancia monopolista en forma continuada, como realización económica del dominio que ejercen. Las formas organizativas que adoptan los monopolios son varias, aunque pueden dividirse en dos grupos fundamentales: los acuerdos temporales para el logro de un objetivo inmediato, entre los que se incluyen los rings, corners, pool o convenciones; y aquellos que consisten en la creación de uniones monopolistas más estables como el cartel, el sindicato, el trust y el consorcio. Cartel: en este, los integrantes mantienen su independencia productiva, comercial y jurídica, concertando diferentes acuerdos como puede ser la política a seguir para imponer sus condiciones en el mercado (precio, cuotas de producción, esferas de venta, condiciones de la propaganda, condiciones para la contratación de obreros y para luchar frente a las demandas de éstos, sobre el intercambio de patentes, etc.). Sindicato: es en el que sus integrantes mantienen la independencia productiva, pero se asocian comercialmente, pues es creada una oficina encargada de comercializar la producción; pierden el vínculo con el comercio; es más duradero que el cartel. Trust: las empresas que lo integran pierden completamente su independencia comercial, jurídica y productiva; ocurre una fusión de la propiedad recibiendo los antiguos propietarios de las empresas, determinado número de acciones y de ganancias (dividendos) por la magnitud del capital aportado. Se unen no sólo empresas que producen similares productos, sino también aquellas que están vinculadas tecnológicamente entre sí. Consorcio: agrupa un complejo de empresas que son formalmente independientes, pero que realmente están controladas a través de algún sistema de dominación (vínculos de propiedad, relaciones de influencia, endeudamiento, etc.) por la empresa madre; son empresas por lo general que pueden no poseer ningún vínculo tecnológico entre sí. Su forma típica de organización es el control financiero, basado en el sistema de participación.
Por otra parte, esta concentración y centralización que hemos estado explicando han seguido, en la fase imperialista, diferentes vías, predominando una sobre otra o coexistiendo simultáneamente, según cada etapa histórica. Así, las formas de concentración de la producción son:
Horizontal: ampliación de la producción en empresas que elaboran productos homogéneos; propia de los primeros años del imperialismo. Vertical: ampliación de la producción en empresas que están vinculadas tecnológicamente entre sí, conformando un ciclo productivo – tecnológico completo; expresa el desarrollo de la concentración a niveles superiores, pues el monopolio extiende sus actividades a otras ramas afines a la original, intentando evitar las crisis. Diversificación: ampliación de la producción en ramas que no guardan ninguna relación tecnológica productiva entre sí; se amplía considerablemente la actividad del monopolio a disímiles sectores como intento de reducir el riesgo y asegurar las ganancias del monopolio. Conglomerados: unión de empresas en ramas y esferas que no mantienen ningún tipo de relación productiva, tecnológica ni funcional; algunos la consideran una variante de la diversificación.
Por último, algunas consideraciones sobre la relación entre monopolio y competencia. Con respecto a ello, es importante destacar en un primer momento que los monopolios que se derivan de la libre concurrencia no eliminan la competencia, sino que existen por encima de ella y a su lado; de hecho, los monopolios necesitan de la competencia para penetrar en sus ramas y en otras y ampliar sus operaciones. Y sobre esto, plantea Marx en Miseria de la Filosofía: “El monopolio engendra la competencia, la competencia engendra el monopolio. Los monopolios compiten entre sí, los competidores pasan a ser monopolistas. La síntesis consiste en que el monopolio no puede mantenerse sino librando continuamente la lucha de competencia.” En el imperialismo, si bien la competencia por medio de los precios no se elimina, esta no constituye la forma fundamental. En esta fase, la competencia tiene lugar en el interior de cada rama, entre ramas diferentes, a nivel de la economía nacional y por el mercado mundial. En el caso de la primera, o sea al interior de cada rama, la competencia puede darse en el interior de los monopolios, la cual se presenta como la lucha por aumentar su cuota o disminuir los precios, así como con relación a la técnica, entre otras; entre los monopolios y los outsiders, que son aquellas empresas grandes o pequeñas que existen en una rama determinada y producen en ella, sin formar parte de los monopolios; y entre los diversos monopolios. En cuanto al segundo caso, es decir, la competencia entre las distintas ramas, podrían mencionarse la competencia vertical, la competencia entre los que producen artículos sustituibles unos por otros y la competencia por el dólar del consumidor. Finalmente, entre otras formas de competencia se encuentran la competencia por las patentes y resultados de las investigaciones científico - técnicas, por conquistar las
posiciones claves en el Estado, por el mercado internacional y la competencia de calidad, entre otras. Así, podemos concluir entonces que en esta nueva fase del sistema capitalista, existe la competencia, pero ya no es libre, sino que ahora es competencia monopolista. Y sobre ello Lenin escribió: “Esto no tiene ya nada que ver con la antigua libre competencia de patronos dispersos que no se conocían y que producían para un mercado ignorado.”
La formación del capital financiero.
Hasta aquí, hemos explicado la formación de los monopolios en la industria. Sin embargo, este fenómeno no ocurre solamente en esta esfera, sino también en los bancos, adquiriendo estos últimos un nuevo papel en la fase imperialista del capitalismo. En los bancos, también se desarrollan los procesos de concentración y centralización del capital, teniendo lugar la concentración del capital bancario por medio del crecimiento del capital propio, a través de la acumulación de parte de las ganancias y del incremento de los depósitos; y la centralización por la competencia, pues al no poder todos los bancos alcanzar su objetivo, tienen que fusionarse unos con otros. Es decir, como resultado del desarrollo del proceso de concentración y centralización del capital, fue surgiendo en cada país capitalista un pequeño número de grandes bancos que reciben la parte fundamental de los depósitos y realizan las principales operaciones bancarias que tiene lugar en el país. Los bancos que no pueden resistir la competencia van desapareciendo o subordinándose a los más grandes con lo que la cantidad total se reduce, destacándose un grupo que incrementa considerablemente sus recursos y controla la mayor parte de los activos bancarios, disponiendo de una extensa red de filiales tanto dentro del país dado, como en las zonas de influencia en el extranjero. Sin embargo, el hecho de que sean un número reducido, no quiere decir que la competencia entre ellos haya terminado. La lucha por la clientela, por ser seleccionados para la constitución de sociedades anónimas y para la emisión de títulos de valor en general, así como para la concertación de empréstitos, etc., no cesa entre los monopolios bancarios, los que, a la vez que compiten, concluyen acuerdos entre sí sobre determinados aspectos de sus actividades. A medida que van aumentando las operaciones bancarias que se concentran en este reducido número de establecimientos, de modestos intermediarios que eran antes se convierten los bancos en monopolistas omnipotentes; y esta transformación de los numerosos y modestos intermediarios en un puñado de monopolistas constituye uno de los procesos fundamentales de la transformación del capitalismo en imperialismo capitalista. En el capitalismo de libre concurrencia, los bancos actuaban como simples intermediarios, que convertían capital inactivo en activo (es decir, capital que rinde beneficios), predominaban los préstamos a corto plazo y las cantidades prestadas eran relativamente pequeñas. Sin embargo, en el imperialismo, cuando las operaciones dejan de ser casuales, sino que crecen vertiginosamente, el banco queda en condiciones, primero, de conocer con exactitud la situación de los distintos capitalistas; luego, de controlarlos, de ejercer
influencia sobre ellos mediante la ampliación o la restauración del crédito, facilitándolo o dificultándolo y, por último, de decidir enteramente se destino, determinar su rentabilidad, privarlos de capital o permitirles acrecentarlo rápidamente y en proporciones inmensas. Como puede observarse, cada vez es más completa la dependencia del capital industrial con respecto a los bancos, los cuales comienzan a adquirir acciones en aquellas unidades que más le interesen, con lo que, al convertirse en copropietarios de empresas industriales, van penetrando en la esfera de la producción. Por su parte, los capitalistas que invierten en la industria, también están interesados en penetrar en las actividades bancarias para asegurar la satisfacción de sus necesidades, como por ejemplo, los créditos que requieren o la colocación de sus emisiones de títulos de valor. Por esta razón, al ser la mayor parte de los bancos sociedades anónimas, las grandes empresas tienen la posibilidad de adquirir parte de sus acciones, convirtiéndose así en copropietarios de los bancos. De esta manera, si antes en el capitalismo premonopolista, los propietarios de los bancos y los propietarios industriales tenían delimitadas sus esferas de inversión y cada uno recibía la ganancia correspondiente, ahora, en las condiciones del imperialismo y como resultado del mutuo proceso de penetración ya analizado, los banqueros se convierten en industriales y los industriales en banqueros. Ambos tipos de capitales se fusionan en cuanto a la propiedad y, por consiguiente, en la obtención de ganancias. Este proceso de fusión es resultado del desarrollo de las fuerzas productivas que condujo al surgimiento de la fase imperialista del modo de producción capitalista. Sobre su base surge un nuevo tipo de capital, el capital financiero. Capital financiero: surge únicamente cuando existen ya los monopolios industriales y los monopolios bancarios y ambos se unen al unirse sus capitales bajo propiedad única. Es una categoría propia del imperialismo y expresa no a uno de ambos tipos de capital o monopolio por separado, sino a la fusión de ambos que da vida a esta nueva forma de capital que reúne, agrupa, a ambos como un todo único, concentración de la producción; monopolios que se derivan de ella, fusión o entrelazamiento de los bancos con la industria. Este capital financiero puede formarse ya sea mediante la penetración del capital bancario en la industria o mediante la penetración del capital industrial en la esfera bancaria. Ahora bien. El hecho de que el capital financiero sea la fusión del capital industrial y del bancario, no significa la desaparición de ambos tipos de capitales ni la fusión de las actividades que ellos representan. Los bancos continúan ocupándose de sus operaciones habituales e igual ocurre con la industria. El capital financiero expresa un hecho real de la vida económica imperialista: el que la propiedad sobre los bancos y las industrias, fundamentalmente mediante la posesión del paquete de control de las acciones de éstas, se concentra en un pequeño número de grandes capitalistas que establecen su dominio en ambas esferas. Ello ocurre además, independientemente de que las empresas industriales tengan que recurrir a los bancos para solicitar mayor o menor cantidad de recursos en calidad de préstamos, porque aumente o disminuya su capacidad de autofinanciarse. Lo
esencial, viene dado por la fusión de la propiedad, gracias al control de las acciones requeridas para ello y la obtención, sobre tal base de altas ganancias monopolistas en ambas esferas por un reducido grupo de monopolistas del capital financiero, capitalistas que no se detienen aquí, sino que penetran en todas las demás esferas de la actividad económica. Por otra parte, nos parece importante comentar que no son los bancos las únicas instituciones movilizadoras de recursos ajenos. Con el imperialismo y sobre todo después de la crisis económica de 1929-1933, surgieron o se desarrollaron diversas instituciones crediticio – financieras que acrecentaron sus actividades a partir de la Segunda Guerra Mundial. Estas instituciones complementan el papel de los bancos como movilizadoras de recursos monetarios a través de capas sociales de la población, reuniendo sumas cuantiosas que pasan a disposición de los magnates del capital financiero. Estas instituciones del capital de préstamo, entre las que se encuentran las compañías de seguro, los fondos de pensiones y retiros, las compañías o trust de inversiones, los trusts departments de los bancos y los fondos benéficos, tienen entre sus objetivos básicos, la concentración de la mayor cantidad posible de recursos monetarios de toda la población; conceder préstamos a las empresas industriales, comerciales, etc. y al Estado y propiciar un amplio movimiento del capital ficticio. Como ya hemos visto, la concentración de la producción originó los monopolios en la industria y sirvió de base para el surgimiento de los monopolios bancarios. El poder del capital monopolista se acrecienta con la fusión de los monopolios industriales y bancarios en manos de un puñado de grandes magnates que conquistan las posiciones dominantes en la vida económica y política de los países imperialistas y extienden sus tentáculos hacia el resto del mundo. Los poseedores del capital financiero constituyen un pequeño número de grandes magnates que forman el núcleo central de la oligarquía financiera en cada país. Así, la oligarquía financiera está integrada por diferentes grupos que concentran tanto el poder económico, como político de sus países y constituye una nueva forma de dominación que abarca empresas industriales, comerciales, bancos, compañías de seguros, transporte, etc. La forma específica de los grupos financieros está determinada por las condiciones concretas de cada país imperialista. Pueden partir de la unión de los intereses de los miembros de una familia o de varias familias o surgir como resultado de la unión de los mayores capitalistas de una región dada. El núcleo dirigente del grupo puede ser uno o alguno de los bancos unidos entre sí, un monopolio industrial, una compañías de seguros. El grupo financiero establece su control sobre empresas que realizan operaciones en diferentes esferas y que externamente aparecen como independiente tanto por su actividad, como por sus propietarios. Este constituye el nivel superior de monopolización de la producción y, a su vez, el centro fundamental del poder económico y político de un país. Al respecto, Lenin escribió: “Una oligarquía financiera tiende una espesa red de relaciones de dependencia sobre todas las instituciones económicas y políticas de la sociedad burguesa contemporánea sin excepción.”
Tema 4. La teoría leninista del imperialismo (cont.). Conferencia 2 Sumario: La exportación de capitales. El reparto económico y territorial del mundo. La ganancia y el precio monopolistas. El imperialismo, fase superior del capitalismo.
Bibliografía: Colectivo de autores, Lecciones de economía política del capitalismo, Tomo 2, 1ra parte, cap. 14, pp. 43-76 y cap. 20 y 21, pp. 267-329 Del Llano, El imperialismo: capitalismo monopolista, cap.3-5, pp. 171-242 y cap. 8, pp. 307-384. V.I.Lenin, El Imperialismo, fase superior del capitalismo, § IV-X. Manual de Economía Política, cap. XV y XVI, pp. 491-543 y cap. XX, pp. 621-645.
Contenido: La exportación de capitales. Como ya hemos explicado, el desarrollo del proceso de concentración de la producción originó el surgimiento de los monopolios y la transformación del capitalismo premonopolista en imperialismo. Estos monopolios tienen como objetivo principal obtener la superganancia monopolista, lo cual conlleva al crecimiento de las posibilidades de la acumulación que deriva en el aumento del volumen de las empresas y al incremento de la cantidad de mercancías. Sin embargo, los que tienen que consumir esa gran producción son, en fin de cuentas, los trabajadores que, al ser explotados de manera creciente, se les reduce, en forma relativa, su capacidad de consumo. De esta manera se agudizan las contradicciones de la realización en el mercado interno y a los capitalistas, al no invertir en nuevas empresas en la rama dada o en la ampliación de las ya existentes, para que ello no contribuya a agudizar en mayor medida el problema de la venta de mercancías, les queda dinero libre. Por otra parte, la monopolización de las principales ramas de la economía hace que los monopolios que dominan en una dificulten la entrada a ellas de capitales ajenos, o sea, de nuevos capitales, por temor a la competencia y a las consecuencias que de ella se derivan. Estos dos fenómenos expuestos propician el excedente de capital en aquellos países económicamente más avanzados, teniendo en cuenta que su inversión interna no garantiza a los monopolios las altas ganancias que persiguen. Así, los capitalistas que no se resignan a mantener inactivos esos medios que no les conviene invertir en el país de origen, bu scan el lugar donde estos puedan encontrar amplio campo para su acción, escogiendo a los países
económicamente más atrasados para colocar en ellos su capital excedente, dando lugar a otro rasgo esencial del capitalismo monopolista, la exportación de capitales. Y esta exportación de capitales a los países más atrasados garantiza las altas ganancias monopolistas entre otras causas, por la débil organización de la clase obrera y el bajo nivel de vida imperante, así como la poca demanda de fuerza de trabajo por parte del capital nacional, todo lo cual hace que los salarios sean extremadamente bajos; la existencia de grandes recursos naturales que pone a la disposición de los monopolios amplias fuentes de materias primas, las que pueden ser explotadas con fuerza de trabajo nativa y barata; y la estructura de las ramas que los monopolios desarrollan en estos países, fundamentalmente la industria extractiva y la abundancia de fuerza de trabajo barata, que hacen que la composición orgánica del capital sea bastante baja, contribuyendo así a la formación de una cuota de ganancia más elevada. Ahora bien. El hecho de que la exportación de capitales sea lo típico en el imperialismo y no la exportación de mercancías, como ocurría en el capitalismo premonopolista, no significa que ésta disminuya o deje de tener importancia, por el contrario, aumenta considerablemente. Significa que n esta nueva fase el papel principal en el enriquecimiento de la burguesía monopolista a costa de los demás países lo pasó a jugar la exportación de capitales y que, por tanto, su ritmo de crecimiento superó con creces al de exportación de mercancías. Esta exportación de capitales puede realizarse a través de dos formas fundamentales: el capital productivo, capital en funciones o capital de inversión, que es aquel que se exporta para crear empresas en el país que lo recibe, para adquirir las ya existentes, para invertirse conjuntamente con capital local en la creación de nuevas empresas o para participar en las que ya funcionan en el país dado. Estas empresas por lo general se constituyen como sociedades anónimas y las ganancias que se obtendrán no se conocen de antemano, no constituyen un porcentaje fijo, sino que dependen del resultado de sus actividades. Y a través del capital de préstamo, es decir, mediante la concesión de préstamos al gobierno, a los bancos o a empresas de otro país. En este caso, sí se conoce de antemano la utilidad que proporcionará el capital exportado, teniendo en cuenta que devengará un interés el cual es fijado en el momento de concederse el préstamo. Asimismo, este capital que se exporta puede ser capital privado, cuando es propiedad de los monopolios privados o capital estatal, cuando es exportado por el Estado. El reparto económico y territorial del mundo. Como resultado del alto grado de concentración de la producción y del capital y la internacionalización de las relaciones económicas, los monopolios pueden superar los límites de su propio país y pasar a desarrollar actividades en otros. Al chocar con sus competidores, se desarrolla la tendencia a los acuerdos que propician el reparto económico del mundo entre los monopolios de diferentes países.
Este reparto económico del mundo, el cual se ve constantemente estimulado por la exportación de capitales, al ésta no solamente propiciar altas ganancias, sino también facilitar la obtención de esferas de influencia para los monopolios del país que marcha a la cabeza de las inversiones o préstamos a cualquier otros, se logra mediante acuerdos que pueden incluir la distribución de los mercados de venta, las fuentes de materia prima, los centros más apropiados para la exportación de capital hacia ellos, el uso mutuo de los descubrimientos y logros científicos, así como una política común frente a los no participantes en los acuerdos. Así, al existir varios puntos que pueden ser objeto de arreglo para evitar la competencia entre ellos, surgen y se desarrollan los monopolios internacionales, cuyo objetivo central está constituido por la elevación de sus ganancias al máximo por medio de la creación de las condiciones que lo hagan posible. Monopolio internacional: unión, mediante acuerdos diversos de firmas de más de un país que poseen, en conjunto, potencia suficiente para dominar en determinada rama o ramas y, por consiguiente, en el mercado de varios países, gracias a lo cual se crean condiciones para que obtengan altas ganancias como realización económica de su situación monopolista. Aunque existe una clasificación conceptual de los tipos de monopolios internacionales, dividiéndose éstos en transnacionales y multinacionales, definiéndose los primeros como aquellos monopolios cuyo centro básico se encuentra en un país dado pero que tienen empresas en otros, es decir, monopolios nacionales por la propiedad, pero internacionales por su actividad; y los segundos como aquellos monopolios cuyos propietarios fundamentales son capitalistas de más de un país y cuya actividad también abarca, por lo general, a varios países, es decir, que son internacionales por su propiedad y actividad, en la literatura especializada en algunas ocasiones se utilizan indistintamente y en otras se definen de acuerdo a criterios específicos del autor. Ahora bien. Con este reparto económico, se van estableciendo relaciones entre los Estados, los grupos políticos, lo cual da lugar al reparto territorial del mundo por parte de las principales potencias imperialistas y, por consiguiente, del proceso de colonización y la lucha por conquistar nuevas colonias; quedando, de esta manera, definitivamente repartido el mundo. Y al respecto Lenin escribió: “El rasgo característico del periodo que nos ocupa es el reparto definitivo del planeta, definitivo en el sentido de que sea imposible repartirlo de nuevo, al contrario, nuevos repartos son posibles e inevitables, sino en el que la política colonial de los países capitalistas ha terminado ya la conquista de todas las tierras no ocupadas que había en nuestro planeta. Por vez primera, el mundo se encuentra ya repartido, de modo que lo que en adelante puede efectuarse son únicamente nuevos repartos, es decir, el paso de territorios ocupados de una «propietario» a otro y no el paso de un territorio sin propietario a un «dueño».” La ganancia y el precio monopolistas.
En la fase imperialista del modo de producción capitalista que estamos analizando, existe una serie de factores que, en su conjunto, constituyen una fuerte barrera a la libre e ilimitada movilidad de los capitales de unas ramas a otras de la economía, al estilo del comportamiento de este fenómeno en las condiciones del capitalismo premonopolista e impiden, por tanto, la formación de una cuota media general de ganancia a nivel de toda la sociedad. Entre estos, pueden citarse:
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el alto nivel de concentración del capital y la producción que se erige en base material del surgimiento de los monopolios, así como el que continúa desarrollándose una vez que aparecen y proliferan los mismos; el cambio cualitativo que se opera en la composición técnica del capital caracterizado ahora por un elevado incremento del peso específico del capital fijo dentro de la misma, unido a la monopolización de las condiciones de la producción y la circulación capitalista; y la existencia de diferentes niveles técnico – organizativos y de desarrollo de la propiedad capitalista, que oscilan desde las diferentes gamas de existencia y desarrollo de la propiedad monopolista.
De esta manera, el dominio de los monopolios, como esencia económica del imperialismo y esencia de segundo orden del sistema capitalista para esta fase, condiciona una diferente y superior forma de manifestación, tanto desde el punto de vista cuantitativo como cualitativo, de la esencia económica de primer orden y general del sistema capitalista: la producción de plusvalía, constituida en Ley Económica Fundamental de este modo de producción. Si bien para las condiciones del capitalismo premonopolista la Ley de la plusvalía se manifestaba y realizaba bajo la forma de Ley de la ganancia media, ahora bajo las condiciones del imperialismo, se manifiesta y realiza bajo la forma de Ley de la ganancia monopolista, en tanto, con independencia de si desde los primeros o en cualquiera de los momentos de desarrollo de esta nueva fase del capitalismo, predomina o no la propiedad y el sector monopolista, desde el punto de vista cualitativo, sí domina dicha forma de propiedad, realizándose la misma –entre otros aspectos- mediante la producción, realización y disfrute de la ganancia monopolista. De ahí entonces que podamos decir que el contenido económico de la ganancia monopolista, desde el punto de vista cualitativo, radica en ser la forma en que se realiza económicamente el dominio de los monopolios y la Ley Económica Fundamental del sistema, -en la producción y la circulación capitalsta- como esencias económicas respectivas de diferente orden del modo de producción capitalista en el imperialismo, expresando un amplio sistema de relaciones de explotación ejercida por la burguesía monopolista. La ganancia monopolista expresa relaciones de explotación de los obreros asalariados por parte del capital monopolista, así como también, relaciones de sometimiento del capital no monopolista y de los pequeños productores mercantiles, valiéndose para ello de diversos mecanismos, basados en la coerción económica y/o extraeconómica, dentro de los cuales se destaca por su importancia, el sistema de precios monopolistas.
Por su parte, el precio monopolista es el resultado de la monopolización de las condiciones de producción y realización de las mercancías de un tipo dado, siendo estas condiciones premisas necesarias para el surgimiento de los precios monopolistas; mientras mayor sea el grado de monopolización, mayor será la posibilidad de que surjan y se hagan más estables en el espacio y el tiempo, los precios de monopolio y las altas ganancias monopolistas que de ellos se derivan. Así, si bien los monopolios aparecen como una forma de solución de las contradicciones asociadas a la realización de la Ley económica fundamental acusadas en el comportamiento de la cuota de ganancia, los precios monopolistas se presentan como el mecanismo fundamental en la búsqueda de movimiento a tales contradicciones. Por último, entre las características que tipifican al precio monopolista en el imperialismo, se encuentran: 1. Éste deja de ser un fenómeno fortuito, limitado e inestable, tal como se manifestaba en el proceso espontáneo de formación de los precios en el capitalismo premonopolista, para convertirse en una regularidad, en un fenómeno cualitativamente nuevo, derivado de la propia esencia del imperialismo. 2. Si bien el precio de monopolio que se formaba bajo las condiciones del capitalismo premonopolista no se constituía en factor determinante en el proceso de obtención de la ganancia media, bajo las condiciones del imperialismo se convierte en una condición sine qua non de la obtención de las ganancias monopolistas y de la reproducción del sistema de las relaciones sociales de producción del capital monopolista. 3. Si bien en el capitalismo premonopolista, el precio de monopolio se manifestaba de cierta forma al margen de los medios y los métodos de la competencia, bajo las condiciones del imperialismo, y particularmente en toda la primera gran parte de desarrollo de esta nueva fase del capitalismo, el precio monopolista de establece en el contexto del sistema de la competencia monopolista que se libra en el imperialismo. 4. Si en el capitalismo de libre competencia, el precio de monopolio, por tratarse de un fenómeno aislado bajo condiciones especiales, garantizaba una reproducción excepcional de un capital individual, el precio de monopolio en el imperialismo cumple la función fundamental de garantizar niveles elevados de obtención de la ganancia monopolista, para lo cual necesita comportarse de tal forma que garantice la realización de la plusvalía materializada en las mercancías, pero al propio tiempo garantice una redistribución del nuevo valor creado a nivel de toda la sociedad (v + p) a favor del capital monopolista, sin dejar de tener en cuenta las exigencias que desde el punto de vista de la producción impone la ley del valor. 5. El precio de monopolio del capitalismo premonopolista se establecía en medio del reino de la espontaneidad del mercado y existía siempre como un alto precio de monopolio, como un precio, aunque aislado, desviado de manera estable por encima del valor y del precio de producción. el precio de monopolio va manifestándose en el imperialismo
como alto y bajo precio monopolista, o sea, bajo formas aparentemente contradictorias, pero que responden a un mismo objetivo, si tomamos en consideración que, por lo general, el alto precio monopolista es establecido por los monopolios para la realización de sus mercancías, mientras que el bajo precio monopolista es establecido para las mercancía compradas por los monopolios. El imperialismo, fase superior del capitalismo. El imperialismo no constituye una formación económico – social más, sino una fase especial, particular del modo de producción capitalista. La base económica en ambas fases es la misma: la propiedad capitalista sobre los medios de producción, ya se trate de capitalistas individuales, uniones de capitalistas o del Estado como capitalista colectivo. Los obreros continúan vendiendo su fuerza de trabajo como único medio de subsistencia y la explotación más brutal sigue cayendo sobre ellos, ya que el objetivo directo de la producción sigue siendo la obtención de plusvalía. La contradicción fundamental de clase de la sociedad burguesa no sólo se mantiene, sino que se agudiza extremadamente. El capitalismo se trocó en imperialismo capitalista únicamente al llegar a un grado muy elevado de desarrollo, cuando algunas de sus características fundamentales comenzaron a convertirse en su antítesis, cuando tomaron cuerpo y se manifestaron en toda la línea los rasgos de la época de transición del capitalismo a una estructura económica y social más elevada. Lo que hay de fundamental en este proceso, desde el punto de vista económico, es la sustitución de la libre competencia capitalista por los monopolios capitalistas. Así, podríamos definir el imperialismo como la fase monopolista del capitalismo, cuyos cinco rasgos fundamentales son: 1) la concentración de la producción y del capital ha llegado hasta un grado tan elevado de desarrollo que ha creado los monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica; 2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este capital financiero, de la oligarquía financiera; 3) la exportación de capitales a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particularmente grande; 4) la formación de asociaciones internacionales de capitalistas, las cuales se reparten el mundo y 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes. El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en que ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido señalada importancia la exportación de capitales, empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y terminado el reparto de toda la tierra entre los países capitalista más importantes. Tema 5. Internacionalización de la economía capitalista. Países Desarrollados. Conferencia 1
Sumario: Transformación del Capitalismo Monopolista en Capitalismo Monopolista de Estado: posibilidad y necesidad de su surgimiento. Crisis de la regulación monopolista privada y su sustitución por la regulación monopolista estatal. La teoría keynesiana como base teórica y metodológica.
Bibliografía: Colectivo de autores, Lecciones de economía política del capitalismo, Tomo 2, 1ra parte, cap. 15, pp. 129-140 y 2da parte, cap. 27, pp. 425-459. Del Llano, El imperialismo: capitalismo monopolista, cap. 6, pp. 245-285. Manual de Economía Política, cap. XVIII, pp. 568-592.
Contenido:
Transformación del Capitalismo Monopolista en Capitalismo Monopolista de Estado:
posibilidad y necesidad de su surgimiento. En su desarrollo histórico, la humanidad ha conocido diferentes periodos en los cuales, de forma acelerada, se han producido descubrimientos en la ciencia y la técnica que han contribuido a cambios radicales en las fuerzas productivas con efectos decisivos para el desarrollo de las relaciones sociales de producción, sin que ello significara, necesariamente, la sustitución de una formación económico – social por otras. En el caso del sistema capitalista de producción, éste ha conocido tres de los momentos de cambio más importantes de las fuerzas productivas en nuestra era, con sus correspondientes implicaciones para las relaciones sociales de producción: la Revolución Industrial, que contribuyó a su triunfo como modo de producción; los descubrimientos científico – técnicos de finales del siglo XIX y principios del XX, que contribuyeron a la transformación del capitalismo de libre competencia en capitalismo monopolista, como ya estudiamos y la Revolución Científico - Técnica, que ha contribuido determinantemente al desarrollo del Capitalismo Monopolista de Estado y a la transnacionalización del capital, que estudiaremos a continuación y de la cual pueden identificarse tres etapas: Etapas de la Revolución Científico – Técnica: Primera etapa: desde fines de la década del ´40 e inicio de los ´50 hasta finales de la década del ´60, caracterizada, sobre todo, por importantes descubrimientos en las ciencias básicas (la radioactividad y la energía atómica, la genética, entre otras). Segunda etapa: desde fines de los ´60 hasta finales de los ´70, caracterizada por la difusión de los descubrimientos científicos en la producción. Tercera etapa: desde finales de la década del ´70, inicio de los ´80 hasta la actualidad, caracterizada por la difusión de los microprocesadores y el proceso de automatización.
Así, este desarrollo de las fuerzas productivas y su carácter social cada vez más acentuado, va a exigir una organización que rebase los marcos de la propiedad privada monopolista, es decir, una regulación social desde un centro único. Es decir, se pone nuevamente en crisis la forma social adecuada para un periodo determinado y se exigen nuevas variantes que correspondan a ese nivel superior de desarrollo de la socialización de la producción. se agudiza extremadamente la contradicción económica fundamental del capitalismo y surge la necesidad objetiva de un cambio en el papel intervencionista del Estado en la economía, en su función reguladora. Surge entonces el Capitalismo Monopolista de Estado. Con la entrada del capitalismo en su última fase, el imperialismo, surge tanto la posibilidad como la necesidad de la intervención creciente del estado burgués en la economía. La posibilidad viene dada por la socialización capitalista de la producción hasta un nivel tan alto que propicia el dominio de los monopolios. La concentración y centralización de capitales inmensos en manos cada vez más restringidas de monopolistas, así como el surgimiento de la propiedad monopolista del Estado, permiten la transformación del Estado en un instrumento vital para el funcionamiento económico del sistema capitalista. La necesidad que tiene la burguesía monopolista de la intervención estatal en la economía, está determinada por el hecho de que bajo la dominación de los monopolios se agudizan fuertemente las contradicciones del capitalismo y se alteran los mecanismos de regulación interna de este modo de producción; para el funcionamiento de la economía se precisa la unión de las fuerzas del capital con la fuerza del Estado. Es decir, la necesidad del Capitalismo Monopolista de Estado está determinada por la inestabilidad política del sistema, por la agravación de todas sus contradicciones sociales, políticas y de clases que motivan un papel mucho más activo del Estado en la regulación de estos conflictos. El Capitalismo Monopolista de Estado es, pues, resultado de la acción de las leyes del modo capitalista de producción, del desarrollo y agudización de todas sus contradicciones, derivadas de su contradicción fundamental cuando en la economía y la política dominan los monopolios. Este no constituye una nueva fase del sistema capitalista, sino que es resultado del proceso de socialización en condiciones del capitalismo monopolista. Expresa el nuevo papel que juega el Estado burgués en la realización económica de los monopolios. La esencia del Capitalismo Monopolista de Estado puede ser comprendida cuando se descubre que constituye la fusión de la fuerza de los monopolios con la fuerza del Estado en un mecanismo único con vista al enriquecimiento de la burguesía, aplastar el movimiento obrero y la lucha de liberación nacional, salvar el capitalismo y el desencadenamiento de guerras de agresión.
Crisis de la regulación monopolista privada y su sustitución por la regulación
monopolista estatal. La teoría keynesiana como base teórica y metodológica. La participación del Estado en la economía no es un fenómeno completamente nuevo. En las condiciones de capitalismo de libre competencia, éste se ocupaba de una serie de cuestiones importantes para el funcionamiento de la economía y la sociedad en su conjunto, aunque era una intervención más bien limitada y esporádica que radicaba, entre otras cuestiones, en:
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mantener el orden general, a través de la implantación de tarifas aduanales emitir diversas leyes para proteger el capital y reprimir a los trabajadores facilitar y apoyar la conquista de los mercados externos influir en la economía a través de los impuestos, el otorgamiento de créditos, mediante la circulación monetaria, etc.
Sin embargo, en la nueva fase del modo de producción capitalista, se hace necesario un cambio en la forma de intervención del Estado en la economía debido a múltiples razones. En primer lugar, la presencia de los monopolios en la economía implica perturbaciones en el proceso de reproducción que exigen la regulación del Estado y la solución por este, de problemas que rebasan los marcos de la regulación monopolista privada como son, la distribución proporcional de las fuerzas productivas y la observancia de las proporciones interramales, la formación de fuerza de trabajo calificada, la creación de potenciales científicos nacionales, entre otros. En segundo lugar, el mecanismo de regulación macroeconómica también resulta insuficiente para llevar a cabo un rápido traslado de capitales de una rama a otra y garantizar la necesaria variación de las proporciones de la economía nacional conforme los intereses del capital monopolista, por lo que se hace indispensable el papel interventor activo del Estado como palanca reguladora macroeconómica que complemente las insuficiencias del mecanismo de mercado. En tercer lugar, es necesaria la intervención estatal, ya sea directa o indirectamente, en un conjunto de ramas, esferas y regiones que no son atractivas a los monopolios por su largo ciclo de rotación del capital, el volumen de capital fijo que exigen, las bajas cuotas de ganancias que reportan, etc. Por último, podría hablarse del hecho de que la producción masiva que va asociada a la gran industria choca con la estrechez del mercado interno por la limitada capacidad adquisitiva de la población, por lo que el Estado tiene un rol muy importante en la ampliación de la demanda global, a través de los pedidos estatales, subsidios a la población, etc. Entre las diversas formas de manifestarse que tiene el Capitalismo Monopolista de Estado pueden identificarse como las fundamentales, las siguientes formas comunes, independientemente de que puedan presentar determinadas particularidades en cada país: incremento de la propiedad estatal y desarrollo de la actividad empresarial del Estado burgués contemporáneo regulación estatal y programación de la economía, utilización del presupuesto y del sistema monetario y crediticio – financiero para la distribución y redistribución de la renta nacional a favor de los monopolios intervención estatal y regulación de las relaciones mutuas entre el trabajo y el capital contra el primero y a favor del segundo incremento del papel del Estado como consumidor de bienes y servicios, especialmente de carácter militar
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financiamiento y apoyo estatal a la expansión económica externa de los monopolios surgimiento y desarrollo de las uniones y acuerdos monopolistas interesados y la integración imperialista unión personal del capital monopolista y de sus organizaciones empresariales con el aparato gubernamental
De esta manera, como hemos podido constatar, la socialización creciente de la producción y la alteración que en el proceso de reproducción tiene lugar con el funcionamiento de los monopolios, trae como consecuencia la transformación del capitalismo monopolista en capitalismo monopolista de Estado, es decir, cambios tanto a nivel de la esencia del capitalismo, ya que la reproducción de las relaciones capitalistas de producción ya no pueden tener lugar sin la participación del Estado, como a nivel del mecanismo económico de regulación del sistema, que está asociado al conjunto de formas económicas nuevas, tanto monopolistas como estatales, que permiten el logro de una organización adecuada, según las necesidades del desarrollo de las fuerzas productivas. Lo anterior se expresa en la formación del mecanismo de regulación monopolista estatal de la economía, donde un peso creciente lo tiene tanto la regulación monopolista de las relaciones mercantiles, como el Estado capitalista con sus palancas reguladoras. Ahora bien. ¿Cuál es el soporte teórico que sustenta la política económica de ese periodo? Después de la crisis de 1929 al ´33 que azotó fuertemente las economías capitalistas, conocida como la “Gran Depresión”, surgió con mucha fuerza la teoría del economista británico, John M. Keynes, la cual ejerció un impacto extraordinario en todo el pensamiento económico burgués del siglo XX. Keynes proporcionó el instrumental teórico que fundamenta la necesidad de la actividad estatal dirigida al logro de la ocupación plena y a la limitación de la espontaneidad de los procesos económicos. Este famoso economista fue el primer economista burgués en reconocer la ausencia de un equilibrio automático en las nuevas condiciones de desarrollo del capitalismo -el dominio de los monopolios- y la necesidad de la intervención del Estado para corregir las imperfecciones que obstaculizan ese proceso. En sentido general, la teoría keynesiana propone una política monetaria expansiva, a través de la cual el Estado debe incrementar la oferta monetaria, es decir, inyectar dinero a la circulación, para que la tasa de interés disminuya y de esta manera sea más atractivo invertir el capital en la esfera productiva que depositarlo en los bancos; así, al estimular la inversión, se estimula la producción, con ella el empleo y con este el consumo. Por su parte, la política fiscal también debía caracterizarse por una expansión del gasto público que estimularan la inversión y con ella, la producción; se propone invertir en obras no productivas que estimulen el empleo. Esta teoría sustentó la política económica de los años posteriores a la crisis, sin embargo, ya en la década de los ´60, comenzaron a producirse en las economías capitalistas los primeros síntomas de agotamiento del modelo, aparece lo que se ha denominado como el fenómeno de la estanflación, que no es otra cosa que estancamiento económico con inflación y con
ello, una nueva ofensiva neoclásica contra los postulados keynesianos, cuyo punto culminante podría decirse fue la crisis de 1974-75 que sacó a la luz la teoría neoliberal, la cual estudiaremos más adelante. Por último, es importante resaltar que en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, surgen nuevas organizaciones mundiales en las que funcionan los Estados, a través de los cuales los monopolios, cuyos intereses son representados, ejercen su predominio. Entre estas pueden citarse la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 1945; la Comisión de Derechos Humanos (CDH), en 1948; el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) que entra en vigor en enero de 1948 y que más tarde, en 1995, se convirtió en la OMC; y el Fondo Monetario Internacional y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), a partir de la conferencia de Bretton Woods, celebrada en 1944, transformándose de esta manera el Sistema Capitalista de Economía Mundial en un Sistema Capitalista de Economía Mundial estatalizado.
Recuadro 2.
1era Transformación
Fuerzas Productivas Relac. Soc. de Prod. Mecanismo Económico Política Económica Internac. de las RCP Ind. Ligera Cap. de Libre Conc. Reg. Espontánea Libre Cambio Mercado Mundial
2da Transformación
Rev. Científ. Técn. Cap. Monop. Estado Reg. Monop. Estatal Intervc. estat. (Keynes) SCEM estatalizado
Ind. Pesada Cap. Monop. Reg. Monop. Priv. Libre Empresa Sist. cap. de econ. mund.
RCP: Relaciones Capitalistas de Producción
Tema 5. Internacionalización de la economía capitalista. Países Desarrollados (cont.). Conferencia 2 Sumario: El neoliberalismo. Búsqueda y conformación de un nuevo mecanismo económico basado en la teoría neoliberal monetarista. Funcionamiento. Desarrollo de la internacionalización de las relaciones capitalistas de producción bajo el Capitalismo Monopolista de Estado. La Globalización.
Bibliografía: Rolando Ruiz, El neoliberalismo y su variante latinoamericana, Ediciones de la Universidad de Buenos Aires, 1998.
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Germán Sánchez, Diez reflexiones sobre el neoliberalismo en América Latina y el Caribe, en Cuadernos de Nuestra América, vol. IX, No. 19, julio - diciembre, 1992. El neoliberalismo está en crisis, Tabloide Especial, Mesa Redonda Informativa, 19 de mayo del 2000. Ponencias de los Eventos de Globalización, véase Revista Economía y Desarrollo, No. 1, 1999, para algunas de las ponencias al primer evento. Fidel Castro, Globalización neoliberal y crisis económica global, Discursos y declaraciones, mayo de 1998 – enero de 1999, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 1999. Fidel Castro, Capitalismo actual. Características y contradicciones. Neoliberalismo y Globalización, Selección temática, 1991 – 1998, Editora Política, La Habana, 1999.
Contenido:
El neoliberalismo. Búsqueda y conformación de un nuevo mecanismo económico
basado en la teoría neoliberal monetarista. Funcionamiento. Como hemos explicado con anterioridad, en las décadas posteriores a la gran crisis capitalista de 1929 al ´33, el sistema capitalista atraviesa por una etapa de profundo auge con la aplicación de fórmulas Keynesianas, estableciéndose en casi todos los países regidos por este modo de producción, el concepto de Capitalismo Monopolista de Estado, el cual podríamos definir, en su esencia, como la fusión entre la fuerza del Estado y la fuerza de los monopolios en un mecanismo único. Sin embargo, la situación de los años ´60, caracterizada por un auge en los precios y la imposibilidad de incentivar el nivel de empleo, el agotamiento de las condiciones de expansión, el avance de nuevos patrones de acumulación y el predominio definitivo del capital financiero a escala mundial, así como la crisis de los años 1974-75, propician la quiebra del Keynesianismo y el despliegue inicial de una nueva teoría: una versión renovada del liberalismo, con la diferencia de que este último no puede, ni le interesa, reproducir el libre mercado, donde imperan las transnacionales basadas en la centralización del dinero, la regulación de los precios y las ganancias y la planificación de su gestión, que modifica el carácter de la competencia en el mercado. El neoliberalismo es, por tanto, una corriente de pensamiento y acción en lo económico y lo político nacida después de la Segunda Guerra Mundial, como reacción al paternalismo que caracterizaba al Estado en aquel entonces y para dar respuesta a los problemas que presentaba el sistema, como el estancamiento económico y las altas tasas de inflación, entre otros, resultado, según estos teóricos, no del funcionamiento del propio sistema, sino de la equivocada política de intervención del Estado en la economía. Los pioneros en su aplicación fueron el General Pinochet en Chile, después del golpe de estado de 1973 y Margaret Thatcher en Inglaterra, a partir de 1979. En el caso específico de los Estados Unidos, quisiéramos explicar primero el contexto interno que propició el surgimiento de tal corriente. La década de los ´70, caracterizada por
una serie de acontecimientos económicos, políticos y sociales, como la devaluación del dólar norteamericano, un sostenido déficit en la balanza comercial de este país, la derrota en la guerra de Viet Nam y el escándalo de Watergate, entre otros, en un entorno exterior de auge en la lucha de los movimientos de liberación nacional en diferentes países, fue un escenario fecundo para el origen de una corriente política de derecha, denominada neoconservadurismo, representada por un conjunto de intelectuales y figuras políticas que intentaban reivindicar los “valores” del conservadurismo. Esta llevó al poder a Ronald Reagan, quien a partir de este momento también se convirtió en uno de los defensores de la corriente neoliberal. Así, basándose en el principio de que el mercado es el único mecanismo para la asignación eficiente de los recursos, puesto que el libre movimiento de los precios, en función de la oferta y la demanda, es la única forma de lograr una mayor eficiencia, el neoliberalismo expresa que el sector privado es estable por sí mismo, por lo que cualquier intervención estatal no hace más que perturbar esta estabilidad que es intrínseca al sistema. Todo ello, unido a la tesis de que la racionalidad de cada individuo, la cual plantea que cada sujeto busca maximizar su satisfacción, llevada al plano social, es capaz de garantizar la racionalidad del sistema, deriva en que el Estado deberá entonces limitar su intervención a garantizar el buen funcionamiento del sistema. Y esta última idea es muy importante, pues no se trata de no intervención, sino de una intervención que garantice este buen funcionamiento del mercado. De ahí entonces que el postulado básico de esta corriente de pensamiento no sea otro que la necesidad de un Estado fuerte cuya misión fundamental sea garantizar las “reglas del juego” capaces de promover el funcionamiento pleno del mercado. Partiendo de los preceptos teóricos, basados en la “mano invisible del mercado” defendidas en su momento por Adam Smith, sobre la exaltación extrema del mercado y la oposición, con gradaciones, al papel regulador del Estado, los pilares sacrosantos del neoliberalismo serán entonces la propiedad privada y el funcionamiento del mercado sin regulación. Veamos a continuación cuáles son las propuestas que realizan, a partir del diagnóstico y de los objetivos que se trazan. Diagnóstico neoliberal
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Débil crecimiento económico Distorsiones provocadas por la participación del Estado en la economía (recesión, crisis en balanza de pagos, entre otros), consideradas por estos autores consecuencia de una política monetaria incorrecta y no como problemas inherentes al funcionamiento del capitalismo Altos niveles de inflación Escasez de divisas y frecuentes crisis en la Balanza de Pagos
Objetivos (en correspondencia con el diagnóstico)
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Estabilidad monetaria y de Balanza de Pagos
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Óptima asignación de recursos Mejorar la competitividad internacional Eliminación de los déficit públicos
Proponen (de acuerdo a los objetivos)
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Eliminación, en lo posible, de la participación estatal Fortalecimiento del sector privado Restauración del papel del mercado Reprivatización de la economía Establecimiento de la apertura productiva, comercial y financiera
O sea, el neoliberalismo postula la total libertad para el movimiento de capitales, mercancías y servicios. Redefine las funciones económicas reguladoras del Estado y promueve desnacionalizar y privatizar sus bienes y servicios; es por eso que éste, al debilitarse y reducirse, provoca que la economía de su país sea más propensa a ser afectada por las fuerzas económicas externas. En esta concepción, Estado y Mercado son dos principios de organización incongruentes; mientras el mercado es la matriz de la libertad, es desarrollo, consenso y armonía, el Estado sólo trae consigo coacción, control y la inhibición económica. Ahora bien. La manera en que se aplica esta corriente es desigual para los países desarrollados en comparación con los de América Latina y el Caribe. En la segunda etapa de desarrollo de la corriente, la aplicación del modelo neoliberal en los países del área se hizo más drástica en algunos casos, donde la existencia de gobiernos militares parecía ser condición indispensable. Ejemplo de esto lo constituyen la ya mencionada dictadura militar de Pinochet en Chile, hacia el año 1973 y la Argentina del “Proceso” del año 1976. Sin embargo, el neoliberalismo no es condición indispensable de gobiernos militares, pues su razón de ser radica en el arraigo de los países latinoamericanos al régimen capitalista y en especial a los Estados Unidos, a través de esta corriente. Pueden entonces delimitarse tres etapas en el proceso de implantación de esta corriente en nuestro continente. Primero, una etapa que abarca en lo fundamental los últimos años de la década de los ´60, en la cual se llevó a cabo la aplicación de las llamadas políticas de apertura, que no abarcaron a todos los países ni condujeron a una disminución del papel de Estado, sino que su único saldo a mediados de los ´70 fue abrir más las economías latinoamericanas a la inversión y el crédito extranjero. Un segundo momento, posterior a esta fecha, de aplicación mucho más radical y obvia, aparentemente como ya mencionamos más arriba, asociado a la existencia de gobiernos militares, y el cual se caracterizó por una apertura total al mercado y a los capitales y ahorros extranjeros, así como por la acelerada transformación del papel económico regulador y de carácter social del Estado, aunque no aplicado en todos los países.
Y por último, una tercera etapa, luego de la llamada década perdida de América Latina, en la que se logra la imposición definitiva de este modelo neoliberal en casi todos los países del área y en sus modalidades más salvajes. Para nuestra región, fueron muchas las promesas de los defensores de esta teoría, las cuales de alguna manera podría decirse, partían del principio de “haz lo que yo digo, y no lo que yo hago”. Entre las más importantes, pueden citarse:
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el crecimiento económico en gran escala mejor posicionamiento en la economía mundial la modernización de sus economías y la transformación de este crecimiento económico en un mayor bienestar y riqueza para la sociedad.
Para ello, nuestro continente debía llevar a cabo las siguientes acciones:
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privatizar a ultranza, al punto de que en algunos países se han privatizado calles, parques y cementerios, por sólo citar algunos ejemplos retirar al estado de la actividad económica y de la regulación de la economía desregular absolutamente el mercado, teniendo en cuenta que éste es perfecto por su naturaleza apertura absoluta al mercado mundial, desde el punto de vista comercial, tecnológico y financiero, cumpliendo con dos principios básicos: el equilibrio fiscal y la estabilidad de los precios
Sin embargo, después de más una década de su implantación, bien conocido es el saldo de sus resultados, el cual tanto desde el punto de vista económico, como social, ha sido totalmente negativo. Si analizamos la arista económica, podemos comprobar que la posición de América Latina en la economía mundial era mucho mejor en 1980 que en el 2000. Por ejemplo, el peso del continente en las exportaciones mundiales en este primer año era del 6%, mientras que en el 2000 era del 5%, lo cual es una muestra de que en vez de avanzar en su posición relativa en la economía mundial, lo que ha hecho es justamente descender. Por su parte, la deuda externa en 1980 era de apenas unos 250 000 MM de USD; al finalizar el año ´99, esta era de 750 000 MM; y aquí es importante destacar que esta deuda se ha pagado con creces, sólo para deber cada vez más. Entre 1990 y 1999, la economía latinoamericana en su conjunto creció como promedio solamente un 3.2%; en cambio, entre la etapa de 1945 y 1980, este valor fue de 5.5%, a pesar de las “erróneas” políticas estatistas, según los neoliberales, que se aplicaban en aquel entonces. Asimismo, diversos informes dan cuenta de que predomina en un 90% de las empresas la baja tecnología y el empleo de mano de obra barata; o sea, que lo que es la inversión en alta tecnología es muy limitada, a menos del 10%.
Por último, tres datos más que hablan por sí solos: dentro de la producción industrial del Tercer Mundo, nuestra región, que en el año 1980 aportaba el 50% del valor agregado industrial, aporta en la actualidad aproximadamente el 25%. El déficit de balanza de pagos fue de 56 000 MM de USD en 1999, siendo el año anterior de 87 000 MM; y el déficit comercial, que aun cuando se redujo algo en 1999, a 5 000 MM de USD, siendo de 32 000 MM en 1998, se convirtieron estos déficit en crónicos a lo largo de toda la década del ´90. La mayor apertura ha significado una exposición desprotegida a la competencia internacional y la desaparición de ramas enteras de la industria, un proceso de desindustrialización que ha ocurrido en la región, y se ha producido un elevadísimo grado de dependencia del capital transnacional, y de los grandes centros de poder imperialistas en el mundo. Esta dependencia del capital extranjero, que es en su mayoría capital especulativo, volátil, de corto plazo, y el cual no aporta realmente un acervo a la riqueza nacional, ha provocado fenómenos como la apreciación de las tasas de cambio de las monedas de América Latina y la pérdida de competitividad de las producciones y productos latinoamericanos, entre otros. Desde el punto de vista social, muchos son los ejemplos que podrían citarse. Uno de los más importantes es el fenómeno de la iniquidad social, el cual se pudiera caracterizar como la enfermedad más grave que corroe al modelo neoliberal latinoamericano. Con esta política, América Latina ha alcanzado una dudosa distinción en el mundo, que es ser la región con la peor y más regresiva distribución del ingreso. Si la distancia entre el 20% más rico y el 20% más pobre de la población en todos los países del Tercer Mundo es de ocho veces, en nuestro continente este indicador asciende a diecinueve veces, o sea, América Latina es la región de la mayor desigualdad social y de la mayor inequidad social. En 1999, el número de pobres era de 224 MM, lo que equivale a decir que el 45% de la población estaba clasificada como pobre. Pero además, dentro de estos pobres, 90 MM están colocados en la clasificación de indigentes, es decir, en la extrema pobreza, lo cual representa el 18% de la población total. Estos dos indicadores eran, en 1980, 135 MM y 62 MM respectivamente. Otros datos ilustrativos pueden ser que, según la OIT, 20 MM de niños menores de quince años se ven en la necesidad de trabajar y que alrededor del 80% de los niños sólo llegan al cuarto grado, mientras que el 63 % al quinto de escolaridad primaria No podemos olvidar las condiciones de insalubridad de muchas de estas personas, el no acceso a los servicios básicos de salud, electricidad, agua potable, vivienda, seguridad y asistencia social, más todos aquellos fenómenos de abuso sexual, discriminación racial y religiosa, todo lo cual conlleva a la marginación y exclusión de muchas capas de la sociedad. Por último, sólo mencionar el caso reciente de Argentina, como una muestra de la agudización de las contradicciones en un país, sometido al pie de la letra a las orientaciones
del neoliberalismo y de sus más fieles defensores, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, sus máximos exponentes. En la actualidad, en un mundo caracterizado por el fenómeno de la globalización, los grandes centros de poder intentan imponer a los países de menos desarrollo un orden económico “en que nuestros países pequeños y pobres no tendrán otro futuro que el de convertirse en una inmensa zona franca donde la industria y el capital donde los poderosos obtengan mano de obra barata, destruyan nuestro medio ambiente, agoten nuestros recursos y multipliquen sus ganancias sin pagar siquiera impuestos, cuando ya esos países no cuenten tampoco con los modestos ingresos aduanales que antes recibían.” (Fidel Castro). Por último quisiéramos mencionar un grupo de ideas importantes que podrían resumir los conceptos básicos más reiterados por el neoliberalismo. Conceptos básicos e ideas principales más reiteradas por el neoliberalismo 1. El neoliberalismo postula, ante todo, la total libertad para el movimiento de capitales, mercancías y servicios; sostiene pues la apertura de las economías y la competencia en el mercado mundial en condiciones de absoluta libertad. Se crean por ende los mecanismos necesarios para desatar los precios. 2. Redefine las funciones económicas reguladoras del Estado y promueve desnacionalizar y privatizar sus bienes y servicios. Con ello busca favorecer la acción equilibradora y estimuladora del mercado: la concentración de recursos para incrementar la productividad, la renovación tecnológica y el refuerzo de las ventajas comparativas serán, entre otros factores, puestos a punto por la mano invisible del mercado. Más que un fetiche, éste se eleva a la categoría de espíritu iluminado supremo. Al reducirse y debilitarse el Estado, disminuye la capacidad de resistir de la economía nacional a las presiones y fuerzas económicas externas que sólo aquel podía amortiguar, dada su concentración de recursos y sus mecanismos reguladores. No es que se elimine la intervención del Estado en la economía: lo que se promueve es que éste actúe a favor de la visión neoliberal. 3. La readecuación de la economía mundial a los nuevos intereses y necesidades de los grandes entes capitalistas, lo explica el neoliberalismo como resultado natural de la evolución histórica, a la que inevitablemente deben sumarse todos los países. Esa lógica se utiliza para justificar la desnacionalización de los Estados de los países dominados del Sur, con el pretexto de que es un costo a pagar para formar parte del Nuevo Orden Mundial, donde supuestamente existe una interdependencia entre todas las naciones. 4. La fuerza de trabajo es, por contraste, la única mercancía que no se considera libre en el mercado. Se esgrime la necesidad de una regulación extraeconómica permanente de ella por el Estado, para reducir su costo, que va desde medidas jurídicas hasta la represión a las huelgas y la cooptación de dirigentes sindicales. 5. Para atenuar y desvirtuar las consecuencias sociales negativas del modelo, se diseñan instrumentos y válvulas de escape que incluyen la negociación de los conflictos, con
firmeza o flexibilidad según el caso, el incremento de la economía informal y campañas de asistencia social, casi siempre de poca efectividad y mucha propaganda, dirigidas a neutralizar los filos más peligrosos de la extrema pobreza. 6. El discurso neoliberal subraya la neutralidad ideológica de la gestión estatal y de la desideologización de las nociones y principios del sistema económico que lo definen, a los cuales se le atribuyen además una validez universal irrestricta; entre ellas la competencia, la férrea disciplina del trabajo, el pragmatismo, el realismo, el ascetismo y el papel del individuo como intermediario e interlocutor principal, en reemplazo de los sujetos sociales. Por otra parte, el proyecto de cambios se acompaña de una perspectiva temporal dividida en dos segmentos: el presente de sacrificio para las mayorías afectadas por el modelo y un futuro, sin precisar cuándo, de bienestar para todos. 7. Los conceptos de soberanía, desarrollo, justicia social y democracia también son redefinidos. El llamado Nuevo Orden Mundial y la “interdependencia” establecen los nuevos contornos de la soberanía nacional. El desarrollo se prefigura como una meta alcanzable por todos los países insertados en el proceso neoliberal, sólo es cuestión de tiempo y sacrificios. La justicia social es siempre posible a través del esfuerzo individual, mientras que la democracia es un valor universal, sin afectaciones clasistas, ni signo político de derecha, centro o izquierda.
Desarrollo de la internacionalización de las relaciones capitalistas de producción
bajo el Capitalismo Monopolista de Estado. La Globalización. En los últimos años, en particular aquellos posteriores a la crisis de 1974-75, la tendencia del Sistema Capitalista de Economía Mundial ha sido a la internacionalización, al predominio de las transnacionales; los organismos creados por los Estados le van cediendo espacio e influencia a las empresas. Con el desarrollo de las fuerzas productivas, se va incrementando el nivel de socialización de la producción y con ello, aumenta el nivel de internacionalización de las relaciones capitalistas de producción, dando origen así, al llamado fenómeno de la globalización. De ahí entonces que se considere un fenómeno objetivo, irreversible, consecuencia del propio desarrollo del sistema capitalista por lo que constituye un estadío superior en el proceso de internacionalización del capitalismo, el cual tiene sus características específicas. Al identificar estas características específicas distintivas del capitalismo resulta un lugar común referirse al alto grado de profundización de la conexión entre las naciones, perceptible básicamente en las esferas comerciales y financieras internacionales. No obstante, lo que verdaderamente distingue este nuevo estadío de la internacionalización de las relaciones capitalistas de producción es el notable proceso de modificación que ha generado en la actividad productiva y que ha alcanzado niveles mundiales. Este hecho marca uno de los elementos relevantes de la globalización y ello ha sido posible por un conjunto de factores que, como el derrumbe del sistema socialista mundial, han posibilitado un veloz avance de las tendencias globalizadoras por todo el planeta.
Sin embargo, esto no sería posible si no se incluyeran en el análisis los numerosos adelantos científico – técnicos que se vienen produciendo desde las últimas décadas y dentro de los cuales se destacan los progresos en el transporte y en las comunicaciones, que han posibilitado el abaratamiento de estos y han revolucionado las nociones de espacio y tiempo; así como los descubrimientos y desarrollo en materia de microelectrónica y tecnologías de información que han propiciado una significativa revolución en la organización de la producción, las formas de producir, el control de la calidad de la producción, en la educación, la cultura y en muchos otros aspectos de la vida de los individuos y de las naciones. Muchas son las oportunidades que podrían derivarse de la globalización, pero lo cierto es que en el actual contexto político y económico internacional en que esta se desarrolla, se ha convertido en un instrumento aprovechado por los principales centros de poder mundial, especialmente los Estados Unidos, para sus fines de modelar un orden internacional acorde con sus intereses. Así, a pesar de las intenciones de presentar a la globalización como un fenómeno que tiende a provocar efectos similares para todos los individuos y naciones, los resultados perceptibles son que está acentuando los efectos diferenciadores, de marginación y de exclusión a todos los niveles, los cuales tienden a profundizar las contradicciones del capitalismo. Es por ello que se hace necesario refutar un conjunto de mitos que estos círculos de poder y sus ideólogos han puesto en boga acerca de la globalización imperante, a al cual presentan como un fenómeno absolutamente nuevo e irreversible, lleno de oportunidades para todos, que es expresión de la formación de un espacio económico mundial único, lo cual supone la crisis del Estado – nación, de las fronteras nacionales y de los conceptos jurídicamente vigentes acerca de la soberanía nacional. Por otra parte, se considera que las tendencias globalizadoras no podrían haberse desarrollado tan velozmente si no se hubieran visto favorecidas por la amplia difusión de las concepciones neoliberales. De esta manera, la globalización y el neoliberalismo suponen la subordinación de las dimensiones ética, moral, cultural y política de nuestras sociedades a determinados reclamos económicos, los cuales se caracterizan por criterios como los de la maximización de las ganancias a ultranza y relegan o ignoran la prioridad del desarrollo, la cooperación y la solidaridad. De ahí la necesidad de buscar alternativas a la actual globalización en las cuales estos últimos criterios, así como la ubicación del hombre en el centro de la atención, sean sus rasgos distintivos. Tema 5. Internacionalización de la economía capitalista. Países Desarrollados (cont.). Conferencia 3 Sumario: La Ley del desarrollo económico y político desigual del sistema capitalista. Los tres centros de poder imperialistas: Estados Unidos, Europa y Japón.
Bibliografía: Colectivo de autores, Lecciones de economía política del capitalismo, Tomo 2, 1ra parte, cap. 22, §2, pp. 339-345. Del Llano, El imperialismo: capitalismo monopolista, cap. 9, pp. 411-423 y cap. 12, pp. 493-496. Manual de Economía Política, cap. XXIII, pp. 690-708.
Contenido:
La Ley del desarrollo económico y político desigual del sistema capitalista.
Como hemos estudiado anteriormente, la propiedad privada aísla a las distintas empresas e impide el conocimiento de la demanda, por lo que la producción se realiza anárquicamente y tan sólo en el mercado, poniéndose de manifiesto a través de la competencia la proporción en que lo producido se realiza. Asimismo, vimos que el motivo impulsor de los capitalistas es obtener ganancias, la mayor ganancia posible, de ahí que sus capitales sean invertidos en aquellas ramas donde pueda lograrlo, abandonando otras que no le son atractivas. O sea que, al depositar los capitalistas sus capitales donde más propicias sean las condiciones, buscando incrementar cada vez más sus ganancias, otras esferas van quedando relegadas, avanzando en forma desigual en este sistema, las empresas, ramas, regiones o países. De ahí que Lenin planteara que “la desigualdad del desarrollo económico y político es una ley absoluta del capitalismo.” No obstante, aún cuando está presente desde los inicios del sistema, no se manifiesta de igual forma en las distintas fases de este modo de producción. Así, en el capitalismo de libre concurrencia, el desarrollo de las fuerzas productivas y la utilización de la técnica en las distintas ramas y países, al ser relativamente bajas, dificultaba las diferenciaciones demasiado rápidas. La lucha por los mercados y por las fuentes de materias primas no conducía necesariamente a choques de gran envergadura, pues el mundo no estaba totalmente repartido y podían encontrarse mercados “libres” y territorios sin “dueños”. Podía entonces producirse la expansión colonial de los países más avanzados sin que inevitablemente chocaran entre sí; cuando ello ocurría, las guerras no adquirían carácter mundial, como por ejemplo los conflictos limitados a Inglaterra y Holanda en el siglo XVII y a Inglaterra y Francia en el XVIII, por sólo citar dos ejemplos. Por su parte, la lucha de las colonias por su liberación tampoco amenazaba con guerras de gran extensión. El capitalismo, durante este periodo, se desarrollaba por vía ascendente; unos países adelantaban económicamente a otros, pero ello tenía lugar lentamente. Aún el sistema podía desarrollarse con profundidad y extensión, lo que alejaba la posibilidad de grandes confrontaciones que llegaran a convertirse en guerras mundiales.
Sin embargo, en el desarrollo del modo de producción capitalista, se produjeron cambios considerables que determinaron el surgimiento de una nueva fase, el imperialismo, la cual ha ejercido inmensa influencia sobre la ley del desarrollo desigual, modificando sustancialmente sus efectos y desempeñando un papel más importante en el desarrollo de la sociedad en las nuevas condiciones de dominio de los monopolios y del capital financiero. De esta manera, en lugar de un desarrollo desigual evolutivo, relativamente tranquilo y de gran lentitud, la correlación de fuerzas económicas y militares de los distintos países comenzó a variar rápidamente, a saltos. El desplazamiento de unos países por otros en el mercado mundial y el cambio de su importancia a nivel internacional se sucedía en breve tiempo, lo cual originaba agudos conflictos entre ellos. Por otra parte, el rápido desarrollo de la técnica que tiene lugar en esta fase del capitalismo, permitió a los países que estaban en mejor situación para utilizarla, adelantar rápidamente a los demás. Los países en que se mantuvo el predominio de las viejas ramas (la hullera, la textil) su quedaron rezagados de los que desarrollaron con rapidez ramas como la química, la extracción y refinación de petróleo, construcción de automóviles, electricidad, entre otras, que al tener un gran peso específico en la economía nacional y requerir técnicas modernas, se desarrollan aceleradamente contribuyendo a incrementar la economía en su conjunto. Así, Lenin señaló que el desarrollo del capitalismo en los países “jóvenes”, como Alemania y Estados Unidos, era mucho más rápido que en los “viejos” como Inglaterra y Francia, pues los primeros podían utilizar desde el principio la técnica más moderna para equiparar su industria, mientras que los segundos, al tener enormes inversiones de capital en técnica más atrasada, atravesaban por grandes dificultades para sustituirla por la más moderna, retrasándose su avance general. Igualmente, el hecho de que estos últimos tuvieran grandes inversiones de capital en el exterior y no se invirtieran en el interior del país, contrario a lo que ocurría en los países “jóvenes” que no sólo utilizaban la mayor parte de sus recursos para desarrollarse internamente, sino que del exterior recibían capitales adicionales que se invertían en ellos, también contribuyó de manera importante en acelerar el desarrollo de los países “jóvenes” y frenar, en cierta medida, el de los “viejos”. Ahora bien. Como resultado del rápido avance logrado por distintos países imperialistas, aparece la contradicción entre la división del mundo existente y la nueva correlación de fuerzas surgida. Los monopolios de los países que más se han desarrollado reclaman nuevos mercados, nuevas fuentes de materias primas, nuevas esferas de inversión y nuevos centros donde invertir su capital sobrante. Pero en el imperialismo, el mundo ya está repartido, ya no hay territorios “libres” y “sin dueños”, situación cualitativamente diferente a la imperante hasta entonces, por lo que un nuevo reparto se hace necesario y se realiza por medio de la fuerza, a través del enfrentamiento directo con el poseedor de lo que será objeto del reparto y que no está dispuesto a deshacerse de sus dominios pacíficamente. Se forman las coaliciones de países imperialistas cuyas burguesías tienen temporalmente intereses comunes que defender, arrastrando tras ellas las demás naciones bajo su influencia, con lo cual el conflicto se
generaliza y adquiere carácter mundial. Se producen así la Primera y la Segunda Guerra Mundial, entre 1914 - 1918 y 1939 - 1945, respectivamente. Por último, es importante destacar el hecho de que la acción de la ley del desarrollo económico y político desigual a nivel de centros imperialistas trae como resultado dos tendencias marcadamente opuestas. Por un lado, aquella relacionada con la existencia de objetivos comunes entre estos países, dados por la coincidencia de intereses en un momento determinado o por la aceptación de determinadas situaciones. Ejemplos de estos objetivos pueden ser los Movimientos de Liberación Nacional, la lucha contra los países que se liberan y emprenden la construcción del socialismo, la conquista y explotación de las colonias y neocolonias, así como el afán de afianzar conjuntamente el desarrollo científicotécnico. Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, esta tendencia se expresa en la formación de bloques y coaliciones, concertación de convenios, creación de alianzas para repartirse y explotar colonias y semicolonias. Por otro lado, se generan contradicciones dadas por la lucha por cambiar la posición de cada país dentro del sistema, de acuerdo con la fuerza alcanzada, buscando la hegemonía. En este sentido, se lucha entre sí por los mercados de venta, las fuentes de materias primas, las esferas más rentables para exportar capitales y por el control exclusivo de determinados logros de la Revolución Científico – Técnica, expresándose esta tendencia en los roces, conflicto y contradicciones dentro de las alianzas y entre ellas. De ahí que podamos concluir que la acción de la ley del desarrollo económico y político desigual del capitalismo ha condicionado la profundización de las contradicciones entre los principales países capitalistas dentro de los marcos del sistema capitalista de economía mundial.
Los tres centros de poder imperialistas: Estados Unidos, Europa y Japón.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, alejado del escenario de los combates y sin sufrir destrucción alguna, para quien la guerra tuvo, en gran medida, consecuencias positivas, emergió como centro absoluto del sistema capitalista, al ocupar, en aquel momento, el primer lugar en el volumen de producción industrial a nivel mundial, en las reservas mundiales de oro, en el desarrollo científico – técnico y en la exportación de capitales; igualmente, luego de la Conferencia de Bretton Woods, el dólar norteamericano se convirtió en la base del mecanismo monetario de la economía capitalista, convirtiéndose así en el país más fuerte de la economía mundial, condición que mantiene hasta nuestros días. El continente europeo, por su parte, el cual quedó devastado por el conflicto bélico, redujo considerablemente su participación en la economía mundial y tuvo grandes pérdidas de población y capital humano, o sea, de fuerza de trabajo calificada, de infraestructura y transporte y, aunque en menor cuantía, de bienes de capital. En comparación con los Estados Unidos, la industria europea al finalizar la guerra era obsoleta y los volúmenes de producción y comercio estaban muy deprimidos.
Ante esta situación, en 1947, los Estados Unidos lanzaron el Plan Marshall, con el objetivo de contribuir a la reconstrucción de Europa, teniendo en cuenta el peligro que representaba para los norteamericanos el hecho de que la economía europea no se recuperara, pudiendo arrastrar a su economía a una gran depresión, así como para enfrentar el avance de la izquierda y de los partidos comunistas en la región, tanto por la existencia de la URSS y del socialismo en una parte considerable de los países de Europa del Este, como por algunas manifestaciones ocurridas en Europa Occidental, como fueron el triunfo eleccionario en el Reino Unido del Partido Laboral, la existencia de ministros comunistas en Francia y otros países y la guerra civil ocurrida en Grecia. De esta manera, Europa se fue restableciendo rápidamente de los estragos de la guerra y en sólo cuatro años, prácticamente todos los países de la región que habían recibido la ayuda norteamericana, lograron recuperar los niveles de PIB per cápita que tenían antes del conflicto bélico. Asimismo, estas circunstancias contribuyeron poco a poco a la unificación del continente y en 1958, seis países –Francia, Alemania, Italia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo-, deciden formalizar el proceso que ya venía gestándose, al firmar el Tratado de Roma, el cual dio origen a la Comunidad Económica Europea. En 1978, se incorporan el Reino Unido, Dinamarca e Irlanda, tres años después Grecia, luego España y Portugal en 1986 y, finalmente, en 1995, Suecia, Austria y Finlandia, completando los 15 países que hoy conforman la Unión Europea, la cual se formalizó con el Tratado de Maastricht en 1992, cuando la CEE se transformó en UE, buscando equilibrar el aspecto económico con lo político y lo social, alcanzando, además, un estadío superior en el proceso de integración. Por otra parte, también Japón fue recuperándose de las consecuencias de la guerra; la posibilidad de adquirir tecnología norteamericana, así como otros muchos productos de la economía y adaptarlos a sus condiciones, le permitió alcanzar un importante incremento en la productividad del trabajo y una alta competitividad en el mercado mundial. El desarrollo del mercado interno también favoreció el crecimiento económico a elevados ritmos. En el caso particular de este país, contribuyeron además al proceso de recuperación la existencia de mano de obra abundante y barata; la amplia utilización de palancas de regulación estatal, como el gasto público y los subsidios estatales destinados al desarrollo de nuevas industrias, incluidas las destinadas a las exportaciones; los bajos gastos militares, los cuales le permitieron aumentar los gastos productivos y, por tanto, utilizar en una amplia escala las ventajas de la Revolución Científico - Técnica de forma creadora; y otros valores propios de la cultura oriental, como la laboriosidad, la consagración al trabajo y la disciplina, entre otros. De esta manera, hacia los finales de la década de los ´60 y principios de los ´70, puede hablarse de la existencia de tres centros de rivalidad, Estados Unidos, Europa y Japón, cuya formación fue gestándose, como ya vimos, a partir de la Segunda Guerra Mundial. Esta rivalidad se expresa en una serie importante de indicadores como el volumen de producción industrial, el comercio mundial, el desarrollo científico – técnico alcanzado y la exportación de capitales, por sólo citar algunos.
Así, en busca del liderazgo, el proceso de integración y de formación de grandes bloques económicos -Estados Unidos y Canadá, la Unión Europea y Japón con su zona de influencia asiática- ha sido una tendencia que ha estado presente en el desenvolvimiento del sistema capitalista mundial en los últimos años, poniendo de manifiesto el llamado fenómeno de la regionalización dentro del contexto de globalización que caracteriza nuestros días.
Tema 6. Internacionalización de la economía capitalista. Países Subdesarrollados. Conferencia 1 Sumario: El subdesarrollo: origen y evolución del fenómeno en el sistema capitalista. El caso de América Latina.
Bibliografía: Colectivo de autores, Lecciones de economía política del capitalismo, Tomo 2, 1ra parte, cap. 22, §1, pp. 329-339. Del Llano, El imperialismo: capitalismo monopolista, cap. 24, pp. 543-579. Manual de Economía Política, cap. XIX, §2, pp. 593-620.
Contenido:
El subdesarrollo: origen y evolución del fenómeno en el sistema capitalista. El caso
de América Latina. Entre finales del siglo XV y principios del siglo XVI, comienzan a desarrollarse las relaciones capitalistas de producción en una serie de países europeos como Inglaterra, Francia, Italia, Holanda. Esta época se caracterizó, además por un auge importante del comercio, por lo que la búsqueda constante de rutas más cortas que aportaran mayores beneficios al reducirse el tiempo de rotación del capital, conllevó al descubrimiento del Nuevo Mundo y, con ello, al establecimiento de relaciones de dominación de los países metrópolis sobre los países coloniales. Por ello, el proceso de establecimiento de las relaciones metrópoli – colonia es un elemento fundamental para la comprensión del fenómeno del subdesarrollo, de ahí que sea necesario abordarlo, aunque sea de manera breve. A fines del siglo XV y comienzos del siglo XVI es la etapa del auge de las ideas mercantilistas. Esto va a motivar un cambio en las consideraciones de los gobernantes de
los países europeos acerca de los territorios coloniales. Surge así lo que denominaremos una primera etapa de las relaciones de dominación de las metrópolis sobre las colonias, caracterizada básicamente, por la búsqueda y explotación de los yacimientos de metales preciosos en los territorios coloniales y su traslado a Europa. Posteriormente, el gradual proceso de desarrollo económico que se opera en los países metropolitanos tiene sus repercusiones en las ideas económicas, lo cual se aprecia en el hecho de que el mercantilismo pasa de la etapa del sistema monetario a la de la balanza comercial; pero también en las relaciones de dominación metrópoli – colonia, surgiendo una segunda etapa caracterizada por el acoplamiento de las economías coloniales a las metropolitanas, con vistas a que estos últimos pudieran obtener un conjunto de materias primas y productos que no se podían fabricar allí dadas las distintas condiciones de producción (climáticas, geográficas, etc.). Estos países las recibirían a bajos costos, al ser elaboradas sobre la base del trabajo esclavo, obteniendo productos de muy bajos precios, todo lo cual, por la consiguiente competencia, conduciría a un mayor desarrollo. Esta es la etapa más importante para la explicación del proceso de surgimiento de un conjunto de países subdesarrollados, ya que se fue creando una determinada división internacional del trabajo, según la cual los países coloniales se fueron especializando en la fabricación de ciertas materias primas o productos semielaborados para los cuales estaban particularmente dotados, pero que no permitían el pleno empleo de todos los recursos naturales con que contaba el país. Y este poco aprovechamiento de los recursos naturales del país y su explotación de por parte de las metrópolis, de aquellos sectores que le interesaban, abandonando los que no, fueron conllevando a un desarrollo desigual y no armónico de los sectores productivos del país, provocando la deformación de su estructura económica. Finalmente, surge una tercera etapa caracterizada por una mayor dominación político – económica de los países metropolitanos sobre los países coloniales, lo cual se expresa además de todo lo anteriormente señalado, por el hecho de que los primeros comenzaron a trasladar a los segundos sus instrumentos de dominación y represión, con vistas a garantizar su explotación en ellas. Con el paso del tiempo, fueron aumentando las fricciones y tensiones entre los habitantes de las colonias y los gobernantes metropolitanos, agudizando cada vez más las contradicciones entre colonias y metrópolis. Al inicio, estas se presentaron en el aspecto económico, pero cuando las demandas de los pobladores de los territorios coloniales no se atendieron al nivel deseado y con el desarrollo, por otro lado, de una conciencia política en ellos, fueron tomando una carácter político, estallando durante el siglo XIX las guerras de independencia, como expresión más alta del grado alcanzado por las contradicciones entre ambas partes. Estas guerras de liberación marcan el comienzo de una nueva etapa, caracterizada, en sentido general, por lo siguientes elementos: eliminación de la dependencia político– económica de los países latinoamericanos respecto a España y Portugal; surge la posibilidad de la eliminación de las fuerzas tendientes a la deformación de la estructura económica y a la descapitalización de la economía; y, finalmente, la llegada de elementos
nacionalistas al poder determina la aparición de ideas acerca de desarrollar a los países para sacarlos del atraso en que se encuentran. Así, una vez liberados estos países del yugo colonial, comienzan a darse los primeros pasos en pro del desarrollo económico, tratando de copiar el modelo de desarrollo de los países más avanzados, lo cual es comprensible si se tiene en cuenta que era el único modelo de desarrollo conocido. Sin embargo, las condiciones histórico–económicas en que se intenta copiar el modelo europeo no son favorables para un exitoso desarrollo de los países de la región debido a varios factores, entre los que podrían mencionarse el hecho de que estos países estaban prácticamente destruidos como consecuencia de las guerras de liberación; las deformaciones estructurales de estas economías; la escasez de recursos financieros producto de la descapitalización; el empleo generalizado de técnicas atrasadas y los bajísimos niveles de calificación de la mano de obra. Asimismo, se encuentran factores en el orden internacional que también condicionaron externamente esta etapa como por ejemplo, el hecho de que los países de América Latina emprendieran su proceso de desarrollo económico dos siglos después o más, lo cual plantea que se pretende seguir un modelo de desarrollo económico que se comenzó a lleva adelante en unos países con características y en condiciones histórico–económicas completamente distintas. Igualmente, el hecho de que el modelo europeo se basaba en dos pilares básicos, la libre competencia y el libre comercio y, sin embargo, ¿qué país de nuestro continente podría competir con un país europeo? Por tanto, al no existir las condiciones favorables, a pesar de todos los esfuerzos emprendidos, el modelo fracasó, iniciándose una nueva etapa para el continente latinoamericano. En sus intentos por desarrollar sus países para lo cual necesitaban sustanciales recursos de capital, lo gobernantes de los países latinoamericanos establecieron relaciones financieras con bancos y/o entidades financieras de los principales países europeos, las cuales más adelante, por la caótica situación en que estaban estos países que los llevó a las reiteraciones en las solicitudes de préstamos y a la elevación gradual de la cuantía de estos, se transformaron en verdaderas relaciones de dependencia financiera. El creciente endeudamiento externo de los países y las dificultades para el pago de los préstamos solicitados fueron los factores que condicionaron la vulnerabilidad de éstos a la penetración económica extranjera y, ésta a su vez, abrió las puertas a la dominación política. Por otra parte, la maduración de las condiciones para el desarrollo de la fase imperialista del capitalismo durante la segunda mitad del sigo XIX; el crecimiento colonial del sistema capitalista que culmina con el fin del reparto territorial del mundo y con la ocupación del continente africano y de algunas regiones asiáticas como enclaves coloniales; el desarrollo de las fuerzas productivas, el cual ofrece nuevas posibilidades de expansión de los mercados, lo cual choca con las trabas tradicionales de un sistema colonial cerrado y, el
hecho de que se vaya demostrando a lo largo del siglo XIX las ventajas de un sistema de dominación económica que permite la explotación de las ex – colonias en condiciones de alta rentabilidad sin tener que dominar políticamente de manera directa, son todos acontecimientos que conllevan al surgimiento de una nueva forma de dominación, denominada el neocolonialismo. De esta manera, el neocolonialismo es una forma encubierta de dominación que ha predominado básicamente a partir de la Segunda Guerra Mundial y que surge a partir de dos condiciones objetivas: 1) La lucha de los pueblos por su independencia política, especialmente en América Latina, dificulta el mantenimiento de una explotación colonial rentable para los países metropolitanos. 2) El desarrollo de las fuerzas productivas y la integración de un mercado capitalista mundial, exigen una estabilización de la división internacional del trabajo y una ampliación de las relaciones económicas internacionales por encima de las trabas coloniales. Y con respecto a esto, Lenin señaló: “Para esta época son típicos no sólo los dos grupos fundamentales de países –los que poseen colonias y los coloniales– sino también las formas variadas de países dependientes que desde un punto de vista formal gozan de independencia política, pero que en realidad se hallan envueltos en las redes de la dependencia financiera y diplomática.” Y en otro momento escribió: “Quizás sea oportuno subrayar con más fuerza y expresar con mayor claridad en el programa (se refiere al programa del Partido) la separación de un puñado de países imperialistas riquísimos que se lucran parasitariamente con el saqueo de las colonias y de las naciones débiles. Es esta una peculiaridad en extremo importante del imperialismo.” Bajo el capitalismo, siempre ha existido la relación dominación – supeditación. La dominación en el capitalismo de libre concurrencia, transcurría fundamentalmente a través de la esfera de la circulación, con la dependencia comercial; y la supeditación es formal, refiriéndose ésta a aquella en la que es posible para estos países alcanzar un mayor desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones capitalistas de producción que les permita romper los lazos de subordinación que lo atan al naciente sistema capitalista de economía mundial. Sin embargo, en el capitalismo monopolista, la supeditación de estos países a las potencias imperialistas se transforma en real, cuando ya no les es posible superar el lugar y papel que ocupan en el sistema capitalista de economía mundial. Ahora bien, luego de haber analizado todas estas cuestiones, ¿qué entendemos por desarrollo y por subdesarrollo?
Desde el punto de vista económico y social,, el desarrollo debe concebirse como el proceso de cambio que garantice un crecimiento sostenido de la riqueza material y espiritual de la sociedad. Identificar el crecimiento económico con el desarrollo económico es un error, pues si bien es cierto que el crecimiento de la riqueza material de la sociedad es condición necesaria para su desarrollo, éste sólo puede lograrse si se produce en porciones adecuadas para garantizar la reproducción ampliada del sistema, lo cual se consigue partiendo de una estructura socioeconómica adecuada. Por su parte, el subdesarrollo es una estructura económica deformada que frena e impide el desarrollo y que se asocia con el bajo nivel de desenvolvimiento de las fuerzas productivas. En este concepto, es fundamental tener en cuenta que no es posible reducir el subdesarrollo a un determinado nivel alcanzado por las fuerzas productivas, sino que debe destacarse como lo fundamental, que el subdesarrollo implica incapacidad para desarrollarse. Algunas de las teorías burguesas lo definen como una norma de desenvolvimiento económico por la cual han atravesado históricamente todos los países capitalistas desarrollados. En muchos casos se identifica desarrollo con crecimiento económico, de ahí que se considere el subdesarrollo como un proceso cuantitativo y, por tanto, ahistórico. Sin embargo, este fenómeno no es más que el resultado de la evolución del sistema capitalista que va engendrando, con la acción de la ley del desarrollo económico y político desigual, por un lado, países desarrollados y, por otro, países subdesarrollados. Por ende, el subdesarrollo no es una fase más dentro del proceso evolutivo del capitalismo, sino la contrapartida necesaria de este proceso, su polo opuesto e inseparable. Como expresara el escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro Las venas abiertas de América Latina, refiriéndose al subdesarrollo latinoamericano: “El subdesarrollo no es una etapa del desarrollo. Es su consecuencia.” Y más adelante señala: “El subdesarrollo latinoamericano es una consecuencia del desarrollo ajeno; los latinoamericanos somos pobres porque es rico el suelo que pisamos y los lugares privilegiados por la Naturaleza han sido malditos por la historia.” Entre las características generales de una economía subdesarrollada pueden citarse: el nivel de dependencia que se expresa a través de la participación del capital extranjero, ya sea en forma de préstamos, inversiones, dependencia tecnológica, control del comercio exterior, etc. las deformaciones de la estructura económica, entre las que se incluyen la monoproducción, la monoexportación y la multimportación, el monomercado, la estructura agraria caduca, con presencia de grandes latifundios y el desarrollo industrial escaso y unilateral, siendo las únicas industrias modernas aquellas destinadas a elaborar artículos de exportación indicadores como bajos niveles del ingreso per cápita, saldo en balanza de pagos deficitario, altos niveles de inflación y desempleo, así como resultados no favorables en los indicadores sociales y demográficos, entre otros
De esta manera, teniendo en cuenta la definición que hemos dado de subdesarrollo, referida a que éste no es más que una contrapartida necesaria del proceso de desarrollo capitalista, podríamos concluir que el obstáculo principal al desarrollo de estos países es la existencia misma del modo de producción capitalista. Sin embargo, además de ello, se presentan como otros obstáculos secundarios, aquellos referidos a los factores que provocan el estrangulamiento de economía desde el punto de vista comercial (deterioro de los términos de intercambio, alto grado de dependencia externa, etc.); financiero (dados por el hecho de que se requieren grandes sumas de capital para inversiones que no poseen, los altos niveles de endeudamiento, etc.) y técnico (obsolescencia en los medios de producción, baja calificación de la fuerza de trabajo, etc.). Por último, podríamos resumir lo analizado hasta aquí con las siguientes conclusiones: 1. El concepto de desarrollo no debe ceñirse al campo económico, sino que debe contemplar todos aquellos aspectos que desde el punto de vista social y político, garantizan el verdadero desarrollo del hombre. De ahí que este fenómeno tenga una significación total, lo cual impide expresarlo de forma simplista a través de uno o dos indicadores económicos. 2. El proceso histórico de surgimiento de los actuales países subdesarrollados demuestra que éstos forman parte indisoluble del desarrollo capitalista como su reverso necesario e indispensable. 3. Las teorías que han pretendido dar una explicación burguesa al subdesarrollo, lo hacen a partir de un enfoque cuantitativo y ahistórico, en el que se identifica el fenómeno del desarrollo con el crecimiento económico. 4. Se identifica como primera causa de este fenómeno, la propia existencia del modo de producción capitalista, por lo que si bien podrían hacerse muchas cosas dentro del sistema para palear la situación de estos países, la solución final del problema hay que buscarla fuera de los límites del capitalismo, en particular en el contexto internacional actual, en el que impera un Nuevo Orden Mundial que en nada favorece a los países más atrasados.
Tema 6. Internacionalización de la economía capitalista. Países Subdesarrollados (cont.). Conferencia 2 Sumario: La integración y la colaboración económica internacional. Los procesos de integración y colaboración económica en América Latina. El ALCA.
Bibliografía: Colectivo de autores, Economía Internacional, Tomo 2, cap. 13 y 14, pp. 1-167.
Contenido:
La integración y la colaboración económica internacional.
Como ya hemos comentado con anterioridad, una de las tendencias de la economía mundial en las últimas décadas, ha sido la formación, en todas las zonas del planeta, de bloques regionales, a partir de diversos esquemas de integración y colaboración, fenómenos surgidos con mucha fuerza luego de que concluyera la Segunda Guerra Mundial. Mas, ¿qué entender por integración económica y por colaboración económica? Integración económica: proceso de creciente intervinculación de las economías nacionales, el cual tiene lugar a partir de la reducción o eliminación de los obstáculos que impiden el desarrollo de los vínculos mutuos, con el propósito de obtener beneficios conjuntos en función de los intereses de los agentes económicos dominantes. Muy diversas son las definiciones que existen del término integración, las cuales dependen en muchos casos, del autor que lo utilice y de la corriente de pensamiento a la que pertenezca. No obstante, puede identificarse un conjunto de elementos que son comunes a estas definiciones, entre los cuales se encuentran:
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Proceso donde se unen agentes que previamente se encontraban en espacios económicos nacionales, compartimentados y sometidos allí a condiciones diferentes de competencia. Proceso a más largo plazo, tendiente a lograr de manera paulatina y con determinados objetivos prefijados, la eliminación de barreras u obstáculos, ya sean físicos, técnicos o fiscales, entre diversos Estados en distintas esferas de las relaciones económicas, por lo que discrimina a unos países al mismo tiempo que elimina las discriminaciones entre otros. Significa la conformación de un único espacio económico. Se desarrolla escalonadamente de formas simples a complejas. Proceso donde se armonizan y unifican políticas económicas. Proceso regulado por los sectores dominantes. Requiere de la existencia de órganos supranacionales. Precisa de una fuerte voluntad política por parte de los Estados que se incorporen a él para su consecución y desarrollo.
Ahora bien. Existe, por una parte, lo que se ha denominado integración formal, que es aquella que se refiere al proceso de integración que se conforma mediante un proceso oficial; y, por otro lado, la llamada integración silenciosa que es cuando se produce un acercamiento entre países, pero no media ningún acuerdo. Un ejemplo clásico de esta última puede encontrarse en el caso de Japón y el sudeste asiático. Con relación a la integración formal, pueden identificarse diversas formas o estadíos en el proceso, las cuales se basan en el rol y función del arancel de aduanas, ya que dentro del sistema capitalista éste ha sido el mecanismo primario de defensa de las economías nacionales frente a las restantes. Estas formas son:
Zona preferencial o Club de comercio preferencial: dos o más países reducen sus impuestos respectivos de importación de todos los bienes (excepto los de capital) entre sí, es decir, cuando intercambian pequeñas preferencias arancelarias. Los países miembros conservan sus aranceles originales frente al resto del mundo. Zona o Área de Libre Comercio: dos o más países suprimen los impuestos de importación y todas las restricciones cuantitativas sobre su comercio en todos los bienes (excepto los de capital), pero conservan sus aranceles originales frente a terceros. Unión Aduanera: los países participantes suprimen todos los impuestos de importación sobre su comercio mutuo en todos los bienes (excepto los de capital) y además, se adopta un arancel externo común sobre todas las importaciones de bienes provenientes del resto del mundo. Mercado Común: dos o más países conforman una Unión Aduanera y, además, permiten el libre movimiento de todos los factores de producción entre los participantes, es decir, libre movilidad de capital, servicios y personas. Unión Económica y Monetaria: dos o más países conforman un Mercado Común y, además, proceden a unificar sus políticas fiscales, monetarias y socioeconómicas; se requiere asimismo de la adopción de una moneda única y del establecimiento de una autoridad supranacional suyas decisiones obliguen a los Estados miembros.
Colaboración o cooperación económica: se refiere a las relaciones entre países que se dan en determinadas circunstancias favorables, no requiriendo ningún tipo de organización internacional.
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Proceso dirigido al logro de fines concretos entre dos o más países. No establece límites de países. No existe la homogeneización de los espacios económicos, por ende, los agentes económicos siguen desenvolviéndose en condiciones desiguales. No supone la interconexión, el acoplamiento de las economías, aunque puede incrementar el grado de interdependencia de los países involucrados. No supone la creación de órganos supranacionales.
Pueden distinguirse, entre los tipos de cooperación: La cooperación sectorial, la cual contempla sectores como el transporte y la infraestructura, y la explotación conjunta de recursos naturales. La cooperación empresarial, ya sea pública o privada. La cooperación funcional, la cual engloba áreas como la salud, la educación, la cultura y el deporte. La cooperación comercial, en la cual se dan acciones como la promoción de exportaciones, la coordinación de importaciones, el establecimiento de redes de intercambio de información comercial, así como la realización de ferias y exposiciones. La cooperación tecnológica
La cooperación en el área política, al estilo de las posiciones para preservar la democracia y la autodeterminación, además de las acciones conjuntas para resolver conflictos bélicos o para evitarlos.
Por último, quisiéramos agregar que a pesar de que tanto la integración como la cooperación económica son conceptos diferentes, en la actualidad se vuelve cada vez más compleja la identificación de las diferencias entre ambos fenómenos, a partir de las múltiples y nuevas variantes de integración que han surgido.
Los procesos de integración y colaboración económica en América Latina. El ALCA.
El auge de la integración económica en la región se produjo a fines de los años ´50, bajo la creciente internacionalización de la vida económica a raíz de la posguerra, la influencia de los éxitos de la integración en Europa, que en buena medida aparecía como un “complemento indispensable” a las limitaciones que imponían las fronteras nacionales a los procesos de sustitución de importaciones, por los limitados mercados internos, así como a la baja competitividad frente a terceros países, además del deterioro de los términos de intercambio, entre otros factores. Asimismo, se confió en que su desarrollo ayudaría frente a los problemas estructurales de las economías latinoamericanas. De esta manera, comenzó a proliferar un número importante de procesos de integración y colaboración en el continente, de los cuales mencionaremos los más significativos. Nombre
Sistema Económico de América Latina Organización de Estados Americanos Comunidad Iberoamericana de Naciones Mercado Común Centroamericano MCC
Siglas
SELA OEA
Países
Todos los países latinoamericanos América Latina y Estados Unidos América Latina, España y Portugal Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador y Bolivia
Comunidad (Pacto) Andino
Mercado Común Suramericano
MERCOSUR
Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay Islas del Caribe y Monserrat Estados Unidos, México y Canadá
Mercado Común del Caribe Tratado de Libre Comercio de Norteamérica Asociación Latinoamericana de Integración Grupo de Río
CARICOM TLC (NAFTA) ALADI
Países de la Comunidad Andina, el MERCOSUR y Cuba, Chile y México Países de la Comunidad Andina,
MERCOSUR, el MCCA, un representante del CARICOM y Panamá, Chile, México y República Dominicana
En todo este proceso de integración regional que como bien puede observarse, se caracteriza por un complejo entramado de disímiles mecanismo, mención aparte merece el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que se pretende implantar a partir del año 2005. Si bien esto es un tema muy controvertido, sobre el cual queda mucho camino por andar, quisiéramos hacer referencia a algunas cuestiones importantes. En primer lugar, mencionaremos aquellos elementos potencialmente ventajosos que tendría el ALCA para la región. Entre estos, podemos encontrar un mayor acceso al mercado norteamericano, lo cual podría contribuir a la consolidación de la apertura y a obtener mayores flujos de inversión extranjera directa; el estímulo a la inversión que significaría una mayor dimensión del mercado y la consolidación de políticas macroeconómicas; una disminución del “riesgo país”; un mayor acceso a los mercados de otros países de la región, incluidos en los propios esquemas de integración, lo cual podría contribuir al fortalecimiento de los grupos subregionales y el aumento del poder de negociación respecto a otras áreas o terceros países. Sin embargo, muchos son los inconvenientes de este proyecto para nuestros países latinoamericanos, entre los que podríamos mencionar:
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Los mayores costos de ajuste y la necesidad de reconversión más acelerada de actividades industriales, sería para los latinoamericanos, teniendo en cuenta la existencia de aranceles más altos, una estructura de precios diferentes y mercados de productos y de trabajo segmentados; mientras los aranceles promedio de Estados Unidos son de aproximadamente un 4%, los de los países de América Latina oscilan entre un 11 y un 13%; Pérdida de las preferencias en los esquemas subregionales y entre los países latinoamericanos, a favor de Estados Unidos y Canadá; Dificultades para obtener una rápida liberalización del sector agrícola y la eliminación de los subsidios existentes en Estados Unidos y Canadá; La exigencia de cambios en algunas políticas internas, como aquellas en materia de reglamentaciones laborales, medioambientales y de disciplina de competencia; Mayores exigencias en materia de reglas de origen de los productos, es decir, en la demostración del origen de los componentes de los productos; Limitaciones en el desarrollo de políticas comerciales e industriales propias, lo cual es una limitación de la soberanía nacional; Obligaciones más estrictas en materia de inversiones y de propiedad intelectual;
Igualmente, se encuentra el elemento de carácter militar relacionado con la supervisión del orden en la región, lo cual conlleva a perder soberanía nacional y el hecho de que, en el orden jurídico, muchas de las propuestas son anticonstitucionales.
Con relación al tema de las inversiones, varias son las consecuencias negativas que tendría para los países de la región lo que se plantea en el texto del documento. Así, por ejemplo, una de las cuestiones que se expone es el hecho de que si existiera alguna discrepancia en cualquier proceso de inversión entre un gobierno y un inversionista, ésta se resolvería en un Tribunal Internacional (¿Internacional?), por lo que los gobiernos perderían autonomía para decidir, es decir, perderían su capacidad para decidir con respecto a las inversiones. En este sentido, el código implícito en dicho texto privilegia la inversión extranjera, incluso, en las obras del sector público; poniendo, además, en un mismo régimen de competencia, a las grandes empresas norteamericanas y canadienses con las pequeñas y medianas empresas latinoamericanas, teniendo en cuenta que al ser un área de libre comercio, todos los países son “iguales”. Con relación al acceso al mercado norteamericano, si bien es cierto que no existirían aranceles que dificultarían la entrada de los productos latinoamericanos, en Estados Unidos la protección del comercio se realiza fundamentalmente a través de barreras no arancelarias, por lo que la entrada de estos productos no sería tan fácil como se pretende hacer creer. Por último, sólo agregar que si bien es cierto que se ha estado trabajando intensamente en el tema del ALCA, ya sea por parte de los que están a favor de que se apruebe, como por parte de los que están en su contra, así como por aquellos que valoran alternativas de modificación del texto actual, los próximos años serán definitivos para el futuro de este proyecto, el cual estará grandemente influenciado por el devenir de los acontecimientos tanto en el ámbito regional, como en el contexto internacional.