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Editorial Algunas reflexiones sobre la “Banca de Desarrollo” Banca de Desarrollo: Perspectivas de una Entidad Financiera de Segundo Piso La Banca de Desarrollo en Bolivia La Nueva Arquitectura Institucional Financiera para el Desarrollo Una Banca de Desarrollo Integral para Bolivia ¿Es posible y necesaria una Banca Estatal de Primer Piso en el presente? Noticias
Desde finales de los años noventa, el país está inmerso en un proceso recesivo que nos está resultando muy difícil de superar. Ha sido en este contexto, en que la debilidad de la estructura productiva ha quedado expresada dramáticamente con el cierre de muchas empresas y la profundización del desempleo. Ante estas circunstancias, las actividades comerciales y de servicios se han convertido en la alternativa de autoempleo y han servido como un dique de contención económico, social y político, que pareciera estar llegando a su límite. Por ello, cada vez son más las voces que apuntan a reactivar el aparato productivo del país, como una necesidad imperativa para reiniciar un proceso de crecimiento más inclusivo. En este contexto, distintos sectores económicos que consideran que el sistema financiero privado por su comportamiento procíclico, no responde a sus necesidades, han estado demandando una banca estatal de desarrollo para que incentive y acompañe el proceso de reactivación productiva. Son estas últimas afirmaciones que generan diferencias sustantivas en las posiciones de los diversos actores. En un extremo, hay quienes sostienen que no hay necesidad de una banca de desarrollo, porque el esfuerzo debe centrarse en mejorar las condiciones de la demanda potencial de servicios financieros, brindándo infraestructura productiva adecuada (caminos, comunicaciones, riego, acopio, etc.) y luego, recién realizar ajustes en el sector financiero. Otros actores añaden que no se deben repetir las experiencias del pasado y, por tanto, no debe hablarse de una banca estatal de primer piso, especialmente porque consideran que las entidades de microfinanzas cumplen ese rol. Existen otros actores que sostienen que un banco estatal de segundo piso puede jugar un rol anticíclico, ofreciendo algunos servicios e incentivos a las entidades financieras privadas de primer piso, para que brinden apoyo a las actividades productivas. Pareciera que en todas esas posiciones hay elementos a tomar en cuenta. Primero, hay consenso en que cualquier esquema de trabajo que se pretenda implementar, debe considerar las experiencias del pasado y que no se debe actuar en el primer piso. Luego, hay que partir del reconocimiento de que todo proceso de desarrollo requiere de acciones simultáneas en distintos ámbitos (financiero y no financiero) y, no necesariamente de manera secuencial en que por ejemplo, primero se realiza el mejoramiento de la infraestructura, luego se lleva adelante un proceso de capacitación y asistencia técnica y finalmente nos ocupamos de los servicios financieros. Dependiendo de la realidad concreta, se puede actuar simultáneamente en todos esos aspectos, con magnitudes y énfasis acordes a la demanda. En todo caso, se trata de un tema complejo en el que no existen recetas únicas y verdaderas. Por ello, a través de éste boletín, se pretende brindar un panorama sobre el estado de discusión y reflexión acerca la banca de desarrollo o de una institucionalidad para el apoyo al desarrollo productivo.
Versión electrónica en sitio web:
Boletín “Aprender” No. 4 - Marzo 2005
Algunas reflexiones sobre la
“Banca de Desarrollo”
Cuando iniciamos nuestras actividades en el año 1998 la situación del país y del sector al cual apoyamos estaba en auge y nuestro reto fue apoyar en la consolidación del sector microfinanciero y de las instituciones que lo conforman, así como apoyar el desarrollo de políticas fundamentadas y aplicadas de apoyo al sector microfinanciero. Bolivia había pasado por una época difícil de hiperinflación de la cual logró salir con éxito. Habiendo visto el fracaso de la intervención estatal directa en el sistema financiero, los Bancos Estatales ya habían cerrado sus puertas y existía un consenso de que no se quería volver atrás. Para cubrir un vacío en la atención a sectores menos favorecidos, que no tuvieron acceso a la Banca tradicional, se crearon a fines de los ’80 una serie de ONGs especializadas en la colocación de pequeños créditos a personas comúnmente no consideradas sujetos de crédito. En los ’90 varias de estas ONGs financieras dieron origen a entidades supervisadas por la Superintendencia de Bancos y Entidades Financieras (SBEF) – un Banco y varios Fondos Financieros Privados (FFPs). A inicios del nuevo siglo, muchos considerábamos que Bolivia contaba con una base estable de entidades microfinancieras que de una u otra forma cumple funciones de desarrollo y que aporta a ampliar cada vez más el ejército de prestatarios y usuarios del sistema financiero, llegando a atender casi 500.000 clientes a fines del 2004. Sin embargo en vista de la crisis económica, social y política que enfrenta el país desde hace varios años, esto parece no ser suficiente… Se empezó a hablar nuevamente de la creación de una “Banca de Desarrollo”. Este hecho fue para nosotros, como proyecto que apoya tanto al estado como al sector privado, el inicio de un proceso de análisis y aprendizaje. Lo primero lo que nos viene en mente cuando escuchamos “Banca de desarrollo” son los fracasos de la Banca Estatal de primer piso que cerró a inicios de los ’90 dejando una carga difícil y grandes pérdidas económicas al país. Pero, ¿es esto lo que se nos avecina? Debe ser una Banca de Desarrollo siempre un ente financiero que intermedie y atienda directamente a un grupo meta? Tomando además en cuenta que en Bolivia ya existen una serie de intermediarios que cumplen este rol. ¿Que significa realmente el concepto de Banca de Desarrollo o de Fomento? Analizando publicaciones de la Asociación Latinoamericana de Instituciones Financieras para el Desarrollo (ALIDE), se puede constatar algunos aspectos que caracterizan a una Entidad Financiera para el Desarrollo: “…su intervención puede favorecer a una distribución más homogénea del crédito, al ponerlo al alcance de aquellas
Heike Fiedler * Proyecto de Desarrollo del Sistema Financiero – GTZ
del Estado y/o de la cooperación internacional dirigidas a ciertos grupos meta. En el cumplimiento de estas actividades, en algunas ocasiones el FONDESIF fue acusado de distorsionar el mercado. ¿Pero realmente lo hace? ¿O simplemente cumple con su rol de fomento? Sin embargo esto no parece ser suficiente. Está latente la pregunta si Bolivia necesita otros o nuevos instrumentos que cumplan un rol de fomento. Considerando la existencia de entidades de primer piso que atienden una gran parte de personas de bajos ingresos y tomando en cuenta la existencia de entidades de segundo piso que ponen a disposición de estas entidades no solamente fondos sino también asistencia técnica, creo que se deberá aprovechar estas estructuras existentes, funcionando y con experiencia. Por otro lado hay que considerar que no vale la pena poner a disposición únicamente servicios financieros para los microempresarios si no se acompaña este servicio con asistencia y capacitación dirigidas a la mejora en la calidad de gestión y
productos de estos empresarios, con una mejora de oportunidades de mercado. Además existen instituciones como FONDESIF, NAFIBO, SAT y DUF para mencionar sólo algunas, todas dirigidas a actividades de apoyo a sectores menos favorecidos y de fomento. Son muchas instancias dirigidas a un mismo fin. Creo que sería interesante analizar esta situación desde una perspectiva de largo plazo y tomarse un poco de tiempo para evaluar, reestructurar o incluso fusionar algunas de estas instituciones para que Bolivia en un plazo prudente cuente con instrumentos que realmente le sirvan, que además puedan prestar un servicio integral en beneficio de los que más lo necesitan, formando sinergias y complementariedad con instancias privadas.
empresas que quedan al margen del sistema bancario comercial…” “…la banca de desarrollo puede desempeñar la función de elemento catalizador, actuando como instrumento de creación de mercados e instr umentos financieros …” “Para cumplir su rol de manera adecuada, las instituciones financieras de desarrollo deben alcanzar un diseño equilibrado, que permita conciliar su labor de fomento con la preservación de su solidez económica y financiera.” “La necesidad de moverse dentro de los márgenes así acotados plantea rigurosos niveles de exigencia a la calidad de gestión de los bancos de desarrollo, precisamente por la diversidad de objetivos potencialmente conflictivos a los que ellos deben atenderse simultáneamente…” “…(los bancos de desarrollo) muestran una variada gama de líneas de acción, que tienen el denominador común de llenar vacíos que deja el financiamiento del mercado sin inhibir, sino por el contrario favoreciendo la complementariedad con éste.”1 Aquí vemos que el concepto de Entidad Financiera de Desarrollo ha cambiado en los últimos años. Ya no se habla de un Banco que vive de subsidios, sino de un Banco que debe velar por la sostenibilidad y estabilidad económica; que no entra al mercado para desequilibrar o destruirlo, sino para llenar vacíos que el mercado privado deja, complementando lo existente; que apoya a los grupos beneficiados no solo con servicios financieros sino ofreciendo servicios integrales que incluyen en algunos casos asistencia técnica y capacitación; y… que no es de primer piso. La mayoría de los Bancos de Desarrollo presentes actualmente en Latinoamérica se están enfocando a actividades de segundo piso, complementando los sistemas financieros existentes. Después de estas consideraciones y tomando en cuenta que desde hace varios años apoyamos al Fondo de Desarrollo del Sistema Financiero y de Apoyo al Sector Productivo –FONDESIF, me permito hacer algunas reflexiones. ¿Que es el FONDESIF? El FONDESIF es una entidad estatal de apoyo al sector microfinanciero. Apoya a las Instituciones Microfinancieras (IMFs) con fondos de cartera - en calidad de préstamo, con fondos para asistencia técnica - en calidad de donación y con actividades dirigidas al fortalecimiento y consolidación del sector microfinanciero. Es uno de los brazos financieros del estado desde un segundo piso. ¿Es el FONDESIF una entidad de desarrollo? Si bien no es denominado oficialmente como tal, se puede considerar que si. El FONDESIF administra y desembolsa lineas de crédito
1ALIDE, “La viabilidad y sostenibilidad de la Banca de desarrollo en un mundo globalizado”, 2001 *Las opiniones vertidas en este artículo representan el punto de vista de la autora y no así de la institución en la que trabaja.
En los últimos días se escucha, con mucha frecuencia, una corriente que señala que la falta de acceso por parte del sector productivo a financiamiento de largo plazo a tasas de interés que le permita desarrollar actividades productivas podría superarse con la creación de una entidad financiera de desarrollo o fomento (estatal) que oriente de manera eficiente este tipo 1 de financiamientos. Teresa Chumacero* En este sentido, el papel del Estado como impulsor de una estrategia que permita lograr el desarrollo productivo es Fondo de Desarrollo del Sistema Financiero y de fundamental, ya que podría canalizar recursos a sectores Apoyo al Sector Productivo (FONDESIF) estratégicos (de forma individual o conjunta vías eslabones o encadenamientos productivos) que generen actividades La evidencia histórica nos muestra que la intervención del productivas y creen valor agregado. Para ello, se debería tener Estado en diversas actividades económicas y productivas y en cuenta las experiencias del pasado, por lo que estos emen particular en el sector financiero ha tenido siempre posiprendimientos debieran contar con un Estado facilitador que ciones opuestas, debido a que algunos piensan que el Estado permita realizarlos de forma temporal y posteriormente debería hacerlo todo y otros, por el contrario, señalan que transferirlos al sector privado. Una banca de desarrollo estatal éste no debería tener ninguna ingerencia y participación en de segundo piso debería participar únicamente en aquellos las actividades económicas y productivas, siendo que el segmentos donde el sector privado no interviene y debe a su mercado debería asignar de manera eficiente los recursos. vez dejar estas áreas cuando el sector privado esté listo para La experiencia vivida en Bolivia nos permite afirmar que el asumirlas. crédito dirigido efectuado por entidades de desarrollo estatal Por ello, deberían analizarse cuidadosamente los tipos de de primer piso tuvo poca influencia en el desarrollo económico apoyo que el Estado otorgue, como entidad de segundo piso, del país, ya que los préstamos que tenían bajas tasas de interés a los posibles intermediarios (primer piso) esto con el fin de no produjeron inversiones productivas, sino mas bien fueron evitar distorsiones en el mercado y no reproducir los errores dirigidos de forma poco profesional a un reducido número del pasado. de beneficiarios.
Banca de Desarrollo:
Perspectivas de una Entidad Financiera Estatal de Segundo Piso
El proceso de reformas estructurales por las que atravesó el país, logró una mayor transparencia en la asignación de recursos, pese a no haber incrementado de forma importante los niveles de ahorro nacional. Este aspecto ocasionó una mayor dependencia de recursos internacionales lo que, de cierta manera, impidió el crecimiento de las micro, pequeñas y medianas empresas que aún mantenían sus problemas de acceso al crédito, especialmente por sus reducidos niveles de garantías o colaterales.
Para precaver que una entidad financiera estatal de desarrollo se politice, ésta debe: • Tener un mandato claro (normas y procedimientos bien establecidos) y realizar únicamente actividades de segundo piso.
1 Para fines del presente documento, se entenderán los términos “Banca de Desarrollo Estatal de Segundo Piso” y “Entidad Financiera Estatal de Segundo Piso” como sinónimos pese a las diferencias legales y conceptuales que ambas tienen.
• Tener bien definidos los productos que vaya a ofrecer y claramente establecidas las características de los beneficiarios finales. • Tener una administración transparente y eficiente. • Tener mecanismos de fondeo que le permitan asegurar su eficiencia y permanencia en el tiempo. Una banca de desarrollo debiera tener como objetivo fundamental la eliminación de asimetrías en el mercado, fomentando el acceso al crédito a la población tradicionalmente marginada de éste (generalmente el sector informal), ofrecer otro tipo de servicios financieros, efectuar el diseño de nuevos productos, realizar análisis de riesgo y estandarización de productos, elaborar mecanismos de alerta temprana y diseñar nuevas tecnologías financieras. Mediante el cumplimiento de dichos objetivos, se podría fomentar el financiamiento productivo con valor agregado que permita a estos sectores incrementar sus ingresos y generar un efecto multiplicador en la economía nacional logrando mayores niveles de crecimiento que, a su vez, incentiven la transformación de sectores informales en formales, micro en pequeños empresarios y éstos a su vez en medianos y grandes. El Estado debe jugar un rol preponderante en el fomento de iniciativas económicas que busquen el desarrollo a través de
actividades productivas, con un rol de facilitador y no de interventor, canalizando recursos en condiciones favorables a este tipo de intervenciones a través del sector privado, asumiendo sin embargo y de forma temporal el financiamiento de aquellas intervenciones riesgosas propias del campo del desarrollo. Finalmente, y a modo de reflexión, es importante señalar que debe pensarse cuidadosamente la viabilidad de implementar una banca de desarrollo en el país, tratando de evitar repetir las malas prácticas pasadas cuyas consecuencias aún las estamos asumiendo. Por ello, la entidad que se pretenda crear debe estar orientada al financiamiento de segundo piso y ser netamente técnica, sus metas deben contribuir al desarrollo del país en todos sus campos: agrícola, minero, industrial, vivienda, tecnológico, infraestructura y otros, usando para ello el dinero que el propio Estado pudiera disponer, el proveniente de la banca privada, de inversiones en diversos sectores y países, donaciones o préstamos de organismos internacionales, multilaterales o gobiernos amigos, emisión de bonos, fondos de pensiones y otros, todo con el fin de lograr la tan ansiada reactivación de la economía del país.
Consideramos que el apoyo que se requiere para reactivar la demanda, pasa por solucionar las agudas limitaciones de infraestructura y temas estructurales que hoy se enfrenta. Cuando se quiere llegar a lugares desatendidos, hay factores determinantes como la falta de caminos, de energía eléctrica o de sistemas de comunicación. Estas carencias dificultan y encarecen los servicios financieros, afectando directamente al usuario final, al cliente. Por ello, el apoyo que se requiere del Estado y de otras entidades de la cooperación internacional, debería estar orientado a convertir en viables económicamente, a poblaciones y clientes que hoy, por falta de capacitación, por falta de especialización, por falta de infraestructura, están marginados del mercado y de los servicios financieros; no son competitivos, y por tanto no califican para acceder al crédito. Honestamente creemos que las instituciones de microfinanzas, desarrollan el concepto bien entendido de lo que se podría llamar “banca de desarrollo”. Llegan con servicios financieros integrales a segmentos de la población y áreas geográficas nunca antes atendidas por el sistema financiero formal (personas de muy bajos ingresos en zonas urbanas y rurales). Ni en las épocas más florecientes de la banca estatal de desarrollo en Bolivia se atendió a tanta gente con servicios financieros como se lo hace ahora mediante el sistema de microfinanzas. Y pese a la situación de recesión de la economía que vivimos en los últimos años, estas entidades en lugar de contraerse, han adoptado políticas de crecimiento y expansión, que demuestra su compromiso con los segmentos que atienden, confiando, por supuesto, en sus propias fortalezas internas y en la responsabilidad de sus clientes. Lo destacable, además, es que no se requiere destinar recursos del Estado para este fin, las entidades reguladas se financian mayoritariamente de la captación de depósitos del público y del mercado de valores y complementariamente con líneas de crédito, habiendo logrado atraer importantes recursos financieros de entidades del exterior en condiciones de mercado. El Estado boliviano necesita destinar muchísimo dinero, mucho más del que puede disponer, para atender las necesidades básicas de la población, por lo que sería ineficiente destinar los pocos recursos con los que cuenta, a financiar las actividades de un banco de desarrollo. Lamentablemente, cuando se habla de “banca de desarrollo” lo primero en que se piensa, o por lo menos eso esperan quienes lo demandan, es un banco estatal que otorgue créditos subsidiados. La propia experiencia boliviana sobre el particular ha demostrado que luego el mayor volumen de dinero se concentra en pocos deudores con buenas relaciones políticas y que, en un gran porcentaje, ni los grandes ni los pequeños deudores honran sus deudas. Muchas veces se utilizan los créditos o las condonaciones de los mismos como un instrumento para hacer campaña política, especialmente en los sectores rurales, y finalmente los contribuyentes terminan cubriendo las pérdidas de estas entidades ineficientes y deficitarias. Estos antecedentes también demuestran que el efecto sobre los clientes puede ser muy negativo, en el sentido de que se crean falsas expectativas y se afecta negativamente la moral de pago. La mayoría de los países de América Latina que cuentan con banca de desarrollo estatal confrontan esos problemas.
En contraposición, Bolivia es reconocida y considerada como un ejemplo a nivel mundial en cuanto al desarrollo de un sistema privado que ha permitido el acceso a los servicios financieros a una gran mayoría de la población. Actualmente, en Bolivia un microempresario informal sin ingresos estables ni comprobables, ni garantías reales que ofrecer, puede acceder a un financiamiento a tasas de interés más bajas que las que los bancos cobran por el financiamiento en tarjetas de crédito a clientes de clase media y alta; en la mayoría de los países esto es simplemente una utopía. Gentes de todas partes del mundo vienen a aprender de la experiencia del sistema de microfinanzas boliviano, y justamente son los bolivianos los que menos la valoran. Por supuesto que todavía queda bastante por mejorar, somos conscientes de ello, pero no arriesguemos lo mucho que se ha avanzado y que tiene sólidas perspectivas de permanecer por siempre, cediendo a presiones políticas y sectoriales que a nada bueno nos llevarán en el largo plazo. Aparentemente, el Gobierno ya habría tomado la decisión de crear un banco de desarrollo de segundo piso, como un instrumento para reactivar el aparato productivo del país. No acabamos de entender esa decisión puesto que, existiendo ya un banco de segundo piso en el país, se hace más lógico y necesario reforzar a NAFIBO y aportarle las transformaciones necesarias, para transferir a los prestatarios finales los beneficios de los programas de apoyo al crédito que esta entidad, a su vez, recibe. El papel del Estado en la financiación del desarrollo debe orientarse al fortalecimiento del marco legal para el mercado de capitales y de la actividad de la banca de segundo piso, mediante entidades como NAFIBO. El apoyo estatal a una banca de segundo piso debe ser para hacerla más ágil y dinámica, pero siempre complementaria y suplementaria a las entidades financieras privadas. Creemos que las entidades financieras privadas aportarían aún más al desarrollo del país y de la gente más necesitada con la diversificación y la presencia de un mercado de capitales desarrollado, ya que el desarrollo financiero de largo plazo y de magnitud, depende de lograr un mercado de capitales suficientemente grande y líquido, que intermedie el ahorro nacional y extranjero hacia actividades sostenibles.
* Las opiniones vertidas en este artículo representan el punto de vista de la autora y no así de la institución en la que trabaja.
La Banca de Desarrollo en Bolivia
Fernando Prado - Asociación de Entidades Financieras Especializadas en Microfinanzas (ASOFIN)
La reactivación de la economía nacional, la de su aparato productivo, es y será la preocupación fundamental de todo gobernante actual y futuro en Bolivia. ¿Qué hacer para reactivar un país que, desde hace 5 años, está paralizado y no sale adelante? Notablemente, la mayoría de las razones que dan los empresarios, sean grandes, medianos o pequeños, se refieren a la falta de acceso al crédito. “Si existiera un mayor acceso al crédito, mi empresa saldría a flote y estaría produciendo y quizás exportando”, dice un empresario mediano del rubro del beneficio de la castaña. Resulta, sin embargo, difícil de creer que sea la falta de acceso al crédito lo que tiene postrada a la economía nacional. En otras palabras, equivaldría a decir que la industria nacional, sea grande, mediana o pequeña, está lista para producir y exportar, no confronta problemas de competitividad, la calidad de sus productos y el precio de éstos compite ventajosamente con los de los países vecinos y de ultramar, y que -por falta de acceso al crédito-, no puede dar el salto definitivo hacia el éxito, cuando es bien sabido la fuerte rigidez de oferta en el sector productivo interno. En nuestra opinion, la problemática no viene por el lado de la oferta, sino por el de la demanda por financiamiento. No todas las empresas están en condiciones de obtener préstamos, porque no están produciendo bienes que sean competitivos, que les permitan crecer, ampliar el mercado doméstico e incursionar en los mercados internacionales. Nunca antes como hoy, el acceso al crédito se ha democratizado y llevado a más áreas geográficas y personas que hace muy pocos años no tenían, ni soñaban con la posibilidad de contar con préstamos y otros servicios financieros. Como un simple ejemplo, vale la pena mencionar que la cartera de las entidades afiliadas a ASOFIN creció desde US$ 184.3 millones en 1999 a US$ 414.8 millones a diciembre de 2004; y que de 148 mil clientes prestatarios se pasó a 253 mil. Si adicionalmente se toma en cuenta a las ONG microfinancieras, fácilmente se podría decir que hoy, la cartera de las entidades de microfinanzas en Bolivia llega a US$ 500 millones compuesta por más de 400 mil prestatarios. La oferta financiera ya está establecida y cuenta con una enorme variedad de servicios, por lo que la reactivación económica pasa más bien por fortalecer la demanda por éstos servicios. Esas empresas pequeñas, medianas y grandes que hoy no pueden producir ni exportar satisfactoriamente, que no están empleando mano de obra, que se debaten entre la quiebra o la vida artificial, no están en esa situación por falta de acceso al crédito, ni por falta de entidades financieras que las atiendan.
La Nueva Arquitectura Institucional Financiera para el Desarrollo
José Auad L., Marcelo Díaz Q.
PROFIN - COSUDE En Bolivia, luego de un periodo de crecimiento “razonable” del PIB durante el quinquenio 93-97, a partir de 1998 se inicia una etapa recesiva, significando una reducción en la producción e incremento en el desempleo. Si bien ahora, se puede sostener que el PIB está creciendo, esto es debido principalmente a las exportaciones; de gas, a la coyuntura favorable de los precios de los minerales y de algunos rubros no tradicionales. Por tanto, ese incremento en el Producto, traducido en ingresos, alcanza a algunos sectores de la población, mientras que la mayoría no siente mejora en su situación económica. La alternativa de reproducción económica de los desempleados y autoempleados en los principales centros urbanos del país, ha sido dedicarse al comercio informal y a la oferta de servicios; como el transporte, restaurantes y venta al menudeo. Este aspecto se refleja en la misma composición de cartera de bancos especializados en microfinanzas y Fondos Financieros Privados. En el área rural, las alternativas de reproducción económica de las unidades campesinas, pasa por la producción agropecuaria, pero de manera creciente está ocurriendo una diversificación de sus actividades, adquiriendo mayor importancia el comercio y otros servicios, reflejada en el destino del crédito que brindan las ONGs financieras. En este contexto, se empieza a evidenciar el agotamiento de estas alternativas de reproducción económica terciaria porque, a medida que transcurre el tiempo, pareciera que hay más vendedores que compradores, que hay una sobreoferta de servicios de transporte, de restaurantes, puestos de comida, plomeros, electricistas, peluqueros, etc. Esta situación, requiere un giro estratégico en el diseño de políticas públicas de reactivación, adoptando una visión que busque impulsar el desarrollo de una economía productiva y competitiva, que sea capaz de atender las necesidades del mercado interno y se inserte eficazmente a los mercados externos. Dentro de esta concepción, es indispensable desarrollar y adecuar el sector financiero, para que pueda atender la demanda de un sector productivo que necesita acceder a recursos crediticios en mejores condiciones. En los años 80 y 90 se produjo un cambio en el rol del Estado en la economía, y los procesos de privatización constituyeron el centro de la política económica aplicada. En este marco, entre 1987 y 2003, se realizaron reformas financieras dirigidas a la liberalización de la tasa de interés, cambios en las normas de regulación y supervisión financiera, apertura a la banca extranjera y el desmantelamiento de las instituciones que operaban con crédito dirigido de fomento. Estos procesos generaron cambios importantes en el mercado de capitales de largo plazo, aunque una parte relevante de los objetivos esperados, como la consolidación de un mercado de valores o el desarrollo de instrumentos financieros aptos para mitigar shocks macroeconómicos internos y externos, no se lograron a plenitud. Si bien se logró “blindar” al sector financiero, el impacto de la crisis repercutió directamente sobre el sector real, teniendo como consecuencia la atomización del aparato productivo,
mermando así la capacidad productiva del país y comprometiendo una ágil y oportuna reactivación económica. Ante esta situación, existen argumentos para justificar la presencia del sector público en el mercado financiero, los mismos que se fundamentan en la existencia de serias fallas de mercado que impiden lograr el desarrollo económico y financiero del país. De esta manera, aparece entre los temas de reflexión actual la “recreación” de una banca de desarrollo.
¿Son las fallas de mercado en Bolivia de tal magnitud que justifican la presencia del Estado en el sector financiero?
La fijación de spreads en el mercado de intermediación se produce en una estructura colusiva, significando una primera falla de mercado. Por otra parte, la insuficiente y decreciente asignación de recursos para la inversión productiva, originada por problemas de información asimétrica ha llevado, a pesar de la flexibilización de la normativa, a que los mercados financieros presenten rigideces en su funcionamiento. La exigencia de colaterales adicionales y la aplicación de nuevas metodologías para evaluar la capacidad de pago del deudor, han resultado limitados para mitigar la percepción de riesgo de los financiadores. En presencia de estas fallas y de un entorno económico incierto, la tendencia de los oferentes financieros privados es racionar y encarecer el crédito.
El racionamiento y segmentación del mercado del crédito, conduce en la práctica a la exclusión de las pequeñas y medianas empresas, así como de los pequeños propietarios agrícolas e inhibe la constitución de empresas tecnológicamente innovativas. Estas empresas presentan un mayor riesgo financiero y costos de transacción significativos en el proceso de intermediación financiera, dado que el conjunto de información disponible sobre ellas, en comparación con las empresas grandes, es limitado, lo que causa altos costos en su evaluación y monitoreo. De esta forma, se puede sustentar que la conformación de una institucionalidad financiera orientada al desarrollo económico con activa participación pública, podría constituirse en un instrumento catalizador de la reactivación productiva, por su naturaleza contra cíclica, y con una potencial capacidad de generación de externalidades positivas en el sector financiero y el real. Este diseño es concebido, como la Institucionalidad Financiera para el Desarrollo (IFD).
Mecanismo e instrumentos
El sector productivo de la economía es heterogéneo y está compuesto por una serie de articulaciones que integran al sector rural con el urbano, lo formal con lo informal y la producción primaria con la de transformación. El diseño de la nueva IFD comprende una armonización institucional público/privada, que internalice y comprenda las relaciones que encadenan a los agentes productivos, desde la unidad familiar productiva campesina, hasta la empresa exportadora, para luego desarrollar los instrumentos financieros y de fomento que optimicen los factores de producción, además de minimizar los riesgos de shocks externos e internos que afectan a las distintas actividades productivas. Para la puesta en marcha de la IFD, es condición necesaria: (i) que el Estado constituya una instancia especializada que sistematice y administre la información referida a los instrumentos de apoyo no financiero que el sector público otorga a los actores productivos (asistencia técnica, infraestructura, inteligencia de mercados, y desarrollo empresarial); y (ii) que el sector privado financiero constituya un sistema único que mejore y coordine la información financiera ya existente (centrales de riesgos, buró de información y otras). Para potenciar la acción estatal de apoyo a la producción, debe existir una mezcla óptima de instrumentos de fomento productivo (financiamiento oportuno y asistencia técnica), para cada tipo de articulación, comprendiendo su dinámica, naturaleza y capacidad de generación de valor agregado. A continuación se plantean algunos mecanismos y paquetes de instrumentos financieros identificados de acuerdo al tipo de actividad productiva: producción primaria y los distintos niveles de transformación. En todos los casos, se prevé que los instrumentos financieros considerados sean complementados con otros instrumentos de promoción productiva no financieros, identificados en las estrategias sectoriales correspondientes. • Para la producción primaria (de esencia rural), se aplicarían instrumentos financieros tales como el seguro agrícola, contratos de venta a futuro, warrant, fondos complementarios de aval, líneas para el financiamiento de para la transformación tecnológica agropecuaria (energía limpia),
La Arquitectura Institucional para el Financiamiento al Desarrollo es representada esquemáticamente en el siguiente flujo:
FONDESIF, FNDR, DUF
NAFIBO
Institucionalidad Financiera para el Desarrollo
Bolsa de productos IMFs reguladas y autorreguladas Otros 2o piso privados
Crédito corto y largo plazo Warrant Leasing Factoraje Capital riesgo 1a transformación Empresa rural acopio selección Plan agronegocios Ventanilla comercialización Tecnología Capacitación Gestión empresarial
Bolsa de valores Bolsa emergente Banca corporativa y de negocios Otros 2o piso privados
Capital inversión Fondo avales Crédito corto y largo plazo Capital riesgo
Operadores privados
Seguro agrícola Venta a futuro Crédito competitivo Crédito municipal
Todos los Instrumentos Financieros
Instrumentos Financieros
La experiencia
En los años 60s y 70s, operaron en Bolivia, entidades de fomento de primer piso que otorgaron créditos dirigidos a determinados sectores productivos, a tasas de interés subsidiadas. Los créditos así concedidos no necesariamente fueron asignados a actividades con suficiente rentabilidad económica o social. En ausencia de un mandato explícito y de un marco institucional adecuado, las diferentes entidades basaron sus decisiones en criterios políticos. Asimismo, realizaron una ineficiente administración del riesgo y gestión de cobranza, resultando en tasas de recuperación crediticias inferiores a las de la banca comercial; conduciéndolas a su inviabilidad financiera.
Producción primaria Campesino/Rural ASLs/TCOs
2a transformación MyPyME Productos en proceso Plan agronegocios Ventanilla comercialización Tecnología Capacitación Gestión empresarial
3a transformación Exportadores Producto final calidad Ventanilla comercialización Tecnología Gestión empresarial Certificación de calidad
Mercados externos e internos
Tecnología agrícola Asociatividad y capacitación técnica
Instrumentos no financieros de fomento productivo
SIBTA Unidad de Productividad y Competitividad (Inteligencia de mercados) FTDAs, CIOEC, Universidades
Sistema Boliviano de Productividad y competitividad (SBPC) Unidad de Productividad y Competitividad (Inteligencia de mercados) IBNORCA, CEPROBOL, SAT, SIVEX, FUNDEMPRESA, Universidades
Operadores públicos, privados
capital de operaciones e inversiones. Estos instrumentos de financiamiento directo, no son exclusivos para cierto tipo de empresas; por el contrario, se podrán realizar combinaciones de los mismos, según la intensidad de uso del factor, tamaño de empresa, ubicación geográfica y grado de formalidad. • Para la primera transformación, son factibles de aplicación productos financieros como el capital de riesgo, contratos de riesgo compartido limitado, warrant, leasing, factoraje y créditos para capital de operaciones e inversiones. Así mismo, la constitución de fondos de garantía y seguros de crédito son pertinentes. • El eslabón asociado a la segunda transformación, requerirá de instrumentos de inversión en capital fijo, capital de operaciones, fondos de aval complementario, capital de riesgo y los asociados al de primera transformación. • En lo que respecta a la tercera transformación, son aplicables prácticamente todos los instrumentos financieros propuestos y otros innovadores, según la necesidad y costo de oportunidad del capital.
sindicados, y otras operaciones activas que implican alianzas entre agentes privados y alentadas por el Estado. Asimismo, se puede promover una alianza privada/privada, para la oferta de servicios financieros articulados a servicios de desarrollo empresarial que, por un lado, permitan el desarrollo de una cultura empresarial y, por otro, mejoren las capacidades gerenciales de los emprendedores, contribuyendo a elevar la calidad de los productos y a incrementar su capacidad de negociar mejores términos en el proceso de comercialización. Si fueran necesarias inversiones públicas, será importante establecer alianzas entre gobiernos municipales y departamentales con los productores, que permitan generar las condiciones básicas para que las instituciones financieras puedan luego actuar. Ello puede significar alianzas entre entidades del sector público (Municipios/Prefecturas con el Fondo Nacional de Desarrollo Regional y el Fondo Nacional de Inversión Productiva y Social) y, desde luego, alianzas público-privadas. La cristalización de esta visión, permite que la IFD cumpla el objetivo de facilitar el acceso de los productores de menor escala, urbanos y rurales, a recursos financieros que les permitan iniciar, dinamizar y expandir sus operaciones. El fundamento de estas acciones es la construcción de alianzas públicoprivadas, público-público y privadas-privadas, que aprovechen y evalúen las capacidades instaladas y las demandas del mercado. La transformación del sistema financiero requiere un esfuerzo coordinado entre el Estado y los operadores privados, que modifique normas, cree incentivos y desarrolle esquemas de mitigación de riesgo, de tal manera que el sector financiero juegue el papel que le corresponde en beneficio del desarrollo productivo del país.
de todas las unidades productivas son microempresas. De éstas, el 66 por ciento son de autoempleo o cuentapropismo, lo que implica que no han sido creadas por la oportunidad de emprender sino por la necesidad de emprender. Aún más, el 33 por ciento de todas las microempresas bolivianas se encuentran en el nivel de subempleo, dato que establece que aproximadamente 165.500 de las 500.000 unidades productivas existentes en nuestro país se constituyen en emprendimientos de supervivencia y no posibilitan la generación de ahorro y riqueza.
La estructura empresarial boliviana
En la misma dirección, una institucionalidad integral de desarrollo debería contemplar el trabajo conjunto con entidades de preincubación e incubación de empresas. Como se ha visto en párrafos anteriores, es de vital importancia para nuestro país la generación de una cultura emprendedora de generación de empresas productivas por oportunidad y no por necesidad. Consecuentemente, una banca de desarrollo integral debería integrar estas actividades de desarrollo empresarial con aquellas de mercado y de financiamiento, para brindar la motivación y la oportunidad de emprender. Con esta misma visión, en un modelo de banca integral de desarrollo, se deberían concertar acuerdos de financiamiento entre las entidades financieras de segundo piso y las instituciones de intermediación, mediante los cuales las primeras asuman porciones significativas del riesgo en las operaciones de fondeo a las PyMEs locomotoras, volviendo de esta manera “bancables” a estos emprendimientos y apoyando al desarrollo productivo. Las instituciones de intermediación de primer piso tomarían el compromiso de mantener el respaldo financiero, asumiendo riesgos crecientes, a las PyMEs que se vayan confirmando como sujetos de crédito confiables a través del cumplimiento oportuno de sus obligaciones de pago y que tengan la potencialidad de ir creciendo y arrastrando a una serie de micro y pequeñas empresas proveedoras de bienes y servicios. Bajo este enfoque, los instrumentos que pueden ser utilizados son el factoraje, los préstamos a entidades de inversión en capital de riesgo, los fondos de garantía para pequeñas y medianas empresas, los fondos de capital de operaciones, el cuasicapital con garantías alternativas, etc. Consecuentemente, un modelo de banca integral de desarrollo debe enfocarse en el cliente final y mantener como propósito fundamental el que los emprendedores que estén dispuestos a poner en riesgo su patrimonio y su esfuerzo, para participar en una economía abierta sin mayor protección que su propia competitividad, tengan la oportunidad de intentarlo y, sobre todo, de lograrlo. Esto sin duda se lo tiene que hacer mediante instrumentos que abastezcan la demanda de las PyMEs locomotoras en un corto, mediano y largo plazo, tomando en cuenta, por sobre todo, la curva de maduración de los proyectos incurridos. Empero, como se estableció antes, este proceso de apoyo debe ser integral y tiene que estar acompañado de foros de reflexión, asistencia técnica, transferencia tecnológica, financiamiento inteligente, redes de trabajo conjunto y, por sobre todo, de la voluntad de las entidades llamadas a hacerlo.
Estrategia
Para hacer efectiva la IFD, es necesaria la voluntad política del Estado y la convergencia de las instituciones financieras privadas, en el propósito de constituir una alianza público/privada que promueva el aprovechamiento intensivo de tecnologías minimizadoras de costos, además de construir de manera colectiva esquemas “ganar-ganar” para la generación de economías de escala y ámbito entre instituciones financieras de distinto tipo: reguladas y no reguladas por la Superintendencia de Bancos y Entidades Financieras (SBEF) y entre instituciones bancarias y no bancarias, a través de contratos de corresponsalía, cajas externas, red de cajeros, créditos
El Objetivo de una Banca de Desarrollo Integral
Una banca de desarrollo integral no debe ser entendida como una institución sectorial financiera pública de primer piso (como las de tiempos pasados y ojalá pisados), sino como una institucionalidad conformada por entidades privadas, públicas y de la cooperación internacional; de primer, segundo y tercer piso, trabajando convergentemente con entidades financieras y no financieras en busca de un mismo objetivo. Este objetivo debe ser el desarrollo productivo nacional a base de la generación de empleo de calidad, mediante la ampliación del espectro comprendido por las pequeñas y medianas empresas que operan en el país. Se debe buscar “graduar” microempresas productivas para que puedan convertirse en pequeñas empresas y, además, hay que apoyar a pequeñas empresas listas para dar el salto en cantidad y calidad, para que puedan graduarse y convertirse en medianas empresas en un corto a mediano plazo. Bajo este escenario, una banca de desarrollo integral no contempla únicamente entidades financieras sino que también involucra otras instancias como, por ejemplo, agencias e instituciones de promoción de exportaciones para identificar emprendimientos con potencial exportador. Así, y desde ese momento, se podrían abrir líneas de crédito y fondos de aval de respaldo financiero a empresas pertenecientes a las cámaras de exportadores, mediante las cuales una entidad de segundo piso asuma un porcentaje del riesgo crediticio y canalice por entidades intermediarias el fondeo correspondiente a las PyMEs afiliadas, cuyos proyectos y solicitudes hayan sido avalados técnicamente por la propia cámara o asociación.
Una Banca de Desarrollo Integral para Bolivia
En el contexto actual de un mundo globalizado, se destaca el papel que cumplen tanto la pequeña como la mediana empresa (PyME) en el desarrollo económico de las naciones, por ser poseedoras de características intrínsecas que les otorgan importantes ventajas competitivas en los mercados. Entre estas características se puede citar que tienen una productividad que duplica a la de las microempresas, poseen la potencialidad de convertirse en “locomotoras” de desarrollo económico local -arrastrando a microempresas relacionadas a su rubro en clusters productivos - y tienen una capacidad mayor a la de las grandes empresas de adaptarse a cambios en el ambiente económico nacional e internacional. Asimismo, generan empleos de calidad y en la mayoría de los casos tributan y son formales.
José Jiménez T.*
Fundación para la Producción (FUNDA-PRO)
Sin embargo, en Bolivia se observa que los pequeños y medianos emprendimientos han sido “olvidados” en el contexto económico y financiero, enfocándose todos los esfuerzos, en forma polarizada, en primer lugar a atraer y asegurar la permanencia en nuestro país de grandes empresas transnacionales y, en segundo lugar, a “hacer negocios con los pobres” en el marco de las microfinanzas y los micronegocios. En esta dirección, como lo muestra la figura siguiente, en las últimas dos décadas las políticas gubernamentales han ido en favor de un pequeño grupo de empresas grandes, que generan el 65 por ciento del Producto Interno Bruto a base, en su mayoría, de la explotación de recursos naturales no renovables, pero que únicamente emplean al 7 por ciento de la población económicamente activa. Por otro lado, más del 99 por ciento
* El autor actualmente se desempeña como Subdirector de Proyectos e Innovación en FUNDA-PRO. Las opiniones vertidas en este artículo representan el punto de vista del autor y no así de la institución en la que trabaja.
¿Es posible y necesaria una Banca Estatal de Primer Piso en el presente?
Reynaldo Marconi*
Asociación de Instituciones Financieras para el Desarrollo Rural (FINRURAL) En los últimos meses resurgieron planteamientos orientados a promover la intervención directa del Estado en la prestación de servicios financieros. El Gobierno, en respuesta a las presiones políticas analiza la posibilidad de crear un banco estatal de primer piso que apoye al sector productivo. Estas viejas propuestas estatistas argumentan la falta de entidades financieras especializadas con enfoque de apoyo al sector productivo, que beneficien principalmente a microempresarios y pequeños productores agropecuarios, con plazos holgados y tasas de interés bajas. Sin embargo, los propulsores de esta iniciativa parecen haber olvidado que en Bolivia existieron cuatro bancos estatales especializados, que trabajaron con plazos muy holgados y tasas de interés bajas, los cuales fueron cerrados porque ninguno de ellos cumplió con los propósitos para los que fueron creados. Estas entidades constituidas con las intenciones de apoyar al sector productivo (Banco Agrícola, Banco Minero y Banco del Estado) y de la vivienda (Banco de la Vivienda), tuvieron su época gloriosa en la década del setenta, convirtiéndose en medios de distribución de privilegios políticos y económicos entre los allegados a los gobernante de turno y, en ciertos casos, fuentes de corrupción para el acceso a los recursos crediticios. Los bancos estatales administraron crédito subsidiado favoreciendo a personas que no siempre lo requerían, distorsionando la asignación de recursos en la economía y, desnaturalizando la función de los oficiales de crédito, al convertirlos en funcionarios públicos atraídos por las prácticas deshonestas que atentaban contra el patrimonio de las propias entidades financieras. A mayor abundamiento, cabe recordar los motivos por los que la banca estatal de desarrollo fue desechada hace más de una década atrás: a) se trataba de una banca absolutamente burocrática, donde el acceso a créditos para sectores productivos requería de una serie de tramites que duraban mucho tiempo y elevaban los costos de transacción para los prestatarios; b) existía un fuerte direccionamiento de los recursos, generalmente beneficiando a grupos de poder privilegiados, los cuales, tenían acceso a un crédito subsidiado, con recupe-ración muy baja y mecanismos de acceso poco transparentes; c) la asignación de cargos en las instituciones bancarias estatales, estaba completamente politizada y, los cargos ejecutivos, operativos y técnicos sufrían cambios constantes debido a movimientos de Gobiernos, Ministros, etc; d) se impulsó indirectamente una cultura de no pago, puesto que los esfuerzos de recuperación de los créditos colocados eran motivados políticamente y los prestatarios pensaban que al ser recursos estatales no necesariamente debían ser honrados, situación que se facilitaba con la debilidad del Estado frente a estas posiciones; e) existía una baja e ineficiente recuperación de créditos, por lo que los niveles de mora eran elevados, subsanando las deficiencias técnicas y administrativas, con recursos que el Estado depositaba en estos bancos para paliar los déficits o pérdidas; f) se aplicaron tecnologías crediticias inadecuadas que impedían sobrevivir financieramente, considerando las características del grupo objetivo al que supuestamente se quería atender; además estas tecnologías generaron exclusión, racionamiento y, por tanto, eran también responsables de la baja recuperación de créditos; g) la otra cara de la especialización era la inadecuada administración de riesgos, merced a la ausencia de diversificación de riesgos, dejando a la institución financiera expuesta y vulnerable a shocks desfavorables; y, h) todos estos factores coadyuvaron a la falta de credibilidad de las instituciones financieras estatales como tales. Además de olvidar las consecuencias de esta experiencia negativa, los actores que promueven el resurgimiento de la banca estatal de primer piso desconocen la institucionalidad creada con mucho esfuerzo en el país durante estos últimos veinte años, en base al rol de las Instituciones de Microfinanzas (IMFs) reguladas y no reguladas. En efecto, según estudios realizados, a diciembre de 1986, el total de agencias de los cuatro bancos estatales eran 100, de las cuales 29 se encontraban en el área urbana y 71 en el área rural: El total de agencias de las IMFs a Junio 2004 alcanzan a 399, de las cuales 235 son urbanas (59%) y 164 son rurales (41%). Esto quiere decir que las entidades del sector microfinanciero han sustituido y y superado totalmente a las agencias de la banca estatal y, que el incremento en términos de capacidad instalada representa 4 veces más. Adicionalmente, el Banco Agrícola de Bolivia (BAB) funcionó entre 1942 y 1990 y tuvo su época de oro en las décadas de los setenta y ochenta, atendiendo entre 1971 y 1984 a un total de 55.107 prestatarios, en base a sus 32 agencias rurales, colocando un monto total acumulado en trece años de $us 322 millones a un promedio de $us 23 millones por año. Por su parte, a junio de 2004, las IMFs, registran en un solo año a más de 105,304 clientes rurales atendidos, con un total de cartera rural colocada de $us 100 millones, también en un solo año, que respecto los logros del BAB en trece años son significativamente superiores. En una perspectiva global, las operaciones de las IMFs, Cooperativas de Ahorro y Crédito y Mutuales de Ahorro y Préstamo administran al 31 de junio de 2004, una cartera de $us 1,012 millones, que representa el 26% de la cartera total del sistema financiero nacional (incluyendo contingentes) y, atienden a una clientela de 499,754 prestatarios que representan el 78% del total de prestatarios del sistema financiero nacional. Desde el punto estatal, a través de FONDESIF y NAFIBO, también se han realizado esfuerzos para facilitar el acceso a servicios financieros a agentes económicos y regiones desatendidas por la banca formal y, aunque no se han logrado satisfacer plenamente las necesidades de recursos de fomento, es innegable el impacto positivo de sus acciones en la expansión y profundización de los mercados financieros rurales. En síntesis, aún queda mucho por lograr, pero en Bolivia se han realizado importantes esfuerzos, tanto a nivel estatal como privado, para facilitar servicios financieros a agentes económicos y regiones que, aunque no reportan grandes márgenes de utilidad, desarrollan actividades económicas viables y sostenibles. Resucitar la banca estatal de primer piso invalidaría esta trayectoria con reconocimiento a nivel internacional beneficiando únicamente a grupos de poder - empresarios potentados que no destinarían los recursos a fines productivos- y a grupos de presión – que accederían al financiamiento, sin cumplir requerimientos básicos, a través del chantaje político para posteriormente constituir asociaciones de deudores y no cumplir las obligaciones contraídas. Obviamente los directos perjudicados, de manera general serían los bolivianos que cargaríamos con el peso económico, y particularmente el sector microfinanciero surgido desde el sector privado, y los microempresarios, pequeños productores agropecuarios y otros agentes económicos no atendidos por las entidades bancarias convencionales. Frente a un sector financiero sólido, que incluye un sector microfinanciero diversificado y altamente innovativo -como pocos sectores económicos en Bolivia- el Estado debería concentrar sus esfuerzos en acciones de promoción para desarrollar el ahorro local y diversificar, expandir y profundizar el acceso a servicios financieros. Asimismo, respecto el sector productivo, el Estado podría orientar su intervención directa y recursos a potenciar la demanda a través de asistencia técnica, capacitación, y realizar acciones que favorezcan la asociatividad y encadenamientos (verticales y horizontales) así como a crear un entorno favorable mejorando el acceso a infraestructura básica y desarrollando esfuerzos para una mayor apertura de mercados. Finalmente, respondiendo a la interrogante si es posible y necesario el resurgimiento de una banca pública de primer piso en el presente, la respuesta es categóricamente no. Respecto el apoyo al sector productivo, mediante mecanismos de segundo piso, esa es un alternativa que requiere el concurso de más actores incluyendo la intervención estatal, pero esa reflexión amerita un tratamiento separado que no es el objeto de la presente nota.
*Las opiniones vertidas en este artículo representan el punto de vista del autor y no así de la institución en la que trabaja.
Noticias
ECOFUTURO
A finales del 2002, el Fondo Financiero Privado (FFP) ECOFUTURO SA, se encontraba en una difícil situación financiera. El Directorio buscaba medidas estratégicas que le posibilitaran salir adelante del mal momento que atravesaba el FFP, entre las que fue necesario castigar el patrimonio pues no existía otra forma de revertir las considerables perdidas que se estaban arrastrando de pasadas gestiones. A pesar de las duras medidas que se implementaron, el problema financiero de ECOFUTURO no estaba solucionado y se requería tomar decisiones a nivel ejecutivo y estratégico que permitan mejorar la calidad de la cartera y consolidar el patrimonio. En este contexto, junto a otros programas de la cooperación internacional, PROFIN-COSUDE decidió apoyar al FFP en la ejecución de algunas tareas importantes que se detallan a continuación: • Elaboración del plan estratégico 2003-2005. • Creación y capacitación de la Unidad de Riesgo. • Implementación de políticas, normas y control del área de riesgo crediticio. Los resultados de todo el esfuerzo realizado por el Directorio, la Gerencia y el nivel operativo de ECOFUTURO fueron positivos, logrando una mejora notable en la calidad de la cartera y por consecuencia, resultados alentadores al cierre de la gestión 2004. Datos contables ECOFUTURO al cierre de gestión expresado en miles de $us. Cuentas Cartera vigente Cartera vencida Cartera en ejecución Resultado del ejercicio
Fuente: ASOFIN Boletines 1; 13; 25
2002 5,835 535 269 -618
2003 288 218 -64
2004 182 135 71
9,859 12,973
Felicitamos a ECOFUTURO por la nueva y positiva imagen que se está construyendo.
Foro Interamericano de la Microempresa
El Banco Inter amer icano de Desarrollo (BID) está organizando el VIII FORO INTERAMERICANO DE LA MICROEMPRESA “Ampliando las fronteras de la microempresa... El compromiso de llegar a todos” que se llevará a cabo en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra del 5 al 7 de octubre de 2005. Se espera que este año al igual que los anteriores 7 Foros, se cuente con cientos de participantes de la región quienes se reunirán para discutir y conocer las mejores prácticas para el desarrollo de las micro y pequeñas empresas en los siguientes ámbitos: • Microfinanzas • Desarrollo Empresarial • Entorno de negocios • Empresariado social El Foro también incluirá las siguientes actividades: • Feria Artesanal donde las mejores y más típicas artesanías estarán a la venta durante los 3 días del evento. • Centro de Exhibiciones donde los participante tendrán la oportunidad de obtener y conocer personalmente lo ultimo en servicios y productos para el sector, desde nuevas tecnologías para programas de desarrollo, servicios financieros y hasta proveedores de servicios de todo tipo para la microempresa. • Lanzamiento de publicaciones relacionadas al sector, oportunidad en la cual se podrá para conocer a autores e instituciones que enriquecen la literatura para la microempresa. • Firma de convenios entre el Banco Interamericano de Desarrollo e instituciones en América Latina que trabajan con el sector microempresarial. Para mayor información, visite: www.iadb.org/foromic La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 2005 como el Año Internacional del Microcrédito con el fin de reconocer la importancia de este instrumento en la mitigación de la pobreza. Los Estados Miembros, las Agencias de las Naciones Unidas y diversos socios del sector microfinanciero establecieron los 5 principales objetivos para este Año: • Evaluar y promover la contribución de las microfinanzas y del microcrédito a los objetivos de desarrollo del milenio. Incrementar la comprensión y concienciar al público en general sobre microfinanzas y microcrédito, como una parte vital de la ecuación del desarrollo. Promover sectores financieros incluyentes. Apoyar el acceso sostenible a servicios financieros. Motivar la innovación y nuevos acuerdos, promoviendo y apoyando alianzas estratégicas para construir y expandir el alcance y éxito del microcrédito y de las microfinanzas.
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El 2005, por tanto, se presenta como una oportunidad para que entidades y personas en todo el mundo realicen diversas actividades y programas para celebrar “El Año del Microcrédito”. Para mayor información, ver: www.yearofmicrocredit.org
Leasing
Es de común conocimiento las dificultades de acceso al financiamiento que tienen la Pequeña y Mediana Empresa, particularmente aquellas unidades que trabajan en el sector productivo. PROFIN- COSUDE tiene interés de apoyar a mejorar las oportunidades de financiamiento para capital de trabajo y para bienes de capital y ha visto por conveniente analizar más a fondo el mercado y la normativa del leasing o “arrendamiento financiero” en sus distintas modalidades. En ese contexto, PROFIN – COSUDE contó con el apoyo técnico de Jorge Loayza para analizar los cuellos de botella que la actual normativa de leasing en el país presenta. Posteriormente, Mauricio Dupleich trabajó con Jorge Loayza en la elaboración del libro “Impulsando la Industria del Leasing en Bolivia: Cambios y aplicaciones a la normativa” que consideramos que servirá para el desarrollo de una nueva norma que favorezca el desa-rrollo del leasing en Bolivia Este libro saldrá publicado en marzo 2005 a través del Centro AFIN.
PROFIN - COSUDE
Dirección: Av. 6 de Agosto # 2577 Edificio Las Dos Torres, piso 12 Teléfonos: (591-2) 2430850 - 2430853 2430854 - 2430985 Fax: (591-2) 2430979 Casilla: 4679 E-mail: profin@profin-cosude.org La Paz - Bolivia